{"id":49412,"date":"2026-03-02T10:05:07","date_gmt":"2026-03-02T10:05:07","guid":{"rendered":"https:\/\/www.donbosco.press\/?p=49412"},"modified":"2026-03-31T12:23:21","modified_gmt":"2026-03-31T12:23:21","slug":"los-dolores-y-las-alegrias-de-san-jose","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/buena-prensa\/los-dolores-y-las-alegrias-de-san-jose\/","title":{"rendered":"Los dolores y las alegr\u00edas de San Jos\u00e9"},"content":{"rendered":"<p><strong>Los dolores y las alegr\u00edas de San Jos\u00e9<br \/>\n<\/strong><br \/>\n<em>La devoci\u00f3n de Don Bosco a San Jos\u00e9 nac\u00eda de la constataci\u00f3n de su potente intercesi\u00f3n. Por este motivo, el fundador de los salesianos lo eligi\u00f3 como patr\u00f3n secundario, junto a Mar\u00eda Auxiliadora, y quiso mantener viva su memoria. De hecho, pidi\u00f3 a Giuseppina Pellico, hermana de Silvio Pellico, que tradujera una obra muy difundida del P. Jean-Joseph Huguet, titulada \u201cD\u00e9votion des sept dimanches consacr\u00e9s \u00e0 honorer les douleurs et les all\u00e9gresses de Saint Joseph: avec indulgences pl\u00e9ni\u00e8res chaque dimanche\u201d, publicada en Lyon en 1862.<br \/>\nEste texto propone un itinerario espiritual de siete domingos consecutivos dedicado a la meditaci\u00f3n de los dolores y las alegr\u00edas de San Jos\u00e9, enriquecido con las indulgencias plenarias concedidas por el Papa P\u00edo IX. Se dedica un amplio espacio a relatos edificantes y a gracias atribuidas a su intercesi\u00f3n: protecci\u00f3n durante las calamidades, curaciones, conversiones. En las secciones centrales se destacan la grandeza, el poder y el amor del santo hacia los hombres, su papel como refugio de los pecadores y patr\u00f3n de la buena muerte.<br \/>\n<\/em><\/p>\n<p><strong>Devoci\u00f3n de los siete domingos consagrados a honrar los dolores y las alegr\u00edas de San Jos\u00e9<br \/>\n<\/strong>(con indulgencia plenaria cada domingo)<\/p>\n<p><strong>\u00cdndice<br \/>\n<\/strong><br \/>\n<a href=\"#_Toc220494114\">Prefacio<\/a><br \/>\n<a href=\"#_Toc220494115\">Breve rese\u00f1a general sobre la devoci\u00f3n a San Jos\u00e9 y sobre las indulgencias que con la misma se pueden lucrar<\/a><br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<a href=\"#_Toc220494116\">Ejemplo<\/a><br \/>\n<a href=\"#_Toc220494117\">Ejercicios en honor de los siete dolores y de las siete alegr\u00edas de San Jos\u00e9<\/a><br \/>\n<a href=\"#_Toc220494118\">Primer domingo. Excelencia del nombre de Jos\u00e9<\/a><br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<a href=\"#_Toc220494119\">Ejemplo<\/a><br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<a href=\"#_Toc220494120\">Pr\u00e1ctica<\/a><br \/>\n<a href=\"#_Toc220494121\">Segundo domingo. Grandeza de San Jos\u00e9<\/a><br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<a href=\"#_Toc220494122\">Ejemplo<\/a><br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<a href=\"#_Toc220494123\">Pr\u00e1ctica<\/a><br \/>\n<a href=\"#_Toc220494124\">Tercer domingo. San Jos\u00e9 colmado de gracias y de m\u00e9ritos<\/a><br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<a href=\"#_Toc220494125\">Ejemplo<\/a><br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<a href=\"#_Toc220494126\">Pr\u00e1ctica<\/a><br \/>\n<a href=\"#_Toc220494127\">Cuarto domingo. Poder de San Jos\u00e9<\/a><br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<a href=\"#_Toc220494128\">Ejemplo<\/a><br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<a href=\"#_Toc220494129\">Pr\u00e1ctica<\/a><br \/>\n<a href=\"#_Toc220494130\">Quinto domingo. Amor de San Jos\u00e9 por los hombres<\/a><br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<a href=\"#_Toc220494131\">Ejemplo<\/a><br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<a href=\"#_Toc220494132\">Pr\u00e1ctica<\/a><br \/>\n<a href=\"#_Toc220494133\">Sexto domingo. San Jos\u00e9 refugio de los pecadores<\/a><br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<a href=\"#_Toc220494134\">Ejemplo<\/a><br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<a href=\"#_Toc220494135\">Pr\u00e1ctica<\/a><br \/>\n<a href=\"#_Toc220494136\">S\u00e9ptimo domingo. San Jos\u00e9 patr\u00f3n de la buena muerte<\/a><br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<a href=\"#_Toc220494137\">Ejemplo<\/a><br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<a href=\"#_Toc220494138\">Pr\u00e1ctica<\/a><br \/>\n<a href=\"#_Toc220494139\">Salutaci\u00f3n de San Jos\u00e9<\/a><br \/>\n<a href=\"#_Toc220494140\">Meditaci\u00f3n para la Fiesta de San Jos\u00e9 (19 de marzo)<\/a><br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<a href=\"#_Toc220494141\">Ejemplo<\/a><br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<a href=\"#_Toc220494142\">Pr\u00e1ctica<\/a><br \/>\n<a href=\"#_Toc220494143\">Meditaci\u00f3n para la fiesta del Patrocinio de San Jos\u00e9<\/a><br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<a href=\"#_Toc220494144\">Ejemplo<\/a><br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<a href=\"#_Toc220494145\">Pr\u00e1ctica<\/a><\/p>\n<p><a name=\"_Toc220494114\"><\/a><strong>Prefacio<\/strong><strong><br \/>\n<\/strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La devoci\u00f3n al glorioso San Jos\u00e9 hace cada d\u00eda nuevos y consoladores progresos en la Iglesia; los devotos hijos de Mar\u00eda han comprendido que no se puede hacer cosa m\u00e1s grata a Jes\u00fas y a su divina Madre que honrar con culto particular a aquel que les fue unido con v\u00ednculos tan \u00edntimos y tan puros, y de quien recibieron tan grandes servicios en el tiempo en que vivieron sobre esta tierra.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La gloria de San Jos\u00e9, ya tan grande, parece haber recibido un nuevo engrandecimiento despu\u00e9s de la definici\u00f3n dogm\u00e1tica de la Inmaculada Concepci\u00f3n de la Sant\u00edsima Virgen, su casta esposa. Mar\u00eda es incomparable en todos sus privilegios, es singular en todas sus grandezas; ella es la \u00fanica Inmaculada en su Concepci\u00f3n; es Madre, pero su fecundidad est\u00e1 coronada por las m\u00e1s bellas flores de su virginidad; es Virgen, pero su virginidad est\u00e1 coronada por los frutos de su fecundidad; es Reina, pero su reino se extiende sobre todas las grandezas y las potencias del universo; es bendita de Dios, pero lo es sobre todas las mujeres. Si ella es, pues, singular entre las madres, singular entre las v\u00edrgenes, singular entre las reinas, \u00bfno deb\u00eda ser igualmente singular entre las esposas? Era, por tanto, necesario que San Jos\u00e9 fuera singular en sus m\u00e9ritos para que ella tuviera motivo de amarlo singularmente entre los santos. Ciertamente, Mar\u00eda Sant\u00edsima, no cedi\u00e9ndole en m\u00e9ritos sino a su divino Hijo, era mil veces m\u00e1s santa que San Jos\u00e9; pero conviene decir, sin embargo, que este santo Patriarca deb\u00eda tener una virtud en cierto modo proporcionada a la de Mar\u00eda, ya que en las uniones bien ordenadas debe haber semejanza en las costumbres, en las inclinaciones y en las condiciones de ambas partes. Es, pues, verdad que la definici\u00f3n dogm\u00e1tica de la Inmaculada Concepci\u00f3n, que elev\u00f3 a un grado tan alto la gloria de Mar\u00eda, contribuy\u00f3 asimismo a aumentar la de Jos\u00e9, el cual deb\u00eda ser tanto m\u00e1s santo y m\u00e1s perfecto cuanto m\u00e1s su casta esposa estaba enriquecida de todos los dones de la naturaleza y de la gracia.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Esta magn\u00edfica gema a\u00f1adida a la diadema de Mar\u00eda colm\u00f3 el coraz\u00f3n de Jos\u00e9 de la m\u00e1s viva alegr\u00eda; pues \u00e9l sab\u00eda mejor que cualquier otro santo cu\u00e1nto Mar\u00eda merec\u00eda justamente el t\u00edtulo de <em>Inmaculada<\/em>, \u00e9l que durante los treinta a\u00f1os que pas\u00f3 con aquella augusta Virgen, nunca hab\u00eda visto en ella la m\u00ednima imperfecci\u00f3n, ni siquiera involuntaria. Esta incomparable gloria rendida a Mar\u00eda en estos \u00faltimos tiempos nos da un particular derecho sobre el coraz\u00f3n de San Jos\u00e9. De hecho, para que aquel privilegio fuera m\u00e1s glorioso para Mar\u00eda, Dios ha querido concederlo a los votos y a las oraciones de sus hijos. \u00bfQu\u00e9 cosa no podemos esperar despu\u00e9s de esto de San Jos\u00e9, siempre tan dispuesto a socorrer a los siervos fieles a Mar\u00eda y a devolverles el c\u00e9ntuplo de cuanto han hecho por su cast\u00edsima Esposa? Dirij\u00e1monos, por tanto, a \u00e9l con la mayor confianza; no lo separemos de los homenajes que tributamos a Mar\u00eda. Si honramos a Mar\u00eda de modo especial el s\u00e1bado, consagremos el mi\u00e9rcoles a San Jos\u00e9. Si somos fieles en celebrar el mes de Mar\u00eda, prepar\u00e9monos haciendo devotamente el mes de San Jos\u00e9.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Es imposible amar a Mar\u00eda sin amar a San Jos\u00e9; y quien no ama a uno debe necesariamente amar muy poco al otro. Estas dos devociones se fortalecen mutuamente y nos ayudan a rendir a Jes\u00fas el amor que le debemos. Si San Bernardo dijo: <em>Per Mariam itur ad Iesum<\/em> \u2014 Por medio de Mar\u00eda se va a Jes\u00fas \u2014 nosotros no tenemos dificultad en a\u00f1adir: Por medio de Mar\u00eda se va a Jos\u00e9, y por medio de Jos\u00e9 a Mar\u00eda, y por el uno y por el otro a Jes\u00fas, y por medio de Jes\u00fas a Mar\u00eda y a San Jos\u00e9; en una palabra, Jes\u00fas, Mar\u00eda y Jos\u00e9 nunca deben ser desunidos en nuestro amor.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Es para enfervorizar a\u00fan m\u00e1s a los fieles en la devoci\u00f3n hacia este santo Patriarca que hemos cre\u00eddo \u00fatil imprimir por separado un extracto de nuestra obra el <em>Poder<\/em> <em>de San Jos\u00e9<\/em> (esta obra, de la cual cuatro ediciones fueron vendidas en dos a\u00f1os, contiene en 450 p\u00e1ginas todo lo que concierne a la devoci\u00f3n a San Jos\u00e9. Sus devotos encontrar\u00e1n en ella dos meses de marzo, varias novenas, una visita para todos los d\u00edas del mes, meditaciones para todos los mi\u00e9rcoles del a\u00f1o, con una cantidad de ejemplos, de pr\u00e1cticas y de oraciones), para difundir entre todos los devotos hijos de Mar\u00eda la pr\u00e1ctica saludable de los Siete Domingos consagrados a San Jos\u00e9. Hemos a\u00f1adido dos meditaciones para las dos fiestas principales de San Jos\u00e9, a fin de ayudar a los fieles a pasarlas m\u00e1s santamente; estas dos meditaciones, a\u00f1adidas a las siete precedentes, podr\u00e1n servir de novena a las almas devotas que desean obtener alguna gracia especial por la intercesi\u00f3n de este gran santo, a quien Jes\u00fas y Mar\u00eda no saben negar cosa alguna.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Que esta peque\u00f1a obra, puesta bajo los auspicios de Mar\u00eda Inmaculada, coopere a dar a conocer y amar al m\u00e1s potente y al m\u00e1s caritativo de todos los santos.<\/p>\n<p><a name=\"_Toc220494115\"><\/a><strong>Breve rese\u00f1a general sobre la devoci\u00f3n a San Jos\u00e9 y sobre las indulgencias que con la misma se pueden lucrar<\/strong><strong><br \/>\n<\/strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Desde que el cielo revel\u00f3 a la tierra la gloria de San Jos\u00e9, tan poco conocida en los primeros siglos, a \u00e9l, mucho mejor que a Mardoqueo, se le pueden aplicar las palabras del rey Asuero: <em>De este modo debe ser honrado aquel a quien el Rey quiere elevar al colmo de los honores<\/em>.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Nuestro siglo, dice el docto y piadoso obispo de <em>Lu\u00e7on<\/em>, parece haber acogido m\u00e1s especialmente estas palabras prof\u00e9ticas: <em>Id a Jos\u00e9 y haced cuanto \u00e9l os diga<\/em>. Ya el heroico confesor, el sumo Pont\u00edfice P\u00edo VII de santa memoria, hab\u00eda concedido muchas indulgencias en favor de aquellos que invocan a este tan potente Patriarca. El santo Pont\u00edfice P\u00edo IX, que tan gloriosamente ocupa la c\u00e1tedra de San Pedro, queriendo en su amor tan tierno y tan ardiente por Mar\u00eda propagar por doquier la devoci\u00f3n de su casto Esposo, ha extendido a toda la Iglesia la conmovedora solemnidad del Patrocinio de San Jos\u00e9, la cual se celebra el tercer domingo despu\u00e9s de Pascua. Para reavivar la confianza de las almas devotas hacia aquel que se invoca como el patr\u00f3n y el modelo de la vida interior, a\u00f1adi\u00f3 a las pr\u00e1cticas en honor del Santo nuevas y grandes indulgencias a las que sus predecesores ya hab\u00edan concedido.