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El 13 de diciembre de 2025, tres misioneros salesianos desembarcaron en Vanuatu, un archipiélago de 83 islas en el Pacífico suroccidental: es el 137º país en el que la Congregación echa raíces. Don Alfred Maravilla, don Moïse Paluku y el coadjutor Paulus Bataona llegaron sin estructuras, sin recursos, sin que nadie conociera el nombre de Don Bosco. Abrazaron la lógica de la pequeñez, como el oratorio itinerante de los primeros tiempos: escuchar, observar, comprender a los jóvenes y sus necesidades. Ocho meses después, los primeros frutos sorprenden: seis aspirantes a Salesianos Cooperadores, una procesión de María Auxiliadora más concurrida de lo previsto, un oratorio que está naciendo. Se cumple así el sueño que Don Bosco tuvo en 1885: desde las islas de Oceanía, una multitud de jóvenes grita todavía «¡Ven a ayudarnos!».
Vanuatu es un archipiélago de 83 islas en el Pacífico suroccidental, al este de Australia y al norte de Nueva Zelanda. Este país de Melanesia, república independiente desde 1980, tiene una superficie de 12.200 km² y una población de unos 375.000 habitantes. El cristianismo es la religión más extendida: la mayoría es presbiteriana (31%), mientras que católicos y anglicanos representan cada uno el 13% de la población. Los demás pertenecen a varias denominaciones cristianas; una pequeñísima minoría es musulmana.
La invitación a los salesianos se remonta a 2018 y llegó del obispo local, mons. John Bosco Baremes, marista. En su carta al Rector Mayor, don Ángel Fernández Artime, escribía: «Invito a los salesianos no porque lleve el mismo nombre de vuestro Fundador, sino porque creo que el carisma de Don Bosco es profundamente necesario para nuestras islas…». Tras numerosas visitas exploratorias, don Ángel Fernández Artime aceptó la invitación de abrir una nueva presencia.
Empezar de cero, con la lógica de la pequeñez
Llegamos prácticamente con muy poco: no conocíamos a nadie, el nombre de Don Bosco era desconocido y tuvimos que empezar de cero, presentándonos a la Iglesia local y a la gente común. Como pioneros, abrazamos la lógica de la pequeñez: no teníamos recursos, estructuras ni ninguna presencia social en el país. Pero, confiando en las palabras del Señor – «No temas, pequeño rebaño» (Lc 12,32) – llevábamos en el corazón el celo misionero de Don Bosco. Animados por su pasión por los jóvenes, vivimos con una esperanza confiada, arraigada en la fe y en la unión con Dios, seguros de que el carisma de Don Bosco crecerá y dará frutos abundantes en esta tierra de Oceanía.
Llegamos mientras se preparaban para celebrar la Navidad. El tiempo litúrgico nos recordaba que precisamente en la pequeñez y en la humildad del Niño de Belén reside la grandeza de nuestra salvación. Del mismo modo, en la humildad de nuestra nueva presencia, Dios se hace presente en la vida de la gente. Es más: ¡Dios ya estaba aquí, incluso antes de nuestra llegada!
Para mí esta misión es una nueva experiencia. Ya en 1985 había formado parte del primer grupo de salesianos que inició la presencia en Port Moresby, en Papúa Nueva Guinea: era un joven salesiano en el período de tirocinio práctico, y fue una experiencia hermosísima, porque mi tarea principal era estar en medio de los jóvenes. Sin embargo, guiar hoy a un grupo de pioneros es algo completamente distinto. Lo considero un gran desafío y una responsabilidad aún mayor: sentar las bases para el desarrollo futuro de la obra y del espíritu de Don Bosco en un nuevo país. Ser pioneros es ciertamente un privilegio, pero la responsabilidad que conlleva es aún mayor.
Escuchar, observar, comprender
Durante los primeros meses, nuestro objetivo principal ha sido escuchar, observar y comprender la realidad pastoral local, la situación y las necesidades de los jóvenes. Esperamos abrir pronto un oratorio, aunque por ahora no disponemos ni de estructuras ni de animadores: solo tenemos un viejo campo de fútbol y una cancha de baloncesto en malas condiciones. Somos como el oratorio itinerante de Don Bosco: partimos de la nada.
Poco a poco hemos reunido a algunos jóvenes líderes y los estamos formando para que se conviertan en animadores. Contamos también con el apoyo de los amigos y de todas las personas de buena voluntad, para que nuestro oratorio pueda nacer y crecer.
Con vistas a la puesta en marcha de un proyecto educativo salesiano en Vanuatu, hemos emprendido un primer proceso de planificación para comprender mejor la realidad y las aspiraciones de los jóvenes del país e identificar las respuestas educativas más eficaces a sus necesidades. El proceso se articula en cuatro fases.
