{"id":45792,"date":"2025-10-03T07:32:32","date_gmt":"2025-10-03T07:32:32","guid":{"rendered":"https:\/\/www.donbosco.press\/?p=45792"},"modified":"2025-10-07T07:45:07","modified_gmt":"2025-10-07T07:45:07","slug":"un-toro-furioso-humildad-trabajo-y-templanza-1876","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/suenos-de-don-bosco\/un-toro-furioso-humildad-trabajo-y-templanza-1876\/","title":{"rendered":"Un toro furioso; Humildad, trabajo y templanza (1876)"},"content":{"rendered":"<p><em>Este v\u00edvido relato on\u00edrico, narrado por Don Bosco al t\u00e9rmino de los ejercicios espirituales de 1876, propone una potente alegor\u00eda de la vida espiritual y de la misi\u00f3n salesiana. Un toro furioso, encarnaci\u00f3n del demonio y de los siete pecados capitales, siembra el terror, pero es vencido por quien se humilla, permanece unido en la obediencia y adora el Sant\u00edsimo Sacramento. De la escena emergen dos verdades fundamentales: \u00abTrabajo y templanza\u00bb como lema y garant\u00eda de fecundidad apost\u00f3lica, y la advertencia de evitar cuatro clavos letales \u2014gula, inter\u00e9s personal, murmuraci\u00f3n y pereza \u2014 junto a la serpiente oculta de la ambig\u00fcedad. El sue\u00f1o concluye con la visi\u00f3n triunfante de la Congregaci\u00f3n que, fiel a estos principios, difundir\u00e1 el Evangelio a los cuatro puntos cardinales, guiando a multitudes de j\u00f3venes hacia Cristo.<br \/>\n<\/em><\/p>\n<p>Como clausura y recuerdo de los ejercicios Don Bosco cont\u00f3 un sue\u00f1o simb\u00f3lico, que es uno de los m\u00e1s instructivos de cuantos hasta entonces hab\u00eda tenido. Lemoyne tom\u00f3 apuntes del mismo mientras el siervo de Dios hablaba; despu\u00e9s lo puso todo por escrito y se lo dio a leer al buen padre, que hizo algunas leves modificaciones. Para mayor claridad dividiremos la narraci\u00f3n en cuatro partes.<\/p>\n<p><strong>Primera parte [Un toro furioso; humildad, trabajo y templanza]<br \/>\n<\/strong><br \/>\nD\u00edcese, comenz\u00f3 el siervo de Dios, que no se debe hacer caso de los sue\u00f1os: os aseguro que en la mayor parte de los casos tambi\u00e9n yo soy de este mismo parecer. Con todo ello, algunas veces, aunque no nos revelan cosas futuras, nos sirven para hacernos conocer c\u00f3mo hemos de resolver asuntos intrincad\u00edsimos y la prudencia con que hemos de solventar algunas cuestiones. Entonces se les puede hacer caso, por el bien que nos proporcionan.<br \/>\nDeseo contaros ahora un sue\u00f1o que me ocup\u00f3, se puede decir, todo el tiempo de estos ejercicios y que me tuvo agitado particularmente la noche pasada. Os lo voy a contar tal y como lo tuve, resumi\u00e9ndolo ac\u00e1 y all\u00e1 un poco para no ser demasiado largo, pues me parece rico de muchas e importantes ense\u00f1anzas.<br \/>\nMe pareci\u00f3, pues, que est\u00e1bamos todos reunidos y que nos dirig\u00edamos de Lanzo a Tur\u00edn. \u00cdbamos montados en cierto veh\u00edculo, pero no sabr\u00eda deciros si viaj\u00e1bamos en ferrocarril o en \u00f3mnibus; lo cierto es que no lo hac\u00edamos a pie. Al llegar a un punto del camino, no recuerdo d\u00f3nde, el veh\u00edculo se detuvo. Yo descend\u00ed de \u00e9l para ver qu\u00e9 era lo que suced\u00eda, cuando se me present\u00f3 un personaje que no sabr\u00eda describir. Me parec\u00eda de alta y de baja estatura al mismo tiempo; grueso y delgado; blanco y rojo; caminaba por la tierra y por el aire. Me sent\u00ed lleno de estupefacci\u00f3n, pues no sab\u00eda darme raz\u00f3n de todo aquello, cuando anim\u00e1ndome, le pregunt\u00e9:<br \/>\n&#8211; \u00bfQui\u00e9n eres?<br \/>\nY \u00e9l, sin m\u00e1s, me respondi\u00f3:<br \/>\n&#8211; Ven.<br \/>\nYo quer\u00eda saber antes qui\u00e9n era, qu\u00e9 es lo que quer\u00eda, pero \u00e9l repiti\u00f3:<br \/>\n&#8211; Ven pronto; hagamos girar los veh\u00edculos hacia este campo. Lo m\u00e1s admirable era que hablaba bajo y alto al mismo tiempo y a varias voces, por lo que yo me sent\u00eda extraordinariamente maravillado.<br \/>\nEl campo era extens\u00edsimo, aun a simple vista, y muy llano; no hab\u00eda en \u00e9l surcos y estaba apisonado como si fuera una era. No sabiendo qu\u00e9 decir y viendo a aquel personaje tan resuelto, hicimos volver a los veh\u00edculos, los cuales entraron en aquel campo, y despu\u00e9s les ordenamos a todos los que iban dentro que bajasen. Todos lo hicieron en un santiam\u00e9n, y he aqu\u00ed que, apenas echaron pie a tierra, desaparecieron los carruajes sin saber d\u00f3nde ir\u00edan a parar.