{"id":54637,"date":"2026-09-04T06:33:22","date_gmt":"2026-09-04T06:33:22","guid":{"rendered":"https:\/\/www.donbosco.press\/?p=54637"},"modified":"2026-09-04T06:33:42","modified_gmt":"2026-09-04T06:33:42","slug":"conozcamos-a-don-bosco-16-giovanni-cagliero","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/don-bosco\/conozcamos-a-don-bosco-16-giovanni-cagliero\/","title":{"rendered":"Conozcamos a Don Bosco (16). Giovanni Cagliero"},"content":{"rendered":"<p><em><i>La historia de Giovanni Cagliero comienza en 1851, cuando, siendo todav\u00eda un muchacho, le pide a Don Bosco que le deje seguirle a Tur\u00edn. <\/i><\/em><em><i>Acogido en el Oratorio, crece en un ambiente pobre pero vivido como una familia y pronto se convierte en uno de los primeros y m\u00e1s fieles colaboradores del Santo, participando en el nacimiento de la Sociedad Salesiana. Su temperamento exuberante, su gran capacidad de comunicaci\u00f3n y su notable talento musical lo convierten en una figura carism\u00e1tica entre los j\u00f3venes. Durante la epidemia de c\u00f3lera, experimenta una curaci\u00f3n inesperada que marca profundamente su camino. En 1875, Don Bosco lo elige jefe de la primera expedici\u00f3n misionera a Am\u00e9rica. Su labor en Sudam\u00e9rica lo lleva al episcopado y luego al cardenalato. Muere en 1926, \u00faltimo testigo directo de las primeras haza\u00f1as misioneras salesianas.<\/i><\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em><i>Porque era feliz con la felicidad de los dem\u00e1s.<\/i><\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>1 de noviembre de 1851. Don Bosco lleg\u00f3 a su pueblo, Castelnuovo d\u2019Asti, para la predicaci\u00f3n solemne.<\/p>\n<p>Entre los monaguillos hab\u00eda un chiquillo que se qued\u00f3 mir\u00e1ndolo embelesado durante todo el serm\u00f3n. Al volver a la sacrist\u00eda, Don Bosco vio que el monaguillo segu\u00eda mir\u00e1ndolo en silencio. Lo llam\u00f3: \u00ab\u00bfQuieres decirme algo?\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abS\u00ed, se\u00f1or. Quiero ir a Tur\u00edn con usted para estudiar y hacerme sacerdote\u00bb. \u00abBien. Entonces, dile a tu madre que venga despu\u00e9s de cenar a la casa del p\u00e1rroco\u00bb. Aquel muchacho se llamaba Giovanni Cagliero y era hu\u00e9rfano de padre. La madre lleg\u00f3 con Giovanni despu\u00e9s de cenar: \u00abAs\u00ed que \u2014brome\u00f3 Don Bosco\u2014, \u00bfes verdad, Teresa, que quieres venderme a tu hijo?\u00bb.<\/p>\n<p>\u00ab\u00a1Ah, no!\u00bb, respondi\u00f3 riendo la mujer. \u00abAqu\u00ed en el pueblo vendemos los terneros. A los ni\u00f1os se los regala\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abMejor todav\u00eda. Prep\u00e1rale un poco de ropa blanca y ma\u00f1ana me lo llevo conmigo\u00bb.<\/p>\n<p>Al d\u00eda siguiente, al alba, Giovanni Cagliero ayud\u00f3 a Don Bosco en la misa, desayun\u00f3 con \u00e9l, bes\u00f3 a su madre y, con su hatillo bajo el brazo, dijo impaciente: \u00abEntonces, Don Bosco, \u00bfnos vamos?\u00bb.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong><b>\u00abA dormir en el cesto de los grisines\u00bb<\/b><\/strong><\/p>\n<p>Hicieron el largo camino a pie. Giovanni pr\u00e1cticamente lo hizo dos veces, porque mientras hablaba con Don Bosco corr\u00eda hacia adelante, persegu\u00eda a los gorriones por los prados, saltaba las zanjas. Recordar\u00e1: \u00abDon Bosco, durante aquel viaje, me hizo mil preguntas y yo le di mil respuestas. Desde ese momento, nunca m\u00e1s tuve secretos con \u00e9l. Al o\u00edr mis travesuras, bromeando me dec\u00eda que ahora tendr\u00eda que volverme m\u00e1s bueno. Finalmente, llegamos a Tur\u00edn.