{"id":48821,"date":"2026-02-11T09:37:13","date_gmt":"2026-02-11T09:37:13","guid":{"rendered":"https:\/\/www.donbosco.press\/?p=48821"},"modified":"2026-03-26T16:18:49","modified_gmt":"2026-03-26T16:18:49","slug":"las-maravillas-de-la-virgen-de-lourdes","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/santisima-virgen-maria\/las-maravillas-de-la-virgen-de-lourdes\/","title":{"rendered":"Las Maravillas de la Virgen de Lourdes"},"content":{"rendered":"<p><em>En el coraz\u00f3n de los Pirineos franceses, en Lourdes, el 11 de febrero de 1858 se abre una de las p\u00e1ginas m\u00e1s luminosas de la piedad mariana contempor\u00e1nea. Una muchacha pobre y sencilla, Bernardette Soubirous, es protagonista de un evento que trasciende toda previsi\u00f3n humana: la aparici\u00f3n de la Virgen Mar\u00eda, que se revela con las palabras \u00abYo soy la Inmaculada Concepci\u00f3n\u00bb. La narraci\u00f3n que sigue, basada en la historia del se\u00f1or Henri Lasserre, recorre las apariciones, los milagros y los acontecimientos que siguieron, entre el entusiasmo popular, la oposici\u00f3n gubernamental y la prudencia eclesi\u00e1stica. Lourdes se convierte as\u00ed en signo vivo de la misericordia de Dios, testimonio de la verdad de la fe y un apremiante llamado a la penitencia, en un tiempo marcado por el escepticismo y la hostilidad hacia lo sobrenatural.<br \/>\n<\/em><\/p>\n<p><a href=\"#_Toc215476537\">I. Las apariciones<\/a><br \/>\n<a href=\"#_Toc215476538\">II. Bernardina<\/a><br \/>\n<a href=\"#_Toc215476539\">III. El gobierno<\/a><br \/>\n<a href=\"#_Toc215476540\">IV. El pueblo<\/a><br \/>\n<a href=\"#_Toc215476541\">V. La iglesia<\/a><br \/>\n<a href=\"#_Toc215476542\">VI. Los milagros<\/a><br \/>\n<a href=\"#_Toc215476543\">VII. Los adversarios derrotados<\/a><br \/>\n<a href=\"#_Toc215476544\">Conclusi\u00f3n. Pastoral del Obispo de Tarbes, sobre las apariciones ocurridas en la gruta de Lourdes.<\/a><br \/>\n<a href=\"#_Toc215476545\">La aparici\u00f3n de Lourdes<\/a><br \/>\n<a href=\"#_Toc215476546\">Ap\u00e9ndice. Gracias obtenidas por medio de Mar\u00eda Auxiliadora<\/a><\/p>\n<p><strong><em>Yo soy la Inmaculada Concepci\u00f3n.<br \/>\n<\/em><\/strong><\/p>\n<p>Las glorias de la Sant\u00edsima Virgen Mar\u00eda, siempre querid\u00edsimas al coraz\u00f3n de sus devotos, quienes en sus dolores y en sus prosperidades reconocen de ella preciosos dones de consuelo y protecci\u00f3n, vienen a resplandecer con nuevos triunfos cuando agrada al Se\u00f1or manifestar con nuevos portentos el Patrocinio potent\u00edsimo que a su Madre Inmaculada ha confiado sobre la Santa Iglesia.<br \/>\nEntonces la misericordia de Dios, mientras afianza la piedad de los devotos de Mar\u00eda, y llena sus corazones de dulc\u00edsimas consolaciones, conquista muchas almas y multiplica la fe.<br \/>\nA veces se podr\u00eda decir que al mundo extraviado por imp\u00edas doctrinas y a los pueblos enga\u00f1ados por ense\u00f1anzas perversas, arrastrados a la incredulidad por doctores a menudo poderosos por el apoyo de los gobiernos, el Se\u00f1or quiere traer nuevos auxilios y manifestar a\u00fan m\u00e1s su Providencia con modos sensibles para el triunfo de la fe.<br \/>\nEste pensamiento se nos presenta al meditar sobre las manifestaciones y los prodigios ocurridos en los \u00faltimos a\u00f1os en Lourdes. Encontramos en ellos un car\u00e1cter de evidencia y claridad muy particular, aunque los hechos maravillosos se produjeron en medio y bajo los ojos de todo un pueblo; tuvieron poderosos contrastes, que luego lograron, contra los prop\u00f3sitos de los opositores, disipar toda duda o incertidumbre, y para el triunfo de la verdad.<br \/>\nSe gritaba: \u00a1fuera lo sobrenatural; disipemos las alucinaciones; desbaratemos los enga\u00f1os! Pero triunfaba lo sobrenatural, las supuestas alucinaciones se aclaraban como espl\u00e9ndidas verdades, y los enga\u00f1os aparec\u00edan por parte de quienes se obstinaban en negar y contradecir la evidencia.<br \/>\n\u00a1As\u00ed que a Lourdes!<br \/>\nVayamos a admirar el nuevo triunfo de la Sant\u00edsima Virgen y un esplendid\u00edsimo triunfo de la Fe cat\u00f3lica.<br \/>\nEste es el prop\u00f3sito de la narraci\u00f3n, que emprendemos de forma resumida, de las apariciones y los prodigios de Nuestra Se\u00f1ora de Lourdes, siguiendo la historia publicada extensamente por el se\u00f1or Henri Lasserre y traducida al italiano.<br \/>\nDeseamos animar a nuestros lectores a leer ese libro, que los dejar\u00e1 plenamente satisfechos. Mientras tanto, nos esforzaremos por dar una noticia precisa de los hechos principales y dar a conocer suficientemente a Nuestra Se\u00f1ora de Lourdes.<\/p>\n<p><a name=\"_Toc215476537\"><\/a><strong>I. Las apariciones<\/strong><strong><br \/>\n<\/strong>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0La peque\u00f1a ciudad de Lourdes, en el departamento de los Altos Pirineos, cuenta con cuatro o cinco mil habitantes; est\u00e1 situada en la desembocadura de los siete valles del Lavedan y en el cruce de los caminos que conducen a las renombradas estaciones termales de Bar\u00e8ges, Saint-Sauveur, Cauterets, Bagn\u00e8res-de Bigorre, Luchon, Luz, Eaux-Bonnes.<br \/>\nAll\u00ed viv\u00eda Fran\u00e7ois Soubirous con su esposa y cuatro hijos. La mayor, Bernardina, de 14 a\u00f1os, fue elegida por la Sant\u00edsima Virgen como su mensajera, y obtuvo el insigne favor de contemplarla varias veces.<br \/>\nEl once de febrero del a\u00f1o 1858, Bernardina, llamada en el pueblo Bernardette, mientras estaba con una hermana menor, de nombre Mar\u00eda, y con otra muchacha, de nombre Juana Abadie, recogiendo le\u00f1a seca para el pobre hogar dom\u00e9stico, vio aparecer de repente ante una gruta, rodeada por el extraordinario esplendor de una luz viva, una hermos\u00edsima matrona; y pudo contemplarla durante un cuarto de hora. Luego tuvo el mismo favor otras diecisiete veces.<br \/>\nEl aspecto de la sublime persona no ten\u00eda nada de incierto o et\u00e9reo, o de alguna manera fant\u00e1stico, sino que mostraba una viva realidad, un cuerpo humano, que el ojo juzgaba palpable como un ser humano, y que solo ten\u00eda de particular que mostraba una amable dulzura y se rodeaba de una luz viva.<br \/>\nEsa luz no ofuscaba ni deslumbraba los ojos como la del sol. Al contrario, esa aureola luminosa, resplandeciente como un haz de rayos, atra\u00eda las miradas, que parec\u00edan sumergirse en ella y deleitarse dulcemente.<br \/>\nDe estatura mediana, parec\u00eda joven con la gracia de los veinte a\u00f1os. Expiraba candor de inocencia y pureza virginal, ternura y gravedad materna, sabidur\u00eda y majestad.<br \/>\nSu belleza escapaba a toda descripci\u00f3n; un \u00f3valo gracioso era la forma de su rostro, sus ojos celestes, suaves de tal manera que enternec\u00edan el coraz\u00f3n de quien la miraba. Sus labios y boca expresaban una bondad divina.<br \/>\nSus vestiduras de un pa\u00f1o desconocido eran blancas como la nieve, y de gran magnificencia. El h\u00e1bito, largo y con cola, dejaba ver los pies, y sobre cada uno de ellos una rosa del color del oro.<br \/>\nUn cinto cer\u00faleo como el cielo le ce\u00f1\u00eda la cintura con medio nudo, y colgaba con dos largos cabos hasta los pies. Un amplio velo blanco envuelto en la cabeza cubr\u00eda los hombros y la parte superior de los brazos, descendiendo hasta la parte inferior del vestido. Ning\u00fan adorno similar a joyas, ni diadema alguna. De las manos juntas en actitud de ferviente oraci\u00f3n colgaba un Rosario de globos blancos como la leche, sujetos con un hilo amarillo como el oro. Los globos corr\u00edan uno tras otro entre sus dedos. Los labios de aquella Reina permanec\u00edan inm\u00f3viles.<br \/>\nEsta maravillosa aparici\u00f3n miraba a Bernardina; y ella, en su primer asombro, tom\u00f3 instintivamente su rosario, y teni\u00e9ndolo entre los dedos, quiso llevar la mano a la frente para hacer la se\u00f1al de la cruz; pero temblaba tanto que le falt\u00f3 la fuerza para levantar el brazo, que pronto le cay\u00f3 impotente sobre las rodillas.<br \/>\nEn las apariciones se manifestaron algunas particularidades que conviene narrar.<br \/>\nEn la tercera, ocurrida el jueves 18 de febrero, la misteriosa Se\u00f1ora invit\u00f3 a Bernardina a ir al mismo lugar durante quince d\u00edas; le prometi\u00f3 hacerla feliz, no en este mundo, sino en el otro; dijo: desear ver con Bernardina a otras personas.<br \/>\nOtra vez la mirada de la celestial Dama pareci\u00f3 volverse por todas partes, luego se detuvo con expresi\u00f3n de dolor sobre Bernardina arrodillada.<br \/>\n\u2014\u00bfQu\u00e9 tienes? \u2014dijo esta\u2014; \u00bfqu\u00e9 hay que hacer?<br \/>\n\u2014Rezar por los pecadores \u2014fue la respuesta. La expresi\u00f3n dolorosa se reflej\u00f3 en Bernardina, extendiendo por su rostro una tristeza inefable; de sus ojos siempre abiertos y fijos en la aparici\u00f3n salieron dos l\u00e1grimas, que se detuvieron en sus mejillas. Luego se seren\u00f3, y su rostro se ilumin\u00f3 como por un rayo de alegr\u00eda.<br \/>\nLa Virgen maravillosa confi\u00f3 en tres ocasiones tres secretos a Bernardina, que la concern\u00edan personalmente, y le prohibi\u00f3 revelarlos a nadie. Le impuso que dijera a los sacerdotes que era su voluntad que en aquel lugar se le erigiera una capilla y se hicieran procesiones. Tambi\u00e9n pronunci\u00f3 la palabra: <em>\u00a1Penitencia! \u00a1Penitencia!<\/em><br \/>\nEs digno de especial menci\u00f3n que el 25 de marzo, d\u00eda sagrado de la Anunciaci\u00f3n de Mar\u00eda Sant\u00edsima, cuando hab\u00edan terminado las quince visitas de Bernardina a la gruta, ella volvi\u00f3 a ir, movida por un fort\u00edsimo impulso interior; fue entonces cuando la multitud, al darse cuenta de ello, la sigui\u00f3 en gran n\u00famero.<br \/>\nBernardina ya hab\u00eda preguntado varias veces a la celestial Matrona su nombre; entonces repiti\u00f3 la pregunta cuatro veces, e insisti\u00f3 a\u00fan mientras la aparici\u00f3n parec\u00eda desvanecerse y adquirir un aspecto cada vez m\u00e1s sublime. Ten\u00eda las manos juntas, el rostro resplandeciente de infinita beatitud. Expiraba humildad en la gloria. Del mismo modo que Bernardina contemplaba a la Matrona, esta sin duda estaba inmersa en la contemplaci\u00f3n de la Divinidad.<br \/>\nA la \u00faltima petici\u00f3n de Bernardina, abri\u00f3 las manos, dejando caer sobre su brazo derecho el Rosario de globos c\u00e1ndidos y de hilo \u00e1ureo. Abri\u00f3 los brazos, los inclin\u00f3 hacia la tierra, como para mostrar las manos virginales llenas de bendiciones. Luego, alz\u00e1ndolos hacia el cielo, los uni\u00f3 con fervor; y mirando al cielo con semblante de inefable gratitud, profiri\u00f3 estas palabras:<br \/>\n<em>\u00a1Soy la Inmaculada Concepci\u00f3n!<br \/>\n<\/em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Dicho esto, desapareci\u00f3.<br \/>\nLa pastorcilla entend\u00eda por primera vez estas palabras: <em>Inmaculada Concepci\u00f3n<\/em>. Y no comprendi\u00e9ndolas, hizo todo lo posible al regresar a Lourdes para recordarlas bien. Luego narr\u00f3 que de camino, mientras se dirig\u00eda al p\u00e1rroco, repet\u00eda continuamente: <em>Inmaculada Concepci\u00f3n, Inmaculada Concepci\u00f3n<\/em>, porque quer\u00eda llevar las palabras de la visi\u00f3n, para que se levantara la capilla.<br \/>\nEl hecho m\u00e1s notable, porque tuvo un efecto permanente, se produjo el 25 de febrero, cuando la Virgen impuso a Bernardina beber y lavarse en la fuente, pero a una se\u00f1al que se le hizo, removi\u00f3 la tierra con la mano haciendo un hueco de la capacidad de un vaso, el cual pronto se llen\u00f3 de agua, que al principio terrosa y turbia, luego se hizo m\u00e1s l\u00edmpida y clara, luego creci\u00f3 hasta un chorro tan grueso como el brazo de un ni\u00f1o, y finalmente lleg\u00f3 a expulsar cien mil litros por d\u00eda.<br \/>\nEsta fuente fue manantial de gracias se\u00f1aladas y de milagros prodigiosos. Narraremos algunos; pero primero conviene, para completar el relato, mostrar c\u00f3mo fueron juzgadas las apariciones por el pueblo, por el gobierno, por la Iglesia, y c\u00f3mo la verdad surgi\u00f3 luminosa, triunfante, a pesar, o m\u00e1s bien gracias a los contrastes opuestos por la incredulidad y por la rigurosa reserva de una sabia prudencia.<\/p>\n<p><a name=\"_Toc215476538\"><\/a><strong>II. Bernardina<\/strong><strong><br \/>\n<\/strong>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0C\u00e1ndida, ingenua, modesta, tal como era antes de las apariciones, as\u00ed se mantuvo Bernardina incluso cuando fue objeto de la admiraci\u00f3n p\u00fablica. Ajena al orgullo pueril, no se jactaba de los favores celestiales. No hablaba de ellos si no se le preguntaba; s\u00ed refer\u00eda a sus padres lo que le suced\u00eda, y al p\u00e1rroco lo que deb\u00eda manifestarle cuando ten\u00eda que llevarle alg\u00fan mensaje de la celestial Se\u00f1ora.<\/p>\n<p>Pero aun as\u00ed no se asustaba cuando era llevada, incluso con modos no siempre exentos de severidad y dureza, ahora ante el oficial de polic\u00eda, ahora ante el procurador imperial; respond\u00eda inalterada, tranquila, con el acento de la verdad, que solo la gobernaba. No se perd\u00eda cuando, fingiendo haberla malentendido, se reproduc\u00edan menos exactamente sus dichos; rectificaba siempre coherente y precisa.<br \/>\nCuando ocurri\u00f3 la primera aparici\u00f3n, Bernardina hab\u00eda regresado al pueblo hac\u00eda solo quince d\u00edas, habiendo pasado su infancia en las monta\u00f1as cuidando ovejas. Solo entonces hab\u00eda comenzado a ir al catecismo.