{"id":46074,"date":"2025-10-23T07:05:23","date_gmt":"2025-10-23T07:05:23","guid":{"rendered":"https:\/\/www.donbosco.press\/?p=46074"},"modified":"2025-10-23T07:07:37","modified_gmt":"2025-10-23T07:07:37","slug":"educar-la-voluntad-con-san-francisco-de-sales","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/nuestros-santos\/educar-la-voluntad-con-san-francisco-de-sales\/","title":{"rendered":"Educar la voluntad con san Francisco de Sales"},"content":{"rendered":"<p>Con las facultades del esp\u00edritu, como el intelecto y la memoria, uno permanece en el \u00e1mbito del conocimiento. Ahora se trata de adentrarse en el de la acci\u00f3n. En efecto, \u00abaunque el \u00e1rbol de la prudencia hunda sus ra\u00edces en el intelecto, sin embargo, sus flores y sus frutos son producto de la voluntad\u00bb.<\/p>\n<p><strong>La facultad maestra<br \/>\n<\/strong>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Seg\u00fan la antropolog\u00eda escol\u00e1stica, familiar al obispo de Ginebra, la principal facultad del hombre pod\u00eda ser el intelecto. No es as\u00ed. Como ya hab\u00edan hecho San Agust\u00edn y algunos fil\u00f3sofos como Duns Escoto, San Francisco de Sales asigna el primer lugar a la voluntad.<br \/>\nEs la voluntad, monarca del alma, \u00abvoluntad toda noble\u00bb, la que debe gobernar todas las \u00abpotencias\u00bb del alma. Entre todas las facultades del esp\u00edritu humano, la libre voluntad es la \u00fanica que est\u00e1 verdaderamente en poder de la persona humana:<\/p>\n<p><em>No somos due\u00f1os de nuestra fantas\u00eda, dado que no podemos defendernos de un n\u00famero casi infinito de ilusiones e imaginaciones. Lo mismo hay que decir de la memoria, ya que a menudo quisi\u00e9ramos recordar muchas cosas y no somos capaces de hacerlo; o, al contrario, no recordar muchas otras que quisi\u00e9ramos olvidar. Finalmente, recorred cuanto quer\u00e1is todo lo que se encuentra en vosotros, solo encontrar\u00e9is una peque\u00f1a parte de la que somos due\u00f1os: es la voluntad.<br \/>\n<\/em><br \/>\nEl autor del <em>Teotimo<\/em> se empe\u00f1a en demostrar que la voluntad es el verdadero recurso de la persona humana, en cuanto que, gracias a ella y en torno a ella confluyen, en un conjunto armonioso, todos los elementos ps\u00edquicos y espirituales que componen al hombre.<\/p>\n<p><strong>Pero, \u00bfc\u00f3mo funciona la voluntad?<br \/>\n<\/strong>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 La respuesta es relativamente f\u00e1cil si nos referimos al modelo salesiano de la meditaci\u00f3n, con las tres partes que la componen: las consideraciones, los afectos y las resoluciones.<br \/>\nLas <strong><em>consideraciones<\/em><\/strong> consisten en reflexionar y meditar sobre un bien, una verdad, un valor. Tal reflexi\u00f3n o meditaci\u00f3n produce normalmente afectos, es decir, grandes deseos de adquirir y poseer tal bien o valor, y estos afectos son capaces de \u00abmover la voluntad\u00bb, la cual, una vez \u00abmovida\u00bb, produce \u00abresoluciones\u00bb. Mientras que las consideraciones derivan claramente de las facultades racionales del esp\u00edritu (intelecto, memoria, sin olvidar la imaginaci\u00f3n), los afectos y las resoluciones forman parte de lo que Francisco de Sales llama el \u00abcoraz\u00f3n\u00bb.