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Una cruz aparecida en 1832 en la tierra de Balasar, Portugal, esperaba, setenta años antes de que naciera, a la persona para la cual había sido puesta. Alexandrina Maria da Costa (1904-1955) se arrojó a los catorce años por una ventana para defender su pureza y vivió los últimos treinta años postrada en una cama: desde allí revivió cada viernes la pasión de Jesús, durante trece años se alimentó solo de la Eucaristía, obtuvo de Pío XII la consagración del mundo al Inmaculado Corazón de María y acogió a miles de visitantes con una sonrisa que ocultaba su martirio. Cooperadora salesiana desde 1944, fue beatificada en 2004. Esta novena – sufrir, amar, reparar – acompaña la oración de la Familia Salesiana por el milagro que esperamos para abrir la vía de su canonización.
NOVENA a la beata Alexandrina Maria DA COSTA
cooperadora salesiana
Para obtener el milagro necesario para su canonización
«Sufrir, amar, reparar»
Balasar, 30 de marzo de 1904 – 13 de octubre de 1955
Cómo rezar esta novena
Cada día se sigue este orden: el testimonio del día, la invocación del día, la oración conclusiva. La novena puede rezarse individualmente o en comunidad, en familia, junto a la cama de un enfermo o ante el Santísimo Sacramento.
Al final de las invocaciones, mentalmente, cada uno puede pedir una gracia personal, o – de acuerdo con otros – una gracia especial.
Quien lo desee podrá añadir cada día el rezo de un misterio del rosario y una comunión eucarística, según las dos recomendaciones que la beata Alexandrina dejó a sus últimos visitantes el mismo día de su muerte.
Las gracias extraordinarias obtenidas por intercesión de la beata Alexandrina Maria da Costa deben ser comunicadas a la Postulación General Salesiana (postulatore@sdb.org o gracasalexandrinabalazar@gmail.com): su documentación es esencial para el avance de la causa.
Tiempos indicados para la celebración: los nueve días que preceden al 13 de octubre, aniversario de la muerte (‘dies natalis’) o los nueve días que preceden al 25 de abril, aniversario de la beatificación (2004); o bien, en Cuaresma, los nueve días que preceden al Viernes Santo, en referencia al 27 de marzo de 1942, inicio del ayuno eucarístico; o cada vez que se desee pedir una gracia por intercesión de la beata Alexandrina.
PRIMER DÍA – La cruz estaba lista, faltaba la víctima
La cruz de Balasar, aparecida el día del Corpus Christi de 1832 en el camino de la aldea llamada «Calvario»
«Antes de formarte en el vientre materno, te conocí» (Jer 1,5).
Testimonio
El día del Corpus Christi de 1832, cuando las personas de Balasar regresaban a sus casas, después de la celebración de la Misa y de la procesión litúrgica, notaron que había una cruz impresa directamente en la tierra, que lleva al lugar llamado Calvario.
Ninguna escoba y ninguna agua lograron borrarla. El hecho fue recordado y transmitido de generación en generación, pero nadie comprendió su significado. Setenta y dos años más tarde, el 30 de marzo de 1904, nació en Balasar Alexandrina Maria da Costa.
Cuando ya yacía inmóvil en su cama, se le dio a comprender que aquel signo le concernía: la cruz había sido preparada antes, y solo esperaba a quien se dejara clavar en ella.
Los peregrinos que hoy suben a la parroquia de Balasar para rezar, recorren el mismo camino en el que la cruz había aparecido casi dos siglos antes.
Invocación
Señor Jesús, Tú anuncias primero y luego esperas. Preparas el lugar, dispones el tiempo, y esperas que una criatura libre pronuncie su sí: así lo hiciste en Nazaret con María, así en Balasar con Alexandrina, así lo haces con cada uno de nosotros. Danos ojos capaces de reconocer los signos que siembras a lo largo de nuestros caminos más ordinarios, y la paciencia de quien deja madurar tu designio en tu tiempo y no en nuestro tiempo. Mira a cuantos no logran leer su propia historia y la juzgan solo una casualidad; a los jóvenes que buscan su vocación y temen la respuesta; a quien lleva una cruz que no ha elegido y no vislumbra su sentido. Haz que no dejemos caer en el vacío tus llamadas. Concédenos la gracia que Te pedimos. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.
Padre Nuestro…, Ave María…, Gloria al Padre…
Beata Alexandrina Maria, ruega por nosotros.
SEGUNDO DÍA – Antes el vacío que el pecado
La defensa de la pureza: el salto por la ventana, Sábado Santo de 1918
«¿No sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo?» (1Cor 6,19).
