{"id":55487,"date":"2026-11-02T07:21:11","date_gmt":"2026-11-02T07:21:11","guid":{"rendered":"https:\/\/www.donbosco.press\/?p=55487"},"modified":"2026-11-02T07:21:26","modified_gmt":"2026-11-02T07:21:26","slug":"las-indulgencias-un-tesoro-por-redescubrir","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/buena-prensa\/las-indulgencias-un-tesoro-por-redescubrir\/","title":{"rendered":"Las indulgencias, un tesoro por redescubrir"},"content":{"rendered":"<p><em><i>El 2 de noviembre, la Iglesia ofrece la indulgencia plenaria por los difuntos. Pero no es la \u00fanica ocasi\u00f3n: a lo largo del a\u00f1o hay much\u00edsimas, algunas incluso a diario. Don Bosco lo sab\u00eda bien y ped\u00eda a los papas estos \u00abpreciosos dones\u00bb para sus muchachos y sus bienhechores. Una gu\u00eda para entender qu\u00e9 son las indulgencias, de d\u00f3nde vienen y c\u00f3mo se reciben hoy.<\/i><\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En los primeros d\u00edas de noviembre, los cementerios se llenan de flores, de velas y de personas que guardan silencio ante un nombre grabado en una l\u00e1pida. Es un gesto antiguo y sencillo que dice m\u00e1s que muchas palabras: el amor no acaba con la muerte. La Iglesia acoge ese deseo de seguir cerca de quienes nos han precedido y le da una forma concreta, arraigada en la fe en la comuni\u00f3n de los santos: la indulgencia plenaria por los difuntos.<\/p>\n<p>Del 1 al 8 de noviembre, quien visite devotamente un cementerio y rece, aunque solo sea mentalmente, por los difuntos puede obtener cada d\u00eda la indulgencia plenaria, aplicable \u00fanicamente a las almas del purgatorio. En la Conmemoraci\u00f3n de todos los fieles difuntos tambi\u00e9n se obtiene visitando una iglesia o un oratorio y rezando all\u00ed el padrenuestro y el Credo: la visita puede hacerse desde el mediod\u00eda del 1 de noviembre hasta la medianoche del d\u00eda 2. Como con cualquier indulgencia plenaria, deben cumplirse las condiciones habituales \u2014confesi\u00f3n sacramental, comuni\u00f3n eucar\u00edstica y oraci\u00f3n por las intenciones del papa\u2014 y tener el coraz\u00f3n desprendido de todo pecado. Durante el resto del a\u00f1o, la visita al cementerio acompa\u00f1ada de una oraci\u00f3n por los difuntos, as\u00ed como el rezo de Laudes o V\u00edsperas del Oficio de difuntos o de la oraci\u00f3n \u00abDales, Se\u00f1or, el descanso eterno\u00bb, permite obtener la indulgencia parcial, que tambi\u00e9n puede aplicarse a los difuntos.<\/p>\n<p>Sin embargo, el 2 de noviembre no es una excepci\u00f3n: es tan solo una de las ocasiones m\u00e1s conocidas. Pocos saben que la indulgencia plenaria puede recibirse muchos otros d\u00edas del a\u00f1o e incluso, en determinadas condiciones, todos los d\u00edas: leyendo la Biblia durante media hora, permaneciendo en adoraci\u00f3n ante el Sant\u00edsimo Sacramento, rezando el rosario en familia o haciendo el <em><i>viacrucis<\/i><\/em>. Un tesoro al alcance de la mano que muchos cristianos, sencillamente, han olvidado.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong><b>El \u00abtesoro\u00bb de don Bosco<\/b><\/strong><\/p>\n<p>Don Bosco conoc\u00eda bien este tesoro y no se cansaba de recurrir a \u00e9l. Cada vez que pod\u00eda dirigirse al papa, entre sus peticiones nunca faltaban las indulgencias para los j\u00f3venes de sus oratorios y para los bienhechores que sosten\u00edan su obra. Las s\u00faplicas y los rescriptos, que \u00e9l mismo hizo recopilar y publicar en 1881, permiten seguir esta insistencia casi a\u00f1o tras a\u00f1o.<\/p>\n<p>El 28 de septiembre de 1850, P\u00edo IX concedi\u00f3 la indulgencia plenaria a los j\u00f3venes que, tras confesarse y comulgar, se inscribieran en la Compa\u00f1\u00eda de San Luis. Pocos meses despu\u00e9s, el 18 de febrero de 1851, la extendi\u00f3 \u00aba todos los j\u00f3venes que frecuentan alguno de los mencionados oratorios\u00bb, el \u00faltimo domingo de cada mes. En agosto de 1856, don Bosco pidi\u00f3 la bendici\u00f3n apost\u00f3lica con indulgencia plenaria para s\u00ed mismo y para los muchachos que estaban bajo su direcci\u00f3n, \u00abque eran unos novecientos\u00bb: el papa respondi\u00f3 con un rescripto escrito de su pu\u00f1o y letra. Durante su primer viaje a Roma, en la primavera de 1858, obtuvo indulgencias para quienes ense\u00f1aban gratuitamente a los muchachos el canto de las alabanzas sagradas \u2014aplicables tambi\u00e9n a los difuntos\u2014 y una bendici\u00f3n para los bienhechores. El 12 de enero de 1862 llegaron la indulgencia plenaria mensual para los j\u00f3venes que practicaban el Ejercicio de la buena muerte y la indulgencia en el momento de la muerte para los muchachos de la casa y para los bienhechores. En 1869 le toc\u00f3 el turno a la Asociaci\u00f3n de los Devotos de Mar\u00eda Auxiliadora, enriquecida con indulgencias y elevada al a\u00f1o siguiente a archicofrad\u00eda.