<br \/>\nLos <strong><em>afectos<\/em><\/strong> que mueven la voluntad son doce que suelen ir de dos en dos: el amor y el odio, el deseo y la huida, la esperanza y la desesperaci\u00f3n, la alegr\u00eda y la tristeza, el coraje y el miedo, la ira y el sentimiento de triunfo. Para San Francisco de Sales, el amor siempre aparece en primer lugar. El amor gobierna los dem\u00e1s afectos y entra primero en el coraz\u00f3n: \u00abLa tristeza, el temor, la esperanza, el odio y los dem\u00e1s afectos del alma no entran en el coraz\u00f3n si el amor no los arrastra consigo\u00bb.<br \/>\nCuriosamente, la voluntad tiene ante todo una dimensi\u00f3n pasiva, mientras que el amor es la potencia activa que mueve y conmueve. La voluntad no llega a decidir si no es movida por este est\u00edmulo predominante: el amor. Y el amor se impone a la propia voluntad. Tal es la fuerza del amor que, para quien ama, nada es dif\u00edcil, \u00ab<em>amanti nihil difficile<\/em>\u00bb; mejor a\u00fan, \u00abpara el amor nada es imposible\u00bb.<\/p>\n<p>El fruto de la voluntad son las <strong><em>resoluciones<\/em><\/strong>. Querer es elegir. Mientras uno es ni\u00f1o, todav\u00eda es completamente dependiente e incapaz de elegir, pero al crecer pronto las cosas cambian y las elecciones se imponen. Por lo general, las elecciones son dif\u00edciles porque requieren que uno renuncie a un bien por otro. La mayor\u00eda de las veces el coraz\u00f3n est\u00e1 dividido entre los afectos de la parte inferior del alma y las resoluciones de la parte superior.<\/p>\n<p><strong>La fuerza del amor<br \/>\n<\/strong>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u00abEl amor es fuerte como la muerte\u00bb, repite Francisco de Sales con el <em>Cantar de los Cantares<\/em>; o m\u00e1s bien, \u00abel amor, m\u00e1s fuerte que la muerte, ablanda, enternece y derrite los corazones mucho m\u00e1s r\u00e1pido que todas las dem\u00e1s pasiones\u00bb. A decir verdad, el hombre solo vale por el amor, y todas las potencias y facultades humanas, especialmente la voluntad, tienden a \u00e9l: \u00abDios quiere al hombre solamente por el alma, y el alma solamente por la voluntad y la voluntad solamente por el amor\u00bb.<br \/>\nEl amor se sirve de la fuerza de voluntad para gobernar todas las facultades y todas las pasiones. Ser\u00e1 un \u00abamor armado\u00bb y tal \u00abamor armado, llegado hasta el celo, someter\u00e1 nuestras pasiones\u00bb. Esta voluntad libre \u00abreside en la parte suprema y m\u00e1s espiritual del alma\u00bb y \u00abno depende de otro sino de Dios y de s\u00ed misma; y cuando todas las dem\u00e1s facultades del alma est\u00e1n perdidas y sometidas al enemigo, solo ella permanece due\u00f1a de s\u00ed para no consentir de ninguna manera\u00bb.<br \/>\nLa elecci\u00f3n, sin embargo, no radica solo en el objetivo a alcanzar, sino tambi\u00e9n en la intenci\u00f3n que preside la acci\u00f3n. Es un aspecto al que Francisco de Sales es particularmente sensible, porque toca la calidad del actuar. De hecho, el fin perseguido imprime un sentido a la acci\u00f3n. Uno puede decidir realizar un acto por muchos motivos. A diferencia de los animales, \u00abel hombre es tan due\u00f1o de sus acciones humanas y razonables que las realiza todas por un fin\u00bb; puede incluso cambiar el fin natural de una acci\u00f3n, a\u00f1adi\u00e9ndole un fin secundario, \u00abcomo cuando, adem\u00e1s de la intenci\u00f3n de socorrer al pobre a quien se destina la limosna, a\u00f1ade la intenci\u00f3n de obligar al indigente a hacer lo mismo\u00bb.