{"id":55283,"date":"2026-10-15T13:26:29","date_gmt":"2026-10-15T13:26:29","guid":{"rendered":"https:\/\/www.donbosco.press\/?p=55283"},"modified":"2026-10-15T13:29:12","modified_gmt":"2026-10-15T13:29:12","slug":"conocemos-a-don-bosco-18-pietro-giuseppe-enria-y-sus-memorias","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/sin-categoria\/conocemos-a-don-bosco-18-pietro-giuseppe-enria-y-sus-memorias\/","title":{"rendered":"Conocemos a don Bosco (18). Pietro Giuseppe Enria y sus memorias"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: center;\"><em>Sr. Pietro Giuseppe ENRIA, sdb, (20.06.1841-21.06.1898) enfermero de Don Bosco<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em><i>Las memorias del coadjutor Pietro Enria constituyen una fuente de gran relevancia para el conocimiento de las \u00faltimas d\u00e9cadas de la vida de don Bosco. Hu\u00e9rfano a causa del c\u00f3lera, fue acogido en el Oratorio en 1854 junto a un hermano y all\u00ed permaneci\u00f3 toda su vida, desempe\u00f1ando los m\u00e1s diversos servicios pr\u00e1cticos y organizativos. Dotado de una gran disponibilidad, se convirti\u00f3 en uno de los principales colaboradores internos y, sobre todo, en el enfermero de confianza de don Bosco durante las graves enfermedades de los a\u00f1os setenta y ochenta, dejando minuciosos relatos de estas. Asisti\u00f3 al Santo tambi\u00e9n en su \u00faltima enfermedad y testific\u00f3 sobre su santidad en el proceso de beatificaci\u00f3n. Muri\u00f3 en 1898, tras un largo sufrimiento, dejando preciosas memorias autobiogr\u00e1ficas.<\/i><\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em><i>Porque quien lo conoc\u00eda lo amaba.<\/i><\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Las memorias autobiogr\u00e1ficas del coadjutor Pietro Enria, bastante extensas y distribuidas en cinco cuadernos, son las segundas en importancia despu\u00e9s de las de Viglietti como fuente para varios per\u00edodos de la vida de don Bosco, en particular para sus \u00faltimos d\u00edas. El relato comienza evocando las circunstancias en las que, en 1854, don Bosco lo acogi\u00f3 a \u00e9l y a su hermano Giovanni en la <em><i>Casa anexa<\/i><\/em> al Oratorio, tras quedar hu\u00e9rfanos por la epidemia de c\u00f3lera. Concluye con la narraci\u00f3n de los \u00faltimos d\u00edas y la santa muerte de don Bosco, tal como el devoto enfermero los vivi\u00f3 y los recordaba. Esta \u00faltima secci\u00f3n se titula \u00ab1887. La \u00faltima enfermedad de don Bosco\u00bb.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong><b>Apuntes biogr\u00e1ficos<\/b><\/strong><\/p>\n<p>Como \u00e9l mismo cuenta, Pietro Giuseppe Enria (1841-1898) naci\u00f3 en San Benigno Canavese (Tur\u00edn). Ten\u00eda poco m\u00e1s de siete a\u00f1os cuando su madre muri\u00f3 y su padre se volvi\u00f3 a casar. En 1852 la familia emigr\u00f3 a Tur\u00edn y prosper\u00f3 durante un tiempo, hasta que fue golpeada primero por la malaria y luego, en 1854, por el c\u00f3lera, que dej\u00f3 hu\u00e9rfanos a Pietro y a sus hermanos. Fueron acogidos en el orfanato provisional abierto por las Conferencias de San Vicente de Pa\u00fal para los hu\u00e9rfanos del c\u00f3lera. All\u00ed conoci\u00f3 a don Bosco. Enria cuenta de manera conmovedora c\u00f3mo don Bosco lo sac\u00f3 a \u00e9l y a uno de sus hermanos del orfanato y los llev\u00f3 al Oratorio, donde permaneci\u00f3 toda su vida. El Santo primero lo coloc\u00f3 como aprendiz en una herrer\u00eda de la ciudad; luego, en cuanto se crearon los talleres internos, el joven Enria trabaj\u00f3 \u00aben casa\u00bb.