Testimonio
El Sábado Santo de 1918, Alexandrina cumplía catorce años. Estaba cosiendo en casa con su hermana Deolinda y una joven aprendiz, mientras su madre estaba ausente. Tres hombres forzaron la puerta para entrar en la casa. Para escapar de ellos, Alexandrina se arrojó por la ventana: un salto de unos cuatro metros. Sobrevivió, pero las lesiones sufridas en la columna vertebral nunca sanaron, y desde ese día su salud empeoró progresivamente hasta la parálisis definitiva. No denunció a los agresores y nunca habló de ellos con rencor. Años después, sabiendo que el principal responsable había caído en la extrema miseria, le hizo llegar una ayuda; y aquel hombre, llorando, repetía a quien se le acercaba, que Alexandrina era una santa y que se encontraba postrada en aquella cama por su culpa.
Invocación
Señor Jesús, Tú acogiste la defensa que aquella joven hizo de su propio cuerpo como se defiende un templo, y le concediste pagar su precio cada día durante treinta y un años. Enséñanos que la pureza no es una regla triste, sino la transparencia de quien ama verdaderamente, y que existen bienes por los cuales vale la pena perder todo lo demás. Mira a los jóvenes de hoy, expuestos y a menudo solos, y dales una fortaleza limpia. Mira a cuantos han sufrido violencia y llevan en el cuerpo o en la memoria una herida que nadie ve; a quien no logra perdonar; a quien ha hecho daño y ya no se atreve a esperar en tu perdón. Da a las familias el valor de educar en la castidad sin vergüenza y sin dureza. Concédenos la gracia que Te pedimos. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.
Padre Nuestro…, Ave María…, Gloria al Padre…
Beata Alexandrina Maria, ruega por nosotros.
TERCER DÍA – Una vida destruida, rehecha en Jesús
El 14 de abril de 1925: la inmovilidad definitiva y la rendición al designio de Dios
«Si el grano de trigo, caído en tierra, no muere, queda solo» (Jn 12,24).
Testimonio
El 14 de abril de 1925, a los veintiún años, Alexandrina se metió en la cama y no se levantó más: le quedaban treinta años de inmovilidad completa. Había sido una joven alegre, que trabajaba en el campo, cantaba en la iglesia y enseñaba el catecismo; contaba con curarse y proyectaba partir como misionera. Durante años pidió con insistencia la curación, y en 1928 se preparó para una peregrinación a Fátima que luego le fue impedida: fue la última esperanza humana en caer. Desde entonces dejó de pedir la salud y empezó a pedir solamente la voluntad de Dios. Llegó a decir que no cambiaría su dolor por nada del mundo, y cada año celebraba aquel 14 de abril como un aniversario de bodas. A su lado, durante todos aquellos años, veló su hermana Deolinda, asistente incansable.
Invocación
Señor Jesús, Tú dejaste caer uno a uno los proyectos de Alexandrina, y cuando ya no le quedaba nada suyo empezaste a construir. Cuando también a nosotros se nos derrumban los planes, no permitas que confundamos el fin de nuestros proyectos con el fin de nuestra vida. Mira a quien hoy está postrado en una cama, en una silla de ruedas, ante un diagnóstico sin retorno; a quien ha perdido el trabajo, la salud, los afectos, y ya no logra imaginar un mañana; a los jóvenes cuyos sueños se han roto demasiado pronto; a quien asiste a un enfermo y no puede más. Sostén a cuantos cuidan en silencio, sin esperar recompensa. Enséñanos a pasar del deseo de la curación a la acogida de tu voluntad, sin huidas y sin desesperación. Concédenos la gracia que Te pedimos. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.
Padre Nuestro…, Ave María…, Gloria al Padre…
Beata Alexandrina Maria, ruega por nosotros.
CUARTO DÍA – Sufrir, amar, reparar
El ofrecimiento de sí misma como víctima de expiación y la participación en la Pasión de Jesús
«Completo en mi carne lo que falta a los padecimientos de Cristo» (Col 1,24).
Testimonio
Alexandrina acogió en la oración la petición de ofrecerse como víctima por la conversión de los pecadores, por la paz, por los sacerdotes y por los enfermos: entregó las manos, los pies, la cabeza, el corazón, el cuerpo entero, sin saber lo que aquel sí conllevaría. Del 3 de octubre de 1938 al 27 de marzo de 1942, todos los viernes por más de ciento ochenta veces, revivió en su propio cuerpo la pasión de Cristo, desde la agonía en el huerto hasta el Calvario, no llegando solo al “Consummatum est”: durante unas tres horas permanecía ajena a los sentidos y repetía los gestos y las palabras del Señor sufriente. Terminado este ciclo, continuó llevando el mismo sufrimiento de forma oculta por el resto de su vida, sin que nadie se diera cuenta. Interrogada por obediencia sobre cuánto pesaba la cruz que llevaba, respondió que tenía un peso mundial. Resumía su programa en tres palabras: sufrir, amar, reparar.
