{"id":54848,"date":"2026-09-14T07:18:48","date_gmt":"2026-09-14T07:18:48","guid":{"rendered":"https:\/\/www.donbosco.press\/?p=54848"},"modified":"2026-09-14T07:22:12","modified_gmt":"2026-09-14T07:22:12","slug":"el-sistema-preventivo-7-7-la-mirada-retrospectiva-la-exposicion-de-las-memorias-biograficas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/don-bosco\/el-sistema-preventivo-7-7-la-mirada-retrospectiva-la-exposicion-de-las-memorias-biograficas\/","title":{"rendered":"El sistema preventivo (7\/7). La mirada retrospectiva. La exposici\u00f3n de las Memorias Biogr\u00e1ficas"},"content":{"rendered":"<p><em>Continuamos con la s\u00e9ptima y \u00faltima entrega sobre los textos principales del sistema preventivo de don Bosco.<\/em><\/p>\n<p><em>Art\u00edculo anterior: <a href=\"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/don-bosco\/el-sistema-preventivo-6-7-a-un-formador-de-sacerdotes-la-respuesta-al-rector-del-seminario-de-montpellier-dupuy\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">El sistema preventivo (6\/7). A un formador de sacerdotes. La respuesta al rector del Seminario de Montpellier, Dupuy<\/a><\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>La mirada retrospectiva: la exposici\u00f3n de las Memorias Biogr\u00e1ficas<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La \u00faltima etapa es de naturaleza diferente a las anteriores, y la serie debe dec\u00edrselo abiertamente al lector. El cap\u00edtulo XLVII del cuarto volumen de las Memorias Biogr\u00e1ficas no es un texto publicado en vida por don Bosco: es la reconstrucci\u00f3n sistem\u00e1tica que don Giovanni Battista Lemoyne compone recogiendo pr\u00e1cticas, testimonios y recuerdos de la primera generaci\u00f3n, y la sit\u00faa narrativamente en los a\u00f1os en torno a 1851-1853. Le sigue, en el cap\u00edtulo XLVIII, la palabra sobre los castigos.<\/p>\n<p>Su valor no es, por tanto, de fuente directa, sino de recepci\u00f3n: nos dice c\u00f3mo los primeros salesianos hab\u00edan comprendido y reorganizado lo que le hab\u00edan visto hacer. Le\u00eddo al final de la serie, funciona como espejo: permite medir cu\u00e1nto de la pr\u00e1ctica del fundador hab\u00eda pasado ya a ser doctrina compartida.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>(MB IV,544-558, todo el <em>cap\u00edtulo XLVII<\/em>)<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>\u00abCAP\u00cdTULO XLVII. El Sistema Preventivo &#8211; Su aplicaci\u00f3n &#8211; Sus ventajas<\/strong><\/p>\n<p>Del conjunto de lo que hemos expuesto en los vol\u00famenes anteriores, nuestros lectores se habr\u00e1n formado un criterio exacto del sistema seguido por D. Bosco en la educaci\u00f3n de la juventud. Este no era el llamado sistema represivo, sino el preventivo, sistema m\u00e1s acorde con la raz\u00f3n y la Religi\u00f3n. De hecho, la Religi\u00f3n ense\u00f1a la caridad que combate la soberbia, el ego\u00edsmo, hace a las personas sociables, agradecidas y respetuosas las unas con las otras, obedientes espont\u00e1neamente a quienes tienen el derecho y la obligaci\u00f3n de mandar, y adorna incluso con una cierta ingenua gentileza a los m\u00e1s rudos porque excluye el temor.<\/p>\n<p><em>La raz\u00f3n adem\u00e1s demuestra con la experiencia que sin verdadero afecto es in\u00fatil el ministerio del educador<\/em>. La primera felicidad de un ni\u00f1o es saber que es amado. Y \u00e9l corresponde a este amor, se persuade de cuanto el maestro asevera, ama todo lo que el maestro ense\u00f1a, le gusta lo que le gusta al maestro, se aficiona para toda la vida a la verdad y a la doctrina por \u00e9l aprendidas, y se siente incluso inclinado a la misma profesi\u00f3n, ya sea sacerdotal o religiosa, de su educador, y lo ama como al padre de su alma.