{"id":53867,"date":"2026-06-30T07:00:34","date_gmt":"2026-06-30T07:00:34","guid":{"rendered":"https:\/\/www.donbosco.press\/?p=53867"},"modified":"2026-06-30T07:00:52","modified_gmt":"2026-06-30T07:00:52","slug":"quien-nos-separara-del-amor-de-cristo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/comunicaciones-del-rector-mayor\/quien-nos-separara-del-amor-de-cristo\/","title":{"rendered":"\u00bfQui\u00e9n nos separar\u00e1 del amor de Cristo?"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: center;\"><em>Decapitaci\u00f3n de San Pablo, fresco de la Abad\u00eda de las Tres Fuentes, Roma.<\/em><br \/>\n<em>En este lugar el Ap\u00f3stol de los gentiles sufri\u00f3 el martirio y del rebote de su cabeza cercenada brotaron las tres fuentes que dieron nombre al santuario.<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em><i>Una reflexi\u00f3n sobre la Carta a los Romanos 8, 35<\/i><\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El ap\u00f3stol Pablo, hace casi dos mil a\u00f1os, en su carta a los Romanos (cap\u00edtulo 8,35) plante\u00f3 una pregunta que a\u00fan hoy a los creyentes en Jesucristo nos interpela de manera \u00fanica: <em><i>\u00bfQui\u00e9n nos separar\u00e1 del amor de Cristo?<\/i><\/em><\/p>\n<p>No es una pregunta dirigida a una asamblea de especialistas en teolog\u00eda. Pablo la ofrece como un desaf\u00edo, primero, para s\u00ed mismo, y luego para aquellos creyentes que viv\u00edan en las dif\u00edciles condiciones del Imperio Romano, perseguidos e inseguros. Hoy, esa pregunta nos sigue hablando a nosotros, a nuestras ansiedades contempor\u00e1neas, a nuestras b\u00fasquedas de sentido y de estabilidad, en esta \u00e9poca marcada por una incertidumbre no menos preocupante.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong><b>Ra\u00edces profundas<\/b><\/strong><\/p>\n<p>Quisiera comentar esta frase de Pablo partiendo de la imagen de un \u00e1rbol. Un \u00e1rbol no se sostiene porque alguien lo mantenga en pie desde el exterior: se sostiene porque tiene ra\u00edces profundas que lo anclan en la profundidad de la tierra donde la furia de los vientos y de las tormentas no llegan. Cuando Pablo usa la palabra \u00ab<em><i>arraigados<\/i><\/em> <em><i>en<\/i><\/em> <em><i>Cristo<\/i><\/em>\u00bb, se refiere precisamente a esto. No es una cuesti\u00f3n de creer ciertas cosas a nivel de ideas, sino de dar forma a la propia identidad, de decir: \u00abMi vida pertenece a Cristo, y este hecho es fundamental, en el sentido de que da una base s\u00f3lida y una estructura a toda mi existencia\u00bb.<\/p>\n<p>En el lenguaje moderno, podr\u00edamos decir que se trata de encontrar un fundamento s\u00f3lido para la propia identidad. En un mundo donde estamos constantemente empujados a construir nuestra imagen a trav\u00e9s de las redes sociales, los logros profesionales, la aprobaci\u00f3n de los dem\u00e1s, Pablo nos invita a hacer una lectura de nuestra vida de manera radicalmente diferente. Mi verdadera identidad, dir\u00eda hoy Pablo, no depende de cu\u00e1nto dinero he acumulado o de qu\u00e9 posici\u00f3n ocupo en la sociedad. Mi identidad depende de mi decisi\u00f3n y voluntad de pertenecer a Jesucristo, de mi decisi\u00f3n de reconocerme amado por \u00c9l de manera incondicional.<\/p>\n<p>Vivir y nutrirse de estas ra\u00edces lo cambia todo. Al ser ra\u00edces profundas, las tormentas pueden agitar las ramas, pero nunca pueden arrancar el \u00e1rbol. Las pruebas pueden sacudirlo, pero no pueden arrancarlo del terreno del amor de Cristo. Existe la conciencia de pertenecer a Alguien que nunca me abandona.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong><b>La nutrici\u00f3n del amor<\/b><\/strong><\/p>\n<p>Un \u00e1rbol absorbe lo que necesita para vivir del terreno en el que est\u00e1 plantado. De la misma manera, el cristiano vive plenamente su fe nutri\u00e9ndose del amor de Cristo, porque en \u00c9l est\u00e1 arraigado. Pero, \u00bfqu\u00e9 significa esto concretamente?