{"id":52794,"date":"2026-04-09T06:53:51","date_gmt":"2026-04-09T06:53:51","guid":{"rendered":"https:\/\/www.donbosco.press\/?p=52794"},"modified":"2026-04-09T06:54:10","modified_gmt":"2026-04-09T06:54:10","slug":"un-bidente-maravilloso-1875","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/suenos-de-don-bosco\/un-bidente-maravilloso-1875\/","title":{"rendered":"Un bidente maravilloso (1875)"},"content":{"rendered":"<p><em>En el sue\u00f1o que Don Bosco narr\u00f3 la noche del 25 de abril de 1875, la dimensi\u00f3n on\u00edrica se convierte en catequesis viva y representaci\u00f3n simb\u00f3lica de la lucha espiritual de los j\u00f3venes. Ambientado en un vasto valle, el relato entrelaza figuras amigas \u2013Buzzetti, Gastini y los otros salesianos\u2013 con im\u00e1genes poderosas: el caballo de la confianza en Dios, la horca de dos puntas de la Confesi\u00f3n y la Comuni\u00f3n, las bestias de las tentaciones, el manto protector de Mar\u00eda. Con un lenguaje v\u00edvido, Don Bosco muestra c\u00f3mo el camino hacia la salvaci\u00f3n atraviesa insidias, ca\u00eddas y elecciones valientes, pero c\u00f3mo el muchacho posee el \u00abarma\u00bb para resistir. Esta visi\u00f3n, retomada en las \u00abbuenas noches\u00bb de mayo y junio, se convierte en una invitaci\u00f3n a la sinceridad, a la confianza con los superiores y a la perseverancia en la gracia.<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de las oraciones, y desde la c\u00e1tedra de siempre, se expres\u00f3 as\u00ed: Aqu\u00ed me ten\u00e9is dispuesto a cumplir mi palabra. Sab\u00e9is que los sue\u00f1os se nen durmiendo. Acerc\u00e1ndose, pues, el tiempo de los ejercicios espirituales, pensaba en la forma que deb\u00eda emplear para que mis j\u00f3venes los hiciesen bien, y qu\u00e9 hab\u00eda de aconsejarles para que sacasen el fruto consiguiente. Y as\u00ed me fui a descansar con este pensamiento la noche del domingo 25 de abril, v\u00edspera de los ejercicios. Apenas me acost\u00e9 comenc\u00e9 a so\u00f1ar&#8230; Me pareci\u00f3 encontrarme completamente solo en un valle extens\u00edsimo: por una y otra parte se ve\u00edan altas colinas. Al fondo del valle, por una parte, el terreno se elevaba y resplandec\u00eda una luz viv\u00edsima y en la otra parte el horizonte se presentaba algo oscuro.<\/p>\n<p>Mientras contemplaba esta llanura, vi venir hacia m\u00ed a Buzzetti con Gastini, los cuales me dijeron:<\/p>\n<p>&#8211; Don Bosco, monte a caballo, \u00a1pronto!<\/p>\n<p>Yo les contest\u00e9:<\/p>\n<p>&#8211; \u00bfOs quer\u00e9is burlar de m\u00ed? Sab\u00e9is que hace mucho tiempo que no monto a caballo.<\/p>\n<p>Los dos j\u00f3venes insist\u00edan; pero yo me resist\u00eda diciendo: -No quiero montar a caballo; una vez lo hice y me ca\u00ed. Buzzetti y Gastini continuaban presionando cada vez con m\u00e1s tes\u00f3n y repet\u00edan:<\/p>\n<p>&#8211; Pronto, a caballo, que no tenemos tiempo que perder.<\/p>\n<p>&#8211; Pero, en resumidas cuentas, cuando monte a caballo, \u00bfa d\u00f3nde quer\u00e9is conducirme?<\/p>\n<p>&#8211; Ya lo ver\u00e1, dese prisa y monte.<\/p>\n<p>&#8211; Pero \u00bfd\u00f3nde est\u00e1 el caballo? Yo no veo aqu\u00ed ninguno.<\/p>\n<p>&#8211; \u00a1All\u00ed est\u00e1!, exclam\u00f3 Gastini, se\u00f1alando hacia una parte del valle. Mir\u00e9 hacia el lugar indicado y, en efecto, vi un brioso y hermos\u00edsimo caballo. Ten\u00eda las patas gruesas y largas, la crin espesa y el pelo brillant\u00edsimo.