{"id":36452,"date":"2025-05-23T07:26:09","date_gmt":"2025-05-23T07:26:09","guid":{"rendered":"https:\/\/exciting-knuth.178-32-140-152.plesk.page\/?p=36452"},"modified":"2025-05-26T06:36:48","modified_gmt":"2025-05-26T06:36:48","slug":"educar-las-facultades-de-nuestro-espiritu-con-san-francisco-de-sales","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/nuestros-santos\/educar-las-facultades-de-nuestro-espiritu-con-san-francisco-de-sales\/","title":{"rendered":"Educar las facultades de nuestro esp\u00edritu con San Francisco de Sales"},"content":{"rendered":"\n<p><em>San Francisco de Sales presenta el esp\u00edritu como la parte m\u00e1s elevada del alma, gobernada por el intelecto, la memoria y la voluntad. El coraz\u00f3n de su pedagog\u00eda es la autoridad de la raz\u00f3n, \u201cdivina antorcha\u201d que hace al hombre verdaderamente humano y debe guiar, iluminar y disciplinar las pasiones, la imaginaci\u00f3n y los sentidos. Educar el esp\u00edritu significa, por tanto, cultivar el intelecto mediante el estudio, la meditaci\u00f3n y la contemplaci\u00f3n, ejercitar la memoria como dep\u00f3sito de las gracias recibidas, y fortalecer la voluntad para que elija constantemente el bien. De esta armon\u00eda brotan las virtudes cardinales \u2013 prudencia, justicia, fortaleza y templanza \u2013 que forman personas libres, equilibradas y capaces de aut\u00e9ntica caridad.<\/em><br><br><br>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Francisco de Sales considera el esp\u00edritu como la parte superior del alma. Sus facultades son el intelecto, la memoria y la voluntad. La imaginaci\u00f3n podr\u00eda formar parte de \u00e9l en la medida en que la raz\u00f3n y la voluntad intervienen en su funcionamiento. La voluntad, por su parte, es la facultad maestra a la que conviene reservar un tratamiento particular. El esp\u00edritu hace que el hombre se convierta, seg\u00fan la definici\u00f3n cl\u00e1sica, en un \u00abanimal racional\u00bb. \u00abSomos hombres solo mediante la raz\u00f3n\u00bb, escribe Francisco de Sales. Despu\u00e9s de \u00ablas gracias corporales\u00bb, est\u00e1n \u00ablos dones del esp\u00edritu\u00bb, que deber\u00edan ser objeto de nuestras reflexiones y de nuestro reconocimiento. Entre ellos, el autor de la Filotea distingue los dones recibidos de la naturaleza y los adquiridos con la educaci\u00f3n:<br><br>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <em>Considerad los dones del esp\u00edritu: cu\u00e1nta gente hay en el mundo idiota, loca furiosa, mentecata. \u00bfPor qu\u00e9 no os encontr\u00e1is entre ellos? Dios os ha favorecido. Cu\u00e1ntos han sido educados de forma tosca y en la m\u00e1s extrema ignorancia: pero a vosotros, la Providencia divina os ha hecho criar de un modo civil y honrado<\/em>.<br><br><strong>La raz\u00f3n, \u201cdivina antorcha\u201d<br>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <\/strong>En un Ejercicio del sue\u00f1o o reposo espiritual, compuesto en Padua cuando ten\u00eda veintitr\u00e9s a\u00f1os, Francisco se propon\u00eda meditar un argumento que asombra:<br><br>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <em>Me detendr\u00e9 a admirar la belleza de la raz\u00f3n que Dios ha donado al hombre, para que, iluminado e instruido por su maravilloso esplendor, odiase el vicio y amase la virtud. \u00a1Oh! Sigamos la esplendente luz de esta divina antorcha, porque nos es donada en uso para ver d\u00f3nde debemos poner los pies. \u00a1Ah! Si nos dejamos conducir por sus dictados, raramente tropezaremos, dif\u00edcilmente nos haremos da\u00f1o<\/em>.<br><br>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u00abLa raz\u00f3n natural es un buen \u00e1rbol que Dios ha plantado en nosotros, los frutos que provienen de \u00e9l solo pueden ser buenos\u00bb, afirma el autor del <em>Te\u00f3timo<\/em>; es verdad que est\u00e1 \u00abgravemente herida y casi muerta a causa del pecado\u00bb, pero su ejercicio no est\u00e1 fundamentalmente impedido.