{"id":55573,"date":"2026-11-06T07:10:22","date_gmt":"2026-11-06T07:10:22","guid":{"rendered":"https:\/\/www.donbosco.press\/?p=55573"},"modified":"2026-11-06T07:10:38","modified_gmt":"2026-11-06T07:10:38","slug":"conocemos-a-don-bosco-20-el-trabajo-colosal","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/don-bosco\/conocemos-a-don-bosco-20-el-trabajo-colosal\/","title":{"rendered":"Conocemos a don Bosco (20). El trabajo colosal"},"content":{"rendered":"<p><em><i>A Don Bosco se le presenta dentro de una espiritualidad del trabajo que, en sinton\u00eda con el magisterio de Juan Pablo II, afirma su dignidad sin absolutizarlo: no es un fin en s\u00ed mismo, sino un lugar donde la persona se expresa y crece en la caridad. Desde esta perspectiva, Don Bosco aparece como el santo del \u00abhacer\u00bb: une oraci\u00f3n y acci\u00f3n, santifica el trabajo y lo asume como v\u00eda educativa y \u00abescala m\u00edstica\u00bb hacia Dios. Para \u00e9l, trabajo significa cumplimiento del propio deber de estado: manual, intelectual, apost\u00f3lico y caritativo. Insiste en la laboriosidad y la templanza como se\u00f1as salesianas, convencido de que el ocio favorece el mal. Su testimonio es el de una vida de laboriosidad colosal, hasta el agotamiento y la muerte<\/i><\/em>.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em><i>Porque el trabajo y la templanza har\u00e1n florecer la Congregaci\u00f3n salesiana<\/i><\/em>.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La importancia que ha adquirido el tema del trabajo en nuestro tiempo queda demostrada por la imponente literatura que analiza sus aspectos y valores en continuo desarrollo. Aunque desfigurado por ciertas ideolog\u00edas, el trabajo es verdaderamente un valor central en la sociedad y en la cultura de hoy. Pone de manifiesto un aspecto de la misi\u00f3n del hombre en el mundo: el de dominar la naturaleza para humanizarla y ponerla al servicio de la persona.<\/p>\n<p>El Sumo Pont\u00edfice Juan Pablo II traza, en su Enc\u00edclica <em><i>Laborem<\/i><\/em> <em><i>exercens<\/i><\/em> y en otras numerosas intervenciones, las l\u00edneas de una espiritualidad del trabajo que exalta su valor, pero desmitifica cualquier idolatr\u00eda al respecto. El trabajo, en efecto, no es un fin en s\u00ed mismo, no es un absoluto. Es, en cambio, \u00abun modo importante de expresar a la persona como \u201cco-creadora\u201d o \u201cco-redentora\u201d en la tierra y en el tiempo. Para nosotros se convierte en testimonio de la tr\u00edada espiritual: fe, esperanza, caridad. En este sentido, no es tanto la calidad del trabajo lo que engrandece a la persona, sino las motivaciones y el coraz\u00f3n con que se realiza, es decir, la medida del amor de caridad que lo impregna\u00bb (E. Vigan\u00f2). Don Bosco hizo del trabajo su bandera, se santific\u00f3 trabajando y trabajando mucho. Ve\u00e1moslo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong><b>La actividad incesante<\/b><\/strong><\/p>\n<p>El acad\u00e9mico de Italia Francesco Orestano, escribiendo sobre Don Bosco, tras haber subrayado su grandeza moral y su fuerza de voluntad, prosigue en estos t\u00e9rminos: \u00abPor importantes que sean los rasgos del hombre y de su obra, la originalidad de Don Bosco no reside todav\u00eda aqu\u00ed. Hela aqu\u00ed. Necesidades educativas y sociales, profundamente intuidas en perfecta relaci\u00f3n con los nuevos tiempos, le hicieron descubrir <em><i>la gran ley de educar con y para el trabajo<\/i><\/em>. Del trabajo como instrumento educativo, Don Bosco sinti\u00f3 la extraordinaria potencia edificante de la personalidad humana en todos los sentidos y momentos. El trabajo, v\u00eda eminente