<\/p>\n<p>Por a\u00f1adidura, en estos a\u00f1os el sistema preventivo se hab\u00eda convertido en una necesidad. Las aspiraciones populares a un gobierno m\u00e1s indulgente, secundadas por los respectivos Pr\u00edncipes, hac\u00edan que los jovencitos exigieran tambi\u00e9n de sus superiores una direcci\u00f3n m\u00e1s afectuosa y paterna. Por tanto, un sistema de educaci\u00f3n rudo y represivo, como el que en alg\u00fan otro tiempo se hab\u00eda practicado, habr\u00eda repugnado a la naturaleza de los tiempos, y entre otras cosas habr\u00eda producido dos grav\u00edsimos males. Habr\u00eda alejado a los j\u00f3venes del Oratorio, adonde acud\u00edan espont\u00e1neamente, y de donde pod\u00edan asimismo marcharse por su libre albedr\u00edo sin que ninguna ley o autoridad los retuviera; y por si fuera poco habr\u00eda confirmado en ellos las habladur\u00edas que periodistas a sueldo, saltimbanquis y comediantes iban esparciendo ampliamente, a saber, que los sacerdotes eran otros tantos tiranos, enemigos de la libertad y del pueblo. Pero por medio de su sistema D. Bosco impidi\u00f3 que semejante calamidad se infiltrara entre sus jovencitos. Por ello el Oratorio fue siempre frecuentad\u00edsimo, hasta hacer necesaria la apertura de otros nuevos en varias partes de la ciudad; y por otro lado, si alguna lengua maldiciente ven\u00eda a hablar mal de los sacerdotes en presencia de los j\u00f3venes que acud\u00edan all\u00ed, bastaba que recordaran los rasgos de exquisita bondad que practicaba D. Bosco, para dar a los maldicientes un solemne ment\u00eds. De hecho, en los talleres les ocurri\u00f3 varias veces aducir este argumento contra quienes cortaban trajes a los curas, y muchos recuerdan que entonces, no sabiendo ya qu\u00e9 responder, los murmuradores contestaban: <em>Si los curas fueran todos como vuestro D. Bosco, tendr\u00edais raz\u00f3n; pero no es as\u00ed<\/em>. Ellos, por lo dem\u00e1s, que ve\u00edan a un Te\u00f3l. Borel, un Te\u00f3l. Chiaves, un Te\u00f3l. Carpano, un Te\u00f3l. Murialdo, un Te\u00f3l. Vola, un Te\u00f3logo Marengo y a muchos otros ejemplar\u00edsimos sacerdotes formar una espl\u00e9ndida corona en torno a D. Bosco, y esforzarse por imitarlo en el querer bien y tratar a los j\u00f3venes e incluso a los granujas como amigos y padres, persist\u00edan firmes en sus convicciones, y juzgaban las maledicencias como calumnias, que es lo que eran, y segu\u00edan adelante. De esta manera, junto con el amor y apego a la Religi\u00f3n Cat\u00f3lica, nutr\u00edan siempre hacia sus ministros una alta estima y una profunda veneraci\u00f3n; y no hay que dudar en decir que estos frutos se deb\u00edan a la educaci\u00f3n que les impart\u00edan D. Bosco y sus pacientes coadjutores.<\/p>\n<p>Este sistema D. Bosco lo hab\u00eda experimentado con tan feliz resultado para el bienestar moral de los jovencitos, que despu\u00e9s de haber inculcado su pr\u00e1ctica a todos sus ayudantes y mantenido varias conferencias con el Te\u00f3l. Eugenio Galletti, Can\u00f3nigo del Corpus Domini, finalmente escribi\u00f3 brevemente sobre \u00e9l demostrando en qu\u00e9 consisten los dos sistemas, preventivo y represivo, aduciendo las razones por las que es preferible el primero, ense\u00f1ando su aplicaci\u00f3n pr\u00e1ctica y desvelando sus grandes ventajas. Este util\u00edsimo escrito vio luego la luz en el Reglamento para las Casas Salesianas; y nosotros creemos que es del inter\u00e9s de los lectores reproducirlo aqu\u00ed para su norma y gobierno.<\/p>\n<p>\u201cDos son los Sistemas, dice D. Bosco, usados en todo tiempo en la educaci\u00f3n de la juventud: Preventivo y Represivo. El Sistema Represivo consiste en dar a conocer la ley a los s\u00fabditos, y despu\u00e9s vigilar para conocer a los transgresores e infligir, donde sea necesario, el merecido castigo. En este Sistema las palabras y el aspecto del Superior deben ser siempre severos y m\u00e1s bien amenazadores, y \u00e9l mismo debe evitar toda familiaridad con los dependientes. Adem\u00e1s de esto, el Director, para aumentar el valor de su autoridad, deber\u00e1 encontrarse rara vez entre sus s\u00fabditos, y por lo general solamente cuando se trata de castigar y de amenazar. Este Sistema es f\u00e1cil, menos fatigoso, y sirve especialmente en la milicia, y en general entre las personas adultas y sensatas, que deben por s\u00ed mismas ser capaces de saber y recordar lo que es conforme a las leyes y a las dem\u00e1s prescripciones.