{"id":47348,"date":"2025-12-03T07:54:36","date_gmt":"2025-12-03T07:54:36","guid":{"rendered":"https:\/\/www.donbosco.press\/?p=47348"},"modified":"2025-12-04T22:00:24","modified_gmt":"2025-12-04T22:00:24","slug":"por-que-no-hablas-1868","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/suenos-de-don-bosco\/por-que-no-hablas-1868\/","title":{"rendered":"\u00bfPor qu\u00e9 no hablas? (1868)"},"content":{"rendered":"<p><em>En el discurso que se relata a continuaci\u00f3n, pronunciado por Don Bosco entre el 30 de abril y el 1 de mayo de 1868, el santo decide compartir con sus j\u00f3venes un sue\u00f1o tan inquietante como revelador. A trav\u00e9s de la aparici\u00f3n de un sapo monstruoso y la visi\u00f3n de una vid que representa la comunidad del Oratorio, desvela la lucha espiritual que se libra en cada conciencia, denuncia los vicios que amenazan la vida cristiana \u2013sobre todo la soberbia y la inmodestia\u2013 e indica los remedios: obediencia, oraci\u00f3n, sacramentos, trabajo y estudio. La intenci\u00f3n no es asustar, sino sacudir: Don Bosco habla como un padre sol\u00edcito, deseoso de guiar a sus \u00abhijos\u00bb a la conversi\u00f3n y a la alegr\u00eda de una existencia fecunda y duradera en la libertad de los hijos de Dios.<\/em><\/p>\n<p>EL 29 de abril anunciaba don Bosco a los muchachos:<br \/>\n&#8211; Ma\u00f1ana por la noche y el viernes y el domingo, tengo que deciros, pues si no lo hiciese, creo que morir\u00eda antes de tiempo. Tengo algo desagradable que comunicaros. Y deseo que est\u00e9n presentes tambi\u00e9n los aprendices.<br \/>\nEn la noche del 30 de abril, jueves, despu\u00e9s de las oraciones, los aprendices dejaron el p\u00f3rtico, donde sol\u00edan hablarles don Miguel R\u00faa o don Juan B. Francesia, y fueron a unirse a sus compa\u00f1eros los estudiantes. Les dijo don Bosco:<br \/>\n&#8211; Mis queridos j\u00f3venes: ayer noche os dije que ten\u00eda algo desagradable que contaros. He so\u00f1ado y estaba decidido a no deciros nada, ya fuera porque dudaba si se trataba de un simple sue\u00f1o, ya fuera porque siempre que cont\u00e9 alguno, hubo algo que objetar o que observar por parte de alguien. Pero, otro sue\u00f1o me obliga a hablaros del primero, sobre todo porque, desde hace unos d\u00edas, he vuelto a ser molestado de nuevo con ciertos fantasmas, especialmente hace tres noches. Sab\u00e9is que march\u00e9 a Lanzo en busca de un poco de tranquilidad. Pues bien, la \u00faltima noche que pas\u00e9 en aquel Colegio, me acost\u00e9 y, cuando comenzaba a dormirme, vino a mi fantas\u00eda cuanto voy a deciros:<\/p>\n<p>Me pareci\u00f3 ver entrar en mi habitaci\u00f3n un gran monstruo que, adelant\u00e1ndose, fue a colocarse a los pies de la cama. Ten\u00eda una forma asqueros\u00edsima de sapo y era grueso como un buey.<br \/>\nYo lo miraba fijamente, conteniendo la respiraci\u00f3n. El monstruo poco a poco iba aumentando de volumen; le crec\u00edan las patas, le crec\u00eda el cuerpo, le crec\u00eda la cabeza y cuanto m\u00e1s aumentaba su grosor m\u00e1s horrible resultaba. Era de color verde con una l\u00ednea roja alrededor de la boca y del pescuezo que le hac\u00edan a\u00fan m\u00e1s terriblemente espantoso. Sus ojos eran de fuego y sus orejas huesudas muy peque\u00f1as. Yo dec\u00eda entre m\u00ed mientras lo observaba: &#8211; \u00a1Pero si el sapo no tiene orejas!<br \/>\nEncima de su nariz sal\u00edan dos cuernos y por sus costados apuntaban dos grandes alas verduscas. Sus patas se parec\u00edan a las del le\u00f3n y por detr\u00e1s ten\u00eda una larga cola que terminaba en dos puntas.<br \/>\nEn aquel momento me pareci\u00f3 no tener miedo, pero aquel monstruo comenz\u00f3 a acercarse cada vez m\u00e1s a m\u00ed, alargando su amplia boca guarnecida de fuertes dientes. Yo entonces me sent\u00ed invadido de indecible terror. Lo cre\u00ed un demonio del infierno, pues ten\u00eda todas las trazas de tal. Hice entonces la se\u00f1al de la cruz, pero de nada sirvi\u00f3; toqu\u00e9 la campanilla, m\u00e1s a aquella hora nadie acudi\u00f3, nadie la oy\u00f3; comenc\u00e9 a gritar, pero todo fue en vano; el monstruo permanec\u00eda impasible.