{"id":55142,"date":"2026-10-04T08:32:03","date_gmt":"2026-10-04T08:32:03","guid":{"rendered":"https:\/\/www.donbosco.press\/?p=55142"},"modified":"2026-10-04T08:32:21","modified_gmt":"2026-10-04T08:32:21","slug":"don-bosco-y-el-santo-rosario","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/don-bosco\/don-bosco-y-el-santo-rosario\/","title":{"rendered":"Don Bosco y el Santo Rosario"},"content":{"rendered":"<p><em>Octubre es el mes del Rosario, y para don Bosco fue durante mucho tiempo el mes del regreso a casa: durante m\u00e1s de veinte a\u00f1os llev\u00f3 de nuevo a los muchachos del Oratorio a los Becchi para celebrar a la Virgen del Rosario en la capilla que \u00e9l mismo hab\u00eda habilitado en la casa de su hermano. Aquella corona la hab\u00eda aprendido a rezar de rodillas junto a mam\u00e1 Margarita y ya no la abandon\u00f3: la puso en las manos de los j\u00f3venes, en las Constituciones de los salesianos, en sus libros, y la encontramos incluso en sus sue\u00f1os; y a un marqu\u00e9s que la consideraba una p\u00e9rdida de tiempo le respondi\u00f3 que toda su obra estaba fundada en aquella pr\u00e1ctica. Su historia se entrelaza as\u00ed con la de una oraci\u00f3n que los papas han recomendado en diecis\u00e9is enc\u00edclicas, que los santos han ense\u00f1ado en sus escritos y que la Iglesia ha enriquecido con promesas e indulgencias.<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Una corona de rosas, con sus espinas<\/strong><\/p>\n<p>Para comprender qu\u00e9 ten\u00eda don Bosco entre las manos cuando desgranaba las cuentas, conviene empezar por el nombre. \u00ab<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/special\/rosary\/index_rosary_sp.htm\">Rosario<\/a>\u00bb viene del lat\u00edn <em>rosarium<\/em>, que en su origen significaba \u00abrosal\u00bb, \u00abjard\u00edn de rosas\u00bb y, por extensi\u00f3n, tambi\u00e9n \u00abguirnalda\u00bb o \u00abcorona de rosas\u00bb. En la Edad Media la palabra adquiri\u00f3 un significado religioso y simb\u00f3lico, porque las oraciones dirigidas a la Virgen fueron comparadas con rosas espirituales ofrecidas a Mar\u00eda, hasta formar idealmente una corona: una corona muy hermosa que, sin embargo, esconde tambi\u00e9n sus espinas. Antes de que se impusiera el t\u00e9rmino <em>Rosarium<\/em>, por lo dem\u00e1s, esta forma de oraci\u00f3n se llamaba con frecuencia \u00abSalterio de la Virgen\u00bb (<em>Psalterium Beatae Mariae Virginis<\/em>), puesto que las 150 Ave Mar\u00edas correspond\u00edan simb\u00f3licamente a los 150 salmos del Salterio b\u00edblico.<\/p>\n<p>En cuanto a su origen, la tradici\u00f3n eclesial sostiene que fue la propia Virgen quien confi\u00f3 el Rosario a santo Domingo de Guzm\u00e1n (1170-1221), como medio de predicaci\u00f3n y de lucha contra la herej\u00eda albigense; una tradici\u00f3n que Le\u00f3n XIII retom\u00f3 repetidamente, llegando a afirmar que santo Domingo hab\u00eda introducido y difundido esta forma de oraci\u00f3n. Pero la fecha que m\u00e1s que ninguna otra ha marcado su historia es el 7 de octubre de 1571, d\u00eda de la batalla de Lepanto. San P\u00edo V atribuy\u00f3 la victoria de la flota cristiana a la intercesi\u00f3n de Mar\u00eda, invocada en aquellas horas por las cofrad\u00edas del Rosario; y a ra\u00edz de aquel acontecimiento el 7 de octubre se convirti\u00f3 en la fiesta del Rosario y la Sant\u00edsima Virgen fue invocada con el t\u00edtulo de Auxilio de los cristianos, <em>Auxilium Christianorum<\/em>.<\/p>\n<p>Es un detalle que un lector salesiano no puede pasar por alto. Los dos t\u00edtulos marianos que marcaron la vida de don Bosco, la Virgen del Rosario venerada en los Becchi y la Auxiliadora de Valdocco, nacen de hecho del mismo d\u00eda y de la misma victoria; y don Bosco era muy consciente de ello, hasta el punto de que en 1868, al publicar con motivo de la consagraci\u00f3n del santuario de Tur\u00edn las <em>Maraviglie della Madre di Dio invocata sotto il titolo di Maria Ausiliatrice<\/em>, dedic\u00f3 un cap\u00edtulo precisamente a la batalla de Lepanto. No sorprende, pues, que quisiera celebrar siempre con solemnidad la fiesta del Rosario y que durante a\u00f1os lo hiciera yendo en peregrinaci\u00f3n, con los muchachos del Oratorio, a su lugar de nacimiento. Sin embargo, para comprender las razones de tanta fidelidad hay que remontarse todav\u00eda m\u00e1s atr\u00e1s, hasta la cocina de una casa campesina.