{"id":48301,"date":"2026-01-24T09:36:21","date_gmt":"2026-01-24T09:36:21","guid":{"rendered":"https:\/\/www.donbosco.press\/?p=48301"},"modified":"2026-01-24T09:38:19","modified_gmt":"2026-01-24T09:38:19","slug":"educar-para-la-ciudadania-con-san-francisco-de-sales","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/nuestros-santos\/educar-para-la-ciudadania-con-san-francisco-de-sales\/","title":{"rendered":"Educar para la ciudadan\u00eda con san Francisco de Sales"},"content":{"rendered":"<p>\u00abValiente, obediente, buen ciudadano y magn\u00e1nimo\u00bb, tales eran seg\u00fan Francisco de Sales algunas de las cualidades del hombre preocupado por el bien p\u00fablico. La valent\u00eda, explicaba, me hace \u00abemprender por raz\u00f3n las cosas peligrosas\u00bb; la obediencia se debe \u00abal pr\u00edncipe al que sirvo\u00bb; la magnanimidad consiste \u00aben la grandeza de esta acci\u00f3n\u00bb que se emprende con vistas al bien com\u00fan. Finalmente, para ser \u00abbuen ciudadano\u00bb, es necesario tener \u00abamor hacia lo p\u00fablico\u00bb y \u00abafecto hacia su patria\u00bb. Aunque la palabra <em>ciudadano<\/em> todav\u00eda no designaba bajo el antiguo r\u00e9gimen m\u00e1s que al habitante de una ciudad, se ve que la expresi\u00f3n \u00abbuen ciudadano\u00bb estaba ligada al \u00abamor hacia lo p\u00fablico\u00bb.<\/p>\n<p><strong>Amar y servir a su pa\u00eds<br \/>\n<\/strong>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 El buen ciudadano ama a su pa\u00eds, lo que significa que lo prefiere a cualquier otro \u00aben afecto\u00bb, pero no necesariamente \u00aben estima\u00bb, pues nada impide que se pueda reconocer el valor, incluso la superioridad de los otros, un poco como ocurre en el matrimonio:<\/p>\n<p><em>Las mujeres deben preferir a sus maridos sobre cualquier otro, no en honor, sino en afecto; as\u00ed cada uno prefiere su pa\u00eds en amor y no en estima, y cada barquero quiere m\u00e1s al nav\u00edo en el que navega que a los otros, aunque sean m\u00e1s ricos y mejor provistos.<br \/>\n<\/em><br \/>\nEl apego a los suyos, a su familia, a su pa\u00eds, a sus amigos, a sus \u00abovejas\u00bb, se convert\u00eda en nostalgia cuando estaba lejos. As\u00ed, en 1618, al inicio de su \u00faltima estancia en Par\u00eds, escrib\u00eda a una de sus corresponsales: \u00abEstoy aqu\u00ed hasta Pascua; y cr\u00e9ame, mi muy querida hija, ya que es necesario, estoy aqu\u00ed de buen coraz\u00f3n, pero de un coraz\u00f3n que se complacer\u00eda enormemente en estar entre nuestras peque\u00f1eces y en mi pa\u00eds\u00bb.<br \/>\nEl amor a la patria se confund\u00eda entonces con la obediencia al pr\u00edncipe y con el servicio que se le deb\u00eda. El aprendizaje de la fidelidad al soberano y del servicio al Estado formaba parte de la educaci\u00f3n. Habiendo conseguido que uno de sus sobrinos fuera admitido como paje en la corte de Tur\u00edn, estimaba que este favor permitir\u00eda a ese muchacho \u00abaprender en su infancia los primeros elementos de este servicio al que su nacimiento le obliga a dedicar toda su vida\u00bb.<br \/>\nIncluso como obispo, Francisco de Sales se comportaba como un s\u00fabdito fiel, leal y devoto a la casa de Saboya. Cuando vislumbraba peligros, advert\u00eda al duque; le aconsejaba una alianza cuando la juzgaba \u00abextremadamente \u00fatil para los asuntos\u00bb de su se\u00f1or. Cuando supo que el duque de Nemours conspiraba contra el duque de Saboya, se abstuvo prudentemente de frecuentarlo, citando la \u00abvieja ense\u00f1anza\u00bb: \u00abEl lugar de un obispo es estar en su redil y no en la corte\u00bb, y terminando con esta brillante comparaci\u00f3n: \u00abNo me quemo las alas en esa llama\u00bb. Cuando Saboya estaba en peligro, le suplicaba encarecidamente que aportara su valor \u00aba la defensa de esta sangre, de esta casa, de esta corona, de este Estado\u00bb.