{"id":44561,"date":"2025-07-26T07:42:03","date_gmt":"2025-07-26T07:42:03","guid":{"rendered":"https:\/\/www.donbosco.press\/sin-categoria\/la-decima-collina-1864\/"},"modified":"2025-07-28T13:56:31","modified_gmt":"2025-07-28T13:56:31","slug":"la-decima-colina-1864","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/suenos-de-don-bosco\/la-decima-colina-1864\/","title":{"rendered":"La D\u00e9cima Colina (1864)"},"content":{"rendered":"\r\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>El sue\u00f1o de la \u00abD\u00e9cima Colina\u00bb, narrado por Don Bosco en octubre de 1864, es una de las p\u00e1ginas m\u00e1s evocadoras de la tradici\u00f3n salesiana. En \u00e9l, el santo se encuentra en un valle inmenso lleno de j\u00f3venes: algunos ya en el Oratorio, otros a\u00fan por conocer. Guiado por una voz misteriosa, debe conducirlos m\u00e1s all\u00e1 de un escarpado terrapl\u00e9n y luego a trav\u00e9s de diez colinas, s\u00edmbolo de los diez mandamientos, hacia una luz que prefigura el Para\u00edso. El carro de la Inocencia, las huestes penitenciales y la m\u00fasica celestial dibujan un fresco educativo: muestran la dificultad de preservar la pureza, el valor del arrepentimiento y el papel insustituible de los educadores. Con esta visi\u00f3n prof\u00e9tica, Don Bosco anticipa la expansi\u00f3n mundial de su obra y el compromiso de acompa\u00f1ar a cada joven en el camino de la salvaci\u00f3n.<\/em><br \/><br \/><br \/>Don Bosco hab\u00eda so\u00f1ado la noche precedente. Al mismo tiempo, un joven llamado C\u2026 E\u2026, de Casal Monferrato, tuvo tambi\u00e9n el mismo sue\u00f1o, pareci\u00e9ndole que se encontraba con don Bosco y que hablaba con \u00e9l. Al levantarse estaba tan impresionado que fue a contar cuanto hab\u00eda so\u00f1ado a su profesor, el cual le aconsej\u00f3 que se entrevistara con el siervo de Dios. El joven obedeci\u00f3 inmediatamente y se encontr\u00f3 con don Bosco, que bajaba las escaleras en su busca para hacer lo mismo.<br \/>Le pareci\u00f3 encontrarse en un extens\u00edsimo valle ocupado por millares y millares de jovencitos; tantos eran, que el siervo de Dios no crey\u00f3 nunca hubiese tantos muchachos en el mundo. Entre aquellos j\u00f3venes vio a los que estuvieron y a los que est\u00e1n en la casa y a los que un d\u00eda estar\u00edan en ella. Mezclados con ellos estaban los sacerdotes y los cl\u00e9rigos de la misma.<br \/>Una monta\u00f1a alt\u00edsima cerraba aquel valle por un lado. Mientras don Bosco pensaba en lo que har\u00eda con aquellos muchachos, una voz le dijo:<br \/>\u2013 \u00bfVes aquella monta\u00f1a? Pues bien, es necesario que t\u00fa y los tuyos ganen su cumbre.<br \/><br \/>Entonces, \u00e9l dio orden a todas aquellas turbas de encaminarse al lugar indicado. Los j\u00f3venes se pusieron en marcha y comenzaron a escalar la monta\u00f1a a toda prisa. Los sacerdotes de la casa corr\u00edan delante animando a los muchachos a la subida, levantaban a los ca\u00eddos y cargaban sobre sus espaldas a los que no pod\u00edan proseguir a causa del cansancio. Don Miguel R\u00faa, con las bocamangas de la sotana arremangadas, trabajaba m\u00e1s que ninguno y, tomando a los muchachos de dos en dos, los lanzaba por el aire en direcci\u00f3n a la monta\u00f1a, sobre la cual ca\u00edan de pie, y correteaban despu\u00e9s alegremente por una y otra parte.<br \/>Don Juan Cagliero y don Juan Bautista Francesia recorr\u00edan las filas gritando:<br \/>\u2013 \u00a1Animo, adelante! \u00a1Adelante, \u00e1nimo!