{"id":54185,"date":"2026-07-27T08:18:10","date_gmt":"2026-07-27T08:18:10","guid":{"rendered":"https:\/\/www.donbosco.press\/?p=54185"},"modified":"2026-07-27T08:18:28","modified_gmt":"2026-07-27T08:18:28","slug":"conozcamos-a-don-bosco-13-el-teologo-giovanni-borel","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/don-bosco\/conozcamos-a-don-bosco-13-el-teologo-giovanni-borel\/","title":{"rendered":"Conozcamos a don Bosco (13). El te\u00f3logo Giovanni Borel"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: center;\"><em>An\u00f3nimo, Retrato de don Giovanni Borel (1801-1873), finales del siglo XIX, temple sobre cobre, 37,5 \u00d7 29 cm, Museo Casa Don Bosco, Tur\u00edn-Valdocco.<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em><i>Giovanni Borel emerge como sacerdote turin\u00e9s de s\u00f3lida formaci\u00f3n, profundamente inserto en el tejido pastoral y caritativo de la ciudad. Capell\u00e1n real y luego director espiritual del Refugio de la marquesa Barolo, se dedic\u00f3 durante m\u00e1s de treinta a\u00f1os a la asistencia de las j\u00f3venes acogidas, a las religiosas y a las instituciones vinculadas, colaborando tambi\u00e9n con el Cottolengo y con don Cafasso, sobre todo en el ministerio de las c\u00e1rceles. Predicador brillante y popular, un\u00eda sencillez evang\u00e9lica y celo apost\u00f3lico. Decisivo fue su v\u00ednculo con don Bosco: conocido en el Convitto, se convirti\u00f3 en su amigo, gu\u00eda y principal sostenedor en los primeros a\u00f1os del Oratorio, defendi\u00e9ndolo, ayud\u00e1ndolo econ\u00f3micamente y asumiendo su responsabilidad en los momentos m\u00e1s dif\u00edciles. Acompa\u00f1\u00f3 as\u00ed, de modo discreto pero determinante, el nacimiento y la consolidaci\u00f3n de la obra salesiana hasta su muerte, ocurrida en 1873.<\/i><\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em><i>Porque ten\u00eda verdaderos amigos.<\/i><\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Conocemos poco de la familia de don Borel. De los registros bautismales de la parroquia San Giovanni Battista de Tur\u00edn (es decir, la iglesia catedral), sabemos que Giovanni Luigi Teobaldo Mar\u00eda, hijo de Giuseppe Antonio Borel y Carola Motto, vino al mundo el 1 de julio de 1801 y fue bautizado al d\u00eda siguiente. Un hermano mayor, Luigi Giuseppe, hab\u00eda nacido en 1798, mientras que otro m\u00e1s joven, Michele Gaetano, naci\u00f3 en 1804. Tanto el a\u00f1o 1801 como el hecho de que el nombre registrado fuera Giovanni (y no Giovanni Battista) resultan confirmados por documentos civiles y eclesi\u00e1sticos.<\/p>\n<p>En los registros oficiales, eclesi\u00e1sticos y civiles, su apellido es Borel, pero don Bosco en las Memorias del Oratorio, y a menudo tambi\u00e9n en las cartas, escribe \u201cBorrelli\u201d o \u201cBorelli\u201d. Tal vez pensaba que \u201cBorel\u201d fuera una forma dialectal y quiso italianizarla. La marquesa Barolo lo llam\u00f3 siempre \u201cBorel\u201d, pero es poco veros\u00edmil que el nombre y la familia fueran de origen franc\u00e9s.<\/p>\n<p>Frecuent\u00f3 la escuela primaria y secundaria seg\u00fan el sistema escolar vigente en la \u00e9poca. Por tanto, entre 1809 y 1814, fue alumno de las escuelas turinesas establecidas seg\u00fan el modelo franc\u00e9s, que prescrib\u00eda tres a\u00f1os de estudios primarios y tres a\u00f1os de estudios secundarios (seguidos del liceo). De 1814 a 1817, en cambio, complet\u00f3 sus estudios secundarios conforme al restaurado sistema saboyano, que preve\u00eda, despu\u00e9s de los estudios elementales y la latinidad inferior, tres a\u00f1os de latinidad superior (gram\u00e1tica, humanidades y ret\u00f3rica). Luego pas\u00f3 al bienio de filosof\u00eda (1817-1819) y al quinquenio de teolog\u00eda (1819-1824).