<\/p>\n<p><em>Diverso y, dir\u00eda, opuesto es el Sistema Preventivo. Este consiste en dar a conocer las prescripciones y los reglamentos de un Instituto, y luego vigilar de tal manera<\/em>, que los alumnos tengan siempre sobre ellos el ojo del Director o de los asistentes, que como padres amorosos hablen, sirvan de gu\u00eda en todo momento, den consejos y corrijan amablemente, que es tanto como decir: <em>Poner a los alumnos en la imposibilidad de cometer faltas<\/em>. Este Sistema se apoya todo sobre la raz\u00f3n, la religi\u00f3n y la amabilidad; por ello excluye todo castigo violento, e intenta mantener lejos los mismos castigos ligeros. Parece que este Sistema es preferible por las siguientes razones:<\/p>\n<p>I. El alumno avisado preventivamente no queda humillado por las faltas cometidas, como ocurre cuando estas son deferidas al Superior. El joven no se enfada por la correcci\u00f3n hecha o por el castigo amenazado o infligido, porque siempre hay una palabra amistosa, que le hace razonar, y que por lo general logra persuadirlo y ganarse su coraz\u00f3n, de modo que el culpable conoce la necesidad del castigo y casi lo desea.<\/p>\n<p>II. La raz\u00f3n m\u00e1s esencial es la volubilidad del joven, que en un momento olvida las reglas disciplinarias y los castigos que estas amenazan. Por ello a menudo un ni\u00f1o se hace transgresor de una regla y merecedor de una pena, a las cuales en el instante de la acci\u00f3n no prestaba ninguna atenci\u00f3n, y habr\u00eda obrado ciertamente de otra manera, si una voz amiga le hubiera amonestado.<\/p>\n<p>III. El Sistema Represivo podr\u00e1 impedir des\u00f3rdenes, pero dif\u00edcilmente har\u00e1 mejores los \u00e1nimos. Se ha observado que los jovencitos no olvidan los castigos sufridos, y por lo general conservan amargura con deseo de sacudirse el yugo y tambi\u00e9n de vengarse. Parece a veces que no le dan importancia, pero quien sigue de cerca sus pasos sabe que son terribles las reminiscencias de la juventud. Olvidan f\u00e1cilmente los castigos de los padres, pero muy dif\u00edcilmente los de los educadores. Hay hechos de algunos que en la vejez vengaron brutalmente ciertos castigos, recibidos justamente en tiempo de su educaci\u00f3n. Por el contrario, el Sistema Preventivo hace amigo al alumno, que en el asistente reconoce a un bienhechor que le advierte, quiere hacerle bueno, librarle de los disgustos, de los castigos, del deshonor.<\/p>\n<p>IV. El Sistema Preventivo trata al alumno de modo que el educador podr\u00e1 hablarle siempre con el lenguaje del coraz\u00f3n tanto en tiempo de la educaci\u00f3n como despu\u00e9s de ella. Con semejante Sistema el educador, gan\u00e1ndose el coraz\u00f3n de su protegido, podr\u00e1 ejercer sobre \u00e9l un gran imperio, avisarle, aconsejarle y tambi\u00e9n corregirle entonces cuando se encuentre en los empleos, en los oficios y en el comercio.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Por estas y muchas otras razones parece que el Sistema Preventivo debe preferirse al Represivo\u201d.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de esto D. Bosco pasa a hablar de su aplicaci\u00f3n y contin\u00faa as\u00ed:<\/p>\n<p>La pr\u00e1ctica de este sistema se apoya totalmente sobre las palabras de S. Pablo que dice: <em>Charitas patiens est, benigna est, omnia suffert, omnia sperat, omnia sustinet<\/em>; y tambi\u00e9n sobre estas otras dirigidas a los padres: \u201cPadres, no provoqu\u00e9is a ira a vuestros hijos, para que no se desanimen\u201d. Por ello solamente el cristiano puede aplicar con \u00e9xito el Sistema Preventivo. Raz\u00f3n y Religi\u00f3n son los medios de los que debe hacer uso constantemente el educador, si quiere obtener su fin. He aqu\u00ed por tanto las principales reglas de aplicaci\u00f3n del susodicho Sistema.<\/p>\n<p>I. El Director debe estar todo consagrado a sus educandos, y nunca asumir compromisos que lo alejen de su oficio; m\u00e1s bien debe encontrarse siempre con sus alumnos todas las veces que no est\u00e9n obligatoriamente atados por alguna ocupaci\u00f3n, excepto que est\u00e9n debidamente asistidos por otros.