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Por concesi\u00f3n de Gregorio XVI, con fecha del 22 de enero de 1836, se ganaban 300 d\u00edas de indulgencia cada vez que, durante el a\u00f1o, a elecci\u00f3n de los fieles, durante siete domingos consecutivos se recitaban las oraciones conocidas bajo el t\u00edtulo de las <em>siete alegr\u00edas y siete dolores de San Jos\u00e9<\/em>, y el s\u00e9ptimo domingo una indulgencia plenaria; Su Santidad P\u00edo IX, el 1\u00ba de febrero de 1847, a\u00f1adi\u00f3 una indulgencia plenaria a cada uno de los siete domingos, aplicable a las almas del purgatorio; y el 22 de marzo del mismo a\u00f1o Su Santidad extendi\u00f3 estas mismas indulgencias a todos aquellos que, no sabiendo leer o no teniendo las susodichas oraciones, recitar\u00e1n en cada uno de los siete domingos siete <em>Padrenuestros<\/em>, <em>Avemar\u00edas<\/em>, <em>Glorias<\/em>, etc., a\u00f1adiendo las debidas condiciones para la adquisici\u00f3n de las santas indulgencias.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Los fieles siervos de San Jos\u00e9 respondieron a esta piadosa invitaci\u00f3n del Vicario de Jesucristo adoptando con premura la pr\u00e1ctica de los siete domingos consagrados a honrar al glorioso Esposo de Mar\u00eda. Las preciosas gracias que han obtenido, los milagros que el Se\u00f1or obr\u00f3 por intercesi\u00f3n de San Jos\u00e9 a favor de sus devotos han contribuido grandemente en estos \u00faltimos tiempos a propagar cada vez m\u00e1s la devoci\u00f3n a San Jos\u00e9. Ahora, es precisamente para ayudar, en cuanto podemos, a las almas devotas a practicar este santo ejercicio que ofrecemos una meditaci\u00f3n para cada uno de los siete domingos consagrados a las alegr\u00edas y a los dolores de nuestro santo Patriarca, a fin de que, dirigi\u00e9ndonos a \u00e9l con mayor amor y fervor, podamos obtener cuanto pidamos en su nombre.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Aunque no hay tiempo determinado para lucrar las indulgencias plenarias concedidas a esta santa pr\u00e1ctica, se podr\u00edan elegir preferentemente los domingos anteriores a la fiesta de San Jos\u00e9; o aquellas coyunturas particulares en las que necesitamos gracias m\u00e1s abundantes, por ejemplo, para conocer la propia vocaci\u00f3n, para obtener la conversi\u00f3n de un pecador o el buen \u00e9xito de un asunto que interese la gloria de Dios. Despu\u00e9s de cada meditaci\u00f3n se deber\u00e1n recitar los dolores y las alegr\u00edas de San Jos\u00e9.<\/p>\n<p><a name=\"_Toc220494116\"><\/a><strong><em>Ejemplo<\/em><\/strong><strong><em><br \/>\n<\/em><\/strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;He aqu\u00ed un hecho referido por autores serios y dignos de fe, el cual prueba cu\u00e1n grato le es este devoto ejercicio en honor de San Jos\u00e9 y qu\u00e9 preciosas gracias obtienen quienes lo practican con devoci\u00f3n.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Dos Padres franciscanos navegaban por las costas de Flandes, cuando se levant\u00f3 una espantosa tormenta que hundi\u00f3 la nave en la que se encontraban trescientas personas. Por un verdadero acto de la divina Providencia, aquellos dos religiosos pudieron apoderarse de uno de los trozos de la nave, sobre el cual se sostuvieron tres d\u00edas entre la vida y la muerte, teniendo incesantemente ante sus ojos el inmenso abismo que a cada momento amenazaba con engullirlos. Siervos fieles de San Jos\u00e9, llenos de confianza en su potent\u00edsima protecci\u00f3n, a \u00e9l se encomendaron con fervorosa oraci\u00f3n, no pudiendo ya esperar ayuda alguna sino de Dios. La oraci\u00f3n a\u00fan no hab\u00eda terminado cuando ya fue escuchada. He aqu\u00ed que de repente se disipa la tempestad, se serena el cielo y se calman las olas. La esperanza de salvarse renaci\u00f3 en sus corazones. Pero he aqu\u00ed un nuevo milagro. Ven venir hacia ellos sobre las aguas a un joven lleno de gracia y majestad, el cual, despu\u00e9s de saludarlos cort\u00e9smente, se ofreci\u00f3 a servirles de gu\u00eda. Pensad cu\u00e1l fue su alegr\u00eda ante tan inesperado socorro. Sobre aquel trozo de nave, guiados por aquel a quien ellos, confundidos, a\u00fan no sab\u00edan bien si era \u00e1ngel u hombre, llegan sanos y salvos a la playa, donde, habi\u00e9ndose postrado a los pies de su liberador, despu\u00e9s de haberle dado los m\u00e1s vivos agradecimientos, le rogaron instantemente que les dijera su nombre. \u00abYo soy Jos\u00e9, dijo \u00e9l, a quien os hab\u00e9is encomendado; si quer\u00e9is hacer algo que me sea grato, no dej\u00e9is pasar d\u00eda sin recitar devotamente siete veces la oraci\u00f3n dominical y la salutaci\u00f3n ang\u00e9lica, en memoria de los siete dolores de que mi alma fue afligida, y en consideraci\u00f3n de las siete alegr\u00edas de que mi coraz\u00f3n fue perfectamente consolado en el tiempo que yo pas\u00e9 sobre la tierra en compa\u00f1\u00eda de Jes\u00fas y de Mar\u00eda.\u00bb A estas palabras desapareci\u00f3, dej\u00e1ndolos repletos de alegr\u00eda y admirablemente fervorosos de honrarlo y servirlo todos los d\u00edas de su vida.<\/p>\n<p><a name=\"_Toc220494117\"><\/a><strong>Ejercicios en honor de los siete dolores y de las siete alegr\u00edas de San Jos\u00e9<\/strong><strong><br \/>\n<\/strong>I.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00a1Oh Esposo pur\u00edsimo de Mar\u00eda, glorioso San Jos\u00e9, as\u00ed como fue grande el trabajo y la angustia de vuestro coraz\u00f3n en la perplejidad de abandonar a vuestra inmaculada Esposa, as\u00ed fue inexplicable la alegr\u00eda cuando por el \u00e1ngel os fue revelado el divino misterio de la Encarnaci\u00f3n!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Por este vuestro dolor y por esta vuestra alegr\u00eda os rogamos que consol\u00e9is ahora y en los extremos dolores nuestra alma con la alegr\u00eda de una buena vida y de una santa muerte, semejante a la vuestra, entre los brazos de Jes\u00fas y de Mar\u00eda. <em>Padrenuestro, Ave Mar\u00eda, Gloria<\/em>.<\/p>\n<p>II.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00a1Oh felic\u00edsimo Patriarca, glorioso San Jos\u00e9, que fuiste escogido para el oficio de padre putativo del Verbo encarnado, el dolor que sentiste al ver nacer con tanta pobreza al ni\u00f1o Jes\u00fas se os cambi\u00f3 enseguida en j\u00fabilo celestial al o\u00edr la armon\u00eda ang\u00e9lica y al ver las glorias de aquella resplandeciente noche!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Por este vuestro dolor y por esta vuestra alegr\u00eda os suplicamos que nos impetr\u00e9is que, despu\u00e9s del camino de esta vida, pasemos a o\u00edr las alabanzas ang\u00e9licas y a gozar los esplendores de la gloria celestial. <em>Padrenuestro, Ave Mar\u00eda<\/em>, <em>Gloria<\/em>.<\/p>\n<p>III.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00a1Oh ejecutor obedent\u00edsimo de las divinas leyes, glorioso San Jos\u00e9, la sangre precios\u00edsima que derram\u00f3 en la circuncisi\u00f3n el Ni\u00f1o redentor os traspas\u00f3 el coraz\u00f3n; pero el nombre de Jes\u00fas os lo reaviv\u00f3, llen\u00e1ndolo de contento!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Por este vuestro dolor y por esta vuestra alegr\u00eda obtenednos que, quitado de nosotros todo vicio en vida, con el nombre sant\u00edsimo de Jes\u00fas en el coraz\u00f3n y en la boca, jubilosos expiremos. <em>Padrenuestro, Ave Mar\u00eda, Gloria<\/em>.<\/p>\n<p>IV.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00a1Oh fidel\u00edsimo santo, que fuiste part\u00edcipe de los misterios de nuestra redenci\u00f3n, glorioso San Jos\u00e9, si la profec\u00eda de Sime\u00f3n acerca de lo que Jes\u00fas y Mar\u00eda iban a padecer os caus\u00f3 un espasmo de muerte, os colm\u00f3 tambi\u00e9n de un bienaventurado gozo por la salud y la gloriosa resurrecci\u00f3n que al mismo tiempo predijo que seguir\u00edan innumerables almas!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Por este vuestro dolor y por esta vuestra alegr\u00eda impetradnos que estemos en el n\u00famero de aquellos que, por los m\u00e9ritos de Jes\u00fas y por intercesi\u00f3n de la Virgen Madre, han de resucitar gloriosamente. <em>Padrenuestro, Ave Mar\u00eda, Gloria<\/em>.<\/p>\n<p>V.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00a1Oh vigilant\u00edsimo custodio, familiar \u00edntimo del Hijo de Dios encarnado, glorioso San Jos\u00e9, cu\u00e1nto padeciste al sustentar y asistir al Hijo del Alt\u00edsimo, particularmente en la huida que tuvisteis que hacer a Egipto; pero cu\u00e1nto tambi\u00e9n os gozasteis, teniendo siempre con vosotros al mismo Dios y viendo caer por tierra los \u00eddolos egipcios!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Por este vuestro dolor y por esta vuestra alegr\u00eda impetradnos que, manteniendo nosotros lejos al tirano infernal, especialmente con la huida de las ocasiones peligrosas, caiga de nuestro coraz\u00f3n todo \u00eddolo de afecto terreno y todos, empleados en servir a Jes\u00fas y a Mar\u00eda, por ellos solamente vivamos y felizmente muramos. <em>Padrenuestro, Ave Mar\u00eda, Gloria<\/em>.<\/p>\n<p>VI.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00a1Oh \u00e1ngel de la tierra, glorioso San Jos\u00e9, que a vuestras \u00f3rdenes admirasteis sujeto al Rey del cielo; si vuestra consolaci\u00f3n al reconducirlo de Egipto se turb\u00f3 por el temor de Arquelao, asegurado no obstante por el \u00e1ngel, alegre con Jes\u00fas y Mar\u00eda morasteis en Nazaret!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Por este vuestro dolor y por esta vuestra alegr\u00eda impetradnos que, libre nuestro coraz\u00f3n de los temores nocivos, gocemos de paz de conciencia y seguros vivamos con Jes\u00fas y Mar\u00eda, y entre ellos tambi\u00e9n muramos. <em>Padrenuestro, Ave Mar\u00eda, Gloria<\/em>.<\/p>\n<p>VII.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00a1Oh ejemplo de toda santidad, glorioso San Jos\u00e9, perdido que tuvisteis sin vuestra culpa al ni\u00f1o Jes\u00fas, con el m\u00e1ximo dolor lo buscasteis tres d\u00edas, hasta que con sumo j\u00fabilo gozasteis de haberlo encontrado en el templo entre los doctores!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Por este vuestro dolor y por esta vuestra alegr\u00eda os suplicamos con el coraz\u00f3n en los labios que interced\u00e1is, para que nunca nos suceda perder a Jes\u00fas con culpa grave; pero si por suma desgracia lo perdi\u00e9ramos, tanto con infatigable dolor lo busquemos hasta que favorablemente lo encontremos, particularmente en nuestra muerte, para pasar a gozarlo en el cielo y all\u00ed con vosotros en eterno cantar sus divinas misericordias. <em>Padrenuestro, Ave Mar\u00eda, Gloria<\/em>.<\/p>\n<p>Ant\u00edfona. <em>Ipse Iesus erat incipiens quasi annorum triginta, ut putabatur filius Joseph.<\/em><br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<em>Y. Ora pro nobis, sancte Joseph.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;R. Ut digni efficiamur promissionibus Christi<\/em>.<\/p>\n<p><em>Oremos<\/em>.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<em>Deus, qui ineffabili providentia beatum Ioseph sanctissimae Genitricis tuae sponsum eligere dignatus es; praesta, quaesumus, ut quem protectorem veneramur in terris, intercessorem habere mereamur in coelis. Qui vivis et regnas in saecula saeculorum. Amen<\/em>.<\/p>\n<p>NB. Las oraciones solas son obligatorias para lucrar las indulgencias de los siete domingos, sin que sea necesario a\u00f1adir las siguientes meditaciones.<\/p>\n<p><a name=\"_Toc220494118\"><\/a><strong>Primer domingo. Excelencia del nombre de Jos\u00e9<\/strong><strong><br \/>\n<\/strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Es sentimiento de muchos padres que Dios mismo sea el autor del nombre bendito de Jos\u00e9, inspir\u00e1ndolo a sus padres para que su significaci\u00f3n se cumpla en \u00e9l de modo admirable. De hecho, este nombre, que en la lengua hebrea significa crecimiento, aumento, presagiaba, dice San Bernardo, el progreso que Jos\u00e9 deb\u00eda hacer en la santidad, como el antiguo patriarca del mismo nombre, el hijo de Jacob, fue tan grande entre sus hermanos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Ad\u00e1n recibi\u00f3 del Se\u00f1or el poder de poner nombre a aquella que le hab\u00eda sido dada por compa\u00f1era. As\u00ed el Esp\u00edritu Santo quiso elegir un nombre para aquel que deb\u00eda ocupar su lugar y representarlo ante la augusta Madre de Dios.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Si el nombre del patriarca Isaac fue revelado por un \u00e1ngel a su padre Abraham; si el nombre del santo Precursor San Juan Bautista fue anunciado por un \u00e1ngel a Zacar\u00edas y a Santa Isabel, \u00bfno podemos entonces creer que Jos\u00e9, escogido por Dios para ser el padre de Jes\u00fas y el casto esposo de Mar\u00eda, haya gozado al menos del mismo privilegio?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00a1Cu\u00e1nto grande amor demuestra Dios por este santo Patriarca, al imponerle \u00e9l mismo, para que no tuviera nada de terreno, el nombre que debe llevar entre los \u00e1ngeles y entre los hombres!