{"id":55439,"date":"2026-10-31T19:51:17","date_gmt":"2026-10-31T19:51:17","guid":{"rendered":"https:\/\/www.donbosco.press\/?p=55439"},"modified":"2026-10-31T19:51:39","modified_gmt":"2026-10-31T19:51:39","slug":"viaje-a-la-ciudad-del-fuego-1868","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/sin-categoria\/viaje-a-la-ciudad-del-fuego-1868\/","title":{"rendered":"Viaje a la Ciudad del Fuego (1868)"},"content":{"rendered":"<p><em>El Viaje a la ciudad del fuego es uno de los \u00absue\u00f1os\u00bb m\u00e1s famosos de San Juan Bosco, narrado a sus muchachos el 3 de mayo de 1868. En esta dram\u00e1tica visi\u00f3n, el educador, escoltado por un enigm\u00e1tico \u00abhombre del bonete\u00bb, atraviesa un paisaje desolado hasta los bastiones del infierno, donde ve a j\u00f3venes conocidos precipitarse entre lazos invisibles y llamas eternas. Cada episodio es un s\u00edmbolo moral: los hilos representan el respeto humano, los cuchillos la oraci\u00f3n, las puertas de bronce las consecuencias del pecado. Don Bosco transform\u00f3 la angustia del sue\u00f1o en catequesis, amonestando a sus alumnos contra la desobediencia, la impureza, la avaricia y la pereza, e indicando los sacramentos, la devoci\u00f3n mariana y la obediencia como caminos de salvaci\u00f3n. El relato sigue siendo un documento inigualable de su celo pastoral y ardiente caridad educativa.<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En la noche del domingo 3 de mayo, festividad del Patrocinio de San Jos\u00e9, don Bosco prosigui\u00f3 el relato de cuanto hab\u00eda visto en los sue\u00f1os:<\/p>\n<p>&#8211; Debo contaros otra cosa, comenz\u00f3 diciendo, que puede considerarse como consecuencia de cuanto os refer\u00ed en las noches del jueves y del viernes, que me dej\u00f3 tan quebrantado que apenas si me pod\u00eda tener en pie. Vosotros lo pod\u00e9is llamar sue\u00f1o o como quer\u00e1is; en suma, le pod\u00e9is dar el nombre que os parezca.<\/p>\n<p>Os habl\u00e9 de un sapo espantoso que en la noche del 17 de abril amenazaba tragarme y c\u00f3mo al desaparecer, una voz me dijo: &#8211; \u00bfPor qu\u00e9 no hablas? Yo me volv\u00ed hacia el lugar de donde hab\u00eda partido la voz y vi junto a mi lecho un personaje distinguido.<\/p>\n<p>Como hubiese entendido el motivo de aquel reproche, le pregunt\u00e9:<\/p>\n<p>&#8211; \u00bfQu\u00e9 debo decir a nuestros j\u00f3venes?<\/p>\n<p>&#8211; Lo que has visto y cuanto se te ha indicado en los \u00faltimos sue\u00f1os y lo que deseabas conocer, y que te ser\u00e1 revelado la noche pr\u00f3xima. Y se retir\u00f3.<\/p>\n<p>Yo, pues, al d\u00eda siguiente pensaba continuamente en la mala noche que tendr\u00eda que pasar y, al llegar la hora, no me determinaba a irme a acostar. Y as\u00ed estuve en mi mesa de trabajo hojeando libros hasta medianoche. Me llenaba de terror la idea de tener que contemplar todav\u00eda nuevos espect\u00e1culos espantosos. Al fin, haci\u00e9ndome violencia, me acost\u00e9. Y continu\u00f3 as\u00ed la narraci\u00f3n:<\/p>\n<p>&#8211; Para no dormirme tan pronto, y por temor a que la imaginaci\u00f3n me enfrascara en los sue\u00f1os acostumbrados, dispuse la almohada de tal forma que estaba en el lecho casi sentado. Pero pronto, como estaba cansado, me dorm\u00ed sin darme cuenta. Y he aqu\u00ed que de improviso vi en la habitaci\u00f3n, junto a la cama, al hombre de la noche anterior (llamado por \u00e9l varias veces el hombre del bonete, o del gorro), el cual me dijo:<\/p>\n<p>&#8211; \u00a1Lev\u00e1ntate y ven conmigo!<\/p>\n<p>Yo le contest\u00e9:<\/p>\n<p>&#8211; Te lo pido por caridad. D\u00e9jame tranquilo, estoy cansado. \u00a1Mira! Hace varios d\u00edas que sufro de dolor de muelas. D\u00e9jame descansar. He tenido unos sue\u00f1os espantosos y estoy verdaderamente agotado. Y dec\u00eda esto porque la aparici\u00f3n de este hombre es siempre indicio de grandes agitaciones, de cansancio y de terror.<\/p>\n<p>El me respondi\u00f3:<\/p>\n<p>&#8211; \u00a1Lev\u00e1ntate, que no hay tiempo que perder!<\/p>\n<p>Entonces me levant\u00e9 y le segu\u00ed. Mientras camin\u00e1bamos le pregunt\u00e9:<\/p>\n<p>&#8211; \u00bfAd\u00f3nde quieres llevarme ahora?<\/p>\n<p>&#8211; Ven y ver\u00e1s.<\/p>\n<p>Y me condujo a un lugar donde se extend\u00eda una amplia llanura. Dirig\u00ed la mirada a mi alrededor, pero aquella regi\u00f3n era tan grande que no se distingu\u00edan los confines de la misma. Era un verdadero desierto. No se ve\u00eda alma viviente. Ni una planta, ni un riachuelo; la yerba seca y amarillenta ofrec\u00eda un aspecto de tristeza. No sab\u00eda d\u00f3nde me encontraba, ni qu\u00e9 iba a hacer. Durante unos instantes no vi a mi gu\u00eda. Tem\u00ed haberme perdido. No estaban conmigo ni don Miguel R\u00faa, ni don Juan B. Francesia, ni ning\u00fan otro. Cuando he aqu\u00ed que divis\u00e9 al amigo que sal\u00eda a mi encuentro. Respir\u00e9 y le dije:<\/p>\n<p>&#8211; \u00bfD\u00f3nde estoy?<\/p>\n<p>&#8211; Ven conmigo y lo ver\u00e1s.<\/p>\n<p>&#8211; Bien; ir\u00e9 contigo.<\/p>\n<p>Iba \u00e9l delante y yo le segu\u00eda sin chistar. Despu\u00e9s de un largo y triste viaje, pensando don Bosco que ten\u00eda que atravesar tan dilatada llanura se dec\u00eda para s\u00ed:<\/p>\n<p>&#8211; \u00a1Ay mis pobres muelas! \u00a1Pobre de m\u00ed, con las piernas tan hinchadas&#8230;!<\/p>\n<p>Pero de pronto se abri\u00f3 ante m\u00ed un camino.<\/p>\n<p>Entonces interrump\u00ed el silencio y pregunt\u00e9 al gu\u00eda:<\/p>\n<p>&#8211; \u00bfAd\u00f3nde, debemos ir ahora?<\/p>\n<p>&#8211; Por aqu\u00ed, respondi\u00f3.<\/p>\n<p>Y tomamos aquel camino. Era hermoso, ancho, espacioso y bien pavimentado (<em>Via peccantium complanata lapidibus, et in fine illorum inferi, et et poenae<\/em>, Eclesi\u00e1stico XXI, 10) (El camino de los pecadores est\u00e1 bien enlosado, pero a su t\u00e9rmino est\u00e1 la fosa del seol). A un lado y otro de las orillas del foso flanqueaban dos magn\u00edficos setos verdes, cubiertos de lindas flores. En especial despuntaban las rosas, entre las hojas, por todas partes, Aquel camino, a primera vista, parec\u00eda llano y c\u00f3modo y yo me ech\u00e9 a andar por \u00e9l sin sospechar nada. Pero despu\u00e9s de caminar un trecho, me di cuenta de que insensiblemente se iba haciendo cuesta abajo y, aunque la marcha no parec\u00eda precipitada, yo corr\u00eda con tanta facilidad que me parec\u00eda ser llevado por el aire. Incluso not\u00e9 que avanzaba, casi sin mover los pies. Nuestra carrera era, pues, veloz. Pensando entonces que la vuelta atr\u00e1s por un camino tan largo hubiera sido fatigosa y cansada, dije al amigo:<\/p>\n<p>&#8211; \u00bfC\u00f3mo haremos para regresar al Oratorio?<\/p>\n<p>&#8211; No te preocupes, me respondi\u00f3, el Se\u00f1or es omnipotente y quiere que camines. El que te conduce y te ense\u00f1a a proseguir adelante, sabr\u00e1 tambi\u00e9n llevarte hacia atr\u00e1s.