<\/p>\n<p>&#8211; Y bien, continu\u00e9, puesto que quer\u00e9is que monte a caballo, lo har\u00e9; pero si me caigo&#8230;<\/p>\n<p>&#8211; Est\u00e9 tranquilo, me respondieron; estamos nosotros aqu\u00ed para ayudarle en cualquier circunstancia.<\/p>\n<p>&#8211; Si me rompo el cuello, dije a Buzzetti, t\u00fa tendr\u00e1s que pon\u00e9rmelo en su sitio. Buzzetti se ech\u00f3 a re\u00edr.<\/p>\n<p>&#8211; No es hora de re\u00edr, barbot\u00f3 Gastini. Nos acercamos al animal. Mont\u00e9 a la grupa con mucho trabajo, ayudado por ellos, y al fin heme caballero en mi caballo. \u00a1Qu\u00e9 alto me pareci\u00f3 entonces aquel animal! Cre\u00eda estar sobre un elevado pedestal, desde el cual divisaba todo el valle hasta sus m\u00e1s lejanos confines.<\/p>\n<p>Cuando he aqu\u00ed que mi caballo se puso en movimiento despertando en m\u00ed nueva admiraci\u00f3n: me pareci\u00f3 entonces encontrarme en mi propia habitaci\u00f3n, por lo que me pregunt\u00e9 a m\u00ed mismo: \u00bfD\u00f3nde estamos? Y ve\u00eda venir en mi busca, a sacerdotes, cl\u00e9rigos y otras muchas personas, todos asustados y anhelantes. Despu\u00e9s de recorrer un buen trecho, el caballo se detuvo. Entonces vi venir hacia m\u00ed a todos los sacerdotes del Oratorio en compa\u00f1\u00eda de numerosos cl\u00e9rigos, los cuales rodearon al animal. Vi entre ellos a don Miguel R\u00faa, a don Juan Cagliero, a don Jos\u00e9 Bologna. Al llegar se pusieron firmes contemplando a aquel enorme animal que yo montaba, pero ninguno dec\u00eda palabra. Yo los ve\u00eda a todos con aspecto melanc\u00f3lico, y reflejaban una turbaci\u00f3n que jam\u00e1s hab\u00eda contemplado en ellos. Llam\u00e9 junto a m\u00ed a don Jos\u00e9 Bologna y le dije:<\/p>\n<p>&#8211; Bologna, t\u00fa que est\u00e1s en la porter\u00eda, \u00bfsabes decirme si hay alguna novedad en casa? \u00bfCu\u00e1l es la causa de la turbaci\u00f3n que veo en todos los rostros?<\/p>\n<p>Y \u00e9l me contest\u00f3:<\/p>\n<p>&#8211; Yo no s\u00e9 d\u00f3nde estoy, ni lo que hago&#8230; Estoy aturdido&#8230; Vinieron algunos, hablaron, se marcharon; la porter\u00eda es un continuo ir y venir que yo no comprendo.<\/p>\n<p>&#8211; \u00a1Oh! \u00bfEs posible, me dec\u00eda yo a m\u00ed mismo, que hoy haya de suceder algo extraordinario?<\/p>\n<p>Entonces uno me entreg\u00f3 una trompeta, dici\u00e9ndome que me quedara con ella porque la necesitar\u00eda. Yo le pregunt\u00e9:<\/p>\n<p>&#8211; \u00bfD\u00f3nde estamos?<\/p>\n<p>&#8211; Toque la trompeta, me dijo.<\/p>\n<p>Sopl\u00e9 y se oyeron estas palabras: -Estamos en el pa\u00eds de la prueba&#8230;<\/p>\n<p>Despu\u00e9s se vio descender de lo alto de la colina tal cantidad de j\u00f3venes, que creo pasasen de los cien mil. Ninguno de ellos hablaba. Todos, armados de una horca, avanzaban a toda marcha hacia el valle. Vi entre ellos a todos los alumnos del Oratorio y de otros colegios nuestros y a much\u00edsimos que yo no conoc\u00eda. Entretanto, por una parte del valle comenz\u00f3 a oscurecerse el cielo de tal manera que parec\u00eda de noche y apareci\u00f3 un n\u00famero inmenso de animales que parec\u00edan tigres y leones. Aquellos monstruos feroces, de cuerpo descomunal, con patas robustas y cuello largo, ten\u00edan la cabeza m\u00e1s bien peque\u00f1a. Su hocico produc\u00eda espanto; con los ojos enrojecidos y casi fuera de las \u00f3rbitas se lanzaron contra los j\u00f3venes, los cuales, al verse asaltados por aquellos animales, se aprestaron para la defensa. Los muchachos ten\u00edan en la mano una horca de dos puntas con la que hac\u00edan frente a aquellas alima\u00f1as, levant\u00e1ndola o baj\u00e1ndola seg\u00fan la direcci\u00f3n del ataque de las mismas.