<br \/>\n&#8211; \u00bfQu\u00e9 quieres de m\u00ed, dije entonces, infernal demonio? Pero \u00e9l se acercaba cada vez m\u00e1s enderezando y alargando las orejas. Despu\u00e9s puso las patas delanteras sobre el borde de mi lecho y, aferr\u00e1ndose con las patas traseras a los barrotes, permaneci\u00f3 inm\u00f3vil un momento con su mirada fija en m\u00ed. Despu\u00e9s, alargando el cuerpo hacia adelante puso su hocico cerca de mi cara. Yo sent\u00ed tal escalofr\u00edo, que de un salto me sent\u00e9 en la cama dispuesto a arrojarme al suelo; pero el monstruo abri\u00f3 toda la boca. Hubiera querido defenderme, apartarlo de m\u00ed, pero era tan asqueroso que ni en aquellas circunstancias me atrev\u00ed a tocarlo. Comenc\u00e9 a gritar, ech\u00e9 la mano hacia atr\u00e1s buscando la pileta del agua bendita, pero s\u00f3lo tocaba la pared sin encontrarla y el monstruo me mordi\u00f3 por la cabeza de tal forma que durante unos instantes la mitad de mi cuerpo permaneci\u00f3 dentro de aquellas horribles fauces. Entonces grit\u00e9:<br \/>\n&#8211; En el nombre de Dios: \u00bfpor qu\u00e9 me haces esto? El sapo, al o\u00edr mi voz, se retir\u00f3 un poco, dejando libre mi cabeza. Hice de nuevo la se\u00f1al de la santa cruz y, habiendo logrado meter los dedos en el agua bendita, ech\u00e9 un poco de agua bendita al monstruo. Entonces, aquel demonio lanz\u00f3 un grito terrible, salt\u00f3 hacia atr\u00e1s y desapareci\u00f3; pero, mientras lo hac\u00eda, pude o\u00edr una voz que desde lo alto pronunci\u00f3 claramente estas palabras:<br \/>\n&#8211; \u00bfPor qu\u00e9 no hablas?<br \/>\nEl director de Lanzo, don Juan Bautista Lemoyne, se despert\u00f3 aquella noche con mis ayes prolongados y oy\u00f3 c\u00f3mo golpeaba la pared con las manos. Por la ma\u00f1ana me pregunt\u00f3:<br \/>\n&#8211; Don Bosco, \u00bfha so\u00f1ado esta noche?<br \/>\n&#8211; \u00bfPor qu\u00e9 me lo preguntas?<br \/>\n&#8211; Porque he o\u00eddo sus gritos.<br \/>\nDe esta manera entend\u00ed que era voluntad de Dios que os contara lo que hab\u00eda visto, por lo que he determinado narraros todo el sue\u00f1o; de lo contrario traicionar\u00eda a mi conciencia; de esta forma creo tambi\u00e9n que me ver\u00e9 libre de la presencia de estos fantasmas. Demos gracias al Se\u00f1or por su misericordia y procuremos poner en pr\u00e1ctica los avisos que se nos den y servirnos de los medios que nos sean sugeridos para ayudarnos a conseguir la salvaci\u00f3n de nuestras almas. En esta ocasi\u00f3n pude conocer el estado de la conciencia de cada uno de vosotros.<\/p>\n<p>Pero deseo que cuanto os voy a decir quede entre nosotros. Os ruego que no escrib\u00e1is ni habl\u00e9is de ello fuera de casa pues no son cosas que se han de tomar a broma, como algunos podr\u00edan hacer, y para que no puedan originarse inconvenientes que sirvieran de disgusto a don Bosco. A vosotros os las cuento con toda confianza porque sois mis queridos hijos y por eso las deb\u00e9is escuchar como dichas por un padre. He aqu\u00ed los sue\u00f1os que yo quer\u00eda pasar por alto y que me veo obligado a contaros.<br \/>\nDesde los primeros d\u00edas de la semana santa (5 de abril) comenc\u00e9 a tener unos sue\u00f1os que ocuparon mi imaginaci\u00f3n y me molestaron durante varias noches. Estos sue\u00f1os me produc\u00edan adem\u00e1s un gran cansancio, de forma que a la ma\u00f1ana siguiente de haber so\u00f1ado me sent\u00eda tan falto de fuerzas como si hubiera pasado trabajando las horas del descanso, sinti\u00e9ndome al mismo tiempo turbado e inquieto. La primera noche so\u00f1\u00e9 que hab\u00eda muerto. La segunda que estaba en el juicio de Dios, dispuesto a dar cuenta de mis obras al Se\u00f1or; pero en el momento me despert\u00e9 y comprob\u00e9 que estaba a\u00fan vivo en la cama y que, por tanto, dispon\u00eda todav\u00eda de tiempo para prepararme mejor a una santa muerte. La tercera noche so\u00f1\u00e9 que me encontraba en el para\u00edso, donde me pareci\u00f3 estar muy bien y gozando mucho. Al despertarme por la ma\u00f1ana desapareci\u00f3 tan agradable ilusi\u00f3n; pero me sent\u00eda resuelto a ganarme, a costa de cualquier sacrificio, el reino eterno que hab\u00eda vislumbrado. Hasta aqu\u00ed se trataba de cosas que no tienen importancia para vosotros y carecen de todo significado. Se va uno a descansar preocupado por una idea, y es natural que, durante el sue\u00f1o, se reproduzcan escenas relacionadas con las cosas en las cuales se ha estado pensando.<br \/>\nEra la noche del jueves santo (9 de abril). Apenas comenz\u00f3 a invadirme un leve sopor, cuando me pareci\u00f3 encontrarme bajo estos mismos p\u00f3rticos, rodeado de nuestros sacerdotes, cl\u00e9rigos, asistentes y alumnos. Me pareci\u00f3 despu\u00e9s, mientras vosotros desaparec\u00edais, que yo avanzaba un poco hacia el patio. Estaban conmigo don Miguel R\u00faa, don Juan Cagliero, don Juan Bautista Francesia, don Angel Savio y el jovencito Preti; y un poco apartados Jos\u00e9 Buzzetti y don Esteban Rumi, del Seminario de G\u00e9nova y gran amigo nuestro. De pronto vi que el Oratorio actual cambi\u00f3 de aspecto, asemej\u00e1ndose a nuestra casa tal como era en los primeros tiempos, cuando estaban en ella casi solamente los citados. Tened presente que el patio confinaba con amplios campos sin cultivar, completamente deshabitados, que se extend\u00edan hasta los prados de la ciudadela, donde los primeros muchachos retozaban alegremente. Yo estaba bajo las ventanas de mi habitaci\u00f3n en el mismo lugar ocupado hoy por el taller de carpinter\u00eda y que anta\u00f1o fue un huerto.