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El Hijo de Dios quiso honrar este augusto nombre antes de su nacimiento, en el tiempo de su vida y despu\u00e9s de su muerte. Antes de su nacimiento quiso que uno de aquellos antiguos patriarcas, que figuraban su divina persona, llevara el nombre de Jos\u00e9. En el tiempo de su vida mortal fue el nombre bendito el que \u00e9l pronunci\u00f3 primero con el de su Madre; es el nombre de Jos\u00e9 el que \u00e9l repet\u00eda m\u00e1s a menudo, y siempre con todo el respeto y el amor del hijo m\u00e1s afectuoso y devoto.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Despu\u00e9s de su muerte, el divino Salvador no quiso confiar el cuidado de bajar de la cruz su propio cuerpo, de recibirlo entre los brazos y sepultarlo en el sepulcro, sino a aquel hombre justo de Arimatea que precisamente se llamaba Jos\u00e9.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Fiel imitadora de los ejemplos de Jes\u00fas, \u00a1con qu\u00e9 veneraci\u00f3n y qu\u00e9 ternura la augusta Mar\u00eda no deb\u00eda pronunciar el nombre de Jos\u00e9, de Jos\u00e9 que le estaba unido con v\u00ednculos tan estrechos y tan puros!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Debe, pues, ser sumamente grato a Mar\u00eda ver respetado y honrado el santo nombre de Jos\u00e9. Ella mand\u00f3 un d\u00eda a un esclavo moro, que estaba a punto de recibir el bautismo, que tomara el nombre de Jos\u00e9, en memoria de su santo esposo. Fue Mar\u00eda quien, abriendo los cielos, descubri\u00f3 a los ojos de Santa Gertrudis el incomparable esplendor del trono sobre el que se sentaba su glorioso esposo, y quien le hizo observar tambi\u00e9n c\u00f3mo, solo al nombre de Jos\u00e9, todos los santos del para\u00edso inclinaban dulcemente la cabeza para honrarlo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Entre todos los bienaventurados que reinan en el cielo, San Jos\u00e9 es el \u00fanico que tiene el honor de ver su propio nombre asociado y como inseparablemente unido a los nombres divinos de Jes\u00fas y de Mar\u00eda.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Despu\u00e9s del glorioso nombre de la Madre de Dios y del adorable Hijo de ella, el de Jos\u00e9 ocupa el primer lugar, y el cielo y la tierra no tienen otro que pronunciar, del cual las almas piadosas reciban una gracia m\u00e1s abundante, una esperanza m\u00e1s segura, una m\u00e1s dulce suavidad.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;De hecho, observad con qu\u00e9 tierna confianza se invoca el nombre de Jos\u00e9 en toda la Iglesia, c\u00f3mo los parientes cristianos se reputan felices de poder impon\u00e9rselo a sus hijos en la pila bautismal, como una prenda de salud y de protecci\u00f3n celestial.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00a1Cu\u00e1n glorioso es vuestro nombre, oh mi amad\u00edsimo Padre! \u00c9l tiene la fuerza de disipar y de vencer las tentaciones del infierno. \u00a1Ah! quiero de ahora en adelante ser m\u00e1s fiel en invocarlo en esos momentos de prueba, y espero que me defender\u00e9is contra los asaltos del enemigo infernal.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El nombre de Jos\u00e9, oh almas piadosas, sea con el de Jes\u00fas y de Mar\u00eda vuestra primera palabra al despertar y la \u00faltima antes de dormiros. Poned esos nombres amables al principio de todos vuestros escritos, como una oraci\u00f3n eficaz y una prenda cierta de bendici\u00f3n; cumplid toda vuestra obra con estos nombres santos, y haga Dios que pod\u00e1is exhalar el \u00faltimo suspiro pronunciando esos nombres tan suaves y tan aptos para reanimar vuestra confianza.<\/p>\n<p><strong><em>Ejemplo<br \/>\n<\/em><\/strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El santo nombre de Jos\u00e9, tan dulce para las almas que lo llevan, y para los \u00e1ngeles, que se regocijan al ver a aquellos que les son confiados bajo un patrocinio tan poderoso, es formidable para los demonios, quienes no se atreven a da\u00f1ar a aquellos que tienen a San Jos\u00e9 como su patr\u00f3n. He aqu\u00ed un hecho reportado por el padre Barry en confirmaci\u00f3n de esta verdad: \u00abHe sabido, dice \u00e9l, de buena fuente, que un hombre de considerable condici\u00f3n, habiendo tenido varios hijos que le hab\u00edan sido arrebatados en su juventud, ya sea por maleficio o por otros accidentes, se dirigi\u00f3 a uno de sus amigos a quien sospechaba de magia, y le rog\u00f3 que le ense\u00f1ara alg\u00fan expediente para conservar los hijos que Dios le daba. Aquel hombre, despu\u00e9s de muchas negativas y dificultades, le dijo finalmente que quer\u00eda darle una prueba de su amistad. S\u00e9 por experiencia, dijo \u00e9l, que los demonios temen y tiemblan al o\u00edr pronunciar el nombre de Jos\u00e9, y que dif\u00edcilmente se atreven a hacer da\u00f1o a aquellos que llevan ese nombre. Siga mi consejo: d\u00e9 el nombre de Jos\u00e9 al primero de los hijos que Dios le conceda, y est\u00e9 seguro de que escapar\u00e1 de la desgracia de la que los otros fueron v\u00edctimas. De hecho, habiendo tenido un hijo, fue nombrado Jos\u00e9, y con gran satisfacci\u00f3n de los parientes vivi\u00f3 largamente.\u00bb<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Se puede, pues, creer, a\u00f1adi\u00f3 el padre Barry, que una bendici\u00f3n especial est\u00e1 reservada a aquellos que llevan este nombre, ya que se ha observado que es raro que las personas que llevan este nombre se hayan distinguido por la maldad o por la infamia. Un piadoso eclesi\u00e1stico, habiendo tenido la oportunidad de ver los registros de las causas criminales del Parlamento de Provenza, tuvo la curiosidad de recorrer los nombres de todos los delincuentes inscritos durante doscientos a\u00f1os, es decir, desde la \u00e9poca en que el nombre de Jos\u00e9 comenzaba a estar m\u00e1s en boga, y encontr\u00f3 que ninguno de esos desgraciados se llamaba Jos\u00e9.<\/p>\n<p><a name=\"_Toc220494120\"><\/a><strong><em>Pr\u00e1ctica<\/em><\/strong><strong><em><br \/>\n<\/em><\/strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Invocar a menudo durante el d\u00eda a Jes\u00fas, Mar\u00eda, Jos\u00e9.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Recitar los siete dolores y las siete alegr\u00edas.<\/p>\n<p><a name=\"_Toc220494121\"><\/a><strong>Segundo domingo. Grandeza de San Jos\u00e9<\/strong><strong><br \/>\n<\/strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Decir que San Jos\u00e9 es el esposo de Mar\u00eda, es decir de \u00e9l, exclama San Juan Damasceno, cuanto m\u00e1s grande se puede decir.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Mar\u00eda, tan sublime en perfecci\u00f3n, merec\u00eda ciertamente recibir de las manos de Dios un esposo de una santidad eminente.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00abSi hubiera habido una mujer m\u00e1s pura que Mar\u00eda, dice el docto Billeurt, habr\u00eda sido elegida para madre de Dios; y si se hubiera encontrado un hombre m\u00e1s justo que Jos\u00e9, ese habr\u00eda sido el esposo de Mar\u00eda.\u00bb<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00abVosotros veis la dignidad de Mar\u00eda, dice Bossuet, en cuanto que su bienaventurada virginidad fue elegida desde toda la eternidad para dar a Jesucristo al mundo; y veis la dignidad de Jos\u00e9 en cuanto que esa pureza de Mar\u00eda, que fue tan \u00fatil a nuestra naturaleza, fue confiada a sus cuidados, y conserv\u00f3 al mundo una cosa tan necesaria.\u00bb<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;San Pablo prueba que la excelencia de Jesucristo supera la de todos los \u00e1ngeles por la nobleza de su nombre: <em>Tanto melior angelis effectus, quanto prae illis differentius nomen haereditavit<\/em>. \u00a1Qu\u00e9 estima no debemos tener de San Jos\u00e9, el cual con raz\u00f3n lleva el nombre de padre de Dios, y que, despu\u00e9s de haber sido asociado a la paternidad divina, pudo decir con el Padre Eterno, hablando al mismo Hijo: Le tendr\u00e9 por Padre, y \u00e9l me obedecer\u00e1 como Hijo; <em>Ego ero illi in Patrem, et ipse mihi erit in Filium!<br \/>\n<\/em>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Si Dios, dice San Pablo, al dar los cargos provee al mismo tiempo las cualidades necesarias para cumplir con los deberes: Qui facit nos idoneos ministros; \u00a1qu\u00e9 madurez de intelecto, qu\u00e9 rara prudencia no habr\u00e1 dado a aquel hombre elegido por su sabidur\u00eda para la administraci\u00f3n de asuntos tan importantes, como fueron el tener en custodia al Hijo de Dios mismo con su Sant\u00edsima Madre Mar\u00eda? \u00a1Qu\u00e9 elevaci\u00f3n de esp\u00edritu no habr\u00e1 dado a Jos\u00e9 que durante treinta a\u00f1os deb\u00eda estudiar en la escuela de la Sabidur\u00eda encarnada; pero sobre todo qu\u00e9 capacidad de coraz\u00f3n, qu\u00e9 extensi\u00f3n de voluntad, qu\u00e9 grandeza de amor no habr\u00e1 dado a aquel, \u00a1que deb\u00eda ser el altar viviente sobre el cual deb\u00eda reposar todo el fuego del amor de Dios, encerrado en la persona de Jesucristo! Pero si no podemos ni siquiera comprender las disposiciones de San Jos\u00e9 para esta sublime paternidad, \u00bfc\u00f3mo podremos tener una justa idea de los m\u00e9ritos que el gran Patriarca adquiri\u00f3 en el ejercicio de sus funciones divinas?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Alg\u00fan doctor parece maravillarse de que el Salvador nunca haya pronunciado una palabra en alabanza de la Sant\u00edsima Virgen y de San Jos\u00e9, aunque haya elogiado a su Precursor, a San Pedro, e incluso a ciertos pecadores sinceramente convertidos. Es sin duda, porque al decirse su hijo y al rendirles toda la obediencia que los padres y las madres pueden pretender de sus hijos, no pod\u00eda hacer cosa m\u00e1s honor\u00edfica ni m\u00e1s gloriosa para ellos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00abSi el nombre de depositario, dice Bossuet, lleva consigo una prueba de estima y es se\u00f1al de probidad: si para confiar un dep\u00f3sito elegimos entre nuestros amigos a aquellos cuya virtud es m\u00e1s reconocida, cuya fidelidad es m\u00e1s probada, en fin, los m\u00e1s \u00edntimos, los m\u00e1s confidentes: \u00a1cu\u00e1l ser\u00e1 la gloria de San Jos\u00e9, hecho por Dios depositario no solo de la beat\u00edsima Virgen Mar\u00eda, tan grata a sus ojos por la pureza, sino tambi\u00e9n de su propio Hijo, que es el \u00fanico objeto de sus complacencias y la \u00fanica esperanza de nuestra salud! De modo que en la persona de Jesucristo San Jos\u00e9 es establecido depositario del tesoro com\u00fan de Dios y de los hombres. \u00a1Qu\u00e9 elocuencia puede jam\u00e1s igualar la grandeza y la majestad de este t\u00edtulo!\u00bb<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00abHabiendo Dios constituido a San Jos\u00e9 para ejercer la autoridad de padre sobre el Verbo encarnado, se debe tener por cierto, dice San Alfonso de Ligorio, que le confiri\u00f3 todos los dones que conven\u00edan a una carga tan grande. No se puede dudar que no lo haya enriquecido de todas las gracias y de todos los privilegios concedidos a los otros santos.\u00bb<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Si la sabidur\u00eda de San Jos\u00e9 tuvo un empleo tan noble en el gobierno del Verbo encarnado, no fue menos gloriosa para \u00e9l su paciencia en los trabajos. Cada uno de sus pasos, todos los cuidados que se daba, los sudores que derramaba, no se refer\u00edan sino a la vida de Jes\u00fas, de quien depend\u00eda la salud general de todos los hombres. De modo que, si otros santos sufrieron m\u00e1s que \u00e9l, nadie ciertamente sufri\u00f3 por un sujeto m\u00e1s digno. Los anacoretas hicieron grandes abstinencias para conservar la vida del alma; pero San Jos\u00e9 se privaba de lo necesario para sostener a Jes\u00fas y Mar\u00eda. Los m\u00e1rtires han sufrido atroces tormentos por el nombre de Jes\u00fas, pero San Jos\u00e9 expuso su propia vida para salvar la de Jes\u00fas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Si servir fielmente a Dios es reinar, seg\u00fan dice Dios mismo, los servicios que San Jos\u00e9 le rindi\u00f3 son tan grandes y se refieren a cosa tan importante, y fueron empleados en un uso tan glorioso, que no solo lo distinguen de los otros santos, sino que puede ser su modelo, de modo que la noble cualidad de siervo, que Dios dio a los patriarcas, a los ap\u00f3stoles y a todos los santos de la antigua y nueva ley, conviene singularmente a San Jos\u00e9.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Juzgad por estas sublimes consideraciones qu\u00e9 respeto debemos tener a este santo admirable, qu\u00e9 confianza debemos tener en su protecci\u00f3n. Que si \u00e9l es singular en los m\u00e9ritos, no hay duda de que lo es tambi\u00e9n en el poder y en el cr\u00e9dito que tiene en el cielo ante Jes\u00fas y Mar\u00eda, a quienes ha rendido tan grandes servicios en el tiempo de su vida mortal.