{"id":53412,"date":"2026-05-26T07:32:04","date_gmt":"2026-05-26T07:32:04","guid":{"rendered":"https:\/\/www.donbosco.press\/?p=53412"},"modified":"2026-05-26T07:32:24","modified_gmt":"2026-05-26T07:32:24","slug":"amar-al-projimo-con-san-francisco-de-sales","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/nuestros-santos\/amar-al-projimo-con-san-francisco-de-sales\/","title":{"rendered":"Amar al pr\u00f3jimo con san Francisco de Sales"},"content":{"rendered":"<p>\u00abLas Filoteas son filantr\u00f3picas\u00bb, escrib\u00eda Francisco de Sales, queriendo con ello demostrar que no hab\u00eda ninguna contradicci\u00f3n entre los dos t\u00e9rminos. El amor de Dios es inseparable del amor del hombre y existe una estrecha correspondencia entre los dos amores; de hecho, \u00abdondequiera que florece el amor de Dios, tambi\u00e9n florece el amor del pr\u00f3jimo\u00bb. Es m\u00e1s, el crecimiento de uno no puede darse sin el crecimiento del otro: \u00abSon dos amores que no pueden ir el uno sin el otro, y cuanto m\u00e1s amamos a Dios, m\u00e1s amaremos tambi\u00e9n al pr\u00f3jimo\u00bb.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong><b>\u00bfPor qu\u00e9 amar al pr\u00f3jimo?<\/b><\/strong><\/p>\n<p>Los dos mandamientos del amor de Dios y del amor del pr\u00f3jimo son similares, a pesar de la distancia que separa lo infinito de lo finito, lo inmortal de lo mortal, el cielo de la tierra; esto en virtud del hecho de que el hombre est\u00e1 hecho a imagen y semejanza de Dios. Todos podemos constatar que somos \u00abla imagen los unos de los otros\u00bb, porque todos llevamos en nosotros la imagen del Creador.<\/p>\n<p>Otra raz\u00f3n se extrae del misterio de la Encarnaci\u00f3n, es decir, de la vida y de la pasi\u00f3n de Cristo. En un notable cap\u00edtulo del <em><i>Te\u00f3timo<\/i><\/em>, el autor expone en forma de \u00ablista\u00bb o \u00abresumen\u00bb las doce propiedades del amor mediante el cual Jes\u00fas ha manifestado \u00abla benignidad y el amor de Dios por los hombres\u00bb: la complacencia, la benevolencia, la uni\u00f3n, la efusi\u00f3n, el \u00e9xtasis, la admiraci\u00f3n, la contemplaci\u00f3n, la tranquilidad, la ternura, el celo, la languidez y la muerte.<\/p>\n<p>El monte Calvario se convierte para el autor del <em><i>Te\u00f3timo<\/i><\/em> en el \u00abmonte de los amantes\u00bb, llamado as\u00ed porque ha sido la monta\u00f1a de aquel que se ha enamorado de la humanidad. Ahora, el amor por el hombre, vivido por Jes\u00fas, se convierte en nuestro amor, y su sangre derramada constituye como el \u00abcemento\u00bb que nos une estrechamente los unos a los otros:<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em><i>Quer\u00e1monos, pues, mucho los unos a los otros, y para tal fin utilicemos ese motivo que tiene tanta fuerza para incitar a la santa dilecci\u00f3n, o sea, que Nuestro Se\u00f1or desde la cruz ha derramado sobre la tierra su sangre hasta la \u00faltima gota, como para hacer un cemento sagrado, con el cual murar, unir, conjuntar y ligar todas las piedras de su Iglesia.<\/i><\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Finalmente, hay que amar al pr\u00f3jimo y a cada persona, porque Dios ha creado a los seres humanos \u00abpara hacer compa\u00f1\u00eda a su propio Hijo, participar de sus gracias y de su gloria y adorarlo y alabarlo por la eternidad\u00bb. Nadie est\u00e1 predestinado al infierno y a la condenaci\u00f3n. Dios quiere que todos los hombres se salven, y cada uno, por su parte, est\u00e1 llamado a cooperar libremente en la obra de salvaci\u00f3n. Dios deja a cada persona su libertad, pero la libertad conlleva la responsabilidad: \u00abAquel que nos ha creado sin nosotros, no os salvar\u00e1 sin vosotros; nos ha hecho sin que lo supi\u00e9ramos, no os salvar\u00e1 sin que lo quer\u00e1is\u00bb.