{"id":48183,"date":"2026-01-19T08:47:27","date_gmt":"2026-01-19T08:47:27","guid":{"rendered":"https:\/\/www.donbosco.press\/?p=48183"},"modified":"2026-01-19T08:50:40","modified_gmt":"2026-01-19T08:50:40","slug":"don-bosco-en-diligencia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/don-bosco\/don-bosco-en-diligencia\/","title":{"rendered":"Don Bosco en diligencia"},"content":{"rendered":"<p><em><i>\u00bfHasta d\u00f3nde y c\u00f3mo viaj\u00f3 el Santo de la Juventud? Nosotros recorremos los mismos caminos.<\/i><\/em><\/p>\n<p>En la \u00e9poca de los trenes expresos internacionales, los coches de carreras de F\u00f3rmula 1, los jets supers\u00f3nicos y las lanzaderas espaciales, puede parecer incluso pat\u00e9tico hablar de los viajes de Don Bosco a pie, en diligencia o en \u201cvapor\u201d. Sin embargo, este aspecto nada desde\u00f1able de su actividad no puede dejar indiferente cuando se piensa en la cantidad de tiempo, dinero y sacrificio que le cost\u00f3 a un hombre que no ten\u00eda ni tiempo, ni dinero, ni salud que malgastar.<\/p>\n<p><strong><b>A pie y a caballo<br \/>\n<\/b><\/strong>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Cuando Juan se instal\u00f3 en Castelnuovo a la edad de 15 a\u00f1os, ya hab\u00eda hecho una pr\u00e1ctica, excepcional incluso para aquellos tiempos, de las largas caminatas. Cu\u00e1ntas veces hab\u00eda recorrido los solitarios caminos rurales de los Becchi a Morialdo, a Capriglio, a Buttigliera, a Moncucco y, sobre todo, a Castelnuovo, con la \u00fanica compa\u00f1\u00eda del fr\u00edo o del calor, de la nieve o de la lluvia, de la niebla o del calor, del barro o del polvo.<br \/>\nA los 16 a\u00f1os fue a Chieri. Su primer viaje seguro a Tur\u00edn fue en abril de 1834, cuando se present\u00f3 en el Convento de los Frailes Menores de Nuestra Se\u00f1ora de los \u00c1ngeles, en la calle del mismo nombre, para negociar los asuntos de su vocaci\u00f3n.<br \/>\n\u00bfCu\u00e1ntos siguieron aquella primera marcha a Tur\u00edn? No lo sabemos. Ciertamente, la m\u00e1s famosa fue la de noviembre de 1846. De los Becchi partieron Don Bosco y Mam\u00e1 Margarita hacia Valdoco, \u00e9l con un paquete de cuadernos, un misal y el breviario, ella con un cesto de ropa blanca y las cosas m\u00e1s necesarias. El Te\u00f3logo Vola, que los recibi\u00f3 cansado y polvoriento en el Rond\u00f2 della Forca, les pregunt\u00f3:<br \/>\n&#8211; <em><i>\u00bfDe d\u00f3nde ven\u00eds?<br \/>\n&#8211; Del pueblo.<br \/>\n&#8211; \u00bfY por qu\u00e9 hab\u00e9is venido a pie? &#8211; Porque&#8230; echamos de menos a estos&#8230; Y Don Bosco se pas\u00f3 el pulgar por el \u00edndice con el t\u00edpico gesto de quien carece de un c\u00e9ntimo para hacer una lira.<br \/>\n<\/i><\/em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Eran los tiempos de Don Bosco, cuando las piernas a\u00fan serv\u00edan al hombre como medio de locomoci\u00f3n. El coste de los coches disuad\u00eda a los pobres de utilizarlos. Despu\u00e9s de todo no hab\u00eda tanta prisa ni tanta pereza como hoy. Para Don Bosco, pues, caminar no era s\u00f3lo una cuesti\u00f3n de econom\u00eda. Sufr\u00eda terriblemente el movimiento del coche. Siendo a\u00fan subdi\u00e1cono en Castelnuovo, invitado a predicar en Avigliana, prefiri\u00f3 recorrer a pie todo el camino -54 kil\u00f3metros- para ahorrarse las n\u00e1useas de un viaje en carruaje. Cuando expres\u00f3 al P. Cafasso su deseo de partir para las misiones, escuch\u00f3 una respuesta:<br \/>\n&#8211; <em><i>\u00bfNo te apetece recorrer un kil\u00f3metro y medio, un minuto en un carruaje cerrado sin malestar estomacal, y quieres pasar por el mar? \u00a1Morir\u00edas en el camino!