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Don Bosco vio en san Francisco de Sales no solo a un maestro de dulzura, sino un verdadero modelo misionero. En la difícil misión del Chablais, entre hostilidad, peligros y resistencias religiosas, el santo saboyano eligió las armas más evangélicas: paciencia, caridad, predicación, escritos y confianza en la gracia. Su acción, alejada de toda violencia, apuntaba a conquistar los corazones con el diálogo, la mansedumbre y la verdad. Precisamente este estilo impresionó profundamente a don Bosco, quien lo convirtió en un referente para su método educativo y pastoral. Del Chablais a Valdocco, la misma pasión apostólica: “Da mihi animas, cetera tolle”.
Lo que más impresionó a don Bosco, el discípulo piamontés de san Francisco de Sales, fue su actividad misionera en el Chablais (1594 1598). Vale la pena citar el párrafo dedicado a esta misión en su Historia eclesiástica:
Impulsado por la voz de Dios que lo llamaba a grandes cosas; con las únicas armas de la dulzura y la caridad parte hacia el Chablais. A la vista de las iglesias derribadas, de los monasterios destruidos, de las cruces volcadas, se enciende todo de celo y comienza su apostolado. Los herejes vociferan, insultan e intentan asesinarlo; él con su paciencia, con las prédicas, con los escritos y con insignes milagros apacigua todo tumulto, se gana a los asesinos, desarma a todo el infierno, y la fe católica triunfa de tal modo, que en breve solo en el Chablais recondujo al seno de la verdadera Iglesia a más de setenta y dos mil herejes.
Don Bosco escribe que san Francisco de Sales fue «impulsado por la voz de Dios». No consta que haya tenido una llamada extraordinaria; ya que la voz de Dios le fue transmitida a través de una invitación formal de su obispo, monseñor Claude de Granier. Su programa de conquista fue explícitamente definido por él en la famosa «arenga» que pronunció como preboste ante el Cabildo de la catedral en Annecy:
Es por medio de la caridad que debemos desmantelar los muros de Ginebra, por medio de la caridad invadirla, recuperarla. […] No os propongo ni el hierro, ni esa. pólvora, cuyo olor y sabor recuerdan al horno infernal […]. ¿Queréis un método fácil para tomar por asalto una ciudad? Os ruego que lo aprendáis del ejemplo de Holofernes. Al asediar Betulia, corta el acueducto y pone bajo guardia todas las fuentes. […] Hay un acueducto que alimenta y reanima, por así decirlo, a todas las razas de los herejes: son los ejemplos de los curas perversos, las acciones, las palabras, en esencia, la iniquidad de todos, pero en particular de los eclesiásticos. […] Hay que derribar los muros de Ginebra por medio de oraciones ardientes, y dar el asalto de la caridad fraterna. Es por medio de esta caridad que deben hacer fuerza nuestras cabezas de asalto.
Para prepararse para la misión, Francisco de Sales, de 27 años, sacerdote desde hacía un año, se había provisto de la «cuerda de tres hilos que difícilmente se rompe»: la oración, el ayuno y la caridad.
El Chablais
El Chablais es un pequeño territorio delimitado al norte por el lago de Ginebra (o lago Lemán) y por los montes de Faucigny al sur. La capital es la pequeña ciudad de Thonon, a orillas del lago. La región contaba en la época con unos 25.000 habitantes, divididos antiguamente en unas cincuenta parroquias. Políticamente había estado durante mucho tiempo bajo los duques de Saboya, pero luego fue a menudo disputado de un lado a otro, entre los suizos, Francia y Saboya.
Desde el punto de vista eclesiástico formaba parte de la diócesis de Ginebra. Pero en 1536 el Chablais fue invadido por los protestantes de Berna y de Ginebra, hasta Thonon y el torrente del Dranse. Después de unos meses de tolerancia, impusieron la nueva religión: monasterios devastados, iglesias en ruinas, imágenes y estatuas destruidas, obligación de asistir al culto protestante, prohibición de celebrar la misa católica, de promover «supersticiones e idolatrías papistas». De los 25.000 habitantes apenas quedaba un centenar de católicos.
Un primer intento de «recatolización» se hizo en 1589, cuando el duque Carlos Manuel pidió a monseñor de Granier que enviara a unos cincuenta sacerdotes. El fracaso fue total y los curas asustados se retiraron. Hacía falta otro método.
