{"id":49217,"date":"2026-02-26T11:22:22","date_gmt":"2026-02-26T11:22:22","guid":{"rendered":"https:\/\/www.donbosco.press\/?p=49217"},"modified":"2026-03-31T10:21:09","modified_gmt":"2026-03-31T10:21:09","slug":"educar-a-lo-divino-partiendo-de-lo-humano-con-san-francisco-de-sales","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/nuestros-santos\/educar-a-lo-divino-partiendo-de-lo-humano-con-san-francisco-de-sales\/","title":{"rendered":"Educar a lo divino partiendo de lo humano con san Francisco de Sales"},"content":{"rendered":"<p><em><i>San Francisco de Sales propone una pedagog\u00eda de la fe que parte de la experiencia humana para conducir al encuentro con lo divino. En el centro de su reflexi\u00f3n se encuentra la felicidad como aspiraci\u00f3n natural del hombre, un deseo que solo encuentra su plenitud en Dios. El santo obispo de Ginebra desarrolla una visi\u00f3n optimista de la naturaleza humana, mostrando c\u00f3mo el alma est\u00e1 creada a imagen de Dios y posee una inclinaci\u00f3n natural hacia \u00c9l. Esta \u00abconveniencia\u00bb entre lo humano y lo divino no es una carga impuesta desde arriba, sino una atracci\u00f3n rec\u00edproca que responde a las aspiraciones m\u00e1s profundas del coraz\u00f3n. Francisco de Sales traza as\u00ed un itinerario espiritual que parte de la contemplaci\u00f3n de la belleza creada y de las aspiraciones interiores para conducir al descubrimiento del Bien supremo, invitando a cada persona, especialmente a los j\u00f3venes, a entregarse a Dios sin esperar.<br \/>\n<\/i><\/em><\/p>\n<p><strong><b>Una cuesti\u00f3n de felicidad<br \/>\n<\/b><\/strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00abEl hombre ha sido creado para la felicidad y la felicidad para el hombre\u00bb, afirma Francisco de Sales. Se trata de un deseo natural com\u00fan a todos: \u00abTodo hombre aspira al bien y desea que se le muestre; yo no soy de los que no lo desean, porque he descubierto en m\u00ed mismo un cierto instinto natural que me lleva y me hace tender a la felicidad\u00bb. Pero los humanos a menudo se equivocan en los medios: algunos la buscan en las riquezas, otros en los placeres, y otros en los honores.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En realidad, solo el \u00abbien supremo\u00bb puede satisfacer plenamente el coraz\u00f3n humano. Francisco de Sales no encontraba ninguna dificultad en identificar el bien supremo con Dios; esto le hace decir que \u00abel coraz\u00f3n humano tiende naturalmente a Dios, que es su bienaventuranza\u00bb. Hab\u00eda aprendido de sus maestros de filosof\u00eda que la \u00abfelicidad pr\u00e1ctica\u00bb, identificada en particular con la posesi\u00f3n de la sabidur\u00eda, la honestidad, la bondad y el placer, no era todav\u00eda la verdadera felicidad del hombre; para alcanzarla es necesario superar la dimensi\u00f3n del hacer y del tener y tender a la del ser y la esencia, porque el objeto de la \u00abfelicidad esencial\u00bb del sujeto humano no puede ser otro que \u00abDios, y solo \u00c9l\u00bb.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;San Francisco de Sales tiene plena confianza en la inteligencia y en la voluntad, \u00abfacultades universales que abarcan todo lo que es verdadero y bueno; ahora bien, Dios es el objeto m\u00e1s universal que puede haber, ya que es la plenitud de la bondad y de la verdad; Dios, por tanto, es el objeto de estas facultades, y solo \u00e9l es capaz de satisfacerlas completamente\u00bb.