<\/p>\n<p>Los monstruos, no pudiendo vencer a sus v\u00edctimas al primer asalto, mord\u00edan las puntas de la herramienta, se romp\u00edan los dientes y desaparec\u00edan. Hab\u00eda algunos, cuya horca s\u00f3lo ten\u00eda una punta, y eran heridos por las fieras atacantes; otros la ten\u00edan con el mango roto; otros carcomido por la polilla; otros eran tan presuntuosos, que se arrojaban contra los animales sin arma alguna siendo v\u00edctimas de su temeridad, y no pocos encontraron la muerte en la lucha. Muchos conservaban la horca con el mango nuevo y con dos puntas.<\/p>\n<p>Entretanto mi caballo fue rodeado desde un principio por una cantidad extraordinaria de serpientes. Pero saltaba y coceaba a diestro y siniestro, y las aplastaba o las alejaba, elev\u00e1ndose cada vez a mayor altura y ganando en corpulencia. Pregunt\u00e9 entonces a alguno qu\u00e9 significaban aquellas horcas de dos puntas. Me trajeron una y vi escrito sobre una de sus puntas: Confesi\u00f3n. Y en la otra: Comuni\u00f3n.<\/p>\n<p>&#8211; \u00bfQu\u00e9 significan esas dos puntas?, pregunt\u00e9.<\/p>\n<p>&#8211; Toca la trompeta, me respondieron.<\/p>\n<p>Sopl\u00e9 y sali\u00f3 esta voz de la trompeta: Confesi\u00f3n y Comuni\u00f3n bien hechas.<\/p>\n<p>Sopl\u00e9 de nuevo y se oy\u00f3 lo siguiente: Mango roto: Confesiones y Comuniones mal hechas. Mango carcomido: Confesiones defectuosas.<\/p>\n<p>Terminado este primer asalto, di con el caballo una vuelta por el campo de batalla y vi muchos heridos y muchos muertos.<\/p>\n<p>Observ\u00e9 que algunos yac\u00edan por el suelo estrangulados, con el cuello horriblemente inflamado y deforme; otros con el rostro desfigurado de una manera horrible, y otros muertos de hambre, a pesar de que ten\u00edan junto a s\u00ed un plato de riqu\u00edsimos confites. Los estrangulados son los que habiendo tenido la desgracia de haber cometido alg\u00fan pecado de peque\u00f1os, no se confesaron nunca de \u00e9l; los de la cara deforme, eran los golosos; los muertos de hambre, los que se confiesan, pero despu\u00e9s no ponen en pr\u00e1ctica los avisos y amonestaciones del confesor.<\/p>\n<p>Junto a cada uno de los que ten\u00edan el mango carcomido, hab\u00eda una palabra escrita. Uno ten\u00eda escrito: Soberbia; otro, Pereza; otro, Inmodestia, etc. Hay que hacer notar que los j\u00f3venes, al caminar, pisaban sobre una alfombra de rosas y se sent\u00edan contentos de tal circunstancia; pero apenas hab\u00edan avanzado unos pasos, despu\u00e9s de lanzar un grito, ca\u00edan muertos o quedaban heridos, pues bajo las rosas hab\u00eda abundantes espinas. Otros, en cambio, pisando aquellas rosas valerosamente, caminaban sobre ellas y se animaban rec\u00edprocamente saliendo victoriosos.