{"id":35679,"date":"2025-03-28T13:37:13","date_gmt":"2025-03-28T13:37:13","guid":{"rendered":"https:\/\/exciting-knuth.178-32-140-152.plesk.page\/?p=35679"},"modified":"2025-03-28T13:39:28","modified_gmt":"2025-03-28T13:39:28","slug":"el-sueno-de-las-22-lunas-1854","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/suenos-de-don-bosco\/el-sueno-de-las-22-lunas-1854\/","title":{"rendered":"El sue\u00f1o de las 22 lunas (1854)"},"content":{"rendered":"\n<p><em><em>Era un d\u00eda de fiesta del mes de marzo de 1854. Don Bosco reuni\u00f3, despu\u00e9s de la funci\u00f3n de v\u00edsperas, a todos los alumnos internos en un local situado detr\u00e1s de la sacrist\u00eda y les anunci\u00f3 que iba a contarles un sue\u00f1o. Estaban presentes entre otros los muchachos Cagliero, Turchi, Anfossi y los cl\u00e9rigos Reviglio y Buzzetti, de cuyos labios o\u00edmos nuestra narraci\u00f3n. Todos estaban persuadidos de que don Bosco ocultaba las comunicaciones que recib\u00eda del cielo, bajo el nombre de sue\u00f1o. El sue\u00f1o fue el siguiente:<br><\/em><\/em><br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014 Me encontraba yo en medio de vosotros en el patio y me alegraba en mi coraz\u00f3n al contemplaros tan vivarachos, alegres y contentos. Qui\u00e9nes saltaban, qui\u00e9nes gritaban, otros corr\u00edan. De pronto vi que uno de vosotros sali\u00f3 por una puerta de la casa y comenz\u00f3 a pasear entre los compa\u00f1eros con una especie de chistera o turbante en la cabeza. Era el tal turbante transparente, estaba iluminado por dentro y ostentaba en el centro una hermosa luna en la que aparec\u00eda grabado el n\u00famero 22. Yo, admirado, procur\u00e9 inmediatamente acercarme al joven en cuesti\u00f3n para decirle que dejase aquel disfraz carnavalesco; pero he aqu\u00ed que, entre tanto, el ambiente empez\u00f3 a oscurecerse y, como a toque de campana, el patio qued\u00f3 desierto, yendo todos los j\u00f3venes a reunirse en filas debajo de los p\u00f3rticos. Todos reflejaban en sus rostros un gran temor y diez o doce ten\u00edan la cara cubierta de mortal palidez. Yo pas\u00e9 por delante de todos para examinarlos y entre ellos descubr\u00ed al que llevaba la luna sobre la cabeza, el cual estaba m\u00e1s p\u00e1lido que los dem\u00e1s; de sus hombros pend\u00eda un manto f\u00fanebre. Me dirig\u00ed a \u00e9l para preguntarle el significado de todo aquello, cuando una mano me detuvo y vi a un desconocido de aspecto grave y noble continente, que me dijo:<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014 Antes de acercarte a \u00e9l, esc\u00fachame; todav\u00eda tiene veintid\u00f3s lunas de tiempo; antes de que hayan pasado, este joven morir\u00e1. No le pierdas de vista y prep\u00e1ralo.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Yo quise pedir a aquel personaje alguna otra explicaci\u00f3n sobre lo que me acababa de decir y sobre su repentina aparici\u00f3n, pero no logr\u00e9 verle m\u00e1s. El joven en cuesti\u00f3n, mis queridos hijos, me es conocido y est\u00e1 en medio de vosotros.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Un vivo terror se apoder\u00f3 de los oyentes, tanto m\u00e1s que era la primera vez que don Bosco anunciaba en p\u00fablico y con cierta solemnidad la muerte de uno de los de casa. El buen padre no pudo por menos de notarlo y prosigui\u00f3:<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014 Yo conozco al de las lunas, est\u00e1 en medio de vosotros. Pero no quiero que os asust\u00e9is. Como os he dicho, se trata de un sue\u00f1o y sab\u00e9is que no siempre se debe prestar fe a los sue\u00f1os. De todas maneras, sea como fuere, lo cierto es que debemos estar siempre preparados, como nos lo recomienda el Divino Salvador en el Evangelio y no cometer pecados; entonces la muerte no nos causar\u00e1 espanto. Sed todos buenos, no ofend\u00e1is al Se\u00f1or, y yo entre tanto no perder\u00e9 de vista al del n\u00famero 22, el de las veintid\u00f3s lunas o veintid\u00f3s meses, que eso quiere decir; y espero que tendr\u00e1 una buena muerte.