<\/p>\n<p><strong><em>Ejemplo<br \/>\n<\/em><\/strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En los primeros a\u00f1os del siglo XVII la peste causaba gran estrago en la ciudad de Avi\u00f1\u00f3n. El clero y la magistratura recurrieron a San Jos\u00e9 con voto de celebrar cada a\u00f1o solemnemente su fiesta, si los libraba de aquella cruel epidemia. Desde ese momento no hubo m\u00e1s v\u00edctimas y el flagelo desapareci\u00f3 enteramente; pero el estrago se traslad\u00f3 a Lyon. All\u00ed se encarniz\u00f3 a\u00fan m\u00e1s horriblemente y se crey\u00f3 por un momento que la ciudad ser\u00eda enteramente despoblada. Instruidos por el ejemplo de los avi\u00f1oneses recurrieron tambi\u00e9n a San Jos\u00e9 y sus oraciones fueron escuchadas y la peste ces\u00f3 de encrudecer.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Desde ese tiempo comenz\u00f3 la devoci\u00f3n de los lioneses por este gran Patriarca. El padre Barry, contempor\u00e1neo, cuenta en su libro varios milagros obtenidos por este gran santo en tal ocasi\u00f3n. \u00abEl a\u00f1o pasado, dice \u00e9l, cuando la peste hac\u00eda m\u00e1s estragos, s\u00e9 que muchos de los habitantes llevaban en el dedo un anillo sobre el cual estaba escrito el nombre de San Jos\u00e9 a fin de ser preservados de la peste; y Dios, bendiciendo su fe y su confianza en este amable nombre, no permiti\u00f3 que ninguno de ellos fuera afectado por el mal.\u00bb<\/p>\n<p><strong><em>Pr\u00e1ctica<br \/>\n<\/em><\/strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Dad una limosna a un pobre o haced una oraci\u00f3n en honor de San Jos\u00e9.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Recitad los siete dolores y las siete alegr\u00edas.<\/p>\n<p><a name=\"_Toc220494124\"><\/a>Tercer domingo. San Jos\u00e9 colmado de gracias y de m\u00e9ritos<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Se debe juzgar de las gracias que Dios comunica a sus santos por estos dos grandes principios: por las relaciones que tienen con Jesucristo y por la excelencia de su dignidad y vocaci\u00f3n. \u00abCuanto m\u00e1s cerca est\u00e1 una cosa de su principio, dice Santo Tom\u00e1s de Aquino, m\u00e1s participa de su en\u00e9rgica influencia; lo que hizo decir a San Dionisio, que los \u00e1ngeles, estando m\u00e1s cerca de Dios que los hombres, participan m\u00e1s de sus divinos favores.\u00bb Ahora bien, Jos\u00e9 estaba tan cerca del principio de la santidad como pod\u00eda estarlo un hombre. \u00bfY no es en verdad Jesucristo el divino sol de justicia, cuya luz y cuyo calor obran la santidad en las almas, seg\u00fan que m\u00e1s o menos participan de ella? \u00bfY no le fue concedido a San Jos\u00e9 recibir inmediatamente durante treinta a\u00f1os las celestiales influencias? No se puede dudar, dice San Alfonso de Ligorio, que mientras Jos\u00e9 vivi\u00f3 con Jesucristo sus m\u00e9ritos y su santidad no crecieron de tal manera que sobrepasaron los m\u00e9ritos de todos los dem\u00e1s santos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Cuanto m\u00e1s altas y sublimes son la dignidad y el oficio a que un santo es destinado por la Providencia, tanto m\u00e1s preciosas y abundantes deben ser las gracias que le son comunicadas, siendo propio de la sabidur\u00eda de Dios el dar a sus santos las gracias convenientes al grado a que los eleva. Ahora bien, como la dignidad de Jos\u00e9, esposo de Mar\u00eda y padre de Jes\u00fas, es sin igual, as\u00ed su santidad, despu\u00e9s de la de la Madre de Dios, ha estado por encima de la santidad de todos los hombres.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Es doctrina recibida en la Iglesia que hay gracias particulares para los diferentes estados a que Dios nos llama; por consiguiente, San Jos\u00e9 ha debido recibir una gracia particular\u00edsima relativa al t\u00edtulo augusto de casto esposo de Mar\u00eda y de padre putativo de Jes\u00fas. Todos los doctores reconocen que recibimos una gracia de adopci\u00f3n filial cuando Dios nos hace el honor de hacernos sus hijos adoptivos; debemos, por tanto, tambi\u00e9n admitir una gracia de adopci\u00f3n, por as\u00ed decirlo, paterna, que el Salvador derram\u00f3 en el coraz\u00f3n de Jos\u00e9 eligi\u00e9ndolo por padre; y esta gracia ha sido tanto m\u00e1s notable, siendo incomparablemente m\u00e1s glorioso para un hombre virtuoso ser padre de Dios que simplemente pertenecerle en calidad de hijo adoptivo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;San Jos\u00e9 concurre con Jes\u00fas y Mar\u00eda al cumplimiento de los decretos eternos de Dios para la salvaci\u00f3n del g\u00e9nero humano; \u00e9l es preelegido desde el origen del mundo para tan altos destinos, dice un docto obispo; y la adorabil\u00edsima Trinidad, formando el coraz\u00f3n de Jes\u00fas y haciendo sobre tal modelo el coraz\u00f3n de Mar\u00eda, hizo el coraz\u00f3n de Jos\u00e9 tan semejante al del Hijo y de la Madre como lo puede permitir la gloria divina del Hijo y la incomunicable gloria de la Madre.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Si el Esp\u00edritu Santo se comunic\u00f3 con tanta plenitud a los Ap\u00f3stoles, cuyo oficio no concern\u00eda sino al cuerpo m\u00edstico del Hijo de Dios, que es la Iglesia, \u00bfqu\u00e9 diremos del coraz\u00f3n de aquel gran Patriarca? El Esp\u00edritu Santo no descendi\u00f3 sobre \u00e9l en forma de lengua de fuego; pero el Padre Eterno le confi\u00f3 a su Unig\u00e9nito, que es su palabra y su Verbo. \u00bfQui\u00e9n podr\u00e1, pues, relatar las riquezas espirituales y las gracias que Jos\u00e9 descubri\u00f3 en Jes\u00fas? Es algo horrible, dice la ley, ver a un padre pobre mientras el hijo se encuentra en la abundancia. \u00bfQui\u00e9n creer\u00eda, por tanto, que el Salvador, que es el Se\u00f1or de todas las virtudes, pudo olvidar a Jos\u00e9, a quien tiernamente amaba como a su padre? Debemos, pues, creer que lo enriqueci\u00f3 inmensamente con toda clase de gracias y virtudes. Habi\u00e9ndole complacido ser deudor a Jos\u00e9 de todos los socorros que necesitaba en su infancia \u2014del alimento, del sustento, de la conservaci\u00f3n misma de su vida\u2014 \u00bfpod\u00eda no compensarlo abundantemente? Este gran Santo encontr\u00f3, pues, en el amor de Jes\u00fas una inefable fuente de gracias y de medios para aumentar estas mismas gracias.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pero esta fuente ten\u00eda sus crecimientos y en ciertas ocasiones se derramaba con mayor abundancia. En la corte de los reyes de esta tierra hay d\u00edas de alegr\u00eda y de fiesta en que prodigan con mayor profusi\u00f3n y derraman a manos llenas las riquezas de sus tesoros. Por ejemplo, al nacimiento de un pr\u00edncipe, despu\u00e9s de una se\u00f1alada victoria, despu\u00e9s de alg\u00fan estrepitoso servicio prestado al Estado o a la persona misma del pr\u00edncipe, muchos suelen hacer su fortuna. As\u00ed obraba Dios con Jos\u00e9; todos los d\u00edas para \u00e9l eran favorables, pero hab\u00eda d\u00edas m\u00e1s favorables y m\u00e1s venturosos. \u00bfQui\u00e9n podr\u00eda dudar que entonces, cuando se cumpl\u00eda alg\u00fan misterio, Dios no derramara sobre Jos\u00e9 sus tesoros con mayor profusi\u00f3n? Yo considero a este gran Santo en el nacimiento de Jesucristo, postrado y todo en l\u00e1grimas a los pies del pesebre, y en el transporte de mi admiraci\u00f3n me digo a m\u00ed mismo: \u00a1Oh, Dios m\u00edo! Si alguna vez el cielo debi\u00f3 derramar sus gracias sobre la tierra, fue en aquel d\u00eda. Pero \u00bfsobre qui\u00e9n habr\u00e1n descendido con mayor abundancia estas gracias tan liberalmente derramadas, sino sobre Jos\u00e9? \u00c9l se encuentra solo con Mar\u00eda en el establo de Bel\u00e9n; \u00e9l tiene la ventura de adorar primero al Mes\u00edas, al Salvador reci\u00e9n nacido; \u00e9l recibe sus primeras miradas; recoge sus primeros suspiros y sus primeras l\u00e1grimas. \u00bfNo deber\u00e1, pues, haber recibido tambi\u00e9n sus primeras gracias, como los primeros rayos del sol naciente?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Lo considero a\u00fan en la huida a Egipto. \u00a1Cu\u00e1nto no debi\u00f3 sufrir en aquel largo viaje viendo los padecimientos y las privaciones de Jes\u00fas y de Mar\u00eda! \u00a1Qu\u00e9 deseo de endulzar sus rigores, qu\u00e9 disgusto de no poder hacerlo! \u00c9l es sensible a los padecimientos de Jes\u00fas y de Mar\u00eda; \u00bfJes\u00fas y Mar\u00eda ser\u00e1n insensibles a sus votos? \u00c9l vigila sobre la Providencia; \u00bfla Providencia tendr\u00e1 los ojos cerrados sobre \u00e9l? Y as\u00ed d\u00edgase de los otros misterios. Toda, toda enteramente la vida de Jos\u00e9 estuvo colmada de tales preciosas circunstancias de gracias, de m\u00e9ritos y de virtudes.<\/p>\n<p><strong><em>Ejemplo<br \/>\n<\/em><\/strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El se\u00f1or Augery, abogado en el parlamento del Delfinado, encontr\u00e1ndose en Lyon en el tiempo en que la peste aflig\u00eda esta ciudad en el a\u00f1o 1638, vio a uno de sus hijos, Teodoro Augery, de siete a\u00f1os, golpeado por el flagelo con todos los indicios que presagiaban una muerte pr\u00f3xima e inevitable. En su extremo dolor, el afligido padre se dirigi\u00f3 con la m\u00e1s viva confianza a san Jos\u00e9 y le prometi\u00f3 que, si le salvaba al hijo, en honor de \u00e9l asistir\u00eda durante nueve d\u00edas a la santa misa en la iglesia que le estaba consagrada, iluminar\u00eda con cirios su imagen y colocar\u00eda un cuadro cuya inscripci\u00f3n indicara el beneficio obtenido por su intercesi\u00f3n. Mientras tanto, los m\u00e9dicos, visitado el joven enfermo, lo encontraron en un estado tan deplorable que lo hicieron transportar inmediatamente al lazareto, diciendo que no m\u00e1s de dos horas permanecer\u00eda a\u00fan con vida. Pero apenas lleg\u00f3 al lazareto, el ni\u00f1o fue curado en un instante. El padre, lleno de gratitud hacia su glorioso benefactor, cumpli\u00f3 su voto con sentimientos de grand\u00edsima devoci\u00f3n. Fue \u00e9l mismo, dice el P. de Barry, quien me dio el acta del hecho, escrita de su pu\u00f1o y letra y en la cual narraba todas las circunstancias de aquella curaci\u00f3n.<br \/>\nDe BARRY.<\/p>\n<p><strong><em>Pr\u00e1ctica<br \/>\n<\/em><\/strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Dar gracias a Dios por las gracias concedidas a san Jos\u00e9.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Recitar los siete dolores y las siete alegr\u00edas.<\/p>\n<p><a name=\"_Toc220494127\"><\/a><strong>Cuarto domingo. Poder de San Jos\u00e9<\/strong><strong><br \/>\n<\/strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Si en el mundo se considera afortunado a aquel que tiene un amigo entre los grandes de la corte, el cual goza de las buenas gracias y tiene libre acceso a la persona del Soberano, porque se espera obtener por su mediaci\u00f3n lo que se desea, \u00a1cu\u00e1nto no debemos estimar feliz al fiel siervo de Jos\u00e9 que tiene en la corte celestial un poderoso protector, siempre dispuesto a presentar sus s\u00faplicas y sus votos al Se\u00f1or! Dirigid una mirada a la innumerable multitud de los santos que componen la celestial Jerusal\u00e9n, y observad si hay uno solo que m\u00e1s que \u00e9l sea favorecido por Dios y sea m\u00e1s potente ante \u00e9l que el gran San Jos\u00e9. \u00c9l fue escogido y llamado en los eternos decretos de la Providencia para ser el jefe de la santa Familia: <em>Quem constituit Dominus super familiam suam;<\/em> \u00e9l fue por la gracia unido inseparablemente a la adorable persona del Unig\u00e9nito de Dios y a su beat\u00edsima Madre.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El Hijo de Dios, dice Santa Teresa, nunca le neg\u00f3 nada a San Jos\u00e9, mientras viv\u00eda bajo su dependencia; \u00a1cu\u00e1nto menos le negar\u00e1 lo que le pide por nosotros ahora que \u00e9l reina a la diestra de Dios su Padre! \u00bfPuede creerse que lo ame menos en el cielo de lo que lo amaba sobre la tierra? Si en el tiempo de su vida mortal lo eligi\u00f3 su m\u00e1s querido favorito para estar siempre cerca de su persona, a fin de recibir de \u00e9l todos los servicios que necesitaba, y para corresponderle con el m\u00e1s tierno y m\u00e1s agradecido afecto, \u00bfes posible que no le contin\u00fae el mismo favor actualmente que reina en el esplendor de los santos? \u00bfQu\u00e9 ha hecho \u00e9l para perder la gracia de Dios y dejar de ser su primer ministro en el cielo como lo fue sobre la tierra? \u00bfNo debe m\u00e1s bien concederle los mismos privilegios, habi\u00e9ndolo hecho cercano a su divinidad m\u00e1s que a cualquier otro santo, y no negarle cuanto desea? <em>Dubitandum non est, quod Christus familiaritatem et reverentiam quarti exhibuit illi cum viventi tanquam filius patri suo, in coelis utique non negavit, sed potius complevit<\/em>.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Es cosa cierta que San Jos\u00e9 goza ante Dios de mayor cr\u00e9dito que los \u00e1ngeles y todos los bienaventurados. \u00bfCu\u00e1l es, de hecho, el pr\u00edncipe sabio y generoso que no se muestre sensible a las oraciones de su padre o de su antiguo gobernador mucho m\u00e1s que a las s\u00faplicas de todos los siervos que componen su corte y su reino?