{"id":55106,"date":"2026-10-02T11:50:03","date_gmt":"2026-10-02T11:50:03","guid":{"rendered":"https:\/\/www.donbosco.press\/?p=55106"},"modified":"2026-10-02T11:50:24","modified_gmt":"2026-10-02T11:50:24","slug":"vida-del-joven-domingo-savio-alumno-del-oratorio-de-san-francisco-de-sales","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/don-bosco\/vida-del-joven-domingo-savio-alumno-del-oratorio-de-san-francisco-de-sales\/","title":{"rendered":"Vida del joven Domingo Savio, alumno del Oratorio de San Francisco de Sales"},"content":{"rendered":"<p><em>\u00abAs\u00ed pues, yo soy la tela; sea usted el sastre\u00bb. Con estas palabras, el 2 de octubre de 1854, en Becchi, un muchacho de doce a\u00f1os se encomend\u00f3 a Don Bosco. Domingo Savio lleg\u00f3 a Valdocco el 29 de octubre y permaneci\u00f3 all\u00ed menos de tres a\u00f1os: muri\u00f3 el 9 de marzo de 1857. Fue poco tiempo, pero suficiente para que el trigo madurara y fuera recogido en el granero del Se\u00f1or. En las p\u00e1ginas de Don Bosco no aparece como un joven ajeno a la vida cotidiana, sino como un compa\u00f1ero capaz de hacer del estudio, la oraci\u00f3n, la amistad y el recreo un camino de santidad. Su \u00abQuiero hacerme santo\u00bb sigue interpelando a todos los muchachos: \u00abSi \u00e9l lo consigui\u00f3, \u00bfpor qu\u00e9 no yo?\u00bb. Presentamos el texto \u00edntegro de la cuarta edici\u00f3n (1878), la \u00faltima preparada personalmente por el autor.<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><a href=\"#_Toc241832199\">CAP\u00cdTULO I. Patria &#8211; Car\u00e1cter de este joven &#8211; Sus primeros actos de virtud<\/a><\/p>\n<p><a href=\"#_Toc241832200\">CAP\u00cdTULO II. Conducta moral observada en Murialdo &#8211; Hermosos rasgos de virtud &#8211; Su asistencia a la escuela de aquella aldea<\/a><\/p>\n<p><a href=\"#_Toc241832201\">CAP\u00cdTULO III. Es admitido a la primera Comuni\u00f3n &#8211; Preparaci\u00f3n &#8211; Recogimiento y recuerdos de aquel d\u00eda<\/a><\/p>\n<p><a href=\"#_Toc241832202\">CAP\u00cdTULO IV. Escuela de Castelnuovo d\u2019Asti &#8211; Episodio edificante &#8211; Sabia respuesta a un mal consejo<\/a><\/p>\n<p><a href=\"#_Toc241832203\">CAP\u00cdTULO V. Su conducta en la escuela de Castelnuovo d\u2019Asti &#8211; Palabras de su maestro<\/a><\/p>\n<p><a href=\"#_Toc241832204\">CAP\u00cdTULO VI. Escuela de Mondonio &#8211; Soporta una grave calumnia<\/a><\/p>\n<p><a href=\"#_Toc241832205\">CAP\u00cdTULO VII. Mi primer conocimiento de \u00e9l &#8211; Curiosos episodios en aquella ocasi\u00f3n<\/a><\/p>\n<p><a href=\"#_Toc241832206\">CAP\u00cdTULO VIII. Llega al Oratorio de San Francisco de Sales &#8211; Su primer tenor de vida<\/a><\/p>\n<p><a href=\"#_Toc241832207\">CAP\u00cdTULO IX. Estudio del lat\u00edn &#8211; Curiosos incidentes &#8211; Conducta en la escuela &#8211; Impide una ri\u00f1a &#8211; Evita un peligro<\/a><\/p>\n<p><a href=\"#_Toc241832208\">CAP\u00cdTULO X. Su decisi\u00f3n de hacerse santo<\/a><\/p>\n<p><a href=\"#_Toc241832209\">CAP\u00cdTULO XI. Su celo por la salvaci\u00f3n de las almas<\/a><\/p>\n<p><a href=\"#_Toc241832210\">CAP\u00cdTULO XII. Episodios y su agradable manera de conversar con los compa\u00f1eros<\/a><\/p>\n<p><a href=\"#_Toc241832211\">CAP\u00cdTULO XIII. Su esp\u00edritu de oraci\u00f3n &#8211; Devoci\u00f3n a la Madre de Dios &#8211; El mes de Mar\u00eda<\/a><\/p>\n<p><a href=\"#_Toc241832212\">CAP\u00cdTULO XIV. Su frecuente recepci\u00f3n de los santos Sacramentos de la Confesi\u00f3n y de la Comuni\u00f3n<\/a><\/p>\n<p><a href=\"#_Toc241832213\">CAP\u00cdTULO XV. Sus penitencias<\/a><\/p>\n<p><a href=\"#_Toc241832214\">CAP\u00cdTULO XVI. Mortificaci\u00f3n de todos los sentidos externos<\/a><\/p>\n<p><a href=\"#_Toc241832215\">CAP\u00cdTULO XVII. La Compa\u00f1\u00eda de la Inmaculada Concepci\u00f3n<\/a><\/p>\n<p><a href=\"#_Toc241832216\">CAP\u00cdTULO XVIII. Sus amistades particulares &#8211; Sus relaciones con el joven Camilo Gavio<\/a><\/p>\n<p><a href=\"#_Toc241832217\">CAP\u00cdTULO XIX. Sus relaciones con el joven Juan Massaglia<\/a><\/p>\n<p><a href=\"#_Toc241832218\">CAP\u00cdTULO XX. Gracias especiales y acontecimientos particulares<\/a><\/p>\n<p><a href=\"#_Toc241832219\">CAP\u00cdTULO XXI. Sus pensamientos sobre la muerte y su preparaci\u00f3n para una muerte santa<\/a><\/p>\n<p><a href=\"#_Toc241832220\">CAP\u00cdTULO XXII. Sus cuidados a los enfermos &#8211; Deja el Oratorio &#8211; Sus palabras en aquella ocasi\u00f3n<\/a><\/p>\n<p><a href=\"#_Toc241832221\">CAP\u00cdTULO XXIII. Se despide de sus compa\u00f1eros<\/a><\/p>\n<p><a href=\"#_Toc241832222\">CAP\u00cdTULO XXIV. Curso de su enfermedad &#8211; Su \u00faltima confesi\u00f3n &#8211; Recibe el Vi\u00e1tico &#8211; Episodios edificantes<\/a><\/p>\n<p><a href=\"#_Toc241832223\">CAP\u00cdTULO XXV. Sus \u00faltimos momentos y su preciosa muerte<\/a><\/p>\n<p><a href=\"#_Toc241832224\">CAP\u00cdTULO XXVI. Noticia de su muerte &#8211; Palabras del profesor don Picco a sus alumnos<\/a><\/p>\n<p><a href=\"#_Toc241832225\">CAP\u00cdTULO XXVII. Emulaci\u00f3n de la virtud de Savio &#8211; Muchos se encomiendan a \u00e9l para obtener favores celestiales y son escuchados &#8211; Un recuerdo para todos<\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Querid\u00edsimos j\u00f3venes:<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Muchas veces me hab\u00e9is pedido, querid\u00edsimos j\u00f3venes, que os escribiera algo acerca de vuestro compa\u00f1ero<\/em> DOMINGO SAVIO;<em> y yo he hecho cuanto he podido para satisfacer este piadoso deseo vuestro. Aqu\u00ed ten\u00e9is, pues, su vida, escrita con aquella brevedad y sencillez que s\u00e9 que os agradan.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Dos dificultades se opon\u00edan a la publicaci\u00f3n de este trabajo. La primera era la cr\u00edtica a la que suele quedar expuesto quien escribe sobre hechos de los que existen muchos testigos todav\u00eda vivos. Creo haber superado esta dificultad procurando narrar \u00fanicamente las cosas que fueron vistas por vosotros o por m\u00ed, y de las cuales conservo casi todas por escrito y firmadas por vuestra propia mano.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Otro obst\u00e1culo era tener que hablar muchas veces de m\u00ed mismo. Puesto que este joven vivi\u00f3 unos tres a\u00f1os en esta casa, me corresponde referir con frecuencia hechos en los que yo mismo tom\u00e9 parte. Creo haber superado tambi\u00e9n este obst\u00e1culo ateni\u00e9ndome al deber del historiador, que consiste en escribir la verdad de los hechos sin consideraci\u00f3n de personas. Sin embargo, si encontr\u00e1is alg\u00fan episodio en el que hable de m\u00ed con cierta complacencia, atribuidlo al gran afecto que sent\u00eda por el amigo difunto y que siento por todos vosotros; afecto que me lleva a abriros lo \u00edntimo de mi coraz\u00f3n, como har\u00eda un padre que habla con sus amados hijos.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Alguno de vosotros preguntar\u00e1 por qu\u00e9 he escrito la vida de <\/em>DOMINGO SAVIO y<em> no la de otros j\u00f3venes que vivieron entre nosotros con fama de virtud ejemplar. Es verdad, queridos m\u00edos, que la Divina Providencia se dign\u00f3 enviarnos varios modelos de virtud: tales<\/em> fueron Gabriel Fascio, Luis Rua, Camilo Gavio, Juan Massaglia y otros; <em>pero las acciones de estos no fueron tan conocidas ni tan notables como las de SAVIO,<\/em> cuyo <em>tenor de vida fue manifiestamente extraordinario. Por lo dem\u00e1s, si Dios me concede salud y gracia, tengo el prop\u00f3sito de recoger las acciones de estos virtuosos compa\u00f1eros vuestros, para poder satisfacer vuestros deseos y los m\u00edos d\u00e1ndooslas a leer y a imitar en aquello que sea compatible con vuestro estado.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 En esta nueva edici\u00f3n he a\u00f1adido adem\u00e1s diversas noticias que, espero, la har\u00e1n interesante incluso para quienes ya hayan le\u00eddo cuanto se imprimi\u00f3 en las ediciones anteriores.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Entretanto, comenzad a sacar provecho de cuanto voy a describiros y decid en vuestro coraz\u00f3n lo que dec\u00eda san Agust\u00edn: \u00abSi ille, cur non ego?<\/em>\u00bb<em>. Si un compa\u00f1ero m\u00edo, de mi misma edad, en el mismo lugar, expuesto a los mismos y quiz\u00e1 a mayores peligros, encontr\u00f3, sin embargo, tiempo y modo de mantenerse fiel seguidor de Jesucristo, \u00bfpor qu\u00e9 no puedo yo hacer lo mismo? Recordad bien que la verdadera religi\u00f3n no consiste solo en palabras; es preciso pasar a las obras. Por tanto, cuando encontr\u00e9is algo digno de admiraci\u00f3n, no os content\u00e9is con decir: Esto es hermoso, esto me gusta. Decid m\u00e1s bien: quiero esforzarme por hacer aquellas cosas que, le\u00eddas en otros, despiertan mi admiraci\u00f3n.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Que Dios os conceda a vosotros y a todos los lectores de este librito salud y gracia para sacar provecho de cuanto en \u00e9l lean; y que la Sant\u00edsima Virgen, de quien<\/em> el <em>joven SAVIO era fervoroso devoto, nos obtenga poder tener un solo coraz\u00f3n y una sola alma para amar a nuestro Creador, el \u00fanico digno de ser amado sobre todas las cosas y fielmente servido todos los d\u00edas de nuestra vida.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0<\/em><\/p>\n<p><strong>DECLARACI\u00d3N<\/strong><\/p>\n<p>Para obedecer al decreto del sumo pont\u00edfice Urbano VIII, de santa memoria, declaro que no pretendo atribuir a todos los hechos sobrenaturales aqu\u00ed referidos otro valor que el de autoridad humana, hasta que la Santa Sede los haya aprobado con su autoridad infalible.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h1><a name=\"_Toc241832199\"><\/a>CAP\u00cdTULO I. Patria &#8211; Car\u00e1cter de este joven &#8211; Sus primeros actos de virtud<a name=\"_Toc504540951\"><\/a><a name=\"_Toc504541386\"><\/a><a name=\"_Toc504541948\"><\/a><a name=\"_Toc530304045\"><\/a><a name=\"_Toc24283658\"><\/a><\/h1>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Los padres del joven cuya vida emprendemos a escribir fueron Carlos Savio y su esposa Br\u00edgida, pobres pero honrados habitantes<a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\">[1]<\/a> de Castelnuovo d\u2019Asti<a href=\"#_ftn2\" name=\"_ftnref2\">[2]<\/a>, poblaci\u00f3n situada a diez millas de Tur\u00edn. En el a\u00f1o 1841, hall\u00e1ndose los buenos esposos en graves estrecheces y sin trabajo, fueron a vivir a Riva<a href=\"#_ftn3\" name=\"_ftnref3\">[3]<\/a>, pueblo distante dos millas de Chieri, donde el marido se dedic\u00f3 al oficio de herrero, que hab\u00eda ejercido en su juventud. Mientras viv\u00edan en aquel lugar, Dios bendijo su matrimonio concedi\u00e9ndoles un hijo que habr\u00eda de ser su consuelo. Naci\u00f3 el 2 de abril de 1842. Cuando lo llevaron a ser regenerado en las aguas bautismales, le impusieron el nombre de Domingo, circunstancia que, aunque en s\u00ed indiferente, fue m\u00e1s tarde objeto de seria consideraci\u00f3n para nuestro ni\u00f1o, como veremos.<\/p>\n<p>Domingo cumpl\u00eda el segundo a\u00f1o de edad cuando, por algunas conveniencias de familia, sus padres decidieron volver a su tierra y fijaron su residencia en Murialdo, aldea de Castelnuovo d\u2019Asti.<\/p>\n<p>Las preocupaciones de sus buenos padres se dirig\u00edan por entero a dar una educaci\u00f3n cristiana a su hijo, que ya desde entonces era objeto de sus complacencias. La naturaleza le hab\u00eda dotado de una \u00edndole buena y de un coraz\u00f3n verdaderamente nacido para la piedad. Aprendi\u00f3 con admirable facilidad las oraciones de la ma\u00f1ana y de la noche, y a la edad de solo cuatro a\u00f1os ya las rezaba por s\u00ed mismo. Incluso a esa edad, tan propensa por naturaleza a la distracci\u00f3n, depend\u00eda en todo de su madre; y si alguna vez se apartaba de ella era \u00fanicamente para ponerse en alg\u00fan rinc\u00f3n de la casa y poder rezar con mayor libertad durante el d\u00eda.<\/p>\n<p>\u00abDesde su m\u00e1s tierna edad \u2014afirman sus padres\u2014, en la que por falta de reflexi\u00f3n los ni\u00f1os son continuo estorbo y preocupaci\u00f3n para sus madres, edad en que quieren verlo y tocarlo todo y por lo general lo estropean, nuestro Domingo no nos caus\u00f3 jam\u00e1s el menor disgusto. No solo era obediente y estaba pronto a cumplir cualquiera de nuestras \u00f3rdenes, sino que procuraba anticiparse a aquellas cosas que ve\u00eda que pod\u00edan agradarnos\u00bb.<\/p>\n<p>Eran curiosas y al mismo tiempo agradables las acogidas que hac\u00eda a su padre cuando lo ve\u00eda llegar a casa despu\u00e9s de sus trabajos ordinarios. Corr\u00eda a su encuentro, lo tomaba de la mano y a veces se le echaba al cuello. \u00abQuerido pap\u00e1 \u2014le dec\u00eda\u2014, \u00a1qu\u00e9 cansado est\u00e1! \u00bfVerdad? Trabaja tanto por m\u00ed y yo no sirvo m\u00e1s que para darle molestias; rezar\u00e9 al buen Dios para que le d\u00e9 salud y me haga bueno\u00bb. Mientras dec\u00eda esto lo acompa\u00f1aba a casa, le acercaba una silla o un taburete para que se sentara, le hac\u00eda compa\u00f1\u00eda y le prodigaba mil caricias. \u00abEsto \u2014dice el padre\u2014 era para m\u00ed un dulce consuelo en mis fatigas, y estaba casi impaciente por llegar a casa para dar un tierno beso a mi Domingo, que pose\u00eda todos los afectos de mi coraz\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>Su devoci\u00f3n crec\u00eda m\u00e1s deprisa que su edad, y con solo cuatro a\u00f1os ya no era necesario recordarle que rezara las oraciones de la ma\u00f1ana y de la noche, antes y despu\u00e9s <em>de las comidas,<\/em> ni el \u00c1ngelus; es m\u00e1s, \u00e9l mismo invitaba a los dem\u00e1s de casa a rezar cuando se hab\u00edan olvidado.<\/p>\n<p>Sucedi\u00f3 un d\u00eda que sus familiares, distra\u00eddos por cierto alboroto, se sentaron sin m\u00e1s a comer. \u00abOh, pap\u00e1 \u2014dijo el atento Domingo\u2014, todav\u00eda no hemos pedido la bendici\u00f3n\u00bb. En otra ocasi\u00f3n, un forastero acogido en su casa se puso igualmente a comer sin hacer ning\u00fan acto de religi\u00f3n. Domingo, no atrevi\u00e9ndose a advert\u00edrselo, se retir\u00f3 afligido a un rinc\u00f3n de la casa. Interrogado despu\u00e9s por sus familiares sobre aquella novedad, respondi\u00f3: \u00abNo me he atrevido a sentarme a la mesa con uno que se pone a comer como las bestias del Se\u00f1or, sin darle gracias por nuestros alimentos\u00bb. Dicho esto, \u00e9l mismo hizo la se\u00f1al de la santa cruz y recit\u00f3 la oraci\u00f3n acostumbrada.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h1><a name=\"_Toc241832200\"><\/a>CAP\u00cdTULO II. Conducta moral observada en Murialdo &#8211; Hermosos rasgos de virtud &#8211; Su asistencia a la escuela de aquella aldea<a name=\"_Toc504540952\"><\/a><a name=\"_Toc504541387\"><\/a><a name=\"_Toc504541949\"><\/a><a name=\"_Toc530304046\"><\/a><a name=\"_Toc24283659\"><\/a><a name=\"_Toc504540953\"><\/a><a name=\"_Toc504541388\"><\/a><a name=\"_Toc504541950\"><\/a><a name=\"_Toc530304047\"><\/a><a name=\"_Toc24283660\"><\/a><\/h1>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Aqu\u00ed hay cosas que apenas se creer\u00edan si quien las afirma no disipara nuestras dudas. Me atengo al relato que el capell\u00e1n de aquella aldea<a href=\"#_ftn4\" name=\"_ftnref4\">[4]<\/a> tuvo la bondad de hacerme acerca de su querido alumno.<\/p>\n<p>\u00abEn los primeros d\u00edas \u2014dice\u2014 despu\u00e9s de llegar a esta aldea de Murialdo, ve\u00eda con frecuencia a un ni\u00f1o de unos cinco a\u00f1os venir a la iglesia acompa\u00f1ado de su madre. La serenidad de su rostro, la compostura de su persona y su actitud devota atrajeron sobre \u00e9l mis miradas y las de los dem\u00e1s. Si al llegar a la iglesia la encontraba cerrada, entonces ten\u00eda lugar un espect\u00e1culo encantador. Lejos de correr de un lado a otro o hacer ruido, solo o con otros, como suelen hacer los muchachos de aquella edad, se acercaba al umbral de la puerta, se arrodillaba y, con la cabecita inclinada y las inocentes manos juntas ante el pecho, rezaba fervorosamente hasta que abr\u00edan la iglesia. Advi\u00e9rtase que a veces el suelo estaba cubierto de barro, o ca\u00eda nieve o lluvia; pero \u00e9l no hac\u00eda caso de nada y se pon\u00eda igualmente de rodillas a rezar. Admirado y movido por una piadosa curiosidad, quise saber qui\u00e9n era aquel ni\u00f1o que se hab\u00eda convertido en objeto de mi admiraci\u00f3n, y supe que era hijo del herrero Carlos Savio.<\/p>\n<p>\u00abCuando despu\u00e9s me encontraba por la calle, comenzaba desde lejos a dar se\u00f1ales de alegr\u00eda y, con un aire verdaderamente angelical, se adelantaba respetuosamente a saludarme. Empez\u00f3 tambi\u00e9n a asistir a la escuela y, como estaba dotado de inteligencia y era muy diligente en el cumplimiento de sus deberes, hizo en poco tiempo notables progresos en el estudio. Se ve\u00eda obligado a tratar con j\u00f3venes d\u00edscolos y distra\u00eddos, pero nunca me ocurri\u00f3 verlo en disputa. Si surg\u00eda alguna ri\u00f1a, soportando con paciencia los insultos de sus compa\u00f1eros, se alejaba enseguida de ellos. Tampoco recuerdo haberlo visto tomar parte en diversiones peligrosas ni causar el menor trastorno en la escuela. Muchos compa\u00f1eros lo invitaban a ir con ellos a gastar bromas a personas de edad avanzada, a tirar piedras, robar fruta ajena o causar da\u00f1os en el campo; pero \u00e9l sab\u00eda desaprobar con habilidad su conducta y se negaba a participar.<\/p>\n<p>\u00abLa piedad que ya hab\u00eda demostrado rezando en el umbral de la iglesia no disminuy\u00f3 con el crecimiento. A los cinco a\u00f1os ya hab\u00eda aprendido a ayudar a la santa Misa y la serv\u00eda con grand\u00edsima devoci\u00f3n. Iba todos los d\u00edas; si otro quer\u00eda ayudarla, \u00e9l la o\u00eda; de lo contrario, se prestaba a servirla con la conducta m\u00e1s edificante. Como era peque\u00f1o de edad y de estatura, no pod\u00eda transportar el misal, y era curioso verlo acercarse ansioso al altar, ponerse de puntillas, estirar los brazos cuanto pod\u00eda y hacer todos los esfuerzos por alcanzar el atril. Si el sacerdote u otro hubiera querido hacerle la cosa m\u00e1s grata del mundo, no deb\u00eda llevarle el misal, sino acercarle el atril lo suficiente para que pudiera alcanzarlo; entonces \u00e9l, lleno de alegr\u00eda, lo llevaba al otro lado del altar.<\/p>\n<p>\u00abSe confesaba con frecuencia y, tan pronto como fue capaz de distinguir el pan celestial del pan terreno, fue admitido a la santa Comuni\u00f3n, que recib\u00eda con una devoci\u00f3n verdaderamente admirable. A la vista de aquellas hermosas obras que la gracia divina realizaba en aquella alma inocente, me dije muchas veces para m\u00ed: He aqu\u00ed un jovencito de excelentes esperanzas. Quiera Dios que se le abra un camino para llevar a madurez frutos tan preciosos\u00bb. Hasta aqu\u00ed el capell\u00e1n de Murialdo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h1><a name=\"_Toc241832201\"><\/a>CAP\u00cdTULO III. Es admitido a la primera Comuni\u00f3n &#8211; Preparaci\u00f3n &#8211; Recogimiento y recuerdos de aquel d\u00eda<a name=\"_Toc504540954\"><\/a><a name=\"_Toc504541389\"><\/a><a name=\"_Toc504541951\"><\/a><a name=\"_Toc530304048\"><\/a><a name=\"_Toc24283661\"><\/a><\/h1>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Nada le faltaba a Domingo para ser admitido a la primera Comuni\u00f3n. Sab\u00eda de memoria todo el catecismo peque\u00f1o; ten\u00eda claro conocimiento de este augusto sacramento y ard\u00eda en deseos de acercarse a \u00e9l. Solo se opon\u00eda la edad, pues en los pueblos ordinariamente no se admit\u00eda a los ni\u00f1os a hacer la primera Comuni\u00f3n hasta los once o doce a\u00f1os cumplidos. Savio apenas estaba en su s\u00e9ptimo a\u00f1o. Adem\u00e1s de su aspecto infantil, ten\u00eda un cuerpecito que lo hac\u00eda parecer todav\u00eda m\u00e1s joven; por eso el capell\u00e1n dudaba en presentarlo. Pidi\u00f3 tambi\u00e9n consejo a otros sacerdotes, los cuales, despu\u00e9s de ponderar bien el precoz conocimiento, la instrucci\u00f3n y los vivos deseos de Domingo, dejaron de lado toda dificultad y lo admitieron a participar por primera vez del alimento de los \u00e1ngeles.<\/p>\n<p>Es muy dif\u00edcil expresar los afectos de santa alegr\u00eda con que tal anuncio llen\u00f3 su coraz\u00f3n. Corri\u00f3 a casa y se lo dijo con entusiasmo a su madre; unas veces rezaba, otras le\u00eda; pasaba mucho tiempo en la iglesia antes y despu\u00e9s de la Misa y parec\u00eda que su alma habitaba ya con los \u00e1ngeles del cielo. La v\u00edspera del d\u00eda fijado para la Comuni\u00f3n llam\u00f3 a su madre: \u00abMam\u00e1 \u2014le dijo\u2014, ma\u00f1ana voy a hacer mi Comuni\u00f3n; perd\u00f3neme todos los disgustos que le he dado en el pasado. En adelante le prometo ser mucho mejor; estar\u00e9 atento en la escuela, ser\u00e9 obediente, d\u00f3cil y respetuoso con todo lo que me mande\u00bb. Dicho esto se conmovi\u00f3 y se puso a llorar. La madre, que de \u00e9l no hab\u00eda recibido m\u00e1s que consuelos, se conmovi\u00f3 tambi\u00e9n y, conteniendo apenas las l\u00e1grimas, lo consol\u00f3 dici\u00e9ndole: \u00abVe tranquilo, querido Domingo, todo est\u00e1 perdonado; ruega a Dios que te conserve siempre bueno, y ruega tambi\u00e9n por m\u00ed y por tu padre\u00bb.<\/p>\n<p>En la ma\u00f1ana de aquel memorable d\u00eda se levant\u00f3 temprano y, vestido con sus mejores ropas, fue a la iglesia, que encontr\u00f3 todav\u00eda cerrada. Se arrodill\u00f3, como ya hab\u00eda hecho otras veces, en el umbral y rez\u00f3 hasta que llegaron otros ni\u00f1os y se abri\u00f3 la puerta. Entre las confesiones, la preparaci\u00f3n y la acci\u00f3n de gracias de la Comuni\u00f3n, la funci\u00f3n dur\u00f3 cinco horas. Domingo fue el primero en entrar en la iglesia y el \u00faltimo en salir. Durante todo aquel tiempo ya no sab\u00eda si estaba en el cielo o en la tierra.<\/p>\n<p>Aquel d\u00eda fue para \u00e9l siempre memorable y puede llamarse verdadero principio, o m\u00e1s bien continuaci\u00f3n, de una vida que puede servir de modelo a cualquier fiel cristiano. Varios a\u00f1os despu\u00e9s, haci\u00e9ndole hablar de su primera Comuni\u00f3n, todav\u00eda se ve\u00eda reflejar en su rostro la alegr\u00eda m\u00e1s viva. \u00ab\u00a1Oh! \u2014sol\u00eda decir\u2014, aquel fue para m\u00ed el d\u00eda m\u00e1s hermoso y un gran d\u00eda\u00bb. Se escribi\u00f3 algunos recuerdos que guardaba celosamente en un libro de devoci\u00f3n y que le\u00eda con frecuencia. Yo pude tenerlos entre las manos y los inserto aqu\u00ed en su sencillez original. Eran del tenor siguiente: \u00abRecuerdos hechos por m\u00ed, Domingo Savio, en el a\u00f1o 1849, cuando hice la primera Comuni\u00f3n teniendo siete a\u00f1os.<\/p>\n<ol>\n<li>Me confesar\u00e9 muy a menudo y comulgar\u00e9 todas las veces que mi confesor me d\u00e9 permiso.<\/li>\n<li>Quiero santificar los d\u00edas festivos.<\/li>\n<li>Mis amigos ser\u00e1n Jes\u00fas y Mar\u00eda.<\/li>\n<li>Antes morir que pecar\u00bb.<\/li>\n<\/ol>\n<p>Estos recuerdos, que repet\u00eda con frecuencia, fueron como la gu\u00eda de sus acciones hasta el fin de su vida.<\/p>\n<p>Si entre los que lean este librito hubiera alguno que todav\u00eda tuviera que hacer la primera Comuni\u00f3n, quisiera recomendarle encarecidamente que tomara por modelo al joven Savio. Pero recomiendo adem\u00e1s, cuanto s\u00e9 y puedo, a los padres y madres de familia y a todos los que ejercen alguna autoridad sobre la juventud que den la mayor importancia a este acto religioso. Estad persuadidos de que una primera Comuni\u00f3n bien hecha pone un s\u00f3lido fundamento moral para toda la vida; y ser\u00eda extra\u00f1o encontrar a alguien que haya cumplido bien aquel solemne deber y no haya seguido despu\u00e9s una vida buena y virtuosa. Por el contrario, se cuentan por millares los j\u00f3venes d\u00edscolos que son la desolaci\u00f3n de sus padres y de quienes se ocupan de ellos; pero si se va a la ra\u00edz del mal, se descubre que su conducta comenz\u00f3 a manifestarse as\u00ed por la escasa o nula preparaci\u00f3n para la primera Comuni\u00f3n. Es mejor aplazarla, incluso es mejor no hacerla, que hacerla mal.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h1><a name=\"_Toc241832202\"><\/a>CAP\u00cdTULO IV. Escuela de Castelnuovo d\u2019Asti &#8211; Episodio edificante &#8211; Sabia respuesta a un mal consejo<a name=\"_Toc504540955\"><\/a><a name=\"_Toc504541390\"><\/a><a name=\"_Toc504541952\"><\/a><a name=\"_Toc530304049\"><\/a><a name=\"_Toc24283662\"><\/a><\/h1>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Terminados los primeros estudios, Domingo habr\u00eda debido ser enviado mucho antes a otro lugar para continuarlos, cosa que no pod\u00eda hacer en una capellan\u00eda rural. Domingo lo deseaba, y tambi\u00e9n sus padres lo ten\u00edan muy en el coraz\u00f3n. Pero \u00bfc\u00f3mo llevarlo a efecto faltando por completo los medios econ\u00f3micos? Dios, due\u00f1o supremo de todas las cosas, proveer\u00eda los medios necesarios para que este ni\u00f1o pudiera avanzar por la carrera a la que lo llamaba.<\/p>\n<p><em>\u00abSi yo fuera un p\u00e1jaro \u2014<\/em>dec\u00eda algunas veces Domingo\u2014<em>, quisiera volar ma\u00f1ana y tarde a Castelnuovo y as\u00ed continuar mis estudios\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <\/em>Su vivo deseo de estudiar le hizo superar toda dificultad y resolvi\u00f3 acudir a la escuela municipal del pueblo, aunque estaba a casi dos millas de distancia. Y he aqu\u00ed a un ni\u00f1o de apenas diez a\u00f1os emprender un camino de seis millas al d\u00eda entre ida y vuelta de la escuela. A veces soplaba un viento molesto, ard\u00eda un sol abrasador, hab\u00eda barro o una lluvia opresiva. No importaba: soportaba todas las incomodidades y superaba todas las dificultades; ve\u00eda en ello la obediencia a sus padres y un medio para aprender la ciencia de la salvaci\u00f3n, y esto bastaba para hacerle soportar con gusto cualquier molestia. Un d\u00eda, una persona ya entrada en a\u00f1os vio a Domingo ir solo a la escuela a las dos de la tarde, mientras golpeaba un sol ardiente. Como queriendo aliviarlo, se acerc\u00f3 a \u00e9l y mantuvo este di\u00e1logo:<\/p>\n<p>\u2014Querido m\u00edo, \u00bfno tienes miedo de caminar completamente solo por estos caminos?<\/p>\n<p>\u2014No estoy solo; tengo al \u00e1ngel de la guarda, que me acompa\u00f1a en todos mis pasos.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Al menos te resultar\u00e1 penoso el camino con este calor, teniendo que hacerlo cuatro veces al d\u00eda!<\/p>\n<p>\u2014Nada es penoso, nada cuesta trabajo cuando se trabaja para un amo que paga muy bien.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfQui\u00e9n es ese amo?<\/p>\n<p>\u2014Es Dios Creador, que recompensa hasta un vaso de agua dado por amor suyo.