En 1593, tras la abjuración de Enrique IV de Francia, que debilitó la presión protestante, el Chablais fue devuelto al duque de Saboya Carlos Manuel, que quería reconducir a los habitantes a la fe católica, pidiendo a monseñor de Granier que hiciera lo necesario. Este reunió a su clero y pidió algunos voluntarios… Solamente Francisco de Sales aceptó la propuesta, a pesar de la oposición de su padre.
Breve cronología de la misión
El 14 de septiembre de 1594, Francisco llega a la fortaleza de Allinges, su refugio católico en una provincia calvinista. Desde este lugar parte cada día a pie para su apostolado después de haber celebrado la misa en la capilla de la fortaleza. El 18 de septiembre pronuncia el primer sermón en la capital de Thonon, en la iglesia de San Hipólito, convertida desde hacía años en un templo protestante, sobre la autoridad y la misión de los predicadores de la Iglesia: «Calvino, ¿quién te ha enviado?». Poco después, los líderes protestantes de Thonon juran no acudir nunca a las prédicas del cura «papista». El 27 de noviembre, Francisco comienza a predicar el Adviento a “cuatro o cinco pequeñas personas”. El invierno de 1594-1595 está lleno de peligros: frío intenso, manadas de lobos e intimidaciones.
A principios de 1595, Francisco sufre un intento de asesinato. El 25 de enero, fiesta de la conversión de san Pablo, Francisco prueba un nuevo método: comienza a difundir cada semana hojas o “volantes” donde explica la verdadera doctrina católica. A mediados de marzo, nuevo intento de asesinato. El 11 de abril, comunica a su amigo Favre que entre las primeras «espigas» de la mies está el abogado Pierre Poncet, que decide hacerse católico. El 25 de mayo, fiesta del Corpus Christi, a las tres de la mañana, Francisco vive una experiencia mística sobre la Eucaristía. El 1 de julio es agredido en los bosques de Voiron, y otra vez el 18 de julio a los pies de Allinges. El 18 de septiembre, puede escribir a su amigo Favre: «He aquí por fin, hermano mío, que una puerta más ancha y hermosa se abre para nosotros». El barón de Avully y algunos representantes de la ciudad han venido a escucharlo sin dejarse ver.
A principios del año 1596, el ministro protestante Viret no se atreve a enfrentarse al preboste en una disputa pública. El barón de Avully abjura en la iglesia de Thonon. Francisco se atreve a predicar en la plaza del mercado de Thonon durante dos horas; la gente reacciona diciendo: «¡Que Dios nos ponga en el lado correcto!». En marzo sostiene una disputa pública en Ginebra con el ministro Antoine de La Faye, colaborador de Teodoro Beza, sobre la Presencia real, el Purgatorio, la invocación de los Santos… El 16 de julio, organiza un catecismo dialogado en público con su hermano de trece años, Bernard. El 25 de diciembre de 1596, por primera vez después de más de medio siglo, Francisco celebra las tres misas de Navidad en la iglesia de San Hipólito de Thonon.
En 1597 viaja de nuevo a Ginebra para un coloquio con Teodoro Beza, sucesor de Calvino, sobre el problema de la salvación en la Iglesia. Sigue la conversión de Pierre Fourier. Nuevo coloquio con Teodoro Beza en Ginebra sobre la cooperación humana con la gracia y sobre la necesidad de las buenas obras. En septiembre, celebración eucarística de las Cuarenta Horas en la pequeña ciudad de Annemasse, frente a Ginebra. En noviembre, grave enfermedad de Francisco hasta enero.
El 13 de junio de 1598, Francisco pide al Nuncio que intervenga para obtener el ejercicio del culto católico en Ginebra. En septiembre-octubre, las Cuarenta Horas se celebran en Thonon, en presencia del duque y del cardenal-legado. Francisco de Sales resucita a un niño de madre protestante que se convierte. Unos 2.300 padres de familia regresan a la Iglesia católica.
Da mihi animas cetera tolle
La estrategia de Francisco de Sales consistía en acercarse a los «Señores» de Thonon, capital del Chablais, para entrar en diálogo con ellos, pero también en entrar en contacto con la gente sencilla del campo.
Los inicios fueron muy duros. Es llamado papista, mago, brujo, bigle (bizco). En todas sus intervenciones con los protestantes, Francisco cuenta sobre todo con la argumentación y la persuasión, apostando por algunos elementos imprescindibles de la verdadera fe: la interpretación de los libros canónicos, la visibilidad de la Iglesia, el primado de san Pedro y de sus sucesores, la realidad del Cuerpo de Cristo en la eucaristía, la invocación de los Santos, la justificación mediante la fe y las obras.
