{"id":43950,"date":"2025-06-19T07:07:20","date_gmt":"2025-06-19T07:07:20","guid":{"rendered":"https:\/\/exciting-knuth.178-32-140-152.plesk.page\/?p=43950"},"modified":"2025-07-28T09:41:10","modified_gmt":"2025-07-28T09:41:10","slug":"educar-el-corazon-humano-con-san-francisco-de-sales","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/nuestros-santos\/educar-el-corazon-humano-con-san-francisco-de-sales\/","title":{"rendered":"Educar el coraz\u00f3n humano con san Francisco de Sales"},"content":{"rendered":"<p><em>San Francisco de Sales pone en el centro de la formaci\u00f3n humana el coraz\u00f3n, sede de la voluntad, el amor y la libertad. Partiendo de la tradici\u00f3n b\u00edblica y dialogando con la filosof\u00eda y la ciencia de su tiempo, el obispo de Ginebra identifica en la voluntad la \u201cfacultad maestra\u201d capaz de gobernar las pasiones y los sentidos, mientras que los afectos \u2013 sobre todo el amor \u2013 alimentan su dinamismo interior. La educaci\u00f3n salesiana busca, por tanto, transformar deseos, elecciones y resoluciones en un camino de dominio propio, donde la dulzura y la firmeza convergen para orientar a toda la persona hacia el bien.<br \/>\n<\/em><\/p>\n<p>En el centro y en la cima de la persona humana, san Francisco de Sales coloca el coraz\u00f3n, hasta el punto de decir: \u00abQuien conquista el coraz\u00f3n del hombre conquista todo el hombre\u00bb. En la antropolog\u00eda salesiana no se puede dejar de notar el uso abundante del t\u00e9rmino y del concepto de\u00a0<em>coraz\u00f3n<\/em>. Esto sorprende a\u00fan m\u00e1s porque en los humanistas de la \u00e9poca, impregnados de lenguajes y pensamientos tomados de la antig\u00fcedad, no parece posible descubrir una insistencia particular en este s\u00edmbolo.<\/p>\n<p>Por un lado, este fen\u00f3meno se explica por el uso com\u00fan y universal del sustantivo\u00a0<em>coraz\u00f3n<\/em>\u00a0para designar la interioridad de la persona, especialmente en referencia a su sensibilidad. Por otro lado, Francisco de Sales debe mucho a la tradici\u00f3n b\u00edblica, que considera el coraz\u00f3n como la sede de las facultades m\u00e1s elevadas del hombre, tales como el amor, la voluntad y la inteligencia.<\/p>\n<p>A estas consideraciones se podr\u00edan quiz\u00e1s a\u00f1adir las investigaciones contempor\u00e1neas de anatom\u00eda relacionadas con el\u00a0<em>coraz\u00f3n<\/em>\u00a0y la circulaci\u00f3n de la sangre. Lo importante para nosotros es aclarar el significado que Francisco de Sales atribu\u00eda al coraz\u00f3n, partiendo de su visi\u00f3n de la persona humana cuyo centro y cima son la voluntad, el amor y la libertad.<\/p>\n<p><strong>La voluntad, facultad maestra<br \/>\n<\/strong>Con las facultades del esp\u00edritu, como el intelecto y la memoria, se permanece en el \u00e1mbito del conocer. Ahora se trata de adentrarse en el \u00e1mbito del actuar. Como ya hab\u00edan hecho san Agust\u00edn y algunos fil\u00f3sofos como Duns Escoto, Francisco de Sales asigna el primer lugar a la voluntad, probablemente bajo la influencia de sus maestros jesuitas. Es la voluntad la que debe gobernar todas las \u00abpotencias\u00bb del alma.<\/p>\n<p>Es significativo que el\u00a0<em>Te\u00f3timo<\/em>\u00a0comience con el cap\u00edtulo titulado: \u00abC\u00f3mo, por la belleza de la naturaleza humana, Dios ha dado a la voluntad el gobierno de todas las facultades del alma\u00bb. Citando a santo Tom\u00e1s, Francisco de Sales afirma que el hombre tiene \u00abpoder pleno sobre todo tipo de accidentes y acontecimientos\u00bb y que \u00abel hombre sabio, es decir, el hombre que sigue la raz\u00f3n, se har\u00e1 maestro absoluto de los astros\u00bb. Con el intelecto y la memoria, la voluntad es \u00abel tercer soldado de nuestro esp\u00edritu y el m\u00e1s fuerte de todos, porque nada puede sobrepasar el libre querer del hombre; ni siquiera Dios, que lo cre\u00f3, quiere forzarlo o violentarlo de ninguna manera\u00bb.