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En este punto le viene a la mente la c\u00e9lebre frase de san Agust\u00edn: \u00ab\u00a1Dios m\u00edo! mi coraz\u00f3n ha sido creado para ti y no tendr\u00e1 reposo ni tranquilidad hasta que no goce en ti\u00bb. La felicidad es la uni\u00f3n con Dios \u00aba la que tendemos de modo totalmente natural\u00bb. \u00abPor una especie de paradoja \u2013comenta Louis Lavelle\u2013 no percibimos el coraz\u00f3n de nosotros mismos, sino a trav\u00e9s de un movimiento que nos lleva m\u00e1s all\u00e1 de nosotros mismos\u00bb.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Tendemos naturalmente a esta uni\u00f3n, sin embargo, somos incapaces de alcanzarla por nosotros mismos: es objeto de un puro don de Dios, que toma la iniciativa. Destinada al hombre sin ning\u00fan m\u00e9rito por su parte, esta uni\u00f3n \u00abno parece ser verdadera felicidad sino cuando el sujeto humano la posee, porque Dios la ha creado precisamente para la felicidad del hombre, y se la ha prometido de tal manera que est\u00e1 obligado a d\u00e1rsela\u00bb. Entre la aspiraci\u00f3n innata de la persona humana y el proyecto de Dios que quiere unirse a nosotros, se establece una relaci\u00f3n que Francisco de Sales llama \u00abconveniencia\u00bb.<\/p>\n<p><strong><b>Conveniencia entre el hombre y Dios<br \/>\n<\/b><\/strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La relaci\u00f3n entre lo humano y lo divino se explica por el hecho de que entre el hombre y Dios existe lo que Francisco de Sales llama una \u00abconveniencia\u00bb, una suerte de complicidad, se podr\u00eda decir. Nada de extra\u00f1o en ello: \u00abHemos sido creados a imagen y semejanza de Dios: \u00bfqu\u00e9 significa esto, sino que tenemos una gran conveniencia con su divina majestad?\u00bb.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El autor del <em><i>Te\u00f3timo<\/i><\/em> distingue varias formas de \u00abconveniencia\u00bb, comenzando por la de semejanza. El alma humana se asemeja a Dios porque es \u00abespiritual, indivisible, inmortal; [ella] entiende, quiere libremente; es capaz de juzgar, de discurrir, de comprender y de tener virtudes\u00bb. Es m\u00e1s, el alma \u00abreside toda en todo su cuerpo y en cada una de sus partes, como la divinidad est\u00e1 toda en todos y en cada parte del mundo\u00bb.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pero la semejanza m\u00e1s maravillosa es la hecha \u00aba imagen y semejanza\u00bb de la unidad y trinidad divina. En efecto, como Dios ha dado a conocer su pensamiento a trav\u00e9s del Hijo, que procede de \u00e9l, y expresa su amor que procede de \u00e9l y de su Hijo, por obra del Esp\u00edritu Santo, as\u00ed el hombre conoce con su inteligencia y ama con su voluntad amorosa. Las tres Personas divinas son distintas pero inseparables: del mismo modo los actos de la persona humana que proceden de su inteligencia y de su voluntad son verdaderamente distintos, aunque \u00abpermanecen inseparablemente unidos en el alma y en las facultades de las que proceden\u00bb. De este modo, todo es perfectamente uno: con su intelecto y su voluntad el hombre forma una imagen de la Trinidad.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Adem\u00e1s de esta \u00abconveniencia\u00bb por semejanza, el autor se interesa sobre todo por la \u00abcorrespondencia sin par entre Dios y el hombre en vista de la rec\u00edproca perfecci\u00f3n\u00bb. Con esto quiere decir que Dios es poderosamente llevado a ejercer su bondad hacia la humanidad y que esta tiene una extrema necesidad y una radical capacidad de recibir el bien que Dios le quiere dar. \u00abEs, pues, un dulce y deseable encuentro el de la abundancia y la indigencia\u00bb. Se encuentra una reciprocidad de este tipo no solo en la relaci\u00f3n amorosa del esposo y la esposa, tal como se describe en el Cantar de los cantares, sino tambi\u00e9n en la figura de la madre que goza al ofrecer su leche al reci\u00e9n nacido, el cual se complace en recibirla:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Las madres a veces tienen los pechos tan firmes y abundantes, que no pueden resistirse a ofrecerlos a alg\u00fan ni\u00f1o; y aunque el ni\u00f1o succiona el pecho con gran avidez, es a\u00fan mayor el af\u00e1n de la nodriza en ofrec\u00e9rselo; el ni\u00f1o succiona impulsado por su propia necesidad, la madre, al amamantarlo, por su abundancia.