{"id":54287,"date":"2026-08-04T18:52:47","date_gmt":"2026-08-04T18:52:47","guid":{"rendered":"https:\/\/www.donbosco.press\/?p=54287"},"modified":"2026-08-04T18:53:04","modified_gmt":"2026-08-04T18:53:04","slug":"tres-cordones-que-llevan-a-la-perdicion-1869","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/suenos-de-don-bosco\/tres-cordones-que-llevan-a-la-perdicion-1869\/","title":{"rendered":"Tres cordones que llevan a la perdici\u00f3n (1869)"},"content":{"rendered":"<p><em>En el sue\u00f1o que Don Bosco cont\u00f3 a sus j\u00f3venes la noche del 4 de abril de 1869, ambientado en la iglesia del Oratorio, se resume la esencia de su pedagog\u00eda espiritual: llevar las almas a la salvaci\u00f3n a trav\u00e9s de la confesi\u00f3n sincera, el dolor por los pecados y el prop\u00f3sito de enmendarse. Las v\u00edvidas im\u00e1genes de los \u00abgatos\u00bb con cuernos que aprietan tres lazos al cuello \u2014silencio culpable, falta de contrici\u00f3n, ausencia de prop\u00f3sitos\u2014 se convierten en una eficaz catequesis sobre los peligros que amenazan a los j\u00f3venes y las armas para vencerlos: el agua bendita, s\u00edmbolo de la gracia, y la atenta asistencia de los superiores. Esta narraci\u00f3n, sencilla pero dram\u00e1tica, revela el realismo sobrenatural de Don Bosco e invita a\u00fan hoy a redescubrir la Confesi\u00f3n como camino de libertad espiritual.<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u00abMe encontraba cerca de la puerta de mi habitaci\u00f3n, y al salir mir\u00e9 a mi alrededor y me vi en la iglesia, en medio de una muchedumbre tal de j\u00f3venes, que el templo parec\u00eda completamente abarrotado. Estaban all\u00ed los alumnos del Oratorio de Tur\u00edn, los de Lanzo, los de Mirabello y otros muchos a los cuales no conoc\u00eda. No rezaban, sino que parec\u00eda que se estaban preparando para confesar. Una cantidad inmensa de ellos asediaba mi confesonario, esper\u00e1ndome, debajo del p\u00falpito. Yo, despu\u00e9s de haber observado un poco, me puse a considerar c\u00f3mo conseguir\u00eda confesar a tantos muchachos. Pero despu\u00e9s tem\u00ed estar dormido, so\u00f1ando, y, para cerciorarme de que no lo estaba, comenc\u00e9 a palmotear y sent\u00eda el ruido; y, para asegurarme a\u00fan m\u00e1s, alargu\u00e9 el brazo y toqu\u00e9 la pared, que est\u00e1 detr\u00e1s de mi peque\u00f1o confesonario. Seguro ya de que estaba despierto, me dije: &#8211; Ya que estoy aqu\u00ed, confesemos. Y comenc\u00e9 a confesar. Pero pronto, al ver a tantos j\u00f3venes, me levant\u00e9 para ver si hab\u00eda otros confesores que me ayudasen; y, no encontrando ninguno, me dirig\u00ed a la sacrist\u00eda en busca de alg\u00fan sacerdote que quisiese escuchar confesiones. Y he aqu\u00ed que vi por una parte y por otra a algunos j\u00f3venes que llevaban al cuello una cuerda que les apretaba la garganta.<\/p>\n<p>&#8211; \u00bfPor qu\u00e9 ten\u00e9is esa cuerda al cuello? Quit\u00e1osla, les dije.<\/p>\n<p>Pero no me respond\u00edan y se quedaban mir\u00e1ndome con fijeza.<\/p>\n<p>&#8211; Vamos, repet\u00ed a alguno; qu\u00edtate esa cuerda.<\/p>\n<p>El joven, al cual yo hab\u00eda dado esta orden, se avino a ello, pero me dijo:<\/p>\n<p>&#8211; No me la puedo quitar; hay uno detr\u00e1s que la sujeta. Venga a ver.<\/p>\n<p>Volv\u00ed entonces la mirada con mayor atenci\u00f3n hacia aquella multitud de muchachos y me pareci\u00f3 ver sobresalir por detr\u00e1s de las espaldas de muchos de ellos dos largu\u00edsimos cuernos. Me acerqu\u00e9 un poco m\u00e1s para ver mejor, y, dando la vuelta por detr\u00e1s del que ten\u00eda m\u00e1s cerca, vi un horrible animal, de hocico monstruoso, forma de gatazo y largos cuernos, que apretaba aquel lazo. La bestia aquella bajaba el hocico, lo escond\u00eda entre las patas delanteras, y se encog\u00eda como para que no le viesen. Yo me dirig\u00ed a aquel joven, v\u00edctima del monstruo y a algunos otros pregunt\u00e1ndoles sus nombres, pero no me quisieron responder; al preguntarle a aquel feo animal se encogi\u00f3 a\u00fan m\u00e1s. Entonces dije a un joven:<\/p>\n<p>&#8211; Mira, ve a la sacrist\u00eda y dile al P. Merlone que te d\u00e9 el acetre del agua bendita.