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;San Antonino da a\u00fan una excelente raz\u00f3n. El poder de una persona dice aquel gran doctor, proviene de la naturaleza, de la gracia y del m\u00e9rito. La naturaleza hace a un padre omnipotente sobre el coraz\u00f3n de su hijo; la gracia hace a un marido omnipotente sobre el coraz\u00f3n de su propia esposa; el m\u00e9rito hace a un siervo omnipotente ante su amo, a quien haya prestado grandes servicios. Ahora bien, \u00bfqu\u00e9 criatura tiene lazos m\u00e1s estrechos que Jos\u00e9 con Jes\u00fas y con Mar\u00eda, siendo el padre del uno y el esposo de la otra? \u00bfQui\u00e9n podr\u00eda ser m\u00e1s grato a Dios que aquel gran santo cuya pureza ang\u00e9lica nunca fue ofuscada por el soplo de las pasiones, y que durante treinta a\u00f1os ejerci\u00f3 todas las obras de misericordia hacia la adorable persona del Hijo de Dios con tan ardiente celo, con humildad tan profunda y con fidelidad tan inviolable? \u00abY si est\u00e1 escrito, dice San Bernardo, que <em>el Se\u00f1or hace la voluntad de aquellos que le temen<\/em>, \u00bfc\u00f3mo rehusar\u00e1 hacer la de San Jos\u00e9 que lo nutri\u00f3 tanto tiempo con el sudor de su frente? <em>Voluntatem timentium se facies quomodo voluntatem nutrientium non faciet?<\/em>\u00bb \u00abDebemos estar bien persuadidos, dice San Alfonso de Ligorio, que Dios, en consideraci\u00f3n de sus grandes m\u00e9ritos, nunca negar\u00e1 a San Jos\u00e9 una gracia en favor de aquellos que lo honran.\u00bb \u00a1Ah! si, por testimonio del mismo Jesucristo, todo es posible a aquel que tenga solamente de fe cuanto es grande un grano de mostaza, \u00bfno debemos creer, sin temor a errar, que San Jos\u00e9 es omnipotente en el cielo, habiendo sido su fe m\u00e1s grande que la de Abraham y de los Ap\u00f3stoles, y su caridad m\u00e1s ardiente que la de los querubines y serafines?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00abVarios santos, dice el Doctor Ang\u00e9lico, han recibido de Dios el poder de asistirnos y ayudarnos en ciertas necesidades particulares; pero el poder de San Jos\u00e9 no es limitado; se extiende a todas nuestras necesidades; y todos aquellos que lo invocan con confianza est\u00e1n seguros de ser prontamente escuchados.\u00bb Los otros santos gozan, es verdad, de gran cr\u00e9dito en el cielo; pero ellos interceden y suplican como siervos, y no mandan como due\u00f1os. Jos\u00e9, que ha visto a Jes\u00fas sometido a su autoridad, obtiene cuanto desea del Rey su Hijo; y, como dice el docto Gerson, no pide, sino que ordena: <em>Non impetrat, sed imperat<\/em>. \u00abJes\u00fas, dice San Bernardino de Siena, quiere continuar en el cielo dando a San Jos\u00e9 pruebas de su respeto filial obedeciendo a sus deseos; <em>Dum pater orat natum, velut imperium reputatur<\/em>.\u00bb \u00ab\u00a1Oh! \u00a1cu\u00e1n felices seremos, dice San Francisco de Sales, si podemos merecer tener parte en sus santas intercesiones! porque nada le ser\u00e1 negado, ni por Mar\u00eda Sant\u00edsima, ni por su Hijo. Nos obtendr\u00e1, si en \u00e9l confiamos, un santo aumento de toda clase de virtudes, pero especialmente de aquellas que \u00e9l pose\u00eda en m\u00e1s alto grado, cuales son la sant\u00edsima pureza de cuerpo y de esp\u00edritu, la amabil\u00edsima virtud de la humildad, la constancia, el valor y la perseverancia; virtudes que nos har\u00e1n victoriosos de nuestros enemigos en esta vida, y dignos de ir a gozar en la vida eterna la recompensa que est\u00e1 preparada para aquellos que imitar\u00e1n los ejemplos que San Jos\u00e9 les ha dado.\u00bb<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Si el Se\u00f1or bendijo una vez la casa real de Fara\u00f3n, si multiplic\u00f3 sus riquezas y sus ingresos en consideraci\u00f3n de Jos\u00e9 su siervo, \u00bfpodremos nosotros despu\u00e9s de esto dudar que Jes\u00fas, por amor de Jos\u00e9 su padre adoptivo, no quiera enriquecernos con sus m\u00e1s preciosos bienes, y aumentar las pocas gracias, virtudes y buenos h\u00e1bitos que ya tenemos? \u00a1Ah! nuestro Se\u00f1or le dijo a \u00e9l, mucho mejor a\u00fan que no dijo el rey de Egipto al hijo de Jacob hecho su primer ministro: \u00abMi reino est\u00e1 todo en tus manos, yo reposo sobre ti m\u00e1s tranquilo que sobre cualquier otro, despu\u00e9s de mi Madre, para efectuar el designio de salvar a todos los hombres. Dejo a tu disposici\u00f3n el tesoro de mis gracias, haz part\u00edcipes libremente a tus hermanos; desc\u00fabreles la riqueza y la belleza de la morada que les he preparado en mi reino, y de la cual gozar\u00e1n eternamente si son fieles en servirme y honrarme.\u00bb<\/p>\n<p><strong><em>Ejemplo<br \/>\n<\/em><\/strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La superiora de la congregaci\u00f3n de las religiosas del Verbo Encarnado estaba, hace pocos a\u00f1os, afectada de una enfermedad de los ojos tal que ya no pod\u00eda leer; la vista se le hab\u00eda nublado y tem\u00eda perderla enteramente. Consultados los mejores doctores, respondieron que aquello era efecto de una fluxi\u00f3n que ellos juzgaban incurable. Esta buena monja, viendo que los hombres no sab\u00edan curarla, y el arte se declaraba impotente para librarla de su enfermedad, se dirigi\u00f3 llena de confianza a San Jos\u00e9 su amad\u00edsimo protector, e hizo voto de recitar durante un a\u00f1o el oficio compuesto en honor de \u00e9l. Apenas terminada su oraci\u00f3n, fue en el mismo instante enteramente curada de aquella molestia.<br \/>\n(La devoci\u00f3n a San Jos\u00e9).<\/p>\n<p><strong><em>Pr\u00e1ctica<br \/>\n<\/em><\/strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Recitar hoy tres veces el <em>Ave Ioseph<\/em>.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Recitar los siete dolores y las siete alegr\u00edas.<\/p>\n<p><a name=\"_Toc220494130\"><\/a><strong>Quinto domingo. Amor de San Jos\u00e9 por los hombres<\/strong><strong><br \/>\n<\/strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;No hay otra medida del amor que se tiene al pr\u00f3jimo que la del amor que se tiene a Dios. El amor de Dios y del pr\u00f3jimo son, dice San Gregorio, dos anillos de una misma cadena, dos r\u00edos que brotan de la misma fuente. Es indudable que el amor de San Jos\u00e9 hacia Dios, cuando a\u00fan estaba sobre la tierra, superaba incomparablemente el amor de todos los hombres, de todos los santos y de todos los \u00e1ngeles. Es por el amor, de que Jos\u00e9 arde por Dios, que hay que medir el que tiene por nosotros; y es f\u00e1cil comprender que uno y otro sobrepasan el entendimiento humano.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;A esta raz\u00f3n fundamental hay que a\u00f1adir muchas otras. Jos\u00e9 es nuestro padre, ya que somos hijos de Mar\u00eda, hermanos y coherederos de Jesucristo, su divino Hijo. Jes\u00fas, al hacerse su Hijo, le puso en el coraz\u00f3n un amor m\u00e1s tierno que el del mejor de los padres; y esto no solo para ser amado como hijo, sino para que ese mismo amor se extendiera sobre todos los hombres que se hab\u00edan convertido igualmente en sus hijos. Juzgad si Jos\u00e9, el m\u00e1s tierno de los padres, podr\u00eda olvidar a los hombres confiados a su ternura. Queriendo Dios que nuestro glorioso santo sirviera de padre a su \u00fanico Hijo, quiso tambi\u00e9n, dice una venerable hermana de San Jos\u00e9, primera carmelita en Francia, que \u00e9l ocupara el lugar de padre de sus hermanos adoptivos, de los miembros m\u00edsticos del divino Infante. Es de este modo que le comunic\u00f3 una gracia muy especial de amor, de ternura y de solicitud por nosotros, la cual lo lleva a hacernos tanto bien como el padre m\u00e1s abnegado pueda desear a sus hijos, a quienes ama m\u00e1s que a s\u00ed mismo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Divin\u00edsimo Jes\u00fas, que hab\u00e9is reposado tantas veces sobre el coraz\u00f3n de Jos\u00e9 para encender en \u00e9l un horno de amor proporcionado a los cuidados paternos de que estaba encargado, hab\u00e9is sabido engrandecer ese coraz\u00f3n, para que todos los cristianos pudieran encontrar en \u00e9l un asilo en sus penas y en sus trabajos. San Jos\u00e9 sabe que su divino Hijo nos am\u00f3 hasta encarnarse, sufrir y morir por nosotros. \u00a1Cu\u00e1ntas veces en el curso de su vida no ha o\u00eddo al Salvador manifestar el vivo deseo que ard\u00eda de dar por cada uno de nosotros, hasta la \u00faltima gota, su sangre! \u00bfC\u00f3mo ser\u00eda, pues, posible que Jos\u00e9 nos mirara con indiferencia y viera perecer sin dolor a una familia de la que Jesucristo es el primog\u00e9nito?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Es al servicio de los hombres que San Jos\u00e9 fue enriquecido con tantas gracias y privilegios tan gloriosos, y que fue elegido para ser el casto esposo de Mar\u00eda y el padre de Jes\u00fas. Si no hubiera habido hombres, y si Dios no los hubiera amado hasta el punto de encarnarse para salvarlos, Jos\u00e9 no habr\u00eda recibido el t\u00edtulo sublime que lo coloca por encima de todos los \u00e1ngeles y de todos los santos. \u00c9l conoce estas verdades; \u00bfc\u00f3mo podr\u00eda, pues, \u00e9l, tan agradecido, no estar agradecido y no amarnos?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Cuando Jos\u00e9 viv\u00eda sobre la tierra estaba dotado de un coraz\u00f3n excelente, inclinado a la compasi\u00f3n y a la misericordia hacia todos los hombres. Ahora que en el cielo su caridad es perfecta, \u00bfpodr\u00eda ser insensible a nuestros peligros, a nuestras miserias? Jos\u00e9 es nuestro padre s\u00ed, pero de la misma naturaleza que nosotros; \u00e9l sufri\u00f3 y llor\u00f3 como nosotros; conoci\u00f3 todos nuestros peligros; y este es un motivo m\u00e1s para amarnos y compadecernos en nuestras penas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Es porque Jos\u00e9 es el padre de todos los cristianos que debemos dirigirnos a \u00e9l con filial confianza; recurrir a su caridad en todas nuestras necesidades, y probaremos la verdad de lo que nos es dado por cierto por Santa Teresa; es decir, que nunca persona alguna, por pobre y abandonada que fuera, lo invoc\u00f3 en vano; siempre desde lo alto de los cielos \u00e9l dirige sus miradas llenas de misericordia hacia los infelices que lo imploran desde su triste exilio.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;De las manos de Jos\u00e9, como de las manos de Mar\u00eda, llueven a torrentes las gracias; \u00e9l derrama las bendiciones del cielo sobre todos los hombres, pero las esparce con mayor abundancia sobre aquellos que lo invocan. Implor\u00e9moslo con confianza, y no nos desanimemos si nuestra oraci\u00f3n no es escuchada tan prontamente como quisi\u00e9ramos. El docto fundador de los religiosos del Verbo Encarnado dec\u00eda a una persona que deseaba obtener una gracia: \u00abRecitad durante nueve d\u00edas con viva fe las letan\u00edas de San Jos\u00e9; si no la obten\u00e9is, repetid veinte veces semejantes novenas, y le dir\u00e9is: as\u00ed continuar\u00e9 haciendo hasta que obtenga la gracia.\u00bb<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Un alma que persevera de este modo en la oraci\u00f3n, y se aplica al mismo tiempo a imitar las virtudes del glorioso San Jos\u00e9, est\u00e1 segura de obtener lo que desea, si la petici\u00f3n puede servir a la gloria de Dios.<\/p>\n<p><strong><em>Ejemplo<br \/>\n<\/em><\/strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Mientras en 1638 la peste aflig\u00eda la ciudad de Lyon, muchas curaciones milagrosas fueron obtenidas por intercesi\u00f3n de San Jos\u00e9. Nos contentaremos con referir la siguiente narrada por un testigo ocular y digno de fe en una obra impresa entonces. \u00abEl padre Melchor del Fany, ocupado durante un mes en servir a los que estaban en cuarentena, fue contagiado por la peste, y la enfermedad hizo progresos tan r\u00e1pidos que ya no se ten\u00eda esperanza de salvarlo. En agon\u00eda durante tres d\u00edas, estaba a punto de exhalar el \u00faltimo suspiro, cuando uno de sus hermanos hizo voto de invitar al moribundo, en caso de curaci\u00f3n, a celebrar nueve misas en honor de San Jos\u00e9 en la iglesia a \u00e9l consagrada, prometiendo serv\u00edrselas. Apenas hecho ese voto, el enfermo recuper\u00f3 el habla, se encontr\u00f3 mejor, y en pocos d\u00edas fue completamente curado.\u00bb<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Fue en esta ocasi\u00f3n que el padre de Barry compuso su obra sobre la Devoci\u00f3n a San Jos\u00e9, la cual est\u00e1 llena de hechos extraordinarios y milagrosos. En poco tiempo se publicaron 26 ediciones, \u00a1tan grande era en los lioneses la confianza en San Jos\u00e9!<br \/>\n(De BARRY, p\u00e1g. 246).<\/p>\n<p><strong><em>Pr\u00e1ctica<br \/>\n<\/em><\/strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Agradecer a San Jos\u00e9 las gracias que \u00e9l nos obtuvo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Recitar los siete dolores y las siete alegr\u00edas.