La primera fase se ha dedicado a la escucha atenta, a la investigación y al debate sobre la situación actual de los jóvenes de Vanuatu, con especial atención a los desafíos en el ámbito social, educativo y laboral. Este estudio preliminar nos ha ofrecido indicaciones valiosas sobre las oportunidades y las necesidades de los jóvenes de hoy.
La segunda fase se ha centrado en el discernimiento comunitario: guiados por el carisma de Don Bosco, que educa y evangeliza a los jóvenes, especialmente a los más necesitados, hemos reflexionado juntos sobre las posibles orientaciones de la misión y explorado modalidades concretas para responder a las realidades locales.
La tercera fase ha llevado a la elaboración de algunas decisiones y propuestas para el futuro. La comunidad ha reafirmado su compromiso de ofrecer una educación y una formación de calidad, capaces de preparar a los jóvenes para una inserción significativa en el mundo laboral y para un ejercicio responsable de la ciudadanía. Entre los ámbitos prioritarios se encuentran la educación técnica postsecundaria y la formación profesional, en respuesta a la creciente demanda de competencias prácticas y de cualificación profesional en el país.
La cuarta fase, actualmente en curso, traducirá estas opciones en un proyecto operativo concreto.
Estamos haciendo todo lo posible para poner en marcha un verdadero oratorio salesiano, convencidos de que la forma más eficaz de arraigar el carisma de Don Bosco en este país es precisamente empezar por ahí. En estas islas hay muchísimos jóvenes que, en cierto sentido, esperan a Don Bosco.
Los primeros frutos
Durante la novena a Don Bosco del pasado mes de enero, un profesor católico casado se nos acercó pidiendo «hacerse salesiano». Para nuestra sorpresa, nos dimos cuenta de que su intención era hacerse Salesiano Cooperador. Su petición nos pilló desprevenidos, porque hasta ese momento aún no habíamos hablado de la Asociación de Salesianos Cooperadores. Después de aproximadamente un mes de peticiones insistentes, le dije que estaría dispuesto a ofrecerle un itinerario de formación si encontraba a otras tres personas interesadas. Su respuesta me dejó sin palabras: «¡Pero si ya he encontrado a otras cinco!». Así comenzamos el camino de formación de los primeros seis aspirantes a Salesianos Cooperadores.
En el mes de mayo introdujimos la devoción a María Auxiliadora y la población la acogió con gran entusiasmo. En la procesión en su honor, el 24 de mayo, participaron muchas más personas de las que esperábamos. Hoy ya hay un grupo interesado en entrar a formar parte de la ADMA, la Asociación de María Auxiliadora.
El sueño que se cumple
Cuando pienso en lo que ha sucedido en Vanuatu desde que llegamos, hace apenas ocho meses, no puedo sino asombrarme de la acogida que la gente nos ha dispensado. Nos han acogido a nosotros, pero sobre todo han acogido a Don Bosco y su carisma. He podido tocar con mis propias manos la realización del sueño que Don Bosco tuvo sobre Oceanía en julio de 1885, cuando vio a una multitud de jóvenes procedentes de innumerables islas que le gritaban: «¡Ven a ayudarnos!».
Así relata el cuarto sueño misionero:
«Finalmente me pareció estar en Australia. Aquí también había un Ángel, pero no tenía ningún nombre. Él guiaba y caminaba y hacía caminar a la gente hacia el mediodía. Australia no era un continente, sino un agregado de muchas islas, cuyos habitantes eran de carácter y de figura diversa. Una multitud de niños que allí habitaban, intentaban venir hacia nosotros, pero se lo impedían la distancia y las aguas que los separaban. Tendían, sin embargo, las manos extendidas hacia Don Bosco y los salesianos, diciendo: – ¡Venid en nuestra ayuda! ¿Por qué no completáis la obra que vuestros padres han comenzado? – Muchos se detuvieron; otros con mil esfuerzos pasaron en medio de animales feroces y vinieron a mezclarse con los salesianos, a los cuales yo no conocía, y se pusieron a cantar: Benedictus qui venit in nomine Domini (Bendito el que viene en nombre del Señor, Sal 118,26; Mt 21,9). A cierta distancia se veían agregados de islas innumerables; pero yo no pude discernir sus particularidades. Me parece que todo este conjunto indicaba que la divina Providencia ofrecía una porción del campo evangélico a los salesianos, pero en tiempo futuro. Sus fatigas obtendrán fruto, porque la mano del Señor estará constantemente con ellos, si no desmerecen sus favores» (MB XVII, 644-645).
Siempre he guardado en el corazón la profunda convicción de que en Oceanía hay una gran mies que espera a la Congregación. La experiencia que estoy viviendo hoy, al dar inicio a esta nueva presencia salesiana en Vanuatu, me ha hecho comprender que no son solo los jóvenes quienes nos esperan en Oceanía. Don Bosco nos ha precedido: ya está aquí, y espera a los suyos.
d. Alfred Maravilla, sdb

