{"id":53068,"date":"2026-04-24T06:04:44","date_gmt":"2026-04-24T06:04:44","guid":{"rendered":"https:\/\/www.donbosco.press\/?p=53068"},"modified":"2026-04-24T06:05:08","modified_gmt":"2026-04-24T06:05:08","slug":"el-mes-de-mayo-consagrado-a-maria-santisima-inmaculada-para-uso-del-pueblo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/santisima-virgen-maria\/el-mes-de-mayo-consagrado-a-maria-santisima-inmaculada-para-uso-del-pueblo\/","title":{"rendered":"El mes de mayo consagrado a Mar\u00eda Sant\u00edsima Inmaculada para uso del pueblo"},"content":{"rendered":"<p><em>En 1858, San Juan Bosco public\u00f3 \u00abEl mes de mayo consagrado a Mar\u00eda Sant\u00edsima Inmaculada para uso del pueblo\u00bb, una obra sencilla y accesible pensada para fomentar la devoci\u00f3n mariana entre los fieles, en particular entre los j\u00f3venes y las familias. El mes de mayo, tradicionalmente dedicado a Mar\u00eda en la piedad popular, se divide aqu\u00ed en meditaciones diarias, ejemplos edificantes y pr\u00e1cticas de piedad que ayudan al lector a vivir cada d\u00eda con intensidad espiritual. Con un lenguaje claro y afectuoso, Don Bosco propone un camino que une la doctrina y la vida, el afecto filial por la Virgen Mar\u00eda y el compromiso concreto de conversi\u00f3n. El texto refleja su pedagog\u00eda pastoral, centrada en la confianza en Mar\u00eda Inmaculada como gu\u00eda segura hacia Jes\u00fas. Esta obra se inscribe en el proyecto educativo y espiritual m\u00e1s amplio del santo turin\u00e9s, que ve\u00eda en la devoci\u00f3n mariana una clave para la formaci\u00f3n cristiana del pueblo.<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>\u00cdndice<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><a href=\"#_Toc206830761\">De la devoci\u00f3n a Mar\u00eda<\/a><\/p>\n<p><a href=\"#_Toc206830762\">La Iglesia aprueba esta devoci\u00f3n y concede indulgencias a quienes la practican<\/a><\/p>\n<p><a href=\"#_Toc206830763\">Instrucci\u00f3n sobre la forma de practicar el mes mariano<\/a><\/p>\n<p><a href=\"#_Toc206830764\">Tres cosas que hay que practicar durante todo el mes<\/a><\/p>\n<p><a href=\"#_Toc206830765\">Florecillas para sacar a suerte y practicar una cada d\u00eda del mes<\/a><\/p>\n<p><a href=\"#_Toc206830766\">\u00daltimo d\u00eda de abril<\/a><\/p>\n<p><a href=\"#_Toc206830767\">Primer d\u00eda de mayo. Dios Creador nuestro<\/a><\/p>\n<p><a href=\"#_Toc206830768\">Segundo d\u00eda. El alma<\/a><\/p>\n<p><a href=\"#_Toc206830769\">Tercer d\u00eda. La Redenci\u00f3n<\/a><\/p>\n<p><a href=\"#_Toc206830770\">Cuarto d\u00eda. La Iglesia de Jesucristo<\/a><\/p>\n<p><a href=\"#_Toc206830771\">Quinto d\u00eda. El jefe de la Iglesia<\/a><\/p>\n<p><a href=\"#_Toc206830772\">Sexto d\u00eda. Los pastores de la Iglesia<\/a><\/p>\n<p><a href=\"#_Toc206830773\">S\u00e9ptimo d\u00eda. Fe<\/a><\/p>\n<p><a href=\"#_Toc206830774\">Octavo d\u00eda. Los Santos Sacramentos<\/a><\/p>\n<p><a href=\"#_Toc206830775\">Noveno d\u00eda. Dignidad del cristiano<\/a><\/p>\n<p><a href=\"#_Toc206830776\">D\u00e9cimo d\u00eda. Preciosidad del tiempo<\/a><\/p>\n<p><a href=\"#_Toc206830777\">D\u00eda und\u00e9cimo. Presencia de Dios<\/a><\/p>\n<p><a href=\"#_Toc206830778\">D\u00eda duod\u00e9cimo. Fin del hombre<\/a><\/p>\n<p><a href=\"#_Toc206830779\">Decimotercer d\u00eda. La salvaci\u00f3n del alma<\/a><\/p>\n<p><a href=\"#_Toc206830780\">D\u00eda decimocuarto. El pecado<\/a><\/p>\n<p><a href=\"#_Toc206830781\">D\u00eda decimoquinto. La muerte<\/a><\/p>\n<p><a href=\"#_Toc206830782\">Decimosexto d\u00eda. Juicio particular<\/a><\/p>\n<p><a href=\"#_Toc206830783\">D\u00eda decimos\u00e9ptimo. El juicio universal<\/a><\/p>\n<p><a href=\"#_Toc206830784\">D\u00eda decimoctavo. Los dolores del infierno<\/a><\/p>\n<p><a href=\"#_Toc206830785\">D\u00eda decimonoveno. Eternidad de los tormentos del infierno<\/a><\/p>\n<p><a href=\"#_Toc206830786\">D\u00eda vig\u00e9simo. La misericordia de Dios<\/a><\/p>\n<p><a href=\"#_Toc206830787\">D\u00eda vig\u00e9simo primero. La confesi\u00f3n<\/a><\/p>\n<p><a href=\"#_Toc206830788\">D\u00eda vig\u00e9simo segundo. El confesor<\/a><\/p>\n<p><a href=\"#_Toc206830789\">D\u00eda vig\u00e9simo tercero. Santa Misa<\/a><\/p>\n<p><a href=\"#_Toc206830790\">D\u00eda vig\u00e9simo cuarto. La Santa Comuni\u00f3n<\/a><\/p>\n<p><a href=\"#_Toc206830791\">D\u00eda vig\u00e9simo quinto. El pecado de la deshonestidad<\/a><\/p>\n<p><a href=\"#_Toc206830792\">D\u00eda vig\u00e9simo sexto. La virtud de la pureza<\/a><\/p>\n<p><a href=\"#_Toc206830793\">D\u00eda vig\u00e9simo s\u00e9ptimo. El respeto humano<\/a><\/p>\n<p><a href=\"#_Toc206830794\">D\u00eda vig\u00e9simo octavo. Del Para\u00edso<\/a><\/p>\n<p><a href=\"#_Toc206830795\">D\u00eda vig\u00e9simo noveno. Un medio para asegurarse el Para\u00edso<\/a><\/p>\n<p><a href=\"#_Toc206830796\">D\u00eda trig\u00e9simo. Mar\u00eda, nuestra protectora en la vida presente<\/a><\/p>\n<p><a href=\"#_Toc206830797\">D\u00eda trig\u00e9simo primero. Mar\u00eda, nuestra protectora en el momento de la muerte<\/a><\/p>\n<p><a href=\"#_Toc206830798\">Primer d\u00eda de junio. Modo de asegurarse la protecci\u00f3n de Mar\u00eda<\/a><\/p>\n<p><a href=\"#_Toc206830799\">Ofrenda del coraz\u00f3n a Mar\u00eda<\/a><\/p>\n<p><a href=\"#_Toc206830800\">F\u00f3rmula de la ofrenda del coraz\u00f3n a Mar\u00eda<\/a><\/p>\n<p><a href=\"#_Toc206830801\">Oraci\u00f3n de San Bernardo<\/a><\/p>\n<p><a href=\"#_Toc206830802\">Indulgencias concedidas por el papa P\u00edo IX<\/a><\/p>\n<p><a href=\"#_Toc206830803\">Alabanza a Mar\u00eda<\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><a name=\"_Toc206830761\"><\/a><strong>De la devoci\u00f3n a Mar\u00eda<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El mes de mayo, que es el m\u00e1s delicioso del a\u00f1o, deb\u00eda con toda razonabilidad estar consagrado a Mar\u00eda. En este mes, la naturaleza cubre los prados de hierba, las plantas de flores y las vi\u00f1as de brotes. En \u00e9l, el hombre se dedica con especial ardor a cultivar la tierra, que comienza a darle esperanzas de una cosecha abundante; pero que para \u00e9l es motivo de temor por los peligros a los que est\u00e1n expuestos los frutos de su trabajo. Porque un granizo, un torbellino, una invasi\u00f3n, una sequ\u00eda u otra desgracia pueden en un momento destruir todas sus esperanzas y causar hambre y escasez en un pueblo, en una ciudad y a veces en todo un reino. Por eso, adem\u00e1s de las necesidades espirituales que en todo momento deben impulsarnos a recurrir a esta madre misericordiosa, existe una raz\u00f3n temporal, es decir, que Ella bendiga y proteja nuestros hogares, nuestro ganado, los frutos del campo y nos defienda de los infortunios.<\/p>\n<p>Es cierto que la devoci\u00f3n hacia esta gran Reina del cielo ha sido en todos los tiempos el consuelo de la humanidad. Desde la \u00e9poca de los Ap\u00f3stoles hasta nuestros d\u00edas, no hay siglo, a\u00f1o, mes, semana, d\u00eda, hora, ni podemos decir que haya un momento que no est\u00e9 marcado por alg\u00fan favor que esta madre piadosa haya concedido a sus devotos. Es cierto tambi\u00e9n que no hay reino, ciudad, pueblo o casa en los que, si no hay un altar, no haya al menos una imagen o estatua en honor a Mar\u00eda en se\u00f1al de las gracias y favores recibidos. Sin embargo, el mes de mayo parec\u00eda deberse consagrar de manera especial a Mar\u00eda.<\/p>\n<p>Ya desde el 1700 en varios pueblos del Piamonte se realizaban ejercicios especiales de piedad cristiana cada d\u00eda de mayo en honor a Mar\u00eda. Se descubri\u00f3 que esta serie de s\u00faplicas diarias dirigidas a esta Madre misericordiosa eran un medio muy poderoso para obtener su protecci\u00f3n en nuestras diversas necesidades. Esta devoci\u00f3n creci\u00f3 cada d\u00eda m\u00e1s. Familias, comunidades religiosas, pueblos y ciudades acogieron esta devoci\u00f3n como fuente de grandes bendiciones. Los p\u00e1rrocos y obispos la promovieron con celo en sus respectivas di\u00f3cesis. Y en el a\u00f1o 1747, monse\u00f1or Saporiti, arzobispo de G\u00e9nova, orden\u00f3 que se imprimiera un libro titulado: <em>El mes de Mar\u00eda, es decir, el mes de mayo consagrado a Mar\u00eda con el ejercicio de diversas flores de virtud para practicar en los hogares de las familias cristianas.<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><a name=\"_Toc206830762\"><\/a><strong>La Iglesia aprueba esta devoci\u00f3n y concede indulgencias a quienes la practican<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>A principios de este siglo, al hacerse m\u00e1s patentes las necesidades espirituales y temporales, aument\u00f3 tambi\u00e9n la preocupaci\u00f3n de los devotos de Mar\u00eda por propagar la devoci\u00f3n hacia Ella durante el mes de mayo. Los obispos lo aprobaron y se preocuparon por consolidarlo en sus di\u00f3cesis. Pero las pr\u00e1cticas religiosas no satisfacen plenamente al cat\u00f3lico si no est\u00e1n aprobadas por el Vicario de Jesucristo, Pastor Supremo establecido por Dios para regir y gobernar el reba\u00f1o universal de toda la cristiandad. Y he aqu\u00ed que los mismos Pont\u00edfices aprueban, promueven y enriquecen con tesoros celestiales las pr\u00e1cticas que se realizan en este mes en honor de Mar\u00eda. Su Santidad P\u00edo VII, de santa memoria, con su Decreto del 21 de marzo de1815 ha concedi\u00f3 las siguientes indulgencias:<\/p>\n<p>1\u00b0 300 d\u00edas de indulgencia por cada d\u00eda a todos aquellos que realicen alguna pr\u00e1ctica de piedad durante el mes de mayo en honor a Mar\u00eda Sant\u00edsima.<\/p>\n<p>2\u00b0 Indulgencia plenaria el d\u00eda de clausura o cualquier d\u00eda de dicho mes en que se haga confesi\u00f3n y comuni\u00f3n.<\/p>\n<p>3\u00b0 El mismo Sumo Pont\u00edfice, con otro Decreto del 18 de junio de 1822, confirm\u00f3 las indulgencias mencionadas, haci\u00e9ndolas aplicables a las almas del Purgatorio.<\/p>\n<p>He aqu\u00ed, oh lector cristiano, un breve resumen sobre el origen del mes mariano. Esta devoci\u00f3n se basa en la gran veneraci\u00f3n que los fieles cristianos han profesado en todo tiempo a la gran Reina del cielo; se basa en las grandes necesidades espirituales y temporales que nos rodean y de las que Mar\u00eda puede liberarnos; se basa en el consentimiento de los fieles, en la aprobaci\u00f3n de los obispos y del mismo Vicario de Jesucristo.<\/p>\n<p>Animado, pues, por el esp\u00edritu de un hijo que recurre a una madre tierna, emprende la lectura y la pr\u00e1ctica de lo que all\u00ed se expuso para el bien com\u00fan.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><a name=\"_Toc206830763\"><\/a><strong>Instrucci\u00f3n sobre la forma de practicar el mes mariano<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Se invita encarecidamente a todos los cristianos a participar en las funciones sagradas que se celebran en la parroquia o en otra iglesia p\u00fablica. Aquellos que no puedan asistir a la iglesia, o que deseen a\u00f1adir algo m\u00e1s a lo que se hace en p\u00fablico, pueden cumplir lo siguiente<a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\">[1]<\/a>: El \u00faltimo d\u00eda de abril, en su propia casa y en la habitaci\u00f3n donde suele reunirse la familia para rezar ante la imagen de Mar\u00eda, se preparar\u00e1 un altarcito se adornar\u00e1 dicha imagen o estatua de la mejor manera posible; se colocar\u00e1n candelabros, alfombras, alg\u00fan jarr\u00f3n con flores, sobre todo si son frescas, seg\u00fan la estaci\u00f3n. Si es posible, hazlo en la misma habitaci\u00f3n donde trabajas, estudias, juegas, te diviertes, para santificar as\u00ed ese lugar y regular nuestras acciones, como si se hicieran bajo la mirada pur\u00edsima de la Sant\u00edsima Virgen.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La noche anterior al primer d\u00eda de mayo, reunida la familia con otros fieles ante el mencionado altarcito iluminado, rec\u00edtese la tercera parte del Rosario, o al menos las Letan\u00edas de la Sant\u00edsima Virgen. Terminadas estas oraciones, l\u00e9ase la consideraci\u00f3n asignada para cada d\u00eda, con el ejemplo adjunto y la jaculatoria. A continuaci\u00f3n, se sacar\u00e1 a suerte una de las florecillas espirituales que a\u00f1adiremos a continuaci\u00f3n. Se copiar\u00e1n y se doblar\u00e1n en forma de escrito breve con los actos de virtud que deben ser el ejercicio diario de cada d\u00eda del mes.<\/p>\n<p>Para facilitar las pr\u00e1cticas de piedad de este mes, es bueno no aumentar demasiado los ejercicios cristianos, porque se har\u00edan con demasiada prisa o de mala gana, sobre todo si hay ni\u00f1os o personas muy ocupadas en asuntos temporales.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Leed con atenci\u00f3n la consideraci\u00f3n asignada para cada d\u00eda y cumplid puntualmente la pr\u00e1ctica que se indique en la florecilla extra\u00edda. Por la noche, antes de acostaros, har\u00e9is bien en recordar la lectura del d\u00eda.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>A lo largo del mes, ac\u00e9rquense al menos dos veces a los Santos Sacramentos de la confesi\u00f3n y la comuni\u00f3n.<\/p>\n<p>Dado que las indulgencias que se pueden obtener en este mes se pueden aplicar a las almas del Purgatorio, se recomienda encarecidamente aplicarlas, porque, como ense\u00f1a san Agust\u00edn, al aliviar a las almas del Purgatorio, tambi\u00e9n nos hacemos un bien mayor a nosotros mismos.<\/p>\n<p>Es bueno advertir que para obtener las santas indulgencias no es necesario usar este u otro libro, basta con participar en las funciones de la iglesia o hacer alg\u00fan ejercicio de ofrenda en familia. Los Sumos Pont\u00edfices solo exigen que se haga alguna pr\u00e1ctica de piedad en honor a Mar\u00eda, rezando por las necesidades actuales de la Santa Iglesia.<\/p>\n<p>Al final del mes, har\u00e9is la ofrenda del coraz\u00f3n a Mar\u00eda, tal y como se expone al final de las consideraciones diarias.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><a name=\"_Toc206830764\"><\/a><strong>Tres cosas que hay que practicar durante todo el mes<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>1\u00b0 Hacer todo lo posible por no cometer ning\u00fan pecado durante este mes: que est\u00e9 todo consagrado a Mar\u00eda.<\/p>\n<p>2\u00b0 Preocuparse mucho por el cumplimiento de los deberes espirituales y temporales de nuestro estado. Por ejemplo, recitar con especial devoci\u00f3n las oraciones de la ma\u00f1ana y de la tarde; la oraci\u00f3n con la se\u00f1al de la Santa Cruz que se suele hacer antes y despu\u00e9s de las comidas. Participar con mayor ejemplaridad en las funciones sagradas de la iglesia en los d\u00edas festivos.<\/p>\n<p>3\u00b0 Invitar a nuestros parientes, amigos y a todos aquellos que dependen de nosotros a participar en las pr\u00e1cticas de piedad que se realizan en honor a Mar\u00eda durante el mes.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><a name=\"_Toc206830765\"><\/a><strong>Florecillas para sacar a suerte y practicar una cada d\u00eda del mes<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<ol>\n<li>A la hora de levantarme, me levantar\u00e9 pronto de la cama y me vestir\u00e9 con la mayor modestia.<\/li>\n<li>Escuchar\u00e9 con devoci\u00f3n la santa misa en sufragio por las almas del Purgatorio y, si no puedo, recitar\u00e9 cinco <em>Pater<\/em> <em>Ave <\/em>y <em>Requiem<\/em>.<\/li>\n<li>Perdonar\u00e9 de buen coraz\u00f3n a todos los que me han ofendido y dir\u00e9: Se\u00f1or, perdona mis pecados, como yo perdono a los que me han ofendido.<\/li>\n<li>Mortificar\u00e9 mi lengua con el silencio, ocup\u00e1ndola en cantar alguna alabanza a Mar\u00eda.<\/li>\n<li>Mortificar\u00e9 la boca absteni\u00e9ndome de alguna porci\u00f3n de comida o bebida.<\/li>\n<li>Mortificar\u00e9 los ojos fij\u00e1ndolos durante unos instantes en un crucifijo o en una imagen de Mar\u00eda.<\/li>\n<li>Recitar\u00e9 con especial devoci\u00f3n <em>el Angelus Domini <\/em>por la ma\u00f1ana, por la tarde y al mediod\u00eda, besando la medalla de Mar\u00eda.<\/li>\n<li>Por la noche, antes de acostarme, recitar\u00e9 un Ave Mar\u00eda por aquellos a quienes Dios llame a la eternidad durante la noche.<\/li>\n<li>Me detendr\u00e9 unos instantes a pensar en el fruto obtenido de las confesiones pasadas, y luego har\u00e9 un acto de contrici\u00f3n.<\/li>\n<li>Me detendr\u00e9 unos instantes a pensar en la pasi\u00f3n de Jesucristo, y luego dir\u00e9: Santa Madre, \u00a1por favor! Haz que las llagas del Se\u00f1or queden impresas en mi coraz\u00f3n. Cada vez que se recita esta jaculatoria se gana la indulgencia de trescientos d\u00edas.<\/li>\n<li>Todo lo que har\u00e9 ma\u00f1ana quiero hacerlo por aquella alma del Purgatorio que en vida fue la m\u00e1s devota de Mar\u00eda.<\/li>\n<li>Antes de acostarme, besar\u00e9 el Crucifijo diciendo: Mar\u00eda, si muero esta noche, haz que muera en la gracia de Dios.<\/li>\n<li>Me preparar\u00e9 para confesarme como si fuera la \u00faltima vez de mi vida.<\/li>\n<li>Har\u00e9 la comuni\u00f3n en honor a Mar\u00eda; y si no puedo, recitar\u00e9 los actos de fe, esperanza y caridad.<\/li>\n<li>Dar\u00e9 un buen consejo a alguien de mi conocimiento, para reparar el esc\u00e1ndalo causado con los comentarios sobre mi vida pasada.<\/li>\n<li>Dar\u00e9 limosna seg\u00fan mis posibilidades; y si no puedo, rezar\u00e9 tres <em>Salve <\/em>a Mar\u00edas por la conversi\u00f3n de los pecadores.<\/li>\n<li>Besar\u00e9 tres veces la tierra diciendo: Soy tierra y a la tierra volver\u00e9.<\/li>\n<li>Me detendr\u00e9 un momento a considerar las confesiones de mi vida pasada, y si algo me hace juzgarlas nulas o dudosas, me preparar\u00e9 para remediarlas lo antes posible con una confesi\u00f3n general.<\/li>\n<li>Recitar\u00e9 treinta y tres <em>Gloria Patri <\/em>en honor a los treinta y tres a\u00f1os vividos por Jes\u00fas con Mar\u00eda, su madre.<\/li>\n<li>No comer\u00e9 ni beber\u00e9 durante el d\u00eda sin necesidad.<\/li>\n<li>Har\u00e9 celebrar o al menos ir\u00e9 a escuchar una misa por las almas de mis difuntos.<\/li>\n<li>Pasar\u00e9 el d\u00eda en el mayor recogimiento, en homenaje al tiempo que Mar\u00eda pas\u00f3 en el Templo.<\/li>\n<li>Har\u00e9 un ayuno compatible con mi estado en honor a los dolores sufridos por Mar\u00eda en la pasi\u00f3n de Jes\u00fas, su hijo.<\/li>\n<li>Dar\u00e9 limosna en sufragio por el alma que m\u00e1s tiempo lleva padeciendo en el Purgatorio.<\/li>\n<li>Huir\u00e9 de la vanidad en mi vestir y en mi hablar, y dir\u00e9 tres <em>Angelus Dei <\/em>para obtener el esp\u00edritu de humildad y penitencia. Cada vez que se reza <em>el Angelus Dei <\/em>se gana la indulgencia de 100 d\u00edas.<\/li>\n<li>Recitar\u00e9 las letan\u00edas de la Sant\u00edsima Virgen para que obtenga de Jes\u00fas que todos los que mueran en este mes, mueran en la gracia de Dios.<\/li>\n<li>Me preparar\u00e9 para hacer una confesi\u00f3n general, o al menos repasar\u00e9 mis confesiones desde la \u00faltima confesi\u00f3n general, seg\u00fan me aconseje el confesor.<\/li>\n<li>Recitar\u00e9 las siete alegr\u00edas y, si no puedo, dir\u00e9 siete <em>Ave Mar\u00edas, <\/em>diciendo: Jes\u00fas, Jos\u00e9 y Mar\u00eda, que mi alma descanse en paz con vosotros.<\/li>\n<li>En honor a Mar\u00eda, quiero despojarme de algo que me es querido, para que no me resulte tan doloroso abandonar el mundo en el momento de la muerte.<\/li>\n<li>Pensar\u00e9 en la ocasi\u00f3n que me hizo recaer en el pecado y me esforzar\u00e9 por evitarla en el futuro.<\/li>\n<li>Huir\u00e9 de la ociosidad y pedir\u00e9 perd\u00f3n a Mar\u00eda por las negligencias cometidas durante este mes, y con los brazos en cruz dir\u00e9: <em>Salve, Reina, etc<\/em>.<\/li>\n<\/ol>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><a name=\"_Toc206830766\"><\/a><strong>\u00daltimo d\u00eda de abril<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Antes de hacer la lectura diaria, se dir\u00e1 <em>Deus, in adjutorium meum intende. <\/em><\/p>\n<p>&#8211;<em>Domine ad adjuvandum me festina<\/em>. &#8211; <em>Gloria Patri etc<\/em>. &#8211; Jes\u00fas m\u00edo, misericordia<a href=\"#_ftn2\" name=\"_ftnref2\">[2]<\/a>.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Motivos para ser devotos de Mar\u00eda<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Ven conmigo, oh cristiano, y considera los innumerables motivos que todos tenemos para ser devotos de Mar\u00eda. Comenzar\u00e9 por mencionar los tres principales, que son los siguientes: Mar\u00eda es m\u00e1s santa que todas las criaturas, Mar\u00eda es madre de Dios, Mar\u00eda es nuestra madre.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>1\u00b0 En todo el Antiguo Testamento, Mar\u00eda es llamada toda bella y sin mancha: se la compara con el sol resplandeciente; con la luna en la plenitud de su luz; con las estrellas m\u00e1s brillantes; con un jard\u00edn lleno de las flores m\u00e1s deliciosas; con una fuente sellada de la que brota el agua m\u00e1s l\u00edmpida; con una paloma humilde; con un lirio pur\u00edsimo. En el Evangelio<em>,<\/em> el \u00e1ngel Gabriel la llama <em>llena de gracia: \u00abAve, llena de gracia<\/em>\u00bb. Llena de gracia, es decir, creada y formada en la gracia, lo que significa que Mar\u00eda, desde el primer instante de su existencia, fue sin mancha original y actual, y sin mancha persever\u00f3 hasta el \u00faltimo aliento de vida. Llena de gracia, y por lo tanto no hubo el m\u00e1s m\u00ednimo defecto que entrara en su pur\u00edsimo coraz\u00f3n; ni hay virtud alguna que no haya sido practicada por Mar\u00eda en su grado m\u00e1s sublime. La Iglesia cat\u00f3lica expresa esta santidad de Mar\u00eda al definir que ella estuvo siempre exenta de toda culpa, y nos invita a invocarla con las siguientes preciosas palabras: <em>Regina sine labe originali concepta, ora pr\u00f2 nobis. <\/em>Reina concebida sin pecado original, ruega por nosotros que recurrimos a ti<a href=\"#_ftn3\" name=\"_ftnref3\">[3]<\/a> .<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>2\u00ba El hecho de que Mar\u00eda est\u00e9 exenta de toda mancha de pecado original y actual; que est\u00e9 adornada con todas las virtudes que podemos imaginar; que haya sido colmada por Dios de gracia m\u00e1s que cualquier otra criatura, todas estas prerrogativas la hicieron ser elegida entre todas las mujeres para ser elevada a la dignidad de madre de Dios. Este es el anuncio que le hizo el \u00e1ngel; esto repiti\u00f3 santa Isabel cuando fue visitada por la Sant\u00edsima Virgen; este es el saludo que le dan cada d\u00eda los fieles cristianos diciendo: Santa Mar\u00eda, Madre de Dios, ruega por nosotros. \u00a1Oh, glorioso nombre de Madre de Dios! Ante \u00e9l, el ingenio humano se ve superado, por lo que, inclinando la frente en se\u00f1al de la m\u00e1s profunda veneraci\u00f3n, nos limitamos a decir que ninguna criatura puede ser elevada a dignidad m\u00e1s sublime, ninguna criatura puede alcanzar mayor grado de gloria; y, por consiguiente, ninguna criatura puede ser m\u00e1s poderosa ante Dios que Mar\u00eda.<\/p>\n<p>3\u00ba Pero si el t\u00edtulo de Madre de Dios es glorioso para Mar\u00eda, es tambi\u00e9n muy consolador y \u00fatil para nosotros, que somos sus hijos. Porque al convertirse en madre de Jes\u00fas, verdadero Dios y verdadero hombre, se convirti\u00f3 tambi\u00e9n en nuestra madre. Jesucristo, en su gran misericordia, quiso llamarnos hermanos suyos y, con ese nombre, nos constituye a todos hijos adoptivos de Mar\u00eda. El Evangelio confirma lo que aqu\u00ed decimos. El Divino Salvador estaba en la cruz y padec\u00eda los dolores de la m\u00e1s penosa agon\u00eda. Su Madre Sant\u00edsima, y el ap\u00f3stol San Juan estaban a sus pies sumidos en el m\u00e1s profundo dolor; cuando Jes\u00fas abri\u00f3 los ojos, y tal vez fue la \u00faltima vez que los abri\u00f3 en su vida mortal, vio al disc\u00edpulo predilecto y a su querida Madre. Entonces abri\u00f3 sus labios moribundos y dijo a Mar\u00eda: \u00abMujer, he aqu\u00ed a tu hijo, Juan\u00bb; y luego dijo a Juan: \u00abHe aqu\u00ed a tu madre, Mar\u00eda\u00bb. \u00abMulier, <em>ecce fiiius tuus; ecce mater tua\u00bb.<\/em> En este hecho, los santos Padres reconocen un\u00e1nimemente la voluntad del Divino Salvador, que antes de abandonar el mundo quiso darnos a Mar\u00eda como madre amorosa y constituirnos a todos sus hijos. Mar\u00eda es adem\u00e1s nuestra madre porque nos regener\u00f3 por medio de Jesucristo en la gracia. Porque, as\u00ed como Eva es llamada madre de los vivientes, Mar\u00eda es madre de todos los fieles por la gracia (Ricardo de San Lorenzo). A este respecto, san Guillermo Abad se expresa as\u00ed: Mar\u00eda es Madre del Cabeza, por lo tanto, es tambi\u00e9n Madre de los miembros, que somos nosotros: <em>Nos sumus membra Christi. <\/em>Mar\u00eda, al dar a luz a Jes\u00fas, nos regener\u00f3 tambi\u00e9n espiritualmente. Por eso, Mar\u00eda es llamada con raz\u00f3n Madre por todos y, como tal, merece ser honrada. <em>Gugl. Ab. cant.<\/em> 4. (Guillermo Abad de Saint-Thierry, comentario al Cant de los Cant, cap\u00ed 4)<\/p>\n<p>He aqu\u00ed, cristianos, la persona que vengo a proponer a vuestra veneraci\u00f3n durante este mes. Ella es la m\u00e1s santa entre todas las criaturas; la madre de Dios, nuestra madre, madre poderosa y piadosa que desea ardientemente colmarnos de favores celestiales. Yo, nos dice ella, habito en lo m\u00e1s alto de los cielos para colmar de gracias y bendiciones a mis devotos: <em>ut ditem diligentes me, etc. Thesauros eorum repleam.<\/em><\/p>\n<p>\u00c1nimo, pues, devotos de Mar\u00eda; se trata de hacer una gran fiesta a nuestra Madre, a la Madre de Jes\u00fas. Cuando llega el d\u00eda de la fiesta de nuestra madre temporal, disfrutamos de poder reunir a nuestros parientes y amigos para estar en su compa\u00f1\u00eda y ofrecerles un ramillete de flores con algunas expresiones de afecto. El mes de mayo es la fiesta de nuestra verdadera Madre, de nuestra celestial Protectora. Celebr\u00e9mosla, pues, con alegr\u00eda. El ramo m\u00e1s hermoso que podemos ofrecerle es el que estar\u00e1 compuesto por las virtudes de las que Ella nos ha dado ejemplos luminosos.<\/p>\n<p>Decidamos en este d\u00eda dirigir ma\u00f1ana y tarde nuestras oraciones y todo el afecto de nuestro coraz\u00f3n a Aquella a quien tenemos el privilegio de llamar Madre. Rogu\u00e9mosle desde ahora que interceda por nosotros ante su Hijo Jes\u00fas para obtener una gracia especial. Pid\u00e1mosle la gracia que m\u00e1s necesitamos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Ejemplo<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Para animaros a solemnizar con fervor el mes de mayo en honor de Mar\u00eda, sirva de ejemplo el ej\u00e9rcito de Oriente cuando se encontraba en Constantinopla. Lejos de su patria, sin iglesias y casi sin ministros sagrados, aquellos soldados cristianos llevaron de sus hogares la devoci\u00f3n y la confianza en Mar\u00eda. He aqu\u00ed el relato que hace un peri\u00f3dico impreso el 7 de junio de 1855: \u00abEl mes de mayo se celebr\u00f3 en algunos hospitales con una piadosa y regular solemnidad, que honra en gran manera al ej\u00e9rcito de Oriente. No hay duda de que las bendiciones del cielo que han llovido sobre muchas almas tocadas por la gracia se derramar\u00e1n sobre todo el ej\u00e9rcito y ser\u00e1n coronadas con un feliz resultado de la guerra misma.<\/p>\n<p>Antes de que esas salas estuvieran en nuestro poder, eran mezquitas, es decir, iglesias consagradas a Mahoma. En este a\u00f1o comenzaron a resonar all\u00ed las alabanzas a la Reina del cielo. Se erigi\u00f3 un altar a Mar\u00eda, adornado con un gusto que demuestra que cada regimiento tiene sus propios artistas. All\u00ed se ven columnas esculpidas como por arte de magia. All\u00ed se ven m\u00e1rmoles artificiales que presentan toda la semejanza con los m\u00e1rmoles m\u00e1s finos. All\u00ed hay decoraciones en papel y en color, que son obras de algunos convalecientes que consagran su tiempo a cosas que sirven para aumentar el decoro del culto a la Santa Virgen. Cada casa ha organizado su coro de c\u00e1nticos, y todos los m\u00fasicos y los m\u00e1s valientes de la sociedad arm\u00f3nica se apresuran a participar en \u00e9l. Algunos han compuesto poemas musicales espirituales, que todos cantan juntos con gran alegr\u00eda en honor a Mar\u00eda. Por la tarde, cuando terminan los c\u00e1nticos sagrados y las letan\u00edas de la Sant\u00edsima Virgen, el capell\u00e1n u otro invitado da una instrucci\u00f3n adaptada al d\u00eda, que es escuchada con avidez por los numerosos oyentes reunidos y devotos. A menudo, la sala no puede contener a la multitud de oyentes. Los mismos heridos se hacen llevar all\u00ed media hora antes, para asegurarse un lugar. Este es para ellos el momento m\u00e1s hermoso del d\u00eda\u00bb. He aqu\u00ed, cristiano, c\u00f3mo podemos tambi\u00e9n nosotros celebrar este mes y dar a Mar\u00eda una muestra de tierna devoci\u00f3n. En las ciudades, en el campo, en las casas, en la soledad, en los claustros y en los regimientos de los mismos militares se pueden ofrecer homenajes de devoci\u00f3n a la Reina de todos los Santos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Jaculatoria<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Virgen piadosa, aqu\u00ed est\u00e1 mi coraz\u00f3n; inf\u00fandele amor santo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Oraci\u00f3n<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Acu\u00e9rdate oh piados\u00edsima Virgen Mar\u00eda, que nunca se ha o\u00eddo en el mundo que hayas rechazado o abandonado a nadie que implorara tus favores. Animado por esta confianza, me presento ante ti. No desprecies, oh Madre del Verbo Eterno, las oraciones de este tu humilde hijo esc\u00fachalo favorablemente, oh clemente, oh piadosa, oh, dulce Virgen Mar\u00eda<a href=\"#_ftn4\" name=\"_ftnref4\">[4]<\/a>.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><a name=\"_Toc206830767\"><\/a><strong>Primer d\u00eda de mayo. Dios Creador nuestro<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Deus in adiutorium etc.<\/em><\/p>\n<p>\u00a1Jes\u00fas m\u00edo, misericordia!<\/p>\n<ol>\n<li>En honor a Mar\u00eda, detente unos instantes a contemplar la majestad de Dios Creador. Si nosotros, cristianos, abrimos los ojos y damos rienda suelta a nuestros pensamientos, no podemos sino reconocer la existencia, el poder y la sabidur\u00eda de Dios, de quien todo fue creado, de quien todo depende y se conserva. Quien contempla una casa de excelente construcci\u00f3n no se atreve a decir que es casualidad que haya podido construirse y ponerse en orden. Si alguien dijera que un reloj se ha fabricado solo, lo despreciar\u00edamos como a un loco. As\u00ed, al ver el orden y la maravillosa armon\u00eda que reina en todo el universo, no podemos dudar ni un instante de la existencia de un Dios que ha creado, ha dado movimiento a todas las cosas y las conserva. \u00c9l es Dios, que dijo: \u00abH\u00e1gase la luz\u00bb, y la luz se hizo. La luz fue separada de las tinieblas y, en un instante, se extendi\u00f3 por los vastos espacios del cielo y de la tierra. A la palabra del Dios todopoderoso, el mar qued\u00f3 encerrado dentro de ciertos l\u00edmites, la tierra se cubri\u00f3 de hierbas, \u00e1rboles y plantas fruct\u00edferas. A su voz, los p\u00e1jaros, los peces y los dem\u00e1s animales poblaron el cielo, la tierra y las aguas. Diciendo <em>\u00abfiat\u00bb, <\/em>h\u00e1gase, \u00c9l ilumin\u00f3 el sol, la luna y las estrellas. A todo le dio la existencia con su omnipotencia, a todo provee con su bondad. \u00c9l es quien sostiene y mueve el formidable peso de la inmensidad. \u00c9l es quien da movimiento y vida a todos los seres vivos. \u00c9l da la existencia a todo como creador, provee a todo como conservador, y todo se refiere a \u00c9l como fin \u00faltimo. A todas las cosas les dice: yo te he hecho: <em>ego sum. <\/em>Y en esta palabra, que todo hombre puede y debe comprender, se expresa su poder y su divinidad.<\/li>\n<li>Pero aqu\u00ed hay una verdad que sin duda aumentar\u00e1 nuestro asombro. Todas las cosas que vemos en el universo las ha creado para nosotros. El sol que brilla durante el d\u00eda, la luna que disipa las tinieblas de la noche, las estrellas que adornan el firmamento, el aire que nos da el aliento, el agua que sirve para los usos del hombre, el fuego que nos calienta, la tierra que nos da los frutos, todo fue hecho por Dios para nosotros. <em>Omnia subiecisti sub pedibus eius.<\/em> \u00a1Qu\u00e9 sentimientos de gratitud, respeto y amor debemos tener hacia un Dios tan grande y al mismo tiempo tan bueno! \u00bfQu\u00e9 debemos hacer para corresponder a esta gran bondad de nuestro Dios? Cumplir exactamente los preceptos de su santa ley. Mira, cristiano, si somos obedientes a los mandamientos de nuestro Dios, adem\u00e1s de lo que ya ha hecho por nosotros, a\u00f1adir\u00e1 favores a favores. Nuestra vida estar\u00e1 llena de bendiciones celestiales en la vida presente y en la futura. Pero este Dios, siendo infinitamente justo y misericordioso, dar\u00e1 una recompensa eterna por el servicio que le prestemos. Recompensa de gloria si le servimos con buenas obras, pero un castigo terrible si somos rebeldes a su santa ley.