de ennoblecimiento del esp\u00edritu: \u00abNo os recomiendo penitencias y disciplinas, sino trabajo, trabajo, trabajo\u00bb. Y a\u00fan en su lecho de muerte, lo recomendaba a todos los salesianos, a quienes quiso ordenar como una milicia social, no dedicada a pr\u00e1cticas asc\u00e9ticas, sino totalmente impregnada de las necesidades de la vida moderna. Y no solo apreci\u00f3 el trabajo como instrumento educativo, sino como contenido de vida. Del trabajo sinti\u00f3 toda la dignidad incluso en sus aplicaciones manuales m\u00e1s modestas, trat\u00f3 de aprender y practicar todas ellas de manera ejemplar, y por ello mismo, ennoblecerlas. Y nunca consider\u00f3 el trabajo como medio de enriquecimiento, pues, al contrario, juzg\u00f3, como su santa madre hab\u00eda sentenciado rectamente, que enriquecerse era una desgracia; sino solo como plenitud, salud y santidad de vida\u00bb.<\/p>\n<p>La cita es pertinente porque capta, con penetrante claridad, el aspecto quiz\u00e1s m\u00e1s original de su pedagog\u00eda y de su santidad, que es el de la elevaci\u00f3n del hombre y del cristiano <em><i>a trav\u00e9s del trabajo y con el trabajo<\/i><\/em>. Con una condici\u00f3n, sin embargo: que la palabra \u00abtrabajo\u00bb se tome en la gama de significados que ten\u00eda para Don Bosco, para quien era, seg\u00fan el caso, sin\u00f3nimo de actividad <em><i>manual<\/i><\/em>, artesanal, t\u00e9cnica, profesional; <em><i>intelectual<\/i><\/em>, escuela, estudio, cultura; <em><i>apost\u00f3lica<\/i><\/em>, catequesis, evangelizaci\u00f3n, celo pastoral; sacerdotal, acci\u00f3n lit\u00fargica, sacramentos; caritativa, en sus diversas formas; deber de estado. \u00abPor trabajo se entiende el cumplimiento de los deberes del propio estado\u00bb.<\/p>\n<p>Ser\u00e1, por tanto, el contexto el que nos d\u00e9 el significado que Don Bosco pretend\u00eda cada vez que hablaba de trabajo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong><b>La \u00abescala m\u00edstica\u00bb del trabajo<\/b><\/strong><\/p>\n<p>Del trabajo entendido como <em><i>actividad apost\u00f3lica<\/i><\/em>, caritativa y humanizadora, Don Bosco intuy\u00f3 la suprema grandeza, la divina virtud santificadora, y no dud\u00f3 en hacer de \u00e9l su escala m\u00edstica para ir a Dios.<\/p>\n<p>No separ\u00f3 el trabajo de la oraci\u00f3n: \u00abSi ha habido un santo que en los tiempos modernos haya unido y encarnado en s\u00ed mismo de manera tan maravillosa los dos elementos de la tradici\u00f3n benedictina \u201corar y trabajar\u201d, ese fue precisamente Don Bosco\u00bb (Card. C. Salotti). Pero la oraci\u00f3n no es lo que m\u00e1s destaca en \u00e9l, no es su divisa. \u00abLo que el mundo ve es el trabajo intenso y desinteresado. Don Bosco es un santo extremadamente concreto: para decirlo con una palabra un poco cruda pero cierta, no cree en una piedad que no se exprese en la vida, que no se convierta en acci\u00f3n, en caridad activa, que no se traduzca en un trabajo incesante por amor a Dios y a los hermanos\u00bb.<\/p>\n<p>A\u00f1adamos que en el siglo XIX la oraci\u00f3n era todav\u00eda una realidad tan fuertemente insertada en la costumbre cristiana, que Don Bosco no consider\u00f3 oportuno insistir en ella a ultranza como, probablemente, habr\u00eda hecho en una situaci\u00f3n diferente. Urg\u00eda, en cambio, santificar el trabajo y divinizar la acci\u00f3n. Este fue su carisma.<\/p>\n<p>A esto se sent\u00eda inspirado y llamado. Sab\u00eda que la palabra no es persuasiva si no es en el momento en que se convierte en acci\u00f3n, y quiso que la acci\u00f3n se convirtiera en palabra, que sus ideas tuvieran manos, como de hecho ocurr\u00eda.