<\/p>\n<p>El camino descend\u00eda cada vez m\u00e1s. Prosegu\u00edamos la marcha entre flores y rosas, cuando vi que por el mismo sendero me segu\u00edan todos los j\u00f3venes del Oratorio, con numeros\u00edsimos compa\u00f1eros a los que yo jam\u00e1s hab\u00eda visto. Pronto me encontr\u00e9 en medio de ellos. Mientras los observaba vi de repente que, ora uno ora otro, ca\u00edan al suelo y eran arrastrados por una fuerza invisible hacia una horrible pendiente, que se ve\u00eda a\u00fan en lontananza, y que luego los met\u00eda de cabeza en un horno.<\/p>\n<p>&#8211; \u00bfQu\u00e9 es lo que hace caer a estos muchachos?, pregunt\u00e9 al gu\u00eda. (<em>Funes extenderunt in laqueum; juxta iter scandalum posuerunt<\/em>, Salm. 139. Cuerdas han tendido como red; trampas junto al sendero me han situado).<\/p>\n<p>&#8211; Ac\u00e9rcate un poco m\u00e1s, me respondi\u00f3.<\/p>\n<p>Me acerqu\u00e9 y pude comprobar que los j\u00f3venes pasaban entre muchos lazos, algunos de los cuales estaban a ras del suelo y otros a la altura de la cabeza: estos lazos no se ve\u00edan. Por tanto, muchos de los j\u00f3venes, al andar, quedaban presos por ellos, sin darse cuenta del peligro; en el momento de caer daban un salto y despu\u00e9s rodaban por el suelo con las piernas en alto y, cuando se levantaban, corr\u00edan precipitadamente hacia el abismo. Unos quedaban presos por la cabeza, otros por el cuello, qui\u00e9n por las manos, qui\u00e9n por un brazo, \u00e9ste por una pierna, aqu\u00e9l por la cintura, e inmediatamente eran lanzados abajo. Los lazos colocados en el suelo parec\u00edan de estopa, apenas visibles, semejantes a los hilos de una tela de ara\u00f1a y, al parecer, inofensivos. Y con todo, pude observar que los j\u00f3venes presos en ellos ca\u00edan a tierra.<\/p>\n<p>Yo estaba at\u00f3nito, y me dijo el gu\u00eda:<\/p>\n<p>&#8211; \u00bfSabes qu\u00e9 es esto?<\/p>\n<p>&#8211; Un poco de estopa, respond\u00ed.<\/p>\n<p>&#8211; Te dir\u00eda que no es nada, a\u00f1adi\u00f3; no es m\u00e1s que el respeto humano.<\/p>\n<p>Entretanto, al ver que eran muchos los que segu\u00edan cayendo en los lazos, pregunt\u00e9:<\/p>\n<p>&#8211; \u00bfC\u00f3mo se entiende que sean tantos los que quedan prendidos en esos hilos? \u00bfQui\u00e9n es el que los arrastra de esa manera?<\/p>\n<p>Y \u00e9l replic\u00f3:<\/p>\n<p>&#8211; Ac\u00e9rcate m\u00e1s; observa y lo ver\u00e1s.<\/p>\n<p>Mir\u00e9 un poco y despu\u00e9s dije:<\/p>\n<p>&#8211; Yo no veo nada.<\/p>\n<p>&#8211; Mira mejor, repiti\u00f3.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Tom\u00e9, en efecto, uno de los lazos, tir\u00e9 hacia m\u00ed y pude comprobar que ven\u00eda el otro extremo; tir\u00e9 a\u00fan un poco m\u00e1s y no pude ver d\u00f3nde acababa aquel hilo, pero me di cuenta de que yo tambi\u00e9n era arrastrado por \u00e9l. Entonces segu\u00ed la direcci\u00f3n del hilo y llegu\u00e9 a la boca de una espantosa caverna. Me detuve, porque no quer\u00eda penetrar en aquella vor\u00e1gine, tir\u00e9 hacia m\u00ed de aquel hilo y not\u00e9 que ced\u00eda un poco, pero hab\u00eda que hacer mucha fuerza. Y he aqu\u00ed que, despu\u00e9s de haber tirado mucho, sali\u00f3, poco a poco, un horrible monstruo que infund\u00eda espanto, el cual manten\u00eda fuertemente agarrado con sus garras la extremidad de una cuerda a la que estaban ligados todos aquellos hilos. Era \u00e9ste quien, apenas ca\u00eda uno en aquellas redes, lo arrastraba inmediatamente hacia s\u00ed. Entonces me dije:<\/p>\n<p>&#8211; Es in\u00fatil intentar hacer frente a la fuerza de este animal, pues no lograr\u00e9 vencerlo; ser\u00e1 mejor combatirlo con la se\u00f1al de la santa cruz y con jaculatorias.<\/p>\n<p>Me volv\u00ed, por tanto, junto a mi gu\u00eda, el cual me dijo:<\/p>\n<p>&#8211; \u00bfSabes ya qui\u00e9n es?<\/p>\n<p>&#8211; \u00a1S\u00ed que lo s\u00e9! Es el demonio quien tiende estos lazos para hacer caer a mis j\u00f3venes en el infierno.<\/p>\n<p>Examin\u00e9 con atenci\u00f3n los lazos y vi que cada uno llevaba escrito su propio t\u00edtulo: el lazo de la soberbia, de la desobediencia, de la envidia, del sexto mandamiento, del hurto, de la gula, de la pereza, de la ira, etc. Hecho esto, me ech\u00e9 un poco hacia atr\u00e1s para ver cu\u00e1l de aquellos lazos era el que causaba mayor n\u00famero de v\u00edctimas entre los j\u00f3venes, y pude comprobar que eran los de la deshonestidad, la desobediencia y la soberbia. A este \u00faltimo iban atados otros dos. Despu\u00e9s de esto vi otros lazos que causaban grandes estragos, pero no tanto como los dos primeros. Desde mi puesto de observaci\u00f3n, vi a muchos j\u00f3venes que corr\u00edan a mayor velocidad que los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>Y pregunt\u00e9:<\/p>\n<p>&#8211; \u00bfPor qu\u00e9 esta diferencia?<\/p>\n<p>&#8211; Porque son arrastrados por los lazos del respeto humano, me fue respondido.<\/p>\n<p>Mirando a\u00fan con mayor atenci\u00f3n vi que entre los lazos hab\u00eda esparcidos muchos cuchillos que, manejados por una mano providencial, cortaban o romp\u00edan los hilos. El cuchillo m\u00e1s grande proced\u00eda contra el lazo de la soberbia y simbolizaba la meditaci\u00f3n. Otro cuchillo, tambi\u00e9n muy grande, pero no tanto como el primero, significaba la lectura espiritual bien hecha. Hab\u00eda adem\u00e1s dos espadas. Una de ellas indicaba la devoci\u00f3n al Sant\u00edsimo Sacramento, especialmente mediante la comuni\u00f3n frecuente; otra, la devoci\u00f3n a la Virgen. Hab\u00eda tambi\u00e9n un martillo: la confesi\u00f3n, y hab\u00eda otros cuchillos s\u00edmbolos de las varias devociones a san Jos\u00e9, a san Luis, etc. Muchos romp\u00edan con estas armas los lazos al quedar prendidos o se defend\u00edan para no caer en ellos.<\/p>\n<p>En efecto, vi a dos j\u00f3venes que pasaban entre los lazos de manera que nunca quedaban presos; pasaban antes de que el lazo estuviese tendido y, si lo hac\u00edan cuando \u00e9ste estaba ya preparado, sab\u00edan sortearlo de forma que les ca\u00eda sobre los hombros, o sobre las espaldas, o en otro lado, sin lograr atraparlos.<\/p>\n<p>Cuando el gu\u00eda se dio cuenta de que lo hab\u00eda observado todo, me hizo continuar el camino flanqueado de rosas; pero, a medida que avanzaba, las rosas de los linderos eran cada vez m\u00e1s raras, y empezaban a aparecer punzantes espinas. Luego, por mucho que me fij\u00e9, no se descubr\u00eda ni una rosa y, en el \u00faltimo tramo, el seto se hab\u00eda tornado completamente espinoso, quemado por el sol y desprovisto de hojas; despu\u00e9s de los matorrales ralos y secos, part\u00edan ramas que se tend\u00edan por el suelo, imped\u00edan el paso y lo sembraban de espinas de tal forma que dif\u00edcilmente se pod\u00eda caminar. Hab\u00edamos llegado a una hondonada, cuyos ribazos ocultaban las regiones vecinas, y el camino, que descend\u00eda cada vez m\u00e1s, se hac\u00eda espantoso, poco firme y en los de baches, de salientes, de guijarros y de cantos rodados. Hab\u00eda perdido ya de vista a todos mis j\u00f3venes, much\u00edsimos de los cuales hab\u00edan logrado salir de aquella senda enga\u00f1osa y tomaban otros senderos.