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong><b>Caridad en pensamientos, en palabras, en obras y en la paciencia<\/b><\/strong><\/p>\n<p>El amor del pr\u00f3jimo puede ser practicado de diversas maneras, empezando por la caridad en los pensamientos y en las palabras. Amarlo en los pensamientos quiere decir no juzgarlo. Quiere decir intentar ver el aspecto positivo en todas las acciones de nuestro pr\u00f3jimo: \u00abSi una acci\u00f3n pudiera tener cien caras, deb\u00e9is mirar la m\u00e1s bella\u00bb.<\/p>\n<p>Hay personas que sienten un placer s\u00e1dico en encontrar el mal o en convertir en mal todo lo que se encuentra en el pr\u00f3jimo: \u00abNo se asemejan a las abejas sino a las avispas, animales asquerosos, que vuelan efectivamente sobre las flores, pero no para extraer de ellas la miel, sino el veneno; y si recogen la miel es para cambiarla en hiel\u00bb.<\/p>\n<p>La caridad en los pensamientos defiende de hacer juicios temerarios, tema importante al que la <em><i>Introducci\u00f3n a la vida devota<\/i><\/em> consagra un cap\u00edtulo. Con sorprendente fineza, el autor pone al desnudo una buena docena de motivos que empujan a hacer juicios sobre los dem\u00e1s: a veces ser\u00e1 a causa de un car\u00e1cter \u00abr\u00edgido y \u00e1spero\u00bb, pero sobre todo por orgullo, por el p\u00e9simo placer que los errores del pr\u00f3jimo hacen \u00absaborear\u00bb, para \u00absecundar y excusar\u00bb los propios vicios, por el gusto de \u00abfilosofar\u00bb sobre \u00abusos, costumbres y humores de las personas\u00bb, por amor o por odio hacia los dem\u00e1s, por ambici\u00f3n, por celos, por miedo y finalmente por \u00abotras debilidades de esp\u00edritu\u00bb.<\/p>\n<p>Para curar de este mal es necesario corregir la inclinaci\u00f3n de nuestros \u00abafectos\u00bb y cultivar el a <em><i>priori<\/i><\/em> positivo. Seamos prudentes en nuestros juicios: \u00ab\u00bfQui\u00e9n podr\u00eda asegurarnos que aquel que, ayer, era pecador y malo, sea tal tambi\u00e9n hoy?\u00bb. Despu\u00e9s de su conversi\u00f3n no se podr\u00e1 decir m\u00e1s que Zaqueo era un ladr\u00f3n, y Mar\u00eda Magdalena, despu\u00e9s de su cambio de vida, debe ser llamada \u00abarchivirgen\u00bb.<\/p>\n<p>La caridad en palabras, adem\u00e1s, es tan dif\u00edcil de observar que el autor le ha dedicado varios cap\u00edtulos de la <em><i>Filotea<\/i><\/em>. La recomendaci\u00f3n fundamental reza: \u00abVuestro discurrir sea dulce, franco, sincero, claro, cordial y verdadero. Guardaos de las dobleces, de los artificios y de las ficciones\u00bb.<\/p>\n<p>\u00c9l se detiene en particular sobre tres grandes defectos de la conversaci\u00f3n: la maledicencia, la calumnia y la burla. Los dos primeros son graves porque \u00abcon la maledicencia y la calumnia se clava la lengua en la sangre del pr\u00f3jimo\u00bb. La maledicencia, \u00abverdadera peste de las conversaciones\u00bb, \u00abest\u00e1 entre los primeros puestos\u00bb entre los \u00abefectos extremadamente perniciosos\u00bb del juicio temerario. En cuanto a la burla, es \u00abel g\u00e9nero de ofensa m\u00e1s malvado que se pueda hacer al pr\u00f3jimo con las palabras; porque las otras ofensas se hacen con alguna estima del ofendido, pero esta solamente con desprecio\u00bb.<\/p>\n<p>Pero estos son solamente los aspectos negativos de la caridad. \u00bfC\u00f3mo servir al pr\u00f3jimo mediante la palabra? La respuesta se encuentra en esta recomendaci\u00f3n a Filotea: \u00abCuando la caridad lo impone, debemos comunicarnos con claridad y dulzura con el pr\u00f3jimo, no solo en lo que es necesario para su instrucci\u00f3n, sino tambi\u00e9n en lo que es \u00fatil para consolarlo\u00bb.<\/p>\n<p>La caridad se ejerce adem\u00e1s en dos frentes: la ayuda activa y la paciente tolerancia del pr\u00f3jimo, en otros t\u00e9rminos con la acci\u00f3n y la paciencia. La primera consiste en actuar eficazmente a su favor y es el amor de benevolencia o amor efectivo. Concierne al bien a nivel tanto temporal como espiritual:<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em><i>El amor perfecto del pr\u00f3jimo, que viene de Dios, se comunica de varios modos: lo ayuda con las palabras, con las obras y con el ejemplo; provee, en cuanto le es posible, a todas sus necesidades; se alegra por su fortuna y felicidad temporal, pero mucho m\u00e1s por su progreso espiritual; le procura los bienes temporales en cuanto le pueden servir para obtener la beatitud eterna; le desea los bienes principales de la gracia y de las virtudes que lo pueden perfeccionar seg\u00fan Dios; se los procura a trav\u00e9s de todas las v\u00edas l\u00edcitas y con gran afecto.