<\/p>\n<p>Era por temperamento lo que se dice un \u00abhombre de acci\u00f3n\u00bb, el \u00abrealizador de \u00e9xito\u00bb, el \u00abgenio de la organizaci\u00f3n\u00bb. El trabajo era su segunda naturaleza. \u00abDios \u2014dec\u00eda\u2014 me ha concedido la gracia de que el trabajo y el esfuerzo, en lugar de ser una carga para m\u00ed, siempre me resultaran un alivio\u00bb.<\/p>\n<p>El impulso a actuar era poderosamente estimulado por las nuevas e inmensas necesidades de su siglo, por la miserable condici\u00f3n en que se encontraba la juventud marginada o desatendida de su tiempo. Pero le atra\u00eda sobre todo el ejemplo de Jes\u00fas, el divino trabajador de la casita de Nazaret, el amigo de los ni\u00f1os y de los humildes, el ap\u00f3stol del Padre continuamente en acci\u00f3n por nuestra salvaci\u00f3n: \u00abMi Padre trabaja siempre, y yo tambi\u00e9n trabajo\u00bb (Jn 5,17); Jes\u00fas \u00abcomenz\u00f3 a hacer y a ense\u00f1ar\u00bb (Hch 1,1). Este es el modelo que propone a sus hijos cuando escribe las Constituciones.<\/p>\n<p>\u00abJesucristo comenz\u00f3 a hacer y a ense\u00f1ar, as\u00ed los congregados comenzar\u00e1n a perfeccionarse a s\u00ed mismos con la pr\u00e1ctica de las virtudes internas y externas\u00bb.<\/p>\n<p>Cuando Don Bosco cita la Palabra de Dios, demuestra una marcada preferencia por los textos que ponen de relieve la \u00abcategor\u00eda del hacer\u00bb, del anuncio, de la evangelizaci\u00f3n; en su voluminoso epistolario, la alusi\u00f3n a las realidades divinas y a la oraci\u00f3n es casi continua, aunque casi nunca tematizada. En cambio, se subrayan con esmero frases de este tenor: \u00abOpus fac evangelistae\u00bb (2Tm 4,5: \u00abRealiza tu labor de evangelizador\u00bb); \u00abTu vero praedica Verbum opportune et importune\u00bb (2Tm 4,2: \u00abProclama la Palabra, insiste a tiempo y a destiempo\u00bb); \u00abOpera Dei revelare et confiteri honorificum est\u00bb (Tb 12,7: \u00abEs bueno revelar y alabar las obras de Dios\u00bb).<\/p>\n<p>Sin embargo, no fue un pragm\u00e1tico, ni elev\u00f3 la praxis a criterio de verdad. Siempre puso por encima de todo tanto la doctrina de la fe como el Magisterio: principios y valores firmemente adquiridos. Pero fue \u00abel emprendedor de Dios\u00bb, el realista que antepone, por instinto, lo pr\u00e1ctico a lo te\u00f3rico, lo vivido a lo abstracto, los hechos a las palabras, que no cree en la fe sin obras, ni en un Evangelio que no est\u00e9 incorporado a la vida. Solo \u00abel que obra la verdad viene a la luz\u00bb (Jn 3,21). Solo el lenguaje de los hechos y de las obras le parec\u00eda suficientemente cre\u00edble.<\/p>\n<p>\u00abEl mundo se ha vuelto material \u2014dec\u00eda\u2014, por eso hay que trabajar y dar a conocer el bien que se hace. Si uno hace incluso milagros rezando d\u00eda y noche en su celda, el mundo no le hace caso y ya no le cree. El mundo necesita ver y tocar. El mundo actual quiere ver las obras, quiere ver al clero trabajar&#8230;\u00bb.<\/p>\n<p>En una \u00e9poca en la que se miraba a los religiosos como a gente ociosa, in\u00fatil para el progreso de la sociedad, quiso que su instituci\u00f3n se fundara en la gran ley del trabajo y dec\u00eda, no sin humor, que la divisa de sus religiosos ser\u00eda la de las \u00abmangas remangadas\u00bb.<\/p>\n<p>Con el coraje y la audacia de los emprendedores que hicieron c\u00e9lebre la ciudad de Tur\u00edn \u2014sobre todo en el \u00faltimo cuarto del siglo XIX\u2014, sostenido por una fe inquebrantable, lanza a sus jovenc\u00edsimos salesianos, formados \u00absobre el terreno\u00bb y con poca teor\u00eda, a fundar sus obras caritativas: oratorios, hospicios, escuelas, colegios, misiones.