<\/p>\n<p>II. Los maestros y los asistentes deben ser de moralidad conocida. Estudien evitar como la peste toda clase de afectos o amistades particulares con los alumnos, y recuerden que el extrav\u00edo de uno solo puede comprometer a un Instituto educativo. H\u00e1gase de modo que los alumnos no est\u00e9n nunca solos. En la medida de lo posible, los asistentes les precedan en el sitio donde se deben reunir; se entretengan con ellos hasta que sean vigilados por otros, no los dejen nunca desocupados ni siquiera en tiempo de recreo.<\/p>\n<p>III. D\u00e9se amplia libertad de saltar, correr, alborotar a placer. La gimnasia, la m\u00fasica, la declamaci\u00f3n, el teatrillo, los paseos son medios eficac\u00edsimos para obtener la disciplina, beneficiar la moralidad y la salud. Cu\u00eddese solamente de que est\u00e9 bien elegida la materia del entretenimiento, sean honestas y no peligrosas las personas que intervienen, y no censurables las conversaciones que all\u00ed tienen lugar. Haced todo lo que quer\u00e1is, dec\u00eda el gran amigo de la juventud S. Felipe Neri, a m\u00ed me basta con que no comet\u00e1is pecados.<\/p>\n<p>IV. La frecuente Confesi\u00f3n y la frecuente Comuni\u00f3n son las columnas que deben sostener un edificio educativo, del cual se debe mantener lejos la amenaza y el l\u00e1tigo. Nunca obligar a los jovencitos a la frecuencia de los santos Sacramentos, sino solamente animarlos y ofrecerles comodidad para aprovecharse de ellos. Con ocasi\u00f3n adem\u00e1s de Ejercicios espirituales, triduos, novenas, predicaciones y catecismos, h\u00e1gase resaltar la belleza, la grandeza, la santidad de aquella Religi\u00f3n que presenta medios tan f\u00e1ciles, tan \u00fatiles para la sociedad civil, para la tranquilidad del coraz\u00f3n, para la salvaci\u00f3n del alma, como son precisamente los santos Sacramentos. De esta manera los ni\u00f1os quedan espont\u00e1neamente deseosos de estas pr\u00e1cticas de piedad, se acercar\u00e1n a ellas con convicci\u00f3n y con fruto.<\/p>\n<p>V. \u00dasese la m\u00e1xima vigilancia para impedir que en el Instituto se introduzcan malos compa\u00f1eros y libros, o personas que tengan malas conversaciones. La elecci\u00f3n de un buen portero es un tesoro para una casa de educaci\u00f3n.<\/p>\n<p>VI. Cada noche despu\u00e9s de las oraciones comunes, y antes de que los alumnos vayan a descansar, el Director, o quien haga sus veces, dirija algunas afectuosas palabras en p\u00fablico, dando alg\u00fan aviso o consejo sobre cosas que deben hacerse o evitarse; estudie sacar las m\u00e1ximas de hechos ocurridos en el d\u00eda en el Instituto o fuera; pero su discurso no sobrepase los cinco minutos. Este sermoncito bien llevado es como la llave de la moralidad y del buen \u00e9xito de la educaci\u00f3n.<\/p>\n<p>VII. Mant\u00e9ngase lejos la pest\u00edfera opini\u00f3n de alguno que querr\u00eda diferir la primera Comuni\u00f3n a una edad demasiado avanzada, cuando por lo general el demonio ya ha tomado posesi\u00f3n del coraz\u00f3n de un jovencito con da\u00f1o incalculable para su inocencia. Seg\u00fan la disciplina de la Iglesia primitiva se sol\u00edan dar a los ni\u00f1os las hostias consagradas que sobraban de la Comuni\u00f3n de los adultos. Esto sirve para darnos a conocer cu\u00e1nto ama la Iglesia que los ni\u00f1os sean admitidos a tiempo a la santa Comuni\u00f3n. Cuando un jovencito sabe distinguir entre pan y pan, y manifiesta suficiente instrucci\u00f3n, no se mire m\u00e1s la edad, y venga el Soberano celestial a reinar en aquella alma bendita.<\/p>\n<p>VIII. Respecto a la Comuni\u00f3n, los catecismos recomiendan su frecuencia. San Felipe Neri la aconsejaba cada ocho d\u00edas e incluso m\u00e1s a menudo. El Concilio de Trento dice claro que desea sumamente que todo fiel cristiano cuando va a escuchar la santa Misa haga asimismo la Comuni\u00f3n, no solo espiritual, sino sacramental, a fin de que saque mayor fruto de este augusto y divino Sacrificio\u201d.