{"id":53935,"date":"2026-07-03T06:11:11","date_gmt":"2026-07-03T06:11:11","guid":{"rendered":"https:\/\/www.donbosco.press\/?p=53935"},"modified":"2026-07-03T06:11:37","modified_gmt":"2026-07-03T06:11:37","slug":"tres-jueces-ilustres-1860","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/suenos-de-don-bosco\/tres-jueces-ilustres-1860\/","title":{"rendered":"Tres Jueces Ilustres (1860)"},"content":{"rendered":"<p><em>Durante las noches correspondientes a las fechas comprendidas entre el 28 y el 30 de diciembre de 1860, don Bosco tuvo tres sue\u00f1os, como \u00e9l los llama y que nosotros, por cuanto hemos visto, o\u00eddo y comprobado, podemos calificar, con toda seguridad, de aut\u00e9nticas visiones celestiales. Se trata de un mismo sue\u00f1o tres veces repetido, aunque acompa\u00f1ado de circunstancias diversas. He aqu\u00ed el resumen del mismo, tal como sali\u00f3 de los labios del siervo de Dios en la noche postrera del a\u00f1o 1860, al relatarlo a todos los j\u00f3venes reunidos:<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>I.<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Pareci\u00f3me estar durante tres noches en un campo, en Rivalta, en compa\u00f1\u00eda de don Jos\u00e9 Cafasso, de Silvio Pellico y del conde Cays. Pasamos la primera noche discurriendo sobre ciertos puntos de religi\u00f3n relacionados con los tiempos actuales. La segunda la dedicamos a conferencias morales en las que propon\u00edamos y resolv\u00edamos diversos casos de conciencia, referentes principalmente a la direcci\u00f3n de la juventud. Al comprobar que durante dos noches consecutivas hab\u00eda tenido el mismo sue\u00f1o, determin\u00e9 contarlo a mis queridos hijos si por acaso volv\u00eda a so\u00f1ar lo mismo por tercera vez. Y he aqu\u00ed que en la noche del 30 al 31 de diciembre, me pareci\u00f3 estar nuevamente en el mismo lugar y en compa\u00f1\u00eda de los mismos personajes. Dejando aparte otra preocupaci\u00f3n, me vino a la mente el pensamiento de que al d\u00eda siguiente, \u00faltimo del a\u00f1o, ten\u00eda que dar el aguinaldo, o sea, los recuerdos a mis queridos hijos. Por eso, dirigi\u00e9ndome a don Jos\u00e9 Cafasso, le dije:<\/p>\n<p>&#8211; Usted que es tan amigo m\u00edo, dime el aguinaldo para mis hijos.<\/p>\n<p>El me replic\u00f3:<\/p>\n<p>&#8211; Despacio. Si quiere que yo le d\u00e9 el aguinaldo para sus j\u00f3venes, vaya primero a decirles que preparen y ajusten bien sus cuentas.<\/p>\n<p>Nos encontr\u00e1bamos a la saz\u00f3n en una gran sala, en medio de la cual hab\u00eda una mesa. Don Jos\u00e9 Cafasso, Silvio Pellico y el conde Cays fueron a sentarse junto a ella. Yo, para obedecer al primero, sal\u00ed de la habitaci\u00f3n y fui a llamar a mis muchachos, que estaban fuera, haciendo cada uno una suma en un papel que ten\u00edan en la mano. Los j\u00f3venes comenzaron a entrar en la sala uno por uno, llevando consigo sus papeles en los que se ve\u00edan muchas cantidades para sumar; y present\u00e1ndose a los mencionados personajes, les ense\u00f1aban sus cuentas. Aquellos se\u00f1ores comprobaban el resultado, y si la suma era exacta y los n\u00fameros estaban claros, se los devolv\u00edan a cada uno. Pero si las cifras estaban emborronadas ni se dignaban mirarlas. Los primeros representaban a aqu\u00e9llos que tienen sus cuentas ajustadas; los segundos, los de conciencia embrollada. Estos \u00faltimos eran bastante numerosos. Los que sal\u00edan con sus cuentas aprobadas marchaban contentos de la sala y se dirig\u00edan al patio a jugar; los otros, en cambio, se iban tristes y angustiados. Una gran multitud de j\u00f3venes esperaba a la puerta de aquel sal\u00f3n con el papel en la mano a que le llegase el turno. Largo tiempo dur\u00f3 esta tarea, hasta que finalmente no se present\u00f3 nadie. Parec\u00eda que hab\u00edan desfilado por all\u00ed todos los j\u00f3venes, cuando don Bosco, al ver a algunos que estaban esperando y no se presentaban pregunt\u00f3 a don Jos\u00e9 Cafasso:<\/p>\n<p>&#8211; \u00bfY \u00e9stos que hacen?