{"id":5039,"date":"2023-01-24T09:35:33","date_gmt":"2023-01-24T09:35:33","guid":{"rendered":"https:\/\/exciting-knuth.178-32-140-152.plesk.page\/sin-categorizar\/lettera-rettor-maggiore-artemide-zatti\/"},"modified":"2024-02-02T15:13:34","modified_gmt":"2024-02-02T15:13:34","slug":"carta-rector-mayor-artemide-zatti","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/comunicaciones-del-rector-mayor\/carta-rector-mayor-artemide-zatti\/","title":{"rendered":"Carta Rector Mayor. Artemide ZATTI"},"content":{"rendered":"\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><span><i class=\"fas fa-arrow-right\"><\/i><\/span><strong>\u00ab\u00a1CRE\u00cd, PROMET\u00cd, SAN\u00c9!\u00bb<\/strong><br>Art\u00e9mides Zatti: Evangelio de la Vocaci\u00f3n e Iglesia del Cuidado <\/h2>\n\n\n\n\t<style>\n\tbody {font-size: 18px;}\n\t<\/style>\n<\/head>\n<br>&laquo;El mosaico de nuestros santos y beatos, aun siendo bastante rico en\ncuanto a representatividad &ndash; Fundador, Cofundadora, Rectores\nMayores, misioneros, m&aacute;rtires, sacerdotes, j&oacute;venes &ndash; \ncarec&iacute;a todav&iacute;a de la pieza preciosa de la figura de un\nCoadjutor. Ahora tambi&eacute;n esto se est&aacute; realizando&raquo;<a class=\"sdfootnoteanc\" name=\"sdfootnote1anc\" href=\"#sdfootnote1sym\"><sup>1<\/sup><\/a>.<br><br>As&iacute;\ncomenzaba don Juan Edmundo Vecchi, octavo Sucesor de Don Bosco, su\ncarta con motivo de la beatificaci&oacute;n de Art&eacute;mides\nZatti.<br><br>Si\nal &laquo;mosaico de nuestros santos&raquo; le faltaba una pieza, hoy\neste mosaico tiene un brillo muy especial porque, dentro de unas\nsemanas, se nos dar&aacute; un gran regalo del Se&ntilde;or: ver a\nuno de los hijos de Don Bosco, Coadjutor salesiano, emigrado italiano\nen Argentina y enfermero, canonizado por el papa Francisco el pr&oacute;ximo\n9 de octubre de 2022.<br><br>Art&eacute;mides\nZatti ser&aacute;, por tanto, <i><b>el\nprimer santo salesiano no m&aacute;rtir en ser canonizado<\/b><\/i>.\nSin duda la canonizaci&oacute;n del primer santo salesiano y de un\nsalesiano Coadjutor da y dar&aacute; un toque de plenitud a la serie\nde modelos de espiritualidad salesiana que la Iglesia declara\noficialmente como tales.<br><br>Reporto\nel hermoso testimonio personal, lleno de hondura espiritual y de fe,\nrealizado por Art&eacute;mides Zatti en 1915 en Viedma, con motivo de\nla inauguraci&oacute;n de un monumento funerario colocado sobre la\ntumba del padre Evasio Garrone (1861-1911), un salesiano misionero\nbenem&eacute;rito y considerado por Art&eacute;mides insigne\nbienhechor.<br><br>&laquo;Si\nestoy bueno y sano y en estado de hacer alg&uacute;n bien a mis\npr&oacute;jimos enfermos, se lo debo al padre Garrone, Doctor, que\nviendo que mi salud empeoraba cada d&iacute;a, pues estaba afectado\nde tuberculosis con frecuentes hemoptisis, me dijo terminantemente\nque, si no quer&iacute;a concluir como tantos otros, hiciera una\npromesa a Mar&iacute;a Auxiliadora de permanecer siempre a su lado,\nayud&aacute;ndole en la cura de los enfermos y &eacute;l, confiando\nen Mar&iacute;a, me sanar&iacute;a.<br><br><b>CRE&Iacute;<\/b>,\nporque sab&iacute;a por fama que Mar&iacute;a Auxiliadora lo ayudaba\nde manera visible.<br><br><b>PROMET&Iacute;<\/b>,\npues siempre fue mi deseo ser de provecho en algo a mis pr&oacute;jimos.<br><br>Y,\nhabiendo Dios escuchado a su siervo, <b>SAN&Eacute;<\/b>.\n[Firmado] Art&eacute;mides Zatti&raquo;.<br><br>Vemos\nque la vida salesiana de Art&eacute;mides Zatti, seg&uacute;n este\ntestimonio, se basa en tres verbos que testimonian su solidez\ngenerosa y confiada. Para valorar el don de la santidad de este gran\nSalesiano Coadjutor, queremos meditar estos tres verbos y sus\nextraordinarios frutos de bien, para que toquen profundamente los\nanhelos, los sue&ntilde;os y los compromisos de nuestra Congregaci&oacute;n\ny de cada uno de nosotros y promuevan en todos una renovada y fecunda\nfidelidad al carisma de Don Bosco.<br><br><br><b>Perfil\nde Art&eacute;mides Zatti<\/b><a class=\"sdfootnoteanc\" name=\"sdfootnote2anc\" href=\"#sdfootnote2sym\"><sup>2<\/sup><\/a><br><br>Art&eacute;mides\nZatti naci&oacute; en Boretto (Reggio Emilia) el 12 de diciembre de\n1880 de Albina Vecchi y Luigi Zatti. La familia campesina lo educa\npara una vida pobre y laboriosa, iluminada por una fe sencilla,\nsincera y robusta, que orienta y nutre la vida.<br><br>A\nla edad de nueve a&ntilde;os, Art&eacute;mides, para contribuir a la\neconom&iacute;a familiar, trabaja como jornalero en una familia\nacomodada.<br><br>En\n1897 los Zatti emigraron a Argentina y se establecieron en Bah&iacute;a\nBlanca. Art&eacute;mides llega a esta ciudad a la edad de diecisiete\na&ntilde;os y, en el &aacute;mbito familiar, aprende pronto a\nafrontar las penurias y responsabilidades del trabajo. Encuentra\ntrabajo en una f&aacute;brica de ladrillos y, al mismo tiempo,\ncultiva y madura una profunda relaci&oacute;n con Dios, bajo la gu&iacute;a\ndel salesiano don Carlo Cavalli, su p&aacute;rroco y director\nespiritual. Art&eacute;mides encuentra en &eacute;l un verdadero\namigo, un confesor sabio y un aut&eacute;ntico y experto director\nespiritual, que lo educa en el ritmo diario de la oraci&oacute;n y en\nla vida sacramental semanal. Con don Cavalli establece una relaci&oacute;n\nespiritual y de colaboraci&oacute;n<a class=\"sdfootnoteanc\" name=\"sdfootnote3anc\" href=\"#sdfootnote3sym\"><sup>3<\/sup><\/a>.\nEn la biblioteca de su p&aacute;rroco tuvo la oportunidad de leer la\nbiograf&iacute;a de Don Bosco y qued&oacute; fascinado. <i>Fue\nel verdadero inicio de su vocaci&oacute;n salesiana<\/i>.<br><br>En\n1900, a la edad de veinte a&ntilde;os, Art&eacute;mides, invitado por\nel padre Cavalli, pidi&oacute; ingresar al aspirantado salesiano de\nBernal, localidad cercana a Buenos Aires.<br><br>Sin\nembargo, en 1902, ya pr&oacute;ximo a entrar en el noviciado,\nArt&eacute;mides contrajo tuberculosis. Don Vecchi cuenta en su\ncarta: &laquo;Seguros de su responsabilidad, los Superiores le\nconfiaron la asistencia de un joven sacerdote enfermo de\ntuberculosis. Zatti desempe&ntilde;&oacute; con generosidad el\nencargo, pero poco despu&eacute;s acus&oacute; la misma enfermedad&raquo;<a class=\"sdfootnoteanc\" name=\"sdfootnote4anc\" href=\"#sdfootnote4sym\"><sup>4<\/sup><\/a>.<br><br>Gravemente\nenfermo, regres&oacute; a Bah&iacute;a Blanca y don Cavalli lo envi&oacute;\na Viedma, encomend&aacute;ndolo al cuidado del salesiano don Evasio\nGarrone, competente &ndash; gracias a su dilatada experiencia &ndash; \nen las artes m&eacute;dicas y director del hospital San Jos&eacute;\nfundado por Mons. Cagliero.<br><br>Me\nparece muy significativo recordar que Art&eacute;mides en Viedma se\nencontr&oacute; con Ceferino Namuncur&aacute; &ndash; hoy beato &ndash; \nprocedente de Buenos Aires y que como &eacute;l padec&iacute;a la\ntuberculosis. Los dos, aunque de edades diferentes, viven en una\nrelaci&oacute;n cordial y amistosa, hasta que Ceferino parti&oacute;\nen 1904 para Italia con Mons. Juan Cagliero.<br><br>Despu&eacute;s\nde dos a&ntilde;os de tratamiento en Viedma con resultados\ninsatisfactorios, don Garrone invita a Art&eacute;mides a pedir la\ncuraci&oacute;n por intercesi&oacute;n de la Sant&iacute;sima Virgen,\nhaciendo voto de dedicar toda su vida al cuidado de los enfermos.\nFormulado el voto con fe viva, Art&eacute;mides obtiene la curaci&oacute;n\ny, en 1906, comienza el noviciado.<br><br>Debido\na los riesgos asociados a su estado de salud anterior, Art&eacute;mides\ntuvo que renunciar a la intenci&oacute;n de ser sacerdote y profesar\ncomo Coadjutor entre los Salesianos de Don Bosco el 11 de enero de\n1908. Este hecho supuso para Art&eacute;mides un gran crecimiento en\nla fe. De hecho, no abandona el deseo de ser salesiano sacerdote y\nsigue pensando en la vocaci&oacute;n sacerdotal en la Congregaci&oacute;n\nSalesiana, especialmente cuando la salud parec&iacute;a mejorar. Por\neso es conmovedor constatar el apego inquebrantable a la propia\nvocaci&oacute;n, manifestado incluso cuando la enfermedad parec&iacute;a\nimpedir absolutamente este camino. Leemos, por ejemplo, lo que\nescribe a sus familiares el 7 de agosto de 1902: &laquo;Os hago saber\nque no era solo deseo m&iacute;o, sino tambi&eacute;n de mis\nSuperiores, el vestir la santa sotana; pero hay un art&iacute;culo en\nla Santa Regla que dice que no puede recibir el h&aacute;bito uno que\npadezca la m&aacute;s peque&ntilde;a cosa en la salud. As&iacute;\nque, si Dios no me ha encontrado digno del h&aacute;bito hasta ahora,\nconf&iacute;o en vuestras oraciones para sanar pronto y de este modo\nsatisfacer mis deseos&raquo;<a class=\"sdfootnoteanc\" name=\"sdfootnote5anc\" href=\"#sdfootnote5sym\"><sup>5<\/sup><\/a>.<br><br>Pero\nal final los Superiores, dadas todas las circunstancias de enfermedad\ne incluso de edad (23-24 a&ntilde;os), deben proponer a Zatti que\nprofese como Salesiano Coadjutor. Es cierto que &laquo;era la entrega\ntotal a Dios en la vida salesiana a lo que Art&eacute;mides aspiraba\nen primer lugar&raquo;<a class=\"sdfootnoteanc\" name=\"sdfootnote6anc\" href=\"#sdfootnote6sym\"><sup>6<\/sup><\/a>.<br><br>Tambi&eacute;n,\nen este punto decisivo de su vida, Zatti hace un camino de madurez.\nLeemos de nuevo en la carta de don Vecchi: &laquo;&iquest;Sacerdote?\n&iquest;Coadjutor? Dec&iacute;a &eacute;l mismo a un hermano: &ldquo;Se\npuedes servir a Dios sea como sacerdote sea como Coadjutor: delante\nDios una cosa vale tanto como la otra, con tal que se la viva como\nuna vocaci&oacute;n y con amor&rdquo;&raquo;<a class=\"sdfootnoteanc\" name=\"sdfootnote7anc\" href=\"#sdfootnote7sym\"><sup>7<\/sup><\/a>.<br><br>El\n11 de febrero de 1911 hizo sus votos perpetuos y, en el mismo a&ntilde;o,\ntras la muerte de don Garrone, asumi&oacute;, primero como encargado\nde la farmacia anexa al hospital San Jos&eacute; de Viedma, y,\n&#8203;&#8203;luego, &ndash; a partir de 1915 &ndash; como\nresponsable del mismo hospital. El hospital y la farmacia se\nconvertir&aacute;n en el campo de trabajo de Art&eacute;mides.<br><br>As&iacute;,\na partir de 1915, durante 25 a&ntilde;os, con gran energ&iacute;a,\nsacrificio y profesionalidad, Zatti ser&aacute; el alma del hospital\nque, sin embargo, deber&aacute; ser demolido en 1941: los superiores\nSalesianos deciden utilizar los terrenos ocupados hasta entonces por\nla estructura sanitaria para la construcci&oacute;n del obispado.\nArt&eacute;mides sufre intensamente ante la idea del derribo, pero\ncon esp&iacute;ritu de obediencia acepta la decisi&oacute;n y\ntraslada a los enfermos a las instalaciones de la Escuela Agr&iacute;cola\nde San Isidro donde crea una nueva estructura para el cuidado y\nasistencia de los enfermos y los pobres. <br><br>Tras\notros a&ntilde;os de intenso servicio, ya exonerado de las\nresponsabilidades de la administraci&oacute;n sanitaria, en 1950,\ntras una ca&iacute;da durante un trabajo de reparaci&oacute;n, los\nex&aacute;menes cl&iacute;nicos encontraron un tumor en el h&iacute;gado\npara el que no hab&iacute;a cura. Acoge y vive con conciencia la\nevoluci&oacute;n de la enfermedad. De hecho, &iexcl;&eacute;l mismo\nprepara, para el m&eacute;dico, el certificado de su propia muerte!\nLos sufrimientos no fueron pocos, pero pas&oacute; los &uacute;ltimos\nmeses esperando el momento final preparado para el encuentro con el\nSe&ntilde;or. &Eacute;l mismo dice: &laquo;Hace cincuenta a&ntilde;os\nvine ac&aacute; para morir y he llegado hasta este momento, &iquest;qu&eacute;\nm&aacute;s puedo desear ahora? Por otra parte, me he pasado toda mi\nvida prepar&aacute;ndome a este momento&hellip;&raquo;<a class=\"sdfootnoteanc\" name=\"sdfootnote8anc\" href=\"#sdfootnote8sym\"><sup>8<\/sup><\/a>.<br><br>Su\nmuerte se produjo el 15 de marzo de 1951 y la difusi&oacute;n de la\nnoticia moviliz&oacute; a la poblaci&oacute;n de todo Viedma para un\nhomenaje de agradecimiento a este Salesiano que dedic&oacute; toda su\nvida a los enfermos, especialmente a los m&aacute;s pobres. De hecho,\n&laquo;toda Viedma salud&oacute; al <i>&ldquo;pariente\nde todos los pobres&rdquo;<\/i>,\ncomo le llamaban desde hace tiempo; aquel que siempre estaba\ndisponible para acoger a los enfermos especiales y a la gente que\nllegaba de los campos lejanos; aquel que pod&iacute;a entrar en la\nm&aacute;s dudosa de las casas a cualquier hora del d&iacute;a o de\nla noche, sin que nadie pudiera insinuar la m&iacute;nima sospecha\nsobre &eacute;l; aquel que, aun estando siempre en n&uacute;meros\nrojos, hab&iacute;a mantenido una relaci&oacute;n singular con las\ninstituciones financieras de la ciudad, siempre abiertas a la amistad\ny a la colaboraci&oacute;n generosa con los que compon&iacute;an el\ncuerpo m&eacute;dico de la peque&ntilde;a ciudad&raquo;<a class=\"sdfootnoteanc\" name=\"sdfootnote9anc\" href=\"#sdfootnote9sym\"><sup>9<\/sup><\/a>.