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>De la cocina de los Becchi a la capilla del Rosario<\/strong><\/p>\n<p>En efecto, Giovanni Bosco aprendi\u00f3 el Rosario antes incluso de saber leer. Hu\u00e9rfano de padre cuando a\u00fan no hab\u00eda cumplido dos a\u00f1os, creci\u00f3 en una familia en la que la jornada comenzaba y terminaba de rodillas, como \u00e9l mismo cuenta en las <em>Memorias del Oratorio<\/em> al hablar de su madre: \u00abMientras fui peque\u00f1o, ella misma me ense\u00f1\u00f3 las oraciones; apenas fui capaz de reunirme con mis hermanos, me hac\u00eda ponerme con ellos de rodillas por la ma\u00f1ana y por la noche, y todos juntos rez\u00e1bamos las oraciones en com\u00fan con la tercera parte del Rosario\u00bb. La \u00abtercera parte\u00bb, es decir, una corona de cinco decenas, era la medida cotidiana de la piedad popular piamontesa, y as\u00ed seguir\u00eda siendo para don Bosco durante toda su vida.<\/p>\n<p>Lo que hab\u00eda recibido en casa, el muchacho pronto comenz\u00f3 a d\u00e1rselo a los dem\u00e1s. A los diez u once a\u00f1os, en los d\u00edas de fiesta, tend\u00eda una cuerda entre dos \u00e1rboles del prado de los Becchi, preparaba la mesita de los juegos de prestidigitaci\u00f3n y reun\u00eda a los vecinos; pero antes del espect\u00e1culo pon\u00eda una condici\u00f3n, que las <em>Memorias<\/em> recuerdan as\u00ed: \u00abCuando todo estaba preparado y todos esperaban ansiosos admirar alguna novedad, entonces los invitaba a todos a rezar la tercera parte del Rosario, despu\u00e9s de lo cual se cantaba una alabanza sagrada\u00bb. Solo despu\u00e9s ven\u00edan el serm\u00f3n repetido de memoria, los saltos y la danza sobre la cuerda. Mirado con atenci\u00f3n, en aquel prado ya est\u00e1 el Oratorio: el juego que atrae a los muchachos y la oraci\u00f3n que los mantiene unidos.<\/p>\n<p>Ya sacerdote y puesta en marcha la obra de Valdocco, don Bosco quiso llevar de nuevo el Rosario precisamente all\u00ed donde lo hab\u00eda aprendido. En 1848, con el benepl\u00e1cito de la curia de Tur\u00edn, transform\u00f3 en capilla una habitaci\u00f3n de la planta baja de la casa de su hermano Jos\u00e9 y la dedic\u00f3 a la Virgen del Rosario: inaugurada en octubre de aquel a\u00f1o, fue el primer lugar de culto mariano querido por \u00e9l, veinte a\u00f1os antes de la bas\u00edlica de Mar\u00eda Auxiliadora. Desde entonces y hasta 1869, la fiesta del Rosario se celebr\u00f3 all\u00ed cada a\u00f1o, con la banda y los cantores de Valdocco; los muchachos llegaban desde Tur\u00edn, hu\u00e9spedes de Jos\u00e9, que pon\u00eda a su disposici\u00f3n la casa y el granero, y a partir de la fiesta comenzaban despu\u00e9s los c\u00e9lebres paseos oto\u00f1ales por las colinas del Monferrato.<\/p>\n<p>La peque\u00f1a capilla se convirti\u00f3 as\u00ed en el centro devocional de la aldea y en la meta de una verdadera peregrinaci\u00f3n anual; pero fue tambi\u00e9n testigo de algunas p\u00e1ginas decisivas de la historia salesiana. Precisamente all\u00ed, el 3 de octubre de 1852, d\u00eda de la fiesta, recibieron el h\u00e1bito clerical Miguel Rua, que ser\u00eda el primer sucesor de don Bosco, y Jos\u00e9 Rocchietti; y en los Becchi, el 2 de octubre de 1854, al d\u00eda siguiente de la fiesta, don Bosco encontr\u00f3 por primera vez a un muchacho de doce a\u00f1os, Domingo Savio, que en los oto\u00f1os siguientes volver\u00eda varias veces a rezar en aquella capilla.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>\u00abSobre esta est\u00e1 fundada mi instituci\u00f3n\u00bb<\/strong><\/p>\n<p>Si en los Becchi el Rosario era la fiesta de un d\u00eda, en Valdocco era el aliento de cada d\u00eda. Don Lemoyne, al recoger los testimonios de quienes hab\u00edan conocido a Giovanni de ni\u00f1o, observa que \u00abel santo Rosario deb\u00eda de serle familiar, porque desde los primeros tiempos del Oratorio hasta los \u00faltimos a\u00f1os de su existencia quiso que, indefectiblemente, todos los j\u00f3venes lo rezaran todos los d\u00edas: nunca admiti\u00f3 que pudiera existir una causa que dispensara a una comunidad de su recitaci\u00f3n\u00bb (MB I, 90). A los muchachos del oratorio festivo les hac\u00eda rezar una tercera parte todos los d\u00edas de fiesta, \u00abexhortando con fervor a sus j\u00f3venes a continuar, si pod\u00edan, esta piadosa pr\u00e1ctica todos los d\u00edas de la semana en sus casas\u00bb (MB III, 16); y una vez al a\u00f1o, la tarde de Todos los Santos, se rezaba el Rosario entero en sufragio de las almas del purgatorio, con don Bosco arrodillado en el presbiterio y a menudo dirigiendo la oraci\u00f3n.