<\/i><\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Pero existe otra forma de caridad: es la caridad pasiva de la compasi\u00f3n, de la tolerancia mutua y del ofrecimiento de los sufrimientos. Se verifican de hecho situaciones en las que no se puede hacer nada, pero siempre se puede amar. Seg\u00fan Francisco de Sales, la caridad se manifiesta no solamente en acciones; ella probablemente encuentra m\u00e1s ocasiones y demuestra mayor fuerza cuando uno sufre por amor a los dem\u00e1s. La mutua tolerancia constituye, en consecuencia, un elemento fundamental del programa cristiano: \u00ab\u00a1Ah! Hija m\u00eda, una parte notable de nuestra perfecci\u00f3n consiste precisamente en esto: que sepamos soportarnos mutuamente en nuestras imperfecciones. \u00bfC\u00f3mo podr\u00edamos, de hecho, ejercer el amor del pr\u00f3jimo, si no nos tuvi\u00e9ramos que soportar?\u00bb. El caso l\u00edmite es la actitud de Jes\u00fas en la cruz, privado totalmente de todo poder, pero animado por una caridad infinita que obra la salvaci\u00f3n del mundo.<\/p>\n<p>En ciertas situaciones, cuando se vuelve casi imposible, humanamente hablando, soportar con dulzura al pr\u00f3jimo, la \u00fanica soluci\u00f3n es mirarlo con los ojos y soportarlo con el coraz\u00f3n de Cristo:<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em><i>\u00bfCu\u00e1ndo aprenderemos a ver las almas de nuestro pr\u00f3jimo en el sagrado pecho del Salvador? \u00a1Ay! quien ve al pr\u00f3jimo fuera de ese pecho, corre el riesgo de no amarlo pura ni constante y justamente; pero all\u00ed dentro, \u00bfqui\u00e9n no lo amar\u00eda? \u00bfqui\u00e9n no lo soportar\u00eda? \u00bfqui\u00e9n no tolerar\u00eda sus imperfecciones? \u00bfqui\u00e9n lo encontrar\u00eda desgraciado? \u00bfqui\u00e9n lo encontrar\u00eda aburrido? Ahora, mi querid\u00edsima Hija, nuestro pr\u00f3jimo est\u00e1 precisamente all\u00ed, en el seno y en el pecho de nuestro divino Salvador; est\u00e1 all\u00ed como objeto amad\u00edsimo y tan amable, que el Amante muere de amor por \u00e9l.<\/i><\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El cristiano que quiere bien al pr\u00f3jimo no realiza cada d\u00eda gestos extraordinarios, sino que se acuerda de poner en pr\u00e1ctica el programa trazado por san Pablo: \u00abLa caridad es paciente, ben\u00e9vola, liberal, prudente, condescendiente\u00bb.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong><b>La dulzura, flor de la caridad<\/b><\/strong><\/p>\n<p>Se podr\u00eda decir que la caridad vivida a la manera salesiana se llama dulzura, o que la dulzura es la forma concreta de vivir la caridad seg\u00fan el obispo de Ginebra. Es el esp\u00edritu de la Visitaci\u00f3n: un esp\u00edritu no solamente de humildad hacia Dios, sino tambi\u00e9n de \u00abdulzura hacia el pr\u00f3jimo\u00bb. Para Francisco de Sales, adem\u00e1s de ser una virtud entre las otras, la dulzura es la \u00abflor de la caridad\u00bb. Muchos admiradores del obispo de Ginebra han considerado que ella era el signo distintivo del esp\u00edritu salesiano. Como la humildad debe marcar la relaci\u00f3n con Dios, as\u00ed la dulzura est\u00e1 llamada a resumir la actitud hacia el pr\u00f3jimo.<\/p>\n<p>A esta luz, el binomio \u00abcaridad y dulzura\u00bb ya no es considerado como una aproximaci\u00f3n de dos virtudes separadas, sino m\u00e1s bien como la s\u00edntesis de la ense\u00f1anza salesiana atinente al amor del pr\u00f3jimo.