<br><br>El\nfuneral, con la impresionante afluencia de p&uacute;blico, confirm&oacute;\nla fama de santidad que rodeaba a Art&eacute;mides Zatti y que\nsolicita la apertura del proceso diocesano en Viedma (22 de marzo de\n1980). El 7 de julio de 1997 Zatti fue declarado venerable y el 14 de\nabril de 2002 fue proclamado beato por san Juan Pablo II.<br><br><br><b>La\npedagog&iacute;a de Dios en sus santos<\/b><br><br>Para\nacercarse a la figura de Art&eacute;mides Zatti, es preciosa la gu&iacute;a\nde un principio teol&oacute;gico, denso de significado y repetido por\nHans Urs von Balthasar, <br><br>&laquo;Solo\nla imagen [de Jes&uacute;s] que el Esp&iacute;ritu presenta a la\nIglesia ha sido capaz, a lo largo de milenios de historia, de\ntransformar a los hombres pecadores en santos. Precisamente sobre la\nbase de este criterio del poder de transformaci&oacute;n se deber&iacute;a\nmedir el valor de una interpretaci&oacute;n de Jes&uacute;s que\npretenda transmitirnos un conocimiento de &Eacute;l&raquo;<a class=\"sdfootnoteanc\" name=\"sdfootnote10anc\" href=\"#sdfootnote10sym\"><sup>10<\/sup><\/a>.<br><br>Con\nestas palabras, Balthasar subraya una evidencia que ha acompa&ntilde;ado\nsiempre la historia de la Iglesia: la acci&oacute;n del Esp&iacute;ritu\nse manifiesta como fuerza transformadora de la vida humana, dando\ntestimonio de la perenne actualidad y vitalidad del Evangelio. De\neste modo la buena noticia de Jes&uacute;s sigue viviendo y\ndifundi&eacute;ndose seg&uacute;n la regla de la encarnaci&oacute;n\ny, especialmente en la carne y en la vida de los santos, por su\nprofundo consentimiento al Esp&iacute;ritu, la Pascua resplandece en\nla actualidad hist&oacute;rica del <i>qui<\/i>\ny del <i>ora<\/i>\nsiempre, nuevos, donde maduran los prodigios que confirman la fe de\nla Iglesia.<br><br>Los\nsantos son, pues, realizaciones del Esp&iacute;ritu que ofrecen, con\nla sencillez de una vida transfigurada, rasgos precisos del Hijo,\nentregados por el Padre al trabajo del mundo, en la actualidad de un\ntiempo y en la proximidad de los lugares necesitados de salvaci&oacute;n\ny de esperanza.<br><br>Si\nDios gu&iacute;a a su Iglesia a trav&eacute;s de la vida obediente de\nsus hijos m&aacute;s d&oacute;ciles y audaces, en la historia de cada\nuno de ellos deben resplandecer, ante todo, reflejos del Evangelio\nque transforman <i><b>una\nbiograf&iacute;a ferial en hagiograf&iacute;a<\/b><\/i>\ny luego se deben reconocer semillas pascuales, capaces de suscitar\ncaminos renovados eclesiales en el pueblo de Dios.<br><br>Art&eacute;mides\nZatti confirma esta regla de la santidad: la hagiograf&iacute;a es la\nluz del Esp&iacute;ritu liberada por la sencillez de su biograf&iacute;a,\ntan convincente porque est&aacute; habitada en plenitud de humanidad,\ny tan sorprendente como para hacer visible &laquo;un cielo <i>nuevo<\/i>\ny una tierra nueva&raquo; (<i>Ap\n<\/i>21,\n1); as&iacute;, las semillas pascuales, donadas por la vida de este\nSalesiano Coadjutor al campo del mundo, han transformado lugares de\nsufrimiento &ndash; los hospitales de San Jos&eacute; y de San\nIsidro &ndash; en semilleros de la esperanza cristiana,\nextraordinariamente radiantes. &laquo;Se trata de una presencia en lo\nsocial, toda animada por la caridad de Cristo que lo impulsaba\ninteriormente&raquo;<a class=\"sdfootnoteanc\" name=\"sdfootnote11anc\" href=\"#sdfootnote11sym\"><sup>11<\/sup><\/a>.<br><br>Es\nposible entonces meditar sobre el don que el Esp&iacute;ritu da al\nmundo, a la Iglesia, a la Familia Salesiana con la santidad de Zatti,\ndeteni&eacute;ndose primero en el brillo de su biograf&iacute;a &ndash; un\nEvangelio, plenamente encarnado de la vocaci&oacute;n, de la\nconfianza y de la entrega &ndash; para considerar, despu&eacute;s, la\nfuerza pascual de su apostolado que ha edificado, en sus hospitales,\nla Iglesia del cuidado, de la proximidad, de la salvaci&oacute;n, de\nla corredenci&oacute;n, para alimentar la fe del pueblo de Dios.<br><br>Si\nqueremos expresar brevemente el secreto que inspir&oacute; y guio la\nvida, los pasos, las obras, los compromisos, la alegr&iacute;a, las\nl&aacute;grimas&#8230; de Art&eacute;mides Zatti, las palabras de don\nVecchi al respecto son exhaustivas: <i>&laquo;En\nel seguimiento de Jes&uacute;s, con Don Bosco y como Don Bosco, en\ntodas partes y siempre&raquo;<\/i><a class=\"sdfootnoteanc\" name=\"sdfootnote12anc\" href=\"#sdfootnote12sym\"><sup>12<\/sup><\/a>.<br><br><br><b>1.\nUN HOMBRE DE EVANGELIO<\/b><br><br><br><b>1.1\nEl Evangelio de la vocaci&oacute;n: &laquo;Cre&iacute;&raquo;<\/b><br><br>La\nhistoria de Art&eacute;mides Zatti llama la atenci&oacute;n, sobre\ntodo, por su particularidad vocacional. Una vocaci&oacute;n luminosa\nporque fue purificada por una misteriosa pedagog&iacute;a de Dios que\nse despliega en su vida a trav&eacute;s de mediaciones y situaciones\ndiversas y exigentes. La vida cristiana es el aliento compartido de\nla familia de Art&eacute;mides, que lo lee todo a la luz del misterio\nde Dios; ser&aacute; la segunda patria argentina, alcanzada con la\nemigraci&oacute;n, donde se muestre el enraizamiento de los Zatti en\nuna fe poco com&uacute;n. El cardenal Cagliero escribe:  <br><br>&laquo;Nuestros\ncompatriotas, incluso los que pertenecen a las poblaciones m&aacute;s\nreligiosas de Italia, han llegado aqu&iacute; y parece que cambien de\nnaturaleza. El amor desmedido por el trabajo, la indiferencia\nreligiosa dominante en esos pueblos, los muy frecuentes malos\nejemplos [&#8230;] obran una incre&iacute;ble transformaci&oacute;n en el\nesp&iacute;ritu y en el coraz&oacute;n de nuestros buenos campesinos\ny artesanos, que a cambio de alg&uacute;n escudo que ganan, pierden\nfe, la moralidad, la religi&oacute;n&raquo;<a class=\"sdfootnoteanc\" name=\"sdfootnote13anc\" href=\"#sdfootnote13sym\"><sup>13<\/sup><\/a>.<br><br>La\nfamilia Zatti no sucumbir&aacute; a la influencia del ambiente,\nse&ntilde;al&aacute;ndose al contrario por una pr&aacute;ctica\nreligiosa ferviente, sincera, valiente, libre de respeto humano; y\nArt&eacute;mides seguir&aacute; alimentando en la familia una intensa\nrelaci&oacute;n con Dios, sustentada en la oraci&oacute;n, la\nlaboriosidad, la rectitud, para que<br><br>&laquo;todo\nnos lleva a creer [&hellip;] que la formaci&oacute;n religiosa que el\nsiervo de Dios recibi&oacute; desde ni&ntilde;o y en su primera\njuventud [&hellip;] debi&oacute; ser privilegiada y tal que explica\nlas actitudes espirituales que, despu&eacute;s, mantuvo a lo largo de\nsu vida&raquo;<a class=\"sdfootnoteanc\" name=\"sdfootnote14anc\" href=\"#sdfootnote14sym\"><sup>14<\/sup><\/a>.<br><br>La\nexperiencia de Art&eacute;mides refleja la luminosa discreci&oacute;n\nde la &laquo;&ldquo;alta medida&rdquo; de la vida cristiana\nordinaria&raquo; &quot;(<i>Novo\nmillennio ineunte<\/i>,\n31), fruto de un arraigo exclusivo en Dios, de una fe vivida como una\nobediencia valiente y radiante porque es libre, feliz y fecunda.<br><br>Cuando\nel Salesiano don Cavalli, p&aacute;rroco y gu&iacute;a de Art&eacute;mides\npor los caminos del Esp&iacute;ritu, deber&aacute; apoyar su\norientaci&oacute;n definitiva de vida, el discernimiento ser&aacute;\nsobrio y claro: notar&aacute; que la llamada a entregarse totalmente\na Dios, como sacerdote, resuena en el coraz&oacute;n de ese joven de\nun modo &iacute;ntegro y puro, no contaminado por la b&uacute;squeda\nde s&iacute; mismo y del propio inter&eacute;s, sino encendido por el\ndeseo de servir al Evangelio del Reino.<br><br>Y\nDios, por la singular disponibilidad de Art&eacute;mides al don de s&iacute;\nmismo, no se limita a llamar, sino que puede extenderse, con el signo\nincontrovertible de su presencia: la cruz del Hijo. As&iacute;, el\nsello de la predilecci&oacute;n de Dios se hace reconocible en el\ncoraz&oacute;n del discernimiento vocacional de este joven deseoso de\nser sacerdote: Art&eacute;mides, acogido en Bernal como aspirante, es\nsolicitado para un arriesgado servicio, el cuidado de un sacerdote\ntuberculoso &ndash; como se mencion&oacute; anteriormente &ndash; . El\nservicio sin c&aacute;lculo lleva a Art&eacute;mides a contraer a su\nvez la enfermedad que requerir&aacute; el sacrificio del sue&ntilde;o\nvocacional: Zatti ser&aacute; Salesiano, pero no sacerdote.<br><br>Aqu&iacute;\nreconocemos el poder del Evangelio aceptado incondicionalmente en la\nvida de los santos; un poder que suscita una respuesta vocacional\npura porque est&aacute; custodiada por un coraz&oacute;n no solo\ndesprendido del mal &ndash; condici&oacute;n esencial para escuchar\nla voz de Dios &ndash; sino capaz de libertad tambi&eacute;n respecto\nal bien, condici&oacute;n esencial de una fe p&eacute;trea en el\nAbsoluto de Dios.<br><br>Caminando\nen oscuridad luminosa de la fe, Art&eacute;mides sacrifica el deseo\nde servir a la Iglesia en la forma ministerial del sacerdocio,\nabrazando, sin embargo, su esencia, seg&uacute;n Cristo, &laquo;quien,\nen virtud del Esp&iacute;ritu eterno, se ha ofrecido a Dios como\nsacrificio sin mancha&raquo; (<i>Heb\n<\/i>9.14).<br><br>Las\ncaracter&iacute;sticas del <i>Evangelio\nde la vocaci&oacute;n<\/i>\nse reconocen as&iacute;, indelebles, en la plenitud del sacrificio de\ns&iacute; mismo que sella el principio de la vida salesiana de Zatti\nmucho antes de coronar su plenitud.<br><br>Y\nla fidelidad a la forma laical de vida salesiana, abrazada por puro\namor de Dios, ser&aacute; plena y convencida, lejos de todo pesar,\ndesenvuelta en una existencia convincente y contenta.<br><br>Este\nes el evangelio de la vocaci&oacute;n, la buena noticia de la llamada\nde Dios reservada individualmente para cada uno de sus hijos, llamada\nde la que solo Dios conoce el significado, los motivos, el destino,\nel desarrollo concreto. Una llamada que se hace perceptible solo en\nla pura correspondencia del amor que, a su vez, &laquo;quiere\nlibrarse del adversario m&aacute;s peligroso: la propia libertad de\nelecci&oacute;n. Todo amor verdadero tiene, pues, la forma interna\ndel voto: est&aacute; ligado al amado, en raz&oacute;n del amor y en\nel esp&iacute;ritu del amor&raquo;<a class=\"sdfootnoteanc\" name=\"sdfootnote15anc\" href=\"#sdfootnote15sym\"><sup>15<\/sup><\/a>.<br><br><i>El\nEvangelio de la vocaci&oacute;n<\/i>,\nen la santidad de Zatti, es el evangelio de la pura fe: la buena\nnoticia del respirar sano del coraz&oacute;n que saborea la libertad\nen la obediencia al plan de Dios, custodio del misterio de cada vida\nllamada a ser rama fecunda de la Vid verdadera, encomendada a la\nsabidur&iacute;a del &laquo;Labrador&raquo; (<i>Jn\n<\/i>15,\n1).<br><br>Le&iacute;da\ncon las &laquo;categor&iacute;as&raquo; de nuestro tiempo, la\nsantidad de Art&eacute;mides Zatti suscita as&iacute; &laquo;miedo\nvocacional&raquo;, un miedo que oprime el coraz&oacute;n en la\ndesconfianza ante el misterio de Dios. <i>El\nEvangelio de la vocaci&oacute;n<\/i>\nanunciado por la vida de este santo Salesiano Coadjutor muestra que,\nsolo correspondiendo al sue&ntilde;o de Dios, es posible, en cada\nedad y en cada situaci&oacute;n, vencer la par&aacute;lisis del yo,\ncon la pobreza de su mirada y de sus medidas, con la angustia de su\nincertidumbre y de su miedo.<br><br>Cuando\ndon Garrone &ndash; Salesiano &eacute;l mismo de eminente virtud, as&iacute;\ncomo de gran competencia m&eacute;dica, adquirida en el generoso\nservicio a los enfermos &ndash; exhorta a Art&eacute;mides, enfermo\nde tuberculosis, a pedir la gracia de la curaci&oacute;n por\nintercesi&oacute;n de la Virgen y con voto de dedicarse durante toda\nla vida a los enfermos, la fe de Zatti da buena prueba de s&iacute;\nmisma: sencilla, desinteresada, sin reservas, encerrada en una\npalabra: &laquo;&iexcl;Cre&iacute;!&raquo;.<br><br>&laquo;Cre&iacute;&raquo;,\no cuando basta una palabra para decir la fe, porque la fe es pura; y\nsolo esta fe es vocacionalmente generosa, por la ligereza de su\npureza que &laquo;da alas al coraz&oacute;n y no cadenas a los pies&raquo;.<br><br>La\nsantidad de Art&eacute;mides Zatti llega a nuestros caminos\nvocacionales, a veces cansados &#8203;&#8203;y pesados, con la fuerza\ninterpelante de un &laquo;cre&iacute;&raquo; que nunca ha fallado: el\npresente de la fe que se hace continuo a lo largo de la vida y la\nhace cre&iacute;ble. La suya era una fe con una <i>continua\nuni&oacute;n con Dios<\/i>.