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La utilidad de este Sistema de educaci\u00f3n no puede escapar a la consideraci\u00f3n de una persona sensata; sin embargo, a fin de persuadir mejor de ello, D. Bosco prosigue:<\/p>\n<p>\u201cAlguien dir\u00e1 que este Sistema es dif\u00edcil en la pr\u00e1ctica. Observo que por parte de los alumnos resulta mucho m\u00e1s f\u00e1cil, m\u00e1s satisfactorio, m\u00e1s ventajoso. Por parte de los educadores encierra algunas dificultades, que sin embargo quedan disminuidas si el educador se pone con todo celo a su obra. El educador es un individuo consagrado al bien de sus alumnos; por ello debe estar dispuesto a afrontar cualquier molestia, cualquier fatiga, para conseguir su fin, que es la educaci\u00f3n civil, moral y cient\u00edfica de sus alumnos. Adem\u00e1s de las ventajas arriba expuestas a\u00f1ado tambi\u00e9n las siguientes:<\/p>\n<p>I. El alumno estar\u00e1 siempre lleno de respeto hacia el educador y recordar\u00e1 siempre con placer la direcci\u00f3n tenida, considerando como padres y hermanos a sus maestros y a los dem\u00e1s superiores.<\/p>\n<p>II. Cualquiera que sea el car\u00e1cter, la \u00edndole, el estado moral de un jovencito en la \u00e9poca de su aceptaci\u00f3n, los padres pueden vivir seguros de que su hijo no podr\u00e1 empeorar, y se puede dar por cierto que se obtendr\u00e1 siempre alguna mejora. Ciertos ni\u00f1os que eran la desolaci\u00f3n de los padres, e incluso rechazados por las casas correccionales, cultivados en cambio seg\u00fan los principios de este Sistema, cambiaron de \u00edndole, mudaron de car\u00e1cter, se entregaron a una vida morigerada, y en el presente ocupan honrados oficios en la sociedad, y son el sost\u00e9n de la familia y el decoro del pa\u00eds.<\/p>\n<p>III. Los alumnos que por ventura entraran en un Instituto con malas costumbres no pueden da\u00f1ar a sus compa\u00f1eros. Ni los jovencitos buenos podr\u00e1n recibir perjuicio de ellos, porque no hay ni tiempo, ni lugar, ni oportunidad, al estar siempre amorosamente asistidos y protegidos\u201d.<\/p>\n<p>D. Bosco concluye su tratadito con una palabra sobre los castigos: \u00bfQu\u00e9 regla seguir, se pregunta, al infligir castigos? Y responde: Si es posible, no se haga nunca uso de los castigos; pero donde la necesidad pida represi\u00f3n, t\u00e9ngase en cuenta lo siguiente:<\/p>\n<p>\u201cI. El educador entre los alumnos busque hacerse amar, si quiere hacerse temer. En este caso la sustracci\u00f3n de benevolencia es un castigo, pero un castigo que excita la emulaci\u00f3n infunde valor y no envilece nunca.<\/p>\n<p>II. Para los jovencitos es castigo lo que se hace servir como tal. Se ha observado que una mirada no amorosa sobre algunos produce mayor efecto que el que har\u00eda una bofetada. La alabanza por una buena acci\u00f3n, la censura por una culpable negligencia puede servir \u00f3ptimamente de premio o de castigo.<\/p>\n<p>III. Exceptuados rar\u00edsimos casos, las correcciones, los castigos no se den nunca en p\u00fablico, sino privadamente y lejos de la vista de los compa\u00f1eros. \u00dasese adem\u00e1s la m\u00e1xima prudencia y paciencia para hacer que el alumno comprenda su error con la raz\u00f3n y con la religi\u00f3n.<\/p>\n<p>IV. El dar t\u00edtulos villanos, el golpear de cualquier modo, el poner de rodillas en posici\u00f3n dolorosa, el tirar de las orejas y otros actos consimilares, se deben evitar absolutamente, porque est\u00e1n prohibidos por las leyes civiles, irritan grandemente a los j\u00f3venes, y envilecen al mismo educador.<\/p>\n<p>V. El Director haga conocer bien las reglas, los premios y los castigos establecidos por los Reglamentos de disciplina, a fin de que el alumno no se pueda excusar diciendo: No sab\u00eda que eso estuviera mandado o prohibido.<\/p>\n<p>VI. Antes de infligir una punici\u00f3n cualquiera obs\u00e9rvese qu\u00e9 grado de culpabilidad se encuentra en el alumno, y donde basta la amonestaci\u00f3n no se use el reproche, y donde este sea suficiente no se proceda m\u00e1s all\u00e1.<\/p>\n<p>VII. Ni de palabra ni de obra se castigue jam\u00e1s cuando el \u00e1nimo est\u00e9 agitado; nunca por faltas de simple inadvertencia; nunca con demasiada frecuencia\u201d. As\u00ed D. Bosco. El sistema descrito anteriormente, seguido por \u00e9l y recomendado desde el principio del Oratorio y del Hospicio, es el que se estudia y se practica a\u00fan hoy en d\u00eda en todas las Casas Salesianas; y los Superiores saben que estas florecen m\u00e1s y dan buenos frutos, cuanto m\u00e1s se conoce y m\u00e1s exactamente se ejecuta dicho sistema.