{"id":53183,"date":"2026-05-05T06:13:41","date_gmt":"2026-05-05T06:13:41","guid":{"rendered":"https:\/\/www.donbosco.press\/?p=53183"},"modified":"2026-05-05T06:13:57","modified_gmt":"2026-05-05T06:13:57","slug":"vision-de-santo-domingo-savio-1876","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/suenos-de-don-bosco\/vision-de-santo-domingo-savio-1876\/","title":{"rendered":"Visi\u00f3n de Santo Domingo Savio (1876)"},"content":{"rendered":"<p><em>El texto que sigue presenta la \u00abVisi\u00f3n de Santo Domingo Savio\u00bb, narrada por Don Juan Bosco la tarde del 22 de diciembre de 1876 ante los estudiantes y artesanos del Oratorio de Valdocco. En forma de sue\u00f1o, Don Bosco describe la aparici\u00f3n de su joven alumno Domingo Savio, muerto con fama de santidad, quien lo gu\u00eda a trav\u00e9s de un paisaje paradis\u00edaco, rico en s\u00edmbolos espirituales y musicales. El relato, denso en im\u00e1genes luminosas, mensajes de esperanza y referencias a la pureza, la caridad y la obediencia, concluye con profec\u00edas sobre el futuro de la Congregaci\u00f3n Salesiana y el destino de algunos de sus miembros. Es un documento valioso de la pedagog\u00eda preventiva y del universo m\u00edstico-simb\u00f3lico de Don Bosco, capaz de hablar a\u00fan hoy al coraz\u00f3n de los lectores.<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Finalmente, la noche del 22 de diciembre fue memorable en los anales del Oratorio. Se anticiparon un poco las oraciones de la noche. En la sala de visitas de los estudiantes se congregaron tambi\u00e9n los aprendices y todo el personal de la casa. Don Bosco lo hab\u00eda prometido para el d\u00eda anterior, pero ocupaciones perentorias le impidieron cumplir su promesa. Es, pues, de imaginar la expectaci\u00f3n general. Subi\u00f3 a su c\u00e1tedra, siendo recibido con entusiastas aplausos, como suced\u00eda siempre que daba las \u00abbuenas noches\u00bb a toda la comunidad. Apenas indic\u00f3 que iba a comenzar a hablar, se hizo un silencio profundo.<\/p>\n<p>\u00abLa noche que pas\u00e9 en Lanzo, al llegar la hora del descanso, mi imaginaci\u00f3n se sinti\u00f3 completamente absorbida por el siguiente sue\u00f1o. Se trata de un sue\u00f1o que no tiene relaci\u00f3n alguna con los dem\u00e1s. Os he contado ya uno bastante parecido a \u00e9ste durante los ejercicios espirituales, pero, o porque no estabais presentes todos vosotros, o porque difiere bastante de aqu\u00e9l, he decidido contaros \u00e9ste. Hay en \u00e9l cosas muy extra\u00f1as. Pero vosotros sab\u00e9is que a mis hijos yo siempre les hablo con el coraz\u00f3n abierto; para vosotros yo no tengo secretos. Haced de \u00e9l el caso que quer\u00e1is, pero, como dice el ap\u00f3stol San Pablo: <em>quod bonum est tenete<\/em>; (mantened lo bueno) si encontr\u00e1is en este sue\u00f1o algo que pueda servir de provecho para vuestras almas, no lo desperdici\u00e9is. El que no quiera creer en \u00e9l, que no crea, esto nada importa; pero que ninguno ponga en rid\u00edculo las cosas que os voy a decir. Os ruego una vez m\u00e1s que no cont\u00e9is lo que os voy a narrar a nadie que no sea de la casa y que mucho menos lo comuniqu\u00e9is por escrito fuera de aqu\u00ed. A los sue\u00f1os se les puede dar la importancia que los sue\u00f1os se merecen y los que no conocen nuestras cosas \u00edntimas, podr\u00edan formular un juicio err\u00f3neo y dar a las cosas unos apelativos que no les corresponden. No saben que sois mis hijos y que yo os digo todo cuanto s\u00e9 y a veces incluso lo que no s\u00e9. (Risas generales). Pero lo que un padre manifiesta a sus hijos para su bien, debe quedar entre padre e hijos y nada m\u00e1s. Y, adem\u00e1s, por otra raz\u00f3n. Por lo com\u00fan, si el sue\u00f1o se cuenta a los de fuera, o se tergiversan los hechos o se expone lo que menos interesa y de esto se origina siempre alg\u00fan da\u00f1o y el mundo despreciar\u00eda lo que no debe ser despreciado.<\/p>\n<p>Es necesario sep\u00e1is que ordinariamente los sue\u00f1os se tienen durmiendo. Ahora bien, la noche del 6 de diciembre, mientras estaba en mi habitaci\u00f3n sin saber positivamente si estaba leyendo o paseando por la misma, o si estaba en el lecho, comenc\u00e9 a so\u00f1ar. De pronto me pareci\u00f3 encontrarme sobre una peque\u00f1a prominencia de terreno, al borde de una inmensa llanura, cuyos confines no se llegaban a alcanzar con la vista. Aquella planicie se perd\u00eda en la inmensidad; era azulada como el mar en plena calma, aunque lo que yo contemplaba no era agua precisamente. Parec\u00eda como un terso cristal luciente. Bajo mis pies, detr\u00e1s de m\u00ed y a los lados, ve\u00eda una regi\u00f3n a la manera de una playa a orillas del oc\u00e9ano.