<\/p>\n<p>El mismo impulso acompa\u00f1\u00f3 el nacimiento de los Cooperadores. Mediante un decreto del 30 de julio de 1875, P\u00edo IX hizo extensivos \u00aba los bienhechores de esta Congregaci\u00f3n y a todos los Cooperadores Salesianos todos los favores, las gracias espirituales y todas las indulgencias concedidas a los religiosos salesianos\u00bb, exceptuando los vinculados a la vida en comunidad. El 9 de mayo de 1876, con el breve que aprobaba la P\u00eda Uni\u00f3n de los Cooperadores Salesianos, el papa los enriqueci\u00f3 con nuevas indulgencias, incluidas todas las de los terciarios de san Francisco de As\u00eds.<\/p>\n<p>Don Bosco no se limitaba a pedir: tambi\u00e9n explicaba. En 1875, a\u00f1o jubilar, public\u00f3 un librito de divulgaci\u00f3n, <em><i>El Jubileo de 1875: su instituci\u00f3n y pr\u00e1cticas piadosas para la visita de las iglesias<\/i><\/em>, en el que defin\u00eda las indulgencias como \u00abla remisi\u00f3n de la pena temporal debida por nuestros pecados\u00bb, presentaba el Jubileo como \u00abun gran tesoro para los cristianos\u00bb y recordaba que su indulgencia pod\u00eda aplicarse a las almas del purgatorio. Y apremiaba al lector: \u00abLee, cristiano, y lee atentamente; \u00bfqui\u00e9n sabe si para ti y para m\u00ed no ser\u00e1 el \u00faltimo Jubileo?\u00bb. En 1881, al presentar la recopilaci\u00f3n de los <em><i>Favores y gracias espirituales concedidos por la Santa Sede a la P\u00eda Sociedad de San Francisco de Sales<\/i><\/em>, los defin\u00eda como \u00abpreciosos dones que la Santa Sede concede a los institutos religiosos\u00bb, que hab\u00eda que conocer y poner en pr\u00e1ctica.<\/p>\n<p>Para don Bosco, las indulgencias no eran una contabilidad espiritual, sino una herramienta educativa. Las condiciones exigidas \u2014la confesi\u00f3n, la comuni\u00f3n y la oraci\u00f3n por el papa\u2014 coincid\u00edan con los pilares de su m\u00e9todo: \u00abLa confesi\u00f3n frecuente, la comuni\u00f3n frecuente y la misa diaria son las columnas que deben sostener un edificio educativo\u00bb, escribi\u00f3 en 1877 al presentar el Sistema preventivo. As\u00ed, la indulgencia del \u00faltimo domingo del mes o la del Ejercicio de la buena muerte se convert\u00edan en una cita que llevaba de nuevo a los j\u00f3venes al sacramento del perd\u00f3n, los educaba en la fidelidad y en el pensamiento de la eternidad, les ense\u00f1aba a rezar por los difuntos y hac\u00eda que sintieran la Iglesia como una familia reunida en torno al sucesor de Pedro.<\/p>\n<p>Esta atenci\u00f3n se transmiti\u00f3 a sus hijos. Durante d\u00e9cadas, el Bolet\u00edn Salesiano, fundado en 1877, record\u00f3 con regularidad a los Cooperadores las indulgencias que pod\u00edan obtener a lo largo del a\u00f1o. En 1922, don Filippo Rinaldi obtuvo de P\u00edo XI la llamada <strong><b>indulgencia del \u00abtrabajo santificado\u00bb<\/b><\/strong>, que los Cooperadores pod\u00edan recibir acompa\u00f1ando su trabajo de una piadosa invocaci\u00f3n. Volver a proponer hoy las indulgencias significa ser fieles a una intuici\u00f3n pastoral de don Bosco.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong><b>Una palabra que hay que reivindicar<\/b><\/strong><\/p>\n<p>Y, sin embargo, la palabra \u00abindulgencia\u00bb sigue suscitando desconfianza. Evoca la \u00abventa del perd\u00f3n\u00bb, los negocios turbios que en el siglo XVI fueron una de las chispas que desencadenaron la Reforma protestante. Hubo abusos, y la Iglesia los ha condenado repetidamente con firmeza: ya en el IV Concilio de Letr\u00e1n (1215), en el Concilio de Trento (1562-1563), con san P\u00edo V (1567) y hasta san Pablo VI (1967). Pero el abuso de un don no anula su valor. El problema es que, con el tiempo, se pas\u00f3 del \u00ababuso\u00bb al \u00abdesuso\u00bb y, despu\u00e9s, al desconocimiento \u2014cuando no al desprecio\u2014 de un don que la Iglesia nunca ha dejado de ofrecer. Al tratarse, adem\u00e1s, de una verdad de fe, la indulgencia no se comprende fuera de la fe: vista desde fuera, puede parecer un mecanismo; vista desde dentro, es un gesto de misericordia.<\/p>\n<p>Sus ra\u00edces son b\u00edblicas. Jes\u00fas conf\u00eda a Pedro un poder singular: \u00abTe dar\u00e9 las llaves del reino de los cielos: todo lo que ates en la tierra quedar\u00e1 atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra quedar\u00e1 desatado en el cielo\u00bb (Mt 16,19; cf. Mt 18,18). A partir de estas palabras, la Iglesia ha entendido que puede administrar, en beneficio de los fieles, los bienes espirituales que le han sido confiados. Ya san Pablo, ante el arrepentimiento de un miembro de la comunidad de Corinto al que se hab\u00eda impuesto una pena, invita a los hermanos a \u00abmostrarle benevolencia y consolarlo\u00bb (2 Cor 2,7), atenuando la disciplina ante su conversi\u00f3n.