<br \/>\nMientras est\u00e1bamos sentados hablando de nuestras cosas y de la conducta de los j\u00f3venes, he aqu\u00ed que delante de esta pilastra (<em>donde estaba apoyada la tribuna desde la que \u00e9l hablaba<\/em>) que sostiene la bomba, y junto a la cual estaba la puerta de la casa Pinardi, vimos brotar de la tierra una hermos\u00edsima vid, la misma que durante mucho tiempo estuvo en este mismo lugar. Est\u00e1bamos maravillados de la aparici\u00f3n de la vid despu\u00e9s de tantos a\u00f1os y nos pregunt\u00e1bamos rec\u00edprocamente qu\u00e9 clase de fen\u00f3meno ser\u00eda aqu\u00e9l. La planta crec\u00eda a ojos vistas y se elev\u00f3 sobre el suelo casi a la altura de un hombre. Cuando he aqu\u00ed que comienzan a brotar sarmientos en n\u00famero extraordinario, por una y otra parte y a cubrirse de p\u00e1mpanos. En poco tiempo creci\u00f3 tanto que lleg\u00f3 a ocupar todo nuestro patio y mucho m\u00e1s. Lo m\u00e1s admirable era que sus sarmientos no apuntaban hacia arriba, sino que segu\u00edan una direcci\u00f3n paralela a la del suelo formando un inmenso emparrado, que se sosten\u00eda sin ning\u00fan apoyo visible. Sus hojas, acabadas de salir, eran verdes y hermosas; y sus largos sarmientos, de un vigor y lozan\u00eda sorprendentes; pronto aparecieron tambi\u00e9n hermosos racimos, engordaron los granos y la uva adquiri\u00f3 su color.<em><br \/>\n<\/em>Don Bosco y los que estaban con \u00e9l contemplaban maravillados aquello y dec\u00edan: &#8211; \u00bfC\u00f3mo ha podido crecer esta vid tan deprisa? \u00bfQu\u00e9 ser\u00e1?<br \/>\nY dijo don Bosco a los dem\u00e1s:<br \/>\n&#8211; Esperemos a ver qu\u00e9 pasa.<br \/>\nYo segu\u00eda mirando con los ojos abiertos y sin pesta\u00f1ear, cuando de pronto todos los granos de uva cayeron al suelo y se convirtieron en otros tantos muchachos vivarachos y alegres, que llenaron en un momento todo el patio del Oratorio y todo el espacio sombreado por la vid: saltaban, jugaban, gritaban, corr\u00edan bajo aquel singular emparrado y daba gusto verlos. All\u00ed se hallaban todos los muchachos que estuvieron, est\u00e1n y estar\u00e1n en el Oratorio y en los dem\u00e1s colegios, pues a much\u00edsimos no los conoc\u00eda.<br \/>\nEntonces, un personaje, que al principio no conoc\u00ed qui\u00e9n fuese, y vosotros sab\u00e9is que don Bosco tiene siempre en sus sue\u00f1os un gu\u00eda, apareci\u00f3 a mi lado contemplando \u00e9l tambi\u00e9n a los muchachos. Pero de pronto un velo misterioso se extendi\u00f3 ante nosotros y cubri\u00f3 el agradable espect\u00e1culo.<br \/>\nAquel largo velo, no mucho m\u00e1s alto que la vi\u00f1a, parec\u00eda pegado a los sarmientos de la vid en toda su longitud y bajaba hasta el suelo a guisa de tel\u00f3n. S\u00f3lo se ve\u00eda la parte superior de la vi\u00f1a, que parec\u00eda un amplio tapete verde. Toda la alegr\u00eda de los j\u00f3venes hab\u00eda desaparecido en un momento para trocarse en melanc\u00f3lico silencio.<br \/>\n&#8211; \u00a1Mira! me dijo el gu\u00eda se\u00f1al\u00e1ndome la vid.<br \/>\nMe acerqu\u00e9 y vi que aquella hermosa vid, que parec\u00eda cargada de uva, no ten\u00eda m\u00e1s que hojas, sobre las cuales aparec\u00edan escritas las palabras del Evangelio: <em>Nihil invenit in ea<\/em>! (No hall\u00f3 nada en ella). Yo no sab\u00eda explicarme el significado de aquello y dije al personaje:<br \/>\n&#8211; \u00bfQui\u00e9n eres t\u00fa? \u00bfQu\u00e9 significa esta vid?<br \/>\nQuit\u00f3 el velo que hab\u00eda delante de la vid y apareci\u00f3 solamente cierto n\u00famero de los much\u00edsimos j\u00f3venes que hab\u00eda visto antes, en gran parte desconocidos por m\u00ed.<br \/>\n&#8211; Estos son, a\u00f1adi\u00f3, los que teniendo mucha facilidad para hacer el bien no se proponen como fin agradar al Se\u00f1or. Son los que hacen el bien s\u00f3lo para no desmerecer delante de sus compa\u00f1eros. Los que observan con exactitud el reglamento de la casa, para librarse de las reprimendas y para no perder la estima de los superiores, con los cuales se muestran deferentes, pero sin sacar fruto alguno de sus exhortaciones y de los est\u00edmulos y cuidados de que son objeto en esta casa. Su ideal es procurarse una posici\u00f3n honrosa y lucrativa en el mundo. No se preocupan de estudiar la propia vocaci\u00f3n, desoyen la voz del Se\u00f1or si les llama y al mismo tiempo disimulan sus intenciones temiendo alg\u00fan da\u00f1o. Son, en suma, los que hacen las cosas como a la fuerza, por eso sus obras de nada les sirven para la eternidad.