<\/li>\n<\/ol>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Ejemplo<\/em><\/p>\n<p>Todo lo que se presenta a nuestra vista en este mundo es un hecho que habla de la majestad, el poder y la bondad de Dios creador. Se podr\u00edan citar muchos ejemplos de valientes creyentes que hicieron grandes sacrificios para servir a Dios, pero nos basta con la ofrenda de Mar\u00eda en el templo. Cuando Mar\u00eda lleg\u00f3 a la edad en que las jovencitas comienzan a correr peligro en el mundo, sus padres, san Joaqu\u00edn y santa Ana, la llevaron al templo. Sin duda, debi\u00f3 hacer un gran sacrificio al abandonar a sus parientes, amigos y todas las comodidades de la casa paterna con el \u00fanico objetivo de aprender a servir a Dios. Pero Mar\u00eda hizo este sacrificio con alegr\u00eda, porque se trataba de promover la gloria de Dios. All\u00ed permaneci\u00f3 varios a\u00f1os haciendo resplandecer las virtudes m\u00e1s luminosas, imitando a un grupo de otras v\u00edrgenes que en ese mismo lugar eran instruidas en la religi\u00f3n y en la forma de conservar la inocencia de las costumbres. La Iglesia celebra esta ofrenda de Mar\u00eda al templo el 21 de noviembre. A imitaci\u00f3n de Mar\u00eda, muchos abandonaron las comodidades de la tierra para ir a servir a Dios en claustros o desiertos, o sacrificando su propia vida en medio de los m\u00e1s atroces tormentos. Empleemos al menos para el Se\u00f1or ese tiempo de vida que, en su bondad, le place concedernos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Jaculatoria<\/em><\/p>\n<p>\u00a1Oh, cu\u00e1ntas gracias<\/p>\n<p>Debo dar<\/p>\n<p>Al gran Dios<\/p>\n<p>Que me cre\u00f3!<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Que en el bautismo<\/p>\n<p>Me hizo su hijo,<\/p>\n<p>Del eterno exilio<\/p>\n<p>\u00a1Me liber\u00f3!<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Oraci\u00f3n. <\/em>Acu\u00e9rdate, oh piados\u00edsima Virgen Mar\u00eda&#8230;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><a name=\"_Toc206830768\"><\/a><strong>Segundo d\u00eda. El alma<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Deus in adiutorium, etc.<\/em><\/p>\n<ol>\n<li>Dios no solo es Creador de todas las cosas que hay en el cielo y en la tierra, sino que tambi\u00e9n es Creador de nosotros mismos. \u00c9l cre\u00f3 el cuerpo con esas bellas cualidades que contemplamos en \u00e9l; a este cuerpo uni\u00f3 un alma que es mucho m\u00e1s preciosa que el cuerpo y que todas las dem\u00e1s cosas que vemos en el mundo. Dios nos ha dado un alma, es decir, nos ha dado ese ser invisible que sentimos en nosotros y que tiende continuamente a elevarse hacia Dios; ese ser inteligente que piensa y razona, y que no puede encontrar su felicidad en la tierra, y que por eso, en medio de las riquezas y de todos los placeres de la tierra, est\u00e1 siempre inquieto hasta que descansa en Dios, porque solo Dios puede hacerlo feliz.<\/li>\n<li>Esta alma es inmortal. Dios es infinitamente justo e infinitamente misericordioso; como justo, debe recompensar la virtud, a menudo oprimida en la vida presente, y debe castigar igualmente el vicio, que a menudo se lleva en triunfo entre los hombres; y como esto no tiene lugar en este mundo, debe haber otra vida, en la que la justicia Divina conceda a los buenos la recompensa merecida y a los malos el castigo que les corresponde. Adem\u00e1s, el alma est\u00e1 hecha a imagen y semejanza de Dios. Esta imagen y semejanza ser\u00edan imperfectas si no tuvieran la prerrogativa principal del Creador, que es la inmortalidad. Esto lo sentimos en nosotros mismos en esa voz interior que habla a todos en el coraz\u00f3n y dice: tu alma no podr\u00e1 ser aniquilada y vivir\u00e1 eternamente. Cuando Dios cre\u00f3 el alma, sopl\u00f3 sobre el hombre y le dio el esp\u00edritu de la vida; este soplo es simple, es espiritual, hecho a imagen y semejanza de Dios, que es eterno e inmortal; por lo tanto, nuestra alma debe ser inmortal. Por medio del alma tenemos la facultad de crear ideas, combinarlas, producir ciertas obras maestras que elevan al hombre por encima de todas las dem\u00e1s criaturas y que demuestran, como es de hecho, que el alma es el s\u00edmbolo o la marca distintiva de la inteligencia de Dios.<\/li>\n<li>Dios dio a nuestra alma la libertad, es decir, la facultad de elegir el bien o el mal, asegur\u00e1ndole una recompensa si hace el bien y amenaz\u00e1ndole con un castigo si elige el mal. Lo cual, como se ha dicho, no se hace en la vida presente, sino que Dios lo reserv\u00f3 para la eternidad, donde los que hicieron el bien ser\u00e1n recompensados con un premio que nunca terminar\u00e1; y los que transgredieron la ley Divina ser\u00e1n castigados con un suplicio eterno. Esto es precisamente lo que ense\u00f1\u00f3 nuestro Divino Salvador cuando dijo: los imp\u00edos ir\u00e1n a un castigo eterno preparado para los demonios y sus seguidores; los buenos, en cambio, ir\u00e1n a poseer un reino de gloria donde disfrutar\u00e1n de todos los bienes.<\/li>\n<\/ol>\n<p>Oh cristiano, que tambi\u00e9n tienes un alma inmortal, piensa que si la salvas, todo est\u00e1 salvado, pero si la pierdes, todo est\u00e1 perdido. Tienes una sola alma, un solo pecado puede hacerte perderla. \u00bfQu\u00e9 ser\u00eda de nosotros y de nuestra alma si en este momento Dios nos llamara a su divino tribunal? T\u00fa que lees, piensa en tu alma, y yo que escribo pensar\u00e9 seriamente en la m\u00eda.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Ejemplo<\/em><\/p>\n<p>Un hecho ocurrido a un ministro del rey Luis XVI de Francia nos ense\u00f1a el amoroso cuidado que Mar\u00eda tiene por la salud de nuestra alma. Este ministro tuvo la desgracia de asociarse en su juventud con malas compa\u00f1\u00edas, que le hicieron perder el amor a la virtud, la religi\u00f3n y la fe. Ten\u00eda ochenta a\u00f1os. Desde los quince a\u00f1os no hab\u00eda practicado ning\u00fan acto religioso. Despu\u00e9s de haber sido fil\u00f3sofo, mas\u00f3n y materialista, acab\u00f3 siendo ateo y no cre\u00eda en nada. Dios que hab\u00eda creado esa alma para s\u00ed mismo, la estaba esperando; Mar\u00eda era la Madre de la Misericordia que deb\u00eda conducirla a Jes\u00fas, su hijo. \u00c9l se hab\u00eda quedado ciego, enfermo, y su alma estaba a las puertas de la eternidad. El p\u00e1rroco, que se preocupaba sinceramente por la salvaci\u00f3n de esa alma, no escatim\u00f3 esfuerzos para gan\u00e1rsela. Diez veces se hab\u00eda presentado en la puerta de su casa, y diez veces le hab\u00edan prohibido la entrada los criados, siguiendo las \u00f3rdenes de su amo. Aquel celoso pastor, profundamente afligido por el temor de que aquella alma redimida con la sangre de Jesucristo se perdiera, no sabiendo qu\u00e9 m\u00e1s hacer, recurri\u00f3 a Aquella que es llamada la salud del mundo o refugio de los pecadores. Pone su confianza en Mar\u00eda, reza y hace rezar para que sea madre de misericordia tambi\u00e9n para esa alma, que parec\u00eda estar a punto de presentarse ante el tribunal de Dios. Se dirige entonces a la puerta de aquel se\u00f1or, los criados intentan rechazarlo como otras veces. \u00c9l insiste y finalmente es admitido. Tras algunos saludos, el enfermo le dice sin pre\u00e1mbulos al p\u00e1rroco: \u00abSe\u00f1or cura, \u00bfme har\u00eda el favor de darme su bendici\u00f3n?\u00bb. El p\u00e1rroco, sorprendido por estas palabras, le respondi\u00f3 de todo coraz\u00f3n. Una vez recibida, a\u00f1adi\u00f3: \u00ab\u00a1Cu\u00e1nto me consuela su visita! Estoy ciego y no puedo verle, pero percibo claramente su presencia. Desde que est\u00e1 cerca de m\u00ed, siento una paz en mi coraz\u00f3n que no recuerdo haber disfrutado en toda mi vida. El p\u00e1rroco, bendiciendo en su coraz\u00f3n a la Madre de misericordia, comienza a hablarle de los consuelos que brinda la religi\u00f3n cat\u00f3lica en la vida, y mucho m\u00e1s en el momento de la muerte. El enfermo acoge con alegr\u00eda las palabras del Sagrado Ministro, se dispone a hacer la confesi\u00f3n, la comienza y la termina en los d\u00edas siguientes con gran satisfacci\u00f3n para \u00e9l. La vida de aquel se\u00f1or se prolonga unos seis meses, pero siempre lleno de fe en Dios y de confianza en la gran Virgen Mar\u00eda. Dio signos indudables de arrepentimiento por sus pecados, se esforz\u00f3 por reparar el esc\u00e1ndalo causado y, fortalecido con los Santos Sacramentos y los dem\u00e1s consuelos que la religi\u00f3n cat\u00f3lica administra al cristiano enfermo, expir\u00f3 en el Se\u00f1or el 10 de abril de 1837. (<em>Del Manual de la Archicofrad\u00eda).<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Jaculatoria.<\/em><\/p>\n<p>Recurro suplicante<\/p>\n<p>A ti, Mar\u00eda,<\/p>\n<p>mu\u00e9strame<\/p>\n<p>el camino del cielo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Oraci\u00f3n. <\/em>Acu\u00e9rdate, oh Virgen Mar\u00eda&#8230;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><a name=\"_Toc206830769\"><\/a><strong>Tercer d\u00eda. La Redenci\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Deus in adiutorium etc.<\/em><\/p>\n<ol>\n<li>Un misterio incomprensible para la mente humana, que demuestra el valor inestimable de nuestra alma y la gran bondad de Dios hacia nosotros, es la redenci\u00f3n del g\u00e9nero humano. Nuestros padres Ad\u00e1n y Eva pecaron y con su pecado cerraron el Para\u00edso a s\u00ed mismos y a toda su descendencia. Dios, con un acto de infinita bondad, prometi\u00f3 reparar la perdici\u00f3n eterna de los hombres por medio del Mes\u00edas, que enviar\u00eda en la plenitud de los tiempos. Para que la fe en el Mes\u00edas, es decir, en el Salvador, se mantuviera viva entre los hombres, Dios la hizo anunciar en todos los tiempos por los santos patriarcas y los profetas. Se hizo una clara revelaci\u00f3n a Abraham, a Jacob, a Mois\u00e9s, a David y, m\u00e1s tarde, a muchos otros profetas. Isa\u00edas dijo: <em>\u00abUn hombre de admirable dulzura, santo por naturaleza, concebido por obra del Esp\u00edritu Santo, nacer\u00e1 de una Virgen\u00bb. <\/em>Otros lo llaman <em>Dios fuerte, autor de la paz, prediciendo que nacer\u00eda en Bel\u00e9n.<\/em><\/li>\n<\/ol>\n<p>El profeta Daniel, cinco siglos antes del nacimiento del Salvador, fija la \u00e9poca con un c\u00e1lculo de setenta semanas de a\u00f1os, que corresponden a cuatrocientos noventa a\u00f1os. Al final de estas semanas, Jes\u00fas naci\u00f3 en Bel\u00e9n de Mar\u00eda, siempre virgen, y bajo la apariencia m\u00e1s humilde, Dios, creador del cielo y de la tierra, se hizo hombre: <em>et Verbum caro factum est. <\/em>As\u00ed, Dios, con repetidas profec\u00edas, avisaba a los hombres que mantuvieran viva la esperanza en el Salvador. Cuanto m\u00e1s se acercaba el momento de su venida, m\u00e1s claras se hac\u00edan las promesas divinas.<\/p>\n<ol start=\"2\">\n<li>El Salvador, para demostrar su venida y dar a conocer a todo el mundo que \u00e9l era el Mes\u00edas prometido, comienza su predicaci\u00f3n con una doctrina santa y divina, confirmada p s por una serie de milagros estruendosos, que tienden todos a demostrar su bondad y su poder divino. A su palabra, los ciegos recobran la vista, los sordos el o\u00eddo, los mudos el habla y los muertos salen vivos de sus tumbas. Jes\u00fas predica, pero no solo predica recompensas temporales; ense\u00f1a que hay que adorar a un solo Dios en esp\u00edritu y en verdad; amar y adorar solo a \u00c9l; ense\u00f1a que hay que extender nuestra beneficencia a todos los hombres, incluso a nuestros enemigos, porque el fin de su religi\u00f3n y de su venida es la caridad. Predica la paciencia, la sumisi\u00f3n y la humildad hasta el punto de alegrarse de las tribulaciones que nos env\u00eda. Anuncia una vida feliz y eterna, es decir, el cielo; pero esta felicidad quiere que la ganemos con nuestros esfuerzos, con la pr\u00e1ctica de la virtud, con la huida del vicio.<\/li>\n<li>Deteng\u00e1monos aqu\u00ed, cristianos, y mientras, llenos de gratitud, consideramos la inmensa bondad de Dios, os ruego que manteng\u00e1is vuestro \u00e1nimo en dos pensamientos: considera el tesoro precioso que llevas contigo, que es tu alma, por la cual Dios se hizo hombre, y considera tambi\u00e9n qu\u00e9 gran mal es el pecado, ya que para reparar sus consecuencias, el Hijo de Dios tuvo que abandonar las delicias del cielo, someterse a todas las miserias de nuestra vida y terminar con la muerte en la cruz. Pero mientras admiramos la bondad de nuestro Divino Salvador, promet\u00e1mosle evitar todo lo que pueda renovar los sufrimientos padecidos por nuestra alma. Admiramos su gran humildad y huimos especialmente de la vanidad y la soberbia. Es cierto que este cuerpo es un hermoso regalo que nos ha hecho Dios, dado para cubrir nuestra alma; pero la humildad es el adorno m\u00e1s bello del alma, y la vanidad y la soberbia son pecados que hay que evitar en todo momento, y sobre todo durante este mes dedicado a la m\u00e1s pura y humilde de las v\u00edrgenes, Mar\u00eda Sant\u00edsima.<\/li>\n<\/ol>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Ejemplo<\/em><\/p>\n<p>San Francisco de Jer\u00f3nimo siempre aliment\u00f3 en su coraz\u00f3n y trat\u00f3 de encender en los dem\u00e1s una tierna devoci\u00f3n hacia la sant\u00edsima humanidad de Jesucristo y hacia sus misterios. Era adem\u00e1s singularmente devoto al misterio de la Encarnaci\u00f3n. Sol\u00eda decir que est\u00e1bamos sumamente obligados a santificar el mes de marzo, porque en ese tiempo el Verbo Divino, con inefable dignidad, se hab\u00eda rebajado a revestirse de carne humana por amor nuestro en el seno pur\u00edsimo de Mar\u00eda. Cuando contemplaba al Ni\u00f1o Jes\u00fas, se derret\u00eda en l\u00e1grimas amargas por compasi\u00f3n de sus sufrimientos.<\/p>\n<p>A esta devoci\u00f3n por el misterio de la redenci\u00f3n un\u00eda una ternura filial hacia su Sant\u00edsima Madre. Desde muy joven no sab\u00eda hablar de ella sino con gran veneraci\u00f3n. En se\u00f1al de obediencia a Ella, ayunaba a pan y agua todos los s\u00e1bados del a\u00f1o y las v\u00edsperas de sus fiestas, a lo que a\u00f1ad\u00eda una sangrienta flagelaci\u00f3n de su cuerpo. No perd\u00eda ocasi\u00f3n, ya fuera en sermones o en discursos, de ensalzar sus virtudes, su grandeza y su bondad hacia nosotros ante su Divino Hijo. Aunque estaba ocupado desde la ma\u00f1ana hasta la noche, nunca dej\u00f3 de rezar todos los d\u00edas el rosario, costumbre que observ\u00f3 inviolablemente incluso en sus viajes. Cuando se encontraba en el mar, entre N\u00e1poles y Massa, invit\u00f3 a los barqueros a rezar el rosario con \u00e9l y, para encenderlos en una devoci\u00f3n tan loable, se puso a explicarles los misterios que se recuerdan en \u00e9l.<\/p>\n<p>Para aumentar su culto, predic\u00f3 durante veintid\u00f3s a\u00f1os todos los martes, exponiendo ante un numeroso pueblo las glorias y grandezas de esta Reina, relatando las gracias que ella hab\u00eda concedido a sus devotos. Introdujo la piadosa costumbre de renovar p\u00fablicamente cada mes la ofrenda de s\u00ed mismo a Mar\u00eda. Mand\u00f3 imprimir en versos italianos la Salve, la hac\u00eda cantar por las calles, distribu\u00eda miles de copias a los fieles devotos y, con este medio, logr\u00f3 impedir el canto de muchas canciones profanas e incluso escandalosas. Procuremos imitar a este santo en lo que podamos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Jaculatoria.<\/em><\/p>\n<p>El fruto amable<\/p>\n<p>De vuestros pechos<\/p>\n<p>\u00a1Oh! Mostradnos,<\/p>\n<p>Gran Madre, al menos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Oraci\u00f3n. <\/em>Acu\u00e9rdate, oh piados\u00edsima Virgen Mar\u00eda&#8230;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><a name=\"_Toc206830770\"><\/a><strong>Cuarto d\u00eda. La Iglesia de Jesucristo<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Deus in adiutorium etc.<\/em><\/p>\n<ol>\n<li>Nuestro Divino Salvador, que descendi\u00f3 del cielo para salvarnos, quiso establecer un medio para asegurar el dep\u00f3sito de la fe, fundando un reino espiritual sobre la tierra. Este reino es su Iglesia, es decir, la congregaci\u00f3n de los fieles cristianos de todo el mundo, que profesan la doctrina de Jesucristo bajo la gu\u00eda de los pastores leg\u00edtimos, y especialmente del Romano Pont\u00edfice, que es su jefe establecido por Dios. Esta Iglesia, como madre amorosa, deb\u00eda acoger en todo tiempo y en todo lugar a todos aquellos que quisieran refugiarse en su seno maternal y, por lo tanto, deb\u00eda ser visible y accesible a todos en todo momento. Por eso, en el Evangelio, esta Iglesia se compara con una columna contra la que no valen los ataques de los enemigos de las almas. Se compara con una piedra sobre la que se apoya un gran edificio que debe durar hasta el fin de los siglos. T\u00fa eres Pedro, dijo Jesucristo al Pr\u00edncipe de los Ap\u00f3stoles al constituirlo jefe de la Iglesia, t\u00fa eres Pedro, y sobre esta piedra fundar\u00e9 mi Iglesia, y las puertas del infierno no podr\u00e1n vencerla.<\/li>\n<\/ol>\n<p>Jesucristo recomend\u00f3 a sus seguidores que, si surg\u00edan cuestiones entre ellos, remitieran su resoluci\u00f3n a la Iglesia: <em>dic ecclesi\u00e6<\/em>; que si alguno se negaba a escuchar a la Iglesia, lo consideraran como gentil y publicano: <em>quod si ecclesiam non audierit. sit tibi tamquam ethnicus et publicanus<\/em>. Esta Iglesia es la columna y el fundamento de toda verdad, de modo que toda doctrina que no se apoya en el fundamento de esta Iglesia, se apoya en el error: <em>ecclesia est columna et fundamentum veritatis, <\/em>dice san Pablo.<\/p>\n<ol start=\"2\">\n<li>Esta Iglesia se llama <em>cat\u00f3lica<\/em>, que significa <em>universal<\/em>, porque, como se ha dicho, como madre amorosa acoge en todo tiempo y en todo lugar a los que quieren venir a su seno maternal. Universal porque abarca toda la doctrina ense\u00f1ada por Jesucristo y predicada por los Ap\u00f3stoles.<\/li>\n<\/ol>\n<p>Se dice tambi\u00e9n santa, porque su fundador, que es Jesucristo, es la fuente de toda santidad; nadie puede ser santo fuera de esta Iglesia, ya que solo en ella se ense\u00f1a la verdadera doctrina de Jesucristo, solo en ella se practica su fe, su ley y se administran los sacramentos instituidos por \u00c9l.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n se suele llamar Apost\u00f3lica porque sus pastores son sucesores de los Ap\u00f3stoles y ense\u00f1an la misma doctrina predicada por los Ap\u00f3stoles tal y como la aprendieron de Jesucristo.<\/p>\n<p>Se a\u00f1ade adem\u00e1s el t\u00edtulo de Romana, porque su jefe, que es el Papa, es obispo de Roma, y por esta raz\u00f3n esta ciudad, que fue capital del Imperio Romano, es ahora el centro de la religi\u00f3n, la capital del mundo cat\u00f3lico.<\/p>\n<ol start=\"3\">\n<li>Y puesto que hay un solo Dios, una sola fe, un solo bautismo, hay tambi\u00e9n una sola Iglesia verdadera, fuera de la cual nadie puede salvarse.<\/li>\n<\/ol>\n<p>Considera, oh cristiano, y tiembla al pensar en el gran n\u00famero de los que no est\u00e1n en el seno de la Iglesia cat\u00f3lica y, por lo tanto, est\u00e1n fuera del camino que conduce al cielo. Considera y al\u00e9grate en tu coraz\u00f3n, porque Dios te ha creado en su Iglesia, en la que hay tantos medios de salvaci\u00f3n. S\u00e9 agradecido a Dios y, para darle las gracias, procura observar los preceptos quela Chiesa propone a sus hijos en nombre de Dios. S\u00e9 constante en escuchar la Misa entera todos los domingos y dem\u00e1s d\u00edas festivos, observa los ayunos y vigilias, y no comas carne los viernes y s\u00e1bados. En definitiva, procuremos ser cat\u00f3licos no solo de nombre, sino de hecho, observando con exactitud lo que la Iglesia manda y absteni\u00e9ndonos de lo que proh\u00edbe.<\/p>\n<p>Si sucediera hablar o escuchar a otros hablar de la Iglesia, comport\u00e9monos como hijos respetuosos hacia su amorosa madre: no digamos nada en contra de lo que la Iglesia manda o proh\u00edbe; y en la medida de lo posible, hablemos siempre bien de ella y opong\u00e1monos con valent\u00eda a cualquiera que intente hablar mal de ella.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Ejemplo<\/em><\/p>\n<p>Los hechos gloriosos de la Iglesia est\u00e1n llenos de ejemplos que demuestran c\u00f3mo Mar\u00eda fue en todo momento no solo el sost\u00e9n de la Iglesia, sino una madre piadosa que con la m\u00e1s amorosa solicitud busca a sus hijos, realizando a veces milagros luminosos para aumentar su n\u00famero. Elegimos el ejemplo de Alfonso Ratisbon, joven jud\u00edo de una de las familias m\u00e1s ricas de Alemania. Muy apegado a su religi\u00f3n, era un enemigo implacable de los cristianos, especialmente desde que uno de sus hermanos abraz\u00f3 la fe. Por diversi\u00f3n, vino a Roma en el a\u00f1o 1842. All\u00ed creci\u00f3 su odio contra la religi\u00f3n cristiana y su fervor por el juda\u00edsmo. Ya estaba a punto de partir de esta ciudad cuando fue a despedirse del bar\u00f3n Bussiere, un protestante convertido al catolicismo. Este se\u00f1or entabl\u00f3 una conversaci\u00f3n sobre religi\u00f3n con Alfonso y, al encontrarlo obstinado en el juda\u00edsmo, le rog\u00f3 que, al menos por cortes\u00eda, se dejara poner en el cuello la medalla de Mar\u00eda. \u00c9l, ri\u00e9ndose locamente de tal idea, accedi\u00f3. Era el 20 de enero de 1842, cuando Alfonso, tras abandonar por un momento una iglesia en la que hab\u00eda entrado por curiosidad, de repente vio desaparecer ante sus ojos el edificio y una luz se derram\u00f3 sobre \u00e9l y llen\u00f3 el lugar donde se encontraba. All\u00ed, en medio de aquel resplandor radiante, vio de pie sobre el altar, llena de majestad y dulzura, la Virgen Mar\u00eda, tal y como aparece en la medalla milagrosa. Con la mano le hizo se\u00f1al de que se arrodillara y, con una fuerza irresistible, fue atra\u00eddo hacia Mar\u00eda. Fue en ese momento feliz cuando Alfonso abri\u00f3 los ojos a la verdad y, iluminado por la fe, rompi\u00f3 a llorar. Su coraz\u00f3n no encontraba consuelo m\u00e1s que en dar rienda suelta a su agradecimiento y pedir con las m\u00e1s vivas instancias el bautismo. Se prepar\u00f3 durante once d\u00edas y el 31 de enero del mismo a\u00f1o fue regenerado en Cristo, y Mar\u00eda tuvo un hijo m\u00e1s. Una conversi\u00f3n tan asombrosa y repentina fue declarada milagrosa por la Santa Sede, tras diligentes ex\u00e1menes. Cada a\u00f1o se celebra una fiesta en Roma el 20 de enero en memoria de este prodigio en la iglesia de San Andr\u00e9s <em>de las Fratte, <\/em>lugar donde tuvo lugar el milagro.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Jaculatoria<\/em><\/p>\n<p>Haz que expire,<\/p>\n<p>Virgen Mar\u00eda,<\/p>\n<p>Como buen cat\u00f3lico<\/p>\n<p>El alma m\u00eda.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Oraci\u00f3n. <\/em>Acu\u00e9rdate, oh piados\u00edsima Virgen Mar\u00eda&#8230;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><a name=\"_Toc206830771\"><\/a><strong>Quinto d\u00eda. El jefe de la Iglesia<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Deus in adiutorium etc.<\/em><\/p>\n<ol>\n<li>Jesucristo, en el Evangelio, compar\u00f3 su Iglesia con un reino, un imperio, una rep\u00fablica, una ciudad, una fortaleza, una familia. Todas estas cosas son visibles por naturaleza y no pueden existir sin que haya un jefe que mande y s\u00fabditos que obedezcan. El jefe invisible de la Iglesia es Jesucristo, que asiste a los santos pastores desde el cielo hasta el fin del mundo: <em>ecce ego vobiscum sum usque ad consummationem s\u00e6culi. <\/em>El jefe visible fue san Pedro y, despu\u00e9s de \u00e9l, los pont\u00edfices que le sucedieron.<\/li>\n<\/ol>\n<p>El Divino Salvador dijo a s. Pedro: t\u00fa eres Pedro, y sobre esta piedra fundar\u00e9 mi Iglesia, y las puertas del infierno no podr\u00e1n vencerla. A ti dar\u00e9 las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra quedar\u00e1 atado en el cielo; lo que desates en la tierra quedar\u00e1 desatado en el cielo\u00bb. Con estas palabras, el Salvador constituye a San Pedro jefe de su Iglesia y le confiere la plenitud del poder, en virtud del cual puede establecer todo lo que contribuye al bien espiritual y eterno.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de la resurrecci\u00f3n, Jesucristo confirm\u00f3 lo dicho a san Pedro. Al aparecer a sus ap\u00f3stoles a orillas del mar de Tiber\u00edades, dijo a san Pedro: <em>\u00abApacienta mis ovejas, apacienta mis corderos; pasquea oves meas, pasquea agnos meos\u00bb.<\/em> De la Sagrada Escritura se desprende claramente que los corderos se refieren a todos los fieles cristianos, y las ovejas son los pastores sagrados, que deben depender del Pastor Supremo, que es Pedro, y despu\u00e9s de \u00e9l, sus sucesores.<\/p>\n<ol start=\"2\">\n<li>Para que estuvi\u00e9ramos seguros de que este Pastor Supremo conservar\u00eda siempre el dep\u00f3sito de la fe sin caer nunca en el error, Jesucristo dijo a San Pedro: Yo he rogado por ti, Pedro, para que no falle tu fe: <em>rogavi pr\u00f2 te, Petre, ut non deficiat fides tua. et tu aliquando conversus confirma fratres tuos. <\/em>Esta es la raz\u00f3n por la que los dem\u00e1s ap\u00f3stoles, despu\u00e9s de la ascensi\u00f3n del Salvador, consideraron a san Pedro como su jefe. Tan pronto como el Salvador ascendi\u00f3 al cielo, \u00e9l asumi\u00f3 el gobierno de la Iglesia; propuso la elecci\u00f3n de un ap\u00f3stol en lugar del traidor Judas; fue el primero en predicar al pueblo; el primero en hacer milagros al ir al templo; el primero en ser instruido por Dios de que no solo los jud\u00edos, sino tambi\u00e9n los gentiles est\u00e1n llamados a la fe. \u00bfSurgen dificultades en la Iglesia? Se re\u00fane un concilio en la ciudad de Jerusal\u00e9n; Pedro plantea la cuesti\u00f3n, la explica, la define, y todos obedecen a Pedro como al mismo Jesucristo. As\u00ed lo hicieron los verdaderos cat\u00f3licos en todos los tiempos, en todos los lugares, en todas las cuestiones religiosas: siempre se recurri\u00f3 al Sumo Pont\u00edfice, y todos los cristianos se sometieron a \u00e9l como a san Pedro, como al mismo Jesucristo.<\/li>\n<\/ol>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<ol start=\"3\">\n<li>He aqu\u00ed, cristiano, lo que te propongo para tu consideraci\u00f3n. Un Dios hecho hombre para salvarnos; antes de partir del mundo, funda una Iglesia y designa a un Jefe para que lo sustituya en la tierra hasta el fin de los siglos: <em>usque ad consummationem s\u00e6culi.<\/em> Reconocemos tambi\u00e9n nosotros en el Romano Pont\u00edfice al Padre universal de todos los cristianos, al sucesor de San Pedro, al Vicario de Jesucristo, al que sustituye a Dios en la tierra, al que dijo Jesucristo: todo lo que ates en la tierra, estar\u00e1 atado en el cielo; todo lo que desates en la tierra, estar\u00e1 desatado en el cielo. Pero recordemos bien que nadie puede profesar la religi\u00f3n de Jesucristo si no es cat\u00f3lico; nadie es cat\u00f3lico si no est\u00e1 unido al Papa.<\/li>\n<\/ol>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Ejemplo<\/em><\/p>\n<p>Los herejes, para alejar a los cat\u00f3licos de la Iglesia y del Romano Pont\u00edfice, siempre han comenzado por despreciar la devoci\u00f3n a la Sant\u00edsima Virgen, porque Mar\u00eda es madre misericordiosa de todos los que la invocan. De hecho, tenemos muchos herejes convertidos que atribuyen su conversi\u00f3n a la devoci\u00f3n a Mar\u00eda. Sirva como ejemplo para todos el protestante y ahora ferviente cat\u00f3lico Federico Hurter. Este era presidente del Consistorio protestante en Schaffhausen, Suiza, y era considerado uno de los mejores predicadores y profesores del calvinismo. Aunque estaba muy apegado a los errores de su secta, le dol\u00eda mucho, como \u00e9l mismo confiesa, que el protestantismo, al que pertenec\u00eda, rechazara todo culto a la Sant\u00edsima Virgen. Esta fue la semilla de mostaza que produjo el \u00e1rbol de la conversi\u00f3n de Hurter. Desde su juventud, sin ning\u00fan conocimiento particular de la doctrina cat\u00f3lica sobre la Gran Madre de Dios, se sent\u00eda penetrado por una veneraci\u00f3n inexpresable hacia Ella. Encontraba en Ella la abogada de los cristianos. A Ella se dirig\u00eda desde lo m\u00e1s profundo de su coraz\u00f3n en su vida privada. A veces, desde la c\u00e1tedra, intentaba despertar en sus alumnos pensamientos de veneraci\u00f3n hacia la Santa Virgen, e incluso se esforzaba por dar a conocer las grandezas de Aquella que es Madre de Dios.<\/p>\n<p>A medida que crec\u00eda en su coraz\u00f3n el afecto hacia Mar\u00eda, Federico comenz\u00f3 a tener algunas dudas sobre su fe. La duda le impuls\u00f3 a examinar mejor la religi\u00f3n cat\u00f3lica, que cada d\u00eda se le revelaba m\u00e1s verdadera, divina, incluso la \u00fanica verdadera. Movido \u00fanicamente por el deseo de conocer la verdad, renunci\u00f3 a sus funciones de presidente del consistorio y se dedic\u00f3 con la mayor diligencia al estudio de los dogmas cat\u00f3licos. Dedic\u00f3 cuatro a\u00f1os a este estudio y, durante todo ese tiempo, rez\u00f3 con fervor a la Sant\u00edsima Virgen para que le hiciera conocer la verdad, \u00edntimamente convencido de que estaba fuera de la verdad mientras viviera en el protestantismo. el 29 de febrero de 1844 parti\u00f3 hacia Roma con la firme intenci\u00f3n de declararse hijo fiel, como \u00e9l mismo se expresa, de esa tierna madre que es la Iglesia cat\u00f3lica. Al llegar a la ciudad que, como \u00e9l mismo dice, es centro de la unidad, capital del mundo cristiano\u00bb, no quiso retrasar m\u00e1s la ejecuci\u00f3n de su gran acto. Renunci\u00f3 a los honores, los cargos y los salarios que ten\u00eda entre los protestantes, hizo caso omiso de las protestas de sus parientes y amigos y, superando todo respeto humano, abjur\u00f3 de sus errores, recibi\u00f3 la Santa Comuni\u00f3n y la Confirmaci\u00f3n en el mes de junio de ese a\u00f1o 1844. Este ilustre literato reconoce la gracia extraordinaria de su conversi\u00f3n por intercesi\u00f3n de la Sant\u00edsima Virgen.<\/p>\n<p>Que este hecho sirva de consuelo a todos los buenos cat\u00f3licos para mantenerse firmemente unidos y obedientes al jefe de nuestra santa religi\u00f3n, que est\u00e1 protegida de manera tan especial por la gran Madre de Dios la Virgen sant\u00edsima.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Jaculatoria<\/em><\/p>\n<p>No me separes nunca<\/p>\n<p>Por ning\u00fan motivo<\/p>\n<p>Del gran Vicario<\/p>\n<p>De Jesucristo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Oraci\u00f3n. <\/em>Acu\u00e9rdate, oh Virgen Mar\u00eda&#8230;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><a name=\"_Toc206830772\"><\/a><strong>Sexto d\u00eda. Los pastores de la Iglesia<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Deus in adiutorium etc.<\/em><\/p>\n<ol>\n<li>La Iglesia es una congregaci\u00f3n de fieles cristianos dispersos por todo el mundo, que, a modo de un numeroso reba\u00f1o, son gobernados por un pastor supremo, que es el Romano Pont\u00edfice. Pero si cada cristiano tuviera que relacionarse directamente con el Vicario de Jesucristo, le resultar\u00eda dif\u00edcil hacerle llegar sus palabras y comunicarle sus pensamientos. Pero Dios pens\u00f3 y provey\u00f3 para todas las necesidades de nuestra alma. Escuchad, este es uno de los rasgos m\u00e1s bellos del catolicismo. Dios estableci\u00f3 a San Pedro como cabeza de la Iglesia, y tras su muerte, los pont\u00edfices romanos le sucedieron en el gobierno de la misma, y se sucedieron de tal manera que, desde el reinante P\u00edo IX, tenemos una serie ininterrumpida hasta San Pedro, y desde San Pedro tenemos la serie de pont\u00edfices, uno sucesor del otro, que nos han conservado intacta la Santa Religi\u00f3n de Jesucristo hasta nosotros.<\/li>\n<\/ol>\n<p>Los Ap\u00f3stoles ejercieron su Apostolado de acuerdo con san Pedro y dependientes de \u00e9l. A los Ap\u00f3stoles les sucedieron otros obispos, que siempre de acuerdo con el sucesor de san Pedro y dependientes de \u00e9l, gobernaron las diversas di\u00f3cesis de la cristiandad. Los obispos acogen las s\u00faplicas, escuchan las necesidades de los pueblos y las hacen llegar hasta la persona del Sumo Jerarca de la Iglesia. El Papa, seg\u00fan las necesidades, comunica sus \u00f3rdenes a los obispos de todo el mundo, quienes a su vez las transmiten a los simples fieles cristianos.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s de los Ap\u00f3stoles, Jesucristo estableci\u00f3 setenta y dos disc\u00edpulos, a los que envi\u00f3 a diversos pa\u00edses a predicar el Evangelio. Los ap\u00f3stoles tambi\u00e9n ordenaron siete di\u00e1conos y otros ministros para que les ayudaran en la predicaci\u00f3n del Evangelio y en la administraci\u00f3n de los sacramentos. As\u00ed, entre nosotros, adem\u00e1s del Papa y los obispos, hay otros ministros sagrados, especialmente los p\u00e1rrocos, que, estrechamente unidos y de acuerdo con los obispos, les ayudan en la predicaci\u00f3n y la administraci\u00f3n de los sacramentos, les ayudan a mantener la unidad de la fe y, sobre todo, a conservar una estrecha relaci\u00f3n con el jefe de la religi\u00f3n, lo cual es indispensable para mantener siempre alejado el error de las verdades de la fe.<\/p>\n<ol start=\"2\">\n<li>Por lo tanto, podemos decir que nuestros p\u00e1rrocos nos unen a los obispos, los obispos al Papa y el Papa nos une a Dios. Adem\u00e1s, los santos pastores que gobiernan las iglesias particulares, habi\u00e9ndose sucedido regularmente siempre dependientes del Papa, ense\u00f1ando siempre la misma doctrina, administrando los mismos sacramentos, se sigue con certeza que los ministros de la Iglesia cat\u00f3lica en todo tiempo y en todo lugar han practicado siempre la misma fe, la misma ley, los mismos sacramentos, tal como fueron predicados por los Ap\u00f3stoles y tal como fueron instituidos por nuestro Se\u00f1or Jesucristo.