<\/p>\n<p>Aquella misma persona cont\u00f3 este episodio a algunos amigos suyos y terminaba siempre su relato diciendo: \u00abUn joven de tan tierna edad, que ya alimenta tales pensamientos, har\u00e1 ciertamente hablar de s\u00ed en la carrera que emprenda\u00bb.<\/p>\n<p>Al ir y volver de la escuela corri\u00f3 una vez un grave peligro para su alma a causa de algunos compa\u00f1eros.<\/p>\n<p>Muchos j\u00f3venes acostumbran, durante los calores del verano, a ir a ba\u00f1arse unas veces en acequias, otras en arroyos, estanques y lugares semejantes. El encontrarse varios muchachos juntos, desnudos y a veces ba\u00f1\u00e1ndose en lugares p\u00fablicos, resulta peligroso para el cuerpo, hasta el punto de que, por desgracia, con demasiada frecuencia tenemos que lamentar ahogamientos de ni\u00f1os y de otras personas que terminan su vida en el agua; pero el peligro es mucho mayor para el alma. \u00a1Cu\u00e1ntos j\u00f3venes lamentan la p\u00e9rdida de su inocencia y hacen remontar su causa al hecho de haber ido a ba\u00f1arse con aquellos compa\u00f1eros en esos lugares desafortunados!<\/p>\n<p>Varios condisc\u00edpulos de Savio ten\u00edan la costumbre de ir all\u00ed. No contentos con acudir ellos mismos, quer\u00edan llevarlo tambi\u00e9n a \u00e9l y una vez hab\u00edan conseguido seducirlo. Pero, advertido de que aquello estaba mal, se mostr\u00f3 profundamente afligido; nunca m\u00e1s fue posible inducirlo a ir, y m\u00e1s de una vez lament\u00f3 y llor\u00f3 el peligro en que hab\u00eda puesto tanto su alma como su cuerpo. Sin embargo, dos de los compa\u00f1eros m\u00e1s desenvueltos y charlatanes volvieron a asaltarlo habl\u00e1ndole as\u00ed:<\/p>\n<p>\u2014Domingo, \u00bfquieres venir con nosotros a divertirnos un poco?<\/p>\n<p>\u2014\u00bfA qu\u00e9 diversi\u00f3n?<\/p>\n<p>\u2014A nadar.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Oh, no! Yo no voy; no s\u00e9 nadar y temo morir en el agua.<\/p>\n<p>\u2014Ven, que es muy agradable. Los que van a nadar ya no sienten el calor, tienen muy buen apetito y adquieren mucha salud.<\/p>\n<p>\u2014Pero yo temo morir en el agua.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Bah! No tengas miedo; nosotros te ense\u00f1aremos cuanto sea necesario. Primero mirar\u00e1s c\u00f3mo lo hacemos nosotros y luego har\u00e1s lo mismo. Nos ver\u00e1s movernos por el agua como peces y dar saltos de gigante.<\/p>\n<p>\u2014Pero \u00bfno es pecado ir a lugares donde hay tantos peligros?<\/p>\n<p>\u2014En absoluto; va todo el mundo.<\/p>\n<p>\u2014Que vaya todo el mundo no demuestra que no sea pecado.<\/p>\n<p>\u2014Si no quieres meterte en el agua, puedes empezar mirando a los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>\u2014Basta; me hab\u00e9is dejado confundido y no s\u00e9 qu\u00e9 decir.<\/p>\n<p>\u2014Ven, ven; f\u00edate de nuestra palabra. No hay nada malo y nosotros te libraremos de todo peligro.<\/p>\n<p>\u2014Antes de hacer lo que me dec\u00eds, quiero pedir permiso a mi madre. Si ella me dice que s\u00ed, ir\u00e9; de lo contrario, no voy.<\/p>\n<p>\u2014C\u00e1llate, tonto, y gu\u00e1rdate bien de dec\u00edrselo a tu madre; seguro que no te dejar\u00e1 venir y, adem\u00e1s, se lo contar\u00e1 a nuestros padres y nos har\u00e1 pasar el calor con unos buenos bastonazos.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Oh! Si mi madre no me deja ir, es se\u00f1al de que est\u00e1 mal; por eso no voy. Y si quer\u00e9is que os hable con franqueza, os dir\u00e9 que fui enga\u00f1ado y acud\u00ed una sola vez, pero no volver\u00e9 nunca m\u00e1s, porque en esos lugares siempre existe peligro de morir ahogado o de ofender al Se\u00f1or de alguna otra manera. Y no volv\u00e1is a hablarme de nadar. Si eso desagrada a vuestros padres, tampoco vosotros deber\u00edais hacerlo, porque el Se\u00f1or castiga a los hijos que hacen cosas contrarias a la voluntad de su padre y de su madre.<\/p>\n<p>As\u00ed nuestro Domingo, dando una sabia respuesta a aquellos malos consejeros, evit\u00f3 un grave peligro en el que, de haberse precipitado, quiz\u00e1 habr\u00eda perdido el inestimable tesoro de la inocencia, al que siguen mil tristes consecuencias.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h1><a name=\"_Toc241832203\"><\/a>CAP\u00cdTULO V. Su conducta en la escuela de Castelnuovo d\u2019Asti &#8211; Palabras de su maestro<a name=\"_Toc504540956\"><\/a><a name=\"_Toc504541391\"><\/a><a name=\"_Toc504541953\"><\/a><a name=\"_Toc530304050\"><\/a><a name=\"_Toc24283663\"><\/a><\/h1>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Mientras frecuentaba esta escuela, comenz\u00f3 a aprender c\u00f3mo deb\u00eda comportarse con sus compa\u00f1eros. Si ve\u00eda a un compa\u00f1ero atento en clase, d\u00f3cil y respetuoso, que sab\u00eda bien las lecciones, hac\u00eda sus trabajos y era alabado por el maestro, este se convert\u00eda enseguida en amigo de Domingo. \u00bfHab\u00eda un d\u00edscolo, un insolente, que descuidaba sus deberes, hablaba mal o blasfemaba? Domingo hu\u00eda de \u00e9l como de la peste. A los que eran algo perezosos los saludaba y les prestaba alg\u00fan servicio cuando se presentaba la ocasi\u00f3n, pero no trababa familiaridad con ellos.<\/p>\n<p>La conducta que observ\u00f3 en la escuela de Castelnuovo d\u2019Asti puede servir de modelo a cualquier joven estudiante que desee progresar en la ciencia y en la piedad. A este prop\u00f3sito transcribo el juicioso informe escrito por su maestro, el sacerdote don Alejandro Allora, que todav\u00eda es maestro municipal de esta cabecera de distrito. Dice as\u00ed:<\/p>\n<p>\u00abMe complace mucho exponer mi juicio acerca del joven Domingo Savio, que en poco tiempo supo ganarse toda mi benevolencia, de manera que llegu\u00e9 a amarlo con la ternura de un padre. Acepto de buen grado esta invitaci\u00f3n, porque conservo todav\u00eda viva, clara y completa memoria de su estudio, de su conducta y de sus virtudes\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abNo puedo decir muchas cosas de su conducta religiosa porque, viviendo bastante lejos del pueblo, estaba dispensado de la congregaci\u00f3n; si hubiera asistido a ella, ciertamente habr\u00eda hecho resplandecer su piedad y devoci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abTerminados los estudios de 1.\u00ba elemental en Murialdo, este buen muchacho pidi\u00f3 y obtuvo f\u00e1cilmente la admisi\u00f3n en mi escuela de 2.\u00ba elemental, precisamente el 21 de junio de 1852, d\u00eda dedicado por los escolares a san Luis Gonzaga, protector de la juventud. Era de constituci\u00f3n algo d\u00e9bil y delicada, de aspecto grave mezclado con dulzura y con un no s\u00e9 qu\u00e9 a la vez serio y agradable. Ten\u00eda una \u00edndole mans\u00edsima y dulc\u00edsima y un humor siempre igual. Su comportamiento en la escuela y fuera de ella, en la iglesia y en cualquier lugar, era tal que cuando la mirada, el pensamiento o la palabra del maestro se dirig\u00edan a \u00e9l, dejaba la m\u00e1s hermosa y grata impresi\u00f3n. Esto, para un maestro, puede llamarse una de las queridas compensaciones de las duras fatigas que tantas veces tiene que soportar en vano al cultivar los \u00e1nimos \u00e1ridos y mal dispuestos de ciertos alumnos. Por eso puedo decir que fue Savio de nombre y sabio tambi\u00e9n de hecho. Lo demostr\u00f3 con sus obras, es decir, en el estudio, en la piedad, en el trato con sus compa\u00f1eros y en todas sus acciones. Desde el primer d\u00eda en que entr\u00f3 en mi escuela hasta el fin de aquel curso escolar, y durante los cuatro meses del curso siguiente, progres\u00f3 en el estudio de manera extraordinaria. Mereci\u00f3 constantemente el primer puesto de su clase, las dem\u00e1s distinciones de la escuela y casi siempre las m\u00e1ximas calificaciones en cada materia que sucesivamente se ense\u00f1aba. Tan feliz resultado en los estudios no debe atribuirse solo a la inteligencia nada com\u00fan de que estaba dotado, sino tambi\u00e9n a su grand\u00edsimo amor al estudio y a su virtud\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abEs tambi\u00e9n digna de especial admiraci\u00f3n la diligencia con que procuraba cumplir los m\u00e1s peque\u00f1os deberes de un escolar cristiano y, en particular, la asiduidad y admirable constancia en la asistencia a la escuela. De modo que, d\u00e9bil como fue siempre de salud, recorr\u00eda cada d\u00eda m\u00e1s de cuatro kil\u00f3metros de camino, y repet\u00eda el trayecto cuatro veces entre ida y vuelta. Y lo hac\u00eda con maravillosa tranquilidad de \u00e1nimo y serenidad de rostro aun en medio de las inclemencias del invierno, con fr\u00edo intenso, lluvia o nieve; cosa que su maestro no pod\u00eda dejar de reconocer como prueba y ejemplo de raro m\u00e9rito. Entretanto, este digno alumno enferm\u00f3 durante el mismo curso 1852-1853, y sus familiares cambiaron despu\u00e9s de domicilio; por ello, con verdadero pesar, ya no pude continuar la ense\u00f1anza de un alumno tan querido, cuyas grandes y hermosas esperanzas se iban ensombreciendo al crecer en m\u00ed el temor de que no pudiera proseguir los estudios por falta de salud o de medios econ\u00f3micos\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abFue luego para m\u00ed un gran consuelo cuando supe que hab\u00eda sido acogido entre los j\u00f3venes del Oratorio de San Francisco de Sales, pues as\u00ed se le abr\u00eda el camino para cultivar su rara inteligencia y su luminosa piedad\u00bb. <em>(Hasta aqu\u00ed el maestro de escuela)<\/em>.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h1><a name=\"_Toc241832204\"><\/a>CAP\u00cdTULO VI. Escuela de Mondonio<a name=\"_Toc504540957\"><\/a><a name=\"_Toc504541392\"><\/a><a name=\"_Toc504541954\"><\/a><a name=\"_Toc530304051\"><\/a><a name=\"_Toc24283664\"><\/a><a href=\"#_ftn5\" name=\"_ftnref5\"><strong>[5]<\/strong><\/a> &#8211; Soporta una grave calumnia<\/h1>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Parece que la Divina Providencia quiso hacer ver a este jovencito que este mundo es un destierro en el que vamos peregrinando de un lugar a otro; o, mejor a\u00fan, quiso quiz\u00e1 que fuera conocido en distintos pueblos y as\u00ed mostrara en m\u00e1s lugares un eminente espejo de virtud.<\/p>\n<p>Hacia finales de 1852 los padres de Domingo dejaron Murialdo y fijaron su residencia en Mondonio, peque\u00f1o pueblo lim\u00edtrofe con Castelnuovo. All\u00ed continu\u00f3 el mismo tenor de vida que hab\u00eda practicado en Murialdo y en Castelnuovo; por eso tendr\u00eda que repetir cuanto escribieron de \u00e9l sus anteriores maestros, pues don Cugliero<a href=\"#_ftn6\" name=\"_ftnref6\">[6]<\/a>, que lo tuvo como alumno, hace una relaci\u00f3n casi id\u00e9ntica. Escoger\u00e9 de ella solamente algunos hechos particulares, omitiendo lo dem\u00e1s para no repetir.<\/p>\n<p>\u00abPuedo decir \u2014escribe\u2014 que en veinte a\u00f1os dedicados a instruir muchachos nunca tuve ninguno que igualara a Savio en piedad. Era joven de edad, pero sensato como un hombre maduro. Su diligencia, su asiduidad en el estudio y su afabilidad conquistaban el afecto del maestro y lo convert\u00edan en la delicia de sus compa\u00f1eros. Cuando lo contemplaba en la iglesia, me llenaba de profunda admiraci\u00f3n al ver tanto recogimiento en un muchacho de edad tan tierna. M\u00e1s de una vez me dije: He aqu\u00ed un alma inocente a la que se abren las delicias del para\u00edso y que con sus afectos va ya a habitar con los \u00e1ngeles del cielo\u00bb<em>.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <\/em>Entre los hechos particulares, el maestro cuenta el siguiente:<\/p>\n<p>\u00abUn d\u00eda se cometi\u00f3 una falta entre mis alumnos, y era de tal naturaleza que el culpable merec\u00eda ser expulsado de la escuela. Los responsables se anticiparon al castigo y, present\u00e1ndose al maestro, se pusieron de acuerdo para echar toda la culpa sobre el buen Domingo. Yo no pod\u00eda creerlo capaz de semejante desorden; pero los acusadores supieron dar a la calumnia tal apariencia de verdad que me vi obligado a creerla. Entr\u00e9, pues, en la escuela justamente indignado por el desorden ocurrido; habl\u00e9 en general al culpable y luego me volv\u00ed hacia Savio: \u201c\u00bfTen\u00edas que ser t\u00fa \u2014le dije\u2014 quien cometiera esta falta? \u00bfNo merecer\u00edas ser expulsado inmediatamente de la escuela? Menos mal para ti que es la primera de esta clase que cometes; de lo contrario&#8230; procura que sea tambi\u00e9n la \u00faltima\u201d. Domingo habr\u00eda podido decir una sola palabra en su defensa y su inocencia habr\u00eda quedado reconocida. Pero guard\u00f3 silencio, inclin\u00f3 la cabeza y, como quien es justamente reprendido, no volvi\u00f3 a levantar los ojos\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abPero Dios protege a los inocentes, y al d\u00eda siguiente fueron descubiertos los verdaderos culpables y qued\u00f3 as\u00ed manifiesta la inocencia de Domingo. Lleno de pesar por las reprimendas hechas al supuesto culpable, lo tom\u00e9 aparte y le dije: \u201cDomingo, \u00bfpor qu\u00e9 no me dijiste inmediatamente que eras inocente?\u201d. Domingo respondi\u00f3: \u201cPorque aquel muchacho, siendo ya culpable de otras faltas, quiz\u00e1 habr\u00eda sido expulsado de la escuela; por mi parte, esperaba ser perdonado, pues era la primera falta de la que se me acusaba en la escuela; adem\u00e1s pensaba tambi\u00e9n en nuestro Divino Salvador, que fue injustamente calumniado\u201d\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abCall\u00e9 entonces, pero todos admiraron la paciencia de Savio, que hab\u00eda sabido devolver bien por mal y estaba dispuesto a soportar incluso un grave castigo en favor del mismo que lo hab\u00eda calumniado\u00bb<em>. (As\u00ed don Cugliero)<\/em>.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h1><a name=\"_Toc241832205\"><\/a>CAP\u00cdTULO VII. Mi primer conocimiento de \u00e9l &#8211; Curiosos episodios en aquella ocasi\u00f3n<a name=\"_Toc504540958\"><\/a><a name=\"_Toc504541393\"><\/a><a name=\"_Toc504541955\"><\/a><a name=\"_Toc530304052\"><\/a><a name=\"_Toc24283665\"><\/a><\/h1>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Las cosas que voy a contar puedo exponerlas con mayor riqueza de detalles porque casi todas sucedieron ante mis ojos y, en su mayor parte, en presencia de multitud de j\u00f3venes que coinciden todos en afirmarlas. Corr\u00eda el a\u00f1o 1854 cuando el mencionado don <em>Cugliero <\/em>vino a hablarme de un alumno suyo digno, por su piedad, de particular consideraci\u00f3n. \u00abAqu\u00ed en su casa \u2014dec\u00eda\u2014 podr\u00e1 tener j\u00f3venes iguales, pero dif\u00edcilmente tendr\u00e1 quien lo supere en talento y virtud. P\u00f3ngalo a prueba y encontrar\u00e1 un san Luis Gonzaga\u00bb. Quedamos de acuerdo en que me lo enviar\u00eda a Murialdo con ocasi\u00f3n de una de las veces en que acostumbro a ir all\u00ed con los j\u00f3venes de esta casa para hacerles disfrutar un poco del campo y, al mismo tiempo, hacer la novena y celebrar la solemnidad del Rosario de Mar\u00eda Sant\u00edsima.<\/p>\n<p>Era muy temprano en la ma\u00f1ana del primer lunes de octubre cuando vi acercarse a un muchacho acompa\u00f1ado de su padre para hablar conmigo. Su rostro alegre y su aire sonriente, pero respetuoso, atrajeron hacia \u00e9l mis miradas.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfQui\u00e9n eres? \u2014le dije\u2014. \u00bfDe d\u00f3nde vienes?<\/p>\n<p>\u2014Soy Domingo Savio \u2014respondi\u00f3\u2014, de quien le ha hablado don Cugliero, mi maestro, y venimos de Mondonio.<\/p>\n<p>Entonces lo llam\u00e9 aparte y, puestos a hablar de los estudios realizados y del tenor de vida seguido hasta entonces, entramos enseguida en plena confianza, \u00e9l conmigo y yo con \u00e9l.<\/p>\n<p>Reconoc\u00ed en aquel joven un alma enteramente conforme al esp\u00edritu del Se\u00f1or y qued\u00e9 no poco admirado al considerar las obras que la gracia divina hab\u00eda realizado ya en edad tan tierna.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de una conversaci\u00f3n algo prolongada, antes de que yo llamara al padre, me dijo estas precisas palabras: \u00abY bien, \u00bfqu\u00e9 le parece? \u00bfMe llevar\u00e1 a Tur\u00edn para estudiar?\u00bb.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Eh! Me parece que aqu\u00ed hay buena tela.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfPara qu\u00e9 puede servir esta tela?<\/p>\n<p>\u2014Para hacer un hermoso traje que regalar al Se\u00f1or.<\/p>\n<p>\u2014Entonces yo soy la tela; sea usted el sastre. Ll\u00e9veme consigo y har\u00e1 un hermoso traje para el Se\u00f1or.<\/p>\n<p>\u2014Temo que tu d\u00e9bil salud no resista el estudio.<\/p>\n<p>\u2014No tema por eso; aquel Se\u00f1or que hasta ahora me ha dado salud y gracia me ayudar\u00e1 tambi\u00e9n en adelante.<\/p>\n<p>\u2014Pero cuando hayas terminado el estudio del lat\u00edn, \u00bfqu\u00e9 querr\u00e1s hacer?<\/p>\n<p>\u2014Si el Se\u00f1or me concede tan gran gracia, deseo ardientemente abrazar el estado eclesi\u00e1stico.<\/p>\n<p>\u2014Bien. Ahora quiero probar si tienes suficiente capacidad para el estudio. Toma este librito \u2014era un fasc\u00edculo<em> de las Lecturas <\/em>Cat\u00f3licas\u2014, estudia hoy esta p\u00e1gina y ma\u00f1ana volver\u00e1s para recit\u00e1rmela.<\/p>\n<p>Dicho esto, lo dej\u00e9 en libertad de ir a divertirse con los otros j\u00f3venes y me puse a hablar con su padre. No hab\u00edan pasado m\u00e1s de ocho minutos cuando Domingo se acerc\u00f3 sonriendo y me dijo: \u00abSi quiere, puedo recitar ahora mi p\u00e1gina\u00bb. Tom\u00e9 el libro y, con gran sorpresa, comprob\u00e9 que no solo hab\u00eda aprendido literalmente la p\u00e1gina se\u00f1alada, sino que comprend\u00eda perfectamente el sentido de cuanto conten\u00eda.<\/p>\n<p>\u2014Bravo \u2014le dije\u2014. T\u00fa has adelantado el estudio de tu lecci\u00f3n y yo adelanto mi respuesta. S\u00ed, te llevar\u00e9 a Tur\u00edn y desde ahora quedas contado entre mis queridos hijos. Comienza tambi\u00e9n t\u00fa desde este momento a pedir a Dios que nos ayude a ti y a m\u00ed a cumplir su santa voluntad.<\/p>\n<p>No sabiendo c\u00f3mo expresar mejor su alegr\u00eda y su gratitud, me tom\u00f3 la mano, la estrech\u00f3, la bes\u00f3 varias veces y finalmente dijo: \u00abEspero comportarme de manera que nunca tenga usted que lamentarse de mi conducta\u00bb.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h1><a name=\"_Toc241832206\"><\/a>CAP\u00cdTULO VIII. Llega al Oratorio de San Francisco de Sales &#8211; Su primer tenor de vida<a name=\"_Toc504540959\"><\/a><a name=\"_Toc504541394\"><\/a><a name=\"_Toc504541956\"><\/a><a name=\"_Toc530304053\"><\/a><a name=\"_Toc24283666\"><\/a><\/h1>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Es propio de la edad voluble de la juventud cambiar con frecuencia de prop\u00f3sito acerca de lo que se quiere; por eso no es raro que hoy se decida una cosa y ma\u00f1ana otra; hoy se practique una virtud en grado eminente y ma\u00f1ana lo contrario; y si no hay quien vigile atentamente, muchas veces termina mal una educaci\u00f3n que quiz\u00e1 habr\u00eda podido tener el m\u00e1s feliz resultado. No fue as\u00ed con nuestro Domingo. Todas aquellas virtudes que hemos visto nacer y crecer en las diversas etapas de su vida crecieron siempre maravillosamente y crecieron juntas, sin que una perjudicara a la otra.<\/p>\n<p>Llegado a la casa del Oratorio, fue a mi habitaci\u00f3n para ponerse, como \u00e9l dec\u00eda, enteramente en manos de sus superiores. Su mirada se pos\u00f3 enseguida en un cartel en el que, con grandes caracteres, estaban escritas las palabras que san Francisco de Sales sol\u00eda repetir: Da mihi<em> animas, coetera tolle. Se puso<\/em> a leerlas atentamente y yo deseaba que comprendiera su significado. Por eso lo invit\u00e9, y hasta lo ayud\u00e9, a traducirlas y sacar este sentido: <em>\u00abOh Se\u00f1or, dame almas y ll\u00e9vate todas las dem\u00e1s cosas\u00bb. Pens\u00f3<\/em> un momento y luego a\u00f1adi\u00f3: \u00abHe entendido: aqu\u00ed no hay negocio de dinero, sino negocio de almas; he entendido. Espero que tambi\u00e9n mi alma formar\u00e1 parte de este negocio\u00bb.<\/p>\n<p>Durante alg\u00fan tiempo su tenor de vida fue del todo ordinario; no se admiraba en \u00e9l otra cosa que la exacta observancia de las reglas de la casa. Se aplic\u00f3 con empe\u00f1o al estudio. Cumpl\u00eda con ardor todos sus deberes. Escuchaba con gusto las predicaciones. Ten\u00eda profundamente arraigado en el coraz\u00f3n que la palabra de Dios es la gu\u00eda del hombre por el camino del cielo; por eso toda m\u00e1xima o\u00edda en un serm\u00f3n se convert\u00eda para \u00e9l en un recuerdo invariable que ya no olvidaba.<\/p>\n<p>Toda instrucci\u00f3n moral, todo catecismo, toda predicaci\u00f3n, por prolongada que fuera, era siempre para \u00e9l una delicia. Cuando o\u00eda algo que no hab\u00eda entendido bien, enseguida ped\u00eda explicaci\u00f3n. De aqu\u00ed tuvo comienzo aquel ejemplar tenor de vida, aquella exactitud en el cumplimiento de sus deberes, m\u00e1s all\u00e1 de la cual dif\u00edcilmente se puede llegar.<\/p>\n<p>Para ser instruido acerca de las reglas y de la disciplina de la casa, procuraba con mucha gracia acercarse a alguno de sus superiores; lo interrogaba, le ped\u00eda aclaraciones y consejos, suplic\u00e1ndole que tuviera la bondad de advertirle cada vez que lo viera faltar a sus deberes. No era menos digna de alabanza la conducta que guardaba con sus compa\u00f1eros. \u00bfVe\u00eda a alguno disipado, negligente en sus deberes o descuidado en la piedad? Domingo lo evitaba. \u00bfHab\u00eda un compa\u00f1ero ejemplar, estudioso, diligente y alabado por el maestro? Este se convert\u00eda enseguida en amigo y compa\u00f1ero \u00edntimo de Domingo.<\/p>\n<p>Al acercarse la fiesta de la Inmaculada Concepci\u00f3n de Mar\u00eda, el Director dirig\u00eda todas las noches algunas palabras de aliento a los j\u00f3venes de la casa para que cada uno se esforzara en celebrarla de manera digna de la gran Madre de Dios; pero insisti\u00f3 especialmente en que pidieran a esta celestial protectora aquellas gracias que cada cual reconoc\u00eda necesitar m\u00e1s.<\/p>\n<p>Corr\u00eda el a\u00f1o 1854, cuando los cristianos de todo el mundo se encontraban en una especie de agitaci\u00f3n espiritual porque en Roma se trataba de la definici\u00f3n dogm\u00e1tica de la Inmaculada Concepci\u00f3n de Mar\u00eda. Tambi\u00e9n entre nosotros se hac\u00eda cuanto nuestra condici\u00f3n permit\u00eda para celebrar aquella solemnidad con decoro y con fruto espiritual para nuestros j\u00f3venes.<\/p>\n<p>Savio era uno de los que se sent\u00edan arder en deseos de celebrarla santamente. Escribi\u00f3 nueve florecillas, es decir, nueve actos de virtud que deb\u00eda practicar, sacando uno a suerte cada d\u00eda. Se prepar\u00f3, hizo con gusto la confesi\u00f3n general y se acerc\u00f3 a los santos Sacramentos con el m\u00e1ximo recogimiento.<\/p>\n<p>La tarde de aquel d\u00eda, 8 de diciembre, terminadas las sagradas funciones de la iglesia, por consejo del confesor Domingo fue ante el altar de Mar\u00eda, renov\u00f3 las promesas hechas en la primera Comuni\u00f3n y despu\u00e9s repiti\u00f3 varias veces estas precisas<strong> palabras: \u00abMar\u00eda, os doy mi coraz\u00f3n; haced que sea siempre vuestro. Jes\u00fas y Mar\u00eda, sed siempre mis amigos; pero, por piedad, hacedme morir antes que tenga la desgracia de cometer un solo pecado\u00bb<\/strong>.<\/p>\n<p>Tomada as\u00ed Mar\u00eda como sost\u00e9n de su devoci\u00f3n, su conducta moral apareci\u00f3 tan edificante y unida a tales actos de virtud que desde entonces comenc\u00e9 a anotarlos para no olvidarlos.<\/p>\n<p>Llegado a este punto en la descripci\u00f3n de las acciones del joven Savio, veo ante m\u00ed un conjunto de hechos y virtudes que merecen especial atenci\u00f3n tanto de quien escribe como de quien lee. Por eso, para mayor claridad, juzgo conveniente exponer las cosas no seg\u00fan el orden cronol\u00f3gico, sino seg\u00fan la semejanza de los hechos que tienen entre s\u00ed una relaci\u00f3n especial o se refieren a la misma materia. Dividir\u00e9, pues, las cosas en otros tantos cap\u00edtulos, comenzando por el estudio del lat\u00edn, que fue el motivo principal por el que vino y fue acogido en esta casa de Valdocco.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h1><a name=\"_Toc241832207\"><\/a>CAP\u00cdTULO IX. Estudio del lat\u00edn &#8211; Curiosos incidentes &#8211; Conducta en la escuela &#8211; Impide una ri\u00f1a &#8211; Evita un peligro<a name=\"_Toc504540960\"><\/a><a name=\"_Toc504541395\"><\/a><a name=\"_Toc504541957\"><\/a><a name=\"_Toc530304054\"><\/a><a name=\"_Toc24283667\"><\/a><\/h1>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Hab\u00eda estudiado los principios de lat\u00edn en Mondonio; y as\u00ed, con su gran asiduidad en el estudio y su capacidad nada com\u00fan, consigui\u00f3 pronto ser clasificado en la cuarta, o como dir\u00edamos hoy, en la segunda gram\u00e1tica latina. Hizo este curso con el piadoso y caritativo profesor Jos\u00e9 Bonzanino, pues entonces todav\u00eda no se hab\u00edan establecido las escuelas de ense\u00f1anza secundaria en la casa del Oratorio, como lo est\u00e1n actualmente. Tambi\u00e9n aqu\u00ed deber\u00eda expresar su comportamiento, su aprovechamiento y su ejemplaridad con las mismas palabras de sus maestros anteriores. Por eso expondr\u00e9 solamente algunas cosas que durante este a\u00f1o de lat\u00edn y en los dos siguientes fueron observadas con particular admiraci\u00f3n por quienes lo conocieron. El profesor Bonzanino dijo m\u00e1s de una vez que no recordaba haber tenido nunca un alumno m\u00e1s atento, m\u00e1s d\u00f3cil y m\u00e1s respetuoso que el joven Savio. Aparec\u00eda como modelo en todo. No era nada rebuscado en el vestir ni en el peinado; pero con aquella modestia de vestidos y en su humilde condici\u00f3n aparec\u00eda limpio, bien educado y cort\u00e9s, de manera que sus compa\u00f1eros de condici\u00f3n acomodada e incluso noble, que en buen n\u00famero asist\u00edan a aquella escuela, disfrutaban mucho tratando con Domingo, no solo por su ciencia y piedad, sino tambi\u00e9n por sus maneras corteses y agradables. Si al profesor le suced\u00eda advertir a alg\u00fan escolar algo charlat\u00e1n, sentaba a Domingo a su lado, y \u00e9l con habilidad procuraba inducirlo al silencio, al estudio y al cumplimiento de sus deberes.