<br \/>\nEso dijo. \u00a1Oh, cu\u00e1nto me disgust\u00f3 ver entre ellos a algunos que yo cre\u00eda muy buenos, encari\u00f1ados y sinceros!<br \/>\nY el amigo a\u00f1adi\u00f3:<br \/>\n&#8211; El mal no est\u00e1 todo aqu\u00ed.<br \/>\nY dej\u00f3 caer el velo dejando al descubierto la parte superior de toda la vid.<br \/>\n&#8211; Mira ahora de nuevo, me dijo.<br \/>\nMir\u00e9 aquellos sarmientos; entre las hojas se ve\u00edan muchos racimos que, a primera vista, me pareci\u00f3 presagiaban una rica vendimia. Yo me alegraba, pero al acercarme vi que los racimos eran raqu\u00edticos y podridos; unos estaban enmohecidos, otros cubiertos de gusanos y de insectos que los devoraban; \u00e9stos, picoteados por los p\u00e1jaros y las avispas; aqu\u00e9llos podridos y secos. Fij\u00e1ndome mucho me convenc\u00ed de que nada bueno se pod\u00eda sacar de aquellos racimos, que no hac\u00edan m\u00e1s que apestar el aire con el hedor que de ellos emanaba.<br \/>\nEntonces el personaje levant\u00f3 de nuevo el velo y exclam\u00f3:<br \/>\n&#8211; \u00a1Mira!<br \/>\nY debajo apareci\u00f3, ya no el n\u00famero incontable de j\u00f3venes que hab\u00eda visto al principio del sue\u00f1o, sino much\u00edsimos de ellos. Sus rostros, antes tan hermosos, se hab\u00edan tornado feos, sombr\u00edos, cubiertos de asquerosas llagas. Paseaban encorvados, encogidos y melanc\u00f3licos. Ninguno hablaba. Hab\u00eda entre ellos algunos de los que estuvieron en esta casa y en los colegios, otros que actualmente est\u00e1n aqu\u00ed presentes y much\u00edsimos a los cuales yo no conoc\u00eda. Todos estaban avergonzados y no osaban levantar la mirada.<br \/>\nYo mismo, los sacerdotes y algunos de los que me rodeaban, est\u00e1bamos espantados y sin poder pronunciar palabra. Por fin pregunt\u00e9 a mi gu\u00eda:<br \/>\n&#8211; \u00bfC\u00f3mo es esto? \u00bfPor qu\u00e9 estos j\u00f3venes estaban al principio tan contentos y ten\u00edan un aspecto tan agradable, y ahora est\u00e1n tristes y feos?<br \/>\nEl gu\u00eda contest\u00f3:<br \/>\n&#8211; \u00a1Estas son las consecuencias del pecado!<br \/>\nLos muchachos pasaban entretanto delante de m\u00ed y el gu\u00eda me dijo:<br \/>\n&#8211; \u00a1Obs\u00e9rvalos detenidamente!<br \/>\nMir\u00e9 atentamente y vi que todos llevaban escrito en la frente y en la mano su pecado. Reconoc\u00ed a algunos de ellos que me llenaron de estupor. Siempre hab\u00eda cre\u00eddo que eran verdaderas flores de virtud y, en cambio, al presente ve\u00eda que ten\u00edan el alma manchada con culpas grav\u00edsimas.<br \/>\nMientras los j\u00f3venes desfilaban, yo le\u00eda en su frente: Inmodestia, esc\u00e1ndalo, malicia, soberbia, ocio, gula, envidia, ira, esp\u00edritu de venganza, blasfemia, gi\u00f3n, desobediencia, sacrilegio, hurto.<br \/>\nEl gu\u00eda me hizo observar:<br \/>\n&#8211; No todos est\u00e1n ahora como los ves, pero llegar\u00e1n a estarlo si no cambian de conducta. Muchos de estos pecados no son graves de por s\u00ed, pero son causa y principio de ca\u00eddas terribles y de eterna perdici\u00f3n. <em>Qui spernit modica, paulatim decidet<\/em>. (Quien desprecia lo peque\u00f1o, poco a poco sucumbe). La gula engendra la impureza; el desprecio a los superiores conduce al menosprecio de los sacerdotes y de la Iglesia; y as\u00ed sucesivamente.<br \/>\nDesconsolado a la vista de aquel espect\u00e1culo tom\u00e9 la libreta, saqu\u00e9 el l\u00e1piz para anotar los nombres de los j\u00f3venes que me eran conocidos y sus pecados o al menos la pasi\u00f3n dominante de cada uno, para avisarles e inducirles a que se corrigiesen. Pero el gu\u00eda me tom\u00f3 por el brazo y me pregunt\u00f3<br \/>\n&#8211; \u00bfQu\u00e9 haces?<br \/>\n&#8211; Voy a anotar lo que veo escrito en su frente, para poderles avisar y que se corrijan.<br \/>\n&#8211; Eso no te est\u00e1 permitido, respondi\u00f3 el amigo.<br \/>\n&#8211; \u00bfPor qu\u00e9?<br \/>\n&#8211; No faltan los medios para verse libres de estas enfermedades. Tienen el reglamento: que lo observen; tienen a los superiores: que les obedezcan; tienen los Sacramentos: que los frecuenten. Tienen la confesi\u00f3n: que no la profanen callando pecados. Tienen la Sagrada Comuni\u00f3n: que no la reciban con el alma manchada por el pecado mortal. Que vigilen sus miradas, que huyan de los malos compa\u00f1eros, que se abstengan de las malas lecturas y de las conversaciones inconvenientes, etc. Est\u00e1n en esta casa y el reglamento los puede salvar. Cuando oigan la campana, que obedezcan prontamente. Que no se valgan de subterfugios para enga\u00f1ar a los maestros y entregarse al ocio. Que no sacudan el yugo de los superiores, consider\u00e1ndolos como vigilantes importunos, como consejeros interesados, como enemigos, y que no canten victoria cuando consiguen encubrir sus faltas consiguiendo la impunidad de las mismas. Que sean respetuosos y que recen de buena gana en la iglesia y en los dem\u00e1s lugares destinados a la oraci\u00f3n sin distraer a los dem\u00e1s ni charlar. Que estudien en el estudio; que trabajen en el taller y que observen una compostura decente. Estudio, trabajo y oraci\u00f3n; he aqu\u00ed lo que les conservar\u00e1 buenos, etc.