<br \/>\n<\/i><\/em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Y Don Bosco, mientras pudo, utiliz\u00f3 el caballo de San Francisco, en la ciudad y fuera de ella, solo y en compa\u00f1\u00eda. Basta recordar sus famosos paseos oto\u00f1ales de los a\u00f1os cincuenta y sesenta.<br \/>\nYa entrado en a\u00f1os, se le o\u00eda decir en una conversaci\u00f3n<br \/>\n\u201c<em><i>El movimiento es lo m\u00e1s beneficioso para la salud. Como cl\u00e9rigo y en los primeros a\u00f1os en que fui sacerdote, siempre estuve enfermizo. M\u00e1s tarde hice mucho ejercicio y me puse bien. A\u00fan recuerdo que una vez cabalgu\u00e9 con el P. Giacomelli m\u00e1s de 50 kil\u00f3metros piamonteses en un d\u00eda. Salimos de San Genesio para ir a hacer recados a Tur\u00edn y luego volver a Avigliana. Otras veces sal\u00eda de Tur\u00edn e iba a los Becchi en seis horas y caminaba esas doce millas [30 kil\u00f3metros], sin apenas detenerme un momento. Incluso ahora, cuando me siento cansado y oprimido, salgo a visitar a alg\u00fan enfermo hasta el Po o Porta Nuova, y nunca tomo el coche, salvo cuando es necesario por la importancia de un trabajo, o porque tengo prisa o corro el riesgo de perder una cita.<br \/>\nSoy de la opini\u00f3n de que una causa nada desde\u00f1able de la mala salud actual es el hecho de que ya no hacemos tanto ejercicio como antes. La comodidad del omnibus, del coche, del ferrocarril, nos quita muchas oportunidades de dar incluso paseos cortos, mientras que hace cincuenta a\u00f1os, ir de Tur\u00edn a Lanzo a pie se consideraba un paseo. Me parece que el movimiento del ferrocarril y de los coches no es suficiente para que el hombre pueda estar bien<\/i><\/em>\u201d. (MB XII, 343)<br \/>\nPero Don Bosco tambi\u00e9n hab\u00eda aprendido a montar a caballo. En el verano de 1832, el preboste de Castelnuovo, Don Dassano, que le daba lecciones de escuela, le confi\u00f3 el cuidado del establo. Juan ten\u00eda que sacar el caballo a pasear y, una vez fuera del pueblo, saltaba sobre su lomo y lo hac\u00eda galopar. Como nuevo sacerdote, le invitaron a predicar en Lauriano -a unos 30 kil\u00f3metros de Castelnuovo- y parti\u00f3 a caballo para llegar a tiempo. Pero la cabalgata acab\u00f3 mal. En la colina de Berzano, la bestia, asustada por una gran bandada de p\u00e1jaros, se encabrit\u00f3 y el jinete acab\u00f3 en el suelo con los huesos rotos.<br \/>\nDon Bosco realiz\u00f3 algunos de estos paseos en ocasiones, en sus andanzas por el Piamonte y en algunos tramos durante las salidas con sus muchachos. Digno de menci\u00f3n es el ascenso triunfal a Superga en la primavera de 1846. El Oratorio llevaba una vida precaria en la pradera de Filippi y un d\u00eda Don Bosco quiso llevar a sus traviesos muchachos en peregrinaci\u00f3n al famoso santuario. Cuando llegaron a Sassi, al pie de la ladera, encontraron un caballo enjaezado y vestido de gala que el p\u00e1rroco de Superga, Don Giuseppe Anselmetti, hab\u00eda enviado al capit\u00e1n de la brigada. Don Bosco lo mont\u00f3 en el arco rodeado de sus mocosos que, mientras caminaban, se divert\u00edan cogiendo a la bestia por la brida, por la cola, manose\u00e1ndola, empuj\u00e1ndola. Y parece que esta vez el cuadr\u00fapedo, m\u00e1s paciente que un asno, se solt\u00f3, como si supiera que ten\u00eda a Don Bosco en la silla.<br \/>\nLejos de ser triunfal, sin embargo, fue la traves\u00eda de los Apeninos a lomos de un asno en el viaje a Salicetto Langhe, en noviembre de 1857. El camino era estrecho y empinado, la nieve alta. El animal tropezaba y se ca\u00eda a cada paso y Don Bosco ten\u00eda que desmontar y empujarlo hacia adelante. En el descenso, demasiado empinado, ya empapado de sudor, \u00e9l mismo cay\u00f3 mal, hiri\u00e9ndose en una pierna. S\u00f3lo el Se\u00f1or sabe c\u00f3mo pudo llegar a la aldea a tiempo para la sagrada misi\u00f3n.