<\/p>\n<p>&#8211; Estos, replic\u00f3 don Jos\u00e9 Cafasso, no tienen ning\u00fan n\u00famero escrito en el papel, por tanto no pueden hacer ninguna suma; pues aqu\u00ed se trata de saber el total de lo que se posee, de lo que se ha hecho. Por eso estos j\u00f3venes deben ir primero a llenar el papel de n\u00fameros y que vengan despu\u00e9s, que entonces podr\u00e1n hacer la adici\u00f3n.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>De esta manera termin\u00f3 aquella gran visi\u00f3n de cuentas. Entonces sal\u00ed de la sala con los tres personajes, y me dirig\u00ed al patio, donde vi un gran n\u00famero de j\u00f3venes: eran aqu\u00e9llos cuyos papeles estaban llenos de cifras colocadas en orden. Se entreten\u00edan en correr, saltar y jugar en medio de una alegr\u00eda extraordinaria. Eran tan felices como otros tantos pr\u00edncipes. No os pod\u00e9is imaginar la alegr\u00eda que yo experimentaba al verlos tan contentos.<\/p>\n<p>Pero hab\u00eda cierto n\u00famero de j\u00f3venes que no participaban en los juegos de los dem\u00e1s, sino que se distra\u00edan, contemplando a sus compa\u00f1eros. Estos no parec\u00edan muy alegres. Entre ellos, hab\u00eda unos que ten\u00edan una venda en los ojos, otros una densa niebla, otros una nube oscura alrededor de la cabeza. Algunos echaban humo por la cabeza, otros ten\u00edan el coraz\u00f3n lleno de tierra, otros vac\u00edo de las cosas de Dios. Yo los vi y los conoc\u00ed perfectamente; de forma que podr\u00eda nombrarlos uno a uno, desde el primero al \u00faltimo.<\/p>\n<p>Entretanto me di cuenta de que en el patio faltaban muchos de mis muchachos y dije, para mis adentros, despu\u00e9s de haber reflexionado un poco: \u00bfD\u00f3nde est\u00e1n aqu\u00e9llos que ten\u00edan el papel completamente en blanco? Mirando hacia una y otra parte, al fin fij\u00e9 la vista en un rinc\u00f3n del patio y \u00a1oh, terrible espect\u00e1culo! Vi a uno de los j\u00f3venes tendido en el suelo y p\u00e1lido como la muerte. Otros estaban sentados sobre un esca\u00f1o bajo y sucio, otros echados sobre un jerg\u00f3n de paja, otros tirados sobre el desnudo suelo, otros recostados sobre las mismas piedras. Eran todos aquellos que no ten\u00edan sus cuentas ajustadas. Les aquejaba una grave enfermedad que les afectaba bien a los ojos, a la lengua, a los o\u00eddos; los \u00f3rganos atacados aparec\u00edan ro\u00eddos de gusanos. Hab\u00eda uno que ten\u00eda la lengua completamente podrida, otro con la boca llena de fango y otro de cuya garganta sal\u00eda un hedor insoportable. Diversas eran las enfermedades de algunos infelices. Qui\u00e9n ten\u00eda el coraz\u00f3n carcomido, d\u00e9bil, corrompido; qui\u00e9n padec\u00eda una \u00falcera, qui\u00e9n otra; hab\u00eda uno en completo estado de descomposici\u00f3n. Aquello parec\u00eda un verdadero hospital.<\/p>\n<p>En presencia de semejante espect\u00e1culo qued\u00e9 completamente desconcertado, sin poder dar cr\u00e9dito a cuanto estaba viendo. Entonces exclam\u00e9:<\/p>\n<p>&#8211; \u00a1Oh! Pero, \u00bfqu\u00e9 es esto? Y acerc\u00e1ndome a uno de aquellos desgraciados, le pregunt\u00e9:<\/p>\n<p>&#8211; \u00bfPero, no eres t\u00fa N. N.?<\/p>\n<p>&#8211; S\u00ed- me replic\u00f3- soy yo.<\/p>\n<p>&#8211; \u00bfY c\u00f3mo es que te encuentras en tan deplorable estado?<\/p>\n<p>&#8211; \u00bfQu\u00e9 quiere? &#8211; me dijo- Harina de mi costal. \u00a1Ya ve! Este es el fruto de mis des\u00f3rdenes.