<br \/>\nEl sacerdote que lo presid\u00eda nunca hab\u00eda fijado su atenci\u00f3n en ella; la interrogaba sin saber su nombre. Una vez que la llam\u00f3, vio levantarse humildemente a una muchacha menuda, vestida pobremente; y no observ\u00f3 en ella m\u00e1s que su sencillez, y tambi\u00e9n su ignorancia en las cosas de la religi\u00f3n. La pobrecita no dej\u00f3, incluso cuando tuvo tanta celebridad, de considerarse como la \u00faltima de la escuela. Le costaba mucho aprender a leer y escribir. En los recreos se confund\u00eda con sus compa\u00f1eras, y jugaba alegremente con gran gusto. Si alguien preguntaba por la vidente, por la predilecta del Se\u00f1or, por la favorita de la Virgen, la Hermana que dirig\u00eda la escuela la se\u00f1alaba y solo se observaba a una muchacha sencilla, con ropas pobres, absorta en los juegos infantiles.<br \/>\nA pesar de todo, Bernardina no pudo sustraerse, como es f\u00e1cil imaginar, a la atenci\u00f3n de la multitud, m\u00e1xime cuando corri\u00f3 la voz de que regresar\u00eda por varios d\u00edas a la gruta. Era un acudir de todas partes, un aglomerarse por cientos y miles, de tal manera que a veces se contaron hasta veinte mil personas reunidas.<br \/>\nUna vez que Bernardina fue, inesperadamente, a la gruta, apenas se la vio dirigirse hacia all\u00ed, se reunieron en poco tiempo al menos diez mil personas. El alcalde, en un informe al prefecto, refiri\u00f3 que, habiendo apostado agentes en los caminos y senderos, reconoci\u00f3 la presencia de 4822 habitantes de Lourdes, 4838 forasteros, en total 9660 personas. Esto precisamente el d\u00eda en que no se esperaba la venida de Bernardina.<br \/>\nPero, \u00bfpara qu\u00e9 tanto concurso, si nadie ve\u00eda lo que se manifestaba solo a Bernardina? Hay que decir que la sola vista de la muchacha en \u00e9xtasis era una prueba irresistible de la verdad de la aparici\u00f3n. Hubo quien lo explic\u00f3 con una comparaci\u00f3n muy feliz. Cuando sale el sol, su luz ilumina las cumbres de las monta\u00f1as, mientras en el valle a\u00fan reina la oscuridad. Quien habita en las regiones elevadas, ve el sol, pero quien se encuentra abajo, no lo ve, pero aun as\u00ed, al ver las altas cimas golpeadas por los rayos del sol, est\u00e1 bien seguro de su presencia. As\u00ed precisamente quien miraba a Bernardina transformada, y como iluminada por la aparici\u00f3n, ten\u00eda igualmente certeza, adquir\u00eda la misma evidencia del hecho prodigioso. Por lo tanto, el reflejo deb\u00eda ser verdaderamente visible; o el soplo de Dios que conmueve los corazones, deb\u00eda pasar sobre la multitud. Parec\u00eda que una potencia irresistible levantaba a la poblaci\u00f3n a la voz de aquella pastorcilla ignorante.<\/p>\n<p><a name=\"_Toc215476539\"><\/a><strong>III. El gobierno<\/strong><strong><br \/>\n<\/strong>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Para aumentar la evidencia y afianzar la verdad, el gobierno contribuy\u00f3 no poco al oponerse al movimiento popular. Despleg\u00f3 rigores a veces excesivos, jam\u00e1s motivados por el m\u00e1s leve desorden. El comisario de polic\u00eda, el prefecto, el propio ministro, siempre por el bien de la religi\u00f3n, como dec\u00edan, multiplicaban decretos, multas y castigos. Se lleg\u00f3 a procesar y multar a quienes, para acercarse a la gruta, se introduc\u00edan en un terreno comunal que hab\u00eda sido prohibido. Luego se quitaron las flores, los cirios, los dones, los ornamentos llevados a la gruta por los devotos. La gruta misma fue cercada con una empalizada, se apostaron gendarmes y soldados; pero aun as\u00ed se afrontaban las condenas y las multas, se arrojaban las flores por encima del entablado, y la multitud desde lejos se aglomeraba como antes.<br \/>\nEs verdaderamente admirable c\u00f3mo el comportamiento y las acciones de los funcionarios p\u00fablicos, empe\u00f1ados en obstaculizar con todo su poder el desarrollo de los hechos prodigiosos de Lourdes, y sobre todo en reprimir el entusiasmo de las poblaciones y en sofocar la fama que surg\u00eda y se propagaba grandiosa, lograron precisamente acumular pruebas que pon\u00edan en plena evidencia la lealtad, la sinceridad de Bernardina y su desinter\u00e9s. Todos estos contrastes solo sirvieron para aumentar la explosi\u00f3n de las manifestaciones de religi\u00f3n y de fe, y para dar mayor alimento a los clamores que redoblaban y propagaban la renombre de los portentosos acontecimientos.<br \/>\nTan pronto como las apariciones despertaron tan grande conmoci\u00f3n entre las poblaciones y estas se pusieron en movimiento, ya sea por instinto de devoci\u00f3n o por impulso de curiosidad, el liberalismo oficial se sinti\u00f3 de alguna manera comprometido si no se opon\u00eda a esa explosi\u00f3n del sentimiento religioso, ya tan fuertemente pronunciado, que aclamaba hechos evidentemente sobrenaturales.<br \/>\nPor ello, el procurador imperial, se\u00f1or Dufour, el juez de paz, se\u00f1or Duprat, el alcalde, el sustituto, el comisario de polic\u00eda se pusieron de acuerdo para esforzarse en poner freno al desorden que a ellos les parec\u00eda tan peligroso por la conmoci\u00f3n de las poblaciones, y por lo tanto, para disponer medidas de rigor hacia Bernardina.<br \/>\nUn domingo, pues, al salir la gente de V\u00edsperas, un agente de polic\u00eda se acerc\u00f3 a Bernardina y, toc\u00e1ndola en el hombro: en nombre de la ley, le dijo, s\u00edgame a la comisar\u00eda de polic\u00eda. Este acto en tales circunstancias irrit\u00f3 a los presentes, quienes comenzaron a murmurar y a indignarse; si no fuera porque un sacerdote que entonces sal\u00eda de la iglesia los atenu\u00f3 con un consejo m\u00e1s sabio y los exhort\u00f3 a dejar libre la acci\u00f3n de la autoridad. Bernardina fue conducida ante el comisario de polic\u00eda, se\u00f1or Jacomet. Este era un hombre de mucho ingenio, muy astuto y expert\u00edsimo en su oficio. Bernardina se encontr\u00f3 muy pronto sola ante \u00e9l; pero apenas hechas las primeras preguntas entr\u00f3 el se\u00f1or Estrade, recaudador de contribuciones indirectas, inquilino de la misma casa. \u00c9l estaba movido por la curiosidad y ven\u00eda bien persuadido de que Bernardina ser\u00eda con toda facilidad sorprendida en falta, de modo que estuvo escuchando diligentemente el coloquio y luego hizo un informe al se\u00f1or Lasserre, quien lo reprodujo en su historia.<br \/>\nEl se\u00f1or Jacomet comenz\u00f3 con mucha benevolencia y con expresiones de bondad: Bernardina hizo su relato con su natural sencillez y con el acento de la m\u00e1s pura inocencia y del m\u00e1ximo candor. El comisario, cada vez m\u00e1s afable y un poco empalagoso, se mostraba piadosamente conmovido, y mostraba el mayor inter\u00e9s en las maravillas divinas; multiplicaba las interrogaciones acosando a la muchacha de tal manera que le quitaba tiempo para reflexionar. Y Bernardina respond\u00eda sin vacilaci\u00f3n, sin turbaci\u00f3n. Entonces, al resultar vano todo artificio para cansar a la jovencita y confundirle la mente, se puso sin transici\u00f3n amenazante y terrible, cambi\u00f3 de lenguaje: \u2014mientes, le dijo como pose\u00eddo por una viva c\u00f3lera, eres una enga\u00f1adora, y si no confiesas la verdad, te entregar\u00e9 a los gendarmes.<br \/>\nLa pobre Bernardina qued\u00f3 tan asombrada por aquel cambio repentino que sinti\u00f3 repulsi\u00f3n, pero contra la expectativa de Jacomet no se turb\u00f3; se mantuvo tranquila como si estuviera sostenida por una fuerza interna \u2014Se\u00f1or, dijo con pl\u00e1cida firmeza, usted puede entregarme a los gendarmes, pero yo no puedo decir otra cosa que lo que he dicho es la verdad\u2014 Lo veremos, replic\u00f3 el comisario sent\u00e1ndose, viendo bien que de nada valdr\u00edan las amenazas con aquella jovencita extraordinaria.<br \/>\nReanud\u00f3 el interrogatorio, hizo un acta y se la ley\u00f3 a Bernardina; la cual, ante las inexactitudes introducidas con astucia, observaba rectificando que ella no hab\u00eda dicho as\u00ed, sino de otra manera \u2014Sin embargo, yo he escrito, mientras hablabas, lo que ibas diciendo\u2014 No, replicaba Bernardina, no he hablado as\u00ed, no es posible porque no es esa la verdad\u2014 El comisario siempre ten\u00eda que rendirse a las objeciones de la muchacha.<br \/>\nFinalmente, el comisario, volvi\u00e9ndose brusco y amenazante, le dijo: \u2014si sigues yendo a la gruta te har\u00e9 meter en la c\u00e1rcel, y no saldr\u00e1s de aqu\u00ed si no prometes no volver\u2014 He prometido a la aparici\u00f3n, dijo Bernardina, ir. Y luego, cuando llega el momento, me siento impulsada por un impulso interno que me llama. \u00a1Dios m\u00edo! \u00a1Qu\u00e9 hago! Me voy sola a rezar, no llamo a nadie. Si tanta gente me precede y me sigue no es mi culpa. Dicen que es la Virgen; pero yo no s\u00e9 qui\u00e9n es.<br \/>\nLa conversaci\u00f3n dur\u00f3 una hora entera. La multitud esperaba el resultado afuera y comenzaba a agitarse. Luego llamaron violentamente a la puerta y entr\u00f3 el se\u00f1or Soubirous, padre de Bernardina. Al verlo, el astuto comisario supo discernir f\u00e1cilmente en \u00e9l una cierta audacia, pero con una mezcla de temor, y por ello aprovech\u00f3 para reprocharle severamente su osad\u00eda; luego le amonest\u00f3 sobre el comportamiento de su hija, y le amenaz\u00f3 con castigo si no le pon\u00eda fin. Aqu\u00ed se termin\u00f3 con esta ventaja para el comisario de haber intimidado a Soubirous y haberlo determinado a contener a su hija.<br \/>\nEl se\u00f1or Estrade, testigo mudo de la escena, no pudo contenerse y mostr\u00f3 su admiraci\u00f3n por la franqueza inquebrantable de Bernardina en sus respuestas \u2014\u00a1Obstinaci\u00f3n en la mentira! dijo el comisario\u2014 \u00a1Acento de verdad! respondi\u00f3 Estrade\u2014 Diga soltura de ingenio. \u00a1Est\u00e1 curtida en su enga\u00f1o, es muy astuta! exclam\u00f3 el comisario\u2014 \u00a1No! \u00a1Es sincer\u00edsima! repiti\u00f3 Estrade.<br \/>\nDespu\u00e9s de este coloquio las apariciones no cesaron; al contrario, la multiplicaci\u00f3n de los prodigios confirmaba cada vez m\u00e1s a los fieles en su admiraci\u00f3n, y disipaba toda duda en la mente de aquellos que titubeaban, se demoraban en rendirse. Muchos personajes notables fueron llevados por la evidencia a testificar la verdad de los hechos sobrenaturales. As\u00ed lo hicieron el se\u00f1or Dufor, insigne abogado, el se\u00f1or doctor Dozoux, as\u00ed como el se\u00f1or Estrade, y tambi\u00e9n el comandante del presidio, el se\u00f1or Laffitte, intendente militar retirado.<br \/>\nOtra vez Bernardina fue llamada al tribunal donde se encontr\u00f3 con la apremiante dial\u00e9ctica del procurador imperial, del sustituto y de los jueces, todos atentos, pero todos impotentes para encontrarla en falta y para relevar variaciones o contradicciones en sus discursos. Tuvo mucho que decir el procurador imperial contra la invasi\u00f3n del fanatismo y de su resoluci\u00f3n en el cumplimiento de sus deberes: su celo no sirvi\u00f3 de nada; al contrario, cooper\u00f3 a acumular pruebas y documentos contrarios a sus miras y a sus intenciones.<br \/>\nFracasados los intentos de entablar una acci\u00f3n jur\u00eddica, y esforz\u00e1ndose cada vez m\u00e1s el gobierno en frustrar el progreso de los acontecimientos que sobre Lourdes atra\u00edan ya la atenci\u00f3n de toda Francia, e interes\u00e1ndose tambi\u00e9n el se\u00f1or Rouland, ministro de instrucci\u00f3n p\u00fablica y de cultos, el prefecto quiso que se hiciera una investigaci\u00f3n sobre el estado mental de Bernardina. La encomend\u00f3 a dos m\u00e9dicos distinguidos, elegidos entre aquellos que consent\u00edan en su modo de pensar; pero ellos no encontraron en ella nada desconcertado o irregular y no supieron decir otra cosa que <em>podr\u00eda estar alucinada<\/em>. Con tan vano argumento el prefecto no dud\u00f3 en decretar el arresto de Bernardina y hacerla encerrar en un hospicio de dementes: expidi\u00f3 la orden al alcalde, se\u00f1or Lacade, el cual, con el procurador imperial, se\u00f1or Dufour, se dirigi\u00f3 al p\u00e1rroco y le hizo saber la misi\u00f3n que deb\u00eda cumplir.<br \/>\nPero Bernardina se salv\u00f3 esta vez por la resuelta firmeza del p\u00e1rroco, el cual, protest\u00e1ndose respetuoso a la autoridad, no dud\u00f3 en declarar con razonado discurso, que con ese modo de actuar se comet\u00eda un evidente abuso, y que \u00e9l se levantar\u00eda en defensa del d\u00e9bil oprimido y termin\u00f3 diciendo: id a decirle al se\u00f1or Masses (el prefecto), que sus gendarmes me encontrar\u00e1n en el umbral de la casa de esa pobre familia, y que deber\u00e1n derribarme y pisotear mi cuerpo antes de torcer un cabello a la muchacha \u2014No se hizo nada m\u00e1s.<\/p>\n<p><a name=\"_Toc215476540\"><\/a><strong>IV. El pueblo<\/strong><strong><br \/>\n<\/strong>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0El prefecto Masses no se dio por vencido ni por el desvanecido intento de la acci\u00f3n judicial, ni por las imprudentes violencias contra Bernardina, y dedic\u00f3 sus esfuerzos a hacer cesar el grandioso movimiento del pueblo y a dispersar la afluencia que ya era incesante y muy frecuente a la gruta. Decret\u00f3 que se retiraran todos los ornamentos, los dones, las ofrendas que la piedad de los fieles acumulaba all\u00ed y que la gruta misma fuera cerrada y el acceso prohibido a cualquiera. Ejecutor de esta orden fue el comisario de polic\u00eda, Jacomet, el cual se emple\u00f3 con todo su celo y con la mayor actividad. No tuvo poco que hacer, neg\u00e1ndole los habitantes de Lourdes toda ayuda y cooperaci\u00f3n, hasta el punto de que nadie quiso, ni siquiera por gran recompensa, suministrarle un carro y los instrumentos necesarios: por lo cual tuvo \u00e9l mismo, con la ayuda de los gendarmes, que quitar uno a uno los objetos y guardarlos en un carro que logr\u00f3 con mucho esfuerzo encontrar. Y cada vez que se volv\u00edan a traer dones y objetos de devoci\u00f3n, el comisario volv\u00eda a retirarlos y muchas veces los arrojaba al torrente cercano. Fue entonces cuando, por orden del prefecto, el alcalde decret\u00f3 la prohibici\u00f3n de sacar agua de la fuente y de introducirse en el terreno contiguo, y de colocar a tal efecto una empalizada para cerrar la gruta. El juez de paz procesaba y multaba a los infractores.