<br \/>\nAquel no fue el \u00faltimo viaje de Don Bosco en burro. En julio de 1862 hizo el trayecto de 6 km de Lanzo a San Ignacio en el mismo medio de transporte.<br \/>\nY as\u00ed, probablemente, otras veces.<br \/>\nPero uno de los viajes m\u00e1s gloriosos de Don Bosco fue el que hizo en octubre de 1864 de Gavi a Mornese. Lleg\u00f3 al pueblo a \u00faltima hora de la tarde, con el festivo sonido de las campanas. La gente sali\u00f3 de sus casas con las l\u00e1mparas encendidas y se arrodill\u00f3 a su paso, pidi\u00e9ndole una bendici\u00f3n. Era el hosanna del pueblo al santo de la juventud. \u201cCreo -escribi\u00f3 el P. Luigi Deambrogio sobre aquel acontecimiento- que no hay nada que desmitificar ni redimensionar.<br \/>\nNadie, s\u00f3lo quien no ama, puede anudar las manifestaciones del Se\u00f1or\u201d.<\/p>\n<p><strong><b>En coche en la \u00e9poca de la diligencia<br \/>\n<\/b><\/strong>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 A pesar de la pobreza, las dolencias estomacales y los h\u00e1bitos de un caminante empedernido. Don Bosco se vio obligado a utilizar con frecuencia los coches p\u00fablicos y los \u201cmaderos\u201d privados, desde las diligencias a los velociferi, desde los \u00f3mnibus a los carruajes se\u00f1oriales.<br \/>\nLas diligencias eran grandes carruajes de unas 12 plazas, con interior, cup\u00e9 y capota imperial o abierta. Tiradas, normalmente, por seis caballos con dos diligencias, recorr\u00edan largas distancias y costaban menos a los pasajeros que los correos del gobierno. El primer servicio de diligencias en Piamonte fue el de los Hermanos Bonafous, inaugurado en 1814. Don Bosco, al tomar la diligencia, prefer\u00eda sentarse en el imperial para respirar aire fresco y ahorrarse el reflejo nauseoso que le produc\u00eda el coche cerrado.<br \/>\nEn 1828 aparecieron los <em><i>velociferi<\/i><\/em> en las calles del Piamonte, lo que supuso un paso adelante en el servicio de pasajeros, tanto por el n\u00famero de asientos, que pod\u00edan llegar a treinta, como por el menor coste del viaje. El tiro de los velociferi era generalmente de cuatro caballos con un solo cochero y su velocidad algo mayor que la de las diligencias debido al cambio m\u00e1s frecuente de caballos. Sin embargo, realizaban rutas m\u00e1s cortas, conectando ciudades como Tur\u00edn y Pinerolo, Tur\u00edn y Asti. Dada la velocidad, el tama\u00f1o del carruaje y las condiciones de la carretera, si las diligencias pod\u00edan llamarse \u00abcarruajes digestivos\u00bb, los velociferos deb\u00edan de suponer serios dolores de est\u00f3mago para pasajeros como Don Bosco.<br \/>\nLos <em><i>\u00f3mnibus<\/i><\/em> hac\u00edan trayectos a\u00fan m\u00e1s cortos, conectando el centro de la ciudad con los suburbios o las ciudades vecinas. Eran carruajes de cuatro ruedas tirados por caballos, con un m\u00e1ximo de 16 plazas. El servicio, instituido en Tur\u00edn en los a\u00f1os 1845-46, se transform\u00f3 en 1871 en un \u00f3mnibus de tracci\u00f3n animal con ra\u00edles, aquella \u201cCarrozza di tutti\u201d inmortalizada por la pluma de De Amicis, un convoy, es decir, para todo tipo de personas, que anunciaba su llegada a los cruces de la ciudad con un toque de trompeta.<br \/>\n<strong><b>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <\/b><\/strong>Adem\u00e1s de los transportes p\u00fablicos, entre los que no hay que olvidar los <em><i>cittadine <\/i><\/em>o carruaje de ciudad, circulaban, por supuesto, todo tipo de \u201c<em><i>maderos<\/i><\/em>\u201d privados, de primera, segunda o tercera clase seg\u00fan su estructura y capacidad, el n\u00famero de ruedas y caballos, desde calessini descapotables de dos plazas hasta berlinas cerradas de cuatro plazas.