<br \/>En poco m\u00e1s de una hora aquellos numerosos grupos de j\u00f3venes hab\u00edan alcanzado la cumbre; don Bosco tambi\u00e9n hab\u00eda ganado la meta.<br \/>\u2013 \u00bfY ahora qu\u00e9 hacemos?, dijo.<br \/>Y la voz a\u00f1adi\u00f3:<br \/>Debes recorrer con tus j\u00f3venes esas diez colinas que contemplas ante tu vista, dispuestas una detr\u00e1s de otra.<br \/>\u2013 Pero \u00bfc\u00f3mo podremos soportar un viaje tan largo, con tantos muchachos tan peque\u00f1os y tan delicados?<br \/>\u2013 El que no pueda caminar con sus pies, ser\u00e1 transportado, se le respondi\u00f3.<br \/>Y he aqu\u00ed que, en efecto, apareci\u00f3 por un extremo de la colina un magn\u00edfico carruaje. Tan hermoso era que resultar\u00eda imposible describirlo, pero algo se puede decir. Ten\u00eda forma triangular y estaba dotado de tres ruedas que se mov\u00edan en todas direcciones. De los tres \u00e1ngulos part\u00edan tres astas que se un\u00edan en un punto sobre el mismo carruaje formando como la techumbre de un cobertizo. Sobre el punto de uni\u00f3n se levantaba un magn\u00edfico estandarte en el que estaba escrita con caracteres cubitales, esta palabra: Inocencia. Una franja corr\u00eda alrededor de todo el carruaje formando orla en la cual aparec\u00eda la siguiente inscripci\u00f3n:\u00a0<em>Adjutorium Dei Altissimi Patris et Filii et Spiritus Sancti<\/em>\u00a0(Ayuda del Alt\u00edsimo Dios, Padre, Hijo y Esp\u00edritu Santo).<em><br \/><\/em>El veh\u00edculo, que resplandec\u00eda como el oro y que estaba guarnecido de piedras preciosas, avanz\u00f3 hasta colocarse en medio de los j\u00f3venes. Despu\u00e9s de recibida la orden, muchos ni\u00f1os subieron a \u00e9l. Eran quinientos. \u00a1Apenas quinientos, entre tantos millares de j\u00f3venes, eran todav\u00eda inocentes!<br \/>Una vez ocupado el carro, don Bosco pensaba por qu\u00e9 camino habr\u00eda de dirigirse, cuando vio abrirse ante sus ojos un camino ancho y c\u00f3modo, pero todo cubierto de espinas. De pronto aparecieron seis j\u00f3venes que hab\u00edan muerto en el Oratorio, vestidos de blanco y enarbolando una hermos\u00edsima bandera en la que se le\u00eda: Penitencia. Estos fueron a colocarse a la cabeza de todas aquellas falanges de muchachos que hab\u00edan de continuar el viaje a pie. Seguidamente se dio la se\u00f1al de partida. Muchos sacerdotes se lanzaron a los varales del carruaje, que comenz\u00f3 a moverse, tirado por ellos. Los seis j\u00f3venes vestidos de blanco les siguieron. Detr\u00e1s iba toda la muchedumbre de muchachos. Acompa\u00f1ados de una m\u00fasica hermos\u00edsima, indescriptible; los que iban en el carruaje entonaron el\u00a0<em>Laudate, pueri, Dominum<\/em>\u00a0(Alabad, ni\u00f1os, al Se\u00f1or).<br \/>Don Bosco prosegu\u00eda su camino como embriagado por aquella melod\u00eda del cielo, cuando se le ocurri\u00f3 mirar hacia atr\u00e1s para comprobar si todos los j\u00f3venes le segu\u00edan. Pero \u00a1oh doloroso espect\u00e1culo! Muchos se hab\u00edan quedado en el valle y muchos otros se hab\u00edan vuelto atr\u00e1s. Con indecible dolor, decidi\u00f3 rehacer el camino para persuadir a aquellos insensatos a que continuasen en la empresa y para ayudarles a seguirle. Pero se le prohibi\u00f3 terminantemente.<br \/>\u2013 Si no les ayudo, estos pobrecitos se perder\u00e1n, exclam\u00f3 \u00e9l.