<\/p>\n<p>Hasta qu\u00e9 punto le importaba esta pr\u00e1ctica lo revela un episodio de febrero de 1848. El marqu\u00e9s Roberto d\u2019Azeglio, senador del Reino y amigo personal de Carlos Alberto, visit\u00f3 el Oratorio y sali\u00f3 admirado, con una sola reserva: le parec\u00eda tiempo perdido el empleado en rezar el Rosario y aconsej\u00f3 a don Bosco que dejara \u00abaquella antigualla de 50 Ave Mar\u00edas ensartadas una tras otra\u00bb. La respuesta se hizo c\u00e9lebre: \u00abPues bien, yo tengo mucho apego a esta pr\u00e1ctica; y podr\u00eda decir que sobre ella est\u00e1 fundada mi instituci\u00f3n; estar\u00eda dispuesto a dejar muchas otras cosas, incluso importantes, pero no esta\u00bb. Y, con el valor que le era propio, a\u00f1adi\u00f3: \u00abY tambi\u00e9n, si fuera necesario, estar\u00eda dispuesto a renunciar a su preciosa amistad, pero nunca al rezo del Santo Rosario\u00bb (MB III, 294).<\/p>\n<p>No era obstinaci\u00f3n, ni tampoco apego a una costumbre. En aquellas cincuenta Ave Mar\u00edas \u00abensartadas\u00bb don Bosco ve\u00eda el Evangelio puesto en las manos de los pobres, es decir, los misterios de la vida de Cristo contemplados junto con Mar\u00eda por muchachos que a menudo no sab\u00edan leer; y por eso no se limit\u00f3 a defender el Rosario, sino que emple\u00f3 todos los medios para difundirlo. Lo hizo ante todo mediante la imprenta: en el <em>Giovane provveduto<\/em> de 1847, el manual de oraci\u00f3n que tuvo m\u00e1s de cien ediciones mientras \u00e9l a\u00fan viv\u00eda, incluy\u00f3 los quince misterios, acompa\u00f1ando cada uno con una brev\u00edsima contemplaci\u00f3n, para que los j\u00f3venes, mientras repet\u00edan las palabras, tuvieran ante los ojos una escena del Evangelio. Lo hizo despu\u00e9s mediante la regla, pidiendo a sus religiosos lo que ped\u00eda a los muchachos: ya en los primeros art\u00edculos sobre las pr\u00e1cticas de piedad, redactados hacia 1859 para la naciente Sociedad Salesiana, se lee que \u00abcada d\u00eda se rezar\u00e1 la tercera parte del Rosario de Mar\u00eda Sant\u00edsima\u00bb. Y lo hizo, finalmente, con la palabra viva de las \u00abbuenas noches\u00bb y de los sue\u00f1os contados a los j\u00f3venes, en los que el Rosario reaparece como arma y como defensa.<\/p>\n<p>El m\u00e1s conocido de estos relatos es el sue\u00f1o de la serpiente. En agosto de 1862, en los d\u00edas de la Asunci\u00f3n, don Bosco so\u00f1\u00f3 que se encontraba con todos sus j\u00f3venes en la casa de su hermano, precisamente junto a la capilla del Rosario. Un desconocido le mostr\u00f3 en el prado una serpiente de siete u ocho metros de largo y, venciendo su temor, le hizo tender una cuerda sobre el lomo del reptil, que se abalanz\u00f3, qued\u00f3 atrapado en el lazo y, debati\u00e9ndose, acab\u00f3 haci\u00e9ndose pedazos. Cuando luego se sac\u00f3 de nuevo la cuerda, que hab\u00eda sido guardada en una caja, se hab\u00eda dispuesto de modo que formaba dos palabras: Ave Mar\u00eda. \u00abLa serpiente representa al demonio\u00bb, explic\u00f3 entonces el gu\u00eda, \u00aby la cuerda el Ave Mar\u00eda, o mejor el Rosario, que es una continuaci\u00f3n de Ave Mar\u00edas, con la cual y con las cuales se puede combatir, vencer y destruir a todos los demonios del infierno\u00bb (MB VII, 238-239).<\/p>\n<p>La misma convicci\u00f3n acompa\u00f1\u00f3 el horizonte misionero y, al final, la vejez. En el sue\u00f1o que precedi\u00f3 a la primera expedici\u00f3n a Am\u00e9rica, don Bosco vio a sus hijos avanzar entre poblaciones hostiles con esta \u00fanica arma: \u00ablos Misioneros rezaban el santo Rosario, mientras los salvajes, corriendo de todas partes, abr\u00edan paso a su paso\u00bb (MB X, 55). Y cuando, en los \u00faltimos a\u00f1os, el dolor de cabeza y los ojos casi apagados ya no le permit\u00edan trabajar, don Francisco Cerruti recordaba c\u00f3mo era \u00abun espect\u00e1culo doloroso y consolador verlo pasar largas horas sentado en su pobre sof\u00e1, en un lugar a veces semioscuro, porque sus ojos no soportaban la luz, pero siempre tranquilo y sonriente, con su corona en la mano\u00bb.