<\/p>\n<p><a name=\"_Toc220494133\"><\/a><strong>Sexto domingo. San Jos\u00e9 refugio de los pecadores<\/strong><strong><br \/>\n<\/strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El antiguo Jos\u00e9 fue establecido por Fara\u00f3n como protector de todos los s\u00fabditos de su reino. De ah\u00ed que a cada pregunta suya: <em>Id a Jos\u00e9<\/em>, les dec\u00eda, <em>y haced todo lo que \u00e9l os diga<\/em>. El Se\u00f1or, eligiendo a San Jos\u00e9 para ser la gu\u00eda y el jefe de la Sagrada Familia, lo estableci\u00f3 igualmente protector de todos los hombres. \u00abDios, dice Santa Teresa, lo ha hecho en cierto modo su ministro plenipotenciario, su tesorero general, para ayudar y aliviar a las almas, por grandes que sean sus necesidades.\u00bb Pero es especialmente con respecto a los pobres pecadores que \u00e9l demuestra toda la ternura de su coraz\u00f3n, porque si el antiguo patriarca Jos\u00e9 recibi\u00f3 con tanta bondad a sus propios hermanos, que hab\u00edan querido darle muerte, si, olvidando sus crueles ultrajes, llev\u00f3 la caridad hasta el punto de abrazarlos e incluso excusarlos en su culpa, \u00a1con cu\u00e1nta mayor misericordia a\u00fan San Jos\u00e9 acoger\u00e1 a los pobres pecadores, y les har\u00e1 sentir que no ha sido elevado a un grado de gloria tan alto sino para sacarlos de las manos del demonio y reconducirlos al seno de Dios, de quien se hab\u00edan alejado por el pecado!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Si el segundo Jos\u00e9 no llora sobre la desgracia de los que pierden a Dios, har\u00e1 mucho m\u00e1s, haciendo que derramen l\u00e1grimas de contrici\u00f3n. El recuerdo de la amargura de que se llen\u00f3 su coraz\u00f3n, cuando perdi\u00f3 a Jes\u00fas, aunque sin culpa, aumenta su compasi\u00f3n por los pecadores y lo compromete a\u00fan m\u00e1s vivamente a obtenerles la gracia de llorar sus extrav\u00edos. \u00c9l mismo ser\u00e1 su gu\u00eda para conducirlos al templo, donde, despu\u00e9s de tres d\u00edas de tristeza y l\u00e1grimas, no dejar\u00e1n de reencontrar a Jes\u00fas: <em>Tu quaerens cum Joseph Mariaque reperies<\/em>, dice Or\u00edgenes.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El amor que San Jos\u00e9 nos tiene es un amor compasivo, que lo hace sensible a nuestras miserias, y como el pecado es el mayor de todos los males, \u00e9l tiene mayor ternura y compasi\u00f3n por los pecadores. La conformidad de su coraz\u00f3n con el de su divino Hijo le inspira ese piadoso afecto. \u00a1Qu\u00e9 tierno amor no debe tener por los pecadores el santo Patriarca, que estuvo tanto tiempo en compa\u00f1\u00eda de un Dios descendido del cielo y hecho hombre para salvarlos!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Id, pues, desdichados pecadores, id a Jos\u00e9 con confianza, y decidle como aquellos gentiles que, deseosos de ser introducidos ante el Salvador, dec\u00edan al ap\u00f3stol San Felipe: <em>Domine, volumus Jesum videre<\/em>. \u00a1Ah! padre piadoso, conducidme vos mismo a Jes\u00fas; rebeldes y culpables no osamos presentarnos nosotros mismos: pero os repetiremos lo que los egipcios dijeron a aquel que era vuestra figura: \u00abNuestra salvaci\u00f3n est\u00e1 en vuestras manos: <em>Salus nostra in manu tua est<\/em>.\u00bb Merced a vuestra paternal mediaci\u00f3n y a vuestras oraciones esperamos volver a la gracia de Jes\u00fas. \u00a1Qu\u00e9 consolaci\u00f3n para los pobres pecadores encontrar un abogado tan potente en el padre mismo de su Juez, un defensor tan celoso en una causa de tan grave importancia, cuyo resultado infalible es la privaci\u00f3n o la posesi\u00f3n de una felicidad eterna!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Entre las alabanzas que la Iglesia le comparte, se encuentra el t\u00edtulo de vencedor del infierno. \u00c9l mereci\u00f3 este glorioso t\u00edtulo cuando, para sustraer al divino Infante de la muerte que Herodes le preparaba, lo transport\u00f3 a Egipto; porque, siendo aquel malvado pr\u00edncipe figura y ministro del drag\u00f3n infernal, perseguidor de Jes\u00fas y de todas las almas por \u00e9l rescatadas, Jos\u00e9, venciendo a aquel pr\u00edncipe, venci\u00f3 al demonio: y esta primera victoria fue solamente el preludio de otra m\u00e1s ruidosa. El docto Or\u00edgenes observ\u00f3 que, en la orden que el \u00e1ngel dio a Jos\u00e9 de ir a Egipto, estaba comprendido el poder de expulsar de all\u00ed a todos los demonios que hab\u00edan fijado en cierto modo el centro de su morada en aquella tierra infiel. De hecho, en el instante en que el santo Patriarca entr\u00f3 all\u00ed con el santo Ni\u00f1o y la Madre, los \u00eddolos fueron derribados, los or\u00e1culos callaron, el padre de la mentira se encontr\u00f3 encadenado, y los esp\u00edritus de las tinieblas huyeron al primer aparecer del divino Sol de justicia, aunque apenas naciente y a\u00fan escondido bajo el velo de la humanidad, como hab\u00eda predicho el profeta Isa\u00edas. Estas victorias sobre el infierno pertenec\u00edan indudablemente al Infante-Dios, pero \u00e9l ha querido servirse del brazo derecho de San Jos\u00e9. De ah\u00ed que desde aquel momento el demonio vencido comenz\u00f3 a temer el santo nombre de Jos\u00e9. Por eso, \u00bfcon cu\u00e1nta mayor raz\u00f3n no lo temer\u00e1 ahora que ve resplandecer con tanta magnificencia su m\u00e9rito, su santidad, su dignidad y su poder, por lo cual tiene en el cielo un lugar junto a Mar\u00eda su casta esposa, a quien invocamos como Madre de misericordia y refugio de los pecadores? De ah\u00ed que el esp\u00edritu del mal no se acerca sino con temor al cristiano que se declara devoto siervo de San Jos\u00e9. Recurrid, por tanto, con la mayor confianza a este santo Patriarca, si dese\u00e1is obtener la gloria eterna; id, presentaos a Jos\u00e9; encomendadle vuestra alma, honradlo siempre; esta devoci\u00f3n es un indicio de la divina elecci\u00f3n y casi una prenda de salvaci\u00f3n.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;He aqu\u00ed las palabras que una santa favorita de extraordinarias revelaciones pone en boca de Mar\u00eda: \u00abEn el \u00faltimo d\u00eda, cuando todos los hombres sean juzgados, los condenados experimentar\u00e1n un amargo pesar por no haber conocido, a causa de sus pecados, cu\u00e1n potente y eficaz era la protecci\u00f3n de San Jos\u00e9 para ayudarlos a salvarse y volver a la gracia de Dios. El mundo no ha conocido lo suficiente cu\u00e1n admirables son las prerrogativas con que el Se\u00f1or favoreci\u00f3 a mi santo Esposo, y cu\u00e1n potente es su intercesi\u00f3n ante mi divino Hijo y ante m\u00ed. Os aseguro que San Jos\u00e9 es uno de los m\u00e1s capaces de retener la justicia de Dios contra los pecadores.\u00bb<\/p>\n<p><strong><em>Ejemplo<br \/>\n<\/em><\/strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Una persona, cuyo nombre debo callar por respeto, me escribe la siguiente carta, dice el Padre de Barry: \u00abHabiendo sabido que os dedic\u00e1is a recopilar hechos adecuados para demostrar el poder y la bondad de San Jos\u00e9, quiero narraros uno cuya manifestaci\u00f3n me es dictada por la gratitud. En mi juventud hice voto de castidad, y tuve la desgracia de violarlo. Avergonzado de mi pecado, no tuve la fuerza de acusarme en el santo tribunal, y profan\u00e9 los Sacramentos. Mi conciencia, desgarrada por crueles remordimientos, me hizo pagar caro el triple delito. Ya no ten\u00eda paz ni de d\u00eda ni de noche, vi\u00e9ndome siempre cerca de precipitarme en las llamas eternas. Detestaba mi culpable debilidad; maldec\u00eda el infame placer que me hab\u00eda arrastrado a tal abismo, y sin embargo no pod\u00eda decidirme a hacer la confesi\u00f3n que sola habr\u00eda puesto fin a mis penas. En tal estado de perplejidad me vino la idea de recurrir a San Jos\u00e9. Fue una buena inspiraci\u00f3n. Recit\u00e9 devotamente durante nueve d\u00edas el himno de v\u00edsperas y la oraci\u00f3n de su oficio. Apenas terminada aquella novena, me sent\u00ed libre de aquella falsa verg\u00fcenza. Confes\u00e9 mi pecado no solo sin repugnancia, sino de buena gana, y terminaron mis penas. Convencido por esta experiencia del poder y la bondad de San Jos\u00e9, llevo desde entonces su imagen sobre m\u00ed con la intenci\u00f3n de no separarme m\u00e1s de ella; desde ese momento he vencido con facilidad todas las tentaciones, y he recibido tantas gracias que nunca podr\u00e9 agradecer lo suficiente a mi gran protector.\u00bb<\/p>\n<p><strong><em>Pr\u00e1ctica<br \/>\n<\/em><\/strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Rezar a San Jos\u00e9 por la conversi\u00f3n de los pecadores.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Recitar los siete dolores y las siete alegr\u00edas.<\/p>\n<p><a name=\"_Toc220494136\"><\/a><strong>S\u00e9ptimo domingo. San Jos\u00e9 patr\u00f3n de la buena muerte<\/strong><strong><br \/>\n<\/strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Un alma cristiana desea no solo un protector que pueda sostenerla en sus \u00faltimos combates con el infierno, sino que desea m\u00e1s un amigo piadoso que sepa consolarla, fortificarla y endulzarle las tristezas de la agon\u00eda. \u00bfQui\u00e9n mejor que San Jos\u00e9 puede desempe\u00f1ar un oficio tan dulce e importante, habiendo \u00e9l mismo recibido en su lecho de muerte los m\u00e1s poderosos socorros y las m\u00e1s tiernas muestras de afecto de Jes\u00fas y Mar\u00eda? Ellos lo serv\u00edan con sus propias manos y lo confortaban con una caridad digna del Hombre-Dios y de su sant\u00edsima Madre; supl\u00edan los socorros que su indigencia no les permit\u00eda darle con cuidados redoblados, con muestras de ternura que arrebataban a los \u00e1ngeles de admiraci\u00f3n. Jos\u00e9, de este modo ayudado y asistido por Jes\u00fas y Mar\u00eda, muri\u00f3 de una muerte que no se debe llamar muerte. Fue entre sus caricias que se durmi\u00f3 en un sue\u00f1o de paz. Recibi\u00f3 dulcemente la muerte entre los brazos de la vida, sin angustias y sin el menor dolor.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Ahora el Padre putativo de Jes\u00fas, el casto esposo de la Madre de la divina gracia, reina en el cielo con una gloria ciertamente inferior a la de Mar\u00eda, pero decorado con prerrogativas que lo ponen por encima de todos los bienaventurados; es de all\u00ed que derrama sobre sus fieles siervos, presa de los horrores de la agon\u00eda, gracias abundantes, que \u00e9l obtiene de los m\u00e9ritos de Aquel que fue su Hijo sobre la tierra y que se complace en glorificarlo en el cielo. Jesucristo, para recompensar a San Jos\u00e9 por haberle salvado la vida liber\u00e1ndolo del furor de Herodes, le dio el poder especial de sustraer a las insidias del demonio a los agonizantes que se han puesto bajo su poderosa protecci\u00f3n. Padre de nuestro juez, \u00bfpodr\u00eda acaso carecer de autoridad para aplacarlo y reconducirlo a la clemencia? Vencedor de los esp\u00edritus infernales, \u00bfno podr\u00e1 \u00e9l alejarlos y dispersarlos con su presencia? Favorecido \u00e9l con la muerte m\u00e1s santa y m\u00e1s afortunada que se pueda dar, \u00bfno vendr\u00e1 con su divina esposa a ayudar a morir bien a los cristianos fieles que invocan su nombre? El Hijo de Dios, dice el venerable Bernardino de Bustis, teniendo las llaves del para\u00edso, dio una a Mar\u00eda y la otra a San Jos\u00e9, para que puedan introducir en el cielo a todos sus hijos. No hay m\u00e1s que recordar a nuestro Se\u00f1or los servicios que San Jos\u00e9 le prest\u00f3, dice la venerable In\u00e9s de Jes\u00fas, para obtener todo lo que se quiere de la bondad divina. Varios santos, a\u00f1ade el Doctor Ang\u00e9lico, han recibido de Dios el poder de asistirnos en ciertas necesidades particulares; pero el cr\u00e9dito del augusto Esposo de Mar\u00eda no tiene l\u00edmite, se extiende a todas nuestras necesidades, y todos los que con confianza recurren a \u00e9l est\u00e1n seguros de ser escuchados. Dirij\u00e1monos, pues, a este bendito Patriarca para obtener, por su intercesi\u00f3n, la gracia de una buena muerte, esa gracia tan preciosa, la corona de las misericordias de Dios, la prueba m\u00e1s grande de su amor y prenda de habernos elegido. Y puesto que no conocemos nuestro \u00faltimo d\u00eda, no dejemos pasar ninguno sin rendirle alg\u00fan devoto homenaje, a fin de merecer la gracia de perseverar como \u00e9l, hasta el \u00faltimo aliento de nuestra vida, en la justicia y en la caridad.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00abNunca habr\u00eda cre\u00eddo que la muerte fuera tan dulce\u00bb, dec\u00eda en su \u00faltima hora el docto y piadoso Su\u00e1rez, quien escribi\u00f3 p\u00e1ginas tan bellas en honor de San Jos\u00e9.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00abHe temido mucho la muerte\u00bb, dec\u00eda en su lecho de dolor un piadoso obispo de la Sociedad de Mar\u00eda, Mons. Douarre; \u00abhoy ya no la temo. Desde hace diez meses la considero en mi meditaci\u00f3n, y desde hace veinticinco a\u00f1os ruego a San Jos\u00e9 que me obtenga la gracia de hacer una buena muerte.\u00bb (Anales de la Propagaci\u00f3n de la Fe, n. 133).