{"id":54658,"date":"2026-09-05T08:38:47","date_gmt":"2026-09-05T08:38:47","guid":{"rendered":"https:\/\/www.donbosco.press\/?p=54658"},"modified":"2026-09-05T08:50:59","modified_gmt":"2026-09-05T08:50:59","slug":"el-sistema-preventivo-1-7-la-entrevista-con-el-ministro-del-interior-urbano-rattazzi","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/don-bosco\/el-sistema-preventivo-1-7-la-entrevista-con-el-ministro-del-interior-urbano-rattazzi\/","title":{"rendered":"El sistema preventivo (1\/7). La entrevista con el ministro del interior Urbano Rattazzi"},"content":{"rendered":"<p><strong><b>Introducci\u00f3n a la serie sobre los textos principales del sistema preventivo<\/b><\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong><b>Un m\u00e9todo sin tratado<\/b><\/strong><\/p>\n<p>Don Bosco nunca escribi\u00f3 un tratado de pedagog\u00eda. Es el punto de partida, y conviene dec\u00edrselo enseguida al lector, porque es la clave de lectura de toda la serie que aqu\u00ed se abre. El hombre que educ\u00f3 a miles de muchachos y entreg\u00f3 a la Iglesia una palabra nueva \u2013 <em><i>sistema preventivo<\/i><\/em> \u2013 no dej\u00f3 una obra org\u00e1nica sobre su propio m\u00e9todo, sino un pu\u00f1ado de p\u00e1ginas nacidas siempre de una ocasi\u00f3n: una pregunta hecha a quemarropa, la visita de un ministro, la inauguraci\u00f3n de una casa, la carta de un superior de seminario que quer\u00eda entender.<\/p>\n<p>De todos los textos que presentaremos, solo uno fue compuesto e impreso por \u00e9l como exposici\u00f3n deliberada de su m\u00e9todo: las pocas p\u00e1ginas de 1877. Todos los dem\u00e1s son conversaciones recogidas por testigos, cartas de oficio, p\u00e1ginas de presentaci\u00f3n, respuestas privadas. Es una pobreza solo aparente. Precisamente porque nacen cada uno de un interlocutor diferente \u2013 un ministro liberal, un maestro de primaria, los benefactores franceses, el Estado italiano, el p\u00fablico culto de Europa, un formador de curas \u2013 estos textos muestran el sistema preventivo mientras es traducido, cada vez, al idioma de quien escucha. Puestos en fila, no se repiten: se iluminan mutuamente.<\/p>\n<p>La serie que nos proponemos recoge siete de estas ocasiones, en orden cronol\u00f3gico. Cada entrega ofrecer\u00e1 el texto, precedido por una breve nota de contexto. Aqu\u00ed anticipamos el mapa de conjunto.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong><b>C\u00f3mo leer la serie<\/b><\/strong><\/p>\n<p>Siete textos, seis interlocutores diferentes, treinta y dos a\u00f1os. Un hombre de Estado, un maestro de pueblo, los benefactores franceses, un ministro del Reino, los lectores de Europa, un formador de seminaristas \u2013 y finalmente sus hijos. Cada vez el mismo n\u00facleo, cada vez un idioma nuevo.<\/p>\n<p>Quien lea la serie de principio a fin ver\u00e1 emerger tres cosas. La primera: el vocabulario del sistema preventivo es muy precoz, ya formado en 1854, y se mantiene extraordinariamente estable. La segunda: don Bosco nunca separa el m\u00e9todo de su condici\u00f3n de posibilidad, es decir, la presencia del educador en medio de los muchachos \u2013 quitada esa, la f\u00f3rmula se vac\u00eda. La tercera: cuanto m\u00e1s c\u00e9lebre se hace el m\u00e9todo, m\u00e1s desconf\u00eda su autor de las definiciones.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>No es, por tanto, una colecci\u00f3n de documentos para especialistas. Es el itinerario de una convicci\u00f3n que ha tenido que hacerse entender, de vez en cuando, por quienes no la compart\u00edan.