<\/p>\n<p>Francisco de Sales no ama la \u00abdulzura ceremoniosa\u00bb o las dulzuras que no son \u00abaut\u00e9nticas y sinceras, sino artificiosas y aparentes\u00bb. Por eso asocia de buena gana a la dulzura otras virtudes, en particular la simplicidad, virtud evang\u00e9lica por \u00e9l muy apreciada:<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em><i>La virtud de la simplicidad es opuesta y contraria al vicio de la astucia, vicio fuente de sutilezas, artificios, dobleces. La astucia es un c\u00famulo de artificios, de enga\u00f1os, de malicias, y es por medio de la astucia que hacemos invenciones para llevar a enga\u00f1o el esp\u00edritu del pr\u00f3jimo y de aquellos con los cuales tenemos que tratar, para conducirlos al punto por nosotros querido [&#8230;]; cosa infinitamente contraria a la simplicidad, que requiere tener nuestro interior exactamente respondiendo a nuestro exterior.<\/i><\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La dulzura no excluye del todo la ira. A prop\u00f3sito de la mansedumbre declara que ella \u00abmanipula y modera la ira y la c\u00f3lera para retenerlas en los confines de la raz\u00f3n; la ira de hecho bien guiada es buena, y la mansedumbre tiene tal encargo, de usar no obstante solamente rara y solamente cuando hay que mostrar gran coraje en las ocasiones en que es necesario vencer, superar las dificultades y castigar los errores\u00bb.<\/p>\n<p>Aunque la dulzura no deba confundirse con la exagerada sensibilidad y la afectaci\u00f3n, sin embargo ella no excluye en absoluto el mundo de los sentimientos y de la afectividad. Es hecha objeto de frecuentes e insistentes recomendaciones, dirigidas en particular a la se\u00f1ora Brulart:<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em><i>Haced todo lo que pod\u00e1is para adquirir una dulzura particular hacia los vuestros, quiero decir hacia vuestra familia. No digo que sea necesario ser blandos o demasiado remisos, sino dulces y suaves. En esto hay que pensar cuando se entra en casa, cuando se sale de ella, cuando se est\u00e1 dentro por la ma\u00f1ana, a mediod\u00eda y en cualquier otra hora; es necesario dedicar alg\u00fan tiempo para cuidar de modo particular la pr\u00e1ctica de esta virtud, dejando casi de lado todo lo dem\u00e1s.<\/i><\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Con personas enfadadas no hay otro medio para calmarlas: \u00abNada apacigua m\u00e1s al elefante enfurecido que la vista de un corderito, y nada absorbe la violencia de los ca\u00f1onazos mejor que la lana\u00bb. Tal m\u00e9todo vale tambi\u00e9n en grandes controversias pol\u00edticas y religiosas, como en la da\u00f1ina <em><i>querella<\/i><\/em> acerca del poder de los papas sobre los pr\u00edncipes, donde \u00abla prudencia y la dulzura son mucho m\u00e1s \u00fatiles que la encendida doctrina y ardor de esp\u00edritu\u00bb.<\/p>\n<p>La dulzura no es otra cosa sino la caridad manifestada con humildad, fineza, afabilidad y cordialidad. El t\u00e9rmino cordialidad era tan querido por Francisco de Sales, hasta el punto de inducirlo a hacerlo objeto de uno de sus <em><i>Entretenimientos<\/i><\/em> con las visitandinas. Ofrece tambi\u00e9n una definici\u00f3n: \u00abLa cordialidad no es otra cosa sino la esencia de la verdadera y sincera amistad, la cual no puede darse solamente entre personas razonables, que suscitan y nutren sus amistades por medio de la raz\u00f3n\u00bb. Y m\u00e1s adelante: \u00abTal vez me preguntar\u00e9is: pero \u00bfqu\u00e9 significa amistad cordial? Equivale a indicar una amistad que tiene su fundamento en el coraz\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>El amor cordial se manifiesta tambi\u00e9n con la afabilidad y con la \u00abbuena conversaci\u00f3n\u00bb: la afabilidad \u00abpone una cierta dulzura en los asuntos y en las comunicaciones serias que tenemos entre nosotros\u00bb, mientras la buena conversaci\u00f3n \u00abnos hace agradables y aceptos en las comunicaciones menos serias que tenemos con el pr\u00f3jimo\u00bb.