<\/p>\n<p>Anchos y enormes paseos divid\u00edan la llanura en vast\u00edsimos jardines de inenarrable belleza, todos repartidos en bosquecillos, prados y parterres de flores, de formas y colores variados. Ninguna de nuestras plantas puede darnos una idea de aquellas otras, aunque guardaban con ellas alguna semejanza. Las hierbas, las flores, los \u00e1rboles, las frutas eran vistos\u00edsimas y de bell\u00edsimo aspecto. Las hojas eran de oro, los troncos y ramas de diamante y lo restante hac\u00eda juego con esta riqueza. Imposible contar las diferentes especies, y cada especie y cada flor resplandec\u00eda con luz propia. En medio de aquellos jardines y en toda la extensi\u00f3n de la llanura contemplaba yo innumerables edificios de un orden, belleza y armon\u00eda, de tal magnificencia y de tan extraordinarias proporciones que para la construcci\u00f3n de uno solo de ellos parec\u00eda que no habr\u00edan bastado todos los tesoros de la tierra. Al contemplar aquello me dec\u00eda yo a m\u00ed mismo: &#8211; \u00a1Si mis muchachos tuvieran un sola de estas casas, \u00a1c\u00f3mo gozar\u00edan!, \u00a1qu\u00e9 felices ser\u00edan!, \u00a1con cu\u00e1nto gusto vivir\u00edan en ellas!<\/p>\n<p>Y as\u00ed pensaba s\u00f3lo al ver aquellos palacios por fuera. \u00a1Cu\u00e1l no deber\u00eda ser su magnificencia interior! Mientras contemplaba extasiado tan estupendas maravillas y el ornato de aquellos jardines, lleg\u00f3 a mis o\u00eddos una m\u00fasica dulc\u00edsima y de tan grata armon\u00eda que no os podr\u00eda dar una idea de ella. En su comparaci\u00f3n, nada tienen que ver las de Cagliero y Dogliani. Eran cien mil instrumentos que produc\u00edan cada uno un sonido distinto del otro, mientras todos los sonidos posibles difund\u00edan por el aire su sonoridad. A \u00e9stos se un\u00edan los coros de los cantores.<\/p>\n<p>Vi entonces una multitud de gentes dispersas por aquellos jardines que se divert\u00eda en medio de la mayor alegr\u00eda. Qui\u00e9n tocaba, qui\u00e9n cantaba. Cada voz, cada nota hac\u00eda el efecto de mil instrumentos reunidos, todos diversos entre s\u00ed. Al mismo tiempo se o\u00edan los diversos grados de la escala arm\u00f3nica, desde el m\u00e1s alto al m\u00e1s bajo que se puede imaginar, pero todos en perfecto acorde. Para describir esta armon\u00eda no bastan las comparaciones humanas.<\/p>\n<p>En el rostro de aquellos felices moradores del jard\u00edn se ve\u00eda que los cantores no s\u00f3lo experimentaban extraordinario placer en cantar, sino que al mismo tiempo sent\u00edan un inmenso gozo al o\u00edr cantar a los dem\u00e1s. Y cuanto m\u00e1s cantaba uno, m\u00e1s se le encend\u00eda el deseo de cantar, y cuanto m\u00e1s escuchaba, m\u00e1s deseaba escuchar. Su canto era \u00e9ste: <em>Salus, honor, gloria Deo Patri Omnipotenti!&#8230; Auctor saeculi, qui erat, qui est, qui venturus est judicare vivos et mortuos, in saecula saeculorum<\/em> (Salvaci\u00f3n, honor y gloria a Dios Padre todopoderoso&#8230; Creador del mundo, que era, que es y que vendr\u00e1 a juzgar a los vivos y a los muertos por los siglos de los siglos.).<\/p>\n<p>Mientras escuchaba at\u00f3nito estas celestes armon\u00edas vi aparecer una multitud de j\u00f3venes, muchos de los cuales hab\u00edan estado en el Oratorio y en algunos otros colegios; a muchos, por consiguiente, los conoc\u00eda, aunque la mayor parte me era desconocida. Aquella muchedumbre incontable se dirig\u00eda hacia m\u00ed. A su cabeza ven\u00eda Domingo Savio, y detr\u00e1s de \u00e9l don V\u00edctor Alasonatti, don C\u00e9sar Chiala, don Jos\u00e9 Giulitto y muchos, muchos otros sacerdotes y cl\u00e9rigos, cada uno de ellos al frente de una secci\u00f3n de ni\u00f1os.<\/p>\n<p>Entonces me pregunt\u00e9 a m\u00ed mismo: &#8211; \u00bfDuermo o estoy despierto? Y daba palmadas y me tocaba el pecho para cerciorarme de que era realidad cuanto ve\u00eda. Al llegar toda aquella turba delante de m\u00ed, se detuvo a una distancia de unos ocho o diez pasos. Entonces brill\u00f3 un rel\u00e1mpago de luz m\u00e1s viva, ces\u00f3 la m\u00fasica y se sigui\u00f3 un profundo silencio. Aquellos muchachos estaban inundados de una grand\u00edsima alegr\u00eda que se reflejaba en sus ojos, y sus rostros eran como un trasunto de la paz interior que reinaba en sus esp\u00edritus. Me miraban con una dulce sonrisa en sus labios y parec\u00eda como si quisieran hablar, pero permanecieron en silencio.