El celo de Francisco fue exaltado por su amigo y discípulo, monseñor Jean Pierre Camus, obispo de Belley, en su libro sobre El espíritu del beato Francisco de Sales, en el que explica el verdadero motivo de su apostolado:
Cuando los Apóstoles no tenían nada lo poseían todo, y cuando los eclesiásticos quieren poseer demasiado, el demasiado se reduce a nada. Él solo suspiraba por la conversión de aquellas almas rebeldes a la luz de la verdad, la cual resplandece solo en la verdadera Iglesia. De hecho, es una cosa bien comprobada que el alma es más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido. Decía a veces suspirando: ‘Da mihi animas, cetera tolle tibi’, hablando de su Ginebra a la que llamaba siempre su pobre o su querida – términos de compasión y de amor – a pesar de su rebelión.
Francisco de Sales vestía un hábito corto para no asustar a la gente y evitaba las invectivas, las violencias verbales. Llamaba a sus adversarios «hermanos», «hijos de la Iglesia en disposición», «hermanos en esperanza de la misma vocación a la salvación», sin dejarse impresionar por las acusaciones de «adulación». Los otros misioneros, especialmente los capuchinos, usaban una medicina amarga, relata Camus, intentando hacerse temer, utilizando palabras como «incircuncisos, rebeldes a la luz, obstinados, raza de víboras, miembros podridos, hijos del diablo y de las tinieblas».
Nuestro beato Padre seguía una vía totalmente diferente, y atrapaba más moscas con una cucharada de esa miel que le era tan habitual, que todos estos con barriles de vinagre. Su comportamiento externo y su interno eran todo en la acomodación, sus palabras, sus gestos y sus acciones en la complacencia. Si los demás querían hacerse temer, él deseaba hacerse amar y entrar en los espíritus a través de la puerta de la complacencia.
Francisco estaba preocupado también por la conversión y la formación de los jóvenes. Viendo que en la iglesia de San Hipólito estaban poco presentes, buscó la manera de «atraer a la juventud de la ciudad con la que no lograba superar la dificultad, aunque ya tenía algunos neófitos, pero más bien en secreto que al descubierto». Redactó un pequeño catecismo dialogado con preguntas y respuestas, y pidió a su hermano Bernard, que había venido a visitarlo, que diera las respuestas ante el público invitado en aquella ocasión (16 de julio de 1596). Francisco daba el catecismo lo más a menudo posible, en público o en casas particulares.
Los escritos
Don Bosco mencionaba también el papel de los escritos como medio de conversión, en particular las hojas volantes, más tarde reunidas en un libro. El título Controversias, dado al conjunto de esas hojas sueltas, es de los editores y no del autor, que las llamaba Memorial. Los editores quisieron subrayar el carácter de la obra, aludiendo a los puntos convergentes con las Controversiae del cardenal Belarmino.
El tono general de Francisco de Sales es vivaz, incisivo, e incluso polémico, sobre todo cuando trata de Lutero, de Calvino y de sus socios. Pero cuando se dirige a los «Señores de Thonon», lo hace con gran benevolencia y compasión. «Os aseguro – así escribe – que nunca podréis leer un escrito dirigido a vosotros por alguien que sea más afectuoso a vuestro servicio espiritual de lo que lo soy yo».
El objetivo principal del autor es demostrar que todos aquellos que están separados de la Iglesia de Roma viven en el error. Después de una carta sentida a los «Señores de Thonon», y una premisa sobre el tema del escándalo, el libro se presenta en tres partes.
La primera es una defensa de la autoridad de la Iglesia. Francisco de Sales muestra que los ministros no han recibido su misión, ni del pueblo, ni de los príncipes seculares, ni de los obispos católicos, y no pueden pretender una misión extraordinaria. Además, los ministros están en el error sobre la naturaleza de la Iglesia. La Iglesia es visible, y contiene buenos y malos; la Iglesia no puede perecer; nunca ha permanecido oculta, y no puede errar. La verdadera Iglesia debe ser una, santa, acompañada de milagros y del espíritu de profecía, tendente hacia la perfección de la vida evangélica, universal y perpetua, fecunda y apostólica.