<br>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 En el reino interior del hombre, \u00abla raz\u00f3n debe ser la reina, a la que todas las facultades de nuestro esp\u00edritu, todos nuestros sentidos y el mismo cuerpo deben permanecer absolutamente sometidos\u00bb. Es la raz\u00f3n la que distingue al hombre del animal, por lo que hay que guardarse bien de imitar \u00ablos ,macacos y los monos que siempre est\u00e1n malhumorados, tristes y quejumbrosos cuando falta la luna; luego, al contrario, con la luna nueva, saltan, danzan y hacen todas las muecas posibles\u00bb. Es necesario hacer reinar \u00abla autoridad de la raz\u00f3n\u00bb, reitera Francisco de Sales.<br>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Entre la parte superior del esp\u00edritu, que debe reinar, y la parte inferior de nuestro ser, designada a veces por Francisco de Sales con el t\u00e9rmino b\u00edblico de \u00abcarne\u00bb, la lucha a veces se vuelve \u00e1spera. Cada frente tiene sus aliados. El esp\u00edritu, \u00abfortaleza del alma\u00bb, est\u00e1 acompa\u00f1ado \u00abpor tres soldados: el intelecto, la memoria y la voluntad\u00bb. Atentos, pues, a la \u00abcarne\u00bb que conspira y busca aliados en el lugar:<br><br>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <em>La carne usa ahora el intelecto, ahora la voluntad, ahora la imaginaci\u00f3n, las cuales, asoci\u00e1ndose contra la raz\u00f3n, le dejan el campo libre, creando divisi\u00f3n y haciendo un mal servicio a la raz\u00f3n. [\u2026] La carne atrae a la voluntad a veces con los placeres, a veces con las riquezas; ahora solicita a la imaginaci\u00f3n a inventar pretensiones, ahora suscita en el intelecto una gran curiosidad, todo con el pretexto del bien<\/em>.<br><br>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 En esta lucha, incluso cuando todas las pasiones del alma parecen trastornadas, nada est\u00e1 perdido mientras el esp\u00edritu resista: \u00abSi estos soldados fueran fieles, el esp\u00edritu no tendr\u00eda ning\u00fan temor y no dar\u00eda ninguna importancia a sus propios enemigos: como soldados que, disponiendo de suficientes municiones, resisten en el basti\u00f3n de una fortaleza inexpugnable, a pesar de que los enemigos se encuentren en los suburbios o incluso hayan tomado ya la ciudad; le sucedi\u00f3 a la ciudadela de Niza, ante la cual la fuerza de tres grandes pr\u00edncipes no pudo vencer la resistencia de los defensores\u00bb. La causa de todas estas laceraciones interiores es el amor propio. En efecto, \u00abnuestros razonamientos ordinariamente est\u00e1n llenos de motivaciones, opiniones y consideraciones sugeridas por el amor propio, y esto causa grandes conflictos en el alma\u00bb.<br>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 En el \u00e1mbito educativo, es importante hacer sentir la superioridad del esp\u00edritu. \u00abAqu\u00ed est\u00e1 el principio de una educaci\u00f3n humana \u2014dice el padre Lajeunie\u2014: mostrar al ni\u00f1o, apenas su raz\u00f3n se despierta, lo que es bello y bueno, y apartarlo de lo que es malo; crear de este modo en su coraz\u00f3n el h\u00e1bito de controlar sus reflejos instintivos, en lugar de seguirlos servilmente; es as\u00ed, de hecho, como se forma este proceso de sexualizaci\u00f3n que lo hace esclavo de sus deseos espont\u00e1neos. En el momento de elecciones decisivas, tal h\u00e1bito de ceder siempre, sin controlarse, a las pulsiones instintivas puede revelarse catastr\u00f3fico\u00bb.<br><br><strong>El intelecto, \u201cojo del alma\u201d<br>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <\/strong>El intelecto, facultad t\u00edpicamente humana y racional, la cual permite conocer y comprender, a menudo se compara con la vista. Se afirma, por ejemplo: \u00abYo veo\u00bb, para decir: \u00abYo comprendo\u00bb. Para Francisco de Sales, el intelecto es \u201cel ojo del alma\u201d; de ah\u00ed su expresi\u00f3n \u00abel ojo de vuestro intelecto\u00bb. La incre\u00edble actividad de la que es capaz lo hace similar a \u00abun obrero, el cual, con los cientos de miles de ojos y de manos, como otro Argos, realiza m\u00e1s obras que todos los trabajadores del mundo, porque no hay nada en el mundo que no sea capaz de representar\u00bb.