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>***<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong><b>Ante un ministro: la entrevista con Urbano Rattazzi<\/b><\/strong><\/p>\n<p>Estamos en el Piamonte del <em><i>connubio<\/i><\/em>. Urbano Rattazzi es ministro del Interior en el gobierno de Cavour, y su nombre est\u00e1 a punto de vincularse a la ley de supresi\u00f3n de las corporaciones religiosas que ser\u00e1 aprobada en mayo de 1855. Es el a\u00f1o en que Tur\u00edn conocer\u00e1 el c\u00f3lera del verano, y en el que, el 26 de enero, el nombre de \u00absalesianos\u00bb ha sido pronunciado por primera vez en Valdocco. Un ministro anticlerical y un cura que recoge a chicos de la calle se encuentran cara a cara.<\/p>\n<p>La pregunta de Rattazzi es la de un hombre de gobierno: \u00bfc\u00f3mo se mantienen cientos de j\u00f3venes dif\u00edciles sin guardias, sin rejas, sin castigos? Es la pregunta de quien tiene sobre sus hombros las c\u00e1rceles y los reformatorios \u2013 la Generala ante todo. La respuesta de don Bosco introduce, con m\u00e1s de veinte a\u00f1os de antelaci\u00f3n sobre el op\u00fasculo de 1877, la distinci\u00f3n entre el sistema <em><i>represivo<\/i><\/em>, propio de la autoridad civil, y el sistema <em><i>preventivo<\/i><\/em>, propio del educador. E introduce el punto que al ministro le resulta m\u00e1s inc\u00f3modo: la palanca decisiva es la religi\u00f3n, y el Estado no puede usar esa palanca.<\/p>\n<p>Es el texto de apertura ideal, porque muestra el sistema preventivo en su lugar nativo: no el aula, sino la confrontaci\u00f3n con el poder p\u00fablico sobre la cuesti\u00f3n juvenil.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong><b>1\/7. La entrevista de don Bosco sobre el sistema preventivo con el ministro del interior Urbano Rattazzi<\/b><\/strong><\/p>\n<p>(abril de 1854, MB V, 51-56)<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u00ab\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 A este gracioso exordio le sigui\u00f3 un serio discurso de casi una hora; y Rattazzi con una sarta de preguntas a D. Bosco se hizo decir con pelos y se\u00f1ales el origen, el prop\u00f3sito, el progreso, el fruto de la instituci\u00f3n del Oratorio y del Hospicio unido. Entre sus diversas interrogaciones, una fue en torno al medio empleado por D. Bosco para conservar el orden entre tantos j\u00f3venes, que aflu\u00edan al Oratorio.<\/p>\n<p>&#8211; \u00bfNo tiene V. S. a sus \u00f3rdenes, pregunt\u00f3 el Ministro, al menos dos o tres guardias c\u00edvicos de uniforme o de paisano?<\/p>\n<p>&#8211; No me hacen ninguna falta, Excelencia.<\/p>\n<p>&#8211; \u00bfPosible? Pero estos j\u00f3venes suyos no son en absoluto diferentes a los j\u00f3venes de todo el mundo; ser\u00e1n tambi\u00e9n ellos por lo menos desenfrenados, pendencieros, rijosos. \u00bfQu\u00e9 reprensiones, qu\u00e9 castigos usa entonces para frenarlos y para impedir alborotos?<\/p>\n<p>&#8211; La mayor parte de estos j\u00f3venes son verdaderamente espabilados de la cuarta, como se dice; no obstante, para impedir des\u00f3rdenes aqu\u00ed no se emplean ni violencias, ni castigos de ning\u00fan tipo.<\/p>\n<p>&#8211; Esto me parece un misterio; tenga la bondad de explicarme el arcano.<\/p>\n<p>&#8211; Vuestra Excelencia no ignora que hay dos sistemas de educaci\u00f3n; uno es llamado sistema represivo, el otro es llamado sistema preventivo. El primero se propone educar al hombre con la fuerza, reprimi\u00e9ndolo y castig\u00e1ndolo, cuando ha violado la ley, cuando ha cometido el delito; el segundo busca educarlo con la dulzura, y por ello le ayuda suavemente a observar la misma ley, y le suministra los medios m\u00e1s adecuados y eficaces para el caso; y es este precisamente el sistema en vigor entre nosotros.<\/p>\n<p>Ante todo aqu\u00ed se procura infundir en el coraz\u00f3n de los jovencitos el santo temor de Dios; se les inspira amor a la virtud y horror al vicio, con la ense\u00f1anza del catecismo y con apropiadas instrucciones morales; se les encamina y se les sostiene en la v\u00eda del bien con oportunos y ben\u00e9volos avisos, y especialmente con las pr\u00e1cticas de piedad y de religi\u00f3n. Adem\u00e1s de esto se les rodea, en la medida de lo posible, de una amorosa asistencia en el recreo, en la escuela, en el trabajo; se les anima con palabras de benevolencia, y en cuanto muestran olvidar sus propios deberes, se les recuerda de buen modo y se les llama a sanos consejos.