<\/p>\n<p>Finalmente, fue empleado en el almac\u00e9n gestionado por el coadjutor Giuseppe Rossi y se convirti\u00f3 en uno de los principales organizadores de las actividades del Oratorio. Instrumentista en la banda, director de escena, cocinero, pintor, etc., Enria era continuamente solicitado por sus habilidades pr\u00e1cticas.<\/p>\n<p>Pero a\u00fan m\u00e1s significativa resulta la asistencia que prest\u00f3 a don Bosco con motivo de las graves enfermedades que lo aquejaron en los a\u00f1os setenta y ochenta. Cuando en 1871 enferm\u00f3 en Varazze, don Bosco solicit\u00f3 expresamente la ayuda de Enria, quien lo asisti\u00f3 durante los dos meses de enfermedad. En las numerosas cartas escritas al coadjutor Giuseppe Buzzetti y a otros, as\u00ed como en sus propias memorias, Enria describe d\u00eda a d\u00eda los s\u00edntomas y las condiciones de su paciente. Sus relatos permiten a los m\u00e9dicos de hoy formular un diagn\u00f3stico preciso de las patolog\u00edas que afligieron a don Bosco.<\/p>\n<p>En abril de 1878, el Santo enferm\u00f3 mientras se alojaba en Sampierdarena, en el instituto donde resid\u00eda Enria, quien una vez m\u00e1s lo asisti\u00f3 durante dos o tres semanas. En oto\u00f1o, Enria form\u00f3 parte del grupo que fund\u00f3 la escuela salesiana \u00abManfredini\u00bb de Este (Padua) y fue all\u00ed donde hizo su profesi\u00f3n religiosa y se convirti\u00f3 de jure en lo que siempre hab\u00eda sido de facto: el salesiano coadjutor Enria.<\/p>\n<p>Pero el servicio m\u00e1s devoto a don Bosco lo prest\u00f3 durante su enfermedad final, y a este per\u00edodo est\u00e1 dedicada la \u00faltima secci\u00f3n de las memorias que escribi\u00f3.<\/p>\n<p>La muerte del padre pareci\u00f3 anticipar el declive del propio hijo. En un ap\u00e9ndice a sus memorias, cuenta que en 1890 se le encomend\u00f3 la tarea de asistir al cl\u00e9rigo salesiano Augusto Czartoryski, que se encontraba en Lugano (Suiza), enfermo de tuberculosis. Enria se sinti\u00f3 extremadamente deprimido y fue afectado por una enfermedad en la columna vertebral. Perdi\u00f3 casi de inmediato el uso de la mano derecha. El personal del hotel lo acost\u00f3. Fue entonces cuando invoc\u00f3 a don Bosco y finalmente se sinti\u00f3 mejor. Sin embargo, para entonces ya era un hombre enfermo. Muri\u00f3 en 1898 a causa de una enfermedad cerebroespinal, entre grandes sufrimientos f\u00edsicos y ps\u00edquicos. No obstante, durante este per\u00edodo rindi\u00f3 a su amado maestro el \u00faltimo servicio: testific\u00f3 en el proceso para su beatificaci\u00f3n y, a petici\u00f3n de don Giovanni Battista Lemoyne, escribi\u00f3 sus propias memorias.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em><i>Sus testimonios est\u00e1n contenidos en el manuscrito del proceso ordinario, copia p\u00fablica, en los folios 982-1043.<\/i><\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u00abConoc\u00ed a Don Bosco en septiembre de 1854 en el convento de los Dominicos, donde se recog\u00eda a los ni\u00f1os que hab\u00edan quedado hu\u00e9rfanos a causa del c\u00f3lera que asolaba (en Tur\u00edn y en Italia). All\u00ed un d\u00eda vino Don Bosco a visitarnos (\u00e9ramos un centenar) acompa\u00f1ado por el director del Orfanato. Yo nunca lo hab\u00eda visto, ten\u00eda un aire risue\u00f1o y lleno de bondad que se hac\u00eda querer incluso antes de hablarle. Sonri\u00f3 a todos, y luego preguntaba el nombre y el apellido, si sab\u00edamos el catecismo&#8230; Finalmente pas\u00f3 cerca de m\u00ed y sent\u00ed que el coraz\u00f3n me lat\u00eda no por temor, sino por el afecto que sent\u00eda hacia \u00e9l. Me pregunt\u00f3 el nombre y el apellido y luego me dijo: \u201c\u00bfQuieres venir conmigo? Seremos siempre buenos amigos hasta que podamos ir al Para\u00edso. \u00bfEst\u00e1s contento?