<\/p>\n<p>Yo continu\u00e9 adelante. Cuanto m\u00e1s avanzaba, m\u00e1s \u00e1spera y m\u00e1s pronunciada era la bajada, de forma que algunas veces me resbalaba y ca\u00eda al suelo, donde permanec\u00eda sentado un rato para tomar un poco de aliento. De cuando en cuando el gu\u00eda acud\u00eda en mi auxilio y me ayudaba a levantarme. A cada paso se me plegaban las articulaciones y parec\u00eda que se me iban a descoyuntar los huesos. Jadeando, dije a mi gu\u00eda:<\/p>\n<p>&#8211; Amigo, no puedo con mis piernas. Me encuentro tan falto de fuerzas, que no es posible continuar el viaje.<\/p>\n<p>El gu\u00eda no me contest\u00f3, sino que, anim\u00e1ndome, prosigui\u00f3 su marcha; hasta que, al verme cubierto de sudor y v\u00edctima de un cansancio mortal, me llev\u00f3 a un peque\u00f1o promontorio que se alzaba en el mismo camino. Me sent\u00e9, lanc\u00e9 un hondo suspiro y me pareci\u00f3 quedar un poco descansado. Entretanto observaba desde arriba el camino que hab\u00eda recorrido; parec\u00eda cortado a pico, cubierto de guijarros y de piedras puntiagudas. Mir\u00e9 lo que me quedaba por andar, cerr\u00e9 los ojos de pavor y exclam\u00e9:<\/p>\n<p>&#8211; \u00a1Por favor, volvamos atr\u00e1s! Si seguimos adelante, \u00bfc\u00f3mo haremos para volver al Oratorio? \u00a1Es imposible que yo pueda subir ahora esta cuesta!<\/p>\n<p>Y el gu\u00eda me contest\u00f3 resueltamente:<\/p>\n<p>&#8211; Ahora que hemos llegado aqu\u00ed, \u00bfquieres quedarte solo?<\/p>\n<p>Ante esta amenaza repliqu\u00e9 en tono suplicante:<\/p>\n<p>&#8211; Sin ti, \u00bfc\u00f3mo podr\u00eda volver atr\u00e1s o continuar el viaje?<\/p>\n<p>&#8211; Pues bien, s\u00edgueme, a\u00f1adi\u00f3 el gu\u00eda.<\/p>\n<p>Me levant\u00e9 y continuamos bajando. El camino se hac\u00eda cada vez m\u00e1s horriblemente abrupto, de forma que apenas si pod\u00eda permanecer de pie. Y he aqu\u00ed que al fondo de este precipicio, que terminaba en un oscuro valle, apareci\u00f3 ante nuestros ojos un edificio inmenso que ten\u00eda una puerta alt\u00edsima y cerrada. Llegamos al fondo del precipicio. Un calor sofocante me oprim\u00eda y una espesa humareda, de color verdoso, surcada por el brillo de sanguinolentas llamas, se elevaba sobre aquellos murallones. Levant\u00e9 mis ojos a aquellas murallas: eran m\u00e1s altas que una monta\u00f1a. Don Bosco pregunt\u00f3 al gu\u00eda:<\/p>\n<p>&#8211; \u00bfD\u00f3nde nos encontramos? \u00bfQu\u00e9 es esto? -Lee lo que hay escrito sobre aquella puerta, me respondi\u00f3; por la inscripci\u00f3n sabr\u00e1s donde estamos. Mir\u00e9 y le\u00ed sobre la puerta: <em>Ubi non est redemptio<\/em> (Aqu\u00ed no hay redenci\u00f3n). Me di cuenta de que est\u00e1bamos ante las puertas del infierno. El gu\u00eda me acompa\u00f1\u00f3 a dar una vuelta alrededor de los muros de aquella horrible ciudad. De cuando en cuando, a una distancia regular, se ve\u00eda una puerta de bronce, como la primera, al pie de una peligrosa bajada, y cada una de ellas ten\u00eda encima una inscripci\u00f3n diferente. <em>Discedite, maledicti, in ignem aeternum, qui paratus est diabolo et angelis eius&#8230; Omnis arbor quae non facit fructum bonum excidetur<\/em> <em>et in ignem mittetur<\/em> (Alejaos, malditos, al fuego eterno que est\u00e1 preparado para el diablo y para sus \u00e1ngeles&#8230; Todo \u00e1rbol que no da buenos frutos, ser\u00e1 cortado y echado al fuego). Saqu\u00e9 la libreta para anotar aquellas inscripciones, pero el gu\u00eda me dijo:<\/p>\n<p>&#8211; \u00a1Detente! \u00a1Qu\u00e9 haces?<\/p>\n<p>&#8211; Tomo nota de estas inscripciones.<\/p>\n<p>&#8211; No hace falta; las tienes todas en la Sagrada Escritura; incluso t\u00fa has hecho grabar algunas bajo los p\u00f3rticos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Ante semejante espect\u00e1culo habr\u00eda preferido volver atr\u00e1s y encaminarme al Oratorio; pero el gu\u00eda no se volvi\u00f3, a pesar de que yo hab\u00eda dado ya algunos pasos. Recorrimos un inmenso y profund\u00edsimo barranco y nos encontramos nuevamente al pie del camino pendiente que hab\u00edamos recorrido y delante de la puerta que vimos en primer lugar. De pronto el gu\u00eda se volvi\u00f3 hacia atr\u00e1s y con el rostro demudado y sombr\u00edo, me indic\u00f3 con la mano que me retirara, diciendo:<\/p>\n<p>&#8211; \u00a1Observa!<\/p>\n<p>Tembloroso, alc\u00e9 los ojos hacia arriba y, a una gran distancia, vi que por aquel camino en declive, bajaba uno a toda velocidad. Conforme se iba acercando intent\u00e9 identificarlo y finalmente pude reconocer en \u00e9l a uno de mis j\u00f3venes. Llevaba los cabellos desgre\u00f1ados, en parte erizados sobre la cabeza y en parte echados hacia atr\u00e1s por efecto del viento, y los brazos tendidos hacia adelante, en actitud de quien nada para salvarse del naufragio. Quer\u00eda detenerse y no pod\u00eda. Tropezaba continuamente con los guijarros salientes del camino y aquellas piedras serv\u00edan para darle mayor impulso en la carrera.<\/p>\n<p>Corramos, deteng\u00e1mosle, ayud\u00e9mosle, gritaba yo tendiendo las manos hac\u00eda \u00e9l.<\/p>\n<p>Y el gu\u00eda replicaba:<\/p>\n<p>&#8211; No; d\u00e9jalo.<\/p>\n<p>&#8211; \u00bfY por qu\u00e9 no puedo detenerlo?<\/p>\n<p>&#8211; \u00bfNo sabes lo tremenda que es la venganza de Dios? \u00bfCrees que podr\u00edas detener a uno que huye de la ira encendida del Se\u00f1or?<\/p>\n<p>Entretanto aquel joven, volviendo la cabeza hacia atr\u00e1s y mirando con los ojos encendidos si la ira de Dios le segu\u00eda siempre, corr\u00eda precipitadamente hacia el fondo del camino, como si no hubiese encontrado en su huida m\u00e1s soluci\u00f3n que ir a dar contra la puerta de bronce.<\/p>\n<p>&#8211; \u00bfY por qu\u00e9 mira hacia atr\u00e1s con esa cara de espanto?, pregunt\u00e9 yo.<\/p>\n<p>&#8211; Porque la ira de Dios traspasa todas las puertas del infierno y va a atormentarle aun en medio del fuego.<\/p>\n<p>En efecto, como consecuencia de aquel choque, entre un ruido de cadenas, la puerta se abri\u00f3 de par en par. Y tras ella se abrieron al mismo tiempo, haciendo un horrible fragor, dos, diez, ciento, y mil m\u00e1s impulsadas por el choque del joven, que era arrastrado por un torbellino invisible, irresistible, veloc\u00edsimo.<\/p>\n<p>Todas aquellas puertas de bronce, que estaban una enfrente de otra, aunque a gran distancia, permanecieron abiertas por un instante y yo vi, all\u00e1 a lo lejos, muy lejos, como la boca de un horno, y mientras el joven se precipitaba en aquella vor\u00e1gine pude observar que de ella se alzaban numerosos globos de fuego. Y las puertas volvieron a cerrarse con la misma rapidez con que se hab\u00edan abierto. Entonces yo tom\u00e9 la libreta para apuntar el nombre y el apellido de aquel infeliz, pero el gu\u00eda me agarr\u00f3 del brazo y me dijo:<\/p>\n<p>&#8211; Detente y observa de nuevo.