<\/p>\n<p>En la di\u00f3cesis de Tur\u00edn estaba en uso el clericato externo, un sistema gracias al cual un seminarista pod\u00eda residir en su propia casa y asistir a los cursos filos\u00f3ficos y teol\u00f3gicos en la Universidad o en el seminario. Borel form\u00f3 parte de un grupo de \u201cseminaristas externos\u201d asignados a una de las cuatro iglesias destinadas a este fin, bajo la gu\u00eda de un prefecto encargado por el arzobispo. Visti\u00f3 el h\u00e1bito eclesi\u00e1stico en 1817 y entr\u00f3 a formar parte del grupo de cl\u00e9rigos agregados a la iglesia del Corpus Domini. \u00c9l mismo lo confirm\u00f3 cuando prest\u00f3 su testimonio en el proceso de beatificaci\u00f3n de Giuseppe Benedetto Cottolengo.<\/p>\n<p>Las inscripciones relativas a sus estudios teol\u00f3gicos y a los ex\u00e1menes se encuentran en el Archivo Hist\u00f3rico de la Universidad de Tur\u00edn. Obtuvo el bachillerato el 29 de marzo de 1821, la licenciatura el 3 de junio de 1823 y el doctorado el 24 de mayo de 1824 (desde ese momento pudo ostentar el t\u00edtulo de \u201cte\u00f3logo\u201d). Es interesante notar que la firma del te\u00f3logo Luigi Guala, profesor de la facultad de teolog\u00eda y rector del Convitto eclesi\u00e1stico de San Francisco de As\u00eds, aparece en todos los certificados de examen de Borel.<\/p>\n<p>Fue ordenado sacerdote el 16 de septiembre de 1824, a la edad de 23 a\u00f1os.<\/p>\n<p>Al sacerdote reci\u00e9n ordenado se le ped\u00eda seguir, despu\u00e9s de la ordenaci\u00f3n, durante unos dos a\u00f1os, las conferencias morales en una de las sedes reconocidas (seminario, universidad, Convitto de San Francisco de As\u00eds), como complemento del curso teol\u00f3gico y preparaci\u00f3n para el ejercicio del ministerio. No tenemos documentaci\u00f3n sobre la sede frecuentada por Borel, pero puesto que fue indicado entre los sacerdotes que gravitaban en torno a las posiciones de Cafasso (quien, sin embargo, comenzar\u00e1 a ense\u00f1ar solo hacia 1836), podemos suponer que hab\u00eda seguido al menos algunas de las conferencias p\u00fablicas del te\u00f3logo Guala. En cualquier caso, el v\u00ednculo de don Borel con el Convitto y su orientaci\u00f3n teol\u00f3gico-pastoral resultan innegables.<\/p>\n<p>En 1824, cuando fue ordenado sacerdote, ya estaba prestando servicio como \u201ccl\u00e9rigo de la Casa y de la Capilla Real\u201d; en 1831 fue promovido a \u201cCapell\u00e1n real\u201d, funci\u00f3n que desempe\u00f1\u00f3 hasta 1841. Escribe Natale Cerrato: \u00abEl clero de corte, presente en horas determinadas para ejercer funciones espec\u00edficas de servicio religioso, constitu\u00eda la \u201cReal Capilla\u201d, con al frente el gran limosnero, que era el arzobispo de Tur\u00edn. De \u00e9l depend\u00edan seis limosneros, eclesi\u00e1sticos de familia noble, que lo representaban en la corte, participando en las funciones lit\u00fargicas sin vestir ornamentos sagrados, sino permaneciendo con mantellina negra como asistentes de las personas reales. Adem\u00e1s de los limosneros hab\u00eda capellanes y cl\u00e9rigos, que prestaban el servicio lit\u00fargico, unos celebrando la misa y predicando, otros sirviendo seg\u00fan los turnos establecidos. El oficio de capell\u00e1n regio era una posici\u00f3n honor\u00edfica y ambicionada, que comportaba un sueldo y dejaba amplio tiempo libre para otras ocupaciones\u00bb.