Invocación
Señor Jesús, Tú hiciste a Alexandrina partícipe de tu pasión y acogiste su ofrecimiento por la salvación de los pecadores, por la paz, por los sacerdotes y por los enfermos. Enséñanos que ningún dolor ofrecido se pierde, que el sufrimiento unido al tuyo es fecundo, y que la Iglesia, tu cuerpo, se edifica también con lo que nosotros juzgamos inútil y desperdiciado. Mira a cuantos sufren sin saber por qué y no encuentran un sentido a su propio dolor; a los enfermos terminales y a quienes los acompañan; a quien está tentado de juzgar su propia vida ya acabada y sin valor. Da a tu Iglesia almas capaces de reparar, que ofrezcan con amor lo que otros sufren con rabia. A nosotros, que huimos de la más pequeña contrariedad, concédenos un poco de este valor: sufrir, amar, reparar. Concédenos la gracia que Te pedimos. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.
Padre Nuestro…, Ave María…, Gloria al Padre…
Beata Alexandrina Maria, ruega por nosotros.
QUINTO DÍA – No lo has elegido tú: he sido yo quien te lo ha enviado
El don de la guía espiritual: el padre Mariano Pinho y el padre Umberto Pasquale. El ingreso en los Cooperadores Salesianos
«¿Cómo podré entender, si nadie me guía?» (Hch 8,31).
Testimonio
En 1934 el jesuita padre Mariano Pinho se convirtió en director espiritual de Alexandrina y durante años acompañó su camino, sometiendo los hechos extraordinarios al examen de la autoridad eclesiástica. Cuando se le prohibió continuar, ella obedeció sin recriminar. Luego fue confiada al salesiano padre Umberto Pasquale, quien la comprendió, la defendió de quienes la ridiculizaban, la inscribió en 1944 entre los Cooperadores Salesianos y le impuso continuar dictando su diario: a esta obediencia se deben las miles de páginas hoy conservadas y la documentación que ha iniciado su causa. Alexandrina quiso que el diploma de cooperadora estuviera colgado donde pudiera verlo siempre, y desde aquella cama rezó por los salesianos y por la salvación de la juventud. También el padre Pasquale le fue quitado, y su única respuesta fue: obedezcamos, alabado sea Dios.
Invocación
Señor Jesús, eres Tú quien elige y envía a los guías, y a Alexandrina se lo hiciste saber con claridad: no había sido ella quien eligió a su propio director espiritual. Da a tu Iglesia sacerdotes doctos y santos, capaces de acompañar sin sustituirte a Ti. Mira a cuantos caminan solos, sin nadie que los ayude a discernir, y a cuantos han sido heridos precisamente por quienes debían acompañarlos. Bendice a la Familia Salesiana y a los Cooperadores esparcidos por el mundo, para que reencuentren en esta virgen humilde la alta medida de su vocación laical. Y a nosotros concédenos la docilidad de quien se deja guiar y la obediencia serena incluso cuando se nos quita lo que nos era más querido. Concédenos la gracia que Te pedimos. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.
Padre Nuestro…, Ave María…, Gloria al Padre…
Beata Alexandrina Maria, ruega por nosotros.
SEXTO DÍA – La Madrecita
La devoción a María: las Hijas de María, el mes de mayo, los primeros sábados, el rosario
«Ahí tienes a tu madre. Y desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa» (Jn 19, 27).
Testimonio
Alexandrina llamaba a la Virgen «Mamita», con la confianza de una hija pequeña. El 18 de octubre de 1933 fue inscrita entre las Hijas de María. Esperaba el mes de mayo como un gran acontecimiento y lo terminaba con nostalgia; observaba la devoción de los primeros sábados de mes; ahorró durante mucho tiempo, renunciando a mucho, para poder comprar una estatuilla de la Virgen de Fátima para tenerla cerca de la cama. Cuando el sufrimiento se volvía insoportable no le pedía a María que la librara de él, sino que ayudara a Jesús a crucificarla, para que nada quedara en ella que no estuviera crucificado. Quiso que sobre su tumba se colocaran una cruz y una estatua de la Virgen. Murió el 13 de octubre de 1955, aniversario de la última aparición de Fátima, después de haber recomendado a los visitantes que rezaran el rosario todos los días.