<\/li>\n<li>Seamos, pues, d\u00f3ciles a las voces de los ministros sagrados, como las ovejas deben serlo a la voz de su pastor. Dios nos los ha dado como maestros en la ciencia de la religi\u00f3n; acudamos, pues, a ellos para aprenderla, y no a los maestros mundanos. Dios nos los ha dado como gu\u00eda en el camino del cielo, por lo tanto, sig\u00e1moslos en sus ense\u00f1anzas. Dios dijo a sus ministros: <em>qui vos audit, me audit; <\/em>quien os escucha, me escucha; <em>qui vos spernit, me spernit; <\/em>quien os desprecia, me desprecia. Por lo tanto, acudamos de buen grado a escucharlos en las predicaciones, en las instrucciones, en los catecismos, en las explicaciones del Evangelio. Sigamos sus consejos cuando nos acercamos a los sacramentos o cuando nos instruyen para recibirlos dignamente; escuchemos sus voces como si vinieran del mismo Jesucristo.<\/li>\n<\/ol>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Ejemplo<\/em><\/p>\n<p>El hecho ocurrido en s. Romano cuando era conducido al martirio nos puede servir de norma para responder cuando nos preguntan por los motivos de nuestra fe. Este santo, cruelmente torturado por un prefecto llamado Asclepiade, al ver la dureza del tirano, quiso ablandarlo con un milagro. Volvi\u00e9ndose hacia \u00e9l, Asclepiades le dijo: \u00abSi no me crees, pregunta a ese ni\u00f1o que ves en brazos de su madre, y de su boca inocente oir\u00e1s confirmar lo que te he predicado y te predico acerca de mi religi\u00f3n\u00bb. El prefecto mir\u00f3 al ni\u00f1o y, convencido de que por su edad era incapaz de articular palabra, le dijo en broma: \u00ab\u00bfSabes decirme qui\u00e9n es el Cristo que adoran los cristianos?\u00bb. Entonces el ni\u00f1o alz\u00f3 la voz con franqueza y grit\u00f3 con fuerza: \u00abJesucristo, adorado por los cristianos, es el verdadero Dios\u00bb. \u00ab\u00bfQui\u00e9n te ha dicho eso?\u00bb, replic\u00f3 Asclepiade. El otro respondi\u00f3: \u00abMe lo dijo mi madre, es decir, l Iglesia. \u00bfY qui\u00e9n se lo dijo a tu madre?, pregunt\u00f3 el prefecto maravillado<em>.<\/em> \u00abA mi madre se lo dijo Dios: <em>mihi mater, matri Deus\u00bb. <\/em>As\u00ed deber\u00edan responder los cristianos si se les preguntara sobre la verdad de la fe. \u00bfQui\u00e9n dijo que Jesucristo es hijo de Dios, que muri\u00f3 para salvarnos, que nos juzgar\u00e1 a todos juntos al final del mundo? \u00bfQui\u00e9n lo dijo? Lo dijeron los ministros sagrados, que lo aprendieron de nuestra madre, que es la Iglesia lo aprendi\u00f3 del mismo Dios. <em>Mihi mater matri Deus. <\/em>(<em>Boll. in s. Romano)<\/em>.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Jaculatoria<\/em><\/p>\n<p>Haz que yo escuche,<\/p>\n<p>Oh Se\u00f1or m\u00edo,<\/p>\n<p>Las voces providentes<\/p>\n<p>De mi pastor.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Que mi alma<\/p>\n<p>Todas las s\u00faplicas confiadas,<\/p>\n<p>Para que seguro<\/p>\n<p>Me gu\u00ede al cielo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Oraci\u00f3n<\/em>. Recu\u00e9rdate, oh piados\u00edsima Virgen Mar\u00eda&#8230;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><a name=\"_Toc206830773\"><\/a><strong>S\u00e9ptimo d\u00eda. Fe<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Deus in adiutorium etc.<\/em><\/p>\n<ol>\n<li>Nuestra religi\u00f3n es sobrenatural y divina, por lo que en ella se encuentran ciertas verdades tan sublimes que el hombre, en la vida presente, tras muchos esfuerzos, apenas puede llegar a comprender una m\u00ednima parte. Y esto no debe sorprendernos, ya que en los mismos objetos temporales que se presentan a nuestros ojos, como las hierbas, las plantas, el agua, el fuego, la estructura del cuerpo humano, vemos muchas cosas cuya existencia conocemos, pero cuya e s cualidades no comprendemos m\u00e1s que de manera imperfecta. Por lo tanto, si nos vemos obligados a admitir secretos en las cosas temporales, con mucha m\u00e1s raz\u00f3n debemos admitirlos en las cosas espirituales. Estas verdades en el acto de la religi\u00f3n se llaman misterios. El acto por el cual sometemos nuestra voluntad a creer se llama fe. Sin la fe es imposible agradar a Dios, dice s. Pablo. La fe es la sustancia de las cosas que debemos esperar de Dios. La fe es la base y el fundamento de toda nuestra justificaci\u00f3n, dice la Iglesia, en nombre de Dios.<\/li>\n<li>Esta fe no se apoya en la autoridad de los hombres, que pueden caer en el error, sino que se apoya totalmente en la palabra de Dios, que es eterna, inmutable y que nunca puede variar en nada. Por lo tanto, con la fe creemos que Dios cre\u00f3 el cielo y la tierra y todas las cosas que hay en el cielo y en la tierra; creemos que por el pecado original toda la raza humana se hizo indigna del Para\u00edso y merecedora del infierno; que Dios prometi\u00f3 un Salvador, que vino y es Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre; que se hizo hombre para salvar nuestras almas y que muri\u00f3 en la cruz por nosotros. Es tambi\u00e9n verdad de fe que hay un solo Dios en tres personas realmente distintas, que hay un solo bautismo, una sola Iglesia verdadera, que es la cat\u00f3lica; que nadie puede salvarse fuera de esta Iglesia; que el jefe de esta Iglesia es el Romano Pont\u00edfice, al que debemos obedecer como a Jesucristo, de quien \u00e9l es vicario; que los sacramentos instituidos por nuestro Se\u00f1or Jesucristo son siete, ni m\u00e1s ni menos. Es verdad de fe que existe Dios, que recompensa a los buenos con el Para\u00edso y castiga a los malos con el infierno; que tenemos un alma simple e inmortal; que un solo pecado mortal puede hac\u00e9rnosla perder para toda la eternidad. Estas son las principales verdades que nuestra religi\u00f3n nos propone creer. Pero no nos preocupemos si no comprendemos estas verdades; al contrario, debemos alegrarnos porque es se\u00f1al de que Dios nos reserva cosas grandes en la otra vida; cosas que, como dice s. Pablo, el o\u00eddo nunca ha o\u00eddo, los ojos nunca han visto, la lengua no puede expresar ni el coraz\u00f3n del hombre puede imaginar. Estas cosas no las comprendemos en la vida presente. Pero Dios nos asegura que nos est\u00e1n preparadas en la otra vida. Por eso, anim\u00e9monos, porque lo comprenderemos todo en la bienaventurada eternidad si, por la misericordia de Dios, somos salvados. Entonces comprenderemos lo que aqu\u00ed en la tierra nos parece un misterio, entonces veremos a Dios tal como es en s\u00ed mismo: <em>tunc videbimus sicuti est, <\/em>dice s. Pablo.<\/li>\n<li>Pero debo advertirte, oh cristiano, que nuestra fe debe tener ciertas cualidades, sin las cuales no sirve para salvarnos. Nuestra fe debe ser \u00edntegra, es decir, debe abarcar todos los art\u00edculos de nuestra religi\u00f3n. Todas las verdades de la fe han sido reveladas por Dios; por lo tanto, quien niega creer en un solo art\u00edculo de la fe, niega creer en Dios mismo. Por eso, quien dice amar al pr\u00f3jimo y, sin embargo, toma en vano el nombre de Dios; quien honra a sus padres y, sin embargo, toma lo ajeno o se entrega a la deshonestidad, al desprecio de los sacramentos y del Vicario de Jesucristo, este, digo, transgrede un art\u00edculo de la fe que lo hace culpable de todos los dem\u00e1s. Los art\u00edculos de la fe est\u00e1n todos unidos entre s\u00ed y forman una cadena que une la raz\u00f3n con la revelaci\u00f3n, y se constituye una escalera por la que el hombre asciende hasta Dios. Pero si se rompe un eslab\u00f3n de la cadena, o se rompe un pelda\u00f1o de esa escalera m\u00edstica, se rompe toda nuestra relaci\u00f3n con Dios. \u00bfDe qu\u00e9 sirve creer en la Iglesia, en el Vicario de Jesucristo, si luego desprecias sus ense\u00f1anzas? \u00bfSi hablas mal del Sumo Pont\u00edfice? Hablemos claro: o todos los art\u00edculos de nuestra fe o ninguno, porque negar uno solo es negarlos todos. Para que la fe sea verdaderamente \u00edntegra, debe ser operativa, es decir, debe ir unida a las buenas obras. Aqu\u00ed habla claro Jesucristo en el Evangelio: no todos, dice, no todos los que dicen: \u00abSe\u00f1or, Se\u00f1or\u00bb, entrar\u00e1n en el reino de los cielos, sino todos los que hagan la voluntad de mi Padre celestial. <em>Mt, <\/em>7. \u00bfDe qu\u00e9 servir\u00e1, dice s. Santiago, de qu\u00e9 servir\u00e1, hermanos m\u00edos, si alguno de vosotros dice tener fe sin obras? As\u00ed como un cuerpo sin alma est\u00e1 muerto, as\u00ed tambi\u00e9n la fe sin obras es una fe muerta. Oh cristiano, \u00bfquieres saber si tu fe est\u00e1 viva o muerta? Lee con atenci\u00f3n y lo sabr\u00e1s. Tiene una fe muerta quien cree que basta un solo pecado mortal para ir al infierno, y mientras tanto lo comete con indiferencia. Tiene una fe muerta quien cree que debemos amar a Dios por encima de todas las cosas, y mientras tanto ama a las criaturas, ama los placeres del mundo; y se ocupa \u00fanicamente de engrandecer y enriquecer a la familia; <em>fides sine operibus mortua est. <\/em>Tiene una fe muerta quien sabe que los avaros no poseer\u00e1n el reino de los cielos y, mientras tanto, ve al pobre devorado por el hambre, oprimido por el fr\u00edo, y no se conmueve ni le presta ayuda alguna; <em>fides sine operibus mortua est.<\/em><\/li>\n<\/ol>\n<p>Oremos a Santa Virgen, que nos mantenga firmes en la fe y nos obtenga de su Divino Hijo la gracia y la fortaleza para ser constantes en las pr\u00e1cticas de nuestra santa religi\u00f3n hasta el \u00faltimo aliento de nuestra vida.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Ejemplo<\/em><\/p>\n<p>No hay fe m\u00e1s viva y activa que la de los m\u00e1rtires. La historia eclesi\u00e1stica cuenta m\u00e1s de diecis\u00e9is millones de estos gloriosos h\u00e9roes que pueden servirnos de ejemplo. Nosotros elegimos preferentemente un hecho reciente, el martirio del misionero Marchand di Besanzone. En 1835 predicaba el Evangelio en China, pa\u00eds muy lejano de nosotros, cuando por ser cristiano fue encerrado en una prisi\u00f3n. Despu\u00e9s de cinco a\u00f1os de cautiverio, fue sacado y puesto en una jaula de hierro. Llevado ante el rey, este le pregunt\u00f3: \u00ab\u00bfEres t\u00fa el rebelde? \u00bfTambi\u00e9n t\u00fa eres partidario de los rebeldes?\u00bb. \u00abNo\u00bb, respondi\u00f3 \u00e9l, \u00abyo no he participado en ninguna rebeli\u00f3n\u00bb. Sin embargo, el rey, bas\u00e1ndose en las acusaciones de los mandarines, lo someti\u00f3 a la dolorosa tortura de las tenazas. Inmediatamente, los verdugos calentaron tenazas de hierro y con ellas le arrancaron la carne de los muslos a pedazos. El valiente misionero ofreci\u00f3 su cuerpo al Dios que se lo hab\u00eda dado, le encomend\u00f3 su alma y, con los ojos fijos en el cielo, sinti\u00f3 que su coraz\u00f3n se inundaba de alegr\u00eda por haberse hecho digno de sufrir por Jesucristo. El rey, indignado por la heroica paciencia del confesor de la fe, lo condena a una muerte despiadada. Los mandarines, es decir, los verdugos, apartan un poco a Marchand del palacio del rey; luego, sac\u00e1ndolo de la jaula, lo desnudan casi por completo y comienzan a atormentarlo. Con cinco tenazas al rojo vivo le aprietan la carne de los muslos y las piernas. Se eleva un humo y un hedor; los presentes tiemblan; y el santo m\u00e1rtir, firme en la fe de Jesucristo, alza los ojos al cielo y solo dice: \u00abAh, Padre m\u00edo, oh Dios m\u00edo&#8230;\u00bb. Mientras se repiten estos atroces tormentos, un mandar\u00edn le hace la siguiente pregunta: \u00ab\u00bfPor qu\u00e9 en la religi\u00f3n cristiana se arrancan los ojos a los moribundos?\u00bb. Alud\u00eda a la administraci\u00f3n del santo \u00f3leo. El misionero re\u00fane sus fuerzas y responde: eso no es verdad: ninguna de estas cosas s\u00e9 que haya sido hecha por los cristianos. Las palabras son interrumpidas por nuevos tormentos, por lo que el mandar\u00edn le pregunta de nuevo: \u00bfpor qu\u00e9 se presentan los novios ante el sacerdote cerca del altar? Los novios, respondi\u00f3 el misionero, vienen a dar a conocer al sacerdote su uni\u00f3n y a implorar las bendiciones celestiales. Se renuevan los tormentos de las tenazas, y el mandar\u00edn prosigue: \u00ab\u00bfQu\u00e9 pan encantado se da a los confesados, por el que se vuelven tan devotos de la religi\u00f3n?\u00bb. El misionero, medio muerto, respondi\u00f3: \u00abNo es pan lo que se les da, es el cuerpo de nuestro Se\u00f1or Jesucristo convertido en alimento del alma\u00bb. Entonces, casi como castigo por las palabras pronunciadas, le pusieron un freno en la boca y, acompa\u00f1ado por cien soldados y una inmensa multitud, lo llevaron a una milla de distancia de aquel lugar. All\u00ed depositaron al misionero a los pies de un pat\u00edbulo en forma de cruz. En un instante, los verdugos tomaron al paciente, lo levantaron y le ataron los brazos casi en forma de cruz. Dos verdugos se colocan a sus lados con un cuchillo en la mano. Se oye un sonido f\u00fanebre de tambor, y cuando cesa, agarran los pechos del condenado, los cortan de un solo golpe y arrojan al suelo los trozos. Mientras se repiten estos tormentos, la v\u00edctima dirige por \u00faltima vez su mirada al cielo y, poniendo su alma en las manos de Jes\u00fas Crucificado, casi destrozado, baja la cabeza, exhala su \u00faltimo aliento y su alma vuela hacia Dios. Entonces su cuerpo es descuartizado.<\/p>\n<p>Ve tambi\u00e9n al cielo, afortunado ministro de Jesucristo, y mientras admiramos tu triunfo, implora desde el cielo la gracia y la fuerza para seguir tu ejemplo; y que, si no tenemos la gloriosa suerte de dar la vida por la fe, al menos vivamos como fervientes cristianos hasta la muerte. (<em>Anales de la prop. n.\u00ba<\/em> 53 &#8211; Anales de la Propaganda Fide, n\u00famero 53).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Jaculatoria<\/em><\/p>\n<p>Dios glorioso<\/p>\n<p>Que todo lo ve<\/p>\n<p>Hazme firme<\/p>\n<p>En mi fe.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Oraci\u00f3n. <\/em>Acu\u00e9rdate, oh Virgen Mar\u00eda&#8230;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><a name=\"_Toc206830774\"><\/a><strong>Octavo d\u00eda. Los Santos Sacramentos<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Deus in adiutorium etc.<\/em><\/p>\n<ol>\n<li>Cuanto m\u00e1s consideramos nuestra santa religi\u00f3n cat\u00f3lica, m\u00e1s aprendemos su belleza, su grandeza, y m\u00e1s se manifiesta la bondad, la sabidur\u00eda y la misericordia de Dios, que es su fundador. Esto aparece de manera luminosa en los Santos Sacramentos. Es verdad de fe que estos Sacramentos son siete, ni m\u00e1s ni menos; todos ellos fueron instituidos por nuestro Se\u00f1or Jesucristo mientras estaba en este mundo. Estos sacramentos son: Bautismo, Confirmaci\u00f3n, Eucarist\u00eda, Penitencia, Extremaunci\u00f3n, Orden y Matrimonio. Estos sacramentos son signos sensibles establecidos por Dios para dar a nuestras almas las gracias necesarias para nuestra salvaci\u00f3n, lo que equivale a decir que los siete sacramentos son como siete canales por los que los favores celestiales son comunicados por la divinidad a la humanidad.<\/li>\n<li>Por medio del Bautismo somos acogidos en el seno de la Santa Madre Iglesia, dejamos de ser esclavos del demonio, nos convertimos en hijos de Dios y, por lo tanto, herederos del Para\u00edso.<\/li>\n<\/ol>\n<p>En la Confirmaci\u00f3n recibimos la plenitud de los dones del Esp\u00edritu Santo y nos convertimos en cristianos perfectos.<\/p>\n<p>En la Eucarist\u00eda, Jesucristo nos da su cuerpo, su sangre, su alma y su divinidad bajo la apariencia del pan y el vino consagrados.<\/p>\n<p>Este es el mayor prodigio del poder divino. Con un acto de amor inmenso hacia nosotros, Dios encontr\u00f3 la manera de dar a nuestras almas un alimento proporcionado y espiritual, es decir, d\u00e1ndonos su propia divinidad.<\/p>\n<p>En la Penitencia se nos perdonan los pecados cometidos despu\u00e9s del Bautismo.<\/p>\n<p>En la extremaunci\u00f3n, o santo \u00f3leo, Dios acude en ayuda de los enfermos y, por medio de la sagrada unci\u00f3n, nos comunica las gracias necesarias para borrar de nuestra alma los pecados con sus reliquias, para darnos fuerza para soportar pacientemente el mal, para tener una buena muerte si Dios ha decretado llamarnos a la eternidad, y tambi\u00e9n para dar la salud corporal si es \u00fatil para la salud del alma.<\/p>\n<p>En el sacramento de la Orden, es decir, en la sagrada ordenaci\u00f3n, Dios comunica a los ministros sagrados las gracias necesarias para alcanzar ese alto grado de santidad que les es necesario; y tambi\u00e9n para poder guiar e instruir a los fieles cristianos en las verdades de la fe, en la huida del vicio y en la pr\u00e1ctica de la virtud.<\/p>\n<p>Por \u00faltimo, el Matrimonio es el sacramento que da a los c\u00f3nyuges la gracia de vivir entre ellos en paz y caridad y de criar cristianamente a sus hijos, si Dios, en su infinita sabidur\u00eda, decide conced\u00e9rselos.<\/p>\n<ol start=\"3\">\n<li>He aqu\u00ed, cristiano, expuestos brevemente los grandes medios que Jesucristo instituy\u00f3 para nuestra salvaci\u00f3n. \u00c9l nos procur\u00f3 grandes beneficios con su encarnaci\u00f3n, pero todos estos beneficios se comunican por medio de sus santos sacramentos. Si t\u00fa, entretanto, no te preocupas de aprovechar estos medios de salvaci\u00f3n seg\u00fan el estado en que te encuentras, no puedes participar en el gran misterio de la Redenci\u00f3n y, por lo tanto, no podr\u00e1s salvar tu alma. Detente unos instantes a considerar c\u00f3mo has correspondido a estos grandes signos del amor divino; y si te das cuenta de que tu conciencia te remuerde por alg\u00fan pecado, procura remediarlo lo antes posible, especialmente prepar\u00e1ndote para hacer una buena confesi\u00f3n y una buena comuni\u00f3n.<\/li>\n<\/ol>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Ejemplo<\/em><\/p>\n<p>En las vidas de los Santos Padres leemos un hecho que demuestra cu\u00e1nto beneficia la piedad a nuestros intereses espirituales y temporales. Viv\u00edan en la ciudad de Alejandr\u00eda de Egipto dos zapateros; uno ten\u00eda un a familia numerosa, pero mientras se ocupaba de mantenerla, se preocupaba mucho por las cosas del alma, siguiendo el consejo de Cristo, que dijo: \u00abBuscad primero el reino de Dios y su justicia, y las dem\u00e1s cosas os ser\u00e1n dadas por encima\u00bb. Era muy asiduo a la Iglesia, es decir, acud\u00eda con gusto a escuchar la palabra de Dios, era asiduo a la confesi\u00f3n y la comuni\u00f3n y a los dem\u00e1s ejercicios de piedad cristiana; sin embargo, parec\u00eda que Dios multiplicaba sus bienes temporales. El otro hac\u00eda lo contrario, es decir, se preocupaba por las ganancias temporales sin importarle ir a la Iglesia ni pensar en el alma. Por lo tanto, sus negocios iban mal y, aunque estaba solo, sin familia, y trabajaba m\u00e1s que su compa\u00f1ero, sin embargo, le costaba ganarse el sustento. Al ver a su vecino que con menos esfuerzo manten\u00eda a su familia, comenz\u00f3 a maravillarse y a envidiarlo. Un d\u00eda no pudo contenerse y le dijo: \u00ab\u00a1C\u00f3mo va este negocio! Yo me esfuerzo m\u00e1s que t\u00fa en el trabajo y no gano lo suficiente para alimentarme; \u00bfy t\u00fa, trabajando menos, provees para ti y para tu familia?\u00bb. A esta pregunta, queriendo enga\u00f1ar santamente a su compa\u00f1ero y hacerle frecuentar a la Iglesia, le respondi\u00f3 as\u00ed: \u00abDebes saber, hermano, que voy a cierto lugar donde encuentro dinero, por el cual me he enriquecido; si quieres venir conmigo, te llamar\u00e9 todos los d\u00edas, y lo que encontremos ser\u00e1 mitad m\u00edo y mitad tuyo\u00bb. \u00abDe buen grado\u00bb, respondi\u00f3 el otro, y comenz\u00f3 a ir con \u00e9l, y todos los d\u00edas lo llevaba consigo a la iglesia. Como Dios quiso, en poco tiempo se hizo rico y acomodado. Entonces le dijo su compa\u00f1ero: \u00abAhora ves, hermano m\u00edo, cu\u00e1nto te ha beneficiado frecuentar la Iglesia. Ten presente que aqu\u00ed se encuentra la gracia de Dios, que es el mejor tesoro del mundo; y como t\u00fa mismo has comprobado, Dios se preocupa por quienes se preocupan por \u00c9l. Haz, pues, como has comenzado, frecuentar la Iglesia, y Dios no te fallar\u00e1\u00bb.<\/p>\n<p>Cristianos, muchos quieren hacer fortuna con el pecado, mientras viven enemigos de Dios, no frecuentan las iglesias, no rezan, no se acercan a los sacramentos, no santifican las fiestas, y mientras tanto quieren que Dios les prospere y les haga felices. \u00a1Necios! \u00bfNo saben que el pecado es lo que hace miserables e infelices a los pueblos? <em>Miseros facit populos peccatum <\/em>(<em>Prov c <\/em>14).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Jaculatoria<\/em><\/p>\n<p>Jes\u00fas Se\u00f1or,<\/p>\n<p>Que nos has redimido<\/p>\n<p>Al cielo me gu\u00eden<\/p>\n<p>Los sacramentos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Y t\u00fa, gran Virgen,<\/p>\n<p>Madre de amor,<\/p>\n<p>Enciende en mi coraz\u00f3n<\/p>\n<p>El ardor de la fe.<\/p>\n<p><em>\u00a0<\/em><\/p>\n<p><em>Oraci\u00f3n. <\/em>Acu\u00e9rdate, oh piados\u00edsima Virgen Mar\u00eda&#8230;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><a name=\"_Toc206830775\"><\/a><strong>Noveno d\u00eda. Dignidad del cristiano<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Deus in adiutorium, etc.<\/em><\/p>\n<ol>\n<li>Por dignidad del cristiano no entiendo los bienes corporales, ni siquiera las preciosas cualidades del alma creada a imagen y semejanza del mismo Creador; solo quiero hablar de tu dignidad, oh hombre, en cuanto que fuiste hecho cristiano por medio del santo Bautismo y recibido en el seno de la Santa Madre Iglesia. Antes de ser regenerado en las aguas del Bautismo, eras esclavo del demonio y enemigo de Dios, y estabas excluido para siempre del Para\u00edso. Pero en el mismo momento en que este augusto Sacramento te abri\u00f3 la puerta de la verdadera Iglesia, se rompieron las cadenas con las que te ataba el enemigo de tu alma; se te cerr\u00f3 el infierno y se te abri\u00f3 el Para\u00edso. Al mismo tiempo, te convertiste en objeto de amor parcial por parte de Dios; en ti se infundieron las virtudes de la fe, la esperanza y la caridad. Hecho as\u00ed cristiano, pudiste levantar la mirada al cielo y decir: Dios, creador del cielo y de la tierra, es tambi\u00e9n mi Dios. \u00c9l es mi padre, me ama y me manda que le llame con este nombre.<\/li>\n<\/ol>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Padre nuestro, que est\u00e1s en los cielos<\/em>; Jes\u00fas Salvador me llama su hermano, y como hermano le pertenezco a \u00c9l, a sus m\u00e9ritos, a su pasi\u00f3n, a su muerte, a su gloria, a su dignidad.<\/p>\n<p>Los sacramentos instituidos por este amoroso Salvador fueron instituidos para m\u00ed. El para\u00edso que mi Jes\u00fas abri\u00f3 con su muerte, lo abri\u00f3 para m\u00ed y me lo tiene preparado. Para que tuviera alguien que pensara por m\u00ed, Dios quiso darme por padre, la Iglesia y por madre, la Divina palabra por gu\u00eda.<\/p>\n<p>Conoce, pues, oh cristiano, tu gran dignidad. <em>Agnosce, christiane, dignitatem tuam. <\/em>Pero mientras te invito a regocijarte en tu coraz\u00f3n por el gran beneficio que se te ha concedido al hacerte cristiano, te ruego que pienses en tantos hombres que tambi\u00e9n han sido redimidos por la preciosa sangre de Jesucristo, pero que viven sumidos en la idolatr\u00eda o la herej\u00eda y, por lo tanto, fuera del camino de la salvaci\u00f3n. Muchos de ellos bendecir\u00edan cada momento al Creador si pudieran tener las gracias, los favores y las bendiciones que t\u00fa tienes. Pero a la gran bondad que Dios ha tenido contigo, dime, \u00bfc\u00f3mo has correspondido?<\/p>\n<ol start=\"2\">\n<li>Oh, hermano m\u00edo, si echamos un vistazo a nuestra vida pasada, vemos que no solo hemos deshonrado la dignidad de cristianos, sino que nos hemos comportado con este Padre Celestial de tal manera que ni los mismos infieles lo habr\u00edan hecho peor. Cada vez que hemos transgredido alg\u00fan mandamiento de Dios o de su Iglesia, hemos deshonrado la dignidad de cristianos.<\/li>\n<\/ol>\n<p>\u00a1Miserable de m\u00ed! Si considero las transgresiones cometidas contra la santa ley de Dios, si considero la facilidad y los muchos medios con los que pod\u00eda servirle, debo cubrirme el rostro de confusi\u00f3n y repetir la reprimenda que Dios hizo por boca de uno de sus profetas: El hombre, dice, habiendo sido elevado al m\u00e1s alto honor, no lo reconoci\u00f3, y se degrad\u00f3 hasta actuar como un animal irracional y se comport\u00f3 como los animales inmundos: <em>homo cum in honore esset, non intellexit: jumentis insipientibus comparatus est et similis factus illis.<\/em> Ven ahora, cristiano, y decide firmemente corresponder mejor a tu dignidad en el futuro. Postr\u00e9monos ante Dios y digamos de coraz\u00f3n: Dios m\u00edo, Padre de misericordias, me arrepiento de todo coraz\u00f3n de haberte ofendido, propongo enmendarme en el futuro y hacer todo lo que pueda para corresponder a la dignidad de cristiano a la que me has elevado.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Pero dado que el m\u00e1s bello ornamento del cristianismo es la Madre del Salvador, Mar\u00eda Sant\u00edsima, as\u00ed me dirijo a vosotros, oh clement\u00edsima Virgen Mar\u00eda: estoy seguro de alcanzar la gracia de Dios, el derecho al Para\u00edso, en suma, de recobrar mi dignidad perdida, si Vos or\u00e1is por m\u00ed, <em>Auxilium christianorum<\/em>, <em>ora pro nobis.<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Ejemplo<\/em><\/p>\n<p>Muchos ejemplos demuestran que Mar\u00eda Sant\u00edsima siempre ha sido la ayuda de los cristianos. Los t\u00edtulos gloriosos que se le dirigen cada d\u00eda en <em>las Letan\u00edas <\/em>de la Virgen Mar\u00eda son prueba de ello; mencionemos algunos. La palabra letan\u00edas significa s\u00faplicas, porque las letan\u00edas no son m\u00e1s que una serie de s\u00faplicas con las que rogamos a la Sant\u00edsima Trinidad que nos tenga misericordia y rogamos a Mar\u00eda Sant\u00edsima que interceda por nosotros ante Dios. Tambi\u00e9n se llaman letan\u00edas lauretanas, porque en la Iglesia de Loreto se cantan con mayor solemnidad. Estas letan\u00edas son muy antiguas en la Iglesia. S. Sergio, Papa, para dar gracias a la Virgen por un favor especial que recibi\u00f3 de ella, decret\u00f3 que se recitaran en las fiestas principales de la Virgen. Otros pont\u00edfices las enriquecieron con muchas indulgencias. P\u00edo VII extendi\u00f3 esta indulgencia a 300 d\u00edas cada vez que se recitan, aplicables a las almas del Purgatorio. En las letan\u00edas leemos la palabra: Mar\u00eda, ayuda de los cristianos; <em>Auxilium christianorum. <\/em>San P\u00edo V, tras una victoria de los cristianos contra los turcos por intercesi\u00f3n de Mar\u00eda, fue el primero en a\u00f1adir esta invocaci\u00f3n a las letan\u00edas en el a\u00f1o 1771. El glorioso P\u00edo VII, reconociendo en la protecci\u00f3n de Mar\u00eda su restablecimiento en la Sede pontificia y la paz devuelta a la Iglesia tras una serie de tristes acontecimientos, en se\u00f1al de gratitud hacia la gran Reina del cielo, instituy\u00f3 en el a\u00f1o 1815 en su honor la fiesta llamada Mar\u00eda Auxiliadora de los Cristianos. Esta fiesta se celebra el 24 de mayo. Invoquemos la ayuda de Mar\u00eda especialmente con la recitaci\u00f3n frecuente de sus letan\u00edas.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Jaculatoria<\/em><\/p>\n<p>En medio de los peligros<\/p>\n<p>Del mar de la vida,<\/p>\n<p>Mar\u00eda, me ayuda,<\/p>\n<p>Gu\u00edame al cielo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Oraci\u00f3n. <\/em>Acordaos, oh piados\u00edsima Virgen Mar\u00eda&#8230;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><a name=\"_Toc206830776\"><\/a><strong>D\u00e9cimo d\u00eda. Preciosidad del tiempo<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Deus in adiutorium, etc.<\/em><\/p>\n<ol>\n<li>Los bienes concedidos por Dios al cristiano son grandes; pero Dios ha fijado un tiempo al hombre para que pueda servirse de ellos. El n\u00famero de a\u00f1os, meses, semanas, d\u00edas, horas y minutos que transcurren desde el nacimiento hasta la muerte es el tiempo que Dios ha puesto en nuestro poder para que disfrutemos de sus beneficios y salvemos nuestra alma.<\/li>\n<\/ol>\n<p>Este tiempo es un tesoro precioso. Un gentil fil\u00f3sofo llamado S\u00e9neca sol\u00eda decir que no hay nada m\u00e1s precioso que el tiempo: <em>nullum temporis pretium. <\/em>Ese fil\u00f3sofo dec\u00eda esto porque el hombre, empleando bien el tiempo, puede adquirir ciencia, honores y riquezas. Pero nosotros, los cristianos, valoramos el tiempo por razones muy importantes. Decimos que el tiempo es precioso porque, en un momento bien empleado, dice san Bernardino de Siena, el hombre puede ganarse la felicidad eterna. Por eso, un momento de tiempo vale tanto como Dios: <em>tantum valet tempus, quantum Deus. Tempore enim bene consumpto comparatur Deus.<\/em><\/p>\n<p>Pero tengamos muy presente que solo en esta vida podemos aprovechar el tiempo. En el infierno solo existe la eternidad. Los condenados lloran amargamente por el tiempo perdido diciendo: <em>\u00a1oh si daretur hora!<\/em>, o si se nos diera un solo momento para arreglar las cosas del alma\u00bb, pero ese momento ya no lo tendr\u00e1n nunca m\u00e1s. En el cielo no se llora, pero si los bienaventurados pudieran llorar, llorar\u00edan solo por el tiempo perdido en esta vida, en la que pod\u00edan haber adquirido m\u00e1s m\u00e9ritos para el Para\u00edso. Los santos conoc\u00edan esta gran verdad y, por eso, se esforzaban al m\u00e1ximo por emplearlo bien. San Alfonso de Ligorio, al verse en cierto modo obligado a ocupar santamente el tiempo, hizo voto de no perder nunca un momento de su vida, y ahora disfruta de la recompensa del tiempo bien empleado con una eternidad de gloria.<\/p>\n<ol start=\"2\">\n<li>Pero \u00bfqu\u00e9? exclama s. Bernardo, no hay nada m\u00e1s precioso que el tiempo, y no hay nada m\u00e1s despreciado. <em>Nihil pretiosius tempore, sed nihil vilius \u00e6stimatur<\/em>. Ver\u00e1s a ese jugador perder el tiempo en juegos y pasar as\u00ed los d\u00edas y las noches; si le preguntas: \u00bfqu\u00e9 haces? te responder\u00e1: pasamos el tiempo. \u00a1Necio, no ves que perdiendo el tiempo ni juegas, el demonio juega con tu salvaci\u00f3n eterna! Ver\u00e1s a aquel otro vagabundo que se entretiene horas enteras en medio de la calle mirando a los que pasan, hablando de cosas in\u00fatiles y a veces obscenas; si le preguntas: \u00ab\u00bfQu\u00e9 haces?\u00bb, te responder\u00e1: \u00abPaso el tiempo\u00bb. \u00a1Pobres ciegos! Pierden tantos d\u00edas, y d\u00edas que no volver\u00e1n. Oh tiempo despreciado, ser\u00e1s lo m\u00e1s deseado por los mundanos en el momento de la muerte. Desear\u00e1n tener tiempo para arreglar las cosas del alma, pero Dios les responder\u00e1: <em>tempus non erit amplius. <\/em>Por eso Dios nos exhorta a recordarle y a procurarnos su gracia antes de que falte la luz de nuestros d\u00edas. <em>Memento creatoris tui, antequam tenebrescat sol et lumen <\/em>(Ecl 12, 2). \u00a1Qu\u00e9 pena para el peregrino que se da cuenta de haber tomado el camino equivocado cuando ya es de noche y no hay tiempo para remediarlo! Este ser\u00e1 el dolor de quien se encuentre en el momento de la muerte y no haya dedicado su tiempo a servir a Dios. Hermano, sigamos el consejo que nos da el Salvador y comencemos a caminar por el camino del Cielo ahora que tenemos la luz, porque esta luz se pierde con la muerte. <em>Ambulate, dum lucem habetis.<\/em><\/li>\n<li>Si a alguno de nosotros le llegara la noticia de que en breve se juzgar\u00e1 su vida y sus bienes, sin duda se apresurar\u00eda a buscar un buen abogado, a influir en los jueces de su causa, empleando todos los medios para conseguir una sentencia favorable. \u00bfY nosotros qu\u00e9 hacemos? Sabemos con certeza que en breve, y puede ser en cualquier momento, se juzgar\u00e1 el asunto de nuestra salvaci\u00f3n eterna, y perdemos el tiempo. Algunos dir\u00e1n: pero yo soy joven, ya me entregar\u00e9 a Dios m\u00e1s adelante. Sabed, les respondo, que el infierno est\u00e1 lleno de aquellos que deseaban entregarse al Se\u00f1or m\u00e1s adelante. Jesucristo maldijo aquella higuera que encontr\u00f3 sin fruto, aunque no era tiempo de frutos. <em>Non enim erat tempus ficorum (<\/em>Mc 11, 13). Con ello quiso Jesucristo significarnos que el hombre en todo tiempo, incluso en la juventud, debe dar fruto con buenas obras, porque si no ser\u00e1 maldito y no dar\u00e1 m\u00e1s frutos en el futuro. <em>Iam non amplius in \u00e6ternum ex te fructum quisquam manducet. <\/em>As\u00ed dijo el Redentor a aquel \u00e1rbol, y as\u00ed maldice a quien, llamado por \u00c9l, no responde.<\/li>\n<\/ol>\n<p>Dir\u00e1n otros: pero \u00bfyo qu\u00e9 mal hago? Dios m\u00edo, \u00bfno es malo perder el tiempo en juegos y conversaciones in\u00fatiles que no sirven para nada al alma? \u00bfAcaso Dios nos da este tiempo para que lo perdamos de esta manera? \u00bfQu\u00e9 mal hac\u00edan aquellos obreros que estaban en la plaza sin hacer nada porque nadie les daba trabajo? Sin embargo, fueron reprendidos por el due\u00f1o de la vi\u00f1a con estas palabras: \u00ab\u00bfPor qu\u00e9 est\u00e1is aqu\u00ed todo el d\u00eda sin hacer nada? (Mt 20). \u00bfAcaso no dice el Salvador que al final de nuestra vida nos pedir\u00e1 cuenta de cada palabra ociosa: <em>de omni verbo otioso? \u00bf<\/em>Nos pedir\u00e1 cuenta de cada momento de nuestra vida <em>usque ad ultimum quadrantem? <\/em>Escuchad, pues, lo que nos dice Dios: si en el pasado hemos malgastado el tiempo: <em>redimamus tempus et horas: <\/em>procuremos reparar el tiempo y las horas perdidas. Y repararemos el tiempo y las horas perdidas si hacemos en el futuro lo que hemos descuidado en el pasado: <em>tempus redimes, <\/em>dice san Anselmo, <em>si qu\u00e6 facere neglexisti facis.<\/em><\/p>\n<p>Haz, oh Dios m\u00edo, que me arrepienta del tiempo perdido y que emplee el tiempo que me dar\u00e1s de vida en hacer buenas obras y llorar mis pecados.