<\/p>\n<p>En 1878 tiene la audacia de escribir a Le\u00f3n XIII, reci\u00e9n elegido, que preste particular atenci\u00f3n a las nuevas instituciones que el Esp\u00edritu Santo hace surgir en la Iglesia: \u00abLas familias religiosas recientes son llamadas por la necesidad de los tiempos. Con la firmeza en la fe, con sus obras materiales, deben combatir las ideas de quienes en el hombre solo ven materia. Estos a menudo desprecian a quien reza y medita, pero se ver\u00e1n obligados a creer en las obras de las que son testigos oculares\u00bb. Palabras antiguas; parecer\u00edan de hoy y v\u00e1lidas a escala planetaria, tan invocada y exigida es por doquier la apologia vitae de los creyentes, el testimonio aut\u00e9nticamente cristiano.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong><b>\u00abDonde hay trabajo no est\u00e1 el demonio\u00bb<\/b><\/strong><\/p>\n<p>Las afirmaciones audaces que otros santos han hecho en alabanza a la oraci\u00f3n, Don Bosco las hizo en alabanza al trabajo.<\/p>\n<p>\u00abEl noventa por ciento de sus discursos a los cohermanos \u2014escribe A. Caviglia\u2014 son sobre el trabajo, la templanza, la pobreza. He aqu\u00ed \u2014a\u00f1ade agudamente\u2014 el esc\u00e1ndalo de un santo; de un santo, podemos decir, \u201camericano\u201d; dice muchas m\u00e1s veces: \u201c<em><i>Trabajemos<\/i><\/em>\u201d, que: \u201c<em><i>Recemos<\/i><\/em>\u201d\u00bb.<\/p>\n<p>Escribe, a su vez, E. Ceria: \u00abSer\u00eda dif\u00edcil encontrar otro santo que en la medida de Don Bosco haya conjugado y hecho conjugar el verbo trabajar\u00bb. Quiso a sus salesianos alegres, pobres, frugales, sobre todo laborios\u00edsimos: \u00ab\u00a1Trabajo, trabajo, trabajo! \u2014repet\u00eda\u2014. Este deber\u00eda ser el objetivo y la gloria de los sacerdotes. No cansarse nunca de trabajar. \u00a1Cu\u00e1ntas almas se salvar\u00edan!\u00bb. \u00abQuien no sabe trabajar no es salesiano\u00bb.<\/p>\n<p>Quer\u00eda que el trabajo tuviera la continuidad de la respiraci\u00f3n: \u00abSiempre trabajar [&#8230;]. Este debe ser el fin de todo salesiano y su continuo suspiro\u00bb. La idea del esfuerzo no deb\u00eda ser un freno, sino servir de est\u00edmulo para hacer m\u00e1s. \u00abAqu\u00ed no se quiere dinero, sino esfuerzos\u00bb. \u00abEs necesario que nos procuremos trabajos superiores a nuestras fuerzas, y as\u00ed qui\u00e9n sabe si no llegaremos a hacer todo lo que se puede\u00bb.<\/p>\n<p>La pereza y el ocio le inspiraban horror. Lleg\u00f3 a decir esta frase de extremo rigor: \u00abEl sacerdote o muere por el trabajo o muere por el vicio\u00bb.<\/p>\n<p>Lo que para otros Institutos eran las penitencias aflictivas, los largos ayunos, para Don Bosco era el trabajo: \u00abQueridos m\u00edos, \u2014repet\u00eda\u2014 no os recomiendo penitencias y disciplinas, sino trabajo, trabajo, trabajo\u00bb.<\/p>\n<p>Cuando ve\u00eda el gran trabajo que hac\u00edan sus hijos, se alegraba \u00edntimamente: \u00abCuando voy a las casas y oigo que hay mucho que trabajar, vivo tranquilo. Donde hay trabajo no est\u00e1 el demonio\u00bb. \u00abEs verdad, \u2014a\u00f1ad\u00eda\u2014 el trabajo supera las fuerzas, pero nadie se desanima, y parece que el esfuerzo es un segundo alimento despu\u00e9s del alimento material\u00bb.<\/p>\n<p>Estaba convencido de que \u00abdesde San Pedro hasta nosotros los tiempos nunca hab\u00edan sido tan dif\u00edciles\u00bb, pero quer\u00eda que \u00aben lugar de llenar el aire de lamentos quejumbrosos\u00bb se reaccionara intensificando el trabajo: \u00abTrabajar hasta no poder m\u00e1s\u00bb.