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>En camino con los papas<\/strong><\/p>\n<p>En esta devoci\u00f3n don Bosco no fue un aislado, porque caminaba con la Iglesia; y la Iglesia, precisamente en los \u00faltimos a\u00f1os de su vida, volvi\u00f3 a recomendar el Rosario con una insistencia sin precedentes. Sobre el santo Rosario se han escrito diecis\u00e9is enc\u00edclicas, sin contar las decenas, si no los centenares, de otros documentos pontificios, entre bulas, constituciones, cartas apost\u00f3licas, exhortaciones y discursos; y de estas diecis\u00e9is, nada menos que doce se deben a Le\u00f3n XIII, el mismo Papa que hab\u00eda confiado a don Bosco la construcci\u00f3n de la iglesia del Sagrado Coraz\u00f3n en Roma.<\/p>\n<p>Las primeras cuatro aparecieron cuando el santo todav\u00eda viv\u00eda. La <a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/leo-xiii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_l-xiii_enc_01091883_supremi-apostolatus-officio.html\">Supremi Apostolatus Officio<\/a>, del 1 de septiembre de 1883, trataba de la devoci\u00f3n y el rezo del Rosario e institu\u00eda la pr\u00e1ctica especial del mes de octubre; la <a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/leo-xiii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_l-xiii_enc_30081884_superiore-anno.html\">Superiore Anno<\/a>, del 30 de agosto de 1884, dispon\u00eda la continuaci\u00f3n de aquel rezo solemne; la <a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/leo-xiii\/en\/encyclicals\/documents\/hf_l-xiii_enc_22121885_quod-auctoritate.html\">Quod Auctoritate<\/a>, del 22 de diciembre de 1885, convocaba un Jubileo extraordinario recomendando de modo particular esta oraci\u00f3n; y la <a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/leo-xiii\/en\/encyclicals\/documents\/hf_l-xiii_enc_20091887_vi-e-ben-noto.html\">Vi \u00e8 ben noto<\/a>, del 20 de septiembre de 1887, dirigida especialmente a los obispos de Italia, la propon\u00eda junto con la devoci\u00f3n mariana ante las dificultades religiosas y sociales del tiempo. El anciano sacerdote de Valdocco, que morir\u00eda el 31 de enero de 1888, pudo as\u00ed ver al Papa pedir a toda la Iglesia lo que \u00e9l llevaba cuarenta a\u00f1os pidiendo a sus muchachos.<\/p>\n<p>Le\u00f3n XIII, sin embargo, no se detuvo ah\u00ed y, tras una pausa de algunos a\u00f1os, retom\u00f3 el tema casi cada oto\u00f1o. Con la <a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/leo-xiii\/en\/encyclicals\/documents\/hf_l-xiii_enc_22091891_octobri-mense.html\">Octobri Mense<\/a> (22 de septiembre de 1891) volvi\u00f3 sobre la devoci\u00f3n mariana y el rezo del Rosario en el mes de octubre, subrayando su eficacia espiritual; con la <a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/leo-xiii\/en\/encyclicals\/documents\/hf_l-xiii_enc_08091892_magnae-dei-matris.html\">Magnae Dei Matris<\/a> (8 de septiembre de 1892) lo present\u00f3 como escuela de fe, de vida cristiana y de imitaci\u00f3n de las virtudes de Cristo y de Mar\u00eda; con la <a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/leo-xiii\/en\/encyclicals\/documents\/hf_l-xiii_enc_08091893_laetitiae-sanctae.html\">Laetitiae Sanctae<\/a> (8 de septiembre de 1893) lo propuso como remedio espiritual a los principales males morales y sociales del tiempo; con la <a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/leo-xiii\/en\/encyclicals\/documents\/hf_l-xiii_enc_08091894_iucunda-semper-expectatione.html\">Iucunda Semper Expectatione<\/a> (8 de septiembre de 1894) profundiz\u00f3 en el valor de esta oraci\u00f3n y de la intercesi\u00f3n de la Virgen en la vida cristiana. Siguieron la <a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/leo-xiii\/en\/encyclicals\/documents\/hf_l-xiii_enc_05091895_adiutricem.html\">Adiutricem Populi<\/a> (5 de septiembre de 1895), que presenta a Mar\u00eda como Auxiliadora del pueblo cristiano y vincula el Rosario con la oraci\u00f3n por la unidad de los cristianos; la <a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/leo-xiii\/en\/encyclicals\/documents\/hf_l-xiii_enc_20091896_fidentem-piumque-animum.html\">Fidentem Piumque Animum<\/a> (20 de septiembre de 1896), que reafirma su valor espiritual y anima a los fieles a practicarlo con confianza, devoci\u00f3n y perseverancia; la <a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/leo-xiii\/en\/encyclicals\/documents\/hf_l-xiii_enc_12091897_augustissimae-virginis-mariae.html\">Augustissimae Virginis Mariae<\/a> (12 de septiembre de 1897), dedicada a la devoci\u00f3n a la Virgen, a la oraci\u00f3n en com\u00fan y a la importancia de las Cofrad\u00edas del Santo Rosario; y, finalmente, la <a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/leo-xiii\/en\/encyclicals\/documents\/hf_l-xiii_enc_05091898_diuturni-temporis.html\">Diuturni Temporis<\/a> (5 de septiembre de 1898), que ofrece una s\u00edntesis de toda la ense\u00f1anza de Le\u00f3n XIII sobre el Rosario y recuerda los privilegios y las pr\u00e1cticas de las Cofrad\u00edas.