<br \/>\nNo es necesario decir cu\u00e1nto descontento e irritaci\u00f3n despert\u00f3 aquella brutal intervenci\u00f3n del gobierno. Por todas partes surg\u00edan protestas y quejas, pero a pesar de ello, en la inmensa afluencia, que antes y despu\u00e9s de esto fue continua a la gruta, nunca hubo el m\u00e1s m\u00ednimo desorden. Los rigores irritaban gravemente, y sin embargo, gracias tambi\u00e9n a las incesantes exhortaciones del clero, no ocurri\u00f3 ning\u00fan hecho censurable: nunca gritos sediciosos, ninguna resistencia, al contrario, c\u00e1nticos, letan\u00edas, vivas a la Sant\u00edsima Virgen. Los mismos soldados tra\u00eddos para la observancia de las \u00f3rdenes y prohibiciones, eran testigos de los actos de devoci\u00f3n y muy a menudo participaban en ellos.<br \/>\nFue ciertamente digno de asombro que en los seis meses en que duraron las apariciones, en el departamento <em>no se cometiera un solo delito y no hubiera una sola condena<\/em>. Las Asambleas de marzo no tuvieron que juzgar m\u00e1s que una sola causa de \u00e9poca anterior y definida con una absoluci\u00f3n.<br \/>\nEste caso admirable, este patente indicio del influjo invisible que se extend\u00eda por toda la comarca, este argumento externo, este prodigio moral deb\u00eda conmover los corazones m\u00e1s duros, los intelectos m\u00e1s reacios.<br \/>\nTal estado de cosas no pod\u00eda durar mucho. En efecto, un buen d\u00eda se dirigieron a Biarritz, al Emperador Napole\u00f3n III, monse\u00f1or Salmis, arzobispo de Auch, y el se\u00f1or Ress\u00e9gnier, antiguo diputado, y habi\u00e9ndole informado de todo, obtuvieron que se expidiera por tel\u00e9grafo la orden al se\u00f1or Masses, prefecto de Tarbes, de revocar sus bandos y sus prohibiciones. El prefecto mantuvo oculto el telegrama, escribi\u00f3 al emperador, interpuso al ministro; pero, como Dios quiso, el emperador se mantuvo firme, por lo que el prefecto tuvo que ceder y doblegarse, y tuvo que encargar al alcalde que publicara un decreto por el cual revocaba el anterior.<br \/>\nLos obst\u00e1culos, los impedimentos, toda oposici\u00f3n resultaban en otras tantas victorias de lo sobrenatural sobre los obstinados adversarios.<\/p>\n<p><a name=\"_Toc215476541\"><\/a><strong>V. La Iglesia<\/strong><strong><br \/>\n<\/strong>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Para confirmar las pruebas y documentar finalmente la verdad, sirvi\u00f3 el comportamiento de la autoridad eclesi\u00e1stica. Al principio, el p\u00e1rroco prohibi\u00f3 y mantuvo una estricta prohibici\u00f3n a todos los sacerdotes y monjas de ir a la gruta y de mezclarse con el pueblo, para que su presencia no pareciera sancionar de alguna manera los acontecimientos, y no diera, de todos modos, incluso sin quererlo, excitaci\u00f3n e impulso a las poblaciones.<br \/>\nEl obispo de Tarbes aprob\u00f3 y confirm\u00f3 lo dispuesto por el p\u00e1rroco. Con Bernardina, el p\u00e1rroco, se\u00f1or Peyramale, mantuvo no solo una gran reserva, mostrando no preocuparse en absoluto; sino que la primera vez que ella fue a verlo, la recibi\u00f3 con una frialdad que a algunos les pareci\u00f3 no exenta de dureza, mientras que casi la rechaz\u00f3. De hecho, cuando Bernardina recibi\u00f3 de la aparici\u00f3n el mandato de ir a manifestar a los sacerdotes su deseo de que se erigiera una capilla, expuso al p\u00e1rroco su misi\u00f3n con toda sencillez, y \u00e9l, interrumpi\u00e9ndola, le dijo: \u2014\u00bfqu\u00e9 es este alboroto que andas haciendo con las visiones que pretendes tener y de las cuales nada demuestra la verdad?\u2014 Bernardina, sorprendida y confundida por la inusitada severidad y el acento sostenido del p\u00e1rroco, por lo general tan paterno y afable con sus feligreses, sobre todo con los pobres, se qued\u00f3 al principio desconcertada.<br \/>\nPero pronto se recuper\u00f3, y le cont\u00f3 c\u00e1ndidamente al p\u00e1rroco lo que le hab\u00eda sucedido. De lo cual \u00e9l se conmovi\u00f3 no poco, pero se contuvo y disimul\u00f3 los sentimientos que internamente lo agitaban: \u2014\u00bfno sabes, dijo, el nombre de esa Se\u00f1ora? \u2014 No lo s\u00e9, respondi\u00f3 Bernardina, ella no me dijo qui\u00e9n es\u2014 Aquellos que te creen, a\u00f1adi\u00f3 el p\u00e1rroco, dicen que es la Virgen. Pero ten cuidado, prosigui\u00f3 con mucha gravedad, si narras lo falso los expones al peligro de no verla nunca en el cielo cuando todos los buenos la vean\u2014 No s\u00e9 si es la Sant\u00edsima Virgen, continu\u00f3 Bernardina, pero yo veo la aparici\u00f3n como la veo a usted en este momento. Ella me habla como me habla usted. Yo vengo a decirle de su parte que ella quiere que se le erija una capilla cerca de lauta donde se me muestra.<br \/>\nEl p\u00e1rroco hizo repetir a la muchacha las palabras precisas que hab\u00eda o\u00eddo de la aparici\u00f3n y la despidi\u00f3.<br \/>\nLa conducta del p\u00e1rroco fue aprobada por el obispo de Tarbes, monse\u00f1or Laurence, quien confirm\u00f3 lo que \u00e9l hab\u00eda dispuesto.<br \/>\nMientras tanto, el clero se abstuvo de ir a la gruta y se mantuvo ajeno al gran movimiento; las \u00f3rdenes del obispo eran estrictamente observadas en toda la di\u00f3cesis.<br \/>\nLas poblaciones, afligidas por los rigores del gobierno, se dirig\u00edan ansiosas a las autoridades eclesi\u00e1sticas, y suspiraban que el obispo se levantara en defensa de su libertad religiosa.<br \/>\nDonde el obispo, inspir\u00e1ndose en los dictados de la prudencia, no juzgaba oportuno interponerse para secundar los deseos de la poblaci\u00f3n, y aunque no pod\u00eda aprobar los comportamientos y los decretos de las autoridades, consideraba m\u00e1s oportuno demorar. Quiso, por tanto, que el clero se dedicara a inculcar a los fieles la mayor tranquilidad y se indujera a someterse a las \u00f3rdenes del gobierno y esperar con paciencia el desarrollo natural de los acontecimientos.<br \/>\nDe esta manera dispon\u00eda la Divina Providencia que el gran hecho de las apariciones de Nuestra Se\u00f1ora de Lourdes sufriera, como el cristianismo en sus inicios, las vicisitudes de las contradicciones, de las pruebas y de la persecuci\u00f3n.<br \/>\nSin embargo, no eran solo la poblaci\u00f3n de Lourdes y la de los pueblos cercanos las que se maravillaban del prolongado silencio de la autoridad eclesi\u00e1stica, sino los muchos forasteros que aflu\u00edan de las cercanas estaciones termales. Ellos censuraban altamente la acci\u00f3n desplegada por el poder civil y reprobaban el comportamiento del obispo y del clero, mientras que ya muchos otros obispos no disimulaban su opini\u00f3n sobre la verdad de los hechos de Lourdes.<br \/>\nAs\u00ed se lleg\u00f3 a julio, cumpli\u00e9ndose los cinco meses desde la primera aparici\u00f3n de la Sant\u00edsima Virgen a Bernardina Soubirous. Fue bajo la fecha del 18 de ese mes cuando el obispo de Tarbes public\u00f3 un decreto por el cual nombraba una comisi\u00f3n para examinar la verdad de los hechos ocurridos en Lourdes. Esta comisi\u00f3n, despu\u00e9s de un largo y maduro examen que dur\u00f3 tres a\u00f1os y medio, y el interrogatorio de much\u00edsimos testigos, hizo su relaci\u00f3n. A ra\u00edz de esta, el obispo pronunci\u00f3 el 18 de enero de 1862 la verdad de las apariciones de la Sant\u00edsima Virgen a Bernardina Soubirous, autorizando el culto de Nuestra Se\u00f1ora bajo el t\u00edtulo de la Virgen de Lourdes, y para conformarse a la voluntad m\u00e1s de una vez manifestada por ella, decret\u00f3 la erecci\u00f3n de una capilla en el terreno de la gruta, que pas\u00f3 por adquisici\u00f3n a propiedad del obispo de Tarbes.<\/p>\n<p><a name=\"_Toc215476542\"><\/a><strong>VI. Los milagros<\/strong><strong><br \/>\n<\/strong>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0La fama de los acontecimientos prodigiosos, que conmov\u00edan a los habitantes de Lourdes y de los alrededores, se iba propagando cada vez m\u00e1s, por lo que comenzaron a acudir much\u00edsimos tambi\u00e9n de pa\u00edses lejanos, y se mov\u00eda tambi\u00e9n, la mayor\u00eda de las veces por curiosidad, a menudo por instinto de devoci\u00f3n, desde las estaciones termales, personas de alta condici\u00f3n. As\u00ed, en breve, se difundi\u00f3 por toda Francia y por Europa la noticia de las apariciones de Lourdes.<br \/>\nPero lo que acrecent\u00f3 el gran movimiento fueron los milagros que desde el principio se manifestaron con gran frecuencia. Baste decir que cuando la autoridad eclesi\u00e1stica instituy\u00f3 un proceso regular, y se procedi\u00f3 a examinar entre much\u00edsimas unas treinta curaciones milagrosas, como aquellas que manifestaban m\u00e1s de 40, se sintieron los caracteres de hechos sobrenaturales, tanto fue el rigor empleado al excluir todo aquello que admitiera cualquier otra explicaci\u00f3n, incluso poco fundada, que debe decirse que no se reconoci\u00f3 la naturaleza milagrosa sino cuando no se pod\u00eda hacer de otra manera. Se redujeron as\u00ed a quince los milagros, para los cuales se pronunci\u00f3 afirmativamente un juicio solemne.<br \/>\nDebiendo restringir esta noticia a breves t\u00e9rminos, dejamos que quien desee un informe completo, lea, como le exhortamos, la historia de Nuestra Se\u00f1ora de Lourdes del se\u00f1or Lasserre <em>(\u00abNotre dame de Lourdes, par Henri Lasserre\u00bb, Par\u00eds, Victor Palm\u00e9<\/em>. \u00abNuestra Se\u00f1ora de Lourdes\u00bb, versi\u00f3n italiana, M\u00f3dena, tipograf\u00eda de la Inmaculada Concepci\u00f3n); y nos contentaremos con referir tres de los milagros all\u00ed narrados. Esto bastar\u00e1 para nuestro prop\u00f3sito, que es dar noticia precisa del santuario de Lourdes.<br \/>\nApenas brot\u00f3 en lauta la fuente indicada a Bernardina por la celestial Se\u00f1ora, se entendi\u00f3 que aquella agua ser\u00eda un agua saludable, y en la misma ma\u00f1ana corri\u00f3 la voz de diversas curaciones prodigiosas. Lleg\u00f3 a o\u00eddos de un pobre obrero llamado Luigi Bouriette, el cual desde hac\u00eda varios a\u00f1os llevaba una existencia miserable por una desgracia sufrida en la explosi\u00f3n de una mina.<br \/>\nTen\u00eda el rostro desgarrado y el ojo derecho casi aplastado. La vista se le hab\u00eda debilitado tanto y, de hecho, se le perd\u00eda cada vez m\u00e1s, que ya no era apto para trabajos que requirieran alguna diligencia. Conocido por todos los habitantes, era empleado por la mayor\u00eda de ellos en trabajos rudos. Al o\u00edr hablar de la fuente prodigiosa: Ve, le dijo a su hija, y tr\u00e1eme agua de la gruta; solo la Virgen puede curarme. Viene el agua, se lava el ojo, y lanza un grito, \u00a1estaba curado!<br \/>\nAl d\u00eda siguiente o al otro, al encontrarse con el m\u00e9dico que lo atend\u00eda desde el d\u00eda de la desgracia, le dice: Estoy curado \u2014\u00a1Curado usted! responde el m\u00e9dico. Pero \u00bfqu\u00e9? Su mal es incurable; me esfuerzo por calmar sus dolores, pero no pretendo devolverle la vista\u2014 Pero no me ha curado usted, sino la Virgen de la Gruta\u2014 Que Bernardina tenga \u00e9xtasis inexplicables es cierto, y lo he verificado con estudio cuidadoso; pero que el agua de la fuente cure instant\u00e1neamente los males incurables no es posible.<br \/>\nPersistiendo Bouriette en afirmarse curado, el m\u00e9dico saca de su bolsillo el cuaderno, arranca una hoja, y habiendo escrito algunas palabras, cubri\u00f3 con la mano el ojo izquierdo de Bouriette, y le dijo: si lees, creer\u00e9. Bouriette ley\u00f3 r\u00e1pidamente. Mientras tanto, se hab\u00eda reunido gente, y atend\u00eda a la singular contienda, por lo que pronto admir\u00f3 el portento y la confesi\u00f3n del m\u00e9dico.<br \/>\nOtro de los milagros reconocidos por la autoridad eclesi\u00e1stica, el cual, como se ver\u00e1, puede decirse que ocurri\u00f3 bajo los ojos de una ciudad entera, fue la curaci\u00f3n prodigiosa de la viuda Maddalena Rizan, mujer muy anciana de la ciudad de Nay.<br \/>\nElla hab\u00eda sufrido el c\u00f3lera en 1832, y despu\u00e9s hab\u00eda quedado casi completamente paral\u00edtica del lado izquierdo del cuerpo; caminaba con gran dificultad, no sal\u00eda de casa m\u00e1s que dos o tres veces al a\u00f1o en lo m\u00e1s fuerte del verano, m\u00e1s llevada que sostenida por la ayuda ajena para ir a la iglesia cercana; adem\u00e1s, sufr\u00eda continuos v\u00f3mitos de sangre, y no pod\u00eda soportar m\u00e1s que escasos alimentos.<br \/>\nDesde hac\u00eda diecis\u00e9is o dieciocho meses, aquel estado tan infeliz se hab\u00eda agravado a\u00fan m\u00e1s, y hab\u00eda llevado a la enferma a postrarse en cama, luego en breve empeor\u00f3 de tal manera que, perdida toda la fuerza, no pod\u00eda cambiar de posici\u00f3n sin ayuda. Los dolores de la pobre mujer eran tan intensos, y su coraje tan agotado, que invocaba al Se\u00f1or o la curaci\u00f3n o la muerte, pero el fin de su sufrimiento. Finalmente, al borde de la muerte, hab\u00eda recibido el \u00d3leo Santo y hab\u00eda entrado en una agon\u00eda dolorosa; en este punto redobl\u00f3 sus invocaciones a la Virgen, y rog\u00f3 a una vecina que le consiguiera agua de Lourdes.<br \/>\nMientras la se\u00f1ora Rizan estaba boqueando, y ya al anochecer se hab\u00eda despedido del vicario y de otro sacerdote, su hija, que la asist\u00eda amorosamente, se hab\u00eda puesto a rezar a la Sant\u00edsima Virgen: la madre la llam\u00f3 y le dijo que le trajera el agua de Lourdes: pero como la noche estaba avanzada, convinieron en posponer la b\u00fasqueda en casa de la vecina que hab\u00eda ido a Lourdes.