<br \/>\nSer\u00eda imposible incluso enumerar todos los viajes de Don Bosco en diligencia, velocifero, \u00f3mnibus o carruaje privado. Y a\u00fan m\u00e1s dif\u00edcil ser\u00eda distinguir a veces si se trataba realmente de un viaje en diligencia o no, m\u00e1s bien en velocifero u \u00f3mnibus.<br \/>\nEn cualquier caso, el primer viaje de Don Bosco en diligencia, del que tenemos alg\u00fan recuerdo, fue de Pinerolo a Tur\u00edn durante las vacaciones de Pascua del curso 1834-35, cuando era estudiante en Chieri. La informaci\u00f3n nos la proporciona una carta suya de juventud, la primera del Epistolario editado por el P. Ceria. Juan hab\u00eda viajado a Pinerolo invitado por la familia de su amigo Annibale Strambio. En la carta, a falta de la primera parte, no se menciona el viaje de ida. Pero el viaje de regreso est\u00e1 bien especificado: \u201cPermanec\u00ed otros dos d\u00edas en Pinerolo y [&#8230;] el d\u00eda se\u00f1alado sub\u00ed a la diligencia y llegu\u00e9 a Tur\u00edn, desde aqu\u00ed regres\u00e9 a Chieri\u201d. El servicio Tur\u00edn-Pinerolo lo realizaba en 1835 Diligenze Bonafous a un precio de 2,70 liras en los vagones de primera clase, 2,20 en los de segunda y 1,65 en los de tercera. Es de suponer que Juan tom\u00f3 un carruaje de tercera categor\u00eda.<br \/>\nA finales de 1850, Don Bosco hizo su primer viaje a Mil\u00e1n con pasaporte, invitado por Don Serafino Allievi para predicar el jubileo en el oratorio de S. Luigi, en Via S. Cristina. Al parecer, hizo ese viaje en velocifero v\u00eda Novara y Magenta, por tanto, cambiando de servicio de carruaje en las estaciones principales. En total, al menos 15-16 horas.<br \/>\nDe sus viajes en \u00f3mnibus, recordamos, a modo de ejemplo, el de Tur\u00edn a Rivoli en 1852, cuando llev\u00f3 a los muchachos de Valdoco a hacer ejercicios espirituales en Giaveno. El tramo Rivoli-Giaveno, de 18 kil\u00f3metros, se recorr\u00eda, por supuesto, a pie. El \u00f3mnibus debi\u00f3 de servir a Don Bosco en otras ocasiones para ir a pie a pueblos como Moncalieri, Rivoli, Chieri, Trofarello y Carignano.<br \/>\nUn viaje en \u201ccoche\u201d que tuvo un eco particular en Valdocco fue el de Tur\u00edn a Lanzo en julio de 1862. El mismo Don Bosco escribi\u00f3 sobre \u00e9l a sus j\u00f3venes. Dos a\u00f1os m\u00e1s tarde volvi\u00f3 a hacer ese viaje en \u201c\u00f3mnibus\u201d. Pero probablemente se trataba, en ambos casos, de un velocifero. De hecho, no parece que hubiera \u00f3mnibus en la carretera Tur\u00edn-Lanzo en aquellos a\u00f1os, sino velocifero, que sal\u00edan, ya en 1858, de la Plaza de Mil\u00e1n a Porta Palazzo, cerca del hotel Rosa Bianca, dos veces al d\u00eda.<br \/>\nEn 1862 las cosas fueron bastante bien hasta Ciri\u00e8, pero de Ciri\u00e8 a Lanzo, es decir, durante una docena de kil\u00f3metros, llovi\u00f3 a c\u00e1ntaros. Don Bosco se sent\u00f3 en el imperial entre dos pasajeros que llevaban los paraguas abiertos. As\u00ed, con la lluvia recibi\u00f3 tambi\u00e9n la escorrent\u00eda de los paraguas. Lleg\u00f3 a Lanzo mojado como un pollito. Entonces escribi\u00f3 en su carta: \u201cVosotros, queridos j\u00f3venes, habr\u00edais visto a Don Bosco bajar del coche todo empapado, como esas ratas que a menudo veis salir de la <em><i>bealera<\/i><\/em> que hay detr\u00e1s del patio\u201d. La bealera era uno de esos canales de riego y desag\u00fce que no faltaban en la zona de Valdoco, cerca de la Dora. El relato es hilarante, pero da que pensar.