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Esta noticia, si bien asust\u00f3 mucho al principio a los muchachos, hizo inmediatamente un grand\u00edsimo bien entre ellos, pues todos procuraban mantenerse en gracia de Dios, con el pensamiento de la muerte, mientras contaban las lunas que se iban sucediendo.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Don Bosco, de vez en cuando, les preguntaba:<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014 \u00bfCu\u00e1ntas lunas faltan a\u00fan?<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Y lo muchachos respond\u00edan:<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014 Veinte, dieciocho, quince, etc.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; A veces, algunos que no perd\u00edan una sola de sus palabras, se le acercaban para decirle el n\u00famero de lunas que hab\u00edan pasado, e intentaban hacer pron\u00f3sticos, adivinar&#8230;, pero don Bosco guardaba silencio.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El joven Piano, que hab\u00eda entrado en el Oratorio en el mes de noviembre (1854), oy\u00f3 hablar de la luna novena, y por los superiores y compa\u00f1eros vino a saber la predicci\u00f3n de don Bosco. Y tambi\u00e9n, como los dem\u00e1s, empez\u00f3 a prestar atenci\u00f3n a los acontecimientos.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Finaliz\u00f3 el a\u00f1o de 1854; pasaron algunos meses del 1855 y lleg\u00f3 el mes de octubre, esto es, el correspondiente a la luna vig\u00e9sima. Clagliero, ya cl\u00e9rigo, hab\u00eda sido encargado de vigilar tres habitaciones situadas en la antigua casa Pinardi, que serv\u00edan de dormitorio a algunos muchachos. Hab\u00eda entre ellos un tal Segundo Gurgo, natural de Pettinengo, en la regi\u00f3n de Biella, que contaba unos diecisiete a\u00f1os, bien desarrollado y robusto, prototipo del joven lleno de salud, que ofrec\u00eda garant\u00edas por su aspecto de poder vivir larga vida y alcanzar una extrema vejez.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Su padre lo hab\u00eda recomendado a don Bosco para que lo aceptase como interno. Era un pianista excelente y un buen organista; estudiaba m\u00fasica de la ma\u00f1ana a la noche y ganaba sus buenos dineros dando clases en Tur\u00edn.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Don Bosco, a lo largo del a\u00f1o, hab\u00eda pedido de vez en cuando al cl\u00e9rigo Cagliero informes sobre la conducta de sus asistidos con particular inter\u00e9s. En el mes de octubre lo llam\u00f3 y le dijo:<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014 \u00bfD\u00f3nde duermes?<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014 En la \u00faltima habitaci\u00f3n, y desde ella asisto a las otras dos, replic\u00f3 Cagliero.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014 Y \u00bfno ser\u00eda mejor que trasladases tu cama a la habitaci\u00f3n del centro?<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014 Como usted quiera; pero le hago saber que las otras dos habitaciones no tienen humedad, mientras que una de las paredes de la segunda corresponde al muro del campanario de la iglesia recientemente construido. Por tanto, hay en ella un poco de humedad: se acerca el invierno y podr\u00eda acarrearme alguna enfermedad. Por otra parte, desde donde estoy instalado ahora, puedo asistir muy bien a todos los j\u00f3venes de mi dormitorio.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014 En cuanto a asistirlos, s\u00e9 que lo puedes hacer bien, pero creo que es mejor que te traslades a la habitaci\u00f3n del centro.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Cagliero obedeci\u00f3, pero despu\u00e9s de alg\u00fan tiempo pidi\u00f3 permiso a don Bosco para llevar su cama de nuevo a la habitaci\u00f3n anterior.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Don Bosco no se lo consinti\u00f3.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014 Contin\u00faa, le dijo, donde est\u00e1s y duerme tranquilo, porque tu salud no se resentir\u00e1 lo m\u00e1s m\u00ednimo.