<br \/>\n&#8211; Ya que hemos bajado, me dir\u00e1s&#8230;, me dir\u00e9is&#8230;, me dir\u00e1\u2026 dije yo en tono vacilante, al no saber c\u00f3mo tratar a aquel personaje \u00bfpor qu\u00e9 nos hab\u00e9is hecho parar en este lugar?<br \/>\nEntonces me respondi\u00f3:<br \/>\n&#8211; Por una raz\u00f3n muy grave; para libraros de un grand\u00edsimo peligro.<br \/>\n&#8211; \u00bfQu\u00e9 peligro?<br \/>\n&#8211; El de un toro furioso que no deja pasar a una persona viva por el lugar en que se encuentra. <em>Taurus rugiens quaerens quem devoret<\/em>.<br \/>\n&#8211; Despacio, querido, t\u00fa atribuyes al toro lo que en la Sagrada Escritura dice el Ap\u00f3stol San Pedro del le\u00f3n: \u00a1<em>leo rugiens<\/em>!<br \/>\n&#8211; No importa, all\u00ed era <em>leo rugiens<\/em> y <em>aqu\u00ed es taurus rugiens<\/em>. El hecho es que ten\u00e9is que estar alerta. Llama a todos y que se congreguen a tu alrededor. An\u00fanciales con toda solemnidad y premura que est\u00e9n atentos, muy atentos y que, apenas sientan e mugido del toro, que es extraordinario e inmenso, se arrojen inmediatamente al suelo y que permanezcan as\u00ed boca abajo con la cara vuelta a la tierra hasta que el toro haya pasado. \u00a1Ay de aquel que no escuche y no siga tu consejo, y no se postre boca abajo de la manera que te he dicho! Est\u00e1 irremisiblemente perdido, pues se lee en las Sagradas Escrituras que quien se humilla ser\u00e1 ensalzado y el que se ensalza ser\u00e1 humillado: <em>qui se humiliat exaltabitur, et qui se exaltat humiliabitur<\/em>.<br \/>\nDespu\u00e9s me a\u00f1adi\u00f3 de nuevo:<br \/>\n&#8211; \u00a1Pronto, pronto! El toro est\u00e1 para llegar; grita, grita fuerte que se tiren al suelo.<br \/>\nYo gritaba y \u00e9l me dec\u00eda:<br \/>\n&#8211; \u00a1M\u00e1s, m\u00e1s! Grita a\u00fan m\u00e1s fuerte, m\u00e1s fuerte.<br \/>\nYo lo hice tan fuerte que creo haber asustado a don Juan B. Lemoyne que duerme en la habitaci\u00f3n contigua a la m\u00eda; no pod\u00eda gritar m\u00e1s fuerte.<br \/>\nY he aqu\u00ed que, de pronto, se siente el mugido del toro.<br \/>\n&#8211; \u00a1Atenci\u00f3n! \u00a1Atenci\u00f3n! Que se pongan formando una l\u00ednea recta, pr\u00f3ximos los unos a los otros en una y otra parte, dejando un pasillo en medio para que el toro pueda pasar.<br \/>\nEsto me grit\u00f3 el personaje. Yo, a mi vez, a voz en grito di esta orden a los j\u00f3venes, y en un abrir y cerrar de ojos todos se postraron en tierra y nosotros comenzamos a ver al toro que desde muy lejos llegaba lleno de furor. Si bien casi todos los muchachos estaban echados en el suelo, con todo hab\u00eda algunos empe\u00f1ados en ver al toro y no se postraban en tierra por completo; afortunadamente eran pocos.<br \/>\nEntonces aquel individuo me dijo:<br \/>\n&#8211; Ahora ver\u00e1s lo que les va a suceder a \u00e9stos; ya ver\u00e1s la suerte que les va a caber por no querer bajarse.<br \/>\nYo quer\u00eda avisarles, gritar, correr adonde estaban; pero el otro se negaba; insist\u00ed que me dejase. Pero me contest\u00f3 secamente:<br \/>\n&#8211; T\u00fa tambi\u00e9n tienes que bajarte, \u00a1obedece!<br \/>\nNo me hab\u00eda tirado a\u00fan al suelo, cuando un terrible mugido, espantoso, tremendo, se dej\u00f3 o\u00edr. El toro estaba ya pr\u00f3ximo a nosotros. Todos tembl\u00e1bamos y nos pregunt\u00e1bamos:<br \/>\n&#8211; \u00bfQu\u00e9 pasa? \u00bfQu\u00e9 pasa?<br \/>\n&#8211; No tem\u00e1is; pegaos al suelo, les gritaba yo.<br \/>\nY el desconocido continuaba diciendo en alta voz:<br \/>\n&#8211; <em>Qui se humiliat, exaltabitur, et qui se exaltat, humiliabitur&#8230; qui se humiliat&#8230; qui se humiliat<\/em>&#8230;<br \/>\nUna cosa extra\u00f1a, que me llen\u00f3 de estupor, fue la siguiente: que a pesar de que yo ten\u00eda la cabeza pegada al suelo y de estar completamente con los ojos pegados al polvo, ve\u00eda perfectamente todo cuanto suced\u00eda a mi alrededor. El toro ten\u00eda siete cuernos casi en forma de c\u00edrculo; dos los ten\u00eda situados en las narices, dos en el lugar de los ojos, dos en el sitio corriente de los cuernos y uno encima. Y \u00a1cosa maravillosa! Dichos cuernos eran fort\u00edsimos, movibles, los pod\u00eda volver hacia donde quer\u00eda, de manera que, para echar por tierra a uno, al correr, no ten\u00eda que volverse de un lado o de otro, sino que bastaba que prosiguiese adelante, sin retroceder, para abatir a quien encontraba. Los cuernos m\u00e1s largos eran los que ten\u00eda sobre el hocico, con los que causaba estragos verdaderamente espantosos.