<\/p>\n<p>Pero de nuevo se oscureci\u00f3 el cielo y en un momento aparecieron m\u00e1s animales y monstruos que la primera vez, todo lo cual sucedi\u00f3 en menos de tres o cuatro segundos, y hasta mi caballo se vio asediado por aquellas alima\u00f1as. Los monstruos siguieron creciendo sin medida, de forma que tambi\u00e9n yo comenc\u00e9 a sentir miedo, y me parec\u00eda que sus zarpas ara\u00f1aban mi cuerpo. Suerte la m\u00eda que en aquel momento tambi\u00e9n me proporcionaron a m\u00ed una horca; entonces comenc\u00e9 a combatir y los monstruos se dieron a la fuga. Todos desaparecieron, vencidos en la primera acometida, porque se daban a la fuga.<\/p>\n<p>Entonces sopl\u00e9 la trompeta y reson\u00f3 por todo el valle esta voz: &#8211; \u00a1Victoria, victoria! &#8211;<\/p>\n<p>Pero \u00bfc\u00f3mo, dije yo hemos conseguido la victoria? \u00a1Y a pesar de ello hay tantos muertos y tantos heridos!<\/p>\n<p>Entonces toqu\u00e9 nuevamente la trompeta y se oy\u00f3 esta voz: Tregua a los vencidos. Despu\u00e9s el cielo se seren\u00f3 y apareci\u00f3 un arco iris tan bello, de tantos colores, que es imposible describirlo. Era de tal magnitud, como si se apoyara en Superga y, describiendo una curva, llegase a caer sobre el Moncenisio. He de hacer notar que los vencedores ten\u00edan sobre sus cabezas coronas tan brillantes, de tantos y tales colores, que causaba maravilla contemplarlas; adem\u00e1s, sus rostros resplandec\u00edan con una belleza incomparable. Hacia el fondo, en una zona del valle y en medio del arco iris, se ve\u00eda una especie de tribuna ocupada por gente llena de j\u00fabilo y de una hermosura imposible de imaginar. Una nobil\u00edsima Se\u00f1ora regiamente vestida se acerc\u00f3 a la orilla de aquel balc\u00f3n diciendo:<\/p>\n<p>&#8211; Hijos m\u00edos, venid, cobijaos bajo mi manto. Y al mismo tiempo extendi\u00f3 un anch\u00edsimo manto y todos los j\u00f3venes corrieron a colocarse bajo \u00e9l; not\u00e9 que algunos en vez de correr volaban y llevaban escrito en su frente: Inocencia; otros caminaban a pie y otros se arrastraban; tambi\u00e9n yo comenc\u00e9 a correr y en el instante que dur\u00f3 mi carrera, dije para m\u00ed: -O esto termina o, si contin\u00faa un poco m\u00e1s, moriremos todos. Yal decir esto, mientras continuaba corriendo, me despert\u00e9.<\/p>\n<p>Por el motivo que m\u00e1s adelante dir\u00e1, volvi\u00f3 sobre el tema el 6 de mayo, fiesta de la Ascensi\u00f3n. Dispuso que se reuniesen estudiantes y aprendices para rezar las oraciones de la noche, y les habl\u00f3 de esta manera:<\/p>\n<p>La otra noche no os lo pude decir todo porque estaba presente un forastero. Estas cosas deben quedar entre nosotros, y no se deben escribir ni a los padres ni a los amigos. Yo os lo digo todo a vosotros, incluso mis pecados: aquel valle, aquel pa\u00eds de prueba, es el mundo. La semioscuridad es el lugar de perdici\u00f3n; las colinas, los mandamientos de la ley de Dios y de la Santa Iglesia; las serpientes, los demonios; los monstruos, las malas tentaciones. Aquel caballo creo que representaba al caballo que hiri\u00f3 a Heliodoro y es la confianza en Dios; los que pisaban sobre las rosas y ca\u00edan muertos, son los que se entregan a los placeres de este mundo que ocasionan la muerte al alma. Los que pisoteaban las rosas son los que desprecian los placeres del mundo y salen vencedores. Los que volaban a colocarse bajo el manto de la Se\u00f1ora, son los inocentes.