{"id":53455,"date":"2026-05-28T06:37:44","date_gmt":"2026-05-28T06:37:44","guid":{"rendered":"https:\/\/www.donbosco.press\/?p=53455"},"modified":"2026-05-28T06:44:01","modified_gmt":"2026-05-28T06:44:01","slug":"conozcamos-a-don-bosco-9-un-padre-amoroso","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/don-bosco\/conozcamos-a-don-bosco-9-un-padre-amoroso\/","title":{"rendered":"Conozcamos a Don Bosco (9). Un padre amoroso"},"content":{"rendered":"<p><em><i>Don Bosco supo conquistar a los j\u00f3venes pobres no solo por sus dotes externas, sino sobre todo por una profunda sinton\u00eda afectiva nacida de su experiencia personal de hu\u00e9rfano y de abandono. Las heridas emocionales de la infancia alimentaron en \u00e9l una natural solidaridad con los muchachos solos y un intenso deseo, incluso inconsciente, de ser para ellos un padre. Eligi\u00f3 vivir para los j\u00f3venes, manifest\u00e1ndoles un amor expl\u00edcito, estable y tranquilizador, anticip\u00e1ndose a las intuiciones de la psicolog\u00eda moderna sobre la importancia de sentirse amado<\/i><\/em>.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em><i>Porque sab\u00eda decir \u00abpara siempre\u00bb.<\/i><\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Don Bosco tuvo \u00e9xito con los j\u00f3venes pobres y abandonados porque era un sacerdote simp\u00e1tico, atl\u00e9tico y malabarista. Pero sobre todo los conquist\u00f3 porque era capaz de sintonizar inconscientemente con ellos por haber sido \u00e9l mismo, a su vez, abandonado, hu\u00e9rfano, sin comida, sin techo y con una gran necesidad de calor humano. En otras palabras, su capacidad natural para sintonizar con los j\u00f3venes fue la consecuencia de un proceso inconsciente de solidaridad emocional con ellos. A menudo, el amor nace precisamente de la comprensi\u00f3n y de la participaci\u00f3n en el mismo malestar, en el mismo problema.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s de los motivos conscientes, por tanto, tambi\u00e9n contaron las motivaciones inconscientes, porque durante la primera parte de su vida encontr\u00f3 a muchos \u00abpadres buenos\u00bb, pero siempre los perdi\u00f3, sobre todo por su muerte, alimentando peri\u00f3dicamente una profunda \u00abangustia de abandono\u00bb. Tales vivencias dolorosas correspondieron, pues, a un continuo \u00abremover el cuchillo en la herida\u00bb, que ciertamente contribuy\u00f3 a dotarlo, tambi\u00e9n de adulto, de una gran disponibilidad hacia quien necesitaba un padre.<\/p>\n<p>Su repetida experiencia de hu\u00e9rfano biol\u00f3gico y afectivo lo llev\u00f3, por tanto, no solo a la b\u00fasqueda de padres, sino tambi\u00e9n de hijos, porque Don Bosco hab\u00eda experimentado en su propia piel que la necesidad de calor familiar es una exigencia del muchacho y que, cuando falta, el joven sufre y llora por ello. Cuando de adolescente, tras la muerte de don Calosso, no lograba establecer una relaci\u00f3n familiar con las \u00fanicas figuras paternas a su alcance, el p\u00e1rroco y el vicario, quienes al encontrarlo por la calle se limitaban a responder a su saludo, Don Bosco escribi\u00f3: \u00abVarias veces, llorando, me dec\u00eda a m\u00ed mismo y tambi\u00e9n a otros: \u201cSi yo fuera sacerdote, querr\u00eda actuar de otra manera; querr\u00eda acercarme a los ni\u00f1os, querr\u00eda decirles buenas palabras, darles buenos consejos. Qu\u00e9 feliz ser\u00eda si pudiera conversar un poco con mi p\u00e1rroco\u201d\u00bb (MO, 44).<\/p>\n<p>Precisamente porque hab\u00eda vivido estos estados emocionales, de adulto quiso a los j\u00f3venes y los ayud\u00f3, especialmente si estaban solos. Pero esta disponibilidad consciente para comprenderlos y aliviar su dolor por la p\u00e9rdida afectiva correspond\u00eda tambi\u00e9n a un deseo inconsciente suyo de ayudar a tantos \u00abyoes solos\u00bb.