<\/p>\n<p>Me acerqu\u00e9 a otro y obtuve la misma respuesta. Tal espect\u00e1culo me produc\u00eda en el coraz\u00f3n el efecto de una agud\u00edsima espina, cuyo dolor se me hizo m\u00e1s tolerable al contemplar lo que seguidamente os voy a contar.<\/p>\n<p>Con el coraz\u00f3n lleno de dolor me dirig\u00ed a don Jos\u00e9 Cafasso y le pregunt\u00e9 en tono de s\u00faplica:<\/p>\n<p>&#8211; \u00bfQu\u00e9 remedio debo emplear para curar a estos mis pobres hijos?<\/p>\n<p>&#8211; Usted sabe como yo lo que se debe hacer &#8211; me replic\u00f3 don Jos\u00e9 Cafasso.<\/p>\n<p>&#8211; No necesita que se lo diga. Medite un poco. Ing\u00e9niese.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s me hizo se\u00f1al de que le siguiese y, acerc\u00e1ndose al palacio del cual hab\u00edamos salido, abri\u00f3 una puerta. He aqu\u00ed que entonces me encontr\u00e9 en un magn\u00edfico sal\u00f3n, adornado de oro, de plata y de toda suerte de filigranas; iluminado por millares de l\u00e1mparas, cada una de las cuales desped\u00eda una luz tal que mi vista no pod\u00eda resistir su resplandor. Tanto la anchura como la longitud de aquel local eran considerables. En medio de aquel sal\u00f3n, verdaderamente regio, hab\u00eda una amplia mesa colmada de confituras de todas las especies. Hab\u00eda almendras recubiertas de az\u00facar de un tama\u00f1o extraordinario; bizcochos descomunales, de manera que uno solo habr\u00eda sido suficiente para saciar a un joven. Al ver esto intent\u00e9 salir precipitadamente para llamar a mis j\u00f3venes e invitarles a que viniesen a ver aquella mesa, y para que contemplasen el magn\u00edfico espect\u00e1culo que ofrec\u00eda aquel sal\u00f3n. Pero don Jos\u00e9 Cafasso me detuvo inmediatamente exclamando:<\/p>\n<p>&#8211; \u00a1Despacio! No todos pueden comer de estos bizcochos y de estas almendras. Llame solamente a los que tienen sus cuentas en orden.<\/p>\n<p>As\u00ed lo hice y, en un abrir y cerrar de ojos, la sala se vio atestada de muchachos. Entonces me dispuse a partir y distribuir aquellos bizcochos y aquellas pastas y almendras art\u00edsticamente confeccionados. Pero don Jos\u00e9 Cafasso se opuso diciendo:<\/p>\n<p>&#8211; \u00a1Calma, despacio, don Bosco! No todos los que est\u00e1n aqu\u00ed son dignos de gustar estos pasteles; no todos pueden participar de ellos.<\/p>\n<p>Y me indic\u00f3 qui\u00e9nes eran los indignos. Entre \u00e9stos nombr\u00f3 en primer lugar a los que estaban cubiertos de llagas, los cuales no se encontraban en la sala con los dem\u00e1s porque no ten\u00edan sus cuentas en regla. Despu\u00e9s me indic\u00f3 los que, a pesar de tener sus cuentas en orden, ten\u00edan una niebla delante de los ojos, o el coraz\u00f3n lleno de tierra o vac\u00edo de las cosas del cielo.<\/p>\n<p>Yo le dije inmediatamente con aire de s\u00faplica:<\/p>\n<p>&#8211; Deje que d\u00e9 un poco a estos \u00faltimos; tambi\u00e9n son hijos m\u00edos muy queridos, tanto m\u00e1s que hay mucha abundancia de dulces y no hay peligro alguno de que lleguen a faltar.<\/p>\n<p>&#8211; No, no &#8211; continu\u00f3 diciendo -, s\u00f3lo los que tienen la boca sana pueden gustarlos; los dem\u00e1s, no; no est\u00e1n en condiciones de saborear tales dulzuras pues como tienen la boca enferma y llena de amargor, las cosas dulces les producir\u00edan repugnancia y, por tanto, no las pueden comer. Me resign\u00e9 a hacer lo que me dec\u00eda y seguidamente comenc\u00e9 a distribuir los dulces s\u00f3lo entre aquellos que me hab\u00edan sido indicados. Una vez que hube repartido entre ellos bizcochos y almendras en abundancia, comenc\u00e9 nuevamente la distribuci\u00f3n, dando a cada uno una buena cantidad. Os aseguro que