<\/p>\n<p><strong><b>Inclinaci\u00f3n natural hacia Dios<br \/>\n<\/b><\/strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Esta \u00abconveniencia\u00bb entre Dios y el hombre es continuamente alimentada por lo que Francisco de Sales llama \u00abinclinaci\u00f3n natural\u00bb, la cual empuja al hombre hacia Dios. Ciertamente, como buen te\u00f3logo, articula de modo conveniente el deseo de lo sobrenatural y su gratuidad: por un lado, el coraz\u00f3n humano tiende a Dios movido por la inclinaci\u00f3n natural, por otro lado, la felicidad a la que aspira va mucho m\u00e1s all\u00e1 de una simple alegr\u00eda natural. Sin embargo, dedica bastante tiempo a mostrar el camino que va del deseo natural a su satisfacci\u00f3n sobrenatural. Se detiene en las capacidades naturales del hombre que lo conducen hacia el Todo, explicando que \u00absu intelecto tiene una inclinaci\u00f3n sin l\u00edmites a saber siempre m\u00e1s, y su voluntad un apetito insaciable de amar y encontrar el bien\u00bb. Ense\u00f1a que el intelecto no se contenta con verdades parciales y fragmentarias, y subraya que su movimiento espont\u00e1neo lo lleva a la b\u00fasqueda de la Verdad; que la voluntad con su capacidad de amor es atra\u00edda por el Bien supremo capaz de satisfacer su deseo. \u00bfDe d\u00f3nde viene esta inclinaci\u00f3n extraordinaria? La conclusi\u00f3n se impone por s\u00ed misma: hay \u00abalg\u00fan operador infinito\u00bb que imprime en m\u00ed \u00abeste infinito deseo de saber, y este apetito que no puede ser saciado\u00bb en este mundo y por este mundo.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Esta inclinaci\u00f3n dirigida a buscar el bien y, dig\u00e1moslo, a amar a Dios, ha permanecido en el hombre incluso despu\u00e9s del pecado original. Es verdad que a menudo no aparece en absoluto, ya que permanece \u00absecreta, oculta y casi dormida en el fondo de la naturaleza\u00bb, \u00abadormecida e inadvertida\u00bb; pero cuando se encuentra con su objeto, he aqu\u00ed que de repente se despierta y \u00abaparece como una chispa bajo la ceniza\u00bb, como el perdigoncillo, acurrucado bajo las alas de una perdiz \u00abladrona\u00bb, que corre hacia su verdadera madre a su primer llamado.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Desde el punto de vista cronol\u00f3gico y siguiendo el desarrollo natural del ni\u00f1o, esta inclinaci\u00f3n hacia Dios aparece como la \u00faltima. En efecto, el amor del ni\u00f1o se manifiesta primero hacia s\u00ed mismo, luego hacia la madre, luego hacia los dem\u00e1s, antes de dirigirse a Dios, cuando se vuelve capaz de ello. \u00abEl amor divino es el \u00faltimo nacido entre los afectos del coraz\u00f3n humano\u00bb, pero no por ello es menos importante o facultativo, porque est\u00e1 destinado por la naturaleza a prevalecer sobre todos los dem\u00e1s amores: \u00abTodo est\u00e1 sometido a este amor celestial que exige ser o rey o nada, no si\u00e9ndole posible vivir sino como rey, ni reinar sino como soberano\u00bb. Excelente humanista, Francisco de Sales no puede sino considerar la plenitud que el cristianismo confiere al hombre: \u00abVemos bien que no podemos ser verdaderos hombres si no tenemos la inclinaci\u00f3n a amar a Dios m\u00e1s que a nosotros mismos, ni verdaderos cristianos, si