<\/p>\n<p>Domingo Savio se adelant\u00f3 solo, dando unos pasos hac\u00eda m\u00ed, y se detuvo tan cerca de donde yo estaba que si hubiese extendido la mano, ciertamente le habr\u00eda tocado. Callaba y me miraba tambi\u00e9n \u00e9l sonriente. \u00a1Qu\u00e9 hermoso estaba! Su vestido era realmente singular. Le ca\u00eda hasta los pies una t\u00fanica blanqu\u00edsima cuajada de diamantes y toda ella tejida de oro. Ce\u00f1\u00eda su cintura con una amplia faja roja recamada de tal modo de piedras preciosas que las unas casi tocaban a las otras, entrelaz\u00e1ndose en un dibujo tan maravilloso que ofrec\u00edan una belleza tal de colorido que yo, al contemplarla, me sent\u00eda lleno de admiraci\u00f3n. Le pend\u00eda del cuello un collar de peregrinas flores, no naturales, las hojas parec\u00edan de diamantes unidas entre s\u00ed sobre tallos de oro y as\u00ed todo lo dem\u00e1s. Estas flores refulg\u00edan con una luz sobrehumana m\u00e1s viva que la del sol, que en aquel instante brillaba en todo su esplendor primaveral, proyectando sus rayos sobre aquel rostro c\u00e1ndido y rubicundo de una manera indescriptible e ilumin\u00e1ndolo de tal forma que no era posible distinguir cada uno de sus rasgos. Llevaba sobre la cabeza una corona de rosas; le ca\u00eda sobre los hombros en ondulantes bucles la hermosa cabellera, d\u00e1ndole un aire tan bello, tan amable, tan encantador, que parec\u00eda&#8230; parec\u00eda \u00a1un \u00e1ngel!<\/p>\n<p>Parec\u00eda que don Bosco al pronunciar estas \u00faltimas palabras hac\u00eda esfuerzos por encontrar expresiones adecuadas; y las concluy\u00f3 con un gesto indescriptible y un tono de voz que estremeci\u00f3 a todos, cual uno que est\u00e9 rendido por el esfuerzo hecho para encontrar los t\u00e9rminos adecuados para expresar plenamente su idea. Despu\u00e9s de breve pausa sigui\u00f3:<\/p>\n<p>No menos resplandecientes de luz estaban los que le acompa\u00f1aban. Vest\u00edan todos de diversa manera, pero siempre bell\u00edsima; m\u00e1s o menos rica; qui\u00e9n de una forma, qui\u00e9n de otra, y cada una de aquellas vestiduras ten\u00eda un significado que nadie sabr\u00eda comprender. Pero todos llevaban la cintura ce\u00f1ida por una faja roja igual a la que llevaba Domingo.<\/p>\n<p>Yo segu\u00eda contemplando absorto todo aquello y pensaba: &#8211; \u00bfQu\u00e9 significa esto?&#8230; \u00bfC\u00f3mo he venido a parar a este sitio? Y no sab\u00eda explicarme d\u00f3nde me encontraba. Fuera de m\u00ed, tembloroso por la reverencia que aquello me inspiraba, no me atrev\u00eda a decir palabra. Tambi\u00e9n los dem\u00e1s continuaban silenciosos. Finalmente, Domingo despeg\u00f3 los labios para decir:<\/p>\n<p>&#8211; \u00bfPor qu\u00e9 est\u00e1s aqu\u00ed mudo y c\u00f3mo anonadado? \u00bfNo eres el hombre que en otro tiempo de nada se amedrentaba, que arrostraba intr\u00e9pido las calumnias, las persecuciones, las maquinaciones de los enemigos, y las angustias y los peligros de toda suerte? \u00bfD\u00f3nde est\u00e1 tu valor? \u00bfPor qu\u00e9 no hablas?<\/p>\n<p>Y contest\u00e9 a duras penas, balbuceando las palabras:<\/p>\n<p>-Yo no s\u00e9 qu\u00e9 decir&#8230; \u00bfPero, no eres t\u00fa Domingo Savio?<\/p>\n<p>-S\u00ed, lo soy, \u00bfya no me reconoces?<\/p>\n<p>&#8211; \u00bfY c\u00f3mo te encuentras aqu\u00ed?, a\u00f1ad\u00ed confuso.<\/p>\n<p>Domingo entonces, afectuosamente me dijo:<\/p>\n<p>-He venido para hablar contigo. \u00a1Cu\u00e1ntas veces hemos conversado juntos en la tierra! \u00bfNo recuerdas cu\u00e1nto me amabas, cu\u00e1ntas pruebas de estima y de afecto me diste? \u00bfY yo no correspond\u00ed acaso a tus desvelos? \u00a1Qu\u00e9 gran confianza puse en ti! \u00bfPor qu\u00e9, pues, temes? \u00a1Ea! Preg\u00fantame algo. Entonces, cobrando un poco de \u00e1nimo, le dije:<\/p>\n<p>-Es que&#8230; no s\u00e9 d\u00f3nde me encuentro, por eso estoy temblando.<\/p>\n<p>-Est\u00e1s en una mansi\u00f3n de felicidad, me respondi\u00f3 Domingo, en donde se gozan todas las dichas, todas las delicias.<\/p>\n<p>&#8211; \u00bfEs \u00e9ste, pues, el premio de los justos?<\/p>\n<p>-No, por cierto. Aqu\u00ed no se gozan los bienes eternos, sino s\u00f3lo, aunque en grado sumo, los temporales.<\/p>\n<p>-Entonces, \u00bftodas \u00e9stas son cosas naturales?<\/p>\n<p>-S\u00ed; aunque embellecidas por el poder de Dios.<\/p>\n<p>&#8211; \u00a1Y a m\u00ed que me parec\u00eda que esto era el Para\u00edso!, exclam\u00e9.<\/p>\n<p>&#8211; \u00a1No, no, no!, repuso Savio. No hay ojo mortal que pueda ver las bellezas eternas.<\/p>\n<p>&#8211; \u00bfY estas m\u00fasicas, segu\u00ed preguntando, son las armon\u00edas de que goz\u00e1is en el Para\u00edso?<\/p>\n<p>&#8211; \u00a1No, no, ya te he dicho que no!<\/p>\n<p>&#8211; \u00bfSon armon\u00edas naturales?<\/p>\n<p>-S\u00ed, son sonidos naturales perfeccionados por la omnipotencia de Dios.