<br \/>\nAl llegar la ma\u00f1ana, se consigui\u00f3 el agua, la enferma bebi\u00f3 \u00e1vidamente unos sorbos y enseguida exclam\u00f3: \u00a1Esta es agua de salud! L\u00e1vame, hija, el rostro, el brazo, todo el cuerpo. La hija, ansiosa, temblorosa, secund\u00f3 el deseo de la madre. Esta entonces, con voz clara y sonora: \u2014\u00a1Estoy curada, oh, sea bendita Mar\u00eda Sant\u00edsima! Dame mi ropa, quiero levantarme, dame comida, tengo hambre \u2014La hija quiso darle caf\u00e9, vino o leche; pero la madre: \u2014Dame carne y pan, que no he probado en veinticuatro a\u00f1os; \u2014y comi\u00f3 con toda facilidad. Entonces la hija fue a buscar la ropa, que hab\u00eda sido guardada hac\u00eda mucho tiempo y no se cre\u00eda que volver\u00eda a usarse; cuando regres\u00f3 trayendo a la madre con qu\u00e9 vestirse, \u00a1cu\u00e1l no fue su asombro al encontrarla levantada de la cama y de rodillas ante la imagen de Mar\u00eda, donde poco antes ella misma estaba rezando por la madre!<br \/>\nEran las siete de la ma\u00f1ana, un domingo, y de la iglesia cercana sal\u00edan los fieles despu\u00e9s de la misa; algunos entraron en casa de la viuda Rizan para saber si no hab\u00eda fallecido durante la noche: pero en cambio la vieron curada, casi resucitada. Enseguida corri\u00f3 la voz, acudieron a la casa innumerables personas, y durante dos d\u00edas no ces\u00f3 la afluencia, queriendo cada uno juzgar con sus propios ojos el prodigio que se dec\u00eda hab\u00eda ocurrido. El m\u00e9dico Subervielle, que asist\u00eda a la viuda Rizan, y que hab\u00eda reconocido la impotencia de la medicina, y declarado ya vana toda esperanza, tambi\u00e9n vino y sin dudar reconoci\u00f3 el car\u00e1cter sobrenatural y divino de la curaci\u00f3n.<br \/>\nLa viuda Rizan se mantuvo desde entonces en buena salud, y en 1869, cuando el se\u00f1or Lasserre public\u00f3 su historia, viv\u00eda todav\u00eda llena de vigor, como \u00e9l dice, y con su salud recuperada y con la desaparici\u00f3n de su enfermedad daba testimonio de la potent\u00edsima misericordia de la Aparici\u00f3n de la Gruta de Lourdes.<br \/>\nEl \u00faltimo d\u00eda de la quincena prescrita a Bernardina se encontraron reunidas junto a la gruta unas veinte mil personas. La emoci\u00f3n era grand\u00edsima, y continu\u00f3 despu\u00e9s de que la aparici\u00f3n hab\u00eda cesado. Duraban los discursos y los razonamientos; durante todo el d\u00eda era continuo el ir y venir. Hacia las cinco todav\u00eda hab\u00eda en la gruta quinientas o seiscientas personas, cuando lleg\u00f3 apresurada una mujer llorando, con el rostro inflamado, toda descompuesta, invocando a la Santa Virgen. Se postr\u00f3 a la entrada de la gruta, luego se arrastr\u00f3 de rodillas hasta la fuente. Entonces desat\u00f3 el delantal, en el que llevaba envuelto a un ni\u00f1o m\u00e1s muerto que vivo. Se santigu\u00f3 a s\u00ed misma y al ni\u00f1o, luego lo sumergi\u00f3 hasta el cuello en el agua helada de la fuente. Ante aquella vista se levant\u00f3 un grito de terror y de indignaci\u00f3n; la multitud se apret\u00f3 alrededor de la mujer: Est\u00e1s loca, le dec\u00edan; est\u00e1s matando a tu hijo \u2014\u00a1Dejadme! Hago lo que puedo. Dios y la Virgen har\u00e1n el resto \u2014Otros, observando la inmovilidad del ni\u00f1o, la palidez que lo cubr\u00eda, la miseria del cuerpecito, dijeron: Est\u00e1 muerto, dejemos en paz a la pobre mujer, est\u00e1 fuera de s\u00ed. Mientras tanto, el ni\u00f1o, mantenido durante un buen rato sumergido en el agua, mostraba m\u00e1s que nada la apariencia de un cad\u00e1ver. La pobre mujer lo recogi\u00f3 en el delantal y se dirigi\u00f3 a casa. El marido al verla: \u2014\u00a1Desgraciada! le dijo, \u00a1has matado al ni\u00f1o! \u2014No est\u00e1 muerto, replic\u00f3 la mujer: la Virgen lo curar\u00e1; y lo volvi\u00f3 a poner en la cuna.<br \/>\nEn la gruta el murmullo y el razonamiento no cesaban. Era un exclamar, un interrogar. Se supo que aquella mujer era Croisine Ducouts, esposa de Giovanni Bouhohorts. El ni\u00f1o hab\u00eda nacido mal dispuesto, ten\u00eda unos dos a\u00f1os, hab\u00eda estado siempre enfermo, y nunca hab\u00eda caminado; estaba agotado por una continua febr\u00edcula rebelde a todos los tratamientos, y ahora se encontraba al borde de la muerte; ya la muerte le cubr\u00eda el rostro con un tinte l\u00edvido, y el cuerpo estaba extremadamente delgado, completamente agotado.<br \/>\nMientras, pues, en la gruta se razonaba en diferente sentido sobre el hecho de la mujer, y se estaba en medio de una gran conmoci\u00f3n, en la pobre morada reinaba el silencio. Y no era silencio de muerte, ni tampoco silencio de dolor, sino que era silencio de esperanza; porque, apenas acostado en la cuna, el ni\u00f1o se durmi\u00f3; comenz\u00f3 a respirar suavemente, luego cada vez m\u00e1s libre y fuerte, y as\u00ed pas\u00f3 toda la noche pl\u00e1cidamente. Los pobres padres se turnaban para escuchar la respiraci\u00f3n de su hijito, estaban ansiosos esperando el despertar que ocurri\u00f3 al amanecer. El ni\u00f1o estaba todav\u00eda macilento, pero en las mejillas aparec\u00eda un hermoso rosado, el aspecto era tranquilo; volvi\u00f3 los ojos a la madre y le pidi\u00f3 el pecho, y tom\u00f3 abundante sustento. Quer\u00eda levantarse y caminar; pero la madre no se fi\u00f3, y lo mantuvo en la cama todo el d\u00eda y la noche siguiente, ofreci\u00e9ndole repetidamente, a petici\u00f3n, el pecho. A la ma\u00f1ana siguiente, habiendo salido los padres dejando solo al ni\u00f1o, cuando la madre regres\u00f3 a casa vio la cuna vac\u00eda, y al peque\u00f1o Justino correr y jugar por la habitaci\u00f3n. Que digan las madres cu\u00e1l fue la alegr\u00eda de Croisine, que digan con qu\u00e9 acento grit\u00f3 a su marido: \u00a1Ves que no estaba muerto! \u00a1Viva Mar\u00eda!<br \/>\nAcudieron los vecinos y acudi\u00f3 el m\u00e9dico, que asist\u00eda al ni\u00f1o; francamente reconoci\u00f3 la impotencia radical de la medicina para explicar el hecho. Vinieron otros dos m\u00e9dicos, examinaron separadamente lo ocurrido, y no dudaron en ver tambi\u00e9n ellos la acci\u00f3n potent\u00edsima del Se\u00f1or. Los m\u00e9dicos establecieron, como circunstancias grav\u00edsimas, la duraci\u00f3n de la inmersi\u00f3n, el efecto inmediato, la facultad de caminar producida apenas el ni\u00f1o sali\u00f3 de la cama.<br \/>\nEstos tres hechos, que como otros similares, fueron perfectamente aclarados y probados en el proceso instituido por el obispo de Tarbes, no admit\u00edan la m\u00e1s m\u00ednima duda, habiendo tenido tantos testigos, y excluyendo toda explicaci\u00f3n, si no es la potencia del Se\u00f1or.<br \/>\nPueden, sin embargo, los imp\u00edos e incr\u00e9dulos perseverar en su obstinaci\u00f3n, y graznar contra la ignorancia de la multitud. Nunca lograr\u00e1n con su laboriosa ciencia explicar c\u00f3mo la voz de una pobre pastorcilla, o la divulgaci\u00f3n de patra\u00f1as pueda despertar y conmover a los pueblos, e inducirlos a levantar un templo como el que ahora se alza sobre lauta, erigido con millones aportados espont\u00e1neamente de todas partes de Francia y de Europa.<br \/>\nA nosotros, <em>vulgo ignorante<\/em>, que creemos en Dios Creador del cielo y de la tierra, no nos cuesta creer en los milagros, cuando est\u00e1n debidamente probados. Los creemos como cualquier otro hecho hist\u00f3rico. Elevamos por ellos nuestros corazones para alabar a nuestro Padre, que est\u00e1 en los cielos.<br \/>\n\u00a1Oh, gran misericordia de Dios, que reanima nuestra fe y afianza con nuevos argumentos nuestra confianza en la protecci\u00f3n de su Sant\u00edsima Madre, dispensando con mano generosa sus gracias en tiempos tan tristes como los nuestros, y tan adversos a la Santa Iglesia Cat\u00f3lica, Apost\u00f3lica y Romana!<\/p>\n<p><a name=\"_Toc215476543\"><\/a><strong>VII. Los adversarios derrotados<\/strong><strong><br \/>\n<\/strong>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0La grandiosa manifestaci\u00f3n de la Misericordia Divina, cumplida con las apariciones de la Sant\u00edsima Virgen en Lourdes y con los numerosos y solemnes prodigios que las siguieron, no bast\u00f3 para conquistar la impiedad y la audacia de los tristes: no se rindieron a las pruebas m\u00e1s luminosas, sino que perseveraron, como si nada, en las impudentes negaciones. En vano la verdad triunf\u00f3 de todos los contrastes, persistieron en la prensa y en los discursos las burlas y las irrisiones.<br \/>\nTambi\u00e9n a tanta osad\u00eda plugo al Se\u00f1or prodigar un oportuno remedio, y nos atreveremos a decir un castigo adecuado, si es que hay un l\u00edmite que la mala fe pueda respetar.<br \/>\nPor disposici\u00f3n de la Divina Providencia, otra portentosa curaci\u00f3n, ocurrida con todos los caracteres de plena evidencia, dio ocasi\u00f3n a un desaf\u00edo valientemente intimado a los librepensadores, opositores a los milagros, poni\u00e9ndolos a prueba para que aportaran pruebas contra los hechos ya victoriosamente aclarados y luminosamente conocidos en todo el mundo. Todos los adversarios se quedaron at\u00f3nitos, retrocediendo demostraron su impotencia, por lo que se prob\u00f3 que no hablan por convicci\u00f3n, sino solo por odio ciego y por pasi\u00f3n deshonesta.<br \/>\nNo deber\u00eda preocuparse uno por la maldad endurecida de tan triste estirpe, si no fuera por el da\u00f1o a los simples e ignorantes. De estos hay demasiados que son v\u00edctimas de un enga\u00f1o f\u00e1cil. Poco preocupados por buscar diligentemente la verdad, se mantienen neutrales en lugar de soportar la ligera incomodidad de examinar los pros y los contras: tanto m\u00e1s si deben encontrarse con las burlas de aquellos tristes que tienen por empresa mentir siempre seg\u00fan el lema: <em>mentid audazmente, algo se ganar\u00e1 siempre<\/em>.<br \/>\nNo falta, pues, todav\u00eda un deber despu\u00e9s de haber expuesto, s\u00ed, pero con estudiada precisi\u00f3n, los argumentos que demuestran la verdad de los prodigios ocurridos en Lourdes. No basta haber puesto de manifiesto el acuerdo de las poblaciones, las oposiciones vencidas del gobierno, el superado prudente recelo de la Iglesia. Conviene dar a conocer este otro argumento de la derrota de la osad\u00eda de los tristes. No importa que ellos no quieran darse por vencidos, bien lo est\u00e1n en verdad a juicio de todo hombre honesto y leal.<br \/>\nViv\u00eda en Burdeos en 1870 el se\u00f1or Fournier, capit\u00e1n de nav\u00edo retirado, con su esposa y tres hijos; el primero, Ernesto, alf\u00e9rez de marina, la segunda, Julieta, que entonces ten\u00eda 14 a\u00f1os, Alberto, que ten\u00eda 11.<br \/>\nJulieta padec\u00eda una grave enfermedad lenta: sufr\u00eda aton\u00eda completa del est\u00f3mago con aversi\u00f3n a todo alimento: debilidad extrema sin poder sostenerse sino con ayuda ajena y por poco tiempo, teniendo que sentarse cada tres o cuatro pasos: afectados los m\u00fasculos pulmonares, la respiraci\u00f3n cada vez m\u00e1s dificultosa no permit\u00eda la posici\u00f3n horizontal, no era posible el sue\u00f1o sino sentado en la cama; finalmente, paralizado el lado derecho.<br \/>\nHab\u00edan sido llamados uno tras otro sin \u00e9xito los m\u00e1s c\u00e9lebres doctores de Burdeos. Se consult\u00f3 al se\u00f1or Cogniet, luego al se\u00f1or Denuc\u00e9. Un\u00e1nime con sus colegas, este ilustre m\u00e9dico declar\u00f3 la enfermedad profundamente arraigada, la curaci\u00f3n, en cualquier caso, de tales enfermedades, rebeldes a la medicina, requerir\u00eda una cura largu\u00edsima y no se pod\u00eda esperar una mejora sensible antes del desarrollo completo del f\u00edsico, retrasado tambi\u00e9n en la ni\u00f1a por la debilidad y la enfermedad.<br \/>\nSiendo entonces pr\u00f3ximo el verano, los se\u00f1ores Fournier se instalaron en una villa en el lugar llamado <em>Bouscat<\/em>, cerca de las puertas de Burdeos. Se le hac\u00eda a Julieta la cura hidrop\u00e1tica, para la cura se tomaron un cierto n\u00famero de billetes de ba\u00f1o. Y como la enferma no pod\u00eda soportar el movimiento del carruaje, se encontr\u00f3 un borrico viejo y tranquilo que hac\u00eda mucho tiempo no sab\u00eda, si es que alguna vez lo hab\u00eda sabido, lo que era el trote y el galope. El pl\u00e1cido jumento llevaba cada d\u00eda a Julieta a paso lento y suave al establecimiento hidrop\u00e1tico. El padre, la madre y los hermanos la acompa\u00f1aban a pie. En el camino de Bouscat a Burdeos era bien conocido este grupo melanc\u00f3lico, que se ve\u00eda pasar cada d\u00eda a la misma hora. Todos mostraban inter\u00e9s por la afligida familia: el aspecto de la enferma impresionaba de tal manera, que a menudo se observaban los signos de consternaci\u00f3n de los curiosos que se asomaban a las ventanas y a las puertas y que revelaban los siniestros presentimientos internos.<br \/>\nEn este momento, el hermano de la se\u00f1ora Fournier tuvo en sus manos la historia de Nuestra Se\u00f1ora de Lourdes del se\u00f1or Henri Lasserre, la ley\u00f3 \u00e1vidamente y se sinti\u00f3 invadido por vivos sentimientos de admiraci\u00f3n y confianza. De tal manera que escribi\u00f3 sin demora al p\u00e1rroco de Lourdes para que enviara inmediatamente una botella de agua de Lourdes a la se\u00f1ora Fournier.<br \/>\nEl se\u00f1or Fournier era un librepensador y su hijo Ernesto compart\u00eda sus opiniones; sin embargo, no planteaban objeciones, respetando la fe y la confianza de las personas amadas. Es superfluo observar que, dejando libertad a las esposas, a la hija y al hijo menor para recitar sus oraciones, el padre y el hijo mayor no tomaban parte alguna en esas pr\u00e1cticas y en esos signos de devotos.