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Ejemplos<\/em><\/p>\n<p>Los santos comprend\u00edan lo precioso que es el tiempo, y por eso trabajaban d\u00eda y noche para ocuparlo en mayor gloria de Dios. San Bernardo dec\u00eda: todo el tiempo que pasas sin pensar en el Se\u00f1or, piensa que lo has perdido. S. Lorenzo Giustiniano dec\u00eda que un mundano dar\u00eda en el momento de la muerte riquezas, honores y todos los placeres por un momento de vida. San Francisco de Borja, al o\u00edr a otros perder el tiempo hablando de cosas mundanas, se volv\u00eda hacia Dios con santo afecto. Pero cuando le ped\u00edan su opini\u00f3n sobre lo que se hab\u00eda dicho, no sab\u00eda qu\u00e9 responder. Al ser reprendido por ello, respondi\u00f3: \u00abPrefiero que me consideren tosco de ingenio a perder el tiempo; <em>malo rudis vocari, quam temporis facturam pati\u00bb. <\/em>Una religiosa, fallecida en olor de santidad, se apareci\u00f3 a una compa\u00f1era y le dijo: \u00abEstar\u00eda contenta de sufrir la dolorosa enfermedad que padec\u00ed en mi muerte hasta el d\u00eda del juicio para ganar la gloria que corresponde al m\u00e9rito de un solo <em>Ave Mar\u00eda\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Jaculatoria<\/em><\/p>\n<p>Mar\u00eda, dame<\/p>\n<p>Un alma pura<\/p>\n<p>Mu\u00e9strame el cielo<\/p>\n<p>El camino seguro.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Haz que toda obra<\/p>\n<p>De mi vida<\/p>\n<p>Vuelva a mi Dios<\/p>\n<p>Siempre sea agradable.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Oraci\u00f3n. <\/em>Acu\u00e9rdate, oh piados\u00edsima Virgen Mar\u00eda&#8230;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><a name=\"_Toc206830777\"><\/a><strong>D\u00eda und\u00e9cimo. Presencia de Dios<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Deus in adiutorium etc.<\/em><\/p>\n<ol>\n<li>Dios est\u00e1 en el cielo, en la tierra, en todas partes. Dios lo sabe todo, lo ve todo, est\u00e1 presente en todo. A tu derecha est\u00e1 Dios, a tu izquierda est\u00e1 Dios, sobre ti est\u00e1 Dios, dentro de ti est\u00e1 Dios. En Dios vivimos, dice el Ap\u00f3stol, en Dios nos movemos y en Dios tenemos nuestra existencia. Ve donde quieras, y siempre estar\u00e1s en presencia de Dios. Dec\u00eda el profeta David: si subo al cielo, all\u00ed est\u00e1s t\u00fa, oh Dios m\u00edo; si desciendo al infierno, all\u00ed te encuentro; si tomo alas como las aves y vuelo m\u00e1s all\u00e1 de los mares m\u00e1s remotos, tambi\u00e9n all\u00ed tu mano me sostiene y me sostiene. Despu\u00e9s de estas cosas, el profeta David, inspirado por Dios, habla as\u00ed: \u00bfAcaso las tinieblas me ocultar\u00e1n de tu rostro? \u00bfAcaso la oscuridad de la noche me ocultar\u00e1 de tu presencia, para que yo me entregue a los placeres? Pero no, porque las tinieblas no tienen oscuridad ante ti, y la noche resplandece como el mediod\u00eda. <em>Tenebr\u00e6 non obscurabuntur a te; et nox sicut dies illuminabitur.<\/em><\/li>\n<li>Dios nos ve; ve todas nuestras acciones pasadas, ve lo que hacemos en el presente, ve lo que hacemos en hechos, en palabras y en pensamientos, incluso en los lugares m\u00e1s oscuros y secretos. Nada puede ocultarse a \u00c9l. <em>Humilia respicit in c\u00e6lo et in terra.<\/em> An\u00edmate a hacer el bien, porque la m\u00e1s peque\u00f1a acci\u00f3n de nuestra vida es manifiesta ante los ojos de Dios. Los hombres a menudo olvidan lo que hacemos por ellos; Dios no hace as\u00ed. \u00c9l ve un vaso de agua fresca dado en su honor y gloria, y prepara la recompensa. \u00c1nimo, pues, porque Dios ve y prepara la recompensa por lo que hacemos por \u00c9l.<\/li>\n<li>Pero, si Dios vela sobre nuestras buenas acciones para recompensarlas, vela igualmente sobre nuestras malas obras para castigarlas. Por eso, cada vez que nos sentimos tentados por cosas peligrosas que nos llevan a cometer acciones indignas, a decir palabras malas, a alimentar pensamientos perversos, digamos inmediatamente con el patriarca Jos\u00e9: \u00bfC\u00f3mo puedo hacer tal mal en presencia de mi Dios? Gu\u00e1rdate bien de aquellos que dicen: Dios no ve, Dios no oye, Dios no conoce tal acci\u00f3n. <em>Non est Deus in conspectu eius <\/em>(Sal 9). Los que hablan as\u00ed te enga\u00f1an. Dios lo ve todo y prepara una recompensa y un castigo para nuestras acciones; lo ve todo, y cada peque\u00f1a acci\u00f3n de nuestra vida ser\u00e1 llevada ante su divino tribunal. Detente un momento y reflexiona&#8230; no puedes decir una palabra, no puedes dar un paso, no puedes mover una mano, ni un ojo, sin que Dios te vea, y lo que es m\u00e1s, sin que Dios te d\u00e9 la fuerza para actuar. \u00a1Mira, pues, cristiano, lo que haces cuando pecas! Ofendes a un Dios que te ve, a un Dios que te conserva la vida, a un Dios que puede quitarte la vida en un instante; a un Dios que te juzgar\u00e1 y que puede hacerte caer en un instante, en alma y cuerpo, en el infierno. \u00a1Oh, bondad infinita de mi Dios! T\u00fa est\u00e1s siempre a mi lado para favorecerme, y yo, ingrato, he vivido olvid\u00e1ndome por completo de Ti. Haz que, al menos en el futuro, no piense en otra cosa que en Ti, en servirte, en amarte, mi Bien Supremo, en la vida presente, para llegar un d\u00eda a disfrutar eternamente de Ti en el Para\u00edso.<\/li>\n<\/ol>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Ejemplo<\/em><\/p>\n<p>Cuando Dios llam\u00f3 al patriarca Abraham en medio de la idolatr\u00eda y lo envi\u00f3 hacia Cana\u00e1n, le dio como \u00fanico recuerdo la presencia de Dios: camina en mi presencia y ser\u00e1s perfecto; <em>ambula coram me, et esto perfectus<\/em>; queriendo significar que basta el pensamiento de la presencia de Dios para liberarnos del pecado en cualquier lugar y en cualquier peligro en que nos encontremos.<\/p>\n<p>El gran Tob\u00edas, entre las ense\u00f1anzas que daba a su hijo, le dec\u00eda: \u00abHijo m\u00edo, durante todos los d\u00edas de tu vida, ten siempre presente a tu Dios. <em>Omnibus diebus vitae tuae in mente habeto Deum\u00bb. <\/em>Santa Taide caminaba por el camino de la iniquidad. Se encontr\u00f3 con s. Paffunfio, quien le dijo: \u00abDios te ve, \u00bfte atreves a pecar en su presencia?\u00bb. Este pensamiento bast\u00f3 para detenerla del mal, se entreg\u00f3 a Dios y, siempre acompa\u00f1ada por el pensamiento de la presencia de Dios, se convirti\u00f3 en una gran santa. Santa Teresa dec\u00eda que todo el da\u00f1o nos viene de no reflexionar que Dios est\u00e1 presente.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Jaculatoria<\/em><\/p>\n<p>Al pensar en Dios presente<\/p>\n<p>Haz que los labios, el coraz\u00f3n, la mente<\/p>\n<p>Sigan el camino de la virtud,<\/p>\n<p>Oh, gran Virgen Mar\u00eda.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Oraci\u00f3n. <\/em>Acu\u00e9rdate, oh piados\u00edsima Virgen Mar\u00eda&#8230;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><a name=\"_Toc206830778\"><\/a><strong>D\u00eda duod\u00e9cimo. Fin del hombre<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Deus in adiutorium, etc.<\/em><\/p>\n<ol>\n<li>Todas las cosas que existen en el cielo y en la tierra fueron hechas para servir al hombre. <em>Omnia subiecisti sub pedibus eius. <\/em>Pero t\u00fa, oh hombre, \u00bfpara qu\u00e9 fin te cre\u00f3 Dios? T\u00fa me respondes: fui creado por Dios para conocerlo, amarlo, servirlo en esta vida y, por este medio, ir un d\u00eda a disfrutarlo en el Para\u00edso. \u00a1Hermosa respuesta! Por lo tanto, has nacido para conocer a Dios; por eso debes emplear todas las facultades de tu alma, todas las preocupaciones de tu cuerpo para conocer a este benefactor Creador. Toda la ciencia de los hombres es nada si no existe la ciencia de Dios. <em>Vani sunt omnes homines quibus non subest scientia Dei. <\/em>Si posees la ciencia de todos los fil\u00f3sofos antiguos y modernos; si conoces todos los secretos de la naturaleza; si tuvieras incluso la ciencia de los querubines, de los serafines y de todos los \u00e1ngeles del cielo, pero con todos estos conocimientos te faltara la ciencia de Dios, nada te servir\u00eda, dice san Pablo: <em>nihil prodest.<\/em> Pero, \u00a1ay!, cu\u00e1nto tiempo he perdido aprendiendo cosas in\u00fatiles, escuchando, leyendo y estudiando cosas peligrosas, a veces pecaminosas, contrarias a la ley del mismo Dios. Si en el pasado has descuidado el conocimiento de las cosas de Dios, si no quieres traicionar tu fin, s\u00e9 m\u00e1s diligente en el futuro, procura leer buenas lecturas, frecuentar buenas compa\u00f1\u00edas, ser m\u00e1s asiduo a las predicaciones, a las explicaciones del Evangelio, a los catecismos. Si alguien te invita a participar en cosas que son in\u00fatiles o perjudiciales para el bien del alma, responde r\u00e1pidamente: Dios me ha creado para conocerlo, y yo debo hacer todo lo posible por obtener este conocimiento de \u00c9l. Todo es necedad en el mundo sin el conocimiento de las cosas de Dios: <em>Sapientia huius mundi, stultitia est apud Deum.<\/em><\/li>\n<li>Has sido creado para conocer a Dios, has sido creado para amar a Dios. Ama tambi\u00e9n cualquier cosa de la tierra, pero siempre encontrar\u00e1s un vac\u00edo en tu coraz\u00f3n si no amas a Dios. Solo \u00c9l puede satisfacernos en la vida presente y en la futura. Aunque el precepto del amor a Dios es natural al hombre, Dios quiso que se registrara en el Evangelio: amar\u00e1s al Se\u00f1or tu Dios <em>diliges Dominum Deum tuum. <\/em>Si tuvieras dos corazones, o pudieras dividir en dos partes lo que tienes, podr\u00edas emplear una parte para amar a Dios y otra parte para amar al mundo. Pero no, dice Dios, amar\u00e1s a tu Se\u00f1or Dios con todo tu coraz\u00f3n, con toda tu alma, con toda tu mente. <em>Diliges Dominum Deum tuum ex toto corde tuo. ex tota anima tua, ex tota mente tua.<\/em><\/li>\n<\/ol>\n<p>\u00a1Oh cristiano! \u00bfQu\u00e9 has amado en el pasado? \u00bfNo te ver\u00e1s obligado a decir, como el hijo pr\u00f3digo, que has malgastado tus bienes espirituales y temporales <em>viviendo en la lujuria<\/em>? \u00bfNo has empleado tu coraz\u00f3n y tu alma en el amor a las criaturas, a las riquezas, a los honores y a ciertos placeres il\u00edcitos? Si por desgracia hemos sido alguna vez de los infelices, no lo seamos m\u00e1s en el futuro. Amemos a este Dios, am\u00e9mosle porque \u00c9l fue el primero en amarnos. \u00c9l nos ha creado, nos ha conservado, nos ha hecho tantos beneficios, am\u00e9mosle porque nos conserva la vida y nos da todo lo que necesitamos. Am\u00e9mosle por los grandes bienes que con su pasi\u00f3n y su muerte nos ha preparado en la vida presente y mucho m\u00e1s en la futura. Am\u00e9mosle porque solo \u00c9l, en el cielo y en la tierra, es digno de ser amado por encima de todas las cosas y servido fielmente.<\/p>\n<ol start=\"3\">\n<li>Dios nos ha creado para servirlo. Gran verdad; amar\u00e1s a tu Dios y le servir\u00e1s solo a \u00e9l: <em>diliges Dominum Deum tuum, et illi soli servies<\/em>. Esta palabra servirle significa hacer aquellas cosas que le agradan y huir de todas aquellas que le pueden desagradar. Por lo tanto, el servicio a Dios consiste en la observancia exaltada de los mandamientos de Dios y de la Iglesia. Este culto, este servicio supremo y absoluto, Dios quiere que se le rinda solo a \u00c9l: <em>illi soli servies. <\/em>Por eso se enga\u00f1an muchos cristianos al aplicar estas verdades. Si les preguntamos: \u00bfa qu\u00e9 fin se dirigen vuestras grandes preocupaciones? La mayor\u00eda responde: trabajo para tener un buen empleo. Otros dicen: tratamos de comprar un campo, un vi\u00f1edo, un prado, una granja. Estos dicen: \u00abEstudio para sacar provecho de ese dinero, para ganar esa disputa, para obtener una buena ganancia, para conseguir ese honor, esos placeres\u00bb. \u00a1Oh, necios! Os enga\u00f1\u00e1is. Si hubierais sido creados para estas cosas, os dir\u00eda: \u00abAmadlas, buscadlas, hacedlas objeto de vuestras preocupaciones\u00bb. Pero nosotros, cristianos, hemos sido creados para servir a Dios y a nadie m\u00e1s. Si en el pasado hemos seguido otro camino, nos hemos equivocado. Por eso, abramos los ojos mientras estamos a tiempo, pidamos al Se\u00f1or que tenga misericordia de nosotros por el triste servicio que le hemos prestado en la vida pasada, y promet\u00e1mosle servirle mejor en el futuro. Hagamos como el viajero que, al darse cuenta de que se ha equivocado de camino, vuelve atr\u00e1s y se encamina por la senda recta que le llevar\u00e1 sin duda al lugar adonde se hab\u00eda propuesto ir. Pero recordemos que servir a Dios en esta vida es el \u00fanico medio de disfrutar alg\u00fan d\u00eda de la patria celestial. La Virgen Santa Que aquellos que dedicaron cada momento de su vida al servicio del Se\u00f1or nos obtengan al menos poder consagrar a Dios el tiempo que, en su infinita bondad, se digna dejarnos vivir. Que nos obtengan de Jes\u00fas, su Divino Hijo, la gracia de poder conocer, amar y servir a Dios en esta vida y luego ir a disfrutar eternamente de \u00c9l en el cielo.<\/li>\n<\/ol>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Ejemplos<\/em><\/p>\n<p>Un ministro de Francisco I, rey de Francia, se hab\u00eda dedicado a servir fielmente a su rey durante toda su vida. Pero, como hacen muchos hombres del mundo, pens\u00f3 poco en lo m\u00e1s importante, en su alma. Llegado al momento de la muerte, expresaba su remordimiento con estas palabras: \u00a1Pobre de m\u00ed! He gastado tanto papel en escribir cartas para mi soberano, y no he gastado ni una hoja en escribir mis pecados y hacer una buena confesi\u00f3n. No esperemos al momento de la muerte para arreglar las cosas de la conciencia.<\/p>\n<ol>\n<li>Dositeo pertenec\u00eda a una familia rica y noble; sus padres se preocuparon mucho por darle una educaci\u00f3n mundana, cri\u00e1ndolo en el lujo y las comodidades, pero se preocuparon poco por las verdades de la religi\u00f3n cristiana. La divina providencia dispuso que el joven noble fuera de viaje a Palestina por diversi\u00f3n; y entre otros lugares visit\u00f3 el huerto de Getseman\u00ed, donde el divino Salvador hab\u00eda sudado sangre. All\u00ed vio un cuadro que representaba con gran realismo los tormentos del infierno. Al ver esto, Dositeo se horroriz\u00f3 y, reflexionando que la forma de vida que hab\u00eda llevado hasta entonces le habr\u00eda conducido sin duda a la perdici\u00f3n eterna, decidi\u00f3 abandonar a sus parientes, amigos, riquezas, honores y placeres mundanos para entregarse por completo a Dios y asegurar la salvaci\u00f3n de su alma. Con este fin, se dirigi\u00f3 a un monasterio y pidi\u00f3 insistentemente que le admitieran. Al ver a un joven delicado y noblemente vestido, el abad se mostr\u00f3 reacio a aceptarlo, temiendo que se tratara de un fervor pasajero. Le puso muchas dificultades en torno a la austeridad de la vida que tendr\u00eda que llevar, pero el joven, que quer\u00eda salvar su alma a cualquier precio, solo respond\u00eda: \u00abQuiero salvar mi alma\u00bb. Ante esta respuesta franca y repetida, el abad lo acogi\u00f3 en el monasterio. All\u00ed, olvidado del mundo, Dositeo pas\u00f3 su vida en penitencia y virtud, y muri\u00f3 santo.<\/li>\n<\/ol>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Jaculatoria<\/em><\/p>\n<p>Con qu\u00e9 fin fui creado?<\/p>\n<p>Hazme saber, Se\u00f1or m\u00edo,<\/p>\n<p>Hazme evitar el camino<\/p>\n<p>Que conduce al horror eterno.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Oraci\u00f3n. <\/em>Acu\u00e9rdate, oh piados\u00edsima Virgen Mar\u00eda&#8230;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><a name=\"_Toc206830779\"><\/a><strong>Decimotercer d\u00eda. La salvaci\u00f3n del alma<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Deus, in adiutorium etc.<\/em><\/p>\n<ol>\n<li>Det\u00e9n por un momento, cristiano, tus ocupaciones y ven conmigo a escuchar lo que nos dice Jesucristo. \u00c9l nos dice as\u00ed: \u00bfPor qu\u00e9 os ocup\u00e1is de tantas cosas en el mundo? Solo una cosa es necesaria, y es salvar el alma. <em>Unum est necessarium. <\/em>Si salv\u00e1is esta alma, todo est\u00e1 salvo para vosotros; pero si la perd\u00e9is, todo est\u00e1 perdido. Pod\u00e9is adquirir riquezas, empleos, honores, gloria; pod\u00e9is parecer muy sabios ante el mundo; ser considerados los m\u00e1s valientes, los m\u00e1s doctos de vuestros vecinos, de vuestro pa\u00eds, de todo el mundo; pero vuestra alma es el tesoro m\u00e1s precioso del mundo: <em>anima humana est toto mundo pretiosior <\/em>(s. Juan. Cris\u00f3stomo.). Nada puede compararse con el valor del alma. \u00bfQu\u00e9 podr\u00e1s dar, dice Jesucristo, que pueda compensar tu alma? <em>\u00bfQu\u00e9 dar\u00e1 el hombre a cambio de su alma? <\/em>(Mt 16). \u00bfDe qu\u00e9 te sirve, hombre, ganar el mundo entero, si con ello pierdes tu alma? <em>Quid prodest homini, si mundum universum lucretur, anim\u00e6 vero su\u00e6 detrimentum patiatui?<\/em><\/li>\n<li>\u00a1Oh cristiano! \u00bfCrees t\u00fa esta gran verdad? Si la crees, \u00bfpor qu\u00e9 no piensas en ella? Si piensas en ella, \u00bfpor qu\u00e9 no abandonas el pecado? \u00bfPor qu\u00e9 no pones pronto tu alma en la gracia de Dios con una buena confesi\u00f3n? Si tuvi\u00e9ramos dos almas, alguno podr\u00eda decir: quiero disfrutar de los placeres de la tierra, y as\u00ed perder una; y luego salvar\u00e9 la que me queda. Pero solo tenemos un alma. Por eso Jesucristo nos dice que la salvaci\u00f3n del alma es lo m\u00e1s necesario en este mundo. <em>Unum est necessarium. <\/em>Oh Se\u00f1or, dec\u00eda el profeta David, solo te pido una cosa: que salves mi alma: <em>unam petui, hanc requiram, ut inhabitem in domo Domini <\/em>(Sal 22). Por eso, el ap\u00f3stol san Pablo advert\u00eda a los cristianos de la ciudad de Filipos que con temor y temblor se preocuparan por salvar su alma: <em>cum metu et tremore salutem vestram operamini <\/em>(Fil 2). San Francisco Javier dec\u00eda que en el mundo solo hay un bien y un mal: el \u00fanico bien es salvarse, el \u00fanico mal es perderse. Santa Teresa repet\u00eda a menudo a sus compa\u00f1eras: hermanas, un alma, una eternidad. Queriendo decir: un alma, perdida esta, todo est\u00e1 perdido, y por toda la eternidad.<\/li>\n<li>La salud del alma es un asunto importante, es \u00fanico; pero es irreparable, es decir, si se comete un error, se comete para siempre. Si se pierde una disputa, se puede recurrir a otro tribunal o intentar ganar otra; si se pierde la salud, se espera recuperarla con los cuidados de los m\u00e9dicos; si se rompe un contrato, se intenta conseguir otro; si una granizada nos quita la cosecha de este a\u00f1o, se espera una mejor el a\u00f1o que viene; pero si por desgracia se pierde la salvaci\u00f3n del alma, todo est\u00e1 perdido para siempre: <em>periisse semel \u00e6ternum est.<\/em> Piensa, cristiano, si la muerte te alcanzara en este momento, \u00bfqu\u00e9 ser\u00eda de tu alma? Si tienes la conciencia tranquila, da gracias a Dios y haz todo lo posible por conservarla as\u00ed. Pero si tienes esc\u00e1ndalos que reparar, cosas que devolver, h\u00e1bitos viejos que erradicar, confesiones dudosas o sacr\u00edlegas, \u00a1ah, por caridad, no lo pospongas! Porque si la muerte te alcanza en ese estado, fallar\u00e1s en lo m\u00e1s importante, fallar\u00e1s en lo \u00fanico, fallar\u00e1s en lo irreparable, porque una vez perdida el alma, est\u00e1 perdida para siempre.<\/li>\n<\/ol>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Ejemplos<\/em><\/p>\n<p>San Francisco Javier estaba en Par\u00eds absorto en pensamientos mundanos, cuando oy\u00f3 a San Ignacio decirle: \u00bfDe qu\u00e9 le sirve al hombre ganar el mundo entero si pierde su alma? San Francisco escuchaba en profundo silencio, y San Ignacio a\u00f1adi\u00f3: Piensa, Francisco, que el mundo es un traidor. Promete y no cumple. Pero aunque cumpliera lo prometido, nunca podr\u00eda satisfacer tu coraz\u00f3n. Pero aunque te satisfaciera, \u00bfcu\u00e1nto durar\u00eda tu felicidad? \u00bfPodr\u00eda durar m\u00e1s que tu vida? Y al final, \u00bfqu\u00e9 llevar\u00edas a la eternidad? \u00bfAcaso hay alg\u00fan rico que se haya llevado consigo una moneda o un siervo para su comodidad en la otra vida? Al o\u00edr estas palabras, San Francisco abandon\u00f3 el mundo y, profundamente impresionado por la idea de salvar su alma, se dedic\u00f3 a seguir a Jesucristo y se convirti\u00f3 en un gran santo.<\/p>\n<p>Benedicto XII fue solicitado por un pr\u00edncipe por un favor que no pod\u00eda concederle sin pecar. El Papa respondi\u00f3 al embajador: \u00abDile a tu soberano que si tuviera dos almas, podr\u00eda perder una por \u00e9l y reservar la otra para m\u00ed; pero como solo tengo una, no puedo ni quiero perderla\u00bb. Si en el futuro tambi\u00e9n nosotros nos vemos tentados a cometer alg\u00fan pecado, respondamos a quienes nos incitan al mal: si tuviera dos almas, querr\u00eda perder una y cometer ese pecado; pero solo tengo un alma y quiero salvarla a cualquier precio.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Jaculatoria<\/em><\/p>\n<p>Jes\u00fas, Jos\u00e9 y Mar\u00eda, a vosotros os entrego mi coraz\u00f3n y mi alma.<\/p>\n<p>Jes\u00fas, Jos\u00e9 y Mar\u00eda, asistidme en mi \u00faltima agon\u00eda.<\/p>\n<p>Jes\u00fas, Jos\u00e9 y Mar\u00eda, que mi alma expire en paz con vosotros<a href=\"#_ftn5\" name=\"_ftnref5\">[5]<\/a> .<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Oraci\u00f3n. <\/em>Acu\u00e9rdate, oh Virgen Mar\u00eda&#8230;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><a name=\"_Toc206830780\"><\/a><strong>D\u00eda decimocuarto. El pecado<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Deus, in adiutoriam, etc.<\/em><\/p>\n<ol>\n<li>Antes de considerar qu\u00e9 es el pecado, fija tu mirada en un crucifijo y luego razona as\u00ed en tu coraz\u00f3n: el pecado es un hecho, un deseo, una palabra contra la santa ley de Dios. Cuando cometo un pecado, le doy la espalda a Dios creador, a ese Dios de bondad que me ha colmado de tantos beneficios, y desprecio su gracia y su amistad. Quien peca le dice con sus actos al Se\u00f1or: \u00abVete, Dios, al\u00e9jate de m\u00ed, ya no quiero obedecerte, ya no quiero servirte, ya no quiero reconocerte como mi Dios, <em>no te servir\u00e9\u00bb. <\/em>El Se\u00f1or dice desde la cruz: \u00abNo vengues\u00bb, y el hombre responde: \u00abYo quiero vengarme\u00bb. Dios dice: \u00abNo tomes lo que es ajeno\u00bb, y el hombre responde: \u00abYo quiero tomarlo\u00bb. Dios dice: Privados de ese gusto deshonesto; el hombre responde: No quiero privarme de \u00e9l. Dios dice: Santificad los d\u00edas festivos; el hombre responde: Y yo quiero profanarlos; y diciendo esto abandona a Dios, la bondad suprema, para entregarse a las criaturas y satisfacer este cuerpo miserable.<\/li>\n<li>Pero \u00bfqui\u00e9n es Dios, contra quien quieres vengarte? \u00c9l es quien te dio la vida, te la conserva y te la puede quitar en cualquier momento. Dios es ese gran benefactor que te ha dado todo lo que tienes en la vida presente. La salud, los bienes temporales, la memoria, la lengua, los ojos, los o\u00eddos, los pies, las manos, todo te fue dado por \u00c9l, y t\u00fa has utilizado estos dones para ofenderlo. Es m\u00e1s, este mismo Dios que t\u00fa desprecias es tu Salvador, que para salvar tu alma padeci\u00f3 una muerte dolor\u00edsima y derram\u00f3 toda su sangre en la cruz, y despu\u00e9s de todo esto te ha preparado una felicidad eterna. \u00bfY qui\u00e9n eres t\u00fa, cristiano, que te rebelas contra tu Creador? Eres una criatura miserable, que no puede nada, un ciego que no ve nada, un pobre que no posee nada. <em>Miser et pauper et c\u00e6cus et nudus <\/em>(Apoc. 3). Y t\u00fa, criatura miserable, \u00bfte atreves a irritar a este Dios tuyo, ante cuya presencia tiemblan el cielo, el infierno y la tierra? <em>Vilis pulvisculus tam terribilem maiestatem audet irritare? <\/em>(S. Bernardo).<\/li>\n<li>Mientras consideras la majestad de tu Dios, a quien ofendes, y la vileza de ti mismo, te ruego que reflexiones seriamente conmigo. Este Dios, que es tu amo, puede privarte en un instante de todos los bienes que te ha dado, puede privarte de la salud, de la vida y hacerte precipitar en los tormentos eternos del infierno. Es cierto que Dios es infinitamente bueno, pero siendo justo, no puede sino estar muy indignado cuando le ofendes. Por eso, cuando pecas, tienes motivos para temer que tus pecados lleguen a tal n\u00famero que pongan fin al n\u00famero que Dios ha establecido. <em>In plenitudine pecatorum puniet.<\/em> No es que falte la misericordia de Dios, sino que te falta el tiempo para pedir perd\u00f3n, te falta la voluntad, te falta ese rasgo de gracia especial que ya no merece quien abusa de la misericordia divina para ofenderlo. Por eso debes temer con raz\u00f3n que, por otro pecado mortal, la ira divina te golpee y te condene eternamente.<\/li>\n<\/ol>\n<p>Dios m\u00edo, basta con lo que os he ofendido, la vida que me queda quiero gastarla en amaros y llorar mis pecados. Me arrepiento con todo mi coraz\u00f3n, Jes\u00fas m\u00edo; quiero amaros, dadme fuerza. Sant\u00edsima Virgen Mar\u00eda, Madre de Dios, ayudadme. As\u00ed sea.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Ejemplos<\/em><\/p>\n<p>Si despu\u00e9s del pecado Dios castigara inmediatamente a quien lo comete, ciertamente no ser\u00eda tan deshonrado como, por desgracia, vemos cada d\u00eda. Pero aunque difiere en aplicar la plenitud de los castigos, nos ha dejado ejemplos terribles para que sepamos que tambi\u00e9n en la vida presente castiga a quienes ultrajan su santa ley. Lucifer era el \u00e1ngel m\u00e1s bello del para\u00edso. Cometi\u00f3 un pecado de soberbia al querer ser semejante a Dios; y por este pecado fue expulsado del para\u00edso junto con una numerosa multitud de sus compa\u00f1eros, y condenados a penas eternas en el infierno.<\/p>\n<p>Ad\u00e1n y Eva cometieron un pecado de desobediencia en el para\u00edso terrenal, y ambos fueron expulsados de ese lugar de delicias, condenados junto con su descendencia a esos grav\u00edsimos castigos en el alma y en el cuerpo, a los que, por desgracia, todav\u00eda estamos sujetos.<\/p>\n<p>Al crecer la raza humana en gran n\u00famero, se multiplican los vicios. Dios env\u00eda un diluvio que cubre toda la faz de la tierra y hace perecer a todos los hombres y todos los animales, excepto a los que hizo encerrar en el arca.<\/p>\n<p>Los habitantes de Sodoma, Gomorra y otras ciudades vecinas se entregan al pecado de la deshonestidad. Dios env\u00eda una lluvia de fuego, incendia las casas, incinera a los habitantes y abre las simas de la tierra que lo absorben todo, y aparece un lugar que llamamos Asfaltita o mar muerto.<\/p>\n<p>Pecan los Hebreos y, en castigo por su iniquidad, mueren millones en el desierto. Toda la naci\u00f3n jud\u00eda vuelve a caer en el pecado y ahora es esclava, oprimida por otros flagelos, y termina por dispersarse por completo, sin rey, sin pr\u00edncipe, sin sacerdocio, sin ciudad donde reunirse y formar un cuerpo nacional.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Judas Iscariote traiciona al divino Maestro y se ahorca. Anan\u00edas y Safira mienten a san Pedro y ambos caen muertos al instante. Si Dios castig\u00f3 tantas veces y de tantas maneras los pecados en la vida presente, \u00a1cu\u00e1n grande, espantoso y terrible ser\u00e1 el castigo reservado en la eternidad!<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Jaculatoria<\/em><\/p>\n<p>Del pecado que al hombre encadena<\/p>\n<p>A los goces falaces de aqu\u00ed,<\/p>\n<p>Libera el alma, oh Mar\u00eda, y serena<\/p>\n<p>Busque siempre a tu Hijo, Jes\u00fas<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Oraci\u00f3n. <\/em>Acu\u00e9rdate, oh piados\u00edsima Virgen Mar\u00eda&#8230;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><a name=\"_Toc206830781\"><\/a><strong>D\u00eda decimoquinto. La muerte<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Deus, in adiutorium, etc.<\/em><\/p>\n<ol>\n<li>Antes de considerar qu\u00e9 es la muerte, ven conmigo en pensamiento al lecho de un moribundo y, en su presencia, leamos el decreto que Dios hace saber a todos los hombres por boca del ap\u00f3stol san Pablo: <em>statutum est omnibus hominibus semel mori. <\/em>Est\u00e1 establecido que todos los hombres deben morir una vez. Todos los que han vivido desde el principio del mundo hasta ahora, todos han tenido que someterse a este decreto. No hay ciencia, ni poder, ni salud, ni fortaleza que pueda resistir a la muerte. Se resiste al hierro, al fuego, al agua, pero \u00bfqui\u00e9n puede resistir a la muerte? <em>Resistitur ignibus, undis, ferro, regibus, morti autem quis resistit?<\/em> Vamos a buscar qui\u00e9n queda a\u00fan, de tantos reyes, monarcas, emperadores, que vivieron en tiempos pasados; todos cambiaron de pa\u00eds y se fueron a la eternidad. De ellos no queda m\u00e1s que alguna inscripci\u00f3n sobre su tumba, y si abrimos sus mismos sepulcros, no vemos m\u00e1s que un pu\u00f1ado de cenizas, que en breve se dispersar\u00e1n con el resto del polvo de la tierra. <em>Dic mihi, ubi sunt amatores mundi? <\/em>dice san Bernardo. Dime, \u00bfd\u00f3nde est\u00e1n los amantes del mundo? El mismo santo responde: <em>nihil ex eis remansit, nisi cineres et vermes. <\/em>Nada qued\u00f3 de ellos, salvo cenizas y gusanos. Al menos si supi\u00e9ramos el lugar y la hora de nuestra muerte; pero no, dice el Salvador, vendr\u00e1 cuando menos lo pensemos. Puede que la muerte me sorprenda en mi cama, en el trabajo, en la calle o en cualquier otro lugar. Una enfermedad, una fiebre, un accidente, algo que me caiga encima, un golpe de un asesino, un rayo, son todas cosas que pueden quitarme la vida. Esto puede ser dentro de un a\u00f1o, dentro de un mes, dentro de una semana, dentro de un d\u00eda, dentro de una hora, y tal vez pueda ser justo despu\u00e9s de terminar de leer esta reflexi\u00f3n. Cristiano, si la muerte nos alcanzara en este momento, \u00bfqu\u00e9 ser\u00eda de tu alma? \u00bfQu\u00e9 ser\u00eda de mi alma? \u00a1Ay de nosotros si no estamos preparados! Quien hoy no est\u00e1 preparado para morir bien, corre un grave peligro de morir mal.<\/li>\n<li>\u00bfQuiz\u00e1s podemos enga\u00f1arnos pensando que la muerte no vendr\u00e1 por nosotros? Nadie ha sido tan necio como para creerse exento de la muerte. El decreto de la muerte es para todos. La hora de nuestra muerte llegar\u00e1, eso es seguro. Llegar\u00e1 ese d\u00eda, esa noche en la que tambi\u00e9n nosotros nos encontraremos tendidos en un lecho. Si Dios nos concede tal favor, tendremos un sacerdote que, con una mano sostendr\u00e1 el Crucifijo y con la otra una vela encendida, recomendando nuestra alma al Se\u00f1or. Los parientes y los amigos m\u00e1s fieles nos rodear\u00e1n llorando. \u00a1Oh, si pudieras reflexionar ahora sobre los pensamientos que correr\u00e1n por tu mente en ese \u00faltimo instante de vida! Ahora el demonio, para inducirte al pecado, cubre y excusa tus culpas, pero en la muerte te revelar\u00e1 su gravedad y te las pondr\u00e1 delante. Pero, \u00bfqu\u00e9 hacer en ese terrible momento en que debes emprender el camino hacia la eternidad?<\/li>\n<li>Momento terrible, del que depende tu salvaci\u00f3n eterna o tu condenaci\u00f3n eterna. Cerca de ese \u00faltimo cierre de boca se encender\u00e1 una vela, casi para iluminar tu alma y emprender el camino hacia la eternidad. Dos veces se enciende una vela delante de nosotros: cuando somos bautizados y en el momento de la muerte. La primera vez vemos los preceptos de la ley de Dios; la segunda vez sabremos si los hemos observado. Por eso, cristiano, a la luz de esta vela ver\u00e1s si has amado a tu Dios o si lo has despreciado; si has honrado su santo nombre o si lo has blasfemado; ver\u00e1s el esc\u00e1ndalo causado, lo que no has devuelto, el honor del pr\u00f3jimo que no has reparado, ver\u00e1s las confesiones hechas sin dolor y sin prop\u00f3sito&#8230;<\/li>\n<\/ol>\n<p>Pero, \u00a1oh Dios!, lo ver\u00e1s todo en un instante, en el que ante tus ojos se abrir\u00e1 el camino de la eternidad. Punto o momento del que depende una eternidad de gloria o de dolor. \u00bfEntiendes, cristiano, lo que te digo? Quiero decir que de ese momento depende ir para siempre al Para\u00edso o para siempre al infierno; ser siempre feliz o siempre afligido; ser siempre hijo de Dios o siempre esclavo del demonio; disfrutar siempre con los \u00e1ngeles y los santos en el cielo o gemir y arder para siempre con los condenados en el infierno. Oh Dios m\u00edo, desde este momento me convierto a ti; te amo, quiero amarte y servirte hasta la muerte. Virgen Sant\u00edsima, Madre m\u00eda piadosa, ay\u00fadame en ese momento. Jes\u00fas, Jos\u00e9 y Mar\u00eda, que mi alma respire en paz contigo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Ejemplos<\/em><\/p>\n<ol>\n<li>Bernardino de Siena narra que un pr\u00edncipe que se encontraba a punto de morir, completamente aterrorizado, dec\u00eda: \u00abHe aqu\u00ed, tengo tantas tierras y tantos palacios en este mundo, pero si muero esta noche, no s\u00e9 qu\u00e9 habitaci\u00f3n me tocar\u00e1 en la eternidad\u00bb. San Alfonso cuenta que un rey de Francia, al llegar al final de su vida, dijo a sus amigos: \u00abCon todo mi poder no puedo conseguir que la muerte retrase un momento su llegada\u00bb. El hermano del gran siervo de Dios Tom\u00e1s de Kempis hab\u00eda invitado a un amigo a visitar una casa que hab\u00eda mandado construir con gran lujo. Pero el amigo le dijo que hab\u00eda un gran defecto. \u00ab\u00bfCu\u00e1l?\u00bb, pregunt\u00f3 \u00e9l. El defecto, respondi\u00f3, es la puerta que has mandado hacer. \u00bfC\u00f3mo?, replic\u00f3 el otro, \u00bfy la puerta tiene defecto? S\u00ed, concluy\u00f3 el amigo, porque por esta puerta tendr\u00e1s que salir un d\u00eda muerto, y as\u00ed abandonar la casa y todos tus bienes. A la muerte se abandona todo lo mundano, solo las buenas obras nos acompa\u00f1ar\u00e1n a la eternidad.