<\/p>\n<p>Significa encontrar momentos de escucha y de silencio. Esta elecci\u00f3n no es algo extraordinario o reservado a los \u00abreligiosos\u00bb. Al contrario: es la pr\u00e1ctica sabia de detenerse, de leer la Palabra de Dios, de orar, de estar simplemente en silencio ante un misterio m\u00e1s grande que nosotros y que llevamos en nuestro propio coraz\u00f3n. En nuestro tiempo de aceleraci\u00f3n y de ruido constante, estos momentos vividos de manera sistem\u00e1tica se vuelven cada vez m\u00e1s preciosos y apreciados.<\/p>\n<p>Significa, adem\u00e1s, participar en los sacramentos, no como cumplimiento de un deber exterior, sino como encuentro vital con la gracia de Cristo. En relaci\u00f3n con el cuerpo nos damos cuenta de la necesidad de comer. Si estamos atentos descubrimos que para el alma existe una necesidad similar: necesita ser nutrida. El cristiano aut\u00e9ntico y sincero descubre que sin este alimento la vida verdadera se marchita, avanza sin br\u00fajula.<\/p>\n<p>Hay un elemento que da vida a todo esto. Dejarse nutrir por el amor de Cristo significa que este amor, siendo aut\u00e9ntico, transforma nuestra forma de relacionarnos con nosotros mismos y con los dem\u00e1s. Un cristiano que se nutre del amor de Cristo comienza gradualmente a ver la vida seg\u00fan una l\u00f3gica diferente: no la l\u00f3gica de la venganza, de la competencia despiadada, de la b\u00fasqueda desesperada de seguridad a trav\u00e9s de la acumulaci\u00f3n, de la indiferencia hacia todos. Comienza a vivir guiado por la l\u00f3gica del amor: el amor que perdona, que sirve, que conf\u00eda. No porque seamos buenas personas por naturaleza, sino porque hemos sido transformados desde el interior por el amor que continuamente nos nutre.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong><b>La \u00abvictoria\u00bb que nos sostiene<\/b><\/strong><\/p>\n<p>Quiz\u00e1s la dimensi\u00f3n m\u00e1s poderosa del mensaje de Pablo se refiere a la \u00abvictoria\u00bb. No se trata de una \u00abvictoria\u00bb te\u00f3rica, sino de una realidad hist\u00f3rica: Cristo ha resucitado de entre los muertos. Y esta \u00abvictoria\u00bb sobre la muerte cambia radicalmente la forma en que afrontamos la vida. Ya no vivimos a la sombra de la muerte. Vivimos, en cambio, a la luz de la resurrecci\u00f3n, bajo la luz de Aquel que, venciendo a la muerte, ahora vive para siempre.<\/p>\n<p>Esto no significa que los cristianos no sufran o no mueran. Pablo lo sabe muy bien: enumera las pruebas que el creyente afronta \u2014hambre, desnudez, peligro, persecuci\u00f3n\u2014. Significa que estas pruebas no tienen la \u00faltima palabra. Significa que cuando el cristiano se encuentra frente a la enfermedad, al duelo, a la injusticia, nunca est\u00e1 abandonado a s\u00ed mismo en un universo indiferente. Est\u00e1 sostenido por la certeza de que Aquel en quien conf\u00eda ya ha vencido. No es una certeza que elimine el sufrimiento, sino que lo inscribe dentro de una historia m\u00e1s grande, una historia que tiene un sentido y que no termina en la nada.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong><b>Una pregunta para hoy<\/b><\/strong><\/p>\n<p>La pregunta de Pablo resuena hoy, en un mundo donde muchos buscan estabilidad y sentido. Quiz\u00e1s seas una persona de fe, o quiz\u00e1s simplemente sientas curiosidad por lo que el cristianismo tiene que decir sobre la vida. En ambos casos, la pregunta merece una reflexi\u00f3n: \u00bfsobre qu\u00e9 construyo mi identidad? \u00bfQu\u00e9 me nutre realmente? \u00bfEn qu\u00e9 conf\u00edo cuando todo se derrumba a mi alrededor?<\/p>\n<p>Pablo ofrece una respuesta que no es f\u00e1cil, pero que es profunda: puedes construir tu vida sobre Cristo, puedes nutrirte de su amor, puedes vivir en la certeza de una victoria que va m\u00e1s all\u00e1 de toda apariencia temporal. No es una respuesta para quienes buscan caminos f\u00e1ciles, pero es una respuesta que ha sostenido a innumerables personas \u2014santos y pecadores, h\u00e9roes y personas comunes\u2014 a trav\u00e9s de los momentos m\u00e1s dif\u00edciles de su vida.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em><i>Quiz\u00e1s valga la pena considerarla.<\/i><\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Decapitaci\u00f3n de San Pablo, fresco de la Abad\u00eda de las Tres Fuentes, Roma. 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