<\/p>\n<p>Sin embargo, la voluntad ejerce su autoridad de maneras muy diversas, y la obediencia que se le debe es notablemente variable. As\u00ed, algunas de nuestras extremidades, no impedidas para moverse, obedecen a la voluntad sin problema. Abrimos y cerramos la boca, movemos la lengua, las manos, los pies, los ojos a nuestro antojo y tanto como queremos. La voluntad ejerce un poder sobre el funcionamiento de los cinco sentidos, pero es un poder indirecto: para no ver con los ojos, debo apartarlos o cerrarlos; para practicar la abstinencia debo ordenar a las manos que no lleven comida a la boca.<\/p>\n<p>La voluntad puede y debe dominar el apetito sensible con sus doce pasiones. Aunque este tiende a comportarse como \u00abun sujeto rebelde, sedicioso, inquieto\u00bb, la voluntad a veces puede y debe dominarlo, incluso a costa de una larga lucha. La voluntad tiene poder tambi\u00e9n sobre las facultades superiores del esp\u00edritu, la memoria, el intelecto y la imaginaci\u00f3n, porque es ella quien decide aplicar el esp\u00edritu a tal objeto y apartarlo de este o aquel pensamiento; pero no puede regularlas y hacerlas obedecer sin dificultad, ya que la imaginaci\u00f3n tiene la caracter\u00edstica de ser extremadamente \u00abcambiante y voluble\u00bb.<\/p>\n<p>Pero, \u00bfc\u00f3mo funciona la voluntad? La respuesta es relativamente f\u00e1cil si se refiere al modelo salesiano de la meditaci\u00f3n o oraci\u00f3n mental, con las tres partes que la componen: las \u00abconsideraciones\u00bb, los \u00abafectos\u00bb y las \u00abresoluciones\u00bb. Las primeras consisten en reflexionar y meditar sobre un bien, una verdad, un valor. Esta reflexi\u00f3n normalmente produce afectos, es decir, grandes deseos de adquirir y poseer ese bien o valor, y estos afectos son capaces de \u00abmover la voluntad\u00bb. Finalmente, la voluntad, una vez \u00abmovida\u00bb, produce las \u00abresoluciones\u00bb.<\/p>\n<p><strong>Los \u00abafectos\u00bb que mueven la voluntad<br \/>\n<\/strong>La voluntad, siendo considerada por Francisco de Sales como un \u00abapetito\u00bb, es una \u00abfacultad afectiva\u00bb. Pero es un apetito racional y no sensible o sensual. El apetito produce movimientos, y mientras los del apetito sensible son ordinariamente llamados \u00abpasiones\u00bb, los de la voluntad se llaman \u00abafectos\u00bb, porque \u00abpresionan\u00bb o \u00abmueven\u00bb la voluntad. El autor del\u00a0<em>Te\u00f3timo<\/em>\u00a0tambi\u00e9n llama a los primeros \u00abpasiones del cuerpo\u00bb y a los segundos \u00abafectos del coraz\u00f3n\u00bb. Subiendo del \u00e1mbito sensible al racional, las doce pasiones del alma se transforman en afectos razonables.<\/p>\n<p>En los diferentes modelos de meditaci\u00f3n propuestos en la\u00a0<em>Introducci\u00f3n a la vida devota<\/em>, el autor invita a Filotea, mediante una serie de expresiones vivas y significativas, a cultivar todas las formas de afectos voluntarios: el\u00a0<em>amor<\/em>\u00a0del bien (\u00abvolver el coraz\u00f3n hacia\u00bb, \u00abaficionarse\u00bb, \u00ababrazar\u00bb, \u00abapegarse\u00bb, \u00abunirse\u00bb); el\u00a0<em>odio<\/em>\u00a0al mal (\u00abdetestarlo\u00bb, \u00abromper todo v\u00ednculo\u00bb, \u00abpisotear\u00bb); el\u00a0<em>deseo<\/em>\u00a0(\u00abaspirar\u00bb, \u00abimplorar\u00bb, \u00abinvocar\u00bb, \u00absuplicar\u00bb); la\u00a0<em>huida<\/em>\u00a0(\u00abdespreciar\u00bb, \u00absepararse\u00bb, \u00abalejarse\u00bb, \u00abremover\u00bb, \u00ababjurar\u00bb); la\u00a0<em>esperanza<\/em>\u00a0(\u00ab\u00a1vamos pues! \u00a1Oh coraz\u00f3n m\u00edo!