<\/p>\n<p>-Y esta luz que sobrepuja a la luz del sol \u00bfes luz sobrenatural? \u00bfEs luz del Para\u00edso?<\/p>\n<p>-Es luz natural, aunque reavivada y perfeccionada por la omnipotencia divina.<\/p>\n<p>&#8211; \u00bfY no se podr\u00eda ver un poco de luz sobrenatural?<\/p>\n<p>-Nadie puede gozar de ella hasta que no llegue a ver a Dios <em>sicut est<\/em> (tal como \u00c9l es). El m\u00e1s \u00ednfimo rayo de esa luz quitar\u00eda al instante la vida a un hombre, porque no hay fuerzas humanas que la puedan resistir.<\/p>\n<p>&#8211; \u00bfNo puede haber una luz natural m\u00e1s hermosa que \u00e9sta?<\/p>\n<p>&#8211; \u00a1Si supieras! Si vieras solamente un rayo de sol, llevado a un grado superior a \u00e9ste, quedar\u00edas fuera de ti.<\/p>\n<p>&#8211; \u00bfY no se puede ver al menos una part\u00edcula de esa luz que dices?<\/p>\n<p>-S\u00ed que se puede ver y tendr\u00e1s la prueba de lo que digo. Abre los ojos.<\/p>\n<p>-Ya los tengo abiertos, contest\u00e9.<\/p>\n<p>-Pues f\u00edjate bien y mira all\u00e1 al fondo de ese mar de cristal. Tend\u00ed la vista y al mismo tiempo apareci\u00f3 de improviso, en el cielo y a una distancia inmensa, una fugaz centella de luz, sutil\u00edsima como un hilo, pero tan brillante, tan penetrante que di un grito que despert\u00f3 a don Juan Bautista. Lemoyne, aqu\u00ed presente, que dorm\u00eda en una habitaci\u00f3n pr\u00f3xima a la m\u00eda. Aquel destello de luz era cien millones de veces m\u00e1s clara que la del sol y su fulgor bastar\u00eda para iluminar el universo entero. Un instante despu\u00e9s abr\u00ed los ojos y pregunt\u00e9 a Domingo:<\/p>\n<p>&#8211; \u00bfQu\u00e9 es esto? \u00bfTal vez un rayo divino?<\/p>\n<p>Savio contest\u00f3:<\/p>\n<p>-No es luz sobrenatural, si bien, comparada con la terrestre, le supera mucho en fulgor. No es m\u00e1s que la luz natural elevada a un mayor esplendor por la omnipotencia divina. Y aunque imaginaras una inmensa zona de luz semejante a la centellita que acabas de ver al fondo de esta llanura, rodeando todo el universo, no por eso llegar\u00edas a formarte una idea de los esplendores del Para\u00edso.<\/p>\n<p>-Y vosotros, \u00bfqu\u00e9 goz\u00e1is en el Para\u00edso?<\/p>\n<p>&#8211; \u00a1Ah! Es imposible quer\u00e9rtelo explicar; lo que se goza en el Para\u00edso no hay mortal alguno que pueda saberlo mientras no abandone esta vida y se re\u00fana con su Creador. Lo \u00fanico que se puede decir es que se goza de Dios; y esto es todo. Entretanto, recobrado ya plenamente de mi primer aturdimiento, contemplaba absorto la hermosura de Domingo Savio cuando le pregunt\u00e9 en el tono de la mayor confianza:<\/p>\n<p>&#8211; \u00bfPor qu\u00e9 llevas ese vestido tan blanco y reluciente?<\/p>\n<p>Call\u00f3 Domingo, sin dar muestras de querer contestar a mi pregunta y el coro comenz\u00f3 a cantar armoniosamente acompa\u00f1ado de todos los instrumentos: <em>Ipsi habuerunt lumbos praecinctos et dealbaverunt stolas suas in sanguine Agni<\/em> (Estos ten\u00edan los lomos ce\u00f1idos y blanqueaban sus vestiduras en la sangre del Cordero).<\/p>\n<p>Cuando ces\u00f3 el canto volv\u00ed a preguntar:<\/p>\n<p>&#8211; \u00bfY por qu\u00e9 llevas a la cintura esa faja de color rojo?<\/p>\n<p>Tampoco esta vez quiso Savio responder a mi pregunta y, mientras hac\u00eda un gesto como de rehusar la contestaci\u00f3n, don V\u00edctor Alasonatti cant\u00f3 solo: &#8211; <em>Virgines enim sunt, et sequuntur Agnum, quocumque fuerit<\/em> (Estos ten\u00edan los lomos ce\u00f1idos y blanqueaban sus vestiduras en la sangre del Cordero).<\/p>\n<p>Comprend\u00ed entonces que la faja de color de sangre era s\u00edmbolo de los grandes sacrificios hechos, de los violentos esfuerzos y casi del martirio sufrido por conservar la virtud de la pureza; y que, para mantenerse casto en la presencia del Se\u00f1or, hubiera estado pronto a dar la vida, si las circunstancias as\u00ed lo hubiesen exigido; y que al mismo tiempo simbolizaba las penitencias que libran al alma de la mancha de la culpa. La blancura y esplendor de la t\u00fanica representaban la conservaci\u00f3n de la inocencia bautismal.