<\/p>\n<p>Era la noche del 2 de noviembre y est\u00e1bamos cansados. Don Bosco me present\u00f3 a mam\u00e1 Margarita diciendo: \u201cMam\u00e1, te he tra\u00eddo un muchachito de Castelnuovo\u201d. Margarita respondi\u00f3: \u201c\u00a1Claro! T\u00fa no haces m\u00e1s que buscar chicos y yo ya no s\u00e9 d\u00f3nde meterlos\u201d.<\/p>\n<p>\u201cEste es tan peque\u00f1o que lo pondremos a dormir en el cesto de los grisines. Con una cuerda lo subiremos, bajo la viga, como una jaula de canarios\u201d.<\/p>\n<p>Mam\u00e1 Margarita se ech\u00f3 a re\u00edr y me busc\u00f3 un sitio. Realmente no hab\u00eda ni un rinc\u00f3n libre, y aquella noche tuve que dormir a los pies de la cama de un compa\u00f1ero. Al d\u00eda siguiente vi cu\u00e1nta pobreza hab\u00eda en aquella casa. Nuestros dormitorios, en la planta baja, eran estrechos y ten\u00edan por suelo un empedrado de calle. En la cocina hab\u00eda pocos cuencos de esta\u00f1o con sus respectivas cucharas. Tenedores, cuchillos y servilletas los vimos muchos a\u00f1os despu\u00e9s. El refectorio era un cobertizo. Don Bosco nos serv\u00eda en la comida, nos ayudaba a mantener en orden el dormitorio, limpiaba y remendaba nuestra ropa, y hac\u00eda todos los servicios m\u00e1s humildes.<\/p>\n<p>Hac\u00edamos vida en com\u00fan en todo. M\u00e1s que en un colegio, nos sent\u00edamos en una familia, bajo la direcci\u00f3n de un padre que nos quer\u00eda y que solo se preocupaba por nuestro bien espiritual y material\u00bb.<\/p>\n<p>Giovanni Cagliero demostr\u00f3 desde los primeros d\u00edas un ingenio vivaz y un humor alegre. Ten\u00eda unas ganas de jugar que se desbordaban. Miguel R\u00faa segu\u00eda viviendo con su madre, pero por la ma\u00f1ana se pon\u00eda al frente del peque\u00f1o grupo de estudiantes y juntos iban a la escuela. Por encargo de Don Bosco, R\u00faa deb\u00eda hacer de \u00abasistente\u00bb, cuidando que nadie hiciera novillos. Rara vez consigui\u00f3 Miguel \u00abponerle las riendas\u00bb a Cagliero. Apenas sal\u00eda del oratorio, Giovanni cambiaba de camino, corr\u00eda hasta Porta Palazzo y se quedaba embelesado delante de los charlatanes, de las barracas de feria. Luego, siempre corriendo, a la escuela. Cuando los dem\u00e1s llegaban, \u00e9l ya estaba en la puerta, sudado pero feliz.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u00ab<strong><b>Nos llamaremos salesianos\u00bb<\/b><\/strong><\/p>\n<p>26 de enero de 1854. Don Bosco pronunci\u00f3 un extra\u00f1o discurso a cuatro de sus j\u00f3venes: \u00abVeis que Don Bosco hace lo que puede, pero est\u00e1 solo. Si vosotros me ech\u00e1is una mano, en cambio, juntos haremos milagros de bien. Miles de ni\u00f1os pobres nos esperan. Os prometo que la Virgen nos enviar\u00e1 oratorios vastos y espaciosos, iglesias, casas, escuelas, talleres y muchos sacerdotes dispuestos a ayudarnos. Y esto en Italia, en Europa y tambi\u00e9n en Am\u00e9rica. Yo, entre vosotros, ya veo una mitra episcopal&#8230;\u00bb.<\/p>\n<p>Los cuatro jovencitos se miraron a la cara, at\u00f3nitos. Sin embargo, Don Bosco no bromeaba, estaba serio y parec\u00eda leer el futuro: \u00abLa Virgen quiere que iniciemos una sociedad. He pensado mucho qu\u00e9 nombre darle. He decidido que nos llamaremos Salesianos\u00bb.