<\/p>\n<p>Los sucesores recogieron esta herencia cada vez que los tiempos se volv\u00edan m\u00e1s dif\u00edciles. P\u00edo XI, el Papa que en 1934 hab\u00eda canonizado a don Bosco, con la <a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/pius-xi\/it\/encyclicals\/documents\/hf_p-xi_enc_19370929_ingravescentibus-malis.html\">Ingravescentibus Malis<\/a> (29 de septiembre de 1937) present\u00f3 el Rosario como remedio espiritual ante los males del tiempo y recomend\u00f3 en particular su rezo en las familias, que era precisamente la oraci\u00f3n del hogar de los Becchi. P\u00edo XII, con la <a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/pius-xii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-xii_enc_15091951_ingruentium-malorum.html\">Ingruentium Malorum<\/a> (15 de septiembre de 1951), exhort\u00f3 a rezarlo especialmente en el mes de octubre, subrayando su valor para la familia, la paz y la vida cristiana; Juan XXIII, con la <a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-xxiii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_j-xxiii_enc_26091959_grata-recordatio.html\">Grata Recordatio<\/a> (26 de septiembre de 1959), lo recomend\u00f3 por las misiones, por la Iglesia, por la paz y por las necesidades de los pueblos; y Pablo VI, con la <a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_15091966_christi-matri.html\">Christi Matri<\/a> (15 de septiembre de 1966), invit\u00f3 a rezarlo, sobre todo en octubre, para obtener de Dios el don de la paz.<\/p>\n<p>A esta lista hay que a\u00f1adir despu\u00e9s dos documentos que no son enc\u00edclicas, pero que siguen siendo fundamentales. El primero, que est\u00e1 en el origen de todo, es la <a href=\"https:\/\/laverdadcatolica9.wordpress.com\/2023\/07\/06\/bula-consueverunt-romani-pontifices-sobre-el-santo-rosario\">Consueverunt Romani Pontifices<\/a> de san P\u00edo V, del 17 de septiembre de 1569, que ilustra y define sustancialmente la forma tradicional del Rosario, con el Padrenuestro, las Ave Mar\u00edas y la meditaci\u00f3n de los misterios, y que Pablo VI considera expl\u00edcitamente el documento con el que P\u00edo V \u00abdefin\u00eda la forma del Rosario todav\u00eda hoy en uso\u00bb. El segundo, el m\u00e1s cercano a nosotros, es la Carta apost\u00f3lica <a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_letters\/2002\/documents\/hf_jp-ii_apl_20021016_rosarium-virginis-mariae.html\">Rosarium Virginis Mariae<\/a> de san Juan Pablo II, del 16 de octubre de 2002: probablemente el documento pontificio moderno m\u00e1s importante dedicado enteramente al Rosario, tambi\u00e9n porque introduce los misterios de la luz.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Los libros de los santos y un encuentro en Tur\u00edn<\/strong><\/p>\n<p>Junto a la voz de los papas est\u00e1 la de los santos, que han escrito much\u00edsimo sobre el Rosario; y entre tantos textos algunos merecen ser se\u00f1alados. El m\u00e1s antiguo es <em>El Sant\u00edsimo Rosario. El salterio de Jes\u00fas y de Mar\u00eda<\/em> del beato Alano de la Roca, compuesto hacia 1475, en cuyo t\u00edtulo resuena todav\u00eda el antiguo nombre de \u00abSalterio\u00bb. M\u00e1s de dos siglos despu\u00e9s, hacia 1710, san Luis Mar\u00eda Grignion de Montfort escribi\u00f3 <em>El secreto admirable del Sant\u00edsimo Rosario para convertirse y salvarse<\/em> (<em>Le Secret admirable du Tr\u00e8s Saint Rosaire pour se convertir et se sauver<\/em>), que es probablemente el principal tratado espiritual sobre el Rosario escrito por un santo y que aborda su origen, las oraciones, los misterios, los frutos espirituales y el modo de rezarlo. A \u00e9l se a\u00f1aden, del mismo autor, los <em>M\u00e9todos para rezar el