\u00bb); la\u00a0<em>desesperaci\u00f3n<\/em>\u00a0(\u00ab\u00a1oh! \u00a1mi indignidad es grande!\u00bb); la\u00a0<em>alegr\u00eda<\/em>\u00a0(\u00abalegrarse\u00bb, \u00abcomplacerse\u00bb); la\u00a0<em>tristeza<\/em>\u00a0(\u00abafligirse\u00bb, \u00abconfundirse\u00bb, \u00abhumillarse\u00bb); la\u00a0<em>ira<\/em>\u00a0(\u00abreprochar\u00bb, \u00abexpulsar\u00bb, \u00abarrancar\u00bb); el\u00a0<em>miedo<\/em>\u00a0(\u00abtemblar\u00bb, \u00abasustar el alma\u00bb); el coraje (\u00abanimar\u00bb, \u00abfortalecer\u00bb); y finalmente el\u00a0<em>triunfo<\/em>\u00a0(\u00abexaltar\u00bb, \u00abglorificar\u00bb).<\/p>\n<p>Los estoicos, negadores de las pasiones \u2013 pero err\u00f3neamente \u2013 admit\u00edan sin embargo la existencia de estos afectos razonables, que llamaban \u00ab<em>empat\u00edas<\/em>\u00bb o buenas pasiones. Afirmaban \u00abque el sabio no codiciaba, sino que quer\u00eda; que no sent\u00eda alegr\u00eda, sino gozo; que no estaba sujeto al temor, sino que era prudente y cauteloso; por lo que era impulsado solo por la raz\u00f3n y seg\u00fan la raz\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>Reconocer el papel de los afectos en el proceso decisorio parece indispensable. Es significativo que la meditaci\u00f3n destinada a desembocar en las resoluciones les reserve un papel central. En ciertos casos, explica el autor de la\u00a0<em>Filotea<\/em>, se pueden casi omitir las consideraciones o abreviarlas, pero los afectos nunca deben faltar porque son ellos los que motivan las resoluciones. Cuando surge un afecto bueno, escrib\u00eda, \u00abhabr\u00e1 que dejarle rienda suelta y no pretender seguir el m\u00e9todo que les he indicado\u00bb, porque las consideraciones se hacen solo para excitar el afecto.<\/p>\n<p><strong>El amor, primer y principal \u00abafecto\u00bb<br \/>\n<\/strong>Para san Francisco de Sales, el amor siempre aparece en primer lugar tanto en la lista de las pasiones como en la de los afectos. \u00bfQu\u00e9 es el amor? preguntaba Jean-Pierre Camus a su amigo, el obispo de Ginebra, quien le respondi\u00f3: \u00abEl amor es la primera pasi\u00f3n de nuestro apetito sensitivo y el primer afecto del apetito racional, que es la voluntad; dado que nuestra voluntad no es otra cosa que el amor al bien, y el amor es querer el bien\u00bb.<br \/>\nEl amor gobierna los dem\u00e1s afectos y entra primero en el coraz\u00f3n: \u00abLa tristeza, el temor, la esperanza, el odio y los otros afectos del alma no entran en el coraz\u00f3n si el amor no los arrastra consigo\u00bb. Siguiendo la estela de san Agust\u00edn, para quien \u00abvivir es amar\u00bb, el autor del\u00a0<em>Te\u00f3timo<\/em>\u00a0explica que los otros once afectos que habitan el coraz\u00f3n humano dependen del amor: \u00abEl amor es la vida de nuestro coraz\u00f3n [\u2026]. Todos nuestros afectos siguen nuestro amor, y seg\u00fan \u00e9l deseamos,\u00a0<em>nos deleitamos, esperamos y desesperamos, tememos, nos animamos, odiamos, huimos, nos entristecemos, nos enojamos<\/em>, nos sentimos\u00a0<em>triunfantes<\/em>\u00bb.<\/p>\n<p>Curiosamente, la voluntad tiene ante todo una dimensi\u00f3n pasiva, mientras que el amor es la potencia activa que mueve y conmueve. La voluntad no llega a decidir si no es movida por un est\u00edmulo predominante: el amor. Tomando el ejemplo del hierro atra\u00eddo por el im\u00e1n, se debe decir que la voluntad es el hierro y el amor el im\u00e1n.