\nEn los testimonios recogidos as&iacute; se expresa monse&ntilde;or\nCarlos Mariano P&eacute;rez: &laquo;La impresi&oacute;n que recib&iacute;\nfue la de un hombre unido al Se&ntilde;or. La oraci&oacute;n era como\nla respiraci&oacute;n de su alma, todo su comportamiento demostraba\nque viv&iacute;a plenamente el primer mandamiento de Dios: lo amaba\ncon todo su coraz&oacute;n, con toda su mente y con toda su alma&raquo;<a class=\"sdfootnoteanc\" name=\"sdfootnote16anc\" href=\"#sdfootnote16sym\"><sup>16<\/sup><\/a>.<br><br>Estamos\nllamados a valorar el testimonio de Zatti para renovar el ardor de\nnuestra pastoral vocacional y para ofrecer a los j&oacute;venes el\nejemplo de una vida que la solidez de la fe hace plena, sencilla,\nvaliente, por la fuerza del Esp&iacute;ritu y la docilidad del\nllamado. <br><br><br><b>1.2\nEl Evangelio de la confianza: &laquo;Promet&iacute;&raquo;<\/b><br><br><i>El\nEvangelio de la vocaci&oacute;n<\/i>,\ndel que Zatti es testigo, anima un segundo verbo de fundamental\nimportancia: prometer.<br><br>Hoy\nexperimentamos a menudo la debilidad de las promesas humanas, el\nmiedo a la falta de fiabilidad, constatamos la incapacidad de ser\ndefinitivas: de ah&iacute; los inviernos vocacionales que est&aacute;n\nafectando a la familia, a la Congregaci&oacute;n en muchas partes del\nmundo, a la Iglesia, y que hacen urgente el anuncio del Evangelio de\nla llamada de Dios y de la respuesta del creyente. <br><br>Von\nBalthasar, reflexionando sobre la esencia de la vocaci&oacute;n,\nfruto de la fe aut&eacute;ntica, escribe as&iacute;: &laquo;No hay\nning&uacute;n camino hacia el amor sin, al menos, un indicio de este\n<i>gesto\nde entrega<\/i>.\n[&hellip;] [El amor] definitivamente quiere recuperarse, entregarse,\nconfiarse, encerrarse. Quiere depositar en el amado, de una vez por\ntodas, su libertad de movimiento, para dejarle una prenda de amor.\nTan pronto como el amor despierta verdaderamente a la vida, el\nmomento temporal quiere <i>ser\nsuperado en una forma de eternidad<\/i>.\nAmor a tiempo, amor a interrupci&oacute;n nunca es verdadero amor&raquo;<a class=\"sdfootnoteanc\" name=\"sdfootnote17anc\" href=\"#sdfootnote17sym\"><sup>17<\/sup><\/a>.<br><br>Art&eacute;mides\nZatti, a&uacute;n joven y precisamente en un gran momento de prueba,\nsiente la llamada a la plenitud del compromiso de s&iacute; mismo en\nuna promesa irrevocable y radical; cuando en edad madura, dando\ntestimonio de su gratitud hacia el padre Evasio Garrone, su\nbenefactor, recuerda los inicios de su propio camino de consagraci&oacute;n,\nZatti podr&aacute; ser sucinto al presentar el coraz&oacute;n de su\njuvenil adhesi&oacute;n a la llamada del Se&ntilde;or: &laquo;Cre&iacute;,\npromet&iacute;&raquo;.<br><br>El\n&laquo;promet&iacute;&raquo; de Zatti sigue a su &laquo;cre&iacute;&raquo;,\npero tambi&eacute;n configura su radicalidad y su calidad humana y\ncristiana. Art&eacute;mides cree porque promete y no solo promete\nporque cree: en &eacute;l vemos cumplida la regla de la fe que, si no\npuede contar con la disponibilidad para prometer, para entregarse,\ncae en el inter&eacute;s espiritual, en la previsi&oacute;n y en el\ncontrato religioso.<br><br>Zatti\nno espera garant&iacute;as para dedicar arriesgadamente su vida, no\npide cobrar el derecho al &laquo;c&eacute;ntuplo aqu&iacute; abajo&raquo;\ncomo condici&oacute;n previa para echar las redes; m&aacute;s bien\n&laquo;se ofreci&oacute; con pronta disponibilidad para asistir a un\nsacerdote enfermo de tuberculosis y contrajo la enfermedad: no dijo\nuna palabra de queja, acept&oacute; la enfermedad como don de Dios y\nsobrellev&oacute; las consecuencias con fortaleza y serenidad&raquo;<a class=\"sdfootnoteanc\" name=\"sdfootnote18anc\" href=\"#sdfootnote18sym\"><sup>18<\/sup><\/a>.<br><br>As&iacute;,\nla generosidad de Art&eacute;mides es pagada, incluso antes de la\nprofesi&oacute;n religiosa, y el precio es alto: una enfermedad\ndebilitante, un sue&ntilde;o vocacional destrozado, un sufrimiento\nagudo y, sobre todo, una incertidumbre total. Pero en la encrucijada\nde la fe y la promesa el <i>Evangelio\nde la vocaci&oacute;n<\/i>\nrealiza en esta vida, desde la juventud, prodigios de santidad.<br><br>La\npromesa de Zatti es pura, desinteresada, como su fe, y hace\nresplandecer la integridad del abandono al plan de Dios y la\ngenerosidad de la entrega y del compromiso de s&iacute; mismo,\nmostrando aut&eacute;ntica profundidad teol&oacute;gica: Art&eacute;mides\nhace suya la vida del Hijo obediente que se deja totalmente decidir y\ndestinar, por el amor del Padre, a la salvaci&oacute;n del mundo.<br><br>El\nalfabeto vocacional de Zatti es tan profundo como sencillo y claro:\n&laquo;Cre&iacute;, promet&iacute;. Zatti cree y promete con\nradicalidad evang&eacute;lica porque ya ha practicado la Pasi&oacute;n\ndel Se&ntilde;or como regla de su fe y entrega, como no se cansa de\nrepetir en sus cartas a su familia: &ldquo;Nuestros gozos son las\ncruces, nuestro consuelo es sufrir, nuestra vida son las l&aacute;grimas,\npero con la compa&ntilde;era siempre querida e inseparable a nuestro\nlado, la esperanza de llegar al hermoso para&iacute;so, cuando se\ncomplete nuestra peregrinaci&oacute;n en la tierra&rdquo;&raquo;<a class=\"sdfootnoteanc\" name=\"sdfootnote19anc\" href=\"#sdfootnote19sym\"><sup>19<\/sup><\/a>.<br><br>La\ncruz es la regla de la fe, y ense&ntilde;a c&oacute;mo el creer\ncristiano no es simplemente saber algo, sino confiarse a Alguien,\nprometi&eacute;ndole no algo, sino uno mismo. Formado por la cruz,\nArt&eacute;mides, incluso antes de emprender el camino de la vida\nreligiosa, no <i>promete<\/i>\nsino que <i>se\npromete<\/i>,\nno <i>hace\nvoto<\/i>,\n<i>se\nvota<\/i>,\ny as&iacute; refleja los rasgos del Hijo que &laquo;al entrar en el\nmundo, [&#8230;] dice: T&uacute; no quisiste sacrificios ni ofrendas,\npero me formaste un cuerpo. No aceptaste holocaustos ni v&iacute;ctimas\nexpiatorias. Entonces yo dije: &quot;He aqu&iacute; que vengo &ndash; pues\nas&iacute; est&aacute; escrito en el comienzo del libro acerca de m&iacute; &ndash; \npara hacer, &iexcl;oh, Dios!, tu voluntad&raquo; (<i>Heb\n<\/i>10:\n5-7).<br><br>Y,\nsiempre en la escuela del Se&ntilde;or Jes&uacute;s, Zatti aprende\nque la radicalidad de la promesa de s&iacute; mismo corresponde a la\ncreciente audacia de la fe. Quien se entrega completamente a Dios\npuede abandonarse a la certeza de recibir todo de &Eacute;l, y\nArt&eacute;mides no se cansa de recordar esto en sus cartas: &laquo;Os\nrecomiendo que no teng&aacute;is miedo ni verg&uuml;enza de pedir\ngracias. Pedid y obtendr&eacute;is; y cuanto m&aacute;s pid&aacute;is,\nm&aacute;s obtendr&eacute;is; porque el que pide mucho recibe mucho,\nel que pide poco recibe poco; y el que nada pide, nada recibe. [&hellip;]\nNo os voy a enumerar las gracias que ten&eacute;is que pedir; bien lo\nsab&eacute;is vosotros. Solo pongo una ante vuestros ojos: y es esa,\nque todos nosotros podamos amar y servir a Dios en este mundo y luego\ngozarle en el otro&raquo;<a class=\"sdfootnoteanc\" name=\"sdfootnote20anc\" href=\"#sdfootnote20sym\"><sup>20<\/sup><\/a>.<br><br><br><b>1.3\nEl Evangelio de la dedicaci&oacute;n: &laquo;San&eacute;&raquo;<\/b><br><br><i>&laquo;San&eacute;&raquo;<\/i>\nes el verbo con el que Zatti sella el acontecimiento que lo introduce\nen la vida salesiana.<br><br>&iquest;Qu&eacute;\nsignifica <i>&laquo;san&eacute;&raquo;<\/i>?\nCiertamente la tuberculosis que hab&iacute;a minado su salud fue\nsuperada por Zatti y de una manera que sorprendi&oacute; a los\nm&eacute;dicos: &laquo;En el proceso de Viedma el tribunal se\npregunta si la curaci&oacute;n fue milagrosa. Hasta donde sabemos, la\ninstantaneidad no pudo calificarla como tal, pero, seg&uacute;n los\nm&eacute;dicos [&#8230;] que conocieron bien a Zatti hasta su muerte, fue\nextraordinaria por la escasez y la poca eficacia de los tratamientos\nen ese momento, por la continuidad de la curaci&oacute;n y por la m&aacute;s\nque normal fortaleza f&iacute;sica de la que disfrut&oacute; siempre\nel siervo de Dios, a pesar de su vida de penurias. La intervenci&oacute;n\nde la Virgen parece innegable, ya fuese un milagro o una gracia\nextraordinaria&raquo;<a class=\"sdfootnoteanc\" name=\"sdfootnote21anc\" href=\"#sdfootnote21sym\"><sup>21<\/sup><\/a>.<br><br>El\ndedo de Dios, sin embargo, actu&oacute; seg&uacute;n su estilo\ninconfundible: no erradic&oacute; el mal devolviendo la vida de\nArt&eacute;mides a las condiciones anteriores a la enfermedad, ni\ndesentra&ntilde;&oacute; el misterio propio de todo designio divino y\nde toda existencia humana. As&iacute;, como sabemos, &laquo;los\nSuperiores, aun constatando las mejor&iacute;as en la salud del\nsiervo de Dios, no debieron de estar plenamente persuadidos de sus\nfuturas posibilidades. La tuberculosis, en aquellos d&iacute;as, no\ndaba nunca seguridad de curaci&oacute;n definitiva; el curriculum de\nestudios que el Siervo de Dios habr&iacute;a debido afrontar, a su\nedad (23-24 a&ntilde;os), era todav&iacute;a largo y ciertamente no\nconveniente para un tuberculoso. &Eacute;l, por otra parte, ya hab&iacute;a\ncomenzado a trabajar, y todo lo hace suponer, con &eacute;xito y con\nsatisfacci&oacute;n rec&iacute;proca en la Farmacia en una ocupaci&oacute;n\npropia de un seglar; tal vez el mismo padre Garrone hac&iacute;a\nalguna presi&oacute;n para tenerlo consigo en su trabajo. Los\nSuperiores, dadas todas estas circunstancias, debieron de proponer a\nZatti &ndash; que ciertamente, por todo lo que consta en sus\nescritos, hab&iacute;a decidido dejar el mundo y consagrarse a Dios &ndash; \nque perseverara en su prop&oacute;sito de consagrarse a Dios, que\nprofesara como salesiano coadjutor (hermano laico): la soluci&oacute;n\nparec&iacute;a la m&aacute;s prudente en vista de su salud a&uacute;n\nincierta: un trabajo material requer&iacute;a menos esfuerzo que el\nexigido por un largo per&iacute;odo de estudios severos&raquo;<a class=\"sdfootnoteanc\" name=\"sdfootnote22anc\" href=\"#sdfootnote22sym\"><sup>22<\/sup><\/a>.<br><br>El\nmisterio de Dios se espesa con la curaci&oacute;n; y, a la fe de\nArt&eacute;mides, se le pide una purificaci&oacute;n quiz&aacute;s\nm&aacute;s severa que la que impone la p&eacute;rdida de la salud: el\nsacrificio de la orientaci&oacute;n vocacional. As&iacute;, Art&eacute;mides\nes llevado a profundizar el camino de purificaci&oacute;n que Dios le\nexige: la liberaci&oacute;n de la enfermedad no es una recuperaci&oacute;n\nde las fuerzas, que permite a un joven emprendedor &laquo;recuperar\nla vida&raquo;. A su manera, la curaci&oacute;n es el desierto de una\nnueva pobreza, para que la vida de Zatti sea un espacio libre para\nDios en la radicalidad de un nuevo abandono.<br><br>Dios\ncura a Art&eacute;mides de la tuberculosis para renovar en &eacute;l\nel prodigio de la salvaci&oacute;n del apego a s&iacute; mismo, del\ndesapego incluso de sus propios proyectos de bien: &laquo;Es de creer\nque el abandono de la aspiraci&oacute;n al sacerdocio fue para el\nsiervo de Dios un gran sufrimiento espiritual, tal era el entusiasmo\ny el esp&iacute;ritu de sacrificio con que hab&iacute;a emprendido el\ncamino hacia esta meta. Sin embargo, es maravilloso, y un indicio de\nextraordinaria fuerza espiritual, que nunca aparezca una palabra de\nlamentaci&oacute;n o incluso de pesar y de nostalgia [&hellip;] por\neste cambio en la perspectiva de su vida&raquo;<a class=\"sdfootnoteanc\" name=\"sdfootnote23anc\" href=\"#sdfootnote23sym\"><sup>23<\/sup><\/a>.<br><br>&laquo;San&eacute;&raquo;\nes entonces la voz de la coherencia del alfabeto vocacional de Zatti.\nCuando Dios llama y su criatura responde, el Esp&iacute;ritu no se\nlimita a reparar la precariedad humana sino que cumple el sue&ntilde;o\nde Dios: &laquo;He aqu&iacute; que hago nuevas todas las cosas&raquo;\n(Ap 21,5). As&iacute;, si la enfermedad inclina al coraz&oacute;n\nhumano a replegarse sobre s&iacute; mismo, el creer y el prometer de\nZatti, alimentados por el amor al Se&ntilde;or Jes&uacute;s y a la\nCruz, producen la verdadera salud: un mayor olvido de s&iacute; mismo\ny una condescendencia incondicional hacia Dios, que lo lleva ser el\nhumilde ap&oacute;stol de los m&aacute;s pobres, de los enfermos y,\nentre ellos, convertirse en ap&oacute;stol de los casos m&aacute;s\nextra&ntilde;os; en fin, de los abandonados y desechados de este\nmundo.