{"id":52951,"date":"2026-04-17T12:43:50","date_gmt":"2026-04-17T12:43:50","guid":{"rendered":"https:\/\/www.donbosco.press\/?p=52951"},"modified":"2026-04-17T12:44:17","modified_gmt":"2026-04-17T12:44:17","slug":"educar-en-la-espiritualidad-de-lo-cotidiano-con-san-francisco-de-sales","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/nuestros-santos\/educar-en-la-espiritualidad-de-lo-cotidiano-con-san-francisco-de-sales\/","title":{"rendered":"Educar en la espiritualidad de lo cotidiano con san Francisco de Sales"},"content":{"rendered":"<p><em><i>La espiritualidad cristiana a menudo se percibe como un patrimonio exclusivo de almas privilegiadas, alejada de la vida concreta de quienes habitan el mundo. San Francisco de Sales da un vuelco a esta visi\u00f3n con una propuesta radical: a Dios no se le encuentra en un m\u00e1s all\u00e1 ideal, sino en el coraz\u00f3n palpitante de la existencia ordinaria. Obispo, director espiritual y escritor del siglo XVII, Francisco de Sales elabor\u00f3 un camino de santidad accesible a todos \u2014al mercader, a la esposa, al soldado, al campesino\u2014 sin exigir el abandono del propio estado de vida. El siguiente texto explora los pilares de esta espiritualidad de lo cotidiano: la aceptaci\u00f3n amorosa de la propia condici\u00f3n, el ejercicio concreto de las virtudes, el encuentro con Dios en los acontecimientos de cada d\u00eda y la transfiguraci\u00f3n de lo ordinario a trav\u00e9s de la caridad.<\/i><\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Dios me manifiesta su voluntad y su amor en y mediante la vida de cada d\u00eda, la cual constituye, por tanto, el lugar providencial donde puedo encontrarlo. El hombre est\u00e1 continuamente tentado de buscarlo en otro lugar, en otra \u00e9poca o en una condici\u00f3n de vida diferente a la suya, mientras que Dios est\u00e1 presente en la vida de cada uno. Quiz\u00e1s piensa espont\u00e1neamente que la vida espiritual est\u00e1 reservada a una \u00e9lite y se encierra en libros obviamente incomprensibles para los comunes mortales.<\/p>\n<p>Francisco de Sales propone una espiritualidad de la \u00abvida ordinaria\u00bb, de lo cotidiano. Lo afirma expl\u00edcitamente en el prefacio de la Filotea: mi intenci\u00f3n \u2014escrib\u00eda\u2014 es la de instruir a aquellos que \u00abpor su condici\u00f3n est\u00e1n obligados a vivir exteriormente una vida ordinaria\u00bb. Exteriormente, nada parece distinguirlos de los dem\u00e1s; interiormente, el fuego del amor los inflama. Si Francisco de Sales eligi\u00f3 como patrona de su congregaci\u00f3n a Nuestra Se\u00f1ora de la Visitaci\u00f3n es porque \u00abla muy gloriosa Virgen hizo este solemne acto de caridad hacia el pr\u00f3jimo yendo a visitar y servir a santa Isabel en el laborioso per\u00edodo de su embarazo, y a pesar de ello compuso el c\u00e1ntico del Magn\u00edficat, el m\u00e1s dulce, el m\u00e1s elevado, el m\u00e1s espiritual y contemplativo que jam\u00e1s se haya escrito\u00bb.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong><b>Hay que florecer donde Dios nos ha plantado<\/b><\/strong><\/p>\n<p>Esta sentencia, atribuida a Francisco de Sales, define sin duda uno de los rasgos fundamentales de esta espiritualidad. Consiste, en primer lugar, en amar francamente el propio estado de vida. El motivo es claro:<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em><i>Si somos santos seg\u00fan nuestra voluntad, nunca seremos santos como es debido; debemos serlo seg\u00fan la voluntad de Dios. Ahora bien, la voluntad de Dios es que, por amor a \u00c9l, am\u00e9is francamente los deberes de vuestro estado de vida.