{"id":46705,"date":"2025-11-02T13:20:27","date_gmt":"2025-11-02T13:20:27","guid":{"rendered":"https:\/\/www.donbosco.press\/?p=46705"},"modified":"2025-11-02T13:22:24","modified_gmt":"2025-11-02T13:22:24","slug":"penas-del-infierno-1887","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/buena-prensa\/penas-del-infierno-1887\/","title":{"rendered":"Penas del infierno (1887)"},"content":{"rendered":"<p><em>En este pasaje, extra\u00eddo de sus memorias de 1887, Don Juan Bosco plasma en la p\u00e1gina la m\u00e1s inquietante de sus visiones on\u00edricas: el descenso a las penas del infierno. El sue\u00f1o, que tuvo la noche del 2 al 3 de abril, lo dej\u00f3 agotado y tembloroso, tan fuerte fue la sensaci\u00f3n de encontrarse ante el destino eterno de los pecadores. A trav\u00e9s de ruidos tel\u00faricos, gritos inhumanos y figuras monstruosamente deformadas, el santo educador pretende advertir a los j\u00f3venes sobre el destino que espera a quienes se jactan de los bienes terrenales y descuidan el alma. La narraci\u00f3n, intensa y casi cinematogr\u00e1fica, culmina en una apremiante invitaci\u00f3n a la oraci\u00f3n y a la comuni\u00f3n frecuente, \u00fanicos remedios capaces de romper las cadenas del mal y orientar definitivamente la vida hacia la salvaci\u00f3n.<br \/>\n<\/em><\/p>\n<p>En la ma\u00f1ana del d\u00eda tres de abril, dijo don Bosco, a Viglietti que la noche precedente no hab\u00eda podido descansar, pensando en un sue\u00f1o espantoso que hab\u00eda tenido durante la noche del d\u00eda dos. Todo ello produjo en su organismo un verdadero agotamiento de fuerzas.<br \/>\n&#8211; Si los j\u00f3venes, le dec\u00eda, oyesen el relato de lo que vi, se dar\u00edan a una vida santa o huir\u00edan espantados para no escucharlo hasta el fin. Por dem\u00e1s, no me es posible describirlo todo, pues ser\u00eda muy dif\u00edcil representar en su realidad los castigos reservados a los pecadores en la otra vida.<br \/>\nEl Siervo de Dios vio las penas del infierno. Oy\u00f3 primero un gran ruido, como de un terremoto. Por el momento no hizo caso, pero el rum fue creciendo gradualmente, hasta que oy\u00f3 un estruendo horroroso y prolongad\u00edsimo, mezclado con gritos de horror y espanto, con voces humanas inarticuladas que, confundidas con el fragor general, produc\u00edan un estr\u00e9pito espantoso.<br \/>\nDesconcertado, observ\u00f3 alrededor para averiguar cu\u00e1l pudiera ser la causa de aquella cat\u00e1strofe, pero no vio nada de particular. El rumor, cada vez m\u00e1s ensordecedor, se iba acercando y, ni con los ojos ni con los o\u00eddos, se pod\u00eda precisar qu\u00e9 suced\u00eda.<br \/>\nDon Bosco continu\u00f3 as\u00ed su relato:<br \/>\n&#8211; Vi primeramente una masa informe que poco a poco fue tomando la figura de una cuba de fabulosas dimensiones: de ella sal\u00edan los grito de dolor. Pregunt\u00e9, espantado, qu\u00e9 era aquello y qu\u00e9 significaba lo que estaba viendo. Entonces los gritos, hasta all\u00ed inarticulados, se intensificaron m\u00e1s, haci\u00e9ndose m\u00e1s precisos, de forma que pude o\u00edr estas palabras:<br \/>\n&#8211; <em>Multi gloriantur in terris et cremantur in igne<\/em> (Muchos alardean en la tierra, pero arder\u00e1n en el fuego).<br \/>\nDespu\u00e9s vi dentro de aquella inmensa cuba personas indescriptiblemente deformes. Los ojos se les sal\u00edan de las \u00f3rbitas; las orejas casi separadas de la cabeza, colgaban hacia abajo; los brazos y las piernas estaban dislocados de un modo fant\u00e1stico. A los gemidos human se un\u00edan angustiosos maullidos de gatos, rugidos de leones, aullidos de lobos y alaridos de tigres, osos y otros animales. Observ\u00e9 mejor y en aquellos desventurados reconoc\u00ed a algunos. Entonces, cada vez m\u00e1s aterrado, pregunt\u00e9 nuevamente qu\u00e9 significaba tan extraordinario espect\u00e1culo. Se me respondi\u00f3:<br \/>\n&#8211; <em>Gemitibus inenarrabilibus famem patientur ut canes<\/em> (Los gentiles sufren un hambre indecible como los perros).<br \/>\nEntretanto, con el aumento del ruido, se hac\u00eda ante \u00e9l m\u00e1s viva y m\u00e1s precisa la vista de las cosas; conoc\u00eda mejor a aquellos infelices, le llegaban m\u00e1s claramente sus gritos, y su terror era cada vez m\u00e1s opresor. Entonces pregunt\u00f3 en alta voz:<br \/>\n&#8211; Pero \u00bfno ser\u00e1 posible poner remedio o aliviar tanta desventura? \u00bfTodos estos horrores y estos castigos est\u00e1n preparados para nosotros? \u00bfQu\u00e9 debo hacer yo?<br \/>\n&#8211; S\u00ed, replico una voz, hay un remedio; s\u00f3lo un remedio. Apresurarse a pagar las propias deudas con oro o con plata.<br \/>\n-Pero \u00e9stas son cosas materiales.<br \/>\n&#8211; No, <em>aurum et thus<\/em> (oro e incienso). Con la oraci\u00f3n incesante y con la frecuente comuni\u00f3n se podr\u00e1 remediar tanto mal.<br \/>\nDurante este di\u00e1logo los gritos se hicieron m\u00e1s estridentes y el aspecto de los que los emit\u00edan era m\u00e1s monstruoso, de forma que, presa de mortal terror, se despert\u00f3.<br \/>\nEran las tres de la ma\u00f1ana y no le fue posible volver a cerrar los ojos.<br \/>\nEn el curso del relato, un temblor agitaba todos sus miembros, su respiraci\u00f3n era afanosa y sus ojos derramaban abundantes l\u00e1grimas.<br \/>\n<em>(MB IT XVIII, 284-285 \/ MB ES XVIII, 251-252)<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En este pasaje, extra\u00eddo de sus memorias de 1887, Don Juan Bosco plasma en la&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":18,"featured_media":46698,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"iawp_total_views":91,"footnotes":""},"categories":[175],"tags":[2636,2558,1768,1828,1960,1966,1972,1984,2038],"class_list":["post-46705","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-buena-prensa","tag-consejos","tag-dios","tag-don-bosco","tag-gracias-recibidas","tag-salesianos","tag-salvacion","tag-santos","tag-suenos","tag-vicio"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/46705","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/18"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=46705"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/46705\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":46708,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/46705\/revisions\/46708"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/46698"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=46705"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=46705"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=46705"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}