<\/p>\n<p>P\u00edo IX le hab\u00eda dicho: \u00abYo estimo que est\u00e1 en mejor condici\u00f3n una casa religiosa donde se reza poco, pero se trabaja mucho, que otra en la que se hagan muchas oraciones y se trabaje nada o poco\u00bb. Y tambi\u00e9n: \u00abA los novicios no los met\u00e1is en la sacrist\u00eda, para que no se vuelvan ociosos: \u00a1ocupaos en trabajar, a trabajar!\u00bb.<\/p>\n<p>Es lo que Don Bosco hac\u00eda desde siempre, suscitando perplejidad y desconfianza en otros religiosos y en la misma autoridad eclesi\u00e1stica.<\/p>\n<p>Se le reprochaba, por ejemplo, que sacrificara el \u00abnoviciado asc\u00e9tico\u00bb y los m\u00e9todos \u00abtradicionales\u00bb de la formaci\u00f3n, comprometiendo incautamente a los j\u00f3venes cohermanos en disipadoras y precoces actividades apost\u00f3licas. Pero Don Bosco respond\u00eda en su defensa: \u00abLa experiencia de treinta y tres a\u00f1os nos ense\u00f1a que estas asiduas ocupaciones son un baluarte inexpugnable de la moralidad. Y he observado que los m\u00e1s ocupados y los m\u00e1s laboriosos recuerdan mejor su antigua condici\u00f3n, gozan de mucha salud, se conservan m\u00e1s virtuosos y, una vez sacerdotes, recogen copioso fruto del sagrado ministerio\u00bb.<\/p>\n<p>La confirmaci\u00f3n de la bondad de su m\u00e9todo le ven\u00eda tambi\u00e9n de los misteriosos sue\u00f1os que, como cartas del cielo, marcan los puntos de inflexi\u00f3n decisivos de su existencia.<\/p>\n<p>En el \u00absue\u00f1o de Lanzo\u00bb (1876), por ejemplo, el gu\u00eda que lo acompa\u00f1a le muestra el campo inmenso de la acci\u00f3n salesiana y le dice en tono perentorio: \u00abMira; tienes que hacer imprimir estas palabras que ser\u00e1n como vuestro emblema, vuestra consigna, vuestro distintivo. An\u00f3talo bien: <em><i>El trabajo y la templanza har\u00e1n florecer la Congregaci\u00f3n salesiana<\/i><\/em>. Har\u00e1s explicar estas palabras, las repetir\u00e1s, insistir\u00e1s\u00bb.<\/p>\n<p>Extraordinaria importancia ha tenido siempre en la tradici\u00f3n salesiana el sue\u00f1o de los \u00abdiez diamantes\u00bb, o de las diez virtudes, que brillan con luz deslumbrante sobre el manto del personaje que personifica el \u00abmodelo del verdadero salesiano\u00bb. Dos de estos diamantes llevan la inscripci\u00f3n: \u00abTrabajo\u00bb, \u00abTemplanza\u00bb. Est\u00e1n colocados respectivamente en el hombro derecho y en el izquierdo, como para perfilar la figura del salesiano.<\/p>\n<p>Recordemos, por \u00faltimo, las palabras quiz\u00e1s m\u00e1s grandes de su vida: \u00abCuando ocurra \u2014as\u00ed termina su Testamento espiritual\u2014 que un salesiano sucumba o deje de vivir trabajando por las almas, entonces dir\u00e9is que nuestra Congregaci\u00f3n ha obtenido un gran triunfo y sobre ella descender\u00e1n copiosas las bendiciones del cielo\u00bb. A\u00fan en su lecho de muerte recomend\u00f3 por dos veces a Monse\u00f1or Cagliero: \u00abTe recomiendo que digas a todos los salesianos que trabajen con celo y ardor: trabajo, trabajo\u00bb.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong><b>El testimonio<\/b><\/strong><\/p>\n<p>Pero m\u00e1s alto que las palabras es el testimonio de su vida. Una vida, como la defini\u00f3 P\u00edo XI, \u00abque fue un verdadero, propio y gran martirio: una vida de <em><i>trabajo<\/i><\/em> <em><i>colosal<\/i><\/em> que daba la impresi\u00f3n de opresi\u00f3n con solo verla\u00bb.