<\/p>\n<p>Sin embargo, si Francisco de Sales es un servidor fiel, no es un cortesano adulador e interesado. En efecto, hay muchas maneras de servir al pr\u00edncipe:<\/p>\n<p><em>Quienes sirven a los pr\u00edncipes por inter\u00e9s suelen prestar servicios m\u00e1s sol\u00edcitos, m\u00e1s ardientes y sensibles; pero quienes sirven por amor los prestan m\u00e1s nobles, m\u00e1s generosos y, por consiguiente, m\u00e1s estimables.<br \/>\n<\/em><br \/>\nEn cada caso, Francisco de Sales defend\u00eda la obediencia como la primera virtud c\u00edvica, ciertamente porque la consideraba \u00abuna virtud moral que depende de la justicia\u00bb. La recomendaba a Filotea: \u00abDebes obedecer a tus superiores pol\u00edticos, es decir, a tu pr\u00edncipe y a los magistrados que \u00e9l ha establecido sobre tu pa\u00eds\u00bb. Hasta el final de su vida, Francisco de Sales demostr\u00f3 sentido c\u00edvico. Fue por obediencia al duque que emprendi\u00f3, a pesar de su estado de salud, el \u00faltimo viaje que lo llev\u00f3 a Avi\u00f1\u00f3n y a Lyon, donde muri\u00f3.<\/p>\n<p><strong>Superar ciertas barreras sociales<br \/>\n<\/strong>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 La sociedad en la que viv\u00eda Francisco de Sales estaba compuesta por estratos muy diversos y, adem\u00e1s, separados por barreras. Estaban \u00ablos eclesi\u00e1sticos, los nobles, los de toga larga y el populacho o tercer estado\u00bb.<br \/>\nCuando algo iba mal, cada uno echaba la culpa a los dem\u00e1s, dec\u00eda en un serm\u00f3n: el pueblo acusa a la nobleza, la nobleza incrimina a los \u00abministros de justicia\u00bb, estos denuncian a los soldados, los soldados echan la culpa a los capitanes, los capitanes denigran a los pr\u00edncipes. En conclusi\u00f3n, \u00abno est\u00e1 permitido hablar mal sin peligro, en este tiempo en que vivimos, de nadie sino de la Iglesia, de la cual cada uno es censor, cada uno la fiscaliza (critica)\u00bb. La conclusi\u00f3n es obvia: que cada uno se examine y asuma sus responsabilidades.<br \/>\nSi la divisi\u00f3n de los ciudadanos es un mal que puede producir lo peor, la uni\u00f3n hace la fuerza, como dice el proverbio. \u00abLas sediciones y disturbios internos de una rep\u00fablica la arruinan por completo y le impiden resistir al extranjero\u00bb. Cuando hab\u00eda \u00abdisensiones y variedad de concepciones\u00bb, recordaba con firmeza que \u00abla uni\u00f3n y el v\u00ednculo de los esp\u00edritus\u00bb es \u00abnecesario para toda buena empresa\u00bb. En ciertos casos, el \u00abbien de la ciudad\u00bb exig\u00eda que algunos renunciaran a \u00absu particular opini\u00f3n\u00bb y que se decidiera \u00abretomar de nuevo el consentimiento general, para oponerlo al juicio de los particulares\u00bb.<br \/>\nIncluso a las religiosas de la Visitaci\u00f3n hab\u00eda que recordarles el principio de la igualdad de las personas y denunciar, si era necesario, esa gran miseria de los honores: \u00abSe sobreestiman por encima de los dem\u00e1s y se llega despu\u00e9s a decir: Yo soy de tal casa y aquella de otra\u00bb. Un d\u00eda, les cont\u00f3 la historia de la hija de un mariscal, que no pod\u00eda decidirse a llamar \u00abhermana\u00bb a otra religiosa que era de baja condici\u00f3n. Seg\u00fan \u00e9l, era necesario despojarse \u00abdel deseo de ser estimado de buena casa y algo m\u00e1s que los dem\u00e1s\u00bb. Incluso exclam\u00f3:<\/p>\n<p><em>\u00a1Oh! Todos somos iguales, pues todos somos hijos del mismo padre y de la misma madre, de Ad\u00e1n y de Eva; es, pues, una gran locura gloriarse de su linaje.