<\/p>\n<p>Lo hice y pude ver un nuevo espect\u00e1culo. Vi bajar precipitadamente por la misma senda a otros tres j\u00f3venes de nuestras casas que en forma de pe\u00f1ascos rodaban rapid\u00edsimamente uno tras otro. Iban con los brazos abiertos y gritaban de espanto. Llegaron al fondo y fueron a chocar con la primera puerta. En aquel instante conoc\u00ed a los tres. La puerta se abri\u00f3 y, despu\u00e9s de ella, las otras mil; los j\u00f3venes fueron empujados por aquel largu\u00edsimo corredor, se oy\u00f3 un prolongado ruido infernal que se alejaba cada vez m\u00e1s, aqu\u00e9llos desaparecieron y las puertas se cerraron. Muchos otros cayeron despu\u00e9s de \u00e9stos de cuando en cuando&#8230; Vi precipitarse all\u00ed a un pobrecillo, impulsado por los empujones de un malvado compa\u00f1ero. Otros ca\u00edan solos, algunos acompa\u00f1ados; unos agarrados del brazo, otros separados, pero pr\u00f3ximos. Todos llevaban escrito en la frente el propio pecado. Yo los llamaba afanosamente mientras ca\u00edan en aquel lugar. Pero ellos no me o\u00edan, retumbaban las puertas infernales al abrirse y al cerrarse se hac\u00eda un silencio de muerte.<\/p>\n<p>&#8211; He aqu\u00ed la causa principal de tantas condenas, exclam\u00f3 mi gu\u00eda: los compa\u00f1eros malos, las malas lecturas y las perversas costumbres.<\/p>\n<p>Los lazos que hab\u00edamos visto al principio eran los que arrastraban a los j\u00f3venes al precipicio. Al ver caer a tantos de ellos, dije con acento de desesperaci\u00f3n:<\/p>\n<p>&#8211; Entonces es in\u00fatil que trabajemos en nuestros colegios, si son tantos los j\u00f3venes que tienen este fin. \u00bfNo habr\u00e1 manera de remediar la ruina de estas almas?<\/p>\n<p>Y el gu\u00eda me contest\u00f3:<\/p>\n<p>Este es el estado en que actualmente se encuentran y, si muriesen en \u00e9l, vendr\u00edan a parar aqu\u00ed sin remedio.<\/p>\n<p>D\u00e9jame, pues, anotar los nombres para que yo pueda avisarles y ponerlos en la senda que conduce al Para\u00edso.<\/p>\n<p>&#8211; \u00bfY, crees t\u00fa que algunos se corregir\u00edan si les avisases? Al principio el aviso les impresionar\u00e1; despu\u00e9s no har\u00e1n caso, diciendo: se trata de un sue\u00f1o. Y se tornar\u00e1n peores que antes. Otros, al verse descubiertos, frecuentar\u00e1n los Sacramentos, pero no de una manera espont\u00e1nea y meritoria, porque no proceden rectamente. Algunos se confesar\u00e1n por un temor pasajero a caer en el infierno, pero seguir\u00e1n con el coraz\u00f3n apegado al pecado.<\/p>\n<p>&#8211; \u00bfEntonces, no hay remisi\u00f3n para estos desgraciados? Dame un remedio para que puedan salvarse.<\/p>\n<p>&#8211; Helo aqu\u00ed: tienen los superiores, que los obedezcan; tienen el reglamento, que lo observen; tienen los Sacramentos, que los reciban.<\/p>\n<p>Mientras tanto, un nuevo grupo de j\u00f3venes se precipitaba en el abismo y las puertas permanecieron abiertas durante un instante.<\/p>\n<p>&#8211; Entra t\u00fa tambi\u00e9n, me dijo el gu\u00eda.<\/p>\n<p>Me ech\u00e9 atr\u00e1s horrorizado. Estaba impaciente por regresar al Oratorio, para avisar a los j\u00f3venes y detener los a fin de que no se perdiera ninguno m\u00e1s. Pero el gu\u00eda me volvi\u00f3 a insistir:<\/p>\n<p>&#8211; Ven, que aprender\u00e1s m\u00e1s de una cosa. Pero antes dime: \u00bfquieres proseguir solo o acompa\u00f1ado?<\/p>\n<p>Me dijo esto para que reconociese la insuficiencia de mis fuerzas y, al mismo tiempo, la necesidad de su ben\u00e9vola asistencia; por lo que contest\u00e9:<\/p>\n<p>&#8211; Quita all\u00e1: \u00bfsolo en ese lugar de horror? \u00bfSin la ayuda de tu bondad? \u00bfY qui\u00e9n me ense\u00f1ar\u00e1 el camino de vuelta?<\/p>\n<p>Y de pronto me sent\u00ed lleno de valor pensando para m\u00ed:<\/p>\n<p>&#8211; Antes de ir al infierno hay que pasar por el juicio y yo no me he presentado todav\u00eda ante el Juez Supremo.<\/p>\n<p>As\u00ed que exclam\u00e9 resueltamente:<\/p>\n<p>&#8211; \u00a1Entremos, pues! Y penetramos en aquel estrecho y horrible corredor. Corr\u00edamos con la velocidad del rayo. Sobre cada una de las puertas del interior luc\u00eda con la luz velada una inscripci\u00f3n amenazadora. Cuando terminamos de recorrerlo desembocamos en un amplio y t\u00e9trico patio, al fondo del cual se ve\u00eda una portezuela fea, gruesa, la peor que hab\u00eda visto jam\u00e1s y encima de la cual se le\u00eda esta inscripci\u00f3n: <em>Ibunt impii in ignem aeternum<\/em> (Los imp\u00edos ir\u00e1n al fuego eterno). Los muros estaban cubiertos de inscripciones en todo su per\u00edmetro. Ped\u00ed permiso a mi gu\u00eda para leerlas y me contest\u00f3:<\/p>\n<p>&#8211; Haz como te plazca.<\/p>\n<p>Entonces mir\u00e9 por todas partes. En un sitio vi escrito: <em>Dabo ignem in carnes eorum ut comburantur in sempiternum <\/em>(Pondr\u00e9 fuego en su carne para que ardan para siempre) &#8211; <em>Cruciabantur die ac nocte in saecula saeculorum<\/em> (Eran atormentados d\u00eda y noche por los siglos de los siglos) &#8211; Y en otro lugar: Hic universitas malorum per omnia saecula saeculorum (Aqu\u00ed todos los males, por los siglos de los siglos). En otros: <em>Nullus est hic ordo, sed horror sempiternus inhabitat<\/em> (Aqu\u00ed no hay ning\u00fan orden, sino que impera un horror sempiterno) &#8211;<em>Fumus tormentorum suorum in aeternum ascendit<\/em> (El humo de sus tormentos sube eternamente) &#8211; <em>Non est pax impiis<\/em> (No hay paz para los imp\u00edos) &#8211; <em>Clamor et stridor dentium<\/em> (Clamor y rechinar de dientes).<\/p>\n<p>Mientras iba alrededor de los muros leyendo aquellas inscripciones, el gu\u00eda que se hab\u00eda quedado en el centro del patio, se acerc\u00f3 y me dijo:<\/p>\n<p>&#8211; Desde ahora en adelante nadie podr\u00e1 tener un compa\u00f1ero que le ayude, un amigo que le consuele, un coraz\u00f3n que le ame, una mirada compasiva, una palabra ben\u00e9vola; hemos pasado la l\u00ednea. \u00bfT\u00fa quieres ver o probar?<\/p>\n<p>&#8211; Quiero ver solamente, respond\u00ed.<\/p>\n<p>&#8211; Ven, pues, conmigo, a\u00f1adi\u00f3 el amigo. Y tom\u00e1ndome de la mano me condujo ante aquella puertecilla y la abri\u00f3. Esta pon\u00eda en comunicaci\u00f3n con un corredor, en cuyo fondo hab\u00eda una gran cueva cerrada por una ancha ventana con un solo cristal, que llegaba del suelo a la b\u00f3veda, y a trav\u00e9s del cual se pod\u00eda contemplar el interior. Cruc\u00e9 el umbral y me detuve presa de terror indescriptible. Apareci\u00f3 ante mis ojos una especie de inmensa caverna, que se perd\u00eda en las profundidades excavadas en las entra\u00f1as de los montes, todas llenas de fuego, pero no como el que vemos en la tierra con sus llamas en movimiento, sino de una forma tal que todo lo dejaba incandescente y blanco a causa de la elevada temperatura. uros, b\u00f3vedas, pavimento, hierros, piedras, madera, carb\u00f3n, todo estaba blanco y brillante. Aquel fuego sobrepasaba en calor millares y millares de veces al fuego de la tierra, sin consumir ni reducir a cenizas nada de cuanto tocaba. No puedo describir esta caverna en toda su espantosa realidad. <em>Praeparata est enim ab heri Thopheth, a rege praeparata, profunda et dilatata. Nutrimenta eius, ignis et ligna multa: flatus Domini sicut torrens sulphuris succedens eam. <\/em>&#8211; Isa\u00edas XXX, 33. (Preparado est\u00e1 desde hace tiempo un T\u00f3fet, tambi\u00e9n para M\u00e9lek un foso profundo y ancho; hay paja y madera en abundancia. El aliento de Yahv\u00e9h, cual torrente de azufre lo enciende).