{"id":49352,"date":"2026-02-28T10:22:05","date_gmt":"2026-02-28T10:22:05","guid":{"rendered":"https:\/\/www.donbosco.press\/?p=49352"},"modified":"2026-03-31T11:45:56","modified_gmt":"2026-03-31T11:45:56","slug":"educar-en-la-misericordia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/comunicaciones-del-rector-mayor\/educar-en-la-misericordia\/","title":{"rendered":"Educar en la misericordia"},"content":{"rendered":"<p><em><i>La par\u00e1bola del fariseo y el publicano (Lc 18, 9-14) no es para nosotros, educadores y evangelizadores, un simple relato moral sobre la soberbia y la humildad, sino una revelaci\u00f3n profunda sobre c\u00f3mo Dios nos encuentra y c\u00f3mo estamos llamados a transmitir esta experiencia transformadora.<br \/>\n<\/i><\/em><\/p>\n<p><strong><b>La fe como llamada a una relaci\u00f3n de misericordia<br \/>\n<\/b><\/strong>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Cuando el fariseo sube al templo, lleva consigo una imagen de Dios construida a su propia medida: un Dios que registra m\u00e9ritos y dem\u00e9ritos, que premia a los justos y condena a los pecadores. Su oraci\u00f3n es una comparaci\u00f3n con los dem\u00e1s: <em><i>\u00abTe doy gracias porque no soy como los dem\u00e1s hombres\u00bb.<\/i><\/em> Falta una relaci\u00f3n aut\u00e9ntica. Solo hay autocomplacencia.<br \/>\nEl publicano, por el contrario, entra en el templo consciente de su propia indignidad. Su <em><i>\u00ab\u00a1Oh Dios, ten compasi\u00f3n de este pecador!\u00bb<\/i><\/em> no es desesperaci\u00f3n, sino la apertura valiente a una relaci\u00f3n posible precisamente porque se funda en la misericordia. \u00c9l intuye lo que el fariseo ha perdido: Dios no es un juez, sino un Padre que espera el regreso de sus hijos lejanos.<br \/>\nPara nosotros, educadores, esta distinci\u00f3n es fundamental. \u00bfCu\u00e1ntas veces, sin darnos cuenta, transmitimos una imagen de Dios m\u00e1s parecida a la del fariseo? \u00bfUn Dios que observa, eval\u00faa, premia o castiga seg\u00fan nuestro rendimiento espiritual? La educaci\u00f3n en la fe favorece el encuentro con la misericordia, una experiencia en la que descubrimos que somos amados porque somos hijos amados, incluso en nuestra fragilidad.<br \/>\nEvangelizar significa introducir a las personas en esta relaci\u00f3n misericordiosa, porque Dios no espera nuestra perfecci\u00f3n para amarnos, sino que es precisamente en nuestra pobreza donde manifiesta la riqueza de su amor. Esta es la buena noticia que debemos anunciar: una relaci\u00f3n que transforma desde dentro.<\/p>\n<p><strong><b>Una relaci\u00f3n que parte de la humildad del coraz\u00f3n<br \/>\n<\/b><\/strong>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 La humildad del publicano es la condici\u00f3n que hace posible el encuentro con Dios. Manteni\u00e9ndose \u00aba distancia\u00bb y \u00absin atreverse siquiera a levantar los ojos al cielo\u00bb, reconoce la desproporci\u00f3n infinita entre la santidad de Dios y su propia miseria, pero tambi\u00e9n la confianza en que precisamente este Dios santo se inclina hacia quien se reconoce necesitado.<br \/>\nEn cambio, la oraci\u00f3n del fariseo est\u00e1 llena de \u00abyo\u00bb: <em><i>\u00abYo ayuno\u00bb, \u00abYo doy el diezmo\u00bb<\/i><\/em>. Ha construido su identidad religiosa sobre la autoafirmaci\u00f3n, la comparaci\u00f3n con los dem\u00e1s, la demostraci\u00f3n de sus propias obras. Se siente ya lleno, ya llegado, ya justo.<br \/>\nEn el campo educativo y evangelizador, la humildad del coraz\u00f3n es la capacidad de reconocerse constantemente necesitado de salvaci\u00f3n, de no dar nunca por sentada la propia relaci\u00f3n con Dios, de mantenerse abierto al don de su gracia. Es la actitud de quien sabe que la vida cristiana no es una posesi\u00f3n adquirida de una vez por todas, sino un camino diario en el que uno se deja moldear por la misericordia divina.<br \/>\nComo educadores, estamos llamados a testimoniar en primer lugar esta humildad, reconociendo nuestros l\u00edmites, nuestras fragilidades, nuestra continua necesidad de conversi\u00f3n. Solo as\u00ed nos volvemos cre\u00edbles y creamos espacios en los que tambi\u00e9n los dem\u00e1s puedan quitarse las m\u00e1scaras y presentarse a Dios tal como son.