Tiempo de lectura: 4 min.
Un apellido puede contar una historia, evocar un lugar e incluso convertirse en motivo de buen humor. El de don Bosco, documentado en la zona de Chieri desde el siglo XVII, acompañó a Juan durante toda su vida, dando pie a juegos de palabras, apodos y bromas en piamontés. Desde los días del seminario hasta la vejez, supo bromear sobre su propio nombre, comparándose a veces con una madera carcomida, a veces con la leña capaz de alimentar el fuego. Pero detrás del ingenio aflora un significado más profundo: don Bosco fue verdaderamente un «bosque de Sales», madera consumida por la fatiga y encendida por el amor de Dios.
Parece ser que en Piamonte los primeros registros parroquiales de nacimientos, bautismos, matrimonios y defunciones, de los que aún se dispone, se remontan a principios del siglo XVII; los municipales, a 1800.
Don Michele Molineris, a través de sus investigaciones, comprobó que el linaje de los Bosco no procedía de Castelnuovo d’Asti, sino de Chieri; y el Com. Secondo Caselle consiguió trazar su genealogía hasta Bosco Giovanni de Chieri, que se casó con Ronco Giovanna de Chieri en la catedral de Chieri el 5 de febrero de 1627.
Hubo quien quiso remontarse más atrás, vinculando a los Bosco de Chieri con un linaje de la Liguria y, de ahí, hasta los etruscos (“Il Tempio di Don Bosco” 1987, nº 7, p. 9). Pero a este paso se puede probar cualquier cosa y su contrario, porque había Bosco, Boschi y Boschetti por todas partes, no sólo en las regiones de Italia, sino, con el término propio de la lengua respectiva, en muchos otros países de Europa y del mundo, incluso en China (Lam, Lin) y Japón (Mori).
Tales apellidos florecieron, al menos hasta la Edad Media, en distintas épocas y lugares por razones ambientales de vida y trabajo y por afinidades personales y de carácter, aunque, con la estabilidad de los apellidos alcanzada con el acercamiento de los tiempos modernos, su transmigración de una región a otra sigue siendo probable.
La falta de documentación local, por tanto, no prueba por sí sola la ausencia de un apellido en una zona determinada ni su procedencia de otras regiones. El hecho de que un registro genovés de 1186 lleve el apellido Bosco no prueba que este apellido llegara a Chieri desde Génova, aunque las tierras del Monferrato (pero Chieri nunca estuvo bajo el Monferrato) tuvieran más relación con los genoveses que con los territorios de Saboya en siglos pasados.
Dejemos pues las cosas como están y pensemos en cambio en cómo el apellido Bosco con su significado local (en piamontés.: bòsch = madera) jugó en la vida de nuestro santo.
El apellido en la vida de Don Bosco
Durante sus años de seminario en Chieri, el apellido del clérigo Bosco fue explotado por sus compañeros de diferentes maneras.
Cuando el portero llamaba en voz alta “¡Bòsch èd Castelneuv!”, se oía un coro en francés que sugería “¡Bois de Chateau neuf!”. Luego, cuando el clérigo, que había sido nombrado sacristán, iba a casa del ecónomo a por aceite para la lámpara del Santísimo Sacramento, intervenía el coro habitual apostrofándole: “¡Bòsch dl’euli për la lampia!” (¡Madera de aceite para la lámpara!). ¡No faltaba gente de buen carácter en el seminario!
Un clérigo que llevaba el mismo apellido, Giacomo Bosco, para atenuar los daños, propuso a Juan que cada uno eligiera un apodo concreto. “Yo seré Bòsch ëd pocio” (seré madera de níspero), y “yo seré Bòsch ëd sales” (y yo seré madera de sauce). El entendimiento debió de funcionar porque Giacomo Bosco, entonces director espiritual de las Hermanas de San José durante más de treinta años, cuando un día le pidieron consejo, respondió: “Ve a Don Bosco, el santo; yo sólo soy un bòsch èd pocio” (madera de níspero) (MB VII, 18).
El mismo Don Bosco bromeó varias veces sobre su apellido. Al barbero que no quería dejar que le afeitara un aprendiz inexperto, le dijo: “oh, puede afeitar muy bien a un hombre que es de madera” (G.B. FRANCESIA, Don Bosco amico delle anime …, p. 33).
A veces, aludiendo a su propia salud precaria, se declaraba un bòsch camolà (un leño apolillado) (E 1504).
A Don Nicolao Cibrario, director de la Casa de Vallecrosia, que le pidió dinero para la nueva iglesia, respondió: “Dile a Monseñor Viale que encienda el fuego, yo traeré un poco de leña” (leña, es decir, dinero)… Monseñor Viale, Vicario General en Ventimiglia había prometido ayudar (E 1525).
Ya anciano decadente, visitado por el doctor Albertotti con su hijo, a éste que no podía descorchar una botella, le dijo: “Dala unpòch si a mi ch ‘i son ëd bòsch” (dame un poco aquí a mí que soy de madera), y la descorchó al instante (C. ALBERTOTTI, Chi era don Bosco … p. 16-17).
Don Bosco nunca perdió su habitual buen humor ni siquiera en los momentos más difíciles de la vida. San Francisco de Sales solía decir que el fuego del amor de Dios arde mejor en el leño de la cruz. Y San Juan Bosco era un bòsch ëd sales (BOSCO DI SALES).