<br \/><br \/>\u2013 Peor para ellos, le fue respondido; fueron llamados como los dem\u00e1s y no quisieron seguirte. Han visto el camino que hay que recorrer y eso basta. Don Bosco quer\u00eda replicar; rog\u00f3, insisti\u00f3, pero todo fue in\u00fatil.<br \/>\u2013 Tambi\u00e9n t\u00fa tienes que obedecer, le dijeron. Y tuvo que proseguir el camino.<br \/>A\u00fan no se hab\u00eda rehecho de este dolor, cuando sucedi\u00f3 otro lamentable incidente:<br \/>Muchos de los chicos que se encontraban en el carruaje, poco a poco, hab\u00edan ca\u00eddo a tierra. De los quinientos, apenas si quedaban ciento cincuenta bajo el estandarte de la inocencia.<br \/>A don Bosco le parec\u00eda que el coraz\u00f3n le iba a estallar en el pecho por la insoportable angustia. Abrigaba, con todo, la esperanza de que aquello fuese solamente un sue\u00f1o; hac\u00eda toda clase de esfuerzos para despertarse, pero cada vez se convenc\u00eda m\u00e1s de que se trataba de una terrible realidad. Daba palmadas y o\u00eda el ruido producido por sus manos; gem\u00eda y percib\u00eda sus gemidos resonando en la habitaci\u00f3n, quer\u00eda disipar aquella terrible pesadilla, pero no pod\u00eda.<br \/><br \/>\u2013 \u00a1Ah, mis queridos j\u00f3venes!, exclam\u00f3 al llegar a este punto de la narraci\u00f3n del sue\u00f1o, yo he visto y he reconocido a los que se quedaron en el valle; a los que se volvieron atr\u00e1s y a los que cayeron del carruaje. Os reconoc\u00ed a todos. Pero no lo dud\u00e9is: har\u00e9 toda suerte de esfuerzos a mi alcance para salvaros. Muchos de vosotros invitados por m\u00ed a confesarse, no respondisteis a mi llamada. Por caridad, salvad vuestras almas.<br \/>Muchos de los chicos que cayeron del carro fueron a colocarse poco a poco entre las filas de los que caminaban detr\u00e1s de la segunda bandera. Entretanto, la m\u00fasica del carro continuaba siendo tan dulce, que el dolor de don Bosco fue desapareciendo. Hab\u00edan pasado ya siete colinas y al llegar a la octava, la muchedumbre de j\u00f3venes lleg\u00f3 a un bell\u00edsimo poblado en el que se tom\u00f3 un poco de descanso. Las casas eran de una riqueza y de una belleza indescriptibles.<br \/>Al hablar a los j\u00f3venes sobre aquel lugar, exclam\u00f3 don Bosco:<br \/>\u2013 Os dir\u00e9 con santa Teresa lo que ella afirm\u00f3 del Para\u00edso: son cosas que si se habla de ellas pierden valor, porque son tan bellas que es in\u00fatil esforzarse en describirlas. Por tanto, s\u00f3lo a\u00f1adir\u00e9 que las columnas de aquellas casas parec\u00edan de oro, de cristal y de diamante al mismo tiempo, de forma que produc\u00edan una grata impresi\u00f3n, saciaban a la vista e infund\u00edan un gozo extraordinario. Los campos estaban repletos de \u00e1rboles en cuyas ramas aparec\u00edan, al mismo tiempo, flores, yemas, frutos maduros y frutos verdes. Era un espect\u00e1culo encantador.<br \/>Los jovencitos se desparramaron por todas partes; atra\u00eddos unos por una cosa, otros por otra, y deseosos al mismo tiempo de probar aquellas frutas.<br \/>Fue en este poblado donde aquel joven de Casale se encontr\u00f3 con don Bosco y sostuvo con \u00e9l un largo di\u00e1logo. Ambos recordaban despu\u00e9s las preguntas y respuestas de la conversaci\u00f3n que hab\u00edan mantenido. \u00a1Singular combinaci\u00f3n de dos sue\u00f1os!