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong><b>Mostrar que se ama<\/b><\/strong><\/p>\n<p>Hay que amar al pr\u00f3jimo, pero eso no basta; hay que mostrar que se le ama y es necesario que el otro sepa que es amado. En la <em><i>Filotea<\/i><\/em> comentar\u00e1: \u00abDebemos amar al pr\u00f3jimo como a nosotros mismos: para mostrar que amamos al pr\u00f3jimo, no debemos evitar estar junto a \u00e9l\u00bb; la huida de las conversaciones nos impide mostrar que se le ama y eso \u00absabe a suficiencia y a desprecio del pr\u00f3jimo\u00bb.<\/p>\n<p>En sus <em><i>Entretenimientos<\/i><\/em> con las primeras visitandinas insiste sobre este punto: \u00abDebemos manifestar el amor por nuestras queridas hermanas y demostrar que nos agrada su trato\u00bb. Imitemos al gran Ap\u00f3stol: \u00abEl mismo san Pablo, que nos ense\u00f1a a actuar de modo que nuestros afectos sean manifestados santamente, quiere y nos ense\u00f1a a hacerlo con gentileza, d\u00e1ndonos el ejemplo: Saludad, dice, a fulano, que sabe de cierto que le quiero de coraz\u00f3n, y a aquel otro que debe saber que le quiero como a un hermano, y en particular a su madre, que sabe con certeza que es tambi\u00e9n la m\u00eda\u00bb. De tal modo podr\u00e1 nacer la reciprocidad, que no es solamente el fundamento de la amistad, sino tambi\u00e9n la condici\u00f3n para una aut\u00e9ntica relaci\u00f3n educativa o de otro tipo.<\/p>\n<p>Su ense\u00f1anza se volver\u00e1 m\u00e1s expl\u00edcita hablando con las visitandinas, en particular a prop\u00f3sito de las inclinaciones y aversiones naturales. La cuesti\u00f3n reviste una cierta importancia: mostrar afecto a una persona hacia la cual se siente aversi\u00f3n \u00bfno es hipocres\u00eda? El fundador responde fund\u00e1ndose en la distinci\u00f3n entre la parte inferior del ser, la de las pasiones y de las antipat\u00edas y simpat\u00edas naturales, y la parte superior que es nuestro verdadero yo. Una puntualizaci\u00f3n se impon\u00eda: \u00abHay un enga\u00f1o en el esp\u00edritu de muchas personas, las cuales piensan que tratar con cortes\u00eda y dar testimonio de amistad a aquellos por los cuales sienten aversi\u00f3n sean actos de doblez y de artificio, lo cual no es verdad; de hecho, las aversiones son involuntarias y residen en la parte inferior del alma, la voluntad las rechaza, aunque no se vayan.<\/p>\n<p>Una manera entre las m\u00e1s habituales de manifestar que se ama es la \u00abcondescendencia\u00bb, una actitud espiritual a la que est\u00e1 consagrado un Entretenimiento entero. Ella no designa solamente un comportamiento social, a priori bastante sospechoso, sino m\u00e1s bien, como emerge de su etimolog\u00eda, la actitud de aquel que desciende para ponerse exactamente al mismo nivel del otro. El t\u00e9rmino recuerda la condescendencia de Dios que se hace uno de nosotros. San Anselmo, un santo \u00abcuyo nacimiento ha honrado mucho nuestras monta\u00f1as\u00bb, porque \u2013 as\u00ed dec\u00eda el obispo de Ginebra \u2013 hab\u00eda nacido en Aosta, en los confines de Saboya con el Piamonte, era c\u00e9lebre por su \u00abgran docilidad y condescendencia\u00bb. El \u00abarte mayor\u00bb de san Pablo, adem\u00e1s, era el, a su modo de decir \u00abde hacerme todo a todos, re\u00edr con quien r\u00ede, llorar con quien llora, beber con quien bebe, para hacerme una sola cosa con cada uno\u00bb.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong><b>\u00bfAmar hasta qu\u00e9 punto?<\/b><\/strong><\/p>\n<p>De la semejanza entre el amor del pr\u00f3jimo y el amor de Dios, Francisco de Sales extrae una importante consecuencia: debemos amar al pr\u00f3jimo sin medida. Predica esta verdad a las visitandinas, citando una conocida sentencia de san Bernardo, seg\u00fan el cual, \u00abla medida de amar a Dios es amarlo sin medida\u00bb:<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em><i>Debemos amar a nuestras hermanas con toda la capacidad de nuestro coraz\u00f3n, y no contentarnos con amarlas como a nosotras mismas, seg\u00fan la obligaci\u00f3n del mandamiento de Dios; sino que las debemos amar m\u00e1s que a nosotras mismas, para observar las normas de la perfecci\u00f3n evang\u00e9lica, que nos lo pide. Lo ha dicho Nuestro Se\u00f1or: Amaos los unos a los otros, como yo os he amado. Esto debe ser considerado con mucha atenci\u00f3n: Amaos como yo os he amado, esto quiere decir m\u00e1s que a nosotros mismos.