<\/p>\n<p>Entre los paganos, las intenciones rara vez eran desinteresadas: \u00abse afanaban casi solo por honor o por alg\u00fan otro fin ef\u00edmero, como recuerda San Agust\u00edn\u00bb. Las intenciones pueden estar contaminadas \u00abpor el orgullo, la vanidad, el inter\u00e9s temporal o alg\u00fan otro motivo malo\u00bb. Hay conversaciones que son malas por la simple raz\u00f3n de que \u00abse hacen con mala intenci\u00f3n. A veces \u00abfingimos querer ser los \u00faltimos y nos sentamos al fondo de la mesa, pero para pasar con m\u00e1s honor a la cabecera\u00bb.<br \/>\n\u00abPurifiquemos, pues, <em>Teotimo<\/em>, cuanto podamos, todas nuestras intenciones\u00bb, pide el autor del <em>Tratado del amor de Dios<\/em>. La buena intenci\u00f3n \u201canima\u201d las m\u00e1s peque\u00f1as acciones y los simples gestos cotidianos. En efecto, \u00abalcanzamos la perfecci\u00f3n no haciendo muchas cosas, sino haci\u00e9ndolas con una intenci\u00f3n pura y perfecta\u00bb. No hay que desanimarse, porque \u00absiempre se puede corregir la propia intenci\u00f3n, hacerla mejor y mejorarla\u00bb.<\/p>\n<p><strong>Las resoluciones<br \/>\n<\/strong>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 La voluntad, por lo tanto, debe producir \u00abresoluciones\u00bb o prop\u00f3sitos; de lo contrario, corre el riesgo de ser vac\u00eda e ineficaz. Llega el momento en que ya no se debe \u00abespecular con el razonamiento\u00bb, sino \u00abendurecer la voluntad\u00bb. \u00abQue nuestra alma est\u00e9 triste o alegre, sumergida en la dulzura o la amargura, en paz o turbada, luminosa u oscura, tentada o tranquila, llena de placer o de disgusto, inmersa en la aridez o la ternura, quemada por el sol o refrescada por el roc\u00edo\u00bb, no importa, una voluntad fuerte no se deja desviar f\u00e1cilmente de sus prop\u00f3sitos. \u00abPermanezcamos firmes en nuestros prop\u00f3sitos, inflexibles en nuestras resoluciones\u00bb, pide el autor de la <em>Filotea<\/em>. Es la facultad maestra de la que depende el valor de la persona: \u00abEl mundo entero vale menos que un alma y un alma no vale nada sin nuestros buenos prop\u00f3sitos\u00bb.<br \/>\nEl sustantivo \u00abresoluci\u00f3n\u00bb indica una decisi\u00f3n que llega al final de un proceso, el cual ha puesto en juego el razonamiento con su capacidad de discernir y el coraz\u00f3n, entendido en el sentido de una afectividad que se deja mover por un bien atractivo. En la \u00abdeclaraci\u00f3n aut\u00e9ntica\u00bb que el autor de la <em>Introducci\u00f3n a la vida devota <\/em>invita a Filotea a pronunciar, se lee: \u00abEsta es mi voluntad, mi intenci\u00f3n y mi decisi\u00f3n, inviolable e irrevocable, voluntad que confieso y confirmo sin reservas ni excepciones\u00bb.<br \/>\nUna meditaci\u00f3n que no desemboque en actos concretos no servir\u00eda de nada. En las diez meditaciones propuestas como modelo en la primera parte de la <em>Filotea<\/em>, encontramos expresiones frecuentes como estas: \u00abquiero\u00bb, \u00abya no quiero\u00bb, \u00abs\u00ed, seguir\u00e9 las inspiraciones y los consejos\u00bb, \u00abhar\u00e9 todo lo posible\u00bb, \u00abquiero hacer esto o aquello\u00bb, \u00abhar\u00e9 este o aquel esfuerzo\u00bb, \u00abhar\u00e9 esta o aquella cosa\u00bb, \u00abelijo\u00bb, \u00abquiero participar\u00bb, o tambi\u00e9n \u00abquiero tomar el cuidado requerido\u00bb.<br \/>\nUna confusi\u00f3n frecuente es la que identifica voluntad y capricho: \u00abAs\u00ed act\u00faan los libertinos que no quieren tener otra ley que la que les dicta su voluntad personal\u00bb. Un gran enemigo de la voluntad es la rutina, el dejarse llevar pasivamente, la costumbre. El fundador de las visitandinas les recomendaba ser conscientes de los gestos que hac\u00edan y evitar realizarlos de manera mec\u00e1nica:<\/p>\n<p><em>Que tengan la voluntad conforme a las buenas acciones exteriores que realicen, sean peque\u00f1as o grandes. Nada se haga por h\u00e1bito, sino por elecci\u00f3n y ejercicio de voluntad; y si alguna vez la acci\u00f3n exterior anticipa el afecto interior, por motivo del h\u00e1bito, que el afecto al menos la siga de cerca.