<\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <\/em>Mientras miraba at\u00f3nito todo aquello, lleg\u00f3 por un pasaje, con gran violencia, un joven que, como si no se diera cuenta de nada, lanz\u00f3 un grito agud\u00edsimo, como quien est\u00e1 para caer en un lago de bronce hecho l\u00edquido y se precipit\u00f3 en el medio, se torn\u00f3 blanco como toda la caverna y qued\u00f3 inm\u00f3vil, mientras por un momento resonaba el eco de su voz moribunda.<\/p>\n<p>Horrorizado contempl\u00e9 un instante a aquel joven y me pareci\u00f3 uno del Oratorio, uno de mis hijos.<\/p>\n<p>&#8211; Pero \u00bf\u00e9ste no es uno de mis j\u00f3venes?, pregunt\u00e9 al gu\u00eda; \u00bfno es fulano?<\/p>\n<p>&#8211; S\u00ed, s\u00ed, me respondi\u00f3.<\/p>\n<p>&#8211; \u00bfY por qu\u00e9 no cambia de posici\u00f3n? \u00bfPor qu\u00e9 est\u00e1 incandescente sin consumirse?<\/p>\n<p>Y me dijo:<\/p>\n<p>&#8211; T\u00fa elegiste ver y por tanto ahora no debes hablar; observa y ver\u00e1s. Por lo dem\u00e1s <em>omnis enim igne salietur et omnis victima sale salietur<\/em> (todo fuego ser\u00e1 salado y toda v\u00edctima ser\u00e1 salada con sal).<\/p>\n<p>Apenas si hab\u00eda vuelto de nuevo la mirada, cuando otro joven, con furor desesperado y a grand\u00edsima velocidad, corr\u00eda y se precipitaba en la misma caverna. Este pertenec\u00eda tambi\u00e9n al Oratorio. Apenas cay\u00f3 no se movi\u00f3 m\u00e1s. Lanz\u00f3 un grito lastimero y su voz se confundi\u00f3 con el \u00faltimo eco del grito del que hab\u00eda ca\u00eddo antes. Despu\u00e9s de \u00e9ste llegaron otros con la misma precipitaci\u00f3n y su n\u00famero fue en aumento: todos lanzaban el mismo grito y quedaban inm\u00f3viles, incandescentes, como los que les hab\u00edan precedido. Yo observ\u00e9 que el primero hab\u00eda quedado con una mano en el aire y un pie igualmente suspendido en alto. El segundo qued\u00f3 como encorvado hacia la tierra. Unos ten\u00edan los pies en alto, otros el rostro pegado al suelo. Algunos estaban casi suspendidos sosteni\u00e9ndose con un solo pie y una sola mano; otros estaban sentados y tirados; los unos apoyados sobre un lado, los otros de pie o de rodillas, con las manos entre los cabellos. Hab\u00eda, en suma, una larga fila de muchachos, como estatuas en distintas posiciones, unas m\u00e1s dolorosas que otras. A\u00fan vinieron otros a aquel horno; en parte me eran conocidos y en parte desconocidos. Me acord\u00e9 entonces de lo que dice la Biblia, que seg\u00fan se cae por vez primera en el infierno as\u00ed se permanecer\u00e1 para siempre: <em>Lignum, in quocumque loco ceciderit, ibi erit <\/em>(El tronco se quedar\u00e1 all\u00ed, en cualquier lugar que cayere).<\/p>\n<p>Como aumentaba mi espanto, pregunt\u00e9 al gu\u00eda:<\/p>\n<p>&#8211; \u00bfPero \u00e9stos, al correr con tanta velocidad, no se dan cuenta de que vienen a parar aqu\u00ed?<\/p>\n<p>&#8211; \u00a1Oh!, s\u00ed saben que van al fuego; fueron avisados mil veces; pero siguen corriendo voluntariamente, por no detestar el pecado y no quererlo abandonar, por despreciar y rechazar la misericordia de Dios que incesantemente los llama a penitencia; y, por tanto, la justicia divina, provocada por ellos, los empuja, les insta, los persigue y no pueden parar hasta llegar a este lugar.<\/p>\n<p>&#8211; Oh, \u00a1qu\u00e9 terrible debe de ser la desesperaci\u00f3n de estos desgraciados que no tienen ya esperanza de salir de aqu\u00ed!, exclam\u00e9.<\/p>\n<p>&#8211; \u00bfQuieres conocer la \u00edntima agitaci\u00f3n y el frenes\u00ed de sus almas? Pues ac\u00e9rcate un poco m\u00e1s, me dijo el gu\u00eda.<\/p>\n<p>Di unos pasos adelante hacia la ventana y vi que muchos de aquellos desdichados se propinaban mutuamente tremendos golpes, caus\u00e1ndose terribles heridas, y se mord\u00edan como perros rabiosos; otros se ara\u00f1aban el rostro, se destrozaban las manos, se arrancaban las carnes y las arrojaban con despecho por el aire. En aquel momento toda la cobertura de aquella cueva se hab\u00eda trocado como de cristal a trav\u00e9s del cual se divisaba un trozo de cielo y las figuras luminosas de los compa\u00f1eros que se hab\u00edan salvado para siempre.<\/p>\n<p>Y aquellos condenados rechinaban los dientes con envidia feroz, y respiraban afanosamente, porque en vida hab\u00edan hecho a los justos blanco de sus burlas. (<em>Peccator videbit et irascetur: dentibus suis fremet et tabescet<\/em>) (El pecador ver\u00e1 y se irritar\u00e1: dentellar\u00e1 y se deshar\u00e1).<\/p>\n<p>Pregunt\u00e9 al gu\u00eda:<\/p>\n<p>&#8211; Dime, \u00bfpor qu\u00e9 no oigo ni una voz?<\/p>\n<p>&#8211; Ac\u00e9rcate m\u00e1s, me grit\u00f3.<\/p>\n<p>Me aproxim\u00e9 al cristal de la ventana y o\u00ed c\u00f3mo unos gritaban y lloraban entre horribles contorsiones; otros blasfemaban e imprecaban a los santos. Era un tumulto de voces y gritos estridentes y confusos, por lo que pregunt\u00e9 a mi amigo:<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&#8211; \u00bfQu\u00e9 es lo que dicen? \u00bfQu\u00e9 es lo que gritan?<\/p>\n<p>Y \u00e9l a\u00f1adi\u00f3:<\/p>\n<p>&#8211; Al recordar la suerte de sus buenos compa\u00f1eros se ven obligados a confesar: <em>Nos insensati! Vitam illorum aestimabamus insaniam et finem illorum sine honore. Ecce quomodo computati sunt inter filios Dei et inter sanctos sors illorum est. Ergo erravimus a via veritatis<\/em> (\u00edInsensatos de nosotros! Ten\u00edamos su vida por locura y sin honor su fin, y he aqu\u00ed que fueron contados entre los hijos de Dios y su suerte est\u00e1 entre los santos. Luego nos desviamos del camino de la verdad). Por eso gritan: <em>Lassati sumus in via iniquitatis et perditionis. <\/em><em>Erravimus per vias difficiles, viam autem Domini ignoravimus. Quid nobis profuit superbia? <\/em><em>Transierunt omnia illa tamquam umbra<\/em> (Hemos sido dejados en el camino de la iniquidad y la perdici\u00f3n. Caminamos por caminos dif\u00edciles, pero ignoramos el camino del Se\u00f1or. \u00bbDe qu\u00e9 nos aprovech\u00f3 la soberbia? Todo aquello pas\u00f3 como una sombra). Estos son los c\u00e1nticos l\u00fagubres que resonar\u00e1n aqu\u00ed por toda la eternidad. Pero son gritos in\u00fatiles, esfuerzos in\u00fatiles, llantos in\u00fatiles. \u00a1<em>Omnis dolor irruet super eos<\/em>! (\u00a1Todo dolor caer\u00e1 sobre ellos!). Aqu\u00ed no cuenta el tiempo, aqu\u00ed s\u00f3lo impera la eternidad.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Mientras lleno de horror contemplaba el estado de muchos de mis j\u00f3venes, de pronto floreci\u00f3 una idea en mi mente.<\/p>\n<p>&#8211; \u00bfC\u00f3mo es posible, dije, que los que se encuentran aqu\u00ed est\u00e9n todos condenados? Esos j\u00f3venes estaban a\u00fan vivos en el Oratorio ayer por la noche.