<\/p>\n<p>En 1837 present\u00f3 la solicitud de pensi\u00f3n como capell\u00e1n regio, pero continu\u00f3 el servicio hasta diciembre de 1840, cuando fue nombrado Director espiritual del Refugio de la marquesa Barolo. Mientras a\u00fan prestaba servicio en el Palacio real, junto con el te\u00f3logo Carlo Antonio Borsarelli, fue director espiritual del Real Colegio San Francisco de Paula, desde el a\u00f1o acad\u00e9mico 1829-30 hasta el 1842-43. Sus principales tareas eran la celebraci\u00f3n diaria de la misa para los estudiantes, la predicaci\u00f3n dominical en la congregaci\u00f3n de la escuela (explicaci\u00f3n del evangelio por la ma\u00f1ana e instrucci\u00f3n sobre la doctrina cristiana por la tarde), la lecci\u00f3n diaria de catecismo. La escuela de San Francisco de Paula estaba situada en el antiguo convento de los M\u00ednimos, que albergaba tambi\u00e9n un colegio universitario.<\/p>\n<p>Borel colaboraba tambi\u00e9n con el can\u00f3nigo Giuseppe Benedetto Cottolengo, fundador de la Peque\u00f1a Casa de la Divina Providencia. La instituci\u00f3n acog\u00eda enfermos cr\u00f3nicos f\u00edsicos y mentales, sobre todo pobres. A pesar de sus otros compromisos, dedic\u00f3 muchos a\u00f1os a las necesidades espirituales de la Peque\u00f1a Casa, como \u00e9l mismo testific\u00f3 en el proceso diocesano de beatificaci\u00f3n de Cottolengo, celebrado entre 1863 y 1873.<\/p>\n<p>No podemos decir con certeza cu\u00e1ndo comenz\u00f3 el servicio pastoral entre los encarcelados; ciertamente en 1840 ya colaboraba con don Cafasso y probablemente continu\u00f3 tal cooperaci\u00f3n por el resto de su vida. Es seguro que don Bosco, cuando, como alumno del Convitto, coadyuv\u00f3 a Cafasso en el ministerio de las c\u00e1rceles, encontr\u00f3 all\u00ed tambi\u00e9n a Borel, al can\u00f3nigo Borsarelli y a don Mathias, director de la <em><i>Cofrad\u00eda de la Misericordia<\/i><\/em>. Junto con don Cafasso, Borel dedic\u00f3 especial cuidado a los condenados a muerte. Las <em><i>Memorias biogr\u00e1ficas<\/i><\/em>, adem\u00e1s, nos ofrecen detalles interesantes sobre su m\u00e9todo con los presos.<\/p>\n<p>El 29 de diciembre de 1840 don Borel recibi\u00f3 el nombramiento de director espiritual del Refugio, como sucesor del difunto don Luigi Delrivo. Desde ese d\u00eda se dedic\u00f3 con celo a las instituciones Barolo durante m\u00e1s de 30 a\u00f1os. Este fue, entre todos, su ministerio m\u00e1s importante, por amplitud, intensidad y dedicaci\u00f3n, pero tambi\u00e9n el m\u00e1s exigente por la gran responsabilidad que comportaba. Era director espiritual y maestro de las j\u00f3venes internadas en el Refugio y de las hermanas de San Jos\u00e9 que las cuidaban; era tambi\u00e9n director espiritual de las Hermanas Penitentes de Santa Mar\u00eda Magdalena (popularmente llamadas <em><i>Magdalenas<\/i><\/em>), que viv\u00edan en semi-clausura en su monasterio junto al Refugio. Su trabajo inclu\u00eda la celebraci\u00f3n diaria de la misa, la predicaci\u00f3n, el catecismo, las confesiones y la direcci\u00f3n espiritual, el cuidado pastoral de las enfermas.<\/p>\n<p>De los archivos de la Opera Pia Barolo obtenemos los nombres de varios sacerdotes colaboradores del te\u00f3logo Borel en las instituciones fundadas por la marquesa: don Pietro Ponte (1821-1892), capell\u00e1n del Instituto Santa Ana; don Sebastiano Pacchiotti (1806-1884), capell\u00e1n asociado del Refugio; don Bosco, capell\u00e1n asociado del Refugio y capell\u00e1n designado del Hospitalito de <em><i>Santa<\/i><\/em> <em><i>Filomena<\/i><\/em> de 1844 a 1846; don Giovanni Giacomelli (1820-1901), capell\u00e1n del Hospitalito desde 1854; padre Marcantonio Durando (1801-1880), vicenciano, superior religioso oficial de las hermanas Magdalenas.