{"id":54921,"date":"2026-09-19T07:24:29","date_gmt":"2026-09-19T07:24:29","guid":{"rendered":"https:\/\/www.donbosco.press\/?p=54921"},"modified":"2026-09-19T07:24:40","modified_gmt":"2026-09-19T07:24:40","slug":"conocemos-a-don-bosco-17-giuseppe-buzzetti","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/don-bosco\/conocemos-a-don-bosco-17-giuseppe-buzzetti\/","title":{"rendered":"Conocemos a Don Bosco (17). Giuseppe Buzzetti"},"content":{"rendered":"<p><em><i>Giuseppe Buzzetti, un joven alba\u00f1il fascinado por Don Bosco, fue uno de los primeros y m\u00e1s fieles colaboradores del Oratorio. Un grave accidente le impidi\u00f3 ser sacerdote, pero dedic\u00f3 toda su vida al servicio de los j\u00f3venes y de la obra salesiana, desempe\u00f1ando tareas humildes y decisivas: administraci\u00f3n, catequesis, asistencia, organizaci\u00f3n de las t\u00f3mbolas y el cuidado diario de la casa. Al sentir el Oratorio como una familia, atraves\u00f3 una crisis cuando la Congregaci\u00f3n se estructur\u00f3 y temi\u00f3 ser marginado. La caridad de Don Bosco lo retuvo definitivamente. De esta experiencia madur\u00f3 la figura del \u00abcoadjutor\u00bb salesiano. En 1877, Buzzetti ingres\u00f3 oficialmente en la Sociedad Salesiana, permaneciendo hasta su muerte como ejemplo de dedicaci\u00f3n silenciosa y total.<\/i><\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em><i>Porque nunca abandon\u00f3 a nadie.<\/i><\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong><b>\u00ab\u00bfQu\u00e9 haces en el Oratorio?\u00bb<\/b><\/strong><\/p>\n<p>Nacido en Caronno Ghiringhello (Mil\u00e1n, Italia) el 7 de febrero de 1832; profes\u00f3 en 1877; muri\u00f3 en Lanzo el 13 de julio de 1892.<\/p>\n<p>Giuseppe Buzzetti era uno de los muchos muchachos que acud\u00edan a Tur\u00edn para trabajar como peones de alba\u00f1il en busca de mejor fortuna. Tuvo la suerte de encontrar pronto a Don Bosco, por quien qued\u00f3 tan fascinado que asist\u00eda asiduamente a sus reuniones festivas durante el per\u00edodo del Oratorio ambulante. Continu\u00f3 as\u00ed hasta 1847, cuando, invitado por el Santo, emprendi\u00f3 con tres compa\u00f1eros los estudios para ser sacerdote; pero la Providencia dispuso otra cosa.<\/p>\n<p>La Congregaci\u00f3n hab\u00eda nacido. Don Bosco sinti\u00f3 una gran alegr\u00eda por ello. Pero creo que aquel d\u00eda una arruga de melancol\u00eda le qued\u00f3 en el fondo del alma: entre los diecisiete que hab\u00edan aceptado no estaba su querid\u00edsimo Giuseppe Buzzetti.<\/p>\n<p>Manejando una pistola (para defender los objetos expuestos en la primera t\u00f3mbola) hab\u00eda sufrido un grave accidente: tuvieron que amputarle el dedo \u00edndice de la mano izquierda. Esto, en aquella \u00e9poca, se consideraba un impedimento serio para ser sacerdote. El accidente, \u00abunido a la humildad\u00bb, observa Don Lemoyne, hab\u00eda persuadido a Buzzetti a renunciar al h\u00e1bito clerical.<\/p>\n<p>Pero dedicaba cada hora de su d\u00eda a \u00absu\u00bb Don Bosco y al oratorio. Se encargaba del mantenimiento de la casa \u2014enumera Don Lemoyne\u2014, asist\u00eda en el refectorio, pon\u00eda las mesas, se ocupaba de la limpieza, daba clases de catecismo, llevaba la administraci\u00f3n y se encargaba del env\u00edo de las Lecturas Cat\u00f3licas. Tambi\u00e9n dirigi\u00f3 la escuela de canto hasta 1860, cuando se la cedi\u00f3 a Giovanni Cagliero. \u00abCon su mente perspicaz y su pronta actividad era el alma de todas las t\u00f3mbolas, buscaba trabajo para los talleres, encargaba el pan y se ocupaba de las compras\u00bb.