<\/p>\n<p>Fue durante este a\u00f1o cuando la vida de Domingo nos ofrece un hecho que tiene algo de heroico y apenas resulta cre\u00edble a su joven edad. Se refiere a dos compa\u00f1eros de escuela que llegaron entre s\u00ed a una ri\u00f1a peligrosa. La disputa comenz\u00f3 por algunas palabras que se hab\u00edan dicho mutuamente en desprecio de sus familias. Despu\u00e9s de algunos insultos se dirigieron injurias y se desafiaron a hacer valer sus razones a pedradas. Domingo lleg\u00f3 a descubrir aquella discordia; pero \u00bfc\u00f3mo impedirla, siendo los dos rivales mayores que \u00e9l en fuerza y edad? Intent\u00f3 persuadirlos de que desistieran de aquel proyecto, haciendo observar a ambos que la venganza es contraria a la raz\u00f3n y a la santa ley de Dios; escribi\u00f3 cartas a uno y a otro; los amenaz\u00f3 con referir la cosa al profesor e incluso a sus padres; pero todo fue in\u00fatil. Sus \u00e1nimos estaban tan exacerbados que cualquier palabra resultaba in\u00fatil. Adem\u00e1s del peligro de hacerse grave da\u00f1o corporal, se comet\u00eda una gran ofensa contra Dios. Domingo estaba sumamente afligido, deseaba oponerse y no sab\u00eda c\u00f3mo. Dios le inspir\u00f3 obrar de este modo. Los esper\u00f3 despu\u00e9s de la escuela y, cuando pudo hablar con ambos aparte, dijo: \u00abPuesto que persist\u00eds en vuestro brutal prop\u00f3sito, os ruego al menos que acept\u00e9is una condici\u00f3n\u00bb. \u00abLa aceptamos \u2014respondieron\u2014, con tal de que no impida nuestro desaf\u00edo\u00bb. \u00abEs un canalla\u00bb, replic\u00f3 enseguida uno de ellos; \u00aby yo no estar\u00e9 en paz con \u00e9l \u2014a\u00f1adi\u00f3 el otro\u2014 hasta que \u00e9l o yo tengamos la cabeza rota\u00bb. Savio temblaba ante aquel brutal altercado; sin embargo, deseando impedir un mal mayor, se mantuvo firme y dijo: \u00abLa condici\u00f3n que voy a poneros no impide el desaf\u00edo\u00bb.<\/p>\n<p><em>Compa\u00f1eros.<\/em> \u00bfCu\u00e1l es esa condici\u00f3n?<\/p>\n<p><em>Savio.<\/em> Solo quiero dec\u00edrosla en el lugar donde quer\u00e9is mediros a pedradas.<\/p>\n<p><em>Compa\u00f1eros.<\/em> Nos est\u00e1s tomando el pelo o intentar\u00e1s ponernos alg\u00fan obst\u00e1culo.<\/p>\n<p><em>Savio.<\/em> Estar\u00e9 con vosotros y no os enga\u00f1ar\u00e9; estad tranquilos.<\/p>\n<p><em>Compa\u00f1eros.<\/em> Quiz\u00e1 quieras ir a llamar a alguien.<\/p>\n<p><em>Savio.<\/em> Deber\u00eda hacerlo, pero no lo har\u00e9. Vamos, yo estar\u00e9 con vosotros. Solo mantenedme la palabra. Se lo prometieron y fueron a los llamados<em> prados de la Cittadella,<\/em> fuera de Porta Susa<a href=\"#_ftn7\" name=\"_ftnref7\">[7]<\/a>.<\/p>\n<p>Tan grande era el odio de los dos contendientes que Savio apenas pudo impedir que llegaran a las manos durante el breve trayecto que ten\u00edan que recorrer.<\/p>\n<p>Llegados al lugar se\u00f1alado, Savio hizo algo que ciertamente nadie habr\u00eda imaginado. Dej\u00f3 que se colocaran a cierta distancia; ya ten\u00edan las piedras en la mano, cinco cada uno, cuando Domingo habl\u00f3 as\u00ed: \u00abAntes de llevar a cabo vuestro desaf\u00edo quiero que cumpl\u00e1is la condici\u00f3n aceptada\u00bb. Dicho esto sac\u00f3 el peque\u00f1o Crucifijo que llevaba al cuello y, sosteni\u00e9ndolo con una mano, dijo: \u00abQuiero que cada uno fije la mirada en este Crucifijo y despu\u00e9s, arroj\u00e1ndome una piedra, pronuncie en voz alta estas palabras: Jesucristo inocente muri\u00f3 perdonando a quienes lo crucificaron; yo, pecador, quiero ofenderlo y tomar una solemne venganza\u00bb.<\/p>\n<p>Dicho esto fue a arrodillarse delante del que se mostraba m\u00e1s enfurecido, diciendo: \u00abDa el primer golpe contra m\u00ed; l\u00e1nzame una fuerte pedrada a la cabeza\u00bb. Este, que no esperaba semejante propuesta, comenz\u00f3 a temblar. \u00abNo \u2014dijo\u2014, jam\u00e1s. No tengo nada contra ti; al contrario, te defender\u00eda si alguien quisiera ofenderte\u00bb.<\/p>\n<p>Al o\u00edr esto, Domingo corri\u00f3 hacia el otro dici\u00e9ndole las mismas palabras. Tambi\u00e9n \u00e9l qued\u00f3 desconcertado y, temblando, dijo que, siendo Domingo su amigo, nunca le har\u00eda da\u00f1o alguno.<\/p>\n<p>Entonces Domingo se puso en pie y, adoptando un aspecto serio y conmovido, les dijo: \u00ab\u00bfC\u00f3mo? Los dos est\u00e1is dispuestos a afrontar incluso un grave peligro para defenderme a m\u00ed, que soy una miserable criatura, y no sois capaces de perdonaros un insulto y una burla sufridos en la escuela para salvar vuestra alma, que cost\u00f3 la sangre del Salvador y que vais a perder con este pecado?\u00bb. Dicho esto call\u00f3, manteniendo siempre el Crucifijo levantado con la mano.<\/p>\n<p>Ante aquel espect\u00e1culo de caridad y valor los compa\u00f1eros quedaron vencidos. \u00abEn aquel momento \u2014afirma uno de ellos\u2014 me sent\u00ed profundamente conmovido; un escalofr\u00edo me recorri\u00f3 los miembros y me llen\u00e9 de verg\u00fcenza por haber obligado a un amigo tan bueno como Savio a recurrir a medidas extremas para impedir nuestro imp\u00edo prop\u00f3sito. Queriendo al menos darle una se\u00f1al de buena voluntad, perdon\u00e9 de coraz\u00f3n a quien me hab\u00eda ofendido y ped\u00ed a Domingo que me indicara alg\u00fan sacerdote paciente y caritativo para ir a confesarme. De este modo, despu\u00e9s de haber vuelto a ser su amigo, qued\u00e9 reconciliado con el Se\u00f1or, a quien ciertamente hab\u00eda ofendido gravemente con el odio y el deseo de venganza\u00bb.<\/p>\n<p>Este es un ejemplo muy digno de ser imitado por todo joven cristiano cuando le suceda ver a su semejante a punto de vengarse, o cuando \u00e9l mismo sea de alg\u00fan modo ofendido o insultado por otros.<\/p>\n<p>Lo que en este hecho honra de modo singular la conducta y la caridad de Savio es el silencio con que supo guardar cuanto hab\u00eda ocurrido. Todo habr\u00eda quedado completamente ignorado si quienes participaron en ello no lo hubieran contado repetidas veces.<\/p>\n<p>La ida y vuelta de la escuela, que es tan peligrosa para los j\u00f3venes que desde los pueblos vienen a las grandes ciudades, fue para nuestro Domingo un verdadero ejercicio de virtud. Constante en cumplir las \u00f3rdenes de sus superiores, iba a la escuela y volv\u00eda a casa sin dirigir siquiera una mirada ni prestar o\u00eddo a cosa alguna que no conviniera a un joven cristiano. Si ve\u00eda a alguno detenerse, correr, saltar, tirar piedras o pasar por lugares no permitidos, enseguida se alejaba de \u00e9l. Un d\u00eda fue invitado a ir de paseo sin permiso; otra vez le aconsejaron faltar a la escuela para ir a divertirse, pero siempre supo responder con una negativa. \u00abMi diversi\u00f3n m\u00e1s hermosa \u2014les respond\u00eda\u2014 es el cumplimiento de mis deberes; y si sois verdaderos amigos, deb\u00e9is aconsejarme que los cumpla con exactitud y nunca que los quebrante\u00bb. Sin embargo, tuvo la desgracia de tener algunos compa\u00f1eros que lo importunaron hasta tal punto que Savio se encontr\u00f3 a punto de caer en sus lazos. Ya se resolv\u00eda a ir con ellos y as\u00ed faltar aquel d\u00eda a la escuela. Pero, despu\u00e9s de recorrer un breve trecho, comprendi\u00f3 que segu\u00eda un mal consejo, sinti\u00f3 gran remordimiento, llam\u00f3 a los malos consejeros y les dijo: \u00abQueridos m\u00edos, el deber me impone ir a la escuela y yo quiero ir; estamos haciendo algo que desagrada a Dios y a nuestros superiores. Me arrepiento de lo que he hecho; si otra vez me dais consejos semejantes, dejar\u00e9is de ser mis amigos\u00bb.<\/p>\n<p>Aquellos j\u00f3venes acogieron la advertencia de su amigo; fueron con \u00e9l a la escuela y en adelante ya no intentaron apartarlo de sus deberes. Al final del a\u00f1o, gracias a su buena conducta y a su constante aplicaci\u00f3n al estudio, mereci\u00f3 ser promovido entre los mejores a la clase superior. Pero al comienzo del tercer a\u00f1o de gram\u00e1tica, al parecer algo empeorada la salud de Domingo, se juzg\u00f3 conveniente dejarle hacer el curso de forma privada aqu\u00ed, en la casa del Oratorio, a fin de poder prestarle los debidos cuidados en el descanso, el estudio y el recreo.<\/p>\n<p>En el a\u00f1o de humanidades, o de primera ret\u00f3rica, pareciendo estar mejor de salud, fue enviado al benem\u00e9rito profesor don Mateo Picco. Este hab\u00eda o\u00eddo hablar varias veces de las hermosas cualidades que adornaban a Savio, por lo que lo acogi\u00f3 gustosamente y de forma gratuita en su escuela, que se contaba entre las mejores aprobadas de nuestra ciudad.<\/p>\n<p>Muchas son las cosas edificantes dichas o hechas por Savio durante el a\u00f1o de tercera gram\u00e1tica y primera ret\u00f3rica; las iremos exponiendo poco a poco al narrar los hechos con los que est\u00e1n relacionadas.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h1><a name=\"_Toc241832208\"><\/a>CAP\u00cdTULO X. Su decisi\u00f3n de hacerse santo<a name=\"_Toc504540961\"><\/a><a name=\"_Toc504541396\"><\/a><a name=\"_Toc504541958\"><\/a><a name=\"_Toc530304055\"><\/a><a name=\"_Toc24283668\"><\/a><\/h1>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Dado as\u00ed un breve resumen de los estudios realizados en las clases de lat\u00edn, hablaremos ahora de su gran decisi\u00f3n de hacerse santo.<\/p>\n<p>Hac\u00eda seis meses que Savio viv\u00eda en el Oratorio cuando all\u00ed se predic\u00f3 sobre el modo f\u00e1cil de hacerse santo. El predicador se detuvo especialmente en desarrollar tres pensamientos que produjeron profunda impresi\u00f3n en el \u00e1nimo de Domingo, a saber: es voluntad de Dios que todos nos hagamos santos; es muy f\u00e1cil conseguirlo; y hay un gran premio preparado en el cielo para quien se hace santo. Aquella predicaci\u00f3n fue para Domingo como una chispa que inflam\u00f3 su coraz\u00f3n de amor de Dios. Durante algunos d\u00edas no dijo nada, pero estaba menos alegre que de costumbre, de modo que lo advirtieron los compa\u00f1eros y lo advert\u00ed tambi\u00e9n yo. Juzgando que aquello proced\u00eda de alguna nueva molestia de salud, le pregunt\u00e9 si sufr\u00eda alg\u00fan mal. \u00abAl contrario \u2014me respondi\u00f3\u2014, sufro alg\u00fan bien\u00bb. \u00ab\u00bfQu\u00e9 quieres decir?\u00bb. \u00abQuiero decir que siento un deseo y una necesidad de hacerme santo. Yo no pensaba que pudiera hacerme santo con tanta facilidad; pero ahora que he comprendido que esto puede conseguirse incluso estando alegre, quiero absolutamente hacerme santo y tengo absoluta necesidad de hacerlo. D\u00edgame, pues, c\u00f3mo debo comportarme para comenzar esta empresa\u00bb.<\/p>\n<p>Alab\u00e9 su prop\u00f3sito, pero lo exhort\u00e9 a no inquietarse, porque en las conmociones del \u00e1nimo no se distingue bien la voz del Se\u00f1or; antes bien, lo primero que quer\u00eda de \u00e9l era una alegr\u00eda constante y moderada; y, aconsej\u00e1ndole que perseverara en el cumplimiento de sus deberes de piedad y estudio, le recomend\u00e9 que no dejara nunca de tomar parte en el recreo con sus compa\u00f1eros.<\/p>\n<p>Un d\u00eda le dije que quer\u00eda hacerle un regalo de su gusto, pero que deseaba que \u00e9l mismo lo escogiera. \u00abEl regalo que pido \u2014a\u00f1adi\u00f3 enseguida\u2014 es que me haga santo. Quiero entregarme del todo al Se\u00f1or, para siempre al Se\u00f1or, y siento necesidad de hacerme santo; si no me hago santo, no hago nada. Dios me quiere santo y yo debo hacerme tal\u00bb.<\/p>\n<p>En una ocasi\u00f3n el Director quiso dar una se\u00f1al especial de afecto a los j\u00f3venes de la casa y les permiti\u00f3 que, por medio de una nota escrita, le pidieran cualquier cosa que estuviera en su poder, prometiendo que la conceder\u00eda. Cualquiera puede imaginar f\u00e1cilmente las peticiones graciosas y extravagantes que hizo uno u otro. Savio tom\u00f3 un pedacito de papel y escribi\u00f3 solamente estas palabras: \u00abLe pido que salve mi alma y me haga santo\u00bb.<\/p>\n<p>Un d\u00eda se explicaban algunas palabras seg\u00fan su etimolog\u00eda. \u00abY Domingo \u2014le preguntaron\u2014, \u00bfqu\u00e9 significa?\u00bb. Se respondi\u00f3: <em>\u00abDomingo <\/em>significa \u201cdel<em> Se\u00f1or\u201d\u00bb. \u00abYa<\/em> ve \u2014a\u00f1adi\u00f3 enseguida\u2014 si no tengo raz\u00f3n en pedirle que me haga santo: hasta mi nombre dice que soy del Se\u00f1or. Por tanto, debo y quiero ser enteramente del Se\u00f1or; quiero hacerme santo y ser\u00e9 desgraciado mientras no lo sea\u00bb.<\/p>\n<p>El af\u00e1n que mostraba por hacerse santo no proven\u00eda de que no llevara ya una vida verdaderamente santa. Hablaba as\u00ed porque deseaba practicar penitencias rigurosas y pasar largas horas en oraci\u00f3n; cosas que el Director le prohib\u00eda por no ser compatibles con su edad, su salud y sus ocupaciones.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h1><a name=\"_Toc241832209\"><\/a>CAP\u00cdTULO XI. Su celo por la salvaci\u00f3n de las almas<a name=\"_Toc504540962\"><\/a><a name=\"_Toc504541397\"><\/a><a name=\"_Toc504541959\"><\/a><a name=\"_Toc530304056\"><\/a><a name=\"_Toc24283669\"><\/a><\/h1>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Lo primero que se le recomend\u00f3 para hacerse santo fue trabajar por ganar almas para Dios, puesto que no hay cosa m\u00e1s santa en el mundo que cooperar al bien de las almas, por cuya salvaci\u00f3n Jesucristo derram\u00f3 hasta la \u00faltima gota de su precios\u00edsima sangre. Domingo comprendi\u00f3 la importancia de esta pr\u00e1ctica y se le oy\u00f3 decir muchas veces: \u00ab\u00a1Si pudiera ganar para Dios a todos mis compa\u00f1eros, qu\u00e9 feliz ser\u00eda!\u00bb. Entretanto no dejaba pasar ocasi\u00f3n alguna de dar un buen consejo o advertir a quien hubiera dicho o hecho algo contrario a la santa ley de Dios.<\/p>\n<p>Lo que le causaba gran horror y perjudicaba no poco su salud era la blasfemia, o\u00edr tomar en vano el santo nombre de Dios. Si en las calles de la ciudad o en otro lugar le suced\u00eda o\u00edr alguna de estas palabras, inmediatamente inclinaba la cabeza dolorido y dec\u00eda con coraz\u00f3n devoto: \u00abAlabado sea Jesucristo\u00bb.<\/p>\n<p>Un d\u00eda, mientras atravesaba una plaza de la ciudad, un compa\u00f1ero lo vio quitarse la gorra y pronunciar en voz baja algunas palabras. \u00ab\u00bfQu\u00e9 haces? \u2014le pregunt\u00f3\u2014. \u00bfQu\u00e9 dices?\u00bb. \u00ab\u00bfNo lo has o\u00eddo? \u2014respondi\u00f3 Domingo\u2014. Ese carretero ha tomado en vano el santo nombre de Dios. Si hubiera pensado que serv\u00eda de algo, habr\u00eda corrido a advertirle que no lo hiciera nunca m\u00e1s; pero, temiendo que dijera cosas todav\u00eda peores, me limito a quitarme la gorra y decir: Alabado sea Jesucristo. Hago esto con intenci\u00f3n de reparar en algo el insulto hecho al santo nombre del Se\u00f1or\u00bb.<\/p>\n<p>Su compa\u00f1ero admir\u00f3 la conducta y el valor de Domingo y todav\u00eda se complace en contar el episodio en honor de su amigo y para edificaci\u00f3n de los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>Una vez, volviendo de la escuela, oy\u00f3 a un hombre ya bastante entrado en a\u00f1os proferir una horrible blasfemia. Nuestro Domingo tembl\u00f3 al o\u00edrla; alab\u00f3 a Dios en su coraz\u00f3n y despu\u00e9s hizo algo verdaderamente admirable. Con el modo m\u00e1s respetuoso corri\u00f3 hacia el imprudente blasfemo y le pregunt\u00f3 si pod\u00eda indicarle d\u00f3nde se encontraba el Oratorio de San Francisco de Sales. Ante aquel rostro celestial, el hombre dej\u00f3 a un lado su rudeza y dijo: \u00abNo lo s\u00e9, querido ni\u00f1o; lo siento\u00bb.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Oh! Si no sabe eso, quiz\u00e1 podr\u00eda hacerme otro favor.<\/p>\n<p>\u2014Dime; lo har\u00e9 con mucho gusto.<\/p>\n<p>Domingo se acerc\u00f3 cuanto pudo a su o\u00eddo y, hablando en voz baja para que nadie m\u00e1s lo entendiera, a\u00f1adi\u00f3: \u00abMe har\u00eda un gran favor si, cuando se enfada, empleara otras palabras y no blasfemara el santo nombre de Dios\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abBravo \u2014dijo el otro, lleno de asombro y admiraci\u00f3n\u2014. S\u00ed, tienes raz\u00f3n. Es una maldita costumbre y quiero vencerla cueste lo que cueste\u00bb.<\/p>\n<p>Un d\u00eda, un ni\u00f1o de unos nueve a\u00f1os comenz\u00f3 a re\u00f1ir con un compa\u00f1ero cerca de la puerta de la casa y, durante la disputa, tom\u00f3 en vano el adorable nombre de Jesucristo. Al o\u00edr aquellas palabras, Domingo, aunque sinti\u00f3 en su coraz\u00f3n una justa indignaci\u00f3n, se interpuso sin embargo con calma entre los dos contendientes y los apacigu\u00f3. Despu\u00e9s dijo al muchacho que hab\u00eda tomado en vano el nombre de Dios: \u00abVen conmigo y te alegrar\u00e1s de haberlo hecho\u00bb. Su modo amable indujo al ni\u00f1o a aceptar. Domingo lo tom\u00f3 de la mano, lo condujo a la iglesia ante el altar, despu\u00e9s lo hizo arrodillarse a su lado y le dijo: \u00abPide al Se\u00f1or perd\u00f3n por la ofensa que has cometido tomando en vano su nombre\u00bb. Como el muchacho no sab\u00eda el acto de contrici\u00f3n, Domingo lo recit\u00f3 con \u00e9l. Despu\u00e9s a\u00f1adi\u00f3:<\/p>\n<p>\u00abDi conmigo estas palabras para reparar el insulto hecho a Jesucristo: Alabado sea Jesucristo, y sea por siempre alabado su santo y adorable nombre\u00bb.<\/p>\n<p>Le\u00eda con preferencia la vida de aquellos santos que hab\u00edan trabajado de modo especial por la salvaci\u00f3n de las almas. Hablaba con gusto de los misioneros que tanto trabajan en pa\u00edses lejanos por el bien de las almas; y como no pod\u00eda enviarles ayudas materiales, cada d\u00eda ofrec\u00eda alguna oraci\u00f3n al Se\u00f1or por ellos y al menos una vez por semana recib\u00eda la santa Comuni\u00f3n por sus intenciones.<\/p>\n<p>Lo o\u00ed exclamar varias veces: \u00ab\u00a1Cu\u00e1ntas almas hay en Inglaterra que esperan nuestra ayuda! \u00a1Oh, si tuviera fuerzas y virtud, ir\u00eda all\u00ed enseguida y, con la predicaci\u00f3n y el buen ejemplo, procurar\u00eda ganarlas todas para el Se\u00f1or!\u00bb. Se lamentaba a menudo consigo mismo, y muchas veces hablaba con sus compa\u00f1eros, del poco celo que muchos tienen por instruir a los ni\u00f1os en las verdades de la fe. \u00abEn cuanto sea cl\u00e9rigo \u2014dec\u00eda\u2014 quiero ir a Mondonio, reunir a todos los ni\u00f1os bajo un cobertizo, ense\u00f1arles el catecismo, contarles muchos ejemplos y hacerlos a todos santos. \u00a1Cu\u00e1ntos pobres ni\u00f1os quiz\u00e1 van a la perdici\u00f3n por falta de quien los instruya en la fe!\u00bb. Lo que dec\u00eda con palabras lo confirmaba con los hechos, pues, en cuanto lo permit\u00edan su edad y su formaci\u00f3n, ense\u00f1aba gustosamente el catecismo en la iglesia del Oratorio; y si alguno lo necesitaba, le daba lecciones y lo instru\u00eda en el catecismo a cualquier hora del d\u00eda y cualquier d\u00eda de la semana, con el \u00fanico fin de poder hablar de cosas espirituales y hacerle comprender la importancia de salvar el alma.<\/p>\n<p>Un d\u00eda, un compa\u00f1ero indiscreto quiso interrumpirlo mientras contaba un ejemplo edificante durante el recreo. \u00ab\u00bfQu\u00e9 te importa todo esto?\u00bb, le pregunt\u00f3. \u00ab\u00bfQu\u00e9 me importa? \u2014respondi\u00f3 Domingo\u2014. Me importa porque las almas de mis compa\u00f1eros fueron redimidas por la sangre de Jesucristo; me importa porque todos somos hermanos y, como tales, debemos amar las almas unos de otros; me importa porque Dios nos manda ayudarnos mutuamente a salvarnos; me importa porque, si logro salvar un alma, asegurar\u00e9 tambi\u00e9n la salvaci\u00f3n de la m\u00eda\u00bb.<\/p>\n<p>La solicitud de Domingo por el bien de las almas tampoco disminu\u00eda durante las breves vacaciones que pasaba en casa de su padre. Toda estampa, medalla, crucifijo, librito u otro objeto que hubiera ganado en la escuela o en el catecismo lo guardaba para utilizarlo durante las vacaciones. M\u00e1s a\u00fan, antes de salir del Oratorio acostumbraba a pedir especialmente a sus superiores que le dieran tales objetos para, como \u00e9l dec\u00eda, mantener alegres a sus compa\u00f1eros de juego.<\/p>\n<p>Apenas llegaba a casa, se le ve\u00eda enseguida rodeado de muchachos de su edad, de otros menores y hasta mayores, que encontraban verdadero gusto en estar con \u00e9l. Distribuyendo sus regalos en el momento oportuno, los animaba a estar atentos a las preguntas que les hac\u00eda, unas veces sobre el catecismo y otras sobre sus deberes.<\/p>\n<p>Por estos medios agradables consegu\u00eda llevar a varios consigo al catecismo, a la oraci\u00f3n, a la Misa y a otras pr\u00e1cticas de piedad.<\/p>\n<p>Me aseguran que dedic\u00f3 bastante tiempo a instruir a un compa\u00f1ero. \u00abSi aprendes a hacer bien la se\u00f1al de la santa cruz \u2014le dec\u00eda\u2014, te dar\u00e9 una medalla y despu\u00e9s pedir\u00e9 a un sacerdote que te d\u00e9 un hermoso libro. Pero quiero que se haga bien: mientras dices las palabras con la boca, la mano derecha debe comenzar en la frente, bajar al pecho, tocar despu\u00e9s bien el hombro izquierdo y luego el derecho, y terminar juntando de verdad las manos <em>al decir: <\/em>Am\u00e9n\u00bb. Deseaba ardientemente que esta se\u00f1al de nuestra redenci\u00f3n se hiciera bien, y \u00e9l mismo la hac\u00eda varias veces ante ellos, invitando a los dem\u00e1s a hacer lo mismo.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s de ser exacto en el cumplimiento de todos sus m\u00e1s peque\u00f1os deberes, cuidaba tambi\u00e9n de dos hermanitos menores, ense\u00f1\u00e1ndoles a leer y escribir y a recitar el catecismo, y ayud\u00e1ndoles en las oraciones de la ma\u00f1ana y de la noche. Los llevaba a la iglesia, les daba agua bendita y les ense\u00f1aba la manera correcta de hacer la se\u00f1al de la santa cruz. El tiempo que habr\u00eda podido emplear en ir de un lado a otro divirti\u00e9ndose lo dedicaba, en cambio, a contar ejemplos edificantes a sus familiares o a otros compa\u00f1eros dispuestos a escucharlo. Tambi\u00e9n en casa acostumbraba a hacer cada d\u00eda una visita al Sant\u00edsimo Sacramento; y consideraba una verdadera ganancia cada vez que consegu\u00eda persuadir a alg\u00fan compa\u00f1ero para que fuera a hacerle compa\u00f1\u00eda. Puede decirse, por tanto, que cada vez que se presentaba la ocasi\u00f3n de hacer una buena obra o dar un buen consejo encaminado al bien de un alma, nunca la dejaba pasar.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h1><a name=\"_Toc241832210\"><\/a>CAP\u00cdTULO XII. Episodios y su agradable manera de conversar con los compa\u00f1eros<a name=\"_Toc504540963\"><\/a><a name=\"_Toc504541398\"><\/a><a name=\"_Toc504541960\"><\/a><a name=\"_Toc530304057\"><\/a><a name=\"_Toc24283670\"><\/a><\/h1>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El pensamiento de ganar almas para Dios lo acompa\u00f1aba en todas partes. Durante el tiempo libre era el alma del recreo; pero cuanto dec\u00eda o hac\u00eda tend\u00eda siempre al bien moral de s\u00ed mismo o de los dem\u00e1s. Ten\u00eda siempre presente aquella hermosa regla de educaci\u00f3n: no interrumpir nunca a los dem\u00e1s cuando hablan. Pero si sus compa\u00f1eros callaban, enseguida propon\u00eda cuestiones de escuela, de historia o de aritm\u00e9tica; y ten\u00eda siempre a mano mil cuentecillos que hac\u00edan agradable su compa\u00f1\u00eda. Si alguno llevaba la conversaci\u00f3n hacia murmuraciones o cosas semejantes, la interrump\u00eda y sacaba alguna broma, f\u00e1bula u otro relato divertido; as\u00ed, haci\u00e9ndolos re\u00edr, desviaba la conversaci\u00f3n de la murmuraci\u00f3n e imped\u00eda una ofensa a Dios entre sus compa\u00f1eros.<\/p>\n<p>Su aire alegre y su car\u00e1cter vivaz lo hac\u00edan querido incluso por los compa\u00f1eros menos inclinados a la piedad, de modo que todos se complac\u00edan en tratar con \u00e9l y aceptaban de buen grado los consejos que de vez en cuando les daba.<\/p>\n<p>Un d\u00eda un compa\u00f1ero quiso disfrazarse, pero Domingo no lo aprob\u00f3. \u00ab\u00bfTe gustar\u00eda \u2014le pregunt\u00f3\u2014 convertirte de verdad en lo que quieres representar con el disfraz, con dos cuernos en la frente, una nariz de un pie de largo y la ropa de un saltimbanqui?\u00bb. \u00abCiertamente no\u00bb, respondi\u00f3 el otro. \u00abEntonces \u2014a\u00f1adi\u00f3 Domingo\u2014, si no deseas tener semejante aspecto, \u00bfpor qu\u00e9 quieres parecer as\u00ed y desfigurar los hermosos rasgos que Dios te ha dado?\u00bb.<\/p>\n<p>Una vez, durante el recreo, entr\u00f3 entre los j\u00f3venes que jugaban un hombre que, dirigi\u00e9ndose a uno de ellos, comenz\u00f3 a hablar en voz tan alta que todos los que estaban cerca pod\u00edan o\u00edrlo. El astuto, queriendo atraerlos a su alrededor, comenz\u00f3 contando historias extra\u00f1as para hacerlos re\u00edr. Los muchachos, atra\u00eddos por la curiosidad, pronto se agolparon a su alrededor y escuchaban atentamente sus singulares relatos. Cuando se vio rodeado, llev\u00f3 la conversaci\u00f3n a la religi\u00f3n y, como suelen hacer personas de esa clase, profiri\u00f3 afirmaciones escandalosas que hac\u00edan estremecer, burl\u00e1ndose de las cosas m\u00e1s santas y desacreditando a todas las personas eclesi\u00e1sticas. Algunos de los presentes, no pudiendo soportar tanta impiedad y no atrevi\u00e9ndose a oponerse, se limitaron a retirarse. Un n\u00famero considerable continu\u00f3 imprudentemente escuchando. En aquel momento lleg\u00f3 por casualidad Savio. Apenas comprendi\u00f3 de qu\u00e9 trataba la conversaci\u00f3n, dejando de lado todo respeto humano, se volvi\u00f3 inmediatamente hacia sus compa\u00f1eros: \u00abV\u00e1monos \u2014dijo\u2014. Dejad solo a este desgraciado; quiere robarnos el alma\u00bb. Los muchachos, obedientes a la voz de un compa\u00f1ero tan amable y virtuoso, se retiraron todos prontamente de aquel emisario del demonio. Vi\u00e9ndose abandonado por todos, el hombre se march\u00f3 y no volvi\u00f3 a ser visto.<\/p>\n<p>En otra ocasi\u00f3n algunos j\u00f3venes quer\u00edan ir a ba\u00f1arse, cosa que, si es peligrosa en otros lugares, lo es mucho m\u00e1s en los alrededores de Tur\u00edn, donde, aparte de los peligros para la moral, las aguas son tan profundas e impetuosas que con frecuencia los j\u00f3venes se convierten en desgraciadas v\u00edctimas del ba\u00f1o. Domingo se enter\u00f3 de su proyecto y procur\u00f3 retenerlos a su lado cont\u00e1ndoles una noticia tras otra. Pero cuando vio que estaban decididos a ir, habl\u00f3 resueltamente: \u00abNo \u2014dijo\u2014, no quiero que vay\u00e1is\u00bb.<\/p>\n<p>\u2014No hacemos nada malo.<\/p>\n<p>\u2014Desobedec\u00e9is a vuestros superiores; os expon\u00e9is al peligro de dar o recibir esc\u00e1ndalo y de ahogaros. \u00bfNo es eso malo?<\/p>\n<p>\u2014Pero tenemos tanto calor que ya no podemos soportarlo.<\/p>\n<p>\u2014Si ya no pod\u00e9is soportar el calor de este mundo, \u00bfc\u00f3mo soportar\u00e9is el terrible calor del infierno que vais a merecer?<\/p>\n<p>Conmovidos por estas palabras, cambiaron de prop\u00f3sito y permanecieron con \u00e9l en el recreo; a la hora debida fueron a la iglesia para asistir a las sagradas funciones.<\/p>\n<p>Otros j\u00f3venes del Oratorio, preocupados por el bien de sus compa\u00f1eros, formaron una especie de sociedad destinada a reconducir a mejor vida a los muchachos d\u00edscolos. Savio pertenec\u00eda a ella y era uno de sus miembros m\u00e1s celosos. Si ten\u00eda un caramelo, una fruta, una cruz, una estampa o algo semejante, lo reservaba para este fin. \u00ab\u00bfQui\u00e9n lo quiere? \u00bfQui\u00e9n lo quiere?