<\/p>\n<p>En los primeros siglos, la Iglesia impon\u00eda a los pecadores p\u00fablicos penitencias largas y severas, que pod\u00edan durar a\u00f1os. Sin embargo, pronto se empezaron a abreviar o conmutar: gracias a la intercesi\u00f3n de los m\u00e1rtires y los confesores de la fe, a cambio de obras de caridad, oraciones y peregrinaciones. El Concilio de Nicea (325) reconoce al obispo la facultad de tratar con mayor benevolencia a quienes demuestran una conversi\u00f3n sincera (canon 12), y los Padres de la Iglesia dan testimonio durante mucho tiempo de esta pr\u00e1ctica de \u00abreducci\u00f3n de la penitencia\u00bb. Ah\u00ed est\u00e1 el germen de las indulgencias tal como las conocemos hoy.<\/p>\n<p>El Concilio de Trento, al tiempo que abol\u00eda todo comercio relacionado con las indulgencias, confirm\u00f3 solemnemente su legitimidad:<\/p>\n<p>\u00ab<em><i>El poder de conceder indulgencias fue otorgado por Cristo a la Iglesia, que desde los tiempos m\u00e1s antiguos ha hecho uso de esta facultad que Dios le concedi\u00f3 [cf. Mt 16,19; 18,18]. Por ello, el santo s\u00ednodo ense\u00f1a y ordena que se mantenga en la Iglesia esta pr\u00e1ctica, muy saludable para el pueblo cristiano y aprobada por la autoridad de los santos concilios, y anatematiza a quienes consideran in\u00fatiles las indulgencias o niegan a la Iglesia el poder de concederlas. Sin embargo, desea que al concederlas se act\u00fae con moderaci\u00f3n [&#8230;] para evitar que la excesiva facilidad para concederlas debilite la disciplina eclesi\u00e1stica. Deseando adem\u00e1s enmendar y corregir los abusos que se han infiltrado en ellas y por los que los herejes blasfeman de la hermosa palabra indulgencia, por el presente decreto establece, en general, la abolici\u00f3n completa de todo tr\u00e1fico indigno de dinero realizado para obtenerlas [&#8230;]<\/i><\/em>\u00bb. (Concilio de Trento, sesi\u00f3n XXV, <em><i>Decreto sobre las indulgencias<\/i><\/em>, 4 de diciembre de 1563; DH 1835)<\/p>\n<p>En 1967, san Pablo VI renov\u00f3 su regulaci\u00f3n mediante la constituci\u00f3n apost\u00f3lica <em><i>Indulgentiarum doctrina<\/i><\/em>: simplific\u00f3 el lenguaje, aboli\u00f3 el c\u00f3mputo en d\u00edas y a\u00f1os, distingui\u00f3 claramente entre indulgencias parciales y plenarias y allan\u00f3 el camino para una recopilaci\u00f3n mucho m\u00e1s concisa de las concesiones. Las normas actualmente vigentes se encuentran en el <em><i>Enchiridion indulgentiarum<\/i><\/em> (Manual de las indulgencias), cuya cuarta y \u00faltima edici\u00f3n, a cargo de la Penitenciar\u00eda Apost\u00f3lica, apareci\u00f3 en 1999.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong><b>Qu\u00e9 es una indulgencia<\/b><\/strong><\/p>\n<p>La definici\u00f3n oficial es precisa: \u00abLa indulgencia es la remisi\u00f3n ante Dios de la pena temporal por los pecados, ya perdonados en cuanto a la culpa, que el fiel, debidamente dispuesto y bajo determinadas condiciones, obtiene por intervenci\u00f3n de la Iglesia, la cual, como ministra de la redenci\u00f3n, dispensa y aplica con autoridad el tesoro de las satisfacciones de Cristo y de los santos\u00bb (<em><i>Indulgentiarum doctrina<\/i><\/em>, norma 1; cf. Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica [CIC] 1471; C\u00f3digo de Derecho Can\u00f3nico, canon 992).<\/p>\n<p>Para entenderla hay que distinguir entre la <strong><b>culpa<\/b><\/strong> del pecado y sus <strong><b>consecuencias<\/b><\/strong>. El pecado \u2014de pensamiento, palabra, obra u omisi\u00f3n\u2014 es un rechazo de la voluntad y el amor de Dios, as\u00ed como del pr\u00f3jimo: una ofensa que ninguna criatura podr\u00eda reparar por sus propias fuerzas. La reparaci\u00f3n tuvo lugar de una vez por todas en el sacrificio de Cristo en la cruz: solo por sus m\u00e9ritos somos perdonados y justificados. En la confesi\u00f3n, Dios perdona gratuitamente la culpa y, si el pecado es mortal, remite tambi\u00e9n la pena eterna.<\/p>\n<p>Sin embargo, el pecado deja huellas. Las deja fuera de nosotros, en el mal que hacemos a los dem\u00e1s y al mundo, y tambi\u00e9n dentro de nosotros, en forma de inclinaciones desordenadas, h\u00e1bitos y apegos que se suman a la herida del pecado original. La Escritura ofrece un ejemplo elocuente: al arrepentido David, el profeta Nat\u00e1n le anuncia: \u00abEl Se\u00f1or ha borrado tu pecado\u00bb; y, sin embargo, las consecuencias de esa culpa no desaparecen (cf. 2 Sam 12,13-14). Del mismo modo, el pecado original, aunque perdonado, ha dejado sus consecuencias en toda la naturaleza humana. A esto lo llama la Iglesia \u00abpena temporal\u00bb: no una venganza que Dios impone desde fuera, sino algo que deriva de la propia naturaleza del pecado (cf. CIC 1472).<\/p>\n<p>Para sanar estas heridas, despu\u00e9s de la absoluci\u00f3n el confesor impone una penitencia \u2014una oraci\u00f3n, una obra de caridad, una renuncia\u2014, no como castigo, sino como medicina para el alma (cf. CIC 1459-1460). Dios perdona gratuitamente; la curaci\u00f3n, en cambio, requiere nuestra colaboraci\u00f3n. Y como nuestras disposiciones suelen ser imperfectas \u2014el dolor por el pecado no es pleno, el prop\u00f3sito es fr\u00e1gil y no siempre evitamos las ocasiones de pecar\u2014, quedan heridas que se sanan con las pruebas aceptadas con paciencia en esta vida, con las obras de caridad, la oraci\u00f3n y la penitencia, o bien con la purificaci\u00f3n del purgatorio despu\u00e9s de la muerte (cf. CIC 1030-1032; 1472-1473). O, precisamente, con una <strong><b>indulgencia<\/b><\/strong>: un don extraordinario de la misericordia de Dios que suple nuestra debilidad y que todo fiel deber\u00eda desear.