<br><br>Art&eacute;mides\nrenacido a una mayor pobreza se entrega m&aacute;s, en plena y activa\nconfianza, al plan del Padre: &laquo;<i>Ex\nauditu<\/i>\npuedo decir que [en la vida del siervo de Dios] hubo una voluntad\ngeneral de que Dios fuese glorificado. Por lo que le conoc&iacute;\npuedo asegurar que viv&iacute;a para la gloria de Dios&raquo;<a class=\"sdfootnoteanc\" name=\"sdfootnote24anc\" href=\"#sdfootnote24sym\"><sup>24<\/sup><\/a>.<br><br>La\nsubordinaci&oacute;n de todo a la gloria de Dios y el sacrificio de\nlos propios proyectos &ndash; incluidos los proyectos de bien &ndash; \nen favor de la sabidur&iacute;a de Dios, que es la &uacute;nica que\nrealiza la plenitud del Amor, ser&aacute;n esenciales no solo para la\nexperiencia espiritual de este Salesiano extraordinario, sino tambi&eacute;n\na la <i>pedagog&iacute;a\ndel<\/i>\n<i>dolor<\/i>\nque deber&aacute; practicar por la especificidad de su misi&oacute;n.<br><br>En\nel &laquo;san&eacute;&raquo; de Zatti se cumple no solo una gracia\nsino una escuela, y ambas son moldeadas por el dedo de Dios para el\nbien de los hermanos: libre de la enfermedad, Art&eacute;mides\nservir&aacute; a los enfermos toda la vida, despu&eacute;s de haber\npasado por la <i>verdadera\ncuraci&oacute;n<\/i>\nque le har&aacute; <i>verdadero\nm&eacute;dico<\/i>\nde las criaturas sobre las que se inclinar&aacute;.<br><br>&laquo;Hac&iacute;a\na menudo la se&ntilde;al de la Santa Cruz y se la hac&iacute;a hacer\na los enfermos, le encantaba ense&ntilde;&aacute;rsela a los ni&ntilde;os.\nEn &eacute;l la fe y las medicinas formaban una simbiosis, sin fe no\ncuraba y tampoco sin medicinas. Tampoco ve&iacute;a una dicotom&iacute;a\nentre el alma y el cuerpo; el hombre era una sola cosa, y cuidaba de\neste hombre: cuerpo y alma&raquo;<a class=\"sdfootnoteanc\" name=\"sdfootnote25anc\" href=\"#sdfootnote25sym\"><sup>25<\/sup><\/a>.<br><br>Solo\nporque fue llevado de la mano de Dios a experimentar la curaci&oacute;n\ncomo morir a s&iacute; mismo, Zatti podr&aacute; acercarse a los\nenfermos con el f&aacute;rmaco del Amor Encarnado y Crucificado,\ndispensando consuelo, luz y esperanza.<br><br><br><b>2.\nUN TESTIGO DE LA PASCUA<\/b><br><br>Si\nen la vida de Zatti &ndash; por el modo en que fue alcanzado por la\nllamada de Dios &ndash; resplandece de forma original y muy actual el\n<i>Evangelio\nde la vocaci&oacute;n<\/i>,\nsu siembra apost&oacute;lica se realiza como arte del cuidado en la\nluz de la Pascua.<br><br>La\ncoherencia pascual es la regla de fidelidad de todo apostolado\ncristiano: en los santos, la pr&aacute;ctica de esta regla alcanza su\nesplendor, llevando la vida de Dios a las fatigas de los hombres, de\nla historia, del mundo, edificando as&iacute; la Iglesia.<br><br>Zatti\npractic&oacute; con pasi&oacute;n pascual el cansancio del\nsufrimiento humano y construy&oacute; as&iacute; la Iglesia como un\nverdadero hospital de campa&ntilde;a (como sigue repitiendo hoy el\npapa Francisco), precisamente transformando dos hospitales que\nsurgieron &laquo;en el fin del mundo&raquo; en c&eacute;lulas vivas\ndel Iglesia.<br><br>Los\nhospitales de San Jos&eacute; primero y de San Isidro despu&eacute;s\nfueron, entre finales del siglo XIX y las primeras d&eacute;cadas del\nsiglo XX, un recurso sanitario precioso y &uacute;nico para la\natenci&oacute;n, sobre todo, de los pobres de Viedma y de la regi&oacute;n\nde R&iacute;o Negro: el hero&iacute;smo de Zatti los convirti&oacute;\nen lugares de irradiaci&oacute;n del amor de Dios, donde el cuidado\nde la salud se convierte en una experiencia de salvaci&oacute;n.<br><br>Zatti\nha imitado en su vida la <i>par&aacute;bola\ndel buen samaritano<\/i>.\nEl samaritano es Cristo, el Dios cercano (en su Hijo amado) que no\nconoce la indiferencia y el desprecio, sino que se ofrece a s&iacute;\nmismo, de antemano, para curar hasta al &uacute;ltimo de sus hijos e\nhijas, por medio de la proximidad del amor, para que el mal de la\nhistoria no condene a ninguno de estos peque&ntilde;os a perecer\nfuera de Jerusal&eacute;n.<br><br>Aqu&iacute;\nest&aacute; el milagro de Dios: en ese trozo de tierra patag&oacute;nica,\ndonde discurre la vida de Zatti, cobr&oacute; vida una p&aacute;gina\ndel Evangelio. El Buen Samaritano encontr&oacute; rostro, manos y\npasi&oacute;n, sobre todo por los peque&ntilde;os, los pobres, los\npecadores, los &uacute;ltimos. As&iacute; un hospital se ha\nconvertido en la Posada del Padre, se ha convertido en signo de una\nIglesia que ha querido ser rica en dones de humanidad y de gracia, a\ntrav&eacute;s de la donaci&oacute;n, el servicio y la vivencia del\nmandamiento del amor a Dios y al hermano.<br><br>Son\nnumerosos los testigos que nos permiten contemplar la experiencia de\nIglesia accesible en aquel hospital de campa&ntilde;a vivificado por\nel coraz&oacute;n inflamado de Zatti: al darles la palabra, surge de\nnuevo la fascinaci&oacute;n de Art&eacute;mides, preocupado por curar\na quienes se encomiendan a &eacute;l, sea con los remedios del arte\nm&eacute;dico, sea tanto con la presencia, la simpat&iacute;a, la\noraci&oacute;n por todos y con todos, como con la expresi&oacute;n\ncotidiana de fe de este humilde Salesiano. Todo esto sin duda\ndemostr&oacute; ser m&aacute;s eficaz que muchas medicinas.<br><br><br><b>2.1.\nCuidado pascual y servicio (<\/b><i><b>diakonia<\/b><\/i><b>)\nde la vida herida<\/b><br><br>Donde\nhay santidad se propaga la Iglesia, y donde se edifica la Iglesia hay\nsantidad. Quien conoci&oacute; a Zatti, todo el que fue acogido en su\nhospital, tuvo una experiencia de fraternidad y en esta fraternidad\nuna experiencia de Iglesia.<br><br>Zatti\nvivi&oacute; con radicalidad evang&eacute;lica la certeza de que el\nservicio, que era su caracter&iacute;stica vocacional &ndash; la\n<i>diakonia<\/i> &ndash; \nhace cre&iacute;ble, reconocible, amable, el rostro de la Iglesia. La\npuerta del servicio atrae al coraz&oacute;n humano, especialmente\ncuando es probado por la vida y el sufrimiento, y se abre a la\nexperiencia del encuentro con Jes&uacute;s, el verdadero Buen\nSamaritano, y Zatti se esforzaba por vivir como un buen samaritano.\n&laquo;El hospital y las casas de los pobres, visitados noche y d&iacute;a\nyendo en una bicicleta, considerada ahora como elemento hist&oacute;rico\nde la ciudad de Viedma, fueron el horizonte de su misi&oacute;n.\nVivi&oacute; la entrega total de s&iacute; a Dios y la consagraci&oacute;n\nde todas sus fuerzas al bien del pr&oacute;jimo&raquo;<a class=\"sdfootnoteanc\" name=\"sdfootnote26anc\" href=\"#sdfootnote26sym\"><sup>26<\/sup><\/a>.<br><br>Zatti\nes testigo de servicio, y as&iacute; como Jes&uacute;s se entreg&oacute;\nhasta el final, Zatti realiz&oacute; hasta el hero&iacute;smo,\nsiguiendo las huellas de su Se&ntilde;or, una donaci&oacute;n y una\n<i>diakonia<\/i>\nplenamente cristianas. Merecen ser subrayadas, con las palabras\nun&aacute;nimes de los testigos, las extraordinarias caracter&iacute;sticas\nde la <i>diakonia\n<\/i>evang&eacute;lica\nde Zatti: la universalidad de su entrega, la totalidad del don de s&iacute;,\nla generosidad nacida con Dios a su lado, en la obediencia a &Eacute;l,\nrealizada en &Eacute;l. y para &Eacute;l.<br><br>Que\nel servicio de Zatti no conoc&iacute;a particularidades y no hiciese\npreferencia de personas queda a la vista de cuantos le conocieron:\n&laquo;S&eacute; que visitaba la prisi&oacute;n para curar a los\nenfermos. Con los incr&eacute;dulos y los enemigos de la Iglesia se\nmanifestaba disponible y amable. Recuerdo la frase de un m&eacute;dico\nque comentando el t&iacute;tulo del libro del padre Entraigas &ldquo;El\npariente de todos los pobres&rdquo;, dec&iacute;a que deber&iacute;a\nhaber sido corregido en &ldquo;pariente de todos&rdquo; por la\necuanimidad con que [Zatti] no hac&iacute;a distinci&oacute;n entre\ntodos los que le buscaban&raquo;<a class=\"sdfootnoteanc\" name=\"sdfootnote27anc\" href=\"#sdfootnote27sym\"><sup>27<\/sup><\/a>.<br><br>Si\nen el servicio y en la donaci&oacute;n de s&iacute; mismo de Zatti\nhubo una preferencia por alguien, esta fue la preferencia ense&ntilde;ada\npor el Buen Pastor, sensible sobre todo a la suerte de las ovejas m&aacute;s\nheridas y perdidas: &laquo;Era una de sus predilecciones [de\nZatti] su total\ndonaci&oacute;n a Dios en estas personas humildes, indefensas o con\nenfermedades repugnantes, a tal punto que cuando alguien quiso\nenviarlas a un hospicio porque llevaban muchos a&ntilde;os en el\nHospital San Jos&eacute;, respondi&oacute; que no se deb&iacute;a\nabandonar estos verdaderos <i>pararrayos<\/i>\ndel Hospital&raquo;<a class=\"sdfootnoteanc\" name=\"sdfootnote28anc\" href=\"#sdfootnote28sym\"><sup>28<\/sup><\/a>.<br><br>Zatti,\nadem&aacute;s, serv&iacute;a con todo su ser, consumi&eacute;ndose en\nuna generosidad sin c&aacute;lculo en las m&aacute;s diversas formas\nde una actividad febril, orientada solo a corresponder a las\npeticiones de todos: &laquo;Como todos conoc&iacute;an su bondad y su\nbuena voluntad en servir a los dem&aacute;s, todos acud&iacute;an a\n&eacute;l para las cosas m&aacute;s dispares. [&#8230;] Los directores de\nlas Casas de la Inspector&iacute;a escrib&iacute;an para pedir\nconsejos m&eacute;dicos, le mandaban hermanos para asistir,\nencomendaron a su hospital-cuidados cr&oacute;nicos a las personas\nque hab&iacute;an quedado incapacitadas. Las Hijas de Mar&iacute;a\nAuxiliadora no fueron menos que los Salesianos en pedir favores. Los\nemigrantes italianos ped&iacute;an ayuda, hac&iacute;an escribir a\nItalia, solicitaban pr&aacute;cticas; los que hab&iacute;an sido bien\natendidos en el hospital, como si fuera una expresi&oacute;n de\nagradecimiento, enviaban a familiares y amigos a que los asistiera\npor la estima que ten&iacute;an de sus cuidados. Las autoridades\nciviles ten&iacute;an, a menudo, personas incapacitadas para\nrehabilitarlas y recurr&iacute;an a Zatti. Los presos y dem&aacute;s\npersonas, vi&eacute;ndolo en buenos t&eacute;rminos con las\nautoridades, le recomendaban que pidiera clemencia para ellos o les\nhiciera proceder a la soluci&oacute;n de sus problemas&raquo;<a class=\"sdfootnoteanc\" name=\"sdfootnote29anc\" href=\"#sdfootnote29sym\"><sup>29<\/sup><\/a>.<br><br>El\nservicio de Zatti era, adem&aacute;s, continuo y se olvidaba de s&iacute;\nmismo y, precisamente por eso, no se vio frenado por la\nsusceptibilidades, ingratitudes, correspondencias perdidas o\npeticiones insistentes: &laquo;En el siervo de Dios era\nextraordinaria la preocupaci&oacute;n por el pr&oacute;jimo en el\ntrabajo diario; de la ma&ntilde;ana a la tarde viv&iacute;a para sus\namados enfermos. Estas circunstancias se multiplicaron durante la\nnoche, cuando, a cualquier hora que lo llamasen, acud&iacute;a\nr&aacute;pidamente. [&hellip;] Me consta que a menudo ha tenido que\nsufrir de pretensiones excesivas de algunos enfermos, exigencias\ndesmesuradas, caprichos, como es el caso [&hellip;] de los enfermos\nmentales. El siervo de Dios nunca perdi&oacute; la paciencia.\nRecuerdo haberle visto en m&aacute;s de una ocasi&oacute;n subir con\nmal tiempo, fr&iacute;o y lluvia con su veh&iacute;culo, una\nbicicleta no &uacute;ltimo modelo, para curar a los enfermos de la\npoblaci&oacute;n andando calles poco transitables&raquo;<a class=\"sdfootnoteanc\" name=\"sdfootnote30anc\" href=\"#sdfootnote30sym\"><sup>30<\/sup><\/a>.<br><br>Para\nmarcar profundamente la <i>diakonia<\/i>,\nel servicio a todos de Zatti era el hacerlo en la compa&ntilde;&iacute;a\ndel Se&ntilde;or. A nadie escapaba la competencia de este generoso\nenfermero, pero era igualmente evidente su estar en misi&oacute;n con\nJes&uacute;s: &laquo;Un dato personal muy concreto: siendo novicio y\nluego nuevo sacerdote, vine a Viedma a causa de unas p&uacute;stulas\nque me sal&iacute;an sobre todo en el cuello y en el rostro, y el\nsiervo de Dios me acog&iacute;a siempre sonriente, me curaba\ncauteriz&aacute;ndome con una punta caliente, tarareando el\n<i>Magn&iacute;ficat\n<\/i>mientras\ntrabajaba y luego anim&aacute;ndome a ofrecer aquellos sufrimientos\npor la santa perseverancia en la vocaci&oacute;n&raquo;<a class=\"sdfootnoteanc\" name=\"sdfootnote31anc\" href=\"#sdfootnote31sym\"><sup>31<\/sup><\/a>.<br><br>De\nnuevo, en Zatti resplandec&iacute;a la obediencia a Dios y a su\ndesignio como alma de un servicio humilde y confiado, que deb&iacute;a\nsuscitar en los pobres y enfermos sentimientos de abandono en Dios.\nTodo encontraba inspiraci&oacute;n en Dios, y Zatti realizaba todo\nseg&uacute;n al mandato de Dios, de modo que el servicio de este gran\nSalesiano fue una pr&aacute;ctica continua y fascinante del precepto\ndel amor: &laquo;Am&oacute; a Dios sobre todas las cosas. Para &eacute;l\ntodas las cosas de esta tierra eran transitorias y secundarias. Para\nm&iacute; Zatti era constante, sin cejar en su amor a Dios y en su\npiedad. No solo en los actos de piedad, sino en todo servicio al\npr&oacute;jimo ten&iacute;a siempre el nombre de Dios en la boca.