<\/p>\n<p>Entre aquellos cuatro jovencitos estaban las piedras angulares de la Congregaci\u00f3n Salesiana.<\/p>\n<p>En julio, una epidemia de c\u00f3lera comenz\u00f3 a cobrarse v\u00edctimas en Tur\u00edn. Don Bosco corri\u00f3 a socorrer a los contagiados y se llev\u00f3 consigo a los chicos mayores. Giovanni Cagliero era uno de ellos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong><b>Los gigantes de color cobre<\/b><\/strong><\/p>\n<p>Giovanni Cagliero, de 16 a\u00f1os, una tarde a finales de agosto, al volver a casa del lazareto se sinti\u00f3 mal. Dos m\u00e9dicos, llamados a consulta, declararon que el caso era desesperado. Un golpe dur\u00edsimo para Don Bosco. Pero cuando lleg\u00f3 para darle la \u00faltima Comuni\u00f3n, Don Bosco se detuvo como si viera algo que los dem\u00e1s no pod\u00edan ver. Luego avanz\u00f3 hacia la cama del enfermo, pero estaba alegre y sonre\u00eda. Giovanni murmur\u00f3: \u00ab\u00bfEs mi \u00faltima confesi\u00f3n? \u00bfDe verdad tengo que morir?\u00bb. Don Bosco respondi\u00f3 con voz segura: \u00ab\u00a1Qu\u00e9 va! All\u00e1 arriba todav\u00eda no te quieren. Tienes que hacer muchas otras cosas: te curar\u00e1s, te har\u00e1s sacerdote&#8230; y luego&#8230; y luego, con tu breviario bajo el brazo, te ir\u00e1s lejos, muy lejos\u00bb.<\/p>\n<p>Al d\u00eda siguiente, Cagliero estaba curado.<\/p>\n<p>Todos quer\u00edan saber qu\u00e9 hab\u00eda \u00abvisto\u00bb Don Bosco al entrar en la habitaci\u00f3n. La respuesta la dio el propio Don Bosco, m\u00e1s tarde: \u00abMe pareci\u00f3 que las paredes de la habitaci\u00f3n se abr\u00edan y se extend\u00edan hacia horizontes lejanos y misteriosos. Alrededor de la cama apareci\u00f3 una multitud de salvajes de estatura gigantesca. Dos de aquellos gigantes, de rostro fiero y triste, se inclinaron sobre el enfermo y, temblorosos, se pusieron a susurrar: \u201cSi \u00e9l muere, \u00bfqui\u00e9n vendr\u00e1 en nuestro auxilio?\u201d\u00bb.<\/p>\n<p>El momento decisivo fue la noche del 9 de diciembre. Don Bosco reuni\u00f3 a sus jovenc\u00edsimos \u201csalesianos\u201d y les pregunt\u00f3 si quer\u00edan constituir una Congregaci\u00f3n religiosa propiamente dicha, con votos de pobreza, castidad y obediencia. Se oy\u00f3 un murmullo: \u00a1Don Bosco quiere hacernos frailes! Cagliero med\u00eda el patio a grandes zancadas, presa de sentimientos contradictorios. Luego dio un gran pu\u00f1etazo en la pared diciendo: \u00abFraile o no fraile, yo me quedo con Don Bosco\u00bb.<\/p>\n<p>Don Cagliero pronunci\u00f3 los votos trienales el 14 de mayo de 1862 y los perpetuos, ya sacerdote, el 15 de noviembre de 1865.<\/p>\n<p>Era el \u00eddolo de los j\u00f3venes. De temperamento exuberante, todo impulsos, sent\u00eda y comunicaba a los dem\u00e1s la alegr\u00eda de vivir con Don Bosco: trabajar, correr, entregarse. A menudo, los chicos, despu\u00e9s de las buenas noches de Don Bosco, se acercaban a don Cagliero y lo saludaban con espont\u00e1neo afecto.<\/p>\n<p>Mientras tanto, Giovanni Cagliero perfeccionaba sus dotes musicales. Funciones de iglesia, academias, banda, lo convirtieron en un precoz y genial compositor. Dos de sus obras, El hijo del exiliado y El deshollinador, fueron elogiadas por Giuseppe Verdi por su m\u00fasica bella y conmovedora. Llegaron incluso a la Corte y fueron cantadas por la futura reina Margarita. La \u201cMisa de r\u00e9quiem a tres voces\u201d fue considerada una \u201cjoya de fe y armon\u00eda\u201d. Su maestro Cerutti la hizo interpretar en la Casa Real en el funeral de Carlos Alberto.