<br \/>\n<\/em><br \/>\nPor motivos bien comprensibles, conviene revisar a menudo nuestras resoluciones: \u201cEsta pr\u00e1ctica reparar\u00e1 vuestras fuerzas debilitadas por el tiempo, calentar\u00e1 vuestro coraz\u00f3n, har\u00e1 reverdecer vuestros buenos prop\u00f3sitos y reflorecer las virtudes de vuestro esp\u00edritu\u201d.<\/p>\n<p><strong>Un admirable educador del coraz\u00f3n humano<br \/>\n<\/strong>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 San Francisco de Sales ha sido considerado un \u00abadmirable educador de la voluntad\u00bb. Se podr\u00eda decir tambi\u00e9n: un admirable educador del coraz\u00f3n humano, si se quiere resaltar la dimensi\u00f3n afectiva caracter\u00edstica de la noci\u00f3n salesiana del coraz\u00f3n. Como se ha visto, \u00e9l no ha descuidado ning\u00fan componente del ser humano: el cuerpo con sus sentidos, el alma con sus pasiones, el esp\u00edritu con sus facultades, en particular las intelectuales. Pero lo que a \u00e9l m\u00e1s le importa es el coraz\u00f3n humano, a prop\u00f3sito del cual escrib\u00eda a una de sus corresponsales: \u00abEs necesario, por lo tanto, cultivar con gran cuidado este coraz\u00f3n bienamado y no escatimar nada de cuanto pueda ser \u00fatil para su felicidad\u00bb.<br \/>\nAhora bien, el coraz\u00f3n del hombre est\u00e1 \u00abinquieto\u00bb, seg\u00fan el dicho de San Agust\u00edn, porque est\u00e1 lleno de deseos insatisfechos. Parece que nunca tiene ni \u00abreposo ni tranquilidad\u00bb. Francisco de Sales propone entonces una educaci\u00f3n tambi\u00e9n de los deseos. En efecto, el principal enemigo de la voluntad \u00abes la cantidad de deseos que tenemos de esta o de aquella cosa. En resumen, nuestra voluntad est\u00e1 tan llena de pretensiones y de proyectos, que muy a menudo no hace m\u00e1s que perder el tiempo en considerarlos uno tras otro o incluso todos juntos, en lugar de afanarse por realizar uno m\u00e1s \u00fatil\u00bb. \u00bfQu\u00e9 actitud es necesario asumir ante la multitud de deseos y la dispersi\u00f3n de los proyectos?<\/p>\n<p><em>Si no empez\u00e1is a seguir algunos de vuestros deseos, estos se multiplicar\u00e1n continuamente y atiborrar\u00e1n tanto vuestro esp\u00edritu que ya no sabr\u00e9is c\u00f3mo desenredaros<\/em>.<\/p>\n<p>\u00abNuestra voluntad queda debilitada cuando ama m\u00e1s cosas todas juntas; sus deseos y quereres son menos violentos y ardientes cuando tiene muchos\u00bb. La soluci\u00f3n es obvia: evitar \u00abla aglomeraci\u00f3n de deseos que obstaculiza el esp\u00edritu\u00bb. Es necesario, por lo tanto, regular los deseos y dejar de lado los deseos in\u00fatiles: temo \u2013escribe el obispo de Ginebra a la baronesa de Chantal\u2013 \u00abque nos entretengamos con estos deseos que no nos son necesarios y que no dejemos suficiente espacio a nuestro esp\u00edritu para los deseos que nos son m\u00e1s \u00fatiles e imprescindibles\u00bb.<br \/>\nLos sujetos m\u00e1s expuestos a ser presas por m\u00faltiples deseos son los j\u00f3venes. Todo depende del modo en que ellos entiendan gestionar este recurso. \u00abSi un joven se hace venir un vivo deseo de cierto cargo antes del tiempo justo, \u00bfde qu\u00e9 le sirve, decidme, ese deseo?