6 Jul 2026, Lun

Conozcamos a don Bosco (12). San José Cafasso

⏱️ Tiempo de lectura: 5 min.

San José Cafasso, Piero Dalle Ceste (1938), sobre el altar dedicado a él en la Basílica de María Auxiliadora, Turín-Valdocco.

 

San José Cafasso fue un sacerdote piamontés, teólogo moral y gran director espiritual, que se distinguió por la formación, la profunda caridad y el intenso ministerio, especialmente en las cárceles. Estimado educador en el Convitto ecclesiastico de Turín, fue maestro de numerosos sacerdotes y punto de referencia del clero turinés. Es central la relación con don Bosco, de quien fue guía decisivo en las elecciones vocacionales y apoyo concreto del Oratorio naciente, también en el plano económico e institucional. Don Cafasso acompañó a don Bosco durante toda su vida, favoreciendo su obra educativa. Murió en 1860, dejando parte de sus bienes al Oratorio, y don Bosco honró públicamente su memoria.

 

 

Porque sabía escuchar.

 

 

José Cafasso, teólogo moral, predicador y director espiritual, nació en Piamonte, en Castelnuovo d’Asti (ahora Castelnuovo Don Bosco), el 15 de enero de 1811, hijo de Giovanni y Orsola Beltramo, el tercero de cuatro hijos. La familia, de origen campesino, vivía en condiciones económicas discretas. Los padres eran ejemplares, la madre extremadamente religiosa. José se mostró desde niño obediente, devoto, apegado a la religión, fiel al catecismo, caritativo con los pobres, voluntarioso y brillante en la escuela.

En el año escolar 1823-24, con otros muchachos de Castelnuovo, se trasladó a Chieri para cursar los estudios superiores de latín. Durante tres años se alojó en la casa del sastre Tommaso Cumino. En este período tuvo la oportunidad de frecuentar la congregación mariana en la iglesia de los jesuitas de San Antonio abad, donde inicialmente fue reprendido por no haber sido admitido definitivamente a la santa comunión, creyendo que ello se debía a su negligencia en el catecismo; pero fue admitido inmediatamente.

Al principio fue objeto de burlas y maltratos por parte de algunos compañeros sin tacto, pero luego se ganó el respeto y el ascendiente moral entre los estudiantes por su bondad y diligencia en el estudio.

Mientras tanto, en Chieri se inauguró el seminario, en el que fue acogido en noviembre de 1829, para el trienio conclusivo de los estudios teológicos (1830-1833).

Fue probablemente en el verano de 1830 cuando Juan Bosco conoció al seminarista Cafasso frente a la capilla de San Pedro en Morialdo, con motivo de una fiesta local. Siempre con una salud precaria, José Cafasso “sobresalía solo en el estudio y en la virtud”. Vivía según dos principios: “La santidad no consiste en hacer cosas extraordinarias, sino en hacer las cosas ordinarias de manera extraordinaria”; “Nada pedir y nada rehusar”.

Se trasladó al Convitto eclesiástico y casi de inmediato don Cafasso fue puesto al frente del grupo que enseñaba el catecismo cuaresmal en las cárceles. El ministerio en las prisiones, con la instrucción religiosa y el cuidado espiritual de los encarcelados, siguió siendo su actividad preferida durante el resto de sus años.

El 27 de junio de 1836, Cafasso superó brillantemente los exámenes finales y el teólogo Guala, con el apoyo unánime del cuerpo docente, le propuso quedarse como repetidor en el Convitto.

Así, a la muerte de Guala, don Cafasso asumió el cargo de rector.

Vale la pena señalar que los años 1844-1848 (cuando don Cafasso poco a poco asumía la dirección del Instituto) fueron aquellos en los que don Bosco, primero se alojó en el Refugio como capellán del Ospedaletto Barolo, luego se trasladó a casa Pinardi, pasando del catecismo y las actividades recreativas dominicales con los jóvenes pobres a una institución pastoral y educativa más estructurada y estable, el Oratorio de San Francisco de Sales. Durante aquellos años cruciales, el apoyo de don Cafasso fue determinante.

