{"id":54158,"date":"2026-07-24T06:49:07","date_gmt":"2026-07-24T06:49:07","guid":{"rendered":"https:\/\/www.donbosco.press\/?p=54158"},"modified":"2026-07-24T06:50:10","modified_gmt":"2026-07-24T06:50:10","slug":"don-bosco-y-los-santos-joaquin-y-ana","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/don-bosco\/don-bosco-y-los-santos-joaquin-y-ana\/","title":{"rendered":"Don Bosco y los santos Joaqu\u00edn y Ana"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: center;\"><em>Los santos Joaqu\u00edn y Ana, \u00f3leo sobre lienzo de Guido Guidi, 1914. Bas\u00edlica del Sagrado Coraz\u00f3n de Jes\u00fas, Roma.<\/em><\/p>\n<p><em><i>En el cielo no tan concurrido de las devociones de don Bosco \u2013Mar\u00eda Auxiliadora ante todo, y luego san Jos\u00e9, san Francisco de Sales, san Luis Gonzaga, los \u00e1ngeles custodios\u2013 dos figuras discretas ocupan un lugar que sorprende a quien no las busca: Joaqu\u00edn y Ana, los padres de la Virgen Mar\u00eda, los abuelos de Jes\u00fas. No aparecen en los t\u00edtulos de sus congregaciones ni en los nombres de sus obras, y sin embargo don Bosco los quiso por su propia mano en las dos iglesias que marcan los extremos geogr\u00e1ficos y espirituales de su vida. En Tur\u00edn, en la bas\u00edlica de Mar\u00eda Auxiliadora en Valdocco, quiso que sus estatuas fueran colocadas a los lados del presbiterio, orientadas hacia la gran imagen de la Auxiliadora: los padres que contemplan a la hija glorificada. En Roma, en la iglesia del Sagrado Coraz\u00f3n de Jes\u00fas en el Castro Pretorio, se dispuso un altar dedicado a los dos santos, sobre el cual un lienzo representa la educaci\u00f3n de la ni\u00f1a Mar\u00eda. Dos presencias silenciosas que, mir\u00e1ndolas bien, cuentan mucho de la fe de don Bosco y de su modo de entender la familia, la educaci\u00f3n y la transmisi\u00f3n de la fe.<\/i><\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong><b>Dos nombres que vienen de lejos<\/b><\/strong><\/p>\n<p><strong><b>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <\/b><\/strong>Los Evangelios can\u00f3nicos no dicen nada de los padres de Mar\u00eda. Sus nombres nos llegan de una tradici\u00f3n antiqu\u00edsima, de un texto del siglo II que la Iglesia no acogi\u00f3 en el canon pero que ha nutrido durante siglos la piedad popular y el arte cristiano. All\u00ed se habla de Joaqu\u00edn, hombre justo, y de Ana, su esposa, probados por el dolor de la esterilidad \u2013en el antiguo Israel, una deshonra y casi un signo de abandono divino. Su oraci\u00f3n perseverante es escuchada: un \u00e1ngel anuncia a ambos el nacimiento de una hija, y Ana promete consagrarla al Se\u00f1or. Esa ni\u00f1a es Mar\u00eda.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Que el relato sea legendario en los detalles no quita nada a la sustancia teol\u00f3gica que la Iglesia siempre ha le\u00eddo en \u00e9l: Mar\u00eda no surge de la nada. La Madre del Salvador tiene ra\u00edces, tiene un hogar, tiene padres que la han esperado, engendrado, educado. Los nombres mismos son un programa: Ana significa \u00abgracia\u00bb, Joaqu\u00edn \u00abDios prepara\u00bb. En la pareja de ancianos padres la tradici\u00f3n ha visto el umbral entre la Antigua y la Nueva Alianza, el gozne silencioso entre la larga espera de Israel y el alba de la Redenci\u00f3n. El culto a santa Ana florece en Oriente desde los primeros siglos y se convierte en Occidente en una de las devociones populares m\u00e1s amadas; san Joaqu\u00edn la alcanza m\u00e1s tarde en los honores lit\u00fargicos, hasta que la reforma del calendario reuni\u00f3 a los dos esposos en una \u00fanica memoria, el 26 de julio: juntos en la vida, juntos en la liturgia.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong><b>El Magn\u00edficat, fruto de una escuela dom\u00e9stica<\/b><\/strong><\/p>\n<p><strong><b>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <\/b><\/strong>Hay una prueba indirecta, pero elocuente, de la obra educativa de Joaqu\u00edn y Ana, y est\u00e1 en los mismos labios de Mar\u00eda. El Magn\u00edficat revela un conocimiento de las Escrituras profundo e interiorizado, de quien las ha respirado desde ni\u00f1a. El c\u00e1ntico de la Virgen recuerda el C\u00e1ntico de Ana, la madre de Samuel (1 Sam 2,1-10), pero entrelaza tambi\u00e9n los salmos (34; 35; 69; 98; 103), los profetas (Is 41; 61; Mi 7), los textos sapienciales (Eclo 10,14-15) e incluso el Pentateuco. Nadie improvisa semejante s\u00edntesis orante de la historia de la salvaci\u00f3n: se recibe, vers\u00edculo tras vers\u00edculo, en un hogar donde la Palabra de Dios se reza cada d\u00eda.