no ponemos en pr\u00e1ctica tal inclinaci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p><strong><b>Atracci\u00f3n rec\u00edproca<br \/>\n<\/b><\/strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El Dios de san Francisco de Sales atrae a aquel que va hacia \u00e9l:<\/p>\n<p><em><i>Ya sea que la uni\u00f3n de nuestra alma con Dios se realice imperceptiblemente, ya sea que ocurra de modo perceptible, el autor es siempre Dios, y nadie puede unirse a \u00e9l si no es \u00e9l mismo quien se mueve primero, y nadie puede ir a \u00e9l si no es atra\u00eddo por \u00e9l, como testimonia el Esposo divino diciendo: \u2018Nadie puede venir a m\u00ed si no lo atrae mi Padre; cosa que proclama tambi\u00e9n la Esposa celestial cuando dice: Atr\u00e1eme, corramos a la fragancia de tus perfumes.\u2019<br \/>\n<\/i><\/em><br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Entre Dios y el hombre existe una atracci\u00f3n mutua, tanto que el rechazo voluntario de Dios le parec\u00eda a Francisco de Sales algo impensable, incre\u00edble. Una vez probado el amor de Dios, \u00bfc\u00f3mo es posible renunciar a su dulzura? \u00abLos ni\u00f1os, aun siendo ni\u00f1os, si son alimentados con leche, mantequilla y miel, reh\u00fayen el amargor del ajenjo y de la hiel, y lloran hasta quedarse sin aliento si se les obliga a probarlos: y entonces, buen Dios, el alma, una vez unida a la bondad del Creador, \u00bfc\u00f3mo puede abandonarlo para seguir la vanidad de las criaturas?\u00bb.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El encuentro de Dios y del hombre abierto a la trascendencia no es una carga que Dios ha impuesto a los seres humanos, sino un placer para compartir:<\/p>\n<p><em><i>Si el hombre piensa con un poco de atenci\u00f3n en la divinidad, inmediatamente siente una cierta dulce emoci\u00f3n en el coraz\u00f3n, lo que prueba que Dios es el Dios del coraz\u00f3n humano. En ninguna otra circunstancia nuestro intelecto siente tanto placer como en este pensar en la divinidad, cuyo m\u00ednimo conocimiento, como dice el pr\u00edncipe de los fil\u00f3sofos, vale m\u00e1s que el mayor de todas las dem\u00e1s cosas [\u2026]. Este placer y esta confianza que el coraz\u00f3n humano encuentra naturalmente en Dios, solo pueden derivar de la conveniencia que hay entre la divina bondad y nuestra alma.<br \/>\n<\/i><\/em><br \/>\n<strong><b>Una pedagog\u00eda de la fe<br \/>\n<\/b><\/strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;A partir de las concepciones de Francisco de Sales sobre las relaciones entre lo humano y lo divino, es posible imaginar una pedagog\u00eda de la fe. Se presentan varias v\u00edas. La primera parte del espect\u00e1culo de la creaci\u00f3n para remontarse hacia el Creador; en efecto, \u00abDios ha impreso su huella, su signo, su marca en todas las cosas creadas\u00bb. El obispo de Ginebra se sent\u00eda particularmente atra\u00eddo y sensible a ello.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Para ir a Dios, estamos invitados a seguir la <em><i>via pulchritudinis<\/i><\/em>, la v\u00eda de la belleza. Un consejo dado a Filotea suena as\u00ed: \u00abAspirad, pues, a menudo a Dios, Filotea, con breves pero ardientes impulsos de vuestro coraz\u00f3n: admirad su belleza\u00bb. El inicio del <em><i>Te\u00f3timo<\/i><\/em> es un himno a la \u00abbelleza de la naturaleza humana\u00bb. En la vida cotidiana, en particular en el momento de la \u00abrecreaci\u00f3n\u00bb, el pensamiento de Francisco de Sales se eleva f\u00e1cilmente de la contemplaci\u00f3n de lo bello a la contemplaci\u00f3n de la Belleza increada. Su amigo, Camus, era el testigo maravillado de ello:<\/p>\n<p><em><i>Cuando se le hablaba de palacios, de pinturas, de m\u00fasica, de