<br \/>\nYa estaba el animal muy cerca. Entonces el personaje comenz\u00f3 a gritar:<br \/>\n&#8211; Ahora se ver\u00e1 el efecto de la humildad.<br \/>\nY \u00a1oh maravilla!, en un instante todos nosotros nos vimos levantados por los aires a una considerable altura, de modo que era imposible que el toro nos pudiese alcanzar. Los que no se hab\u00edan bajado no fueron levantados. Y al llegar el toro los destroz\u00f3 en un momento. Ni uno solo se salv\u00f3. Nosotros entretanto, elevados de aquella manera en el aire, ten\u00edamos miedo y dec\u00edamos:<br \/>\n&#8211; Si caemos desde arriba s\u00ed que estamos perdidos. \u00a1Pobres de nosotros entonces! \u00bfQu\u00e9 ser\u00e1 de nosotros?<br \/>\nEntretanto ve\u00edamos al toro furioso que intentaba alcanzarnos; daba saltos terribles para darnos cornadas; pero no nos pudo hacer ning\u00fan mal.<br \/>\nEntonces, m\u00e1s furioso que nunca, hizo adem\u00e1n de ir en busca de algunos compa\u00f1eros, como diciendo:<br \/>\n&#8211; Nos ayudaremos los unos a los otros y formaremos una escalera&#8230;<br \/>\nY as\u00ed, <em>habens iram magnam<\/em>, se fue.<br \/>\nEntonces nos encontramos nuevamente tendidos en el suelo, y el personaje aquel comenz\u00f3 a gritar:<br \/>\n&#8211; Volv\u00e1monos hacia el mediod\u00eda.<\/p>\n<p><strong>Segunda parte [Un toro furioso]<br \/>\n<\/strong><br \/>\nY he aqu\u00ed que, sin comprender c\u00f3mo suced\u00eda aquello, la escena cambi\u00f3 por completo delante de nosotros. Dirigiendo nuestra mirada hacia el mediod\u00eda, vimos expuesto el Sant\u00edsimo Sacramento; hab\u00eda muchas velas encendidas en una y otra parte y ya no se ve\u00eda el prado, sino que nos parec\u00eda encontrarnos en una iglesia inmensa, muy bien adornada.<br \/>\nMientras est\u00e1bamos todos postrados en adoraci\u00f3n delante del Sant\u00edsimo, he aqu\u00ed que vinieron muchos toros furiosos, todos dotados de cuernos horribles y espantosos. Al llegar, como todos est\u00e1bamos en acto de adoraci\u00f3n delante del Sant\u00edsimo Sacramento, no nos pudieron hacer ning\u00fan mal. Nosotros entretanto hab\u00edamos comenzado a rezar la Corona en honor del Sagrado Coraz\u00f3n de Jes\u00fas. Poco despu\u00e9s, no s\u00e9 c\u00f3mo, miramos y los toros no estaban ya. Dirigiendo nuestra vista a la parte del altar, comprobamos que las luces hab\u00edan desaparecido, que el Sacramento no estaba ya expuesto; desapareci\u00f3 la iglesia; pero \u00bfd\u00f3nde est\u00e1bamos? Nos encontr\u00e1bamos en el campo donde hab\u00edamos estado primeramente.<br \/>\nVosotros comprend\u00e9is perfectamente que el toro es el enemigo de las almas, el demonio, que siente una gran ira hacia nosotros y que busca continuamente hacernos mal. Los siete cuernos son los siete pecados capitales. Lo que nos puede librar de los cuernos de este toro, esto es, de los asaltos del demonio, del caer en los vicios, es principalmente la humildad, base y fundamento de las virtudes.<\/p>\n<p><strong>Tercera parte<br \/>\n<\/strong><br \/>\nNosotros entretanto, estupefactos y maravillados, nos mir\u00e1bamos los unos a los otros; ninguno hablaba, no sab\u00edamos qu\u00e9 decir. Se esperaba que don Bosco hablase o que aquel personaje dijese alguna cosa. Cuando he aqu\u00ed que, tom\u00e1ndome aparte aquel desconocido, me dijo:<br \/>\n&#8211; Ven, que te voy a hacer ver el triunfo de la Congregaci\u00f3n de San Francisco Sales. S\u00fabete sobre esta roca y ver\u00e1s.<br \/>\nHab\u00eda una gran pe\u00f1a que sobresal\u00eda en medio de aquella llanura inconmensurable y me sub\u00ed a ella. \u00a1Qu\u00e9 inmensidad se extend\u00eda ante mis ojos! Aquel campo, que jam\u00e1s hab\u00eda imaginado tan vasto, me pareci\u00f3 que ocupase toda la tierra.