<\/p>\n<p>El muchacho volvi\u00f3 pronto con lo que yo le hab\u00eda pedido, pero entretanto yo hab\u00eda descubierto que cada uno de los j\u00f3venes ten\u00eda a sus espaldas un servidor tan poco agraciado como el primero y que, \u00e9ste, tambi\u00e9n se agazapaba. Yo tem\u00eda estar a\u00fan dormido. Tom\u00e9 entonces el hisopo y pregunt\u00e9 a uno de aquellos gatazos: &#8211; Dime: \u00bfqui\u00e9n eres?<\/p>\n<p>El animal, que no dejaba de mirarme, alarg\u00f3 el hocico, sac\u00f3 la lengua y despu\u00e9s se puso a rechinar los dientes como en actitud de arrojarse sobre m\u00ed.<\/p>\n<p>&#8211; Dime inmediatamente qu\u00e9 es lo que haces aqu\u00ed \u00a1bestia horrible! Ya puedes enfurecerte todo lo que quieras, que no te temo. \u00bfVes? Con esta agua te voy a dar un buen ba\u00f1o.<\/p>\n<p>El monstruo siempre agazapado me miraba; despu\u00e9s comenz\u00f3 a hacer contorsiones con el cuerpo de tal forma, que las patas de atr\u00e1s le llegaban a tocar los hombros por delante. Y de nuevo quer\u00eda arrojarse sobre m\u00ed. Al mirarlo detenidamente vi que ten\u00eda en la mano varios lazos.<\/p>\n<p>&#8211; \u00a1Vamos! Dime: \u00bfqu\u00e9 haces aqu\u00ed?<\/p>\n<p>Yal decir esto, levant\u00e9 el hisopo. Hizo \u00e9l unas contorsiones y quer\u00eda huir<\/p>\n<p>.- No te escapar\u00e1s, continu\u00e9 diciendo; te ordeno que te quedes aqu\u00ed. Lanz\u00f3 una serie de gru\u00f1idos y me dijo:<\/p>\n<p>&#8211; \u00a1Mira! Y me ense\u00f1\u00f3 los lazos.<\/p>\n<p>&#8211; Dime qu\u00e9 son esos tres lazos, a\u00f1ad\u00ed; \u00bfqu\u00e9 significan?<\/p>\n<p>&#8211; \u00bfNo lo sabes? Desde aqu\u00ed, me dijo, con estos tres lazos obligo a los j\u00f3venes a que se confiesen mal: de esta manera llevo conmigo a la perdici\u00f3n a la d\u00e9cima parte del g\u00e9nero humano.<\/p>\n<p>&#8211; \u00bfC\u00f3mo? \u00bfDe qu\u00e9 manera?<\/p>\n<p>&#8211; \u00a1Oh! No te lo dir\u00e9 porque t\u00fa se lo descubrir\u00e1s.<\/p>\n<p>&#8211; \u00a1Vamos! Quiero saber qu\u00e9 significan estos tres lazos. \u00edHabla! De lo contrario te echar\u00e9 encima el agua bendita.<\/p>\n<p>&#8211; Por favor, env\u00edame al infierno pero no me eches esa agua.<\/p>\n<p>&#8211; En nombre de Jesucristo, pues. El monstruo, contorsion\u00e1ndose espantosamente, respondi\u00f3:<\/p>\n<p>&#8211; El primer modo con que aprieto este lazo es haciendo callar a los j\u00f3venes los pecados en la confesi\u00f3n.<\/p>\n<p>&#8211; \u00bfY el segundo?<\/p>\n<p>&#8211; El segundo, incit\u00e1ndoles a que se confiesen sin dolor.<\/p>\n<p>&#8211; \u00bfY el tercero?:<\/p>\n<p>&#8211; El tercero no te lo quiero decir.<\/p>\n<p>&#8211; \u00bfC\u00f3mo? \u00bfQue no me lo quieres decir? Entonces te rociar\u00e9 con agua bendita.<\/p>\n<p>&#8211; No; no hablar\u00e9; y comenz\u00f3 a gritar desaforadamente: \u00bfEs que no te basta? \u00a1Ya he dicho demasiado! Y volvi\u00f3 a enfurecerse.<\/p>\n<p>&#8211; Quiero que me lo digas para comunic\u00e1rselo a los Directores. Y repitiendo la amenaza levant\u00e9 el brazo. Entonces comenz\u00f3 a despedir llamas por sus ojos, despu\u00e9s unas gotas de sangre y dijo:<\/p>\n<p>&#8211; El tercero es no hacer prop\u00f3sito firme y no seguir los consejos del confesor.<\/p>\n<p>&#8211; \u00a1Bestia horrible!, grit\u00e9 por segunda vez. Y mientras quer\u00eda preguntarle otras cosas e intimarle a que me descubriese la manera de remediar un mal tan grande y hacer vanas sus artima\u00f1as, todos los otros horribles gatazos, que hasta entonces hab\u00edan procurado pasar desapercibidos, comenzaron a producir un sordo murmullo, despu\u00e9s prorrumpieron en lamentos y gritos contra el que hab\u00eda hablado provocando una sublevaci\u00f3n general.<\/p>\n<p>Yo, al contemplar aquella revuelta, y convencido de que no sacar\u00eda ya ventaja alguna de aquellos animales, levant\u00e9 el hisopo y arrojando el agua bendita sobre el gatazo que hab\u00eda hablado, le dije:<\/p>\n<p>&#8211; \u00a1Ahora, vete! Y desapareci\u00f3. Despu\u00e9s ech\u00e9 agua bendita por todas partes. Entonces, haciendo un grand\u00edsimo estr\u00e9pito, todos aquellos monstruos se dieron a una precipitada fuga, unos por una parte, otros por otra. Y al producirse aquel ruido me despert\u00e9 y me encontr\u00e9 en mi lecho.