<\/p>\n<p>\u00bfDe d\u00f3nde obtiene la Iglesia este don? Del \u00abtesoro\u00bb formado por los m\u00e9ritos infinitos de Cristo, a los que se unen las oraciones y las buenas obras, ante todo de la Sant\u00edsima Virgen Mar\u00eda y tambi\u00e9n de todos los santos. No son necesarios para la redenci\u00f3n, que Cristo llev\u00f3 a cabo plenamente, pero, gracias a la comuni\u00f3n de los santos, se convierten en un bien compartido: el bien de uno beneficia a todos (cf. CIC 1474-1477).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong><b>Una comparaci\u00f3n: del juzgado al confesionario<\/b><\/strong><\/p>\n<p>Toda comparaci\u00f3n cojea, porque el confesionario es m\u00e1s un tribunal de misericordia que de condena. Sin embargo, la comparaci\u00f3n con un proceso civil quiz\u00e1 ayude a distinguir los distintos momentos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<table width=\"531\">\n<tbody>\n<tr>\n<td width=\"91\"><strong><em><b><i>Fase<\/i><\/b><\/em><\/strong><\/td>\n<td width=\"187\"><strong><em><b><i>En el proceso judicial<\/i><\/b><\/em><\/strong><\/td>\n<td width=\"253\"><strong><em><b><i>En el sacramento de la Reconciliaci\u00f3n<\/i><\/b><\/em><\/strong><\/td>\n<\/tr>\n<tr>\n<td width=\"91\"><strong><b>Investigaci\u00f3n<\/b><\/strong><\/td>\n<td width=\"187\">La autoridad competente re\u00fane pruebas y testimonios para esclarecer los hechos.<\/td>\n<td width=\"253\">Mediante el examen de conciencia, el penitente repasa su vida y reconoce los pecados cometidos.<\/td>\n<\/tr>\n<tr>\n<td width=\"91\"><strong><b>Juicio<\/b><\/strong><\/td>\n<td width=\"187\">El juez valora las pruebas y determina la culpabilidad, con las posibles circunstancias atenuantes o agravantes.<\/td>\n<td width=\"253\">El confesor, en nombre de Dios, escucha y discierne la gravedad de los pecados y sus circunstancias.<\/td>\n<\/tr>\n<tr>\n<td width=\"91\"><strong><b>Pena<\/b><\/strong><\/td>\n<td width=\"187\">Se impone una pena proporcional al delito: prisi\u00f3n, multa o trabajos en beneficio de la comunidad.<\/td>\n<td width=\"253\">Cristo ya cumpli\u00f3 la pena: solo por sus m\u00e9ritos el sacerdote absuelve gratuitamente al pecador arrepentido. La penitencia que le impone no es un castigo, sino una medicina para el alma.<\/td>\n<\/tr>\n<tr>\n<td width=\"91\"><strong><b>Reparaci\u00f3n<\/b><\/strong><\/td>\n<td width=\"187\">Se repara el da\u00f1o: devoluci\u00f3n de los bienes sustra\u00eddos, indemnizaci\u00f3n o rectificaci\u00f3n en caso de difamaci\u00f3n.<\/td>\n<td width=\"253\">Se repara el da\u00f1o espiritual y material: devolver lo robado, pedir perd\u00f3n (tambi\u00e9n p\u00fablicamente, si el pecado fue p\u00fablico) y restablecer la buena fama de los dem\u00e1s.<\/td>\n<\/tr>\n<tr>\n<td width=\"91\"><strong><b>Despu\u00e9s<\/b><\/strong><\/td>\n<td width=\"187\">Una vez cumplida la pena, la persona debe reconstruir sus relaciones y h\u00e1bitos.<\/td>\n<td width=\"253\">Quedan las heridas interiores y las inclinaciones al mal: se curan con la oraci\u00f3n, la caridad, la penitencia y el don de la indulgencia.<\/td>\n<\/tr>\n<\/tbody>\n<\/table>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong><b>Tipos de indulgencia: plenaria o parcial<\/b><\/strong><\/p>\n<p>La indulgencia <strong><b>plenaria<\/b><\/strong> remite toda la pena temporal debida por los pecados cometidos hasta ese momento y ya perdonados en cuanto a la culpa \u2014lo cual, en el caso de los pecados graves, requiere la confesi\u00f3n sacramental\u2014. Seg\u00fan la ense\u00f1anza com\u00fan, quien muriera inmediatamente despu\u00e9s de haberla recibido v\u00e1lidamente entrar\u00eda en el Para\u00edso sin pasar por el Purgatorio. Solo se puede obtener una vez al d\u00eda, con la excepci\u00f3n de la indulgencia en el momento de la muerte.<\/p>\n<p>La indulgencia <strong><b>parcial<\/b><\/strong>, en cambio, remite una parte de la pena temporal y se puede obtener varias veces en un mismo d\u00eda. Antiguamente se cuantificaba en d\u00edas o a\u00f1os \u2014\u00ab300 d\u00edas de indulgencia\u00bb\u2014 y muchos pensaban que eso indicaba un \u00abdescuento\u00bb equivalente de purgatorio. No era as\u00ed: la expresi\u00f3n indicaba una remisi\u00f3n equivalente a la que se habr\u00eda obtenido con trescientos d\u00edas de penitencia seg\u00fan la antigua disciplina de la Iglesia. Para evitar confusiones, Pablo VI aboli\u00f3 esas cifras: hoy simplemente se habla de indulgencia parcial.