<\/p>\n<p>En una palabra se usan todas las industrias, que sugiere la caridad cristiana, para que hagan el bien y huyan del mal, por principio de una conciencia iluminada y sostenida por la Religi\u00f3n.<\/p>\n<p>&#8211; Certo, es este el m\u00e9todo m\u00e1s adecuado para educar a criaturas razonables; pero \u00bfresulta eficaz para todos?<\/p>\n<p>&#8211; Para noventa de cada cien este sistema resulta de un efecto consolador; sobre los otros diez ejerce sin embargo un influjo tan ben\u00e9fico, como para hacerlos menos obstinados y menos peligrosos; por lo que rara vez me ocurre tener que echar a un joven por indomable e incorregible. Tanto en este Oratorio, como en los de Porta Nuova y de Vanchiglia, se presentan o son a veces conducidos j\u00f3venes, que o por mala \u00edndole, o por indocilidad, o tambi\u00e9n por malicia fueron ya la desesperaci\u00f3n de sus parientes y de sus patronos, y al cabo de pocas semanas ya no parecen los mismos; de lobos, por as\u00ed decirlo, se transforman en corderos.<\/p>\n<p>&#8211; L\u00e1stima que el Gobierno no est\u00e9 en condiciones de adoptar semejante m\u00e9todo en sus Establecimientos penitenciarios, donde para desterrar des\u00f3rdenes hacen falta cientos de guardias, y los reclusos se vuelven cada d\u00eda peores.<\/p>\n<p>&#8211; \u00bfY qu\u00e9 impide al Gobierno seguir este sistema en sus Institutos penales? Que se introduzca all\u00ed la Religi\u00f3n; que se establezca el tiempo oportuno para la ense\u00f1anza religiosa y para las pr\u00e1cticas de piedad; que quien preside les d\u00e9 la importancia que se merecen; que se deje entrar a menudo al Ministro de Dios, y se le permita entretenerse libremente con esos infelices, y hacerles o\u00edr una palabra de amor y de paz, y entonces el m\u00e9todo preventivo estar\u00e1 ya adoptado. Despu\u00e9s de alg\u00fan tiempo los guardias no tendr\u00e1n ya nada o muy poco que hacer; pero el Gobierno tendr\u00e1 el orgullo de devolver a las familias y a la sociedad a tantos miembros morales y \u00fatiles. De lo contrario gastar\u00e1 el dinero, a fin de corregir o castigar por un tiempo m\u00e1s o menos largo a un gran n\u00famero de d\u00edscolos y culpables, y cuando los haya puesto en libertad, deber\u00e1 seguir vigil\u00e1ndolos, para precaverse contra ellos, porque estar\u00e1n listos para hacer cosas peores.<\/p>\n<p>De este tenor D. Bosco sigui\u00f3 adelante por un buen rato; y como desde 1841 \u00e9l conoc\u00eda el estado de los prisioneros j\u00f3venes y adultos, porque hac\u00eda a esos infelices frecuentes visitas, as\u00ed pudo hacer notar al Ministro del Interior la eficacia de la Religi\u00f3n en su rehabilitaci\u00f3n moral. &#8211; Al ver al Sacerdote de Dios, a\u00f1adi\u00f3, al o\u00edr la palabra de consuelo, el recluso recuerda los a\u00f1os felices, en los que asist\u00eda al catecismo, recuerda los avisos del P\u00e1rroco o del Maestro, reconoce que si ha ca\u00eddo en ese lugar de castigo es, o porque dej\u00f3 de frecuentar la Iglesia, o porque no puso en pr\u00e1ctica las ense\u00f1anzas que all\u00ed recibi\u00f3; por lo que trayendo a la mente estos queridos recuerdos, siente la mayor\u00eda de las veces conmoverse su coraz\u00f3n, una l\u00e1grima asoma a sus ojos, se arrepiente, sufre con resignaci\u00f3n, resuelve mejorar su conducta, y, cumplida su condena, reingresa en la sociedad dispuesto a resarcirla de los esc\u00e1ndalos dados. Si en cambio se le quita el amable aspecto de la Religi\u00f3n y la dulzura de sus m\u00e1ximas y de sus pr\u00e1cticas; si se le priva de las conversaciones y de los consejos de un amigo del