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Los principios de este sistema de educaci\u00f3n daban a Don Bosco tema para las conferencias que daba a sus coadjutores. Recordaba a menudo las palabras de San Francisco de Sales: \u201cSe cazan m\u00e1s moscas con una cucharada de miel que con un barril de vinagre\u201d. Y sufr\u00eda si alguno se mostraba duro con los jovencitos y con las personas dependientes, queriendo que todos fuesen ganados con la caridad. &#8211; No olvid\u00e9is nunca, dec\u00eda continuamente a cualquiera que tuviese autoridad sobre los alumnos, que los muchachos faltan m\u00e1s por vivacidad que por malicia, m\u00e1s por no estar bien asistidos que por maldad. Hay que tener de ellos sol\u00edcito cuidado, asistirlos atentamente sin tener el aire de hacerlo, y tomar tambi\u00e9n parte en sus juegos, tolerar sus gritos y las molestias que causan, ya que tambi\u00e9n el Divino Salvador dijo en tales circunstancias: <em>Sinite parvulos venire ad me<\/em>. &#8211; Y \u00e9l los vigilaba atentamente dondequiera que estuviesen. Con frecuencia ven\u00eda al estudio e iba a los talleres. Nunca ocurr\u00eda la m\u00e1s peque\u00f1a infracci\u00f3n a las reglas, sin que \u00e9l enseguida se diese cuenta y lo remediase con prontitud. Conferenciaba a menudo con los otros superiores inform\u00e1ndose de la conducta de los j\u00f3venes y dando siempre normas para la buena marcha de la disciplina. Prescribi\u00f3 que cada semana se diese a cada alumno la nota de conducta, de estudio y de trabajo, y \u00e9l mismo le\u00eda p\u00fablicamente las notas el domingo por la tarde, animando a los diligentes y amonestando a los negligentes.<\/p>\n<p>Don Bosco ten\u00eda la certeza de que ordinariamente con la reflexi\u00f3n se reduce a todos los j\u00f3venes a reconocer sus propias faltas y a corregirlas. Por tanto, no se cansaba nunca de avisar y aconsejar; y su paciencia fue verdaderamente heroica. Cuando alg\u00fan superior estaba indeciso sobre el buen \u00e9xito de un joven para aceptarlo o para despedirlo, \u00e9l suger\u00eda poner en pr\u00e1ctica, tambi\u00e9n en este caso, la m\u00e1xima de San Pablo: <em>Omnia probate, quod bonum est tenete<\/em>; y a esto deb\u00eda conducir la vigilancia y el aviso oportuno. Al principio del a\u00f1o, si llegaba a sospechar que alguno de los nuevos aceptados pudiese causar da\u00f1o a los compa\u00f1eros, lo llamaba a s\u00ed, le avisaba con las m\u00e1s vivas expresiones de dolor, lo hac\u00eda vigilar de modo especial. Con tal solicitud logr\u00f3 corregir a muchos, que viniendo del mundo, tra\u00edan consigo la mala costumbre, por desgracia demasiado com\u00fan, de las malas palabras.<\/p>\n<p>Dif\u00edcil enunciar con palabras el secreto que ten\u00eda D. Bosco de ganar a los j\u00f3venes para s\u00ed y atraerlos al servicio del Se\u00f1or. \u00c9l pose\u00eda en el orden de la naturaleza y de la gracia tales dotes y prerrogativas, que, tomando a un joven y habl\u00e1ndole en confianza al o\u00eddo, por muy d\u00edscolo o rebelde a la gracia que fuese, dif\u00edcilmente ocurr\u00eda que no se rindiese a sus paternos consejos y amonestaciones. Y estos no pod\u00edan resultar ineficaces, ya que D. Bosco por las almas habr\u00eda dado cien veces la vida si hubiese sido menester.<\/p>\n<p>Sus palabras abr\u00edan los corazones, y \u00e9l a menudo insist\u00eda en la sinceridad que deb\u00eda usarse especialmente con los superiores en las cosas del alma, describ\u00eda sus ventajas, la llamaba la llave de la paz interna, el arma m\u00e1s eficaz para ahuyentar la melancol\u00eda, el secreto m\u00e1s seguro para encontrar el contento en vida y en muerte y de llegar a gran perfecci\u00f3n. Con tal recomendaci\u00f3n no miraba a otra cosa que a impedir el pecado, o destruirlo con sus consecuencias.