{"id":54414,"date":"2026-08-17T17:02:31","date_gmt":"2026-08-17T17:02:31","guid":{"rendered":"https:\/\/www.donbosco.press\/?p=54414"},"modified":"2026-08-17T17:02:50","modified_gmt":"2026-08-17T17:02:50","slug":"don-bosco-en-la-basilica-de-san-pedro-en-el-vaticano","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/don-bosco\/don-bosco-en-la-basilica-de-san-pedro-en-el-vaticano\/","title":{"rendered":"Don Bosco en la Bas\u00edlica de San Pedro en el Vaticano"},"content":{"rendered":"<p><em><i>El 31 de enero de 1936 la Bas\u00edlica Vaticana acogi\u00f3 el monumento a san Juan Bosco. Una marea de j\u00f3venes llen\u00f3 ese d\u00eda las naves. En 2026 se cumplen noventa a\u00f1os de un acontecimiento que dej\u00f3 al mundo una imagen potente: el padre de los j\u00f3venes que, desde el punto m\u00e1s visible de la Bas\u00edlica, muestra a dos muchachos la tumba de Pedro. Un gesto esculpido en el m\u00e1rmol que sigue hablando.<\/i><\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El visitante que hoy atraviesa la nave central de San Pedro y levanta los ojos hacia la derecha, poco antes de llegar al altar de la Confesi\u00f3n, se encuentra observado por una figura que cualquier salesiano reconocer\u00eda con los ojos cerrados. Es Don Bosco. No est\u00e1 solo: tiene junto a s\u00ed a dos muchachos, y su brazo derecho est\u00e1 tendido hacia el centro de la Bas\u00edlica, hacia el sepulcro del Ap\u00f3stol san Pedro. Ese brazo lleva ah\u00ed exactamente noventa a\u00f1os, y nunca ha dejado de se\u00f1alar.<\/p>\n<p>Vale la pena volver a aquella ma\u00f1ana de invierno de 1936 \u2013era el cuadrag\u00e9simo octavo aniversario de la muerte del Santo\u2013 cuando el gran grupo escult\u00f3rico de m\u00e1rmol fue desvelado y bendecido.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong><b>Veinte mil corazones bajo la c\u00fapula<\/b><\/strong><\/p>\n<p>Sobre el papel se trataba de un rito breve y sobrio: una bendici\u00f3n. En la pr\u00e1ctica, la Bas\u00edlica vivi\u00f3 una de sus jornadas memorables. Quienes estuvieron all\u00ed compararon aquella atm\u00f3sfera con la Pascua de 1934, el d\u00eda en que P\u00edo XI hab\u00eda inscrito a Don Bosco en el cat\u00e1logo de los santos: el mismo entusiasmo, la misma marea humana, el mismo clima de fiesta.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Los presentes superaban las veinte mil personas. La mitad eran j\u00f3venes: diez mil estudiantes de los institutos romanos, ordenados en cinco largas filas a lo largo de la nave mayor, que hab\u00edan venido a honrar a aquel que hab\u00eda hecho de la educaci\u00f3n su vida. A su alrededor, bajo los arcos laterales, se apretujaban los alumnos de las casas salesianas de Roma y de los Castelli, junto a antiguos alumnos, cooperadores, Hijas de Mar\u00eda Auxiliadora; las naves menores rebosaban de peregrinos y de simples devotos que acudieron sin invitaci\u00f3n, por afecto.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>No faltaba nadie tampoco entre las autoridades. En primera fila se sentaban el cardenal Carlo Salotti, que hab\u00eda dedicado a\u00f1os de trabajo a la causa de Don Bosco, el Nuncio en Italia monse\u00f1or Borgoncini Duca, numerosos obispos, el Gobernador de la Ciudad del Vaticano y los familiares del Papa. Llamaba la atenci\u00f3n sobre todo la larga fila de diplom\u00e1ticos acreditados ante la Santa Sede: Italia, Argentina, Per\u00fa, Brasil, B\u00e9lgica, Hungr\u00eda, Venezuela, Nicaragua y otras naciones m\u00e1s. Como si el mundo entero hubiera enviado a sus delegados para testimoniar que la obra de aquel cura piamont\u00e9s ya no pertenec\u00eda a un solo pa\u00eds. En medio de todos, visiblemente emocionado y buscado por todas partes, el escultor: Pietro Canonica, uno de los nombres m\u00e1s ilustres del arte italiano de la \u00e9poca.