<br \/>\nPero el joven Ernesto no pudo contenerse de escribir a su t\u00edo bromeando filos\u00f3ficamente sobre tanta ingenuidad; en la primera carta que le escribi\u00f3 insinu\u00f3 estas palabras: \u2014Con todo el respeto que os profeso debo confesaros, querid\u00edsimo t\u00edo, que vuestra agua l\u00edmpida me inspira una confianza bastante mediocre. Nuestra pobre Julieta est\u00e1 demasiado gravemente enferma para que yo tenga ganas de bromear. Me limito a deciros simplemente que si Julieta se cura bebiendo esa agua, me comprometo a exclamar \u00a1milagro! a gritarlo a los cuatro vientos, es m\u00e1s, a ir a gritarlo incluso al confesionario. Me encontrar\u00e9is de f\u00e1cil composici\u00f3n. Vos me parec\u00e9is creer antes de haber visto, yo quiero ver antes de creer. Soy como santo Tom\u00e1s.<br \/>\nLa se\u00f1ora Fournier, su hija y el joven Alberto hab\u00edan le\u00eddo juntos el libro del se\u00f1or Lasserre, su fe se hab\u00eda vuelto ardiente; redoblaban sus oraciones y se preparaban para implorar la gran gracia, aun diciendo que no se cre\u00edan dignos; y as\u00ed esperaban llegar a serlo. Finalmente se fij\u00f3 el 14 de junio para pedir a la Sant\u00edsima Virgen la tan anhelada curaci\u00f3n.<br \/>\nEl p\u00e1rroco celebr\u00f3 la santa Misa con esta intenci\u00f3n, Julieta fue llevada a la iglesia e hizo la santa Comuni\u00f3n. Luego comenz\u00f3 a beber el agua de Lourdes, pero no sinti\u00f3 ning\u00fan efecto. Grande fue el dolor por la esperanza desvanecida: incluso pareci\u00f3 que la enferma empeoraba, mientras la madre y el hermano sufr\u00edan no poco por la conmoci\u00f3n experimentada. La jornada fue muy triste y descorazonadora. Al llegar la noche, Julieta fue acostada, no recostada, sino sentada en la cama, la madre y el hermano se quedaron cerca de ella de rodillas rezando. El padre entr\u00f3 en la habitaci\u00f3n; aunque no padec\u00eda las conmociones por las alternativas de esperanza y des\u00e1nimo que desgarraban a los suyos, y que \u00e9l nunca hab\u00eda compartido, como no compart\u00eda sus sentimientos, sin embargo los dolores de sus seres queridos lo afectaban y lo atormentaban: por lo que se abstuvo de perturbarlos en su fe. Permaneci\u00f3 unos momentos y luego se retir\u00f3 para acostarse.<br \/>\nTerminada la oraci\u00f3n, Julieta quiso a\u00f1adir una decena del santo rosario: al hacerlo, se iba resignando poco a poco. Luego pidi\u00f3 a la madre el agua de Lourdes. La madre, temerosa de una decepci\u00f3n, dijo a la hija: \u2014Querida m\u00eda, si la Virgen hubiera querido curarte, lo habr\u00eda hecho esta ma\u00f1ana.<br \/>\n\u2014Yo, dijo Julieta, estoy segura de curarme esta noche, dame el agua.<br \/>\nEl joven Alberto, arrodill\u00e1ndose de nuevo, \u2014mam\u00e1, dijo, dale el agua, ciertamente se curar\u00e1.<br \/>\nLa se\u00f1ora Fournier le dio el agua a su hija, quien, santigu\u00e1ndose devotamente, bebi\u00f3 lentamente, y dejando el vaso, dio un largo y \u00e1vido suspiro, su pecho se elev\u00f3, sus pulmones se expandieron. Ante este largo y vigoroso suspiro, sucedido al jadeo estridente que siniestramente la hab\u00eda entristecido durante tantos meses, la buena madre sinti\u00f3 como un escalofr\u00edo. Julieta se moj\u00f3 y se lav\u00f3 el pecho con el agua de Lourdes. Mam\u00e1, grit\u00f3, esta agua me libera de todos mis dolores, me parece que me los quita como con una esponja.<br \/>\nAlberto se lanza a la puerta de la habitaci\u00f3n exclamando: \u00a1Julieta est\u00e1 curada, Julieta est\u00e1 curada!<br \/>\nEl padre acude, \u00a1curada!, exclama, y se queda estupefacto. \u00c9l hab\u00eda afrontado grandes peligros en su vida, pero nunca hab\u00eda sentido un golpe tan poderoso como el que le hac\u00eda sentir la voz clara y sonora de su hija que le dec\u00eda: \u00a1Pap\u00e1, ves que la Virgen me ha curado!<br \/>\nToda la casa se despert\u00f3; todos vinieron a admirar el prodigio. Una vez que todos se fueron, Julieta se acost\u00f3 extendida en la cama y sabore\u00f3 una noche muy pl\u00e1cida, y por la ma\u00f1ana se despert\u00f3 en la plenitud de la salud. La curaci\u00f3n era perfecta.<br \/>\nPor la ma\u00f1ana, apenas levantada de la cama, Julieta se apresur\u00f3 a ir a Burdeos a comprar flores para adornar la capilla de la Virgen, y llev\u00f3 gran cantidad yendo y viniendo a pie con suma maravilla y manifiesto asombro de cuantos sol\u00edan verla triste y doliente sobre el borrico.<br \/>\nEl doctor Denuc\u00e9 reconoci\u00f3 con admiraci\u00f3n la curaci\u00f3n de la cual escuch\u00f3 todos los detalles.<br \/>\nOcurri\u00f3 un hecho curioso cuando se pens\u00f3 en aprovechar los billetes de ba\u00f1o restantes para un mayor fortalecimiento de las fuerzas de Julieta. Se hizo venir al jumento; Julieta, como es de entender, no necesit\u00f3 ayuda, sino que con un buen salto se subi\u00f3 a \u00e9l, elogi\u00e1ndola todos por su agilidad. Pero el asno, hasta entonces tan pl\u00e1cido y quieto, fue presa de una singular man\u00eda y de un inusitado ardor, se encabrit\u00f3, se enfureci\u00f3, se lanz\u00f3 a saltos, y negando servicio a la muchacha la arroj\u00f3 al suelo, luego se puso a correr arrastr\u00e1ndola colgando con el pie atrapado en el estribo, la desdichada toda ensangrentada, casi se desmay\u00f3 del susto. Pero no fue un mal grave y no tuvo consecuencias. Se renunci\u00f3 a toda ayuda de la hidroterapia. La lecci\u00f3n fue entendida, con raz\u00f3n o sin ella pareci\u00f3 clara no menos que la que hab\u00eda dado la asna de Balaam.<br \/>\nEl se\u00f1or Fournier escribi\u00f3 inmediatamente a su cu\u00f1ado para concertar una cita en Lourdes. El coraz\u00f3n leal del viejo marinero no pod\u00eda ignorar la conclusi\u00f3n debida a una curaci\u00f3n tan prodigiosa.<br \/>\nRodeado de toda su familia, hizo actos de buen cristiano. Ernesto, que hab\u00eda estado ausente de tan hermosa fiesta, cumpli\u00f3 sus compromisos y tambi\u00e9n acudi\u00f3 al confesionario.<br \/>\nEl se\u00f1or Artus, este es el nombre del hermano de la se\u00f1ora Fournier, tan pronto como tuvo el primer pensamiento de la invocaci\u00f3n a Nuestra Se\u00f1ora de Lourdes, se esforz\u00f3 con gran celo en divulgar por la imprenta el hecho admirable. \u00c9l advert\u00eda, como dijo y public\u00f3, que cualquiera que se encuentre en presencia de hechos que revelan claramente a las inteligencias extraviadas la verdad, a las voluntades enfermas el remedio y la salud, tiene el deber de proclamar esos hechos y de dar testimonio p\u00fablico de ellos, para que la luz que lo ha iluminado y curado traiga a otros el mismo beneficio. Incluso hizo m\u00e1s: se dispuso a confundir la audacia de los imp\u00edos y sus negaciones. Le causaba dolor y consternaci\u00f3n observar cu\u00e1nto la despreciable estrategia de los librepensadores logra a menudo sofocar la verdad. Y con raz\u00f3n; porque es muy poderosa esa acci\u00f3n sobre la multitud de lectores de peri\u00f3dicos que se toma en serio todas las tonter\u00edas que se les sirven, y esas tesis mil veces refutadas y sin embargo siempre reproducidas como si estuvieran apoyadas en la mayor evidencia, manteniendo con impudencia la negaci\u00f3n de los hechos m\u00e1s incontestables y mejor aclarados con pruebas s\u00f3lidas. El vulgo, incapaz por falta de tiempo y de medios para hacer una investigaci\u00f3n, se f\u00eda de su peri\u00f3dico, cree en su ingenuidad que el escritor ha comprobado concienzudamente la verdad. La petulante seguridad del escritor, su negaci\u00f3n despectiva se supone bien fundada, se cree estudiada cuidadosamente; por lo tanto, no se pone en duda su respeto por la verdad, la buena fe, la honorabilidad. Pero todo esto no es m\u00e1s que enga\u00f1o.<br \/>\nEl se\u00f1or Artus, por lo tanto, intim\u00f3 a todos los librepensadores un desaf\u00edo solemne, provoc\u00e1ndolos a demostrar la falsedad de dos o tres de los hechos principales narrados por el se\u00f1or Lasserre en su historia de Nuestra Se\u00f1ora de Lourdes. Deposit\u00f3 en casa del se\u00f1or Turquet, notario en Par\u00eds, calle de Hanovre, N\u00b0 6: 1\u00b0 diez mil liras para la apuesta; 2\u00b0 cinco mil liras como garant\u00eda de los gastos de la investigaci\u00f3n; quedando la suma total de quince mil liras en manos del notario durante dos meses.<br \/>\nEstablecidas las m\u00e1s minuciosas y rigurosas condiciones del juicio, propuso que este fuera encomendado a personas de gran celebridad, designando con sus nombres a un gran n\u00famero de miembros de las m\u00e1s ilustres academias de Par\u00eds, m\u00e9dicos, cient\u00edficos, magistrados, incluso un renombrado te\u00f3logo, y lleg\u00f3 a invitar a un protestante que designaba y que era conocido por un escrito sobre la guerra y el asedio de Par\u00eds.<br \/>\nDeclar\u00f3 que cualquiera que quisiera aceptar el partido no tendr\u00eda m\u00e1s que avisar al notario, depositando una suma igual a la que \u00e9l hab\u00eda depositado por su parte.<br \/>\nPensaba, y con raz\u00f3n, el se\u00f1or Artus que si los milagros narrados por el se\u00f1or Lasserre eran falsos, en las ciudades y villas donde se afirmaba que hab\u00edan ocurrido, surgir\u00edan a decenas los apostadores atra\u00eddos por una ganancia segura. \u00abBien habr\u00e1, se dec\u00eda a s\u00ed mismo, librepensadores lo suficientemente tenaces en su postura, lo suficientemente seguros de la imposibilidad de los milagros para confiar en que ning\u00fan hecho puede desmentir su doctrina; ellos, indefectiblemente, surgir\u00e1n como campeones y arriesgar\u00e1n su dinero como yo arriesgo el m\u00edo, como cualquiera lo expondr\u00eda contra quien emprendiera a propugnar alguna absurdidad, por ejemplo, el movimiento perpetuo o la cuadratura del c\u00edrculo.<br \/>\nSi luego, por ventura, entre tantos testigos que tuvieron bajo sus ojos esos hechos, si entre tantos fil\u00f3sofos que se muestran despectivos cuando se habla de tal intervenci\u00f3n divina, si entre tantos adversarios no surge nadie, absolutamente nadie, a afrontar el desaf\u00edo, si el librepensamiento en masa hace o\u00eddos sordos, o se niega a poner la bolsa sobre la mesa ante la investigaci\u00f3n, entonces queda bien demostrado a todo hombre de buena fe que los acontecimientos sobrenaturales ocurridos en nuestros d\u00edas y narrados por el se\u00f1or Lasserre est\u00e1n fuera de toda contestaci\u00f3n: \u2014que verdaderamente la Sant\u00edsima Virgen apareci\u00f3 en Lourdes: \u2014que a su voz y a su se\u00f1al una fuente brot\u00f3 bajo los dedos de Bernardina: \u2014y que desde entonces ocurrieron curaciones milagrosas, perfectamente comprobadas incluso a los ojos de los adversarios que reh\u00fayen impugnarlas. Quedar\u00e1 tambi\u00e9n demostrado, para quien quiera ver, la realidad sobrehumana del cristianismo, y la eterna omnipotencia de Dios, hecho hombre, adorado en los altares. Se demostrar\u00e1 adem\u00e1s que los se\u00f1ores del librepensamiento, cuando se jactan en sus libros, en sus peri\u00f3dicos, en sus discursos, y se levantan contra los milagros, contra el catolicismo, contra Jesucristo, se vanaglorian de una seguridad que no tienen en su alma, ni en su mente, ni en su intelecto, ni en su conciencia, ni en su coraz\u00f3n.\u00bb<br \/>\nEl desaf\u00edo del se\u00f1or Artus fue publicado en la prensa y ampliamente difundido. Pero pas\u00f3 un a\u00f1o y nadie tuvo el coraje de afrontarlo, por lo que la verdad de los gloriosos acontecimientos de Lourdes qued\u00f3 a\u00fan m\u00e1s probada y la audacia de los adversarios vergonzosamente derrotada.<br \/>\nNarrado, pues, minuciosamente en un elegante op\u00fasculo la curaci\u00f3n de su sobrina, los esfuerzos empleados para someter a examen la lealtad de los adversarios, el se\u00f1or Artus envi\u00f3 copias a todos los miembros de la Academia Francesa, a todos los peri\u00f3dicos librepensadores, a todas las revistas y a los m\u00e1s conocidos campeones de la incredulidad moderna.<br \/>\nHabiendo provisto de esta manera convenientemente la m\u00e1xima publicidad, el se\u00f1or Artus elimin\u00f3 todo pretexto de ignorancia, poniendo en plena evidencia la mala intenci\u00f3n y la mala fe de los opositores de las apariciones de la Sant\u00edsima Virgen en Lourdes y de los impugnadores de los prodigios que las avalaron; al mismo tiempo, aport\u00f3 un potent\u00edsimo argumento para consolidar a\u00fan m\u00e1s la fe y la confianza de los buenos cristianos.<\/p>\n<p><a name=\"_Toc215476544\"><\/a><strong>Conclusi\u00f3n. Pastoral del Obispo de Tarbes, sobre las apariciones ocurridas en la gruta de Lourdes.<\/strong><strong><br \/>\n<\/strong><br \/>\nBernardina Soubirous, elegida por la Divina Providencia como instrumento de las prodigiosas manifestaciones de Lourdes, es una nueva prueba de que el Se\u00f1or se complace en los humildes y los sencillos, y los elige para alt\u00edsimas misiones, para que sus obras resplandezcan a\u00fan m\u00e1s por la debilidad de los medios con los que se cumplen.<br \/>\nCuando el Santuario de Lourdes fue victoriosamente erigido con las ofrendas de los fieles, y la Santa Iglesia obtuvo as\u00ed un nuevo presidio, un se\u00f1alado consuelo en las calamidades a las que, en sus inescrutables designios, \u00c9l permite que sucumba actualmente, la misi\u00f3n de Bernardina pareci\u00f3 cumplida.<br \/>\nQuiz\u00e1s ella lo entendi\u00f3 m\u00e1s claramente cuando, al celebrarse solemn\u00edsimos festejos por la inauguraci\u00f3n del nuevo santuario, se le impidi\u00f3 participar debido a una grave enfermedad que la manten\u00eda confinada en una cama del hospital. Y es muy digno de observaci\u00f3n que lo mismo le ocurri\u00f3 al p\u00e1rroco de Lourdes: y as\u00ed, los ministros de la voluntad de la Sant\u00edsima Virgen para la erecci\u00f3n del santuario, que fueron la joven mensajera y el sacerdote principal ejecutor, quedaron excluidos, y por lo tanto completamente desapercibidos en la alegr\u00eda y el j\u00fabilo p\u00fablicos. Es m\u00e1s, para sustraerse para siempre absolutamente a todas las miradas, Bernardina se consagr\u00f3 a Dios entrando en una piadosa sociedad de Hermanas de la Caridad.