<\/li>\n<\/ol>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Jaculatoria<\/em><\/p>\n<p>Oh, madre de Dios<\/p>\n<p>Oh rosa m\u00edstica,<\/p>\n<p>Socorre piadosa<\/p>\n<p>A mi esp\u00edritu.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Oh santa Mar\u00eda,<\/p>\n<p>Tu ayuda potente<\/p>\n<p>Da en la hora de la muerte<\/p>\n<p>A mi alma m\u00eda.<\/p>\n<p><em>\u00a0<\/em><\/p>\n<p><em>Oraci\u00f3n. <\/em>Acu\u00e9rdate, oh piadosa Virgen Mar\u00eda&#8230;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><a name=\"_Toc206830782\"><\/a><strong>Decimosexto d\u00eda. Juicio particular<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Deus, in adiutorium etc.<\/em><\/p>\n<ol>\n<li>Dos veces tendremos que presentarnos ante el tribunal de Jesucristo: en el juicio universal, que tendr\u00e1 lugar al final del mundo, y en el juicio particular despu\u00e9s de la muerte. Hay tres cosas que debes tener en cuenta en el juicio particular: la comparecencia, el examen y la sentencia. Los santos m\u00e1s grandes temblaban al pensar que tendr\u00edan que comparecer ante Dios para ser juzgados. Tan pronto como exhale su \u00faltimo aliento, el alma deber\u00e1 comparecer inmediatamente ante el Divino Juez. Lo primero que hace terrible esta comparecencia es encontrarse sola ante Dios, que est\u00e1 a punto de juzgarla. \u00bfQu\u00e9 cosas podr\u00e1 llevar consigo el alma? Nos lo dice el Ap\u00f3stol: llevar\u00e1 todo el bien y el mal que haya hecho en su vida. <em>Referet unusquisque prout gessit sive bonum sive malum. <\/em>No se puede encontrar excusa, ni pretexto. Dice san Agust\u00edn que tendremos ante nosotros a un juez indignado, por un lado, los pecados que nos acusan, por otro los demonios listos para ejecutar la sentencia, dentro de la conciencia que nos agita y nos atormenta, y debajo un infierno que est\u00e1 a punto de engullirnos. En ese momento, el alma querr\u00eda huir, pero la poderosa fuerza de Dios la retiene: <em>manifestari oportet.<\/em> \u00a1Dichosos aquellos cristianos que comparecer\u00e1n ante Dios con un bagaje de buenas obras!<\/li>\n<li>Antes de pronunciar la sentencia, el Salvador examinar\u00e1 lo que hemos hecho en nuestra vida. Abrir\u00e1 los libros de nuestra conciencia. <em>Iudicium sedit, et libri aperti sunt<\/em>. En esos libros, en esa conciencia, cu\u00e1ntas cosas se ver\u00e1n. \u00a1Ay! \u00bfQui\u00e9n eres t\u00fa? comenzar\u00e1 a preguntar, \u00bfqui\u00e9n eres t\u00fa? Cristiano, responder\u00e1s. Si eres cristiano, ver\u00e9 si has observado mi ley. Entonces comenzar\u00e1 a recordarte las promesas hechas en el Santo Bautismo, con las que renunciaste al demonio, al mundo, a la carne; te recordar\u00e1 las gracias concedidas, los sacramentos recibidos, las predicaciones, las instrucciones, las correcciones de tus padres; todo se te presentar\u00e1 ante ti. Pero t\u00fa, dir\u00e1 el juez, a pesar de tantos dones, de tantas gracias, cu\u00e1nto mal correspondiste a la profesi\u00f3n de cristiano. Apenas empezaste a conocerme, enseguida empezaste a ofenderme. Al crecer, aumentaste el desprecio por mi ley. Misas perdidas, profanaciones de los d\u00edas festivos, blasfemias, confesiones mal hechas, comuniones sin fruto y a veces sacr\u00edlegas, esto es lo que hiciste en lugar de servirme. Entonces el Divino Juez se volver\u00e1 lleno de indignaci\u00f3n hacia el escandaloso y le dir\u00e1: \u00bfves esa alma que camina por el camino del pecado? T\u00fa eres quien con tus palabras le insinuaste la malicia. \u00bfVes a ese otro que est\u00e1 all\u00e1 abajo en el infierno? T\u00fa eres quien con tus consejos p\u00e9rfidos me la quitaste, la entregaste al demonio y fuiste causa de su perdici\u00f3n. Ahora ve por el alma que hiciste perder: <em>repetam animam tuam pro anima illius. <\/em>Tiembla, cristiano, ante este examen y comienza desde ahora a calmar la ira del Juez Supremo con una pronta enmienda de tus pecados.<\/li>\n<li>Ante el riguroso juicio que el Divino Juez exige al pecador, quiz\u00e1 este busque alg\u00fan pretexto para excusarse y diga que no pensaba someterse a un examen tan estricto. Pero enseguida se le responder\u00e1: \u00bfNo o\u00edste aquella predicaci\u00f3n, no le\u00edste aquel libro que te pedir\u00eda cuenta <em>usque ad ictum oculi, <\/em>hasta la \u00faltima mirada, <em>usque ad ultimum quadrantem, <\/em>hasta el \u00faltimo minuto de tu vida? El alma se encomendar\u00e1 a la misericordia divina, pero la misericordia ya no es para ella, porque con la muerte termina el tiempo de la misericordia. Se encomendar\u00e1 a los \u00e1ngeles, a los santos, a Mar\u00eda Sant\u00edsima; y Ella, en nombre de todos, responder\u00e1: \u00ab\u00bfAhora pides mi ayuda? , no me quisiste madre en vida, yo tampoco te quiero como hijo despu\u00e9s de la muerte, ya no te conozco\u00bb. <em>Nescio vos. <\/em>El pecador, al no encontrar ning\u00fan escape, asustado por el aspecto amenazador del Juez, por el infierno que ve abierto bajo sus pies, exclamar\u00e1 lleno de terror: <em>horrendum est incidere in manus Dei viventis; <\/em>es horrible caer en manos de un Dios juez. En ese mismo instante, el Juez pronunciar\u00e1 la terrible sentencia diciendo: por tu propia boca eres juzgado, oh siervo infiel, <em>ex ore tuo te iudico, serve nequam. <\/em>Al\u00e9jate de m\u00ed, mi Padre Celestial te ha maldecido, y yo te maldigo: ve al fuego eterno. Una vez pronunciadas estas palabras, el alma es abandonada en manos de los demonios, que la arrastran consigo para sufrir los tormentos del infierno. \u00a1Terrible y espantosa sentencia!<\/li>\n<\/ol>\n<p>\u00a1Por amor a Jes\u00fas y a Mar\u00eda, prep\u00e1rate con buenas obras para escuchar una sentencia favorable! \u00c1nimo, la sentencia pronunciada contra el pecador da miedo, pero consuela inmensamente la invitaci\u00f3n que Jes\u00fas Cristo har\u00e1 al cristiano fiel. Ven, le dir\u00e1, ven a poseer la gloria que te he preparado. T\u00fa me has servido, ahora disfrutar\u00e1s eternamente: <em>intra in gaudium Domini tui. <\/em>Jes\u00fas m\u00edo, conc\u00e9deme la gracia de que con una vida santa pueda prepararme para ese momento terrible en el que tendr\u00e9 que presentarme ante tu Divino Tribunal. Virgen Sant\u00edsima, ay\u00fadame, prot\u00e9geme en la vida y en la muerte, y especialmente cuando me presente ante tu Divino Hijo para ser juzgado.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Ejemplos<\/em><\/p>\n<p>El venerable Ancina, obispo de Saluzzo, cada vez que o\u00eda hablar del juicio de Dios, se ve\u00eda sorprendido por un miedo terrible. Un d\u00eda, al o\u00edr cantar el <em>dies trae, <\/em>se qued\u00f3 aterrado pensando en el momento en que el alma se presentar\u00eda ante el tribunal de Dios. Entonces decidi\u00f3 abandonar el mundo, como de hecho hizo, y llev\u00f3 una vida tal que muri\u00f3 en estado de santidad.<\/p>\n<p>Felipe I, rey de Espa\u00f1a, un d\u00eda, para reprender a un criado que le hab\u00eda mentido, le dijo simplemente: \u00ab\u00bf<em>As\u00ed me enga\u00f1as<\/em>?\u00bb. El criado se sinti\u00f3 tan ofendido por la reprimenda que, al llegar a su casa, muri\u00f3 de pena. <em>\u00bf<\/em>Qu\u00e9 ser\u00e1 del cristiano cuando Jesucristo le diga: <em>\u00abAs\u00ed ofendiste mi ley\u00bb?<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Jaculatoria<\/em><\/p>\n<p>Hazme probar, gran Virgen,<\/p>\n<p>En vida el cruel quebranto,<\/p>\n<p>Las espinas, la hiel, la cruz,<\/p>\n<p>Hazme probarlo todo<\/p>\n<p>Mas en el d\u00eda postrero,<\/p>\n<p>Cuando Jes\u00fas airado<\/p>\n<p>Vendr\u00e1, \u00a1ah!, t\u00fa aplacado<\/p>\n<p>Devu\u00e9lvelo por piedad.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Oraci\u00f3n. <\/em>Recu\u00e9rdate, oh piadosa Virgen Mar\u00eda&#8230;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><a name=\"_Toc206830783\"><\/a><strong>D\u00eda decimos\u00e9ptimo. El juicio universal<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Deus, in adiutorium etc.<\/em><\/p>\n<ol>\n<li>Como un padre de familia en ciertas \u00e9pocas del a\u00f1o re\u00fane a sus hijos para ver qui\u00e9n merece recompensa o castigo, as\u00ed Dios, Padre de toda la humanidad, reunir\u00e1 un d\u00eda a todos los hombres para dar p\u00fablicamente una sentencia de gloria eterna a los justos y de castigo eterno a los malvados. Reunir\u00e9, dice Dios, a todas las naciones en el valle de Josafat, y vendr\u00e9 a hacer con ellos un juicio p\u00fablico. <em>Congregabo omnes gentes in vallem Iosaphat et disceptabo cum eis. <\/em>Antes de que venga el Juez, descender\u00e1 del cielo un fuego que quemar\u00e1 la tierra y todas las cosas que hay en ella. <em>Terra et qu\u00e6 in ipsa, sunt opera exurentur. <\/em>(2Pe 3). As\u00ed que palacios, iglesias, villas, ciudades, reinos, todo se convertir\u00e1 en un mont\u00f3n de cenizas. Cuando todos los hombres hayan muerto, se oir\u00e1 un sonido de trompeta que resonar\u00e1 en todos los rincones de la tierra, y todos los cad\u00e1veres saldr\u00e1n de sus tumbas recuperando la misma forma que ten\u00edan antes. <em>Canet enim tuba; et mortui resurgent.<\/em> (1Cor 15). Al sonido de esa trompeta, las almas bienaventuradas del cielo descender\u00e1n para unirse a sus cuerpos, con los que han servido a Dios en esta vida; y las almas infelices de los condenados saldr\u00e1n del infierno para unirse a aquellos cuerpos con los que han ofendido a Dios. Qu\u00e9 gran consuelo ser\u00e1 para el alma del justo reunirse con su cuerpo para ir con \u00e9l a disfrutar de la gloria eterna del cielo. En cambio, qu\u00e9 dolor sentir\u00e1 el alma del condenado al reunirse con el cuerpo con el que tendr\u00e1 que sufrir para siempre los tormentos del infierno. Este pensamiento hac\u00eda temblar a san Jer\u00f3nimo. Cada vez que pienso en el d\u00eda del juicio, dice, tiemblo en todos mis miembros y me parece o\u00edr siempre esa trompeta que resuena en mis o\u00eddos: <em>surgite, mortui; venite ad iudicium.<\/em><\/li>\n<li>Despu\u00e9s de que todos los hombres hayan resucitado y las almas se hayan reunido con sus cuerpos, los \u00e1ngeles enviados por Dios gritar\u00e1n por todas partes: \u00abPueblos, pueblos, escuchad la voz de Dios y reun\u00edos en el valle del juicio, en el valle de Josafat\u00bb. Una vez reunidos, los \u00e1ngeles separar\u00e1n a los r\u00e9probos de los justos (Mt 13). Los justos permanecer\u00e1n a la derecha y los condenados a la izquierda. Imaginemos qu\u00e9 momento tan terrible ser\u00e1 para los r\u00e9probos verse separados de tantos amigos, de tantos parientes, a los que deben abandonar y a los que nunca volver\u00e1n a ver. Cuando sea inminente la aparici\u00f3n del Juez, todos los elegidos ser\u00e1n elevados en el aire e ir\u00e1n al encuentro del Se\u00f1or (1Tes. 4). Mientras tanto, se abren los cielos y vienen todos los \u00e1ngeles del cielo para asistir al juicio, llevando consigo los signos de la pasi\u00f3n (s. Tom\u00e1s, op. 2\u00b0). Aparecer\u00e1 la Cruz , luego los Ap\u00f3stoles y todos los santos que los imitaron; vendr\u00e1 la Regina , de todos los santos y los \u00e1ngeles, Mar\u00eda Sant\u00edsima; por \u00faltimo vendr\u00e1 el Juez Eterno sentado sobre las nubes del cielo en el m\u00e1ximo esplendor de su majestad (Mt 24). \u00a1Qu\u00e9 terror sorprender\u00e1 a los pecadores al ver aparecer al Hijo de Dios, a quien tanto han ultrajado y que ser\u00e1 su juez!<\/li>\n<li>Pero mientras tanto ha aparecido el Divino Juez, y todos los que vivieron desde el primer d\u00eda del mundo hasta ese \u00faltimo d\u00eda est\u00e1n esperando el gran juicio del Divino Juez. Entonces, para que todos conozcan p\u00fablicamente el motivo de su salvaci\u00f3n y de su condenaci\u00f3n, revelar\u00e1 a todos los hombres los pecados m\u00e1s secretos y vergonzosos. <em>Revelabo pudenda tua (<\/em>Naum 3). Los te\u00f3logos m\u00e1s acreditados dicen que los pecados de los elegidos ser\u00e1n manifiestos, pero a modo de cicatrices gloriosas obtenidas en la guerra contra el enemigo, seg\u00fan las palabras del profeta David, que dijo: Bienaventurados aquellos a quienes se les han perdonado las iniquidades y cuyos pecados est\u00e1n cubiertos. Por el contrario, dice s. Basilio que todos los pecados de los r\u00e9probos ser\u00e1n vistos por todos con una sola mirada. Pero es nada reunirse en el valle de Josafat, es nada la manifestaci\u00f3n de los pecados, es tambi\u00e9n poco la aparici\u00f3n del Juez en comparaci\u00f3n con la terrible sentencia que \u00c9l va a pronunciar. Se volver\u00e1 primero hacia los elegidos y les dir\u00e1 estas palabras consoladoras: \u00abVenid, benditos de mi Padre celestial, venid, poseed el reino que os fue preparado desde el principio del mundo\u00bb. Tambi\u00e9n bendecir\u00e1 a Mar\u00eda Sant\u00edsima a sus devotos y los invitar\u00e1 a ir con ella al cielo. Cantando himnos de gloria a Cristo Salvador, los elegidos entrar\u00e1n triunfantes en el Para\u00edso para poseer, amar y alabar a Dios por toda la eternidad. Los condenados, al verse solos, exclamar\u00e1n: \u00ab\u00bfQu\u00e9 ser\u00e1 de nosotros?\u00bb. Y Jes\u00fas Cristo les dir\u00e1: \u00abApartaos de m\u00ed, mi Padre os ha maldito y yo os maldigo, id al fuego eterno\u00bb. <em>In ignem \u00e6ternum. <\/em>En ese momento se abrir\u00e1 la tierra, y todos esos infelices, mezclados con los demonios, caer\u00e1n en los abismos que nunca m\u00e1s se abrir\u00e1n.<\/li>\n<\/ol>\n<p>\u00a1Alma m\u00eda, ruega a la Sant\u00edsima Virgen que interceda por ti ante el Juez Eterno y te obtenga el perd\u00f3n de tus culpas antes de ese d\u00eda terrible! Ahora Ella es tu madre y defender\u00e1 tu causa. Oh Mar\u00eda, s\u00e9 t\u00fa mi liberadora y en el d\u00eda del juicio apacigua la ira de tu Hijo, obt\u00e9n de \u00c9l misericordia y perd\u00f3n.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Ejemplo<\/em><\/p>\n<p>Para que cada uno tenga una norma sobre las cosas que debe hacer o evitar para obtener un juicio favorable en ese \u00faltimo d\u00eda del mundo, es bueno referir el hecho que leemos en el santo Evangelio, en el que se describe la venida del Salvador en el juicio final. Dice el Evangelio: cuando venga el Salvador en su majestad y con \u00e9l todos los \u00e1ngeles, se sentar\u00e1 en el trono de su majestad, y se reunir\u00e1n ante \u00e9l todas las naciones de la tierra. \u00c9l separar\u00e1 unas de otras, como el pastor separa las ovejas de los cabritos; pondr\u00e1 las ovejas a su derecha y los cabritos, es decir, los r\u00e9probos, a su izquierda. Entonces el Rey, es decir, el Juez Eterno, dir\u00e1 a los que est\u00e1n a su derecha: Venid, benditos de mi Padre, tomad posesi\u00f3n del reino preparado para vosotros desde el principio del mundo; (lee atentamente, cristiano) porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui peregrino y me acogisteis en vuestra casa; estaba desnudo y me vestisteis; estaba enfermo y me visitasteis; estaba en la c\u00e1rcel y vinisteis a verme. Entonces los justos le responder\u00e1n: Se\u00f1or, \u00bfcu\u00e1ndo te vimos hambriento y te dimos de comer, sediento y te dimos de beber? \u00bfCu\u00e1ndo te hemos visto peregrino y te hemos acogido en nuestra casa? \u00bfCu\u00e1ndo te hemos visto desnudo y te hemos vestido? \u00bfCu\u00e1ndo te hemos visto enfermo o en la c\u00e1rcel y hemos venido a verte? El rey les responder\u00e1 y les dir\u00e1: en verdad os digo cada vez que hab\u00e9is hecho cualquier cosa por uno de los m\u00e1s peque\u00f1os de estos mis hermanos, lo hab\u00e9is hecho a m\u00ed.<\/p>\n<p>Luego dir\u00e1 tambi\u00e9n a los que estar\u00e1n a su izquierda: Apartaos de m\u00ed, malditos, id al fuego eterno preparado para el diablo y sus secuaces. Porque tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed y no me disteis de beber. Estaba de viaje y no me hab\u00e9is dado alojamiento; estaba desnudo y no me hab\u00e9is vestido; estaba enfermo y en la c\u00e1rcel, y no me hab\u00e9is visitado. Entonces tambi\u00e9n ellos le responder\u00e1n: Se\u00f1or, \u00bfcu\u00e1ndo te vimos hambriento, sediento, de viaje, desnudo, enfermo o en la c\u00e1rcel, y no te asistimos? Entonces \u00e9l les responder\u00e1: En verdad os digo que, en cuanto no lo hicisteis a uno de estos m\u00e1s peque\u00f1os, tampoco a m\u00ed lo hicisteis. Y estos ir\u00e1n al castigo eterno, y los justos a la vida eterna.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Jaculatoria<\/em><\/p>\n<p>En el d\u00eda extremo,<\/p>\n<p>D\u00eda de llanto,<\/p>\n<p>Mar\u00eda c\u00fabreme<\/p>\n<p>Con tu manto.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Oraci\u00f3n. <\/em>Acu\u00e9rdate, oh Virgen Mar\u00eda&#8230;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><a name=\"_Toc206830784\"><\/a><strong>D\u00eda decimoctavo. Los dolores del infierno<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Deus, in adiutorium, etc.<\/em><\/p>\n<ol>\n<li>La misericordia de Dios y su justicia son los dos atributos que m\u00e1s resplandecen en la potencia divina. Mientras el hombre vive con el alma unida al cuerpo, es tiempo de misericordia. Pero separada el alma del cuerpo, comienza para el hombre el tiempo de la justicia; y aquellos que no quisieron aprovechar la misericordia divina en la vida presente, deber\u00e1n sufrir los rigores de la justicia divina en el infierno. Por infierno se entiende un lugar destinado por la justicia divina para castigar con tormento eterno a los que mueren en pecado mortal. Es de fe que existe este lugar de tormento eterno. Ya lo llamemos infierno, abismo, vor\u00e1gine, c\u00e1rcel, lugar de tormentos, lugar de oscuridad, de desorden, de crujir de dientes, de ira, de venganza, de tinieblas, de humo, de fuego, o con cualquier otro nombre que se quiera llamar seg\u00fan est\u00e1 revelado en la Sagrada Escritura, siempre se significa un lugar donde cada uno es castigado por los pecados cometidos en la vida. <em>Per qu\u00e6 peccat quis, per h\u00e6c et torquetur <\/em>(Sab. 11). El santo profeta David dice: que el hombre es arrojado al infierno, como un tronco de madera es precipitado dentro de un horno ardiente. En un momento, ese tronco queda completamente rodeado por las llamas y se convierte en carb\u00f3n ardiente. <em>Pone eos ut clibanum ignis. <\/em>Y cuanto m\u00e1s haya pecado un sentido del cuerpo, tanto m\u00e1s ser\u00e1 atormentado. <em>Quantum in deliciis fuit, tantum date illi tormenti <\/em>(Apoc 18). La vista ser\u00e1 atormentada con las tinieblas, el olfato con los olores m\u00e1s desagradables, el o\u00eddo con gritos continuos y con los llantos de los condenados. La boca sufrir\u00e1 un hambre voraz.<\/li>\n<li>Pero uno de los mayores tormentos es el castigo del fuego. Seg\u00fan el Evangelio, hay un fuego terrible que no se apaga ni de d\u00eda ni de noche. Ese fuego encendido por la justicia de Dios atormenta al condenado por todas partes. Esos infelices, atormentados de esta manera, sufrir\u00e1n sed, hambre y el ardor de las llamas; lloran, gritan y se desesperan. \u00a1Oh, infierno, oh, infierno, cu\u00e1n desdichados son los que caen en ti! \u00bfQu\u00e9 dices, cristiano? Si ahora no puedes soportar un dedo sobre la luz de una vela, si no puedes soportar una chispa de fuego en la mano sin gritar, \u00bfc\u00f3mo podr\u00e1s vivir entre esas llamas? Piensa que un solo pecado basta para enviarte al infierno y hacerte sufrir esos atroces tormentos por toda la eternidad.<\/li>\n<li>Los tormentos de los condenados aumentan enormemente cuando piensan en la raz\u00f3n por la que se condenaron. Sufren esos terribles tormentos por el placer de un momento, por un arrebato de pasi\u00f3n, por una cosa sin importancia. <em>Propter pugillum hordei et fragmen panis. <\/em>Pensar\u00e1n en el tiempo que se les concedi\u00f3 para remediar su perdici\u00f3n eterna, pensar\u00e1n en los buenos ejemplos de sus compa\u00f1eros, en los consejos de los confesores, en los prop\u00f3sitos que hicieron en confesi\u00f3n y no cumplieron, y esto lo pensar\u00e1n en un momento en el que ya no hay remedio para la ruina. La voluntad nunca volver\u00e1 a tener nada de lo que desea y, por el contrario, sufrir\u00e1 todos los males. El intelecto conocer\u00e1 el gran bien que ha perdido, es decir, el Para\u00edso. \u00a1Oh, infierno, oh, infierno, qu\u00e9 males horribles preparas a los que ultrajan la ley de Dios! Vamos, pues, penitencia; no esperes a que no haya tiempo; qui\u00e9n sabe si esta no es la \u00faltima llamada que Dios te hace, a la que si no respondes, \u00c9l dejar\u00e1 libre curso a su justicia y te har\u00e1 caer en esos tormentos eternos. Cristiano, ve y escribe por todas partes que un solo pecado mortal puede enviarte al infierno, y por eso, gu\u00e1rdate de cometerlo.<\/li>\n<\/ol>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Ejemplo<\/em><\/p>\n<p>Tenemos un ejemplo terrible en el Evangelio sobre los castigos del infierno. El divino Salvador lo expone \u00e9l mismo de la siguiente manera (Lc 16). Hab\u00eda un hombre rico (Epul\u00f3n), que se vest\u00eda de p\u00farpura y otras ropas lujosas. Su gran deleite era preparar cada d\u00eda suntuosos banquetes para \u00e9l y sus amigos. Hab\u00eda tambi\u00e9n un mendigo llamado L\u00e1zaro, que, aunque cubierto de llagas, se arrastraba a la puerta de ese rico y all\u00ed yac\u00eda esperando limosna. Al no poder obtener nada, ped\u00eda que al menos le dieran las migajas de pan que ca\u00edan de la mesa del rico. Pero ni el rico ni sus siervos quisieron darle nada. Solo los perros iban a lamerle las llagas. No pas\u00f3 mucho tiempo cuando el mendigo muri\u00f3, tal vez por necesidad y por hambre. \u00a1Pero qu\u00e9 muerte tan dichosa! Los \u00e1ngeles llevaron su alma al seno de Abraham, es decir, al limbo, que era el lugar donde descansaban las almas de los justos muertos antes de la venida del Salvador. Poco despu\u00e9s de la muerte de L\u00e1zaro, muri\u00f3 tambi\u00e9n el rico, pero qu\u00e9 triste fue el destino que le sigui\u00f3. Muri\u00f3 el rico, dice el Evangelio, y su alma fue sepultada en el infierno. Dios permiti\u00f3 que aquel rico pudiera levantar los ojos de medio de los tormentos y viera a lo lejos a Abraham y con \u00e9l al mismo L\u00e1zaro, que estaba junto a \u00e9l glorioso. El epul\u00f3n no se atrevi\u00f3 a recomendarse a L\u00e1zaro, porque lo hab\u00eda despreciado demasiado en vida; se dirigi\u00f3 a Abraham y exclam\u00f3 as\u00ed: \u00abPadre Abraham, ten piedad de m\u00ed\u00bb. \u00ab\u00bfQu\u00e9 quieres?\u00bb, respondi\u00f3 Abraham. Padre Abraham \u2014continu\u00f3 el otro\u2014, no te pido que me liberes de estas llamas, ni siquiera que las disminuyas, no pido disfrutar de los placeres que disfrut\u00e9 en vida; solo te pido un favor, y conc\u00e9demelo por piedad. \u00bfQu\u00e9 favor es ese? Que env\u00edes a L\u00e1zaro a mojar la punta de su dedo en el agua y que venga aqu\u00ed a dejar caer una gota sobre mi lengua para refrescarla, porque estoy terriblemente atormentado entre estas llamas. Abraham le respondi\u00f3: Hijo, recuerda que disfrutaste de los placeres y las riquezas en tu vida; L\u00e1zaro, por el contrario, no tuvo m\u00e1s que sufrimientos. \u00bfNo es justo, pues, que \u00e9l sea ahora consolado y t\u00fa atormentado? Adem\u00e1s, hay un gran abismo, es decir, una gran divisi\u00f3n entre nosotros y vosotros, de modo que nadie de aqu\u00ed puede ir hacia vosotros, ni nadie de all\u00ed puede venir hasta aqu\u00ed. El Epul\u00f3n al ver que no pod\u00eda tener ning\u00fan consuelo para \u00e9l, pens\u00f3 que al menos podr\u00eda avisar a sus parientes para que hicieran mejor uso de las riquezas y no fueran un d\u00eda a aumentar sus tormentos con su presencia en el infierno. Dijo, pues, al epul\u00f3n: Padre, ya que no puedes hacerme ning\u00fan favor, te ruego que env\u00edes a L\u00e1zaro a la casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos y deseo que les advierta de las desgracias que les esperan, para que no vengan tambi\u00e9n ellos a este lugar. F\u00edjate bien, cristiano, que los que no creen en la santa palabra de Dios, tampoco creen en los muertos, aunque resuciten. Por eso Abraham respondi\u00f3 as\u00ed: tus hermanos y otros parientes tienen la ley de Mois\u00e9s y los profetas, que los escuchen. No, dijo \u00e9l, no, padre Abraham, pero si alg\u00fan muerto fuera a ellos para contarles el horror de estos castigos, sin duda har\u00edan penitencia. Abraham concluy\u00f3: si no escuchan la ley de Mois\u00e9s y lo que predicaron los profetas, tampoco creer\u00e1n a uno que resucite de entre los muertos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Jaculatoria<\/em><\/p>\n<p>De los males horribles<\/p>\n<p>del exilio eterno,<\/p>\n<p>Mar\u00eda, s\u00e1lvame,<\/p>\n<p>Soy tu hijo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Oraci\u00f3n. <\/em>Acu\u00e9rdate, oh Virgen Mar\u00eda&#8230;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><a name=\"_Toc206830785\"><\/a><strong>D\u00eda decimonoveno. Eternidad de los tormentos del infierno<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Deus, in adiutorium, etc.<\/em><\/p>\n<ol>\n<li>Los tormentos de los condenados no causar\u00edan tanto terror si alg\u00fan d\u00eda tuvieran que terminar. Pero no es as\u00ed. Quitaos este enga\u00f1o, dice Dios; los condenados en el infierno ser\u00e1n atormentados d\u00eda y noche por los siglos de los siglos. <em>Cruciabuntur die ac nocte in s\u00e6cula s\u00e6culorum <\/em>(Apoc 20). Esta es la verdad de la fe, y Dios ha querido que se repita en muchos lugares de la Sagrada Escritura: \u00abApartaos de m\u00ed, dice el Salvador a los r\u00e9probos, malditos, id al fuego eterno\u00bb (Mt 25). Los imp\u00edos ir\u00e1n a un tormento eterno, y los castigos de los condenados ser\u00e1n como una muerte que nunca mata eternamente (2Tes 1). Oh cristiano, si por desgracia caes en el infierno, nunca saldr\u00e1s de all\u00ed y sufrir\u00e1s esos males por toda la eternidad. \u00bfQui\u00e9n no temblar\u00e1 ante este pensamiento?<\/li>\n<li>El condenado en medio de las llamas es atormentado en alma y cuerpo. Pero los remordimientos de la conciencia son el peor de todos los males. Dice el Salvador que el fuego del infierno va unido al remordimiento, que como un gusano carcomer\u00e1 la conciencia de los r\u00e9probos por toda la eternidad: <em>vermis eorum non moritur et ignis non extinguitur.<\/em> El primer remordimiento ser\u00e1 pensar en lo poco que se ha condenado. \u00a1Qu\u00e9 dolor pensar que por una satisfacci\u00f3n moment\u00e1nea se ha perdido un reino eterno de felicidad! Jonat\u00e1n, cuando se vio condenado a muerte por Saulo, su padre, pensando que estaba condenado solo por haber probado un poco de miel, exclamaba: no me pesa morir, pero lo que me duele es morir solo por haber probado un poco de miel. <em>Paululum gustavi melis, et ecce morior.<\/em> \u00a1Oh, Dios! \u00bfY qu\u00e9 pena causar\u00e1 al condenado el pensamiento de la causa de su condenaci\u00f3n? \u00a1Oh, si pudi\u00e9ramos interrogar a los condenados y preguntarles: qu\u00e9 os queda a\u00fan, desdichados, de esos gustos, de esas satisfacciones, \u00bfde esos placeres disfrutados en la vida? \u00bfQu\u00e9 os queda a\u00fan de ese \u00faltimo pecado por el que os hab\u00e9is condenado? \u00a1Ay, nosotros, desdichados! responder\u00e1n, por un placer brutal, que desapareci\u00f3 como el viento, \u00a1tendremos que arder en este fuego, desesperados y atormentados por toda la eternidad! Los condenados pensar\u00e1n tambi\u00e9n en la facilidad con la que podr\u00edan haberse salvado. Se le apareci\u00f3 un condenado a San Umberto y le dijo que la mayor aflicci\u00f3n que padec\u00eda en el infierno era pensar en lo poco por lo que se hab\u00eda condenado y en lo poco que habr\u00eda tenido que hacer para salvarse.<\/li>\n<li>Al menos el condenado podr\u00eda enga\u00f1arse a s\u00ed mismo y decir: estos tormentos alg\u00fan d\u00eda terminar\u00e1n; pero no. Pasar\u00e1n veinte a\u00f1os desde que estar\u00e1s en el infierno, pasar\u00e1n mil y entonces comenzar\u00e1 el infierno; pasar\u00e1n cien mil, cien millones, mil millones de a\u00f1os y siglos, y el infierno volver\u00e1 a empezar. Si un \u00e1ngel llevara la noticia a un condenado de que Dios quiere liberarlo del infierno cuando hayan pasado tantos millones de siglos como gotas de agua, hojas de los \u00e1rboles, granos de arena del mar y de la tierra, esta noticia ser\u00eda el mayor consuelo para un condenado. \u00c9l dir\u00eda: es cierto que tienen que pasar tantos siglos, pero alg\u00fan d\u00eda terminar\u00e1n. Pero pasar\u00e1n todos estos siglos y todos los tiempos imaginables y el infierno seguir\u00e1 siendo el mismo. Cada condenado har\u00eda este pacto con Dios: Se\u00f1or, aumenta cuanto quieras mis penas, d\u00e9jame sufrir estos tormentos todo el tiempo que quieras, solo dame la esperanza de que alg\u00fan d\u00eda terminar\u00e1n. Pero no, ese momento nunca llegar\u00e1, y Dios siempre responder\u00e1: <em>en el infierno no hay redenci\u00f3n.<\/em> Todo lo que ve, lo que oye, lo que saborea, lo que padece, todo le recuerda la eternidad. Siempre, nunca, ver\u00e1 escrito eternidad en las llamas que lo crucifican; siempre, nunca, eternidad en la punta de las espadas que lo traspasan; siempre, nunca, eternidad en los demonios que lo atormentan d\u00eda y noche; siempre, nunca, eternidad en esas puertas que nunca se abrir\u00e1n. \u00a1Cu\u00e1ntos, al pensar en la eternidad, abandonaron el mundo, la patria, los parientes para irse a confinar en cuevas, en desiertos, a vivir solo de pan y agua y a veces solo de ra\u00edces de hierba, y todo esto para evitar los castigos eternos del infierno! Y t\u00fa, cristiano, \u00bfqu\u00e9 haces? Despu\u00e9s de haber merecido tantas veces esos castigos con el pecado, \u00bfqu\u00e9 haces? Postr\u00e9monos a los pies de nuestro Dios y, arrepentidos de los pecados cometidos, dig\u00e1mosle as\u00ed: Se\u00f1or, te prometo no volver a pecar en el futuro, dame todo el mal en la vida presente, siempre que no me env\u00edes al infierno. Querida Madre Virgen Mar\u00eda, libera mi alma del infierno.<\/li>\n<\/ol>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Ejemplos<\/em><\/p>\n<ol>\n<li>Policarpo, obispo de Esmirna, cuando era conducido al martirio, dijo al proc\u00f3nsul que trajera contra \u00e9l a las fieras. El proc\u00f3nsul respondi\u00f3: \u00abPuesto que las fieras no te asustan, seguramente temer\u00e1s el fuego, en el que te har\u00e9 quemar vivo si no renuncias a tu religi\u00f3n\u00bb. A lo que s. Policarpo respondi\u00f3: \u00abVerdaderamente me haces una amenaza terrible; \u00bfacaso crees que hay que temer un fuego que se apaga al cabo de una hora o poco m\u00e1s? Te dir\u00e9 qu\u00e9 fuego hay que temer y que t\u00fa no conoces. Hay un fuego de penas atroces que est\u00e1 reservado en la otra vida a los imp\u00edos; ese es el fuego que yo temo\u00bb. (<em>De Cesari)<\/em>.<\/li>\n<\/ol>\n<p>Hay un se\u00f1or en el reino de Francia que hab\u00eda pasado su vida en los placeres y deleites del mundo. Sin embargo, era muy culto y un d\u00eda comenz\u00f3 a pensar si los condenados al infierno ser\u00edan liberados despu\u00e9s de mil a\u00f1os; y respondi\u00f3 a su pensamiento que no. Luego se dijo a s\u00ed mismo: \u00bfquiz\u00e1s ser\u00e1n liberados despu\u00e9s de cien mil a\u00f1os? Pero su pensamiento respondi\u00f3 igualmente que no. Luego se dec\u00eda: \u00bfQuiz\u00e1s ser\u00e1n liberados despu\u00e9s de mil millones de a\u00f1os? No, dec\u00eda. \u00bfO al menos los condenados saldr\u00e1n del infierno cuando hayan pasado tantos miles de a\u00f1os como gotas de agua hay en el mar? Y se respondi\u00f3 a s\u00ed mismo que nunca. Conmovido por este pensamiento, sinti\u00f3 un gran dolor por sus pecados y se puso a llorar por la vida desordenada que hab\u00eda llevado hasta entonces; luego abandon\u00f3 el pecado, el mundo y sus vanidades. Cuando comenz\u00f3 a saborear la dulzura del servicio de Dios, dec\u00eda: \u00abOh, cu\u00e1n necios y miserables son los hombres del mundo, que por el placer de un momento se condenan a un castigo eterno que nunca tendr\u00e1 fin\u00bb. (<em>Por Passavanti<\/em> -fraile dominico, florenttino<em>)<\/em>.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Jaculatoria<\/em><\/p>\n<p>Siento en lo m\u00e1s profundo del coraz\u00f3n<\/p>\n<p>Una voz que siempre me dice:<\/p>\n<p>Oh, buena o infeliz,<\/p>\n<p>tendr\u00e1s la eternidad.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Oraci\u00f3n. <\/em>Acu\u00e9rdate, oh piados\u00edsima Virgen Mar\u00eda&#8230;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><a name=\"_Toc206830786\"><\/a><strong>D\u00eda vig\u00e9simo. La misericordia de Dios<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Deus, in adiutorium etc.<\/em><\/p>\n<ol>\n<li>La justicia con la que Dios castiga el pecado en la otra vida causa temor en los corazones m\u00e1s obstinados en la culpa. Desgraciados aquellos que ya se encuentran en esos lugares de eternos tormentos. Bienaventurados nosotros, que a\u00fan podemos servirnos de la misericordia de Dios. Al\u00e9grate, cristiano, y abre tu coraz\u00f3n a grandes esperanzas. Mientras el alma est\u00e1 unida al cuerpo, es tiempo de misericordia y perd\u00f3n. Dios, que siente gran disgusto por nuestras ofensas, nos sufre con infinita bondad, disimulando nuestros pecados y esper\u00e1ndonos en penitencia. <em>Dissimulans peccata hominum propter p\u00e6nitentiam <\/em>(Sab 11). No, dice Dios en otro lugar, no quiero la muerte del pecador, sino que se convierta y viva. Que el pecador abandone el camino de la iniquidad y se convierta a su Se\u00f1or, y tendr\u00e9 compasi\u00f3n de \u00e9l. M\u00e1s a\u00fan, dice Dios, si tu alma estuviera toda manchada de pecados, vuelve a m\u00ed y te la devolver\u00e9 blanca como la nieve. <em>Dealbabuntur ut nix. <\/em>\u00c1nimo, pues, pecador. Dios pod\u00eda haberte hecho morir en cuanto cometiste el primer pecado. Pero te ha conservado con vida para mostrarte su misericordia, y ahora te ofrece su gracia.