<\/i><\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Aqu\u00ed se toca con el dedo el realismo espiritual de Francisco de Sales, que no teme nada tanto como el multiplicar deseos infructuosos. Hay que servir a Dios \u2014le dec\u00eda a una joven novicia sedienta de perfecci\u00f3n inmediata\u2014 \u00abal estilo humano, propio del tiempo, esperando poder hacerlo un d\u00eda de modo divino o ang\u00e9lico, seg\u00fan el estilo propio de la eternidad\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abEs bueno desear mucho, pero tambi\u00e9n es necesario poner orden en los deseos y transformarlos en obras a medida que se presenta el momento justo y la posibilidad. [\u2026] La obra realizada, aunque sea muy limitada, es siempre m\u00e1s \u00fatil que los grandes deseos de cosas que est\u00e1n fuera de nuestras posibilidades. Dios nos pide m\u00e1s bien la fidelidad a las peque\u00f1as cosas que el ardor por las grandes que no dependen de nosotros\u00bb.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n dec\u00eda: \u00abPerdemos a menudo tanto tiempo intentando ser buenos \u00e1ngeles, mientras descuidamos ser buenos hombres o buenas mujeres\u00bb.<\/p>\n<p>Es necesario, por tanto, aprender a complacernos de estar donde estamos. Francisco de Sales, completamente reacio a convertirse en obispo, aprend\u00eda cada d\u00eda a amar lo que Dios hab\u00eda querido de \u00e9l. Juana de Chantal deber\u00e1 aprender a amar su condici\u00f3n de viuda, porque Dios hab\u00eda permitido que as\u00ed sucediera.<\/p>\n<p>Una de sus sentencias habituales reza as\u00ed: \u00abNo hay que desear llegar a la perfecci\u00f3n de golpe; hay que recorrer el camino com\u00fan y ordinario, que es el m\u00e1s seguro\u00bb. No solo todos est\u00e1n llamados a la perfecci\u00f3n de la caridad, en la que consiste la santidad, sino que la perfecci\u00f3n es accesible a todos. La conclusi\u00f3n de Francisco de Sales es perentoria: \u00abDondequiera que vivamos, podemos y debemos aspirar a la vida perfecta\u00bb.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong><b>El ejercicio de las virtudes<\/b><\/strong><\/p>\n<p>Hasta aqu\u00ed, esta espiritualidad parece bastante pasiva: se debe aceptar la vida tal como se presenta, porque es nuestra realidad, y esforzarse en amarla como una manifestaci\u00f3n de la voluntad de Dios y de su amor hacia nosotros. Pero esto es solo el punto de partida. Se trata de mantener una actitud positiva de intervenci\u00f3n, que Francisco de Sales llama \u00abel ejercicio de las virtudes\u00bb.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de haber reconocido y aceptado el momento presente y el lugar providencial donde Dios \u00abnos ha plantado\u00bb, se debe \u00abflorecer\u00bb y producir frutos, pero siempre teniendo en cuenta la situaci\u00f3n concreta y la vocaci\u00f3n de cada uno. El texto cl\u00e1sico que define el tipo de santidad al que todos est\u00e1n llamados merece ser citado:<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em><i>En la creaci\u00f3n, Dios mand\u00f3 a las plantas que dieran fruto, cada una seg\u00fan su g\u00e9nero: del mismo modo manda a los cristianos, que son las plantas vivas de su Iglesia, que den frutos de devoci\u00f3n, cada uno seg\u00fan su calidad y su profesi\u00f3n.<\/i><\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En la vida cristiana todo es fruto de la gracia del Esp\u00edritu Santo, pero el don de la gracia requiere la colaboraci\u00f3n activa del hombre. La adquisici\u00f3n de las virtudes exige, de todos modos, una buena dosis de esfuerzo, de valent\u00eda, de constancia y de generosidad. Se trata aqu\u00ed de un verdadero ejercicio (es el sentido de la palabra ascesis) que se realiza en un clima de serenidad y de confianza en Dios. \u00abTemed m\u00e1s los vicios de lo que am\u00e1is las virtudes\u00bb, escrib\u00eda a una mujer casada, impaciente y escrupulosa.<\/p>\n<p>Una vez m\u00e1s, precisa que las virtudes deben practicarse seg\u00fan la vocaci\u00f3n de cada uno y que \u00abes necesario observar los mandamientos particulares que cada uno tiene debido a su vocaci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em><i>Los obispos tienen como ley visitar el reba\u00f1o que se les ha confiado, instruirlo, corregirlo y consolarlo; y yo puedo permanecer en oraci\u00f3n toda la semana, ayunar toda la vida, pero, si no hago esto, me pierdo. Una persona casada puede hacer milagros, pero, si no cumple las obligaciones que tiene con su c\u00f3nyuge y no cuida de sus hijos, es peor que un infiel, como dice san Pablo. Y lo mismo se diga de todos los dem\u00e1s.