<br><br>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u00bfC\u00f3mo funciona el intelecto humano? Francisco de Sales ha analizado con precisi\u00f3n las cuatro operaciones de las que es capaz: el simple pensamiento, el estudio, la meditaci\u00f3n y la contemplaci\u00f3n. El simple pensamiento se ejerce sobre una gran diversidad de cosas, sin ning\u00fan fin, \u00abcomo hacen las moscas que se posan sobre las flores sin querer extraer ning\u00fan jugo, sino solo porque las encuentran\u00bb. Cuando el intelecto pasa de un pensamiento a otro, los pensamientos que as\u00ed lo atiborran son ordinariamente \u00abin\u00fatiles y da\u00f1inos\u00bb. El estudio, al contrario, mira a considerar las cosas \u00abpara conocerlas, para comprenderlas y para hablar bien de ellas, con el fin de \u00abllenar la memoria\u00bb, como hacen los abejorros que \u00abse posan sobre las rosas para ning\u00fan otro fin que para saciarse y llenarse el vientre\u00bb.<br>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Francisco de Sales pod\u00eda detenerse aqu\u00ed, pero conoc\u00eda y recomendaba otras dos formas m\u00e1s elevadas. Mientras que el estudio mira a aumentar los conocimientos, la meditaci\u00f3n tiene como fin el de \u00abmover los afectos y, en particular, el amor\u00bb: \u00abFijemos nuestro intelecto en el misterio del cual esperamos poder extraer buenos afectos\u00bb, como la paloma que \u201carrulla reteniendo el aliento y, mediante el murmullo que produce en la garganta sin dejar salir el aliento, produce su t\u00edpico canto\u201d.<br>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 La actividad suprema del intelecto es la contemplaci\u00f3n, la cual consiste en gozar del bien conocido a trav\u00e9s de la meditaci\u00f3n y amado mediante tal conocimiento; esta vez nos parecemos a los pajaritos que se entretienen en la jaula solo para \u201cdar placer al maestro\u201d. Con la contemplaci\u00f3n el esp\u00edritu humano llega a su v\u00e9rtice; el autor del Te\u00f3timo afirma que la raz\u00f3n \u00abvivifica finalmente el intelecto con la contemplaci\u00f3n\u00bb.<br>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Volvamos al estudio, la actividad intelectual que nos interesa m\u00e1s de cerca. \u201cHay un viejo axioma de los fil\u00f3sofos, seg\u00fan el cual todo hombre desea conocer\u201d. Retomando por su parte esta afirmaci\u00f3n de Arist\u00f3teles, as\u00ed como el ejemplo de Plat\u00f3n, Francisco de Sales pretende demostrar que esto constituye un gran privilegio. Lo que el hombre quiere conocer es la verdad. La verdad es m\u00e1s bella que aquella \u00abfamosa Elena, por cuya belleza murieron tantos griegos y troyanos\u00bb. El esp\u00edritu est\u00e1 hecho para la b\u00fasqueda de la verdad: \u00abLa verdad es el objeto de nuestro intelecto, el cual, en consecuencia, descubriendo y conociendo la verdad de las cosas, se siente plenamente satisfecho y contento\u00bb. Cuando el esp\u00edritu encuentra algo nuevo, experimenta una alegr\u00eda intensa, y cuando se empieza a encontrar algo bello, se es impulsado a continuar la b\u00fasqueda, \u00abcomo aquellos que han encontrado una mina de oro y se adentran siempre m\u00e1s para encontrar a\u00fan m\u00e1s de este precioso metal\u00bb. El asombro que produce el descubrimiento es un potente est\u00edmulo; \u00abla admiraci\u00f3n, de hecho, ha dado origen a la filosof\u00eda y a la atenta b\u00fasqueda de las cosas naturales\u00bb. Siendo Dios la verdad suprema, el conocimiento de Dios es la ciencia suprema que llena nuestro esp\u00edritu. Es \u00e9l quien nos \u00abha donado el intelecto para conocerlo\u00bb; fuera de \u00e9l solo hay \u00abpensamientos vanos y reflexiones in\u00fatiles\u00bb.