<br \/>\nEstaban reunidos hombres de todos los colores, vestidos de las formas m\u00e1s diversas, de todas las nacionalidades. Vi tanta gente que no sabr\u00eda decir si en el mundo existe una poblaci\u00f3n semejante. Comenc\u00e9 a observar a los primeros que se ofrec\u00edan a nuestra vista. Estaban vestidos como nosotros los italianos. Yo conoc\u00eda a los de las primeras filas y hab\u00eda numeros\u00edsimos salesianos que conduc\u00edan como de la mano a multitud de escuadrones de ni\u00f1os y de ni\u00f1as. Despu\u00e9s les segu\u00edan otros en varios grupos; y despu\u00e9s otros muchos a los cuales no conoc\u00eda y a los que no pod\u00eda distinguir, formando un n\u00famero indescriptible. Hacia el mediod\u00eda aparecieron ante mis ojos, sicilianos, africanos y un pueblo integrado por un n\u00famero incontable de gente desconocida para m\u00ed. Todos eran conducidos por los salesianos, de los cuales s\u00f3lo conoc\u00eda a los que iban en las primeras filas.<br \/>\n&#8211; \u00a1Vu\u00e9lvete!, me dijo aquel desconocido.<br \/>\nY he aqu\u00ed que vi ante m\u00ed a otros pueblos de gente incalculable por su n\u00famero, vestida de una manera diversa que nosotros; llevaban pieles y una especie de capas que parec\u00edan de terciopelo, todas de distintos colores. Aquel personaje me hizo dirigir la mirada hacia los cuatro puntos cardinales. Entre otras cosas, hacia la parte de oriente, vi unas mujeres con los pies tan peque\u00f1os que apenas si pod\u00edan estar de pie y que casi no pod\u00edan caminar. Lo m\u00e1s maravilloso era que por todas partes ve\u00eda salesianos que conduc\u00edan falanges y falanges de ni\u00f1os y de ni\u00f1as y, al mismo tiempo, un concurso inmenso de pueblo. Siempre me eran conocidos los que iban en primera fila; pero a los que ven\u00edan detr\u00e1s los desconoc\u00eda por completo, lo mismo a los misioneros. Muchas cosas no las puedo contar con todos sus pormenores porque me har\u00eda interminable.<br \/>\nEntonces el desconocido, que me hab\u00eda guiado y me hab\u00eda aconsejado lo que ten\u00eda que hacer, tom\u00f3 de nuevo la palabra y me dijo:<br \/>\n&#8211; Mira, observa; ahora de momento no comprender\u00e1s todo cuanto te voy a decir, pero, presta atenci\u00f3n: todo cuanto has visto es la mies preparada para los salesianos. \u00bfHas visto qu\u00e9 campo tan inmenso por cultivar? Pues esta extensi\u00f3n sin l\u00edmites ante la cual te encuentras es el campo reservado a tus hijos. Los salesianos que has visto son los operarios de esta porci\u00f3n de la vi\u00f1a del Se\u00f1or. Muchos de los que trabajan en ella te son conocidos. El horizonte se dilata ante su vista y has visto aparecer ante ti mucha gente para ti desconocida; esto quiere decir que no solamente en este siglo sino tambi\u00e9n en el pr\u00f3ximo y en los siglos futuros, los salesianos continuar\u00e1n trabajando en su campo. Pero \u00bfsabes con qu\u00e9 condiciones se podr\u00e1 conseguir lo que has visto? Te lo voy a decir. Mira, es necesario que hagas imprimir estas palabras que ser\u00e1n como vuestro lema, como vuestra palabra de orden, vuestro distintivo. N\u00f3talo bien: El trabajo y la templanza har\u00e1n florecer a la Congregaci\u00f3n Salesiana. Har\u00e1s explicar estas palabras, las repetir\u00e1s continuamente, insistir\u00e1s en su significado. Har\u00e1s imprimir un manual que las explique y haga comprender bien que el trabajo y la templanza son la herencia que dejas a la Congregaci\u00f3n y, al mismo tiempo, su gloria.<br \/>\nYo le respond\u00ed:<br \/>\n&#8211; Lo har\u00e9 de mil amores; todo esto est\u00e1 muy de acuerdo con el fin que nos hemos propuesto; es lo mismo que recomiendo a mis hijos d\u00eda a d\u00eda y siempre que se me presenta la ocasi\u00f3n.<br \/>\n&#8211; \u00bfEst\u00e1s, pues, bien persuadido de ello? \u00bfMe has comprendido bien? Esta es la herencia que les dejar\u00e1s y di, con toda claridad, que mientras sepan corresponder tendr\u00e1n seguidores al mediod\u00eda, al norte, al oriente y al occidente. Ahora termina los ejercicios y encam\u00ednalos a su destino. Estos ser\u00e1n los modelos, despu\u00e9s vendr\u00e1n los otros.