<br \/>\nLa familia de ella no cambi\u00f3 de estado, ni mejor\u00f3 en nada su condici\u00f3n, aunque no se le haya ahorrado la acusaci\u00f3n de vil comercio. Lo cierto es que nunca se acept\u00f3 ning\u00fan don, ni siquiera de poco valor. Bernardina accedi\u00f3 una vez a aceptar una ofrenda, fue la de una piadosa se\u00f1ora favorecida con una gracia se\u00f1alada: cuando esta se\u00f1ora depuso el h\u00e1bito votivo que hab\u00eda usado durante muchos meses, ella lo acept\u00f3, complaci\u00e9ndose en vestir los colores de la Sant\u00edsima Virgen hasta que los cambi\u00f3 por las austeras vestiduras religiosas.<br \/>\nAhora, en el retiro de una humilde celda y en el ejercicio de la caridad, recuerda, y ciertamente con espiritual y suave deleite, las secretas comunicaciones y los favores de la Sant\u00edsima Virgen.<br \/>\nPara confirmar lo que hemos narrado hasta ahora, creemos conveniente publicar aqu\u00ed la pastoral del Obispo de Tarbes, en la cual se exponen y confirman las maravillas obradas en la gruta de Lourdes.<\/p>\n<p><strong>Bertrando Severo Laurence<br \/>\n<\/strong><em>por la misericordia de Dios, y por la gracia de la santa Sede Apost\u00f3lica, Obispo de Tarbes, asistente al solio Pontificio, etc., etc.<br \/>\n<\/em><br \/>\n<strong><em>Al Clero y a los fieles de nuestra Di\u00f3cesis, salud y bendici\u00f3n en nuestro Se\u00f1or Jesucristo.<br \/>\n<\/em><\/strong><br \/>\nEn todos los tiempos, amad\u00edsimos cooperadores y querid\u00edsimos hermanos, se han establecido maravillosas comunicaciones entre el cielo y la tierra. Desde el origen del mundo, el Se\u00f1or apareci\u00f3 a nuestros primeros padres para reprocharles la desobediencia cometida. En los siglos siguientes lo vemos conversar con los Patriarcas y los Profetas, y el Antiguo Testamento narra la historia de las celestiales apariciones de las que fueron favorecidos los hijos de Israel. Estos divinos favores no deb\u00edan cesar con la ley Mosaica; al contrario, en la ley de gracia fueron m\u00e1s estupendos y m\u00e1s numerosos.<br \/>\nDesde los principios de la Iglesia, en aquellos tiempos de cruel persecuci\u00f3n, los cristianos recib\u00edan visitas de Jesucristo, o de los \u00c1ngeles, que aparec\u00edan ahora para revelarles los secretos del porvenir, ahora para liberarlos de las cadenas, ahora para fortificarlos en los combates. De este modo, seg\u00fan la opini\u00f3n de un juicioso escritor, Dios animaba a aquellos ilustres confesores de la fe, mientras los poderosos de la tierra hac\u00edan todo esfuerzo por extinguir en su germen la doctrina salvadora del mundo. Estas manifestaciones sobrenaturales no ocurrieron solamente en los primeros siglos del cristianismo: la historia atestigua que se han renovado de tiempo en tiempo para gloria de la religi\u00f3n y edificaci\u00f3n de los fieles.<br \/>\nEntre las apariciones celestiales, se destacan las de la Sant\u00edsima Virgen y han sido para el mundo una copiosa fuente de bendiciones. Recorriendo el universo cat\u00f3lico, el viajero se encuentra de vez en cuando con templos consagrados a la Madre de Dios; y muchos de estos monumentos tienen su origen en apariciones de la Reina de los cielos. Nosotros ya poseemos uno de estos benditos santuarios, fundado, hace cuatro siglos, despu\u00e9s de una revelaci\u00f3n hecha a una tierna pastorcita, al cual miles de peregrinos acuden todos los a\u00f1os para postrarse ante el trono de la gloriosa Virgen e implorar sus favores.<br \/>\nGracias sean dadas al Omnipotente, que en los tesoros infinitos de su bondad nos concede un nuevo favor. \u00c9l quiere que en la Di\u00f3cesis de Tarbes se construya un nuevo santuario a gloria de Mar\u00eda. \u00bfY cu\u00e1l es el instrumento elegido por ella para manifestarnos sus piadosos designios? Como siempre ocurre, uno de los m\u00e1s viles seg\u00fan el mundo; una muchacha de catorce a\u00f1os, Bernardina Soubirous, nacida en Lourdes de familia pobre.<br \/>\nCorr\u00eda el und\u00e9cimo d\u00eda de febrero del a\u00f1o 1858. Bernardina recog\u00eda le\u00f1a seca a orillas del Gave, en compa\u00f1\u00eda de una de sus hermanas de once a\u00f1os, y de otra jovencita de trece a\u00f1os. Hab\u00eda llegado ante la gruta llamada de Massabielle, cuando en medio del silencio de la naturaleza oye un ruido similar a un soplo de viento. Ella mira hacia la orilla derecha del r\u00edo, flanqueada por \u00e1lamos, pero los ve inm\u00f3viles. Un nuevo ruido habiendo golpeado sus o\u00eddos, se vuelve hacia la gruta, y ve en la extremidad de la roca, en una especie de nicho, junto a un arbusto que se agita, una dama que le hace se\u00f1as de acercarse. Su rostro era de una belleza que arrebataba; ella estaba vestida de blanco, con una faja alrededor de la cintura de color celeste, ten\u00eda un velo blanco en la cabeza y una rosa de color amarillo sobre cada uno de sus pies. A esa vista, Bernardina se asusta, pensando ser v\u00edctima de una ilusi\u00f3n; ella se frota los ojos; pero el objeto que ve se vuelve cada vez m\u00e1s sensible. Entonces ella cae instintivamente de rodillas, toma su rosario, lo reza, y cuando lo hubo terminado la aparici\u00f3n se desvaneci\u00f3.<br \/>\nYa sea por una inspiraci\u00f3n secreta, o por instigaci\u00f3n de sus compa\u00f1eras, a quienes hab\u00eda revelado lo que hab\u00eda visto, Bernardina regresa a la gruta el domingo y el jueves siguientes, y en cada ocasi\u00f3n se renueva el mismo fen\u00f3meno. El domingo, para asegurarse si ese ser misterioso ven\u00eda de parte del Se\u00f1or, la jovencita le roc\u00eda tres veces agua bendita, y ella recibe una mirada llena de dulzura y ternura. El jueves, la aparici\u00f3n habla a Bernardina, y le dice que regrese durante quince d\u00edas seguidos; que beba, que se lave en la fuente y que coma una hierba que all\u00ed encontrar\u00e1. La jovencita, al no ver agua en la gruta, se dirige hacia el r\u00edo Gave, cuando la aparici\u00f3n la llama y le dice que vaya al fondo de la gruta, al lugar que ella le se\u00f1ala con el dedo. La muchacha obedece, pero no encuentra m\u00e1s que tierra h\u00fameda. Ella excava enseguida con sus manos un peque\u00f1o agujero, que se llena de agua lodosa; bebe de ella, se lava y come una especie de berro que se encontraba en ese lugar.<br \/>\nCumplido ese acto de obediencia, la aparici\u00f3n habla de nuevo a Bernardina y le encarga que vaya a decir a los sacerdotes que es su voluntad que se le erija una capilla en el lugar donde ha aparecido; y la muchacha se apresura a cumplir la misi\u00f3n recibida ante el p\u00e1rroco.<br \/>\nLa jovencita hab\u00eda sido invitada a regresar durante quince d\u00edas a la gruta. Ella obedece fielmente y cada d\u00eda, a excepci\u00f3n de dos, contempla el mismo espect\u00e1culo en presencia de una multitud innumerable de gente, que se agolpa delante de la gruta sin ver ni o\u00edr nada. Durante estos quince d\u00edas la aparici\u00f3n invit\u00f3 varias veces a Bernardina a ir a beber y lavarse en el lugar ya indicado; le recomend\u00f3 que rezara por los pecadores y renov\u00f3 la invitaci\u00f3n de que se le erigiera una capilla. Por su parte, Bernardina le pregunt\u00f3 qui\u00e9n era, pero no recibi\u00f3 por respuesta m\u00e1s que una graciosa sonrisa.<br \/>\nTranscurrida la decimoquinta visita, tuvieron lugar a\u00fan dos apariciones, una el veinticinco de marzo, d\u00eda de la Anunciaci\u00f3n de la Sant\u00edsima Virgen, y la otra el cinco de abril. El d\u00eda de la Anunciaci\u00f3n, Bernardina pregunt\u00f3 tres veces al ser misterioso qui\u00e9n era. Entonces la aparici\u00f3n levanta sus manos, las junta a la altura del pecho, eleva los ojos al cielo, y con una expresi\u00f3n sonriente exclama: <em>Yo soy la Inmaculada Concepci\u00f3n. \u00abJe suis l\u2019Immacul\u00e9e Conception.<\/em>\u00bb<br \/>\nTal es en sustancia, continuaba el Prelado, la genuina narraci\u00f3n que nosotros mismos hemos obtenido de boca de Bernardina, en presencia de la Comisi\u00f3n reunida para interrogarla por segunda vez.<br \/>\nPor consiguiente, la muchacha habr\u00e1 visto y o\u00eddo a un ser que se llama la Inmaculada Concepci\u00f3n, el cual, aunque revestido de forma humana, no ha sido ni visto ni o\u00eddo por ninguno de los numerosos espectadores presentes en la aparici\u00f3n. Este, pues, ser\u00e1 un ser sobrenatural. \u00bfQu\u00e9 debemos pensar de tal hecho?<br \/>\nQuerid\u00edsimos hermanos, sab\u00e9is con cu\u00e1nta lentitud procede la Iglesia al juzgar estos hechos sobrenaturales. Antes de admitirlos y declararlos divinos, exige pruebas cert\u00edsimas. El hombre, despu\u00e9s de su ca\u00edda original, est\u00e1 sujeto a muchos errores, especialmente en materia tan delicada. Si no es enga\u00f1ado por la raz\u00f3n, que se ha vuelto tan d\u00e9bil, puede ser enga\u00f1ado por el demonio. \u00bfY qui\u00e9n no sabe que a veces el maligno, para hacernos caer f\u00e1cilmente en sus trampas, se transforma en \u00e1ngel de luz? (2 Cor. c. XI, 14) Por eso el Disc\u00edpulo predilecto nos inculca que no creamos a todo esp\u00edritu, sino que probemos si los esp\u00edritus proceden de Dios (1 Ep. Ioan. c. IV, 1). Esta prueba la hemos hecho, querid\u00edsimos hermanos. En torno al hecho del que hablamos, hace cuatro a\u00f1os que dedicamos nuestras solicitudes; lo hemos observado en sus diversas fases; y nos hemos inspirado seg\u00fan la Comisi\u00f3n compuesta por virtuosos, doctos y experimentados eclesi\u00e1sticos, quienes han interrogado a la muchacha, estudiado con suma diligencia los hechos y examinado y ponderado cada cosa. Hemos invocado tambi\u00e9n la autoridad de la ciencia, y hemos quedado convencidos de que la aparici\u00f3n es sobrenatural y divina, y que, por consiguiente, lo que ha visto Bernardina es la Sant\u00edsima Virgen. Nuestro convencimiento se ha formado sobre el testimonio de Bernardina, pero principalmente sobre los hechos sucedidos, y que no se pueden explicar sin admitir una operaci\u00f3n divina. El testimonio de la muchacha lleva consigo toda seguridad. Y primeramente, su sinceridad no puede ponerse en duda. \u00bfY qui\u00e9n, tratando con ella, no puede admirar su simplicidad, su candor, su modestia? Mientras se habla por todas partes de las maravillas que le han sido reveladas, ella sola calla, y cuando se le pregunta responde, lo cuenta todo sin afectaci\u00f3n, y con una ingenuidad indecible; y a las much\u00edsimas preguntas que se le hacen, da sin vacilaci\u00f3n respuestas claras, precisas, convenientes y llenas de grand\u00edsima persuasi\u00f3n. Sometida a duras pruebas no ha cedido a amenazas, y ha rechazado grandes ofertas. Siempre coherente consigo misma, interrogada varias veces, ha mantenido constantemente lo que hab\u00eda dicho una vez sin a\u00f1adir nada, y sin quitar nada. Incontestable es, pues, la sinceridad de Bernardina es m\u00e1s, a\u00f1adimos que es incontestada, porque sus contradictores, que los ha tenido, se han visto obligados a confesarlo.<br \/>\nPero si Bernardina no quiso enga\u00f1ar, \u00bfno es posible que se haya enga\u00f1ado a s\u00ed misma? \u00bfNo puede ser que haya cre\u00eddo ver y o\u00edr cuando no vio ni oy\u00f3 nada? \u00bfNo puede ser que haya sido presa de alucinaciones? \u2014 Esto no se puede suponer. La sabidur\u00eda de sus respuestas demuestra que es de \u00e1nimo recto, que tiene una imaginaci\u00f3n tranquila y un juicio muy superior a su edad. No est\u00e1 exaltada por el sentimiento religioso; no se le ha encontrado ni desorden intelectual, ni alteraci\u00f3n de los sentidos, ni rareza de car\u00e1cter, ni enfermedad alguna que la dispusiera a formarse invenciones imaginarias. Vio la aparici\u00f3n no una sola vez sino dieciocho; al principio, s\u00fabitamente, no habiendo nada que pudiera hacerla sospechar el acontecimiento que suced\u00eda: y en los quince d\u00edas, esperando verla siempre, por dos veces no vio nada aunque se encontraba en el mismo lugar y en las mismas circunstancias. \u00bfY qu\u00e9 suced\u00eda cuando la ve\u00eda? Bernardina se transformaba; tomaba otros sentimientos, la mirada se le encend\u00eda, ve\u00eda cosas que nunca hab\u00eda visto, o\u00eda un lenguaje nunca antes o\u00eddo por ella, cuyo sentido a veces ignoraba pero no lo olvidaba. El conjunto de estas circunstancias no permite suponer que estuviera presa de alucinaciones. La joven, pues, vio y oy\u00f3 a un ser que se dec\u00eda la Inmaculada Concepci\u00f3n, y no pudi\u00e9ndose explicar este hecho naturalmente, tenemos raz\u00f3n para creer que la aparici\u00f3n es sobrenatural.<br \/>\nEl testimonio de Bernardina, que ya de por s\u00ed es importante, adquiere nueva fuerza o m\u00e1s bien su cumplimiento de los hechos maravillosos que siguieron. Si el \u00e1rbol se debe juzgar por sus frutos, podemos afirmar que la aparici\u00f3n relatada por la ni\u00f1a es sobrenatural y divina, porque ha producido efectos sobrenaturales y divinos. Y de hecho, \u00bfqu\u00e9 ha sucedido despu\u00e9s de eso, querid\u00edsimos hermanos? Tan pronto como la aparici\u00f3n fue conocida, la noticia se extendi\u00f3 por todas partes en poco tiempo: se sab\u00eda que Bernardina deb\u00eda ir durante quince d\u00edas a la gruta; y he aqu\u00ed que toda la comarca se conmueve; multitud de gente acude al lugar de la aparici\u00f3n; con grand\u00edsimo deseo espera la hora solemne, y mientras la ni\u00f1a, arrebatada fuera de s\u00ed, est\u00e1 absorta en el Ser que contempla, los testigos de este prodigio se conmueven y enternecen en un mismo sentimiento de admiraci\u00f3n y de oraci\u00f3n.