En las Memorias del Oratorio, don Bosco, refiriéndose a las actividades promovidas por el teólogo Guala, por don Cafasso y don Golzio, escribe: “Las cárceles, los hospitales, los púlpitos, los institutos de beneficencia, los enfermos a domicilio; las ciudades, los pueblos y podemos decir los palacios de los grandes y las chozas de los pobres experimentaron los saludables efectos del celo de estos tres luminares del clero turinés”. La caridad de don Cafasso no conoció límites.

 

La relación de don Cafasso con don Bosco

Sin duda, don Bosco debe ser considerado como uno de los discípulos más importantes de Cafasso, a quien algunos testigos en los procesos de beatificación y canonización presentan como “cofundador y primer colaborador”, sin el cual “la obra de don Bosco no existiría”.

Tras el primer encuentro en Morialdo (alrededor de 1830), entre el seminarista Cafasso y el joven Bosco se estableció un vínculo que con el paso de los años se hizo más profundo. Fue una presencia constante de consejo, de aliento y de ayuda económica durante todo el recorrido formativo. Cafasso, como se ha mencionado, fue determinante en las elecciones vocacionales y ministeriales de don Bosco. Lemoyne afirma que cuando lo recomendó a la marquesa Barolo para la capellanía del Ospedaletto, le habría dicho al teólogo Borel: “Piensen un poco si hay modo de retenerlo con algún empleo en esta capital. Es absolutamente necesario. Dotado como está de actividad y de celo, hará un gran bien a la juventud. Está destinado por la Providencia a convertirse en el Apóstol de Turín”. Cuando luego don Bosco dejó el empleo con la marquesa y se trasladó a casa Pinardi, fue de nuevo Cafasso, en colaboración con Borel, quien sostuvo económicamente el Oratorio y garantizó el alquiler, los préstamos y las compras. Continuó su apoyo para los nuevos edificios construidos en lugar de la casa Pinardi en 1853 y en 1856. Durante algunos años, don Cafasso pagó la mayor parte de las cuentas de la comida y otras necesidades del Oratorio. Luego recomendó a don Bosco a personas caritativas y a instituciones de la ciudad. Finalmente, lo apoyó ante el arzobispo Luigi Fransoni, las autoridades eclesiásticas y civiles y la familia real.

Sobre todo, don Cafasso formó y guio espiritualmente a don Bosco a través de la confesión y la predicación de ejercicios espirituales.

 

La muerte de don Cafasso

Don Cafasso murió el 23 de junio de 1860, a la edad de 49 años. El 12 de junio de 1860 se sentó en el confesionario por última vez, luego fue afectado por una grave infección pulmonar que no logró superar.

A don Bosco se le impidió visitar a su amado maestro en aquellos últimos días, porque se pensaba que quería sacarle dinero.

En su testamento, don Cafasso destinó la parte más sustancial de su patrimonio personal a la Piccola Casa de la Divina Provvidenza e incluyó una cláusula a favor de don Bosco y del Oratorio: “Dejo al Sacerdote D. Juan Bosco […] cuanto es de mi propiedad por sitio y fábrica contigua al Oratorio de S. Francisco de Sales en esta Capital, región de Valdocco, con la adición de cinco mil liras por una sola vez. Le condono al mismo cuanto pudiera deberme a mi fallecimiento, rasgando por ello o remitiéndole toda memoria al respecto”.

El 10 de julio de 1860, don Bosco honró su memoria con una solemne misa y un discurso fúnebre en la iglesia del Oratorio. El 30 de agosto fue invitado a pronunciar la oración oficial durante la solemne conmemoración en la iglesia de San Francisco de Asís.

 

 

Arthur J. Lenti, Don Bosco historia y espíritu, vol. I, pág. 319

 

P. Bruno FERRERO

Salesiano de Don Bosco, experto en catequesis, autor de varios libros. Fue director editorial de la editorial salesiana Elledici. Es redactor jefe del periódico italiano "Il Bollettino Salesiano", en versión impresa.