Invocación
Señor Jesús, desde la cruz confiaste a tu Madre a los discípulos, y quisiste que Alexandrina la llamara con el nombre más sencillo y más tierno – Mamita. Danos también a nosotros esta familiaridad confiada y fuerte con Ella. Mira a las familias que han dejado de rezar juntas; a los que no han conocido la ternura de una madre y les cuesta creer en la Tuya; a cuantos viven la devoción mariana con superficialidad y a cuantos la desprecian sin conocerla. Concede a los enfermos el consuelo que Alexandrina recibía en los primeros sábados de mes, y a nosotros la fidelidad a esas pequeñas prácticas cotidianas que mantienen viva la fe cuando falta el sentimiento. Por las manos de María te presentamos nuestra súplica. Concédenos la gracia que Te pedimos. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.
Padre Nuestro…, Ave María…, Gloria al Padre…
Beata Alexandrina María, ruega por nosotros.
SÉPTIMO DÍA – Que mi nombre no aparezca
La misión de pedir al Santo Padre la consagración del mundo al Corazón Inmaculado de María
«Haced lo que él os diga» (Jn 2, 5).
Testimonio
El 1 de agosto de 1935, Alexandrina recibió en la oración el encargo de pedir al Papa la consagración del mundo al Corazón Inmaculado de María. No sabía escribir, no podía salir de casa ni hacerse recibir por nadie: dictó sus cartas, que el padre Pinho transmitió al cardenal Eugenio Pacelli, entonces secretario de Estado, y sostuvo la petición con el sufrimiento ofrecido. Pasaron siete años, con los exámenes y las verificaciones de los enviados de la Santa Sede y con la súplica de los obispos portugueses reunidos en Fátima. El 31 de octubre de 1942, Pío XII consagró el mundo al Corazón Inmaculado de María con un radiomensaje en lengua portuguesa, y renovó el acto en Roma el 8 de diciembre siguiente. Cuando Alexandrina supo que otros habían pedido lo mismo, se alegró: así su nombre nunca aparecería.
Invocación
Señor Jesús, Tú realizas tus obras por medio de instrumentos que el mundo no cuenta, y Te sirves del sufrimiento ofrecido más que de la influencia de los poderosos. Enséñanos a servir sin pretender la firma bajo lo que realizas por medio de nosotros. Sostén al Santo Padre y a cuantos en la Iglesia llevan el peso de las decisiones; mira a los pueblos en guerra y a los que trabajan por la paz sin ver sus frutos; acuérdate de las naciones que se han alejado de Ti. Bendice a cuantos hacen un bien del que nadie conocerá jamás el nombre: catequistas, padres y madres de familia, religiosas de clausura, enfermos que ofrecen en silencio su dolor. Haznos perseverantes como ella, que esperó siete años por una respuesta sin cansarse. Concédenos la gracia que Te pedimos. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.
OCTAVO DÍA – Yo como: recibo la comunión, y me basta
Apóstol de la Eucaristía: adoración y acción de gracias. El don de la inedia
«El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna» (Jn 6, 54).
Testimonio
Alexandrina había recibido la primera comunión a los siete años y consideraba la Eucaristía el centro de su día. En las noches de insomnio, hacía una peregrinación espiritual de un sagrario a otro, para hacer compañía a Jesús en lugar de los que Lo olvidan, y Lo llamaba Prisionero por amor. El 27 de marzo de 1942, Viernes Santo, dejó de poder ingerir cualquier alimento y cualquier bebida: durante trece años y siete meses, hasta su muerte, se alimentó únicamente de la Hostia consagrada, mientras que el hambre y la sed nunca la abandonaron. En 1943, fue sometida a cuarenta días de observación clínica continua: los médicos, algunos de los cuales eran totalmente incrédulos, tuvieron que atestiguar que el hecho no encontraba explicación natural. A quienes la tentaban con la comida, respondía que comía, porque recibía la comunión, y que esto le bastaba.
Invocación
Señor Jesús, verdadero Dios y verdadero hombre, presente en el Santísimo Sacramento, Tú quisiste ser el único alimento de esta hija tuya durante trece años, para que el mundo recordara de qué vive realmente. Aumenta nuestra fe en tu presencia real y líbranos de la costumbre que hace insignificante el don más grande. Sostén a los sacerdotes que todos los días celebran los santos misterios; mira a cuantos se acercan a la comunión sin pensar y a cuantos no la pueden recibir; consuela a los enfermos y a los ancianos que esperan mucho tiempo a alguien que Te lleve a ellos. Suscita en la Iglesia verdaderos adoradores, que reparen las profanaciones, las irreverencias y, sobre todo, la indiferencia. Enséñanos a dar gracias después de la comunión sin prisa y sin distracción. Concédenos la gracia que Te pedimos. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.