<\/i><\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Pero para no desviarse del camino invirtiendo las prioridades, hay que saber que existe una jerarqu\u00eda en las virtudes. Para Francisco de Sales, y esto es indudable, el primer lugar corresponde al amor, mientras que las otras virtudes lo acompa\u00f1an o lo siguen:<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em><i>La abeja reina no sale al campo si no es acompa\u00f1ada por todo su peque\u00f1o pueblo; del mismo modo, la caridad nunca entra en un coraz\u00f3n si no es arrastrando tras de s\u00ed todo el s\u00e9quito de las dem\u00e1s virtudes, a las que ordena y adiestra como un capit\u00e1n hace con sus soldados.<\/i><\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Las dem\u00e1s virtudes, en particular la dulzura, dependen de la caridad; son manifestaciones y realizaciones concretas de ella, o bien medios para adquirirla, tanto es as\u00ed que solo la caridad \u00abnos hace llegar a la perfecci\u00f3n\u00bb. Existen, sin embargo, virtudes de uso tan universal que exigen hacer continuamente una buena provisi\u00f3n de ellas. No son ya las virtudes de los \u00e1ngeles, sino las de hombres y mujeres de carne y hueso:<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em><i>Si a Dios le place elevarnos hasta las perfecciones ang\u00e9licas, seremos tambi\u00e9n buenos \u00e1ngeles, pero mientras tanto, ejercit\u00e9monos con sencillez, humildad y devoci\u00f3n en esas peque\u00f1as virtudes cuya conquista ha sido puesta a nuestro alcance por Nuestro Se\u00f1or, como la paciencia, la bondad, la mortificaci\u00f3n del coraz\u00f3n, la humildad, la obediencia, la castidad, la ternura hacia el pr\u00f3jimo, la tolerancia de sus imperfecciones, la diligencia y el santo fervor.<\/i><\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Hay todav\u00eda otras listas de virtudes, en las que figuran, por ejemplo, la templanza, la honestidad, la valent\u00eda, la sencillez, la modestia, la cordialidad y la afabilidad. Adem\u00e1s, se destacan algunas actitudes espirituales, muy apreciadas por Francisco de Sales, que sin embargo deber\u00edan considerarse m\u00e1s bien como frutos de las virtudes, o mejor, del Esp\u00edritu Santo, como la alegr\u00eda, la paz, la confianza y el abandono en Dios.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 ocurre en este marco de virtudes con los tradicionales ejercicios asc\u00e9ticos? No se abolen, pero se desplaza el acento. As\u00ed, el autor de la <em><i>Filotea<\/i><\/em> recomienda el trabajo antes que el ayuno, la moderaci\u00f3n en los placeres antes que la abstenci\u00f3n. En lugar de elegir siempre lo peor a modo de penitencia, es mejor abstenerse de elegir:<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em><i>Creo que es una virtud m\u00e1s grande comer sin elegir lo que os ponen delante, y en el orden en que os lo ponen, sea o no de vuestro gusto, que elegir siempre lo peor. Porque, aunque este segundo modo de vivir parezca m\u00e1s austero, el otro conlleva sin embargo una mayor resignaci\u00f3n, porque en este caso no se renuncia solo al propio gusto, sino tambi\u00e9n a la propia elecci\u00f3n; y adem\u00e1s, no es austeridad de poca monta trastocar los propios gustos y hacerlos depender del azar; adem\u00e1s, este tipo de mortificaci\u00f3n no se ve, no molesta a nadie y est\u00e1 hecho a prop\u00f3sito para la vida en sociedad.<\/i><\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong><b>Encontrar a Dios en los acontecimientos de cada d\u00eda<\/b><\/strong><\/p>\n<p>La vida espiritual delineada por Francisco de Sales no est\u00e1 hecha \u00absolo para afrontar acontecimientos extraordinarios, sino principalmente para vivir en medio de las cosas insignificantes de todos los d\u00edas\u00bb. Es en medio de lo m\u00e1s banal y cotidiano donde puede ocurrir el encuentro con Dios. La pastora Raquel abrevaba su reba\u00f1o en el pozo, llevaba a pastar cada d\u00eda a sus ovejas, sacaba agua del pozo cada d\u00eda, y es en medio de estas acciones cotidianas donde encontr\u00f3 a su esposo.