<\/p>\n<p>\u00a1Oh, queridos j\u00f3venes, cu\u00e1ntos de los que yo jam\u00e1s habr\u00eda sospechado, ten\u00edan el lazo al cuello y el gatazo a las espaldas! Ya sab\u00e9is qu\u00e9 simbolizan esos tres lazos. El primero, que sujeta a los j\u00f3venes por el cuello, simboliza el callar pecados en la confesi\u00f3n. El lazo les obliga a cerrar la boca para que no se confiesen del todo: o bien para que digan de ciertos pecados que cometieron cuatro veces que solamente incurrieron en ellos tres. El que tal hace, falta contra la sinceridad de la misma manera que el que calla pecados. El segundo lazo es la falta de dolor; y el tercero la falta de prop\u00f3sito. Por tanto, si queremos romper estos lazos y arrebatarlos de las manos del demonio, confesemos todos nuestros pecados y procuremos sentir un verdadero dolor de ellos y hagamos un firme prop\u00f3sito de obedecer al confesor.<\/p>\n<p>Aquel monstruo, poco antes de montar en c\u00f3lera, me dijo tambi\u00e9n:<\/p>\n<p>&#8211; Observa el fruto que los j\u00f3venes sacan de las confesiones. El fruto principal de ellas debe ser la enmienda; si quieres conocer si yo tengo a los j\u00f3venes sujetos con los lazos, observa si se encomiendan o no.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Debo a\u00f1adir que quise tambi\u00e9n que el demonio me dijera por qu\u00e9 se pon\u00eda detr\u00e1s, a las espaldas de los j\u00f3venes, y me respondi\u00f3:<\/p>\n<p>&#8211; Para que no me vean y poderlos arrastrar m\u00e1s f\u00e1cilmente a mi reino.<\/p>\n<p>Pude comprobar que eran much\u00edsimos los que ten\u00edan a las espaldas aquellos monstruos, m\u00e1s de los que yo hubiera sospechado.<\/p>\n<p>Dad a este sue\u00f1o el alcance que quer\u00e1is; lo cierto es que he querido observar y comprobar si era cierto cuanto he so\u00f1ado y he sacado como consecuencia que se nos ofrece una verdadera realidad. Aprovechemos, pues, la ocasi\u00f3n que se nos ofrece de ganar la indulgencia plenaria, haciendo una buena confesi\u00f3n y una santa comuni\u00f3n. Hagamos lo posible por vernos libres de estos lazos del demonio. El Padre Santo concede indulgencia plenaria a todos los que, el d\u00eda del quincuag\u00e9simo aniversario de su primera misa, el pr\u00f3ximo domingo, d\u00eda 11 de abril, confesados y comulgados, rueguen seg\u00fan la intenci\u00f3n de la Santa Iglesia. El s\u00e1bado tendr\u00e1 una audiencia privada del Padre Santo el caballero Oreglia, el cual le ofrecer\u00e1 el Album con la firma de todos los alumnos del Oratorio y de las dem\u00e1s casas.<\/p>\n<p>Mientras tanto mirad si, tiempo atr\u00e1s, hab\u00e9is cumplido las condiciones necesarias para hacer una buena confesi\u00f3n: yo os encomendar\u00e9 a todos el domingo en la santa misa.<\/p>\n<p><em>(MB IT IX 593-596 \/ MB ES IX, 664-668)<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En el sue\u00f1o que Don Bosco cont\u00f3 a sus j\u00f3venes la noche del 4 de&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":18,"featured_media":54281,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"iawp_total_views":2,"footnotes":""},"categories":[186],"tags":[1720,2636,1768,1828,1960,1972,1984],"class_list":["post-54287","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-suenos-de-don-bosco","tag-carisma-salesiano","tag-consejos","tag-don-bosco","tag-gracias-recibidas","tag-salesianos","tag-santos","tag-suenos"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/54287","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/18"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=54287"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/54287\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":54288,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/54287\/revisions\/54288"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/54281"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=54287"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=54287"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=54287"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}