\u00bb. El realismo impone no divertirse con deseos vanos, in\u00fatiles o, peor, da\u00f1inos.<br \/>\nExiste, de hecho, una especie de \u00abdecoro de la voluntad\u00bb, como hay un decoro en el comportamiento exterior, explicaba el fundador de las visitandinas a prop\u00f3sito de la \u00absegunda modestia\u00bb. Cuando el esp\u00edritu se deja llevar por una desmedida curiosidad, la voluntad corre el riesgo de inflamarse de m\u00faltiples e ineficaces deseos, como ocurre a menudo en el \u00e1mbito espiritual.<\/p>\n<p><strong>Motivar la voluntad<br \/>\n<\/strong>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Francisco de Sales puede ser considerado un educador del coraz\u00f3n humano no solo porque ha exaltado la fuerza de la voluntad, sino tambi\u00e9n en el sentido de que ha alimentado tal facultad proponi\u00e9ndole motivaciones e ideales atractivos, capaces de poner en marcha la libertad humana. En efecto, para ser eficaz, la educaci\u00f3n debe valerse de este gran recurso de la persona: hay que \u00abmover la voluntad\u00bb, atray\u00e9ndola al bien, a la verdad y a la belleza; en resumen, proponi\u00e9ndole valores y haci\u00e9ndoselos desear.<br \/>\nUn buen pedagogo sabe que para conducir a su alumno hacia el objetivo propuesto, ya sea el saber o la virtud, es imprescindible presentarle un proyecto que movilice sus energ\u00edas. Francisco de Sales se revela un maestro en el arte de motivar, tal como ense\u00f1a a su \u00abhija\u00bb, Juana de Chantal, una de sus m\u00e1ximas preferidas: \u00abEs necesario hacer todo por amor y nada por fuerza\u00bb.<br \/>\nCada vez que Francisco de Sales habla del coraz\u00f3n humano, y esto es a menudo, las dos dimensiones, respectivamente afectiva y efectiva, de la voluntad se encuentran a menudo mezcladas entre s\u00ed. \u00c9l quiere un coraz\u00f3n dulce y pac\u00edfico, puro, indiferente, un \u00abcoraz\u00f3n despojado de afectos\u00bb incompatibles con la vocaci\u00f3n, un coraz\u00f3n \u00abrecto\u00bb, \u00abdistendido y sin ninguna constricci\u00f3n\u00bb. No ama la \u00abternura de coraz\u00f3n\u00bb que se reduce a la b\u00fasqueda de s\u00ed mismo, y requiere en cambio la \u00abfirmeza de coraz\u00f3n\u00bb en el actuar. \u00abA un coraz\u00f3n gallardo nada le es imposible\u00bb \u2013escribe a una se\u00f1ora\u2013, para animarla a no abandonar \u00abel curso de las santas resoluciones\u00bb. Quiere un \u00abcoraz\u00f3n viril\u00bb y al mismo tiempo un coraz\u00f3n \u00abd\u00f3cil, maleable y sumiso, condescendiente a todo lo permitido y dispuesto a asumir todo compromiso por obediencia y caridad\u00bb; un \u00abcoraz\u00f3n dulce hacia el pr\u00f3jimo y humilde ante Dios\u00bb, \u00abnoblemente orgulloso\u00bb y \u00abperennemente humilde\u00bb, \u00abdulce y pac\u00edfico\u00bb. Una de sus \u00abbienaventuranzas\u00bb reza: \u00abBienaventurados los corazones flexibles, porque nunca se romper\u00e1n\u00bb.<br \/>\nEstemos en guardia, porque a menudo nos parecemos a la perdiz de Paflagonia que tiene dos corazones: \u00abTenemos un coraz\u00f3n dulce y cort\u00e9s hacia nosotros mismos, y un coraz\u00f3n duro, severo, riguroso hacia el pr\u00f3jimo\u00bb. Es necesario rectificar el coraz\u00f3n sin cesar: \u00abSer\u00e9is imperfecta durante toda vuestra vida, y siempre habr\u00e1 bastante que corregir\u00bb, escribe a una persona dirigida por \u00e9l. Es necesario \u00abhacer fuerte el coraz\u00f3n contra las tentaciones\u00bb.