<\/p>\n<p>Sent\u00eda el oratorio como carne de su carne. Cuando se derrumb\u00f3 el edificio casi terminado, hab\u00eda examinado con minuciosidad las facturas. Hab\u00eda encontrado pedidos de material de mala calidad y se hab\u00eda enfrentado al contratista con duras palabras. El propio Don Bosco tuvo que calmarlo:<\/p>\n<p>\u2014 Debemos tener paciencia. Ver\u00e1s que el Se\u00f1or nos ayudar\u00e1.<\/p>\n<p>\u2014 \u00a1S\u00ed, s\u00ed, nos ayudar\u00e1! Pero mientras tanto, usted vela, trabaja d\u00eda y noche para conseguir unos cientos de liras, y estos le roban miles en un momento. Habr\u00eda que darles una lecci\u00f3n contundente.<\/p>\n<p>\u2014 Dej\u00e9moslo estar. Si se la merecen, se la dar\u00e1 el Se\u00f1or.<\/p>\n<p>Buzzetti (contin\u00faa Lemoyne, de quien hemos tomado el di\u00e1logo) hac\u00eda de guardaespaldas de Don Bosco, acompa\u00f1\u00e1ndolo cuando se tem\u00eda alg\u00fan peligro, y sal\u00eda a su encuentro por la noche. Su figura vigorosa, su espes\u00edsima barba roja, quitaron a varios malintencionados las ganas de atacar al sacerdote de Valdocco.<\/p>\n<p>Sus hermanos alba\u00f1iles (Carlo se hab\u00eda convertido en un excelente maestro de obras) le dijeron varias veces: \u00abSi no quieres hacerte sacerdote, \u00bfqu\u00e9 haces en el oratorio? Si Don Bosco muriera, sin ning\u00fan oficio en tus manos, \u00bfc\u00f3mo te las arreglar\u00edas?\u00bb.<\/p>\n<p>Y \u00e9l respond\u00eda: \u00abDon Bosco me ha garantizado que incluso despu\u00e9s de su muerte, siempre habr\u00e1 un trozo de pan para m\u00ed. Para m\u00ed, as\u00ed est\u00e1 bien\u00bb.<\/p>\n<p>Y sin embargo, este joven (en 1859 ten\u00eda 27 a\u00f1os) que habr\u00eda dado la vida por Don Bosco, no se sent\u00eda capaz de hacer los votos, de convertirse en salesiano.<\/p>\n<p>El primer \u00ablaico\u00bb admitido en la Sociedad Salesiana fue Giuseppe Rossi. El \u00abcap\u00edtulo de la Sociedad Salesiana\u00bb se reuni\u00f3 para decidir su admisi\u00f3n el 2 de febrero de 1860. Con Rossi, la palabra \u00abcoadjutor\u00bb hizo su aparici\u00f3n en el vocabulario de la Congregaci\u00f3n, con el significado de \u00absalesiano laico\u00bb.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong><b>La crisis de Giuseppe Buzzetti<\/b><\/strong><\/p>\n<p>El 14 de mayo de 1862 marc\u00f3 una nueva etapa en la consolidaci\u00f3n de la Sociedad Salesiana. Reunidos en la habitual habitaci\u00f3n de Don Bosco, los \u00abhermanos\u00bb, respondiendo a la invitaci\u00f3n de Don Bosco, \u00abprometieron a Dios observar las Reglas haciendo voto de pobreza, castidad y obediencia por tres a\u00f1os\u00bb. Eran veintid\u00f3s, sin contar al fundador.<\/p>\n<p>Don Bosco, al terminar, dijo: \u00abMientras vosotros me hac\u00edais a m\u00ed estos votos, yo tambi\u00e9n se los hac\u00eda a este Crucifijo por toda mi vida, ofreci\u00e9ndome en sacrificio al Se\u00f1or\u00bb.<\/p>\n<p>En el grupo de los veintid\u00f3s formaban parte otros dos laicos, muy diferentes entre s\u00ed. El primero, Giuseppe Gaia, ser\u00eda durante muchos a\u00f1os cocinero en el oratorio. El segundo, Federico Oreglia di S. Stefano, pertenec\u00eda a la aristocracia turinesa. Don Bosco lo hab\u00eda conquistado durante un curso de Ejercicios Espirituales, haci\u00e9ndole cerrar un per\u00edodo de \u00abvida aventurera y galante\u00bb. Durante nueve a\u00f1os prestar\u00eda muchos servicios al oratorio, y luego entrar\u00eda en los Jesuitas.<\/p>\n<p>Una tentaci\u00f3n f\u00e1cil, en los a\u00f1os que siguieron y que vieron a otros laicos unirse a la Congregaci\u00f3n, era la de considerar a los no sacerdotes y cl\u00e9rigos como \u00absirvientes\u00bb de la casa, o al menos como \u00abcategor\u00eda de segundo orden\u00bb.<\/p>\n<p>Probablemente en este contexto naci\u00f3 la \u00abcrisis\u00bb de Giuseppe Buzzetti. Se narra en el quinto volumen de las Memorias Biogr\u00e1ficas, del que resumimos.