<br \/>\nDon Bosco utilizaba carruajes privados para entrar y salir de Tur\u00edn, sobre todo durante sus estancias en ciudades como Roma y Marsella. En esos casos se trataba evidentemente de un servicio que le prestaban benefactores.<br \/>\nEn el carruaje del Sr. Alberto Nota, Juan Bosco hizo su viaje de Pinerolo a Fenestrelle con su amigo An\u00edbal Strambio en la primavera de 1835. Cuando casi llegaban a Fenestrelle, se levant\u00f3 un viento tan furioso que el caballo retrocedi\u00f3. La oscuridad, debida a la inminente tormenta, les oblig\u00f3 a buscar refugio en una ensenada de la monta\u00f1a. Regresaron a Pinerolo ya entrada la noche, cuando amain\u00f3 la tormenta.<br \/>\nTambi\u00e9n en calesa (coche de dos ruedas tirado por un caballo, para dos personas) fue el primer viaje de Don Bosco a Stresa, en el oto\u00f1o de 1847. El empresario Federico Bocca se ofreci\u00f3 a acompa\u00f1arle. En el viaje de ida fueron a Chivasso, Santhi\u00e0, Biella, Varallo, Orta y Arona. En el viaje de vuelta siguieron la ruta de Novara y Vercelli. En las paradas, Don Bosco pasaba el tiempo charlando con los posaderos, cocheros y mozos de cuadra, e incluso convenc\u00eda a algunos para que se confesaran. Lo hac\u00eda, al fin y al cabo, cuando se sentaba en un palco junto a alg\u00fan postill\u00f3n que se re\u00eda con demasiada facilidad para hacer trotar a los caballos.<br \/>\nDe sus estad\u00edas romanas podemos recordar la de 1869, cuando el Cardenal Berardi puso su carruaje a disposici\u00f3n de Don Bosco. Al parecer, durante aquella estancia, el mismo Papa P\u00edo IX envi\u00f3 un carruaje para recoger a Don Bosco y llevarlo al Vaticano. El carruaje del Papa, contaba Don Bosco a los j\u00f3venes, era tan grande que bien pod\u00edan caber 14 personas; estaba todo cubierto de seda y flecos. Y si los flecos no estaban, \u00e9l los pon\u00eda.<br \/>\nEn sus viajes por Francia, nobles caballeros de Niza, Lyon, Marsella y Par\u00eds compet\u00edan por el honor de llevar a Don Bosco en sus carruajes. Y \u00e9l tuvo que adaptarse, aunque estaba convencido, como dec\u00eda, de que \u201cal cielo no se va en carruaje\u201d.<\/p>\n<p><strong><b>En los ferrocarriles<br \/>\n<\/b><\/strong>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Con el creciente desarrollo del ferrocarril, los carruajes p\u00fablicos pasaron a asumir un papel complementario y subsidiario del nuevo medio de transporte. La mayor econom\u00eda de viajar en \u201cvapor\u201d beneficiaba a todos y especialmente a los que, como Don Bosco, viajaban habitualmente en tercera clase. Por no hablar del ahorro de tiempo, que se reduc\u00eda pr\u00e1cticamente a un tercio. De hecho, el caballo no supera los 10-12 kil\u00f3metros por hora al trote. As\u00ed que, con las pertinentes paradas en las estaciones de correos, un viaje como Tur\u00edn-Asti pod\u00eda durar hasta ocho horas con las viejas diligencias, no mucho menos con el velocifero. Por ferrocarril, en la d\u00e9cada de 1960, habr\u00eda durado normalmente, y con los trenes parando en las nueve estaciones del trayecto, una hora y 40 minutos. El tramo Tur\u00edn-G\u00e9nova, que supon\u00eda un viaje en diligencia de unas 25 horas, pod\u00eda hacerse en tren en unas ocho horas. A\u00fan estaba muy lejos de las velocidades actuales, pero, en aquellos d\u00edas, ya parec\u00eda impresionante. No faltaban inconvenientes que ahora parecer\u00edan insoportables, como las frecuentes paradas, el fr\u00edo extremo en invierno, la falta de servicios, las molestias del humo de los vapores y cosas por el estilo. \u00a1Piensa en los ruidosos y excitantes pasajes de los t\u00faneles! Subir a un tren en aquella \u00e9poca a\u00fan parec\u00eda un riesgo y el miedo a las cat\u00e1strofes no estaba del todo ausente.