<br \/>\nCuando el coraz\u00f3n est\u00e1 presa de la inquietud, es importante hacerle reencontrar la paz, porque \u00abestando turbado e inquieto en s\u00ed mismo, nuestro coraz\u00f3n pierde la fuerza necesaria para conservar las virtudes conquistadas y, conjuntamente, los medios necesarios para resistir a las tentaciones y al enemigo\u00bb. Una recomendaci\u00f3n de vital importancia es la de \u00abtener una continua e inviolable igualdad de coraz\u00f3n en tanta diversidad de eventualidades\u00bb. Para conservar el equilibrio, \u00abmortificadlo en sus alegr\u00edas, hacedlo gozar en sus mortificaciones\u00bb.<br \/>\nAl fin y al cabo, la educaci\u00f3n de la voluntad apunta a la plena maestr\u00eda de s\u00ed mismo, que Francisco de Sales expresa mediante una imagen: tomar el coraz\u00f3n en la mano, poseer el coraz\u00f3n o el alma. \u00abLa gran alegr\u00eda del hombre, Filotea, es poseer su propia alma; y cuanto m\u00e1s perfecta se vuelve la paciencia, tanto m\u00e1s perfectamente poseemos nuestra alma\u00bb. Esto significa no ya insensibilidad, ausencia de pasiones o de afectos, sino una tensi\u00f3n hacia la maestr\u00eda de s\u00ed mismo. Se trata de un camino directo a la autonom\u00eda de s\u00ed mismo, garantizada por la supremac\u00eda de la voluntad, libre y razonable.<\/p>\n<p><strong>Conclusi\u00f3n<br \/>\n<\/strong>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Incontestablemente en Francisco de Sales hay una valorizaci\u00f3n de la afectividad, pero tambi\u00e9n de la voluntad entendida en el sentido de la firmeza y la constancia en el decidir. Dec\u00eda de s\u00ed mismo:<\/p>\n<p><em>A mi modo de ver, no hay alma en el mundo que prefiera m\u00e1s cordialmente, tiernamente y, dicho de buena fe, m\u00e1s amorosamente que yo; de hecho, a Dios le ha complacido darme un coraz\u00f3n as\u00ed.<br \/>\n<\/em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Llega incluso a decir: \u00abYo soy el hombre m\u00e1s afectuoso del mundo\u00bb, pero a\u00f1ade enseguida: \u00abYo amo las almas independientes, vigorosas y que no son afeminadas\u00bb, sabiendo bien que una \u00abternura\u00bb exagerada \u00abnubla el coraz\u00f3n, lo inquieta y lo distrae\u00bb. Sin renunciar nunca al amor afectivo, Francisco de Sales se decanta por un amor efectivo, fundado en las \u00abresoluciones\u00bb de la voluntad efectiva.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Con las facultades del esp\u00edritu, como el intelecto y la memoria, uno permanece en el&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":17,"featured_media":46067,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"iawp_total_views":31,"footnotes":""},"categories":[182],"tags":[2636,2558,2198,1822,1972,2032,2026],"class_list":["post-46074","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-nuestros-santos","tag-consejos","tag-dios","tag-educacion","tag-gracia","tag-santos","tag-vida","tag-virtud"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/46074","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/17"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=46074"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/46074\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":46077,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/46074\/revisions\/46077"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/46067"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=46074"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=46074"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=46074"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}