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>A las doce y media entr\u00f3 el cardenal Eugenio Pacelli \u2013Secretario de Estado, Arcipreste de la Bas\u00edlica y Protector de la Sociedad Salesiana; tres a\u00f1os m\u00e1s tarde se convertir\u00eda en P\u00edo XII. Los coros de los cuatro institutos salesianos de Roma, casi doscientas voces dirigidas por don Raffaele Antolisei, llenaron de m\u00fasica la Bas\u00edlica. Luego el momento esperado: los \u00absampietrini\u00bb dejaron caer al suelo la gran tela que ocultaba la hornacina. Cuando el m\u00e1rmol blanco emergi\u00f3 a la luz, un clamor se elev\u00f3 desde las naves y no quiso apagarse: durante largos minutos veinte mil voces aclamaron a su Santo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong><b>La palabra de la Familia Salesiana<\/b><\/strong><\/p>\n<p>Cuando finalmente volvi\u00f3 el silencio, se adelant\u00f3 el Procurador General don Francesco Tomasetti. El Rector Mayor don Pietro Ricaldone no hab\u00eda podido asistir, y le toc\u00f3 a \u00e9l dar voz a toda la Familia Salesiana. Su discurso merece ser rele\u00eddo \u00edntegramente, porque encierra \u2013mejor que cualquier comentario posterior\u2013 el sentido de aquella jornada:<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em><i>\u201cEminent\u00edsimo y Reverend\u00edsimo Se\u00f1or,<\/i><\/em><\/p>\n<p><em><i>\u00a0<\/i><\/em><\/p>\n<p><em><i>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 De tres cosas se alegran hoy los Salesianos en el momento en que San Juan Bosco ocupa su lugar entre los grandes Fundadores religiosos, que eternizados en el m\u00e1rmol, vienen de vez en cuando a aumentar el esplendor del m\u00e1ximo Templo de la Cristiandad.<\/i><\/em><\/p>\n<p><em><i>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Se alegran de que haya correspondido a Vuestra Eminencia el oficio de inaugurar con la bendici\u00f3n del Cielo el monumento de su Padre, porque veneran en la persona de Vuestra Eminencia al Cardenal Protector de su Congregaci\u00f3n.<\/i><\/em><\/p>\n<p><em><i>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Es adem\u00e1s motivo de inefable alegr\u00eda que la benignidad del Santo Padre se haya dignado asignar a Don Bosco un lugar tan destacado en la Bas\u00edlica. El ojo del espectador es llevado a la hornacina que lo ofrece a su mirada, ascendiendo por dos visiones sucesivas: al pie del pilar la majestad del Pr\u00edncipe de los Ap\u00f3stoles, y en el centro la radiante figura del Ang\u00e9lico P\u00edo IX: San Pedro, de quien Don Bosco con ardor de fe y candor edificante de estilo narr\u00f3 la vida al pueblo, y P\u00edo IX que am\u00f3 paternalmente al Santo y fue filialmente correspondido por \u00e9l.<\/i><\/em><\/p>\n<p><em><i>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Un tercer motivo de alegr\u00eda se a\u00f1ade a los dos anteriores, y es que el Escultor con la maestr\u00eda insuperable de su arte haya fijado la imagen de Don Bosco en la actitud que mejor se adaptaba a la naturaleza de su apostolado. He aqu\u00ed que \u00e9l, estrechando hacia s\u00ed con afecto a la juventud de los pa\u00edses civilizados y de las tierras de misi\u00f3n y se\u00f1alando el altar de la Confesi\u00f3n, la empuja en esa direcci\u00f3n y parece decir: \u00abHijos m\u00edos, all\u00ed est\u00e1 la salvaci\u00f3n, porque all\u00ed est\u00e1 Pedro, y \u2018ubi Petrus ibi Ecclesia\u2019\u00bb. En tiempos hostiles al Papado, \u00e9l guard\u00f3 fidelidad al Vicario de Jesucristo, en quien se\u00f1alaba al maestro, al gu\u00eda, al bienhechor de la humanidad.<\/i><\/em><\/p>\n<p><em><i>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Ante el espect\u00e1culo del que somos testigos, no puedo dejar de hacer otra observaci\u00f3n. Don Bosco en toda su vida tuvo un gran sue\u00f1o: por el bien de las almas y por la grandeza de su patria \u00e9l anhel\u00f3 siempre entre el Reino de Italia y la Santa Sede Apost\u00f3lica la feliz uni\u00f3n, en virtud de la cual ahora, por voluntad de quien rige los destinos de la Naci\u00f3n, S. E. el Ministro de Educaci\u00f3n Nacional dispuso que la juventud estudiosa de Roma, en representaci\u00f3n de toda la juventud italiana y extranjera, se reuniera aqu\u00ed para rendir homenaje al Santo Educador.<\/i><\/em><\/p>\n<p><em><i>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Damos las m\u00e1s vivas gracias a Su Eminencia el Card. Salotti, y a los Excelent\u00edsimos Representantes de todas las Naciones ante la Santa Sede, por haber querido con su presencia hacer m\u00e1s solemne esta ceremonia, casi como para atestiguar la universalidad de la misi\u00f3n de Don Bosco en el mundo.