<\/p>\n<p>La indulgencia parcial acompa\u00f1a la vida cotidiana. El <em><i>Enchiridion<\/i><\/em> la concede a quien, al cumplir sus deberes y soportar las dificultades, eleva el alma a Dios con una breve invocaci\u00f3n; a quien, movido por la fe, pone al servicio de los hermanos necesitados su persona o sus bienes; a quien, con esp\u00edritu de penitencia, renuncia espont\u00e1neamente a algo l\u00edcito; y a quien, en las circunstancias cotidianas, da testimonio expl\u00edcito de su fe. Son las cuatro \u00abconcesiones generales\u00bb: un programa de vida en el que un salesiano reconoce enseguida el binomio tan querido por don Bosco, <em><i>trabajo y templanza<\/i><\/em>, junto con la caridad y el testimonio.<\/p>\n<p>Toda indulgencia, parcial o plenaria, puede recibirse para uno mismo u ofrecerse por los difuntos a modo de sufragio (can. 994), pero no puede aplicarse a otras personas vivas. Es un gesto de solidaridad espiritual que expresa la comuni\u00f3n entre la Iglesia peregrina en la tierra y la que se purifica a la espera de la gloria.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong><b>Por qu\u00e9 la Iglesia sigue proponi\u00e9ndolas<\/b><\/strong><\/p>\n<p><strong><b>\u00a0<\/b><\/strong><\/p>\n<p><strong><em><b><i>Una pedagog\u00eda espiritual<\/i><\/b><\/em><\/strong>. La indulgencia no es un atajo: invita a practicar de forma concreta la oraci\u00f3n, la penitencia y las obras de misericordia, y nos conduce de nuevo a los sacramentos.<\/p>\n<p><strong><b>\u00a0<\/b><\/strong><\/p>\n<p><strong><em><b><i>La comuni\u00f3n de los santos<\/i><\/b><\/em><\/strong>. Recuerda que los creyentes est\u00e1n unidos entre s\u00ed: los m\u00e9ritos de Cristo, de la Virgen y de los santos forman un tesoro del que todos podemos beneficiarnos y que tambi\u00e9n podemos ofrecer por nuestros queridos difuntos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong><em><b><i>Consuelo y esperanza<\/i><\/b><\/em><\/strong>. Sostiene el camino de purificaci\u00f3n personal y da forma a la oraci\u00f3n por los difuntos, transformando el dolor de la separaci\u00f3n en un gesto de amor eficaz.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong><em><b><i>Confianza en la Iglesia<\/i><\/b><\/em><\/strong>. A la Iglesia se le ha confiado el poder de \u00abatar y desatar\u00bb (Mt 16,19): administra con autoridad este tesoro para el bien de los fieles. No puede ser cristiano quien no vive en la Iglesia.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong><b>Qui\u00e9n puede recibirlas y en qu\u00e9 condiciones<\/b><\/strong><\/p>\n<p>Puede recibir indulgencias quien est\u00e1 <strong><b>bautizado<\/b><\/strong>, no est\u00e1 excomulgado y <strong><b>se encuentra en gracia de Dios<\/b><\/strong>, al menos al terminar las obras prescritas (<em><i>Enchiridion<\/i><\/em>, norma 17). La deuda de la pena temporal, en efecto, solo puede remitirse <strong><b>despu\u00e9s de que la culpa haya sido borrada y la pena eterna remitida por el sacramento de la Reconciliaci\u00f3n<\/b><\/strong> o, cuando no sea posible confesarse, mediante un acto de contrici\u00f3n perfecta unido al prop\u00f3sito de acercarse al sacramento en cuanto sea posible. Tambi\u00e9n se requiere la <strong><b>intenci\u00f3n<\/b><\/strong>, al menos general, de recibir la indulgencia: el don se concede solo a quien lo desea.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Para la indulgencia plenaria, adem\u00e1s de realizar la obra indicada (una visita, una oraci\u00f3n o una pr\u00e1ctica de piedad), se requiere:<\/p>\n<ol>\n<li><strong><b>La confesi\u00f3n sacramental<\/b><\/strong>,<\/li>\n<\/ol>\n<p>individual e \u00edntegra, con sincero arrepentimiento. Puede hacerse el mismo d\u00eda<\/p>\n<p>o algunos d\u00edas antes o despu\u00e9s: la Penitenciar\u00eda Apost\u00f3lica se\u00f1ala un periodo<\/p>\n<p>de unos veinte d\u00edas. Una sola confesi\u00f3n basta para varias indulgencias plenarias;<\/p>\n<ol start=\"2\">\n<li><strong><b>La comuni\u00f3n eucar\u00edstica<\/b><\/strong>,<\/li>\n<\/ol>\n<p>una por cada indulgencia plenaria, a ser posible el mismo d\u00eda de la obra<\/p>\n<p>prescrita;<\/p>\n<ol start=\"3\">\n<li><strong><b>La oraci\u00f3n por las<\/b><\/strong><\/li>\n<\/ol>\n<p><strong><b>intenciones del Papa<\/b><\/strong>: un padrenuestro y un avemar\u00eda, aunque cada uno puede<\/p>\n<p>elegir otra oraci\u00f3n; tambi\u00e9n esta debe repetirse por cada indulgencia<\/p>\n<p>plenaria;<\/p>\n<ol start=\"4\">\n<li><strong><b>La exclusi\u00f3n de todo<\/b><\/strong><\/li>\n<\/ol>\n<p><strong><b>apego al pecado<\/b><\/strong>, incluso venial.<\/p>\n<p>Si falta la disposici\u00f3n plena o alguna de las condiciones, la indulgencia es solo parcial (norma 20). A quienes est\u00e9n leg\u00edtimamente impedidos \u2014una persona enferma o una persona mayor que no pueda salir de casa\u2014, el confesor puede conmutarles la obra prescrita o las condiciones.