Rosario<\/em> (<em>M\u00e9thodes pour r\u00e9citer le Rosaire<\/em>), que constituyen su complemento pr\u00e1ctico, pues proponen diversos m\u00e9todos meditativos para acompa\u00f1ar las decenas con intenciones y consideraciones sobre los misterios de Cristo y de Mar\u00eda, y que en las ediciones de las obras montfortianas suelen publicarse junto con el <em>Secreto<\/em> o como ap\u00e9ndice suyo. M\u00e1s cercano a nosotros, san Josemar\u00eda Escriv\u00e1 public\u00f3 en 1931 su <a href=\"https:\/\/escriva.org\/es\/santo-rosario\">Santo Rosario<\/a>, con breves meditaciones contemplativas sobre los misterios y las letan\u00edas lauretanas: un buen texto para quien busca no tanto una historia o una teolog\u00eda sistem\u00e1tica del Rosario cuanto un m\u00e9todo concreto de contemplaci\u00f3n evang\u00e9lica de los misterios.<\/p>\n<p>Entre Montfort y Escriv\u00e1 se sit\u00faa la obra de un contempor\u00e1neo de don Bosco, san Bartolo Longo, que en 1877 public\u00f3 <em>Los quince s\u00e1bados del Sant\u00edsimo Rosario. Devoci\u00f3n eficac\u00edsima para obtener cualquier gracia<\/em>, con las meditaciones sobre el Evangelio de cada misterio, la obra rosariana fundamental del ap\u00f3stol de Pompeya. Don Bosco tuvo tambi\u00e9n con \u00e9l un encuentro directo: en mayo de 1885 el abogado Longo fue a visitarlo a Tur\u00edn y le pregunt\u00f3 c\u00f3mo hab\u00eda logrado conquistar el mundo. \u00abQuerido abogado\u00bb, habr\u00eda respondido don Bosco, \u00abmi secreto es este: env\u00edo mi peri\u00f3dico a quien lo quiere y a quien no lo quiere\u00bb. El peri\u00f3dico era el <em>Bollettino Salesiano<\/em>, y Bartolo Longo aprovech\u00f3 el consejo para su peri\u00f3dico, <em>Il Rosario e la Nuova Pompei<\/em>. Don Bosco, por su parte, nunca escribi\u00f3 un tratado sobre el Rosario: prefiri\u00f3 ponerlo en las p\u00e1ginas del <em>Giovane provveduto<\/em> y, sobre todo, en las manos de sus muchachos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Quince promesas<\/strong><\/p>\n<p>Al beato Alano de la Roca, el dominico del siglo XV ya mencionado, la tradici\u00f3n vincula tambi\u00e9n las quince promesas que la Virgen Mar\u00eda habr\u00eda hecho a quienes rezan el Rosario, conocidas precisamente como \u00ablas promesas del Santo Rosario\u00bb. Le\u00eddas una tras otra, trazan un camino que acompa\u00f1a al fiel desde la vida de cada d\u00eda hasta la eternidad. Son estas:<\/p>\n<p>1. Quien rece fielmente el Rosario recibir\u00e1 gracias particulares.<\/p>\n<p>2. A quien lo rece se le promete una protecci\u00f3n especial y abundancia de gracias.<\/p>\n<p>3. El Rosario ser\u00e1 una defensa poderosa contra el mal, contra el pecado, los vicios y el error.<\/p>\n<p>4. Favorecer\u00e1 el crecimiento de las virtudes y de las buenas obras, atraer\u00e1 la misericordia de Dios y orientar\u00e1 el coraz\u00f3n hacia los bienes eternos.<\/p>\n<p>5. Quien se conf\u00ede a Mar\u00eda mediante el Rosario no se perder\u00e1.<\/p>\n<p>6. Quien lo rece devotamente, meditando los misterios, ser\u00e1 sostenido en las pruebas; el pecador ser\u00e1 llamado a la conversi\u00f3n y el justo a la perseverancia en la gracia.<\/p>\n<p>7. Quien tenga una verdadera devoci\u00f3n al Rosario no morir\u00e1 privado de la ayuda sacramental de la Iglesia.<\/p>\n<p>8. Quien lo rece fielmente recibir\u00e1 luz y gracia de Dios durante la vida y en la hora de la muerte.<\/p>\n<p>9. Mar\u00eda promete una ayuda particular a las almas devotas del Rosario en su purificaci\u00f3n despu\u00e9s de la muerte.<\/p>\n<p>10. Los fieles devotos del Rosario recibir\u00e1n una gloria particular en el cielo.<\/p>\n<p>11. La oraci\u00f3n perseverante del Rosario obtendr\u00e1 las gracias pedidas, seg\u00fan el designio de Dios.<\/p>\n<p>12. Quien difunda el Rosario recibir\u00e1 una ayuda particular en sus necesidades.<\/p>\n<p>13. Los promotores del Rosario gozar\u00e1n de la intercesi\u00f3n de la corte celestial, especialmente en la hora de la muerte.<\/p>\n<p>14. Quienes rezan el Rosario son presentados como hijos predilectos de Mar\u00eda y hermanos y hermanas de Cristo.