<br \/>\nLas apariciones han cesado, pero la afluencia contin\u00faa; peregrinos venidos de lejanas tierras no menos que de los pa\u00edses vecinos acuden a la gruta: y los hay de todas las edades, clases y condiciones. \u00bfY qu\u00e9 causa mueve a estos innumerables visitantes? Van a la gruta para orar y pedir alg\u00fan favor a la Inmaculada Mar\u00eda, y con su recogimiento dan a entender que sienten como un soplo divino, que anima esa roca ahora tan famosa. Muchas almas ya buenas se han fortalecido en la virtud, otras fr\u00edas e indiferentes han retomado las antiguas pr\u00e1cticas de la Religi\u00f3n; pecadores obstinados, habiendo sido invocada en su favor la Virgen de Lourdes, se han reconciliado con Dios. Estas maravillas de la gracia que tienen un car\u00e1cter de universalidad y de duraci\u00f3n no pueden tener otro autor que Dios. Y todo esto confirma evidentemente la verdad de la aparici\u00f3n.<br \/>\nSi de los efectos producidos para el bien de las almas pasamos a los que conciernen a la salud de los cuerpos, \u00bfcu\u00e1ntos y qu\u00e9 prodigios no tenemos que contar?<br \/>\nBernardina hab\u00eda sido vista bebiendo y lav\u00e1ndose en el lugar designado por la aparici\u00f3n. Esta circunstancia hab\u00eda sido notada y hab\u00eda despertado la atenci\u00f3n p\u00fablica. Todos se preguntaban si no se deb\u00eda tomar esto como un signo de una virtud sobrenatural del agua de esa fuente.<br \/>\nEnfermos han recurrido al agua de la gruta, y no en vano: muchos cuyas enfermedades hab\u00edan resistido a las curas m\u00e1s en\u00e9rgicas, han recuperado s\u00fabitamente la salud. Estas curaciones extraordinarias despertaron mucha maravilla y por todas partes se propag\u00f3 pronto la fama. De ah\u00ed, desde todo el mundo los enfermos que no pod\u00edan acudir a la gruta, ped\u00edan el agua de Massabielle. \u00a1Cu\u00e1ntos enfermos curados! \u00a1Cu\u00e1ntas familias consoladas!&#8230; Si quisi\u00e9ramos invocar su testimonio, innumerables voces se levantar\u00edan para publicar con el lenguaje de la gratitud la soberana eficacia del agua de la gruta. Aqu\u00ed no podemos hacer la enumeraci\u00f3n de todos los favores obtenidos; pero podemos afirmar que el agua de Massabielle ha curado a enfermos desesperados y ya declarados incurables. Estas curaciones han ocurrido con el uso de un agua desprovista de toda cualidad curativa por naturaleza (seg\u00fan el riguroso an\u00e1lisis realizado por buenos qu\u00edmicos y experimentados) unas instant\u00e1neamente, otras despu\u00e9s de haberla usado dos o tres veces, ya sea bebida o en loci\u00f3n. Adem\u00e1s, estas curaciones son permanentes. Ahora, \u00bfqu\u00e9 fuerza las ha producido? \u00bfQuiz\u00e1s la fuerza de la organizaci\u00f3n? La ciencia dice que no. Son, pues, obra de Dios. Pero todas se refieren a la Aparici\u00f3n; ella es el principio, ella inspir\u00f3 confianza a los enfermos; hay, por consiguiente, un estrecho v\u00ednculo entre la Aparici\u00f3n y las curaciones; y por lo tanto la Aparici\u00f3n es divina porque las curaciones llevan una impronta divina. \u00a1Pero lo que procede de Dios es verdad! Por consiguiente, la Aparici\u00f3n que se dijo la Inmaculada Concepci\u00f3n, que Bernardina vio y oy\u00f3, \u00a1es la <em>Sant\u00edsima Virgen! Exclamemos, pues: \u00abaqu\u00ed est\u00e1 el dedo de Dios \u2014 Digitus Dei est hic<\/em>.\u00bb<br \/>\nAdmiremos, querid\u00edsimos hermanos, la econom\u00eda de la divina Providencia. El inmortal P\u00edo IX, a finales del a\u00f1o 1854, defin\u00eda el dogma de la Inmaculada Concepci\u00f3n. La palabra del Pont\u00edfice fue pronto difundida por todo el mundo; los corazones de los cat\u00f3licos exultaron de alegr\u00eda, y en todas partes se celebr\u00f3 el glorioso privilegio de Mar\u00eda con fiestas que nunca olvidaremos. Y he aqu\u00ed que tres a\u00f1os despu\u00e9s la Sant\u00edsima Virgen, apareci\u00e9ndose a una ni\u00f1a, le dice: <em>Yo soy la Inmaculada Concepci\u00f3n&#8230;. Quiero que se edifique en este lugar una capilla en mi honor<\/em>. \u00bfNo parece que ella haya querido de este modo consagrar con un monumento el or\u00e1culo infalible del Sucesor de Pedro? \u00bfY d\u00f3nde quiere que se eleve este monumento? A los pies de nuestros Pirineos; lugar al que acuden much\u00edsimos extranjeros de todas partes del mundo para recuperar la salud del cuerpo. \u00bfNo parece que de tal modo la Virgen convoca a los fieles de todas las naciones a honrarla en el nuevo templo que se le levantar\u00e1?<br \/>\n\u00a1Habitantes de la ciudad de Lourdes, alegraos! La Augusta Mar\u00eda se digna dirigir sobre vosotros sus misericordiosas miradas. Ella quiere que se le levante cerca de vuestra ciudad un santuario donde dispensar\u00e1 sus favores. Agradecedle esta se\u00f1al de predilecci\u00f3n que os da: y ya que se muestra liberal con las ternuras de Madre, mostraos sus hijos devotos con la imitaci\u00f3n de sus virtudes y con el afecto a la Religi\u00f3n. Por lo dem\u00e1s, nos complace decirlo, la Aparici\u00f3n ya ha tra\u00eddo entre vosotros abundant\u00edsimos frutos de salud. Testigos oculares de los hechos de la gruta, y de los felices \u00e9xitos all\u00ed ocurridos, vuestra confianza ha sido grande, y fuerte ha sido vuestro convencimiento. Hemos admirado vuestra prudencia, vuestra docilidad para seguir nuestros consejos de sumisi\u00f3n a la autoridad civil, cuando durante algunas semanas debisteis absteneros de ir a la gruta, y reprimir en vuestros corazones los sentimientos inspirados por el espect\u00e1culo que tanto os hab\u00eda conmovido en los quince d\u00edas de las Apariciones.<br \/>\nY vosotros todos, querid\u00edsimos diocesanos nuestros, abrid el coraz\u00f3n a la esperanza: comienza para vosotros una nueva era de gracias, y para todos est\u00e1n preparadas las bendiciones celestiales.<br \/>\nEn vuestras s\u00faplicas y c\u00e1nticos, a\u00f1adir\u00e9is de aqu\u00ed en adelante el t\u00edtulo <em>de Nuestra Se\u00f1ora de Lourdes <\/em>a los de Nuestra Se\u00f1ora de Garaison, de Poeyla\u00fcn, de H\u00e9as, y de Pi\u00e9tat. Desde estos venerables santuarios, la Virgen Inmaculada velar\u00e1 sobre vosotros, y os cubrir\u00e1 con su eficac\u00edsima protecci\u00f3n. S\u00ed, querid\u00edsimos colaboradores nuestros y amad\u00edsimos hermanos, si con el coraz\u00f3n lleno de confianza mantenemos fijos los ojos en esta estrella del mar, atravesaremos sin temor de naufragio el tempestuoso mar de esta vida y llegaremos sanos y salvos al puerto de la eterna felicidad.<br \/>\nPor estos motivos, despu\u00e9s de habernos entendido con nuestros venerables hermanos Dignatarios, Can\u00f3nigos y Cap\u00edtulo de nuestra iglesia catedral;<\/p>\n<p><strong>INVOCADO EL SANTO NOMBRE DE DIOS<br \/>\n<\/strong><br \/>\nFund\u00e1ndonos en las reglas sabiamente establecidas por Benedicto XIV en su obra sobre la Beatificaci\u00f3n y Canonizaci\u00f3n de los Santos para el discernimiento de las verdaderas o falsas apariciones;<br \/>\nVista la favorable relaci\u00f3n que se nos ha presentado por la Comisi\u00f3n encargada de informar sobre la Aparici\u00f3n ocurrida en la gruta de Lourdes, y sobre los hechos a ella referentes;<br \/>\nVistos los testimonios escritos de los m\u00e9dicos que hemos solicitado sobre las numerosas curaciones obtenidas con el uso del agua de la gruta;<br \/>\nConsiderando primeramente que el hecho de la Aparici\u00f3n, tanto por parte de la ni\u00f1a que la denunci\u00f3, como principalmente por los efectos extraordinarios que de ella se derivaron, no podr\u00eda explicarse de otro modo que con la operaci\u00f3n de una causa sobrenatural;<br \/>\nConsiderando en segundo lugar que esta causa no puede ser sino divina, puesto que los efectos producidos, siendo unos signos sensibles de la gracia, como la conversi\u00f3n de los pecadores; las otras derogaciones a las leyes de la naturaleza, como las curaciones milagrosas, no pueden atribuirse sino al Autor de la gracia, y al Due\u00f1o de la naturaleza;<br \/>\nConsiderando finalmente que nuestro convencimiento est\u00e1 corroborado por el grand\u00edsimo y espont\u00e1neo concurso de los fieles a la gruta, concurso que no ha cesado en absoluto despu\u00e9s de las primeras apariciones, y que tiene por fin pedir favores, o dar gracias por los recibidos;<br \/>\nPara satisfacer el justo deseo de nuestro venerable Cap\u00edtulo, del Clero, de los laicos de nuestra di\u00f3cesis y de tantas almas piadosas que anhelan desde hace mucho tiempo de la autoridad eclesi\u00e1stica una sentencia que motivos de prudencia nos han hecho diferir;<br \/>\nQueriendo tambi\u00e9n satisfacer los votos de muchos de nuestros colegas en el Episcopado, y de un gran n\u00famero de personajes notables que no son de nuestra di\u00f3cesis;<br \/>\nDespu\u00e9s de haber invocado las luces del Esp\u00edritu Santo, y la asistencia de la Sant\u00edsima Virgen<br \/>\nHemos declarado y declaramos lo que sigue:<br \/>\nArt. 1. Nosotros juzgamos que la <em>Inmaculada Mar\u00eda Madre de Dios<\/em> apareci\u00f3 realmente a Bernardina Soubirous el 11 de febrero de 1858 y los d\u00edas subsiguientes por dieciocho veces en la gruta de Massabielle cerca de la ciudad de Lourdes, y que esta aparici\u00f3n tiene todos los caracteres de la verdad, y por lo tanto los fieles pueden tenerla por cierta. Sometemos humildemente nuestro juicio al juicio del Soberano Pont\u00edfice, a quien corresponde el gobierno de toda la Iglesia.<br \/>\nArt. 2. Permitimos el culto de Nuestra Se\u00f1ora de Lourdes en nuestra di\u00f3cesis; pero prohibimos al mismo tiempo cualquier publicaci\u00f3n de f\u00f3rmula particular de oraci\u00f3n, de cualquier c\u00e1ntico o libro de devoci\u00f3n relativo a este acontecimiento sin nuestra aprobaci\u00f3n dada por escrito.<br \/>\nArt. 3. Para conformarnos a la voluntad de la Sant\u00edsima Virgen manifestada una y otra vez en sus diversas apariciones, nos proponemos hacer levantar un santuario en el terreno de la gruta, que ha pasado a ser propiedad particular de los Obispos de Tarbes.<br \/>\nEsta construcci\u00f3n, debido al sitio escarpado y dif\u00edcil, requerir\u00e1 largos trabajos y grandes gastos. Por ello, para ejecutar nuestro piadoso prop\u00f3sito, necesitamos la ayuda de los sacerdotes y fieles de nuestra Di\u00f3cesis, de los sacerdotes y fieles de Francia y de otras tierras. Hacemos un llamamiento a su generoso coraz\u00f3n, y particularmente a todas las personas devotas de toda naci\u00f3n que profesan un culto especial a la Inmaculada Concepci\u00f3n de Mar\u00eda Sant\u00edsima.<br \/>\nArt. 4. Con confianza nos dirigimos a los Institutos de ambos sexos consagrados a la ense\u00f1anza de la juventud, a las Congregaciones de las hijas de Mar\u00eda, a las Cofrad\u00edas de la Sant\u00edsima Virgen, y a las diversas piadosas Asociaciones tanto de nuestra Di\u00f3cesis como de toda Francia.<br \/>\nArt. 5. Toda parroquia, corporaci\u00f3n, establecimiento, comunidad religiosa, cofrad\u00eda o persona que ofrezca por s\u00ed misma o por medio de donaciones que haya recogido, una suma de 500 francos o m\u00e1s, tendr\u00e1 el t\u00edtulo de <em>fundador del santuario de la gruta de Lourdes<\/em>.<br \/>\nSi las donaciones ofrecidas son de 20 francos o m\u00e1s, el t\u00edtulo ser\u00e1 de <em>benefactor principal<\/em>.<br \/>\nLos nombres de los fundadores y benefactores principales nos ser\u00e1n enviados con las ofrendas; ser\u00e1n diligentemente conservados en un registro destinado a tal fin; adem\u00e1s, ser\u00e1n depositados en un coraz\u00f3n de plata dorada, que ser\u00e1 colocado en el altar mayor del santuario.<br \/>\nCada semana y a perpetuidad se celebrar\u00e1n en este santuario, los mi\u00e9rcoles, dos misas por los fundadores y benefactores principales; los viernes, se celebrar\u00e1 una por todos aquellos que con sus ofrendas, aunque m\u00ednimas, hayan contribuido a esta construcci\u00f3n.<br \/>\nNo es sin un fin particular de amor y de misericordia que la Santa Virgen ha pedido la erecci\u00f3n en este lugar de un santuario en su honor. No hay duda, por consiguiente, de que las personas que contribuyan con sus donaciones a la construcci\u00f3n de este monumento no recibir\u00e1n a cambio alg\u00fan favor se\u00f1alado, tanto en el orden espiritual como en el temporal.<br \/>\nArt. 6. Un grand\u00edsimo n\u00famero de personas, tanto de nuestra di\u00f3cesis, como de varias partes de Francia, como tambi\u00e9n extranjeras, han obtenido gracias insignes en la gruta <em>de Lourdes<\/em>; muchas nos han prometido enviarnos su ofrenda tan pronto como sea posible de erigir un santuario en este lugar. Hacemos saber que ha llegado el momento. Les rogamos tambi\u00e9n que recomienden la obra de la Gruta a las personas de su conocimiento, y que se encarguen, si es necesario, de sus donaciones voluntarias para hac\u00e9rnoslas llegar.<br \/>\nArt. 7. Se nombrar\u00e1 una comisi\u00f3n compuesta por sacerdotes y laicos para supervisar, bajo nuestra presidencia, el empleo de los fondos.<br \/>\nEsta Pastoral nuestra ser\u00e1 le\u00edda y publicada en todas las iglesias, capillas y oratorios de los seminarios, colegios, hospicios de nuestra Di\u00f3cesis, el domingo siguiente a su recepci\u00f3n.<br \/>\nDada en Tarbes, en nuestro palacio Episcopal, con suscripci\u00f3n hecha de pu\u00f1o y letra, con nuestro sello, y contrasello de nuestro secretario, el 18 de enero de 1862.<\/p>\n<p>\u2020 BERTRANDO SEVERO<br \/>\nObispo de Tarbes.<\/p>\n<p>FOURCADE<br \/>\ncan\u00f3nigo secretario.<\/p>\n<p><a name=\"_Toc215476545\"><\/a><strong>La aparici\u00f3n de Lourdes<\/strong><strong><br \/>\n<\/strong>(11 de febrero de 1858)<\/p>\n<p>\u00a1Al\u00e9grate, oh, Francia! Apenas han pasado dos lustros<br \/>\nCosas excelsas el Eterno en ti cumple:<br \/>\nLa Bendita, de toda gracia llena,<br \/>\nA los pastorcillos de La Salette primero,<br \/>\nLuego, en un camino que a los Pirineos nos lleva,<br \/>\nPor dieciocho veces Ella aparec\u00eda<br \/>\nA una humilde doncella de catorce a\u00f1os<br \/>\nQue Bernardina Subirous se apellida.