<\/p>\n<p>Yo, entretanto, atra\u00eddo por aquellos cantos y al contemplar todas aquellas falanges de j\u00f3venes celestiales que segu\u00edan a Domingo Savio, pregunt\u00e9 a \u00e9ste:<\/p>\n<p>&#8211; \u00bfY qui\u00e9nes son \u00e9sos que te siguen? Y dirigi\u00e9ndome a ellos les dije:<\/p>\n<p>&#8211; \u00bfC\u00f3mo es que ten\u00e9is ese aspecto tan refulgente? Savio continu\u00f3 callado mientras todos aquellos j\u00f3venes comenzaron a cantar:<\/p>\n<p>&#8211;<em>Hi sunt sicut Angeli Dei in coelo<\/em>. (Estos son como los \u00e1ngeles de Dios en el cielo, Mt 22,30). Por mi parte me di cuenta de que Domingo gozaba de cierta preeminencia entre los dem\u00e1s, que se manten\u00edan a respetuosa distancia detr\u00e1s de \u00e9l, como a unos diez pasos; por eso le dije:<\/p>\n<p>-Dime, Domingo, siendo t\u00fa el m\u00e1s joven de los que veo aqu\u00ed y de los que han muerto en nuestras casas, \u00bfpor qu\u00e9 vas delante de ellos y les precedes? \u00bfPor qu\u00e9 eres t\u00fa quien hablas, mientras ellos callan?<\/p>\n<p>-Yo soy el m\u00e1s viejo de todos, me contest\u00f3.<\/p>\n<p>-No, le repliqu\u00e9; muchos te aventajan en edad.<\/p>\n<p>-Yo soy el m\u00e1s antiguo del Oratorio, replic\u00f3 Domingo, porque he sido el primero en dejar el mundo para ir a la otra vida. Adem\u00e1s: <em>Legatione Dei fungor<\/em> (cumplo una misi\u00f3n de Dios).<\/p>\n<p>Esta respuesta me indicaba el motivo de la visi\u00f3n. Domingo Savio hac\u00eda las veces de embajador de Dios.<\/p>\n<p>-Entonces, le dije, hablemos de lo que en este instante m\u00e1s me importa.<\/p>\n<p>-S\u00ed y preg\u00fantame pronto lo que deseas saber. Las horas pasan y se podr\u00eda acabar el tiempo que se me ha concedido para hablarte y despu\u00e9s no me ver\u00edas m\u00e1s. -Seg\u00fan parece \u00bftienes alg\u00fan asunto de importancia que comunicarme?<\/p>\n<p>&#8211; \u00bfQu\u00e9 puedo decirte yo, m\u00edsera criatura?, dijo humildemente Domingo. He recibido de lo alto la misi\u00f3n de hablarte y por eso he venido.<\/p>\n<p>-Entonces, exclam\u00e9, h\u00e1blame del pasado, del presente y del porvenir de nuestro Oratorio. H\u00e1blame de nuestros queridos hijos, h\u00e1blame de mi Congregaci\u00f3n.<\/p>\n<p>-Respecto a \u00e9sta tendr\u00eda muchas que comunicarte.<\/p>\n<p>-Cu\u00e9ntame, pues, lo que sabes: el pasado&#8230;<\/p>\n<p>-El pasado recae todo sobre ti.<\/p>\n<p>&#8211; \u00bfHe cometido alguna falta?<\/p>\n<p>-En cuanto al pasado te he de decir que tu Congregaci\u00f3n ha hecho ya mucho bien. \u00bfVes all\u00e1 abajo aquel n\u00famero incontable de j\u00f3venes?<\/p>\n<p>-S\u00ed que los veo. \u00a1Cu\u00e1ntos son! \u00a1Qu\u00e9 felicidad se refleja en sus rostros!<\/p>\n<p>-Observa lo que est\u00e1 escrito a la entrada del jard\u00edn.<\/p>\n<p>-Ya lo veo. Dice: Jard\u00edn Salesiano.<\/p>\n<p>-Pues bien, prosigui\u00f3 Domingo; todos esos han sido Salesianos o fueron educados por ti o han sido salvados por ti, o por tus sacerdotes o cl\u00e9rigos o por otros que encaminaste por la v\u00eda de la vocaci\u00f3n. Cu\u00e9ntalos, si puedes. Su n\u00famero, empero, ser\u00eda cien millones de veces mayor si mayor hubiera sido tu fe y confianza en el Se\u00f1or.<\/p>\n<p>Lanc\u00e9 un suspiro, sin saber qu\u00e9 responder al escuchar semejante reproche; sin embargo, me dije para mis adentros: En lo sucesivo procurar\u00e9 tener m\u00e1s fe y m\u00e1s confianza en la Providencia. Despu\u00e9s a\u00f1ad\u00ed:<\/p>\n<p>&#8211; Y el presente, \u00bfqu\u00e9 me dices del presente?<\/p>\n<p>Domingo me present\u00f3 un magn\u00edfico ramillete que ten\u00eda en la mano. Hab\u00eda en \u00e9l rosas, violetas, girasoles, gencianas, lirios, siemprevivas, y entre las flores, espigas de trigo. Me lo ofreci\u00f3 dici\u00e9ndome:<\/p>\n<p>&#8211; \u00a1Mira!<\/p>\n<p>-Ya veo, pero no entiendo lo que quieres decir.<\/p>\n<p>-Entrega este ramillete a tus hijos, para que puedan ofrec\u00e9rselo al Se\u00f1or cuando llegue el momento; procura que todos lo tengan, que a ninguno le falte ni se lo deje arrebatar. Ten la seguridad de que si lo conservan, esto ser\u00e1 suficiente para que se sientan felices.<\/p>\n<p>-Pero \u00bfqu\u00e9 significa este ramillete de flores?<\/p>\n<p>-Consulta la Teolog\u00eda; ella te lo dir\u00e1 y te dar\u00e1 la explicaci\u00f3n.<\/p>\n<p>-La Teolog\u00eda la he estudiado, pero no sabr\u00eda encontrar en ella el significado del ramo que me ofreces.<\/p>\n<p>-Pues est\u00e1s obligado a saber todo esto.<\/p>\n<p>-Vamos; calma mi ansiedad; expl\u00edcamelo.<\/p>\n<p>&#8211; \u00bfVes estas flores? Representan las virtudes que m\u00e1s agradan al Se\u00f1or.<\/p>\n<p>-Y cu\u00e1les son?<\/p>\n<p>-La rosa es s\u00edmbolo de la caridad; la violeta, de la humildad; el girasol, de la obediencia; la genciana, de la penitencia y de la mortificaci\u00f3n; las espigas, de la Comuni\u00f3n frecuente; el lirio simboliza la bella virtud de la cual est\u00e1 escrito: <em>Erunt sicut Angeli Dei in coelo<\/em> (Ser\u00e1n como los \u00e1ngeles de Dios en el cielo): la castidad. La siempreviva quiere indicar que estas virtudes han de ser perennes, simbolizando la perseverancia.