<br><br><strong>Cultivar la propia inteligencia<br>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <\/strong>Lo que caracteriza al hombre es el gran deseo de conocer. Fue este deseo \u00abel que indujo al gran Plat\u00f3n a salir de Atenas y correr tanto\u00bb, y \u00abel que indujo a estos antiguos fil\u00f3sofos a renunciar a sus comodidades corporales\u00bb. Algunos incluso llegan a ayunar diligentemente \u00abpara poder estudiar mejor\u00bb. El estudio, de hecho, produce un placer intelectual, superior a los placeres sensuales y dif\u00edcil de detener: \u00abEl amor intelectual, al encontrar en la uni\u00f3n con su objeto una satisfacci\u00f3n inesperada, perfecciona el conocimiento, continuando as\u00ed a unirse a \u00e9l, y uni\u00e9ndose cada vez m\u00e1s, no deja de seguir haci\u00e9ndolo\u00bb.<br>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Se trata de \u00abiluminar bien el intelecto\u00bb, esforz\u00e1ndose por \u00abpurgarlo\u00bb de las tinieblas de la \u00abignorancia\u00bb. \u00c9l denuncia \u00abla torpeza y la indolencia de esp\u00edritu, que no quiere saber lo que es necesario\u00bb e insiste en el valor del estudio y del aprendizaje: \u00abEstudiad siempre m\u00e1s, con diligencia y humildad\u00bb, escrib\u00eda a un estudiante. Pero no basta con \u00abpurgar\u00bb el intelecto de la ignorancia, es necesario adem\u00e1s \u00abembellecerlo y adornarlo\u00bb, \u00abtapizarlo de consideraciones\u00bb. Para conocer perfectamente una cosa, es necesario aprender bien, dedicar tiempo a \u00absometer\u00bb el intelecto, es decir, a fijarlo en una cosa, antes de pasar a otra.<br>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 El joven Francisco de Sales aplicaba su inteligencia no solo a los estudios y a conocimientos intelectuales, sino tambi\u00e9n a ciertos temas esenciales para la vida del hombre en la tierra, y, en particular, a la \u00abconsideraci\u00f3n de la vanidad de la grandeza, de las riquezas, de los honores, de las comodidades y de los placeres voluptuosos de este mundo\u00bb; a la \u00abconsideraci\u00f3n de la infamia, abyecci\u00f3n y deplorable miseria, presentes en el vicio y en el pecado\u00bb, y al \u00abconocimiento de la excelencia de la virtud\u00bb.<br>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 El esp\u00edritu humano a menudo se distrae, olvida, se contenta con un conocimiento vago o vano. Mediante la meditaci\u00f3n, no solo de las verdades eternas, sino tambi\u00e9n de los fen\u00f3menos y de los acontecimientos del mundo, es capaz de alcanzar una visi\u00f3n m\u00e1s realista y profunda de la realidad. Por este motivo, en las Meditaciones propuestas por el autor a Filotea, hay una primera parte dedicada titulada Consideraciones.<br>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Considerar significa aplicar el esp\u00edritu a un objeto preciso, examinar con atenci\u00f3n sus diversos aspectos. Francisco de Sales invita a Filotea a \u00abpensar\u00bb, a \u00abver\u00bb, a examinar los diferentes \u00abpuntos\u00bb, algunos de los cuales merecen ser considerados \u00abaparte\u00bb. Exhorta a ver las cosas en general y a descender luego a los casos particulares. Quiere que se examinen los principios, las causas y las consecuencias de una determinada verdad, de una determinada situaci\u00f3n, as\u00ed como las circunstancias que la acompa\u00f1an. Es necesario tambi\u00e9n saber \u00absopesar\u00bb ciertas palabras o sentencias, cuya importancia corre el riesgo de escap\u00e1rsenos, considerarlas una a una, confrontarlas una con otra.<br>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Como en todo, as\u00ed en el deseo de conocer puede haber excesos y deformaciones. Atentos a la vanidad de falsos sabios: algunos, de hecho, \u00abpor el poco de ciencia que tienen, quieren ser honrados y respetados por todos, como si cada uno debiera ir a su escuela y tenerlos por maestros: por eso se les llama pedantes\u00bb. Ahora bien, \u00abla ciencia nos deshonra cuando nos infla y degenera en pedanter\u00eda\u00bb. \u00a1Qu\u00e9 ridiculez querer instruir a Minerva, <em>Minervam<\/em> <em>docere<\/em>, la diosa de la sabidur\u00eda! \u00abLa peste de la ciencia es la presunci\u00f3n, que infla los esp\u00edritus y los vuelve hidr\u00f3picos, como son ordinariamente los sabios del mundo\u00bb.