<br \/>\nA pesar de la negativa, continu\u00e9 rogando insistentemente a mi gu\u00eda que me dejase escribir los nombres. Entonces \u00e9l me arrebat\u00f3 resueltamente el cuaderno de las manos y lo arroj\u00f3 al suelo diciendo:<br \/>\n&#8211; Te digo que no hace falta que los escribas. Tus j\u00f3venes, pueden saber lo que deben hacer y evitar con la gracia de Dios y la voz de la conciencia.<br \/>\n&#8211; Entonces, dije, \u00bfno puedo manifestarles nada de todo esto? Dime al menos lo que les debo decir; qu\u00e9 avisos he de darles.<br \/>\n&#8211; Podr\u00e1s decirles lo que recuerdes y desees.<br \/>\nY dej\u00f3 caer el velo. Nuevamente apareci\u00f3 ante nuestros ojos la vid, cuyos sarmientos, casi desprovistos de hojas, ofrec\u00edan una hermosa uva rubicunda y madura. Me acerqu\u00e9, observ\u00e9 atentamente los racimos y vi que en realidad eran como me hab\u00edan parecido a distancia. Daba gusto contemplarlos, causaban verdadero placer a la vista. Esparc\u00edan alrededor una fragancia exquisita.<br \/>\nEl amigo levant\u00f3 inmediatamente el velo. Bajo el extenso emparrado hab\u00eda muchos de los j\u00f3venes que estuvieron, est\u00e1n y estar\u00e1n con nosotros. Sus rostros eran muy bellos y estaban radiantes de felicidad.<br \/>\n&#8211; Estos, me dijo el gu\u00eda, son y ser\u00e1n aquellos que, mediante tus sol\u00edcitos cuidados, producen y producir\u00e1n buenos frutos, los que practican la virtud y te proporcionar\u00e1n muchos consuelos.<br \/>\nYo me alegr\u00e9, pero al mismo tiempo me sent\u00ed un poco afligido, porque dichos j\u00f3venes no eran tantos como yo esperaba. Mientras los contemplaba son\u00f3 la campana para el almuerzo y los muchachos se marcharon. Tambi\u00e9n los cl\u00e9rigos se fueron a su lugar. Mir\u00e9 a mi alrededor y no vi a nadie. Hasta la vid con sus sarmientos y con sus racimos hab\u00eda desaparecido. Busqu\u00e9 al gu\u00eda y no lo encontr\u00e9. Entonces me despert\u00e9 y pude descansar algo.<\/p>\n<p>El viernes, 1\u00b0 de mayo, continu\u00f3 don Bosco el relato:<br \/>\n&#8211; Como os dije ayer, me despert\u00e9 pareci\u00e9ndome haber o\u00eddo el sonido de la campana, pero volv\u00ed a amodorrarme; descansaba tranquilamente, cuando me sent\u00ed sacudido por segunda vez y me pareci\u00f3 encontrarme en mi habitaci\u00f3n, en actitud de despachar mi correspondencia. Sal\u00ed al balc\u00f3n y durante un rato estuve contemplando la gigantesca c\u00fapula de la nueva iglesia y seguidamente baj\u00e9 a los p\u00f3rticos. Poco a poco regresaban de sus ocupaciones los sacerdotes y los cl\u00e9rigos que me rodearon. Entre ellos estaban presentes don Miguel R\u00faa, don Juan Cagliero, don Juan B. Francesia y don Angel Savio. Hablaba con ellos de cosas diversas, cuando la escena cambi\u00f3 por completo. Desapareci\u00f3 la iglesia de Mar\u00eda Auxiliadora, desaparecieron todos los edificios actuales del Oratorio y nos encontramos ante la antigua casa Pinardi. Y he aqu\u00ed que de nuevo comienza a brotar del suelo y en el mismo lugar que la anterior, una vid que parec\u00eda salir de las ra\u00edces de la otra, y a elevarse a igual altura, a producir numerosos sarmientos horizontales, que se extendieron por un amplio espacio y despu\u00e9s se cubrieron de hojas, de racimos y finalmente de uva madura. Pero no apareci\u00f3 la turba de j\u00f3venes. Los racimos eran tan grandes como los de la tierra prometida. Habr\u00eda sido necesaria la fuerza de un hombre para levantar uno solo. Los granos eran extraordinariamente gruesos, de forma oblonga y de un color amarillo oro; parec\u00edan muy maduros. Uno solo de ellos hubiera sido suficiente para llenar la boca. Su aspecto era tan agradable que la boca se hac\u00eda agua y parec\u00eda que estaban diciendo:<br \/>\n&#8211; \u00a1C\u00f3meme!<br \/>\nTambi\u00e9n don Juan Cagliero con don Bosco y sus compa\u00f1eros contemplaba maravillado aquel espect\u00e1culo. Don Bosco exclam\u00f3:<br \/>\n&#8211; \u00a1Qu\u00e9 uva tan estupenda!<br \/>\nY don Juan Cagliero, sin m\u00e1s cumplidos, se acerc\u00f3 a la vid, arranc\u00f3 unos granos, se ech\u00f3 uno a la boca y comenz\u00f3 a masticarlo; pero sinti\u00f3 n\u00e1useas y lo arroj\u00f3 con tal fuerza, que parec\u00eda vomitar. La uva ten\u00eda un sabor desagradable, como el de un huevo podrido.