sent\u00eda gran complacencia al ver a mis j\u00f3venes comer, tan a su gusto, aquellas golosinas. En el rostro de cada uno se reflejaba una gran alegr\u00eda; no parec\u00edan los muchachos del Oratorio; tan transfigurados estaban. Los que permaneciendo en la sala se hab\u00edan quedado sin dulces, estaban en un rinc\u00f3n de la misma, tristes y disgustados. Lleno de compasi\u00f3n hacia ellos, me dirig\u00ed nuevamente a don Jos\u00e9 Cafasso y le rogu\u00e9 con insistencia me permitiese distribuir tambi\u00e9n algunos dulces entre \u00e9stos, para que los pudiesen probar.<\/p>\n<p>&#8211; No, no &#8211; replic\u00f3 don Jos\u00e9 Cafasso -, \u00e9stos no pueden comerlos. Haga usted primero que sanen de sus dolencias y los podr\u00e1n saborear tambi\u00e9n ellos. Yo miraba a aquellos pobrecillos. Tambi\u00e9n observaba a los muchos que hab\u00edan quedado fuera llenos de melancol\u00eda y a los cuales no se les hab\u00eda dado nada. Los reconoc\u00ed a todos y para mayor tormento m\u00edo me di cuenta de que algunos ten\u00edan el coraz\u00f3n carcomido. Continu\u00e9, pues, diciendo a don Jos\u00e9 Cafasso:<\/p>\n<p>&#8211; D\u00edgame, qu\u00e9 remedio debo emplear; \u00bfqu\u00e9 debo hacer para curar a estos mis hijitos? Nuevamente me replic\u00f3:<\/p>\n<p>&#8211; \u00a1Reflexione, ing\u00e9niese; usted sabe lo que tiene que hacer! Entonces le ped\u00ed que me diese el aguinaldo prometido para mis j\u00f3venes.<\/p>\n<p>&#8211; \u00a1Bien- replic\u00f3- , se lo dar\u00e9! Y adoptando la actitud de una persona que se dispone a partir, dijo tres veces en tono cada vez m\u00e1s elevado:<\/p>\n<p>&#8211; \u00a1Estad atentos, estad atentos, estad atentos! Y diciendo esto desapareci\u00f3 con sus compa\u00f1eros y se desvaneci\u00f3 el sue\u00f1o. Entonces qued\u00e9 tan despierto como en este momento en que os hablo y me encontr\u00e9 sentado en la cama con la espalda tan fr\u00eda como el hielo. Este fue mi sue\u00f1o. Interpr\u00e9telo cada uno como quiera, pero sepa darle el peso que se merece un sue\u00f1o. Sin embargo, si en esto hay algo que pueda ser \u00fatil a nuestras almas, aprovech\u00e9moslo. No me agradar\u00eda con todo, que alguno contase algo fuera de casa. Yo os lo he referido a vosotros porque sois mis hijos, pero no quiero que vosotros lo deis a conocer a los dem\u00e1s. Entre tanto os puedo asegurar que os tengo todav\u00eda presentes a cada uno de vosotros tal como os vi en el sue\u00f1o; sabr\u00eda decir qui\u00e9n estaba enfermo, qui\u00e9n no; qui\u00e9n com\u00eda, qui\u00e9n no. Ahora no quiero ponerme a manifestar aqu\u00ed en p\u00fablico el estado de cada uno, sino que lo dir\u00e9 en particular a quien as\u00ed lo desee. El aguinaldo que os doy en general a todos los del Oratorio, es el siguiente: frecuente y sincera confesi\u00f3n; frecuente y devota Comuni\u00f3n.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>II.<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Este mismo d\u00eda 13 dijo don Bosco despu\u00e9s de las oraciones:<\/p>\n<p>&#8211; \u00abAl punto a que han llegado las cosas, me veo obligado a hablar y a descorrer el velo de este sue\u00f1o. Os dije que lo tuve durante tres noches consecutivas.<\/p>\n<p>La primera vez en la noche del 28 de diciembre, repiti\u00e9ndose en las fechas del 29 y del 30. En la primera noche se trataron puntos y cuestiones de teolog\u00eda referentes al tiempo presente, o sea, cosas de actualidad, y os aseguro que recib\u00ed muchas ilustraciones del cielo.<\/p>\n<p>La segunda noche hablamos sobre diversos temas de moral, tambi\u00e9n relacionados con casos de conciencia referentes a j\u00f3venes del Oratorio.<\/p>\n<p>La tercera noche se trataron casos pr\u00e1cticos, por los cuales conoc\u00ed el estado moral de cada joven en particular.