\nExhort&oacute; a todos los que estaban cerca de &eacute;l a vivir la\npiedad. Zatti era permanentemente un ejemplo, su piedad fue superior\na la ordinaria&raquo;<a class=\"sdfootnoteanc\" name=\"sdfootnote32anc\" href=\"#sdfootnote32sym\"><sup>32<\/sup><\/a>.<br><br>La\nde Zatti, sin embargo, como ocurre siempre en los santos, es una\n<i>diakonia,<\/i>\nun servicio ciertamente realizado en obediencia a Dios, pero sobre\ntodo en el nombre de Dios, prestando a Dios su rostro, su coraz&oacute;n,\nsus manos, con certeza &ndash; fuente de gran audacia &ndash; de ser\nun peque&ntilde;o instrumento de su gran Poder y Providencia. As&iacute;\nZatti trabaja con una generosidad extraordinaria, pero con un\nabandono total porque sabe que en &eacute;l act&uacute;a su Se&ntilde;or:\n&laquo;Esper&oacute; y confi&oacute; siempre en Dios. La serenidad\ncon la que superaba las dificultades era una demostraci&oacute;n de\nsu esperanza en Dios. Siempre dijo: &ldquo;Dios proveer&aacute;&rdquo;,\npero lo dec&iacute;a con plena confianza y esperanza&raquo;<a class=\"sdfootnoteanc\" name=\"sdfootnote33anc\" href=\"#sdfootnote33sym\"><sup>33<\/sup><\/a>.<br><br>Zatti,\ncreyente y hombre aut&eacute;ntico, era &laquo;movido por la caridad\nhacia el pr&oacute;jimo porque ve a Cristo sufriendo en cada enfermo.\nTal era la bondad que usaba con los enfermos que no les negaba\nnada&raquo;<a class=\"sdfootnoteanc\" name=\"sdfootnote34anc\" href=\"#sdfootnote34sym\"><sup>34<\/sup><\/a>;\n&laquo;Para el siervo de Dios el amor se manifestaba en la caridad\ncon que asist&iacute;a a los &ldquo;otros Cristos&rdquo;. En su\nconcepci&oacute;n evang&eacute;lica de que todo lo que sus disc&iacute;pulos\nhagan a sus pr&oacute;jimos se lo estar&aacute;n haciendo al mismo\nCristo, el siervo de Dios sol&iacute;a comportarse con todos con\ncaridad, incluso cuando se trataba de incr&eacute;dulos o\nindiferentes&raquo;<a class=\"sdfootnoteanc\" name=\"sdfootnote35anc\" href=\"#sdfootnote35sym\"><sup>35<\/sup><\/a>.<br><br>O\nviviendo en salida una Iglesia del servicio, capaz de llegar en\nbicicleta a sus pobres, o sirviendo a todos los que llamaban a su\nhospital &ndash; primero de San Jos&eacute; y luego de San Isidro &ndash; \npara que all&iacute; encontrasen el amor de Dios. Zatti se dio\ncompletamente a Dios, haci&eacute;ndose siervo del Se&ntilde;or,\naut&eacute;ntico misionero de la Iglesia en el nombre del Se&ntilde;or\nJes&uacute;s.<br><br><br><b>2.2\nFraternidad pascual y comuni&oacute;n (<\/b><i><b>koinonia<\/b><\/i><b>)\nen la vida compartida<\/b><br><br>La\nsantidad de Zatti nos lleva al coraz&oacute;n de la Iglesia no solo\npor la singularidad de su <i>diakonia<\/i>,\nsino tambi&eacute;n por la calidad de la comuni&oacute;n florecida en\nsu donaci&oacute;n a los dem&aacute;s. Lo que fuese la comuni&oacute;n\npara Zatti est&aacute; atestiguado tanto por los testimonios de\nquienes vieron su acci&oacute;n, como por la forma en que atraves&oacute;\nlos momentos m&aacute;s agotadores que marcaron su vida.<br><br>Un\nhecho especialmente doloroso para &eacute;l se produjo cuando los\nsuperiores se inclinaron por el derribo del Hospital de San Jos&eacute;,\nal que Art&eacute;mides hab&iacute;a consagrado todas sus energ&iacute;as;\nen Viedma no hab&iacute;a lugar para el obispado; y, para construir\nuna residencia episcopal adecuada, se decidi&oacute; demoler el\nantiguo hospital, con la carga de trasladar todos los servicios\nsanitarios a los espacios de la Escuela Agr&iacute;cola de San\nIsidro, sede de la otra obra salesiana en Viedma.<br><br>Para\nZatti, el derribo no fue una simple operaci&oacute;n constructiva,\nfue una prueba cruda y crucificante: ante sus ojos no solo ten&iacute;a\nlos escombros de un antiguo hospital, sino la duda de que con esos\nmuros se hab&iacute;a derrumbado su vida y all&iacute; hab&iacute;an\nterminado tambi&eacute;n sus renuncias y privaciones, incomprensiones\ny vigilias, dolores de cabeza y sudores, entrega al pr&oacute;jimo y\nsacrificio de s&iacute; mismo. A Zatti no se le perdon&oacute; el\nc&aacute;liz, pero permaneci&oacute; de pie, con fortaleza y dulzura\ncristiana: &laquo;en el momento del derribo del hospital de San Jos&eacute;\nse hab&iacute;a propuesto primero que se construyera el palacio\nepiscopal en otro lugar y se permutaran los terrenos; luego, ante lo\ninexorable del derribo, que [&#8230;] sent&iacute;a enormemente dada su\nextrema sensibilidad humana, no se rebel&oacute; ni protest&oacute;;\nal contrario, tranquiliz&oacute; a los que intentaban que se\nrebelase&raquo;<a class=\"sdfootnoteanc\" name=\"sdfootnote36anc\" href=\"#sdfootnote36sym\"><sup>36<\/sup><\/a>.<br><br>Como\nsiempre sucede en la vida de los santos, la prueba es a la vez un\ncrisol oscuro y una demostraci&oacute;n luminosa: Zatti con su\nserenidad de esp&iacute;ritu y con la presteza puesta en montar la\nnueva sede de los servicios de salud, demostr&oacute; la base de su\nentrega: el verdadero hospital que constru&iacute;a no pod&iacute;a\nreducirse a escombros, porque era una invenci&oacute;n de la caridad,\nde esa caridad que &laquo;no tiene fin&raquo; (<i>1\nCor <\/i>13,8),\ny que expresa el milagro de la comuni&oacute;n, reflejo de la eterna\nVida de Dios. El verdadero hospital de Zatti no era un edificio\nterreno, dedicado a San Jos&eacute; o a San Isidro; en esos ambientes\nsu profesionalidad acog&iacute;a a todos, a trav&eacute;s de la\npuerta del servicio, para que pudieran tener una verdadera y plena\nexperiencia de la ternura de Dios.<br><br>Zatti\nno predic&oacute; el catecismo de la comuni&oacute;n, pero con su\nsantidad lo encarn&oacute;; y su hospital no era un edificio\nimponente, sino un milagro evidente y cotidiano de servicio y de\ncomuni&oacute;n. Aqu&iacute; &laquo;el siervo de Dios dirig&iacute;a\nal personal, que estaba formado por varias personas que viv&iacute;an\nen el hospital, como un superior de una comunidad religiosa [&hellip;]\nEl personal lo amaba, lo veneraba y segu&iacute;a al pie de la letra\nsus reglas. A nadie les ha faltado nunca lo necesario: moral,\nespiritual y t&eacute;cnico para el cumplimiento de sus compromisos,\ny esto por la preocupaci&oacute;n personal del siervo de Dios&raquo;<a class=\"sdfootnoteanc\" name=\"sdfootnote37anc\" href=\"#sdfootnote37sym\"><sup>37<\/sup><\/a>.<br><br>Es\nuna convicci&oacute;n de todos que la estatura espiritual de Zatti lo\nconvirti&oacute; en el art&iacute;fice de la comuni&oacute;n: &laquo;En\nlos a&ntilde;os que estuve en la escuela en el Colegio San Francisco\nde Sales, el hospital era una dependencia del Colegio y sab&iacute;amos\ntodo lo que pasaba aqu&iacute; como all&aacute;. Nunca he o&iacute;do\nhablar de rencillas o incomprensiones entre los colaboradores de\nZatti que pudieran tener alguna relevancia y provocar habladur&iacute;as\nen el pueblo o en la escuela&raquo;<a class=\"sdfootnoteanc\" name=\"sdfootnote38anc\" href=\"#sdfootnote38sym\"><sup>38<\/sup><\/a>.<br><br>Cuando\nse realiza la comuni&oacute;n cristiana, no pasa desapercibida por su\nbelleza que trastorna al mundo postrado por el rencor y por la\ndivisi&oacute;n; son solo los santos, sin embargo, quienes conocen a\nfondo el precio de la comuni&oacute;n, su extra&ntilde;eza a la\nespontaneidad, a la inmediatez de la simpat&iacute;a, a la facilidad\nsin sacrificio. Los santos saben cu&aacute;nto cuesta la comuni&oacute;n\nporque saben cu&aacute;l es su fuente: el costado desgarrado del\nSe&ntilde;or, que realiza la obra de reconciliaci&oacute;n entre los\nhombres y con los hombres.<br><br>Zatti\nsabe que solo la Sangre del Se&ntilde;or crea comuni&oacute;n, y\nelige el camino de la participaci&oacute;n fiel y cotidiana en el\nsacrificio del Hijo, con la sonrisa en el rostro, la fuerza en el\nalma, la paz en el coraz&oacute;n, las manos atravesadas por el\ntrabajo y la fatiga. Haciendo casi imperceptible el compromiso que\nexig&iacute;a su inmolaci&oacute;n, Zatti &laquo;era un hombre que\nirradiaba paz, [hombre] de acci&oacute;n, din&aacute;mico, no\nmostraba nerviosismo, alegre. Era frecuente el uso de bromas [&hellip;]\npara animar a un enfermo [&hellip;]. Era un hombre que no vacilaba en\nsus pr&aacute;cticas religiosas, [&hellip;] se&ntilde;al de su\nesfuerzo por superarse a s&iacute; mismo. Personalmente, lo que m&aacute;s\nnot&eacute; en &eacute;l fue su caridad y humildad&raquo;<a class=\"sdfootnoteanc\" name=\"sdfootnote39anc\" href=\"#sdfootnote39sym\"><sup>39<\/sup><\/a>.<br><br>La\nhumildad de Zatti construye la Iglesia y hace cristiana la comuni&oacute;n\nde la que &eacute;l mismo es art&iacute;fice; quien no muere a s&iacute;\nmismo todos los d&iacute;as, lleva consigo el peso del ego&iacute;smo\nque hiere la comuni&oacute;n; solo la humildad cura las relaciones y\nsupera la tentaci&oacute;n del poder, del control, de la seducci&oacute;n\ny de la prevaricaci&oacute;n. Zatti, sin multiplicar palabras ni\ndiscursos, sabe que solo con humildad puede ser creador de la\nverdadera <i>koinonia<\/i>,\nfruto y condici&oacute;n de una <i>diakonia\n<\/i>eficaz\ny discreta, que no crea dependencia sino que restaura la dignidad;\nsolo la humildad sirve de manera generativa, promoviendo una comuni&oacute;n\nque cuida el v&iacute;nculo y promueve la autonom&iacute;a. La\nhumildad es virtud de Dios porque es el secreto de todo padre, la\nesperanza de todo hijo, el esp&iacute;ritu de toda vida verdadera.<br><br>Zatti\npuede ser servidor y constructor de comuni&oacute;n por la humildad\nque hace de &eacute;l un sencillo hijo de Dios, vivo de la Vida del\nEsp&iacute;ritu y padre de todos: &laquo;Creo que, en la relaci&oacute;n\nde Zatti con sus colaboradores, nunca ha habido problemas porque era\ncomo el padre de todos. Recuerdo que todos le echaban mucho en falta\ncuando &eacute;l estaba ausente por haber ido a Roma para la\nCanonizaci&oacute;n de Don Bosco&raquo;<a class=\"sdfootnoteanc\" name=\"sdfootnote40anc\" href=\"#sdfootnote40sym\"><sup>40<\/sup><\/a>.\n&laquo;La relaci&oacute;n de don Zatti con el hospital era como la de\nun padre. No conozco malentendidos ni dificultades: si las ha habido,\ncreo que no han sido de su parte. De las enfermeras con las que he\ntratado [&hellip;], no he o&iacute;do m&aacute;s que elogios y\nninguna queja&raquo;<a class=\"sdfootnoteanc\" name=\"sdfootnote41anc\" href=\"#sdfootnote41sym\"><sup>41<\/sup><\/a>.<br><br><br><b>2.3\nCercan&iacute;a pascual y <\/b><i><b>martyria<\/b><\/i><b>\nde la vida sin fin<\/b><br><br>Nuestro\nhermano Art&eacute;mides Zatti testific&oacute; realmente con su vida\n(<i>martyria<\/i>)\nque el Se&ntilde;or ha resucitado. &laquo;Yo soy la luz del mundo&raquo;\n(<i>Jn<\/i>\n8,12) dice el Se&ntilde;or de s&iacute; mismo. El Evangelio es Luz\nque quiere penetrar en la vida de los hombres, y la Iglesia,\nsacramento vivo de Dios, es Luz para el mundo. La santidad de Zatti,\nalimentada por la Pascua de Jes&uacute;s, es tambi&eacute;n luz, y lo\nexperimentaron, especialmente, los pobres y los enfermos de Viedma.\nZatti los acoge a trav&eacute;s de la puerta del servicio, los\nmantiene dentro de los muros de la comuni&oacute;n, pero para\nofrecerles, con su testimonio de vida, la luz del Evangelio, el\nesplendor de la Pascua que ilumina a la Iglesia.<br><br>Creyentes\ny no creyentes quedan impactados por las palabras y por los gestos de\nZatti; su testimonio es sin sombras, extraordinariamente salesiano,\nllega a todos y anuncia, a trav&eacute;s de dos nombres, dos rasgos\ndecisivos del Dios de Jes&uacute;s: Providencia y Para&iacute;so.<br><br>No\nhay Iglesia donde no haya anuncio expl&iacute;cito del nombre de\nDios, anuncio pagado con el martirio de la vida, en el signo de la\nsangre o de la caridad; donde se impulsa el servicio y la comuni&oacute;n\nde Zatti resuena el anuncio del nombre de Dios, de estos dos nombres,\ntan cristianos y tan salesianos: Providencia y Para&iacute;so.<br><br>Zatti\nanuncia con su vida que todo en Dios es amor, pero amor concreto,\natento, ilimitado y minucioso por cada criatura: el amor de Dios es\nProvidencia. Sin embargo, la Providencia de Dios no es temporal, sino\neterna, y he aqu&iacute; el segundo nombre: Para&iacute;so. Para&iacute;so\nes el nombre propio del deseo de Dios que en la historia provee a sus\ncriaturas para tenerlas consigo para siempre, por la eternidad.