<\/p>\n<p>Era volc\u00e1nico tambi\u00e9n en esto: el 9 de junio de 1868, la Misa para la consagraci\u00f3n de la iglesia de Mar\u00eda Auxiliadora fue cantada por tres coros: uno a dos voces de ni\u00f1os dispuestos en la cornisa de la c\u00fapula, y dos coros a tres voces masculinas bajo la c\u00fapula y en la cantor\u00eda.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong><b>Al frente de la primera expedici\u00f3n misionera<\/b><\/strong><\/p>\n<p>El nombre de Don Bosco hab\u00eda cruzado el oc\u00e9ano y comenzaba a ser bastante conocido en Argentina, donde hab\u00eda muchos emigrantes italianos.<\/p>\n<p>En el mes de marzo de 1875, Don Bosco, un d\u00eda, tras una pausa pensativa y silenciosa, le dijo a Giovanni Cagliero, que estaba a su lado: \u00abQuisiera enviar a algunos de nuestros primeros sacerdotes para que acompa\u00f1en a los Misioneros a Am\u00e9rica y se queden con ellos unos tres meses, hasta que est\u00e9n bien adaptados. Abandonarlos solos de inmediato, sin un apoyo, un consejero con el que tengan confianza, me parece algo un poco duro. No me da el coraz\u00f3n para pensarlo\u00bb.<\/p>\n<p>Giovanni Cagliero lo conoc\u00eda demasiado bien como para no entender el significado oculto de aquellas palabras y dijo: \u00abSi Don Bosco no encontrara a nadie m\u00e1s y me creyera capaz de hacerlo, yo estoy dispuesto\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abEst\u00e1 bien\u00bb, concluy\u00f3 el Santo.<\/p>\n<p>Unos meses despu\u00e9s, de repente, con acento paternal y diplom\u00e1tico, Don Bosco le pregunt\u00f3 a don Cagliero: \u00abEn cuanto a ir a Am\u00e9rica, \u00bfsigues pensando lo mismo? \u00bfLo dijiste, quiz\u00e1s, de broma que ir\u00edas?\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abUsted sabe bien que con Don Bosco nunca bromeo\u00bb. \u00abEst\u00e1 bien. Prep\u00e1rate. Es la hora\u00bb. El once de noviembre, Don Bosco acompa\u00f1\u00f3 a los misioneros hasta G\u00e9nova. Estaba profundamente conmovido.<\/p>\n<p>Alegre y din\u00e1mico, jefe de la pr\u00f3xima expedici\u00f3n de los 10 Salesianos con destino a Argentina, don Cagliero, con su actividad, alegr\u00eda y bondad, no se limit\u00f3 a \u201cacompa\u00f1ar\u201d a los que part\u00edan. Inteligente, con autoridad y de fecundas iniciativas, se gan\u00f3 r\u00e1pidamente la estima y la benevolencia de todos.<\/p>\n<p>Ampli\u00f3 enseguida el plan de acci\u00f3n, iniciando en la capital una escuela profesional y una obra en el barrio de mala fama de \u201cLa Boca\u201d e ideando un colegio en Montevideo. Su tarea deb\u00eda ser la de instalar a los hermanos, qued\u00e1ndose en Buenos Aires tres meses o poco m\u00e1s, pero se vio obligado a posponer su partida durante dos a\u00f1os.<\/p>\n<p><strong><b>C\u00e1nticos de gloria en el Oratorio de Don Bosco en Tur\u00edn<\/b><\/strong><\/p>\n<p>Siete de diciembre de 1884. El hermoso templo de Mar\u00eda Auxiliadora resuena con cantos lit\u00fargicos. Con el sagrado y solemne rito, el cardenal arzobispo Gaetano Alimonda consagra obispo titular de Magida a don Giovanni Cagliero.