<br \/>Don Bosco experiment\u00f3 aqu\u00ed otra extra\u00f1a sorpresa. Vio de pronto a sus j\u00f3venes como si se hubiesen tornado viejos; sin dientes, con el rostro lleno de arrugas, el cabello blanco; encorvados, caminando con dificultad, apoyados en un bast\u00f3n. El siervo de Dios estaba maravillado de aquella metamorfosis, pero la voz le dijo:<br \/>\u2013 T\u00fa te maravillas; pero has de saber que no hace horas que saliste del valle, sino a\u00f1os y a\u00f1os. Ha sido la m\u00fasica la que ha hecho que el camino te pareciera corto. En prueba de lo que te digo, observa tu fisonom\u00eda y te convencer\u00e1s de que estoy diciendo la verdad. Entonces le fue presentado un espejo a don Bosco. Se mir\u00f3 en \u00e9l y comprob\u00f3 que su aspecto era el de un hombre anciano, de rostro cubierto de arrugas y de boca desdentada.<br \/><br \/>La comitiva, entretanto, volvi\u00f3 a ponerse en marcha y los j\u00f3venes manifestaban deseos, de cuando en cuando, de detenerse para contemplar aquellas cosas nuevas. Pero don Bosco les dec\u00eda: -Adelante, adelante, no necesitamos nada; no tenemos hambre, no tenemos sed; por tanto, prosigamos adelante.<br \/>(Al fondo, en la lejan\u00eda, sobre la d\u00e9cima colina despuntaba una luz que iba siempre en aumento, como si saliese de una maravillosa puerta.) Volvi\u00f3 a o\u00edrse nuevamente el canto, tan armonioso, que solamente en el Para\u00edso se puede o\u00edr y gustar una cosa igual. No era una m\u00fasica instrumental, ni parec\u00eda de voces humanas. Era algo imposible de describir, y tanto fue el j\u00fabilo que inund\u00f3 el alma de Don Bosco, que se despert\u00f3 encontr\u00e1ndose en el lecho.<br \/>He aqu\u00ed c\u00f3mo explic\u00f3 el siervo de Dios su sue\u00f1o:<br \/>\u2013 El valle es el mundo. La monta\u00f1a, los obst\u00e1culos que impiden despegarnos de \u00e9l. El carro, lo entend\u00e9is. Los grupos de j\u00f3venes a pie, son los que, perdida la inocencia, se arrepintieron de sus pecados.<br \/>Don Bosco a\u00f1adi\u00f3 tambi\u00e9n que las diez colinas representaban los diez mandamientos de la ley de Dios, cuya observancia conduce a la vida eterna.<br \/>Despu\u00e9s a\u00f1adi\u00f3 que, si hab\u00eda necesidad de ello, estaba dispuesto a decir confidencialmente a algunos j\u00f3venes el papel que desempe\u00f1aban en el sue\u00f1o, si se quedaron en el valle o si se cayeron del carruaje.<br \/>Al bajar don Bosco de la tribuna, el alumno Antonio Ferraris se acerc\u00f3 a \u00e9l y le cont\u00f3 ante nosotros, que o\u00edmos sus palabras, que en la noche anterior hab\u00eda so\u00f1ado que se encontraba en compa\u00f1\u00eda de su madre, la cual le hab\u00eda preguntado que, si para la fiesta de Pascua, ir\u00eda a casa a pasar unos d\u00edas de vacaciones, y que \u00e9l hab\u00eda dicho que antes de dicha fiesta habr\u00eda volado al Para\u00edso. Despu\u00e9s, confidencialmente, dijo algunas palabras al o\u00eddo de don Bosco. Antonio Ferraris muri\u00f3 el 16 de marzo de 1865.<br \/>Nosotros escribimos el sue\u00f1o inmediatamente, y la misma noche del 22 de octubre de 1864, a\u00f1adimos al final la siguiente apostilla: \u00abTengo la seguridad de que don Bosco en sus explicaciones procur\u00f3 velar lo que el sue\u00f1o tiene de m\u00e1s sorprendente, al menos respecto a algunas circunstancias. La explicaci\u00f3n de los diez mandamientos no me satisface. La octava colina sobre la cual don Bosco hace una parada y se contempla en el espejo tan anciano, creo que quiere indicar que el siervo de Dios morir\u00eda pasados los sesenta a\u00f1os. El futuro hablar\u00e1\u00bb.