<\/p>\n<p>Si hay un punto importante en la espiritualidad salesiana, este es la \u00absanta indiferencia\u00bb, sintetizada en la f\u00f3rmula: \u00abNada pedir, nada rehusar\u00bb. El autor parte del principio seg\u00fan el cual todo lo que ocurre en la vida (excepto el pecado) es querido por Dios o al menos permitido por \u00e9l. En consecuencia, aquel que ama verdaderamente a Dios se prepara para acoger cada acontecimiento, sea cual sea, con una \u00absimple disposici\u00f3n\u00bb, como si viniera del \u00abbenepl\u00e1cito divino\u00bb.<\/p>\n<p>Dios se da a conocer en el acontecimiento, ya sea envi\u00e1ndolo o simplemente permiti\u00e9ndolo. Una vez que ha sobrevenido, la persona permanece serena y lo acepta. Es esta una actitud pasiva de resignaci\u00f3n que parece un poco inquietante, tanto m\u00e1s cuanto que el vocabulario del \u00abbenepl\u00e1cito\u00bb recuerda demasiado al absolutismo del pr\u00edncipe terrenal. Sin embargo, es preciso tener presente que la voluntad de disponerse, de esperar, de prepararse, conlleva tambi\u00e9n un aspecto activo que no debe descuidarse. Es una disposici\u00f3n de la voluntad de las m\u00e1s recomendadas por Francisco de Sales. Se funda, como se ha dicho, en la confianza en la Providencia, sin la cual nada sucede en este mundo. Pero puede ser considerada tambi\u00e9n una virtud humana que contribuye grandemente a mantener un humor constante, sobre todo en los momentos dif\u00edciles de la vida. La indiferencia, ense\u00f1aba Francisco de Sales a las visitandinas, es una virtud que no se adquiere en cinco a\u00f1os, \u00abse necesitan diez\u00bb.<\/p>\n<p>A prop\u00f3sito de la pasividad y de la santa indiferencia, que se convierte en una extrema indiferencia de la voluntad con respecto a lo que suceder\u00e1, el obispo de Ginebra aclara las cosas, tomando el ejemplo de la enfermedad. \u00abCuando est\u00e9is enferma\u00bb \u2014recomienda a Filotea\u2014, \u00abobedeced al m\u00e9dico, tomad las medicinas, los alimentos u otros remedios por amor de Dios\u00bb. Luego a\u00f1ade: \u00abDesead curaros, para servirle; pero no rehus\u00e9is sufrir, para obedecerle, y preparaos incluso a morir, si le place, para alabarlo y gozarlo\u00bb.<\/p>\n<p>Acoger el acontecimiento ser\u00e1 tanto m\u00e1s f\u00e1cil cuanto m\u00e1s persuadido est\u00e9 uno, con san Pablo, de que \u00abtodo coopera para el bien de los que aman a Dios\u00bb. Dice todo, es decir, no solo las alegr\u00edas y las consolaciones, sino tambi\u00e9n las pruebas, las tribulaciones y los males de esta vida, incluidos los pecados. \u00abS\u00ed, incluso los pecados, de los que Dios nos preserve por su bondad, son orientados por la Providencia divina al bien de quienes le pertenecen\u00bb.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong><b>Unir oraci\u00f3n y vida<\/b><\/strong><\/p>\n<p>Cuando aborda el tema de la oraci\u00f3n, el autor de la <em><i>Introducci\u00f3n a la vida devota<\/i><\/em> se empe\u00f1a ante todo en convencer a Filotea de que se trata de una necesidad vital. Siguiendo la distinci\u00f3n cl\u00e1sica, Francisco de Sales considera tres tipos de oraci\u00f3n: vocal, mental y vital.<\/p>\n<p>Aprecia y recomienda la <em><i>oraci\u00f3n vocal<\/i><\/em> o exterior, ya sea lit\u00fargica, comunitaria o personal. Pero la calidad de tal oraci\u00f3n deriva de lo \u00edntimo, del coraz\u00f3n del orante: \u00abUn solo <em><i>Padrenuestro<\/i><\/em>, dicho con sentimiento, vale m\u00e1s que muchos recitados a toda prisa\u00bb.<\/p>\n<p>El obispo de Ginebra apreciaba sobre todo la<em><i> oraci\u00f3n mental<\/i><\/em>, que recomendaba a todos, incluso a los fieles laicos. Es preferible porque da efectivamente la prioridad a lo interior sobre lo exterior. Su calidad depende del amor, porque la oraci\u00f3n vale tanto como el amor con que se realiza. Esta oraci\u00f3n mental, que tambi\u00e9n llama cordial, tiene dos formas: la meditaci\u00f3n y la contemplaci\u00f3n. Ambas alimentan la vida espiritual, como el comer y el beber mantienen la vida del cuerpo: \u00abmeditar quiere decir comer, y contemplar quiere decir beber\u00bb.