<\/p>\n<p>-Bien, Domingo, t\u00fa que durante tu vida practicaste todas estas virtudes, dime: \u00bfqu\u00e9 fue lo que m\u00e1s te consol\u00f3 a la hora de la muerte?<\/p>\n<p>&#8211; \u00bfQu\u00e9 crees t\u00fa que pudo ser?, contest\u00f3 Domingo.<\/p>\n<p>&#8211; \u00bfFue tal vez el haber conservado la bella virtud de la pureza?<\/p>\n<p>&#8211; No, eso solo, no.<\/p>\n<p>&#8211; \u00bfQuiz\u00e1s la tranquilidad de conciencia?<\/p>\n<p>-Cosa buena es esa, pero no la mejor.<\/p>\n<p>&#8211; \u00bfAcaso fue la esperanza del Para\u00edso?<\/p>\n<p>-Tampoco.<\/p>\n<p>-Pues \u00bfqu\u00e9 entonces? \u00bfEl haber hecho muchas buenas obras?<\/p>\n<p>&#8211; \u00a1No, no!<\/p>\n<p>&#8211; \u00bfCual fue, pues, tu mayor consuelo en aquella \u00faltima hora?, le insist\u00ed, confuso y suplicante, al ver que no lograba adivinarlo.<\/p>\n<p>-Lo que m\u00e1s me confort\u00f3 en el trance de la muerte fue la asistencia de la potente y bondadosa Madre de Dios. Dilo a tus hijos; que no se olviden de invocarla en todos los momentos de la vida. Pero&#8230; habla pronto, si quieres que te responda.<\/p>\n<p>-En cuanto al porvenir, \u00bfqu\u00e9 me dices?<\/p>\n<p>-Que el a\u00f1o venidero de 1877 tendr\u00e1s que sufrir un gran dolor; seis hijos de los que te son m\u00e1s queridos ser\u00e1n llamados por Dios a la eternidad. Pero consu\u00e9late, pues han de ser trasplantados del erial de este mundo a los jardines del Para\u00edso. No temas: ser\u00e1n coronados. El Se\u00f1or te ayudar\u00e1 y te mandar\u00e1 otros hijos igualmente buenos.<\/p>\n<p>&#8211; \u00a1Paciencia!, exclam\u00e9. \u00bfY por lo que se refiere a la Congregaci\u00f3n?<\/p>\n<p>-Por lo que respecta a la Congregaci\u00f3n has de saber que Dios le prepara grandes acontecimientos. El a\u00f1o venidero surgir\u00e1 para ella una aurora de gloria tan espl\u00e9ndida que iluminar\u00e1 cual rel\u00e1mpago los cuatro \u00e1ngulos del orbe, de oriente al ocaso y del mediod\u00eda al septentri\u00f3n: una gran gloria le est\u00e1 reservada. T\u00fa debes procurar que el carro en el que va el Se\u00f1or no sea apartado por los tuyos de sus directrices ni de su sendero. Si tus sacerdotes lo conducen bien y saben hacerse dignos de la alta misi\u00f3n que se les ha confiado, el porvenir ser\u00e1 espl\u00e9ndido e infinitas las personas que se salvaran, a condici\u00f3n empero de que tus hijos sean devotos de la Sant\u00edsima Virgen y conserven la virtud de la castidad, que tan grata es a los ojos de Dios, cuantos viven en tu casa.<\/p>\n<p>-Ahora desear\u00eda que me dijeses algo sobre la Iglesia en general.<\/p>\n<p>-Los destinos de la Iglesia est\u00e1n en manos del Creador. Lo que ha determinado en sus infinitos decretos, no lo puedo revelar. Tales arcanos se los reserva El exclusivamente para s\u00ed y de ellos no participa ninguno de los esp\u00edritus creados.<\/p>\n<p>&#8211; \u00bfY P\u00edo IX?<\/p>\n<p>-Lo \u00fanico que puedo decirte es que el Pastor de la Iglesia tendr\u00e1 que sostener a\u00fan duras batallas sobre esta tierra. Pocas son las que le quedan por vencer. Dentro de poco ser\u00e1 arrebatado de su trono y el Se\u00f1or le dar\u00e1 la merecida merced. Lo dem\u00e1s ya es sabido de todos: la Iglesia no puede perecer&#8230; \u00bfTienes a\u00fan algo m\u00e1s que preguntar?<\/p>\n<p>-Y de m\u00ed, \u00bfqu\u00e9 me dices de m\u00ed?<\/p>\n<p>&#8211; \u00a1Oh, si supieras por cuantas vicisitudes tendr\u00e1s todav\u00eda que pasar! date prisa, pues apenas me queda tiempo para hablar contigo.<\/p>\n<p>Entonces extend\u00ed anhelante las manos para tocar a aquel mi querido hijo, pero sus manos parec\u00edan inmateriales y nada pude asir.<\/p>\n<p>&#8211; \u00bfQu\u00e9 haces, loquillo?, me dijo Domingo sonriendo.<\/p>\n<p>-Es que temo que te vayas, exclam\u00e9. \u00bfNo est\u00e1s aqu\u00ed con el cuerpo?<\/p>\n<p>-Con el cuerpo no; lo recobrar\u00e9 un d\u00eda.<\/p>\n<p>&#8211; \u00bfY qu\u00e9 es, pues, este tu parecido? Yo veo en ti la fisonom\u00eda de Domingo Savio.<\/p>\n<p>-Mira: cuando por permisi\u00f3n divina se os aparece un alma separada del cuerpo, presenta a vuestra vista la forma exterior del cuerpo al que en vida estuvo unida con todos sus rasgos exteriores, si bien grandemente embellecidos, y as\u00ed los conserva mientras con \u00e9l no vuelva a reunirse en el d\u00eda del juicio universal. Entonces se lo llevar\u00e1 consigo al Para\u00edso. Por eso te parece que tengo manos, pies y cabeza; en cambio no puedes tocarme porque soy esp\u00edritu puro. Esta es s\u00f3lo una forma externa por la que me puedes conocer. En otros t\u00e9rminos, quiere decir: \u00abCuando os aparece por voluntad de Dios un alma. -Comprendo, contest\u00e9; pero escucha. Una palabra m\u00e1s. \u00bfMis j\u00f3venes est\u00e1n todos en el recto camino de la salvaci\u00f3n? Dime alguna cosa para que pueda dirigirlos con acierto.