\u201d.<\/p>\n<p>Y yo respond\u00ed: \u201cOh, s\u00ed, se\u00f1or\u201d.<\/p>\n<p>Luego a\u00f1adi\u00f3: \u201c\u00bfY este que est\u00e1 contigo es tu hermano?\u201d.<\/p>\n<p>\u201cS\u00ed, se\u00f1or\u201d, respond\u00ed. \u201cPues bien, vendr\u00e1 tambi\u00e9n \u00e9l\u201d.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong><b>La grav\u00edsima enfermedad de Varazze<\/b><\/strong><\/p>\n<p><em><i>(6 de diciembre de 1871. Mientras se encuentra en la estaci\u00f3n de Varazze, Don Bosco cae al suelo desmayado. Los presentes lo llevan a la casa salesiana dirigida por don Francesia. La enfermedad resulta ser grav\u00edsima. Don Rua env\u00eda desde Valdocco para asistirlo a Pietro Enria. Transcribo su testimonio jurado sobre este suceso).<\/i><\/em><\/p>\n<p>Yo part\u00ed de inmediato, dispuesto a dar mi vida con tal de que Don Bosco recuperara la salud. Don Bosco estaba agradecido por el m\u00e1s m\u00ednimo servicio que le hac\u00eda, y me lo agradec\u00eda de todo coraz\u00f3n. Algunas veces, teniendo que hacerle servicios un poco repugnantes, me dec\u00eda: \u201cMira, Enria, a qu\u00e9 estado he llegado. \u00a1Haz esto por amor de Dios!\u201d.<\/p>\n<p>Y yo le respond\u00eda: \u201c\u00bfPero qu\u00e9 dice, se\u00f1or Don Bosco? No es nada lo que yo hago para corresponderle por lo que ha hecho por m\u00ed y por mis compa\u00f1eros. \u00a1Eh! Usted ha hecho por nosotros servicios mucho m\u00e1s humildes. Nos ha lavado, peinado, ha cosido nuestra ropa, ha hecho por nosotros lo que solo nuestras madres pod\u00edan hacer, y a\u00fan m\u00e1s que ellas. \u00bfY no quiere que le haga estos servicios? \u00a1Cu\u00e1ntos de mis compa\u00f1eros se considerar\u00edan afortunados si pudieran estar en mi lugar!\u201d.<\/p>\n<p>Recib\u00eda de Tur\u00edn cartas llenas de ternura filial. (Giuseppe) Buzzetti, mi compa\u00f1ero, me dec\u00eda: \u201cMira, Enria, nuestro padre est\u00e1 en tus manos, \u00a1ay de ti si no lo asistes bien, tendr\u00e1s que rendir cuentas a Dios! Dile que nosotros rezamos de todo coraz\u00f3n al Se\u00f1or y a Mar\u00eda Auxiliadora para que pronto vuelva entre nosotros con salud\u201d.<\/p>\n<p>Mientras tanto, la enfermedad empeoraba y la fiebre aumentaba cada vez m\u00e1s. La erupci\u00f3n de miliaria (ampollas en la piel) era abundant\u00edsima y le causaba mucho tormento. Pero \u00e9l nunca se quejaba. Sus preocupaciones eran siempre por nosotros, que tem\u00edamos perderlo, y nos dec\u00eda con gran fe: \u201cDios provee a las aves del cielo, por lo tanto, tambi\u00e9n pensar\u00e1 en los pobres hijos del Oratorio\u201d.<\/p>\n<p>Entretanto, desde Tur\u00edn quer\u00edan noticias, y yo no pod\u00eda darlas buenas porque la enfermedad segu\u00eda siendo grave. Muchos j\u00f3venes del Oratorio, como supe despu\u00e9s, hab\u00edan ido a la iglesia al altar de Mar\u00eda Auxiliadora y hab\u00edan ofrecido a Dios su vida por la conservaci\u00f3n de Don Bosco. Al o\u00edr leer estas y otras cartas, Don Bosco llor\u00f3 de consuelo y dijo: \u201c\u00a1Pobres j\u00f3venes, cu\u00e1nto aman a este pobre Don Bosco!\u201d, y me encarg\u00f3 que les diera las gracias.<\/p>\n<p>Don Bosco quiso confesarse con el p\u00e1rroco, y don Francesia <em><i>(director de la casa salesiana)<\/i><\/em> le llev\u00f3 el Sant\u00edsimo Vi\u00e1tico al d\u00eda siguiente. Don Bosco pas\u00f3 aquel d\u00eda en acci\u00f3n de gracias.