<\/p>\n<p>El primer d\u00eda no quise hacer caso del sue\u00f1o porque el Se\u00f1or nos lo proh\u00edbe en la Sagrada Escritura. Pero, en estos d\u00edas pasados, despu\u00e9s de haber hecho algunas experiencias, tras haber hablado con varios j\u00f3venes en particular y de haberles expuesto las cosas tal y como las vi, y de que ellos me asegurasen que todo era como yo les dec\u00eda, ya no pude seguir dudando, llegando a la convicci\u00f3n de que se trataba de una gracia extraordinaria que el Se\u00f1or concede a todos los hijos del Oratorio. Por eso me encuentro en la obligaci\u00f3n de deciros que el Se\u00f1or os llama y os hace sentir su voz y \u00a1ay de aqu\u00e9llos que cierren los o\u00eddos a sus reclamos!<\/p>\n<p>Don Jos\u00e9 Cafasso, pues, hizo entrar a todos en una sala y a todos proporcion\u00f3 un pliego. Algunos ten\u00edan sus cuentas ajustadas por completo. Otros nada m\u00e1s que los n\u00fameros, pero les faltaba por hacer la suma. &#8211; \u00bfY aceptaron todos el pliego que se les ofrec\u00eda? &#8211; No, porque muchos se hab\u00edan quedado fuera, recostados en las yacijas de paja, otros sentados en los esca\u00f1os; quienes tendidos por el suelo o echados sobre el fango: algunos estaban tan cubiertos de heridas y de llagas que causaban repugnancia.<\/p>\n<p>Los que recibieron el papel, salieron a hacer recreo, pero no todos jugaban, pues muchos de ellos ten\u00edan los ojos rodeados de una niebla que les imped\u00eda ver claro; otros los ten\u00edan vendados, no faltando quienes mostraban el coraz\u00f3n carcomido. Los que ten\u00edan sus cuentas ajustadas representan a los de conciencia recta.<\/p>\n<p>Los que ten\u00edan el papel con los n\u00fameros escritos, pero sin la suma hecha, son los que tienen la conciencia en regla, pero les falta la adici\u00f3n de la \u00faltima confesi\u00f3n.<\/p>\n<p>Los que ten\u00edan los ojos circundados de niebla o vendados, son los que se dejan dominar por el esp\u00edritu de soberbia y por el amor propio. Los que estaban tirados por los suelos podr\u00eda nombrarlos uno a uno y decirles por qu\u00e9 se encontraban sobre las yacijas de paja, sentados en los esca\u00f1os o en el mismo suelo. Vi tambi\u00e9n el interior de los corazones. Muchos los ten\u00edan llenos de cosas bellas; de rosas, de azucenas, de fragant\u00edsimas violetas. Estas flores simbolizan las distintas virtudes. \u00a1Otros en cambio!&#8230; El coraz\u00f3n carcomido representaba a los que alimentan odios, rencores, envidias, antipat\u00edas, etc.<\/p>\n<p>Algunos ten\u00edan el coraz\u00f3n lleno de v\u00edboras, s\u00edmbolo de los pecados mortales; otros llenos de tierra, representaci\u00f3n del apego a las cosas del mundo y a los placeres sensuales. Bastantes eran tambi\u00e9n los de coraz\u00f3n vac\u00edo, o sea los que, a pesar de estar en gracia de Dios y alejados de las cosas del mundo y de los placeres sensuales, al mismo tiempo no procuran llenar el coraz\u00f3n con la piedad y con el santo temor de Dios. Estos tales viven a la buena y, si no caen en el primer lazo que les tiende el demonio, no tardar\u00e1n mucho en malearse.<\/p>\n<p>Por lo tanto, todos aqu\u00e9llos que no tienen a\u00fan en orden las cosas de su alma, \u00a1ah!, que no aguarden m\u00e1s tiempo a ajustarlas. Que vengan a m\u00ed y me prometan responder sinceramente a cuanto les pregunte y si no se sienten con \u00e1nimo para hablar, hablar\u00e9 yo por ellos. Por fortuna me encuentro en condiciones de poder decir a cada uno su pasado, su presente y algo del futuro. Os estoy diciendo cosas que no os debiera decir. \u00a1Ah, queridos j\u00f3venes! Hay un pensamiento que me llena de horror. Os aseguro que jam\u00e1s habr\u00eda cre\u00eddo que hubiese en nuestra casa un tan crecido n\u00famero de j\u00f3venes con las conciencias tan desordenadas, tan desarregladas. \u00a1Jam\u00e1s lo hubiera cre\u00eddo!