13 Oct 2026, Mar

Una larga historia con rostros concretos. Misiones salesianas en Oriente Medio (2)

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Treinta años, malgache, actualmente estudiante de teología en la Crocetta de Turín y misionero en la Inspectoría de Oriente Medio, que comprende Siria, Líbano, Israel, Palestina y Egipto. Germain Maevatoky ya ha cruzado continentes, lenguas y culturas para prepararse para la misión que le ha sido encomendada. Este año, en Genzano, se ha reunido con otros treinta hermanos misioneros destinados en Europa y Oriente Medio, convocados por el Sector para las Misiones. En su relato aparecen el escultismo y el oratorio en Madagascar, los sueños misioneros de Don Bosco, la cruz recibida en plena pandemia y la dificultad de aprender árabe. Y la certeza de que el carisma salesiano une por encima de cualquier frontera.

 

 

Del escultismo a Don Bosco

Conocí a los salesianos gracias al vicario de mi parroquia, en Madagascar. Por aquel entonces formaba parte de los scouts: me gustaba prestar servicio en la iglesia y pasar el tiempo con mis amigos. Fue allí precisamente donde sentí la alegría de servir a la Iglesia y el deseo de seguir a Jesús más de cerca. Fui a los salesianos, que me dieron a conocer el oratorio y me propusieron leer la vida de Don Bosco, traducida al malgache. Aquella lectura me fascinó y, al conocer más a fondo a los salesianos, tomé la decisión de entrar en la Congregación al terminar el bachillerato.

 

Una vocación nacida de las lecturas

Mi vocación misionera nació de algunas lecturas que me marcaron profundamente. Al estudiar la historia de la Iglesia católica en mi país, descubrí cuántas congregaciones misioneras habían venido a servir al pueblo y a anunciar la Buena Nueva. Después me detuve en los sueños misioneros de Don Bosco, en particular en los pasajes en los que habla de los países a los que llegarían los salesianos y de los misioneros que dejarían su tierra. Por último, cada año, al leer el llamamiento misionero del Rector Mayor, publicado el 18 de diciembre, aniversario de la fundación de la Congregación, me parecía que se dirigía precisamente a mí. Con todo esto en el corazón, al terminar los tres años de filosofía y tras un tiempo de discernimiento con mi acompañante, escribí al Rector Mayor para ofrecerme.

 

La cruz misionera en tiempos de COVID

En 2021, en plena pandemia, participé en el curso para nuevos misioneros antes de recibir la cruz misionera. Éramos pocos y, debido a las restricciones, nos quedamos en Italia poco más de dos semanas. Aquella formación me preparó espiritual, psicológica y culturalmente. También fue una ocasión para conocer a los hermanos del Sector para las Misiones y a los demás salesianos de la misma expedición. Las visitas a lugares significativos de la Iglesia en Roma y a los lugares salesianos —Colle Don Bosco, Valdocco y Mornese— me ayudaron a vivir y comprender más profundamente el carisma salesiano.

 

Una nueva mirada a la fe

Con la llegada a Oriente Medio comenzó la aventura de la vida misionera, una aventura que apenas acaba de empezar. En Egipto, el encuentro con los demás me abrió los ojos a mi propia fe. Me impresionaron mucho los cristianos ortodoxos: durante las peregrinaciones o las visitas a las iglesias se respiraba un intenso ambiente de oración que realmente ayudaba a rezar. Veía a personas de gran fe tocar o besar las imágenes de los santos y las reliquias: para mí era una señal clara de devoción y de un fuerte sentimiento de pertenencia. Y luego está el encuentro con los musulmanes, que leen el Corán incluso en el metro, sobre todo durante el Ramadán, y que rezan en la calle o en los centros comerciales.

 

El reto de las lenguas

En el nuevo contexto, el reto más difícil para mí fue la lengua, o mejor dicho, las lenguas: en nuestra inspectoría es necesario saber italiano, árabe e inglés. Gracias a Dios, la inspectoría me concedió el tiempo necesario para aprenderlas, especialmente el árabe. Otro reto fue cambiar de acompañante cada vez que cambiaba de comunidad: durante mis primeros cuatro años de misión, me ocurrió cada año.

 

Una inspectoría especial

La de Oriente Medio es una inspectoría particular, porque las relaciones políticas entre los Estados no son nada sencillas, y eso dificulta reunir a todos los hermanos. Sin embargo, gracias a la tecnología, de vez en cuando nos reunimos en línea para un encuentro inspectorial. En nuestros centros juveniles, oratorios, parroquias y escuelas hay una fuerte presencia de jóvenes, y los gobiernos también valoran el trabajo de los salesianos. Nos ocupamos de los refugiados en Líbano, Siria y Egipto, y en algunas comunidades también colaboramos con los musulmanes.

Los superiores —el inspector y su vicario— y todos los hermanos me acogieron muy bien. Pude comprobar que la fe en Jesús y el carisma de Don Bosco unen a las personas, más allá de las diferencias culturales y de procedencia.

 

El encuentro de Genzano

Agradezco de corazón al Sector para las Misiones que este año nos haya permitido reunirnos en Genzano: una iniciativa muy valiosa para el bien de la Congregación. Fue un encuentro de actualización para los misioneros que llegaron a Europa y Oriente Medio durante los últimos cinco años: un tiempo de fraternidad, formación, intercambio y ánimo. Me impresionaron la colaboración entre los miembros del Sector y su disposición a escucharnos, aconsejarnos y dialogar con nosotros.

 

Mirando al futuro

Para afrontar los retos que nos esperan, diría que debemos continuar la labor con espíritu salesiano, con creatividad y flexibilidad, colaborando con los laicos y las autoridades locales y dando testimonio de la fe en Jesús. Os agradezco vuestras oraciones, que para nosotros, los misioneros, son un verdadero apoyo espiritual. ¡Y pidamos juntos al Señor que envíe obreros a su mies!

 

 

Marco Fulgaro

 

Editor BSOL

Editor del sitio web.