alma, \u00bfqu\u00e9 ser\u00e1 del infeliz en ese odiado recinto? Nunca invitado por una voz amorosa a elevar el esp\u00edritu m\u00e1s all\u00e1 de la tierra; nunca animado a reflexionar que pecando ha ofendido no solo a las leyes del Estado, sino a Dios, Legislador Supremo; nunca incitado a pedirle perd\u00f3n, ni confortado a sufrir su pena temporal en lugar de la eterna, que le quiere condonar, \u00e9l en su m\u00edsera condici\u00f3n no ver\u00e1 otra cosa que el mal cariz de una fortuna adversa; por tanto en vez de ba\u00f1ar sus cadenas con l\u00e1grimas de arrepentimiento, las morder\u00e1 de mal disimulada rabia; en vez de proponerse enmienda de vida, se obstinar\u00e1 en su mal; de sus compa\u00f1eros de castigo aprender\u00e1 nuevas malicias, y con ellos combinar\u00e1 el modo de delinquir un d\u00eda m\u00e1s cautelosamente, para no recaer en manos de la justicia, pero de ninguna manera de mejorar y hacerse buen ciudadano.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>D. Bosco, aprovechando la favorable ocasi\u00f3n, se\u00f1al\u00f3 al Ministro la utilidad del sistema preventivo, sobre todo en las escuelas p\u00fablicas y en las casas de educaci\u00f3n, donde se han de cultivar \u00e1nimos a\u00fan v\u00edrgenes de delitos; \u00e1nimos que se pliegan d\u00f3cilmente a la voz de la persuasi\u00f3n y del amor. &#8211; S\u00e9 bien, concluy\u00f3 D. Bosco, que promover este sistema no es tarea devuelta al ministerio de Vuestra Excelencia; pero una reflexi\u00f3n suya, pero una palabra suya tendr\u00e1 siempre un gran peso en las deliberaciones del Ministro de instrucci\u00f3n p\u00fablica.<\/p>\n<p>El se\u00f1or Rattazzi escuch\u00f3 con vivo inter\u00e9s estas y otras observaciones de D. Bosco; se convenci\u00f3 plenamente de la bondad del sistema en uso en los Oratorios, y prometi\u00f3 que por su parte lo habr\u00eda hecho preferir a cualquier otro en los Institutos gubernamentales. Si luego no mantuvo siempre su palabra, la causa es que tambi\u00e9n a Rattazzi le faltaba el valor de manifestar y defender sus propias convicciones religiosas.<\/p>\n<p>Terminada as\u00ed la conversaci\u00f3n, \u00e9l se fue tan bien impresionado, que desde aquel d\u00eda se convirti\u00f3 en abogado, y protector de D. Bosco. Fue este un rasgo de especial Providencia, puesto que haci\u00e9ndose a\u00f1o tras a\u00f1o m\u00e1s dif\u00edciles las condiciones de los tiempos, y habiendo tenido Rattazzi muy a menudo las manos en el Gobierno, y habiendo permanecido siempre hombre influyente, el Oratorio tuvo en \u00e9l tal apoyo, sin el cual habr\u00eda quiz\u00e1s resentido fort\u00edsimas sacudidas, y tambi\u00e9n sufrido grav\u00edsimos da\u00f1os.\u00bb<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Introducci\u00f3n a la serie sobre los textos principales del sistema preventivo &nbsp; Un m\u00e9todo sin&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":54652,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"iawp_total_views":2,"footnotes":""},"categories":[187],"tags":[2566,1720,2558,1768,2198,1816],"class_list":["post-54658","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-don-bosco","tag-caridad","tag-carisma-salesiano","tag-dios","tag-don-bosco","tag-educacion","tag-jovenes"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/54658","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=54658"}],"version-history":[{"count":3,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/54658\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":54667,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/54658\/revisions\/54667"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/54652"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=54658"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=54658"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=54658"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}