<br \/>\n<\/em><br \/>\n<strong>Cuando la justicia es vulnerada<br \/>\n<\/strong>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Un buen ciudadano se caracteriza por su sentido de la justicia. Desgraciadamente, no faltan ocasiones para denunciar las injusticias. Francisco de Sales se dedicaba a ello frecuentemente desde el p\u00falpito. As\u00ed, en su ardor de joven predicador, arremeti\u00f3 un d\u00eda sucesivamente contra diversas categor\u00edas de defraudadores: el artesano, \u00abque vende su mercanc\u00eda por encima de su valor\u00bb; el pleitista, \u00abque por una nimiedad mantiene un proceso que arruina el alma, el cuerpo y la casa de dos miserables partes\u00bb; el juez, poco apresurado en impartir justicia y \u00abque la hace tan larga, se excusa con diez mil razones de costumbre, de estilo, de teor\u00eda, de pr\u00e1ctica y de cautela\u00bb; el usurero, que se enga\u00f1a a s\u00ed mismo haciendo mentir a la Escritura; los sacerdotes, que se halagan con dispensas para servir a dos se\u00f1ores; y las damas, que se complacen en ser cortejadas \u00abexcus\u00e1ndose de que no hacen actos contrarios a su honor\u00bb. Las pr\u00e1cticas comerciales, pensaba, rara vez van sin enga\u00f1o, lo que le hac\u00eda decir que \u00ablos compradores y los vendedores son ordinariamente ladrones, si no son temerosos y no tienen gran cuidado de vigilar su coraz\u00f3n\u00bb.<br \/>\nEn ciertas circunstancias particulares, el obispo sab\u00eda muy bien que las buenas palabras y las limosnas no bastaban; se hac\u00eda entonces un deber de intervenir directamente ante las autoridades competentes para defender los derechos de las personas amenazadas. Porque \u00abno solo hay que disponerse a no descuidar al inocente, escrib\u00eda, sino que hay que unirse a \u00e9l para la defensa de su causa\u00bb.<br \/>\nEn per\u00edodo de hambruna, arremet\u00eda contra las \u00abdamas que matan ovejas para alimentar a un perrito cobarde y holgaz\u00e1n\u00bb. Durante los conflictos armados, solicitaba para su \u00abpobre y buen pueblo\u00bb la exenci\u00f3n de las cargas de guerra y ped\u00eda la protecci\u00f3n y las limosnas del rey para los cat\u00f3licos del pa\u00eds de Gex. La ley evang\u00e9lica excluye toda guerra, recuerda Francisco de Sales, quien a\u00f1ad\u00eda: \u00absin embargo, la guerra est\u00e1 permitida a causa de la malicia de los hombres: se puede repeler la fuerza con la fuerza\u00bb. Lo peor son las personas que se aprovechan, \u00abque se enriquecen y engordan con ella\u00bb.<br \/>\nLa justicia parece a menudo una quimera en este mundo, siempre inestable, que oscila sin cesar entre el infierno y el para\u00edso. Si para los cristianos estas dos realidades forman parte del m\u00e1s all\u00e1, se encuentran sin embargo im\u00e1genes sugerentes de ellas aqu\u00ed abajo.<br \/>\nCuando alguien vive en \u00abuna rep\u00fablica calamitosa, tiranizada\u00bb por un \u00abrey maldito\u00bb, es el infierno; los habitantes all\u00ed \u00absufren tormentos indecibles\u00bb; los ojos ven \u00abla horrible visi\u00f3n de los diablos y del infierno\u00bb; los o\u00eddos nunca oyen m\u00e1s que \u00abllantos, lamentos y desesperanzas\u00bb.