<\/p>\n<p>Para ilustrar el dinamismo del amor, el autor del\u00a0<em>Te\u00f3timo<\/em>\u00a0utiliza tambi\u00e9n la imagen del \u00e1rbol. Con precisi\u00f3n bot\u00e1nica, analiza las \u00abcinco partes principales\u00bb del amor, que es \u00abcomo un hermoso \u00e1rbol, cuya ra\u00edz es la conveniencia de la voluntad con el bien, el tronco es el placer, el tronco es la tensi\u00f3n, las ramas son las b\u00fasquedas, los intentos y otros esfuerzos, pero solo el fruto es la uni\u00f3n y el goce\u00bb.<\/p>\n<p>El amor se impone a la misma voluntad. Tal es la fuerza del amor que, para quien ama, nada es dif\u00edcil, \u00abpara el amor nada es imposible\u00bb. El amor es fuerte como la muerte, repite Francisco de Sales con el\u00a0<em>Cantar de los Cantares<\/em>; o mejor dicho, el amor es m\u00e1s fuerte que la muerte. Si se piensa bien, el hombre vale solo por el amor, y todas las potencias y facultades humanas, especialmente la voluntad, tienden a \u00e9l: \u00abDios quiere al hombre solo por el alma, y el alma solo por la voluntad y la voluntad solo por el amor\u00bb.<\/p>\n<p>Para explicar su pensamiento, el autor del\u00a0<em>Te\u00f3timo<\/em>\u00a0recurre a la imagen de las relaciones entre hombre y mujer, tal como estaban codificadas y vividas en su tiempo. La joven mujer entre los enamorados que la cortejan puede elegir al que m\u00e1s le gusta. Pero despu\u00e9s del matrimonio, pierde la libertad y de se\u00f1ora se vuelve sometida a la potestad del marido, quedando atrapada por aquel que ella misma eligi\u00f3. As\u00ed la voluntad, que tiene la elecci\u00f3n del amor, despu\u00e9s de haber abrazado uno, queda sometida a \u00e9l.<\/p>\n<p><strong>La lucha de la voluntad por la libertad interior<br \/>\n<\/strong>Querer es elegir. Mientras uno es ni\u00f1o, sigue siendo completamente dependiente e incapaz de elegir, pero al crecer las cosas cambian r\u00e1pidamente y las elecciones se imponen. Los ni\u00f1os no son ni buenos ni malos, porque no pueden elegir entre el bien y el mal. Durante la infancia caminan como quienes salen de una ciudad y por un tiempo van derecho; pero despu\u00e9s descubren que el camino se divide en dos direcciones; les corresponde elegir la de la derecha o la de la izquierda a voluntad, para ir a donde quieran.<br \/>\nPor lo general, las elecciones son dif\u00edciles porque requieren renunciar a un bien por otro. Usualmente la elecci\u00f3n debe hacerse entre lo que uno siente y lo que quiere, porque hay una gran diferencia entre sentir y consentir. El joven tentado por una \u00abmujer liviana\u00bb, de quien habla san Jer\u00f3nimo, ten\u00eda la imaginaci\u00f3n \u00absumamente ocupada por tal presencia voluptuosa\u00bb, pero super\u00f3 la prueba con un puro acto de la voluntad superior. La voluntad, asediada por todas partes y empujada a dar su consentimiento, resisti\u00f3 la pasi\u00f3n sensual.<br \/>\nLa elecci\u00f3n tambi\u00e9n se impone frente a otras pasiones y afectos: \u00abPisen con los pies sus sensaciones, desconfianzas, miedos, aversiones\u00bb \u2014 aconseja Francisco de Sales a una persona a la que dirig\u00eda \u2014, pidi\u00e9ndole que se ponga del \u00ablado de la inspiraci\u00f3n y la raz\u00f3n contra el lado del instinto y la aversi\u00f3n\u00bb. El amor se sirve de la fuerza de voluntad para gobernar todas las facultades y todas las pasiones. Ser\u00e1 un \u00abamor armado\u00bb y tal amor armado someter\u00e1 nuestras pasiones. Esta voluntad libre \u00abreside en la parte suprema y m\u00e1s espiritual del alma\u00bb y \u00abno depende de nada m\u00e1s que de Dios y de uno mismo; y cuando todas las dem\u00e1s facultades del alma est\u00e1n perdidas y sometidas al enemigo, solo ella permanece due\u00f1a de s\u00ed para no consentir de ninguna manera\u00bb.