<br \/>\nY he aqu\u00ed que aparecieron nuevamente los \u00f3mnibus para conducirnos a todos a Tur\u00edn. Yo observaba atentamente y pude ver que eran unos veh\u00edculos sui generis, extra\u00f1os a m\u00e1s no poder. Los nuestros comenzaron a subir a ellos; m\u00e1s aquellos \u00f3mnibus no ten\u00edan apoyo por ninguna parte y yo me tem\u00eda que los j\u00f3venes se cayesen de ellos y no quer\u00eda dejarlos partir.<br \/>\nPero el gu\u00eda me dijo:<br \/>\n&#8211; Deja, deja que marchen; no necesitan apoyo, basta que cumplan bien aquella m\u00e1xima: <em>Sobrii estote et vigilate<\/em>. Si se pone bien en pr\u00e1ctica esto, no hay peligro de caer, aunque no est\u00e9n apoyados en nada y la carroza siga su marcha.<\/p>\n<p><strong>Cuarta parte<br \/>\n<\/strong><br \/>\nPartieron, pues, y yo me qued\u00e9 solo con el desconocido.<br \/>\n&#8211; Ven, me dijo inmediatamente; ven, quiero que veas lo m\u00e1s importante. Tendr\u00e1s que aprenderlo bien. \u00bfVes all\u00e1 aquel carro?<br \/>\n&#8211; S\u00ed, lo veo.<br \/>\n&#8211; \u00bfSabes qu\u00e9 es?<br \/>\n&#8211; No lo veo bien.<br \/>\n&#8211; Si quieres verlo bien, ac\u00e9rcate. \u00bfVes aquel cartel\u00f3n? Ac\u00e9rcate, obs\u00e9rvalo bien; sobre \u00e9l aparece un emblema; esto te lo explicar\u00e1 todo.<br \/>\nYo me acerqu\u00e9 y vi pintados en aquel cartel\u00f3n cuatro clavos muy gruesos. Entonces me volv\u00ed al gu\u00eda para decirle:<br \/>\n&#8211; Si no me lo explicas, no entiendo nada.<br \/>\n&#8211; \u00bfNo ves esos cuatro clavos? Obs\u00e9rvalos bien. Son los cuatro clavos que desgarraron y atormentaron de una forma tan cruel la persona del Divino Salvador.<br \/>\n&#8211; \u00bfY qu\u00e9 me quieres decir con eso?<br \/>\n&#8211; Son los cuatro clavos que atormentan a las Congregaciones religiosas. Si te libras de esos cuatro clavos, esto es, si procuras que tu Congregaci\u00f3n no sea atormentada por ellos, o sea, si sab\u00e9is tenerlos alejados de vosotros, entonces las cosas marchar\u00e1n bien y os salvar\u00e9is.<br \/>\n&#8211; Pero, te vuelvo a decir que no s\u00e9 qu\u00e9 es lo que significan esos clavos, repliqu\u00e9.<br \/>\n&#8211; Si quieres tener una explicaci\u00f3n m\u00e1s clara, observa detenidamente este carruaje que lleva los clavos por emblema. Mira: este veh\u00edculo tiene cuatro departamentos, cada uno de los cuales corresponde a un clavo.<br \/>\n&#8211; \u00bfY qu\u00e9 significan estos departamentos?<br \/>\n&#8211; Observa el primero. Observ\u00e9 y le\u00ed sobre el cartel: <em>Quorum Deus venter est<\/em>.<br \/>\n&#8211; \u00a1Oh! Ahora comienzo a comprender algo.<br \/>\nEntonces el desconocido me respondi\u00f3:<br \/>\n&#8211; Este es el primer clavo que atormenta y arruina a las Congregaciones religiosas. Har\u00e1 tambi\u00e9n grandes estragos entre vosotros, si no est\u00e1s atento. Combate contra \u00e9l y ver\u00e1s c\u00f3mo todas tus cosas proceden bien.<br \/>\nAhora pasemos al segundo departamento; lee la inscripci\u00f3n correspondiente al segundo clavo: <em>Quaerunt quae sua sunt, non quae Jesu<\/em> <em>Christi<\/em>. Estos son los que buscan las propias comodidades, su bienestar, y trabajan en ventaja propia o de sus parientes, sin buscar el bien de la Congregaci\u00f3n, que es el que forma parte de la porci\u00f3n de Jesucristo. Presta, pues, atenci\u00f3n; aleja de ti este flagelo y ver\u00e1s prosperar a tu Congregaci\u00f3n.<br \/>\nTercer departamento. Observ\u00e9 la inscripci\u00f3n del tercer clavo y era la siguiente: <em>Aspidis lingua eorum<\/em>.<br \/>\n&#8211; Clavo fatal para las Congregaciones son los murmuradores, los chismosos; los que siempre est\u00e1n criticando con raz\u00f3n o sin ella.<br \/>\nCuarto departamento: <em>Cubiculum<\/em> <em>otiositatis<\/em>.<br \/>\n&#8211; A esta porci\u00f3n pertenecen los ociosos, muy numerosos por cierto. Cuando en una Congregaci\u00f3n comienza a introducirse el ocio, la comunidad queda completamente arruinada; en cambio, mientras abunda el trabajo, no existe peligro alguno de ruina. Ahora observa otra cosa que podr\u00e1s ver en este carruaje y de la que much\u00edsimas veces no se hace caso y que yo quiero que consideres con especial atenci\u00f3n. \u00bfVes aquel escondrijo que no forma parte de ning\u00fan departamento, pero que afecta a todos? Dir\u00edamos que es como un medio departamento o apartado.<br \/>\n&#8211; S\u00ed que lo veo; pero no hay en \u00e9l m\u00e1s que hojarasca, unos matojos altos y alguna hierba toda en mara\u00f1ada.