<\/p>\n<p>Ahora, los que deseen saber qu\u00e9 arma ten\u00edan, si fueron vencedores o vencidos, muertos o heridos, que vengan a m\u00ed que se lo comunicar\u00e9 poco a poco. Si bien no conoc\u00eda a todos aquellos j\u00f3venes, pude identificar a los que se encuentran a\u00fan en el Oratorio. Y otros que tal vez vendr\u00e1n con el tiempo, si los llegase a ver, me acordar\u00eda perfectamente de su fisonom\u00eda.<\/p>\n<p>El secretario don Joaqu\u00edn Berto, que escribi\u00f3 este relato, a\u00f1ade que hay muchas cosas que don Bosco explic\u00f3 de una manera prolija, pero que \u00e9l no recuerda. En la ma\u00f1ana del 7 le pregunt\u00f3 en su habitaci\u00f3n:<\/p>\n<p>&#8211; \u00bfC\u00f3mo hace usted para acordarse de todos los j\u00f3venes que vio en el sue\u00f1o y para decir a cada uno el estado en que se encontraba, especificando de una manera tan precisa sus defectos?<\/p>\n<p>&#8211; \u00a1Ah! Con el Otis Botis Pia Tutis. Era una de las respuestas que sol\u00eda dar cuando quer\u00eda eludir una pregunta embarazosa.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n don Julio Barberis, al hablarle de esto mismo, oy\u00f3 esta respuesta de labios de don Bosco, cuyo semblante se hab\u00eda tornado muy serio. &#8211; \u00a1Se trata de algo m\u00e1s que de un sue\u00f1o! Y cort\u00f3 la conversaci\u00f3n, pasando a hablar de otra cosa.<\/p>\n<p>Don Joaqu\u00edn Berto termina su relato con estas palabras: \u00abTambi\u00e9n yo, que estoy escribiendo esta rese\u00f1a, quise preguntarle lo que me interesaba, obteniendo una respuesta tan precisa, que hube de decir emocionado hasta las l\u00e1grimas: &#8211; \u00abSi hubiese venido un \u00e1ngel del cielo no me habr\u00eda hablado con tanta precisi\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>Por segunda vez sirvi\u00f3 el sue\u00f1o de tema para las \u00abbuenas noches\u00bb. Y fue el 4 de junio. He aqu\u00ed el di\u00e1logo que se entabl\u00f3 entre don Julio Barberis y don Bosco en presencia de los j\u00f3venes del Oratorio:<\/p>\n<p>&#8211; Si me permite, don Bosco, esta noche desear\u00eda hacerle algunas preguntas. En las noches pasadas, como hab\u00eda entre nosotros algunos forasteros, no me atrev\u00ed a hacerlo. Desear\u00eda nos diese alguna explicaci\u00f3n sobre el \u00faltimo sue\u00f1o.<\/p>\n<p>&#8211; Habla, habla, contest\u00f3 don Bosco. Cierto que ya ha pasado mucho tiempo desde que hice la narraci\u00f3n del mismo, pero no importa.<\/p>\n<p>&#8211; Hacia el final del sue\u00f1o, continu\u00f3 don Julio Barberis, dijo que algunos volaron a colocarse bajo el manto de Mar\u00eda, que muchos corr\u00edan y otros iban despacio, que algunos caminaban sobre el barro y quedaban atollados y que, por tanto, no llegaban a colocarse bajo su amparo. Nos dijo que los que volaban eran los inocentes; es f\u00e1cil de comprender qui\u00e9nes eran los que iban de prisa, pero \u00bfqui\u00e9nes eran los que quedaron empantanados?<\/p>\n<p>&#8211; Estos \u00faltimos, replic\u00f3 don Bosco, que por lo general no llegaban a colocarse bajo el manto de Mar\u00eda, son aquellos que est\u00e1n apegados a los bienes de la tierra. El ego\u00edsmo no les deja pensar m\u00e1s que en s\u00ed mismos; ellos mismos se llenan de fango y no son capaces de hacer un esfuerzo para conseguir las cosas del cielo. Ven que la Virgen Mar\u00eda les llama, querr\u00edan ir, dan algunos pasos, pero el fango les atrae.