<\/p>\n<p>\u00c9l intu\u00eda que la antigua vida patriarcal de familia ser\u00eda modificada por los reglamentos; ve\u00eda poco a poco pasar a manos de los cl\u00e9rigos la direcci\u00f3n de la casa, las tareas que antes se le confiaban a \u00e9l. La melancol\u00eda y el des\u00e1nimo lo decidieron a marcharse. Encontr\u00f3 un trabajo en Tur\u00edn y fue a despedirse de Don Bosco. Con su habitual franqueza le dijo que se estaba convirtiendo en la \u00faltima rueda del carro, que ten\u00eda que obedecer a aquellos que hab\u00eda visto llegar de ni\u00f1os, a los que hab\u00eda ense\u00f1ado a sonarse la nariz. Manifest\u00f3 su gran tristeza por tener que dejar aquella casa que hab\u00eda visto crecer desde los d\u00edas del cobertizo.<\/p>\n<p>Don Bosco no le dijo: \u00abMe dejas solo. \u00bfQu\u00e9 har\u00e9 sin ti?\u00bb. No se compadeci\u00f3 de s\u00ed mismo. Pens\u00f3 en \u00e9l, en su amigo m\u00e1s querido: \u00ab\u00bfYa has encontrado un puesto? \u00bfTe dar\u00e1n un buen sueldo? No tienes dinero, y ciertamente lo necesitar\u00e1s para los primeros gastos\u00bb. Abri\u00f3 los cajones del escritorio: \u00abT\u00fa conoces estos cajones mejor que yo. Coge todo lo que necesites, y si no es suficiente, dime lo que te hace falta y te lo conseguir\u00e9. No quiero, Giuseppe, que tengas que pasar alguna privaci\u00f3n por mi culpa\u00bb. Luego lo mir\u00f3 con ese amor que solo \u00e9l ten\u00eda por sus muchachos: \u00abSiempre nos hemos querido mucho. Y espero que nunca me olvides\u00bb.<\/p>\n<p>Entonces Buzzetti rompi\u00f3 a llorar. Llor\u00f3 largo rato y dijo: \u00abNo, no quiero dejar a Don Bosco. Me quedar\u00e9 siempre con usted\u00bb.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong><b>El \u00abcoadjutor\u00bb que Don Bosco llevaba en el coraz\u00f3n<\/b><\/strong><\/p>\n<p>Quiz\u00e1s fue este acontecimiento el que estimul\u00f3 a Don Bosco a definir mejor la figura del salesiano laico, del \u00abcoadjutor\u00bb en la Congregaci\u00f3n Salesiana.<\/p>\n<p>31 de marzo de 1876. En unas \u00abbuenas noches\u00bb reservadas a los artesanos, indic\u00f3 en qu\u00e9 consist\u00eda la vocaci\u00f3n del salesiano laico: \u00abFijaos que entre los miembros de la Congregaci\u00f3n no hay distinci\u00f3n alguna; todos son tratados de la misma manera, artesanos, cl\u00e9rigos y sacerdotes; todos nos consideramos hermanos\u00bb.<\/p>\n<p>En 1877, Giuseppe Buzzetti se decidi\u00f3 a solicitar su ingreso en la Sociedad Salesiana. Su solicitud la quiso presentar el propio Don Bosco al \u00abCap\u00edtulo Superior\u00bb, constituido casi en su totalidad por aquellos muchachitos a los que Giuseppe \u00abhab\u00eda ense\u00f1ado a sonarse la nariz\u00bb. Fue aceptado por unanimidad, y creo que aquel fue uno de los d\u00edas m\u00e1s \u00edntimamente hermosos para Don Bosco.<\/p>\n<p>Muchos otros \u00abcoadjutores\u00bb formaban ya parte de la Sociedad Salesiana con funciones muy variadas: Pelazza y Gambino eran directores de talleres; Marcello Rossi era portero; Nasi, enfermero; Giuseppe Rossi, administrador; Enria, fact\u00f3tum; Falco y Ruffato, cocineros. Pero todos \u00abcoadyuvaban al sacerdote\u00bb con responsabilidades apost\u00f3licas: ense\u00f1aban catecismo, eran asistentes y educadores.