<br \/>\nSin embargo, la elecci\u00f3n no est\u00e1 solo en el objetivo a alcanzar, sino tambi\u00e9n en la intenci\u00f3n que preside la acci\u00f3n. Es un aspecto al que Francisco de Sales es particularmente sensible, porque toca la calidad del actuar. De hecho, el fin perseguido imprime un sentido a la acci\u00f3n. Se puede decidir realizar un acto por muchos motivos. A diferencia de los animales, \u00abel hombre es tan due\u00f1o de sus acciones humanas y razonables que las realiza todas por un fin\u00bb; incluso puede cambiar el fin natural de una acci\u00f3n, a\u00f1adiendo un fin secundario, \u00abcomo cuando, adem\u00e1s de la intenci\u00f3n de socorrer al pobre a quien se dirige la limosna, a\u00f1ade la intenci\u00f3n de obligar al indigente a hacer lo mismo\u00bb. Entre los paganos, las intenciones rara vez eran desinteresadas, y en nosotros las intenciones pueden estar contaminadas \u00abpor el orgullo, la vanidad, el inter\u00e9s temporal o alg\u00fan otro motivo malo\u00bb. A veces \u00abfingimos querer ser los \u00faltimos y nos sentamos al final de la mesa, pero para pasar con m\u00e1s honor a la cabecera\u00bb.<br \/>\n\u00abPurifiquemos entonces, Te\u00f3timo, mientras podamos, todas nuestras intenciones\u00bb, pide el autor del\u00a0<em>Tratado del amor de Dios<\/em>. La buena intenci\u00f3n \u00abda vida\u00bb a las acciones m\u00e1s peque\u00f1as y a los gestos cotidianos simples. En efecto, \u00abalcanzamos la perfecci\u00f3n no haciendo muchas cosas, sino haci\u00e9ndolas con una intenci\u00f3n pura y perfecta\u00bb. No hay que perder el \u00e1nimo, porque \u00absiempre se puede corregir la propia intenci\u00f3n, limpiarla y mejorarla\u00bb.<\/p>\n<p><strong>El fruto de la voluntad son las \u00abresoluciones\u00bb<br \/>\n<\/strong>Despu\u00e9s de haber puesto en evidencia el car\u00e1cter pasivo de la voluntad, cuya primera propiedad consiste en dejarse atraer por el bien que le presenta la raz\u00f3n, conviene mostrar su aspecto activo. San Francisco de Sales concede gran importancia a la distinci\u00f3n entre voluntad afectiva y voluntad efectiva, as\u00ed como entre amor afectivo y amor efectivo. El amor afectivo se parece al amor de un padre por el hijo menor, \u00abun ni\u00f1o peque\u00f1o a\u00fan beb\u00e9, muy amable\u00bb, mientras que el amor que demuestra al hijo mayor, \u00abhombre ya hecho, buen y noble soldado\u00bb, es de otra especie: \u00abEste \u00faltimo es amado con un amor efectivo, mientras que el peque\u00f1o es amado con un amor afectivo\u00bb.<br \/>\nDe igual modo, hablando de la \u00abconstancia de la voluntad\u00bb, el obispo de Ginebra afirma que no se puede contentar con una \u00abconstancia sensible\u00bb; es necesaria una constancia \u00absituada en la parte superior del esp\u00edritu y que sea efectiva\u00bb. Llega el momento en que ya no se debe \u00abespecular con el razonamiento\u00bb, sino \u00abendurecer la voluntad\u00bb. \u00abNuestra alma, est\u00e9 triste o alegre, sumergida en dulzura o amargura, en paz o turbada, luminosa o tenebrosa, tentada o tranquila, llena de placer o de disgusto, inmersa en la aridez o en la ternura, quemada por el sol o refrescada por el roc\u00edo\u00bb, no importa, una voluntad fuerte no se deja f\u00e1cilmente apartar de sus prop\u00f3sitos. \u00abPermanecemos firmes en nuestros prop\u00f3sitos, inflexibles en nuestras resoluciones\u00bb, pide el autor de la\u00a0<em>Filotea<\/em>. Es la facultad maestra de la que depende el valor de la persona: \u00abEl mundo entero vale menos que un alma y un alma no vale nada sin nuestros buenos prop\u00f3sitos\u00bb.