<br><br>Zatti\nes un maestro de este alfabeto cristiano: &laquo;era su deseo\nconstante que el Se&ntilde;or fuera conocido y amado. La atestiguaba\nla alegr&iacute;a que expresaba cuando un nuevo paciente, que no\nsab&iacute;a nada de Dios, se convert&iacute;a en un cristiano\ndevoto. Su primera preocupaci&oacute;n fue cuidar e inspirar\nconfianza en la divina Providencia&raquo;<a class=\"sdfootnoteanc\" name=\"sdfootnote42anc\" href=\"#sdfootnote42sym\"><sup>42<\/sup><\/a>.<br><br>El\nsentido de la Providencia no fue la respuesta obligada a las\ncondiciones de precariedad, una especie de &uacute;ltima playa\nofrecida a los n&aacute;ufragos para no hundirse en los momentos\ndif&iacute;ciles. Testimoniar la Providencia para Zatti significaba\nense&ntilde;ar a hablar con Dios, a llamarlo por su nombre, con\nconfianza cristiana, porque &laquo;estaba muy convencido de los\nprincipios evang&eacute;licos y uno que ten&iacute;a bien grabado en\nsu coraz&oacute;n y en su mente era &ldquo;buscar primero el reino de\nDios y su justicia y todo lo dem&aacute;s os ser&aacute; dado por\na&ntilde;adidura&rdquo; (<i>Mt<\/i>\n6,33). Hab&iacute;a aprendido en la escuela de Don Bosco &ndash; habiendo\nle&iacute;do mucho su vida &ndash; a no desconfiar nunca de la ayuda\nde Dios, sobre todo cuando se le honra como quiere, en cada uno de\nnuestros pr&oacute;jimos&raquo;<a class=\"sdfootnoteanc\" name=\"sdfootnote43anc\" href=\"#sdfootnote43sym\"><sup>43<\/sup><\/a>.<br><br>Pero\nuna Providencia sin Para&iacute;so no permitir&iacute;a que el\nanuncio del nombre de Dios llevara el peso de la historia, con su\ncarga de cansancio, de sufrimiento, de muerte. Zatti animaba, dentro\ny fuera del hospital, una Iglesia siempre visitada por el dolor y la\nmuerte, y esto exig&iacute;a plenitud de fe y de testimonio, ped&iacute;a\nanunciar el nombre del &uacute;nico deseo de Dios para el hombre:\nPara&iacute;so. Cuando daba testimonio del Para&iacute;so, Zatti\nmostraba la certeza &laquo;de la vida eterna y de su adquisici&oacute;n\npor la gracia y las buenas obras; esto se manifestaba sobre todo ante\nla muerte [&hellip;]. Yo personalmente lo escuch&eacute; regocijarse\npor haber podido prestar ayuda religiosa a los enfermos y exclamar\n[&#8230;] &ldquo;Hoy hemos enviado dos o tres al cielo&rdquo;&raquo;<a class=\"sdfootnoteanc\" name=\"sdfootnote44anc\" href=\"#sdfootnote44sym\"><sup>44<\/sup><\/a>.<br><br>Con\nestos dos nombres de Dios, Zatti evangeliz&oacute; la vida y la\nmuerte, la alegr&iacute;a y el dolor, la salud y la enfermedad como\nverdadero testigo cristiano, como m&aacute;rtir, en el martirio\ncotidiano de la caridad. El anuncio y la <i>martyria<\/i>\nde Zatti no divulgan un evangelio de circunstancia o de oportunidad,\nsino que esparcen Sal, Luz, Levadura, prestan rostro, coraz&oacute;n\ny manos a un Evangelio que pide vida y la impregna toda, resuelve los\nenigmas y vence las angustias con el calor de la Verdad: &laquo;Desde\nque lo conozco siempre ha dado m&aacute;s importancia a las pr&aacute;cticas\nreligiosas que a su trabajo, aunque lo hiciera con perseverancia.\nCitaba a menudo las Escrituras, especialmente los evangelios, para\nconsolar a los enfermos o alentar la virtud [&hellip;]. Era muy\ndif&iacute;cil para &eacute;l no poner un pensamiento espiritual en\nsus conversaciones. Una vez, hablando con &eacute;l, le mencion&eacute;\nel descubrimiento de algunas medicinas nuevas como la penicilina y\nlas sulfamidas; el siervo de Dios me escuch&oacute; y, cuando termin&eacute;\nde hablar, me dijo: &ldquo;Es verdad, es verdad, pero la gente\nseguir&aacute; muriendo de todos modos&rdquo;&raquo;<a class=\"sdfootnoteanc\" name=\"sdfootnote45anc\" href=\"#sdfootnote45sym\"><sup>45<\/sup><\/a>.<br><br>Y\nla verdad del Evangelio, en su totalidad, ilumina el hospital de\nZatti, como hab&iacute;a iluminado el Oratorio en tiempos de Don\nBosco: por eso, en el hospital de Viedma como entre los muros de\nValdocco, no se teme a la muerte y no hay que multiplicar los\nexpedientes para suavizar el esc&aacute;ndalo u ocultar la evidencia,\nenga&ntilde;os peligrosos para el coraz&oacute;n humano. Zatti\nafrontaba la muerte con el testimonio del Evangelio de la vida: una\nvida con los pies en la tierra, por eso trabajadora y concreta, pero\ncon el coraz&oacute;n en el cielo, y por eso confiada y serena: &laquo;la\n&uacute;nica raz&oacute;n de su vida era precisamente la espera de\nuna recompensa celestial, nunca actu&oacute; para ganar dinero o\nreputaci&oacute;n, hizo todo en la esperanza de la felicidad\nfutura&raquo;<a class=\"sdfootnoteanc\" name=\"sdfootnote46anc\" href=\"#sdfootnote46sym\"><sup>46<\/sup><\/a>.<br><br>Su\ncompromiso, a pesar de su sencillez, fue vivir el Evangelio con el\ncoraz&oacute;n enraizado en el Premio final y llevar el Dios de la\nProvidencia y del Para&iacute;so en cada herida y en cada muerte\nhumana, para que all&iacute; florezcan la Vida y la Resurrecci&oacute;n.\nEsto bendec&iacute;a el testimonio de Zatti e invocaba su presencia\ncuando las preciosas y raras medicinas de la esperanza y del consuelo\neran indispensables. Toda la ciudad de Viedma lo sab&iacute;a, como\nlo han confirmado los testigos con sorprendente unanimidad: se\nllamaba siempre a Zatti, y acud&iacute;a a animar y consolar, dando\nesta medicina cristiana que beb&iacute;a, para su vida en gracia de\nDios, del mismo Esp&iacute;ritu, el Consolador. As&iacute; era\n&laquo;extraordinaria en el siervo de Dios la capacidad de infundir\nesperanza en los enfermos, hecho que contribuy&oacute; casi\nmilagrosamente a la curaci&oacute;n elevando el &aacute;nimo del\ndoliente&raquo;<a class=\"sdfootnoteanc\" name=\"sdfootnote47anc\" href=\"#sdfootnote47sym\"><sup>47<\/sup><\/a>.\nZatti testimonia, hasta el martirio de la caridad, que el Se&ntilde;or\nes Dios del cielo y de la tierra. Zatti es testigo de ello, con la\npasi&oacute;n de los santos, que no conoce medida: &laquo;Recuerdo\nque un paciente le dec&iacute;a a Zatti que siempre lo preparaba para\nel cielo y que ten&iacute;a que prepararlo un poco para la tierra.\nOtro dato muestra el ambiente del hospital: una enfermera insisti&oacute;\nuna vez en preparar para la muerte a un paciente que no estaba tan\nmal y que, en efecto, est&aacute; todav&iacute;a vivo&raquo;<a class=\"sdfootnoteanc\" name=\"sdfootnote48anc\" href=\"#sdfootnote48sym\"><sup>48<\/sup><\/a>.<br><br><br><b>2.4\nAlegr&iacute;a pascual y liturgia de la vida redimida<\/b><br><br>Art&eacute;mides\nZatti, con su extraordinaria fidelidad a los acontecimientos\ncentrales de la vida cristiana, se alimenta del Pan de la Palabra,\ndel Pan del Perd&oacute;n, del Pan del Cielo, y su vida se\ntransfigura, cada vez m&aacute;s intensamente, en beneficio de una\nmisi&oacute;n rica de frutos en crecimiento. As&iacute;, la vida de\nGracia, vivida intensamente por este hijo de Don Bosco, llega a\nquienes se encuentran con &eacute;l, sin distinci&oacute;n: enfermos\ny colaboradores, hermanos y autoridades, pobres y bienhechores; en\nZatti tocan la vida del Se&ntilde;or, a trav&eacute;s de la fuerza\ndel misterio sacramental que se participa entre las personas en la\ncomuni&oacute;n del pueblo de Dios. Y as&iacute; toda la Iglesia, en\nlos sacramentos, por el poder del Esp&iacute;ritu Santo, celebra el\nmisterio pascual y asegura a los hombres el alimento por medio de los\nsacramentos, para el camino, y los remedios que sanan a la humanidad\nherida por el mal y por la muerte.<br><br>Esta\nes la Iglesia: florece y crece donde el servicio y la comuni&oacute;n\nanuncian el nombre de Dios, dan testimonio de la Palabra de Jes&uacute;s,\nse nutren de su Cuerpo, se curan de su Perd&oacute;n. Zatti no hace\nsimplemente todo esto, sino que es todo esto; a trav&eacute;s de la\ncorrespondencia con la Gracia, que santifica su vida, no solo se\nreconocen en &eacute;l los gestos y las palabras del Se&ntilde;or,\nsino que experimentamos Su propia Vida: Zatti es un &laquo;tabern&aacute;culo\nviviente&raquo;, y su testimonio radiante suscita preguntas,\nresoluciones, conversi&oacute;n, incluso en aquellos que est&aacute;n\nlejos de una participaci&oacute;n &iacute;ntima en el misterio del\nSe&ntilde;or.<br><br>La\ndedicaci&oacute;n de Zatti, que revela una ra&iacute;z m&aacute;s que\nhumana, se convierte en una prueba universalmente convincente de la\nfuerza sobrenatural de los sacramentos; el suyo, en efecto, es &laquo;un\namor sobrenatural y extraordinario por el pr&oacute;jimo. [&#8230;]\nEstaba dispuesto a cualquier sacrificio y por eso lo dif&iacute;cil\nle parec&iacute;a f&aacute;cil. Pienso que las circunstancias\ndif&iacute;ciles de su acci&oacute;n caritativa fueron: la falta de\npersonal, la solicitud de asistencia en todo momento, no dejarse\ninfluir por mal tiempo, atender a todo tipo de personas. Recuerdo a\nun familiar m&iacute;o, enfermo, al que visit&oacute; un d&iacute;a\nde tiempo p&eacute;simo y cuando le dijeron: &ldquo;&iquest;C&oacute;mo\nsale con este tiempo, se&ntilde;or Zatti?&rdquo; Y me respondi&oacute;:\n&ldquo;&iexcl;No me queda otra!&rdquo;&raquo;<a class=\"sdfootnoteanc\" name=\"sdfootnote49anc\" href=\"#sdfootnote49sym\"><sup>49<\/sup><\/a>.<br><br>Es\nregla de la liturgia cristiana el poder dar buena prueba de s&iacute;\nmismo en la vida del creyente con el orden, la armon&iacute;a, el\ndinamismo eficaz, y sobrenatural. Zatti es un cristiano, laico\nconsagrado Salesiano de Don Bosco, es piedra viva de la Iglesia, es\ntestigo de la Pascua, porque en sus obras se hace visible el\nmandamiento del Amor, que hace reconocer a Dios en el pr&oacute;jimo\ny al pr&oacute;jimo en Dios; pero Zatti ense&ntilde;a, con su vida,\nque la fuerza necesaria para la pr&aacute;ctica de ese mandamiento es\nsobrenatural, y solo puede venir de Dios, de sus sacramentos y de la\noraci&oacute;n y uni&oacute;n con &Eacute;l. &laquo;Zatti ejerci&oacute;\nla caridad en circunstancias dif&iacute;ciles por falta de recursos\necon&oacute;micos. Tambi&eacute;n porque su actividad exced&iacute;a\nlo ordinario, por la cantidad de horas que dedicaba a sus compromisos\nsin omitir sus obligaciones religiosas. Como le conoc&iacute;amos,\nnos pregunt&aacute;bamos c&oacute;mo pod&iacute;a sostener un\nesfuerzo tan grande sin el descanso que se suele considerar\nnecesario&raquo;<a class=\"sdfootnoteanc\" name=\"sdfootnote50anc\" href=\"#sdfootnote50sym\"><sup>50<\/sup><\/a>.<br><br>Dos\nepisodios merecen ser recordados, como ejemplo de la liturgia de la\nvida de la que Zatti es primero disc&iacute;pulo y luego ap&oacute;stol\ndel Se&ntilde;or Crucificado y Resucitado; en primer lugar, el\nderribo del antiguo hospital de San Jos&eacute;, con la necesidad de\ntrasladar a los enfermos a San Isidro: &laquo;No tengo noticias de\nque a Zatti le dieran una fecha de desalojo, y seguro que no hab&iacute;a\nrecibido nada de su Inspector, de lo contrario lo habr&iacute;a\nsabido [&hellip;]. El estado emocional en el que cay&oacute; Zatti\ncuando fue necesario sacar a los enfermos, para que los escombros no\nse derrumbaran sobre ellos, pod&iacute;a ser psicol&oacute;gicamente\nfatal. Llor&oacute; amargamente, pero despu&eacute;s de haber rezado\nante el Sant&iacute;simo Sacramento, se puso a trabajar con serena\nenerg&iacute;a&raquo;<a class=\"sdfootnoteanc\" name=\"sdfootnote51anc\" href=\"#sdfootnote51sym\"><sup>51<\/sup><\/a>;\ny, luego, el servicio a los moribundos: &laquo;Un joven estaba a\npunto de morir, y Zatti conversaba con &eacute;l despu&eacute;s de\nhaberle hecho comulgar; en un momento el ni&ntilde;o comenz&oacute; a\ngritar &ldquo;&iexcl;Zatti, me muero!&rdquo; y en el mismo momento se\nlevantaba de la cama; Zatti, mir&aacute;ndolo a los ojos, sonriendo\ndijo: &ldquo;&iexcl;Qu&eacute; lindo, vete al cielo!&rdquo; y el\njoven se dej&oacute; caer con una sonrisa que retrataba la de Zatti,\ny que le qued&oacute; impresa en su rostro&raquo;<a class=\"sdfootnoteanc\" name=\"sdfootnote52anc\" href=\"#sdfootnote52sym\"><sup>52<\/sup><\/a>.<br><br>Esto\nes lo que sucede cuando la Eucarist&iacute;a se hace vida y el\nmisterio pascual pr&aacute;ctica cotidiana: las grandezas humanas se\ntransforman, por obra del Esp&iacute;ritu, y cada acci&oacute;n del\ncreyente se realiza en Cristo, por Cristo y con Cristo, haciendo de\nla vida una liturgia. y transfundiendo los santos dones de la\nliturgia a la vida.<br><br>Nuestro\nquerido Art&eacute;mides Zatti, deudor en todo de los Misterios del\nSe&ntilde;or, sabe que todo puede ser solo gracias a &eacute;l; de\nah&iacute; su humildad: &laquo;Recuerdo que, estando mi hermano\nSalvador muy enfermo de fiebre tifoidea, el siervo de Dios iba a\ncuidarlo varias veces al d&iacute;a. En una ocasi&oacute;n, al\nencontrarlo camino a la casa de Salvador, le dije con tristeza:\n&ldquo;&iexcl;Se&ntilde;or Zatti, por favor, salve a mi hermano! Se\ndio la vuelta y, mir&aacute;ndome a los ojos, me dijo con severidad:\n&ldquo;&iexcl;No seas blasfemo, solo Dios salva!