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, hay que tener en cuenta que Don Bosco fue el \u00abpadre de la juventud\u00bb tambi\u00e9n por una motivaci\u00f3n de tipo biol\u00f3gico. De hecho, todo hombre siente la necesidad de enriquecer su personalidad a trav\u00e9s de la de un hijo. Don Bosco, sin embargo, hab\u00eda sublimado, en el contexto del celibato consagrado, el potencial afectivo de la paternidad biol\u00f3gica en una paternidad afectiva (entendiendo por paternidad la capacidad de desempe\u00f1ar esas funciones afectivas y pr\u00e1cticas para criar a los hijos), de modo que la suya fue una paternidad psicol\u00f3gica y material que se transmite con el amor. No se limit\u00f3, por tanto, a acoger y a proveer materialmente a los j\u00f3venes, sino que ejerci\u00f3 hacia ellos un rol que no coincid\u00eda con el de la figura paterna en la familia patriarcal de su tiempo, donde el \u00abamor-ternura\u00bb era una debilidad mientras que el \u00abhacerse temer\u00bb era una muestra de m\u00e9rito.<\/p>\n<p>Don Bosco, de hecho, eligi\u00f3 vivir con los j\u00f3venes y dedicarles toda su vida. Pero tambi\u00e9n fue cotidianamente un padre \u00aba tiempo completo\u00bb, que pensaba en sus \u00abhijos\u00bb d\u00eda y noche, incluso cuando dorm\u00eda, pues a menudo so\u00f1aba con ellos, continuando a veces en la escena del sue\u00f1o lo que hab\u00eda pensado despierto. Sufr\u00eda al estar lejos de ellos, hasta el punto de desobedecer a los superiores y arriesgar su salud para regresar al Oratorio lo m\u00e1s r\u00e1pido posible. En 1846, tras la grave enfermedad que lo llev\u00f3 al borde de la muerte, acort\u00f3 la convalecencia en casa de su madre en Murialdo para regresar a Valdocco.<\/p>\n<p>\u00abHabr\u00eda prolongado m\u00e1s mi estancia en aquel lugar natal, pero los jovencitos comenzaron a venir en tropel a visitarme, hasta el punto de que ya no era posible gozar ni de reposo ni de tranquilidad. Todos me aconsejaban pasar al menos algunos a\u00f1os fuera de Tur\u00edn, en lugares desconocidos, para intentar recuperar la salud de antes. D. Caffasso y el Arzobispo eran de esta opini\u00f3n. Pero como tal cosa me resultaba de demasiado grave pesar, se me consinti\u00f3 venir al Oratorio con la obligaci\u00f3n de que durante dos a\u00f1os no volviera a tomar parte ni en las confesiones ni en la predicaci\u00f3n. Desobedec\u00ed. Al regresar al Oratorio, continu\u00e9 trabajando como antes y durante 27 a\u00f1os no volv\u00ed a necesitar ni de m\u00e9dico ni de medicinas. Lo cual me ha hecho creer que no es el trabajo lo que da\u00f1a la salud corporal\u00bb (MO, 191-192).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Y tambi\u00e9n la carta escrita por Don Bosco a\u00f1os despu\u00e9s, el 9 de febrero de 1872 desde Alassio (tras otra grave enfermedad) a don Miguel R\u00faa, testimonia c\u00f3mo este \u00abquerer\u00bb nunca decay\u00f3:<\/p>\n<p>\u00ab&#8230; el pr\u00f3ximo jueves, si Dios quiere, estar\u00e9 en Tur\u00edn. Siento una gran necesidad de ir all\u00ed. Vivo aqu\u00ed con el cuerpo, pero mi coraz\u00f3n, mis pensamientos e incluso mis palabras est\u00e1n siempre en el Oratorio, en medio de vosotros. Es una debilidad, pero no puedo vencerla\u00bb (E, II, 193).<\/p>\n<p>En su modo de querer a los j\u00f3venes, Don Bosco se adelant\u00f3 a los descubrimientos de la psicolog\u00eda infantil, afirmando: \u00abQue los j\u00f3venes no solo sean amados, sino que ellos mismos sepan que son amados\u00bb (MB, XVII, 110). Es decir, el muchacho debe sentir y conocer el afecto del adulto, porque se puede querer de manera verdadera y profunda todo lo que se quiera, pero si no se manifiesta, \u00e9l no lo percibe. Si, de hecho, este quererle no se act\u00faa en concreto, si no va m\u00e1s all\u00e1 de las apariencias formales, las consecuencias pueden ser dram\u00e1ticas por la inevitable conclusi\u00f3n a la que llega: \u00abNadie me quiere porque no valgo nada\u00bb.<\/p>\n<p>Pero tambi\u00e9n de adultos encontramos el sentido de nuestra existencia en ser amados por los dem\u00e1s. A todos nos gusta ser amados, respetados, ayudados, elogiados, a veces incluso un poco adulados; en ocasiones, alg\u00fan cumplido es un derecho para alimentar en su justa medida nuestro sano narcisismo. Cuanto m\u00e1s nos sentimos amados, m\u00e1s convencidos estamos de que valemos. De hecho, nos amamos si hemos sido amados; nos gustamos si gustamos a los dem\u00e1s; amamos nuestro cuerpo si es apreciado y amado por los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>Los afectos constituyen la sustancia de la vida y la b\u00fasqueda de reconocimiento, aceptaci\u00f3n y aprobaci\u00f3n por parte de los dem\u00e1s entra dentro de la normalidad psicol\u00f3gica. Adem\u00e1s, son \u00fatiles para la econom\u00eda ps\u00edquica porque, cuando se quedan a nivel de deseo, hacen sentir hu\u00e9rfano para toda la vida.