<\/p>\n<p>Sol\u00eda decir a sus coadjutores: &#8211; Es necesario que mantengamos lejos el pecado de la casa y que nuestros j\u00f3venes se pongan todos en gracia de Dios: sin esto las cosas no pueden ir bien. &#8211; Y a\u00f1ad\u00eda a menudo: &#8211; Recordad que el primer m\u00e9todo para educar bien es el hacer buenas confesiones y buenas comuniones. &#8211; \u00c9l en la frecuencia de este sacramento pon\u00eda toda la fuerza de su misi\u00f3n en medio de la juventud. Procuraba que sus alumnos se acercasen a \u00e9l regularmente, es m\u00e1s, con mucha frecuencia, pero sin presi\u00f3n de ning\u00fan tipo. Los exhortaba y quer\u00eda que fuesen exhortados, pero no los obligaba. Aunque \u00e9l se encontraba todas las ma\u00f1anas confesando, y era general el deseo de confesarse con \u00e9l, tanto que no ten\u00eda tiempo de satisfacer el deseo de todos, sin embargo quer\u00eda que se encontrasen otros confesores externos, especialmente en las fiestas y sus v\u00edsperas. Dejaba a todos la m\u00e1xima libertad; no hac\u00eda observaciones y no quer\u00eda que se hiciesen sobre qui\u00e9n se confesaba con \u00e9l o qui\u00e9n con otros sacerdotes. Y a\u00f1os despu\u00e9s dio por norma a un sacerdote suyo: &#8211; Haz de modo que no des nunca ninguna se\u00f1al de parcialidad hacia quien se confiesa con preferencia m\u00e1s con uno, que con otro. &#8211; As\u00ed tampoco se dobleg\u00f3 nunca a permitir que en los d\u00edas de comuni\u00f3n general se hiciese salir a los j\u00f3venes de los bancos ordenadamente por fila para ir al altar, a fin de que quien no estaba preparado, no se dejase vencer con su gran da\u00f1o por el respeto humano, o fuese se\u00f1alado con el dedo por los dem\u00e1s. Mejor la libertad y un poco de confusi\u00f3n. En la misa cotidiana de la comunidad eran tan numerosas las comuniones, que varios forasteros preguntaron m\u00e1s de una vez qu\u00e9 fiesta se celebraba porque les parec\u00eda haber asistido a una comuni\u00f3n general.<\/p>\n<p>Por lo dem\u00e1s, el bien que obr\u00f3 D. Bosco por medio de la confesi\u00f3n es tanto, que osar\u00edamos llamarlo el ap\u00f3stol de la confesi\u00f3n. \u00c9l inspiraba tal tranquilidad y confianza en Dios y en sus misericordias, que muchos, dejado el Oratorio, casi les costaba acostumbrarse a otros confesores. \u00c9l inculcaba a los penitentes la m\u00e1xima de S. Felipe Neri: &#8211; Pecados y melancol\u00eda no quiero en casa m\u00eda &#8211; y con esto quer\u00eda que confiasen plenamente en su eterna salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Y la frecuencia a los sacramentos era el resorte potente que empujaba a todos por el camino de la obediencia con paz y alegr\u00eda. Por tanto, la nota caracter\u00edstica del Oratorio era una ruidosa desenvoltura de modales, una vivaz distribuci\u00f3n de juegos, unida a una religiosidad y moralidad suma y diligencia en los propios deberes. Esta estaba personificada en un gran n\u00famero de excelentes j\u00f3venes, verdaderos modelos y ejemplares para los dem\u00e1s compa\u00f1eros. Centenares de antiguos alumnos, sacerdotes y laicos, atestiguan no recordar haber ocurrido en sus tiempos ning\u00fan grave desorden.<\/p>\n<p>Escribi\u00f3 el Can. Ballesio: \u201cEl freno al mal, la incitaci\u00f3n al bien, la jovialidad y la satisfacci\u00f3n nuestra, el orden en la casa, nuestro \u00e9xito en el estudio y en el trabajo, todo nac\u00eda de la piedad racional, \u00edntima y fervorosa que el siervo de Dios sab\u00eda infundirnos, con su ejemplo, con las pr\u00e9dicas, con la frecuencia de los sacramentos en aquellos tiempos casi nueva entre los j\u00f3venes, con sus discursos y con los relatos vivos y edificantes. Al mismo tiempo, con ciertas palabras suyas, con gestos, con miradas, disipaba las tinieblas, las ansiedades del esp\u00edritu, nos inundaba el alma de alegr\u00eda y nos enfervorizaba al amor de la virtud, del sacrificio y de la obediencia\u201d.<\/p>\n<p>\u00a1Oh! c\u00f3mo resonaban queridas en sus labios aquellas expresiones a \u00e9l tan familiares mientras trasluc\u00edan de su rostro la fe que ten\u00eda en el coraz\u00f3n: &#8211; \u00a1Qu\u00e9 bueno es el Se\u00f1or con nosotros que no nos deja nunca faltar nada! \u00a1Sirv\u00e1mosle de buena gana! &#8211; Amemos a Dios; am\u00e9mosle porque es nuestro padre.<\/p>\n<p>Todo pasa: \u00a1lo que no es eterno es nada!