<\/p>\n<p>Y as\u00ed sucede una y otra vez. Lo dice El Se\u00f1or: Donde est\u00e1 tu tesoro, all\u00ed est\u00e1 tu coraz\u00f3n. Los que no se elevan a los tesoros de la gracia, ponen su coraz\u00f3n en las cosas de la tierra y no piensan m\u00e1s que en los goces terrenales, en enriquecerse, en prosperar en los negocios y adquirir fama. Y para el Para\u00edso, nada.<\/p>\n<p>&#8211; Hay otra cosa, prosigui\u00f3 don Julio Barberis, que usted, don Bosco, no ha contado al narrarnos el sue\u00f1o, pero que la ha dicho a alguno en particular y desear\u00eda diese de ella una explicaci\u00f3n, y es lo siguiente: Alguno le pregunt\u00f3 sobre su estado, a saber, si corr\u00eda o si iba despacio, si se hab\u00eda puesto bajo el manto de la Virgen, si ten\u00eda el arma rota o carcomida. Y usted contest\u00f3 que no lo pudo ver bien porque se interpon\u00eda una nube entre usted y el joven.<\/p>\n<p>&#8211; T\u00fa eres te\u00f3logo y lo debes saber, contest\u00f3 don Bosco. Mira. Hab\u00eda varios j\u00f3venes, por cierto no muy numerosos, a los cuales no pude ver bien. Yo observaba, los reconoc\u00eda, pero no pod\u00eda ver nada m\u00e1s. Y los tales, queridos m\u00edos, son aquellos que permanecen cerrados para con los superiores, los que no les abren su coraz\u00f3n, los que no son sinceros. Si ven un superior por una parte, en vez de hacerse encontradizos con \u00e9l, evitan el encuentro. Algunos de \u00e9stos vinieron a preguntarme el estado en que los vi, pero \u00bfqu\u00e9 quer\u00e9is que les respondiese? Pod\u00eda decirles: T\u00fa no tienes confianza con los superiores, t\u00fa no les abres el coraz\u00f3n. Por eso no olvid\u00e9is lo que os voy a decir: una de las cosas que mayor bien os puede hacer es \u00e9sta: manifestaos a vuestros superiores, tened mucha confianza con ellos, sed abiertamente sinceros.<\/p>\n<p>&#8211; A\u00fan desear\u00eda preguntarle una cosa, prosigui\u00f3 don Julio Barberis, pero me temo que me tache de demasiado curioso.<\/p>\n<p>&#8211; \u00bfQui\u00e9n no sabe que eres curioso?, le contest\u00e9 a don Bosco. (Risas generales). Pero afortunadamente tu curiosidad es buena. Cuando un jovencito pregunta siempre esto o aquello a quien lo puede saber, para instruirse, hace bien. En cambio hay algunos que est\u00e1n siempre como los mochuelos. Jam\u00e1s preguntan nada. Esto no es buena se\u00f1al.<\/p>\n<p>&#8211; \u00a1Ah! Entonces no quiero ser de estos, dijo don Julio Barberis. La pregunta que hace mucho tiempo quer\u00eda hacerle, es la siguiente. En aquel c\u00e9lebre sue\u00f1o, \u00bfvio solamente el pasado de los j\u00f3venes, o tambi\u00e9n el porvenir, lo que cada uno har\u00e1 y lo que llegar\u00e1 a conseguir?<\/p>\n<p>&#8211; S\u00ed, s\u00ed, respondi\u00f3 don Bosco. No solamente vi el pasado, sino tambi\u00e9n el porvenir que se presenta ante los j\u00f3venes. Cada joven ten\u00eda ante s\u00ed varios caminos, unos estrechos y espinosos y otros cubiertos de clavos de puntas afiladas. Pero todas estas sendas estaban cubiertas tambi\u00e9n de gracias del Se\u00f1or, e iban a parar a un jard\u00edn amen\u00edsimo, en el que se disfrutaba de toda suerte de delicias.