<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Vuestro nombre, oh Jos\u00e9, es para nosotros una fuente inagotable de gracias; de ahora en adelante, de nuestro coraz\u00f3n pasar\u00e1 m\u00e1s a menudo a nuestros labios, que lo pronunciar\u00e1n con un amor totalmente filial. En nuestras pruebas lo invocaremos como \u00e1ngel consolador; en nuestros padecimientos como alivio saludable, que calmar\u00e1 nuestros dolores; en nuestros combates como potente baluarte que nos defender\u00e1 de los dardos de nuestros enemigos. Y cuando llegue para nosotros ese momento supremo en que el alma pasar\u00e1 de esta morada de barro a las moradas eternas, si en esa hora nuestra lengua a\u00fan tiene fuerza para pronunciar vuestro nombre, pueda, oh Jos\u00e9, con vuestro nombre en los labios y con los de Jes\u00fas y Mar\u00eda exhalar el \u00faltimo suspiro.<\/p>\n<p><strong><em>Ejemplo<br \/>\n<\/em><\/strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La venerable hermana Prudenziali Zagnoni, c\u00e9lebre en la orden de San Francisco por la eminencia de sus virtudes, habiendo tenido en toda su vida una gran devoci\u00f3n a San Jos\u00e9, fue recompensada a la hora de su muerte con el m\u00e1s dulce favor. El santo se le apareci\u00f3 y vino \u00e9l mismo a aliviarle los espasmos de los \u00faltimos instantes, y para colmo de consuelo ten\u00eda entre sus brazos a Aquel que forma la alegr\u00eda de los \u00e1ngeles, la belleza del para\u00edso, la vida de las almas inocentes: el ni\u00f1o Jes\u00fas. No se puede expresar la inefable felicidad de la que fue inundado el coraz\u00f3n de la santa enferma. Baste decir que las mismas religiosas que la asist\u00edan se maravillaban al verla dirigir la palabra ahora a San Jos\u00e9, ahora a su divino Hijo; agradecer a uno por haber venido a hacerle una visita, la cual para ella era como un anticipo del para\u00edso; agradecer al otro por haber venido, bajo una forma tan amable, a invitarla al banquete nupcial que \u00e9l prepar\u00f3 en el cielo para sus esposas v\u00edrgenes. Los gestos y las miradas de la enferma indicaban que San Jos\u00e9 hab\u00eda hecho algo m\u00e1s; que le hab\u00eda dado al Ni\u00f1o entre sus brazos como para recordar a aquella su devota sierva su bienaventurada muerte en Nazaret entre los brazos del Salvador\u00bb<br \/>\n(Leyenda Franciscana, 14 de febrero).<\/p>\n<p><strong><em>Pr\u00e1ctica<br \/>\n<\/em><\/strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Los devotos hijos de Mar\u00eda y de Jos\u00e9 est\u00e1n invitados a repetir cada noche, antes de dormirse, las siguientes bellas invocaciones, a las cuales est\u00e1n unidas preciosas gracias y grandes indulgencias:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00a1Jes\u00fas, Jos\u00e9, Mar\u00eda, os doy con mi coraz\u00f3n mi alma!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00a1Jes\u00fas, Jos\u00e9, Mar\u00eda, asistidme en mi \u00faltima agon\u00eda!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00a1Jes\u00fas, Jos\u00e9, Mar\u00eda, expire en paz con vosotros mi alma!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Trescientos d\u00edas de indulgencia cada vez que se recitan devotamente estas tres jaculatorias; cien d\u00edas por cada una de ellas; las indulgencias son aplicables a las almas del purgatorio.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Recitar los siete dolores y las siete alegr\u00edas.<\/p>\n<p><a name=\"_Toc220494139\"><\/a><strong>Salutaci\u00f3n de San Jos\u00e9<\/strong><strong><br \/>\n<\/strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Te saludo, Jos\u00e9, lleno de gracia; Jes\u00fas y Mar\u00eda est\u00e1n contigo; t\u00fa eres bendito entre todos los hombres, y bendito es Jes\u00fas, fruto de tu casta Esposa.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;San Jos\u00e9, padre putativo de Jes\u00fas y esposo de la Bienaventurada Virgen Mar\u00eda, ruega por nosotros pecadores ahora y en la hora de nuestra muerte. Am\u00e9n.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<em>\u00abAve, Joseph, gratia plene, Iesu et Maria tecum; benedictus tu in hominibus, et benedictus fructus Sponsae tuae, Iesus.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00abSancte Ioseph, pater nutriti Iesu et Beatae Virginis Mariae sponse, ora pro nobis peccatoribus, nunc et in hora mortis nostrae. Amen.\u00bb<\/p>\n<p><\/em><br \/>\n<a name=\"_Toc220494140\"><\/a><strong>Meditaci\u00f3n para la Fiesta de San Jos\u00e9 (19 de marzo)<\/strong><strong><br \/>\n<\/strong><strong>Santa Teresa modelo de confianza en San Jos\u00e9<br \/>\n<\/strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Una de las glorias de la misi\u00f3n providencial de Santa Teresa en sus \u00faltimos tiempos ha sido propagar el culto de San Jos\u00e9 en toda la Iglesia Cat\u00f3lica. \u00abSanta Teresa, dice el P. Patrignani, ha sido una estrella de las m\u00e1s resplandecientes, uno de los m\u00e1s bellos diamantes de la corona de San Jos\u00e9. Fue suscitada por Dios para propagar la devoci\u00f3n del casto esposo de Mar\u00eda en el mundo entero.\u00bb<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Con aquella p\u00e1gina celestial en la que su pluma ser\u00e1fica hizo el elogio de San Jos\u00e9 y demostr\u00f3 su poder ante Dios, ella reanim\u00f3 la confianza de los cristianos en el bendito Patriarca que nunca es invocado en vano.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Dejemos que ella misma hable.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00abTom\u00e9 por abogado y por protector al glorioso San Jos\u00e9, y me encomend\u00e9 a \u00e9l con el mayor fervor. Su socorro se manifest\u00f3 visiblemente. Este tierno padre de mi alma, este amad\u00edsimo protector, se apresur\u00f3 a sacarme del estado en que languidec\u00eda mi cuerpo; como me libr\u00f3 de peligros mayores y de otro tipo, que amenazaban mi honor y mi eterna salud. Para colmo de ventura, \u00e9l siempre me escuch\u00f3 m\u00e1s all\u00e1 de mis oraciones y de mis esperanzas. No recuerdo haber pedido hasta ahora una gracia que no me haya obtenido. \u00a1Qu\u00e9 espect\u00e1culo presentar\u00eda a vuestros ojos si me fuera dado referir las gracias insignes con que Dios me colm\u00f3, y los peligros, tanto del alma como del cuerpo, de los que fui librada por mediaci\u00f3n de este gran santo! El Alt\u00edsimo concede a los otros santos solamente la gracia de socorrernos en tal o cual necesidad; pero el glorioso San Jos\u00e9, lo s\u00e9 por experiencia, extiende su poder sobre todas nuestras necesidades. Nuestro Se\u00f1or quiere con ello hacernos entender que del mismo modo que le estuvo sometido sobre esta tierra de exilio, reconociendo en \u00e9l la autoridad de padre putativo y de gobernador, se complace todav\u00eda en el cielo en hacer su voluntad al escuchar todas sus peticiones. Muchas personas a quienes yo hab\u00eda aconsejado encomendarse a este incomparable protector lo han experimentado igualmente; de ah\u00ed que el n\u00famero de almas que lo honran va creciendo, y el feliz \u00e9xito de su mediaci\u00f3n confirma cada d\u00eda m\u00e1s la verdad de mis palabras. Dediqu\u00e9 para el d\u00eda de su fiesta todo el celo de que era capaz, m\u00e1s por vanidad que por devoci\u00f3n; quer\u00eda que esta fiesta se celebrara con la pompa m\u00e1s solemne y con la m\u00e1s elegante exquisitez. En esto mi intenci\u00f3n era recta, es verdad, pero he aqu\u00ed el lado desagradable: al m\u00ednimo bien obrado con la ayuda de la divina gracia, yo comet\u00eda una infinidad de imperfecciones y de defectos; mientras que para el mal, para la exquisitez y la vanidad, ten\u00eda en m\u00ed una astucia y una actividad admirable. \u00a1Quiera el Se\u00f1or perdon\u00e1rmelo!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Conociendo hoy por larga experiencia el maravilloso poder de San Jos\u00e9 ante Dios, quisiera persuadir a todos de honrarlo con un culto particular. Hasta ahora siempre he visto a las personas que tienen por \u00e9l una devoci\u00f3n verdadera y sostenida por las obras progresar en la virtud; porque este protector celestial favorece de manera maravillosa el avance espiritual de las almas que a \u00e9l se encomiendan. Desde hace muchos a\u00f1os, en el d\u00eda de su fiesta, le pido un favor particular, y nunca me lo ha negado. Si por alguna imperfecci\u00f3n mi petici\u00f3n se alejaba del fin de la gloria divina, \u00e9l la enderezaba de tal modo que me redundaba en un bien mayor.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Si tuviera autoridad para escribir, \u00a1qu\u00e9 puro placer sentir\u00eda al contar minuciosamente las gracias de las que tantas personas son, al igual que yo, deudoras de este gran Santo; ciertamente lo har\u00eda. Pero me basta con conjurar por el amor de Dios a aquellos que no me dan cr\u00e9dito a que lo prueben; y ver\u00e1n cu\u00e1n ventajoso es encomendarse a este gran Patriarca y honrarlo de manera especial. Las personas que practican la oraci\u00f3n mental deber\u00edan amarlo siempre con filial ternura. Por mi parte, no s\u00e9 c\u00f3mo se puede contemplar a la Reina de los \u00e1ngeles prodigar sus cuidados maternales al Ni\u00f1o Jes\u00fas sin dar gracias al mismo tiempo a su casto Esposo por la perfecta solicitud con que socorr\u00eda a la Madre y al Hijo. Aquellos que no encuentran quien les ense\u00f1e a orar, tomen por maestro a este admirable santo, y bajo su direcci\u00f3n no teman extraviarse. \u00a1Quiera Dios que no me haya extraviado yo misma al atreverme a hablar de \u00e9l!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;A ejemplo de santa Teresa, a pesar de todas vuestras miserias e imperfecciones, dir\u00edjanse con confianza a san Jos\u00e9, oh almas piadosas; pidan por su potente mediaci\u00f3n las gracias que necesiten: gracia de conversi\u00f3n, gracia de renovaci\u00f3n espiritual, gracia de una buena muerte. Cuando los pueblos, apremiados por el hambre, se dirig\u00edan al rey de Egipto para obtener trigo, aquel pr\u00edncipe los enviaba a Jos\u00e9, a quien \u00e9l hab\u00eda establecido dispensador de todas las riquezas de su reino. Es tambi\u00e9n a Jos\u00e9, su primer ministro, a quien el Salvador nos env\u00eda para obtener m\u00e1s seguramente, por su intercesi\u00f3n, las gracias que nos son necesarias: <em>Ite ad Joseph<\/em>; recurramos a \u00e9l con la firme confianza de obtener cuanto pidamos. \u00c9l es el favorito del Rey del cielo, a quien debemos agradar si queremos ser bien acogidos por la divina majestad; \u00e9l es el padre que debemos hacernos favorable para poder obtener alg\u00fan favor del Hijo; \u00e9l es el intendente de su casa, que debe presentar nuestras s\u00faplicas para hacerlas agradables al due\u00f1o; \u00e9l es el mejor y el m\u00e1s caritativo abogado que podemos emplear ante su esposa, para patrocinar nuestra causa ante Jesucristo, reconciliarnos con \u00e9l y ponernos en sus buenas gracias hasta nuestro \u00faltimo aliento.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Id, pues, a Jos\u00e9, para que interceda por vosotros. Todos los cristianos encuentran en la vida de este gran Patriarca grandes motivos de confianza. Los nobles y los ricos deben considerar, al orarle, que san Jos\u00e9 es el bisnieto de los patriarcas y de los reyes; los pobres consideren que \u00e9l vivi\u00f3 como ellos en la pobreza; los artesanos que \u00e9l trabaj\u00f3 continuamente como un simple artesano; las personas v\u00edrgenes que \u00e9l conserv\u00f3 durante toda su vida la m\u00e1s perfecta virginidad, y fue elegido por Dios para ser el custodio y el protector de la Reina de las v\u00edrgenes; las personas casadas que \u00e9l fue el jefe de la m\u00e1s augusta familia que pueda jam\u00e1s existir; los ni\u00f1os que \u00e9l fue el padre putativo de Jes\u00fas, el conservador y el gobernador de su infancia; los sacerdotes que \u00e9l tuvo a menudo la suma ventura de llevar a Jes\u00fas entre los brazos, que incluso ofreci\u00f3 al Padre eterno las primicias de la sangre del Salvador en el d\u00eda de la circuncisi\u00f3n; las personas religiosas que \u00e9l santific\u00f3 su soledad de Nazaret con la pr\u00e1ctica de las m\u00e1s perfectas virtudes y con piadosos razonamientos con Jes\u00fas y Mar\u00eda.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Desde el que se sienta en el trono hasta el que, para vivir, debe mendigar el pan, todos encuentran en su cr\u00e9dito motivos para esperar, en sus grandezas poderosos motivos para honrarlo y en sus virtudes cosas que imitar.