<br \/>\nEl para\u00edso, por el contrario, es una \u00abciudad feliz\u00bb, donde todo el mundo vive \u00aben la consolaci\u00f3n de una feliz e indisoluble sociedad\u00bb. \u00a1Qu\u00e9 bueno es considerar \u00abla nobleza, la belleza y la multitud de los ciudadanos y habitantes de este feliz pa\u00eds\u00bb! Y Francisco de exclamar: \u00ab\u00a1Oh! \u00a1qu\u00e9 deseable y amable es este lugar, qu\u00e9 preciosa es esta ciudad!\u00bb o tambi\u00e9n: \u00ab\u00a1Oh! \u00a1qu\u00e9 feliz es esta compa\u00f1\u00eda!\u00bb.<br \/>\nNaturalmente, la ciudad ideal no existe en la tierra, pero no es una raz\u00f3n para no trabajar en hacerla un poco menos indigna de tal modelo. Justicia y paz son los bienes que reclama la sociedad civil y la \u00abrep\u00fablica cristiana\u00bb. Ahora bien, \u00abhay que ceder a la necesidad del pr\u00f3jimo\u00bb, cuando este los reclama a voz en grito.<\/p>\n<p><strong>\u00abLa rep\u00fablica depende de la religi\u00f3n\u00bb y \u00abla religi\u00f3n depende de la rep\u00fablica\u00bb<br \/>\n<\/strong>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Hombre de Iglesia ante todo, Francisco de Sales quer\u00eda ser ajeno a los asuntos directamente pol\u00edticos. En un tiempo de controversias con los protestantes donde los cat\u00f3licos e incluso numerosos religiosos se inclinaban hacia la pol\u00edtica y las soluciones pol\u00edticas, \u00e9l distingu\u00eda claramente los \u00e1mbitos, admitiendo una cierta forma de autonom\u00eda de lo temporal. Escrib\u00eda al gobernador de Saboya:<\/p>\n<p><em>En cuanto a m\u00ed, os protesto que ignoro los asuntos de Estado, y los quiero ignorar hasta tal punto que no est\u00e9n ni en mi pensamiento, ni en mi cuidado, ni en mi boca, salvo que se presentara alguna ocasi\u00f3n de testimoniar a Su Alteza que soy su apasionado y fiel s\u00fabdito.<br \/>\n<\/em><br \/>\nEl obispo quer\u00eda ante todo formar buenos ministros de Dios. Para \u00e9l, el sacerdote no deb\u00eda mezclarse en cuestiones temporales y pol\u00edticas. Har\u00e1 la misma recomendaci\u00f3n al futuro cardenal Richelieu, a quien conoci\u00f3 en Tours en 1619 cuando todav\u00eda no era m\u00e1s que obispo de Lu\u00e7on, pero ya secretario de Estado. Escribir\u00e1 a la madre de Chantal:<\/p>\n<p><em>Llegu\u00e9 a conocer a much\u00edsimos prelados, y particularmente a Monse\u00f1or el obispo de Lu\u00e7on, quien me jur\u00f3 toda amistad y me dijo que finalmente se unir\u00eda a mi partido, para no pensar m\u00e1s que en Dios y en la salvaci\u00f3n de las almas.<br \/>\n<\/em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 El tiempo mostrar\u00e1 que estas buenas intenciones no durar\u00e1n, o al menos que el cardenal las interpretar\u00e1 a su manera.<br \/>\n\u00bfHab\u00eda que desinteresarse por ello de la felicidad temporal de sus compatriotas? \u00abQuien no ama mucho la cosa p\u00fablica, no se preocupa mucho si se arruina\u00bb, escribe en el <em>Tratado del amor de Dios<\/em>. La pol\u00edtica, por otra parte, no es ajena a la religi\u00f3n y a la conciencia. En contra del ministro protestante que quer\u00eda separar los dos \u00e1mbitos, bajo el pretexto de que el honor solo se debe a Dios, el autor de la <em>Defensa del Estandarte de la Santa Cruz<\/em> replicaba \u00abque es cercenar demasiado el honor debido a Dios quitarle lo civil y pol\u00edtico\u00bb.