<br \/>\n&#8211; \u00a1Caramba! exclam\u00f3 don Juan Cagliero despu\u00e9s de escupir varias veces; esto es veneno, es capaz de causar la muerte a un cristiano.<br \/>\nTodos miraban y ninguno hablaba, cuando sali\u00f3 por la puerta de la sacrist\u00eda de la antigua capilla un hombre de aspecto serio y resuelto, que se acerc\u00f3 a nosotros y se par\u00f3 junto a don Bosco. Don Bosco le pregunt\u00f3:<br \/>\n&#8211; \u00bfC\u00f3mo se entiende que una uva tan hermosa tenga un gusto tan malo?<br \/>\nAquel hombre no contest\u00f3, sino que, sin decir palabra, fue a cortar un haz de varas, eligi\u00f3 una nudosa, se present\u00f3 a don Angel Savio y se la ofreci\u00f3 diciendo:<br \/>\n&#8211; \u00a1Toma y golpea esos sarmientos!<br \/>\nDon Angel se neg\u00f3 a hacerlo y dio un paso hacia atr\u00e1s.<br \/>\nEntonces aquel hombre se volvi\u00f3 a don Juan B. Francesia, le ofreci\u00f3 la vara y le dijo:<br \/>\n&#8211; \u00a1Toma y golpea!<br \/>\nY, lo mismo que a don Angel Savio, le indic\u00f3 el lugar donde ten\u00eda que hacerlo. Francesia se encogi\u00f3 de hombros, adelant\u00f3 la barbilla y movi\u00f3 un poco la cabeza, diciendo que no.<br \/>\nAquel hombre se dirigi\u00f3 entonces a don Juan Cagliero y, tom\u00e1ndolo de un brazo, le present\u00f3 el bast\u00f3n y le dijo:<br \/>\n&#8211; \u00a1Toma y golpea; apalea y abate! Y al mismo tiempo le indicaba el lugar donde deb\u00eda hacerlo. Cagliero, amilanado, dio un salto atr\u00e1s y batiendo el dorso de una mano sobre la otra exclam\u00f3:<br \/>\n&#8211; \u00a1Lo que faltaba!<br \/>\nEl gu\u00eda le reiter\u00f3 la misma invitaci\u00f3n, repitiendo:<br \/>\n&#8211; \u00a1Toma y golpea! Pero Cagliero, como puesto en el disparador, comenz\u00f3 a decir:<br \/>\n&#8211; Yo no; yo, no.<br \/>\nY lleno de miedo corri\u00f3 a esconderse tras de m\u00ed. Al ver esto aquel personaje, sin inmutarse, se present\u00f3 de la misma manera a don Miguel R\u00faa y le dijo:<br \/>\n&#8211; Toma y golpea. Pero R\u00faa, al igual que Cagliero, vino a ocultarse tras de m\u00ed.<br \/>\nEntonces me encontr\u00e9 frente a aquel hombre singular que, deteni\u00e9ndose ante m\u00ed, me dijo:<br \/>\n&#8211; Toma y golpea t\u00fa esos sarmientos.<br \/>\nYo hice un gran esfuerzo para comprobar si estaba so\u00f1ando o en mi pleno conocimiento y, pareci\u00e9ndome que todo cuanto suced\u00eda era real, dije a aquel personaje:<br \/>\n&#8211; \u00bfQui\u00e9n eres t\u00fa que me hablas de esta manera? Dime: \u00bfpor qu\u00e9 he de golpear esos sarmientos, por qu\u00e9 he de echarlos abajo? \u00bfEs esto un sue\u00f1o, una ilusi\u00f3n? \u00bfQu\u00e9 significa esto? \u00bfEn nombre de qui\u00e9n me hablas? \u00bfAcaso lo haces en nombre del Se\u00f1or?<br \/>\n&#8211; Ac\u00e9rcate a la vid, me respondi\u00f3, y lee lo que hay escrito sobre las hojas.<br \/>\nMe acerqu\u00e9. Observ\u00e9 con atenci\u00f3n las hojas y le\u00ed estas palabras: <em>Ut quid terram occupat<\/em>? (\u00bfPara qu\u00e9 ocupa la tierra? Lc 13,7)<br \/>\n&#8211; \u00a1Son palabras del Evangelio!, exclam\u00f3 mi gu\u00eda.<br \/>\nLo hab\u00eda comprendido todo, pero me atrev\u00ed a objetar:<br \/>\n&#8211; Antes de golpear, recuerda que en el Evangelio tambi\u00e9n se lee c\u00f3mo el Se\u00f1or, a los ruegos del labrador, permiti\u00f3 que abonase la planta in\u00fatil y cavase a su alrededor, reserv\u00e1ndose el arrancarla hasta haber empleado todos los medios para hacerla fructificar.<br \/>\n&#8211; Bien; se podr\u00e1 conceder una tregua al castigo, mas entretanto mira, y despu\u00e9s veras.<br \/>\nY me se\u00f1al\u00f3 la vid. Yo miraba, pero no entend\u00eda nada.<br \/>\n&#8211; Ven y observa, me replic\u00f3; lee: \u00bfqu\u00e9 hay escrito en los granos de uva?<br \/>\nDon Bosco se acerc\u00f3 y vio que todos los granos ten\u00edan escrito el nombre de uno de los alumnos y el de su culpa. Yo le\u00ed, y entre tan m\u00faltiples imputaciones recuerdo con horror las siguientes: Soberbio- Infiel a sus promesas- Incontinente- Hip\u00f3crita- Descuidado en todos sus deberes- Calumniador- Vengativo- Despiadado, Sacr\u00edlego- Despreciador de la autoridad de los superiores- Piedra de esc\u00e1ndalo- Seguidor de falsas doctrinas. Vi el nombre de aquellos <em>quorum Deus venter est<\/em> (cuyo Dios es el vientre); de otros a los cuales <em>scientia inflat<\/em> (la ciencia hincha); de los que <em>quaerunt quae sua sunt, non quae Jesu Christi<\/em> (buscan lo suyo, no lo de Jesucristo); de los que critican al reglamento y a los superiores. Vi tambi\u00e9n los nombres de ciertos desgraciados que estuvieron o que est\u00e1n actualmente con nosotros; y un gran n\u00famero de nombres nuevos para m\u00ed, o sea, los que, con el tiempo, estar\u00e1n con nosotros.