<\/p>\n<p>No es casualidad que la iconograf\u00eda tradicional represente a santa Ana casi siempre en una actitud precisa: mientras ense\u00f1a a leer a la peque\u00f1a Mar\u00eda, con el libro de las Escrituras abierto entre las manos. Es la llamada <em><i>Educaci\u00f3n de la Virgen<\/i><\/em>, uno de los temas m\u00e1s difundidos del arte cristiano \u2013el mismo que destaca en el altar romano querido en la iglesia de don Bosco. Ana es, por excelencia, la madre educadora: la que transmite a la hija no solo la vida, sino la fe, la Palabra, la oraci\u00f3n. Dif\u00edcil imaginar un icono m\u00e1s cercano al coraz\u00f3n de don Bosco, que en la figura de Ana pod\u00eda reconocer el rostro de Mam\u00e1 Margarita, la campesina analfabeta de I Becchi que hab\u00eda ense\u00f1ado a sus hijos el catecismo, la oraci\u00f3n de la noche, el temor de Dios y la confianza en la Providencia. El Magn\u00edficat de Mar\u00eda y el sistema preventivo de don Bosco nacen, en el fondo, del mismo manantial: una fe transmitida en familia con religi\u00f3n, raz\u00f3n y amabilidad.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong><b>En Valdocco: las estatuas que miran a la Madre<\/b><\/strong><\/p>\n<p><strong><b>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <\/b><\/strong>Cuando don Bosco construy\u00f3, entre 1865 y 1868, la iglesia de Mar\u00eda Auxiliadora, sigui\u00f3 personalmente no solo las obras y las finanzas, sino tambi\u00e9n el programa iconogr\u00e1fico. Nada se dej\u00f3 al azar: el gran cuadro de la Auxiliadora, que \u00e9l describi\u00f3 al pintor Tommaso Lorenzone como un espect\u00e1culo ya contemplado, deb\u00eda representar a Mar\u00eda Reina de los Ap\u00f3stoles y Madre de la Iglesia. En este dise\u00f1o global don Bosco quiso que las estatuas de los santos Joaqu\u00edn y Ana se colocaran a los lados del presbiterio, orientadas hacia la gran imagen de la hija: una elecci\u00f3n de rara finura teol\u00f3gica. Los padres no est\u00e1n en el centro, sino al lado; no atraen la mirada hacia s\u00ed, sino que la conducen a Mar\u00eda. Es la posici\u00f3n misma de todo verdadero educador.<\/p>\n<p>La devoci\u00f3n a la madre de la Virgen estaba, por lo dem\u00e1s, profundamente insertada en la vida espiritual del Oratorio: en la bas\u00edlica primitiva exist\u00eda un altar dedicado a santa Ana, sobre el cual se coloc\u00f3 durante a\u00f1os la primera estatua de la Auxiliadora venerada por don Bosco. Y precisamente ese altar fue el escenario de uno de los episodios m\u00e1s conmovedores de los \u00faltimos d\u00edas del santo. Durante la \u00faltima enfermedad de don Bosco, en el invierno de 1887-1888, algunos j\u00f3venes del Oratorio ofrecieron a Dios su propia vida para que se conservara la de su padre. La hoja con su ofrenda fue depositada sobre el altar de santa Ana mientras se celebraba all\u00ed la Misa. En ese gesto est\u00e1 toda la circularidad del amor educativo salesiano: el padre que hab\u00eda gastado la vida por los hijos recib\u00eda ahora de los hijos la ofrenda de la vida; y ese pacto de amor era entregado a Dios por las manos de la abuela de Jes\u00fas, la mujer que sab\u00eda lo que significa esperar, donar y devolver una vida al Se\u00f1or.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong><b>En Roma: el altar del Sagrado Coraz\u00f3n<\/b><\/strong><\/p>\n<p><strong><b>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <\/b><\/strong>Veinte a\u00f1os despu\u00e9s de Valdocco, ya anciano y consumido por las fatigas, don Bosco llev\u00f3 a t\u00e9rmino la \u00faltima gran empresa de su vida: la iglesia del Sagrado Coraz\u00f3n de Jes\u00fas cerca de la estaci\u00f3n Termini. Querida por P\u00edo IX y encallada por falta de fondos, la construcci\u00f3n fue confiada por Le\u00f3n XIII a don Bosco en 1880: el santo, con tal de no decir que no al Papa, se ech\u00f3 a cuestas colectas extenuantes en Italia y en Francia. El templo fue consagrado el 14 de mayo de 1887; dos d\u00edas despu\u00e9s don Bosco celebr\u00f3 all\u00ed su \u00fanica Misa, en el altar de Mar\u00eda Auxiliadora, interrumpida varias veces por las l\u00e1grimas: en aquella celebraci\u00f3n comprendi\u00f3, como le hab\u00eda prometido la Virgen en el sue\u00f1o de los nueve a\u00f1os, el sentido de toda su vida.