Padre Nuestro…, Ave María…, Gloria al Padre…
Beata Alexandrina María, ruega por nosotros.
NOVENO DÍA – Una sonrisa en los labios, el martirio en el alma
Apóstol desde la cama: la pequeña habitación de Balasar convertida en púlpito
«La fuerza se manifiesta plenamente en la debilidad» (2 Cor 12, 9).
Testimonio
En los últimos años de su vida, la habitación de Alexandrina se convirtió en meta de peregrinación: subían a Balasar cientos de personas al día, en ciertas ocasiones miles, y casi nadie se iba como había venido. Los recibía a todos, escuchaba, decía a cada uno la palabra que necesitaba, y nadie sospechaba cuánto le costaba esto: había pedido al Señor una sonrisa capaz de engañar, bajo la cual pudiera esconder el martirio interior. El 13 de octubre de 1955, pocas horas antes de morir, recomendó de nuevo a los visitantes que no pecaran, que comulgaran frecuentemente, que rezaran el rosario todos los días, y se despidió dando cita en el Cielo. Sobre su tumba se grabó el testamento que había dictado: si las cenizas de su cuerpo hubieran podido servir para salvar a los pecadores, que se acercaran y las pisotearan, con tal de que no ofendieran más a Jesús.
Invocación
Señor Jesús, Tú le dijiste a Alexandrina que ella no podía ir en busca de las almas, y que por eso serían las almas las que vendrían a ella. Enséñanos que se puede evangelizar estando quietos, y que el primer anuncio es un rostro sereno. Mira a cuantos se juzgan ya inútiles: los ancianos solos, los enfermos crónicos, las personas con discapacidad, los reclusos, los que a los ojos del mundo ya no producen nada; dales la certeza de que su vida es todavía fecunda y necesaria para la Iglesia. Sostén a quien asiste, a quien visita, a quien lleva la comunión a las casas y a los hospitales. Y danos también a nosotros su secreto: sonreír al dolor, no para fingir, sino para no pesar sobre los demás y para dejar pasar tu amor. Concédenos la gracia que Te pedimos. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.
Padre Nuestro…, Ave María…, Gloria al Padre…
Beata Alexandrina María, ruega por nosotros.
Oración conclusiva (para rezar todos los días)
Señor Jesucristo, Cordero inmolado por la salvación del mundo, elegiste a una pobre hija de Portugal, Alexandrina María da Costa, y la convertiste en un libro abierto en el cual el mundo puede leer el valor de la Cruz, la grandeza de la Eucaristía y la ternura de tu Madre. Durante treinta años la mantuviste clavada en una cama, y desde esa cama hiciste descender sobre el mundo una lluvia de gracias. Nosotros Te damos gracias por el don que nos has dado en ella. Con la Iglesia que la ha proclamado beata, hoy Te pedimos que manifiestes de nuevo tu gloria: dígnate conceder, por su intercesión, el milagro que esperamos y que abrirá el camino para su canonización, para que sea contada entre los santos y su lema de vida – sufrir, amar, reparar – llegue a cuantos hoy sufren sin esperanza. Concédenos, en estos nueve días, un corazón dócil como el suyo: que sepa decir que sí, que no Te niegue nada, que sonría en el dolor. Tú que eres Dios y vives y reinas con Dios Padre, en la unidad del Espíritu Santo, por todos los siglos de los siglos. Amén.
Sugerencias personales para acompañar la novena
Jaculatoria para repetir durante el día
Tomada de una oración de la beata: «Jesús, yo Te adoro en todo lugar donde habitas sacramentado: Te hago compañía por los que Te olvidan, Te amo por los que no Te aman».
Compromiso del día
A ejemplo de las «florecillas espirituales» que la beata ofrecía a la Virgen en el mes de mayo, se puede hacer todos los días un pequeño propósito concreto: una visita a un enfermo, un cuarto de hora de adoración, un ayuno, un gesto de reconciliación, la renuncia a una queja.
Con aprobación eclesiástica
IMPRIMATUR
Braga, 14 de septiembre de 2026
Fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz
† José Manuel Garcia Cordeiro
Arzobispo Metropolitano de Braga
Padre Miguel Neto
Responsable de la Secretaría del Arzobispo Primado