<\/p>\n<p>Al d\u00eda siguiente, la enfermedad se calm\u00f3 un poco. No se quejaba, y a quien le dec\u00eda: \u201c\u00a1Cu\u00e1nto debe de sufrir!\u201d, respond\u00eda riendo: \u201cYo soy un perezoso y estoy disfrutando de esta cama, y quienes sufren son los que tienen que asistirme\u201d.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong><b>Un muchacho que lloraba<\/b><\/strong><\/p>\n<p>La enfermedad sigui\u00f3 su curso. Don Bosco tuvo que permanecer en cama m\u00e1s de dos meses sin moverse. Ten\u00eda la piel de la espalda rota en varios lugares, y mud\u00f3 toda la piel. Y sin embargo, no emiti\u00f3 una queja y dec\u00eda siempre estar en manos de Dios, dispuesto a hacer su voluntad.<\/p>\n<p>Mientras estaba gravemente enfermo, oy\u00f3 a un muchacho llorar. No pudo resistirse y me dijo enseguida: \u201cHaz el favor, Enria, ve a ver qu\u00e9 le pasa a ese muchacho\u201d. Corr\u00ed, y supe que era un jovencito que lloraba porque se hab\u00eda marchado su madre, que hab\u00eda venido a visitarlo. El coraz\u00f3n de Don Bosco no pod\u00eda soportar que sus j\u00f3venes sufrieran.<\/p>\n<p>Disfrutaba cuando alguien le hablaba de los primeros a\u00f1os del Oratorio. Yo a menudo, mientras estaba enfermo, le hablaba de ello: \u201c\u00bfSe acuerda, Don Bosco, cuando su madre lo rega\u00f1aba porque aceptaba siempre a nuevos muchachos? Ella le dec\u00eda: \u2018T\u00fa siempre aceptas m\u00e1s, pero \u00bfc\u00f3mo se hace para mantenerlos, para vestirlos? En casa no hay nada, \u00a1y empieza a hacer fr\u00edo!\u2019. A m\u00ed me toc\u00f3 dormir varias noches sobre unas pocas hojas con nada m\u00e1s que una peque\u00f1a manta encima. Y por la noche, cuando nosotros est\u00e1bamos en la cama, usted, Don Bosco, y su madre nos remendabais los pantalones y la chaqueta gastada, porque solo ten\u00edamos una\u201d. Don Bosco sonre\u00eda al o\u00edr esto, y dec\u00eda: \u201c\u00a1Cu\u00e1nto ha trabajado mi buena mam\u00e1!&#8230; \u00a1santa mujer!&#8230; \u00a1Pero la Providencia nunca nos ha faltado!\u201d.<\/p>\n<p>El d\u00eda en que Don Bosco se levant\u00f3 de la cama, telegrafi\u00e9 a Tur\u00edn a mi amigo Buzzetti, y se hizo una gran fiesta en el Oratorio, y toc\u00f3 la banda de m\u00fasica.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em><i>Arthur J. LENTI, Don Bosco historia y esp\u00edritu, volumen III, p\u00e1g. 488<\/i><\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Sr. Pietro Giuseppe ENRIA, sdb, (20.06.1841-21.06.1898) enfermero de Don Bosco &nbsp; Las memorias del coadjutor&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":55275,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"iawp_total_views":3,"footnotes":""},"categories":[],"tags":[2662,1768,2663,2664,2665,2666],"class_list":["post-55283","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","tag-carisma-salesiana","tag-don-bosco","tag-grazia","tag-salesiani","tag-santi","tag-testimoni"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/55283","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/5"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=55283"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/55283\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":55284,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/55283\/revisions\/55284"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/55275"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=55283"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=55283"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=55283"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}