<\/p>\n<p>Dos detalles. Al t\u00e9rmino de la imponente ceremonia, el joven obispo se separ\u00f3 del cortejo y se dirigi\u00f3 hacia su madre. La ancianita (80 a\u00f1os) se le acerc\u00f3 sostenida por un hijo y un nieto. Monse\u00f1or Cagliero estrech\u00f3 contra su pecho la cabeza canosa y, entre la emoci\u00f3n de los presentes, la acompa\u00f1\u00f3 con delicadeza para que se sentara. Hacia la sacrist\u00eda, mezclado entre la multitud, lo esperaba Don Bosco con el bonete en la mano. El obispo corri\u00f3 y lo estrech\u00f3 en un vigoroso abrazo. Hab\u00eda mantenido oculta la mano con el anillo episcopal entre los pliegues del h\u00e1bito. El primer beso le correspond\u00eda por derecho a \u00absu\u00bb Don Bosco.<\/p>\n<p>Monse\u00f1or Cagliero fue recibido el 22 de diciembre en audiencia particular por el Papa, quien le dijo: \u00abId y cristianizadme la Patagonia; plantad las tiendas en aquellas lejanas Rep\u00fablicas de Am\u00e9rica del Sur\u00bb. Para el en\u00e9rgico y apasionado obispo salesiano era una orden. Recorri\u00f3 a caballo y en carretas destartaladas su inmensa di\u00f3cesis, desafiando r\u00edos crecidos, inundaciones y arriesgados precipicios andinos para estar presente incluso en los pueblos m\u00e1s inaccesibles e inh\u00f3spitos.<\/p>\n<p>Regres\u00f3 a Italia en 1904, form\u00f3 parte con gran \u00e9xito de la diplomacia pontificia y el 21 de julio de 1915, el papa Benedicto XV lo nombr\u00f3 cardenal.<\/p>\n<p>Hab\u00eda una sede episcopal a la que nadie aspiraba, Frascati. El cardenal Cagliero se ofreci\u00f3 de inmediato: \u00abSoy viejo (ten\u00eda casi 83 a\u00f1os), pero si se trata de trabajar por la Iglesia, no me niego\u00bb.<\/p>\n<p>La di\u00f3cesis, aunque peque\u00f1a, estaba desastrosa. Un d\u00eda, habiendo invitado a su apartamento a un Cardenal extranjero, le ofreci\u00f3 de beber un poco de vino de Frascati. Aquel Cardenal lo encontr\u00f3 muy bueno y tom\u00f3 un segundo vaso, diciendo: \u00ab\u00a1Bueno! \u00a1Bueno!\u00bb. El Cardenal, con su humor, concluy\u00f3: \u00ab\u00a1Es mi mejor diocesano!\u00bb. Con su feroz dinamismo, lo puso casi todo en orden.<\/p>\n<p>En 1925 se celebr\u00f3 el primer cincuentenario de la Primera Expedici\u00f3n misionera. El cardenal Cagliero era el \u00faltimo superviviente de aquel valiente pu\u00f1ado de pioneros. En Tur\u00edn bendijo los Crucifijos a 172 Salesianos y 52 Hijas de Mar\u00eda Auxiliadora que part\u00edan a las misiones.<\/p>\n<p>Al a\u00f1o siguiente, el 28 de febrero, cerraba serenamente su larga, ben\u00e9fica y laboriosa jornada.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La historia de Giovanni Cagliero comienza en 1851, cuando, siendo todav\u00eda un muchacho, le pide&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":54632,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"iawp_total_views":3,"footnotes":""},"categories":[187],"tags":[1720,1768,1960,2032],"class_list":["post-54637","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-don-bosco","tag-carisma-salesiano","tag-don-bosco","tag-salesianos","tag-vida"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/54637","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/5"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=54637"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/54637\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":54638,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/54637\/revisions\/54638"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/54632"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=54637"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=54637"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=54637"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}