<\/p>\n<p>-Los hijos que la Divina Providencia te ha confiado pueden dividirse en tres clases. \u00bfVes estas tres listas?<\/p>\n<p>Y me entreg\u00f3 una.<\/p>\n<p>&#8211; \u00a1Exam\u00ednala!<\/p>\n<p>Observ\u00e9 la primera; estaba encabezada por la palabra: <em>Invulnerati<\/em> y conten\u00eda los nombres de aquellos a quienes el demonio no hab\u00eda podido herir: los que no hab\u00edan mancillado su inocencia con culpa alguna. Eran muchos y los vi a todos. A muchos de ellos los conoc\u00eda, a otros no los hab\u00eda visto nunca y seguramente vendr\u00e1n al Oratorio en a\u00f1os sucesivos. Marchaban rectamente por un estrecho sendero, a pesar de que eran el blanco de las flechas, sablazos y lanzadas que por todas partes les llov\u00edan. Dichas armas formaban como un seto a ambos lados del camino y los hostigaban y molestaban sin herirlos.<\/p>\n<p>Entonces Domingo me dio la segunda lista, cuyo t\u00edtulo era: <em>Vulnerati<\/em>, esto es, los que hab\u00edan estado en desgracia de Dios; pero, una vez puestos en pie, ya se hab\u00edan curado de sus heridas arrepinti\u00e9ndose y confes\u00e1ndose. Eran m\u00e1s numerosos que los primeros y hab\u00edan sido heridos en el sendero de su vida por los enemigos que les asediaban durante el viaje. Le\u00ed la lista y los vi a todos. Muchos marchaban encorvados y desalentados.<\/p>\n<p>Domingo ten\u00eda a\u00fan en la mano la tercera lista. Era su ep\u00edgrafe: <em>Lassati in via iniquitatis<\/em> y (cansados en el camino de la iniquidad) conten\u00eda los nombres de los que estaban en desgracia de Dios. Estaba yo impaciente por conocer aquel secreto; por lo que extend\u00ed la mano, pero Savio me interrumpi\u00f3 con presteza:<\/p>\n<p>-No; aguarda un momento y escucha. Si abres esta hoja saldr\u00e1 de ella un hedor tal, que ni t\u00fa ni yo lo podr\u00edamos resistir. Los \u00e1ngeles tienen que retirarse asqueados y horrorizados, y el mismo Esp\u00edritu Santo siente n\u00e1useas ante la horrible hediondez del pecado.<\/p>\n<p>&#8211; \u00bfY c\u00f3mo puede ser eso, le interrump\u00ed, siendo Dios y los \u00e1ngeles impasibles? \u00bfC\u00f3mo pueden sentir el hedor de la materia?<\/p>\n<p>-S\u00ed; porque cuanto mejores y m\u00e1s puras son las criaturas, tanto m\u00e1s se asemejan a los esp\u00edritus celestiales; y, por el contrario, cuanto peor y m\u00e1s deshonesto y soez es uno, tanto m\u00e1s se aleja de Dios y de sus \u00e1ngeles, quienes a su vez se apartan del pecador convertido en objeto de n\u00e1usea y de repulsi\u00f3n. Entonces me dio la tercera lista.<\/p>\n<p>-T\u00f3mala, me dijo, \u00e1brela y aprov\u00e9chate de ella en bien de tus hijos; pero no te olvides del ramillete que te he dado: que todos lo tengan y conserven. Dicho esto, y despu\u00e9s de entregarme la lista, se retir\u00f3 en medio de sus compa\u00f1eros como en actitud de marcha. Abr\u00ed entonces la lista; no vi nombre alguno, pero al instante se me presentaron de golpe todos los individuos en ella escritos, como si en realidad estuviera contemplando sus personas. \u00a1Con cu\u00e1nta amargura los observ\u00e9! A la mayor parte de ellos los conoc\u00eda; pertenec\u00edan al Oratorio y a otros colegios. \u00a1Cu\u00e1ntos de ellos parecen buenos, e incluso los mejores de entre los compa\u00f1eros, y, sin embargo, no lo son! Mas apenas abr\u00ed la lista, se esparci\u00f3 en derredor de m\u00ed un hedor tan insoportable, separada del cuerpo, \u00e9sta ofrece a vuestros ojos la forma exterior del cuerpo, que fue ya anteriormente informado por ella misma y por esto te parece que yo tengo manos y pies y cabeza, etc., que al punto me vi aquejado de dolores muy intensos de cabeza y de unas ansias tales de vomitar que cre\u00eda morirme. Entretanto se oscureci\u00f3 el aire; desapareci\u00f3 la visi\u00f3n y nada m\u00e1s vi de tan hermoso espect\u00e1culo; al mismo tiempo un rayo ilumin\u00f3 la estancia y un trueno retumb\u00f3 en el espacio, tan fuerte y terrible que me despert\u00e9 sobresaltado. Aquel hedor penetr\u00f3 en las paredes, infiltr\u00e1ndose en mis vestidos, de tal forma que muchos d\u00edas despu\u00e9s a\u00fan parec\u00eda percibir aquella pestilencia. Ahora mismo, con s\u00f3lo recordarlo, me vienen n\u00e1useas, me siento como ahogado y se me revuelve el est\u00f3mago.