\u00bb, dec\u00eda. \u00ab\u00a1Yo! \u00a1Yo!\u00bb, gritaban todos corriendo hacia \u00e9l. \u00abDespacio \u2014dec\u00eda\u2014, se lo dar\u00e9 a quien responda mejor a una pregunta de catecismo\u00bb. Entonces preguntaba solamente a los m\u00e1s d\u00edscolos y, apenas daban una respuesta medianamente satisfactoria, les entregaba el peque\u00f1o regalo.<\/p>\n<p>A otros los ganaba de otras maneras. Los tomaba aparte, los invitaba a pasear con \u00e9l, entablaba conversaci\u00f3n y, si era necesario, jugaba con ellos. A veces se le ve\u00eda con un gran palo sobre los hombros, semejante a H\u00e9rcules con su maza, jugando al juego conocido popularmente <em>como cirimella<\/em> y pareciendo enteramente entregado a \u00e9l. Pero de repente interrump\u00eda el juego y dec\u00eda a su compa\u00f1ero: \u00ab\u00bfQuieres que el s\u00e1bado vayamos a confesarnos?\u00bb. El otro, porque el s\u00e1bado le parec\u00eda lejano, porque quer\u00eda reanudar el juego y tambi\u00e9n por complacer a Domingo, respond\u00eda que s\u00ed. Aquello bastaba para Domingo, que continuaba jugando. Pero no perd\u00eda de vista la promesa: cada d\u00eda, por un motivo u otro, le recordaba aquel s\u00ed y <em>poco <\/em>a poco le suger\u00eda el modo de hacer una buena confesi\u00f3n. Llegado el s\u00e1bado, como cazador que ha conseguido una buena presa, lo acompa\u00f1aba a la iglesia, se confesaba antes que \u00e9l, por lo com\u00fan avisaba previamente al confesor y despu\u00e9s permanec\u00eda con \u00e9l para hacer la acci\u00f3n de gracias. Tales episodios eran frecuentes y proporcionaban a Domingo el mayor consuelo, al mismo tiempo que produc\u00edan gran provecho en sus compa\u00f1eros; pues suced\u00eda a menudo que alguno no sacaba fruto de una predicaci\u00f3n o\u00edda en la iglesia y, sin embargo, ced\u00eda a las piadosas sugerencias de Domingo.<\/p>\n<p>A veces alguno le daba largas toda la semana y luego el s\u00e1bado desaparec\u00eda cuando llegaba la hora de la confesi\u00f3n. Cuando Domingo volv\u00eda a encontrarlo, le dec\u00eda casi en broma: \u00ab\u00a1Ah, brib\u00f3n! Me la has jugado\u00bb. \u00abPero mira \u2014respond\u00eda el otro\u2014, no estaba preparado; no me sent\u00eda capaz&#8230;\u00bb. \u00abPobrecillo \u2014a\u00f1ad\u00eda Domingo\u2014, has cedido al demonio, que estaba muy preparado para recibirte; y ahora est\u00e1s todav\u00eda menos preparado; es m\u00e1s, veo que est\u00e1s de muy mal humor. Vamos, prueba a confesarte; haz un esfuerzo y procura confesarte bien, y ver\u00e1s cu\u00e1nta alegr\u00eda llenar\u00e1 tu coraz\u00f3n\u00bb. Por lo general, despu\u00e9s de confesarse, el muchacho volv\u00eda enseguida junto a Domingo con el coraz\u00f3n lleno de alegr\u00eda: \u00abEs verdad \u2014dec\u00eda\u2014, estoy realmente contento. En adelante quiero confesarme m\u00e1s a menudo\u00bb.<\/p>\n<p>En las comunidades de j\u00f3venes suele haber algunos que, por ser algo rudos, ignorantes, menos bien educados o afligidos por alguna pena, son generalmente dejados de lado por sus compa\u00f1eros. Estos soportan el peso del abandono precisamente cuando tienen mayor necesidad del consuelo de un amigo.<\/p>\n<p>Estos eran los amigos de Domingo. Se acercaba a ellos, los alegraba con alguna buena conversaci\u00f3n y les daba saludables consejos. Por eso suced\u00eda con frecuencia que j\u00f3venes decididos a abandonarse al desorden, animados por las caritativas palabras de Savio, volv\u00edan a mejores disposiciones.<\/p>\n<p>Por este motivo, todos los que ten\u00edan alguna indisposici\u00f3n de salud ped\u00edan a Domingo como enfermero, y quienes ten\u00edan penas encontraban consuelo confi\u00e1ndoselas. De este modo ten\u00eda continuamente abierto el camino para practicar la caridad con el pr\u00f3jimo y aumentar sus m\u00e9ritos ante Dios.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h1><a name=\"_Toc241832211\"><\/a>CAP\u00cdTULO XIII. Su esp\u00edritu de oraci\u00f3n &#8211; Devoci\u00f3n a la Madre de Dios &#8211; El mes de Mar\u00eda<a name=\"_Toc504540964\"><\/a><a name=\"_Toc504541399\"><\/a><a name=\"_Toc504541961\"><\/a><a name=\"_Toc530304058\"><\/a><a name=\"_Toc24283671\"><\/a><\/h1>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Entre los dones con que Dios lo enriqueci\u00f3, uno de los m\u00e1s destacados fue el fervor en la oraci\u00f3n. Su esp\u00edritu estaba tan acostumbrado a conversar con Dios que en cualquier lugar, incluso en medio de la confusi\u00f3n m\u00e1s ruidosa, pod\u00eda recoger sus pensamientos y, con piadosos afectos, elevar el coraz\u00f3n a Dios.<\/p>\n<p>Cuando rezaba en com\u00fan parec\u00eda verdaderamente un angelito: inm\u00f3vil, compuesto y devoto en toda su persona, sin apoyarse en nada salvo en sus rodillas, con el rostro sonriente, la cabeza ligeramente inclinada y los ojos bajos; se habr\u00eda dicho que era otro san Luis Gonzaga.<\/p>\n<p>Bastaba verlo para quedar edificado. En 1854 el conde Cays fue elegido prior de la Compa\u00f1\u00eda de San Luis establecida en este Oratorio. La primera vez que particip\u00f3 en nuestras funciones vio a un joven rezar con actitud tan devota que qued\u00f3 lleno de admiraci\u00f3n. Terminadas las sagradas funciones, quiso informarse de qui\u00e9n era aquel muchacho que hab\u00eda sido objeto de su admiraci\u00f3n: era Domingo Savio.<\/p>\n<p>Incluso su recreo estaba casi siempre dividido en dos: una buena parte sol\u00eda dedicarla a lecturas piadosas o a alguna oraci\u00f3n que iba a hacer en la iglesia con algunos compa\u00f1eros, por las almas del purgatorio o en honor de la Sant\u00edsima Virgen Mar\u00eda.<\/p>\n<p>La devoci\u00f3n de Domingo a la Madre de Dios era muy grande. En su honor hac\u00eda cada d\u00eda alguna mortificaci\u00f3n. Nunca miraba directamente a personas del otro sexo; de camino a la escuela no levantaba los ojos. A veces pasaba junto a espect\u00e1culos p\u00fablicos que sus compa\u00f1eros contemplaban con tanta avidez que llegaban a olvidarse de d\u00f3nde estaban. Preguntado si le hab\u00edan gustado aquellos espect\u00e1culos, Savio respond\u00eda que no hab\u00eda visto nada. Un compa\u00f1ero, casi molesto, le reproch\u00f3: \u00abEntonces, \u00bfpara qu\u00e9 quieres los ojos, si no los usas para mirar esas cosas?\u00bb. \u00abQuiero usarlos \u2014respondi\u00f3\u2014 para contemplar el rostro de nuestra Madre celestial Mar\u00eda cuando, si con la ayuda de Dios soy digno de ello, vaya a encontrarme con ella en el para\u00edso\u00bb.<\/p>\n<p>Ten\u00eda especial devoci\u00f3n al Inmaculado Coraz\u00f3n de Mar\u00eda. Cada vez que iba a la iglesia se dirig\u00eda ante su altar para pedirle que le obtuviera la gracia de conservar siempre su coraz\u00f3n lejos de todo afecto impuro. \u00abMar\u00eda \u2014dec\u00eda\u2014, quiero ser siempre hijo tuyo; obt\u00e9n para m\u00ed que muera antes que cometer un pecado contra la virtud de la pureza\u00bb.<\/p>\n<p>Todos los viernes escog\u00eda adem\u00e1s una parte del tiempo de recreo para ir a la iglesia con otros compa\u00f1eros a rezar la coronilla de los siete dolores de Mar\u00eda, o al menos las letan\u00edas de Nuestra Se\u00f1ora de los Dolores.<\/p>\n<p>No solo era devoto de la Sant\u00edsima Virgen, sino que se alegraba much\u00edsimo cuando pod\u00eda llevar a otro a practicar la devoci\u00f3n hacia ella. Un s\u00e1bado hab\u00eda invitado a un compa\u00f1ero a ir con \u00e9l a la iglesia para rezar las V\u00edsperas de la Sant\u00edsima Virgen. El otro acept\u00f3 de mala gana, diciendo que ten\u00eda fr\u00edas las manos. Domingo se quit\u00f3 los guantes y se los dio, y as\u00ed fueron juntos a la iglesia. En otra ocasi\u00f3n se quit\u00f3 de los hombros su peque\u00f1a capa para prest\u00e1rsela a otro joven, a fin de que fuera gustosamente con \u00e9l a la iglesia a rezar. \u00bfQui\u00e9n no se llenar\u00eda de admiraci\u00f3n ante semejantes actos de generosa piedad?<\/p>\n<p>En ninguna \u00e9poca apareci\u00f3 Domingo m\u00e1s fervorosamente devoto de nuestra celestial protectora Mar\u00eda que durante el mes de mayo. Se puso de acuerdo con otros para realizar cada d\u00eda de aquel mes alguna pr\u00e1ctica especial adem\u00e1s de lo que se hac\u00eda p\u00fablicamente en la iglesia. Prepar\u00f3 una colecci\u00f3n de ejemplos edificantes que contaba con gran gusto para animar a los dem\u00e1s a ser devotos de Mar\u00eda. Hablaba de ella con frecuencia durante el recreo; animaba a todos a confesarse y comulgar a menudo, especialmente durante aquel mes. \u00c9l mismo daba ejemplo acerc\u00e1ndose cada d\u00eda a la mesa eucar\u00edstica con un recogimiento m\u00e1s all\u00e1 del cual nada pod\u00eda desearse.<\/p>\n<p>Un curioso episodio muestra la ternura de su coraz\u00f3n en la devoci\u00f3n a Mar\u00eda. Los j\u00f3venes del dormitorio donde dorm\u00eda decidieron, a sus expensas, preparar un elegante altarcito para la solemne clausura del mes de Mar\u00eda. Domingo estaba muy ocupado en la empresa; pero cuando se habl\u00f3 de la cantidad que cada uno tendr\u00eda que aportar, exclam\u00f3: <em>\u00ab\u00a1Ay! <\/em>\u00a1Esto es <em>un apuro! Para estas cosas hace falta dinero y yo no tengo ni un c\u00e9ntimo en el bolsillo. Sin embargo, quiero hacer algo cueste lo que cueste\u00bb.<\/em> Fue, tom\u00f3 un libro que hab\u00eda recibido como premio y, despu\u00e9s de pedir permiso a su superior, volvi\u00f3 lleno de alegr\u00eda diciendo: \u00abCompa\u00f1eros, ahora tambi\u00e9n yo puedo contribuir a honrar a Mar\u00eda. Tomad este libro y sacad de \u00e9l el provecho que pod\u00e1is; esta es mi ofrenda\u00bb.<\/p>\n<p>Ante aquel acto espont\u00e1neo y generoso, sus compa\u00f1eros se conmovieron y tambi\u00e9n quisieron ofrecer libros y otros objetos. Con ellos se organiz\u00f3 una peque\u00f1a loter\u00eda y el producto fue m\u00e1s que suficiente para cubrir los gastos.<\/p>\n<p>Terminado el altar, los j\u00f3venes quisieron celebrar su fiesta con el mayor esplendor. Todos estaban muy ocupados en ello, pero como no se pudieron terminar por completo los adornos, fue necesario trabajar durante la noche anterior a la fiesta. \u00abYo \u2014dijo Savio\u2014 pasar\u00e9 gustosamente la noche trabajando\u00bb. Pero sus compa\u00f1eros, porque hac\u00eda poco que hab\u00eda estado enfermo, lo obligaron a acostarse. \u00c9l no quer\u00eda ceder y solo se fue a la cama por obediencia. \u00abAl menos \u2014dijo a uno de sus compa\u00f1eros\u2014, en cuanto est\u00e9 todo terminado, ven enseguida a despertarme para que pueda ser de los primeros en contemplar el altar adornado en honor de nuestra querida Madre\u00bb.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h1><a name=\"_Toc241832212\"><\/a>CAP\u00cdTULO XIV. Su frecuente recepci\u00f3n de los santos Sacramentos de la Confesi\u00f3n y de la Comuni\u00f3n<a name=\"_Toc504540965\"><\/a><a name=\"_Toc504541400\"><\/a><a name=\"_Toc504541962\"><\/a><a name=\"_Toc530304059\"><\/a><a name=\"_Toc24283672\"><\/a><\/h1>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La experiencia demuestra que los m\u00e1s firmes apoyos de la juventud son los Sacramentos de la Confesi\u00f3n y de la Comuni\u00f3n. Dadme un joven que frecuente estos Sacramentos y lo ver\u00e9is crecer en la juventud, llegar a la edad adulta y, si as\u00ed agrada a Dios, alcanzar la extrema vejez con un tenor de vida que sirve de ejemplo a todos los que lo conocen. Comprendan los j\u00f3venes esta m\u00e1xima para practicarla; compr\u00e9ndanla todos los que se ocupan de su educaci\u00f3n para inculc\u00e1rsela.<\/p>\n<p>Antes de que Savio viniera a vivir al Oratorio recib\u00eda estos dos Sacramentos una vez al mes, seg\u00fan la costumbre de las escuelas. Despu\u00e9s comenz\u00f3 a frecuentarlos con mucha mayor asiduidad. Un d\u00eda oy\u00f3 desde el p\u00falpito esta m\u00e1xima: \u00abJ\u00f3venes, si quer\u00e9is perseverar en el camino del cielo, se os recomiendan tres cosas: acercaos con frecuencia al Sacramento de la Confesi\u00f3n, recibid a menudo la santa Comuni\u00f3n y escoged un confesor a quien os atrev\u00e1is a abrir vuestro coraz\u00f3n; pero no lo cambi\u00e9is sin necesidad\u00bb. Domingo comprendi\u00f3 la importancia de este consejo.<\/p>\n<p>Comenz\u00f3 por escoger un confesor, al que mantuvo regularmente durante todo el tiempo que vivi\u00f3 entre nosotros. Para que el confesor pudiera formarse un juicio correcto de su conciencia, quiso, como se ha dicho, hacer una confesi\u00f3n general. Empez\u00f3 confes\u00e1ndose cada quince d\u00edas, despu\u00e9s cada ocho, recibiendo la Comuni\u00f3n con la misma frecuencia. Viendo el gran progreso que hac\u00eda en las cosas espirituales, su confesor le aconsej\u00f3 comulgar tres veces por semana y, dentro del a\u00f1o, le permiti\u00f3 incluso la Comuni\u00f3n diaria.<\/p>\n<p>Durante alg\u00fan tiempo se vio turbado por escr\u00fapulos; por eso habr\u00eda querido confesarse cada cuatro d\u00edas y aun m\u00e1s a menudo. Su director espiritual no se lo permiti\u00f3 y lo mantuvo obediente a la confesi\u00f3n semanal.<\/p>\n<p>Ten\u00eda en \u00e9l una confianza ilimitada. M\u00e1s a\u00fan, con toda sencillez hablaba con \u00e9l de asuntos de conciencia incluso fuera de la confesi\u00f3n. Alguien le hab\u00eda aconsejado que cambiara alguna vez de confesor, pero nunca quiso hacerlo. \u00abEl confesor \u2014sol\u00eda decir\u2014 es el m\u00e9dico del alma, y ordinariamente no se cambia de m\u00e9dico a no ser que se haya perdido la confianza en \u00e9l o la enfermedad est\u00e9 casi desesperada. Yo no me encuentro en ninguno de estos casos. Tengo plena confianza en mi confesor, que con bondad y solicitud paternas trabaja por el bien de mi alma; y tampoco veo en m\u00ed enfermedad alguna que \u00e9l no pueda curar\u00bb. Sin embargo, su director ordinario le aconsejaba a veces cambiar de confesor, especialmente con ocasi\u00f3n de los ejercicios espirituales, y Domingo obedec\u00eda prontamente sin poner dificultad alguna.<\/p>\n<p>Savio estaba contento consigo mismo. \u00abSi tengo alguna pena en el coraz\u00f3n \u2014dec\u00eda\u2014, voy a mi confesor, que me aconseja seg\u00fan la voluntad de Dios, porque Jesucristo ha dicho que para nosotros la voz del confesor es como la voz de Dios. Si despu\u00e9s quiero algo grande, voy a recibir la sagrada Hostia, en la que se encuentra <em>corpus quod pro nobis traditum est, es<\/em> decir, el mismo cuerpo, sangre, alma y divinidad que Jesucristo ofreci\u00f3 por nosotros a su Eterno Padre en la cruz. \u00bfQu\u00e9 me falta para ser feliz? Nada en este mundo. Solo me falta la alegr\u00eda de contemplar sin velo en el cielo a Aquel que ahora, con los ojos de la fe, contemplo y adoro sobre el altar\u00bb.<\/p>\n<p>Con estos pensamientos Domingo pasaba d\u00edas verdaderamente felices. De ellos nac\u00eda aquella alegr\u00eda y gozo celestial que resplandec\u00edan en todas sus acciones. Y no debemos imaginar que no comprendiera la importancia de cuanto hac\u00eda o que no llevara la vida cristiana propia de quien desea comulgar con frecuencia. Su conducta era irreprensible en todos los aspectos. Invit\u00e9 a sus compa\u00f1eros a decirme si, durante los tres a\u00f1os que vivi\u00f3 entre nosotros, hab\u00edan advertido en Savio alguna falta que corregir o alguna virtud que recomendarle; pero todos coincidieron en afirmar que nunca hab\u00edan encontrado en \u00e9l nada digno de correcci\u00f3n ni sabr\u00edan indicar virtud alguna que a\u00f1adir a las que ya pose\u00eda.<\/p>\n<p>Su preparaci\u00f3n para recibir la sagrada Eucarist\u00eda era devota y edificante. La tarde anterior a la Comuni\u00f3n, antes de acostarse, ofrec\u00eda una oraci\u00f3n con este fin y la terminaba siempre con estas palabras: \u00abSea alabado y dado gracias en todo momento al sant\u00edsimo y divin\u00edsimo Sacramento\u00bb. Por la ma\u00f1ana hac\u00eda con antelaci\u00f3n una preparaci\u00f3n suficiente, pero su acci\u00f3n de gracias no conoc\u00eda l\u00edmites. Por lo general, si no lo llamaban, olvidaba el desayuno, el recreo y a veces incluso la escuela, permaneciendo en oraci\u00f3n, o mejor dicho, en contemplaci\u00f3n de la bondad divina que de modo inefable comunica a los hombres los tesoros de su infinita misericordia.<\/p>\n<p>Era para \u00e9l una verdadera delicia pasar alg\u00fan tiempo ante Jes\u00fas Sacramentado. Al menos una vez al d\u00eda iba invariablemente a visitarlo, invitando a otros a ir con \u00e9l. Su oraci\u00f3n preferida era una peque\u00f1a coronilla<a href=\"#_ftn8\" name=\"_ftnref8\">[8]<\/a> al Sagrado Coraz\u00f3n de Jes\u00fas, en reparaci\u00f3n de las injurias que recibe de los herejes, de los infieles y de los malos cristianos.<\/p>\n<p>Para que sus Comuniones fueran m\u00e1s fructuosas y, al mismo tiempo, cada d\u00eda le ofreciera un nuevo est\u00edmulo para hacerlas con fervor, asignaba una intenci\u00f3n particular a cada d\u00eda.<\/p>\n<p>Distribu\u00eda de este modo sus Comuniones a lo largo de la semana.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Domingo. <\/em>En honor de la Sant\u00edsima Trinidad.<\/p>\n<p><em>Lunes. <\/em>Por mis bienhechores espirituales y temporales.<\/p>\n<p><em>Martes. <\/em>En honor de santo Domingo y de mi \u00e1ngel de la guarda.<\/p>\n<p><em>Mi\u00e9rcoles. A <\/em>Nuestra Se\u00f1ora de los Dolores, por la conversi\u00f3n de los pecadores.<\/p>\n<p><em>Jueves. <\/em>Por el alivio de las almas del purgatorio.<\/p>\n<p><em>Viernes. <\/em>En honor de la Pasi\u00f3n de Jesucristo.<\/p>\n<p><em>S\u00e1bado. En<\/em> honor de la Sant\u00edsima Virgen Mar\u00eda, para obtener su protecci\u00f3n en vida y en la muerte.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Participaba con transportes de alegr\u00eda en toda pr\u00e1ctica relacionada con el Sant\u00edsimo Sacramento. Si le suced\u00eda encontrar el Vi\u00e1tico llevado a alg\u00fan enfermo, se arrodillaba inmediatamente all\u00ed donde estaba y, si el tiempo se lo permit\u00eda, lo acompa\u00f1aba hasta que terminaba la funci\u00f3n.<\/p>\n<p>Un d\u00eda el Vi\u00e1tico pas\u00f3 cerca de \u00e9l mientras llov\u00eda y las calles estaban llenas de barro. No teniendo un lugar mejor, se arrodill\u00f3 en medio del fango. Un compa\u00f1ero se lo reproch\u00f3 despu\u00e9s, haci\u00e9ndole observar que no era necesario ensuciarse de ese modo la ropa y que el Se\u00f1or no mandaba tal cosa. \u00c9l respondi\u00f3 con sencillez: \u00abMis rodillas y mis pantalones pertenecen enteramente al Se\u00f1or; por tanto, todo debe servir para rendirle honor y gloria. Cuando pasa cerca de m\u00ed, no solo me arrojar\u00eda al barro para honrarlo; me arrojar\u00eda tambi\u00e9n a un horno, porque de ese modo participar\u00eda en aquel fuego de infinita caridad que lo movi\u00f3 a instituir este gran Sacramento\u00bb.<\/p>\n<p>En una ocasi\u00f3n semejante vio una vez a un soldado que permanec\u00eda de pie precisamente cuando el Sant\u00edsimo Sacramento pasaba muy cerca. No atrevi\u00e9ndose a invitarlo a arrodillarse, Domingo sac\u00f3 del bolsillo su peque\u00f1o pa\u00f1uelo, lo extendi\u00f3 sobre el suelo sucio e hizo despu\u00e9s se\u00f1as al soldado para que lo utilizara. El soldado al principio pareci\u00f3 confundido; luego apart\u00f3 el pa\u00f1uelo y se arrodill\u00f3 en medio de la misma calle.<\/p>\n<p>En la fiesta del Corpus Christi fue vestido de cl\u00e9rigo junto con varios compa\u00f1eros y enviado a participar en la procesi\u00f3n parroquial. Fue con grand\u00edsimo gusto y consider\u00f3 aquello un don precioso, superior a cualquier otro que hubiera podido recibir.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h1><a name=\"_Toc241832213\"><\/a>CAP\u00cdTULO XV. Sus penitencias<a name=\"_Toc504540966\"><\/a><a name=\"_Toc504541401\"><\/a><a name=\"_Toc504541963\"><\/a><a name=\"_Toc530304060\"><\/a><a name=\"_Toc24283673\"><\/a><\/h1>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Su edad, su delicada salud y su vida inocente lo habr\u00edan dispensado ciertamente de toda clase de penitencia; pero \u00e9l sab\u00eda que un joven dif\u00edcilmente puede conservar la inocencia sin penitencia, y este pensamiento hac\u00eda que una vida de sufrimiento le pareciera cubierta de rosas. Por penitencia no entiendo soportar con paciencia insultos y molestias, ni la continua mortificaci\u00f3n y compostura de todos sus sentidos en la oraci\u00f3n, en la escuela, durante el estudio y el recreo. Estas penitencias eran continuas en \u00e9l.<\/p>\n<p>Me refiero \u00fanicamente a las penitencias que aflig\u00edan el cuerpo. En su fervor hab\u00eda resuelto ayunar todos los s\u00e1bados a pan y agua en honor de la Sant\u00edsima Virgen, pero su confesor se lo prohibi\u00f3. Quer\u00eda ayunar durante toda la Cuaresma, pero despu\u00e9s de una semana lleg\u00f3 la noticia al Director de la casa y se le prohibi\u00f3 inmediatamente. Quiso al menos privarse del desayuno, y tambi\u00e9n esto le fue prohibido. La raz\u00f3n por la que no se le permit\u00edan estas penitencias era evitar que su salud, ya delicada, quedara completamente arruinada. \u00bfQu\u00e9 hacer entonces? Impedido de practicar abstinencias en la comida, comenz\u00f3 a afligir el cuerpo de otras maneras. Empez\u00f3 a poner astillas de madera y trozos de ladrillo en la cama para hacer inc\u00f3modo incluso el descanso; quiso usar una especie de cilicio; todas estas cosas le fueron igualmente prohibidas. Recurri\u00f3 a un nuevo medio. Durante el oto\u00f1o y el invierno dej\u00f3 avanzar la estaci\u00f3n sin a\u00f1adir mantas a su cama, de modo que lleg\u00f3 enero y segu\u00eda cubierto como en verano. Una ma\u00f1ana, estando en cama por alguna indisposici\u00f3n, el Director fue a visitarlo. Al verlo completamente encogido, se acerc\u00f3 y descubri\u00f3 que no ten\u00eda encima m\u00e1s que una ligera cubierta. \u00ab\u00bfPor qu\u00e9 has hecho esto? \u2014le pregunt\u00f3\u2014. \u00bfQuieres morir de fr\u00edo?\u00bb. \u00abNo \u2014respondi\u00f3\u2014, no morir\u00e9 de fr\u00edo. Jes\u00fas en el establo de Bel\u00e9n y cuando estaba colgado en la cruz ten\u00eda menos abrigo que yo\u00bb.<\/p>\n<p>Entonces se le prohibi\u00f3 absolutamente emprender penitencia alguna de cualquier clase sin pedir antes permiso expreso; y a este mandato, aunque con dificultad, se someti\u00f3. Una vez lo encontr\u00e9 muy preocupado y exclamando: \u00ab\u00a1Pobre de m\u00ed! Me encuentro verdaderamente en un apuro. El Salvador dice que, si no hago penitencia, no ir\u00e9 al cielo; y, sin embargo, me proh\u00edben hacerla. \u00bfQu\u00e9 ser\u00e1 entonces de mi cielo?\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abLa penitencia que el Se\u00f1or quiere de ti \u2014le dije\u2014 es la obediencia. Obedece y eso te basta\u00bb.<\/p>\n<p>\u00ab\u00bfNo podr\u00eda permitirme alguna otra penitencia?\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abS\u00ed. Puedes practicar la penitencia de soportar pacientemente los insultos cuando te los hagan; de aguantar con resignaci\u00f3n el calor, el fr\u00edo, el viento, la lluvia, el cansancio y cualquier malestar de salud que Dios quiera enviarte\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abPero esas cosas hay que soportarlas por necesidad\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abTodo cuanto debas soportar por necesidad, ofr\u00e9celo a Dios, y se convertir\u00e1 en virtud y m\u00e9rito para tu alma\u00bb.<\/p>\n<p>Contento y resignado con este consejo, se march\u00f3 en paz.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h1><a name=\"_Toc241832214\"><\/a>CAP\u00cdTULO XVI. Mortificaci\u00f3n de todos los sentidos externos<\/h1>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Quien observaba la compostura exterior de Savio la encontraba tan natural que f\u00e1cilmente habr\u00eda podido pensar que el Se\u00f1or lo hab\u00eda creado as\u00ed. Pero quienes lo conocieron de cerca o tuvieron a su cargo su educaci\u00f3n pueden afirmar que hubo en ello un gran esfuerzo humano, ayudado por la gracia de Dios.<\/p>\n<p>Sus ojos eran muy vivos y ten\u00eda que hacerse no poca violencia para mantenerlos recogidos. \u00abAl principio \u2014repiti\u00f3 varias veces a un amigo\u2014, cuando me impuse la regla de dominar absolutamente mis ojos, me costaba much\u00edsimo y algunas veces sufr\u00eda incluso fuertes dolores de cabeza\u00bb. La reserva de su mirada era tal que, entre todos los que lo conocieron, nadie recuerda haberlo visto dirigir una sola mirada m\u00e1s all\u00e1 de los l\u00edmites de la m\u00e1s estricta modestia. \u00abLos ojos \u2014sol\u00eda decir\u2014 son dos ventanas. Por las ventanas pasa aquello que dejamos pasar. Por estas ventanas podemos hacer entrar a un \u00e1ngel o al demonio con sus cuernos y permitir que uno u otro se haga due\u00f1o de nuestro coraz\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>Un d\u00eda, un joven de fuera llev\u00f3 imprudentemente consigo un peri\u00f3dico que conten\u00eda im\u00e1genes indecentes e irreligiosas. Una multitud de muchachos se reuni\u00f3 a su alrededor para contemplar las maravillas de aquellas im\u00e1genes, que habr\u00edan causado repugnancia incluso a turcos y paganos. Savio corri\u00f3 tambi\u00e9n, pensando desde lejos que se mostraba alguna estampa devota.<\/p>\n<p>Pero cuando se acerc\u00f3 mostr\u00f3 sorpresa; despu\u00e9s, casi riendo, tom\u00f3 el peri\u00f3dico y lo hizo pedazos.<\/p>\n<p>Sus compa\u00f1eros quedaron llenos de asombro, mir\u00e1ndose unos a otros sin hablar. Entonces dijo: \u00ab\u00a1Pobres de nosotros! El Se\u00f1or nos ha dado los ojos para contemplar la belleza de las cosas que cre\u00f3, \u00bfy vosotros los utiliz\u00e1is para mirar semejantes obscenidades inventadas por la malicia humana para da\u00f1ar nuestras almas? \u00bfHab\u00e9is olvidado acaso lo que tantas veces se ha predicado? El Salvador nos dice que con una sola mirada mala manchamos nuestra alma con la culpa; \u00bfy vosotros saci\u00e1is los ojos con cosas de esta clase?\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abNosotros \u2014respondi\u00f3 uno\u2014 mir\u00e1bamos aquellas im\u00e1genes para re\u00edrnos\u00bb. \u00abS\u00ed, s\u00ed, para re\u00edr; y entretanto os prepar\u00e1is para ir al infierno riendo&#8230; Pero \u00bfseguir\u00e9is riendo si ten\u00e9is la desgracia de caer en \u00e9l?\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abPero nosotros \u2014respondi\u00f3 otro\u2014 no vemos tanto mal en esas im\u00e1genes\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abPeor todav\u00eda. No ver mucho mal en mirar semejantes obscenidades es se\u00f1al de que vuestros ojos est\u00e1n ya acostumbrados a contemplarlas; y semejantes h\u00e1bitos no excusan el mal, sino que os hacen m\u00e1s culpables\u00bb.<\/p>\n<p>\u00ab\u00a1Oh Job, oh Job! Eras anciano, eras santo, estabas oprimido por una enfermedad que te ten\u00eda tendido sobre un estercolero; y, sin embargo, hiciste un pacto con tus ojos para no permitirles la menor libertad respecto de cosas inmodestas\u00bb.