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong><b>No solo el 2 de noviembre<\/b><\/strong><\/p>\n<p>Las ocasiones para recibir la indulgencia plenaria son muchas m\u00e1s de lo que se suele pensar: no solo los jubileos, el Perd\u00f3n de As\u00eds del 2 de agosto o la Conmemoraci\u00f3n de los fieles difuntos. El <em><i>Enchiridion indulgentiarum<\/i><\/em> las enumera con precisi\u00f3n. Estas son las principales, recordando siempre que la fecha por s\u00ed sola no basta: hay que realizar la obra indicada y estar bien dispuestos. Los n\u00fameros entre par\u00e9ntesis remiten a las concesiones del <em><i>Enchiridion<\/i><\/em> (4.\u00aa edici\u00f3n, 1999).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong><b>Cu\u00e1ndo se pueden recibir indulgencias plenarias<\/b><\/strong><\/p>\n<p><strong><b>\u00a0<\/b><\/strong><\/p>\n<p><strong><b>Indulgencia plenaria que puede obtenerse cada d\u00eda<\/b><\/strong> (una sola vez al d\u00eda, para uno mismo o para los difuntos)<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&#8211; <strong><em><b><i>Lectura de la Sagrada Escritura durante al menos media hora<\/i><\/b><\/em><\/strong>, con la veneraci\u00f3n debida a la Palabra de Dios; quien no pueda leer puede escucharla (30).<\/p>\n<p>&#8211; <strong><em><b><i>Adoraci\u00f3n del Sant\u00edsimo Sacramento durante al menos media hora<\/i><\/b><\/em><\/strong> (7).<\/p>\n<p>&#8211; <strong><em><b><i>Rezo del rosario en una iglesia o en un oratorio<\/i><\/b><\/em><\/strong>, en familia, en una comunidad religiosa, en una asociaci\u00f3n de fieles o en un grupo reunido con un fin honesto: bastan cinco decenas seguidas, meditando los misterios. Tambi\u00e9n cuenta unirse al rosario dirigido por el Papa y retransmitido en directo (17).<\/p>\n<p>&#8211; <strong><em><b><i>Himno \u00abAkathistos\u00bb u Oficio de la \u00abPar\u00e1clisis\u00bb<\/i><\/b><\/em><\/strong> en honor de la Madre de Dios, en las mismas circunstancias; no es necesario recitar el himno completo (23).<\/p>\n<p>&#8211; <strong><em><b><i>V\u00eda Crucis ante las estaciones leg\u00edtimamente erigidas<\/i><\/b><\/em><\/strong>, desplaz\u00e1ndose de una estaci\u00f3n a otra (en la celebraci\u00f3n comunitaria basta con que se desplace quien la dirige), o uni\u00e9ndose al que dirige el Papa y se retransmite en directo (13).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong><b>Indulgencia plenaria que puede obtenerse a lo largo del a\u00f1o<\/b><\/strong><\/p>\n<p>&#8211; <strong><em><b><i>1 de enero<\/i><\/b><\/em><\/strong>: canto o recitaci\u00f3n solemne del <em><i>Veni Creator<\/i><\/em> (26).<\/p>\n<p>&#8211; <strong><em><b><i>Del 18 al 25 de enero<\/i><\/b><\/em><\/strong>, Semana de Oraci\u00f3n por la Unidad de los Cristianos: participaci\u00f3n en algunas celebraciones y en la de clausura (11).<\/p>\n<p>&#8211; <strong><em><b><i>Viernes de Cuaresma<\/i><\/b><\/em><\/strong>: despu\u00e9s de la Comuni\u00f3n, recitaci\u00f3n de la oraci\u00f3n \u00abAqu\u00ed me tienes, amado y buen Jes\u00fas\u00bb ante el Crucifijo (8).<\/p>\n<p>&#8211; <strong><em><b><i>Jueves Santo<\/i><\/b><\/em><\/strong>: recitaci\u00f3n del <em><i>Tantum ergo<\/i><\/em> durante la reserva solemne del Sant\u00edsimo, despu\u00e9s de la misa de la Cena del Se\u00f1or (7).<\/p>\n<p>&#8211; <strong><em><b><i>Viernes Santo<\/i><\/b><\/em><\/strong>: participaci\u00f3n en la adoraci\u00f3n de la Cruz durante la acci\u00f3n lit\u00fargica (13).<\/p>\n<p>&#8211; <strong><em><b><i>Vigilia pascual<\/i><\/b><\/em><\/strong>: renovaci\u00f3n de las promesas bautismales (28).<\/p>\n<p>&#8211; <strong><em><b><i>Domingo de la Divina Misericordia<\/i><\/b><\/em><\/strong> (II Domingo de Pascua): participaci\u00f3n en las pr\u00e1cticas de piedad indicadas (Penitenciar\u00eda Apost\u00f3lica, decreto del 29 de junio de 2002).<\/p>\n<p>&#8211; <strong><em><b><i>Pentecost\u00e9s<\/i><\/b><\/em><\/strong>: canto o recitaci\u00f3n solemne del <em><i>Veni Creator<\/i><\/em> (26).<\/p>\n<p>&#8211; <strong><em><b><i>Corpus Christi<\/i><\/b><\/em><\/strong>: participaci\u00f3n en la procesi\u00f3n eucar\u00edstica solemne (7).<\/p>\n<p>&#8211; <strong><em><b><i>Sagrado Coraz\u00f3n de Jes\u00fas<\/i><\/b><\/em><\/strong>: recitaci\u00f3n p\u00fablica del Acto de reparaci\u00f3n (3).<\/p>\n<p>&#8211; <strong><em><b><i>29 de junio, santos Pedro y Pablo<\/i><\/b><\/em><\/strong>: uso devoto de un objeto de piedad bendecido por el Papa o por un obispo, junto con la profesi\u00f3n de fe (14).<\/p>\n<p>&#8211; <strong><em><b><i>1 y 2 de agosto, Perd\u00f3n de As\u00eds<\/i><\/b><\/em><\/strong>: visita a una iglesia parroquial, a la catedral o a una bas\u00edlica menor, rezando el padrenuestro y el credo (33).<\/p>\n<p>&#8211; <strong><em><b><i>28 y 29 de agosto, Perd\u00f3n Celestiniano<\/i><\/b><\/em><\/strong>: visita a la bas\u00edlica de Santa Mar\u00eda de Collemaggio, en L\u2019Aquila (Bula del Perd\u00f3n de Celestino V, 29 de septiembre de 1294).<\/p>\n<p>&#8211; <strong><em><b><i>Del 1 al 8 de noviembre<\/i><\/b><\/em><\/strong>: visita a un cementerio y oraci\u00f3n por los difuntos; solo por los difuntos (29).<\/p>\n<p>&#8211; <strong><em><b><i>2 de noviembre<\/i><\/b><\/em><\/strong>: visita a una iglesia o a un oratorio, rezando el padrenuestro y el credo; solo por los difuntos (29).