4 Nov 2026, Mié

Oreste Marengo, el «caminante de Dios», es Venerable

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Cincuenta kilómetros al día, a pie, para llegar a una aldea a la que nadie más llegaba. Esa es la imagen que, más que ninguna otra, acompaña el recuerdo de monseñor Oreste Marengo, obispo salesiano y misionero en el nordeste de la India. El 24 de octubre de 2026, el papa León XIV autorizó al Dicasterio para las Causas de los Santos a promulgar el decreto sobre sus virtudes heroicas: el Siervo de Dios es ahora Venerable.

 

 

Una etapa, pero todavía no la meta

El reconocimiento de las virtudes heroicas es un paso fundamental en el camino hacia los altares. El examen minucioso de la vida, la obra y la práctica de las virtudes cristianas de Marengo concluyó con un resultado positivo. Para la beatificación será necesario ahora examinar y reconocer formalmente un milagro atribuido a su intercesión.

 

De las Langhe a Assam

Oreste Marengo nació en Diano d’Alba, en la provincia de Cuneo, el 29 de agosto de 1906. Descubrió su vocación entre los salesianos de Valdocco y, en 1923, con tan solo 17 años, partió como misionero hacia Assam, en el nordeste de la India. Fue ordenado sacerdote en 1932 y dedicó toda su vida a la evangelización itinerante de las poblaciones locales: adivasi, garo, khasi, boro y naga.

Su herramienta de trabajo eran los pies. Recorría hasta 50 kilómetros al día para llegar a las aldeas más remotas, por lo que se le recuerda como el «caminante de Dios». Pero detrás de aquel esfuerzo no había mera obstinación humana ni un vago espíritu filantrópico. Había una unión íntima con el Señor: Marengo caminaba para unir a las personas y a las comunidades con Cristo, convencido de que solo permaneciendo unidos a Él podía dar frutos duraderos la misión.

 

Obispo, sin apego al cargo

En 1951 se convirtió en el primer obispo de Dibrugarh; en 1964 fue pastor de Tezpur y, posteriormente, en 1973, administrador apostólico de Tura. No trató de imponer un modelo occidental ni uno propio: trabajó incansablemente para que se crearan escuelas, dispensarios y parroquias, y para que las comunidades se convirtieran a su vez en protagonistas de la misión. Aprendió los dialectos y las lenguas locales y promovió el desarrollo social, educativo y sanitario respetando las identidades tradicionales.

El gesto que mejor le define tuvo lugar en Tura en 1978. Marengo renunció al cargo de administrador apostólico para facilitar el nombramiento del primer obispo local. No regresó a Italia ni se retiró: con más de setenta años, se quedó como simple vicario parroquial, al servicio de quienes habían sido sus sacerdotes. Murió en Tura el 30 de julio de 1998. Demostró así, con hechos, que la obra de la misión pertenece a Cristo y que la unidad está por encima del propio cargo en la jerarquía.

 

«Uno en Cristo, unidos en la misión»

El nordeste de la India, el antiguo Assam, ha sido siempre un mosaico de etnias, lenguas y tradiciones, atravesado por fuertes tensiones internas. Monseñor Marengo no hizo distinciones: se acercó con el mismo amor y respeto a pueblos históricamente distanciados o rivales y, al llevar el Evangelio a cada uno, los reunió en torno a la única mesa de la Eucaristía. Mostró que la identidad de ser «uno en Cristo» es más fuerte que cualquier división cultural o lingüística, y sentó así las bases de comunidades cohesionadas y reconciliadas.

No es casualidad que su figura resuene con el tema elegido por el papa León XIV para la Jornada Mundial de las Misiones de 2026: «Uno en Cristo, unidos en la misión». Aunque vivió en el siglo pasado, Marengo se adelantó a sus dos pilares: la profunda comunión en Cristo y la unidad en la labor de anunciar el Evangelio.

 

Tres lecciones para hoy. El nuevo Venerable deja a la Iglesia y a la sociedad contemporánea al menos tres enseñanzas: la cultura del encuentro. Anticipándose a la idea de una «Iglesia en salida», buscó el encuentro personal y cotidiano con quienes viven en las periferias geográficas y existenciales; dar un paso atrás. A contracorriente de las lógicas del poder y del ascenso profesional, cedió el gobierno de las diócesis al clero local y puso en valor la autonomía de las comunidades indígenas; el diálogo interétnico. En un territorio fragmentado, tendió puentes: estudió las lenguas de los pueblos a los que servía y promovió su desarrollo respetando sus identidades.

 

Por qué nos concierne. Puede parecer lejana la historia de un joven piamontés que partió en 1923, con 17 años, hacia una tierra distante y desconocida. En realidad, las preguntas que plantea Marengo son sorprendentemente actuales. ¿Qué significa salir de verdad al encuentro de los demás y no limitarse a hablar de las periferias? ¿Cómo se ejerce la autoridad sin considerarla una posesión? ¿Cómo se construye la unidad en un mundo atravesado por identidades enfrentadas, sin borrar las diferencias? Su respuesta no está en las estrategias, sino en una forma de actuar: la fidelidad cotidiana, la paciencia para aprender una lengua, el esfuerzo de recorrer una vez más un sendero. Y, llegado el momento, la libertad de dejar sitio a quienes vienen después, sabiendo que la misión no es una propiedad personal, sino un don que hay que cuidar entre todos.

 

Una labor conjunta entre Italia y la India

El reconocimiento de su venerabilidad es fruto de una colaboración internacional. En ella han trabajado la Postulación General Salesiana, dirigida por don Pierluigi Cameroni, que ha acompañado el proceso en Roma y la elaboración de la Positio, redactada por el doctor Matteo Penati; la diócesis de Tura, en la India, que custodia sus restos mortales, junto con los centros de investigación histórica de Shillong; la diócesis de Alba y la comunidad de su localidad natal, Diano d’Alba, unidas en un Grupo de Oración que custodia el legado espiritual de Marengo y ha promovido con pasión su causa de beatificación. Desde las colinas de Diano hasta los senderos de Assam, el «caminante de Dios» cuenta ahora con un título más. Pero lo que deja a la Iglesia sigue siendo lo mismo de siempre: el camino se hace a pie, juntos y partiendo de Cristo.

 

 

don Pierluigi Cameroni, sdb

Director de la Obra Salesiana del Sagrado Corazón – Bolonia

 

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