<\/p>\n<p>Ante estas palabras todos callaron y nadie se atrevi\u00f3 a reprocharle nada m\u00e1s ni a hacer otra observaci\u00f3n.<\/p>\n<p>A la modestia de los ojos un\u00eda una gran reserva al hablar.<\/p>\n<p>Con raz\u00f3n o sin ella, siempre que hablaba otro guardaba silencio, y m\u00e1s de una vez interrumpi\u00f3 sus propias palabras para dar a otro ocasi\u00f3n de hablar. Sus maestros y dem\u00e1s superiores coinciden todos en afirmar que nunca tuvieron siquiera motivo para advertirle por haber pronunciado una sola palabra inconveniente durante el estudio, en la escuela, en la iglesia o mientras se cumpl\u00eda cualquier deber de estudio o de piedad. Incluso en las mismas ocasiones en que recib\u00eda alg\u00fan insulto, sab\u00eda dominar tanto la lengua como la ira.<\/p>\n<p>Un d\u00eda hab\u00eda advertido a un compa\u00f1ero sobre una mala costumbre. En vez de recibir la amonestaci\u00f3n con gratitud, el muchacho se dej\u00f3 arrastrar a un brutal exceso. Cubri\u00f3 a Domingo de insultos y despu\u00e9s lo golpe\u00f3 con pu\u00f1etazos y patadas. Savio habr\u00eda podido hacer valer sus derechos por la fuerza, pues era mayor y m\u00e1s fuerte. En cambio, no tom\u00f3 otra venganza que la de los cristianos. Su rostro se puso completamente rojo, pero, dominando el impulso de la ira, se limit\u00f3 a estas palabras: \u00abTe perdono. Has obrado mal; no trates a otros de esta manera\u00bb.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 diremos, pues, de la mortificaci\u00f3n de los dem\u00e1s sentidos del cuerpo? Me limitar\u00e9 a mencionar solo algunos episodios.<\/p>\n<p>Durante el invierno padec\u00eda saba\u00f1ones en las manos. Por dolorosos que fueran, nunca se le oy\u00f3 hablar de ellos ni dar se\u00f1al alguna de queja. M\u00e1s bien parec\u00eda casi satisfecho. \u00abCuanto mayores sean los saba\u00f1ones \u2014sol\u00eda decir\u2014, tanto mejores ser\u00e1n para la salud\u00bb, entendiendo por salud la del alma. Muchos de sus compa\u00f1eros afirman que, en el riguroso fr\u00edo del invierno, acostumbraba a caminar despacio hacia la escuela, movido por el deseo de sufrir y hacer penitencia siempre que se presentaba la ocasi\u00f3n. \u00abM\u00e1s de una vez \u2014atestigua uno de sus compa\u00f1eros\u2014 lo vi, en el invierno m\u00e1s crudo, rascarse la piel e incluso la carne con agujas y plumillas, para que las heridas as\u00ed producidas lo hicieran m\u00e1s semejante a su Divino Maestro\u00bb.<\/p>\n<p>En las comunidades de j\u00f3venes se encuentran algunos que nunca est\u00e1n contentos con nada. Unas veces se quejan de las funciones religiosas, otras de la disciplina, otras del descanso o de las disposiciones de la mesa; en todo encuentran algo que criticar.<\/p>\n<p>Estas personas son una verdadera cruz para los superiores, porque el descontento de uno se comunica a los dem\u00e1s, a veces con no poco perjuicio para la comunidad. La conducta de Savio era enteramente opuesta a la de ellos.<\/p>\n<p>Nunca sali\u00f3 de sus labios una queja, ni por el calor del verano ni por el fr\u00edo del invierno. Hiciera buen o mal tiempo, siempre se mostraba igualmente alegre. Cualquier cosa que se sirviera en la mesa, se mostraba enteramente satisfecho. M\u00e1s a\u00fan, con admirable ingenio encontraba all\u00ed un medio de mortificarse. Cuando algo era censurado por los dem\u00e1s por estar demasiado cocido o demasiado crudo, poco o excesivamente salado, \u00e9l, por el contrario, se mostraba contento, diciendo que estaba precisamente a su gusto.<\/p>\n<p>Era pr\u00e1ctica ordinaria suya quedarse en el refectorio despu\u00e9s de sus compa\u00f1eros, recogiendo las migas de pan que quedaban sobre la mesa o esparcidas por el suelo y comi\u00e9ndolas como si fueran algo delicioso. A quienes manifestaban sorpresa ocultaba su esp\u00edritu de penitencia diciendo: \u00abLos panes no se comen enteros, y si ya est\u00e1n reducidos a migas, es un trabajo que los dientes encuentran hecho\u00bb.<\/p>\n<p>Todo resto de sopa, de plato principal o de cualquier otro alimento era recogido y comido por \u00e9l. Y no hac\u00eda esto por gula, pues muchas veces ced\u00eda su propia porci\u00f3n a otros compa\u00f1eros.<\/p>\n<p>Preguntado por qu\u00e9 se preocupaba tanto de recoger aquellos restos que habr\u00edan causado repugnancia a algunos, respondi\u00f3:<\/p>\n<p>\u00abTodo lo que tenemos en el mundo es un precioso don que Dios nos hace; pero entre todos sus dones, despu\u00e9s de su santa gracia, el mayor es el alimento con el que conserva nuestra vida. Por tanto, la parte m\u00e1s peque\u00f1a de este don merece nuestra gratitud y es verdaderamente digna de ser guardada con el cuidado m\u00e1s escrupuloso\u00bb.<\/p>\n<p>Limpiar zapatos, cepillar la ropa de sus compa\u00f1eros, prestar los servicios m\u00e1s humildes a los enfermos, barrer y hacer cosas semejantes eran para \u00e9l agradables recreos. \u00abQue cada uno haga lo que pueda \u2014sol\u00eda decir\u2014. Yo no soy capaz de hacer grandes cosas, pero lo que puedo hacer quiero hacerlo para mayor gloria de Dios; y espero que Dios, en su infinita bondad, se digne aceptar estas pobres ofrendas m\u00edas\u00bb.<\/p>\n<p>Comer cosas contrarias a su gusto, evitar aquellas que le habr\u00edan agradado, dominar los ojos incluso en asuntos indiferentes, permanecer donde advert\u00eda un olor desagradable, renunciar a su propia voluntad y soportar con perfecta resignaci\u00f3n cualquier cosa que causara sufrimiento a su cuerpo o a su esp\u00edritu: estos eran actos de virtud que Domingo practicaba cada d\u00eda, m\u00e1s a\u00fan, podemos decir que en todo momento de su vida.<\/p>\n<p>Paso, pues, por alto much\u00edsimos otros episodios de esta clase, todos los cuales sirven para mostrar cu\u00e1n grande era en Domingo el esp\u00edritu de penitencia, de caridad y de mortificaci\u00f3n de todos los sentidos, y al mismo tiempo cu\u00e1n ingeniosa era su virtud para saber aprovechar las ocasiones grandes y peque\u00f1as, e incluso las cosas indiferentes, con el fin de santificarse y aumentar sus m\u00e9ritos ante el Se\u00f1or.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h1><a name=\"_Toc241832215\"><\/a>CAP\u00cdTULO XVII. La Compa\u00f1\u00eda de la Inmaculada Concepci\u00f3n<a name=\"_Toc504540967\"><\/a><a name=\"_Toc504541402\"><\/a><a name=\"_Toc504541964\"><\/a><a name=\"_Toc530304061\"><\/a><a name=\"_Toc24283674\"><\/a><\/h1>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Toda la vida de Domingo puede decirse que fue un ejercicio de devoci\u00f3n a la Sant\u00edsima Virgen Mar\u00eda. Tampoco dejaba pasar ocasi\u00f3n alguna sin rendirle alg\u00fan homenaje. En 1854 el Supremo Jefe de la Iglesia defini\u00f3 como dogma de fe la Inmaculada Concepci\u00f3n de Mar\u00eda. Savio deseaba ardientemente hacer vivo y duradero entre nosotros el pensamiento de este augusto t\u00edtulo concedido por la Iglesia a la Reina del Cielo. \u00abQuisiera \u2014sol\u00eda decir\u2014 hacer algo en honor de Mar\u00eda, pero hacerlo pronto, porque temo no disponer de mucho tiempo\u00bb.<\/p>\n<p>Guiado, pues, por su acostumbrada e ingeniosa caridad, escogi\u00f3 a varios de sus compa\u00f1eros de confianza y los invit\u00f3 a unirse con \u00e9l para formar una compa\u00f1\u00eda llamada Compa\u00f1\u00eda<em> de la Inmaculada Concepci\u00f3n.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <\/em>Su finalidad era obtener la protecci\u00f3n de la gran Madre de Dios durante la vida y especialmente en la hora de la muerte. Savio propuso para este fin dos medios: practicar y promover actos de piedad en honor de Mar\u00eda Inmaculada y la Comuni\u00f3n frecuente. De acuerdo con sus amigos redact\u00f3 un reglamento y, despu\u00e9s de mucha preparaci\u00f3n, el 8 de junio de 1856, nueve meses antes de su muerte, lo ley\u00f3 con ellos ante el altar de la Sant\u00edsima Virgen. Lo reproduzco gustosamente aqu\u00ed, pensando que puede servir a otros de gu\u00eda para hacer lo mismo. Dice as\u00ed.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u00abNosotros, Domingo Savio, etc. (siguen aqu\u00ed los nombres de los dem\u00e1s compa\u00f1eros), para asegurarnos en vida y en muerte el patrocinio de la Bienaventurada Virgen Inmaculada y consagrarnos enteramente a su santo servicio, el d\u00eda ocho de junio, fortalecidos todos con los santos Sacramentos de la Confesi\u00f3n y de la Comuni\u00f3n, y resueltos a profesar hacia nuestra Madre una devoci\u00f3n filial y constante, declaramos ante su altar, y con el consentimiento de nuestro Director espiritual, que queremos imitar, en cuanto nuestras fuerzas lo permitan, a LUIS COMOLLO<a href=\"#_ftn9\" name=\"_ftnref9\">[9]<\/a>.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Por tanto, nos obligamos:<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<ol>\n<li>A observar rigurosamente las reglas de la casa.<\/li>\n<li>A edificar a nuestros compa\u00f1eros, amonest\u00e1ndolos caritativamente y anim\u00e1ndolos a hacer el bien con nuestras palabras, pero mucho m\u00e1s con nuestro buen ejemplo.<\/li>\n<li>A emplear exactamente el tiempo. Para asegurarnos la perseverancia en el tenor de vida al que pretendemos obligarnos, sometemos el siguiente reglamento a nuestro Director.<\/li>\n<\/ol>\n<p>N.\u00ba 1. Como regla principal adoptaremos una estricta obediencia a nuestros superiores, a quienes nos sometemos con confianza ilimitada.<\/p>\n<p>N.\u00ba 2. El cumplimiento de nuestros propios deberes ser\u00e1 nuestra primera y especial ocupaci\u00f3n.<\/p>\n<p>N.\u00ba 3. La caridad mutua unir\u00e1 nuestros corazones y nos har\u00e1 amar sin distinci\u00f3n a todos nuestros hermanos, a quienes amonestaremos con dulzura cuando la correcci\u00f3n parezca \u00fatil.<\/p>\n<p>N.\u00ba 4. Se escoger\u00e1 media hora cada semana para reunirnos; despu\u00e9s de invocar al Esp\u00edritu Santo y hacer una breve lectura espiritual, trataremos de los progresos de la Compa\u00f1\u00eda en la devoci\u00f3n y en la virtud.<\/p>\n<p>N.\u00ba 5. En privado, sin embargo, nos advertiremos mutuamente de aquellas faltas de las que necesitemos corregirnos.<\/p>\n<p>N.\u00ba 6. Procuraremos evitar causarnos unos a otros el menor disgusto, soportando con paciencia a los compa\u00f1eros y a las dem\u00e1s personas molestas.<\/p>\n<p>N.\u00ba 7. No se prescribe ninguna oraci\u00f3n particular, pues el tiempo que quede despu\u00e9s del cumplimiento de nuestro deber ser\u00e1 empleado en aquello que parezca m\u00e1s \u00fatil para nuestras almas.<\/p>\n<p>N.\u00ba 8. Adoptamos, sin embargo, estas pocas pr\u00e1cticas:<\/p>\n<ul>\n<li>1. Frecuente recepci\u00f3n de los santos Sacramentos, cuantas veces se nos permita.<\/li>\n<li>2. Nos acercaremos a la Mesa eucar\u00edstica todos los domingos, en las fiestas de precepto, durante todas las novenas y en las solemnidades de la Sant\u00edsima Virgen Mar\u00eda y de los santos patronos del Oratorio.<\/li>\n<li>3. Durante la semana procuraremos acercarnos el jueves, a no ser que alguna ocupaci\u00f3n grave lo impida.<\/li>\n<\/ul>\n<p>N.\u00ba 9. Cada d\u00eda, especialmente durante el rezo del Rosario, encomendaremos nuestra sociedad a Mar\u00eda, pidi\u00e9ndole que nos obtenga la gracia de la perseverancia.<\/p>\n<p>N.\u00ba 10. Procuraremos consagrar cada s\u00e1bado en honor de Mar\u00eda alguna pr\u00e1ctica especial o acto de piedad cristiana en honor de su Inmaculada Concepci\u00f3n.<\/p>\n<p>N.\u00ba 11. Mantendremos, pues, una conducta especialmente edificante en la oraci\u00f3n, en la lectura devota, durante los oficios divinos, en el estudio y en la escuela.<\/p>\n<p>N.\u00ba 12. Guardaremos con el mayor cuidado la santa palabra de Dios y recordaremos las verdades que hayamos o\u00eddo.<\/p>\n<p>N.\u00ba 13. Evitaremos toda p\u00e9rdida de tiempo para preservar nuestras almas de las tentaciones que suelen asaltarnos con fuerza en la ociosidad; por tanto:<\/p>\n<p>N.\u00ba 14. Despu\u00e9s de cumplir las obligaciones propias de cada uno, dedicaremos las horas libres restantes a ocupaciones \u00fatiles, como lecturas devotas e instructivas o la oraci\u00f3n.<\/p>\n<p>N.\u00ba 15. El recreo es deseado, o al menos permitido, despu\u00e9s de las comidas, despu\u00e9s de la escuela y despu\u00e9s del estudio.<\/p>\n<p>N.\u00ba 16. Procuraremos dar a conocer a nuestros superiores todo lo que pueda ser \u00fatil para nuestra conducta moral.<\/p>\n<p>N.\u00ba 17. Procuraremos asimismo hacer uso moderado de los permisos que nos concede la bondad de nuestros superiores, pues uno de nuestros fines especiales es ciertamente la exacta observancia de las reglas de la casa, que con demasiada frecuencia se quebrantan abusando de tales permisos.<\/p>\n<p>N.\u00ba 18. Aceptaremos de nuestros superiores cuanto se nos asigne para la comida, sin quejarnos jam\u00e1s de las disposiciones de la mesa, y disuadiremos a los dem\u00e1s de hacerlo.<\/p>\n<p>N.\u00ba 19. Quien quiera formar parte de esta sociedad deber\u00e1 purificar primero su conciencia mediante el Sacramento de la Confesi\u00f3n y alimentarse en la Mesa eucar\u00edstica; despu\u00e9s deber\u00e1 dar prueba de su conducta durante una semana de prueba, leer atentamente estas reglas y prometer a Dios y a Mar\u00eda Sant\u00edsima Inmaculada su exacta observancia.<\/p>\n<p>N.\u00ba 20. El d\u00eda de su admisi\u00f3n, los hermanos se acercar\u00e1n a la santa Comuni\u00f3n, rogando a su Divina Majestad que conceda al nuevo compa\u00f1ero las virtudes de la perseverancia y de la obediencia y verdadero amor de Dios.<\/p>\n<p>N.\u00ba 21. La sociedad se pone bajo el patrocinio de la Inmaculada Concepci\u00f3n, cuyo t\u00edtulo llevaremos y cuya medalla devocional usaremos. Una confianza sincera, filial e ilimitada en Mar\u00eda, una singular ternura hacia ella y una devoci\u00f3n constante nos har\u00e1n superiores a todo obst\u00e1culo, firmes en nuestros prop\u00f3sitos, rigurosos con nosotros mismos, amorosos con el pr\u00f3jimo y exactos en todo.<\/p>\n<p>Recomendamos adem\u00e1s a los hermanos que escriban los santos nombres de Jes\u00fas y Mar\u00eda primero en sus corazones y en sus mentes, y despu\u00e9s en sus libros y en los objetos que puedan presentarse ante sus ojos.<\/p>\n<p>Se ruega a nuestro Director que examine estas reglas y nos d\u00e9 su juicio sobre ellas; le aseguramos que todos dependemos enteramente de su voluntad. Puede introducir en este reglamento los cambios que considere oportunos.<\/p>\n<p>\u00bfY Mar\u00eda? Que bendiga nuestros esfuerzos, pues de ella procedi\u00f3 enteramente la inspiraci\u00f3n para dar vida a esta piadosa sociedad. Que sonr\u00eda a nuestras esperanzas y escuche nuestras oraciones; y nosotros, cobijados bajo su manto y fortalecidos por su patrocinio, desafiaremos las tempestades de este mar traicionero y venceremos los asaltos del enemigo infernal. As\u00ed confortados por ella, esperamos ser edificaci\u00f3n para nuestros compa\u00f1eros, consuelo para nuestros superiores e hijos predilectos suyos; y si Dios nos concede gracia y vida para servirlo en el ministerio sacerdotal, procuraremos con todas nuestras fuerzas hacerlo con el mayor celo. Desconfiando de nuestras propias fuerzas, pero confiando sin l\u00edmites en la ayuda divina, podemos esperar que, despu\u00e9s de este valle de l\u00e1grimas, consolados por la presencia de Mar\u00eda, llegaremos seguros en aquella \u00faltima hora al premio eterno que Dios reserva a quienes lo sirven en esp\u00edritu y en verdad.<\/p>\n<p>El Director del Oratorio ley\u00f3 efectivamente el reglamento de vida expuesto arriba y, despu\u00e9s de examinarlo atentamente, lo aprob\u00f3 bajo las condiciones siguientes:<\/p>\n<ol>\n<li>Las promesas mencionadas arriba no tienen fuerza de votos.<\/li>\n<li>Tampoco obligan bajo pena de pecado alguno.<\/li>\n<li>En las reuniones se establecer\u00e1 alguna obra exterior de caridad, como limpiar la iglesia, asistir o ense\u00f1ar el catecismo a alg\u00fan ni\u00f1o m\u00e1s ignorante.<\/li>\n<li>Se distribuir\u00e1n los d\u00edas de la semana de manera que cada d\u00eda haya algunas Comuniones.<\/li>\n<li>No se a\u00f1adir\u00e1 ninguna pr\u00e1ctica religiosa sin permiso especial de los superiores.<\/li>\n<li>El fin fundamental ser\u00e1 promover la devoci\u00f3n a Mar\u00eda Sant\u00edsima Inmaculada y al Sant\u00edsimo Sacramento.<\/li>\n<li>Antes de aceptar a alguien, se le har\u00e1 leer la vida de Luis Comollo<a href=\"#_ftn10\" name=\"_ftnref10\">[10]<\/a>.<\/li>\n<\/ol>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h1><a name=\"_Toc241832216\"><\/a>CAP\u00cdTULO XVIII. Sus amistades particulares &#8211; Sus relaciones con el joven Camilo Gavio<a name=\"_Toc504540968\"><\/a><a name=\"_Toc504541403\"><\/a><a name=\"_Toc504541965\"><\/a><a name=\"_Toc530304062\"><\/a><a name=\"_Toc24283675\"><\/a><\/h1>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Todos eran amigos de Domingo; quien no lo amaba, lo respetaba por sus virtudes. Sab\u00eda llevarse bien con todos. Estaba tan firmemente asentado en la virtud que se le aconsej\u00f3 tratar con algunos muchachos algo d\u00edscolos para intentar ganarlos para el Se\u00f1or. Se serv\u00eda del recreo, de los juegos e incluso de conversaciones indiferentes para sacar de ellos provecho espiritual. Sin embargo, eran sus amigos particulares los inscritos en la Compa\u00f1\u00eda de la Inmaculada Concepci\u00f3n. Con ellos, como se ha dicho, se reun\u00eda unas veces para conferencias espirituales y otras para realizar ejercicios de piedad cristiana. Estas reuniones se celebraban con permiso de los superiores, pero eran dirigidas y reguladas por los propios j\u00f3venes. Trataban de c\u00f3mo celebrar las novenas de las principales solemnidades, se distribu\u00edan entre ellos las Comuniones que cada uno procurar\u00eda hacer en los d\u00edas se\u00f1alados de la semana y se asignaban mutuamente aquellos j\u00f3venes que necesitaban asistencia moral; cada uno tomaba a uno de ellos como cliente <em>y protegido<\/em> y empleaba todos los medios sugeridos por la caridad cristiana para encaminarlo hacia la virtud.<\/p>\n<p>Savio estaba entre los m\u00e1s activos y puede decirse que en aquellas reuniones desempe\u00f1aba el papel de sabio consejero.<\/p>\n<p>Podr\u00edan mencionarse varios compa\u00f1eros de Savio que participaban en aquellas reuniones y tuvieron mucho trato con \u00e9l; pero, como todav\u00eda viven, la prudencia aconseja no decir nada de ellos. Mencionar\u00e9 solamente a dos que ya fueron llamados a la patria celestial: Camilo Gavio, de Tortona, y Juan Massaglia, de Marmorito.<\/p>\n<p>Gavio vivi\u00f3 entre nosotros solamente dos meses, y ese tiempo bast\u00f3 para que dejara entre sus compa\u00f1eros un santo recuerdo de s\u00ed.<\/p>\n<p>Su luminosa piedad y su gran talento para la pintura y la escultura hab\u00edan movido al municipio de su ciudad a ayudarlo a venir a Tur\u00edn para continuar sus estudios art\u00edsticos. Hab\u00eda sufrido en casa una grave enfermedad; y cuando lleg\u00f3 al Oratorio, ya fuera porque estaba convaleciente, porque se encontraba lejos de su casa y de sus parientes o porque se ve\u00eda entre muchachos completamente desconocidos, permanec\u00eda mirando a los dem\u00e1s mientras jugaban, absorto en serios pensamientos. Savio lo vio y se acerc\u00f3 inmediatamente para consolarlo, manteniendo con \u00e9l este di\u00e1logo textual.<\/p>\n<p>Savio comenz\u00f3: \u00abBien, querido amigo, todav\u00eda no conoces a nadie, \u00bfverdad?\u00bb.<\/p>\n<p><em>Gavio. <\/em>\u00abEs verdad, pero me divierto mirando jugar a los dem\u00e1s\u00bb.<\/p>\n<p>\u00ab\u00bfC\u00f3mo te llamas?\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abCamilo Gavio, de Tortona\u00bb.<\/p>\n<p>\u00ab\u00bfCu\u00e1ntos a\u00f1os tienes?\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abQuince\u00bb.<\/p>\n<p>\u00ab\u00bfQu\u00e9 causa esa tristeza que se ve en tu rostro? \u00bfHas estado quiz\u00e1 enfermo?\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abS\u00ed, he estado realmente enfermo. Padec\u00ed una enfermedad de palpitaciones que me llev\u00f3 al borde de la tumba y todav\u00eda no me he recuperado por completo\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abQuieres curarte, \u00bfverdad?\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abNo especialmente. Quiero hacer la voluntad de Dios\u00bb.<\/p>\n<p>Estas \u00faltimas palabras mostraban que Gavio era un joven de piedad nada com\u00fan y produjeron verdadero consuelo en el coraz\u00f3n de Savio, por lo que continu\u00f3 con plena confianza: \u00abQuien desea hacer la voluntad de Dios desea santificarse; \u00bfquieres, pues, hacerte santo?\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abLo deseo much\u00edsimo\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abBien. Aumentaremos el n\u00famero de nuestros amigos; t\u00fa ser\u00e1s uno de los que participan en lo que hacemos para hacernos santos\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abLo que dices es hermoso, pero no s\u00e9 qu\u00e9 debo hacer\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abTe lo dir\u00e9 en pocas palabras. Has de saber que aqu\u00ed hacemos consistir la santidad en estar muy alegres. Procuraremos simplemente evitar el pecado como un gran enemigo que nos roba la gracia de Dios y la paz del coraz\u00f3n; procuraremos cumplir exactamente nuestros deberes y frecuentar las pr\u00e1cticas de piedad. Comienza hoy a escribir como recuerdo: Servite <em>Domino in laetitia, es decir,<\/em> servid al Se\u00f1or con santa alegr\u00eda\u00bb.<\/p>\n<p>Esta conversaci\u00f3n fue como un b\u00e1lsamo para las aflicciones de Gavio y le proporcion\u00f3 verdadero consuelo. Desde aquel d\u00eda se convirti\u00f3 en fiel amigo de Savio y constante seguidor de sus virtudes. Pero la enfermedad que lo hab\u00eda llevado al borde de la tumba y no hab\u00eda sido extirpada reapareci\u00f3 despu\u00e9s de dos meses; pese a todos los cuidados de m\u00e9dicos y amigos, no se encontr\u00f3 remedio alguno. Tras varios d\u00edas de empeoramiento, y despu\u00e9s de recibir con gran edificaci\u00f3n los \u00faltimos Sacramentos, entreg\u00f3 su alma al Creador el 30 de diciembre de 1856<a href=\"#_ftn11\" name=\"_ftnref11\">[11]<\/a>.<\/p>\n<p>Domingo fue varias veces a visitarlo durante su enfermedad y se ofreci\u00f3 a pasar las noches velando a su lado, aunque no le fue permitido. Cuando supo que Gavio hab\u00eda muerto, quiso verlo una \u00faltima vez y, contempl\u00e1ndolo sin vida, dijo con profunda emoci\u00f3n:<\/p>\n<p>\u00abAdi\u00f3s, Gavio. Estoy \u00edntimamente convencido de que has volado al cielo; por tanto, prep\u00e1rame un lugar. Yo ser\u00e9 siempre tu amigo, pero mientras el Se\u00f1or me deje con vida rezar\u00e9 por el descanso de tu alma\u00bb.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s fue con los dem\u00e1s compa\u00f1eros a rezar el Oficio de difuntos en la habitaci\u00f3n del fallecido; durante el d\u00eda se ofrecieron otras oraciones. Invit\u00f3 luego a algunos de los mejores condisc\u00edpulos a recibir la santa Comuni\u00f3n, y \u00e9l mismo la recibi\u00f3 varias veces por el descanso de su amigo difunto.<\/p>\n<p>Entre otras cosas dijo a sus amigos: \u00abQueridos amigos, no olvidemos el alma de nuestro compa\u00f1ero. Espero que a estas alturas ya goce de la gloria del cielo; sin embargo, no dejemos de rezar por el descanso de su alma. Todo lo que ahora hagamos por \u00e9l, Dios dispondr\u00e1 que alg\u00fan d\u00eda otros lo hagan por nosotros\u00bb.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h1><a name=\"_Toc241832217\"><\/a>CAP\u00cdTULO XIX. Sus relaciones con el joven Juan Massaglia<a name=\"_Toc504540969\"><\/a><a name=\"_Toc504541404\"><\/a><a name=\"_Toc504541966\"><\/a><a name=\"_Toc530304063\"><\/a><a name=\"_Toc24283676\"><\/a><\/h1>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Las relaciones de Savio con Massaglia, de Marmorito, pueblo no lejano de Mondonio, fueron m\u00e1s largas y m\u00e1s \u00edntimas.<\/p>\n<p>Ambos llegaron al mismo tiempo a la casa del Oratorio; proced\u00edan de lugares vecinos; los dos ten\u00edan el mismo deseo de abrazar el estado eclesi\u00e1stico, con sincera voluntad de hacerse santos.<\/p>\n<p>\u00abNo basta \u2014dijo un d\u00eda Domingo a su amigo\u2014, no basta decir que queremos hacernos cl\u00e9rigos; es preciso trabajar para adquirir las virtudes necesarias para este estado\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abEs verdad \u2014respondi\u00f3 su amigo\u2014, pero si nosotros hacemos cuanto podemos por nuestra parte, Dios no dejar\u00e1 de darnos la gracia y la fuerza necesarias para merecer un favor tan grande como llegar a ser ministros de Jesucristo\u00bb.<\/p>\n<p>Llegado el tiempo de Pascua, hicieron los ejercicios espirituales con los dem\u00e1s j\u00f3venes de manera ejemplar\u00edsima. Al final de los ejercicios Domingo dijo a su compa\u00f1ero: \u00abQuiero que seamos verdaderos amigos, verdaderos amigos en las cosas del alma. Por eso deseo que desde ahora cada uno sea consejero del otro en todo lo que pueda contribuir a nuestro bien espiritual. As\u00ed que, si ves en m\u00ed alguna falta, d\u00edmelo enseguida para que pueda corregirla; o si ves alguna cosa buena que podr\u00eda hacer, no dejes de suger\u00edrmela\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abLo har\u00e9 gustosamente por ti, aunque t\u00fa no lo necesitas; pero t\u00fa debes hacerlo mucho m\u00e1s conmigo, porque, como sabes, por mi edad, mis estudios y mi clase estoy expuesto a mayores peligros\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abDejemos a un lado los cumplidos y ayud\u00e9monos mutuamente a hacer el bien de nuestras almas\u00bb.<\/p>\n<p>Desde aquel momento Savio y Massaglia se convirtieron en verdaderos amigos, y su amistad persever\u00f3 porque estaba fundada en la virtud; m\u00e1s a\u00fan, rivalizaban entre s\u00ed, con el ejemplo y el consejo, para ayudarse mutuamente a evitar el mal y practicar el bien.<\/p>\n<p>Al terminar el curso escolar, despu\u00e9s de los ex\u00e1menes, se daba a todos los j\u00f3venes de la casa permiso para pasar las vacaciones con sus padres o con alg\u00fan otro pariente.<\/p>\n<p>Algunos, movidos por el deseo de progresar en el estudio y atender mejor a los ejercicios de piedad, prefer\u00edan permanecer en el Oratorio; entre ellos estaban Savio y Massaglia. Sabiendo con cu\u00e1nto deseo los esperaban sus familias y cu\u00e1nto necesitaban ellos mismos recuperar fuerzas, dije a ambos: \u00ab\u00bfPor qu\u00e9 no vais a pasar unos d\u00edas de vacaciones?\u00bb. En vez de responder, se pusieron a re\u00edr. \u00ab\u00bfQu\u00e9 significa esa risa?\u00bb.<\/p>\n<p>Domingo respondi\u00f3: \u00abSabemos que nuestros familiares nos esperan con gusto; tambi\u00e9n nosotros los queremos y nos gustar\u00eda ir. Pero sabemos que un p\u00e1jaro, mientras est\u00e1 en la jaula, no goza de libertad, es verdad; pero est\u00e1 seguro del halc\u00f3n. En cambio, si est\u00e1 fuera de la jaula, vuela donde quiere, pero de un momento a otro puede caer entre las garras del halc\u00f3n infernal\u00bb.