<br \/>\n&#8211; He aqu\u00ed los frutos que produce esta vi\u00f1a, dijo el personaje con continente serio; son frutos amargos, malos, nocivos para la eterna salvaci\u00f3n.<br \/>\nSin m\u00e1s saqu\u00e9 el cuaderno, tom\u00e9 el l\u00e1piz y quise escribir los nombres de algunos, pero el gu\u00eda me tom\u00f3 del brazo como la vez anterior y me dijo:<br \/>\n&#8211; \u00bfQu\u00e9 haces?<br \/>\n&#8211; D\u00e9jame tomar nota de los que conozco, a fin de poderles avisar en privado para que se corrijan.<br \/>\nFue in\u00fatil mi ruego. El gu\u00eda no me lo consinti\u00f3, y yo a\u00f1ad\u00ed:<br \/>\n&#8211; Pero si yo les digo la situaci\u00f3n y estado en que se encuentran, reaccionar\u00e1n.<br \/>\nY \u00e9l me replic\u00f3:<br \/>\n&#8211; Si no creen al Evangelio, tampoco te creer\u00e1n a ti.<br \/>\nContinu\u00e9 insistiendo porque quer\u00eda tomar nota y disponer de algunas normas para el porvenir; pero aquel hombre no a\u00f1adi\u00f3 palabra, y se puso ante don Miguel R\u00faa con el haz de bastones y le invit\u00f3 a que tomara uno:<br \/>\n&#8211; \u00a1Toma y golpea! R\u00faa, cruzando los brazos, baj\u00f3 la cabeza y exclam\u00f3:<br \/>\n&#8211; \u00a1Paciencia! Y despu\u00e9s dirigi\u00f3 una mirada a don Bosco. \u00c9ste hizo una se\u00f1al de asentimiento y don Miguel R\u00faa, tomando una vara en sus manos, se acerc\u00f3 a la vid y comenz\u00f3 a golpear en el lugar indicado. Pero, apenas hab\u00eda dado los primeros golpes, cuando el gu\u00eda le hizo se\u00f1as de que se detuviese, y grit\u00f3 a todos:<br \/>\n&#8211; \u00a1Retiraos!<br \/>\nEntonces nos alejamos todos. Observ\u00e1bamos y ve\u00edamos que los granos de uva se hinchaban, se hac\u00edan cada vez m\u00e1s gruesos y se tornaban repugnantes. Parec\u00edan caracoles sin concha, siempre de color amarillo y sin perder la forma de la uva.<br \/>\nEl gu\u00eda grit\u00f3 nuevamente:<br \/>\n&#8211; \u00a1Mirad! \u00a1Dejad que el Se\u00f1or descargue su venganza!<br \/>\nHe aqu\u00ed que el cielo comenz\u00f3 a nublarse y se form\u00f3 una niebla tan densa que no se ve\u00eda a poca distancia y dej\u00f3 cubierta la vid por completo. Todo se hac\u00eda oscuro, brillaron rel\u00e1mpagos, retumbaron los truenos y empezaron a caer tantos rayos por todo el patio, que infund\u00edan terror. Se doblaban los sarmientos al impulso de un viento huracanado y volaban las hojas por los aires. Finalmente comenz\u00f3 a azotar la vid una horrible tempestad. Yo quise huir, pero el gu\u00eda me detuvo diciendo:<br \/>\n&#8211; \u00a1Mira el granizo!<br \/>\nMir\u00e9 y vi que los granos, del grosor de un huevo, unos eran negros y otros rojos; por un lado, eran puntiagudos y por el otro achatados en forma de maza. El granizo negro ca\u00eda con violencia cerca de donde yo estaba y m\u00e1s atr\u00e1s ca\u00eda el granizo rojo.<br \/>\n&#8211; \u00bfC\u00f3mo es esto?, dec\u00eda yo; en mi vida he visto un granizo parecido a \u00e9ste.<br \/>\n&#8211; Ac\u00e9rcate, me dijo el desconocido y ver\u00e1s.<br \/>\nMe acerqu\u00e9 un poco al granizo negro, pero desped\u00eda un hedor tan nauseabundo, que poco falt\u00f3 para que no me cayera de espaldas. El gu\u00eda insist\u00eda cada vez m\u00e1s para que me acercara. Entonces agarr\u00e9 un grano de los negros para examinarlo, pero tuve que arrojarlo enseguida al suelo porque repugnaba mucho aquel olor pestilente.<br \/>\nY dije:<br \/>\n&#8211; \u00a1No me es posible ver nada!<br \/>\nY dijo el otro:<br \/>\n&#8211; Mira bien y ver\u00e1s.<br \/>\nY yo, haci\u00e9ndome mayor violencia, vi escrito sobre cada uno de aquellos pedazos negros de hielo: <em>Inmodestia<\/em>. Me dirig\u00ed entonces al granizo rojo, que a pesar de su frialdad quemaba cuanto tocaba. Tom\u00e9 en mis manos un grano que hed\u00eda como el otro y pude leer un poco m\u00e1s f\u00e1cilmente lo que sobre \u00e9l estaba escrito: <em>Soberbia<\/em>. A la vista de esto exclam\u00e9 lleno de verg\u00fcenza:<\/p>\n<p>&#8211; \u00bfSon, pues, \u00e9stos los dos vicios principales que amenazan a esta casa? &#8211; Estos son los dos vicios capitales que arruinan mayor n\u00famero de almas, no s\u00f3lo en tu casa, sino en todo el mundo. A su tiempo ver\u00e1s cu\u00e1ntos caer\u00e1n en el infierno impulsados por estos dos vicios.<br \/>\n&#8211; \u00bfQu\u00e9 he de decir, pues, a mis hijos para que los aborrezcan?