<\/p>\n<p>Resalta pues evidente, y en muchas otras p\u00e1ginas volveremos a hablar de ello, c\u00f3mo el m\u00e9todo de educaci\u00f3n elegido por D. Bosco era la bondad adaptada sabia y suavemente a la edad juvenil. \u00a1Pero oh cu\u00e1nto ser\u00eda deseable que tal sistema fuese introducido en todas las familias cristianas, en todos los institutos de educaci\u00f3n p\u00fablicos y privados, masculinos y femeninos! Cu\u00e1nto m\u00e1s f\u00e1cil se har\u00eda el ejercicio del bien a la juventud, cu\u00e1n pronta ser\u00eda la medicina al primer aparecer del mal, qu\u00e9 seguridad para los ni\u00f1os honestos e inocentes contra los malos ejemplos de los pervertidos. Entonces no se tardar\u00eda en tener una juventud m\u00e1s morigerada y p\u00eda; una juventud que ser\u00eda el consuelo de las familias y un v\u00e1lido sost\u00e9n para la sociedad civil. Y as\u00ed lo entendieron un gran n\u00famero de educadores de varias naciones y especialmente de Inglaterra. Aqu\u00ed muchos colegios, destinados a la juventud pobre y cat\u00f3lica, tomaron como modelo, despu\u00e9s de la muerte de D. Bosco, el Oratorio de Tur\u00edn y su reglamento: los fundadores estudiaron la vida de D. Bosco y su sistema pr\u00e1ctico de educaci\u00f3n, siguieron sus ejemplos con gran fruto para las vocaciones eclesi\u00e1sticas, y el retrato del hombre de Dios ocupa en esos institutos el puesto de honor y tambi\u00e9n en los seminarios.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n entre los protestantes D. Bosco tuvo imitadores. Don Giovenale Bonavia el 12 de junio de 1903 nos escrib\u00eda desde nuestra Casa de Londres. \u201cLe env\u00edo dos peri\u00f3dicos que contienen alguna observaci\u00f3n sobre D. Bosco; no son cat\u00f3licos, pero pertenecen al parecer a la secci\u00f3n anglicana llamada Alta Iglesia o sea ritualista o puse\u00edsta. El escritor, un tal Norman Potter, creo que es la misma persona de la cual hace meses uno de nuestros sacerdotes hizo conocimiento personal. \u00c9l se encuentra como Director de un Hospicio de j\u00f3venes no muy distante de nosotros y quien lo visit\u00f3 vio en la sala de recepci\u00f3n el retrato de D. Bosco con el lema: <em>Da mihi animas, caetera tolle<\/em>; Este se\u00f1or ha viajado por Italia, visitado algunas de nuestras casas y el Oratorio de Tur\u00edn. Imita a D. Bosco en cuanto puede.<\/p>\n<p>Tiene un capell\u00e1n (protestante) en su Instituto. Creo que lee tambi\u00e9n el Bolet\u00edn Salesiano.<\/p>\n<p>\u201c\u00c9l pues en los dos art\u00edculos susodichos da un apunte hist\u00f3rico de D. Bosco.<\/p>\n<p>\u201cEl primero <em>Goodurtl<\/em> (Buena voluntad), impreso en 1900 es el m\u00e1s breve con retrato. El segundo <em>Common wealth<\/em> (Bien p\u00fablico) fue impreso este a\u00f1o, es m\u00e1s extenso y da tambi\u00e9n un esbozo del sistema preventivo sacado del reglamento de nuestras casas. Donde se habla de la frecuente confesi\u00f3n y comuni\u00f3n y de la misa diaria, traduce la palabra <em>Misa<\/em> por <em>Eucharist<\/em> para evitar quiz\u00e1s la palabra <em>Mass<\/em> que es ofensiva para muchos incluso Anglicanos. Concluye los dos art\u00edculos haciendo votos para que el Se\u00f1or suscite aqu\u00ed en Inglaterra hombres con el esp\u00edritu de D. Bosco, de los cuales hay tanta necesidad\u201d.\u00bb<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Continuamos con la s\u00e9ptima y \u00faltima entrega sobre los textos principales del sistema preventivo de&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":54652,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"iawp_total_views":1,"footnotes":""},"categories":[187],"tags":[2566,1720,2558,1768,2198,1816],"class_list":["post-54848","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-don-bosco","tag-caridad","tag-carisma-salesiano","tag-dios","tag-don-bosco","tag-educacion","tag-jovenes"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/54848","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=54848"}],"version-history":[{"count":4,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/54848\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":54865,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/54848\/revisions\/54865"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/54652"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=54848"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=54848"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=54848"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}