<\/p>\n<p>Sin embargo, juzgu\u00e9 conveniente enviarlos a casa por alg\u00fan tiempo para favorecer su salud. Cedieron a mi voluntad solo por obediencia y permanecieron all\u00ed \u00fanicamente el n\u00famero de d\u00edas que se les hab\u00eda ordenado estrictamente.<\/p>\n<p>Si quisiera escribir los hermosos ejemplos de virtud dados por el joven Massaglia, tendr\u00eda que repetir en gran parte las cosas dichas de Savio, de quien fue fiel imitador mientras vivi\u00f3. Gozaba de buena salud y daba excelentes esperanzas en el curso de sus estudios. Terminada la ret\u00f3rica, super\u00f3 con \u00e9xito el examen para recibir el h\u00e1bito clerical. Pero aquel h\u00e1bito, que tanto amaba y respetaba, solo pudo llevarlo durante pocos meses. Afectado por un enfriamiento que parec\u00eda no ser m\u00e1s que un resfriado com\u00fan, ni siquiera quiso interrumpir sus estudios. Para que recibiera un tratamiento completo y alejarlo de la posibilidad de estudiar, sus padres lo llevaron a casa. Durante esta estancia escribi\u00f3 a su amigo una carta en los t\u00e9rminos siguientes:<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Querido amigo:<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Pensaba que tendr\u00eda que pasar solo unos d\u00edas en casa y despu\u00e9s volver al Oratorio, por eso dej\u00e9 all\u00ed todas mis cosas de estudio. Ahora, sin embargo, veo que el asunto se alarga y el desenlace de mi enfermedad se hace cada vez m\u00e1s incierto. El m\u00e9dico me dice que mejoro. A m\u00ed me parece que empeoro. Veremos qui\u00e9n tiene raz\u00f3n. Querido Domingo, me aflige profundamente estar lejos de ti y del Oratorio, porque aqu\u00ed no tengo la comodidad de atender a los ejercicios de devoci\u00f3n. Solo me consuelo recordando aquellos d\u00edas que hab\u00edamos se\u00f1alado para prepararnos y acercarnos juntos a la santa Comuni\u00f3n.<\/p>\n<p>Espero, sin embargo, que, aunque separados en el cuerpo, no estaremos separados en el esp\u00edritu.<\/p>\n<p>Entretanto te ruego que vayas a la sala de estudio y hagas una visita oficial a mi pupitre. All\u00ed encontrar\u00e1s algunos papeles manuscritos; junto a ellos est\u00e1 el Kempis,<em> es decir, De imitatione<\/em> Christi. Re\u00fane todo en un paquete y env\u00edamelo. Procura que el libro sea el latino; porque, aunque me gusta la traducci\u00f3n, sigue siendo una traducci\u00f3n, en la que no encuentro el gusto que experimento en el original latino. Me siento cansado de no hacer nada; sin embargo, el m\u00e9dico me proh\u00edbe estudiar. Doy muchos paseos por mi habitaci\u00f3n y a menudo voy diciendo: \u00bfMe curar\u00e9 de esta enfermedad? \u00bfVolver\u00e9 a ver a mis compa\u00f1eros? \u00bfSer\u00e1 esta mi \u00faltima enfermedad? Solo Dios sabe qu\u00e9 resultar\u00e1 de todo esto. Me parece que estoy dispuesto, en los tres casos, a cumplir la santa y amable voluntad de Dios.<\/p>\n<p>Si tienes alg\u00fan buen consejo, escr\u00edbemelo, por favor. Dime c\u00f3mo est\u00e1 tu salud; acu\u00e9rdate de m\u00ed en tus oraciones y especialmente cuando recibas la santa Comuni\u00f3n. \u00c1nimo; \u00e1mame de todo coraz\u00f3n en el Se\u00f1or. Si no podemos permanecer mucho tiempo juntos en esta vida presente, espero que alg\u00fan d\u00eda podremos vivir felices en dulce compa\u00f1\u00eda en la bienaventurada eternidad.<\/p>\n<p>Saluda a nuestros amigos, especialmente a los hermanos de la Compa\u00f1\u00eda de la Inmaculada Concepci\u00f3n. Que el Se\u00f1or est\u00e9 contigo, y cr\u00e9eme siempre tu afect\u00edsimo<\/p>\n<p>JUAN MASSAGLIA.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Domingo cumpli\u00f3 el encargo de su amigo y, al enviarle lo que le hab\u00eda pedido, incluy\u00f3 la siguiente carta:<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Querido Massaglia:<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Tu carta me ha dado alegr\u00eda, porque por ella he sabido que todav\u00eda est\u00e1s vivo; pues desde tu partida no hab\u00edamos recibido m\u00e1s noticias tuyas y yo no sab\u00eda si deb\u00eda rezar por ti <em>el Gloria Patri<\/em> o <em>el De profundis.<\/em> Recibir\u00e1s las cosas que me has pedido. Solo debo advertirte que Kempis es un buen amigo, pero est\u00e1 muerto y nunca se mueve de su sitio. Por tanto, tienes que buscarlo t\u00fa, sacudirlo, leerlo y procurar poner en pr\u00e1ctica lo que all\u00ed leas.<\/p>\n<p>A\u00f1oras las facilidades que aqu\u00ed tenemos para los ejercicios de piedad, y tienes raz\u00f3n. Cuando estoy en Mondonio encuentro la misma dificultad. Yo sol\u00eda suplirla visitando cada d\u00eda al Sant\u00edsimo Sacramento y procurando llevar conmigo a cuantos compa\u00f1eros pod\u00eda. Adem\u00e1s del Kempis <em>le\u00eda El tesoro escondido en la <\/em>santa Misa, del beato Leonardo. Si te <em>parece<\/em> bien, haz t\u00fa lo mismo. Me dices que no sabes si volver\u00e1s al Oratorio para visitarnos; tambi\u00e9n mi pobre cuerpo parece muy gastado y todo me hace prever que me acerco r\u00e1pidamente al final de mis estudios y de mi vida. En cualquier caso hagamos esto: recemos el uno por el otro para que ambos tengamos una buena muerte. Quien de los dos sea el primero en ir al Para\u00edso prepare un lugar para su amigo y, cuando este vaya a reunirse con \u00e9l, le tienda la mano para introducirlo en la morada del cielo.<\/p>\n<p>Que Dios nos conserve siempre en su gracia y nos ayude a hacernos santos, pero santos pronto, porque temo que nos falte tiempo. Todos nuestros amigos desean que vuelvas al Oratorio y te env\u00edan afectuosos saludos en el Se\u00f1or.<\/p>\n<p>Con amor y afecto fraterno quedo siempre<\/p>\n<p><em>Tu afect\u00edsimo amigo,<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <\/em>DOMINGO SAVIO.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Al principio la enfermedad del joven Massaglia pareci\u00f3 ligera; varias veces pareci\u00f3 completamente vencida, varias veces volvi\u00f3, hasta que casi inesperadamente lleg\u00f3 al t\u00e9rmino de su vida.<\/p>\n<p>\u00abTuvo tiempo \u2014escribi\u00f3 el te\u00f3logo Valfr\u00e9, su director espiritual durante las vacaciones\u2014 de recibir con grand\u00edsima edificaci\u00f3n todos los consuelos de nuestra santa religi\u00f3n cat\u00f3lica; muri\u00f3 la muerte del justo que deja el mundo para volar al cielo\u00bb.<a href=\"#_ftn12\" name=\"_ftnref12\">[12]<\/a><\/p>\n<p>Por la p\u00e9rdida de aquel amigo Savio qued\u00f3 profundamente afligido y, aunque resignado a la voluntad divina, llor\u00f3 por \u00e9l durante varios d\u00edas. Fue la primera vez que vi aquel rostro angelical entristecido y llorando de dolor. Su \u00fanico consuelo era rezar y hacer rezar por su amigo difunto. A veces se le o\u00eda exclamar: \u00abQuerido Massaglia, has muerto y espero que ya est\u00e9s con Gavio en el Para\u00edso; \u00bfy cu\u00e1ndo ir\u00e9 yo a reunirme con vosotros en la inmensa felicidad del cielo?\u00bb.<\/p>\n<p>Durante todo el tiempo que Domingo sobrevivi\u00f3 a su amigo lo tuvo siempre presente en sus pr\u00e1cticas de piedad y sol\u00eda decir que no pod\u00eda ir a o\u00edr la santa Misa ni asistir a ejercicio alguno de devoci\u00f3n sin encomendar a Dios el alma de quien en vida hab\u00eda trabajado tanto por su bien. Esta p\u00e9rdida fue muy dolorosa para el tierno coraz\u00f3n de Domingo y su propia salud qued\u00f3 sensiblemente afectada por ella.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h1><a name=\"_Toc241832218\"><\/a>CAP\u00cdTULO XX. Gracias especiales y acontecimientos particulares<a name=\"_Toc504540970\"><\/a><a name=\"_Toc504541405\"><\/a><a name=\"_Toc504541967\"><\/a><a name=\"_Toc530304064\"><\/a><a name=\"_Toc24283677\"><\/a><\/h1>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Hasta este punto he relatado cosas que no contienen nada extraordinario, a no ser que queramos llamar extraordinaria una conducta constantemente buena que se iba haciendo siempre m\u00e1s perfecta por la inocencia de vida, las obras de penitencia y el ejercicio de la piedad. Tambi\u00e9n podr\u00edan llamarse extraordinarias la viveza de su fe, la firmeza de su esperanza, su ardiente caridad y su perseverancia en el bien hasta el \u00faltimo suspiro. Aqu\u00ed, sin embargo, quiero exponer gracias especiales y ciertos hechos poco comunes que quiz\u00e1 puedan ser objeto de cr\u00edtica. Por eso creo conveniente advertir al lector que cuanto aqu\u00ed relato se parece mucho a hechos consignados en la Biblia y en las vidas de los santos; refiero cosas que vi con mis propios ojos y aseguro al lector que escribo escrupulosamente la verdad, dejando todo lo dem\u00e1s enteramente al juicio del lector prudente. He aqu\u00ed el relato.<\/p>\n<p>Varias veces, cuando iba a la iglesia, especialmente los d\u00edas en que Domingo recib\u00eda la santa Comuni\u00f3n o estaba expuesto el Sant\u00edsimo Sacramento, permanec\u00eda como fuera de s\u00ed, hasta el punto de dejar pasar incluso much\u00edsimo tiempo si no era llamado para cumplir sus deberes ordinarios.<\/p>\n<p>Un d\u00eda falt\u00f3 al desayuno, a la escuela e incluso a la comida, y nadie sab\u00eda d\u00f3nde estaba; no se encontraba en la sala de estudio ni en la cama. Cuando esto fue referido al Director, sospech\u00f3 lo que realmente suced\u00eda: que Domingo estaba en la iglesia, como hab\u00eda ocurrido otras veces. Entr\u00f3 en la iglesia, fue al coro y lo vio all\u00ed de pie, inm\u00f3vil como una piedra. Ten\u00eda un pie cruzado sobre el otro, una mano apoyada en el atril del antifonario y la otra sobre el pecho, con el rostro fijo y vuelto hacia el sagrario. No mov\u00eda ni un p\u00e1rpado. El Director lo llam\u00f3, pero no respondi\u00f3. Lo sacudi\u00f3 y entonces Domingo volvi\u00f3 los ojos hacia \u00e9l y dijo: \u00ab\u00a1Oh! \u00bfYa ha terminado la Misa?\u00bb. \u00abMira \u2014a\u00f1adi\u00f3 el Director, mostr\u00e1ndole el reloj\u2014, son las dos\u00bb. Domingo pidi\u00f3 humildemente perd\u00f3n por haber quebrantado las reglas de la casa, y el Director lo mand\u00f3 a comer diciendo: \u00abSi alguno te pregunta: \u201c\u00bfDe d\u00f3nde vienes?\u201d, responde que estabas cumpliendo una orden m\u00eda\u00bb. Esto se dijo para evitar preguntas inc\u00f3modas que quiz\u00e1 sus compa\u00f1eros le habr\u00edan hecho.<\/p>\n<p>Otro d\u00eda, despu\u00e9s de la acostumbrada acci\u00f3n de gracias tras la Misa, estaba yo a punto de salir de la sacrist\u00eda cuando o\u00ed en el coro una voz como de quien mantiene una conversaci\u00f3n. Fui a ver y encontr\u00e9 a Savio hablando y despu\u00e9s haciendo una pausa, como si dejara tiempo para una respuesta. Entre otras cosas o\u00ed claramente estas palabras: \u00abS\u00ed, Dios m\u00edo, ya te lo he dicho y te lo repito: te amo y quiero amarte hasta la muerte. Si ves que voy a ofenderte, m\u00e1ndame la muerte: s\u00ed, la muerte antes que el pecado\u00bb.<\/p>\n<p>A veces le preguntaba qu\u00e9 hac\u00eda durante aquellas demoras y, con toda sencillez, respond\u00eda: \u00ab\u00a1Pobre de m\u00ed! Me viene una distracci\u00f3n y en ese momento pierdo el hilo de mis oraciones; me parece ver cosas tan hermosas que las horas pasan como un instante\u00bb.<\/p>\n<p>Un d\u00eda entr\u00f3 en mi habitaci\u00f3n diciendo: \u00abR\u00e1pido, venga conmigo; hay una buena obra que hacer\u00bb. \u00ab\u00bfD\u00f3nde quieres llevarme?\u00bb, pregunt\u00e9. \u00abDeprisa \u2014a\u00f1adi\u00f3\u2014, deprisa\u00bb. Yo segu\u00eda dudando, pero como insist\u00eda y en otras ocasiones ya hab\u00eda experimentado la importancia de semejantes invitaciones, consent\u00ed. Lo segu\u00ed. Sali\u00f3 de casa, recorri\u00f3 una calle, despu\u00e9s otra y otra m\u00e1s, pero no se deten\u00eda ni hablaba; finalmente entr\u00f3 en otra calle. Lo segu\u00ed de puerta en puerta hasta que se detuvo. Subi\u00f3 una escalera, lleg\u00f3 al tercer piso y toc\u00f3 con fuerza el timbre. \u00abAqu\u00ed es donde debe entrar\u00bb, dijo, y se march\u00f3 inmediatamente.<\/p>\n<p>Me abrieron la puerta. \u00ab\u00a1Oh, r\u00e1pido! \u2014me dijeron\u2014. \u00a1Deprisa, de lo contrario ser\u00e1 demasiado tarde! Mi marido tuvo la desgracia de hacerse protestante; ahora est\u00e1 a punto de morir y pide poder morir como buen cat\u00f3lico\u00bb.<\/p>\n<p>Fui inmediatamente al lecho del enfermo, que mostraba gran ansiedad por poner en orden los asuntos de su conciencia. Arregladas con la mayor rapidez las cosas de aquella alma, lleg\u00f3 el p\u00e1rroco de San Agust\u00edn, a quien tambi\u00e9n hab\u00edan mandado llamar. Apenas pudo administrarle el sacramento de la Santa Unci\u00f3n con una sola unci\u00f3n, pues el enfermo muri\u00f3 enseguida.<\/p>\n<p>Un d\u00eda quise preguntar a Savio c\u00f3mo hab\u00eda podido saber que all\u00ed hab\u00eda un enfermo. Me mir\u00f3 con expresi\u00f3n de dolor y luego se puso a llorar. No le hice m\u00e1s preguntas.<\/p>\n<p>La inocencia de su vida, su amor a Dios y su deseo de las cosas celestiales hab\u00edan llevado la mente de Domingo a tal estado que pod\u00eda decirse habitualmente absorto en Dios.<\/p>\n<p>A veces abandonaba el recreo, volv\u00eda la mirada hacia otro lugar y comenzaba a caminar solo. Preguntado por qu\u00e9 dejaba as\u00ed a sus compa\u00f1eros, respond\u00eda: \u00abMe vienen las distracciones acostumbradas y me parece que el Para\u00edso se abre sobre mi cabeza; tengo que apartarme de mis compa\u00f1eros para no decirles cosas de las que quiz\u00e1 se reir\u00edan\u00bb. Un d\u00eda, durante el recreo, se hablaba del gran premio que Dios tiene preparado en el cielo para quienes conservan la vestidura de la inocencia. Entre otras cosas se dijo: \u00abLos inocentes son en el cielo los m\u00e1s cercanos a la persona de nuestro Divino Salvador y le cantar\u00e1n por siempre himnos especiales de gloria\u00bb.<\/p>\n<p>Esto bast\u00f3 para elevar su esp\u00edritu al Se\u00f1or y, quedando inm\u00f3vil, cay\u00f3 como muerto en los brazos de uno de los presentes.<\/p>\n<p>Estos transportes de esp\u00edritu le suced\u00edan durante el estudio, al ir y volver de la escuela e incluso en la propia escuela.<\/p>\n<p>Le agradaba mucho hablar del Romano Pont\u00edfice y expresaba su ardiente deseo de poder verlo antes de morir, afirmando repetidamente que ten\u00eda algo de gran importancia que decirle.<\/p>\n<p>Como repet\u00eda a menudo la misma cosa, quise preguntarle cu\u00e1l era aquel asunto importante que quer\u00eda comunicar al Papa.<\/p>\n<p>\u00abSi pudiera hablar con el Papa, quisiera decirle que, en medio de las tribulaciones que le esperan, no deje de ocuparse con particular solicitud de Inglaterra; Dios prepara un gran triunfo para el catolicismo en aquel reino\u00bb.<\/p>\n<p>\u00ab\u00bfEn qu\u00e9 fundas estas palabras?\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abSe lo dir\u00e9, pero no quisiera que hablara de ello con otros, para no quedar quiz\u00e1 expuesto al rid\u00edculo. Sin embargo, si va a Roma, d\u00edgaselo a P\u00edo IX. He aqu\u00ed. Una hermosa ma\u00f1ana, mientras hac\u00eda la acci\u00f3n de gracias despu\u00e9s de la Comuni\u00f3n, fui sorprendido por una fuerte distracci\u00f3n y me pareci\u00f3 ver una vasta llanura llena de gente envuelta en una espesa niebla. Caminaban, pero como hombres que, habiendo perdido el camino, ya no ven d\u00f3nde ponen los pies. \u201cEste pa\u00eds \u2014me dijo alguien que estaba cerca de m\u00ed\u2014 es Inglaterra\u201d. Mientras iba a hacer otras preguntas, vi al sumo pont\u00edfice P\u00edo IX tal como lo hab\u00eda visto pintado en algunas estampas. Vestido majestuosamente y llevando en sus manos una antorcha resplandeciente, avanzaba hacia aquella inmensa multitud. A medida que se acercaba, la niebla desaparec\u00eda a la luz de aquella antorcha y la gente quedaba iluminada como a mediod\u00eda. \u201cEsta antorcha \u2014me dijo mi compa\u00f1ero\u2014 es la religi\u00f3n cat\u00f3lica que ha de iluminar a los ingleses\u201d\u00bb.<\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <\/em>Cuando fui a Roma en 1858 quise contar este hecho al Sumo Pont\u00edfice, que lo escuch\u00f3 con bondad y agrado. \u00abEsto \u2014dijo el Papa\u2014 me confirma en mi prop\u00f3sito de trabajar en\u00e9rgicamente por Inglaterra, hacia la cual he dirigido ya mi m\u00e1s viva solicitud. Por lo menos, este relato es para m\u00ed como el consejo de un alma buena\u00bb.<\/p>\n<p>Omito muchos otros episodios semejantes, content\u00e1ndome con dejarlos anotados y permitiendo que otros los publiquen cuando se juzgue que pueden contribuir a la mayor gloria de Dios.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h1><a name=\"_Toc241832219\"><\/a>CAP\u00cdTULO XXI. Sus pensamientos sobre la muerte y su preparaci\u00f3n para una muerte santa<a name=\"_Toc504540971\"><\/a><a name=\"_Toc504541406\"><\/a><a name=\"_Toc504541968\"><\/a><a name=\"_Toc530304065\"><\/a><a name=\"_Toc24283678\"><\/a><\/h1>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Quien haya le\u00eddo cuanto hasta ahora hemos escrito sobre el joven Domingo Savio comprender\u00e1 f\u00e1cilmente que toda su vida fue una continua preparaci\u00f3n para la muerte. Pero \u00e9l consideraba la Compa\u00f1\u00eda de la Inmaculada Concepci\u00f3n como un medio eficaz para asegurarse la protecci\u00f3n de la Sant\u00edsima Virgen en la hora de la muerte, que todos preve\u00edan no muy lejana para \u00e9l. No s\u00e9 si Dios le hab\u00eda revelado el d\u00eda y las circunstancias de su muerte o si solo ten\u00eda un piadoso presentimiento de ella. Pero es cierto que habl\u00f3 de ella mucho tiempo antes de que sucediera y lo hizo con tal claridad que quien hubiera hablado despu\u00e9s de su muerte dif\u00edcilmente habr\u00eda podido describirla mejor.<\/p>\n<p>En vista del estado de su salud, se ten\u00eda todo cuidado para moderarlo en lo relativo al estudio y a la piedad; sin embargo, en parte por su fragilidad natural, en parte por ciertas molestias corporales y tambi\u00e9n por su continuo esfuerzo mental, sus fuerzas disminu\u00edan d\u00eda tras d\u00eda. \u00c9l mismo lo comprend\u00eda y a veces iba diciendo: \u00abTengo que correr, de lo contrario la noche me sorprender\u00e1 en el camino\u00bb. Con esto quer\u00eda decir que le quedaba poco tiempo de vida y deb\u00eda ser diligente en hacer buenas obras antes de que llegara la muerte.<\/p>\n<p>Es costumbre en esta casa que nuestros j\u00f3venes hagan una vez al mes el Ejercicio de la Buena Muerte. Este ejercicio consiste en prepararnos para hacer una confesi\u00f3n y una Comuni\u00f3n como si fueran las \u00faltimas de nuestra vida. El reinante P\u00edo IX, en su gran bondad, enriqueci\u00f3 este ejercicio con varias indulgencias. Domingo lo hac\u00eda con un recogimiento mayor del cual nada podr\u00eda imaginarse. Al final de la sagrada funci\u00f3n se acostumbra a rezar un padrenuestro <em>y un <\/em>avemar\u00eda por aquel de los presentes que ser\u00e1 el primero en morir. Un d\u00eda dijo en tono de broma: \u00abEn vez de decir: \u201cpor el que ser\u00e1 el primero en morir\u201d, decid as\u00ed: un padrenuestro<em> y un <\/em>avemar\u00eda por Domingo Savio, que ser\u00e1 el primero de nosotros en morir\u00bb. Lo dijo varias veces.<\/p>\n<p>Hacia finales de abril de 1856 se present\u00f3 al Director y le pregunt\u00f3 c\u00f3mo deb\u00eda celebrar santamente el mes de Mar\u00eda.<\/p>\n<p>\u00abLo celebrar\u00e1s \u2014le respondi\u00f3\u2014 con el exacto cumplimiento de tus deberes, contando cada d\u00eda un ejemplo edificante en honor de Mar\u00eda y procurando comportarte de modo que puedas recibir la santa Comuni\u00f3n todos los d\u00edas\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abProcurar\u00e9 hacerlo puntualmente; pero \u00bfqu\u00e9 gracia debo pedir?\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abPide a la Sant\u00edsima Virgen que te obtenga de Dios salud y gracia para hacerte santo\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abQue me ayude a hacerme santo, me ayude a tener una muerte santa y, en los \u00faltimos momentos de mi vida, me asista y me lleve al cielo\u00bb.<\/p>\n<p>En efecto, durante aquel mes mostr\u00f3 tal fervor que parec\u00eda un \u00e1ngel revestido de forma humana. Si escrib\u00eda, hablaba de Mar\u00eda; si estudiaba, cantaba o iba a la escuela, todo era en su honor. Durante el recreo procuraba tener cada d\u00eda preparado alg\u00fan ejemplo para contar unas veces a este grupo y otras a otro grupo de compa\u00f1eros reunidos a su alrededor.<\/p>\n<p>Un d\u00eda un compa\u00f1ero le dijo: \u00abSi lo haces todo este a\u00f1o, \u00bfqu\u00e9 querr\u00e1s hacer el a\u00f1o pr\u00f3ximo?\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abD\u00e9jame a m\u00ed \u2014respondi\u00f3\u2014. Este a\u00f1o quiero hacer cuanto pueda; el a\u00f1o pr\u00f3ximo, si todav\u00eda estoy aqu\u00ed, te dir\u00e9 lo que pienso hacer\u00bb.<\/p>\n<p>Para emplear todos los medios que pudieran servir para restablecer su salud, hice una consulta de m\u00e9dicos. Todos admiraron la alegr\u00eda de Domingo, la viveza de su ingenio y el buen juicio de sus respuestas. El doctor Francisco Vallauri, de feliz memoria, que era uno de los distinguidos consultores, lleno de admiraci\u00f3n dijo: \u00ab\u00a1Qu\u00e9 perla tan preciosa es este muchacho!\u00bb.<\/p>\n<p>\u00ab\u00bfCu\u00e1l es el origen de la enfermedad que hace decaer cada d\u00eda m\u00e1s su salud?\u00bb, le pregunt\u00e9.<\/p>\n<p>\u00abSu constituci\u00f3n delicada, su inteligencia precoz y su continuo esfuerzo mental son como limas que desgastan imperceptiblemente sus fuerzas vitales\u00bb.<\/p>\n<p>\u00ab\u00bfQu\u00e9 remedio podr\u00eda serle de mayor utilidad?\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abEl remedio m\u00e1s \u00fatil ser\u00eda dejarlo ir al Para\u00edso, para el cual me parece muy bien preparado. Lo \u00fanico que podr\u00eda prolongarle la vida ser\u00eda apartarlo completamente del estudio durante alg\u00fan tiempo y mantenerlo ocupado en trabajos manuales proporcionados a sus fuerzas\u00bb.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h1><a name=\"_Toc241832220\"><\/a>CAP\u00cdTULO XXII. Sus cuidados a los enfermos &#8211; Deja el Oratorio &#8211; Sus palabras en aquella ocasi\u00f3n<a name=\"_Toc504540972\"><\/a><a name=\"_Toc504541407\"><\/a><a name=\"_Toc504541969\"><\/a><a name=\"_Toc530304066\"><\/a><a name=\"_Toc24283679\"><\/a><\/h1>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El agotamiento de fuerzas que padec\u00eda no era tal que lo mantuviera continuamente en cama; por eso a veces iba a la escuela o al estudio, o se ocupaba en trabajos de la casa. Entre las cosas que hac\u00eda con gran gusto estaba servir a los compa\u00f1eros enfermos siempre que hab\u00eda alguno en la casa.<\/p>\n<p>\u00abNo tengo m\u00e9rito ante Dios \u2014sol\u00eda decir\u2014 por asistir o visitar a los enfermos, porque lo hago con demasiado gusto; es m\u00e1s, para m\u00ed es una querida recreaci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>Mientras les prestaba servicios temporales, era muy h\u00e1bil para sugerir siempre alguna cosa espiritual. \u00abEste pobre cuerpo<em> \u2014dijo a<\/em> un compa\u00f1ero indispuesto\u2014 no quiere durar eternamente, \u00bfverdad? Hay que dejar que se desgaste poco a poco hasta que vaya a la tumba; pero entonces, querido amigo, nuestra alma, libre de los impedimentos del cuerpo, volar\u00e1 gloriosamente al cielo y gozar\u00e1 de salud y felicidad sin fin\u00bb.<\/p>\n<p>Sucedi\u00f3 que un compa\u00f1ero se negaba a beber una medicina porque era amarga. \u00abQuerido amigo \u2014le dijo Domingo\u2014, debemos tomar cualquier remedio que se nos prescriba, porque al hacerlo obedecemos a Dios, que ha establecido a los m\u00e9dicos y los medicamentos porque son necesarios para recuperar la salud perdida; y si sentimos alguna repugnancia por el sabor, tendremos mayor m\u00e9rito para nuestra alma. Adem\u00e1s, \u00bfcrees que esta medicina tuya es tan amarga y \u00e1spera como la hiel mezclada con vinagre que dieron a beber a Jes\u00fas en la cruz?\u00bb. Estas palabras, dichas con su maravillosa sencillez, hac\u00edan imposible que nadie siguiera poniendo objeciones.<\/p>\n<p>Aunque la salud de Savio se hab\u00eda vuelto muy delicada, ir a casa era para \u00e9l lo m\u00e1s desagradable, porque le pesaba interrumpir sus estudios y sus acostumbradas pr\u00e1cticas de piedad. Algunos meses antes ya lo hab\u00eda enviado a casa; permaneci\u00f3 all\u00ed solo unos d\u00edas y luego lo vi reaparecer en el Oratorio. Debo decir que el pesar era mutuo; yo lo habr\u00eda retenido en esta casa a cualquier precio, pues mi afecto por \u00e9l era el de un padre hacia un hijo dign\u00edsimo de amor. Sin embargo, el consejo de los m\u00e9dicos era claro y quise seguirlo, tanto m\u00e1s cuanto que desde hac\u00eda varios d\u00edas hab\u00eda aparecido una tos persistente.<\/p>\n<p>Se avis\u00f3, pues, a su padre y se fij\u00f3 su partida para el 1 de marzo de 1857.<\/p>\n<p>Domingo acept\u00f3 esta decisi\u00f3n, pero solo para hacer de ella un sacrificio a Dios. \u00ab\u00bfPor qu\u00e9 \u2014le preguntaron\u2014 vas a casa de tan mala gana, cuando deber\u00edas ir contento a disfrutar de la compa\u00f1\u00eda de tus queridos padres?\u00bb. \u00abPorque \u2014respondi\u00f3\u2014 quisiera terminar mis d\u00edas en el Oratorio\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abIr\u00e1s a casa y, cuando tu salud haya mejorado un poco, volver\u00e1s\u00bb.<\/p>\n<p>\u00ab\u00a1Oh, no, no! Me voy y no volver\u00e9 nunca m\u00e1s\u00bb.<\/p>\n<p>La tarde anterior a su partida no quiso separarse de mi lado; siempre ten\u00eda cosas que preguntar. Entre otras dijo: \u00ab\u00bfQu\u00e9 es lo mejor que puede hacer un enfermo para ganar m\u00e9ritos ante Dios?\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abOfrecer con frecuencia a Dios cuanto sufre\u00bb.<\/p>\n<p>\u00ab\u00bfQu\u00e9 m\u00e1s podr\u00eda hacer?\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abOfrecer su vida al Se\u00f1or\u00bb.<\/p>\n<p>\u00ab\u00bfPuedo estar seguro de que mis pecados han sido perdonados?\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abTe aseguro en nombre de Dios que tus pecados han sido perdonados\u00bb.<\/p>\n<p>\u00ab\u00bfPuedo estar seguro de que me salvar\u00e9?\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abS\u00ed; por la misericordia divina, que no te faltar\u00e1, puedes estar seguro de tu salvaci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abSi el demonio viniera a tentarme, \u00bfqu\u00e9 deber\u00eda responderle?\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abResponder\u00e1s que has vendido tu alma a Jesucristo y que \u00c9l la compr\u00f3 al precio de su sangre. Si el demonio pone otra objeci\u00f3n, preg\u00fantale qu\u00e9 ha hecho \u00e9l por tu alma. Jesucristo, por el contrario, derram\u00f3 toda su sangre para librarla del infierno y llevarla consigo al Para\u00edso\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abDesde el Para\u00edso, \u00bfpodr\u00e9 ver a mis compa\u00f1eros del Oratorio y a mis padres?