<\/p>\n<p>&#8211; <strong><em><b><i>Cristo Rey<\/i><\/b><\/em><\/strong>: recitaci\u00f3n p\u00fablica del Acto de consagraci\u00f3n del g\u00e9nero humano a Jesucristo Rey (2).<\/p>\n<p>&#8211; <strong><em><b><i>31 de diciembre<\/i><\/b><\/em><\/strong>: canto o recitaci\u00f3n solemne del <em><i>Te Deum<\/i><\/em> en acci\u00f3n de gracias por el a\u00f1o transcurrido (26).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong><b>En los lugares santos<\/b><\/strong> (rezando el padrenuestro y el credo)<\/p>\n<p>&#8211; <strong><em><b><i>Una de las cuatro bas\u00edlicas papales de Roma<\/i><\/b><\/em><\/strong>, en peregrinaci\u00f3n o, al menos, con sentimientos de filial adhesi\u00f3n al Papa (33).<\/p>\n<p>&#8211; <strong><em><b><i>Una bas\u00edlica menor o la catedral en los d\u00edas se\u00f1alados<\/i><\/b><\/em><\/strong>, entre ellos la solemnidad del titular, la fiesta de los santos Pedro y Pablo y el 2 de agosto; una bas\u00edlica menor, adem\u00e1s, una vez al a\u00f1o, en el d\u00eda que se elija libremente (33).<\/p>\n<p>&#8211; <strong><em><b><i>Un santuario reconocido<\/i><\/b><\/em><\/strong> (internacional, nacional o diocesano) en la solemnidad de su titular, una vez al a\u00f1o en un d\u00eda elegido y cuando se llegue all\u00ed en peregrinaci\u00f3n de grupo (33).<\/p>\n<p>&#8211; <strong><em><b><i>La iglesia parroquial en la solemnidad de su titular<\/i><\/b><\/em><\/strong> y el 2 de agosto (33).<\/p>\n<p>&#8211; <strong><em><b><i>Una iglesia o un altar en el d\u00eda de su dedicaci\u00f3n<\/i><\/b><\/em><\/strong> (33).<\/p>\n<p>&#8211; <strong><em><b><i>La iglesia o el oratorio de un instituto religioso el d\u00eda de la celebraci\u00f3n lit\u00fargica de su fundador<\/i><\/b><\/em><\/strong> (33).<\/p>\n<p>&#8211; En Roma, <strong><em><b><i>las iglesias estacionales en los d\u00edas indicados<\/i><\/b><\/em><\/strong>, participando en las celebraciones (33).<\/p>\n<p>&#8211; <strong><em><b><i>Cualquier iglesia u oratorio al que la Santa Sede haya concedido una indulgencia plenaria<\/i><\/b><\/em><\/strong>, seg\u00fan las condiciones de la concesi\u00f3n.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong><b>En algunas circunstancias de la vida<\/b><\/strong><\/p>\n<p>&#8211; <strong><em><b><i>La Primera Comuni\u00f3n<\/i><\/b><\/em><\/strong>, para quien la recibe y para quienes participan en ella (8).<\/p>\n<p>&#8211; <strong><em><b><i>La primera misa de un sacerdote<\/i><\/b><\/em><\/strong>, para \u00e9l y para los fieles presentes; tambi\u00e9n los aniversarios jubilares de la ordenaci\u00f3n sacerdotal y episcopal (27).<\/p>\n<p>&#8211; <strong><em><b><i>El aniversario del propio Bautismo<\/i><\/b><\/em><\/strong>, renovando las promesas bautismales (28).<\/p>\n<p>&#8211; <strong><em><b><i>El d\u00eda en que una familia se consagra por primera vez al Sagrado Coraz\u00f3n de Jes\u00fas o a la Sagrada Familia<\/i><\/b><\/em><\/strong> (1).<\/p>\n<p>&#8211; <strong><em><b><i>Los ejercicios espirituales de al menos tres d\u00edas completos<\/i><\/b><\/em><\/strong> (10).<\/p>\n<p>&#8211; <strong><em><b><i>Las misiones populares<\/i><\/b><\/em><\/strong>: escuchar algunas predicaciones y participar en la clausura solemne (16).<\/p>\n<p>&#8211; <strong><em><b><i>La bendici\u00f3n papal Urbi et Orbi<\/i><\/b><\/em><\/strong>, tambi\u00e9n si se sigue en directo por radio o televisi\u00f3n, y la bendici\u00f3n papal impartida por el obispo (4).<\/p>\n<p>&#8211; <strong><em><b><i>La celebraci\u00f3n eucar\u00edstica de clausura de un congreso eucar\u00edstico<\/i><\/b><\/em><\/strong> (7).<\/p>\n<p>&#8211; <strong><em><b><i>La visita a la iglesia donde se celebra el s\u00ednodo diocesano<\/i><\/b><\/em><\/strong> (31) y la participaci\u00f3n en una celebraci\u00f3n presidida por el obispo durante la visita pastoral (32).<\/p>\n<p>&#8211; <strong><em><b><i>Una vez, dentro del a\u00f1o siguiente a una canonizaci\u00f3n o beatificaci\u00f3n, la visita a la iglesia donde se celebra su fiesta solemne<\/i><\/b><\/em><\/strong> (21).<\/p>\n<p>&#8211; <strong><em><b><i>Las jornadas dedicadas universalmente a un fin religioso<\/i><\/b><\/em><\/strong>, participando en las celebraciones (5).<\/p>\n<p>&#8211; <strong><em><b><i>En el momento de la muerte<\/i><\/b><\/em><\/strong>: la bendici\u00f3n apost\u00f3lica impartida por el sacerdote; si no hay sacerdote, la Iglesia concede igualmente la indulgencia plenaria a quien est\u00e9 bien dispuesto, siempre que durante su vida haya tenido la costumbre de rezar (12).