<\/p>\n<p>El nombre de Borel aparece repetidamente en las <em><i>Memorias del Oratorio<\/i><\/em>, en el epistolario de don Bosco y en las <em><i>Memorias<\/i><\/em> <em><i>biogr\u00e1ficas<\/i><\/em>, como amigo y sostenedor. Don Bosco lo hab\u00eda conocido por primera vez cuando era seminarista, durante un curso de ejercicios espirituales. Con \u00e9l se hab\u00eda confrontado sobre los medios de perseverancia en la vocaci\u00f3n y hab\u00eda memorizado su respuesta: \u201cCon el recogimiento y con la comuni\u00f3n frecuente se perfecciona y se conserva la vocaci\u00f3n y se forma un verdadero eclesi\u00e1stico\u201d.<\/p>\n<p>M\u00e1s tarde lo hab\u00eda vuelto a ver varias veces durante los a\u00f1os pasados en el Convitto, compartiendo el ministerio pastoral en la c\u00e1rcel y en otras instituciones caritativas de la ciudad. \u201cDesde el primer momento en que he conocido al T. Borel \u2014leemos en las Memorias del Oratorio\u2014 he observado siempre en \u00e9l a un santo sacerdote, un modelo digno de admiraci\u00f3n y de ser imitado. Cada vez que pod\u00eda detenerme con \u00e9l ten\u00eda siempre lecciones de celo sacerdotal, siempre buenos consejos, est\u00edmulos al bien. En los tres a\u00f1os pasados en el Convitto fui por el mismo invitado varias veces a servir en las funciones sagradas, a confesar, a predicar con \u00e9l. De modo que el campo de mi trabajo ya era conocido y en cierto modo familiar. Hemos hablado largamente varias veces sobre las reglas que deb\u00edan seguirse para ayudarnos mutuamente a frecuentar las c\u00e1rceles y cumplir los deberes que nos estaban encomendados, y al mismo tiempo asistir a los muchachos, cuya moralidad y abandono llamaban cada vez m\u00e1s la atenci\u00f3n de los sacerdotes\u201d.<\/p>\n<p>En el oto\u00f1o de 1844, Borel \u2014a petici\u00f3n de don Cafasso y con el consentimiento de la marquesa Barolo\u2014 acogi\u00f3 en el Refugio a don Bosco, que necesitaba un lugar donde vivir y un trabajo remunerado mientras se terminaba el Hospitalito. Desde ese momento se convirti\u00f3 en su m\u00e1s estrecho y fiel sostenedor. Gradualmente lo puso en contacto con personas acomodadas de la nobleza y de la burgues\u00eda turinesa. Lo ayud\u00f3 y lo defendi\u00f3 durante la fase del Oratorio itinerante (1844-46), exponi\u00e9ndose a su favor, como cuando fue expulsado de San Pietro in Vincoli y se traslad\u00f3 a la capilla de los Molinos, o cuando, a comienzos de 1846, los p\u00e1rrocos de los alrededores expresaron el temor de que el Oratorio interfiriera con la actividad de las parroquias. Sobre todo no lo abandon\u00f3 en los momentos m\u00e1s dif\u00edciles: estuvo a su lado durante la ruptura con la marquesa Barolo, lo ayud\u00f3 econ\u00f3micamente para el alquiler y, m\u00e1s tarde, para la compra de la propiedad Pinardi. Cuando el Oratorio se estableci\u00f3 definitivamente en Valdocco, fue \u00e9l quien bendijo la capilla-cobertizo. En los a\u00f1os siguientes continu\u00f3 colaborando con don Bosco en la predicaci\u00f3n, en las confesiones, en las relaciones p\u00fablicas, en la administraci\u00f3n del Oratorio: llevaba los libros contables, registraba entradas, salidas y hechos dignos de nota (por ejemplo, en 1846 anot\u00f3 que en la fiesta de san Luis participaron 650 j\u00f3venes).