<\/p>\n<p>Y el gu\u00eda me contest\u00f3:<\/p>\n<p>&#8211; Todos los que ves aqu\u00ed, est\u00e1n muertos a la gracia de Dios y si ahora les sorprendiera la muerte y continuasen obrando como al presente, se condenar\u00edan. Pero no perdamos tiempo: prosigamos adelante.<\/p>\n<p>Y me alej\u00f3 de aquel lugar por un corredor que descend\u00eda a un profundo subterr\u00e1neo conduci\u00e9ndome a otro a\u00fan m\u00e1s bajo, en cuya entrada se le\u00edan estas palabras: <em>Vermis eorum non moritur, et ignis non extinguitur&#8230; <\/em><em>Dabit Dominus omnipotens ignem et vermes in carnes eorum, ut urantur et sentiant usque in sempiternum<\/em> (Judit, XVI, 21). (Su gusano no muere y el fuego no se apaga&#8230; Meter\u00e1 el Se\u00f1or omnipotente fuego y gusanos en sus carnes, y llorar\u00e1n penando eternamente). Aqu\u00ed se ve\u00edan los atroces remordimientos de los que fueron educados en nuestras casas.<\/p>\n<p><em>\u00a0<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <\/em>El recuerdo de todos y cada uno de los pecados no perdonados y de la justa condenaci\u00f3n; de haber tenido mil medios, y aun extraordinarios, para convertirse al Se\u00f1or, para perseverar en el bien, para ganarse el Para\u00edso. El recuerdo de tas gracias prometidas, ofrecidas y hechas por Mar\u00eda Sant\u00edsima y no correspondidas. \u00a1El haberse podido salvar a costa de un peque\u00f1o sacrificio y, en cambio, estar condenado para siempre! \u00a1Recordad tantos buenos prop\u00f3sitos hechos y no mantenidos! \u00a1Ah! De buenas intenciones ineficaces est\u00e1 lleno el infierno, dice el proverbio.<\/p>\n<p>Ya all\u00ed volv\u00ed a contemplar a todos los j\u00f3venes del Oratorio que hab\u00eda visto poco antes en el horno, algunos de los cuales me est\u00e1n escuchando ahora, otros que estuvieron aqu\u00ed con nosotros y otros muchos que yo no conoc\u00eda. Me adelant\u00e9 y observ\u00e9 que todos estaban cubiertos de gusanos y asquerosos insectos que les devoraban y consum\u00edan el coraz\u00f3n, los ojos, las manos, las piernas, los brazos, todo, y tan lastimosamente que no hay palabras para explicarlo. Permanec\u00edan inm\u00f3viles, expuestos a toda suerte de molestias, sin poderse librar de ellas en modo alguno. Yo avanc\u00e9 un poco m\u00e1s y me acerqu\u00e9 para que me viesen, con la esperanza de poderles hablar y de que me dijesen algo, pero ninguno me dirig\u00eda la palabra ni me miraba. Pregunt\u00e9 entonces al gu\u00eda la causa de esto y me respondi\u00f3 que en el otro mundo no hay libertad para los condenados; cada uno soporta el castigo que Dios le impone sin variaci\u00f3n alguna y no puede ser de otra manera. Y a\u00f1adi\u00f3:<\/p>\n<p>&#8211; Ahora es necesario que vayas a esa regi\u00f3n de fuego que acabas de contemplar.<\/p>\n<p>&#8211; \u00a1No, no!, repliqu\u00e9 aterrado. Para ir al infierno es necesario pasar antes por el juicio, y yo no he sido juzgado a\u00fan. \u00a1Por tanto no quiero ir al infierno!<\/p>\n<p>&#8211; Dime, observ\u00f3 mi amigo; \u00bfqu\u00e9 te parece mejor: ir al infierno y libertar a tus j\u00f3venes o permanecer fuera de \u00e9l abandon\u00e1ndolos en medio de tantos tormentos?<\/p>\n<p>Desconcertado ante aquella propuesta, respond\u00ed:<\/p>\n<p>&#8211; \u00a1Oh, yo quiero mucho a mis j\u00f3venes y deseo que todos se salven! \u00bfPero, no podr\u00edamos hacer de manera que no tuvi\u00e9semos que ir ah\u00ed dentro ni yo ni los dem\u00e1s?<\/p>\n<p>&#8211; Bien, contest\u00f3 mi amigo, a\u00fan est\u00e1s a tiempo, como tambi\u00e9n lo est\u00e1n ellos, con tal de que t\u00fa hagas cuanto puedas.<\/p>\n<p>Mi coraz\u00f3n se ensanch\u00f3 y dije para m\u00ed: no me importa el trabajo, con tal de que pueda librar a mis queridos hijos de tantos tormentos.<\/p>\n<p>&#8211; Ven, pues, adentro; continu\u00f3 el gu\u00eda, y observa la bondad y la omnipotencia de Dios, que amorosamente pone en juego mil medios<\/p>\n<p>para inducir a penitencia a tus j\u00f3venes y salvarlos de la muerte eterna.<\/p>\n<p>Y tom\u00e1ndome de la mano me introdujo en la caverna. Apenas puse el pie en ella me encontr\u00e9 de improviso transportado a una sala magn\u00edfica con puertas de cristal. Sobre \u00e9stas, a regular distancia, pend\u00edan unos largos velos que cubr\u00edan otros tantos huecos que comunicaban con la caverna.<\/p>\n<p>El gu\u00eda me se\u00f1al\u00f3 uno de aquellos velos sobre el cual se ve\u00eda escrito: Sexto Mandamiento y exclam\u00f3:<\/p>\n<p>&#8211; La falta contra este Mandamiento: he aqu\u00ed la causa de la ruina eterna de tantos muchachos. -Pero \u00bfno se han confesado?<\/p>\n<p>&#8211; Se han confesado, pero las culpas contra la bella virtud las han confesado mal o las han callado a prop\u00f3sito. Por ejemplo: uno que cometi\u00f3 cuatro o cinco pecados de esta clase, dijo que s\u00f3lo hab\u00eda faltado dos o tres veces. Hay algunos que cometieron un pecado impuro en la ni\u00f1ez y sintieron siempre verg\u00fcenza de confesarlo, o lo confesaron mal y no lo dijeron todo. Otros no tuvieron el dolor y el prop\u00f3sito. Algunos incluso, en lugar de hacer el examen, estudiaron la manera de enga\u00f1ar al confesor. Y el que muere con tal resoluci\u00f3n lo \u00fanico que consigue es contarse en el n\u00famero de los r\u00e9probos para toda la eternidad. Solamente los que, arrepentidos de coraz\u00f3n, mueren con la esperanza de la eterna salvaci\u00f3n, ser\u00e1n eternamente felices. \u00bfQuieres ver ahora por qu\u00e9 te ha conducido hasta aqu\u00ed la misericordia de Dios? Levant\u00f3 el velo y vi un grupo de j\u00f3venes del Oratorio a todos los cuales conoc\u00eda, condenados por esta culpa. Entre ellos hab\u00eda algunos que ahora, en apariencia, observan buena conducta.<\/p>\n<p>&#8211; Al menos ahora, le supliqu\u00e9, \u00bfme dejar\u00e1s escribir los nombres de esos j\u00f3venes para poder avisarles en particular?<\/p>\n<p>&#8211; No hace falta, me respondi\u00f3.<\/p>\n<p>&#8211; Entonces, \u00bfqu\u00e9 les debo decir?<\/p>\n<p>&#8211; Predica en todas partes contra la inmodestia. Basta avisarles de una manera general y no olvides que, aunque lo hicieras particularmente, te har\u00edan mil promesas, pero no siempre sinceramente. Para conseguir un prop\u00f3sito decidido se necesita la gracia de Dios, la cual no faltar\u00e1 nunca a tus j\u00f3venes si ellos se la piden. Dios es tan bueno que manifiesta especialmente su poder en compadecer y en perdonar. Oraci\u00f3n y sacrificio, pues, por tu parte. Y los j\u00f3venes, que escuchen tus amonestaciones, que pregunten a su conciencia y ella les sugerir\u00e1 lo que deben hacer. Y seguidamente hablamos por espacio de casi media hora sobre las condiciones necesarias para hacer una buena confesi\u00f3n. El gu\u00eda repiti\u00f3 despu\u00e9s varias veces en voz alta:<\/p>\n<p>&#8211; <em>Avertere<\/em>!&#8230; <em>Avertere<\/em>! (\u00edApartar!&#8230; \u00edApartar!) &#8211; \u00bfQu\u00e9 quieres decir con esa exclamaci\u00f3n?<\/p>\n<p>&#8211; \u00a1Que cambien de vida!&#8230; \u00a1Que cambien de vida!<\/p>\n<p>Yo, confundido ante aquella revelaci\u00f3n, inclin\u00e9 la cabeza y estaba para retirarme, cuando \u00e9l me volvi\u00f3 a llamar y me dijo:<\/p>\n<p>&#8211; Todav\u00eda no lo has visto todo.