<\/p>\n<p>15. La verdadera devoci\u00f3n al Rosario se considera un signo de predestinaci\u00f3n, es decir, un signo de orientaci\u00f3n de la vida hacia la salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Las cuatro primeras se refieren al presente; las seis siguientes acompa\u00f1an al devoto en las pruebas y en el \u00faltimo tramo del camino; las cuatro \u00faltimas ampl\u00edan la mirada desde quien reza hasta quien hace rezar, mientras que la \u00faltima considera la verdadera devoci\u00f3n al Rosario un signo de predestinaci\u00f3n, es decir, un signo de la orientaci\u00f3n de la vida hacia la salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Rele\u00eddas junto a la vida de don Bosco, algunas de estas promesas parecen casi un comentario de cuanto se ha contado. La tercera es el sue\u00f1o de la serpiente, con la cuerda de Ave Mar\u00edas que defiende del mal; la duod\u00e9cima y la decimotercera hablan de quien difunde y promueve el Rosario, y es dif\u00edcil no pensar en un sacerdote que, carente de medios, encontr\u00f3 siempre la ayuda necesaria para sus obras y que atribu\u00eda a la Virgen todo lo que hab\u00eda logrado hacer.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>El tesoro de las indulgencias<\/strong><\/p>\n<p>A las promesas confiadas a la tradici\u00f3n se a\u00f1ade lo que la propia Iglesia, con su autoridad, ha unido a esta oraci\u00f3n. Hoy, en efecto, concede la indulgencia plenaria a quien reza el santo Rosario, seg\u00fan las normas indicadas en el actual <em>Manual de las indulgencias<\/em> (<em>Enchiridion Indulgentiarum<\/em>), que ha llegado a su IV edici\u00f3n, del que conviene reproducir los textos oficiales.<\/p>\n<p><strong>\u00ab17. Oraciones a la Sant\u00edsima Virgen Mar\u00eda<\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a7 1<\/strong> Se concede <strong>indulgencia plenaria<\/strong> al fiel que:<\/p>\n<p><strong>1\u00b0<\/strong> Reza devotamente el <strong>Rosario mariano<\/strong> en una iglesia u oratorio, o bien en familia, en una comunidad religiosa, en una asociaci\u00f3n de fieles y, en general, cuando varios fieles se re\u00fanen con un fin honesto;<\/p>\n<p><strong>2\u00b0<\/strong> se une devotamente al rezo de esta oraci\u00f3n mientras la realiza el Sumo Pont\u00edfice y se transmite por televisi\u00f3n o radio.<\/p>\n<p>En las dem\u00e1s circunstancias, en cambio, la indulgencia es parcial. <em>[p. ej., si una persona lo reza sola en su propia casa, fuera de los casos indicados anteriormente<\/em>]<\/p>\n<p>El <strong>Rosario<\/strong> es una pr\u00e1ctica de piedad en la que al rezo de quince decenas de Ave Mar\u00edas, intercaladas con el Padrenuestro, se une respectivamente la piadosa meditaci\u00f3n de otros tantos misterios de nuestra redenci\u00f3n.<\/p>\n<p>Para la indulgencia plenaria unida al rezo del Rosario mariano se establecen estas normas:<\/p>\n<p>a) basta con rezar solo la tercera parte; pero las cinco decenas deben rezarse sin interrupci\u00f3n;<\/p>\n<p>b) a la oraci\u00f3n vocal debe a\u00f1adirse la piadosa meditaci\u00f3n de los misterios;<\/p>\n<p>c) en el rezo p\u00fablico, los misterios deben enunciarse seg\u00fan la costumbre aprobada vigente en el lugar; en el rezo privado, en cambio, basta con que el fiel a\u00f1ada a la oraci\u00f3n vocal la meditaci\u00f3n de los misterios\u00bb. (<em>Manual de las indulgencias<\/em>, Concesiones, n. 17)<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong><em>Las condiciones generales<\/em><\/strong><\/p>\n<p><em>Para obtener efectivamente la <\/em><strong><em>indulgencia plenaria<\/em><\/strong><em>, adem\u00e1s del rezo del Rosario en las condiciones indicadas, se requieren las condiciones habituales:<\/em><\/p>\n<p>\u00ab<strong>N. 20 &#8211; \u00a7 1.<\/strong> Para obtener la indulgencia plenaria, adem\u00e1s de la <strong>exclusi\u00f3n de todo afecto al pecado, incluso venial<\/strong>, es necesario realizar la obra indulgenciada y cumplir las tres condiciones: <strong>confesi\u00f3n sacramental<\/strong>, <strong>comuni\u00f3n eucar\u00edstica<\/strong> y <strong>oraci\u00f3n por las intenciones del Sumo Pont\u00edfice<\/strong>. <em>[Por eso es pr\u00e1ctica com\u00fan a\u00f1adir al final del Rosario un Padrenuestro y un Ave Mar\u00eda por las intenciones del Papa<\/em>]<\/p>\n<p><strong>\u00a7 2<\/strong> Con una sola confesi\u00f3n sacramental pueden obtenerse varias indulgencias plenarias; en cambio, con una sola comuni\u00f3n eucar\u00edstica y una sola oraci\u00f3n por las intenciones del Sumo Pont\u00edfice solo puede obtenerse una indulgencia plenaria.