<br \/>\n&#8211; Bien, bien; esto es lo que quer\u00eda que observaras.<br \/>\n&#8211; \u00bfY qu\u00e9 puedo deducir de todo esto?<br \/>\n&#8211; Observa la inscripci\u00f3n que aparece medio escondida.<br \/>\nMe fij\u00e9 bien y le\u00ed: <em>Latet anguis in herba<\/em>.<br \/>\n&#8211; \u00bfY qu\u00e9 quiere decir esto?<br \/>\n&#8211; Mira, hay ciertos individuos que est\u00e1n escondidos, que no hablan, que jam\u00e1s abren el coraz\u00f3n a sus superiores, que rumian sus secretos en sus corazones; mucha atenci\u00f3n: <em>latet anguis in herba<\/em>. Los tales son verdaderos flagelos, verdadera peste para las Congregaciones. Los malos, si se les tiene al descubierto, pueden ser corregidos, pero si est\u00e1n escondidos no, porque no nos damos cuenta del mal que hacen y de c\u00f3mo se multiplica el veneno en sus corazones, y cuando se les descubre apenas si hay ya tiempo para remediar el mal que han ocasionado. Apr\u00e9ndete, pues, bien las cosas que has de tener alejadas de la Congregaci\u00f3n; no olvides cuanto has o\u00eddo, ordena que se expliquen estas cosas y que sean largamente comentadas. Si lo haces as\u00ed, puedes estar tranquilo sobre el porvenir de tu Congregaci\u00f3n, que las cosas prosperar\u00e1n de d\u00eda en d\u00eda.<br \/>\nEntonces le ped\u00ed a aquel personaje que para no olvidar nada de cu\u00e1nto me hab\u00eda dicho, me dejase un poco de tiempo para poder escribir.<br \/>\n&#8211; Si quieres escribirlo, me dijo, int\u00e9ntalo; pero me temo que te falte el tiempo. Presta mucha atenci\u00f3n.<br \/>\nMientras me dec\u00eda estas cosas y yo me dispon\u00eda a escribir, me pareci\u00f3 o\u00edr un rumor confuso, una agitaci\u00f3n a mi alrededor. El suelo firme de aquel campo parec\u00eda moverse. Entonces dirig\u00ed la vista a mi alrededor para comprobar si hab\u00eda alguna novedad y vi que los j\u00f3venes que hab\u00edan partido poco antes volv\u00edan de todas partes hacia m\u00ed llenos de espanto; e inmediatamente despu\u00e9s percib\u00ed el mugido del toro y vi al mismo toro que los persegu\u00eda. Al aparecer el animal, fue tal mi terror que, al verlo, me despert\u00e9.<br \/>\nOs he referido este sue\u00f1o antes de separarnos, porque estoy bien persuadido de que ser\u00eda una excelente conclusi\u00f3n de ejercicios el que nosotros permaneci\u00e9ramos fieles a nuestro lema: Trabajo y templanza; y que procur\u00e1semos evitar a todo trance los cuatro clavos que causan las ruinas de las Congregaciones. El vicio de la gula, el buscar las propias comodidades, entregarse a las murmuraciones y al ocio, a lo que habr\u00eda que a\u00f1adir que cada uno se muestre siempre abierto, claro, sincero con los propios superiores. De esta manera proporcionaremos un gran bien a nuestras almas y, al mismo tiempo, podremos salvar aquellas otras que la divina Providencia conf\u00ede a nuestros cuidados.<\/p>\n<p>Don Bosco hab\u00eda anunciado y prometido en el curso de la narraci\u00f3n, que explicar\u00eda mejor el \u00faltimo punto referente a la templanza, contando una especie de ap\u00e9ndice o complemento del sue\u00f1o; pero despu\u00e9s, al pasar a la segunda parte de su relato, se olvid\u00f3 de hacerlo. Al despertarse, como dijo, impresionado por la s\u00fabita y nueva aparici\u00f3n de la fiera, sinti\u00f3 deseos de conocer alguna cosa m\u00e1s y logr\u00f3 su deseo apenas se qued\u00f3 otra vez dormido.<br \/>\nLo que vio entonces lo cont\u00f3 m\u00e1s tarde en Chieri. Don Joaqu\u00edn Berto, que estaba presente, lo escribi\u00f3 y se lo mand\u00f3 a Lemoyne, el cual lo copi\u00f3 para completar lo que ya ten\u00eda escrito.<\/p>\n<p>Estaba deseoso de conocer los efectos de la templanza y de la intemperancia y con este pensamiento me fui a dormir; pero he aqu\u00ed que, apenas me qued\u00e9 dormido, apareci\u00f3 de nuevo nuestro personaje invit\u00e1ndome a seguirlo y a ver los efectos de la templanza. Me condujo, pues, a un amen\u00edsimo jard\u00edn, lleno de delicias y de flores de todo g\u00e9nero y especie. En \u00e9l observ\u00e9 una gran cantidad de rosas, las m\u00e1s espl\u00e9ndidas, s\u00edmbolo de la caridad; jazmines, claveles, lirios, violetas, siemprevivas, girasoles y un sinn\u00famero de flores representando, cada una, una virtud.