<br \/>\nEl sustantivo \u00abresoluci\u00f3n\u00bb indica una decisi\u00f3n que llega al final de un proceso, que ha puesto en juego el razonamiento con su capacidad de discernir y el coraz\u00f3n, entendido como una afectividad que se deja mover por un bien atractivo. En la \u00abdeclaraci\u00f3n aut\u00e9ntica\u00bb que el autor de la\u00a0<em>Introducci\u00f3n a la vida devota<\/em>\u00a0invita a Filotea a pronunciar, se lee: \u00abEsta es mi voluntad, mi intenci\u00f3n y mi decisi\u00f3n, inviolable e irrevocable, voluntad que confieso y confirmo sin reservas ni excepciones\u00bb. Una meditaci\u00f3n que no desemboca en actos concretos no servir\u00eda de nada.<br \/>\nEn las diez\u00a0<em>Meditaciones<\/em>\u00a0propuestas como modelo en la primera parte de la\u00a0<em>Filotea<\/em>, encontramos expresiones frecuentes como estas: \u00abquiero\u00bb, \u00abno quiero m\u00e1s\u00bb, \u00abs\u00ed, seguir\u00e9 las inspiraciones y los consejos\u00bb, \u00abhar\u00e9 todo lo posible\u00bb, \u00abquiero hacer esto o aquello\u00bb, \u00abhar\u00e9 este o aquel esfuerzo\u00bb, \u00abhar\u00e9 esta o aquella cosa\u00bb, \u00abescojo\u00bb, \u00abquiero participar\u00bb, o tambi\u00e9n \u00abquiero asumir el cuidado requerido\u00bb.<br \/>\nLa voluntad de Francisco de Sales suele adoptar un aspecto pasivo, aqu\u00ed en cambio revela todo su dinamismo extremadamente activo. No es por tanto sin raz\u00f3n que se haya podido hablar de voluntarismo salesiano.<\/p>\n<p><strong>Francisco de Sales, educador del coraz\u00f3n humano<br \/>\n<\/strong>Francisco de Sales ha sido considerado como un \u00abadmirable educador de la voluntad\u00bb. Decir que fue un admirable educador del coraz\u00f3n humano significa, m\u00e1s o menos, lo mismo, pero con el a\u00f1adido de un matiz afectivo, caracter\u00edstica de la concepci\u00f3n salesiana del coraz\u00f3n. Como se ha visto, no ha descuidado ning\u00fan componente del ser humano: el cuerpo con sus sentidos, el alma con sus pasiones, el esp\u00edritu con sus facultades, en particular intelectuales. Pero lo que m\u00e1s le importa es el coraz\u00f3n humano, sobre el cual escrib\u00eda a una de sus correspondientes: \u00abEs necesario, por tanto, cultivar con gran cuidado este coraz\u00f3n amado y no escatimar nada de lo que pueda ser \u00fatil para su felicidad\u00bb.<br \/>\nAhora, el coraz\u00f3n del hombre es \u00abinquieto\u00bb, seg\u00fan el dicho de san Agust\u00edn, porque est\u00e1 lleno de deseos insatisfechos. Parece que nunca tiene ni \u00abdescanso ni tranquilidad\u00bb. Francisco de Sales propone entonces una educaci\u00f3n tambi\u00e9n de los deseos. A. Ravier ha hablado tambi\u00e9n de un \u00abdiscernimiento o pol\u00edtica del deseo\u00bb. En efecto, el principal enemigo de la voluntad \u00abes la cantidad de deseos que tenemos de esta o aquella cosa. En resumen, nuestra voluntad est\u00e1 tan llena de pretensiones y proyectos, que muy a menudo no hace m\u00e1s que perder tiempo consider\u00e1ndolos uno tras otro o incluso todos juntos, en lugar de ocuparse en realizar uno m\u00e1s \u00fatil\u00bb.<br \/>\nUn buen pedagogo sabe que para conducir a su alumno hacia el objetivo propuesto, sea saber o virtud, es imprescindible presentarle un proyecto que movilice sus energ\u00edas. Francisco de Sales se revela un maestro en el arte de motivar, como ense\u00f1a a su \u00abhija\u00bb, Juana de Chantal, una de sus m\u00e1ximas preferidas: \u00abHay que hacer todo por amor y nada por fuerza\u00bb. En el\u00a0<em>Te\u00f3timo<\/em>\u00a0afirma que \u00abla alegr\u00eda abre el coraz\u00f3n como la tristeza lo cierra\u00bb. El amor, en efecto, es la vida del coraz\u00f3n.