<\/li>\n<li>Sin embargo, el tiempo en que Dios usa su misericordia es la vida presente. \u00c9l ha querido hacernos conocer esta important\u00edsima verdad con una larga serie de hechos registrados en la Biblia. Ad\u00e1n desobedece a Dios y, con tal desobediencia, se condena a s\u00ed mismo y a toda su descendencia a la muerte eterna; pero Dios acude r\u00e1pidamente en su ayuda con su misericordia y, cambiando la muerte eterna del alma por la muerte temporal del cuerpo, proporciona un medio de salvaci\u00f3n con la promesa del Salvador.<\/li>\n<\/ol>\n<p>Al multiplicarse los hombres, llenan la tierra de iniquidad, hasta tal punto que Dios decide enviar un diluvio universal. Pero antes de llevar a cabo tal castigo, env\u00eda a No\u00e9 a predicar el inminente castigo divino durante ciento veinte a\u00f1os. Castig\u00f3 varias veces al pueblo jud\u00edo, pero tan pronto como daba se\u00f1ales de arrepentimiento, Dios lo tomaba r\u00e1pidamente bajo su protecci\u00f3n y lo liberaba de la opresi\u00f3n de sus enemigos. La populosa ciudad de N\u00ednive se entrega a los mayores disturbios, y Dios decide castigarla con la destrucci\u00f3n total de la ciudad y de sus ciudadanos. Pero Dios quiere hacer un esfuerzo m\u00e1s enviando al profeta Jon\u00e1s a predicar la penitencia. N\u00ednive escucha la voz del ministro de Dios, abandona el pecado, se apacigua la ira divina, a la que sustituye la misericordia infinita, y N\u00ednive se salva.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 diremos entonces de las se\u00f1ales de misericordia que nos ha dado nuestro Divino Salvador? Cu\u00e1ntos milagros, cu\u00e1ntas par\u00e1bolas, cu\u00e1ntos hechos, cu\u00e1ntas expresiones demuestran en el Evangelio esta verdad. Basta decir que, como nos asegura el Salvador, hay m\u00e1s alegr\u00eda en el cielo por un pecador que se convierte que por noventa y nueve justos que caminan por la senda de la salvaci\u00f3n. \u00bfQu\u00e9 m\u00e1s? El Salvador lleg\u00f3 a decir que no hab\u00eda venido a llamar a los justos, sino a los pecadores: <em>non veni vocare iustos, sed peccatores. <\/em>Si deseas un hecho que demuestre hasta qu\u00e9 punto ha llegado la misericordia de Dios, alza la mirada hacia un crucifijo y ver\u00e1s al Hijo de Dios muerto por nosotros, es decir, para salvar nuestras almas condenadas al infierno por el pecado.<\/p>\n<p>Esta misericordia es grande, y Dios quiere conced\u00e9rnosla en la vida presente; pero \u00a1ay de aquellos que abusan de ella! Por eso, dice san Agust\u00edn, si ahora por desgracia est\u00e1s en pecado, espera la misericordia, pero si est\u00e1s en gracia, teme su justicia. <em>Post peccatum spera misericordiam, ante peccatum pertimesce iustitiam. <\/em>Recordemos que Dios es misericordioso y justo. Es misericordioso con quienes quieren aprovechar su misericordia, pero luego usa el rigor de su justicia hacia quienes no quieren aprovechar su misericordia.<\/p>\n<p>\u00c1nimo, cristiano, Dios nos llama, nos ofrece un generoso perd\u00f3n de los pecados, quiere cerrar el infierno, quiere abrirnos el Para\u00edso. Jes\u00fas nos llama desde la cruz, Mar\u00eda y todos los santos nos invitan desde el cielo. Hagamos una gran fiesta en el Para\u00edso con un pronto regreso al Se\u00f1or.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Ejemplo<\/em><\/p>\n<p>Un joven moden\u00e9s de familia honorable, tras completar sus estudios, se dej\u00f3 seducir por unos malos compa\u00f1eros. Un abismo conduce a otro abismo, de modo que, entreg\u00e1ndose a los juegos, a los excesos y a los placeres, llegando incluso a convertirse en el l\u00edder de otros compa\u00f1eros para arrastrarlos con \u00e9l por el camino del pecado. Toda la ciudad de M\u00f3dena hablaba de la vida escandalosa de aquel joven, cuando la mano de Dios lo golpe\u00f3 con una grave enfermedad. Al agravarse el mal, el m\u00e9dico dio por desesperada su salud y recomend\u00f3 que se le administraran los santos sacramentos lo antes posible. Invitado por su madre a confesarse, el desdichado hijo la apart\u00f3 de s\u00ed con palabras de desprecio e insultos. Poco despu\u00e9s, ella volvi\u00f3 a insistirle y le expuso los motivos m\u00e1s apasionantes de la religi\u00f3n, pero el hijo estall\u00f3 en blasfemias. La buena madre, profundamente afligida, ya no sab\u00eda a qu\u00e9 recurrir. Una vecina, avisada del triste caso, acudi\u00f3 en su ayuda, llam\u00f3 a la madre aparte y le sugiri\u00f3 que, sin que \u00e9l lo supiera, colocara la medalla de la Inmaculada Concepci\u00f3n bajo la almohada de su hijo. Hecho esto, se pusieron juntas a recitar las letan\u00edas de la Sant\u00edsima Virgen. \u00a1Cu\u00e1n piadosa eres, Mar\u00eda! Las letan\u00edas a\u00fan no hab\u00edan terminado cuando el enfermo grit\u00f3 en voz alta: \u00abMadre, madre\u00bb. Ella corri\u00f3 jadeando y su hijo le dijo: \u00abR\u00e1pido, r\u00e1pido, ve a llamar al arcipreste para que venga a confesarme\u00bb. Con el coraz\u00f3n lleno de alegr\u00eda, la madre corri\u00f3 a buscar al confesor, quien, jubiloso, se dirigi\u00f3 r\u00e1pidamente hacia el enfermo. Escucha la confesi\u00f3n y luego le lleva el Sant\u00edsimo Sacramento, acompa\u00f1ado de muchas personas. Entra Jes\u00fas en la habitaci\u00f3n del enfermo y el joven, lleno de compunci\u00f3n por sus pecados, entre l\u00e1grimas y suspiros, pide perd\u00f3n por los esc\u00e1ndalos causados, prometiendo repararlos si Dios, en su misericordia, le conservaba a\u00fan con vida. Contra todo pron\u00f3stico, el enfermo se cura r\u00e1pidamente de su enfermedad mortal y, manteniendo su promesa con todo su empe\u00f1o, se esfuerza por reparar con una conducta edificante el grave da\u00f1o causado a sus compa\u00f1eros con su vida escandalosa. Para que se hiciera p\u00fablica la gracia y su conversi\u00f3n, que \u00e9l reconoce de la Madre de la misericordia, hizo escribir todo el hecho por un notario p\u00fablico, y como narraci\u00f3n aut\u00e9ntica fue publicado en muchos peri\u00f3dicos, entre otros en el <em>Amico della giovent\u00f9<\/em> (Amigo de la juventud).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Jaculatoria<\/em><\/p>\n<p>Oh Madre de amor,<\/p>\n<p>T\u00fa obt\u00e9n para mi coraz\u00f3n<\/p>\n<p>Que pec\u00f3 con ingratitud,<\/p>\n<p>Amor a mi Dios,<\/p>\n<p>Que tanto me am\u00f3.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Oraci\u00f3n. <\/em>Acu\u00e9rdate, oh piados\u00edsima Virgen Mar\u00eda&#8230;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><a name=\"_Toc206830787\"><\/a><strong>D\u00eda vig\u00e9simo primero. La confesi\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Deus, in adiutorium, etc.<\/em><\/p>\n<ol>\n<li>En el sacramento de la confesi\u00f3n encontramos una gran muestra de la misericordia de Dios hacia los pecadores. Si Dios hubiera dicho que nos perdonar\u00eda nuestros pecados solo con el Bautismo, y no los que por desgracia se cometieran despu\u00e9s de recibir este Sacramento, \u00a1cu\u00e1ntos cristianos se perder\u00edan! Pero Dios, conociendo nuestra gran miseria, estableci\u00f3 otro Sacramento, con el que se nos perdonan los pecados cometidos despu\u00e9s del Bautismo. Este es el Sacramento de la Confesi\u00f3n. As\u00ed lo dice el Evangelio: ocho d\u00edas despu\u00e9s de su resurrecci\u00f3n, Jes\u00fas se apareci\u00f3 a sus disc\u00edpulos y les dijo: \u00abLa paz sea con vosotros. Como el Padre Celestial me envi\u00f3 a m\u00ed, as\u00ed os env\u00edo yo a vosotros, es decir, la facultad que me ha dado el Padre Celestial para hacer lo que se juzga bueno para la salvaci\u00f3n de las almas, la misma os doy a vosotros. Luego, el Salvador, soplando sobre ellos, dijo: \u00abRecibid el Esp\u00edritu Santo; a quienes perdon\u00e9is los pecados, les ser\u00e1n perdonados; a quienes se los reteng\u00e1is, les ser\u00e1n retenidos\u00bb. Todos comprenden que las palabras \u00abretener\u00bb o \u00abno retener\u00bb significan \u00abdar\u00bb o \u00abno dar\u00bb la absoluci\u00f3n. Esta es la gran facultad dada por Dios a sus ap\u00f3stoles y a sus sucesores en la administraci\u00f3n de los santos sacramentos. De estas palabras del Salvador nace la obligaci\u00f3n de los ministros sagrados de escuchar las confesiones, y nace igualmente la obligaci\u00f3n del cristiano de confesar sus faltas, para que se sepa cu\u00e1ndo se debe dar o no la absoluci\u00f3n, qu\u00e9 consejos sugerir para reparar el mal hecho, dar, en definitiva, todos aquellos consejos paternos que se consideren necesarios para reparar los males de la vida pasada y no cometerlos m\u00e1s en el futuro.<\/li>\n<li>La confesi\u00f3n no fue algo que se practicara solo en alg\u00fan momento y en alg\u00fan lugar. Tan pronto como los Ap\u00f3stoles comenzaron a predicar el Evangelio, comenz\u00f3 a practicarse el sacramento de la Penitencia. Leemos que cuando san Pablo predicaba en \u00c9feso, muchos fieles que ya hab\u00edan abrazado la fe se acercaban a los pies de los Ap\u00f3stoles y confesaban sus pecados. <em>Confitentes et annunciantes actus suos. <\/em>Desde el tiempo de los Ap\u00f3stoles hasta nuestros d\u00edas se ha observado siempre la pr\u00e1ctica de este gran sacramento. La Iglesia cat\u00f3lica ha condenado en todo tiempo como herejes a los que se atrevieron a negar esta verdad. Tampoco hay nadie que haya podido dispensarse de ella. Ricos y pobres, siervos y se\u00f1ores, reyes, monarcas, emperadores, sacerdotes, obispos, los mismos Sumos Pont\u00edfices, todos deben arrodillarse a los pies de un ministro sagrado para obtener el perd\u00f3n de las culpas que por casualidad hayan cometido despu\u00e9s del Bautismo. \u00a1Pero por desgracia! \u00a1cu\u00e1ntos cristianos aprovechan raramente o aprovechan mal este Sacramento! Algunos se acercan sin examinar su conciencia, otros se confiesan con indiferencia, sin dolor ni prop\u00f3sito, otros callan cosas importantes en la confesi\u00f3n o no cumplen las obligaciones impuestas por el confesor. Estos toman lo m\u00e1s santo y \u00fatil para utilizarlo en su propia ruina. Santa Teresa tuvo una terrible visi\u00f3n al respecto. Vio que las almas ca\u00edan al infierno como cae la nieve en invierno sobre las monta\u00f1as. Asustada por tal revelaci\u00f3n, pidi\u00f3 explicaci\u00f3n a Jesucristo, y obtuvo como respuesta que aquellos iban a la perdici\u00f3n por las confesiones mal hechas en vida.<\/li>\n<li>\u00c1nimo, cristianos, aprovechemos este Sacramento de misericordia, pero aprovech\u00e9moslo con la debida disposici\u00f3n. Precedamos con un examen diligente de nuestras culpas, confes\u00e9moslas todas, las ciertas como ciertas, las dudosas como dudosas, tal y como las conocemos, pero con gran dolor por haberlas cometido; prometamos no volver a cometerlas en el futuro. Pero, sobre todo, mostremos el fruto de nuestras confesiones con una mejora en nuestra vida. Dios dice en el Evangelio que por el fruto se conoce la bondad del \u00e1rbol, as\u00ed que por la mejora de nuestra vida se manifestar\u00e1 la bondad o la nulidad de nuestras confesiones: <em>ex fructibus eorum cognoscetis eos.<\/em><\/li>\n<\/ol>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Ejemplo<\/em><\/p>\n<p>Un joven de la ciudad de Montmirail, en Francia, hab\u00eda vivido cristianamente hasta los quince a\u00f1os, cuando tuvo la desgracia de caer en malas compa\u00f1\u00edas. Las malas conversaciones y la lectura de libros perniciosos lo sumieron en el abismo de la incredulidad y el libertinaje. Sus padres se esforzaron por enderezarlo, pero al no conseguirlo, acudieron a la Iglesia la tarde de la Inmaculada Concepci\u00f3n (8 de diciembre de 1839) y lo encomendaron a las oraciones de los agregados al Sagrado Coraz\u00f3n de Mar\u00eda. La misma noche en que fue encomendado, el joven lleg\u00f3 a casa y, sin decir nada, contrariamente a su costumbre, se fue a dormir. \u00c9l no pensaba en Mar\u00eda, pero Ella pensaba en \u00e9l. El 10 de diciembre, casi fuera de s\u00ed, llam\u00f3 a su padre y le dijo: \u00abPadre m\u00edo, soy infeliz y sufro mucho, hace treinta y seis horas que no puedo comer ni dormir. Soy un le\u00f3n enfurecido y ya no s\u00e9 qu\u00e9 decir ni qu\u00e9 hacer; tengo que ir a ver al cura\u00bb. Se marcha, va a ver al cura y, agitado por los remordimientos de su conciencia, le suplica que le confiese. \u00abLe ruego, le dijo al cura, que me confiese inmediatamente. No puedo seguir viviendo as\u00ed\u00bb. El p\u00e1rroco lo anim\u00f3, lo consol\u00f3 y, poco despu\u00e9s, escuch\u00f3 su dolorosa confesi\u00f3n. Una vez recibida la absoluci\u00f3n, sinti\u00f3 que su coraz\u00f3n se inundaba de tal consuelo que no pod\u00eda contenerlo. Al llegar a casa, le manifest\u00f3 a su padre la gracia recibida y la tranquilidad paradis\u00edaca que sent\u00eda. Lo que a\u00fan le preocupaba era el arrepentimiento de aquellos a quienes hab\u00eda arrastrado al mal con sus esc\u00e1ndalos. Lleno de valor cristiano, sin importarle lo que dijeran sus antiguos compa\u00f1eros, les cont\u00f3 lo que le hab\u00eda sucedido, el consuelo que sent\u00eda despu\u00e9s de la confesi\u00f3n y les exhort\u00f3 con todas sus fuerzas a que tambi\u00e9n lo intentaran. En resumen, esta nueva presa de la misericordia de Mar\u00eda hizo como el penitente David cuando, para reparar el esc\u00e1ndalo causado, se esforz\u00f3 por ganar almas para Dios. <em>Docebo iniquos vias tuas.<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Jaculatoria<\/em><\/p>\n<p>Haz que de Dios obtenga,<\/p>\n<p>Madre de amor,<\/p>\n<p>De mis culpas<\/p>\n<p>Vivo dolor.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Oraci\u00f3n. <\/em>Acu\u00e9rdate, oh piados\u00edsima Virgen Mar\u00eda&#8230;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><a name=\"_Toc206830788\"><\/a><strong>D\u00eda vig\u00e9simo segundo. El confesor<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Deus, in adiutorium, etc.<\/em><\/p>\n<ol>\n<li>Cuando t\u00fa, cristiano, vas a la iglesia y ves a un sacerdote en el tribunal de penitencia, recuerda que ese es ministro de Jesucristo, quien en nombre de Dios perdona los pecados de los hombres. Si hubiera un reo condenado a muerte por un delito grave y, en el momento de ser conducido al pat\u00edbulo, se le presentara un ministro del rey diciendo: \u00abTu culpa est\u00e1 perdonada; el rey te concede el indulto y te acoge entre sus amigos; y para que no dudes de lo que te digo, aqu\u00ed tienes el decreto que me autoriza a revocar la sentencia de muerte\u00bb, \u00bfqu\u00e9 sentimientos de gratitud y amor expresar\u00eda este culpable hacia el rey y hacia su ministro? Esto es precisamente lo que nos ocurre a nosotros. Somos verdaderamente culpables, pues pecando hemos merecido el castigo eterno del infierno. El ministro del Rey de reyes, en nombre de Dios, en el tribunal de la penitencia, nos dice: Dios me env\u00eda a vosotros para absolveros de vuestras culpas, para cerraros las puertas del infierno, abriros las del Para\u00edso y devolveros la amistad de Dios. Para que no dud\u00e9is de la facultad que se me ha concedido, he aqu\u00ed un decreto firmado por Jesucristo mismo, que me autoriza a revocar la sentencia de muerte. El decreto dice as\u00ed: a quienes perdon\u00e9is los pecados, les ser\u00e1n perdonados; a quienes se los reteng\u00e1is, les ser\u00e1n retenidos. <em>Quorum remiseritis peccata, remittuntur eis; quorum retinueritis, retenta sunt. <\/em>\u00a1Con qu\u00e9 estima y veneraci\u00f3n debemos acercarnos a un ministro que, en nombre de Dios, puede hacernos tanto bien e impedirnos tanto mal!<\/li>\n<li>Por lo tanto, cada vez que te acerques a este augusto Sacramento, imagina que te acercas al mismo Jesucristo. \u00c9l mismo dice: quien os escucha, es decir, a sus ministros, me escucha a m\u00ed; quien os desprecia, me desprecia a m\u00ed. <em>Qui vos audit, me audit; qui vos spernit, me spernit.<\/em> Estamos convencidos de que cuando vamos a confesarnos, escuchamos la voz de Dios, que pronuncia la sentencia de absoluci\u00f3n o de condena. Pero como todo lo que hace y dice el confesor, lo hace con autoridad divina y como padre, as\u00ed en ese tribunal de penitencia es un amigo que no desea otra cosa que el bien de nuestra alma, es un m\u00e9dico capaz de curar todas las heridas del alma; es un juez, pero no para condenarnos, sino para absolvernos y liberarnos de la muerte eterna; es un ministro de Dios que con la sangre de Jesucristo lava las manchas del alma. \u00a1Con qu\u00e9 confianza deber\u00edamos hablar con \u00e9l y abrirle sinceramente todos los secretos de nuestra conciencia!<\/li>\n<li>Tampoco debe ser un obst\u00e1culo el temor de que revele a otros lo que ha o\u00eddo en la confesi\u00f3n. No, esto nunca ha sido as\u00ed en el pasado, ni lo ser\u00e1 en el futuro. Un buen padre guarda sin duda bajo secreto las confidencias de sus hijos. El confesor es un verdadero padre espiritual; por eso, incluso hablando humanamente, guarda bajo estricto secreto lo que le revelamos. Pero hay m\u00e1s: un precepto absoluto, natural, eclesi\u00e1stico y divino obliga al confesor a guardar silencio sobre todo lo que se le confiesa. Ni siquiera para impedir un mal grave, para liberarse a s\u00ed mismo y al mundo entero de la muerte, puede hacer uso de una informaci\u00f3n obtenida en confesi\u00f3n, a menos que el penitente le conceda expresamente la facultad de hablar de ello. Ve, pues, cristiano, ve a menudo a este amigo; cuanto m\u00e1s a menudo acudas a \u00e9l, m\u00e1s seguro estar\u00e1s de caminar por el camino del cielo; cuanto m\u00e1s a menudo acudas a \u00e9l, m\u00e1s confirmado te ser\u00e1 el perd\u00f3n de tus pecados y te ser\u00e1 asegurada la felicidad eterna prometida por el mismo Jesucristo, que dio un poder tan grande a sus ministros. No te detenga la multitud ni la gravedad de tus faltas. El sacerdote es ministro de la misericordia de Dios, que es infinita. Por eso puede absolver cualquier n\u00famero de pecados, por graves que sean. Llevemos solo un coraz\u00f3n humilde y contrito, y entonces el perd\u00f3n ser\u00e1 seguro. <em>Cor contritum et humiliatum. Deus, non despicies.<\/em><\/li>\n<\/ol>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Ejemplo<\/em><\/p>\n<p>Entre los muchos ejemplos que se pueden citar de firmeza en la conservaci\u00f3n del secreto de confesi\u00f3n, es famoso el de San Juan Nepomuceno, can\u00f3nigo de Bohemia. Este santo sacerdote se hab\u00eda consagrado por completo a escuchar las confesiones de los fieles. Todos acud\u00edan a \u00e9l; la propia reina lo eligi\u00f3 como su confesor. Ahora bien, sucedi\u00f3 que el rey, que se llamaba Wenceslao, por algunos caprichos suyos, quiso saber lo que la reina le hab\u00eda dicho en confesi\u00f3n: inst\u00f3 varias veces a san Juan a que se lo dijera, pero \u00e9l siempre respond\u00eda que lo que hab\u00eda o\u00eddo solo lo sab\u00eda Dios, que estaba obligado a guardar un gran secreto y que por nada del mundo dir\u00eda ni la m\u00e1s m\u00ednima cosa que se le hab\u00eda confesado. Si no me dices lo que te pido, te castigar\u00e9 severamente; te meter\u00e9 en la c\u00e1rcel a pan y agua, te har\u00e9 azotar con varas y qui\u00e9n sabe&#8230; si tu cabeza no pagar\u00e1 por tu obstinaci\u00f3n. Pr\u00edncipe \u2014respondi\u00f3 el santo confesor\u2014, te repito que tengo un gran deber ante Dios, al que debo obedecer rigurosamente. Puedes disponer de mi vida a tu antojo y condenarme a cualquier pena, incluso a la muerte, pero yo nunca, jam\u00e1s, revelar\u00e9 nada de lo que he o\u00eddo en confesi\u00f3n. Solo Dios puede penetrar este secreto. El rey, enfurecido, conden\u00f3 al santo a atroces tormentos y a una muerte despiadada. El valiente confesor, firme en su deber, soport\u00f3 todos los sufrimientos con hero\u00edsmo cristiano y con su propia sangre confirm\u00f3 ese dogma tan glorioso para el cristianismo que dice: el secreto de la confesi\u00f3n es inviolable; solo Dios puede penetrarlo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Jaculatoria<\/em><\/p>\n<p>Mar\u00eda, l\u00edbrame<\/p>\n<p>De los lazos del mal,<\/p>\n<p>y haz que tus luces<\/p>\n<p>Iluminen mis ojos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Oraci\u00f3n. <\/em>Acu\u00e9rdate, oh piados\u00edsima Virgen Mar\u00eda&#8230;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><a name=\"_Toc206830789\"><\/a><strong>D\u00eda vig\u00e9simo tercero. Santa Misa<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Deus, in adiutorium etc.<\/em><\/p>\n<ol>\n<li>Si quieres, cristiano, tener una idea correcta de la Santa Misa, transporta tu pensamiento al cen\u00e1culo, cuando el Salvador la celebr\u00f3 por primera vez con sus ap\u00f3stoles. La v\u00edspera de su pasi\u00f3n, el Salvador reuni\u00f3 a sus disc\u00edpulos para celebrar con ellos la \u00faltima Pascua. Al final de la cena, se levant\u00f3 de la mesa, tom\u00f3 el pan, lo bendijo y se lo dio a sus disc\u00edpulos diciendo: Tomad y comed, esto es mi cuerpo, el cuerpo que ser\u00e1 sacrificado por vuestra salvaci\u00f3n. Luego tom\u00f3 una copa, verti\u00f3 en ella vino, alz\u00f3 los ojos al cielo, lo bendijo y se lo dio a sus ap\u00f3stoles diciendo: \u00abTomad y bebed todos, porque esto es mi sangre, la sangre de la nueva alianza, que ser\u00e1 derramada por muchos para la remisi\u00f3n de los pecados. Haced esto en memoria m\u00eda\u00bb.<\/li>\n<\/ol>\n<p>Con estas palabras, Jesucristo instituy\u00f3 el Sacramento de la Eucarist\u00eda y, por lo tanto, instituy\u00f3 la Santa Misa, sin la cual no se cumple este Sacramento. Adem\u00e1s, orden\u00f3 hacer lo que \u00e9l mismo hab\u00eda hecho. He aqu\u00ed la raz\u00f3n por la que la Santa Misa se llama Sacramento y Sacrificio del cuerpo y la sangre de Nuestro Se\u00f1or Jesucristo, que se ofrece y se distribuye bajo las especies del pan y del vino. Este sacrificio fue realizado por Jesucristo en el monte Calvario, y se dice sangriento, es decir, con el derramamiento de toda su sangre. Lo que se hace en la Santa Misa es lo mismo, con la \u00fanica diferencia de que este es incruento, es decir, sin derramamiento de sangre. Por eso, cuando vemos al sacerdote salir de la sacrist\u00eda y dirigirse al altar para celebrarla Santa Misa, es lo mismo que ver a Jesucristo salir de la ciudad de Jerusal\u00e9n y llevar la cruz al monte Calvario para ser crucificado all\u00ed y derramar hasta la \u00faltima gota de su preciosa sangre. la Santa Misa. As\u00ed como no se puede imaginar nada m\u00e1s precioso, m\u00e1s santo, m\u00e1s grande que el cuerpo y la sangre de Jesucristo, as\u00ed tampoco, cuando vamos a escuchar la Santa Misa, podemos hacer nada que pueda reportar mayor gloria a Dios y mayor utilidad a nuestras almas.<\/p>\n<ol start=\"2\">\n<li>Pero quiero que tengas presente, oh cristiano, que la sangre de Jesucristo fue derramada en la cruz tambi\u00e9n por las almas del Purgatorio. Por eso, la Santa Misa es el medio m\u00e1s eficaz para aliviar las almas de los fieles difuntos, si por casualidad se encuentran en esas penas. Procura, pues, celebrar alguna Misa y, si no puedes, procura al menos escucharla en sufragio de tus parientes o de alg\u00fan amigo difunto. Escucha lo que dicen los santos Padres al respecto. San Gregorio Magno dice: <em>\u00abEl castigo de los vivos y de los muertos ser\u00e1 mitigado para aquellos por quienes se celebra la Santa Misa; dicho castigo ser\u00e1 mitigado de manera especial para aquellos por quienes se reza expresamente en la Santa Misa\u00bb. <\/em>El mismo santo dice en otro lugar: <em>escuchar devotamente una misa es aliviar las almas de los fieles difuntos, obteniendo la remisi\u00f3n de sus pecados. <\/em>San Jer\u00f3nimo, gran Doctor de la Santa Iglesia, se expresa as\u00ed: <em>Por cada misa celebrada devotamente, muchas almas salen del Purgatorio. <\/em>En otro lugar a\u00f1ade: <em>Las almas que est\u00e1n atormentadas en el Purgatorio no sufren ning\u00fan tormento mientras se celebra la Santa Misa, si el sacerdote reza por ellas al ofrecer este sacrificio. <\/em>Por eso te recomiendo con todo mi saber y poder que nunca olvides a tus parientes y amigos difuntos cada vez que celebres o vayas a escuchar la Santa Misa.<\/li>\n<li>Pero debo recomendarte, oh lector, que no te suceda lo que, por desgracia, les sucede a muchos cristianos cuando van a escuchar la Santa Misa. \u00a1Cu\u00e1n triste es ver a tantos cristianos que dan poca o ninguna importancia a este augusto sacrificio del altar! Algunos van a escucharla raramente, o lo hacen de mala gana; otros la escuchan distra\u00eddos, sin modestia, sin veneraci\u00f3n, sin respeto, permaneciendo sentados o de pie, a veces riendo, a veces hablando o mirando aqu\u00ed y all\u00e1. Cuando vayamos a escucharla Santa Misa, procuremos asistir con el mayor recogimiento. Nuestro esp\u00edritu, el coraz\u00f3n y los sentimientos no se ocupen de otra cosa que de honrar a Dios. \u00a1Oh! \u00bfQu\u00e9 gracias y bendiciones nos puede aportar una misa bien escuchada? Escuchemos lo que nos dice el beato Leonardo: \u00abCreo, dice, que si no fuera por la Santa Misa, el mundo ya se habr\u00eda hundido, por no poder soportar el peso de tantas iniquidades. La Misa es ese poderoso apoyo el que lo sostiene en pie\u00bb. Para animar a todos los cristianos a ser diligentes en escuchar la Santa Misa, el mismo santo sol\u00eda predicar as\u00ed: \u00abDejadme subir a la cima de las monta\u00f1as m\u00e1s altas y all\u00ed gritar con gran voz: \u00a1Pueblos enga\u00f1ados, pueblos enga\u00f1ados! \u00bfQu\u00e9 hac\u00e9is? \u00bfPor qu\u00e9 no corr\u00e9is a la iglesia a escuchar santamente todas las misas que pod\u00e9is?<\/li>\n<\/ol>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Ejemplo<\/em><\/p>\n<p>Vayamos con diligencia a escuchar la santa misa. Si nos toca sufrir alguna incomodidad o perder algo de tiempo, no nos inquietemos; Dios sabr\u00e1 recompensarlo todo. San Isidoro era un pobre campesino. Todos los d\u00edas del a\u00f1o se levantaba temprano, iba a escuchar la santa misa y luego se dedicaba a hacer lo que le mandaba su amo. De este modo, atrajo las bendiciones del Se\u00f1or sobre su trabajo y sobre los campos de sus amos, de modo que todo le sal\u00eda bien. Si la Misa\u00a0 es fuente de bendiciones en las cosas temporales, \u00bfqu\u00e9 gracias no nos obtendr\u00e1 del Se\u00f1or para nuestra alma, tanto en la vida presente como en la futura?<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Jaculatoria<\/em><\/p>\n<p>Salve, Sant\u00edsimo<\/p>\n<p>Cuerpo divino,<\/p>\n<p>De la Virgen pura<\/p>\n<p>Nacido ni\u00f1o.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Oraci\u00f3n. <\/em>Acu\u00e9rdate, oh piados\u00edsima Virgen Mar\u00eda&#8230;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><a name=\"_Toc206830790\"><\/a><strong>D\u00eda vig\u00e9simo cuarto. La Santa Comuni\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Deus, in adiutorium, etc.<\/em><\/p>\n<ol>\n<li>Comprende, oh cristiano, \u00bfqu\u00e9 significa hacer la Santa Comuni\u00f3n? Significa acercarse a la mesa de los \u00e1ngeles para recibir el cuerpo, la sangre, el alma y la divinidad de Nuestro Se\u00f1or Jesucristo, que se da como alimento a nuestra alma bajo la apariencia del pan y del vino consagrados. En la Misa, en el momento en que el sacerdote pronuncia las palabras de la consagraci\u00f3n sobre el pan y el vino, el pan y el vino se convierten en el cuerpo y la sangre de Jesucristo. Las palabras utilizadas por nuestro divino Salvador al instituir este sacramento son: \u00abEste es mi cuerpo, esta es mi sangre: <em>hoc est corpus meum, hic est calix sanguinis mei\u00bb. <\/em>Estas mismas palabras las utilizan los sacerdotes en nombre de Jesucristo en el sacrificio de la Santa Misa. Por lo tanto, cuando vamos a comulgar, recibimos al mismo Jesucristo en cuerpo, sangre, alma y divinidad, es decir, verdadero Dios y verdadero hombre vivo como est\u00e1 en el cielo. No es su imagen, ni siquiera su figura, como una estatua o un crucifijo, sino Jesucristo mismo, tal y como naci\u00f3 de la Virgen Mar\u00eda Inmaculada y muri\u00f3 por nosotros en la cruz. Jesucristo mismo nos asegur\u00f3 su presencia real en la Santa Eucarist\u00eda cuando dijo: <em>\u00abEste es mi cuerpo, que ser\u00e1 entregado por la salvaci\u00f3n de los hombres: corpus, quod pr\u00f2 vobis tradetur\u00bb. Este es el pan vivo que descendi\u00f3 del cielo: hic est panis vivus, qui de caelo descendit. <\/em>El pan que yo dar\u00e9 es mi carne. La bebida que yo doy es mi sangre verdadera. Quien no come este cuerpo y no bebe esta sangre, no tiene vida en s\u00ed mismo.<\/li>\n<li>Jes\u00fas, habiendo instituido este sacramento para el bien de nuestras almas, desea que nos acerquemos a \u00e9l con frecuencia. Estas son las palabras con las que nos invita: venid a m\u00ed todos los que est\u00e1is cansados y oprimidos, y yo os aliviar\u00e9: <em>venite ad me omnes qui laboratis et onerati estis, et ego reficiam vos.<\/em> En otro lugar dec\u00eda a los jud\u00edos: \u00abVuestros padres comieron el man\u00e1 en el desierto y murieron; pero el que come el alimento que el man\u00e1 representa, el alimento que yo doy, que es mi cuerpo y mi sangre, no morir\u00e1 eternamente. El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en m\u00ed y yo en \u00e9l; porque mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida\u00bb. \u00bfQui\u00e9n podr\u00eda resistirse a estas amorosas invitaciones del divino Salvador? Para corresponder a estas invitaciones, los cristianos de los primeros tiempos acud\u00edan cada d\u00eda a escuchar la palabra de Dios y cada d\u00eda se acercaban a la santa Comuni\u00f3n. Es en este sacramento donde los m\u00e1rtires encontraban su fortaleza, las v\u00edrgenes su fervor, los santos su valor.<\/li>\n<\/ol>\n<p>\u00bfCon qu\u00e9 frecuencia nos acercamos nosotros a este alimento celestial? Si examinamos los deseos de Jesucristo y nuestra necesidad, debemos comulgar muy a menudo. As\u00ed como el man\u00e1 sirvi\u00f3 de alimento corporal a los jud\u00edos todos los d\u00edas durante el tiempo que vivieron en el desierto, hasta que fueron conducidos a la tierra prometida, as\u00ed la santa comuni\u00f3n deber\u00eda ser nuestro consuelo, nuestro alimento diario en los peligros de este mundo, para guiarnos a la verdadera tierra prometida del para\u00edso. S. Agust\u00edn dice as\u00ed: Si cada d\u00eda pedimos a Dios el pan corporal, \u00bfpor qu\u00e9 no nos procuraremos tambi\u00e9n alimentarnos cada d\u00eda del pan espiritual con la santa comuni\u00f3n? San Felipe Neri animaba a los cristianos a confesarse cada ocho d\u00edas y a comulgar incluso m\u00e1s a menudo, seg\u00fan el consejo del confesor. Finalmente, la Santa Iglesia manifiesta su vivo deseo de la Comuni\u00f3n frecuente en el Concilio de Trento, donde dice: \u00abSer\u00eda sumamente deseable que todo cristiano fiel se mantuviera en tal estado de conciencia que pudiera hacer la santa Comuni\u00f3n cada vez que asistiera a la santa Misa\u00bb. El pont\u00edfice Clemente XIII, para animar a los cristianos a acercarse con gran frecuencia a la santa confesi\u00f3n y a la comuni\u00f3n, concedi\u00f3 el siguiente favor: aquellos fieles cristianos que tienen la loable costumbre de confesarse cada semana pueden obtener la indulgencia plenaria cada vez que hacen la santa comuni\u00f3n.<\/p>\n<ol start=\"3\">\n<li>Algunos dir\u00e1n: soy demasiado pecador. Si eres pecador, procura ponerte en gracia con el sacramento de la confesi\u00f3n y luego ac\u00e9rcate a la Santa Comuni\u00f3n, y obtendr\u00e1s una gran ayuda. Otro dir\u00e1: \u00abMe comunico rara vez para tener m\u00e1s fervor\u00bb. Esto es un enga\u00f1o. Las cosas que se hacen raramente se hacen mal. Por otra parte, siendo frecuentes tus necesidades, frecuente debe ser el socorro para tu alma. Algunos a\u00f1aden: \u00abEstoy lleno de enfermedades espirituales y no me atrevo a comulgar a menudo\u00bb. Jesucristo responde: <em>los que est\u00e1n bien no necesitan m\u00e9dico; <\/em>por eso, los que est\u00e1n m\u00e1s sujetos a dolencias deben ser visitados a menudo por el m\u00e9dico. \u00c1nimo, pues, cristiano, si quieres hacer la acci\u00f3n m\u00e1s gloriosa para Dios, la m\u00e1s agradable a todos los santos del cielo, la m\u00e1s eficaz para vencer las tentaciones, la m\u00e1s segura para perseverar en el bien, que es sin duda la santa Comuni\u00f3n.<\/li>\n<\/ol>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Ejemplo<\/em><\/p>\n<p>Un joven llamado Savio Domingo, por su vivo deseo de complacer a Mar\u00eda, le ofrec\u00eda cada d\u00eda alguna oraci\u00f3n, pero todos los s\u00e1bados hac\u00eda la santa comuni\u00f3n en honor de Ella, a quien sol\u00eda llamar Madre muy querida. En el a\u00f1o 1856 hizo el mes de Mar\u00eda con tal fervor que todos sus compa\u00f1eros quedaron edificados. Todos los d\u00edas le ped\u00eda a Mar\u00eda que lo quitara del mundo antes que perder la virtud de la pureza. El d\u00eda de la clausura pidi\u00f3 una sola gracia: poder hacer una buena comuni\u00f3n antes de morir. La Sant\u00edsima Virgen lo escuch\u00f3. Nueve meses despu\u00e9s (el 9 de marzo de 1857) muri\u00f3 a la edad de quince a\u00f1os, despu\u00e9s de haber recibido la Sant\u00edsima Comuni\u00f3n con la mayor ternura y devoci\u00f3n. En los instantes que transcurrieron entre la recepci\u00f3n de la Comuni\u00f3n y su muerte, no dejaba de decir: \u00abOh, Mar\u00eda, me has escuchado, soy lo suficientemente rico. No te pido nada m\u00e1s que me asistas en estos \u00faltimos momentos de vida y me acompa\u00f1es de esta vida a la eternidad\u00bb. Casi en el mismo momento en que dejaba de pronunciar estas palabras, su alma volaba al cielo, acompa\u00f1ada por Mar\u00eda, a quien hab\u00eda sido ferviente devoto en vida.