<br \/>\n&#8211; Lo que has de decirles lo sabr\u00e1s en breve. Yal decir esto se alej\u00f3 de m\u00ed. Entretanto, el granizo continuaba asolando furiosamente la vid al resplandor de los rel\u00e1mpagos y de los rayos. Los racimos quedaban machacados como si hubieran estado en el lagar bajo los pies de los pisadores, y soltaban todo su jugo. Un hedor terrible se esparci\u00f3 por el aire haci\u00e9ndolo irrespirable. De cada grano sal\u00eda un olor diferente, pero uno era m\u00e1s soportable que el otro, seg\u00fan la diversidad y el n\u00famero de los pecados. Como no pod\u00eda resistir m\u00e1s, me puse el pa\u00f1uelo en la nariz. Seguidamente me volv\u00ed atr\u00e1s para dirigirme a mi habitaci\u00f3n, pero no vi a ninguno de mis compa\u00f1eros, ni a Francesia, ni a R\u00faa, ni a Cagliero. Hab\u00edan huido dej\u00e1ndome solo. Todo estaba desierto y silencioso. Me entr\u00f3 entonces tal espanto, que me di a la fuga y me despert\u00e9.<\/p>\n<p>Como veis, este sue\u00f1o es en extremo desagradable, pero lo que sucedi\u00f3 la tarde y la noche posteriores a la aparici\u00f3n del sapo, lo diremos pasado ma\u00f1ana domingo, 3 de mayo, y a\u00fan ser\u00e1 m\u00e1s desagradable. Ahora no pod\u00e9is conocer las consecuencias, pero como no hay tiempo para hablar de ellas, para no quitaros m\u00e1s tiempo de descanso, os dejo que vay\u00e1is a dormir, reserv\u00e1ndome el comunic\u00e1roslas en otra ocasi\u00f3n.<\/p>\n<p>Hay que tener presente que las graves faltas reveladas a don Bosco no todas se refer\u00edan a aquellos tiempos, sino que se relacionaban escalonadamente con una serie de a\u00f1os futuros. En efecto, el siervo de Dios vio, no solamente a los alumnos que hab\u00edan estado y que estaban en la actualidad en el Oratorio, sino tambi\u00e9n a una infinidad de ellos, cuya fisonom\u00eda le era completamente desconocida y que pertenecer\u00edan a sus Institutos diseminados por todo el mundo. La par\u00e1bola de la vi\u00f1a est\u00e9ril que se lee en el libro de Isa\u00edas, abarca muchos siglos de historia.<br \/>\nAdem\u00e1s, no conviene y no ser\u00eda justo echar en olvido lo que dijo el gu\u00eda a Don Bosco: <em>No todos estos j\u00f3venes est\u00e1n ahora en el estado en que los ves, pero un d\u00eda lo estar\u00e1n si no cambian de conducta<\/em>. Por la senda del mal se llega al precipicio.<br \/>\nNotemos, adem\u00e1s c\u00f3mo, ante la vid, apareci\u00f3 un personaje del que el Siervo de Dios asegur\u00f3 que le era desconocido, pero que despu\u00e9s se convirti\u00f3 en su gu\u00eda e int\u00e9rprete. En el relato de este sue\u00f1o, como en el de otros muchos, don Bosco sol\u00eda darle a veces el nombre de <em>desconocido<\/em> para ocultar, tal vez, la parte m\u00e1s grandiosa de cuanto hab\u00eda contemplado y diremos tambi\u00e9n, lo que indicaba claramente la intervenci\u00f3n sobrenatural en estos sue\u00f1os.<br \/>\nComo le pregunt\u00e1semos en distintas ocasiones, vali\u00e9ndonos de la confianza \u00edntima con que nos distingu\u00eda, sobre la naturaleza de este <em>desconocido<\/em>, aunque sus respuestas no fuesen expl\u00edcitas, pudimos deducir por ciertos indicios que el gu\u00eda no era siempre el mismo, y que, a lo mejor, unas veces era un \u00c1ngel del Se\u00f1or, otras un alumno difunto, bien San Francisco de Sales, bien San Jos\u00e9 u otros santos&#8230; En algunas ocasiones dijo de una manera concreta que hab\u00eda sido acompa\u00f1ado por Luis Comollo, por Domingo Savio o por Luis Colle. Alguna vez, adem\u00e1s, la escena se alargaba en derredor de estos personajes con apariciones simult\u00e1neas que le hac\u00edan cortejo o compa\u00f1\u00eda.<br \/>\n<em>(MB IT IX, 154- 165 \/ MB ES IX 158-167)<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En el discurso que se relata a continuaci\u00f3n, pronunciado por Don Bosco entre el 30&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":18,"featured_media":47341,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"iawp_total_views":71,"footnotes":""},"categories":[186],"tags":[1720,2636,2558,1768,2198,1828,1816,1966,1972,1984,2026],"class_list":["post-47348","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-suenos-de-don-bosco","tag-carisma-salesiano","tag-consejos","tag-dios","tag-don-bosco","tag-educacion","tag-gracias-recibidas","tag-jovenes","tag-salvacion","tag-santos","tag-suenos","tag-virtud"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/47348","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/18"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=47348"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/47348\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":47351,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/47348\/revisions\/47351"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/47341"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=47348"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=47348"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=47348"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}