<br>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Cuando se trata de problemas que nos superan y que entran en el \u00e1mbito de los misterios de la fe, es necesario \u00abpurificarlos de toda curiosidad\u00bb, es necesario \u00abmantenerlos bien cerrados y cubiertos frente a tales vanas y necias cuestiones y curiosidades\u00bb. Es la \u00abpureza intelectual\u00bb, la \u00absegunda modestia\u00bb o la \u00abmodestia interior\u00bb. Finalmente, se debe saber que el intelecto puede equivocarse y que existe el \u00abpecado del intelecto\u00bb, como el que Francisco de Sales reprocha a la se\u00f1ora de Chantal, la cual hab\u00eda cometido un error al depositar una exagerada estima en su director.<br><br><strong>La memoria y sus \u00abalmacenes\u00bb<br>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <\/strong>Como el intelecto, as\u00ed la memoria es una facultad del esp\u00edritu que suscita admiraci\u00f3n. Francisco de Sales la compara con un almac\u00e9n \u00abque vale m\u00e1s que los de Amberes o de Venecia\u00bb. \u00bfNo se dice acaso \u00abalmacenar\u00bb en la memoria? La memoria es un soldado cuya fidelidad nos es muy \u00fatil. Es un don de Dios, declara el autor de la Introducci\u00f3n a la vida devota: Dios os la ha donado \u00abpara que os acord\u00e9is de \u00e9l\u00bb, dice a Filotea, invit\u00e1ndola a huir de \u00ablos recuerdos detestables y fr\u00edvolos\u00bb.<br>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Esta facultad del esp\u00edritu humano necesita ser entrenada. Cuando era estudiante en Padua, el joven Francisco ejercitaba su memoria no solo en los estudios, sino tambi\u00e9n en la vida espiritual, en la cual la memoria de los beneficios recibidos es un elemento fundamental:<br><br>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <em>Antes que nada, me dedicar\u00e9 a refrescar mi memoria con todos los buenos impulsos, deseos, afectos, prop\u00f3sitos, proyectos, sentimientos y dulzuras que en el pasado la divina Majestad me ha inspirado y hecho experimentar, considerando sus santos misterios, la belleza de la virtud, la nobleza de su servicio y una infinidad de beneficios que me ha libremente otorgado; pondr\u00e9 tambi\u00e9n orden en mis recuerdos acerca de las obligaciones que tengo hacia ella por el hecho de que, por su santa gracia, a veces ha debilitado mis sentidos envi\u00e1ndome ciertas dolencias y enfermedades, de las cuales he sacado gran provecho<\/em>.<br><br>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 En las dificultades y en los miedos es indispensable servirse de ella \u00abpara acordarse de las promesas\u00bb y para \u00abpermanecer firmes confiando en que todo perecer\u00e1 antes que las promesas fallen\u00bb. Sin embargo, la memoria del pasado no es siempre buena, porque puede generar tristeza, como le ocurri\u00f3 a un disc\u00edpulo de san Bernardo, que fue asaltado por una mala tentaci\u00f3n cuando comenz\u00f3 \u00aba recordar a los amigos del mundo, a los parientes, a los bienes que hab\u00eda dejado\u00bb. En ciertas circunstancias excepcionales de la vida espiritual \u00abes necesario purificarla del recuerdo de cosas caducas y de asuntos mundanos y olvidar por un cierto tiempo las cosas materiales y temporales, aunque buenas y \u00fatiles\u00bb. En el campo moral, para ejercitar la virtud, la persona que se ha sentido ofendida tomar\u00e1 una medida radical: \u00abMe acuerdo demasiado de las flechas e injurias, de ahora en adelante perder\u00e9 la memoria\u00bb.