<\/p>\n<p>Si la oraci\u00f3n mental exige reservar un cierto tiempo del d\u00eda a este ejercicio particular, existe sin embargo una tercera forma de oraci\u00f3n, mucho m\u00e1s cercana a la vida y compatible con todo tipo de ocupaci\u00f3n. Es la oraci\u00f3n vital, que tambi\u00e9n podr\u00eda llamarse oraci\u00f3n vivida o simplemente uni\u00f3n con Dios. Las ocupaciones no deber\u00edan impedir en modo alguno la uni\u00f3n con Dios, y quienes practican esta forma de oraci\u00f3n no corren el peligro de olvidarse de Dios, no m\u00e1s de lo que los enamorados corren el riesgo de olvidarse el uno del otro:<\/p>\n<p>Los enamorados de un amor humano y natural tienen casi siempre todos los pensamientos fijos en el objeto amado, el coraz\u00f3n lleno de arrebato por \u00e9l, la boca rebosante de sus alabanzas y no pierden ocasi\u00f3n, en su ausencia, de testimoniar sus pasiones con cartas, ni dejan pasar \u00e1rbol sin grabar en su corteza el nombre de quien aman.<\/p>\n<p>En medio de las actividades diarias de quien vive \u00abapremiado por las cosas temporales\u00bb, siempre es posible encontrar un instante de soledad para unir el coraz\u00f3n a Dios:<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em><i>Acordaos de retiraros siempre, oh Filotea, a la soledad de vuestro coraz\u00f3n, mientras con el cuerpo est\u00e1is en medio de las conversaciones y los quehaceres; esta soledad de la mente no puede ser impedida en lo m\u00e1s m\u00ednimo ni siquiera por la multitud de quienes os rodean, porque no est\u00e1n alrededor de vuestro coraz\u00f3n, sino solo de vuestro cuerpo, de modo que vuestro coraz\u00f3n permanece completamente solo en presencia de Dios solo.<\/i><\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>As\u00ed, la verdadera oraci\u00f3n no hace descuidar las obligaciones de la vida de cada d\u00eda, a condici\u00f3n de imitar a la mujer fuerte de la Biblia, de quien se dice que \u00abaplic\u00f3 sus manos a empresas grandes, y sus dedos manejaron el huso\u00bb. De ah\u00ed sus recomendaciones a la baronesa de Chantal, quiz\u00e1s mal aconsejada al inicio de su vida espiritual: \u00abMeditad, elevad vuestro esp\u00edritu, llevadlo a Dios, o mejor, atraed a Dios a vuestro esp\u00edritu: he aqu\u00ed las cosas vigorosas. Al mismo tiempo, sin embargo, no olvid\u00e9is la rueca y el huso: hilad el hilo de las peque\u00f1as virtudes y abajaos a la pr\u00e1ctica de los ejercicios de caridad. Quien ense\u00f1a lo contrario, enga\u00f1a y se deja enga\u00f1ar\u00bb.<\/p>\n<p>De todos modos, esto no ser\u00e1 del todo f\u00e1cil. Unir la oraci\u00f3n a la vida, comportarse en el vivir como uno se comporta en el orar, llegar a realizar la uni\u00f3n del coraz\u00f3n y de la vida, todo esto no se adquiere por encanto. Habr\u00e1 que guardarse bien de perder el equilibrio interior, requerido para avanzar sin tropezar con los obst\u00e1culos. Hagamos como los funambulistas y los equilibristas: \u00abQuienes caminan sobre la cuerda sostienen siempre en la mano la vara del contrapeso, para equilibrar con exactitud el cuerpo, seg\u00fan los movimientos que deben hacer sobre una base tan peligrosa\u00bb. Comparando la cruz de Cristo con la vara del contrapeso que garantiza el equilibrio, Francisco de Sales recuerda que la vida de cada d\u00eda est\u00e1 llena de ocasiones peligrosas y que necesita una salvaguardia.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong><b>Lo cotidiano transfigurado<\/b><\/strong><\/p>\n<p>La vida cotidiana est\u00e1 marcada por momentos, pero \u00aben estos momentos de nuestra vida se encierra, como en una nuez, el germen de la eternidad\u00bb. El reloj nos ofrece la medida cuantitativa del tiempo, pero su calidad depende de nosotros. Si lo queremos, nosotros \u00abpodemos pasar todos nuestros a\u00f1os, nuestros meses, nuestros d\u00edas y nuestras horas, haci\u00e9ndolos santos mediante un uso bueno y fiel\u00bb.