<\/p>\n<p>Cuando, a finales de 1845, la salud de don Bosco se precipit\u00f3, inform\u00f3 a la marquesa, que en ese per\u00edodo estaba en Roma. Tambi\u00e9n la Barolo estaba preocupada y escribi\u00f3 a Borel: \u201cRecordar\u00e1 cu\u00e1ntas veces le he recomendado que tuviera miramientos y lo dejara descansar, etc., etc. No me hac\u00eda caso; dec\u00eda que los curas deb\u00edan trabajar\u201d. Finalmente, cuando en el verano de 1846 don Bosco enferm\u00f3 gravemente, le prest\u00f3 todos los cuidados y, durante la convalecencia en los Becchi (entre agosto y noviembre), asumi\u00f3 la responsabilidad del Oratorio con la ayuda de los te\u00f3logos Vola y Carpano, de los sacerdotes Trivero y Pacchiotti.<\/p>\n<p>Goffredo Casalis escribe: \u00abEstos [los sacerdotes mencionados] durante el espacio de cuatro meses, de acuerdo con el te\u00f3logo Borelli, suplieron en todo al ausente Fundador del instituto, y promovieron su amplia actuaci\u00f3n de modo que muy pronto se ganaron la estima y el afecto de todos los j\u00f3venes; estima y afecto que debieron procurarse, como el Fundador, al precio de grand\u00edsima paciencia y de innumerables sacrificios, pues en sus inicios esta instituci\u00f3n era mucho m\u00e1s pobre de lo que lo es en la actualidad, y ten\u00edan que v\u00e9rselas con j\u00f3venes descarriados y privados de toda educaci\u00f3n, muchos de los cuales a menudo no ten\u00edan un pedazo de pan para saciarse, y estaban extremadamente harapientos y sucios; y adem\u00e1s les tocaba, como sucede a todos los que quieren hacer el bien, soportar no pocas y no peque\u00f1as contradicciones. A su regreso, D. Bosco encontr\u00f3 mayor decoro en la capilla y volvi\u00f3 a ver un tropel de nuevos muchachos que por primera vez saludaron a su bienhechor. Las cosas estaban muy bien encaminadas [&#8230;].<\/p>\n<p>Borel era un h\u00e1bil predicador, usaba un estilo popular y vivaz, muy apreciado; por eso se le invitaba a menudo a pronunciar paneg\u00edricos y misiones en la di\u00f3cesis de Tur\u00edn y en otros lugares. \u00c9l se prest\u00f3 siempre con generosidad y celo apost\u00f3lico. Sus sermones eran sencillos, agradables, ricos en humor y an\u00e9cdotas, pero sustanciosos, profundamente cristianos, conmovedores y de gran efecto. Don Cafasso dijo de \u00e9l que \u201cera quiz\u00e1 el mejor orador de toda la di\u00f3cesis por su facilidad para hablar nuestro buen piamont\u00e9s, por los proverbios, los chascarrillos, las frases agudas que le brotaban de los labios, y por la claridad al explicar cualquier dificultad doctrinal, sirvi\u00e9ndose de las comparaciones m\u00e1s apropiadas al caso; tanto m\u00e1s cuando se trataba de hablar a la juventud, que era su delicia\u201d.<\/p>\n<p>En este ministerio estuvo siempre disponible tambi\u00e9n para don Bosco. Un domingo, despu\u00e9s de haber pasado toda la ma\u00f1ana en varias iglesias celebrando, predicando y confesando, le dijeron que en el Oratorio hab\u00eda necesidad de \u00e9l para un serm\u00f3n. La persona que fue a llamarlo lo encontr\u00f3 en el huerto comiendo pan y pimiento. \u00c9l no se demor\u00f3: pocos minutos despu\u00e9s estaba en el p\u00falpito de la capilla de Pinardi predicando a una multitud de muchachos. Predic\u00f3 tambi\u00e9n en la iglesia de San Francisco de Sales, despu\u00e9s de 1852. Eran famosos sus di\u00e1logos p\u00fablicos con don Bosco. Se sentaba entre los muchachos y representaba de modo muy divertido el papel de un joven ingenuo, de un canalla, de un penitente desprevenido, mientras don Bosco instru\u00eda y predicaba desde el p\u00falpito. La noticia de que en un determinado domingo el te\u00f3logo \u201cconversar\u00eda\u201d bastaba para llenar la iglesia de oyentes atentos. En 1849, con la ayuda de don Borsarelli, don Ponte y don Gastaldi, predic\u00f3 con \u00e9xito a los muchachos de los tres oratorios reunidos en la iglesia de la Cofrad\u00eda de la Misericordia para un curso de ejercicios espirituales de siete d\u00edas (22-28 de diciembre).