<\/p>\n<p>En Lanzo, donde me encontraba, comenc\u00e9 a preguntar a unos y a otros; habl\u00e9 con varios y pude cerciorarme de que el sue\u00f1o no me hab\u00eda enga\u00f1ado. Es, pues, una gracia del Se\u00f1or, que me ha dado a conocer el estado del alma de cada uno de vosotros; pero de esto me guardar\u00e9 de decir nada en p\u00fablico. Ahora no me queda nada m\u00e1s que auguraros buenas noches.<\/p>\n<p>El ver en el sue\u00f1o que eran considerados como malos ciertos j\u00f3venes que pasaban por la casa por los mejores, hizo sospechar a don Bosco que se trataba de una ilusi\u00f3n. He aqu\u00ed el motivo por el cual hab\u00eda llamado precedentemente a algunos ad <em>audiendum<\/em> <em>verbum<\/em> (la palabra que debe ser escuchada): quer\u00eda asegurarse bien sobre la naturaleza del sue\u00f1o. Por el mismo motivo retras\u00f3 quince d\u00edas su relato. Cuando tuvo la seguridad de que la cosa proced\u00eda de lo alto, habl\u00f3. El tiempo vendr\u00eda a confirmar la realidad de otras muchas cosas que vio en el mismo y que llegaron a cumplirse.<\/p>\n<p>La primera predicci\u00f3n, la m\u00e1s importante, se refer\u00eda al n\u00famero de sus queridos hijos que morir\u00edan en el 77, divididos en dos grupos: seis m\u00e1s dos. En la actualidad los registros del Oratorio ofrecen la cruz, se\u00f1al tradicional de defunci\u00f3n junto a los nombres de seis j\u00f3venes y de dos cl\u00e9rigos. La segunda predicci\u00f3n anunciaba una aurora esplendorosa para la Sociedad Salesiana en el 77, que iluminar\u00eda los cuatro \u00e1ngulos del mundo; en efecto, aquel a\u00f1o apareci\u00f3 en el horizonte de la Iglesia la Asociaci\u00f3n de los Cooperadores Salesianos y comenz\u00f3 a publicarse el Bolet\u00edn Salesiano, dos instituciones que deb\u00edan llevar de un extremo a otro de la tierra el conocimiento y la pr\u00e1ctica del esp\u00edritu de don Bosco. La tercera predicci\u00f3n se refer\u00eda al fin pr\u00f3ximo del Papa P\u00edo IX, que, en efecto, muri\u00f3 catorce meses despu\u00e9s del sue\u00f1o.<\/p>\n<p>La \u00faltima predicci\u00f3n fue muy amarga para el siervo de Dios: \u00ab\u00a1Oh, si supieses cu\u00e1ntas dificultades tienes a\u00fan que vencer!\u00bb<\/p>\n<p>Y en efecto: en el resto de su vida, que dur\u00f3 todav\u00eda once a\u00f1os y dos meses, luchas y fatigas y sacrificios se sucedieron sin tregua hasta el fin de su existencia.<\/p>\n<p>Estaba al frente de la comisar\u00eda de seguridad p\u00fablica en el distrito Dora un se\u00f1or, que ten\u00eda algunos conocidos en el Oratorio. Este tal oy\u00f3 el sue\u00f1o y le impresion\u00f3 el vaticinio de las ocho muertes. Estuvo atento todo el 77, para comprobar la realidad del mismo. Al enterarse del \u00faltimo caso de muerte, que tuvo lugar precisamente el \u00faltimo d\u00eda del a\u00f1o, dijo adi\u00f3s al mundo, se hizo salesiano y trabaj\u00f3 mucho no s\u00f3lo en Italia, sino tambi\u00e9n en Am\u00e9rica. Fue don Angel Piccono, de imperecedera memoria.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>1 1. Juan Briatore, 1. de bachillerato, n. 93.<\/p>\n<ol start=\"2\">\n<li>V\u00edctor Strolengo, encuadernador, n. 152.<\/li>\n<li>Esteban Mazzoglio, 4. de bachillerato, n. 187.<\/li>\n<li>Nadal Gatola, 4. de bachillerato, n. 388.<\/li>\n<li>Antonio Bognati, 5. de bachillerato, n. 206.<\/li>\n<li>Luis Boggiatto, barrendero, n. 805.<\/li>\n<li>Miguel Giovannetti, cl\u00e9rigo salesiano, n. 553.<\/li>\n<li>Carlos Becchio, cl\u00e9rigo, n. 248 (muerto en su casa, en Morialdo, el 31 de diciembre de 1877, pero presente en el Oratorio durante el a\u00f1o escolar 1876-77).<\/li>\n<\/ol>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El texto que sigue presenta la \u00abVisi\u00f3n de Santo Domingo Savio\u00bb, narrada por Don Juan&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":53178,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"iawp_total_views":24,"footnotes":""},"categories":[186],"tags":[1720,1768,2601,1828,1816,2026],"class_list":["post-53183","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-suenos-de-don-bosco","tag-carisma-salesiano","tag-don-bosco","tag-fe","tag-gracias-recibidas","tag-jovenes","tag-virtud"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/53183","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=53183"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/53183\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":53184,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/53183\/revisions\/53184"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/53178"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=53183"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=53183"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=53183"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}