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>A estas se a\u00f1aden las indulgencias concedidas en circunstancias extraordinarias: los A\u00f1os Santos, como el Jubileo de 2025, o los a\u00f1os jubilares dedicados a un santo. En este 2026, con motivo del octavo centenario de la muerte de san Francisco de As\u00eds, la Penitenciar\u00eda Apost\u00f3lica ha concedido la indulgencia plenaria, hasta el 10 de enero de 2027, a quienes peregrinen a una iglesia conventual franciscana o a un lugar de culto vinculado al Santo; las personas mayores y enfermas pueden recibirla uni\u00e9ndose espiritualmente a las celebraciones y ofreciendo a Dios sus oraciones y sufrimientos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong><b>Para la Familia Salesiana<\/b><\/strong><\/p>\n<p>&#8211; <strong><em><b><i>31 de enero, san Juan Bosco<\/i><\/b><\/em><\/strong>. El d\u00eda de la celebraci\u00f3n lit\u00fargica del fundador, quien visite devotamente una iglesia o un oratorio salesiano y rece el padrenuestro y el credo puede recibir la indulgencia plenaria en las condiciones habituales (33). Lo mismo se aplica a los dem\u00e1s institutos de la Familia Salesiana en la fiesta de su fundador.<\/p>\n<p>&#8211; <strong><em><b><i>24 de mayo, Mar\u00eda Auxiliadora<\/i><\/b><\/em><\/strong>. La bas\u00edlica de Valdocco es una bas\u00edlica menor: quien la visite puede recibir la indulgencia plenaria en la solemnidad de su titular, el 29 de junio, el 2 de agosto y una vez al a\u00f1o en el d\u00eda que elija. Lo mismo se aplica a las dem\u00e1s bas\u00edlicas menores y a los santuarios salesianos del mundo, en la fiesta de su titular.<\/p>\n<p>&#8211; <strong><em><b><i>El Ejercicio de la buena muerte<\/i><\/b><\/em><\/strong>. El retiro mensual tan querido por don Bosco \u2014confesi\u00f3n, comuni\u00f3n y examen de vida\u2014 es la ocasi\u00f3n ideal para unir las condiciones requeridas a una de las obras cotidianas: la adoraci\u00f3n, el rosario o la lectura de la Palabra.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong><b>Conviene recordar<\/b><\/strong><\/p>\n<p>&#8211; La fecha por s\u00ed sola no concede la indulgencia: hay que realizar la obra prescrita, estar bien dispuestos y cumplir las condiciones (norma 20).<\/p>\n<p>&#8211; Por regla general, solo se puede recibir una indulgencia plenaria al d\u00eda; la excepci\u00f3n es la indulgencia en el momento de la muerte (norma 18).<\/p>\n<p>&#8211; Las indulgencias del 1 al 8 de noviembre y la del 2 de noviembre solo pueden aplicarse a los difuntos.<\/p>\n<p>&#8211; Cuando la indulgencia est\u00e1 vinculada a la visita a una iglesia en un d\u00eda determinado, la visita puede hacerse desde el mediod\u00eda del d\u00eda anterior hasta la medianoche del d\u00eda se\u00f1alado (norma 14): para el Perd\u00f3n de As\u00eds, desde el mediod\u00eda del 1 de agosto; para la Conmemoraci\u00f3n de los fieles difuntos, desde el mediod\u00eda del 1 de noviembre.<\/p>\n<p>&#8211; Salvo que se indique otra cosa, la visita prescrita consiste en rezar devotamente el padrenuestro y el credo (norma 19).<\/p>\n<p>&#8211; Las indulgencias vinculadas a las visitas solo son v\u00e1lidas para los lugares indicados: no cualquier iglesia o peregrinaci\u00f3n las concede autom\u00e1ticamente.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong><b>Un don que no debemos dejar en el olvido<\/b><\/strong><\/p>\n<p>Las indulgencias no son un atajo burocr\u00e1tico ni un vestigio folcl\u00f3rico de la Edad Media. Son una expresi\u00f3n del cuidado maternal de la Iglesia, que, recurriendo a los m\u00e9ritos de Cristo y de los santos, ayuda a cada persona a crecer en santidad y a vivir la caridad tambi\u00e9n hacia quienes nos han precedido. Entendidas y vividas correctamente, se convierten en un camino hacia una conversi\u00f3n m\u00e1s profunda y una caridad m\u00e1s activa.<\/p>\n<p>En Valdocco, una vez al mes, los muchachos hac\u00edan cola ante el confesionario de don Bosco para el Ejercicio de la buena muerte: un d\u00eda que, gracias a sus s\u00faplicas, llevaba tambi\u00e9n consigo el don de la indulgencia plenaria. Este noviembre, mientras llevamos una flor a la tumba de nuestros seres queridos, podemos hacer lo mismo: reconciliarnos con Dios, acercarnos a la Eucarist\u00eda, rezar por el Papa y ofrecer por ellos el mayor don que la Iglesia pone en nuestras manos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El 2 de noviembre, la Iglesia ofrece la indulgencia plenaria por los difuntos. Pero no&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":55481,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"iawp_total_views":3,"footnotes":""},"categories":[175],"tags":[1708,2566,2636,2558,2601,1828,1966],"class_list":["post-55487","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-buena-prensa","tag-benefactores","tag-caridad","tag-consejos","tag-dios","tag-fe","tag-gracias-recibidas","tag-salvacion"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/55487","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=55487"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/55487\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":55488,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/55487\/revisions\/55488"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/55481"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=55487"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=55487"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=55487"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}