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El lema misionero salesiano de este año es la solidaridad misionera salesiana y la valiosa labor de las Procuras: como primera reflexión, acogemos las palabras de don Luca Barone SDB, nuevo presidente de Missioni Don Bosco.
La imagen más inmediata que viene a la mente al pensar en la Procura Misionera «Missioni Don Bosco Valdocco» es la de un puente: es decir, un espacio de paso, de conexión, de facilitación. Por él pasan las historias, las exigencias y las necesidades de tantas misiones salesianas en el mundo, es decir, historias de vida de misioneros, de jóvenes, de personas, de comunidades, de países; transitan por este puente oraciones, generosidad, altruismo, donaciones, legados y herencias de tantos benefactores y beneficiarios que confían en don Bosco y en sus hijos y, a través de ellos, llevan futuro y esperanza a las distintas partes del planeta.
El procurador misionero, presidente de «Missioni Don Bosco», en nombre del Rector Mayor de la Congregación Salesiana que lo nombra, «coordina el tráfico» del tránsito por este puente y, con el equipo de «Missioni Don Bosco», une a personas, recursos y profesionales al servicio de los más desfavorecidos.
Missioni Don Bosco nació en 1991 en Turín con el objetivo de acompañar a los misioneros salesianos que hoy, en 137 países, llevan educación y formación profesional a los jóvenes en dificultades. Siguiendo las huellas de San Juan Bosco, los misioneros dedican su vida a las personas en situación de desventaja, viviendo en estrecho contacto con los sectores más pobres y marginados de la población.
Desde hace 30 años nuestro objetivo es llevar el desarrollo a los países del Sur del mundo; gestionamos intervenciones de emergencia en caso de catástrofes naturales, hambrunas y guerras; construimos pozos en las zonas más áridas; ayudamos a refugiados y migrantes; construimos y gestionamos casas de primera acogida para niños de la calle, hospitales y ambulatorios. Queremos ayudar a los menores desfavorecidos para permitirles convertirse en sujetos activos en el desarrollo social de su propio país, con la plena convicción de que los jóvenes son el futuro del mundo. Construimos escuelas de todos los niveles, centros de formación profesional, apoyamos decenas de oratorios en el mundo, promovemos becas de estudio para la educación de jóvenes necesitados y becas de trabajo para permitirles aprender un oficio; apoyamos la obra de evangelización y educación típica del carisma salesiano.
Desde hace unos meses me encuentro en este servicio de presidencia, que siento como un don y una responsabilidad. Un regalo que se me ha concedido para ensanchar mi corazón y mi mente, dilatándolos a la medida de la Congregación; de hecho, los proyectos apoyados el año pasado por la Procura de Turín superan los 180 y se realizan en los cinco continentes al servicio de las misiones, y esto me permite asombrarme de los milagros que existen a diario cuando las necesidades reales se encuentran con una generosidad auténtica.
Siento también toda la responsabilidad de este cargo por la urgencia y lo concreto de muchas de las necesidades que conocemos, por el respeto y la atención que merece el sacrificio de las personas de las que provienen las donaciones, por los destinatarios de nuestras intervenciones que son sobre todo, en el espíritu salesiano, niños, niñas y jóvenes que sueñan con un futuro mejor al que tienen derecho.
Un proverbio africano dice que en la lucha entre dos elefantes, la que siempre acaba aplastada es la hierba: en las luchas de los fuertes y los poderosos, son los pobres y los pequeños los que quedan arrollados y aplastados. Missioni Don Bosco intenta actuar en tres niveles: intervención en emergencias con ayuda inmediata allí donde las necesidades lo imponen; apoyo al desarrollo y a la planificación dirigido a poblaciones y países; y, por último, apoyo a los misioneros locales para que puedan actuar en sentido social y político a fin de que las condiciones de fondo de un país puedan mejorar, haciéndose cargo de los jóvenes y de sus necesidades presentes y futuras.
En el gran tablero de la historia se juega siempre en dos mesas: una local y otra global, y lo que tú puedes hacer en tu pequeña medida tiene una consecuencia mundial que va más allá de tus expectativas, porque se inserta en el gran movimiento del bien que quizás no hace ruido, pero que existe y sostiene el mundo. Por eso me permito pedir a cada uno de nosotros una renovada y contagiosa capacidad de hacer el bien y de ser generosos. Será nuestra manera de construir una paz «desarmada y que desarma, humilde y perseverante», como nos dijo nuestro Papa al inicio de su pontificado.
don Luca Barone, sdb