<br><br><strong>\u00abDebemos tener un esp\u00edritu justo y razonable\u00bb<br>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <\/strong>Las capacidades del esp\u00edritu humano, en particular del intelecto y de la memoria, no est\u00e1n destinadas solo a gloriosas empresas intelectuales, sino tambi\u00e9n y sobre todo a la conducta de la vida. Tratar de conocer al hombre, de comprender la vida y definir las normas referentes a los comportamientos conformes a la raz\u00f3n, estos deber\u00edan ser los cometidos fundamentales del esp\u00edritu humano y de su educaci\u00f3n. La parte central de la Filotea, que trata del \u00abejercicio de las virtudes\u00bb, contiene, hacia el final, un cap\u00edtulo que resume en cierto modo la ense\u00f1anza de Francisco de Sales sobre las virtudes: \u00abDebemos tener un esp\u00edritu justo y razonable\u00bb.<br>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Con fineza y una pizca de humor, el autor denuncia numerosas conductas extra\u00f1as, locas o simplemente injustas: \u00abAcusamos al pr\u00f3jimo por poco, y nos excusamos a nosotros mismos por mucho m\u00e1s\u00bb; \u00abqueremos vender con un precio alto y comprar a buen mercado\u00bb; \u00ablo que hacemos por los otros nos parece siempre mucho, y lo que hacen los otros por nosotros es nada\u00bb; \u00abtenemos un coraz\u00f3n dulce, gracioso y cort\u00e9s hacia nosotros, y un coraz\u00f3n duro, severo y riguroso hacia el pr\u00f3jimo\u00bb; \u00abtenemos dos pesos: uno para pesar nuestras comodidades con la mayor ventaja posible para nosotros, el otro para pesar las del pr\u00f3jimo con la mayor desventaja que se puede\u00bb. Para juzgar bien, aconseja a Filotea, es necesario siempre ponerse en el lugar del pr\u00f3jimo: \u00abHaceos vendedora al comprar y compradora al vender\u00bb. No se pierde nada al vivir como personas \u00abgenerosas, nobles, corteses, con un coraz\u00f3n real, constante y razonable\u00bb.<br>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 La raz\u00f3n est\u00e1 en la base del edificio de la educaci\u00f3n. Ciertos padres no tienen una actitud mental justa; de hecho, \u00abhay chicos virtuosos que padres y madres no consiguen casi soportar porque tienen este o aquel defecto en el cuerpo; hay en cambio viciosos continuamente mimados, porque tienen esta o aquella bella dote f\u00edsica\u00bb. Hay educadores y responsables que se dejan llevar por preferencias. \u00abMantened la balanza bien derecha entre vuestras hijas\u00bb, recomendaba a una superiora de las visitandinas, para que \u00ablos dones naturales no os hagan distribuir injustamente los afectos y los favores\u00bb. Y a\u00f1ad\u00eda: \u00abLa belleza, la buena gracia y la palabra amable confieren a menudo una gran fuerza de atracci\u00f3n a las personas que viven seg\u00fan sus inclinaciones naturales; la caridad tiene como objeto la verdadera virtud y la belleza del coraz\u00f3n, y se extiende a todos sin particularismos\u00bb.<br>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Pero es sobre todo la juventud la que corre los riesgos mayores, porque si \u00abel amor propio nos aleja habitualmente de la raz\u00f3n\u00bb, esto ocurre quiz\u00e1s a\u00fan m\u00e1s en los j\u00f3venes tentados por la vanidad y por la ambici\u00f3n. La raz\u00f3n de un joven corre el riesgo de perderse sobre todo cuando se deja \u00abllevar por enamoramientos\u00bb. Atenci\u00f3n, pues, escribe el obispo a un joven, \u00aba no permitir que vuestros afectos prevengan el juicio y la raz\u00f3n en la elecci\u00f3n de los sujetos a amar; puesto que, una vez que se ha puesto en marcha, el afecto arrastra al juicio, como se arrastrar\u00eda a un esclavo, a elecciones muy deplorables, de las que podr\u00eda arrepentirse muy pronto\u00bb. Explicaba tambi\u00e9n a las visitandinas que \u00abnuestros pensamientos est\u00e1n habitualmente llenos de razones, opiniones y consideraciones sugeridas por el amor propio, que causa grandes conflictos en el alma\u00bb.