<\/p>\n<p>La \u00abtentaci\u00f3n\u00bb, de la que habl\u00e1bamos antes, volvi\u00f3 en los \u00faltimos a\u00f1os de la vida de Don Bosco. En el tercer \u00abCap\u00edtulo General\u00bb de la Congregaci\u00f3n, celebrado en 1883, alguien dijo: \u00abHay que mantener a los coadjutores en un nivel inferior, formar para ellos una categor\u00eda distinta\u00bb. Don Bosco reaccion\u00f3 con viveza: \u00abNo, no, no. Los hermanos coadjutores son como todos los dem\u00e1s\u00bb. Y hablando ese mismo a\u00f1o a los salesianos laicos, afirmaba con fuerza: \u00abVosotros no deb\u00e9is ser quienes trabajan directamente o se fatigan, sino quienes dirigen. Deb\u00e9is ser como due\u00f1os sobre los dem\u00e1s obreros, no como siervos&#8230; Esta es la idea del coadjutor salesiano. \u00a1Tengo tanta necesidad de tener a muchos que vengan a ayudarme de este modo! Por eso estoy contento de que teng\u00e1is ropa adecuada y limpia; que teng\u00e1is camas y celdas convenientes, porque no deb\u00e9is ser siervos sino due\u00f1os, no s\u00fabditos sino superiores\u00bb.<\/p>\n<p>Pietro Braido, estudioso del problema, afirma: \u00abLa figura del coadjutor (en la mente de Don Bosco) no surgi\u00f3 de repente como una creaci\u00f3n totalmente nueva y original, sino que emergi\u00f3 gradualmente, entre oscilaciones e incertidumbres\u00bb.<\/p>\n<p>Nosotros nos atrevemos a afirmar que quiz\u00e1s la \u00abfigura ideal\u00bb del coadjutor que Don Bosco llev\u00f3 en su coraz\u00f3n durante tantos a\u00f1os fue la de Giuseppe Buzzetti: de total confianza, humilde, siempre presente en los momentos dif\u00edciles y delicados, que sent\u00eda el oratorio como su familia, carne viva de su vida, que se sent\u00eda realizado porque \u00absu familia\u00bb se realizaba, que no entend\u00eda mucho de asuntos jur\u00eddicos pero que a toda costa \u00abquer\u00eda estar con Don Bosco\u00bb.<\/p>\n<p>Y sin embargo, este hombre, que habr\u00eda dado la vida por Don Bosco y que amaba su obra con intenso amor, no se consideraba digno de ser salesiano.<\/p>\n<p>Finalmente, en 1877 se decidi\u00f3 a presentar la solicitud para ser inscrito en la Sociedad, a la que ya pertenec\u00eda en esp\u00edritu, si no de nombre. El propio Don Bosco quiso proponer su solicitud al Consejo Superior, que acogi\u00f3 por unanimidad al m\u00e1s antiguo de los asistentes vivos del oratorio.<\/p>\n<p>Realmente no tuvo que cambiar nada en su forma de vida. Desde hac\u00eda casi cuarenta a\u00f1os, el Oratorio era todo su mundo, la vida del oratorio toda su vida y la Congregaci\u00f3n Salesiana su ideal en esta tierra. Despu\u00e9s de la muerte de Don Bosco vivi\u00f3 a\u00fan tres a\u00f1os y medio; pero se dir\u00eda que su misi\u00f3n en esta tierra hab\u00eda terminado. Al agravarse notablemente sus problemas de salud, acept\u00f3 con gusto ir a Lanzo. Pasaba all\u00ed sus d\u00edas en oraci\u00f3n.<\/p>\n<p>Una tranquilidad perfecta reinaba en su esp\u00edritu, una calma inalterable lo acompa\u00f1\u00f3 en su lecho de dolor hasta el \u00faltimo d\u00eda.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Giuseppe Buzzetti, un joven alba\u00f1il fascinado por Don Bosco, fue uno de los primeros y&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":54916,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"iawp_total_views":1,"footnotes":""},"categories":[187],"tags":[1708,1720,1768,1822,1960,1972,2620],"class_list":["post-54921","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-don-bosco","tag-benefactores","tag-carisma-salesiano","tag-don-bosco","tag-gracia","tag-salesianos","tag-santos","tag-testigos"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/54921","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/5"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=54921"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/54921\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":54922,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/54921\/revisions\/54922"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/54916"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=54921"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=54921"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=54921"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}