\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abS\u00ed. Desde el Para\u00edso ver\u00e1s todo lo que sucede en el Oratorio; ver\u00e1s a tus padres y las cosas que les conciernen, y otras mil cosas todav\u00eda m\u00e1s hermosas\u00bb.<\/p>\n<p>\u00ab\u00bfPodr\u00e9 venir a visitarlos?\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abPodr\u00e1s venir, con tal de que sirva para mayor gloria de Dios\u00bb.<\/p>\n<p>Sigui\u00f3 haciendo estas y much\u00edsimas otras preguntas, y parec\u00eda una persona que ya ten\u00eda un pie a las puertas del Para\u00edso y, antes de entrar, quer\u00eda estar bien informada de las cosas de dentro.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h1><a name=\"_Toc241832221\"><\/a>CAP\u00cdTULO XXIII. Se despide de sus compa\u00f1eros<a name=\"_Toc504540973\"><\/a><a name=\"_Toc504541408\"><\/a><a name=\"_Toc504541970\"><\/a><a name=\"_Toc530304067\"><\/a><a name=\"_Toc24283680\"><\/a><\/h1>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La ma\u00f1ana de su partida hizo con sus compa\u00f1eros el Ejercicio de la Buena Muerte, con tal fervor de devoci\u00f3n en la confesi\u00f3n y en la Comuni\u00f3n que yo, que fui testigo, no s\u00e9 c\u00f3mo expresarlo. \u00abDebo hacer bien este ejercicio \u2014dijo\u2014, porque espero que sea verdaderamente para m\u00ed el ejercicio de mi buena muerte. Si me sucediera morir por el camino, ya habr\u00e9 recibido la Comuni\u00f3n\u00bb. Pas\u00f3 el resto de la ma\u00f1ana enteramente ocupado en poner sus cosas en orden. Arregl\u00f3 su ba\u00fal, colocando cada objeto como si nunca m\u00e1s hubiera de tocarlo. Despu\u00e9s fue visitando uno por uno a sus compa\u00f1eros: a uno le dio un consejo, a otro le advirti\u00f3 que corrigiera una falta, a otro lo anim\u00f3 a perseverar en el bien. Llam\u00f3 a un joven a quien deb\u00eda dos soldi y le dijo: \u00abVen aqu\u00ed, arreglemos nuestras cuentas, porque de otro modo esto podr\u00eda causarme dificultad cuando ajuste mis cuentas con el Se\u00f1or\u00bb. Habl\u00f3 a los miembros de la Compa\u00f1\u00eda de la Inmaculada Concepci\u00f3n y, con palabras muy animadas, los exhort\u00f3 a ser constantes en la observancia de las promesas hechas a la Sant\u00edsima Virgen y a poner en ella la mayor confianza. En el momento de la partida me llam\u00f3 y me dijo estas precisas palabras: \u00abAs\u00ed que no quiere ya este pobre cad\u00e1ver m\u00edo, este esqueleto, y me veo obligado a llevarlo a Mondonio. La molestia ser\u00eda solo por unos d\u00edas&#8230; despu\u00e9s todo habr\u00eda terminado; sin embargo, h\u00e1gase la voluntad de Dios. Si va a Roma, acu\u00e9rdese del mensaje sobre Inglaterra para el Papa; rece para que tenga una buena muerte y nos veremos de nuevo en el Para\u00edso\u00bb. Hab\u00edamos llegado a la puerta de salida del Oratorio y todav\u00eda me estrechaba fuertemente la mano cuando se volvi\u00f3 hacia los compa\u00f1eros que lo rodeaban y dijo: \u00abAdi\u00f3s, queridos compa\u00f1eros, adi\u00f3s a todos; rezad por m\u00ed y nos volveremos a ver all\u00ed donde estaremos siempre con el Se\u00f1or\u00bb. Ya estaba en la puerta del patio cuando lo vi volver y decirme:<\/p>\n<p>\u00abDeme un regalo para guardarlo como recuerdo suyo\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abDime qu\u00e9 regalo quieres y te lo dar\u00e9 enseguida. \u00bfQuieres un libro?\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abNo; algo mejor\u00bb.<\/p>\n<p>\u00ab\u00bfQuieres dinero para el viaje?\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abS\u00ed, precisamente: dinero para el viaje a la eternidad. Usted dijo que obtuvo del Papa ciertas indulgencias plenarias para el momento de la muerte; incl\u00fayame tambi\u00e9n a m\u00ed entre quienes pueden participar de ellas\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abS\u00ed, hijo m\u00edo, t\u00fa tambi\u00e9n puedes ser incluido todav\u00eda en ese n\u00famero, y voy ahora mismo a escribir tu nombre en aquel papel\u00bb.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de esto dej\u00f3 el Oratorio, donde hab\u00eda pasado unos tres a\u00f1os con tanta felicidad para s\u00ed y tanta edificaci\u00f3n para sus compa\u00f1eros e incluso para sus superiores; lo dej\u00f3 para no volver jam\u00e1s.<\/p>\n<p>Todos quedamos sorprendidos por aquellas despedidas inusitadas. Sab\u00edamos que padec\u00eda muchos problemas de salud, pero como casi siempre permanec\u00eda fuera de la cama no d\u00e1bamos gran importancia a su enfermedad. Adem\u00e1s, como llevaba constantemente un rostro alegre, nadie pod\u00eda conocer por su semblante que sufriera en el cuerpo o en el esp\u00edritu. Aunque aquellas despedidas extraordinarias nos hab\u00edan entristecido, todav\u00eda esper\u00e1bamos verlo pronto de nuevo entre nosotros. Pero no fue as\u00ed. Estaba maduro para el cielo; en el breve curso de su vida hab\u00eda merecido ya el premio de los justos como si hubiera vivido hasta una edad muy avanzada, y el Se\u00f1or quiso llamarlo a s\u00ed en la flor de la juventud para librarlo de los peligros en los que tan a menudo naufragan incluso las mejores almas.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h1><a name=\"_Toc241832222\"><\/a>CAP\u00cdTULO XXIV. Curso de su enfermedad &#8211; Su \u00faltima confesi\u00f3n &#8211; Recibe el Vi\u00e1tico &#8211; Episodios edificantes<a name=\"_Toc504540974\"><\/a><a name=\"_Toc504541409\"><\/a><a name=\"_Toc504541971\"><\/a><a name=\"_Toc530304068\"><\/a><a name=\"_Toc24283681\"><\/a><\/h1>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Nuestro Domingo sali\u00f3 de Tur\u00edn el 1 de marzo, a las dos de la tarde, acompa\u00f1ado de su padre, y el viaje transcurri\u00f3 bien; m\u00e1s a\u00fan, parec\u00eda que el paseo en carruaje, la variedad de lugares y la compa\u00f1\u00eda de sus familiares le hab\u00edan sentado bien. As\u00ed, al llegar a casa, no guard\u00f3 cama durante cuatro d\u00edas. Pero cuando se vio que disminu\u00edan sus fuerzas y su apetito y que la tos empeoraba continuamente, se juzg\u00f3 conveniente llamar al m\u00e9dico. Este encontr\u00f3 la enfermedad mucho m\u00e1s grave de lo que parec\u00eda. Orden\u00f3 que Domingo se recogiera en casa y se acostara inmediatamente y, juzgando que se trataba de una enfermedad inflamatoria, prescribi\u00f3 sangr\u00edas.<\/p>\n<p>Es propio de la juventud sentir gran aprensi\u00f3n ante las sangr\u00edas. Por eso, cuando el cirujano estaba a punto de comenzar la operaci\u00f3n, exhort\u00f3 a Domingo a volver el rostro, tener paciencia y cobrar \u00e1nimo. Domingo se ech\u00f3 a re\u00edr y dijo: \u00ab\u00bfQu\u00e9 es un peque\u00f1o pinchazo en comparaci\u00f3n con los clavos que atravesaron las manos y los pies de nuestro inocent\u00edsimo Salvador?\u00bb. Despu\u00e9s, con completa tranquilidad de \u00e1nimo, bromeando y sin mostrar la menor turbaci\u00f3n, contempl\u00f3 correr la sangre de sus venas durante toda la operaci\u00f3n. Despu\u00e9s de varias sangr\u00edas la enfermedad pareci\u00f3 mejorar; as\u00ed lo asegur\u00f3 el m\u00e9dico y as\u00ed lo creyeron sus familiares, pero Domingo pensaba de otro modo. Guiado por el pensamiento de que es mejor recibir los Sacramentos a tiempo que correr el riesgo de perder la ocasi\u00f3n de recibirlos, llam\u00f3 a su padre. \u00abPap\u00e1 \u2014le dijo\u2014, ser\u00eda bueno consultar al m\u00e9dico celestial. Quiero confesarme y recibir la santa Comuni\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>Sus padres, que tambi\u00e9n juzgaban que la enfermedad mejoraba, oyeron con dolor esta propuesta, y solo para complacerlo mandaron llamar al p\u00e1rroco para que oyera su confesi\u00f3n. Lleg\u00f3 prontamente para la confesi\u00f3n y despu\u00e9s, tambi\u00e9n para complacer a Domingo, le llev\u00f3 el santo Vi\u00e1tico. Cualquiera puede imaginar con qu\u00e9 devoci\u00f3n y recogimiento recibi\u00f3 la Comuni\u00f3n. Siempre que se acercaba a los santos Sacramentos parec\u00eda otro san Luis Gonzaga. Ahora que cre\u00eda que esta era verdaderamente la \u00faltima Comuni\u00f3n de su vida, \u00bfqui\u00e9n podr\u00eda expresar el fervor y las efusiones de tierno afecto que de aquel coraz\u00f3n inocente se elevaban hacia su amado Jes\u00fas?<\/p>\n<p>Record\u00f3 entonces las promesas hechas en su primera Comuni\u00f3n. Varias veces dijo: \u00abS\u00ed, s\u00ed, oh Jes\u00fas, oh Mar\u00eda, vosotros ser\u00e9is ahora y siempre los amigos de mi alma. Lo repito y lo digo mil veces: antes morir que pecar\u00bb. Terminada la acci\u00f3n de gracias, dijo con toda calma: \u00abAhora estoy contento. Es verdad que debo hacer el largo viaje de la eternidad, pero teniendo a Jes\u00fas por compa\u00f1ero no tengo nada que temer. \u00a1Oh! Decidlo siempre, decidlo a todos: quien tiene a Jes\u00fas por amigo y compa\u00f1ero ya no teme mal alguno, ni siquiera la muerte\u00bb.<\/p>\n<p>Su paciencia fue ejemplar en todos los males que padeci\u00f3 durante su vida; pero en esta \u00faltima enfermedad apareci\u00f3 como verdadero modelo de santidad.<\/p>\n<p>No quer\u00eda que nadie lo ayudara en las necesidades ordinarias. \u00abMientras pueda \u2014dec\u00eda\u2014 quiero disminuir las molestias de mis queridos padres. Ya han soportado tantas incomodidades y fatigas por m\u00ed; \u00a1si al menos pudiera compensarlos de alg\u00fan modo!\u00bb. Tomaba incluso las medicinas m\u00e1s desagradables sin quejarse y se someti\u00f3 a diez sangr\u00edas sin mostrar el menor resentimiento.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de cuatro d\u00edas de enfermedad, el m\u00e9dico felicit\u00f3 al paciente y dijo a sus familiares: \u00abDemos gracias a la Divina Providencia; estamos en buen camino, la enfermedad est\u00e1 vencida; ahora solo hace falta una convalecencia sensata\u00bb. Los buenos padres se alegraron con estas palabras. Domingo, en cambio, comenz\u00f3 a re\u00edr y a\u00f1adi\u00f3: \u00abEl mundo est\u00e1 vencido; ahora solo me falta hacer una buena aparici\u00f3n ante Dios\u00bb. Cuando el m\u00e9dico se march\u00f3, sin dejarse tranquilizar por lo que hab\u00eda dicho, pidi\u00f3 recibir el sacramento de la Extremaunci\u00f3n. Tambi\u00e9n aqu\u00ed sus padres accedieron para complacerlo, porque ni ellos ni el p\u00e1rroco ve\u00edan peligro inmediato de muerte; es m\u00e1s, la serenidad de su rostro y la alegr\u00eda de sus palabras hac\u00edan realmente pensar que mejoraba. Pero, ya fuera movido por sentimientos de devoci\u00f3n o inspirado por una voz divina que hablaba a su coraz\u00f3n, el hecho es que contaba los d\u00edas y las horas de su vida como quien calcula con aritm\u00e9tica, y empleaba cada momento en prepararse para comparecer ante Dios. Antes de recibir la Extremaunci\u00f3n hizo esta oraci\u00f3n: \u00abOh Se\u00f1or, perdona mis pecados. Te amo y quiero amarte para siempre. Que este Sacramento, que en tu infinita misericordia me permites recibir, borre de mi alma todos los pecados cometidos por el o\u00eddo, la vista, la palabra, las manos y los pies; que mi cuerpo y mi alma sean santificados por los m\u00e9ritos de tu Pasi\u00f3n. Am\u00e9n\u00bb.<\/p>\n<p>Respond\u00eda en cada punto con tal claridad de voz y correcci\u00f3n de pensamiento que lo habr\u00edamos juzgado en perfecta salud.<\/p>\n<p>Era el 9 de marzo, cuarto d\u00eda de su enfermedad y \u00faltimo de su vida. Hab\u00eda sufrido ya diez sangr\u00edas junto con otros remedios, y sus fuerzas estaban completamente agotadas; por eso se le imparti\u00f3 la bendici\u00f3n papal. \u00c9l mismo recit\u00f3<em> el Confiteor<\/em> y respondi\u00f3 a lo que dec\u00eda el sacerdote. Cuando oy\u00f3 que mediante aquel acto religioso el Papa le conced\u00eda la Bendici\u00f3n Apost\u00f3lica con indulgencia plenaria, experiment\u00f3 grand\u00edsimo consuelo. \u00abDeo<em> gratias \u2014<\/em>repet\u00eda\u2014 et semper<em> Deo gratias\u00bb. Despu\u00e9s<\/em> se volvi\u00f3 hacia el Crucifijo y recit\u00f3 estos versos que le hab\u00edan sido muy familiares durante su vida:<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Se\u00f1or, toda mi libertad os entrego;<\/p>\n<p>ved mis potencias y tambi\u00e9n mi cuerpo;<\/p>\n<p>todo os lo doy, pues todo es vuestro, Dios m\u00edo,<\/p>\n<p>y en vuestra voluntad por entero me abandono.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h1><a name=\"_Toc241832223\"><\/a>CAP\u00cdTULO XXV. Sus \u00faltimos momentos y su preciosa muerte<a name=\"_Toc504540975\"><\/a><a name=\"_Toc504541410\"><\/a><a name=\"_Toc504541972\"><\/a><a name=\"_Toc530304069\"><\/a><a name=\"_Toc24283682\"><\/a><\/h1>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Es verdad de fe que en la hora de la muerte el hombre recoge el fruto de sus obras: <em>Quae seminaverit homo, haec et metet. Si <\/em>durante la vida ha sembrado buenas obras, en aquellos \u00faltimos momentos recoger\u00e1 frutos de consuelo; si ha sembrado obras malas, entonces recoger\u00e1 desolaci\u00f3n sobre desolaci\u00f3n. Sin embargo, sucede a veces que almas buenas, despu\u00e9s de una vida santa, experimentan terror y temor al acercarse la hora de la muerte. Esto acontece seg\u00fan los adorables decretos de Dios, que quiere purificar aquellas almas de las peque\u00f1as manchas que quiz\u00e1 hayan contra\u00eddo durante la vida y asegurarles y embellecerles as\u00ed la corona de gloria en el cielo. No sucedi\u00f3 as\u00ed con nuestro Savio. Creo que Dios quiso darle aquel ciento por uno que concede a las almas de los justos como anticipo de la gloria del Para\u00edso. En efecto, la inocencia conservada hasta el \u00faltimo momento de su vida, su fe viva, sus continuas oraciones, sus largas penitencias y una vida enteramente sembrada de tribulaciones merec\u00edan ciertamente para \u00e9l aquel consuelo en la hora de la muerte.<\/p>\n<p>Vio, pues, acercarse la muerte con la tranquilidad de un alma inocente; es m\u00e1s, parec\u00eda que ni siquiera su cuerpo experimentaba la angustia y opresi\u00f3n inseparables del esfuerzo que el alma debe hacer naturalmente al romper los v\u00ednculos del cuerpo. En suma, la muerte de Savio puede llamarse m\u00e1s descanso que muerte.<\/p>\n<p>Era la tarde del 9 de marzo de 1857. Hab\u00eda recibido todos los consuelos de nuestra santa religi\u00f3n cat\u00f3lica. Quien solo lo hubiera o\u00eddo hablar y observado la serenidad de su rostro habr\u00eda pensado que era alguien acostado para descansar. Su expresi\u00f3n alegre, sus ojos todav\u00eda vivos y su pleno conocimiento eran cosas que admiraban a todos; nadie, excepto \u00e9l mismo, pod\u00eda persuadirse de que se hallaba a punto de morir.<\/p>\n<p>Una hora y media antes de exhalar el \u00faltimo suspiro, el p\u00e1rroco vino a visitarlo y, viendo su tranquilidad, escuchaba admirado c\u00f3mo Domingo encomendaba su alma a Dios. Hac\u00eda frecuentes y prolongadas jaculatorias, todas expresando su ardiente deseo de ir pronto al cielo. \u00ab\u00bfQu\u00e9 se puede sugerir para encomendar el alma de un moribundo como este?\u00bb, dijo el p\u00e1rroco. Despu\u00e9s de rezar con \u00e9l algunas oraciones, el sacerdote estaba a punto de marcharse cuando Savio lo llam\u00f3 y le dijo: \u00abPadre, antes de irse, d\u00e9jeme alg\u00fan pensamiento para recordar\u00bb. \u00abPor mi parte \u2014respondi\u00f3\u2014 no sabr\u00eda qu\u00e9 pensamiento dejarte\u00bb. \u00abAlg\u00fan pensamiento que me consuele\u00bb. \u00abNo puedo decirte otra cosa que recordar la Pasi\u00f3n del Se\u00f1or\u00bb. \u00abDeo gratias \u2014<em>respondi\u00f3\u2014. Que <\/em>la Pasi\u00f3n de nuestro Se\u00f1or Jesucristo est\u00e9 siempre en mi mente, en mis labios y en mi coraz\u00f3n. Jes\u00fas, Jos\u00e9 y Mar\u00eda, asistidme en esta \u00faltima agon\u00eda; Jes\u00fas, Jos\u00e9 y Mar\u00eda, que mi alma expire en paz con vosotros\u00bb. Despu\u00e9s de estas palabras se durmi\u00f3 y descans\u00f3 durante media hora. Al despertar, volvi\u00f3 los ojos hacia sus familiares. \u00abPap\u00e1 \u2014dijo\u2014, aqu\u00ed estamos\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abAqu\u00ed estoy, hijo m\u00edo. \u00bfQu\u00e9 necesitas?\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abQuerido pap\u00e1, ha llegado la hora. Toma mi <em>Giovane provveduto<\/em><a href=\"#_ftn13\" name=\"_ftnref13\">[13]<\/a> y l\u00e9eme las oraciones para la buena muerte\u00bb.<\/p>\n<p>Al o\u00edr estas palabras, su madre rompi\u00f3 a llorar y sali\u00f3 de la habitaci\u00f3n del enfermo. El coraz\u00f3n del padre se desgarraba de dolor y las l\u00e1grimas le ahogaban la voz; sin embargo, cobr\u00f3 \u00e1nimo y comenz\u00f3 a leer aquella oraci\u00f3n. Domingo repet\u00eda atentamente y con claridad cada palabra; pero al final de cada parte quer\u00eda decir por s\u00ed mismo: \u00abJes\u00fas misericordioso, ten piedad de m\u00ed\u00bb. Cuando llegaron a las palabras: \u00abCuando finalmente mi alma comparezca ante Ti y contemple por primera vez el inmortal esplendor de tu majestad, no la arrojes de tu presencia, sino d\u00edgnate recibirme en el amoroso seno de tu misericordia, para que cante eternamente tus alabanzas\u00bb, a\u00f1adi\u00f3: \u00abS\u00ed, esto es precisamente lo que deseo. \u00a1Oh, querido pap\u00e1, cantar eternamente las alabanzas del Se\u00f1or!\u00bb. Despu\u00e9s pareci\u00f3 volver a caer en un breve sue\u00f1o, como quien reflexiona seriamente sobre algo de gran importancia. Poco despu\u00e9s despert\u00f3 y, con voz clara y sonriente, dijo: \u00abAdi\u00f3s, querido pap\u00e1, adi\u00f3s. El p\u00e1rroco quer\u00eda decirme otra cosa y ya no consigo recordarla&#8230; \u00a1Oh! \u00a1Qu\u00e9 cosa tan hermosa veo&#8230;!\u00bb. Dicho esto, y sonriendo con una expresi\u00f3n de Para\u00edso, exhal\u00f3 el \u00faltimo suspiro con las manos juntas en forma de cruz sobre el pecho, sin hacer el menor movimiento.<\/p>\n<p>Ve, pues, alma fiel, a tu Creador. El cielo est\u00e1 abierto para ti; los \u00e1ngeles y los santos te han preparado una gran fiesta. Aquel Jes\u00fas a quien tanto amaste te invita y te llama diciendo: \u00abVen, siervo bueno y fiel; ven, has combatido, has alcanzado la victoria; ven ahora a poseer una alegr\u00eda que nunca te faltar\u00e1: <em>Intra in gaudium Domini tui\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>\u00a0<\/em><\/p>\n<h1><a name=\"_Toc241832224\"><\/a>CAP\u00cdTULO XXVI. Noticia de su muerte &#8211; Palabras del profesor don Picco a sus alumnos<a name=\"_Toc504540976\"><\/a><a name=\"_Toc504541411\"><\/a><a name=\"_Toc504541973\"><\/a><a name=\"_Toc530304070\"><\/a><a name=\"_Toc24283683\"><\/a><\/h1>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Cuando el padre de Domingo lo vio pronunciar las palabras que hemos referido y luego inclinar la cabeza como para descansar, crey\u00f3 realmente que se hab\u00eda dormido de nuevo. Lo dej\u00f3 en aquella posici\u00f3n durante unos instantes, pero despu\u00e9s quiso llamarlo y se dio cuenta de que ya hab\u00eda muerto. Dejo a cada uno imaginar la desolaci\u00f3n de los padres por la p\u00e9rdida de un hijo que un\u00eda la inocencia y la piedad con las maneras m\u00e1s amables y agradables.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n nosotros, aqu\u00ed en la casa del Oratorio, esper\u00e1bamos con ansiedad noticias de este venerado amigo y compa\u00f1ero cuando recib\u00ed una carta de su padre que comenzaba: \u00abCon l\u00e1grimas en los ojos le comunico la trist\u00edsima noticia: mi querido hijo Domingo, alumno suyo, como lirio inmaculado, como un Luis Gonzaga, entreg\u00f3 su alma al Se\u00f1or ayer por la tarde, d\u00eda nueve de este mes de marzo, despu\u00e9s de recibir de la manera m\u00e1s consoladora los santos Sacramentos y la bendici\u00f3n papal\u00bb.<\/p>\n<p>Esta noticia sumi\u00f3 a sus compa\u00f1eros en la consternaci\u00f3n. Unos lloraban en \u00e9l la p\u00e9rdida de un amigo y fiel consejero; otros lamentaban haber perdido un modelo de verdadera piedad. Algunos se reunieron para rezar por el descanso de su alma. Pero la mayor\u00eda iba diciendo:<\/p>\n<p>\u00abEra un santo; ahora ya est\u00e1 en el Para\u00edso\u00bb. Otros comenzaron a encomendarse a \u00e9l como a un protector ante Dios. Todos rivalizaban despu\u00e9s por conseguir alg\u00fan objeto que le hubiera pertenecido.<\/p>\n<p>Cuando la noticia lleg\u00f3 al profesor don Picco, qued\u00f3 profundamente afligido. Reunidos sus alumnos, les comunic\u00f3 con gran emoci\u00f3n el triste anuncio con estas palabras: \u00abNo hace mucho, queridos j\u00f3venes, cuando por casualidad os hablaba de la fragilidad de la vida humana, os hac\u00eda notar que la muerte a veces no perdona ni siquiera vuestra floreciente edad. Como ejemplo os contaba c\u00f3mo, dos a\u00f1os atr\u00e1s precisamente por estas fechas, un joven lleno de vida y vigor frecuentaba esta misma escuela y estaba aqu\u00ed delante de m\u00ed escuchando; despu\u00e9s de una ausencia de pocos d\u00edas pas\u00f3 de esta vida, llorado por parientes y amigos.<a href=\"#_ftn14\" name=\"_ftnref14\">[14]<\/a> Cuando os recordaba aquel doloroso caso, estaba muy lejos de pensar que el a\u00f1o presente habr\u00eda de entristecerse con un dolor semejante y que el ejemplo se renovar\u00eda tan pronto en uno de aquellos mismos j\u00f3venes que me escuchaban. S\u00ed, queridos j\u00f3venes, debo afligiros con una noticia dolorosa. La guada\u00f1a de la muerte seg\u00f3 anteayer la vida de uno de vuestros compa\u00f1eros m\u00e1s virtuosos, el buen joven Domingo Savio. Recordar\u00e9is c\u00f3mo, durante los \u00faltimos d\u00edas en que frecuent\u00f3 la escuela, aparec\u00eda aquejado por una fuerte tos; ninguno de nosotros se sorprendi\u00f3, por tanto, cuando supimos que a causa de ella se hab\u00eda visto obligado a faltar a la escuela. Para tratar mejor su enfermedad y, previendo ya, como hab\u00eda dicho repetidamente a algunos, su pr\u00f3ximo fin, sigui\u00f3 el consejo de los m\u00e9dicos y de sus superiores y volvi\u00f3 a su familia. All\u00ed la violencia de la enfermedad se desarroll\u00f3 en gran medida y, despu\u00e9s de solo cuatro d\u00edas de enfermedad, devolvi\u00f3 al Creador su esp\u00edritu inocente.<\/p>\n<p>\u00abAyer le\u00ed la carta en la que su afligido padre comunicaba la dolorosa noticia y que, en su sencillez, trazaba tal cuadro de la santa muerte de aquel \u00e1ngel que me conmovi\u00f3 hasta las l\u00e1grimas. No encuentra palabras m\u00e1s adecuadas para alabar a su querido hijo que llamarlo otro san Luis Gonzaga, tanto por la santidad de su vida como por su dichosa resignaci\u00f3n en la muerte. Os aseguro que lamento profundamente que haya frecuentado mi escuela durante tan poco tiempo y que, en este breve per\u00edodo, su mala salud no me permitiera conocerlo y tratarlo m\u00e1s de lo que es posible en una escuela bastante numerosa. Dejo, pues, a sus superiores que os digan cu\u00e1l era la santidad de sus sentimientos y cu\u00e1nto fervor mostraba en la piedad; dejo a sus compa\u00f1eros y amigos, que estaban diariamente con \u00e9l y viv\u00edan familiarmente a su lado, que os hablen de la modestia de su conducta y de todo su comportamiento, y de la seriedad de su conversaci\u00f3n; dejo a sus familiares que os hablen de su obediencia, respeto y docilidad. \u00bfY qu\u00e9 podr\u00eda recordaros yo que no sea ya conocido por todos vosotros? Dir\u00e9 solamente que fue siempre digno de alabanza por su comportamiento y su serenidad en la escuela, por su diligencia y exactitud en el cumplimiento de todos sus deberes y por su continua atenci\u00f3n a mis ense\u00f1anzas; y me considerar\u00eda dichoso si cada uno de vosotros resolviera seguir su santo ejemplo.<\/p>\n<p>\u00abIncluso antes de que su edad y sus estudios le permitieran frecuentar nuestra escuela, puesto que desde hac\u00eda tres a\u00f1os se contaba entre quienes recib\u00edan alojamiento e instrucci\u00f3n en el Oratorio de San Francisco de Sales, hab\u00eda o\u00eddo varias veces al Director de aquel Oratorio hablar de \u00e9l y alabarlo como uno de los j\u00f3venes m\u00e1s estudiosos y virtuosos de aquella casa. Tal era su ardor por el estudio y tan r\u00e1pido el progreso que hab\u00eda hecho en las primeras clases de lat\u00edn, que deseaba vivamente contarlo entre mis alumnos y alimentaba grandes esperanzas por las promesas de su inteligencia. Incluso antes de tenerlo en clase, ya lo hab\u00eda mencionado a algunos de mis alumnos como rival con quien ser\u00eda hermoso competir tanto en el estudio como en la virtud. Durante mis frecuentes visitas al Oratorio, cuando ve\u00eda en \u00e9l aquel dulce semblante que sab\u00e9is que ten\u00eda y contemplaba su mirada inocente, nunca lo miraba sin sentirme atra\u00eddo a amarlo y admirarlo. Ciertamente no defraud\u00f3 las hermosas esperanzas que hab\u00eda concebido cuando, en el presente curso escolar, comenz\u00f3 a asistir a mis clases. Apelo a vosotros, queridos j\u00f3venes, que fuisteis testigos de su recogimiento y aplicaci\u00f3n no solo durante el tiempo en que el deber lo llamaba a escucharme, sino tambi\u00e9n durante aquellos intervalos que muchos j\u00f3venes, aunque no carezcan de docilidad y diligencia, suelen desperdiciar sin escr\u00fapulo. Os pregunto a vosotros, que fuisteis sus compa\u00f1eros no solo en la escuela sino tambi\u00e9n en la vida ordinaria de la casa, si alguna vez lo visteis hacer algo que demostrara que olvidaba alguno de sus deberes.<\/p>\n<p>\u00abMe parece verlo todav\u00eda cuando, con aquella modestia que le era enteramente propia, entraba en el aula, ocupaba su sitio y, durante todo el tiempo anterior al comienzo de las lecciones, lejos de las conversaciones ociosas habituales entre los j\u00f3venes de su edad, repet\u00eda la lecci\u00f3n, escrib\u00eda apuntes o se ocupaba en alguna lectura \u00fatil. Y cuando comenzaba la lecci\u00f3n, \u00a1con qu\u00e9 atenci\u00f3n ve\u00eda aquel rostro angelical pendiente de mis palabras! No es, pues, de extra\u00f1ar que, pese a su tierna edad y su mala salud, fuera muy grande el provecho que sacaba de los estudios gracias a su inteligencia. Prueba de ello es que, en un n\u00famero considerable de j\u00f3venes, la mayor\u00eda de ellos de capacidad superior a la ordinaria, aunque la enfermedad que finalmente lo llev\u00f3 a la tumba crec\u00eda ya en \u00e9l y por eso lo obligaba a frecuentes ausencias, ocupaba sin embargo casi siempre uno de los primeros puestos de su clase. Pero una cosa atra\u00eda mi atenci\u00f3n de manera enteramente especial y despertaba mi admiraci\u00f3n: ver c\u00f3mo aquella mente juvenil se mostraba unida a Dios, afectuosa y fervorosa en la oraci\u00f3n. Es frecuente incluso entre los j\u00f3venes menos distra\u00eddos que, arrastrados por la vivacidad natural y por las distracciones a las que est\u00e1 sujeta vuestra ardiente edad, reflexionen muy poco sobre el sentido de las oraciones que se les invita a recitar y las acompa\u00f1en con apenas alg\u00fan afecto del coraz\u00f3n. De ah\u00ed sucede que en muchos de ellos no hay m\u00e1s que labios y voz. Ahora bien, si la distracci\u00f3n es tan habitual entre los j\u00f3venes incluso en las oraciones que dirigen al Se\u00f1or en el silencio y tranquilidad de las iglesias o en la soledad de sus habitaciones, durante las oraciones diarias, vosotros mismos, j\u00f3venes, sab\u00e9is cu\u00e1nto m\u00e1s f\u00e1cilmente sucede esto en aquellas brev\u00edsimas oraciones que suelen decirse antes y despu\u00e9s de las lecciones escolares. Sin embargo, precisamente en estas pude admirar el fervor de nuestro Domingo en la piedad y la uni\u00f3n de su alma con Dios. \u00a1Cu\u00e1ntas veces lo observ\u00e9, con la mirada vuelta hacia el cielo \u2014aquel cielo que tan pronto habr\u00eda de ser su morada\u2014, recoger todos sus sentimientos y con aquel acto ofrecerlos al Se\u00f1or y a su Sant\u00edsima Madre, con aquella plenitud de afecto que exig\u00edan las oraciones que se estaban recitando! Y estos sentimientos, queridos j\u00f3venes, eran los mismos que animaban sus pensamientos en el cumplimiento de cada deber; eran los que santificaban cada acto y cada palabra y dirig\u00edan toda su vida enteramente a la gloria de Dios. \u00a1Bienaventurados los j\u00f3venes que se inspiran en tales pensamientos! Encontrar\u00e1n su felicidad en esta vida y en la otra, y har\u00e1n felices a los padres que los educan, a los maestros que los instruyen y a todos cuantos se preocupan de su bien.