<\/p>\n<p>\u00a1Cu\u00e1ntos con el cuerpo cubierto de llagas y tendidos por los suelos! Creedme que pas\u00e9 noches y d\u00edas terribles.<\/p>\n<p>Una palabra de pl\u00e1ceme a aqu\u00e9llos que han pensado ya en arreglar su conciencia; pero, a\u00fan hay muchos que no se han determinado a hacerlo. Al decir esto, se notaba en su voz la emoci\u00f3n que le embargaba y gruesas l\u00e1grimas rodaban de sus ojos. No pocos de los j\u00f3venes lloraban tambi\u00e9n. Las palabras del siervo de Dios consiguieron el efecto deseado\u00bb.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En su cr\u00f3nica del 15 de enero, dej\u00f3 Ruffino consignado: \u00abLos aprendices contin\u00faan haciendo su confesi\u00f3n general.<\/p>\n<p>Hoy, algunos hicieron a don Bosco la siguiente pregunta:<\/p>\n<p>&#8211; \u00bfC\u00f3mo es que, habiendo tenido este sue\u00f1o en v\u00edsperas de la fiesta de Navidad, tard\u00f3 tanto en contarlo en p\u00fablico?<\/p>\n<p>&#8211; Os repetir\u00e9 lo que os dije en otra ocasi\u00f3n- replic\u00f3 don Bosco- ; despu\u00e9s de tener este sue\u00f1o, no quise por una parte dar importancia a cuanto en \u00e9l hab\u00eda visto, pero por otra me parec\u00eda que la ten\u00eda; por eso hube de reflexionar durante algunos d\u00edas sobre la conducta que deb\u00eda seguir. Despu\u00e9s llam\u00e9 a un joven de los que hab\u00eda visto en el mismo horriblemente cubierto de llagas y le dije: &#8211; T\u00fa te encuentras en tal estado de conciencia. Lo deduc\u00eda del estado en que lo hab\u00eda visto. El tal me respondi\u00f3 que, efectivamente, era as\u00ed como yo dec\u00eda. Llam\u00e9 a otro y me dio la misma respuesta; coincidiendo su contestaci\u00f3n con lo que yo hab\u00eda observado. Vi que tambi\u00e9n se cumpl\u00eda en un tercero cuanto yo hab\u00eda visto. Entonces no me cupo ya la menor duda. En aquel sue\u00f1o se me hab\u00eda manifestado el estado de las conciencias de todos los j\u00f3venes; el estado presente y hasta el futuro de muchos de ellos\u00bb.<\/p>\n<p>Don Bosco asegur\u00f3 tambi\u00e9n a algunos de sus \u00edntimos:<\/p>\n<p>\u00abAdquir\u00ed m\u00e1s conocimientos teol\u00f3gicos en aquellas tres noches, que durante todo el tiempo de estudio en el Seminario.\u00bb<br \/>\n<em>(MB IT VI, 829-832; MB ES VI, 616-628)<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Durante las noches correspondientes a las fechas comprendidas entre el 28 y el 30 de&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":18,"featured_media":53925,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"iawp_total_views":6,"footnotes":""},"categories":[186],"tags":[2636,1768,1828,1972,1984,2026],"class_list":["post-53935","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-suenos-de-don-bosco","tag-consejos","tag-don-bosco","tag-gracias-recibidas","tag-santos","tag-suenos","tag-virtud"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/53935","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/18"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=53935"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/53935\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":53936,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/53935\/revisions\/53936"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/53925"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=53935"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=53935"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=53935"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}