caza, de p\u00e1jaros, de plantas, de jardines, de flores, no reprobaba a quienes se ocupaban de ello, sino que deseaba que todas estas ocupaciones les sirvieran como otros tantos medios y escalas m\u00edsticas para elevarse a Dios [\u2026]. Si se le mostraba un hermoso vergel, lleno de plantas bien alineadas: \u201cNosotros somos la agricultura y el taller de Dios\u201d, exclamaba. Si se trataba de palacios construidos con justa simetr\u00eda: \u201cNosotros somos el edificio de Dios\u201d, era su reflexi\u00f3n. [\u2026] Cuando se le mostraban raras y espl\u00e9ndidas pinturas: \u201cNo hay nada tan bello \u2013dec\u00eda\u2013, como el alma hecha a semejanza de Dios\u201d.<br \/>\n<\/i><\/em><br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Otra v\u00eda m\u00e1s interior consiste en mostrar que el sujeto humano alberga en s\u00ed deseos y aspiraciones, que lo gu\u00edan casi espont\u00e1neamente por encima de s\u00ed mismo. Se trata de sondear las profundidades del coraz\u00f3n humano para descubrir all\u00ed los g\u00e9rmenes divinos que Dios ha depositado. Es sin duda por esta senda que Francisco de Sales conduce al lector del <em><i>Te\u00f3timo<\/i><\/em>, siguiendo una \u00abpedagog\u00eda de cumbres\u00bb que parte del hombre, de su naturaleza y de sus aspiraciones. En esto \u00e9l respeta la trascendencia de Dios y su iniciativa, porque es \u00e9l quien ha puesto en el ser humano esta naturaleza y estas disposiciones, y es \u00e9l quien las colma con su gracia.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Basta comparar el primer libro del <em><i>Te\u00f3timo<\/i><\/em> con el segundo, para descubrir la propuesta de su autor: en el primero, que contiene \u00abuna preparaci\u00f3n a todo el Tratado\u00bb, estamos en la tierra, donde vive el hombre como ser hecho para amar; en el segundo libro el autor nos transporta al cielo, para contarnos la \u00abhistoria de la concepci\u00f3n y del nacimiento celestial del amor divino\u00bb.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Es, por tanto, la v\u00eda ascendente e inductiva la que Francisco de Sales prefiere. Quiere, en efecto, mostrar al sujeto humano que para ser fiel a s\u00ed mismo, debe reconocer el dinamismo interno que lo habita y que lo orienta hacia Dios. En este sentido, se puede decir que el primer libro del <em><i>Te\u00f3timo<\/i><\/em> no es otra cosa que una preparaci\u00f3n filos\u00f3fica para acoger el don trascendente de la caridad. No toma la v\u00eda de la pura trascendencia, que consiste en mostrar un Dios que puede intervenir con poder desde lo alto en la vida de los seres humanos, revel\u00e1ndose y estableciendo una alianza con la plena autoridad de creador y maestro del universo. \u00abDios es el Dios del coraz\u00f3n humano\u00bb, escribe el autor del <em><i>Te\u00f3timo<\/i><\/em>.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Solo Dios es capaz de colmar el coraz\u00f3n del hombre, porque este est\u00e1 hecho para lo absoluto: \u00abTeniendo pues en cuenta que nada satisface perfectamente nuestra alma y que su aspiraci\u00f3n no puede ser agotada por ninguna cosa de este mundo, [\u2026] con raz\u00f3n exclama: \u00a1No estoy hecha, pues, para este mundo!\u00bb.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Francisco de Sales parece incapaz de hablar del hombre sin hablar de Dios, ni de hablar de Dios sin hablar del hombre.<\/p>\n<p><strong><b>La juventud y Dios<br \/>\n<\/b><\/strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Abrirme a la trascendencia y conocer a Dios como mi Bien supremo, todo esto me empuja a donarme a \u00e9l. Esto no depende de la edad. El sobrino y bi\u00f3grafo de Francisco de Sales, Charles-Auguste, cuenta que cuando era muy joven, su t\u00edo repet\u00eda a menudo a sus compa\u00f1eros de juego: \u00abAprendamos desde temprano a servir a Dios y a rezarle, mientras nos da la posibilidad\u00bb.