<\/i><\/em><\/p>\n<p><em><i>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Un agradecimiento especial vaya tambi\u00e9n a las Congregaciones Religiosas que, en fraterna solidaridad, han participado en la fiesta de la humilde Congregaci\u00f3n Salesiana.<\/i><\/em><\/p>\n<p><em><i>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Consagre ahora la bendici\u00f3n de Vuestra Eminencia todos estos motivos de alegr\u00eda, impetrando del Cielo que el recuerdo de tan fausto acontecimiento viva perenne en la memoria de los presentes y sea transmitido saludablemente a las futuras generaciones.\u201d<\/i><\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Los aplausos se reanudaron estruendosos. El cardenal Pacelli se puso la estola e imparti\u00f3 la bendici\u00f3n de rigor. M\u00e1s m\u00fasica, m\u00e1s cantos \u2013pero la oraci\u00f3n m\u00e1s verdadera, aquel d\u00eda, no estaba en las partituras: vibraba en los ojos de los miles de muchachos que no lograban apartar la mirada de aquel rostro sonriente all\u00e1 arriba.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong><b>Veintid\u00f3s toneladas de paternidad<\/b><\/strong><\/p>\n<p>Deteng\u00e1monos ahora ante la obra. Canonica trabaj\u00f3 un \u00fanico bloque narrativo de m\u00e1rmol blanco \u2013la preciada calidad \u201cVittoria\u201d extra\u00edda de las canteras de Massa\u2013 para un peso total de veintid\u00f3s toneladas. La figura del Santo alcanza por s\u00ed sola los cuatro metros y ochenta cent\u00edmetros; con el pedestal, que a\u00f1ade otro metro abundante, el grupo llena por completo la cavidad de la hornacina, de casi siete metros de altura.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Pero los n\u00fameros dicen poco. El verdadero \u00e9xito de la obra reside en otra parte: Canonica renunci\u00f3 a copiar las fotograf\u00edas del Santo \u2013que sin embargo conoc\u00eda bien\u2013 y rechaz\u00f3 las poses devocionales habituales. En su lugar, intent\u00f3 condensar en el m\u00e1rmol el alma de Don Bosco: la profundidad del pensador, la intuici\u00f3n del ap\u00f3stol que ve a lo lejos, y al mismo tiempo esa bondad sonriente que todos le reconoc\u00edan. El resultado convenci\u00f3 a cr\u00edticos y al pueblo: quienes hab\u00edan conocido a Don Bosco en vida, lo reencontraban ante la estatua.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Y luego est\u00e1n los dos muchachos, que no son un detalle decorativo sino la clave de lectura de todo el monumento. El mayor es <strong><b>Domingo Savio<\/b><\/strong>, el alumno predilecto del Oratorio, destinado tambi\u00e9n \u00e9l a los honores de los altares: en \u00e9l toma cuerpo toda la juventud que Don Bosco y sus hijos han educado en las escuelas, en los oratorios, en los patios de medio mundo. El m\u00e1s joven es <strong><b>Ceferino Namuncur\u00e1<\/b><\/strong>, hijo del \u00faltimo gran cacique de la Patagonia, la tierra adonde Don Bosco quiso enviar a sus primeros misioneros: en \u00e9l est\u00e1 representada la juventud de los pueblos que los salesianos han encontrado m\u00e1s all\u00e1 de las fronteras de Europa. Juntos, los dos dicen una sola cosa: que para el coraz\u00f3n de Don Bosco no existen fronteras ni distinciones de raza, porque cada joven, de cualquier latitud, ha sido redimido por la misma sangre de Cristo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong><b>La hornacina m\u00e1s elocuente de la Bas\u00edlica<\/b><\/strong><\/p>\n<p>Treinta y nueve fundadores y fundadoras de familias religiosas velan desde las paredes de San Pedro. Don Bosco lleg\u00f3 all\u00ed en el trig\u00e9simo tercer lugar. Sin embargo, su ubicaci\u00f3n no tiene igual, y no por casualidad: fue el propio P\u00edo XI, el \u201cPapa de Don Bosco\u201d, quien quiso reservarle ese punto exacto de la Bas\u00edlica.