<\/p>\n<p>Sin embargo, la fuerza no debe faltar. Al joven que estaba a punto de \u00abzarpar en el vasto mar del mundo\u00bb, el obispo de Ginebra le aconsejaba \u00abun coraz\u00f3n vigoroso\u00bb y \u00abun coraz\u00f3n noble\u00bb, capaz de gobernar los deseos. Francisco de Sales quiere un coraz\u00f3n dulce y pac\u00edfico, puro, indiferente, un \u00abcoraz\u00f3n despojado de afectos\u00bb incompatibles con la vocaci\u00f3n, un coraz\u00f3n \u00abrecto\u00bb, \u00abdistendido y sin ninguna coacci\u00f3n\u00bb. No ama la \u00abternura de coraz\u00f3n\u00bb que se reduce a la b\u00fasqueda de uno mismo, y exige en cambio la \u00abfirmeza de coraz\u00f3n\u00bb en el actuar. \u00abA un coraz\u00f3n fuerte nada le es imposible\u00bb \u2014 escribe a una se\u00f1ora \u2014, para animarla a no abandonar \u00abel curso de las santas resoluciones\u00bb. Quiere un \u00abcoraz\u00f3n viril\u00bb y al mismo tiempo un coraz\u00f3n \u00abd\u00f3cil, maleable y sometido, dispuesto a todo lo permitido y listo para asumir cualquier compromiso por obediencia y caridad\u00bb; un \u00abcoraz\u00f3n dulce hacia el pr\u00f3jimo y humilde ante Dios\u00bb, \u00abnoblemente orgulloso\u00bb y \u00abperennemente humilde\u00bb, \u00abdulce y pac\u00edfico\u00bb.<br \/>\nAl fin y al cabo, la educaci\u00f3n de la voluntad apunta al pleno dominio de s\u00ed mismo, que Francisco de Sales expresa mediante una imagen: tomar el coraz\u00f3n en la mano, poseer el coraz\u00f3n o el alma. \u00abLa gran alegr\u00eda del hombre, Filotea, es poseer su propia alma; y cuanto m\u00e1s perfecta se vuelve la paciencia, m\u00e1s perfectamente poseemos nuestra alma\u00bb. Esto no significa insensibilidad, ausencia de pasiones o afectos, sino una tensi\u00f3n hacia el dominio de uno mismo. Se trata de un camino dirigido a la autonom\u00eda de s\u00ed, garantizada por la supremac\u00eda de la voluntad, libre y razonable, pero de una autonom\u00eda gobernada por el amor soberano.<\/p>\n<p><em>Foto: Retrato de San Francisco de Sales en la Bas\u00edlica del Sagrado Coraz\u00f3n de Jes\u00fas en Roma. Obra sobre lienzo realizada por el pintor romano Attilio Palombi y ofrecida como regalo por el cardenal Lucido Mar\u00eda Parocchi.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>San Francisco de Sales pone en el centro de la formaci\u00f3n humana el coraz\u00f3n, sede&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":17,"featured_media":43932,"comment_status":"closed","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"iawp_total_views":102,"footnotes":""},"categories":[182],"tags":[2566,1720,2636,2558,2198,1972,2026],"class_list":["post-43950","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-nuestros-santos","tag-caridad","tag-carisma-salesiano","tag-consejos","tag-dios","tag-educacion","tag-santos","tag-virtud"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/43950","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/17"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=43950"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/43950\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":44428,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/43950\/revisions\/44428"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/43932"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=43950"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=43950"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=43950"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}