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Con el tiempo, no han faltado caricaturas y juicios superficiales sobre don Giovanni Bosco, incluso por parte de quienes han querido reducir su grandeza a un simple dato cronológico o físico. Entre estos, su estatura ha sido objeto de ironía, usada por algunos para insinuar limitaciones morales o intelectuales. Sin embargo, un análisis histórico más atento muestra que, para la época, don Bosco estaba perfectamente en la media, si no por encima. Aunque al final lo que cuenta no es la estatura física, sino la humana y espiritual.
¿Cuánto medía don Bosco? Pongámonos de acuerdo con un compromiso: 1,66 m.
Hace algunos años, un periodista, historiador improvisado, describía a don Bosco en un panfleto como «el pequeño pero rígido sacerdote de Valdocco». Con estas palabras, pretendía atribuirle evidentes limitaciones intelectuales y de carácter, pero para añadir burla a la crítica, se apresuraba a precisar que don Bosco medía solo 1,63 m.
Ahora bien, aparte del hecho de que la estatura de un hombre no tiene mucho que ver con su virtud e inteligencia, ¿qué decir de la de don Bosco?
Los Bosco de Becchi eran conocidos por los paisanos como «Ij Boschèt» o «Boschetti» (MO 119), y este apodo llevó a creer que eran gente de baja estatura. Pero Francesca Bosco, biznieta de Giuseppe «Pin dij Boschèt», hermano del Santo, asegura en una carta del 28 de noviembre de 1980 que se trata más bien de una denominación típicamente local, que no tenía nada que ver con la estatura de las personas. Los Bosco de Becchi eran llamados «Boschèt» como los Cavallo eran llamados «Cavalin» y así sucesivamente. Esto servía, quizás, para distinguirlos de los Bosco y Cavallo de la zona y linaje diferentes.
El biógrafo de don Bosco, don G.B. Lemoyne, que vivió con el Santo nada menos que 24 años, lo describe como «de estatura justa», y todos los que lo conocieron afirman que tenía «estatura media».
Entonces, ¿qué hacemos con esos 1,63 m? Don M. Molineris, en la Vida episódica de don Bosco, publicada póstumamente en Colle en 1974, nos da la explicación. Toda la información sobre la estatura de don Bosco se basa principalmente en los datos de sus dos primeros pasaportes, el de 1850 cuando fue a Milán y el de 1858 cuando partió por primera vez a Roma (ASC 72-E-10-12).
En el primero encontramos la estatura de don Bosco fijada en 38 onzas. Como la onza correspondía, según un cálculo de la época, a 4,28 cm y, según otro, a 4,35 cm, se llega más o menos a establecerla entre 1,62 m y 1,65 m. En el segundo pasaporte, en cambio, la estatura de don Bosco se da directamente en decimales: 1,67 m. ¿Cuál de las dos medidas será la más exacta? Pongámonos de acuerdo, con un compromiso, en 1,66 m.
Don Bosco era «un granadero del ’15» y en 1835 habría sido llamado a filas. Entonces, la estatura prescrita para el alistamiento no debía ser inferior a 1,54 m, una docena de centímetros menos que la de don Bosco.
Lo curioso es que en el Reino de Cerdeña de los años 1828-37, el 38% de los llamados a filas tenía una estatura comprendida entre 1,54 m y 1,62 m. En Turín, el 25% de los reclutas estaba, en estatura, dentro de esos límites, pero un 18% solo medía entre 1,41 m y 1,54 m, por lo que era revisable por estatura insuficiente (U. LEVRA, El otro rostro de la Turín del resurgimiento 1814-1848, Turín, 1988, p. 62).
En la obra citada, Levra, no sin una cruel ironía, anota: «Los robustos reclutas pintados por la iconografía del resurgimiento, aquellos que en el ’48 partían vitoreando a Carlos Alberto… y en el ’59 cantaban La bela Gigogin, no se puede decir que fueran modelos de fortaleza física».
Don Bosco, por tanto, podía considerarse, en aquellos tiempos, un hombre de estatura más que normal con sus 166 cm de altura, aunque no fuera más. También en fortaleza física estaba lejos de ser un enano. De su fuerza, además, sabemos por sus propias Memorias: «Yo era temido por todos los compañeros, incluso mayores en edad y estatura, por mi coraje y mi fuerza vigorosa».
Y lo demostró cuando unos gamberros quisieron maltratar a su compañero Luigi Comollo: «En ese momento olvidé de mí mismo y, excitando en mí no la razón, sino mi fuerza bruta, sin tener a mano ni silla ni bastón, agarré con las manos a un compañero por la espalda, y lo usé como bastón para golpear a los adversarios», tanto que Comollo, horrorizado, le advirtió: «Tu fuerza me asusta, pero créeme, Dios no te la dio para masacrar a los compañeros» (MO 60-61).
Por lo tanto, don Bosco, respecto a la estatura media de aquella época, no era en absoluto pequeño, con fortaleza y fuerza física poco comunes. Así, el periodista que quiso burlarse también de la estatura de don Bosco queda como alguien que bromea sobre lo que no conoce. Una impresión muy diferente manifestaba el ilustre estudioso dominico, Padre Ceslao Pera: «Quien observe el retrato del beato Giovanni Bosco debe» convenir conmigo que en ese rostro cuadrado y enérgico se refleja la imagen del campesino piamontés, macizo y adamantino como las rocas de sus montañas… Pero no es solo eso…» (PERA O.P., Los dones del Espíritu Santo en el alma del Beato Giovanni Bosco, Turín, SEI, 1930, p. 10-11).