<br \/>\n&#8211; Ahora, presta atenci\u00f3n, me dijo el gu\u00eda.<br \/>\nY desapareci\u00f3 el jard\u00edn y sent\u00ed un fuerte ruido.<br \/>\n&#8211; \u00bfQu\u00e9 sucede? \u00bfDe d\u00f3nde viene ese ruido?<br \/>\n&#8211; Vu\u00e9lvete y observa.<br \/>\nMe volv\u00ed, y un espect\u00e1culo inaudito: un carro de forma cuadrada tirado por un cerdo y por un sapo de enorme tama\u00f1o.<br \/>\n&#8211; Ac\u00e9rcate y mira dentro.<br \/>\nMe adelant\u00e9 para examinar el contenido del carro. Estaba lleno hasta rebosar de los animales m\u00e1s asquerosos: cuervos, serpientes, escorpiones, basiliscos, babosas, murci\u00e9lagos, cocodrilos y salamandras. Yo no pude soportar aquel espect\u00e1culo y mientras, horrorizado, volv\u00ed la mirada, por el mal olor que desped\u00edan todos aquellos bichos asqueros\u00edsimos, sent\u00ed como un estremecimiento y me despert\u00e9, percibiendo a\u00fan durante un buen espacio de tiempo aquel mismo hedor; mi imaginaci\u00f3n segu\u00eda tan turbada por cuanto hab\u00eda visto, que, pareci\u00e9ndome que todav\u00eda ten\u00eda delante de los ojos aquellas alima\u00f1as, no pude descansar en toda la noche.<\/p>\n<p>Don Juan Bautista Lemoyne, atento \u00fanicamente al sue\u00f1o, no se preocup\u00f3 de escribir la segunda parte del serm\u00f3n, que encontramos, por el contrario, resumida por don Julio Barberis de la siguiente manera:<\/p>\n<p>Pasando ahora a dar alg\u00fan recuerdo especial que sirva para este curso, he aqu\u00ed cu\u00e1l ser\u00eda: buscar todos los medios para guardar la virtud reina, la virtud que guarda todas las otras; pues si la tenemos, nunca estar\u00e1 sola, sino que tendr\u00e1 como cortejo a todas las dem\u00e1s; y si la perdemos, las otras no existen o se pierden al poco tiempo.<br \/>\nAmad esta virtud, amadla mucho y no olvid\u00e9is que para conservarla hay que trabajar y orar: <em>non eicitur nisi in oratione et ieiunio<\/em>. S\u00ed: oraci\u00f3n y mortificaci\u00f3n en las miradas, en el descanso, en la comida y especial\u00edsimamente en el vino, no buscar comodidades para nuestro cuerpo, antes al contrario, casi dir\u00eda, maltratarlo. No tenerle m\u00e1s miramientos que los necesarios, cuando lo reclama la salud; entonces, s\u00ed; hay que dar al cuerpo lo estrictamente necesario y no m\u00e1s, porque dice el Esp\u00edritu Santo: <em>Corpus hoc quod corrumpitur aggravat animam<\/em>. \u00bfS\u00ed? \u00bfQu\u00e9 hac\u00eda entonces san Pablo? <em>Castigo<\/em> <em>corpus meum et in servitutem redigo, ut spiritui inserviat<\/em>.<br \/>\nRecomiendo aqu\u00ed lo que recomend\u00e9 en la otra tanda de ejercicios, esto es: OBEDIENCIA, PACIENCIA, ESPERANZA&#8230;<em><br \/>\n<\/em>La otra cosa es la humildad que debemos esforzarnos por poseer e inculcar en nuestros j\u00f3venes y en todos, virtud que ordinariamente se califica como fundamento de la vida cristiana y de la perfecci\u00f3n.<br \/>\nUna cosa que alguna vez se dice, pero que yo no quisiera que se hiciese jam\u00e1s, es \u00e9sta: hacer las cosas s\u00f3lo para agradar a don Bosco. No, queridos m\u00edos, no os preocup\u00e9is por agradarme a m\u00ed, sino por agradar al Se\u00f1or. \u00a1Pobrecitos! \u00bfQu\u00e9 premio podr\u00eda daros yo, si s\u00f3lo busc\u00e1is agradarme a m\u00ed? Podr\u00eda daros mis miserias. Poned todo vuestro empe\u00f1o en agradar a Dios, y si alguna vez se os confiara alg\u00fan cometido que os repugna, hacedlo igualmente, hacedlo de buena gana, pensando que con esto ganar\u00e9is el amor de Nuestro Se\u00f1or Jesucristo y un premio eterno en el cielo.<br \/>\nTenga, adem\u00e1s, cada uno un ejemplar de las Reglas; leedlas, estudiadlas y sean ellas como nuestro c\u00f3digo, al que nos empe\u00f1emos en ajustar totalmente nuestra vida.<br \/>\nDe todas las Reglas obs\u00e9rvense sobre todo las pr\u00e1cticas de piedad y de \u00e9stas, como recuerdo especial, deseo que se introduzca y se haga bien cuanto se refiere al ejercicio de la buena muerte. Puedo aseguraros de que quien hace bien este ejercicio mensual, puede estar tranquilo en cuanto a la salvaci\u00f3n de su alma y seguro de caminar siempre por la verdadera senda de la propia vocaci\u00f3n. Ocurrir\u00e1 a algunos que no pueden encontrar un d\u00eda libre de ocupaciones; no importa, hagan solamente lo que es estrictamente necesario para cumplir su oficio; pero no quede nadie sin hallar en aquel d\u00eda una media hora para pensar seriamente en estos puntos:<br \/>\n1.