<\/p>\n<p>Junto a las \u00abgrandes obras\u00bb, el autor de la <em><i>Filotea<\/i><\/em> trata de persuadirnos de que es importante tomar en consideraci\u00f3n las actividades \u00abmenores y m\u00e1s humildes\u00bb: \u00ablas peque\u00f1as injurias, estas peque\u00f1as molestias, estas p\u00e9rdidas poco importantes que ocurren cada d\u00eda\u00bb, las \u00abpeque\u00f1as ocasiones\u00bb, los \u00abcotidianos peque\u00f1os gestos de caridad\u00bb, \u00abestas peque\u00f1as incomodidades\u00bb, \u00abesta peque\u00f1a humillaci\u00f3n\u00bb, \u00abestos peque\u00f1os sufrimientos\u00bb. Ahora bien, todo esto, todas \u00abestas ocasiones que se presentan a cada paso, son una gran manera, si se saben usar bien, de amontonar muchas riquezas espirituales\u00bb. El m\u00e1s peque\u00f1o de estos momentos puede adquirir un valor extraordinario, si es vivido con amor.<\/p>\n<p>Sucede a menudo que una persona d\u00e9bil de cuerpo y de esp\u00edritu, que se ejercita solo en peque\u00f1as cosas, las hace con tanta caridad que sobrepasa con mucho el m\u00e9rito de las acciones grandes y elevadas; pues, habitualmente, las acciones elevadas se realizan con menos caridad, a causa de la atenci\u00f3n y de las diversas consideraciones que se hacen sobre ellas.<\/p>\n<p>Durante el \u00faltimo <em><i>Encuentro<\/i><\/em> con las hermanas de la Visitaci\u00f3n de Lyon, dos d\u00edas antes de morir, repetir\u00e1 su lecci\u00f3n preferida: \u00abNo es el c\u00famulo de obras que hacemos lo que nos hace agradables a Dios, sino el amor con que las realizamos\u00bb. Tampoco es por la grandeza de nuestras acciones que agradamos a Dios: \u00abUna hermana que en su celda se ocupa de una peque\u00f1a labor, adquirir\u00e1 mayor m\u00e9rito que otra ocupada en asuntos importantes, pero realizados con menor amor. La perfecci\u00f3n de nuestras acciones viene dada por el amor\u00bb.<\/p>\n<p>La vida contemplativa es mejor, en s\u00ed misma, que la vida activa, pero \u00absi en la vida activa se alcanza una uni\u00f3n m\u00e1s \u00edntima [con Dios], esta es mejor\u00bb. Por eso, \u00absi una hermana que trabaja en la cocina y maneja la cacerola junto al fuego, realiza todo esto con mayor amor y caridad que otra, el fuego material no la distraer\u00e1, al contrario, la ayudar\u00e1 a ser m\u00e1s agradable a Dios\u00bb. La soledad con Dios es buena, pero ocurre a menudo \u00abque se est\u00e1 unido a Dios tanto en la acci\u00f3n como en la soledad\u00bb.<\/p>\n<p>El amor es el secreto de la alquimia salesiana hasta el punto de que lo que nos aflige puede revestir un valor extraordinario gracias a la uni\u00f3n de nuestra voluntad con el benepl\u00e1cito de Dios.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La espiritualidad cristiana a menudo se percibe como un patrimonio exclusivo de almas privilegiadas, alejada&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":52947,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"iawp_total_views":2,"footnotes":""},"categories":[182],"tags":[2566,2636,2558,2198,2593,1822,1972,2026],"class_list":["post-52951","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-nuestros-santos","tag-caridad","tag-consejos","tag-dios","tag-educacion","tag-familia-salesiana","tag-gracia","tag-santos","tag-virtud"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/52951","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=52951"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/52951\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":52952,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/52951\/revisions\/52952"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/52947"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=52951"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=52951"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=52951"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}