<\/p>\n<p>\u00abQuerid\u00edsimos j\u00f3venes, la vida es un don precios\u00edsimo que Dios nos ha dado para proporcionarnos los medios de adquirir m\u00e9ritos para el cielo; y as\u00ed ser\u00e1 si todo cuanto hacemos es tal que pueda ofrecerse a aquel supremo Dador, como hac\u00eda nuestro Domingo. Pero \u00bfqu\u00e9 diremos del joven que pasa toda su vida completamente olvidado del fin para el que Dios lo ha destinado, que nunca encuentra un momento para dedicar sus afectos al Creador, que nunca da lugar en su coraz\u00f3n a ninguna aspiraci\u00f3n que lo eleve hacia su Dios? M\u00e1s a\u00fan, \u00bfqu\u00e9 diremos del joven que hace cuanto puede para mantener lejos de s\u00ed tales sentimientos o para combatirlos y sofocarlos si los siente acercarse para entrar en su coraz\u00f3n? \u00a1Ah! Reflexionad un poco sobre la santa vida y el santo fin de vuestro querid\u00edsimo compa\u00f1ero, sobre la envidiable suerte de la que podemos confiar que ahora goza; y despu\u00e9s, volviendo el pensamiento sobre vosotros mismos, examinad qu\u00e9 os falta todav\u00eda para pareceros a \u00e9l y qu\u00e9 querr\u00edais ser si, como \u00e9l, os encontrarais a punto de comparecer ante aquel tribunal donde Dios pedir\u00e1 a cada uno estricta cuenta incluso de la falta m\u00e1s peque\u00f1a. Por tanto, si en esta comparaci\u00f3n encontr\u00e1is grande la diferencia, ponedlo delante de vosotros como ejemplo; imitad sus virtudes cristianas; preparad vuestras almas para que sean como la suya, puras y limpias a los ojos de Dios, de modo que a la llamada inesperada que, tarde o temprano, todos tendremos inevitablemente que o\u00edr, podamos responder con alegr\u00eda en el rostro y una sonrisa en los labios, como hizo vuestro angelical condisc\u00edpulo. Escuchad tambi\u00e9n un deseo m\u00edo, con el que termino estas palabras. Si advierto que mis alumnos dan lugar en su conducta a una notable mejora, si desde ahora los veo m\u00e1s exactos en sus deberes y m\u00e1s profundamente convencidos de la importancia de la verdadera piedad, lo considerar\u00e9 efecto del santo ejemplo de nuestro Domingo y lo mirar\u00e9 como una gracia obtenida del cielo por sus oraciones, en recompensa del hecho de que durante alg\u00fan tiempo vosotros fuisteis sus compa\u00f1eros y yo su maestro\u00bb.<\/p>\n<p>As\u00ed expres\u00f3 el profesor don Picco a sus alumnos la profunda y dolorosa impresi\u00f3n que hab\u00eda experimentado al recibir la noticia de la muerte de su querido alumno Domingo Savio.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h1><a name=\"_Toc241832225\"><\/a>CAP\u00cdTULO XXVII. Emulaci\u00f3n de la virtud de Savio &#8211; Muchos se encomiendan a \u00e9l para obtener favores celestiales y son escuchados &#8211; Un recuerdo para todos<a name=\"_Toc504540977\"><\/a><a name=\"_Toc504541412\"><\/a><a name=\"_Toc504541974\"><\/a><a name=\"_Toc530304071\"><\/a><a name=\"_Toc24283684\"><\/a><\/h1>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Quien haya le\u00eddo cuanto hemos escrito sobre el joven Domingo Savio no se sorprender\u00e1 de que Dios se complaciera en favorecerlo con dones especiales, haciendo resplandecer de muchas maneras sus virtudes. Mientras todav\u00eda viv\u00eda, muchos procuraban seguir sus consejos y ejemplos e imitar sus virtudes; muchos tambi\u00e9n, movidos por su conducta extraordinaria, por la santidad de su vida y la inocencia de su comportamiento, se encomendaban a sus oraciones. Y se refieren no pocas gracias obtenidas mediante oraciones hechas a Dios por el joven Savio mientras se encontraba todav\u00eda en esta vida mortal. Pero despu\u00e9s de su muerte crecieron mucho la confianza y la veneraci\u00f3n hacia \u00e9l.<\/p>\n<p>Apenas lleg\u00f3 a nosotros la noticia de su muerte, varios de sus compa\u00f1eros iban proclam\u00e1ndolo santo. Se reunieron para recitar las letan\u00edas por un difunto; pero en lugar de responder ora <em>pro eo, es <\/em>decir:<em> \u00abSanta Mar\u00eda, ruega por el descanso de su alma\u00bb, <\/em>no pocos respond\u00edan ora <em>pro nobis: \u00abSanta Mar\u00eda, ruega por nosotros\u00bb<\/em>. \u00abPorque \u2014dec\u00edan\u2014 a estas alturas Savio ya goza de la gloria del Para\u00edso y ya no necesita nuestras oraciones\u00bb.<\/p>\n<p>Otros a\u00f1ad\u00edan: \u00abSi Domingo Savio, que llev\u00f3 una vida tan pura y santa, no fue directamente al Para\u00edso, \u00bfqui\u00e9n podr\u00eda decir que llegar\u00e1 all\u00ed?\u00bb. Desde aquel momento, pues, varios amigos y compa\u00f1eros que hab\u00edan admirado sus virtudes en vida procuraron tomarlo por modelo en la pr\u00e1ctica del bien y comenzaron a encomendarse a \u00e9l como a un protector celestial.<\/p>\n<p>Casi cada d\u00eda se refer\u00edan gracias, unas relativas al cuerpo y otras al alma. Vi a un joven que padec\u00eda un dolor de muelas tan fuerte que casi lo volv\u00eda loco. Despu\u00e9s de encomendarse a su compa\u00f1ero Savio con una breve oraci\u00f3n, el dolor ces\u00f3 instant\u00e1neamente y hasta el presente no ha vuelto a padecer aquella penosa dolencia. Muchos se encomendaron a \u00e9l para ser librados de fiebres y fueron escuchados. Yo mismo fui testigo de una persona que obtuvo inmediatamente la gracia de quedar librada de una fiebre violenta.<a href=\"#_ftn15\" name=\"_ftnref15\">[15]<\/a> Tengo delante de m\u00ed muchos relatos de personas que exponen favores celestiales obtenidos de Dios por intercesi\u00f3n de Savio. Pero aunque el car\u00e1cter y la autoridad de las personas que atestiguan estos hechos son bajo todos los aspectos dignos de cr\u00e9dito, como todav\u00eda viven creo mejor omitirlos por ahora y contentarme aqu\u00ed con referir solamente una gracia especial obtenida por un estudiante de filosof\u00eda que hab\u00eda sido condisc\u00edpulo de Domingo.<\/p>\n<p>En 1858 este joven sufri\u00f3 graves trastornos de salud. Su salud se deterior\u00f3 tanto que tuvo que interrumpir el curso de filosof\u00eda, someterse a muchos tratamientos y, al final del a\u00f1o, no pudo presentarse al examen. Deseaba vivamente al menos prepararse para el examen de Todos los Santos, porque<em> de este modo <\/em>evitar\u00eda perder un a\u00f1o de estudios. Pero a medida que aumentaban sus dolencias disminu\u00edan cada vez m\u00e1s sus esperanzas. Fue a pasar el oto\u00f1o durante alg\u00fan tiempo con sus familiares en casa y durante otro con amigos en el campo, y le pareci\u00f3 que su salud hab\u00eda mejorado algo. Pero cuando volvi\u00f3 a Tur\u00edn y comenz\u00f3 a estudiar durante un breve tiempo, recay\u00f3 peor que antes. \u00abEstaba cerca de los ex\u00e1menes \u2014atestigua\u2014 y mi salud se encontraba en estado deplorable. Los trastornos de est\u00f3mago y de cabeza me quitaban toda esperanza de presentarme al deseado examen, que para m\u00ed era de grand\u00edsima importancia. Animado por cuanto o\u00eda contar de mi querido compa\u00f1ero Domingo, quise tambi\u00e9n yo encomendarme a \u00e9l haciendo una novena a Dios en honor de este condisc\u00edpulo m\u00edo. Entre las oraciones que hab\u00eda resuelto hacer estaba esta: Querido compa\u00f1ero, t\u00fa que para gran consuelo y fortuna m\u00eda fuiste condisc\u00edpulo m\u00edo durante m\u00e1s de un a\u00f1o, t\u00fa que en santa emulaci\u00f3n compet\u00edas conmigo por el primer puesto de nuestra clase, sabes cu\u00e1nto necesito presentarme a examen. Obt\u00e9n, pues, para m\u00ed, te lo ruego, del Se\u00f1or un poco de salud, para que pueda prepararme.<\/p>\n<p>\u00abA\u00fan no hab\u00eda terminado el quinto d\u00eda de la novena cuando mi salud comenz\u00f3 a mejorar de manera tan notable y r\u00e1pida que pronto pude comenzar a estudiar y, con facilidad no acostumbrada, aprender las materias prescritas y superar muy bien el examen. La gracia no fue moment\u00e1nea, pues en la actualidad me encuentro en un estado de salud normal como no hab\u00eda disfrutado desde hac\u00eda m\u00e1s de un a\u00f1o. Reconozco esto como una gracia obtenida de Dios por intercesi\u00f3n de este compa\u00f1ero m\u00edo, amigo \u00edntimo en vida, ayuda y consuelo para m\u00ed ahora que goza de la gloria del cielo. Han pasado m\u00e1s de dos meses desde que obtuve esta gracia y mi salud contin\u00faa igual, para gran consuelo y provecho m\u00edo\u00bb.<\/p>\n<p>Con este episodio doy por terminada la vida del joven Savio, reserv\u00e1ndome la posibilidad de imprimir m\u00e1s adelante algunos otros hechos en forma de ap\u00e9ndice, del modo que parezca contribuir mejor a la mayor gloria de Dios y al bien de las almas. Ahora, querido lector, puesto que has tenido la bondad de leer cuanto se ha escrito acerca de este virtuoso joven, quisiera que llegaras conmigo a una conclusi\u00f3n que pueda ser de verdadero provecho para m\u00ed, para ti y para todos los que lleguen a leer este librito. Quiero decir que debemos esforzarnos con firme prop\u00f3sito por imitar al joven Savio en aquellas virtudes que son compatibles con nuestro estado de vida. En su pobre condici\u00f3n vivi\u00f3 una vida muy alegre, virtuosa e inocente, coronada por una santa muerte. Imit\u00e9moslo en su modo de vivir y tendremos una doble garant\u00eda de parecernos a \u00e9l en su preciosa muerte.<\/p>\n<p>Pero no dejemos de imitar a Savio en la frecuencia del Sacramento de la Confesi\u00f3n, que fue su apoyo en la pr\u00e1ctica constante de la virtud y la gu\u00eda segura que lo condujo a un fin de vida tan glorioso. Acerqu\u00e9monos con frecuencia y con las debidas disposiciones a este ba\u00f1o saludable durante el curso de la vida; pero cada vez que nos acerquemos a \u00e9l, no dejemos de dedicar alg\u00fan pensamiento a nuestras confesiones pasadas, para asegurarnos de que fueron bien hechas y, si vemos necesidad, remediemos cualquier defecto que haya podido ocurrir. Me parece que este es el medio m\u00e1s seguro para vivir d\u00edas felices en medio de las aflicciones de la vida, al final de las cuales veremos tambi\u00e9n nosotros acercarse con calma el momento de la muerte. Entonces, con alegr\u00eda en el rostro y paz en el coraz\u00f3n, iremos al encuentro de nuestro Se\u00f1or Jesucristo, que en su bondad nos recibir\u00e1, nos juzgar\u00e1 seg\u00fan su gran misericordia y nos conducir\u00e1 \u2014como espero para m\u00ed y para ti, querido lector\u2014 de las tribulaciones de la vida a la bienaventurada eternidad, para alabarlo y bendecirlo por los siglos de los siglos. Am\u00e9n.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Con un ap\u00e9ndice sobre las gracias obtenidas por su intercesi\u00f3n, preparado por el padre Juan Bosco<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Cuarta edici\u00f3n aumentada, Tur\u00edn, 1878, Tipograf\u00eda y Librer\u00eda Salesiana, Sampierdarena &#8211; Niza<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0<\/em><\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\">[1]<\/a>L\u00e9ase: <em>campesinos. El<\/em> error tipogr\u00e1fico aparece en la cuarta edici\u00f3n<em> (N. del E.).<\/em><\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref2\" name=\"_ftn2\">[2]<\/a>Antiguamente se llamaba Castelnuovo di Rivalba, porque depend\u00eda de los condes Biandrate, se\u00f1ores de aquel lugar. Hacia el a\u00f1o 1300, despu\u00e9s de haber sido conquistado por los habitantes de Asti, fue llamado desde entonces Castelnuovo d\u2019Asti. \u2013 En aquella \u00e9poca estaba muy poblado por gente industriosa y muy dedicada al comercio, que ejerc\u00eda en diversas ciudades de Europa. Fue patria de muchos hombres c\u00e9lebres. El famoso Giovanni Argentero, <em>llamado el gran <\/em>m\u00e9dico de aquel siglo, naci\u00f3 en Castelnuovo d\u2019Asti en 1513 y escribi\u00f3 numerosas obras de vasta erudici\u00f3n. Era muy piadoso y muy devoto de la gran Madre de Dios, y en su honor erigi\u00f3 la capilla de Nuestra Se\u00f1ora del Pueblo en la iglesia parroquial de San Agust\u00edn de Tur\u00edn. Su cuerpo fue sepultado en la iglesia metropolitana con una honrosa inscripci\u00f3n que todav\u00eda puede verse. \u2013 Muchos otros personajes ilustraron esta poblaci\u00f3n. M\u00e1s recientemente estuvo el sacerdote Jos\u00e9 Cafasso, hombre sumamente recomendable por su piedad, ciencia teol\u00f3gica y caridad con los enfermos, encarcelados, condenados al pat\u00edbulo y desgraciados de toda clase. Naci\u00f3 en 1811 y muri\u00f3 en 1860. (V\u00e9ase Casalis, Diccionario.<em>) (a). \u2013 *<\/em> Para comodidad de los lectores recordamos que la milla piamontesa equival\u00eda a 2,466 km <em>(N. del E.).<\/em><\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref3\" name=\"_ftn3\">[3]<\/a>Se llama Riva di Chieri para distinguirla de otros lugares del mismo nombre; dista cuatro kil\u00f3metros de Chieri. Mediante un diploma de 1164, el emperador Federico invisti\u00f3 al conde Biandrate del se\u00f1or\u00edo de Riva di Chieri. M\u00e1s tarde fue cedida a los habitantes de Asti. En el siglo XVI pas\u00f3 bajo el dominio de la Casa de Saboya. \u2013 Monse\u00f1or Agostino della Chiesa y Bonino,<em> en su biograf\u00eda <\/em>m\u00e9dica, hablan extensamente de muchos personajes c\u00e9lebres que nacieron all\u00ed <em>(a)<\/em>.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref4\" name=\"_ftn4\">[4]<\/a>El capell\u00e1n de esta aldea era entonces el sacerdote Juan Zucca, de Moriondo, actualmente domiciliado en su lugar natal <em>(a)<\/em>.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref5\" name=\"_ftn5\">[5]<\/a>Mondonio, llamado tambi\u00e9n Mondomio o Mondone, es un peque\u00f1o pueblo de unos 400 habitantes, situado a dos millas de Castelnuovo d\u2019Asti, con el que tiene f\u00e1cil comunicaci\u00f3n mediante una carretera abierta recientemente a trav\u00e9s del t\u00fanel de una colina. \u2013 Existen noticias de este pueblo que se remontan al a\u00f1o 1034. Pas\u00f3 al dominio de la Casa de Saboya por el Tratado de Cherasco de 1631. (V\u00e9ase Casalis, Diccionario.<em>) (a). \u2013 <\/em>Esta nota hist\u00f3rica fue a\u00f1adida por el Autor en la cuarta edici\u00f3n.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref6\" name=\"_ftn6\">[6]<\/a>El sacerdote Jos\u00e9 Cugliero, despu\u00e9s de pasar algunos a\u00f1os como capell\u00e1n beneficiado en Pino di Chieri y tras una vida ejemplar, descans\u00f3 en el Se\u00f1or en aquel mismo lugar <em>(a)<\/em>.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref7\" name=\"_ftn7\">[7]<\/a>Aquellos prados est\u00e1n ahora enteramente cubiertos de edificios, y el lugar de aquel altercado corresponde al \u00e1rea sobre la que se levanta la iglesia parroquial de Santa B\u00e1rbara <em>(a). (Nota a\u00f1adida en la <\/em>quinta <em>edici\u00f3n).<\/em><\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref8\" name=\"_ftn8\">[8]<\/a>Esta coronilla est\u00e1 impresa en muchos libros, entre ellos el <em>Giovane Provveduto (a).<\/em><\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref9\" name=\"_ftn9\">[9]<\/a>LUIS COMOLLO naci\u00f3 en Cinzano en 1818 y muri\u00f3 en 1839, con fama de singular virtud, en el Seminario de Chieri, a la edad de 22 a\u00f1os. La vida de este modelo para los j\u00f3venes fue impresa por segunda vez en el primer a\u00f1o de las <em>Lecturas Cat\u00f3licas (a).<\/em><\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref10\" name=\"_ftn10\">[10]<\/a>Uno de los que ayudaron con mayor eficacia a Domingo Savio a fundar la Compa\u00f1\u00eda de la Inmaculada Concepci\u00f3n y a redactar su reglamento fue Jos\u00e9 Bongioanni. Hu\u00e9rfano de padre y madre, hab\u00eda sido recomendado por una t\u00eda al Director del Oratorio, que lo acogi\u00f3 caritativamente en noviembre de 1854. Ten\u00eda entonces diecisiete a\u00f1os y, obligado por las circunstancias, lleg\u00f3 de mala gana, con la mente todav\u00eda llena de vanidades mundanas y de prejuicios infundados en materia de religi\u00f3n. Sin embargo, se vio claramente en \u00e9l la acci\u00f3n de la gracia divina, pues en poco tiempo se encari\u00f1\u00f3 mucho con la casa, las reglas y los Superiores; poco a poco corrigi\u00f3 sus ideas y se dedic\u00f3 con todo ardor a adquirir virtud y practicar la piedad. Dotado de una inteligencia muy penetrante y de gran facilidad para aprender, se aplic\u00f3 al estudio. Con notable rapidez complet\u00f3 los estudios cl\u00e1sicos con excelentes resultados. Dotado de viva imaginaci\u00f3n, mostr\u00f3 gran habilidad para la poes\u00eda tanto en italiano como en dialecto; y mientras en la conversaci\u00f3n familiar divert\u00eda a sus amigos improvisando sobre temas humor\u00edsticos, en su mesa de trabajo escrib\u00eda hermosas composiciones, muchas de las cuales fueron publicadas, como la dedicada a Mar\u00eda Auxiliadora que comienza: Salve, Salve,<em> pietosa Maria, etc., y que se <\/em>encuentra en el <em>Giovane <\/em>Provveduto.<\/p>\n<p>Encaminado por la senda eclesi\u00e1stica, durante toda su formaci\u00f3n clerical se distingui\u00f3 siempre por la piedad, la fiel observancia de las reglas y el celo por el bien de sus compa\u00f1eros. Ordenado sacerdote en 1863, no es posible decir con qu\u00e9 fervor se entreg\u00f3 al sagrado ministerio. Aunque no estaba especialmente favorecido en la voz, resultaba sin embargo tan agradable en la predicaci\u00f3n, por la excelencia de la materia y la unci\u00f3n con que la expon\u00eda, que era escuchado con mucho gusto y obten\u00eda abundante fruto.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de haber ayudado a Domingo Savio, con quien estaba unido por santa amistad, a fundar la Compa\u00f1\u00eda de la Inmaculada Concepci\u00f3n, siendo todav\u00eda cl\u00e9rigo fund\u00f3, con permiso del Superior, otra compa\u00f1\u00eda en honor del Sant\u00edsimo Sacramento. Su finalidad era promover el culto entre los j\u00f3venes y adiestrar a los alumnos m\u00e1s distinguidos por su virtud en el servicio de las sagradas funciones, formando as\u00ed un Peque\u00f1o Clero para aumentar su dignidad y belleza. Cuando fue sacerdote sigui\u00f3 promoviendo esta compa\u00f1\u00eda con mayor actividad y excelentes resultados. Puede decirse con raz\u00f3n que, si la Congregaci\u00f3n de San Francisco de Sales ha podido ya dar a la Iglesia un buen n\u00famero de ministros del altar, esto se debe en gran parte a los santos cuidados de don Bongioanni por el Peque\u00f1o Clero.<\/p>\n<p>En 1868, al acercarse el momento de la consagraci\u00f3n de la iglesia construida en Valdocco en honor de Mar\u00eda Auxiliadora, don Bongioanni trabaj\u00f3 con todas sus energ\u00edas para preparar cuanto era necesario para aquella funci\u00f3n, especialmente disponiendo al Peque\u00f1o Clero para que desempe\u00f1ara de manera edificante su cometido el d\u00eda de la fiesta y durante la octava siguiente, que tambi\u00e9n deb\u00eda celebrarse de modo extraordinario. Arrastrado por un ardiente amor a la Sant\u00edsima Virgen, no ahorr\u00f3 cuidados, trabajos ni fatigas, particularmente en la v\u00edspera, 8 de junio de aquel a\u00f1o. Mar\u00eda Auxiliadora, aceptando su ferviente devoci\u00f3n y homenaje, le obtuvo pronto la recompensa. Antes, sin embargo, quiso someterlo a una prueba que, soportada con resignaci\u00f3n, obtuvo ciertamente gran m\u00e9rito para el buen sacerdote. Aquel que tanto hab\u00eda trabajado por el buen \u00e9xito de las celebraciones se encontr\u00f3 enfermo el 9 de junio, d\u00eda de la consagraci\u00f3n, hasta el punto de no poder levantarse de la cama. Durante los d\u00edas siguientes continu\u00f3 la enfermedad. Deseando poder al menos una vez celebrar los divinos misterios en la nueva iglesia, suplic\u00f3 ardientemente a la Sant\u00edsima Virgen que le obtuviera esta gracia. El domingo dentro de la octava sinti\u00f3 tal recuperaci\u00f3n de fuerzas que, con la debida preparaci\u00f3n, pudo acercarse al altar y celebrar la santa Misa, con inmenso consuelo de su coraz\u00f3n. Despu\u00e9s de la Misa dijo a algunos amigos que estaba tan feliz que bien pod\u00eda entonar el Nunc dimittis. Y <em>as\u00ed fue; pues, <\/em>sintiendo desfallecer sus fuerzas, volvi\u00f3 a la cama y ya no se levant\u00f3. El mi\u00e9rcoles siguiente, terminada la octava, se celebr\u00f3 un oficio f\u00fanebre por los bienhechores difuntos; y por la tarde, una vez concluidas todas las funciones y solemnidades, los j\u00f3venes alumnos de los distintos colegios que hab\u00edan acudido a participar en la fiesta partieron hacia sus destinos.<\/p>\n<p>Una hora despu\u00e9s, don Jos\u00e9 Bongioanni, fortalecido por los consuelos de la religi\u00f3n, asistido por su querido Director y rodeado de un c\u00edrculo de sus m\u00e1s queridos amigos y hermanos, entreg\u00f3 su hermosa alma al Se\u00f1or, yendo, como firmemente se espera, a contemplar c\u00f3mo celebran en el Cielo a aquella que hab\u00eda sido objeto de su m\u00e1s tierna devoci\u00f3n <em>(a)<\/em>.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref11\" name=\"_ftn11\">[11]<\/a>L\u00e9ase: 29 de diciembre de 1855.<em> (N. del E.).<\/em><\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref12\" name=\"_ftn12\">[12]<\/a>El sacerdote y te\u00f3logo Carlos Valfr\u00e8 naci\u00f3 en Villafranca di Piemonte el 23 de julio de 1813. Con conducta verdaderamente ejemplar y feliz \u00e9xito realiz\u00f3 sus estudios y, siguiendo su vocaci\u00f3n, abraz\u00f3 el estado eclesi\u00e1stico. Con celo apost\u00f3lico trabaj\u00f3 durante muchos a\u00f1os en el sagrado ministerio hasta que, en un concurso, fue juzgado digno de la parroquia de Marmorito.<\/p>\n<p>Era incansable en el cumplimiento de sus deberes. La instrucci\u00f3n de los ni\u00f1os pobres, la asistencia a los enfermos y el socorro de los necesitados eran las notas caracter\u00edsticas de su celo. Por su bondad, caridad y desinter\u00e9s pod\u00eda proponerse como modelo a cualquier sacerdote encargado de la cura de almas.<\/p>\n<p>Siempre que sus deberes parroquiales se lo permit\u00edan, iba a otros lugares a predicar ejercicios espirituales, triduos, novenas y cosas semejantes. El Se\u00f1or bendec\u00eda sus trabajos, siempre coronados de abundantes frutos.<\/p>\n<p>Pero precisamente cuando m\u00e1s necesidad ten\u00edamos de \u00e9l, Dios lo encontr\u00f3 maduro para el cielo. Despu\u00e9s de una breve enfermedad, muriendo la muerte de los justos, pas\u00f3 a la vida bienaventurada a la hermosa edad de 47 a\u00f1os, el 12 de febrero de 1861.<\/p>\n<p>Esta p\u00e9rdida priv\u00f3 a la Iglesia de un digno ministro y quit\u00f3 a Marmorito un pastor que con raz\u00f3n era llamado padre de su pueblo; pero a todos nos consuela mucho la esperanza de haber adquirido ante Dios en el cielo un bienhechor <em>(a)<\/em>.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref13\" name=\"_ftn13\">[13]<\/a>Con este nombre se refer\u00eda al libro destinado enteramente a los j\u00f3venes titulado: Il <em>Giovane Provveduto per<\/em> la pratica de\u2019 suoi doveri, degli esercizi di cristiana piet\u00e0, per la recita dell\u2019uffizio della B. Vergine, dei vespri di tutto l\u2019anno e dell\u2019uffizio dei morti, etc. <em>(a).<\/em><\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref14\" name=\"_ftn14\">[14]<\/a>Leone Cocchis, alumno de segunda ret\u00f3rica, joven de hermosas esperanzas, muri\u00f3 el 25 de marzo de 1855 a la edad de 15 a\u00f1os <em>(a)<\/em>.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref15\" name=\"_ftn15\">[15]<\/a>Esta veneraci\u00f3n y confianza hacia el joven Savio aumentaron mucho despu\u00e9s de que all\u00ed se diera un notable relato por parte del padre de Domingo, que est\u00e1 dispuesto a confirmar su declaraci\u00f3n en cualquier lugar y ante cualquier persona. Refiri\u00f3 el hecho de este modo:<\/p>\n<p>\u00abLa p\u00e9rdida de aquel hijo m\u00edo \u2014dice\u2014 me caus\u00f3 el m\u00e1s profundo dolor, que se hac\u00eda mayor por mi deseo de saber qu\u00e9 hab\u00eda sido de \u00e9l en la otra vida. Dios quiso consolarme. Cerca de un mes despu\u00e9s de su muerte, una noche, despu\u00e9s de haber permanecido mucho tiempo sin poder conciliar el sue\u00f1o, me pareci\u00f3 que el techo de la habitaci\u00f3n donde dorm\u00eda se abr\u00eda de par en par y all\u00ed, en medio de una gran luz, se me apareci\u00f3 Domingo con el rostro sonriente y alegre, pero con aspecto majestuoso e imponente. Ante aquella sorprendente visi\u00f3n qued\u00e9 fuera de m\u00ed. \u201c\u00a1Oh Domingo! \u2014comenc\u00e9 a exclamar\u2014, \u00a1Domingo m\u00edo! \u00bfC\u00f3mo est\u00e1s? \u00bfD\u00f3nde est\u00e1s? \u00bfEst\u00e1s ya en el Para\u00edso?\u201d. \u201cS\u00ed, padre \u2014respondi\u00f3\u2014, estoy verdaderamente en el Para\u00edso\u201d. \u201c\u00a1Ah! \u2014respond\u00ed\u2014, si Dios te ha concedido tan gran favor como ir a gozar de la felicidad del cielo, ruega por tus hermanos y hermanas para que tambi\u00e9n ellos puedan llegar un d\u00eda a reunirse contigo\u201d. \u201cS\u00ed, s\u00ed, padre \u2014respondi\u00f3\u2014, rogar\u00e9 a Dios por ellos para que un d\u00eda tambi\u00e9n puedan venir conmigo a gozar de la inmensa felicidad del cielo\u201d. \u201cRuega tambi\u00e9n por m\u00ed \u2014respond\u00ed\u2014; ruega por tu madre, para que todos nos salvemos y un d\u00eda nos encontremos juntos en el Para\u00edso\u201d. \u201cS\u00ed, s\u00ed, rogar\u00e9\u201d. Dicho esto desapareci\u00f3 y la habitaci\u00f3n volvi\u00f3 a quedar a oscuras como antes\u00bb.<\/p>\n<p>El padre asegura que se limita a decir la verdad y afirma que ni antes ni despu\u00e9s, despierto o dormido, fue nunca consolado por una aparici\u00f3n semejante <em>(a)<\/em>.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00abAs\u00ed pues, yo soy la tela; sea usted el sastre\u00bb. 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