<\/p>\n<p><strong><em>Ejemplo<br \/>\n<\/em><\/strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;San Jos\u00e9 es tan grande que a veces escucha incluso a aquellos que le rezan maquinalmente, sin intenci\u00f3n formal de obtener alguna gracia. Hace pocos a\u00f1os, un pobre jovencito de la ciudad de Tur\u00edn, que no ten\u00eda ning\u00fan principio de religi\u00f3n, habiendo comprado un c\u00e9ntimo de tabaco, quiso leer el trozo de papel en el que se lo hab\u00edan dado; hab\u00eda una oraci\u00f3n a San Jos\u00e9 para obtener una buena muerte. El buen joven apenas comprend\u00eda el sentido, y sin embargo estaba tan conmovido que no pod\u00eda separarse de \u00e9l; por lo que sus compa\u00f1eros, impulsados por la curiosidad, quer\u00edan ver ese trozo de papel, pero \u00e9l se lo escondi\u00f3 y se puso a divertirse con ellos. Sin embargo, estaba impaciente por releer esa oraci\u00f3n, tanta era la inefable dulzura que hab\u00eda experimentado al leerla la primera vez. Habi\u00e9ndola rele\u00eddo varias veces, la sab\u00eda de memoria y la recitaba sin pensarlo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;San Jos\u00e9 no fue insensible a ese homenaje involuntario; toc\u00f3 el coraz\u00f3n de aquel pobre joven, el cual, habi\u00e9ndose presentado a un sacerdote que recoge e instruye a los j\u00f3venes abandonados, fue por este reducido a Dios. El buen joven correspondi\u00f3 a la gracia. Tuvo tiempo de instruirse en la religi\u00f3n que hasta entonces hab\u00eda descuidado; pudo hacer bien su confesi\u00f3n y comuni\u00f3n, pero poco despu\u00e9s cay\u00f3 en una enfermedad por la que muri\u00f3 consolado, alabando e invocando el nombre de San Jos\u00e9.<\/p>\n<p><strong><em>Pr\u00e1ctica<br \/>\n<\/em><\/strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;No terminar el d\u00eda sin pedir a Dios, por la intercesi\u00f3n de San Jos\u00e9, la gracia que m\u00e1s se necesita.<\/p>\n<p><a name=\"_Toc220494143\"><\/a><strong>Meditaci\u00f3n para la fiesta del Patrocinio de San Jos\u00e9<\/strong><strong><br \/>\n<\/strong><strong>(Tercer domingo despu\u00e9s de Pascua)<br \/>\n<\/strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;San Jos\u00e9 tuvo parte en la obra m\u00e1s importante que jam\u00e1s se haya hecho. Gobern\u00f3 la Sagrada Familia con tanta prudencia como fidelidad. Fue el custodio de aquel que gobierna todos los seres creados; el \u00e1ngel del gran consejo le rindi\u00f3 los oficios que nos rinden a nosotros nuestros \u00e1ngeles custodios; \u00e9l es el custodio del Salvador del mundo, habi\u00e9ndolo salvado de mil peligros; el due\u00f1o del Se\u00f1or; el superior del Rey y de la Reina del cielo; su tutor, su nutricio, su gu\u00eda, su amigo, su defensor. Tuvo esta ventaja, como observan los santos doctores, que sus cuidados, su obra y sus solicitudes ten\u00edan por objeto inmediato la adorable persona del Salvador. Aquellos que nutren a Jesucristo en los pobres, que son sus miembros sufrientes, merecen una gran recompensa, y el Esp\u00edritu Santo les promete abundancia en los bienes temporales y eternos; pero nada es comparable a la gloria y a la ventura de San Jos\u00e9 que realmente nutri\u00f3 al Hijo de Dios mismo, y a quien el Se\u00f1or pudo verdaderamente decir, m\u00e1s que a cualquier otro hombre: Tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; era hu\u00e9rfano y me acogisteis.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Si Dios prometi\u00f3 antiguamente dar a los hombres que recibieran un Profeta, en nombre del Profeta, la recompensa debida al Profeta mismo, \u00bfno est\u00e1 \u00e9l obligado por la misma ley a dar a Jos\u00e9, el cual ha recibido un Dios en nombre de Dios, recompensas dignas de la grandeza de Dios?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El derecho natural, la raz\u00f3n y la santidad de Jos\u00e9 \u00bfno requieren acaso que Nuestro Se\u00f1or haga sentar a este santo Patriarca sobre un trono lo m\u00e1s cercano a \u00e9l despu\u00e9s del de su augusta Madre? Todo poder ha sido dado al Hijo de Dios tanto en el cielo como en la tierra; y en el reino de la gloria \u00bfpodr\u00edan haber siervos interpuestos entre su Padre y \u00e9l? \u00bfSe puede creer que el amable Salvador haya colocado lejos de s\u00ed a un Santo que lo alberg\u00f3 durante treinta a\u00f1os en su propia casa, que lo llev\u00f3 en sus brazos tan a menudo, que lo am\u00f3 con un amor tan tierno y constante?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Mar\u00eda es la soberana de los cielos, <em>Regina coeli<\/em>; y en el imperio de esa augusta Reina \u00bfhabr\u00eda alguien por encima de su casto Esposo? Estaban demasiado unidos en la tierra para que est\u00e9n separados en la eternidad. Si, en virtud de la adopci\u00f3n divina, debemos esperar poder un d\u00eda ver a Dios sin velo y gozar de una gloria similar a la suya, \u00bfqu\u00e9 recompensa m\u00e1s magn\u00edfica a\u00fan debe estar reservada a aquel que fue elegido para ser el padre del \u00fanico Hijo de Dios?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;D\u00edganos, oh bienaventurado Jos\u00e9, d\u00edganos los honores que Jes\u00fas, su hijo adoptivo, le rinde en presencia de los \u00c1ngeles y de los Bienaventurados, haci\u00e9ndole sentar en el cielo sobre el trono de gloria que \u00e9l mismo form\u00f3 para usted. \u00a1Qu\u00e9 inefable consolaci\u00f3n llen\u00f3 su coraz\u00f3n cuando oy\u00f3 salir de su divina boca estas maravillosas palabras:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00abVenid, padre m\u00edo, venid a triunfar en el reino que os fue preparado desde los principios del mundo; venid a gozar de la felicidad que merecisteis con los largos y laboriosos servicios que me hab\u00e9is prestado, no solamente en la persona de los m\u00e1s peque\u00f1os entre mis hermanos, sino a m\u00ed mismo. Me hab\u00e9is albergado en vuestra casa, cuando, habiendo dejado el cielo, yo viv\u00eda como extranjero y como hu\u00e9rfano entre los hombres; y yo ahora, despu\u00e9s de haberos liberado de vuestro exilio, quiero daros una morada permanente, un puesto de honor en la patria celestial; vestisteis mi cuerpo expuesto al rigor de las estaciones con pa\u00f1os y vestidos, y yo os revestir\u00e9 de los ornamentos m\u00e1s bellos de mi gloria; me nutristeis con el fruto de vuestros sudores cuando tuve hambre, y yo os saciar\u00e9 de las delicias eternas que mis elegidos saborean largamente en el banquete del Cordero inmaculado: me hab\u00e9is dado de beber cuando yo estaba sediento, y yo os saciar\u00e9 en eterno en los torrentes de los goces divinos; vosotros hab\u00e9is soportado a menudo el peso de las fatigas y de los trabajos para proveer a mi sustento, y yo os har\u00e9 gozar de ahora en adelante de un reposo infinito en la duraci\u00f3n e inefable en la dulzura; venid pues, venid, mi amado, venid a tomar posesi\u00f3n de todos estos bienes.\u00bb<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Despu\u00e9s de esta invitaci\u00f3n llena de amor, \u00bfno es veros\u00edmil que Jes\u00fas, dirigi\u00e9ndose a su Padre celestial y present\u00e1ndole a San Jos\u00e9, le dijera \u2014pero con mayor ternura de lo que hizo el joven Tob\u00edas hablando de su gu\u00eda, el arc\u00e1ngel Rafael, a quien a\u00fan no conoc\u00eda\u2014: Padre m\u00edo, \u00bfqu\u00e9 recompensa daremos a este hombre que pueda igualar los buenos oficios que he recibido de \u00e9l? \u00c9l ha sido el custodio y el protector de la virginidad de mi Madre; \u00e9l me hizo una cuna el d\u00eda de mi nacimiento; me condujo a Egipto para librarme del furor deicida de Herodes; me cri\u00f3 con el mayor cuidado, me am\u00f3 y me colm\u00f3 de toda clase de bienes; <em>Bonis omnibus per eum repleti sumus.<\/em> \u00bfQu\u00e9 le daremos?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Gran Dios, que particip\u00e1is en las obligaciones que el Verbo encarnado cree tener hacia San Jos\u00e9; bondad soberana que nunca os dej\u00e1is vencer en generosidad por vuestras criaturas; Dios del cielo, que hab\u00e9is prometido vuestra gloria a aquellos que dan en vuestro nombre un vaso de agua al pobre mendigo, \u00bfqu\u00e9 testimonio de gratitud no rendir\u00e9is al gran Patriarca? Padre de toda bondad, \u00bfno recompensar\u00e9is la fidelidad y la prudencia de ese bienaventurado siervo, d\u00e1ndole la mitad de vuestros bienes y la libertad de disponer de ellos en beneficio de aquellos que lo honran y lo invocan? Y vos, oh Jes\u00fas, Hijo \u00fanico de Dios, idea perfect\u00edsima de la perfecta gratitud, \u00bfqu\u00e9 le rendir\u00e9is a aquel de quien hab\u00e9is recibido tanto honor y tantos bienes? Fiel a vuestra promesa: <em>Dad y se os dar\u00e1<\/em>; <em>se derramar\u00e1 en vuestro seno una medida colmada, apretada y rebosante<\/em>, le rendir\u00e9is un palacio en el cielo por una casa sobre la tierra, el seno de un Dios por el seno de un hombre, la gloria eterna por honores temporales, vuestro coraz\u00f3n por el suyo, en fin, amor por amor.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Haced, oh bienaventurado Jos\u00e9, que podamos tener parte en todos esos bienes que coronan vuestros m\u00e9ritos y en las sobreabundantes alegr\u00edas que llenan vuestro coraz\u00f3n, despu\u00e9s de que hayamos contribuido con todas nuestras fuerzas a la gloria que Dios os destin\u00f3 y que estamos obligados a rendiros.<\/p>\n<p><strong><em>Ejemplo<br \/>\n<\/em><\/strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El siguiente hecho nos fue narrado por el director de un colegio de los PP. Maristas: \u00abNo hace mucho tiempo, un buen joven, lleno de gran voluntad pero desprovisto de talento para el estudio, se me present\u00f3 para que le ense\u00f1ara un medio para estudiar con provecho. La fe era muy viva en aquel joven coraz\u00f3n. \u2014Yo, me dijo, me resignar\u00eda muy bien a ocupar siempre el \u00faltimo puesto, pero sufro mucho a causa de mis parientes, quienes se disgustan y no pueden creer que yo estudie; pero Dios es mi testigo de que hago cuanto depende de m\u00ed. \u2014Hijo m\u00edo, le respond\u00ed, \u00bfconoc\u00e9is la devoci\u00f3n a San Jos\u00e9? \u2014Todav\u00eda no, Padre m\u00edo. \u2014\u00bfQuer\u00e9is que os hable de ella? \u2014Me hac\u00e9is un favor. \u2014Y le cont\u00e9 algunos rasgos del poder y de la bondad de San Jos\u00e9, de los que yo mismo hab\u00eda sido testigo. He aqu\u00ed el coraz\u00f3n del piadoso alumno abierto a la confianza. Empezamos juntos una novena a San Jos\u00e9 para obtener esos \u00e9xitos tan leg\u00edtimamente deseados. A\u00fan no hab\u00eda terminado la novena cuando, debiendo el joven hacer una versi\u00f3n del lat\u00edn (era la parte en la que era m\u00e1s d\u00e9bil), la hizo tan perfectamente que ni un solo error tuvo en su trabajo. Vino entonces enseguida a buscarme para decirme: Padre, San Jos\u00e9 ya nos ha escuchado; hice muy bien mi traducci\u00f3n, estoy seguro de ser el primero o el segundo; y no se equivocaba. Al d\u00eda siguiente, con gran asombro de todos, fue proclamado el segundo de su clase, y no transcurri\u00f3 un mes que fue el primero. Al final del a\u00f1o un primer premio y una hermosa corona alegraron al piadoso alumno y a sus buenos parientes; y durante cuatro a\u00f1os consecutivos se ha visto renovado el mismo prodigio de protecci\u00f3n por parte de San Jos\u00e9 en favor de su fiel siervo. \u00abSoy feliz, oh Padre, \u2014me dec\u00eda aquel joven agradecido\u2014, soy feliz de amar de tal modo a San Jos\u00e9; estoy seguro de que un d\u00eda le deber\u00e9 tambi\u00e9n mi perseverancia y mi salvaci\u00f3n.\u00bb No se equivoc\u00f3 en sus esperanzas; \u00e9l fue la m\u00e1s dulce consolaci\u00f3n de su familia, despu\u00e9s de haber sido la edificaci\u00f3n de sus maestros.\u00bb (Este hecho ha sido manifestado por todos los profesores y por los numerosos alumnos de aquel colegio.)<\/p>\n<p><strong><em>Pr\u00e1ctica<br \/>\n<\/em><\/strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Renovar hoy la consagraci\u00f3n de s\u00ed a San Jos\u00e9.<\/p>\n<p><em>Del P. Huguet, traducci\u00f3n de Giuseppina Pellico<br \/>\nSegunda edici\u00f3n<br \/>\nTur\u00edn, Tip. del Orat. de S. Franc. de Sales, 1867<br \/>\nCon aprobaci\u00f3n Eclesi\u00e1stica.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Los dolores y las alegr\u00edas de San Jos\u00e9 La devoci\u00f3n de Don Bosco a San&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":18,"featured_media":49404,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"iawp_total_views":44,"footnotes":""},"categories":[175],"tags":[2558,2601,1822,2633,2190,1690,1972],"class_list":["post-49412","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-buena-prensa","tag-dios","tag-fe","tag-gracia","tag-iglesia","tag-jesus","tag-maria","tag-santos"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/49412","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/18"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=49412"}],"version-history":[{"count":4,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/49412\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":52168,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/49412\/revisions\/52168"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/49404"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=49412"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=49412"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=49412"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}