En la segunda parte, el autor describe las ocho normas de la fe que fueron violadas por los líderes de la Reforma: en primer lugar la Sagrada Escritura, luego las tradiciones apostólicas, la autoridad de la Iglesia, la de los Concilios, de los antiguos Padres, del Papa, de los milagros y de la razón natural.
En la tercera parte, el autor se propone resolver, a la luz únicamente de la «pura y simple palabra de Dios», algunos puntos particulares que causaban dificultad con los protestantes: los sacramentos, especialmente la eucaristía, la confesión y el matrimonio, el culto a los santos, las ceremonias de la Iglesia, el mérito de las obras, la justificación y las indulgencias. Pero de esta parte solo quedan dos capítulos: uno sobre los sacramentos, y el otro, no previsto, sobre el purgatorio.
Las Controversias son una obra apologética y teológica. De hecho, hay quien opina que sería la obra más teológica que poseemos del doctor de la Iglesia. En efecto, exponen de manera clara y convencida la naturaleza y la misión de la Iglesia.
El otro escrito de aquel período se llama: Defensa del Estandarte de la Santa Cruz. Esta obra de Francisco de Sales es, como la anterior, de naturaleza apologética y polémica y nació también en el período de su apostolado en el Chablais. En septiembre de 1597 con la ayuda del P. Querubín, capuchino, había organizado una gran manifestación eucarística (las Cuarenta Horas) en Annemasse, frente a Ginebra. Uno de los puntos del programa preveía la erección de una gran cruz. Fue un momento de gran triunfo, también porque muchos protestantes regresaron al catolicismo.
Para invitar a la población a la veneración de la cruz y explicar su sentido, los misioneros habían compuesto tres manifiestos (placards). Ginebra reaccionó confiando al ministro Antoine de La Faye la redacción de una respuesta, que se titularía: «Breve tratado de la virtud de la Cruz y del modo de honrarla». Para los calvinistas, de hecho, la «adoración» de la cruz por parte de los católicos era considerada una idolatría o superstición y también por este motivo habían destruido por todas partes los crucifijos y los calvarios.
Francisco escribió entonces una respuesta al ministro protestante, titulada Defensa del Estandarte de la Santa Cruz. La obra consta de cuatro libros. El primero trata del honor y virtud de la verdadera cruz; el segundo del honor y virtud de la imagen de la cruz; el tercero del honor y virtud de la señal de la cruz; y el cuarto de la calidad del honor que se debe a la cruz. En este libro san Francisco de Sales nos revela su amor por la Cruz de Jesús, el lugar que esta ocupa en su pensamiento, en su vida, en su acción. El misionero del Chablais avanza bajo el estandarte de la Cruz, la planta no solo en las mentes y en los corazones, sino también en las plazas públicas y en los grandes caminos; por todas partes quiere restaurar los calvarios profanados.
Conclusión
Don Bosco ha puesto justamente de relieve los cuatro medios de los que se sirvió nuestro misionero: paciencia, prédicas, escritos y milagros. En la vida y en la acción del discípulo piamontés del santo saboyano, especialmente en su misión educativa hacia la juventud, podemos reencontrar estos elementos fundamentales con algunas acentuaciones particulares.
La paciencia y la amabilidad son rasgos característicos del método preventivo de don Bosco en la educación de la juventud. En 1880, don Bosco dirá a sus antiguos alumnos sacerdotes: «No olvidéis nunca la dulzura de los modales; ganaos los corazones de los jóvenes por medio del amor; recordad siempre la máxima de san Francisco de Sales: se atrapan más moscas con un plato de miel que con un barril de vinagre».
Las prédicas en la iglesia, fuera de la iglesia, en el patio, en las plazas, es decir, los discursos, encuentros, diálogos con los jóvenes son fundamentales.
Y cuando lanzó al público sus Lecturas Católicas, el ejemplo del santo saboyano le inspiró ciertamente. Teniendo que responder a Pío IX sobre sus actividades en Turín, don Bosco indicó estas dos: la educación de la juventud y las Lecturas Católicas.
En cuanto a los milagros, está comprobado que la resurrección del niño de Thonon estuvo en el origen de la conversión de toda la familia y de muchas personas de Thonon. También a don Bosco se le atribuyeron numerosos milagros: curaciones, multiplicaciones de hostias y castañas, sueños y visiones proféticas.
El ejemplo de san Francisco de Sales inspiró a don Bosco de varias maneras, ciertamente porque ambos estaban animados por un fuerte espíritu misionero.