<\/p>\n<p>Y, volvi\u00e9ndose hacia otra parte, levant\u00f3 otro gran velo sobre el cual estaba escrito: <em>Qui volunt divites fieri, incidunt in tentationem et laqueum diaboli<\/em>. (Los que quieren hacerse ricos, caen en la tentaci\u00f3n y en el lazo del demonio). Lo le\u00ed y dije: -Esto no interesa a mis j\u00f3venes, porque son pobres, como yo; nosotros no somos ricos ni buscamos las riquezas. \u00a1Ni siquiera nos pasan por la imaginaci\u00f3n!<\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <\/em>Al correr el velo vi al fondo cierto n\u00famero de j\u00f3venes, todos conocidos, que sufr\u00edan como los primeros que contempl\u00e9, y el gu\u00eda, se\u00f1al\u00e1ndolos, me respondi\u00f3:<\/p>\n<p>&#8211; S\u00ed, tambi\u00e9n interesa esa inscripci\u00f3n a tus muchachos. -Expl\u00edcame entonces el significado del t\u00e9rmino divites (ricos).<\/p>\n<p>Y sigui\u00f3 \u00e9l diciendo:<\/p>\n<p>&#8211; Por ejemplo, algunos de tus j\u00f3venes tienen el coraz\u00f3n apegado a un objeto material, de forma que este afecto desordenado les aparta del amor a Dios, faltando, por tanto, a la piedad y a la mansedumbre. No s\u00f3lo se puede pervertir el coraz\u00f3n con el uso de las riquezas, sino tambi\u00e9n con el deseo de las mismas, tanto m\u00e1s si este deseo va contra la justicia. Tus j\u00f3venes son pobres; pero has de saber que la gula y el ocio son malos consejeros. Hay algunos que en el propio pueblo se hicieron culpables de hurtos considerables y, a pesar de que pueden hacerlo, no piensan en restituir.<\/p>\n<p>Hay quien piensa abrir la despensa con ganz\u00faas; y quien intenta penetrar en las dependencias del Prefecto o del Ec\u00f3nomo; quien registra los es de los compa\u00f1eros para apoderarse de comestibles, dinero u otros objetos; quien hace acopio de cuadernos y de libros para su uso&#8230;<\/p>\n<p>Me dijo el nombre de \u00e9stos y de otros m\u00e1s, y continu\u00f3:<\/p>\n<p>&#8211; Algunos se encuentran aqu\u00ed por haberse apropiado prendas de vestir, ropa blanca, cubrecamas y capas que pertenec\u00edan al Oratorio, para enviarlas a sus casas. Algunos, por alg\u00fan otro da\u00f1o grave, ocasionado voluntariamente y no reparado. Otros por no haber restituido objetos y cosas que les hab\u00edan prestado, y alguno por haber retenido dinero que se le hab\u00eda confiado para que lo entregase al Superior:<\/p>\n<p>Y concluy\u00f3 diciendo:<\/p>\n<p>&#8211; Y puesto que te fueron indicados estos tales, av\u00edsales, diles que desechen los deseos in\u00fatiles y nocivos; que sean obedientes a la ley de Dios y celosos del propio honor; de otra forma la codicia los llevar\u00e1 a mayores excesos, que les sumergir\u00e1n en el dolor, la muerte y la perdici\u00f3n.<\/p>\n<p>Yo no me explicaba c\u00f3mo por ciertas cosas, a las que nuestros j\u00f3venes daban tan poca importancia, tuviesen aparejados castigos tan terribles. Pero el amigo interrumpi\u00f3 mis reflexiones, dici\u00e9ndome:<\/p>\n<p>&#8211; Recuerda lo que se te dijo cuando contemplabas aquellos racimos de la vid echados a perder. Y levant\u00f3 otro velo que ocultaba a muchos otros de nuestros j\u00f3venes, a los que conoc\u00ed inmediatamente y que est\u00e1n en el Oratorio. Sobre aquel velo estaba escrito: <em>Radix omnium malorum<\/em> (Ra\u00edz de todos los males). E inmediatamente me pregunt\u00f3:<\/p>\n<p>&#8211; \u00bfSabes qu\u00e9 significa esto? \u00bfCu\u00e1l es el pecado designado con esta inscripci\u00f3n?<\/p>\n<p>&#8211; Me parece que debe ser la soberbia.<\/p>\n<p>&#8211; No, me respondi\u00f3.<\/p>\n<p>&#8211; Pues yo siempre he o\u00eddo decir que la soberbia es la ra\u00edz de todos los pecados.<\/p>\n<p>&#8211; S\u00ed; en general se dice que es la soberbia; pero en particular, \u00bfsabes qu\u00e9 fue lo que hizo caer a Ad\u00e1n y Eva en el primer pecado, por el que fueron arrojados del Para\u00edso terrenal?<\/p>\n<p>&#8211; La desobediencia.<\/p>\n<p>&#8211; Cierto; la desobediencia es la ra\u00edz de todos los males.<\/p>\n<p>&#8211; \u00bfQu\u00e9 debo decir a mis j\u00f3venes sobre esto?<\/p>\n<p>&#8211; Presta atenci\u00f3n. Esos j\u00f3venes que ves aqu\u00ed son los desobedientes que se est\u00e1n preparando un fin tan lastimoso. Esos tales y esos cuales que t\u00fa crees se han ido a descansar y, en cambio, de noche se bajan a pasear por el patio, sin preocuparse de las prohibiciones del reglamento; van a lugares peligrosos, suben por los andamios de las obras en construcci\u00f3n poniendo en peligro incluso la propia vida. Algunos, pese a las normas de los reglamentos, van a la iglesia, pero no est\u00e1n en ella como deben; en vez de rezar, est\u00e1n pensando en otras cosas y se entretienen en fabricar castillos en el aire; otros estorban a los dem\u00e1s. Hay quienes s\u00f3lo se preocupan de apoyarse y buscar una posici\u00f3n c\u00f3moda para poder dormir durante el tiempo de las funciones sagradas; otros, t\u00fa crees que van a la iglesia y, en cambio, no aparecen por ella. \u00a1Ay del que descuida la oraci\u00f3n! \u00a1El que no reza se condena! Hay aqu\u00ed algunos que, en vez de cantar las divinas alabanzas y el oficio de la Virgen Mar\u00eda, se entretienen en leer libros nada piadosos y otros, cosa verdaderamente vergonzosa, hasta leen libros prohibidos.<\/p>\n<p>Y sigui\u00f3 enumerando otras faltas contra el reglamento, origen de graves des\u00f3rdenes.<\/p>\n<p>\u00bfCu\u00e1ndo hubo terminado, le mir\u00e9 conmovido a la cara; \u00e9l clav\u00f3 sus ojos en m\u00ed y yo le dije:-\u00bbPuedo referir todas estas cosas a mis muchachos?-S\u00ed, puedes decirles cuanto recuerdes.-\u00bbY qu\u00e9 consejo he de darles para que no les sucedan tan grandes desgracias?-Debes insistir en que la obediencia a Dios, a la Iglesia, a los padres y a los superiores, a\u00fan en las cosas peque\u00f1as, los salvar\u00e1.-\u00bbY qu\u00e9 m\u00e1s?-Les dir\u00e1s que eviten el ocio, que fue el origen del pecado de David: inc\u00falcales que est\u00e9n siempre ocupados, pues as\u00ed el demonio no tendr\u00e1 tiempo para tentarlos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Inclin\u00e9 la cabeza y se lo promet\u00ed. Me encontraba tan turbado que dije al amigo:<\/p>\n<p>&#8211; Te agradezco la caridad que has tenido conmigo y te ruego que me hagas salir de aqu\u00ed.<\/p>\n<p>Y entonces \u00e9l dijo: &#8211; \u00a1Ven conmigo! Y anim\u00e1ndome, me tom\u00f3 de la mano y me sostuvo en pie, porque me encontraba agotado. Al salir de la sala, y despu\u00e9s de atravesar en un momento el h\u00f3rrido patio y el largo corredor de entrada, antes de trasponer el umbral de la \u00faltima puerta de bronce, se volvi\u00f3 de nuevo a m\u00ed y exclam\u00f3:<\/p>\n<p>&#8211; Ahora que has visto los tormentos de los dem\u00e1s, es necesario que pruebes un poco lo que se sufre en el infierno.<\/p>\n<p>&#8211; \u00a1No, no!, grit\u00e9 horrorizado.<\/p>\n<p>El insist\u00eda y yo me negaba siempre.<\/p>\n<p>&#8211; No temas, me dijo; prueba solamente, toca este muro.