<\/p>\n<p>&#8211; \u00bfCon esto nos quiere decir, prosigui\u00f3 don Julio Barberis, que sabr\u00eda indicarnos a cada uno el camino que debemos seguir, esto es, \u00bfcu\u00e1l es nuestra propia vocaci\u00f3n, ad\u00f3nde iremos a parar y qu\u00e9 derroteros seguiremos?<\/p>\n<p>&#8211; Respecto al camino que cada cual ha de seguir, dijo el Siervo de Dios, y c\u00f3mo acabar\u00e1, no es el caso hablar ahora de ello. Decirle a un joven: -T\u00fa seguir\u00e1s por el camino de la impiedad, no es cosa que haga bien; s\u00f3lo lograr\u00eda llenarle el coraz\u00f3n de pavor. Lo que s\u00ed puedo decir es esto: que si \u00e9se emprende tal camino, puede tener la seguridad de que sigue la senda del cielo, que es para la que es llamado; y que quien no sigue este camino, no va por un sendero derecho. Algunos caminos son estrechos, llenos de guijarros y recubiertos de espinas, pero tened buen \u00e1nimo, mis queridos hijos; junto a las espinas tambi\u00e9n est\u00e1 la gracia de Dios; y, por otra parte, es tan grande el bien que nos aguarda al final del camino, que pronto se olvidar\u00e1n las heridas.<\/p>\n<p>Lo que deseo que no olvid\u00e9is es que todo esto fue un sue\u00f1o que nadie est\u00e1 obligado a creer. He comprobado que todos los que me piden explicaciones, toman bien mis avisos; con todo, haced lo que recomendaba san Pablo: <em>Omnia <\/em><em>autem probate, quod bonum est tenete<\/em>. Otra cosa que desear\u00eda que no olvidaseis es que record\u00e9is al pobre don Bosco en vuestras oraciones, a fin de que no me suceda lo que dice san Pablo: <em>Cum aliis praedicaverim, ego reprobus efficiar<\/em>, que mientras os predico a vosotros no suceda que yo me condene. Yo procuro avisaros, pienso en vosotros, os aconsejo, pero temo hacer como la clueca, que va buscando insectos, gusanillos, semillas y toda clase de alimentos, pero todo para sus pollitos, y si no tiene otra comida abundante preparada para ella, se muere de hambre. Rezad, pues, por m\u00ed al Se\u00f1or, para que no me suceda esto, sino que yo tambi\u00e9n consiga adornar mi coraz\u00f3n con muchas virtudes, de forma que pueda agradar a Dios y podamos todos juntos ir a gozar de \u00c9l y a glorificarlo en el Para\u00edso. Buenas noches.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En el sue\u00f1o que Don Bosco narr\u00f3 la noche del 25 de abril de 1875,&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":52784,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"iawp_total_views":4,"footnotes":""},"categories":[186],"tags":[2636,1768,2198,2601,1828,1972],"class_list":["post-52794","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-suenos-de-don-bosco","tag-consejos","tag-don-bosco","tag-educacion","tag-fe","tag-gracias-recibidas","tag-santos"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/52794","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=52794"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/52794\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":52795,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/52794\/revisions\/52795"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/52784"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=52794"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=52794"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=52794"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}