<br><br><strong>La raz\u00f3n, fuente de las cuatro virtudes cardinales<br>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <\/strong>La raz\u00f3n se asemeja al r\u00edo del para\u00edso, \u00abque Dios hace correr para irrigar todo el hombre en todas sus facultades y actividades\u00bb; este se divide en cuatro brazos correspondientes a las cuatro virtudes que la tradici\u00f3n filos\u00f3fica llama virtudes cardinales: la prudencia, la justicia, la fortaleza y la templanza.<br>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 La prudencia \u00abinclina nuestro intelecto a discernir verdaderamente el mal a evitar y el bien a cumplir\u00bb. Esta consiste en \u00abdiscernir cu\u00e1les son los medios m\u00e1s apropiados para alcanzar el bien y la virtud\u00bb. \u00a1Atenci\u00f3n a las pasiones que corren el riesgo de deformar nuestro juicio y de provocar la ruina de la prudencia! La prudencia no se opone a la simplicidad: seremos, conjuntamente, \u00abprudentes como serpientes para no ser enga\u00f1ados; simples como palomas para no enga\u00f1ar a nadie\u00bb.<br><br>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 La justicia consiste en \u00abrendir a Dios, al pr\u00f3jimo y a s\u00ed mismos lo que se debe\u00bb. Francisco de Sales comienza con la justicia hacia Dios, conectada con la virtud de la religi\u00f3n, \u00abmediante la cual rendimos a Dios el respeto, el honor, el homenaje y la sumisi\u00f3n a \u00e9l debidos como nuestro soberano Se\u00f1or y primer principio\u00bb. La justicia hacia los padres comporta el deber de la piedad, la cual \u00abse extiende a todos los oficios que se pueden leg\u00edtimamente rendirles, sea en honor, sea en servicio\u00bb.<br>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 La virtud de la fortaleza ayuda a \u00absuperar las dificultades que se encuentran al cumplir el bien y al rechazar el mal\u00bb. Es muy necesaria, porque el apetito sensitivo es \u00abverdaderamente un sujeto rebelde, sedicioso, turbulento\u00bb. Cuando la raz\u00f3n domina las pasiones, la ira deja el puesto a la dulzura, gran aliada de la raz\u00f3n. La fortaleza es acompa\u00f1ada a menudo por la magnanimidad, \u00abuna virtud que nos empuja e inclina a cumplir acciones de gran relieve\u00bb.<br>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Finalmente, la templanza es indispensable \u00abpara reprimir las inclinaciones desordenadas de la sensualidad\u00bb, para \u00abgobernar el apetito de la avidez\u00bb y \u00abfrenar las pasiones conectadas\u00bb. En efecto, si el alma se apasiona demasiado a un placer y a una alegr\u00eda sensible, se degrada volvi\u00e9ndose incapaz de alegr\u00edas m\u00e1s elevadas.<br>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 En conclusi\u00f3n, las cuatro virtudes cardinales son como las manifestaciones de esta luz natural que nos proporciona la raz\u00f3n. Practicando estas virtudes, la raz\u00f3n ejerce \u00absu superioridad y la autoridad que tiene de regular los apetitos sensuales\u00bb.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>San Francisco de Sales presenta el esp\u00edritu como la parte m\u00e1s elevada del alma, gobernada&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":17,"featured_media":36445,"comment_status":"closed","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"iawp_total_views":32,"footnotes":""},"categories":[182],"tags":[2636,2558,2198,2225,1972,2032,2026],"class_list":["post-36452","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-nuestros-santos","tag-consejos","tag-dios","tag-educacion","tag-formacion","tag-santos","tag-vida","tag-virtud"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/36452","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/17"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=36452"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/36452\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/36445"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=36452"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=36452"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=36452"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}