<\/p>\n<p>Me faltaba valor para hacerlo y quer\u00eda alejarme, pero \u00e9l me detuvo insistiendo:<\/p>\n<p>&#8211; A pesar de todo, es necesario que lo pruebes.<\/p>\n<p>Y, aferr\u00e1ndome resueltamente por un brazo, me acerc\u00f3 al muro mientras dec\u00eda:<\/p>\n<p>&#8211; T\u00f3calo una vez al menos, para que puedas decir que estuviste visitando las murallas de los suplicios eternos y para que puedas comprender cu\u00e1n terrible ser\u00e1 la \u00faltima, si as\u00ed es la primera. \u00bfVes esa muralla?<\/p>\n<p>Me fij\u00e9 atentamente y pude comprobar que aquel muro era de espesor colosal.<\/p>\n<p>El gu\u00eda prosigui\u00f3:<\/p>\n<p>&#8211; Es el mil\u00e9simo primero antes de llegar a donde est\u00e1 el verdadero fuego del infierno. Mil muros m\u00e1s lo rodean. Cada uno tiene mil medidas de espesor y de distancia del uno al otro, y cada medida es de mil millas; \u00e9ste est\u00e1 a un mill\u00f3n de millas del verdadero fuego del infierno y por eso apenas es un m\u00ednimo principio del infierno mismo.<\/p>\n<p>Al decir esto, y como yo me echase atr\u00e1s para no tocar, me agarr\u00f3 la mano, me la abri\u00f3 con fuerza y me hizo golpear sobre la piedra de aquel mil\u00e9simo muro. En aquel instante sent\u00ed una quemadura tan intensa y dolorosa que, saltando hacia atr\u00e1s y lanzando un grito agud\u00edsimo, me despert\u00e9. Me encontr\u00e9 sentado en la cama y me parec\u00eda que me ard\u00eda la mano. La restregaba contra la otra para aliviarme de aquella sensaci\u00f3n. Al hacerse de d\u00eda, pude comprobar que mi mano, en realidad, estaba hinchada, y la impresi\u00f3n imaginaria de aquel fuego me afect\u00f3 tanto que cambi\u00e9 la piel de la palma de la mano derecha.<\/p>\n<p>Tened presente que no os he contado las cosas con toda su horrible crueldad, ni tal como las vi y de la forma que me impresionaron, para no causar en vosotros demasiado espanto. Nosotros sabemos que el Se\u00f1or no nombr\u00f3 jam\u00e1s el infierno sino vali\u00e9ndose de s\u00edmbolos, porque, aunque nos lo hubiera descrito como es, nada hubi\u00e9ramos entendido. Ning\u00fan mortal puede comprender estas cosas. El Se\u00f1or las conoce y las puede manifestar a quien quiere.<\/p>\n<p>Durante muchas noches consecutivas, y siempre presa de la mayor turbaci\u00f3n, no pude dormir a causa del espanto que se hab\u00eda apoderado de mi \u00e1nimo. Os he contado solamente el resumen de lo que he visto en sue\u00f1os de mucha duraci\u00f3n; puede decirse que de todos ellos os he hecho un breve compendio. M\u00e1s adelante os hablar\u00e9 sobre el respeto humano, y de cuanto se relaciona con el sexto y s\u00e9ptimo Mandamiento y con la soberbia. No har\u00e9 otra cosa m\u00e1s que explicar estos sue\u00f1os, pues est\u00e1n de acuerdo con la Sagrada Escritura, a\u00fan m\u00e1s, no son m\u00e1s que un simple comentario de cuanto en ella se lee respecto a esta materia. Durante estas noches os he contado ya algo, pero, de cuando en cuando, vendr\u00e9 a hablaros y os narrar\u00e9 lo que falta, d\u00e1ndoos la explicaci\u00f3n consiguiente.<\/p>\n<p>Tal como lo prometi\u00f3, lo hizo. Seguidamente expuso este mismo sue\u00f1o a los j\u00f3venes de Mirabello y de Lanzo, pero resumiendo la narraci\u00f3n. Repiti\u00f3 cuanto hab\u00eda visto sin hacer cambios notables, aunque no faltaban algunas variantes. Al narrarlo privadamente a sus sacerdotes y cl\u00e9rigos de m\u00e1s confianza, a\u00f1ad\u00eda alg\u00fan detalle m\u00e1s. En ocasiones omit\u00eda algunas cosas y pon\u00eda de manifiesto otras. En la descripci\u00f3n de los lazos introdujo una nueva idea sobre la argucia del demonio y su manera de arrastrar a los j\u00f3venes hacia el infierno, hablando de las malas costumbres. De muchas escenas no dio explicaci\u00f3n: por ejemplo, de los personajes de agradable aspecto que se encontraban en la sala magn\u00edfica y que nosotros nos atrever\u00edamos a decir que simbolizan: El tesoro de la misericordia de Dios para salvar a los j\u00f3venes, que de otra manera habr\u00edan perecido. Tal vez eran los principales ministros de innumerables gracias.<\/p>\n<p>Ciertas variantes proven\u00edan de la multiplicidad de las cosas vistas al mismo tiempo, las cuales, al reproducirse en su imaginaci\u00f3n, le hac\u00edan escoger lo que el siervo de Dios juzgaba m\u00e1s oportuno para sus oyentes. Por lo dem\u00e1s, la meditaci\u00f3n de los nov\u00edsimos era algo familiar en don Bosco, y, como fruto de ella, su coraz\u00f3n se encend\u00eda en una viv\u00edsima compasi\u00f3n hacia los pobres pecadores amenazados por el peligro de una eternidad tan horrible. Este sentimiento de caridad le hac\u00eda sobreponerse al respeto humano, invitando a la penitencia con una prudente franqueza incluso a personajes distinguidos, siendo de tal eficacia sus palabras que consegu\u00eda numerosas conversiones.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Nosotros hemos ofrecido fielmente aqu\u00ed cuanto escuchamos de labios del mismo Siervo de Dios y cuanto nos refirieron de viva voz o por escrito numerosos testigos sacerdotes, formando con el conjunto una sola narraci\u00f3n. Ha sido un trabajo arduo, porque dese\u00e1bamos reproducir con exactitud matem\u00e1tica cada una de las palabras, cada uni\u00f3n de una escena con otra, el orden de los diferentes hechos, avisos, reproches, y todas las ideas expuestas y no explicadas, entre las cuales no faltar\u00e1 alguna de las que se dejan sobreentender. \u00bfHemos conseguido nuestro prop\u00f3sito?<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Podemos asegurar a los lectores que hemos buscado una sola cosa con la mayor diligencia, a saber: la de exponer con toda la fidelidad posible las largas charlas de don Bosco.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>(MB IT X, 166-182 \/ MB ES IX, 169-183)<\/em><\/p>\n<p>1<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El Viaje a la ciudad del fuego es uno de los \u00absue\u00f1os\u00bb m\u00e1s famosos de&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":18,"featured_media":55428,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"iawp_total_views":3,"footnotes":""},"categories":[28],"tags":[2662,2558,1768,2664,2665,1984],"class_list":["post-55439","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-sin-categoria","tag-carisma-salesiana","tag-dios","tag-don-bosco","tag-salesiani","tag-santi","tag-suenos"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/55439","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/18"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=55439"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/55439\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":55440,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/55439\/revisions\/55440"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/55428"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=55439"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=55439"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=55439"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}