18 Sep 2026, Vie

«La oración es el aire que respiro». Entrevista a don Peter Chinweike Morba, nuevo inspector de África Nigeria Níger

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No creció en un ambiente salesiano. De los hijos de Don Bosco le habló un tío materno, de paso por Onitsha por trabajo e impresionado por lo que veía hacer por los jóvenes. De esa sugerencia nació un camino que ha llevado a don Peter Chinweike Morba desde el pueblo de Aguleri, en el estado de Anambra, a Sierra Leona, luego a las 27 estaciones misioneras de Koko, en el estado de Kebbi, y finalmente a la parroquia de Omole, en Lagos. En 2025 el Rector Mayor, don Fabio Attard, lo nombró inspector de África Nigeria Níger: el primero, originario de esa tierra, en guiar la Inspectoría, con 173 hermanos y 19 casas en dos países. Aquí cuenta su vocación, sus maestros, los desafíos de la evangelización de hoy.

 

 

¿Quieres presentarte a los lectores? ¿Dónde naciste, qué camino has recorrido hasta hoy?

Me llamo don Peter Morba. Nací el 26 de noviembre de 1976 en Aguleri, mi pueblo, en el área de gobierno local de Anambra East, en el estado de Anambra, en Nigeria. Soy un sacerdote católico, salesiano de Don Bosco. Además de las dos licenciaturas en filosofía y teología, he obtenido un posgrado en Educación y actualmente curso un Máster en Psicología Clínica en la Daystar University de Nairobi, en Kenia.

Fui ordenado sacerdote el 7 de julio de 2012 en mi diócesis de origen, la Arquidiócesis de Onitsha. Después de la ordenación fui enviado a Sierra Leona, como encargado del oratorio y vicario parroquial. De allí fui a Koko, en el estado de Kebbi, para iniciar una nueva misión de primera evangelización: allí fui el primer párroco, con 27 estaciones misioneras. Luego el traslado a Lagos, como párroco de la iglesia del Espíritu Santo, en el barrio de Omole Phase 1. Durante esos años también fui nombrado vicario inspectorial. Después de seis años en Omole y tres como vicario, con el encargo también de la formación, en 2025 el Rector Mayor, don Fabio Attard, con el consentimiento de su Consejo, me confió la Inspectoría ANN.

 

¿Cómo descubriste tu vocación salesiana?

No crecí en un ambiente salesiano y, antes de entrar, sabía muy poco de esta familia religiosa. Los conocí gracias a un tío materno, que en aquella época había ido por negocios a la comunidad salesiana de Onitsha. Sabiendo que estaba pensando en el sacerdocio, me habló de ellos y me animó a probar: le había gustado lo que veía hacer por los jóvenes. En Onitsha los salesianos gestionaban entonces un centro de formación técnica y de pastoral juvenil, siempre lleno de actividades. Creo que fue esto lo que le atrajo.

En mi primera visita fui admitido en el aspirantado. Me sorprendió, porque todo ocurrió de forma sencilla y rápida. Y desde entonces, por la gracia de Dios, me he quedado.

 

¿Qué figuras – santos, educadores, familiares – te han inspirado más?

San Francisco de Asís y el beato Cyprian Michael Iwene Tansi, que es de mi mismo pueblo. Al entrar entre los salesianos, me impresionó sobre todo la primera parte de la vida de san Juan Bosco.

Luego estuvieron los hermanos que conocí durante el aspirantado, el prenoviciado y el noviciado: el difunto don Vittorio Albasini, don Nicholas Cirrapica, el difunto don Italo Spagnola y muchos otros. Han pesado mucho en mi elección y en mi perseverancia. En la familia, mi abuela, mi madre y una hermana menor suya, ya fallecida, me enseñaron a amar a Dios y a ofrecerle la vida a él, para el servicio de los demás.

 

¿Qué momentos de la formación te han marcado más?

El noviciado tuvo un gran impacto: estudiar las Constituciones, entrar más a fondo en la espiritualidad salesiana. Y luego el tirocinio práctico, que fue para mí muy enriquecedor. Es ahí donde empecé a desarrollar alguna capacidad de liderazgo y a aprender que ciertas decisiones no solo afectan a mi vida, sino también a la de las personas que me rodean. Y es ahí donde puse en práctica el sistema preventivo que estaba estudiando.