<\/p>\n<p>Cuando, en 1858, Don Bosco hizo su primer viaje a Roma, se procur\u00f3 no s\u00f3lo un pasaporte, sino tambi\u00e9n un testamento. Sin embargo, s\u00f3lo hizo en tren el tramo Tur\u00edn-G\u00e9nova, que se hab\u00eda completado en 1853 con el t\u00fanel de los Apeninos. En 1858 el precio de ese trayecto era de 16,60 liras en primera clase, 11,60 en segunda y 8,30 en tercera, todo un ahorro comparado con las treinta liras de la diligencia.<br \/>\nEn G\u00e9nova, Don Bosco tuvo que embarcar en el Aventino, un vapor que iba a Civitavecchia. Tuvo fiebre y mareos. De Civitavecchia a Roma viaj\u00f3 en una diligencia postal tirada por seis caballos.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de 1858 ya no se contabilizaron los viajes de Don Bosco en ferrocarril. Basta pensar en los 20 viajes a Roma de 1858 a 1887, los 12 a Francia de 1876 a 1886, el viaje a Austria en 1883 y el de Espa\u00f1a en 1886.<br \/>\nEn sus frecuentes viajes en tren, Don Bosco no permanec\u00eda ocioso. A pesar de sus molestias f\u00edsicas, pasaba el tiempo corrigiendo o conversando con sus compa\u00f1eros de viaje, instruyendo a los ignorantes, confundiendo a los malvados, defendiendo sus obras si era necesario. Tambi\u00e9n ejerc\u00eda a veces el ministerio sacerdotal, cuando no estaba recogido en oraci\u00f3n.<\/p>\n<p><strong><b>El \u00faltimo viaje<br \/>\n<\/b><\/strong>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Con su regreso de Roma, en mayo de 1887, Don Bosco puso fin a su larga peregrinaci\u00f3n alrededor del mundo. Por prescripci\u00f3n m\u00e9dica, y por el hecho mismo de que ya no pod\u00eda mantenerse en pie, por las tardes a\u00fan se val\u00eda de un carruaje regalado para algunas breves salidas por la ciudad; luego, en julio, se vio obligado a abandonar el bochornoso calor de Tur\u00edn y pasar unos d\u00edas en Lanzo. All\u00ed, cada tarde, daba un corto paseo en una silla de ruedas empujado por su fiel secretario Don Viglietti. Se le oy\u00f3 exclamar: \u201c\u00a1Yo, que sol\u00eda retar a los m\u00e1s delgados a dar saltos, ahora tengo que caminar en un carruaje con piernas ajenas!\u201d<br \/>\nDurante su \u00faltima enfermedad, en diciembre del 87-enero del 88, respondi\u00f3 al Dr. Fissore que le infundi\u00f3 valor: \u201cDoctor, \u00bfquiere resucitar a los muertos? Ma\u00f1ana&#8230; \u00a1har\u00e9 un viaje m\u00e1s largo!\u201d.<br \/>\nY el del 31 de enero de 1888 fue su \u00faltimo viaje.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00bfHasta d\u00f3nde y c\u00f3mo viaj\u00f3 el Santo de la Juventud? Nosotros recorremos los mismos caminos&#8230;.<\/p>\n","protected":false},"author":11,"featured_media":48176,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"iawp_total_views":21,"footnotes":""},"categories":[187],"tags":[2558,1768,1936,1960,1972,2620,2020,2026],"class_list":["post-48183","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-don-bosco","tag-dios","tag-don-bosco","tag-pobres","tag-salesianos","tag-santos","tag-testigos","tag-viajes","tag-virtud"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/48183","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/11"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=48183"}],"version-history":[{"count":3,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/48183\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":48193,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/48183\/revisions\/48193"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/48176"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=48183"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=48183"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=48183"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}