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bfHabr\u00e1 que esperar a crecer en a\u00f1os para donarse a Dios? Tal perspectiva est\u00e1 indudablemente fuera de las miras del obispo saboyano, quien no cesa de repetir a aquellos que han elegido su direcci\u00f3n: \u00abNo dese\u00e9is no ser lo que sois, sino desead ser de la mejor manera lo que sois\u00bb. Si sois j\u00f3venes, sedlo de verdad, seg\u00fan vuestra vocaci\u00f3n y ocupaci\u00f3n. \u00abAprendamos a servir a Dios de verdadero coraz\u00f3n y desde temprano\u00bb \u2013exhortaba Francisco de Sales\u2013, que no olvidaba a este prop\u00f3sito el dicho b\u00edblico: \u00abBueno es para el hombre haber llevado el yugo desde su juventud\u00bb. Es lo que hizo el duque de Merc\u0153ur, cuya educaci\u00f3n cristiana recibida en la juventud deb\u00eda dar copiosos frutos en la edad madura:<\/p>\n<p><em><i>En este pr\u00edncipe debe ponerse de relieve la alabanza por haber nutrido tan bien sus primeras inclinaciones con la virtud, aun entre tantos encuentros y ocasiones, visto que [\u2026] ni la corte, ni la guerra, enemigos jurados de la devoci\u00f3n, aunque ayudados por los secretos halagos de la juventud, de la belleza y comodidad de este excelente pr\u00edncipe, pudieron jam\u00e1s conquistar su alma, la cual se mantuvo siempre pura e indemne en medio de tantas atracciones.<br \/>\n<\/i><\/em><br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La \u00abdevoci\u00f3n\u00bb ense\u00f1ada por Francisco de Sales es v\u00e1lida para todos, y no solo para todas las condiciones de vida y para todas las vocaciones, sino tambi\u00e9n para todas las edades, y, en particular para los j\u00f3venes: esta \u00abhace la juventud m\u00e1s sabia y m\u00e1s amable y la vejez menos insoportable y aburrida\u00bb. Es el mejor compromiso que uno puede asumir desde los \u00abalbores de su edad\u00bb, tanto m\u00e1s cuanto que no sabe cu\u00e1ntos ser\u00e1n sus a\u00f1os. \u00abHay quienes rinden homenajes a Dios de lo que no tienen\u00bb \u2013afirma el obispo de Ginebra imaginando este peque\u00f1o di\u00e1logo\u2013: \u00abHijo m\u00edo, \u00bfpor qu\u00e9 no eres devoto? \u2013 Lo ser\u00e9 en mi vejez. \u2013 \u00a1Buen Dios! \u00bfQui\u00e9n sabe si llegar\u00e1s a viejo?\u00bb. En varias ocasiones Francisco de Sales deber\u00e1 combatir este rasgo de la mentalidad corriente:<\/p>\n<p><em><i>Es del todo seguro que los viejos est\u00e1n cerca de la muerte y que los j\u00f3venes pueden morir pronto; no obstante, probad a hablar a un joven atolondrado e interrogadlo sobre su salud: \u00a1Qu\u00e9!, dir\u00e1, \u00bfno basta que yo dedique a Dios los d\u00edas de mi vejez? Es necesario, pues, donarse a tiempo, mientras se es joven.<br \/>\n<\/i><\/em><br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La juventud posee recursos a veces insospechados. Ciertamente, el viejo Abraham es admirable, cuando quiere obedecer a Dios aceptando inmolarle a su hijo, pero \u00abver a Isaac, en la primavera de sus a\u00f1os, todav\u00eda novicio y aprendiz en el arte de amar a su Dios, ofrecerse, a la sola palabra de su padre, a la espada y al fuego para ser un holocausto de obediencia a la divina bondad, es cosa superior a toda admiraci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En cuanto a las personas del \u00absexo d\u00e9bil\u00bb, no se cuentan las que han elegido el martirio en la flor de su edad, cuando eran \u00abm\u00e1s blancas que los lirios por pureza, m\u00e1s bermejas que la rosa por caridad, estas a los doce, aquellas a los trece, quince, veinte y veinticinco a\u00f1os\u00bb. A su decir, conoci\u00f3 a una ni\u00f1a que, \u00abdesde la edad de nueve a los diez a\u00f1os\u00bb, \u00abdese\u00f3 morir por la fe y por la santa Iglesia\u00bb.