&rdquo;&raquo;<a class=\"sdfootnoteanc\" name=\"sdfootnote53anc\" href=\"#sdfootnote53sym\"><sup>53<\/sup><\/a>.<br><br>La\nde Art&eacute;mides Zatti fue una vida hecha de donaci&oacute;n, de\ncomuni&oacute;n, de testimonio del Se&ntilde;or resucitado. Una vida\nllena de gracias que lo llev&oacute; a una muerte plenamente\ncristiana: &laquo;Pregunt&aacute;ndole si sus dolores eran continuos,\nfuertes o no, sin contestarme directamente, me dijo: &ldquo;Son un\nmedio de purificaci&oacute;n y estoy feliz porque me doy cuenta de\nque estoy completando la Pasi&oacute;n de Cristo, que tanto he\ninculcado a los enfermos&rdquo;&raquo;<a class=\"sdfootnoteanc\" name=\"sdfootnote54anc\" href=\"#sdfootnote54sym\"><sup>54<\/sup><\/a>.<br><br>Y\nla oferta de Zatti fue plena, discreta, serena y gozosa, como sello\nde su liturgia. Merece ser retomada una florecilla en la que, tras el\nvelo de la simpat&iacute;a, Zatti regala a quienes le asisten el\nsentido de su vida, que Dios supo exprimir hasta el fondo, porque era\nmadura y plena. Unos meses antes de su muerte, sonriendo ante su\nenfermedad &ndash; un tumor en el h&iacute;gado que le ti&ntilde;e el\nrostro de amarillo &ndash; Zatti le dice a una enfermera que pronto\n&eacute;l tambi&eacute;n estar&aacute; maquillado. Sin embargo, el\nsuyo ser&aacute;, como en los limones, el color de la madurez, que\nhace que esa fruta est&eacute; lista para ser exprimida hasta el\nfondo: &laquo;&iquest;Usted se maquilla? &iexcl;Yo tambi&eacute;n! En\nseis meses le dar&eacute; la prueba. De nada sirve el lim&oacute;n si\nno es amarillo&raquo;<a class=\"sdfootnoteanc\" name=\"sdfootnote55anc\" href=\"#sdfootnote55sym\"><sup>55<\/sup><\/a>.<br><br><br><b>3.\nUNA INVITACI&Oacute;N A UN COMPROMISO EXTRAORDINARIO<\/b><br><br>Este\nera el t&iacute;tulo de la &uacute;ltima parte de la carta de don\nVecchi, a la que me he referido varias veces, y que quisiera\nconservar y compartir ahora. En las p&aacute;ginas precedentes he\ntratado de esbozar de manera sencilla, pero incisiva, la\nextraordinaria figura de nuestro hermano Salesiano Coadjutor\nArt&eacute;mides Zatti. Su camino de vida, impregnado y lleno de\nDios, es m&aacute;s que evidente. As&iacute; como su santidad. Ante\nesta gran figura, hoy se hace patente en nuestra Congregaci&oacute;n\nla necesidad y la importancia de un compromiso especial para promover\nesta hermosa vocaci&oacute;n. Hago m&iacute;as las palabras de don\nVecchi para pedir a cada Inspector&iacute;a, a cada comunidad y a\ncada hermano en los pr&oacute;ximos a&ntilde;os, desde ya, &laquo;un\ncompromiso renovado, extraordinario y espec&iacute;fico por la\nvocaci&oacute;n del Salesiano Coadjutor, dentro de la pastoral\nvocacional: rezando por ella, anunci&aacute;ndola y proponi&eacute;ndola,\nllamando, acogiendo y acompa&ntilde;ando, vivi&eacute;ndola\npersonalmente y juntos en la comunidad&raquo;<a class=\"sdfootnoteanc\" name=\"sdfootnote56anc\" href=\"#sdfootnote56sym\"><sup>56<\/sup><\/a>.<br><br>No\nfaltan ricas publicaciones sobre la figura del Salesiano Coadjutor<a class=\"sdfootnoteanc\" name=\"sdfootnote57anc\" href=\"#sdfootnote57sym\"><sup>57<\/sup><\/a>;\nquiz&aacute;s lo que necesitamos en este momento es hacer m&aacute;s\nconvincente nuestro compromiso. He hablado muchas veces en mis\nvisitas a las Inspector&iacute;as, y tambi&eacute;n en mis cartas, de\nque debemos, ante todo, ser hombres de fe, hoy m&aacute;s que nunca\nabandonados al Se&ntilde;or. Muchas otras estrategias y planes nos\npueden ayudar, pero no nos sacar&aacute;n de una dificultad profunda.\n<i>Solo\nla confianza en el Se&ntilde;or y el recurso a &Eacute;l<\/i>.\nEl siguiente testimonio de un hermano Coadjutor tiene, en mi opini&oacute;n,\nuna fuerza particular: &laquo;A&uacute;n hoy resuena el &ldquo;Ven y\ns&iacute;gueme&rdquo;. Y siempre un estupor al constatar que a&uacute;n,\nhoy, hay j&oacute;venes a quienes no les faltar&iacute;a nada para\norientarse hacia el sacerdocio y, en cambio, hacen la opci&oacute;n\ndel laico consagrado tambi&eacute;n en la Congregaci&oacute;n\nSalesiana. Por esto, en la pastoral vocacional hay que creer en esta\nvocaci&oacute;n completa en s&iacute; misma, y transmitir por &oacute;smosis\nsu estima, sin presionar ni distorsionar en direcci&oacute;n de la\nfigura clerical. Hay que estar convencidos de que hay j&oacute;venes\nque no se identifican con el modelo presbiteral, mientras que se\nsienten atra&iacute;dos por el modelo del laico consagrado. &iquest;Cu&aacute;les\nson los motivos de esta elecci&oacute;n? Todas las motivaciones son\ninsuficientes: en el fondo queda el misterio de la Gracia y de la\nlibertad&raquo;<a class=\"sdfootnoteanc\" name=\"sdfootnote58anc\" href=\"#sdfootnote58sym\"><sup>58<\/sup><\/a>.<br><br>Llegados\na este punto quisiera invitaros a profundizar en las pr&oacute;ximas\npublicaciones que saldr&aacute;n tanto sobre san Art&eacute;mides\nZatti como sobre la vocaci&oacute;n del Salesiano Coadjutor en\nnuestra Congregaci&oacute;n, en las diversas Regiones, y en las\npropuestas de ambos Sectores de la Pastoral Juvenil y de la Formaci&oacute;n\nque sin duda nos llegar&aacute;n, en adelante, como ayuda a la\nintercesi&oacute;n que el nuevo santo Salesiano har&aacute; por todos\ny, sin duda de manera muy particular, por sus hermanos Salesianos\nCoadjutores en el mundo, los que ya est&aacute;n y los que vendr&aacute;n,\ncon la Gracia de Dios.<br><br><br><b>La\nfuerza y &#8203;&#8203;la belleza de una invitaci&oacute;n<\/b><br><br>Creo\nque no se debe terminar la comparaci&oacute;n con la vida de\nArt&eacute;mides Zatti sin evocar, una vez m&aacute;s, una carta de\n1986, del cardenal Jorge Mario Bergoglio, hoy papa Francisco, escrita\na un Salesiano, como testimonio de una gracia recibida a trav&eacute;s\nde la intercesi&oacute;n de Zatti.<br><br>La\nhistoria es bien conocida: cuando era Provincial de los Jesuitas de\nArgentina, el padre Bergoglio encomend&oacute; a Zatti la petici&oacute;n\nal Se&ntilde;or de las santas vocaciones a la vida consagrada laical\npara la Compa&ntilde;&iacute;a de Jes&uacute;s; y su Provincia tuvo\nla gracia, en una d&eacute;cada, de tener veintitr&eacute;s nuevas\nvocaciones de religiosos hermanos.<br><br>El\nepisodio es relevante no solo por los protagonistas de la historia\n &ndash; el Due&ntilde;o de la Mies, un Santo Coadjutor salesiano, el\nactual Sucesor de Pedro &ndash; sino por su contenido: la fuerza\nvocacional del testimonio de Zatti.<br><br>Sorprende\nque el primer Salesiano canonizado no por el martirio de sangre sea\nun Coadjutor, y un Coadjutor que renuncia, en radical obediencia a\nDios, a la misma forma de la vocaci&oacute;n que le hab&iacute;a\nfascinado, la presbiteral, para estar con Don Bosco, realizando,\ndespu&eacute;s, un servicio sacrificado en el mundo de la enfermedad\ny del sufrimiento.<br><br>Sin\nembargo, la fuerte belleza de este testimonio no puede escaparnos; en\n&eacute;l resplandecen los amores fundamentales que deben inflamar el\ncoraz&oacute;n del Salesiano: el amor a Dios y a su voluntad, el amor\nal pr&oacute;jimo, que en sus miembros sufrientes es el Rostro\ncercano de Jes&uacute;s Crucificado, el amor a la Madre del Se&ntilde;or,\nMediadora de toda gracia, el amor a Don Bosco que promete a cada\nSalesiano pan, trabajo y Para&iacute;so.<br><br>Estos\namores resplandecen en la grandeza luminosa de la vida religiosa de\nArt&eacute;mides, abrazada con gozosa radicalidad y generosa\ninventiva.<br><br>Nuestro\nhermano Art&eacute;mides Zatti nos muestra cu&aacute;n sensible es el\nmundo al testimonio de la vida religiosa, siempre que este testimonio\nsea verdadero, cre&iacute;ble, aut&eacute;ntico: el triunfo de su\nfuneral, la fama de santidad, la veneraci&oacute;n de su tumba son\nsignos claros de cu&aacute;nto hemos reconocido, todos, el dedo de\nDios en acci&oacute;n en este Salesiano generoso y fiel: &laquo;En\nproporci&oacute;n a los habitantes de Viedma, la cantidad de personas\nque acudi&oacute; al funeral fue impresionante. Gente humilde acud&iacute;a\nde todas partes con peque&ntilde;os ramos de flores. Adem&aacute;s de\nlas autoridades, muchas otras personas. En los d&iacute;as [sucesivos\na su muerte] la gente estaba convencida de que hab&iacute;a muerto un\nsanto; algunos fueron al sepulcro esperando milagros: rezaban,\nllevaban flores&raquo;<a class=\"sdfootnoteanc\" name=\"sdfootnote59anc\" href=\"#sdfootnote59sym\"><sup>59<\/sup><\/a>.<br><br>La\nvida de Art&eacute;mides Zatti ha despertado una ciudad, y hoy toca\nal mundo entero, porque habl&oacute; de Dios: llev&oacute; a los\npobres y a los enfermos, con una pr&aacute;ctica ejemplar de la\ncastidad, el perfume del amor virginal y fecundo de Dios; ha dado a\ntodos la riqueza de la fe, pag&aacute;ndola con una pobreza amada\nhasta el punto de ceder su cuarto a un enfermo o traer all&iacute; un\nmuerto para apartarlo de la vista de los otros enfermos en un &uacute;ltimo\ngesto de ternura y piedad; ense&ntilde;&oacute; la verdadera\nlibertad, obedeciendo la voluntad de los superiores a costa de\namargas l&aacute;grimas, reconoci&eacute;ndolos como mediadores del\nplan de Dios. <br><br>Religioso\nejemplar, con este testimonio, ense&ntilde;a a todos que la salud que\nhay que guardar por encima de todo bien es la del alma, de esa alma\nnuestra tan preciosa porque viene de Dios y aspira a &eacute;l,\nmuchas veces inconscientemente, en el deseo de encontrar, en sus\nbrazos, Amor eterno.<br><br>Que\nlos amores de Zatti puedan encender nuestros amores; que su\ntestimonio del Absoluto de Dios, de la grandeza del alma y de nuestra\nverdadera patria puedan inspirar nuestros gestos y nuestra pasi&oacute;n\npastoral, para una nueva fidelidad apost&oacute;lica y renovada\nfecundidad vocacional. Que nunca nos falte, como siempre busc&oacute;\nArt&eacute;mides Zatti, la protecci&oacute;n materna de la\nAuxiliadora, y que la devoci&oacute;n a la Madre en cada casa\nsalesiana del mundo, y en cada rinc&oacute;n donde est&eacute;\npresente la Familia de Don Bosco, sea un camino seguro que nos ayude\na vivir una santidad como la de nuestro hermano.<br><br>Concluyo\nestas palabras proponiendo una oraci&oacute;n al Padre por\nintercesi&oacute;n del nuevo santo Salesiano Coadjutor, san Art&eacute;mides\nZatti.<br><br><br><i><b>Oraci&oacute;n\nde intercesi&oacute;n<\/b><\/i><br><i><b>para\npedir vocaciones de salesianos laicos<\/b><\/i><br><br>Oh,\nDios, que en san Art&eacute;mides Zatti<br>nos\ndiste un modelo de Salesiano Coadjutor,<br>que\nd&oacute;cil a tu llamada,<br>con\nla compasi&oacute;n del Buen Samaritano,<br>se\nha hecho pr&oacute;jimo a cada hombre,<br>ay&uacute;danos\na reconocer el don de esta vocaci&oacute;n,<br>que\ntestimonia al mundo la belleza de la vida consagrada.<br>Danos\nel coraje de proponer a los j&oacute;venes<br>esta\nforma de vida evang&eacute;lica<br>al\nservicio de los peque&ntilde;os y de los pobres,<br>y\nhaz que a los que llames por este camino<br>respondan\ngenerosamente a tu invitaci&oacute;n.<br>Te\npedimos por la intercesi&oacute;n de san Art&eacute;mides Zatti<br>y\npor la mediaci&oacute;n de Cristo el Se&ntilde;or.<br>Am&eacute;n.<br><br>Con\nverdadero afecto y unidos en el Se&ntilde;or con la mutua oraci&oacute;n,\nos saludo<br><br>&Aacute;ngel Fern&aacute;ndez Artime, sdb<br><i>Rector Mayor<\/i><br><br><br><div id=\"sdfootnote1\"><br>\t<a class=\"sdfootnotesym\" name=\"sdfootnote1sym\" href=\"#sdfootnote1anc\">1<\/a>\n\t<span style=\"font-variant: small-caps\">J.\n\tE. Vecchi<i>, Beatificaci&oacute;n\n\tdel coadjutor Art&eacute;mides Zatti: una novedad interpelante<\/i>,\n\ten ACG 376 (2001), 3.<br><\/div>\n<div id=\"sdfootnote2\"><br>\t<a class=\"sdfootnotesym\" name=\"sdfootnote2sym\" href=\"#sdfootnote2anc\">2<\/a>\n\tHe decidido trazar un perfil breve y sobrio. Los que quieran conocer\n\tm&aacute;s sobre la vida de Art&eacute;mides Zatti pueden encontrar\n\tvarias biograf&iacute;as sobre el pr&oacute;ximo Santo y tambi&eacute;n\n\tleer el perfil biogr&aacute;fico de la carta de don Vecchi a la que\n\tme he referido anteriormente.<br><\/div>\n<div id=\"sdfootnote3\"><br>\t<a class=\"sdfootnotesym\" name=\"sdfootnote3sym\" href=\"#sdfootnote3anc\">3<\/a>\n\tCf. <i>Positio, <\/i>p.35.<br><\/div>\n<div id=\"sdfootnote4\"><br>\t<a class=\"sdfootnotesym\" name=\"sdfootnote4sym\" href=\"#sdfootnote4anc\">4<\/a>\n\tCf. J. E. <span style=\"font-variant: small-caps\">Vecchi,\n\t<i>o.c., <\/i>p.