<\/p>\n<p>Cuesta creer que un solo hombre haya podido trabajar tanto y atender a tantas cosas a la vez. Escribe A. Caviglia que en don Bosco parecen operar, simult\u00e1neamente, varias personas: \u00abEl educador y el pedagogo, el padre de los hu\u00e9rfanos y el congregador de los ni\u00f1os abandonados, el fundador de congregaciones religiosas, el propagador del culto a Mar\u00eda Auxiliadora, el institutor de uniones laicales extendidas por el mundo entero, el suscitador de la caridad operativa, el pregonero de misiones lejanas, el escritor popular de libros morales y apolog\u00edas religiosas, el promotor de la prensa honesta y cat\u00f3lica, el creador de talleres cristianos y de colecciones de libros, el hombre de la piedad religiosa y de la caridad y el hombre de los negocios humanos o de inter\u00e9s p\u00fablico, todos juntos a la vez operan y avanzan como si fueran otras tantas personas nacidas o destinadas solo a eso, y se funden en la \u00fanica persona de un sacerdote sin apariencias, que nunca altera la serenidad de su aspecto ni la compuesta modestia de su trato con grandes gestos decorativos, ni enriquece su vocabulario con la ret\u00f3rica de las grandes frases\u00bb.<\/p>\n<p>Tanta multiplicidad de aspectos estaba, sin embargo, unificada, en lo profundo, por la idea que domina su vida: la de, como hemos visto, la salvaci\u00f3n de las almas y la gloria de Dios.<\/p>\n<p>La Providencia hab\u00eda templado a don Bosco para el trabajo desde los a\u00f1os de penuria y pobreza de su infancia. Sabemos que hizo de todo, habiendo sido pastor de reba\u00f1os, trabajador del campo, sirviente, sastre, herrero, camarero, pastelero, saltimbanqui, profesor particular, estudiante, sacrist\u00e1n, barbero; pas\u00f3 de un patr\u00f3n a otro, experimentando cu\u00e1n \u00absalado sabe\u00bb el pan ajeno.<\/p>\n<p>Esta experiencia dejar\u00e1 en \u00e9l una marca indeleble: ser\u00e1 para siempre muy sensible a los problemas de la juventud pobre y marginada, as\u00ed como a los de las humildes clases trabajadoras, y ser\u00e1 para siempre un trabajador y un realizador formidable: \u00abLas cosas no van solo a vapor \u2014escrib\u00eda en 1878 a la condesa Uguccioni\u2014, sino como el tel\u00e9grafo. En un a\u00f1o, con la ayuda de Dios y con la caridad de nuestros benefactores, hemos podido abrir veinte casas. Vea c\u00f3mo ha crecido Su familia\u00bb.<\/p>\n<p>Fiel a un antiguo prop\u00f3sito suyo, en la madurez no conced\u00eda al sue\u00f1o m\u00e1s de cinco horas por noche. \u00abSe puede decir \u2014declar\u00f3 en los procesos Monse\u00f1or Bertagna\u2014 que pas\u00f3 la mitad de las noches trabajando: y le o\u00ed decir varias veces que, cuando estaba m\u00e1s sano, pasaba incluso dos noches seguidas en el escritorio escribiendo. A pesar de ello, por la ma\u00f1ana se encontraba en la sacrist\u00eda para decir la misa y o\u00edr confesiones durante varias horas\u00bb. En los primeros tiempos del Oratorio, en ciertas circunstancias, confesaba tambi\u00e9n muchas horas al d\u00eda.<\/p>\n<p>En el per\u00edodo de su m\u00e1xima actividad escrib\u00eda con una velocidad sorprendente y de su propio pu\u00f1o hasta 250 cartas en un d\u00eda. \u00abHago pasar mucho trabajo por mis dedos \u2014dec\u00eda\u2014 [&#8230;]; he adquirido una celeridad que no s\u00e9 si pueda decirse mayor\u00bb. En los per\u00edodos de m\u00e1s intensa actividad, muchas veces se sentaba al escritorio a las dos de la tarde y continuaba hasta las ocho para reanudar de nuevo despu\u00e9s. \u00abHace ya varios meses que me siento al escritorio a las dos de la tarde y me levanto a las ocho y media para ir a cenar\u00bb.<\/p>\n<p>La \u00abfatiga mortal\u00bb a la que lo obligaban las preocupaciones cotidianas se trasluce en las cartas en s\u00fabitos desahogos que no dejan de conmover: \u00abEl trabajo me vuelve loco\u00bb; \u00abMe encuentro tan cansado que no puedo m\u00e1s\u00bb; \u00abEstoy muy cansado\u00bb.