<br \/>\nFrancisco de Sales no estaba, pues, tentado de eliminar la religi\u00f3n de la vida p\u00fablica. Aun admitiendo una cierta laicidad del Estado, o al menos una diversificaci\u00f3n de las tareas civiles y religiosas, pensaba que los pr\u00edncipes ten\u00edan inter\u00e9s en reflexionar sobre las ventajas de la religi\u00f3n. Por su parte, la Iglesia no dudaba en \u00abimplorar\u00bb el auxilio del \u00abbrazo secular\u00bb, sobre todo cuando el catolicismo estaba amenazado o la moralidad estaba en peligro.<br \/>\nSeg\u00fan san Francisco de Sales, \u00abla rep\u00fablica depende de la religi\u00f3n como el cuerpo del alma, y la religi\u00f3n de la rep\u00fablica como el alma del cuerpo\u00bb. Uni\u00f3n y distinci\u00f3n eran los dos principios que gobernaban seg\u00fan \u00e9l las relaciones entre la Iglesia y el Estado. La idea de separaci\u00f3n no entraba en este esquema, cuyo modelo estaba en las relaciones del cuerpo y el alma. La desgracia era que la pol\u00edtica se serv\u00eda de la religi\u00f3n y que el poder espiritual estaba como enfeudado al poder temporal del pr\u00edncipe. El obispo de Ginebra se quejaba de ello a su amigo, el obispo de Belley:<\/p>\n<p><em>\u00a1Qu\u00e9 abyecci\u00f3n que tengamos la espada espiritual en la mano y que, como simples ejecutores de las voluntades del magistrado temporal, tengamos que golpear cuando \u00e9l lo ordena y cesar cuando \u00e9l lo manda, y que estemos privados de la principal llave de las que Nuestro Se\u00f1or nos ha dado, que es la del juicio, del discernimiento y de la ciencia en el uso de nuestra espada!<br \/>\n<\/em><br \/>\nSu actitud de s\u00fabdito obediente del duque de Saboya iba acompa\u00f1ada de un sentido ilustrado de sus propios derechos. Siempre se consider\u00f3 pr\u00edncipe de Ginebra, es decir, soberano temporal leg\u00edtimo de la ciudad de la que Calvino y el partido hugonote hab\u00edan tomado el control. En diciembre de 1601, a petici\u00f3n de Monse\u00f1or de Granier, hab\u00eda redactado un memorando destinado a proporcionar las pruebas hist\u00f3ricas. El comienzo, de lo m\u00e1s claro, declaraba que el obispo de Ginebra es \u00abel \u00fanico pr\u00edncipe soberano leg\u00edtimo de Ginebra y de sus dependencias, no obstante que los se\u00f1ores duques de Saboya, como sucesores de los condes de Ginebra por una parte y los ciudadanos de Ginebra por la otra, pretendan lo contrario\u00bb.<br \/>\nFinalmente, para garantizar la paz de los Estados y de la Iglesia, era mejor no agitar demasiado ciertas cuestiones relativas a la autoridad de la Santa Sede en los asuntos temporales, especialmente en lo que concern\u00eda al poder del papa para deponer a los reyes. Cuando Roberto Belarmino, \u00abese gran y c\u00e9lebre cardenal\u00bb, \u00abese excelent\u00edsimo te\u00f3logo\u00bb, escribi\u00f3 por orden del papa que el poder de este se extend\u00eda tambi\u00e9n a lo temporal de los reyes, Francisco de Sales no estuvo contento y se lo escribi\u00f3 a uno de sus amigos de tendencias galicanas:<\/p>\n<p><em>No, ni siquiera me han gustado ciertos escritos de un santo y excelent\u00edsimo prelado, en los cuales ha tocado el poder indirecto del papa sobre los pr\u00edncipes; no porque haya juzgado si esto es o no es, sino porque en esta \u00e9poca en que tenemos tantos enemigos fuera, creo que no debemos mover nada dentro del cuerpo de la Iglesia<\/em>.<\/p>\n<p><strong>Ciudadano del mundo<br \/>\n<\/strong>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 La educaci\u00f3n del buen ciudadano en una visi\u00f3n humanista no puede limitarse a la peque\u00f1a patria y una de sus tareas consiste en cultivar el sentido de lo universal. El conocimiento de los otros pueblos del mundo se ve\u00eda facilitado por el establecimiento de los primeros mapas geogr\u00e1ficos:<\/p>\n<p><em>Quienes en cuatro o cinco hojas de papel muestran Roma, Par\u00eds, Viena y las ciudades m\u00e1s grandes de Francia, marcan con peque\u00f1os puntos cu\u00e1l es la grandeza y situaci\u00f3n de los lugares, aunque no es nada en comparaci\u00f3n con lo que es; pero quienes entienden y conocen la geograf\u00eda entienden por ello lo que es Par\u00eds, Roma, Viena y otras<\/em>.