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Hay que mirarla desde abajo para entenderlo. El pilar en el que se abre la hornacina es el mismo en el que est\u00e1 adosada la celeb\u00e9rrima estatua de bronce de san Pedro sentado, la del pie desgastado por los besos de generaciones de peregrinos. Sobre la estatua brilla el retrato en mosaico de P\u00edo IX, el Pont\u00edfice que aprob\u00f3 la naciente Sociedad Salesiana y que mantuvo con Don Bosco una amistad hecha de estima y afecto mutuo. Y m\u00e1s arriba a\u00fan, en el v\u00e9rtice de esta escalera de miradas, est\u00e1 Don Bosco. Pedro, P\u00edo IX, Don Bosco: tres nombres unidos por un hilo que atraviesa toda la vida del Santo, dispuestos uno sobre otro como los pelda\u00f1os de una \u00fanica ascensi\u00f3n.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Hay m\u00e1s. La mayor parte de las estatuas de los fundadores vive, por as\u00ed decirlo, dentro de su propia hornacina. Don Bosco no: su brazo extendido sale idealmente del hueco de m\u00e1rmol y engancha el coraz\u00f3n mismo de la Bas\u00edlica, el altar papal bajo el cual descansa el Ap\u00f3stol. Es como si el monumento se negara a ser un adorno y pretendiera cumplir una tarea: ense\u00f1ar. A los dos muchachos que estrecha hacia s\u00ed \u2013y a cada joven que desde hace noventa a\u00f1os levanta los ojos hacia \u00e9l\u2013 Don Bosco repite sin voz la convicci\u00f3n que orient\u00f3 cada una de sus elecciones: permaneced unidos a Pedro, porque donde est\u00e1 Pedro all\u00ed est\u00e1 la Iglesia, y all\u00ed est\u00e1 la salvaci\u00f3n. En un siglo en el que el Papado era blanco de hostilidades de todo tipo, esta fidelidad fue su bandera. El m\u00e1rmol la ha hecho perpetua.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong><b>El presagio de una noche<\/b><\/strong><\/p>\n<p>Un \u00faltimo recuerdo, custodiado por don R\u00faa, da a todo el asunto un sabor casi prof\u00e9tico. En febrero de 1858, durante su primer viaje romano, Don Bosco cruz\u00f3 por primera vez el umbral de San Pedro. Se qued\u00f3 largo rato sin palabras; y entre tantas maravillas, lo que captur\u00f3 su mirada fueron precisamente las estatuas de los fundadores \u2013y las hornacinas a\u00fan deshabitadas, que parec\u00edan esperar a alguien.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>A\u00f1os despu\u00e9s, los j\u00f3venes del Oratorio le oyeron contar un sue\u00f1o singular: se hab\u00eda encontrado, sin saber c\u00f3mo, justo dentro de aquella cavidad de m\u00e1rmol, en lo alto, prisionero del inmenso silencio del templo. Asustado, hab\u00eda pedido ayuda a gritos, y el grito lo hab\u00eda despertado. \u00a1Cu\u00e1ntas veces, en sus estancias romanas, se hab\u00eda inclinado a besar el pie del Pedro de bronce, apoyando en \u00e9l la frente como hacen los humildes! Nadie entonces \u2013\u00e9l el primero\u2013 habr\u00eda sabido interpretar aquel sue\u00f1o inquieto. Lo descifrar\u00eda la historia, el 31 de enero de 1936.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Desde hace noventa a\u00f1os, pues, Don Bosco habita la casa de Pedro. Y cualquiera que entre, en cualquier idioma que rece, recibe de \u00e9l la misma silenciosa consigna: mirad all\u00ed, donde descansa el Ap\u00f3stol. All\u00ed est\u00e1 el centro. All\u00ed se sigue siendo familia.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El 31 de enero de 1936 la Bas\u00edlica Vaticana acogi\u00f3 el monumento a san Juan&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":54408,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"iawp_total_views":28,"footnotes":""},"categories":[187],"tags":[2558,1768,2582,1828,2633,1960,1972],"class_list":["post-54414","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-don-bosco","tag-dios","tag-don-bosco","tag-eventos","tag-gracias-recibidas","tag-iglesia","tag-salesianos","tag-santos"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/54414","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=54414"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/54414\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":54415,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/54414\/revisions\/54415"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/54408"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=54414"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=54414"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=54414"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}