<\/p>\n<p><strong>\u00a7 3<\/strong> Las tres condiciones pueden cumplirse varios d\u00edas antes o despu\u00e9s de haber realizado la obra prescrita; sin embargo, conviene que la comuni\u00f3n y la oraci\u00f3n por las intenciones del Sumo Pont\u00edfice se hagan el mismo d\u00eda en que se realiza la obra.<\/p>\n<p><strong>\u00a7 4<\/strong> Si falta la plena disposici\u00f3n, o no se realiza por completo la obra requerida, o no se cumplen las tres condiciones, la indulgencia ser\u00e1 solamente parcial, salvo lo prescrito en las normas 24 y 25 para los \u00abimpedidos\u00bb.<\/p>\n<p><strong>\u00a7 5<\/strong> Se cumple plenamente la condici\u00f3n de la oraci\u00f3n por las intenciones del Sumo Pont\u00edfice rezando por sus intenciones un <em>Padrenuestro<\/em> y un <em>Ave Mar\u00eda<\/em>; se deja, sin embargo, libertad a cada fiel para rezar cualquier otra oraci\u00f3n seg\u00fan la piedad y la devoci\u00f3n de cada uno\u00bb. (<em>Manual de las indulgencias<\/em>, Normas sobre las indulgencias, n. 20)<\/p>\n<p><em>La indulgencia plenaria, normalmente, puede obtenerse <\/em><strong><em>una sola vez al d\u00eda<\/em><\/strong><em>.<\/em><\/p>\n<p>\u00ab<strong>N. 18 &#8211; \u00a7 1.<\/strong> La indulgencia plenaria puede obtenerse una sola vez al d\u00eda; la indulgencia parcial, en cambio, puede obtenerse varias veces al d\u00eda.<\/p>\n<p><strong>\u00a7 2.<\/strong> El fiel podr\u00e1, sin embargo, obtener la indulgencia plenaria <em>in articulo mortis<\/em> aunque ese mismo d\u00eda ya haya obtenido otra indulgencia plenaria\u00bb. (<em>Manual de las indulgencias<\/em>, Normas sobre las indulgencias, n. 18)<\/p>\n<p><em>Las indulgencias, tanto <\/em><strong><em>parciales como plenarias<\/em><\/strong><em>, pueden <\/em><strong><em>aplicarse a los difuntos a modo de sufragio<\/em><\/strong><em>. No pueden, en cambio, aplicarse directamente a otra persona viva.<\/em><\/p>\n<p>\u00ab<strong>N. 3.<\/strong> Las indulgencias, tanto parciales como plenarias, pueden aplicarse siempre a los difuntos a modo de sufragio\u00bb. (<em>Manual de las indulgencias<\/em>, Normas sobre las indulgencias, n. 3)<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Con la corona en la mano<\/strong><\/p>\n<p>Volvemos as\u00ed al punto de partida, a aquella corona de rosas que esconde sus espinas. Don Bosco lo sab\u00eda por experiencia: en el sue\u00f1o de la p\u00e9rgola, que cont\u00f3 a los primeros salesianos, la Virgen le hizo recorrer un sendero cubierto de rosas bell\u00edsimas, bajo las cuales se escond\u00edan espinas punzantes. El Rosario fue para \u00e9l el modo de caminar sobre aquellas rosas sin detenerse: de ni\u00f1o, de rodillas junto a su madre; de sacerdote, en medio de los muchachos; de anciano, en su pobre sof\u00e1, con la corona entre los dedos.<\/p>\n<p>A quien hoy entra en la peque\u00f1a capilla de los Becchi o en la bas\u00edlica de Valdocco le deja, por tanto, la misma consigna que dio al marqu\u00e9s d\u2019Azeglio: se puede renunciar a muchas cosas, incluso importantes, pero no a esta. Bastan cinco decenas al d\u00eda, rezadas meditando los misterios y, si es posible, juntos, en familia, en comunidad, en el oratorio; y octubre, el mes que desde Le\u00f3n XIII la Iglesia dedica al Rosario, es el momento adecuado para volver a empezar.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Octubre es el mes del Rosario, y para don Bosco fue durante mucho tiempo el&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":55123,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"iawp_total_views":4,"footnotes":""},"categories":[187],"tags":[1720,2636,1768,1822,1690,2032,2026],"class_list":["post-55142","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-don-bosco","tag-carisma-salesiano","tag-consejos","tag-don-bosco","tag-gracia","tag-maria","tag-vida","tag-virtud"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/55142","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=55142"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/55142\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":55143,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/55142\/revisions\/55143"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/55123"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=55142"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=55142"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=55142"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}