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n en el templo romano los altares fueron dispuestos como un padre prepara las habitaciones de su propia casa. Entre ellos, el dedicado a los santos Joaqu\u00edn y Ana, sobre el cual un lienzo representa la educaci\u00f3n de la ni\u00f1a Mar\u00eda: los padres que acompa\u00f1an el crecimiento humano y espiritual de la hija. La elecci\u00f3n ten\u00eda tambi\u00e9n un matiz de exquisita gratitud: el Papa que hab\u00eda confiado la iglesia a don Bosco, Le\u00f3n XIII, se llamaba en el bautismo Joaqu\u00edn Pecci y albergaba una devoci\u00f3n particular por su propio santo patr\u00f3n. Honrar a san Joaqu\u00edn era, para don Bosco, un modo delicado de honrar a la vez al abuelo de Jes\u00fas y al Pont\u00edfice que tanto hab\u00eda cre\u00eddo en \u00e9l.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong><b>Los abuelos, depositarios de los valores de la vida<\/b><\/strong><\/p>\n<p><strong><b>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <\/b><\/strong>Al ser los padres de Mar\u00eda, Joaqu\u00edn y Ana son tradicionalmente venerados como los abuelos de Jes\u00fas, y su memoria recuerda hoy con fuerza el papel de los abuelos en la familia y en la Iglesia. Benedicto XVI record\u00f3 que los abuelos son a menudo \u00abdepositarios y testigos de los valores fundamentales de la vida\u00bb y desempe\u00f1an un papel precioso en la educaci\u00f3n de las nuevas generaciones; y la Iglesia celebra ya, en las proximidades del 26 de julio, la Jornada Mundial de los Abuelos y de los Mayores. Don Bosco, con la intuici\u00f3n de los santos, lo hab\u00eda comprendido con m\u00e1s de un siglo de antelaci\u00f3n: ning\u00fan joven crece bien sin ra\u00edces, y ninguna fe se enciende sin alguien \u2013una madre, una abuela, un viejo catequista\u2013 que la entregue con paciencia y amabilidad.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong><b>Educar para la libertad del \u00abs\u00ed\u00bb<\/b><\/strong><\/p>\n<p><strong><b>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <\/b><\/strong>Las estatuas de Tur\u00edn y el altar de Roma conducen, al final, al mismo mensaje: la tarea del educador es preparar a una persona para pronunciar su propio \u00abs\u00ed\u00bb a Dios. Joaqu\u00edn y Ana educaron a Mar\u00eda, pero fue ella quien tuvo que responder al \u00e1ngel de Nazaret. Mam\u00e1 Margarita educ\u00f3 a Juan, pero fue \u00e9l quien tuvo que acoger la vocaci\u00f3n sacerdotal y la misi\u00f3n entre los j\u00f3venes. Don Bosco educ\u00f3 a miles de muchachos, pero cada uno de ellos tuvo que elegir personalmente su propio camino. La aut\u00e9ntica educaci\u00f3n no sustituye a la libertad: la hace capaz de orientarse hacia el bien. No produce copias del educador, sino personas responsables, cristianos maduros y ciudadanos honestos.<\/p>\n<p>Las estatuas de Joaqu\u00edn y Ana en Valdocco siguen mirando a Mar\u00eda Auxiliadora. El altar del Sagrado Coraz\u00f3n en Roma sigue mostrando a la ni\u00f1a Mar\u00eda educada por sus padres. Son im\u00e1genes silenciosas, pero contienen todo un programa salesiano: custodiar la vida, transmitir la fe, acompa\u00f1ar las vocaciones y preparar en el coraz\u00f3n de los j\u00f3venes una respuesta generosa a Dios.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Los santos Joaqu\u00edn y Ana, \u00f3leo sobre lienzo de Guido Guidi, 1914. Bas\u00edlica del Sagrado&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":54151,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"iawp_total_views":0,"footnotes":""},"categories":[187],"tags":[1720,1768,2214,1822,1690,1972,2026],"class_list":["post-54158","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-don-bosco","tag-carisma-salesiano","tag-don-bosco","tag-familia","tag-gracia","tag-maria","tag-santos","tag-virtud"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/54158","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=54158"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/54158\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":54159,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/54158\/revisions\/54159"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/54151"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=54158"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=54158"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=54158"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}