\u00b0 Si yo muriese en este momento, \u00bftengo alg\u00fan l\u00edo en la conciencia?<br \/>\n2.\u00b0 \u00bfCu\u00e1les han sido mis defectos principales en este mes?<br \/>\n3.\u00b0 Comparando este mes con los anteriores, \u00bfcu\u00e1l march\u00f3 mejor?<br \/>\n4.\u00b0 Si muriese ahora, \u00bfdejar\u00eda alg\u00fan l\u00edo en mi gesti\u00f3n o en mis oficios? \u00bfNo dejar\u00eda en apuros a mis Superiores en lo tocante a lo que poseo y en las gestiones materiales que me conciernen?<br \/>\nAl hacer estas consideraciones, procurad arreglar verdaderamente cuantos inconvenientes pod\u00e1is encontrar.<br \/>\nTodav\u00eda un pensamiento respecto a las dudas que alguno pudiera tener sobre su vocaci\u00f3n. \u00bfEstoy realmente llamado a esta Congregaci\u00f3n? \u00bfEstoy completamente seguro de que la vida que he abrazado es verdaderamente la que Dios pide de m\u00ed?<br \/>\nAnte todo os digo, y tenedlo siempre muy presente, que nunca acept\u00e9 a ninguno que no me constara con toda seguridad que era llamado a esta forma de vida por el Se\u00f1or.<br \/>\nAdem\u00e1s, pensad: opino que el hecho de haber venido todos vosotros aqu\u00ed para reuniros en Lanzo, de una y de otra parte, venciendo obst\u00e1culos de diverso g\u00e9nero, dejando vuestras ocupaciones, y la ocasi\u00f3n especial de encontraros en este momento aqu\u00ed, esto s\u00f3lo, creo yo que es una verdadera se\u00f1al de que Dios os llama para abrazar este estado. En este momento, no temo, en absoluto, deciros que todos los que est\u00e1is aqu\u00ed, todos sois llamados por el Se\u00f1or; s\u00f3lo falta que correspond\u00e1is, aplic\u00e1ndoos con toda el alma a observar las Reglas. \u00a1Ah, s\u00ed! Yo contestar\u00eda a cada uno lo mismo que el Salvador contestaba a aquel tal: <em>Si vis ad vitam ingredi, serva mandata&#8230; <\/em><em>Hoc<\/em> <em>fac et vives<\/em> (Lucas, X, 28).<br \/>\n&#8230;<em>Hoc fac et vives<\/em>. Observa las Reglas. Pero \u00bfqu\u00e9 m\u00e1s? Haz esto y vivir\u00e1s. \u00bfSab\u00e9is cu\u00e1ndo empieza a ser dudosa la vocaci\u00f3n? Comenzar\u00e9is a tener dudas cuando empec\u00e9is a contravenir las Reglas. Entonces, s\u00ed que vendr\u00e1n las dudas, y, si se sigue faltando a las Reglas, se corre grave peligro de perder la vocaci\u00f3n.<br \/>\n\u00c1nimo, pues; observancia exacta de nuestras Reglas; y sea \u00e9ste el recuerdo que ponga el sello a todos los otros, a los que al paso os fue sugiriendo el buen Predicador, a los que os sugiri\u00f3 vuestra piedad en las meditaciones, en los ex\u00e1menes de conciencia, en la santa comuni\u00f3n; y tambi\u00e9n a cuanto yo os he sugerido en esta misma conferencia; y \u00a1vivid felices!<\/p>\n<p><em>(MB IT XII, 462-472 \/ MB ES XII, 393-401)<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Este v\u00edvido relato on\u00edrico, narrado por Don Bosco al t\u00e9rmino de los ejercicios espirituales de&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":18,"featured_media":45770,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"iawp_total_views":64,"footnotes":""},"categories":[186],"tags":[1720,1738,2636,2558,1768,1822,1966,1972,2038,2032,2026],"class_list":["post-45792","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-suenos-de-don-bosco","tag-carisma-salesiano","tag-catequesis","tag-consejos","tag-dios","tag-don-bosco","tag-gracia","tag-salvacion","tag-santos","tag-vicio","tag-vida","tag-virtud"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/45792","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/18"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=45792"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/45792\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":45795,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/45792\/revisions\/45795"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/45770"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=45792"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=45792"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=45792"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}