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Jaculatoria<\/em><\/p>\n<p>Te adoro en todo momento<\/p>\n<p>Oh pan vivo del cielo,<\/p>\n<p>Gran Sacramento.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Oraci\u00f3n. <\/em>Acu\u00e9rdate, oh piados\u00edsima Virgen Mar\u00eda&#8230;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><a name=\"_Toc206830791\"><\/a><strong>D\u00eda vig\u00e9simo quinto. El pecado de la deshonestidad<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Deus, in adiutorium, etc.<\/em><\/p>\n<ol>\n<li>S. Pablo ordena que este pecado ni siquiera se mencione entre los cristianos: <em>impudicitia nequidem nominetur in vobis. <\/em>Yo omitir\u00eda hablar de ello, oh gran ap\u00f3stol de Jesucristo, si este pecado no fuera el gran maestro que env\u00eda tantas almas a la perdici\u00f3n eterna. Podemos decir verdaderamente que este pecado abri\u00f3 las puertas del infierno, y muchos se precipitan en \u00e9l desgraciadamente. Para tener un justo horror, veamos c\u00f3mo Dios detesta este vicio abominable. Quien se entrega a este pecado es comparado con los animales inmundos. El hombre, que fue elevado a la mayor dignidad, ha perdido el intelecto y se ha vuelto semejante a los animales inmundos que se arrastran por el fango. <em>Jumentis insipientibus comparatus est, et similis factus est illis. <\/em>Oh cristiano, reconoce tu dignidad y, al mismo tiempo, comprende el gran mal que haces cuando te abandonas a palabras, pensamientos y obras impuras. Adem\u00e1s, \u00bfpor qu\u00e9 envi\u00f3 Dios un diluvio sobre toda la tierra? Porque la humanidad se hab\u00eda abandonado a la deshonestidad. <em>Omnis caro corruperat viam suam. <\/em>\u00bfPor qu\u00e9 envi\u00f3 un incendio sobre Sodoma, Gomorra y las ciudades vecinas? Porque sus habitantes se hab\u00edan abandonado a este vicio. \u00bfPor qu\u00e9 Onam fue golpeado por una muerte repentina despu\u00e9s de un solo pecado? Porque ese era un pecado de deshonestidad. \u00bfQu\u00e9 precepto especial public\u00f3 Dios desde el monte Sina\u00ed entre truenos y rel\u00e1mpagos? Es el que dice: no fornicar, es decir, no hacer cosas deshonestas. \u00bfCu\u00e1l es el mal que el divino Salvador prohibi\u00f3 fijar con la mirada o retener en el pensamiento? Es la deshonestidad. \u00bfCu\u00e1l es ese gran mal que s. Pablo considera tan grande que no debe nombrarse entre los cristianos? Es la impudicia. <em>Impudicitia nequidem nominetur in vobis.<\/em><\/li>\n<li>De esta doctrina revelada por Dios conocer\u00e1s el gran mal que es la deshonestidad, pero lo conocer\u00e1s mucho m\u00e1s si consideras sus funestas consecuencias. Si entras en las familias y preguntas la causa de tantas discordias, de tantas miserias, de tantos patrimonios arruinados, muchos se ver\u00e1n obligados a responder que la causa fue el abominable vicio de la deshonestidad. Preguntemos a los m\u00e9dicos que frecuentan las casas particulares y los hospitales p\u00fablicos, y nos dir\u00e1n cu\u00e1ntos son los que mueren en la flor de la vida. \u00a1Oh! Si las cenizas de estos pudieran hablar desde sus tumbas, nos dar\u00edan consejos muy \u00fatiles. Unos dir\u00edan que la deshonestidad fue causa de peleas, juegos, borracheras y muerte. Otros, que ese vicio debilit\u00f3 su salud y los llev\u00f3 prematuramente a la tumba, cumpli\u00e9ndose en ellos que los pecados acortan la vida: <em>dies impiorum bremabuntur.<\/em><\/li>\n<li>Pero pasemos por alto estas desgracias que caen sobre el cuerpo y mencionemos algunos de los males que produce en el esp\u00edritu. Dios dice que entregarse a la deshonestidad es lo mismo que perder la fe: <em>luxuriari idem est ac apostatare a Deo.<\/em> De hecho, vemos a cristianos alegres, llenos de fervor en las pr\u00e1cticas religiosas, asiduos a los sacramentos; pero tan pronto como la deshonestidad se abre camino en su coraz\u00f3n, comienzan a volverse tibios, disminuyen la frecuencia de los sacramentos, se aburren de la palabra de Dios, comienzan a dudar de las verdades de la fe y, cayendo de abismo en abismo, terminan por convertirse en incr\u00e9dulos y, a veces, en verdaderos ap\u00f3statas. <em>Luxuriari idem est ac apostatare a Deo. <\/em>\u00bfQu\u00e9 diremos entonces de los castigos eternos reservados en la otra vida a los imp\u00fadicos? No quiero continuar con esta horrible consideraci\u00f3n; m\u00e1s bien sugiero algunos medios para mantener alejados de este vicio a los inocentes y preservar a los que han tenido la desgracia de contraerlo. La confesi\u00f3n frecuente y la comuni\u00f3n frecuente son los dos remedios m\u00e1s eficaces. Huir de las conversaciones obscenas, de las lecturas malas, de las personas entregadas al juego, a la embriaguez y a des\u00f3rdenes similares. Frecuentar la palabra de Dios y leer buenos libros, rezar tres <em>Ave <\/em>Mar\u00edas a la Inmaculada por la ma\u00f1ana y por la noche y besar su medalla. Si t\u00fa, cristiano, practicas estos medios, sin duda te mantendr\u00e1s alejado de este tremendo vicio que ya ha enviado tantas almas al infierno.<\/li>\n<\/ol>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Ejemplo<\/em><\/p>\n<p>Una joven de la ciudad de Tur\u00edn tuvo la desgracia de abandonarse al vicio del que hablamos. Y como les sucede a muchos otros infelices, tambi\u00e9n ella perdi\u00f3 la devoci\u00f3n, abandon\u00f3 la casa paterna para llevar una vida disoluta. Arruinada as\u00ed en las cosas del alma, pronto lo estuvo tambi\u00e9n en las cosas del cuerpo; y, ca\u00edda en una grave enfermedad, estaba casi a punto de morir. Nadie se atrev\u00eda a hablarle de religi\u00f3n. Quien se atrev\u00eda a decirle alguna palabra era expulsado con execraci\u00f3n. Un piadoso sacerdote, informado del triste caso, fue lo suficientemente valiente como para intentarlo tambi\u00e9n. Se present\u00f3 ante la enferma, pero ella, como una furia infernal, le lanz\u00f3 mil maldiciones y quiso obligarlo a huir. El fiel ministro de Dios lo sufri\u00f3 todo y, tras muchos incidentes, consigui\u00f3 que aceptara una medalla de la Inmaculada Concepci\u00f3n. Lleno de esperanza de ganar una hija para Mar\u00eda, el sacerdote se marcha y se une a otros devotos que se re\u00fanen en la iglesia para invocar la protecci\u00f3n de Aquella que es refugio de los pecadores. Al atardecer de ese mismo d\u00eda, regres\u00f3 junto a la enferma, quien lo recibi\u00f3 mejor. Consigui\u00f3 que rezara tres <em>Ave Mar\u00edas. <\/em>Luego se march\u00f3. A\u00fan no hab\u00eda llegado a casa cuando una persona del servicio lo llam\u00f3 con gran urgencia para que regresara junto a la enferma, que quer\u00eda confesarse. Acudi\u00f3 r\u00e1pidamente y la encontr\u00f3 llorando por el dolor de sus pecados, deseando confesarse antes de morir. Hizo su confesi\u00f3n y dio muestras de un arrepentimiento muy sincero. Ella misma pidi\u00f3 recibir la Sagrada Comuni\u00f3n, la extremaunci\u00f3n y la bendici\u00f3n papal, que le fueron administrados r\u00e1pidamente. Parec\u00eda que iba a exhalar su \u00faltimo aliento cuando, reuniendo todas sus fuerzas, dirigi\u00f3 estas \u00faltimas palabras a las personas que, en buen n\u00famero y con gran dolor, se hab\u00edan reunido alrededor de la cama: <em>\u00abAl\u00e9grense todos en su coraz\u00f3n; yo he sido infeliz, el mundo me ha enga\u00f1ado. Yo abandon\u00e9 a Dios y a su Sant\u00edsima Madre, pero ella no me abandon\u00f3 a m\u00ed. Ella me concedi\u00f3 no morir de mala muerte, me concedi\u00f3 de su Hijo la gracia de poder confesarme y as\u00ed cerrar las puertas del infierno y abrirme las del cielo. Despu\u00e9s de mi muerte, contad a todos el gran favor que Mar\u00eda me ha concedido. Muero, y al morir espero encontrarla en el cielo\u00bb. <\/em>Dicho esto, dej\u00f3 caer la cabeza sobre la cama y, tras unos instantes, expir\u00f3.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Jaculatoria<\/em><\/p>\n<p>Mar\u00eda, eres madre tierna<\/p>\n<p>Por los inocentes, y a la vez<\/p>\n<p>Por el pecador que gime,<\/p>\n<p>Que espera en tu piedad.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Toma mi coraz\u00f3n, oh Virgen,<\/p>\n<p>T\u00fa puedes transformarlo;<\/p>\n<p>Dale tus afectos<\/p>\n<p>Dale tu amor divino.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Oraci\u00f3n. <\/em>Acordaos, oh piados\u00edsima Virgen Mar\u00eda&#8230;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><a name=\"_Toc206830792\"><\/a><strong>D\u00eda vig\u00e9simo sexto. La virtud de la pureza<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Deus, in adiutorium, etc.<\/em><\/p>\n<ol>\n<li>Tanto horror produce hablar del pecado de la deshonestidad, como consuelo produce hablar de la virtud de la pureza. Esta sola virtud basta para hacer santo a quien la posee. Los amantes de ella en el Evangelio son comparados por Jes\u00fas a los \u00e1ngeles: <em>erunt sicut angeli Dei in caelo. <\/em>(Mt 22). \u00a1Oh, cu\u00e1n digna eres de la estima de los hombres, oh santa virtud de la pureza! T\u00fa conviertes al hombre, que es polvo y ceniza, en un esp\u00edritu celestial, en un \u00e1ngel. Es m\u00e1s, superior a los propios \u00e1ngeles, porque los \u00e1ngeles son esp\u00edritus puros y nosotros, para conservarla, debemos domar las inclinaciones del cuerpo. Esta virtud es tan preciosa a los ojos de Dios, que el mismo Esp\u00edritu Santo nos asegura que no hay nada en el mundo que tenga mayor valor: <em>non est ponderatio digna continentis animae. <\/em>(Ecl 26). San Juan Evangelista fue el disc\u00edpulo predilecto de Jesucristo porque conserv\u00f3 esta virtud en grado sublime. Y Dios quiso recompensarle tambi\u00e9n en la vida presente haci\u00e9ndole conocer el gran premio que est\u00e1 reservado a los castos y a los v\u00edrgenes en el cielo. Mientras estaba exiliado en la isla de Patmos, Dios le revel\u00f3 muchos misterios, elev\u00e1ndolo para contemplar las bellezas del Para\u00edso. Entre otras cosas, vio una multitud de bienaventurados vestidos con una t\u00fanica blanca y con una palma en la mano; y cantando un himno que nadie m\u00e1s pod\u00eda cantar, rodeaban constantemente al Salvador por dondequiera que iba. Maravillado, el santo ap\u00f3stol dijo al \u00e1ngel que lo acompa\u00f1aba por el para\u00edso: <em>\u00ab\u00bfQui\u00e9nes son estos que gozan de tanta gloria?\u00bb. <\/em>El \u00e1ngel respondi\u00f3: \u00abEstos son los v\u00edrgenes, los que no mancharon el manto de la inocencia, y por eso siguen al divino Cordero dondequiera que va. <em>Virgines enim sunt, hi sequuntur agnum quocumque ierit.<\/em><\/li>\n<li>Esta virtud no solo es apreciable a los ojos de Dios, sino que es fuente de bendici\u00f3n tambi\u00e9n en la vida presente. Dios demostr\u00f3 la gran estima que le tiene con muchos hechos. Quiso tener a san Jos\u00e9 como padre putativo, que era virgen; quiso nacer de una madre virgen; y lo que es m\u00e1s, que fuera virgen antes del parto, durante el parto y despu\u00e9s del parto. El Esp\u00edritu Santo nos dice que con la virtud de la pureza nos vienen todos los bienes: <em>venerunt omnia bona pariter cum illa. <\/em>De hecho, aquellos que tienen la suerte de poder hablar con aquellas almas que conservan este precioso tesoro descubren una tranquilidad, una paz en el coraz\u00f3n, una alegr\u00eda tal, que superan todos los bienes de la tierra. Los ves pacientes en la miseria, caritativos con el pr\u00f3jimo, pac\u00edficos ante las injurias, resignados ante las enfermedades e s, atentos a sus deberes, fervientes en las oraciones, ansiosos por la palabra de Dios. Ves en su coraz\u00f3n una fe viva, una esperanza firme y una caridad ardiente.<\/li>\n<li>\u00c1nimo, pues, cristiano, haz todo lo posible por conservar el tesoro inestimable de esta virtud. Si lo haces, te elevar\u00e1s por encima de todos los hombres y ser\u00e1s igual a los \u00e1ngeles del cielo, incluso en la vida presente. Pero si quieres consumar esta virtud, debes imitar a la Virgen Mar\u00eda. Im\u00edtala en la diligencia en las pr\u00e1cticas religiosas y en el ejercicio de la humildad, porque solo los humildes son fortalecidos por Dios para combatir las tentaciones de los sentidos. Im\u00edtala en la discreci\u00f3n, de modo que tus conversaciones no sean con otras personas sino con los \u00e1ngeles, es decir, con personas que hablan de las cosas del Se\u00f1or, y no de las cosas desordenadas del mundo. Im\u00edtala tratando con personas que amen esta virtud, y especialmente huyendo de personas del sexo opuesto. Im\u00edtala en la modestia de la mirada, en la sobriedad al comer y beber, en la huida de los teatros, los bailes y otros espect\u00e1culos peligrosos. Si imitas as\u00ed a la Santa Virgen, estar\u00e1s seguro de conservar intacta la virtud de la pureza aqu\u00ed en la tierra, para obtener luego una gloriosa recompensa en el cielo.<\/li>\n<\/ol>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Ejemplo<\/em><\/p>\n<ol>\n<li>Luis Gonzaga puede servir de modelo a todos aquellos que desean conservar la virtud de la que hablamos. Desde muy joven era tan reservado que cuando los sirvientes iban a ayudarle a vestirse, ni siquiera se atrev\u00eda a dejar ver sus pies descalzos; era tan modesto en la mirada que nunca hab\u00eda mirado fijamente a su propia madre. Un d\u00eda se encontraba en compa\u00f1\u00eda de otras personas, cuando una persona ya bastante mayor comenz\u00f3 a hablar de cosas indecentes. \u00ab\u00a1Eh!\u00bb, dijo Luis, \u00abesa forma de hablar no es propia de alguien con el pelo tan blanco, y menos a\u00fan en presencia de estos j\u00f3venes cristianos que le escuchan\u00bb. El anciano se sonroj\u00f3 y se call\u00f3. Sin embargo, para asegurarse de conservar esta virtud, San Luis comenz\u00f3 desde muy tierna edad a practicar una devoci\u00f3n filial a Aquella que es llamada <em>Madre pur\u00edsima <\/em>y protectora poderosa de quienes quieren ofrecer su coraz\u00f3n a Dios. A la edad de solo diez a\u00f1os hizo voto de castidad perpetua, poni\u00e9ndose bajo la poderosa protecci\u00f3n de Mar\u00eda y rog\u00e1ndole que le ayudara a conservar esta virtud hasta la muerte. La Santa Virgen le concedi\u00f3 su deseo, y Luis se encuentra entre las almas privilegiadas que llevaron a la otra vida la estola de la inocencia bautismal, que sin duda le forma ahora en el cielo una corona especial de gloria eterna.<\/li>\n<\/ol>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Jaculatoria<\/em><\/p>\n<p>Mar\u00eda concebida sin pecado original, ruega por nosotros, que recurrimos a ti<a href=\"#_ftn6\" name=\"_ftnref6\">[6]<\/a> .<\/p>\n<p><em>Oraci\u00f3n. <\/em>Acu\u00e9rdate, oh Virgen Mar\u00eda, toda piadosa&#8230;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><a name=\"_Toc206830793\"><\/a><strong>D\u00eda vig\u00e9simo s\u00e9ptimo. El respeto humano<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Deus, in adiutorium, etc.<\/em><\/p>\n<ol>\n<li>Si alguien te preguntara, oh cristiano, qu\u00e9 es el respeto humano, tal vez le responder\u00edas que ni siquiera lo sabes. Y yo te digo casi lo mismo. Sin embargo, por algo que ni siquiera sabemos lo que es, muchos se pierden eternamente. Para dar alguna definici\u00f3n a este enemigo de las almas, me parece que se puede decir: <em>un temor vano que nos impide hacer el bien o nos empuja a hacer el mal para no desagradar a los hombres.<\/em> Cr\u00e9eme, cristiano, muchos seguir\u00edan el camino de la virtud si este vano temor no los enga\u00f1ara y los hiciera abandonar el bien que deben hacer, llev\u00e1ndolos a cometer el mal que en su coraz\u00f3n querr\u00edan evitar. Ese joven quiere entregarse a Dios, santificar las fiestas, ir a escuchar la palabra de Dios. Pero teme a sus compa\u00f1eros, que se burlen de \u00e9l. Ese padre de familia querr\u00eda alejarse de ese juego, de esa taberna, no quer\u00eda quedarse en la plaza durante las horas de las funciones sagradas, querr\u00eda cuidar mejor de su familia, pero teme ser ridiculizado por algunos compa\u00f1eros de juego, por lo que contin\u00faa en el mal. Otros dicen: si no voy m\u00e1s a esa casa, dir\u00e1n que el confesor me lo ha prohibido. Si abandono a esos compa\u00f1eros, dir\u00e1n que quiero irme al desierto. Si no participo en esas conversaciones obscenas, dir\u00e1n que no tengo esp\u00edritu. Si me acerco a los sacramentos con mayor frecuencia, dir\u00e1n que quiero hacerme fraile. Y por estos vanos temores se sigue en el mal, se omiten las pr\u00e1cticas m\u00e1s importantes para el alma. \u00a1Desgraciados! \u00bfNo sab\u00e9is que la sabidur\u00eda del mundo es necedad ante Dios? <em>Sapientia huius mundi stultitia est apud Deum?<\/em><\/li>\n<li>Pero ten por seguro que, en su mayor parte, no se dicen esas cosas, es un temor vano lo que te hace pensar as\u00ed. Cr\u00e9eme, si te ven constante en el cumplimiento de tus deberes, te tendr\u00e1n en gran estima. Y adem\u00e1s, aunque dijeran tales cosas, \u00bfacaso sufrir\u00edas alg\u00fan da\u00f1o en tus bienes o en tu reputaci\u00f3n? Y aunque sufrieras alg\u00fan da\u00f1o, \u00bfdeber\u00edas por ello hacer lo que dice el mundo y no lo que dice Dios? Habla el mundo, habla Jesucristo; \u00bfqui\u00e9n es m\u00e1s digno de ser escuchado? \u00bfEs mejor escuchar a Jesucristo e ir a la vida eterna, o escuchar al mundo e ir al infierno? \u00a1Oh, necios! dec\u00eda un buen cristiano a algunos que quer\u00edan incitarlo al mal, necios que sois; si por escucharos voy al infierno, \u00bfacaso vendr\u00e9is a sacarme?<\/li>\n<li>Si lo que hemos dicho en general no basta para hacernos despreciar el respeto humano, al menos nos resuelva lo que dice Jesucristo en el santo Evangelio. Escuchemos sus palabras: \u00abQuien me confiese, yo le confesar\u00e9 ante mi Padre celestial; y quien se averg\u00fcence de confesarme ante los hombres, yo tambi\u00e9n me avergonzar\u00e9 de confesarle ante mi Padre celestial\u00bb. \u00c1nimo, cristiano, y que nunca las charlas del mundo te hagan omitir alg\u00fan bien y te induzcan a hacer alg\u00fan mal.<\/li>\n<\/ol>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Ejemplo<\/em><\/p>\n<p>Un soldado llamado Belsoggiorno rezaba cada d\u00eda siete <em>Padrenuestros <\/em>y siete <em>Avemar\u00edas <\/em>en memoria de los siete gozos y los siete dolores de la Sant\u00edsima Virgen. Si durante el d\u00eda no ten\u00eda tiempo, lo hac\u00eda por la noche antes de acostarse. Es m\u00e1s, si al acostarse se acordaba de que no hab\u00eda cumplido con este deber, se levantaba enseguida y rezaba de rodillas dicha oraci\u00f3n. \u00a1Imag\u00ednense las risas y los gestos de desprecio que le habr\u00e1n hecho sus compa\u00f1eros! \u00c9l no les prest\u00f3 atenci\u00f3n y persever\u00f3 en su oraci\u00f3n. Un d\u00eda de batalla, Belsoggiorno se encontraba en primera fila, en presencia del enemigo, esperando la se\u00f1al para atacar. Entonces se acord\u00f3 de que no hab\u00eda dicho su oraci\u00f3n habitual, y r\u00e1pidamente se santigu\u00f3 y comenz\u00f3 a recitarla. En cuanto se dieron cuenta sus compa\u00f1eros, comenzaron a burlarse de \u00e9l, y las burlas pasaron de boca en boca, hasta que casi todos se rieron de \u00e9l. Belsoggiorno hab\u00eda aprendido a vencer el respeto humano y, al ver que las palabras de sus compa\u00f1eros no le hac\u00edan ning\u00fan da\u00f1o, continu\u00f3 con su oraci\u00f3n. Mientras tanto, se libr\u00f3 una batalla sangrienta para ambos bandos. Pero cu\u00e1l fue la sorpresa de Belsoggiorno cuando vio tendidos en el suelo a todos los que un momento antes se burlaban de \u00e9l, sin que \u00e9l hubiera sufrido ninguna herida. No pudo evitar sentirse lleno de temor y gratitud hacia la poderosa protectora Mar\u00eda, que lo hab\u00eda salvado. En el resto de aquella guerra, que fue muy larga, nunca sufri\u00f3 ninguna herida. Oh devoto de Mar\u00eda, no te averg\u00fcences nunca de saludar a esta Madre piadosa cada vez que pases por delante de alguna de sus iglesias, estatuas o im\u00e1genes. Y cuando oigas en la calle la se\u00f1al <em>del Ave Mar\u00eda, <\/em>descubre tu cabeza sin respeto humano y rec\u00edtala con devoci\u00f3n, porque Mar\u00eda nos recompensar\u00e1 con creces por este homenaje (<em>Por varios autores)<\/em>.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Jaculatoria<\/em><\/p>\n<p>Oh, dulce y tierna Madre,<\/p>\n<p>Fuente de santo amor,<\/p>\n<p>Haz que una parte de tu fervor<\/p>\n<p>Descienda a mi coraz\u00f3n.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Haz que el pensamiento profano<\/p>\n<p>Con desd\u00e9n desprecie,<\/p>\n<p>Que me habit\u00fae a buscar<\/p>\n<p>La gloria del Se\u00f1or.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Oraci\u00f3n. <\/em>Recu\u00e9rdate, oh piados\u00edsima Virgen Mar\u00eda&#8230;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><a name=\"_Toc206830794\"><\/a><strong>D\u00eda vig\u00e9simo octavo. Del Para\u00edso<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Deus in adiutorium, etc.<\/em><\/p>\n<ol>\n<li>Hoy te propongo un tema consolador, oh cristiano, para que lo medites. Se trata del para\u00edso. Para que te hagas una idea, consideremos las cosas visibles de la tierra y luego comp\u00e1relas con las del cielo. Imagina una noche serena: \u00a1qu\u00e9 hermoso es ver el firmamento celeste con esa multitud y variedad de estrellas! Sup\u00f3n tambi\u00e9n un hermoso d\u00eda en el que la claridad del sol no impida ver las estrellas y la luna. Re\u00fane luego todo lo grande, precioso, sabroso y exquisito que se puede encontrar en el mar, en los pa\u00edses, en las ciudades y en las cortes de los reyes y monarcas de todo el mundo: todo esto es nada si se compara con la gloria del para\u00edso, porque esto es una idea de los bienes de la tierra; pero \u00bfqu\u00e9 ser\u00e1 cuando seamos admitidos por Dios para contemplar y disfrutar de los inmensos bienes que hay en el reino de esa gloria? \u00bfNos gusta la libertad? Pues bien, en el para\u00edso podremos pasear a nuestro antojo por todos los lugares, por el aire, por la luna, por las estrellas, por el sol. Podremos en un instante trasladarnos del cielo a la tierra y de la tierra al cielo, podremos penetrar en los lugares m\u00e1s cerrados, en los rincones m\u00e1s secretos, sin obst\u00e1culos y sin temor. \u00bfNos gusta la m\u00fasica? \u00a1Pero qu\u00e9 dulce m\u00fasica ser\u00e1 la de los \u00e1ngeles y los santos en el para\u00edso! Un solo instrumento celestial tocado por unos instantes por un seraf\u00edn arrebat\u00f3 de sus sentidos al extasiado san Francisco de As\u00eds. \u00bfNos gusta ser literatos? Vamos al cielo y en un instante seremos m\u00e1s sabios que Salom\u00f3n, m\u00e1s iluminados que todos los fil\u00f3sofos; all\u00ed, en un instante, sin aburrimiento y sin fatiga, aprenderemos las ciencias m\u00e1s sublimes. \u00bfNos gusta contemplar la belleza de las criaturas? Pero \u00bfcu\u00e1nto m\u00e1s bello debe ser el Creador?<\/li>\n<li>Considera luego la alegr\u00eda que sentir\u00e1 el alma al encontrarse con sus parientes y amigos, al contemplar la nobleza, la belleza, la multitud de querubines, serafines y todos los \u00e1ngeles, todos los santos, que por millones y millones alaban y bendicen al Creador. All\u00ed veremos a Ad\u00e1n, Abraham, los patriarcas, los profetas, el coro de los ap\u00f3stoles, el inmenso n\u00famero de m\u00e1rtires, confesores y v\u00edrgenes. \u00a1Cu\u00e1nto disfrutan en ese reino afortunado! Siempre est\u00e1n alegres, sin enfermedades, sin penas, sin preocupaciones que perturben su alegr\u00eda, su contentamiento: <em>neque luctus, neque clamor erit ultra.<\/em><\/li>\n<li>Pero observa, oh cristiano, que lo que hemos considerado hasta ahora es muy poco en comparaci\u00f3n con el gran consuelo que se siente al ver a Dios. \u00c9l consuela a los bienaventurados con su mirada amorosa y derrama en sus corazones un mar de delicias. Ya no lo veremos con los ojos de la fe, sino que lo veremos cara a cara, contemplaremos de cerca su rostro, su divina majestad. <em>Videbimus eum sicuti est. <\/em>El bienaventurado quedar\u00e1 tan sumergido en las delicias que exclamar\u00e1: \u00abEstoy saciado, Se\u00f1or, de tu gloria. <em>Satiabor cum apparuerit gloria tua\u00bb. <\/em>As\u00ed como el sol ilumina y embellece todo el mundo, as\u00ed Dios con su presencia ilumina todo el para\u00edso y llena a sus afortunados habitantes de una alegr\u00eda incomprensible. Por eso, todas las huestes de los \u00e1ngeles, los santos y los bienaventurados, en el colmo de su alegr\u00eda, cantar\u00e1n en se\u00f1al de gratitud a Dios: Santo, santo, santo es el Dios de los ej\u00e9rcitos, a quien sea honor y gloria por los siglos de los siglos. \u00c1nimo, pues, cristiano, te tocar\u00e1 sufrir algo en este mundo, pero la recompensa que recibir\u00e1s en el cielo compensar\u00e1 infinitamente todo lo que sufras en la tierra. Qu\u00e9 gran consuelo ser\u00e1 para ti cuando te encuentres en el cielo en posesi\u00f3n de la bienaventurada eternidad, en compa\u00f1\u00eda de tus parientes, amigos, santos y bienaventurados, y digas: \u00abEstar\u00e9 siempre con el Se\u00f1or, mi felicidad nunca m\u00e1s me faltar\u00e1: <em>semper cum domino erimus\u00bb. <\/em>Entonces bendecir\u00e1s el momento en que te entregaste al Se\u00f1or, \u00ab \u00bb, bendecir\u00e1s el momento en que hiciste aquella buena confesi\u00f3n y comenzaste a acercarte con frecuencia a los santos sacramentos; bendecir\u00e1s el d\u00eda en que, dejando las malas compa\u00f1\u00edas, te entregaste a la virtud; y, lleno de gratitud, te volver\u00e1s hacia tu Dios, cant\u00e1ndole alabanza y gloria por los siglos de los siglos. As\u00ed sea.<\/li>\n<\/ol>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Ejemplo<\/em><\/p>\n<p>Algunas apariciones de Mar\u00eda en la vida presente bastaron para llenar de alegr\u00eda extraordinaria a sus devotos. \u00bfQu\u00e9 ser\u00e1 entonces de disfrutar para siempre de su compa\u00f1\u00eda en el cielo? Cuenta san Gregorio Magno que una joven llamada Musa era muy devota de Mar\u00eda, pero ten\u00eda el defecto de entretenerse con sus compa\u00f1eras en frivolidades. Para que con el paso de los a\u00f1os no perdiera la devoci\u00f3n y la inocencia, Mar\u00eda quiso llev\u00e1rsela consigo. Pero primero, como madre tierna, la prepar\u00f3 poco a poco. Una noche se le apareci\u00f3 esta se\u00f1ora junto con muchas doncellas que parec\u00edan de la misma edad, y le dijo: \u00ab\u00bfQuieres acompa\u00f1ar a estas doncellas y ser mi sierva?\u00bb. \u00abOjal\u00e1, Dios quiera\u00bb, respondi\u00f3 Musa, \u00abque con mucho gusto ser\u00eda su compa\u00f1era\u00bb. \u00abVamos, dijo la santa Mar\u00eda, si quieres conseguir tal favor, debes cambiar de costumbres y no hacer m\u00e1s bromas y frivolidades. Si lo haces, volver\u00e9 con ellas dentro de un mes y te convertir\u00e1s en una de estas hermosas doncellas\u00bb. Al ver esto, Musa se qued\u00f3 at\u00f3nita y se puso tan seria que parec\u00eda haber madurado; se recluy\u00f3, hablaba poco, rara vez re\u00eda y ya no hac\u00eda nada propio de una ni\u00f1a. Sus padres, al ver tal cambio, le preguntaron qu\u00e9 le pasaba, y ella les cont\u00f3 lo que hab\u00eda visto. Ellos lo consideraron un sue\u00f1o, pero como el plazo fijado era breve, esperaron a ver qu\u00e9 pasaba. Se acercaba el trig\u00e9simo d\u00eda y la muchacha enferm\u00f3 de tal manera que en un instante se vio en peligro de muerte. Estando con los ojos cerrados, los abri\u00f3 de repente y vio a la Beat\u00edsima Virgen , con la misma compa\u00f1\u00eda que antes la hab\u00eda llamado. Entonces Musa respondi\u00f3: \u00abAqu\u00ed estoy, Se\u00f1ora, te sigo; aqu\u00ed estoy, Se\u00f1ora, voy\u00bb, y diciendo esto muri\u00f3 para acompa\u00f1ar al coro de las santas v\u00edrgenes en el cielo y cantar para siempre las alabanzas de Jes\u00fas y de su Sant\u00edsima Madre.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Jaculatoria<\/em><\/p>\n<p>Oh, qu\u00e9 premio y qu\u00e9 corona<\/p>\n<p>A nuestra fidelidad<\/p>\n<p>El Se\u00f1or promete y da<\/p>\n<p>En la inmensa eternidad.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Querido Dios, bondad infinita<\/p>\n<p>Quiero serte fiel;<\/p>\n<p>Te ofrezco mi coraz\u00f3n, te ofrezco mi vida.<\/p>\n<p>Solo dame un d\u00eda de cielo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Oraci\u00f3n. <\/em>Acu\u00e9rdate, oh Virgen Mar\u00eda&#8230;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><a name=\"_Toc206830795\"><\/a><strong>D\u00eda vig\u00e9simo noveno. Un medio para asegurarse el Para\u00edso<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Deus, in adiutorium, etc.<\/em><\/p>\n<ol>\n<li>Un medio muy eficaz, pero muy descuidado por los hombres para ganarse el cielo, es la limosna. Por limosna entiendo cualquier obra de misericordia ejercida hacia el pr\u00f3jimo por amor a Dios. Dios dice en la Sagrada Escritura que la limosna obtiene el perd\u00f3n de los pecados, aunque sean muchos. <em>Eleemosyna operit multitudinem peccatorum.<\/em> El divino Salvador dice as\u00ed en el Evangelio: lo que os sobre de vuestras necesidades, dadlo a los pobres. El que tiene dos vestidos, que d\u00e9 uno al necesitado, y el que tiene m\u00e1s de lo necesario, que lo comparta con el hambriento (Lc 3). Dios nos asegura que cuanto hacemos por los pobres, \u00c9l lo considera como hecho a s\u00ed mismo: todo aquello, dice Jesucristo, que hag\u00e1is a uno de mis hermanos m\u00e1s desdichados, me lo hab\u00e9is hecho a m\u00ed. (Mt 25). \u00bfDese\u00e1is que Dios os perdone vuestros pecados y os libre de la muerte eterna? Dad limosna. <em>Eleemosyna ab omni peccato et a morte liberat. <\/em>\u00bfQuer\u00e9is impedir que vuestra alma vaya a las tinieblas del infierno? Dad limosna. <em>Eleemosyna non patietur animam ire ad tenebras. <\/em>(Tob. A.) En resumen, Dios nos asegura que la limosna es un medio muy eficaz para obtener el perd\u00f3n de nuestros pecados, para que encontremos misericordia ante los ojos de Dios y para que alcancemos la vida eterna. <em>Eleemosyna est quae purgat a peccato, facit invenire misericordiam et vitam aeternam.<\/em><\/li>\n<li>Si, pues, deseas que Dios te tenga misericordia, comienza t\u00fa a tenerla hacia los pobres. Dir\u00e1s: yo hago lo que puedo. Si haces lo que puedes, qu\u00e9date tranquilo. Pero ten cuidado, porque el Se\u00f1or te dice que des a los pobres todo lo superfluo: <em>quod superasti, date pauperibus. <\/em>Por eso te digo que son superfluas esas compras y esos aumentos de riqueza que tienes a\u00f1o tras a\u00f1o. Superflua es esa exquisitez que tienes en los objetos de mesa, en las comidas, en las alfombras, en los vestidos, que podr\u00edan servir para los que tienen hambre, para los que tienen sed y para cubrir a los desnudos. Superfluo es ese lujo en los viajes, en los teatros, en los bailes y en otros entretenimientos, donde se puede decir que va a parar el patrimonio de los pobres.<\/li>\n<\/ol>\n<p>Dir\u00e1s: yo no tengo riquezas; si no tienes riquezas, da lo que puedas. Pero no te faltan medios y maneras de dar limosna. \u00bfNo hay enfermos a quienes visitar, asistir, velar? \u00bfNo hay j\u00f3venes abandonados a quienes acoger, instruir, alojar en tu casa, si puedes, o al menos llevar a donde puedan aprender la ciencia de la salud? \u00bfNo hay pecadores a quienes amonestar, dudosos a quienes aconsejar, afligidos a quienes consolar, disputas que apaciguar, injurias que perdonar? \u00a1Mira con cu\u00e1ntos medios puedes dar limosna y merecer la vida eterna! \u00bfNo puedes hacer algo m\u00e1s, como rezar, confesarte, comulgar, rezar un rosario, asistir a misa en sufragio de las almas del purgatorio, por la conversi\u00f3n de los pecadores o para que los infieles sean iluminados y vengan a la fe? \u00bfNo es tambi\u00e9n una gran limosna quemar libros perversos, difundir libros buenos y hablar todo lo que puedas en honor de nuestra santa religi\u00f3n cat\u00f3lica?<\/p>\n<ol start=\"3\">\n<li>Hay otro motivo que debe animarnos a dar limosna, y es el que menciona el Salvador en el santo Evangelio. \u00c9l dice as\u00ed: no dar\u00e9is a los pobres un vaso de agua fresca sin que vuestro Padre celestial os lo pague. De todo lo que deis a los pobres, recibir\u00e9is cien veces m\u00e1s en la vida presente y una recompensa en la vida eterna. De modo que dar algo a los pobres en la vida presente es multiplicar, es decir, es dar prestado cien por uno tambi\u00e9n en la vida presente, reserv\u00e1ndonos Dios la plena recompensa en la otra vida.<\/li>\n<\/ol>\n<p>He aqu\u00ed la raz\u00f3n por la que se ve a tantas familias dar limosnas abundantes en todas partes y crecer siempre en riquezas y prosperidad. La raz\u00f3n la dice Dios: dad a los pobres, y se os dar\u00e1; <em>dad, y se os dar\u00e1. <\/em>Se os dar\u00e1 el ciento por uno en la vida presente, y la vida eterna en la otra: <em>centuplum accipiet in hac vita et vitam aeternam possidebit.<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Ejemplo<\/em><\/p>\n<p>La historia de Tob\u00edas es un modelo de c\u00f3mo se debe dar limosna. \u00c9l le dijo a su hijo estas memorables palabras: da limosna seg\u00fan tus posibilidades, y nunca le des la espalda a ning\u00fan pobre, porque as\u00ed suceder\u00e1 que ni siquiera el Se\u00f1or te dar\u00e1 la espalda. S\u00e9 misericordioso en la medida de tus posibilidades. Si tienes mucho, da en abundancia; si tienes poco, da lo poco que puedas, pero de buen grado, porque la limosna ser\u00e1 tu recompensa, que ganar\u00e1s ahora y ser\u00e1 un tesoro ante Dios en el d\u00eda de la necesidad. Recuerda, hijo m\u00edo, que Dios ama al que da de buen coraz\u00f3n (Tob. 4).