\n\t16 y Cf. <i>Positio<\/i>,\n\tp. 47.<br><\/div>\n<div id=\"sdfootnote5\"><br>\t<a class=\"sdfootnotesym\" name=\"sdfootnote5sym\" href=\"#sdfootnote5anc\">5<\/a>\n\tJ. E. <span style=\"font-variant: small-caps\">Vecchi,\n\t<i>o.c., <\/i>p.\n\t19 y <i>Positio<\/i>,\n\tp. 79.<br><\/div>\n<div id=\"sdfootnote6\"><br>\t<a class=\"sdfootnotesym\" name=\"sdfootnote6sym\" href=\"#sdfootnote6anc\">6<\/a>\n\tJ. E. <span style=\"font-variant: small-caps\">Vecchi, <i>o.c.,\n\t<\/i>p. 20.<br><\/div>\n<div id=\"sdfootnote7\"><br>\t<a class=\"sdfootnotesym\" name=\"sdfootnote7sym\" href=\"#sdfootnote7anc\">7<\/a>\n\tJ. E. <span style=\"font-variant: small-caps\">Vecchi, <i>o.c.,\n\t<\/i>p. 22 y <i>Summarium<\/i>, p. 310, n. 1224.<br><\/div>\n<div id=\"sdfootnote8\"><br>\t<a class=\"sdfootnotesym\" name=\"sdfootnote8sym\" href=\"#sdfootnote8anc\">8<\/a>\n\tJ. E. <span style=\"font-variant: small-caps\">Vecchi, <i>o.c.,\n\t<\/i>p. 27.<br><\/div>\n<div id=\"sdfootnote9\"><br>\t<a class=\"sdfootnotesym\" name=\"sdfootnote9sym\" href=\"#sdfootnote9anc\">9<\/a>\n\t<i>Ibidem<\/i>, p. 27-28.<br><\/div>\n<div id=\"sdfootnote10\"><br>\t<a class=\"sdfootnotesym\" name=\"sdfootnote10sym\" href=\"#sdfootnote10anc\">10<\/a>\n\t<span style=\"font-variant: small-caps\">H.U. von Balthasar,\n\t<i>Ges&ugrave; ci conosce? Noi conosciamo Ges&ugrave;?<\/i>,\n\tMorcelliana (= Il Pellicano), Brescia 1981, 95. [Hay\n\ttraducci&oacute;n espa&ntilde;ola: <i>&iquest;\n\tNos conoce Jes&uacute;s? &iquest;Lo conocemos?<\/i>,\n\tEditorial Herder, Barcelona 1982].<br><\/div>\n<div id=\"sdfootnote11\"><br><a name=\"_Hlk1139130321\"><\/a>\n\t<a class=\"sdfootnotesym\" name=\"sdfootnote11sym\" href=\"#sdfootnote11anc\">11<\/a>\n\tJ. E. <span style=\"font-variant: small-caps\">Vecchi, <i>o.c.,\n\t<\/i>p. 29.<br><\/div>\n<div id=\"sdfootnote12\"><br>\t<a class=\"sdfootnotesym\" name=\"sdfootnote12sym\" href=\"#sdfootnote12anc\">12<\/a>\n\t<i>Ibidem<\/i>, 30.<br><\/div>\n<div id=\"sdfootnote13\"><br>\t<a class=\"sdfootnotesym\" name=\"sdfootnote13sym\" href=\"#sdfootnote13anc\">13<\/a>\n\t<i>Positio<\/i>,<i> <\/i>31.<br><\/div>\n<div id=\"sdfootnote14\"><br>\t<a class=\"sdfootnotesym\" name=\"sdfootnote14sym\" href=\"#sdfootnote14anc\">14<\/a>\n\t<i>Ibidem<\/i>,<i> <\/i>21.<br><\/div>\n<div id=\"sdfootnote15\"><br>\t<a class=\"sdfootnotesym\" name=\"sdfootnote15sym\" href=\"#sdfootnote15anc\">15<\/a>\n\t<span style=\"font-variant: small-caps\">H.U. von Balthasar,\n\t<i>Gli stati di vita del cristiano<\/i>, Jaca Book, Milano 1985, 34.\n\t[Hay traducci&oacute;n espa&ntilde;ola: <i>Estados\n\tde vida del cristiano<\/i>. Ediciones\n\tEncuentro, Madrid 1994].<br><\/div>\n<div id=\"sdfootnote16\"><br>\t<a class=\"sdfootnotesym\" name=\"sdfootnote16sym\" href=\"#sdfootnote16anc\">16<\/a>\n\t<i>Summarium, <\/i>p. 43, n. 160.<br><\/div>\n<div id=\"sdfootnote17\"><br>\t<a class=\"sdfootnotesym\" name=\"sdfootnote17sym\" href=\"#sdfootnote17anc\">17<\/a>\n\t<span style=\"font-variant: small-caps\">H.U. von Balthasar,\n\t<i>Gli stati di vita del cristiano<\/i>, 34. [Hay\n\ttraducci&oacute;n espa&ntilde;ola: <i>Estados\n\tde vida del cristiano<\/i>. Ediciones\n\tEncuentro, Madrid 1994].<br><\/div>\n<div id=\"sdfootnote18\"><br>\t<a class=\"sdfootnotesym\" name=\"sdfootnote18sym\" href=\"#sdfootnote18anc\">18<\/a>\n\t<i>Positio, <\/i>206\n\t(Perfil espiritual del siervo de Dios).<br><\/div>\n<div id=\"sdfootnote19\"><br>\t<a class=\"sdfootnotesym\" name=\"sdfootnote19sym\" href=\"#sdfootnote19anc\">19<\/a>\n\t<i>Positio super scriptis <\/i>12.<br><\/div>\n<div id=\"sdfootnote20\"><br>\t<a class=\"sdfootnotesym\" name=\"sdfootnote20sym\" href=\"#sdfootnote20anc\">20<\/a>\n\t<i>Carta\n\tal padre<\/i>,\n\tViedma, 15 de junio de 1908.<br><\/div>\n<div id=\"sdfootnote21\"><br>\t<a class=\"sdfootnotesym\" name=\"sdfootnote21sym\" href=\"#sdfootnote21anc\">21<\/a>\n\t<i>Positio, <\/i>75-76.<br><\/div>\n<div id=\"sdfootnote22\"><br>\t<a class=\"sdfootnotesym\" name=\"sdfootnote22sym\" href=\"#sdfootnote22anc\">22<\/a>\n\t<i>Positio, <\/i>80; cf. J. E. <span style=\"font-variant: small-caps\">Vecchi,\n\t<i>o.c., <\/i>p.19-20.<br><\/div>\n<div id=\"sdfootnote23\"><br>\t<a class=\"sdfootnotesym\" name=\"sdfootnote23sym\" href=\"#sdfootnote23anc\">23<\/a>\n\t<i>Positio, <\/i>81.<br><\/div>\n<div id=\"sdfootnote24\"><br>\t<a class=\"sdfootnotesym\" name=\"sdfootnote24sym\" href=\"#sdfootnote24anc\">24<\/a>\n\t<i>Summarium<\/i> 15.<br><\/div>\n<div id=\"sdfootnote25\"><br>\t<a class=\"sdfootnotesym\" name=\"sdfootnote25sym\" href=\"#sdfootnote25anc\">25<\/a>\n\t<i>Ibidem, <\/i>80.<br><\/div>\n<div id=\"sdfootnote26\"><br>\t<a class=\"sdfootnotesym\" name=\"sdfootnote26sym\" href=\"#sdfootnote26anc\">26<\/a>\n\tJ. E. <span style=\"font-variant: small-caps\">Vecchi, <i>o.c.,\n\t<\/i>p. 23.<br><\/div>\n<div id=\"sdfootnote27\"><br>\t<a class=\"sdfootnotesym\" name=\"sdfootnote27sym\" href=\"#sdfootnote27anc\">27<\/a>\n\tTestimonio de Carlos Tassara, <i>Summ<\/i>.\n\t126-127.<br><\/div>\n<div id=\"sdfootnote28\"><br>\t<a class=\"sdfootnotesym\" name=\"sdfootnote28sym\" href=\"#sdfootnote28anc\">28<\/a>\n\tTestimonio de monse&ntilde;or Carlos Mariano P&eacute;rez, <i>Summ<\/i>.\n\t52.<br><\/div>\n<div id=\"sdfootnote29\"><br>\t<a class=\"sdfootnotesym\" name=\"sdfootnote29sym\" href=\"#sdfootnote29anc\">29<\/a>\n\t<span style=\"font-variant: small-caps\">Luigi\n\tFiora, <i>Biografia<\/i>,\n\t<i>Positio<\/i>\n\t132.<br><\/div>\n<div id=\"sdfootnote30\"><br>\t<a class=\"sdfootnotesym\" name=\"sdfootnote30sym\" href=\"#sdfootnote30anc\">30<\/a>\n\tTestimonio de monse&ntilde;or Carlos Mariano P&eacute;rez, <i>Summ<\/i>.\n\t43-47.<br><\/div>\n<div id=\"sdfootnote31\"><br>\t<a class=\"sdfootnotesym\" name=\"sdfootnote31sym\" href=\"#sdfootnote31anc\">31<\/a>\n\tTestimonio de monse&ntilde;or Carlos Mariano P&eacute;rez, <i>Summ.<\/i>\n\t43.<br><\/div>\n<div id=\"sdfootnote32\"><br>\t<a class=\"sdfootnotesym\" name=\"sdfootnote32sym\" href=\"#sdfootnote32anc\">32<\/a>\n\tTestimonio de &Oacute;scar Juan Garc&iacute;a, <i>Summ<\/i>.\n\t113.<br><\/div>\n<div id=\"sdfootnote33\"><br>\t<a class=\"sdfootnotesym\" name=\"sdfootnote33sym\" href=\"#sdfootnote33anc\">33<\/a>\n\tTestimonio de Fernando Enrique Molinari, <i>Summ<\/i>.\n\t151.<br><\/div>\n<div id=\"sdfootnote34\"><br>\t<a class=\"sdfootnotesym\" name=\"sdfootnote34sym\" href=\"#sdfootnote34anc\">34<\/a>\n\tTestimonio de Noelia de Tofoni Morero, Summ 259.<br><\/div>\n<div id=\"sdfootnote35\"><br>\t<a class=\"sdfootnotesym\" name=\"sdfootnote35sym\" href=\"#sdfootnote35anc\">35<\/a>\n\tTestimonio de don Luis De Roia, <i>Summ<\/i>.\n\t271.<br><\/div>\n<div id=\"sdfootnote36\"><br>\t<a class=\"sdfootnotesym\" name=\"sdfootnote36sym\" href=\"#sdfootnote36anc\">36<\/a>\n\tTestimonio de Enrique Mario Kossman, <i>Summ<\/i>.\n\t10.<br><\/div>\n<div id=\"sdfootnote37\"><br>\t<a class=\"sdfootnotesym\" name=\"sdfootnote37sym\" href=\"#sdfootnote37anc\">37<\/a>\n\tTestimonio de don Pedro Antonio F. Fern&aacute;ndez, <i>Summ<\/i>.\n\t61.<br><\/div>\n<div id=\"sdfootnote38\"><br>\t<a class=\"sdfootnotesym\" name=\"sdfootnote38sym\" href=\"#sdfootnote38anc\">38<\/a>\n\tTestimonio de don Mario Brizzola, <i>Summ<\/i>.\n\t75.<br><\/div>\n<div id=\"sdfootnote39\"><br>\t<a class=\"sdfootnotesym\" name=\"sdfootnote39sym\" href=\"#sdfootnote39anc\">39<\/a>\n\tTestimonio de &Oacute;scar Juan Garc&iacute;a, <i>Summ<\/i>.\n\t113.<br><\/div>\n<div id=\"sdfootnote40\"><br>\t<a class=\"sdfootnotesym\" name=\"sdfootnote40sym\" href=\"#sdfootnote40anc\">40<\/a>\n\tTestimonio de Jos&eacute; Nicol&aacute;s Costanzo, <i>Summ<\/i>.\n\t103.<br><\/div>\n<div id=\"sdfootnote41\"><br>\t<a class=\"sdfootnotesym\" name=\"sdfootnote41sym\" href=\"#sdfootnote41anc\">41<\/a>\n\tTestimonio de Amalia Teresa Giraudini, <i>Summ<\/i>.\n\t117.<br><\/div>\n<div id=\"sdfootnote42\"><br>\t<a class=\"sdfootnotesym\" name=\"sdfootnote42sym\" href=\"#sdfootnote42anc\">42<\/a>\n\tTestimonio de Manuel Linares, <i>Summ.<\/i>\n\t92.<br><\/div>\n<div id=\"sdfootnote43\"><br>\t<a class=\"sdfootnotesym\" name=\"sdfootnote43sym\" href=\"#sdfootnote43anc\">43<\/a>\n\tTestimonio de monse&ntilde;or Carlos Mariano P&eacute;rez, <i>Summ<\/i>.\n\t36.<br><\/div>\n<div id=\"sdfootnote44\"><br>\t<a class=\"sdfootnotesym\" name=\"sdfootnote44sym\" href=\"#sdfootnote44anc\">44<\/a>\n\tTestimonio de Enrique Mario Kossman, <i>Summ<\/i>.\n\t14.<br><\/div>\n<div id=\"sdfootnote45\"><br>\t<a class=\"sdfootnotesym\" name=\"sdfootnote45sym\" href=\"#sdfootnote45anc\">45<\/a>\n\tTestimonio de don Mario Brizzola, <i>Summ<\/i>. 79-80.<br><\/div>\n<div id=\"sdfootnote46\"><br>\t<a class=\"sdfootnotesym\" name=\"sdfootnote46sym\" href=\"#sdfootnote46anc\">46<\/a>\n\t<i>Ibidem<\/i>, 80.<br><\/div>\n<div id=\"sdfootnote47\"><br>\t<a class=\"sdfootnotesym\" name=\"sdfootnote47sym\" href=\"#sdfootnote47anc\">47<\/a>\n\tTestimonio de Giovanni Cadorna Guidi, <i>Summ. <\/i>218<br><\/div>\n<div id=\"sdfootnote48\"><br>\t<a class=\"sdfootnotesym\" name=\"sdfootnote48sym\" href=\"#sdfootnote48anc\">48<\/a>\n\tTestimonio del doctor Pascual Atilio Guidi, <i>Summ<\/i>.\n\t100<br><\/div>\n<div id=\"sdfootnote49\"><br>\t<a class=\"sdfootnotesym\" name=\"sdfootnote49sym\" href=\"#sdfootnote49anc\">49<\/a>\n\tTestimonio de &Oacute;scar Juan Garc&iacute;a, <i>Summ.\n\t<\/i>114.<br><\/div>\n<div id=\"sdfootnote50\"><br>\t<a class=\"sdfootnotesym\" name=\"sdfootnote50sym\" href=\"#sdfootnote50anc\">50<\/a>\n\tTestimonio de Luis de Palma, <i>Summ<\/i>.\n\t135.<br><\/div>\n<div id=\"sdfootnote51\"><br>\t<a class=\"sdfootnotesym\" name=\"sdfootnote51sym\" href=\"#sdfootnote51anc\">51<\/a>\n\tTestimonio de don Feliciano L&oacute;pez, <i>Summ.<\/i>\n\t178.<br><\/div>\n<div id=\"sdfootnote52\"><br>\t<a class=\"sdfootnotesym\" name=\"sdfootnote52sym\" href=\"#sdfootnote52anc\">52<\/a>\n\t<i>Ibidem<\/i>,\n\t174.<br><\/div>\n<div id=\"sdfootnote53\"><br>\t<a class=\"sdfootnotesym\" name=\"sdfootnote53sym\" href=\"#sdfootnote53anc\">53<\/a>\n\tTestimonio de Pedro Echay, <i>Summ<\/i>.\n\t211-212.<br><\/div>\n<div id=\"sdfootnote54\"><br>\t<a class=\"sdfootnotesym\" name=\"sdfootnote54sym\" href=\"#sdfootnote54anc\">54<\/a>\n\tTestimonio de Francisco Erasmo Geronazzo, <i>Summ<\/i>.\n\t274.<br><\/div>\n<div id=\"sdfootnote55\"><br>\t<a class=\"sdfootnotesym\" name=\"sdfootnote55sym\" href=\"#sdfootnote55anc\">55<\/a>\n\tTestimonio de don Feliciano L&oacute;pez, <i>Summ<\/i>.\n\t193.<br><\/div>\n<div id=\"sdfootnote56\"><br>\t<a class=\"sdfootnotesym\" name=\"sdfootnote56sym\" href=\"#sdfootnote56anc\">56<\/a>\n\tJ. E. <span style=\"font-variant: small-caps\">Vecchi,\n\t<i>o.c., <\/i>p.\n\t54.<br><\/div>\n<div id=\"sdfootnote57\"><br>\t<a class=\"sdfootnotesym\" name=\"sdfootnote57sym\" href=\"#sdfootnote57anc\">57<\/a>\n\tLos ofrecidos por don Vecchi est&aacute;n disponibles en <i>ACG<\/i>\n\t373 (2000) y en &laquo;<i>La Vocaci&oacute;n\n\tdel Salesiano Coadjutor en la pastoral vocacional&raquo;, <\/i>en\n\t<i>El Salesiano Coadjutor: historia,\n\tidentidad, pastoral vocacional y formacion, Editorial CCS (Madrid),\n\tRoma, 1989<\/i>,  pp. 167-201.<br><\/div>\n<div id=\"sdfootnote58\"><br>\t<a class=\"sdfootnotesym\" name=\"sdfootnote58sym\" href=\"#sdfootnote58anc\">58<\/a>\n\tJ. E. <span style=\"font-variant: small-caps\">Vecchi, <i>o.c.,\n\t<\/i>p. 57.<br><\/div>\n<div id=\"sdfootnote59\"><br>\t<a class=\"sdfootnotesym\" name=\"sdfootnote59sym\" href=\"#sdfootnote59anc\">59<\/a>\n\tTestimonio de Amalia Teresa Giraudini, <i>Summ. <\/i>115-116<br><\/div>\n<\/body>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00ab\u00a1CRE\u00cd, PROMET\u00cd, SAN\u00c9!\u00bbArt\u00e9mides Zatti: Evangelio de la Vocaci\u00f3n e Iglesia del Cuidado &laquo;El mosaico de&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":2,"featured_media":4392,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"iawp_total_views":9,"footnotes":""},"categories":[184],"tags":[1720,1960,1972,2620],"class_list":["post-5039","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-comunicaciones-del-rector-mayor","tag-carisma-salesiano","tag-salesianos","tag-santos","tag-testigos"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/5039","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/2"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=5039"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/5039\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/4392"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=5039"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=5039"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=5039"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}