 

Si pudieras volver atrás, ¿volverías a tomar las mismas decisiones?

Sí, las volvería a tomar. Quizás hoy, con algunos años más, afrontaría de manera diferente bastantes cosas. Pero la elección de ofrecerme a Dios y de quedarme con él, a través de Don Bosco, por los jóvenes, esa la volvería a hacer siempre. Nunca me he arrepentido de ser salesiano: me siento feliz y realizado en esta vocación.

 

¿Cómo afrontas situaciones difíciles, como el alejamiento de los jóvenes de la fe o de la Iglesia?

En Nigeria el desafío se presenta de formas diferentes respecto a Europa o América. Hay algún joven que se aleja de la fe y de la Iglesia, diciendo que quiere volver a la religión de los antepasados, a la religión tradicional; pero sigue siendo una minoría. Tenemos muchos jóvenes con una fe sólida, que aman la vida de la comunidad cristiana.

El desafío, en todo caso, nos concierne a nosotros que somos sus educadores en la fe: debemos pensar propuestas y actividades capaces de mantener viva esa fe. Se nos pide creatividad, y sobre todo disponibilidad, porque son muchos los jóvenes que piden ser acompañados.

 

¿Hay alguna experiencia vivida con los chicos que te gustaría contar?

Hay muchas. Se me quedó grabada la de los jóvenes de Sierra Leona, donde trabajé justo después de la ordenación. Me conmovió su dedicación. Incluso cuando no teníamos dinero para darles de comer durante los programas, muchos hacían sacrificios enormes, por iniciativa propia. Habían entendido la misión y se habían integrado plenamente en ella. Organizábamos encuentros de sensibilización en muchas escuelas y ellos animaban todo, sin pedir nada a cambio. Su generosidad me entusiasmó de verdad.

 

¿Qué lugar ocupa la oración en tu día?

Para mí la oración es como el aire que respiro: sin ella, no puedo mantenerme en pie. Le llevo a Dios prácticamente todo. Es el único terreno en el que no acepto compromisos. Y hoy la necesito más que antes, por la responsabilidad que se me ha confiado: 173 hermanos y 19 casas salesianas en dos países, Nigeria y Níger.

 

¿Cómo describirías la espiritualidad salesiana en pocas palabras?

Alegre y sencilla. Es esto, creo, lo que la hace atractiva para los jóvenes.

 

¿Cuáles son hoy los grandes desafíos de la evangelización y de la misión?

Para mí es ayudar a las personas a entregar el corazón solo a Dios. Las distracciones son muchísimas, y a muchos corazones les cuesta mantenerse cálidos, se distraen respecto a las cosas de Dios.

 

¿Qué se podría hacer más, y mejor?

Seguir rezando, y vivir una vida de testimonio. Las palabras, por sí solas, ya no bastan: la gente necesita vernos vivir el Evangelio.

 

¿Colaboras con los laicos, con las Hijas de María Auxiliadora, con otros grupos de la Familia Salesiana?

Por supuesto. La misión salesiana es más grande que una sola persona o un solo grupo: Don Bosco lo sabía bien, y por eso invitó a tantos a unirse a él. Una vez al año tenemos un encuentro que reúne a todos los miembros de la Familia Salesiana: compartimos nuestras misiones, nos escuchamos, programamos juntos el futuro. Todos forman parte de la misión, incluidos nuestros conductores, los conserjes, los cocineros.

 

¿Qué consejo le darías a un joven que se pregunta sobre la vocación religiosa o sacerdotal?

Que mantenga el corazón abierto a Dios. Que se quede en el ambiente y en medio del pueblo de Dios. Y que aprenda el silencio y la meditación: le ayudarán a entender qué le está diciendo Dios.

 

¿Cuál es el mensaje que te gustaría transmitir a los jóvenes de hoy?

Que se mantengan centrados en la vida. Que hagan de Dios su amigo. Que sean generosos con su propia vida y con lo que tienen, en lugar de replegarse sobre sí mismos.

 

Editor BSOL

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