<br \/>Este futuro es ya pasado y hemos de ratificar nuestra opini\u00f3n. El sue\u00f1o indicaba a don Bosco la duraci\u00f3n de su vida. Confrontemos con \u00e9ste el de la Rueda, que s\u00f3lo pudimos conocer unos a\u00f1os despu\u00e9s. Las vueltas de la rueda proceden por decenios: y as\u00ed se avanza de una a otra colina, de diez en diez a\u00f1os. Las colinas son diez, representando unos cien a\u00f1os, que es el m\u00e1ximo de la vida del hombre. En el primer decenio vemos a don Bosco, a\u00fan ni\u00f1o, comenzando su misi\u00f3n entre sus compa\u00f1eros de I Becchi, dando as\u00ed principio a su viaje; despu\u00e9s comprobamos c\u00f3mo recorre siete colinas, esto es, siete decenios, llegando, por tanto, a los setenta a\u00f1os de edad, sube a la octava colina y en ella descansa: contempla casas y campos maravillosos, o mejor dicho, su P\u00eda Sociedad, que ha crecido y producido frutos por la bondad infinita de Dios. El camino a recorrer en la octava colina es a\u00fan largo y el siervo de Dios emprende la marcha; pero no llega a la novena colina porque se despierta antes. Y as\u00ed finaliz\u00f3 su carrera en el octavo decenio, pues muri\u00f3 a los setenta y dos a\u00f1os y cinco meses de edad.<br \/>\u00bfQu\u00e9 opina el lector de todo esto? A\u00f1adiremos que a la noche siguiente, habi\u00e9ndonos preguntado don Bosco a nosotros mismos, cu\u00e1l era nuestro pensamiento sobre este sue\u00f1o, le respondimos que nos parec\u00eda que no se refer\u00eda solamente a los j\u00f3venes, sino que tambi\u00e9n quer\u00eda significar la dilataci\u00f3n de la P\u00eda Sociedad por todo el mundo.<br \/>\u2013 Pero \u00bfc\u00f3mo?, replic\u00f3 uno de nuestros hermanos; tenemos ya los colegios de Mirabello y de Lanzo y se abrir\u00e1 alguno m\u00e1s en el Piamonte. \u00bfQu\u00e9 m\u00e1s quieres?<br \/>\u2013 Son muy diferentes los destinos anunciados por el sue\u00f1o.<br \/>Y don Bosco aprobaba sonriente nuestra opini\u00f3n.<br \/><em>(MB IT VII, 796-802 \/ MB ES VII, 677-683)<\/em><\/p>\r\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El sue\u00f1o de la \u00abD\u00e9cima Colina\u00bb, narrado por Don Bosco en octubre de 1864, es&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":18,"featured_media":44575,"comment_status":"closed","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"iawp_total_views":31,"footnotes":""},"categories":[186],"tags":[2566,1720,2636,2558,1768,2198,1828,1960,1966,1972,2032,2026],"class_list":["post-44561","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-suenos-de-don-bosco","tag-caridad","tag-carisma-salesiano","tag-consejos","tag-dios","tag-don-bosco","tag-educacion","tag-gracias-recibidas","tag-salesianos","tag-salvacion","tag-santos","tag-vida","tag-virtud"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/44561","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/18"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=44561"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/44561\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":44581,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/44561\/revisions\/44581"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/44575"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=44561"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=44561"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=44561"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}