<\/p>\n<p>Amar a su pa\u00eds no autoriza el desprecio de los dem\u00e1s. El autor de la <em>Introducci\u00f3n<\/em> advierte contra una costumbre en la que \u00abcada uno se da la libertad de juzgar y censurar a los pr\u00edncipes y de hablar mal de naciones enteras, seg\u00fan la diversidad de afectos que se tiene hacia ellas\u00bb. Seg\u00fan uno de sus allegados, el obispo de Ginebra \u00ababorrec\u00eda toda denigraci\u00f3n y ni siquiera aprobaba que se aludiera a esos vicios que los autores atribuyen ordinariamente a ciertas naciones\u00bb.<\/p>\n<p>El cristiano, sobre todo, est\u00e1 abierto por principio al mundo entero: si solo quiero la voluntad de Dios, exclamaba, \u00ab\u00bfqu\u00e9 me importa que me env\u00eden a Espa\u00f1a o a Irlanda? Y si solo busco su cruz, \u00bfpor qu\u00e9 me molestar\u00e1 que me env\u00eden a las Indias, a las tierras nuevas o a las viejas, ya que estoy seguro de que la encontrar\u00e9 en todas partes?\u00bb.<br \/>\nUna forma concreta de abrirse a lo universal es el aprendizaje de idiomas. Admiraba a Mitr\u00eddates, rey del Ponto, quien, seg\u00fan Plinio, \u00absab\u00eda veintid\u00f3s lenguas\u00bb. En su oraci\u00f3n f\u00fanebre por el duque de Merc\u0153ur, elogiaba a este gran personaje porque \u00abten\u00eda tambi\u00e9n el uso de la elocuencia y la gracia de expresar bien sus bellas concepciones, no solo en esta nuestra lengua francesa, sino tambi\u00e9n en alem\u00e1n, italiano y espa\u00f1ol\u00bb; al frente de sus tropas, sab\u00eda \u00abhablar a cada uno en su propia lengua, franc\u00e9s, alem\u00e1n, italiano\u00bb.<br \/>\nSu apertura a lo universal se har\u00e1 sentir cada vez m\u00e1s a medida que avance en edad y en experiencia. Hacia el final de su vida, para mostrar su perfecta indiferencia ante los viajes y las misiones que le esperaban fuera de Saboya, escribir\u00e1 esta significativa declaraci\u00f3n: \u00abYa no soy de este pa\u00eds, sino del mundo\u00bb.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00abValiente, obediente, buen ciudadano y magn\u00e1nimo\u00bb, tales eran seg\u00fan Francisco de Sales algunas de las&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":17,"featured_media":48294,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"iawp_total_views":15,"footnotes":""},"categories":[182],"tags":[2198,2633,1924,1972,2026],"class_list":["post-48301","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-nuestros-santos","tag-educacion","tag-iglesia","tag-paises","tag-santos","tag-virtud"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/48301","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/17"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=48301"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/48301\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":48304,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/48301\/revisions\/48304"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/48294"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=48301"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=48301"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=48301"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}