<\/i><\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Si el fin al que tiende el amor no puede ser otro sino la uni\u00f3n con la persona amada habr\u00e1 que decir que, como el amor de Dios tiende a la uni\u00f3n con Dios, as\u00ed el amor del pr\u00f3jimo est\u00e1 naturalmente orientado a la uni\u00f3n con \u00e9l. El cristiano buscar\u00e1 la uni\u00f3n con el pr\u00f3jimo con el fin de establecer con \u00e9l \u00abun solo coraz\u00f3n y una sola alma\u00bb. La perfecci\u00f3n de la caridad est\u00e1 en la \u00abuni\u00f3n de nuestras almas con Dios y con el pr\u00f3jimo\u00bb.<\/p>\n<p>Francisco de Sales se refiere aqu\u00ed a la uni\u00f3n espiritual, que consiste en la uni\u00f3n de las voluntades o de los corazones. Querer juntos la misma cosa, querer lo que quiere el otro; esto es la perfecci\u00f3n del amor del pr\u00f3jimo, como la perfecci\u00f3n del amor de Dios est\u00e1 en querer lo que \u00e9l quiere. \u00abCuando el alma dice sinceramente: Yo no tengo ya ninguna voluntad sino la tuya, Se\u00f1or, entonces se encuentra completamente unida a Dios; as\u00ed, renunciando a nuestra voluntad para hacer siempre la del pr\u00f3jimo, realizamos la verdadera uni\u00f3n con el pr\u00f3jimo: y todo esto hay que cumplirlo por amor de Dios\u00bb.<\/p>\n<p>Convertirse en \u00abun solo coraz\u00f3n y una sola alma\u00bb parece ser el ideal del obispo de Ginebra, el cual se acuerda de la primera comunidad cristiana de Jerusal\u00e9n, tal como es descrita por los <em><i>Hechos de los Ap\u00f3stoles<\/i><\/em>. El deseo por \u00e9l expresado al final de una carta a Juana de Chantal corresponde a un deseo de unidad, que no podr\u00e1 realizarse sino a trav\u00e9s de una admirable transformaci\u00f3n de alquimia espiritual:<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em><i>Ese fuego sagrado que transforma todo en s\u00ed mismo, quiera transformar nuestro coraz\u00f3n, de modo que no sea ya otra cosa que amor, y as\u00ed nosotros mismos no seamos ya amantes, sino amor, y no ya dos, sino uno solo, puesto que el amor une todas las cosas en la suprema Unidad<\/i><\/em>.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En verdad, \u00abel amor unifica, une, recoge, re\u00fane, estrecha y lleva todo a la unidad\u00bb. Ya el pagano Arist\u00f3teles lo hab\u00eda comprendido: \u00abCuando \u2013 as\u00ed dice \u00e9l \u2013 queremos expresar cu\u00e1nto amamos a nuestros amigos, decimos: su alma y la m\u00eda no son m\u00e1s que una sola alma\u00bb.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00abLas Filoteas son filantr\u00f3picas\u00bb, escrib\u00eda Francisco de Sales, queriendo con ello demostrar que no hab\u00eda&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":17,"featured_media":53405,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"iawp_total_views":2,"footnotes":""},"categories":[182],"tags":[2566,1720,2558,2198,1822,1972,2026],"class_list":["post-53412","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-nuestros-santos","tag-caridad","tag-carisma-salesiano","tag-dios","tag-educacion","tag-gracia","tag-santos","tag-virtud"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/53412","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/17"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=53412"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/53412\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":53413,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/53412\/revisions\/53413"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/53405"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=53412"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=53412"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=53412"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}