<\/p>\n<p>Imitemos tambi\u00e9n a Mar\u00eda en dar limosna. Ella, guiada por un verdadero esp\u00edritu de caridad, fue a visitar a santa Isabel y se qued\u00f3 en su casa tres meses sirvi\u00e9ndola como humilde criada. Fue invitada a una boda en la ciudad de Can\u00e1, en Galilea. A mitad del banquete falt\u00f3 el vino. No pudiendo proveer ella misma, invit\u00f3 a su hijo Jes\u00fas, quien, a petici\u00f3n suya, convirti\u00f3 el agua en vino. Imaginemos cu\u00e1ntas gracias y bendiciones obtendr\u00e1 Mar\u00eda en el cielo de su amado Jes\u00fas en favor de aquellos que, con sus consejos, sus obras, sus oraciones, sus limosnas o de cualquier otra manera, ejercen actos de misericordia hacia el pr\u00f3jimo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Jaculatoria<\/em><\/p>\n<p>Dichoso quien en el mundo<\/p>\n<p>Sepa hacer con sus riquezas<\/p>\n<p>Alegr\u00edas perpetuas<\/p>\n<p>En la gloria del Se\u00f1or.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Oraci\u00f3n. <\/em>Acu\u00e9rdate, oh piados\u00edsima Virgen Mar\u00eda&#8230;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><a name=\"_Toc206830796\"><\/a><strong>D\u00eda trig\u00e9simo. Mar\u00eda, nuestra protectora en la vida presente<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Deus, in adiutorium, etc.<\/em><\/p>\n<ol>\n<li>Estamos en este mundo como en un mar tempestuoso, como en un exilio, en un valle de l\u00e1grimas. Mar\u00eda es la estrella del mar, el consuelo en nuestro exilio, la luz que nos indica el camino al cielo y nos seca las l\u00e1grimas. Y esto lo hace esta tierna madre al obtener para nosotros continuas ayudas espirituales y temporales. No podemos entrar en algunas ciudades, en algunos pueblos, donde no haya alg\u00fan monumento de las gracias obtenidas por Mar\u00eda a sus devotos. Dejando a un lado los numerosos santuarios famosos de la cristiandad, donde miles de testimonios de gracias recibidas cuelgan de las paredes, mencionar\u00e9 solo el de la Consolata, que afortunadamente tenemos en Tur\u00edn. Ve, lector, y con fe de buen cristiano entra en esos muros sagrados y contempla los signos de gratitud hacia Mar\u00eda por los beneficios recibidos. Aqu\u00ed ves a un enfermo enviado por los m\u00e9dicos, que recupera la salud. All\u00ed, gracia recibida, y hay uno que ha sido liberado de las fiebres; all\u00e1, otro sanado de la gangrena. Aqu\u00ed, gracias a la gracia recibida, hay uno que ha sido liberado por intercesi\u00f3n de Mar\u00eda de las manos de los asesinos; all\u00e1, otro que no fue aplastado bajo una enorme roca que ca\u00eda; all\u00ed, por la lluvia o la serenidad obtenida. Si echas un vistazo a la plazita del santuario, ver\u00e1s un monumento que la ciudad de Tur\u00edn erigi\u00f3 a Mar\u00eda en el a\u00f1o 1835, cuando fue liberada de una mort\u00edfera epidemia de c\u00f3lera que asolaba horriblemente los barrios cercanos.<\/li>\n<li>Los favores mencionados se refieren \u00fanicamente a las necesidades temporales, \u00bfqu\u00e9 diremos de las gracias espirituales que Mar\u00eda ha obtenido y obtiene para sus devotos? Ser\u00eda necesario escribir grandes vol\u00famenes para enumerar las gracias espirituales que sus devotos han recibido y reciben cada d\u00eda de manos de esta gran benefactora del g\u00e9nero humano. \u00a1Cu\u00e1ntas v\u00edrgenes deben la preservaci\u00f3n de su estado a su protecci\u00f3n! \u00a1Cu\u00e1ntos consuelos a los afligidos! \u00a1Cu\u00e1ntas pasiones combatidas! \u00a1Cu\u00e1ntos m\u00e1rtires fortalecidos! \u00a1Cu\u00e1ntas insidias del demonio superadas! S. Bernardo, despu\u00e9s de enumerar una larga serie de favores que Mar\u00eda obtiene cada d\u00eda para sus devotos, termina diciendo que todo el bien que nos viene de Dios nos viene por medio de Mar\u00eda: <em>Totum nos Deus habere voluit per Mariam.<\/em><\/li>\n<li>No solo es la ayuda de los cristianos, sino tambi\u00e9n el sost\u00e9n de la Iglesia universal. Todos los t\u00edtulos que le damos recuerdan un favor; todas las solemnidades que se celebran en la Iglesia tienen su origen en alg\u00fan gran milagro, en alguna gracia extraordinaria que Mar\u00eda obtuvo en favor de la Iglesia.<\/li>\n<\/ol>\n<p>Cu\u00e1ntos herejes confundidos, cu\u00e1ntas herej\u00edas erradicadas, hasta el punto de que la Iglesia expresa su gratitud diciendo a Mar\u00eda: T\u00fa sola, oh gran Virgen, fuiste la que erradicaste todas las herej\u00edas: <em>cunctas haereses sola interemisti in universo mundo.<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Ejemplos<\/em><\/p>\n<p>Citaremos algunos ejemplos que confirman los grandes favores que Mar\u00eda obtuvo para sus devotos. Comencemos <em>por el Ave Mar\u00eda. <\/em>El saludo angelical, es decir, <em>el Ave Mar\u00eda<\/em>, est\u00e1 compuesto por las palabras que el \u00e1ngel dirigi\u00f3 a la Santa Virgen y por las que a\u00f1adi\u00f3 Santa Isabel cuando fue a visitarla. La <em>santa Mar\u00eda <\/em>fue a\u00f1adida por la Iglesia en el siglo V. En este siglo viv\u00eda en Constantinopla un hereje llamado Nestorio, hombre lleno de soberbia. Lleg\u00f3 a la impiedad de negar p\u00fablicamente el augusto nombre de Madre de Dios a la Sant\u00edsima Virgen. Era esta una herej\u00eda que pretend\u00eda derribar todos los principios de nuestra santa religi\u00f3n. El pueblo de Constantinopla se estremec\u00eda de indignaci\u00f3n ante tal blasfemia; y para esclarecer la verdad se enviaron s\u00faplicas al sumo pont\u00edfice, que entonces se llamaba Celestino, pidiendo instantemente una reparaci\u00f3n al esc\u00e1ndalo. El pont\u00edfice, en el a\u00f1o 431, convoc\u00f3 un concilio general en \u00c9feso, ciudad de Asia Menor a orillas del Archipi\u00e9lago. A este concilio asistieron obispos de todas las partes del mundo cat\u00f3lico. S. Cirilo, patriarca de Alejandr\u00eda, lo presidi\u00f3 en nombre del Papa. Todo el pueblo permaneci\u00f3 desde la ma\u00f1ana hasta la noche a las puertas de la iglesia donde se hab\u00edan reunido los obispos; cuando vio abrirse la puerta y aparecer a San Cirilo a la cabeza de m\u00e1s de 200 obispos, y oy\u00f3 pronunciar la condena del imp\u00edo Nestorio, las palabras de j\u00fabilo resonaron en todos los rincones de la ciudad. En boca de todos se repet\u00edan las siguientes palabras: \u00ab\u00a1El enemigo de Mar\u00eda ha sido vencido! \u00a1Viva Mar\u00eda! \u00a1Viva la grande, la excelsa, la gloriosa madre de Dios!\u00bb. Fue en esta ocasi\u00f3n quela Chiesa a\u00f1adi\u00f3 <em>al Ave Mar\u00eda <\/em>estas otras palabras: <em>\u00abSanta Mar\u00eda, madre de Dios, ruega por nosotros pecadores. As\u00ed sea\u00bb. <\/em>Las otras palabras <em>\u00abahora y en la hora de nuestra muerte\u00bb <\/em>fueron introducidas por la Iglesia en tiempos posteriores. La solemne declaraci\u00f3n del Concilio de \u00c9feso, el augusto t\u00edtulo de madre de Dios dado a Mar\u00eda fue confirmado tambi\u00e9n en otros concilios, hasta que el papa Gregorio I instituy\u00f3 la fiesta de la Maternidad de la Beata Virgen, que se celebra cada a\u00f1o el segundo domingo de octubre. Nestorio, que se atrevi\u00f3 a rebelarse contra la Iglesia y blasfemar contra la Gran Madre de Dios, fue severamente castigado tambi\u00e9n en esta vida.<\/p>\n<p><em>Otro ejemplo. <\/em>En tiempos de San Gregorio Magno, una gran pestilencia asolaba muchas partes de Europa, especialmente Roma. S. Gregorio, para poner fin a este flagelo, invoc\u00f3 la protecci\u00f3n de la gran madre de Dios. Entre las obras p\u00fablicas de penitencia, orden\u00f3 una solemne procesi\u00f3n con la imagen milagrosa de Mar\u00eda que se veneraba en la Bas\u00edlica de Liberio, hoy Santa Mar\u00eda la Mayor. A medida que avanzaba la procesi\u00f3n, la enfermedad contagiosa se alejaba de aquellos barrios, hasta que, al llegar al lugar donde se encontraba el monumento del emperador Adriano (que por este motivo fue llamado Castillo de Sant&#8217;Angelo), apareci\u00f3 sobre \u00e9l un \u00e1ngel con forma humana. Este guard\u00f3 en su vaina la espada ensangrentada en se\u00f1al de que la ira divina se hab\u00eda apaciguado y que, por intercesi\u00f3n de Mar\u00eda, el terrible flagelo iba a cesar. Al mismo tiempo, se oy\u00f3 un coro de \u00e1ngeles cantando el himno: <em>Regina coeli laetare alleluia. <\/em>El s. pont\u00edfice a\u00f1adi\u00f3 a este himno otros dos vers\u00edculos con la oraci\u00f3n, y desde entonces comenz\u00f3 a ser utilizado por los fieles para honrar a la Virgen Mar\u00eda en el tiempo pascual, tiempo de alegr\u00eda por la resurrecci\u00f3n del Salvador. Benedicto XIV concedi\u00f3 las mismas indulgencias del Angelus Domini a los fieles que lo recitan en tiempo pascual.<\/p>\n<p>El uso de recitar <em>el Angelus <\/em>es muy antiguo en la Iglesia. Al no saberse la hora exacta en que fue anunciada la Anunciaci\u00f3n, si por la ma\u00f1ana o al atardecer, los primeros fieles la saludaban en estos dos momentos con el<em> Ave Mar\u00eda<\/em>. De ah\u00ed surgi\u00f3 m\u00e1s tarde la costumbre de tocar las campanas por la ma\u00f1ana y por la tarde, para recordar a los cristianos esta piadosa costumbre. Se cree que fue introducida por el pont\u00edfice Urbano II en el a\u00f1o 1088. \u00c9l hab\u00eda ordenado algo para animar a los cristianos a recurrir a Mar\u00eda para implorar por la ma\u00f1ana su protecci\u00f3n en la guerra que entonces ard\u00eda entre los cristianos y los turcos, y por la tarde para implorar la felicidad y la concordia entre los pr\u00edncipes cristianos. Gregorio IX, en 1221, a\u00f1adi\u00f3 tambi\u00e9n el sonido de las campanas al mediod\u00eda. Los pont\u00edfices enriquecieron este ejercicio de devoci\u00f3n con muchas indulgencias. Benedicto XIII, en 1724, concedi\u00f3 la indulgencia de 100 d\u00edas por cada vez que se recitara, y a quien la recitara durante un mes entero, la indulgencia plenaria, siempre que en un d\u00eda del mes se hubiera confesado y comulgado.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Jaculatoria<\/em><\/p>\n<p>Oh Mar\u00eda, abogada nuestra,<\/p>\n<p>Dispensadora de toda gracia,<\/p>\n<p>Mensajera de la salud<\/p>\n<p>Al justo y al pecador.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u00a1Oh, desde el cielo, Madre piadosa!<\/p>\n<p>Vuelve tur mirada a los devotos,<\/p>\n<p>Atiende nuestros votos,<\/p>\n<p>Oh gran Madre del Se\u00f1or.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Oraci\u00f3n. <\/em>Acu\u00e9rdate, oh piados\u00edsima Virgen Mar\u00eda&#8230;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><a name=\"_Toc206830797\"><\/a><strong>D\u00eda trig\u00e9simo primero. Mar\u00eda, nuestra protectora en el momento de la muerte<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Deus, in adiutorium etc.<\/em><\/p>\n<ol>\n<li>Mar\u00eda protege a sus devotos en todas las necesidades de la vida, pero los protege mucho m\u00e1s en el momento de la muerte. Como un capit\u00e1n corre a defender la fortaleza cuando est\u00e1 en peligro, as\u00ed Mar\u00eda viene a combatir a los enemigos de nuestra alma, que har\u00e1n todos sus esfuerzos para ganarse nuestra alma en esos momentos extremos de la vida. Mar\u00eda ser\u00e1 una capitana terrible, que a modo de un ej\u00e9rcito ordenado reprimir\u00e1 los ataques del enemigo infernal; <em>terribilis ut castrorum acies ordinata.<\/em><\/li>\n<li>Luis Gonzaga, en los \u00faltimos momentos de su vida, consolado por Mar\u00eda, no solo no tem\u00eda a la muerte, sino que estaba lleno de alegr\u00eda a medida que se acercaba la \u00faltima hora de su vida. Notemos que Mar\u00eda es tan terrible para los esp\u00edritus malignos que, como dice san Buenaventura, al invocar su nombre, todo el infierno tiembla: <em>ab invocatione nominis tui trepidai spiritus malignus. <\/em>Por lo que el enfermo, libre de tentaciones, se dispone a morir santamente. As\u00ed, el hijo de santa Br\u00edgida, llamado Carlo, fue liberado de las insidias del demonio, y ni la Madre de la misericordia permiti\u00f3 que los enemigos del alma entraran en la habitaci\u00f3n del enfermo. As\u00ed se lo revel\u00f3 Dios a la misma s. Br\u00edgida.<\/li>\n<li>Consideremos a Mar\u00eda como nuestra madre y tendremos una idea de las gracias que nos obtendr\u00e1 en el momento de la muerte. Las madres terrenales nunca abandonan a sus hijos. Cuanto m\u00e1s crecen sus miserias y sus males, tanto m\u00e1s se esfuerzan con maternal solicitud por levantarlos en medio de cualquier peligro. As\u00ed, Mar\u00eda, que tanto ama a sus hijos en vida, \u00bfcon qu\u00e9 ternura, con qu\u00e9 bondad correr\u00e1 a protegerlos en los \u00faltimos instantes, cuando m\u00e1s lo necesitan? Ella misma revel\u00f3 a santa Br\u00edgida estas precisas palabras: \u00abYo, como madre fiel, quiero estar presente en la muerte de todos los que me han servido, quiero estar presente, quiero protegerlos, quiero consolarlos\u00bb.<\/li>\n<li>Mar\u00eda ayuda a todos sus devotos en el momento de la muerte, mostr\u00e1ndose a veces de forma visible. Tal es el sentimiento de san Buenaventura, de san Carlos Borromeo, de s. Felipe Neri, de san Alfonso y de muchos otros. Tal es tambi\u00e9n el pensamiento de la Iglesia, que llama a Mar\u00eda <em>auxilium christianorum<\/em>, ayuda de los cristianos. Esta ayuda debe ser ciertamente mayor cuando los peligros son mayores, como en el momento de la muerte. Esto es precisamente lo que pedimos cada d\u00eda cuando decimos: Santa Mar\u00eda, ruega por nosotros en la hora de nuestra muerte. Pero m\u00e1s tiernas y consoladoras que todas son las palabras que dicen los ministros sagrados y los dem\u00e1s que recitan el oficio de la Sant\u00edsima Virgen, cuando invocan: Mar\u00eda, madre de la gracia y de la misericordia, defi\u00e9ndenos de las insidias del enemigo infernal y acoge nuestra alma en la hora de la muerte. <em>Tu nos ab hoste protege, et mortis hora suscipe.<\/em><\/li>\n<\/ol>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Ejemplo<\/em><\/p>\n<p>Podr\u00eda citar aqu\u00ed muchos ejemplos en los que Mar\u00eda se entreg\u00f3 visiblemente a favorecer a sus devotos en el momento de la muerte. Solo mencionar\u00e9 uno, remitiendo al lector especialmente a la obra insigne de Pallavicino, que relata cien de ellos, todos se\u00f1alados y narrados con esa reserva cr\u00edtica que es la principal cualidad de ese ilustre escritor. El doctor de la Iglesia Vincenzo Belloacese expone lo siguiente. Un sacerdote fue invitado a prestar los \u00faltimos sacramentos a una moribunda. Al llegar a la iglesia, tom\u00f3 consigo el Sant\u00edsimo Sacramento y se dirigi\u00f3 al lugar donde se encontraba la enferma. Al entrar en una habitaci\u00f3n miserable, desprovista de toda comodidad, vio a la pobre agonizante que yac\u00eda sobre un poco de paja sumida en la m\u00e1s absoluta miseria, por lo que sinti\u00f3 en su alma un dolor de verdadera compasi\u00f3n; pero el dolor se convirti\u00f3 en sorpresa cuando vio un coro de v\u00edrgenes que bajaban del cielo expresamente para prestar ayuda y consuelo a la pobre moribunda. Y lo que es m\u00e1s, la misma Madre de Dios con su santa mano serv\u00eda a su devota. Ante tal espect\u00e1culo, el sacerdote no se atrev\u00eda a avanzar, cuando la gloriosa Virgen le dirigi\u00f3 una mirada benigna, se arrodill\u00f3 inclinando la frente hasta el suelo para adorar a su Hijo sacramentado. Hecho esto, Ella y las otras v\u00edrgenes, igualmente inclinadas, se levantaron y se retiraron a un lado para dejar paso libre al vicario. Adem\u00e1s, cuando la viuda pidi\u00f3 confesarse antes de recibir la Sagrada Hostia, la Santa Virgen se levant\u00f3 inmediatamente del suelo y, al no encontrar nada, tom\u00f3 un asiento r\u00fastico y lo llev\u00f3 con sus propias manos al lugar donde el confesor pod\u00eda o\u00edr mejor la confesi\u00f3n sacramental. El humilde sacerdote no se atrev\u00eda a sentarse en presencia de Jes\u00fas y Mar\u00eda, pero se vio obligado a hacerlo para obedecer las se\u00f1ales de Mar\u00eda. O\u00edda la Confesi\u00f3n, administr\u00f3 el Vi\u00e1tico a aquella alma felic\u00edsima, la cual, transportada por el amor de Dios, por la compa\u00f1\u00eda de Mar\u00eda y de las dem\u00e1s V\u00edrgenes gloriosas, se separ\u00f3 del cuerpo para volar al cielo y dar gracias por todos los siglos a su gran benefactora.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Jaculatoria<\/em><\/p>\n<p>\u00a1Oh! Madre incomparable<\/p>\n<p>que en la vida y en la hora postrera<\/p>\n<p>Eres nuestra verdadera esperanza,<\/p>\n<p>Conforta nuestro coraz\u00f3n.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Haz que en los \u00faltimos suspiros,<\/p>\n<p>Ante el horror de la muerte,<\/p>\n<p>Pronuncien el alma y el coraz\u00f3n:<\/p>\n<p>Mar\u00eda, esperanza y amor.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Oraci\u00f3n. <\/em>Acu\u00e9rdate, oh piados\u00edsima Virgen Mar\u00eda&#8230;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><a name=\"_Toc206830798\"><\/a><strong>Primer d\u00eda de junio. Modo de asegurarse la protecci\u00f3n de Mar\u00eda<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Deus, in adiutorium, etc.<\/em><\/p>\n<ol>\n<li>Ahora que hemos terminado el mes de Mar\u00eda, considero oportuno concluirlo con algunos recuerdos \u00fatiles para asegurarnos la protecci\u00f3n de nuestra gran Madre en la vida y en la muerte. Mar\u00eda, siendo nuestra madre, ciertamente aborrece los ultrajes que se cometen contra Jes\u00fas, su hijo. Por lo tanto, quien desee gozar de su patrocinio en la vida y en la muerte, debe abstenerse del pecado. Ser\u00eda vana nuestra esperanza si crey\u00e9ramos gozar de la protecci\u00f3n de Mar\u00eda, ofendiendo a su Hijo Jes\u00fas, a quien ella ama por encima de todo. Pero no solo debemos cuidarnos de ofender a Jes\u00fas, sino que tambi\u00e9n debemos meditar con todas las fuerzas de nuestro coraz\u00f3n los divinos misterios de su pasi\u00f3n y seguirlo en la penitencia. Mar\u00eda misma dijo un d\u00eda a santa Br\u00edgida: \u00abHija m\u00eda, si quieres hacerme algo agradable, ama de coraz\u00f3n a mi hijo Jes\u00fas\u00bb.<\/li>\n<\/ol>\n<p>Mar\u00eda es refugio de los pecadores, por lo que tambi\u00e9n nosotros debemos esforzarnos con santos consejos, con solicitud, con oraciones, con buenos libros y de otras maneras para conducir las almas a Jes\u00fas y aumentar los hijos de Mar\u00eda. Nada le importa m\u00e1s a Jes\u00fas que la salvaci\u00f3n de las almas; por eso Mar\u00eda, que ama tiernamente a su Hijo, no puede recibir mayor homenaje que el que se le hace gan\u00e1ndole alguna alma.<\/p>\n<p>Debemos adem\u00e1s procurar ofrecerle en homenaje la victoria sobre alguna pasi\u00f3n. As\u00ed, si alguien de naturaleza col\u00e9rica, estalla a menudo en actos de impaciencia, en imprecaciones y blasfemias, o ha adquirido la costumbre de hablar de forma indecente y con poco respeto por las cosas de la religi\u00f3n, conviene que refrene su lengua para hacer un homenaje agradable a la Virgen. En definitiva, cada uno debe esforzarse por huir del mal y hacer el bien por amor a Mar\u00eda.<\/p>\n<ol start=\"2\">\n<li>Entre los muchos homenajes que podemos rendir a Mar\u00eda est\u00e1 el prepararnos para celebrar devotamente sus solemnidades con triduos, novenas y octavillas, seg\u00fan se acostumbre hacer en las iglesias p\u00fablicas o incluso en las casas particulares. Santa Isabel, reina de Portugal, ayunaba con pan y agua todos los s\u00e1bados y todas las v\u00edsperas de las solemnidades de la Virgen. Otros suelen confesarse y comulgar todos los d\u00edas festivos, como hac\u00edan s. Luis Gonzaga, s. Estanislao Kostka y otros. Otros dan limosna a los pobres, y la dan en sufragio de aquellas almas que fueron m\u00e1s devotas de Mar\u00eda en vida. Hay tambi\u00e9n algunos devotos de Mar\u00eda que, en su honor, asisten a menudo a la santa misa con la intenci\u00f3n de dar gracias a la SS. Trinidad, que elev\u00f3 a Mar\u00eda al trono m\u00e1s hermoso del cielo. Otros veneran con especial culto a los santos m\u00e1s cercanos a ella, como san Jos\u00e9, su sant\u00edsimo esposo, san Joaqu\u00edn y santa Ana, sus felices padres.<\/li>\n<li>Hay tambi\u00e9n pr\u00e1cticas especiales de devoci\u00f3n, que son como llamas de fuego que encienden a esta piadosa Madre de amor por nosotros. Por ejemplo, <em>el Angelus <\/em>por la ma\u00f1ana, al mediod\u00eda y por la tarde; el Rosario todos los d\u00edas o al menos en cada d\u00eda festivo; asistir a las v\u00edsperas, participar en los ejercicios de piedad que se hacen los s\u00e1bados en honor a su coraz\u00f3n inmaculado. Pero os recomiendo que cada noche, antes de acostaros, rec\u00e9is tres veces la siguiente jaculatoria: Querida Madre Virgen Mar\u00eda, haz que salve mi alma. Recordemos siempre que ser devotos de Mar\u00eda es uno de los medios m\u00e1s seguros para alcanzar la vida eterna. Ella misma nos lo asegura diciendo: \u00abLos que son devotos m\u00edos tendr\u00e1n vida eterna: <em>qui elucidant me, vitam aeternam habebunt\u00bb.<\/em><\/li>\n<\/ol>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Ejemplo<\/em><\/p>\n<p>Os recomiendo que nunca dej\u00e9is pasar un s\u00e1bado sin hacer algo en honor a Mar\u00eda. Desde los primeros tiempos de la Iglesia, los cristianos sol\u00edan practicar alguna devoci\u00f3n a la Santa Virgen el d\u00eda del s\u00e1bado. El s\u00e1bado significa descanso, y se elige para aludir al descanso, es decir, a la morada que el Verbo Divino se dign\u00f3 hacer en el seno pur\u00edsimo de Mar\u00eda. Uno de los m\u00e1s fervientes propagadores del culto a Mar\u00eda en el d\u00eda del s\u00e1bado fue san Ildefonso, arzobispo de Toledo. \u00c9l hab\u00eda compuesto algunos c\u00e1nticos en alabanza a esta madre de misericordia, y el s\u00e1bado siguiente oy\u00f3 a los \u00e1ngeles cantarlos en la iglesia, en medio de los cuales se encontraba la misma Virgen. Despu\u00e9s de este hecho, el culto del s\u00e1bado se extendi\u00f3 r\u00e1pidamente por toda Europa. Desde el siglo X era costumbre abstenerse de comer carne en ese d\u00eda en honor a Mar\u00eda. Poco despu\u00e9s se compuso la Misa y el oficio propio para recitarse en ese d\u00eda. Tanto la Misa como el oficio fueron aprobados por el papa Urbano II en el concilio de Chiaramonti en el a\u00f1o 1095. No dejemos pasar ning\u00fan s\u00e1bado sin practicar alg\u00fan acto de virtud en honor a Mar\u00eda y, si podemos, tomemos la santa Comuni\u00f3n o, al menos, asistamos a Misa en sufragio de las almas del purgatorio.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Jaculatoria<\/em><\/p>\n<p>\u00a1Oh, si un d\u00eda pudiera ver<\/p>\n<p>Todos los corazones languidecer de amor<\/p>\n<p>Por tan bella reina y escuchar<\/p>\n<p>Su nombre ser alabado por doquier;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Para que en la tierra, por cada conf\u00edn,<\/p>\n<p>Resonara con dulce armon\u00eda:<\/p>\n<p>\u00a1Viva, viva por siempre Mar\u00eda!<\/p>\n<p>\u00a1Viva Dios que tanto la am\u00f3!<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Oraci\u00f3n. <\/em>Acu\u00e9rdate, oh piadosa Virgen Mar\u00eda&#8230;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><a name=\"_Toc206830799\"><\/a><strong>Ofrenda del coraz\u00f3n a Mar\u00eda<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Para ofrecer el coraz\u00f3n a Mar\u00eda se elige el primero de junio, consagrado a su Sagrado Coraz\u00f3n, o tambi\u00e9n otro d\u00eda antes o despu\u00e9s, especialmente si es una fiesta solemne, como Pentecost\u00e9s, Corpus Domini o similares. Para ofreceros a vosotros mismos y todo el mes, que dedicar\u00e9is en honor de Mar\u00eda, el d\u00eda anterior a la santa Confesi\u00f3n, os dispondr\u00e9is a recibir la Sant\u00edsima Comuni\u00f3n con singular fervor y disposici\u00f3n de piadosos pensamientos y devotos afectos, despu\u00e9s de lo cual, habiendo dado las gracias como sol\u00e9is, deb\u00e9is con fervor:<\/p>\n<ol>\n<li>Ofrecer a Mar\u00eda todas las devociones que hay\u00e1is practicado durante todo el mes, y present\u00e1rselas en homenaje a su adorable coraz\u00f3n.<\/li>\n<li>Adorar ahora y durante el d\u00eda el coraz\u00f3n de Mar\u00eda, que, como revel\u00f3 el Se\u00f1or, es el fin de su amor y del amor de todos los corazones despu\u00e9s del de Jes\u00fas, est\u00e1 lleno de toda gracia, es ese coraz\u00f3n del que y por el que toda gracia desciende sobre nosotros.<\/li>\n<li>Unid vuestro coraz\u00f3n al coraz\u00f3n de todos los santos, sobre todo de aquellos que en esta vida fueron m\u00e1s devotos de Mar\u00eda, para suplir as\u00ed la imperfecci\u00f3n de vuestro amor.<\/li>\n<li>Rogad a la Virgen para que acepte siempre la ofrenda que le hacemos de nuestro coraz\u00f3n, concedi\u00e9ndonos poder acudir alg\u00fan d\u00eda a rendirle homenaje perfectamente en el cielo, como ahora se lo rendimos d\u00e9bilmente en la tierra.<\/li>\n<li>In Este d\u00eda, recen vuestras oraciones con m\u00e1s fervor y devoci\u00f3n, visiten alguna iglesia o imagen de Mar\u00eda, den limosna, en definitiva, empleen este d\u00eda de la manera m\u00e1s santa que puedan.<\/li>\n<\/ol>\n<p>Jes\u00fas y Mar\u00eda vivan siempre en vuestro coraz\u00f3n.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><a name=\"_Toc206830800\"><\/a><strong>F\u00f3rmula de la ofrenda del coraz\u00f3n a Mar\u00eda<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Sant\u00edsima Virgen, Madre de Dios Mar\u00eda, yo, N. N., aunque soy un pecador indigno, postrado a tus pies, en presencia del Dios todopoderoso y de toda la Corte celestial, te presento y te ofrezco mi coraz\u00f3n con todos sus afectos: te lo consagro y quiero que sea siempre tuyo y de tu querido Jes\u00fas. Acepta, oh Madre benign\u00edsima, de este pobre siervo tuyo la devota ofrenda unida al coraz\u00f3n de todos los santos, y haz que desde este momento comience y siga viviendo en el futuro \u00fanicamente para ti, para tu sant\u00edsimo Hijo y mi Dios. Con su divina ayuda y con tu amorosa asistencia espero hacerlo, y por mi parte lo prometo. Entre vuestros dos corazones, Jes\u00fas y Mar\u00eda, poned mi pobre coraz\u00f3n, para que se inflame todo de vuestro amor pur\u00edsimo, a fin de que, viviendo de vuestro hermoso fuego en la tierra, arda luego de amor eterno por vos en el cielo, en compa\u00f1\u00eda de los \u00e1ngeles y los santos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><a name=\"_Toc206830801\"><\/a><strong>Oraci\u00f3n de San Bernardo<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Acordaos, oh piados\u00edsima Virgen Mar\u00eda, que nunca se ha o\u00eddo en el mundo que hay\u00e1is rechazado o abandonado a nadie que implorara vuestros favores. Animado por esta confianza, me presento ante vos. No desprecies, oh Madre del Verbo eterno, las oraciones de este tu humilde hijo, esc\u00fachalas favorablemente, oh clemente, oh piadosa, oh dulce Virgen Mar\u00eda.<\/p>\n<p>As\u00ed sea.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><a name=\"_Toc206830802\"><\/a><strong>Indulgencias concedidas por el papa P\u00edo IX<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Con gran consuelo anunciamos a nuestros lectores que el Santo Padre, el reinante P\u00edo IX, se ha dignado impartir la bendici\u00f3n apost\u00f3lica a todos aquellos que de alguna manera se dedican a la difusi\u00f3n de las Lecturas Cat\u00f3licas.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>El sacerdote Giovanni Bosco, con el vivo deseo de promover las alabanzas y los c\u00e1nticos espirituales en honor de Dios, de la Sant\u00edsima Virgen Mar\u00eda y de los santos, ha suplicado al sumo pont\u00edfice reinante que conceda las siguientes indulgencias, a las que el Santo Padre ha accedido benignamente firmando con su propia mano el venerado rescripto.<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<ol>\n<li>Indulgencia de un a\u00f1o a quienes ense\u00f1en gratuitamente el canto de las alabanzas sagradas, practic\u00e1ndolo en p\u00fablico o en privado al menos alguna vez; otra de cien d\u00edas a quienes lo practiquen en oratorios p\u00fablicos o privados cada vez que se celebre.<\/li>\n<li>Indulgencia plenaria que se obtendr\u00e1 al final del mes mariano por quienes durante el mismo se hayan dedicado de manera especial a cantar alabanzas sagradas en la iglesia y hayan participado en la devoci\u00f3n del mes mariano.<\/li>\n<\/ol>\n<p>3.Indulgencia Plenaria una vez al mes para aquellos que, al menos en cuatro d\u00edas festivos o incluso laborables, participen en cantar o ense\u00f1ar alabanzas sagradas; y esta Indulgencia se podr\u00e1 ganar en el d\u00eda en que se haya recibido previamente la Confesi\u00f3n y la Comuni\u00f3n. Para que se puedan obtener las indulgencias mencionadas, se requiere que las alabanzas cuenten con la aprobaci\u00f3n de la autoridad eclesi\u00e1stica.<\/p>\n<ol start=\"4\">\n<li>Estas indulgencias pueden aplicarse a las almas de los fieles difuntos.<\/li>\n<\/ol>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Romae apud S. Petrum, die 7 aprilis 1858.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Benigne annuimus iuxta petita<\/p>\n<p>PIUS P. P. IX.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><a name=\"_Toc206830803\"><\/a><strong>Alabanza a Mar\u00eda<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Alabad a Mar\u00eda,<\/p>\n<p>oh lenguas fieles.<\/p>\n<p>Resuene en los cielos<\/p>\n<p>vuestra armon\u00eda.<\/p>\n<p>Alabad, alabad, alabad a Mar\u00eda.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Mar\u00eda, eres un lirio<\/p>\n<p>De pura blancura<\/p>\n<p>Que enamora el coraz\u00f3n<\/p>\n<p>De tu Hijo, el Verbo.<\/p>\n<p>Alabad, etc.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>De luz divina<\/p>\n<p>Eres noble aurora,<\/p>\n<p>El sol te adora.<\/p>\n<p>La luna se inclina.<\/p>\n<p>Alabad, etc.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Con pie poderoso<\/p>\n<p>El jefe enemigo<\/p>\n<p>T\u00fa pisoteas a la antigua<\/p>\n<p>Serpiente maligna.<\/p>\n<p>Alabad, etc.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Tu pecho puro<\/p>\n<p>dio alimento y refugio<\/p>\n<p>Al gran ni\u00f1o<\/p>\n<p>Jes\u00fas Nazareno.<\/p>\n<p>Alabad, etc.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Ya reinas bienaventurada<\/p>\n<p>Entre coros angelicales,<\/p>\n<p>Con cantos sonoros<\/p>\n<p>Exaltado por todos.<\/p>\n<p>Alabad, etc.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El cielo te concede<\/p>\n<p>Las gracias m\u00e1s bellas,<\/p>\n<p>Y un giro de estrellas<\/p>\n<p>Te forma una corona.<\/p>\n<p>Alabad, etc.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Oh Madre de Dios,<\/p>\n<p>y m\u00edstica rosa<\/p>\n<p>Socorre piadosa<\/p>\n<p>Mi esp\u00edritu.<\/p>\n<p>Alabad, alabad, alabad a Mar\u00eda.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Con aprobaci\u00f3n de la Revisi\u00f3n Eclesi\u00e1stica.<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Tur\u00edn, tip. G. B. Paravia e Compagnia, 1858<\/em><\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\">[1]<\/a><em> V. El mes de mayo; G\u00e9nova, 1747.<\/em><\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref2\" name=\"_ftn2\">[2]<\/a> El reinante P\u00edo IX concede la indulgencia de cien d\u00edas cada vez que se reza esta jaculatoria.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref3\" name=\"_ftn3\">[3]<\/a> El reinante P\u00edo IX concede la indulgencia de cien d\u00edas cada vez que se recita la jaculatoria mencionada.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref4\" name=\"_ftn4\">[4]<\/a> El reinante P\u00edo IX concedi\u00f3 la indulgencia de trescientos d\u00edas cada vez que se recita esta oraci\u00f3n de San Bernardo con coraz\u00f3n contrito, y la indulgencia plenaria a quien la recite durante un mes entero, para aprovechar en un d\u00eda del mencionado mes elegido a su arbitrio.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref5\" name=\"_ftn5\">[5]<\/a><em> El reinante P\u00edo IX concede 300 d\u00edas de indulgencia cada vez que se recita esta jaculatora; y quien la recite todos los d\u00edas durante un mes obtendr\u00e1 la indulgencia plenaria en el d\u00eda en que se confiese y comulgue.<\/em><\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref6\" name=\"_ftn6\">[6]<\/a><em> El reinante P\u00edo IX concede la indulgencia de 100 d\u00edas cada vez que se recita esta jaculatoria, y la indulgencia plenaria a quien la diga durante un mes, en el d\u00eda en que se confiese y comulgue.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En 1858, San Juan Bosco public\u00f3 \u00abEl mes de mayo consagrado a Mar\u00eda Sant\u00edsima Inmaculada&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":53062,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"iawp_total_views":3,"footnotes":""},"categories":[183],"tags":[1738,1768,2214,1822,1690,1972,2026],"class_list":["post-53068","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-santisima-virgen-maria","tag-catequesis","tag-don-bosco","tag-familia","tag-gracia","tag-maria","tag-santos","tag-virtud"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/53068","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=53068"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/53068\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":53070,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/53068\/revisions\/53070"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/53062"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=53068"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=53068"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=53068"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}