<\/p>\n<p><strong><b>Ser pecadores amados y perdonados<br \/>\n<\/b><\/strong>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 La conclusi\u00f3n de la par\u00e1bola es sobrecogedora: <em><i>\u00abEste, a diferencia del otro, baj\u00f3 a su casa justificado\u00bb<\/i><\/em>. El publicano, que no ten\u00eda nada que presentar salvo su propia miseria, lo recibe todo. El fariseo, que ten\u00eda tanto que exhibir, permanece en su est\u00e9ril ilusi\u00f3n.<br \/>\nDios no justifica a quien se cree justo, sino a quien se reconoce pecador. No llena a quien est\u00e1 lleno, sino a quien est\u00e1 vac\u00edo. No encuentra a quien no siente la necesidad, sino a quien implora sanaci\u00f3n. Es la paradoja evang\u00e9lica: somos salvados porque, a pesar de ser pecadores, m\u00e1s grande es la misericordia de Dios.<br \/>\nEn la educaci\u00f3n religiosa contempor\u00e1nea, la par\u00e1bola nos indica que cuando reconocemos el pecado, nos abrimos a la gracia que transforma. El pecado no nos aplasta.<br \/>\nSer pecadores amados y perdonados no es un estatus de inferioridad, sino la condici\u00f3n propia del cristiano. Es la identidad que nos permite vivir en libertad, sin fingir ser perfectos, sin ocultar nuestras ca\u00eddas, sin construir fachadas de respetabilidad. Es la conciencia de que el fundamento de nuestra vida no reside en lo que hemos hecho, sino en lo que Dios ha hecho y sigue haciendo por nosotros.<\/p>\n<p><strong><b>Testigos de la misericordia de Dios vivida personalmente<br \/>\n<\/b><\/strong>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 El publicano que vuelve a casa justificado se convierte inevitablemente en un testigo. No puede callar la experiencia de haber sido acogido, perdonado, levantado. Su vida hablar\u00e1 de esa misericordia que lo ha transformado.<br \/>\nY es aqu\u00ed donde se juega la verdadera evangelizaci\u00f3n. No anunciamos teor\u00edas abstractas sobre la misericordia de Dios, sino que testimoniamos una experiencia personal. Hablamos de un perd\u00f3n que hemos recibido, de un amor que nos ha buscado y encontrado, de una relaci\u00f3n que ha dado sentido a nuestra existencia.<br \/>\nPara quien trabaja en el campo de la educaci\u00f3n y la evangelizaci\u00f3n, esto significa ante todo cultivar la propia vida espiritual como experiencia viva de esta misericordia. Antes de ser maestros, debemos ser disc\u00edpulos; antes de ense\u00f1ar, debemos aprender; antes de dar, debemos recibir. La credibilidad de nuestro anuncio se mide por la verdad de nuestra experiencia.<br \/>\nAdem\u00e1s, significa crear contextos educativos en los que las personas puedan tener esta misma experiencia. No ambientes de juicio, sino de acogida; no lugares donde se deban demostrar m\u00e9ritos, sino espacios donde uno pueda reconocerse fr\u00e1gil; no estructuras donde se adquieran competencias religiosas, sino comunidades donde se experimente la ternura de Dios.<br \/>\nLa par\u00e1bola del fariseo y el publicano nos recuerda que la educaci\u00f3n en la fe es esencialmente una introducci\u00f3n a una relaci\u00f3n: la que tenemos con un Dios que nos ama con amor misericordioso, que nos espera siempre, que nos perdona siempre, que hace de nuestra pobreza el lugar de su encuentro con nosotros.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La par\u00e1bola del fariseo y el publicano (Lc 18, 9-14) no es para nosotros, educadores&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":20,"featured_media":49344,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"iawp_total_views":54,"footnotes":""},"categories":[184],"tags":[2566,2198,2612,1936],"class_list":["post-49352","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-comunicaciones-del-rector-mayor","tag-caridad","tag-educacion","tag-nuestros-guias","tag-pobres"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/49352","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/20"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=49352"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/49352\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":49355,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/49352\/revisions\/49355"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/49344"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=49352"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=49352"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=49352"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}