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Donarse a Dios cuando uno es joven es un tema particularmente frecuente en las conferencias dirigidas por el fundador de la Visitaci\u00f3n a las hermanas, especialmente con ocasi\u00f3n de las tomas de h\u00e1bito y de las profesiones de las religiosas. Como algunas candidatas eran a menudo muy j\u00f3venes, teniendo una solo \u00abquince a\u00f1os y la otra diecis\u00e9is\u00bb, la ocasi\u00f3n se prestaba para abordar el tema de la adolescencia en su relaci\u00f3n con Dios y para ense\u00f1ar que la juventud que se dona a Dios suscita una felicidad rec\u00edproca:<\/p>\n<p><em><i>Es muy cierto que la belleza de quienes se dedican a la divina majestad desde su adolescencia es muy grande, tanto m\u00e1s cuanto que Dios lo desea y se complace grandemente, mientras que deplora, por el contrario, cuando declara por boca del Profeta que desde su adolescencia ellos han abandonado su camino y han tomado la senda de la perdici\u00f3n.<br \/>\n<\/i><\/em><br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En consecuencia, \u00abla divina Bondad desea el tiempo de nuestra juventud, siendo el m\u00e1s adecuado para ponernos a su servicio\u00bb. Afirmar\u00e1 tambi\u00e9n que \u00abDios ama de modo particular las primicias de los a\u00f1os y desea que le sean consagradas\u00bb. Y si hubiera que elegir entre dos tipos de flores, las rosas o los lirios, su preferencia ca\u00eda sobre las primeras, \u00abporque las rosas son m\u00e1s perfumadas por la ma\u00f1ana\u00bb.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Uno puede ser joven toda su vida, pero para los j\u00f3venes que lo son \u00abpor edad\u00bb es una felicidad \u00abextraordinaria poder dedicar a la divina majestad estos sus mejores a\u00f1os\u00bb. Cuando Nuestro Se\u00f1or es el primer amor de la vida, el resultado puede ser admirable, porque estas \u00abj\u00f3venes almas que a\u00fan no han puesto su amor en ninguna otra parte, est\u00e1n maravillosamente dispuestas a amar al celestial Amante de nuestros corazones\u00bb. Hablando de aquellos que se han dedicado a Dios desde su juventud y que luego han sido perseverantes, se podr\u00e1 decir que \u00aben ellos todo ha sido bueno, las hojas, las flores y los frutos: su infancia, su juventud y el resto de su vida\u00bb.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>San Francisco de Sales propone una pedagog\u00eda de la fe que parte de la experiencia&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":17,"featured_media":49208,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"iawp_total_views":19,"footnotes":""},"categories":[182],"tags":[2566,1720,1738,2198],"class_list":["post-49217","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-nuestros-santos","tag-caridad","tag-carisma-salesiano","tag-catequesis","tag-educacion"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/49217","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/17"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=49217"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/49217\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":49222,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/49217\/revisions\/49222"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/49208"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=49217"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=49217"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=49217"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}