<\/p>\n<p>Y era verdad. Se puede decir que no conoci\u00f3 otro descanso que el de la tumba. \u00abNo recuerdo \u2014declar\u00f3 Monse\u00f1or Cagliero\u2014 que en toda su vida se haya tomado un d\u00eda de vacaciones por diversi\u00f3n o para descansar, y a menudo, encontr\u00e1ndonos nosotros cansados y agotados por el trabajo: \u201c\u00c1nimo \u2014nos dec\u00eda\u2014, \u00e1nimo, <em><i>trabajemos, trabajemos siempre porque all\u00e1 arriba tendremos un descanso eterno<\/i><\/em>\u201d\u00bb.<\/p>\n<p>Muri\u00f3 quebrado por el exceso de trabajo, m\u00e1rtir \u2014no en sentido metaf\u00f3rico\u2014 de una fatiga que no conoci\u00f3 tregua. Sus \u00abexageradas vigilias y fatigas materiales \u2014leemos en la r\u00e1pida y curiosa biograf\u00eda de su m\u00e9dico de cabecera\u2014 le desgastaron la vida: al principio casi inadvertidamente, despu\u00e9s de 1880 aproximadamente [ocho a\u00f1os antes de su muerte] se puede decir que su organismo estaba casi reducido a un gabinete patol\u00f3gico ambulante, en medio del cual, sin embargo, a\u00fan brillaba una mente siempre activa y siempre ansiosa de alcanzar su gloriosa meta\u00bb.<\/p>\n<p>La laboriosidad del \u00abviejo sacerdote\u00bb, del \u00abfil\u00e1ntropo del siglo XIX\u00bb, del \u00abcat\u00f3lico intransigent\u00edsimo\u00bb pareci\u00f3, a los hombres de la \u00e9poca, incre\u00edble y legendaria. A la muerte de don Bosco, los peri\u00f3dicos de la \u00e9poca definieron su fatiga y su laboriosidad como \u00abprodigiosa\u00bb (<em><i>L\u2019Illustrazione popolare<\/i><\/em>), \u00abgigantesca\u00bb (<em><i>La Patrie<\/i><\/em>), \u00abenorme y en grado sumo\u00bb (<em><i>La Perseveranza<\/i><\/em>), \u00abfenomenal\u00bb (<em><i>Il Fanfulla<\/i><\/em>). \u00abSi don Bosco \u2014se lee en el mismo peri\u00f3dico\u2014 hubiera sido ministro de finanzas, Italia ser\u00eda econ\u00f3micamente la primera naci\u00f3n del mundo\u00bb. En los Procesos Apost\u00f3licos, el Promotor de la Fe no dud\u00f3 en llamarlo uno de los m\u00e1s grandes ap\u00f3stoles de la Iglesia del siglo XIX: \u00abLa multiplicidad y fecundidad de sus obras tiene algo de prodigio: su celo por la salvaci\u00f3n de las almas y por la difusi\u00f3n del Reino de Cristo en la tierra ha sido tan intenso y continuo que la historia, con raz\u00f3n, lo proclama ap\u00f3stol grand\u00edsimo \u2014\u201c<em><i>maximum<\/i><\/em>\u201d\u2014 del siglo XIX\u00bb.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em><i>Pietro BROCARDO, Don Bosco profondamente uomo profondamente santo, p\u00e1g. 119<\/i><\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>A Don Bosco se le presenta dentro de una espiritualidad del trabajo que, en sinton\u00eda&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":55566,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"iawp_total_views":2,"footnotes":""},"categories":[187],"tags":[2662,2636,1768,2198,1864,2032,2026],"class_list":["post-55573","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-don-bosco","tag-carisma-salesiana","tag-consejos","tag-don-bosco","tag-educacion","tag-trabajo","tag-vida","tag-virtud"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/55573","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/5"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=55573"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/55573\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":55574,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/55573\/revisions\/55574"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/55566"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=55573"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=55573"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=55573"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}