<\/p>\n<p>Su estilo de vida era evang\u00e9licamente sencillo y frugal. Nunca se preocup\u00f3 por s\u00ed mismo. En los a\u00f1os sesenta la salud se deterior\u00f3. A menudo se vio obligado a permanecer en cama o inmovilizado en una silla en el Refugio. El 25 de marzo de 1869, don Bosco regres\u00f3 de Roma con la noticia de la aprobaci\u00f3n de la Sociedad salesiana. Desde sus habitaciones, Borel oy\u00f3 a los muchachos del Oratorio exultar y a la banda tocar: comprendi\u00f3 lo que estaba ocurriendo. Eran alrededor de las ocho de la tarde. Sali\u00f3 de la cama, baj\u00f3 a la calle apoy\u00e1ndose en su bast\u00f3n, entr\u00f3 en el patio del Oratorio. All\u00ed se encontr\u00f3 con don Bosco y se enter\u00f3 de la buena noticia. \u201c\u00a1Gracias, Se\u00f1or, ahora puedo morir feliz!\u201d exclam\u00f3 y sin a\u00f1adir nada m\u00e1s regres\u00f3 al Refugio.<\/p>\n<p>El 8 de mayo de 1870, en reconocimiento de sus m\u00e9ritos, fue condecorado con uno de los t\u00edtulos honor\u00edficos m\u00e1s prestigiosos del Reino: caballero de la Orden de los Santos Mauricio y L\u00e1zaro. A\u00fan desempe\u00f1\u00f3 alguna actividad sacerdotal, pero los dos \u00faltimos a\u00f1os de vida los pas\u00f3 confinado en la cama. Muri\u00f3 el 8 de septiembre de 1873, a los 72 a\u00f1os de edad, quiz\u00e1 por una hemorragia cerebral. Era tan pobre que no dej\u00f3 ni siquiera el dinero suficiente para el entierro. Su ata\u00fad fue llevado al cementerio por los directores salesianos reunidos en Valdocco para las conferencias de oto\u00f1o, con el acompa\u00f1amiento de la banda del Oratorio y de todos los muchachos de la casa.<\/p>\n<p>Bajo la imagen de san Francisco de Sales colgada en su pobre cuartito hab\u00eda escrito las palabras de san Pablo: \u201c<em><i>Omnibus omnia factus sum<\/i><\/em>\u201d, me he hecho todo para todos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>A<em><i>rthur J. LENTI, Don Bosco historia y esp\u00edritu, vol. I, p\u00e1g. 383<\/i><\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>An\u00f3nimo, Retrato de don Giovanni Borel (1801-1873), finales del siglo XIX, temple sobre cobre, 37,5&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":54174,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"iawp_total_views":3,"footnotes":""},"categories":[187],"tags":[1720,1768,1960,1972,2620],"class_list":["post-54185","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-don-bosco","tag-carisma-salesiano","tag-don-bosco","tag-salesianos","tag-santos","tag-testigos"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/54185","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/5"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=54185"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/54185\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":54186,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/54185\/revisions\/54186"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/54174"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=54185"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=54185"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=54185"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}