<\/p>\n<p>Don Bosco quer\u00eda, por tanto, con raz\u00f3n, un afecto \u00abdeclarado\u00bb. Precisamente porque estaba profundamente convencido de ello, a menudo, cuando aceptaba a un nuevo joven, lo acog\u00eda dici\u00e9ndole: \u00abVen, yo te har\u00e9 de padre\u00bb (MB, IV, 290). No solo \u00abte har\u00e9 de padre\u00bb por un d\u00eda, un mes o un a\u00f1o, sino \u00abpara siempre\u00bb. El muchacho, de hecho, no solo debe saber que el adulto le quiere de manera psicol\u00f3gicamente madura, sino que tambi\u00e9n debe ser tranquilizado sobre la continuidad de este afecto.<\/p>\n<p>Don Bosco hab\u00eda pasado por una dolorosa secuencia de frustraciones afectivas (p\u00e9rdida del padre, vejaciones del hermanastro Antonio, muerte repentina de don Calosso, etc.); por lo tanto, hab\u00eda intuido que no bastaba con querer, sino que era fundamental, adem\u00e1s de la calidad afectiva, tambi\u00e9n la continuidad, que tranquiliza y da seguridad a quien debe crecer. Hay un episodio muy significativo al respecto que ocurri\u00f3 en 1854, durante la epidemia de c\u00f3lera. Entre los muchachos que quedaron hu\u00e9rfanos, uno se llamaba Pietro Enria. Leamos el testimonio del propio protagonista, que describi\u00f3 su encuentro con Don Bosco ocurrido en el orfanato provisional, abierto de urgencia por el ayuntamiento de Tur\u00edn junto a la iglesia de Santo Domingo.<\/p>\n<p>\u00abConoc\u00ed al Siervo de Dios en septiembre de 1854 en el Convento de los Dominicos, donde por cuidado de un comit\u00e9 se nos recog\u00eda a nosotros, los ni\u00f1os que hab\u00edamos quedado hu\u00e9rfanos a causa del c\u00f3lera que hac\u00eda estragos. All\u00ed un d\u00eda vino D. Bosco a visitarnos (\u00e9ramos un centenar), acompa\u00f1ado por el Director del Orfanato. Yo nunca lo hab\u00eda visto, ten\u00eda un aire risue\u00f1o y lleno de bondad, que se hac\u00eda querer incluso antes de hablarle, sonri\u00f3 a todos y luego preguntaba nombre y apellido, si sab\u00edamos el catecismo, si nos hab\u00edamos confesado y si ya hab\u00edamos hecho la primera comuni\u00f3n, y todos respond\u00edamos con confianza. Pas\u00f3 finalmente cerca de m\u00ed, y yo sent\u00ed latir mi coraz\u00f3n no por temor, sino por el afecto que sent\u00eda hacia \u00e9l, me pregunt\u00f3 nombre y apellido y luego me dijo: \u201c\u00bfQuieres venir conmigo, seremos siempre buenos amigos, hasta que podamos ir al Para\u00edso, est\u00e1s contento?\u201d. \u2014 Y yo respond\u00ed: \u2014 \u201cOh s\u00ed, se\u00f1or\u201d; luego a\u00f1adi\u00f3: \u2014 \u00bfy este que est\u00e1 contigo es tu hermano? \u2014 s\u00ed, se\u00f1or, respond\u00ed: \u2014 Pues bien, vendr\u00e1 tambi\u00e9n \u00e9l\u00bb.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Giacomo DACQUINO, Psicolog\u00eda de don Bosco, p\u00e1g. 96<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Don Bosco supo conquistar a los j\u00f3venes pobres no solo por sus dotes externas, sino&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":53449,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"iawp_total_views":3,"footnotes":""},"categories":[187],"tags":[2566,1720,1768,1816,1960,1972,2026],"class_list":["post-53455","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-don-bosco","tag-caridad","tag-carisma-salesiano","tag-don-bosco","tag-jovenes","tag-salesianos","tag-santos","tag-virtud"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/53455","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/5"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=53455"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/53455\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":53465,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/53455\/revisions\/53465"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/53449"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=53455"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=53455"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=53455"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}