<\/p>\n<p>Una r\u00edgida ma\u00f1ana de febrero<br \/>\nLe\u00f1a recog\u00eda a orillas del Gave,<br \/>\nCuando le parece que un aura repentina<br \/>\nDetr\u00e1s de ella agita las frondas:<br \/>\nSe vuelve, y ve una visi\u00f3n divina<br \/>\nQue alegr\u00eda y temor en su pecho infunde,<br \/>\nDe modo que el Rosario a recitar se pone<br \/>\nTemiendo diab\u00f3lica ilusi\u00f3n.<\/p>\n<p>Qui\u00e9n fuera aquella bien no sab\u00eda<br \/>\nLa ignorante muchacha afortunada:<br \/>\nSolo lo supo cuando Ella le dec\u00eda:<br \/>\n\u00abYo soy la Inmaculada Concepci\u00f3n\u00bb<br \/>\nY el mandato entretanto recib\u00eda<br \/>\nDe que por quince d\u00edas regresara<br \/>\nA aquella gruta oscura de Massabielle<br \/>\nDonde resplandec\u00eda la \u00ednclita figura.<\/p>\n<p>All\u00ed, en medio de una turba reverente,<br \/>\nHumilde en tanta gloria ella regresaba:<br \/>\nVestida de blanco, hermosa y sonriente<br \/>\nLa Virgen de nuevo se le aparec\u00eda;<br \/>\nY a una Se\u00f1al Suya prodigiosamente<br \/>\nBrot\u00f3 una fuente de agua viva,<br \/>\nQue la salud dio a los enfermos,<br \/>\nAunque ya por los m\u00e9dicos desahuciados.<\/p>\n<p>Desmentir se atrevi\u00f3 los altos portentos<br \/>\nLoca de rabia entonces la incredulidad:<br \/>\nAmenaz\u00f3 a Bernardina y a sus parientes,<br \/>\nAl enga\u00f1o recurri\u00f3, a la violencia:<br \/>\nPero Dios contuvo a los pueblos frementes<br \/>\nContra la atea necedad y prepotencia:<br \/>\nLa ardua prueba ces\u00f3; brill\u00f3 m\u00e1s bella<br \/>\nLa virtud de los portentos y de la doncella.<\/p>\n<p>Roma puso el sello de su sanci\u00f3n:<br \/>\nDe aqu\u00ed una afluencia de infinitas gentes<br \/>\nAl lugar de la santa aparici\u00f3n;<br \/>\nPara conjurar los males siempre inminentes<br \/>\nToda la flor de la naci\u00f3n g\u00e1lica<br \/>\nAll\u00ed convino, desat\u00f3 votos ardientes;<br \/>\nY para obedecer a la Madre divina<br \/>\nSe levant\u00f3 un templo donde apareci\u00f3 a Bernardina.<\/p>\n<p>Las desventuras de la Iglesia y de Francia<br \/>\nSi en La Salette, oh, Mar\u00eda, has pronunciado,<br \/>\nLa sonrisa de Lourdes prenuncia tambi\u00e9n<br \/>\nSu triunfo tan deseado,<br \/>\nQuitadas de en medio aquellas malas escisiones<br \/>\nQue han enemistado al Templo y al Trono:<br \/>\nY nuestro coraz\u00f3n a tu coraz\u00f3n, oh Mar\u00eda,<br \/>\nAgradecido eternamente ser\u00e1.<\/p>\n<p>Pero debemos recordar que si en La Salette<br \/>\nSe nos insinu\u00f3 el arrepentimiento,<br \/>\nUn recuerdo similar Mar\u00eda nos dio<br \/>\nEn la celeste aparici\u00f3n de Lourdes.<br \/>\n\u00a1Penitencia! que Dios est\u00e1 al acecho;<br \/>\n\u00a1Penitencia! exclam\u00f3 con vivo acento.<br \/>\n\u00a1Oh, a la Madre de Dios demos obediencia,<br \/>\nY abracemos los caminos de penitencia!<\/p>\n<p>D. G. Zambaldi<\/p>\n<p><a name=\"_Toc215476546\"><\/a><strong>Ap\u00e9ndice. Gracias obtenidas por medio de Mar\u00eda Auxiliadora<\/strong><strong><br \/>\n<\/strong>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0No solo en Francia, sino en toda la Cristiandad, Dios se complace en estos tiempos en conceder gracias muy se\u00f1aladas por intercesi\u00f3n de Mar\u00eda Sant\u00edsima.<br \/>\nUna prueba evidente la tenemos en Tur\u00edn, en la Iglesia de Mar\u00eda Auxiliadora, anexa al Oratorio de San Francisco de Sales en Valdocco. No pasa d\u00eda sin que se presente en la sacrist\u00eda o ante el Director del Oratorio alguna persona para relatar favores, curaciones, gracias de todo tipo obtenidas a ra\u00edz de triduos o novenas, o oraciones practicadas en honor de la Sant\u00edsima Virgen invocada bajo el t\u00edtulo de <em>Auxilio de los Cristianos<\/em>. Entre los muchos hechos que podr\u00edamos contar, elegimos algunos de los m\u00e1s recientes y que aqu\u00ed exponemos para excitar cada vez m\u00e1s a los fieles a la confianza en la gran Madre de Dios.<\/p>\n<p>Un domingo de mayo de 1873, la se\u00f1ora Vaschetti Mar\u00eda, al no poder, por sus achaques, ir a la Iglesia a las funciones, se hab\u00eda quedado sola en casa rezando junto al fuego. Mientras estaba as\u00ed sentada, una chispa le vol\u00f3 sobre la ropa, y ella no se dio cuenta hasta que la llama ya se hab\u00eda desarrollado. Asustada ante aquella vista, se puso a correr por las habitaciones, haciendo as\u00ed que la llama se avivara cada vez m\u00e1s. Ya la rodeaba por completo y ella se sent\u00eda desfallecer, cuando, levantando los ojos desorbitados hacia la ventana, se le apareci\u00f3 por ella la estatua de Mar\u00eda Auxiliadora que se alza sobre la Iglesia de Valdocco, cerca de la cual se encontraba su vivienda. La pobre se\u00f1ora en aquel trance, alzando las manos suplicantes hacia aquella estatua, exclam\u00f3: \u00ab\u00bfPero querr\u00e9is permitir, oh, Mar\u00eda Auxiliadora, que una sierva vuestra devota muera de esta miserable manera?\u00bb (Ella hab\u00eda sido una de las piadosas bienhechoras que hab\u00edan contribuido a la edificaci\u00f3n de aquella Iglesia). Apenas pronunciadas aquellas palabras, ella, <em>como si le hubieran echado agua fresca<\/em>, seg\u00fan dec\u00eda despu\u00e9s, se encontr\u00f3 de repente libre de las llamas y de todo peligro. Poco despu\u00e9s llegaba el hermano y, al verla tan abatida y preguntarle el motivo, la piadosa se\u00f1ora le cont\u00f3 de qu\u00e9 manera, por evidente milagro de Mar\u00eda Auxiliadora, se hab\u00eda librado de una muerte terrible. Habiendo ido despu\u00e9s a dar gracias a la Sant\u00edsima Virgen en la Iglesia, insisti\u00f3 en que el hecho se publicara tambi\u00e9n para mayor acci\u00f3n de gracias y para exaltaci\u00f3n de Mar\u00eda honrada bajo el t\u00edtulo de <em>Auxilio de los Cristianos<\/em>.<\/p>\n<p>Un m\u00e9dico muy estimado en su arte, pero incr\u00e9dulo e indiferente en materia de religi\u00f3n, se presenta un d\u00eda ante el Director del Oratorio de S. F. de Sales y le dice:<\/p>\n<p>\u2014 Oigo que usted cura todo tipo de enfermedades.<br \/>\n\u2014 \u00bfYo? No.<br \/>\n\u2014 Sin embargo, me lo han asegurado, cit\u00e1ndome incluso el nombre de las personas y el tipo de enfermedad.<br \/>\n\u2014 Le han enga\u00f1ado. Sucede con frecuencia que se presentan ante m\u00ed personas para obtener gracias similares para s\u00ed o para sus conocidos por intercesi\u00f3n de Mar\u00eda Auxiliadora, haciendo triduos o novenas u oraciones, o con alguna promesa, a cumplir una vez obtenida la gracia, pero en tales casos las curaciones ocurren por gracia de Mar\u00eda Sant\u00edsima, no ciertamente por m\u00ed.<br \/>\n\u2014 Pues bien, c\u00fareme tambi\u00e9n a m\u00ed, y yo creer\u00e9 en estos milagros.<br \/>\n\u2014 \u00bfY de qu\u00e9 enfermedad padece Su Se\u00f1or\u00eda?<br \/>\nEl doctor comenz\u00f3 a contar c\u00f3mo padec\u00eda de mal caduco y que, sobre todo desde hac\u00eda un a\u00f1o, los ataques eran tan frecuentes que ya no se atrev\u00eda a salir si no era acompa\u00f1ado. De nada hab\u00edan servido todos los tratamientos, y \u00e9l, vi\u00e9ndose deteriorarse cada d\u00eda m\u00e1s, hab\u00eda acudido a \u00e9l con la esperanza de obtener tambi\u00e9n \u00e9l, como tantos otros, la curaci\u00f3n.<br \/>\n\u2014 Pues bien, le dijo el director, haga usted tambi\u00e9n como los dem\u00e1s, p\u00f3ngase aqu\u00ed de rodillas, recite conmigo algunas oraciones, disp\u00f3ngase a purificar su alma con los sacramentos de la confesi\u00f3n y de la comuni\u00f3n y ver\u00e1 que la Virgen le consolar\u00e1.<br \/>\n\u2014 M\u00e1ndeme otra cosa, pero lo que me dice no lo puedo hacer.<br \/>\n\u2014 \u00bfY por qu\u00e9?<br \/>\n\u2014 Porque ser\u00eda por mi parte una hipocres\u00eda. Yo no creo en Dios, ni en la Virgen, ni en oraciones, ni en milagros.<br \/>\nEl director qued\u00f3 consternado, pero tanto dijo que, ayudando la gracia de Dios, el doctor se puso de rodillas y recit\u00f3 algunas oraciones en uni\u00f3n con dicho sacerdote. Hecha luego la se\u00f1al de la santa Cruz, al levantarse dijo: \u2014 \u00a1Estoy asombrado de saber a\u00fan hacer esta se\u00f1al, hace cuarenta a\u00f1os que dej\u00e9 de hacerla!<br \/>\nPrometi\u00f3 adem\u00e1s que se dispondr\u00eda a ir a confesarse.<br \/>\nDe hecho, cumpli\u00f3 su palabra. Apenas confesado, se sinti\u00f3 como internamente curado \u2014y nunca m\u00e1s tuvo ning\u00fan ataque de epilepsia, mientras que, seg\u00fan los de su familia, aquellos ataques eran al principio tan frecuentes y terribles que hac\u00edan temer siempre alg\u00fan accidente.<br \/>\nAlg\u00fan tiempo despu\u00e9s, fue a la iglesia de Mar\u00eda Auxiliadora, se acerc\u00f3 a los Sant\u00edsimos Sacramentos y luego fue a la sacrist\u00eda y dijo a los parientes all\u00ed reunidos:<br \/>\nDad gloria a Dios. La Virgen celestial me ha obtenido la salud del alma y del cuerpo; y de la incredulidad me condujo a la fe cristiana, en la que yo casi hab\u00eda naufragado.<\/p>\n<p>El 24 de mayo del a\u00f1o 1873, en el d\u00eda preciso de la solemnidad de Mar\u00eda Auxiliadora, un joven oficial se present\u00f3 ante el director del Oratorio y con el rostro desgarrado por el dolor y las palabras entrecortadas por las l\u00e1grimas le expuso c\u00f3mo ten\u00eda a su esposa en casa al borde de la muerte por una cruel y larga enfermedad; le suplic\u00f3 cuanto m\u00e1s pudo y supo para que le obtuviera de Dios la gracia de que su esposa sanara. El director le dirigi\u00f3 palabras de compasi\u00f3n y consuelo y, aprovechando las buenas disposiciones en que se encontraba en aquel momento el coraz\u00f3n del oficial, lo persuadi\u00f3 a arrodillarse con \u00e9l para recitar algunas oraciones a Mar\u00eda Auxiliadora por la salud de la moribunda, despu\u00e9s de lo cual lo despidi\u00f3.<br \/>\nApenas hab\u00eda transcurrido una hora y el oficial regresaba a pasos apresurados, pero todo radiante en el rostro. Se le hace saber que en ese momento el director se encuentra en medio de los piadosos bienhechores de la casa, que no es posible hablarle&#8230;<br \/>\n\u2014 D\u00edgale mi nombre, respondi\u00f3 el oficial, que tengo absoluta necesidad de decirle una sola palabra.<br \/>\nEl director, al saber que era solicitado con tanta insistencia, acudi\u00f3 al oficial. Apenas este lo vio, conmovido por la alegr\u00eda y radiante de j\u00fabilo le dijo:<br \/>\n\u2014 Apenas sal\u00ed de aqu\u00ed corr\u00ed a casa: \u00a1oh! prodigio, mi esposa, a quien hab\u00eda dejado moribunda en la cama, de repente sinti\u00f3 cesar los dolores, y recuperar las fuerzas, hab\u00eda pedido su ropa, y cuando entr\u00e9 me sali\u00f3 al encuentro d\u00e9bil s\u00ed, pero completamente curada.<br \/>\nY continuando, con el relato de la emoci\u00f3n experimentada, sac\u00f3 una rica pulsera de oro \u00abesto, dijo, es el regalo de bodas que yo hab\u00eda hecho a mi esposa, ambos lo ofrecemos ahora de todo coraz\u00f3n a Mar\u00eda Auxiliadora, de quien reconocemos esta inesperada curaci\u00f3n.<br \/>\nEl director regres\u00f3 pocos minutos despu\u00e9s a la habitaci\u00f3n donde estaban reunidos los bienhechores y, mostr\u00e1ndoles la pulsera, les dijo: \u00a1he aqu\u00ed una se\u00f1al de gratitud por la gracia obtenida hoy mismo por intercesi\u00f3n de Mar\u00eda Auxiliadora, de quien celebramos la solemnidad!<br \/>\nMientras se imprim\u00edan estas \u00faltimas p\u00e1ginas, en un pueblo del Piamonte ocurr\u00eda el siguiente hecho. A un campesino se le enferm\u00f3 uno de sus bueyes y en pocos d\u00edas empeor\u00f3 tanto que el veterinario dio por desesperada su curaci\u00f3n. Con los precios fabulosos que cuestan hoy en d\u00eda tales animales, el campesino midi\u00f3 pronto la magnitud de la desgracia que estaba a punto de golpearlo, y no teniendo ya esperanza ni medios humanos se dirigi\u00f3 a Mar\u00eda Auxiliadora prometi\u00e9ndole una ofrenda en caso de que el buey sanara. Para confirmar tal promesa, envi\u00f3 una carta al Director de este Oratorio pidiendo su bendici\u00f3n. La carta tuvo tiempo de llegar a su destino, y el buey comenz\u00f3 a mejorar y ayer (8 de dic. de 1873), lleg\u00f3 la ofrenda prometida por aquel honesto campesino, con la confirmaci\u00f3n de que el animal estaba perfectamente curado con sorpresa de todos y del veterinario especialmente.<\/p>\n<p><em>Con permiso de la Autoridad Eclesi\u00e1stica.<br \/>\n<\/em><br \/>\n<em>Tur\u00edn, Tipograf\u00eda y librer\u00eda del Oratorio de S. Francisco de Sales 1873.<br \/>\npropiedad del editor, vendible, tambi\u00e9n en la Librer\u00eda del Hospicio de S. Vicente de Pa\u00fal en Sampierdarena.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En el coraz\u00f3n de los Pirineos franceses, en Lourdes, el 11 de febrero de 1858&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":18,"featured_media":48812,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"iawp_total_views":22,"footnotes":""},"categories":[183],"tags":[2636,2558,2582,1828,2633,1690,1888],"class_list":["post-48821","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-santisima-virgen-maria","tag-consejos","tag-dios","tag-eventos","tag-gracias-recibidas","tag-iglesia","tag-maria","tag-milagros"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/48821","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/18"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=48821"}],"version-history":[{"count":5,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/48821\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":52152,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/48821\/revisions\/52152"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/48812"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=48821"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=48821"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=48821"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}