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El cl\u00e9rigo Cagliero se tranquiliz\u00f3, y algunos d\u00edas despu\u00e9s fue llamado por don Bosco.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014 \u00bfCu\u00e1ntos sois en tu nueva habitaci\u00f3n?<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014 Tres, respondi\u00f3; Garovaglia, el joven Segundo Gurgo y yo, m\u00e1s el piano que hace el n\u00famero cuatro.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014 Bien, dijo don Bosco, muy bien. Sois tres pianistas y Gurgo os podr\u00e1 dar lecciones de m\u00fasica. T\u00fa procura no perderlo de vista.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Y no a\u00f1adi\u00f3 nada m\u00e1s. El cl\u00e9rigo, acuciado por la curiosidad y sospechando algo, comenz\u00f3 a hacerle preguntas, pero don Bosco le interrumpi\u00f3 diciendo:<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014 El porqu\u00e9 de todo esto lo sabr\u00e1s a su tiempo.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El secreto no era otro, sino que en aquella habitaci\u00f3n estaba el joven de las veintid\u00f3s lunas.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; A principios de diciembre no hab\u00eda ning\u00fan enfermo en el Oratorio y don Bosco, subiendo a su tribuna despu\u00e9s de las oraciones de la noche, anunci\u00f3 que uno de los j\u00f3venes presentes morir\u00eda antes de la fiesta de Navidad.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Ante esta nueva predicci\u00f3n y el pr\u00f3ximo cumplimiento de las veintid\u00f3s lunas, reinaba en la casa gran preocupaci\u00f3n; los muchachos recordaban frecuentemente las palabras de don Bosco y tem\u00edan la realizaci\u00f3n de lo anunciado.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Don Bosco, por aquellos d\u00edas, llam\u00f3 nuevamente al cl\u00e9rigo Cagliero pregunt\u00e1ndole si Gurgo se portaba bien y si, despu\u00e9s de dar las clases de m\u00fasica en la ciudad, regresaba a casa temprano. Cagliero le respondi\u00f3 que todo proced\u00eda normalmente, no habiendo novedad alguna entre sus compa\u00f1eros.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014 Muy bien, a\u00f1adi\u00f3 el siervo de Dios, estoy contento; procura que todos observen buena conducta y av\u00edsame si sucediese cualquier inconveniente.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Y, dicho esto, no a\u00f1adi\u00f3 m\u00e1s.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Mas he aqu\u00ed que, hacia la mitad de diciembre, Gurgo se sinti\u00f3 asaltado por un c\u00f3lico violento y tan pernicioso que, habiendo sido llamado el m\u00e9dico con toda urgencia, por consejo de \u00e9ste, se le administraron al paciente los \u00faltimos sacramentos. Ocho d\u00edas dur\u00f3 la penosa enfermedad y Gurgo fue mejorando, gracias a los cuidados del doctor Debernardi, de forma que pronto pudo levantarse del lecho convaleciente. El mal hab\u00eda sido conjurado y el m\u00e9dico aseguraba que el joven se hab\u00eda librado de la muerte. Entre tanto, se hab\u00eda avisado al padre del muchacho, pues no habiendo muerto hasta entonces nadie en el Oratorio, don Bosco quer\u00eda librar a sus alumnos de tan desagradable espect\u00e1culo. La novena de Navidad hab\u00eda comenzado y Gurgo, casi curado, pensaba ir a su pueblo natal para pasar las pascuas con sus parientes. A pesar de ello, cuando se daban buenas noticias a don Bosco sobre este joven, parec\u00eda que el buen padre se resist\u00eda a creerlas.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Se person\u00f3 en el Oratorio el se\u00f1or Gurgo; al encontrar a su hijo en tan buen estado de salud, obtenido el permiso correspondiente, fue a reservar los asientos en la diligencia para marchar con \u00e9l al d\u00eda siguiente a Novara, y de all\u00ed a Pettinengo, donde se repondr\u00eda del todo, disfrutando de los aires nativos.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Era el domingo 23 de diciembre; Gurgo manifest\u00f3 aquella tarde deseos de comer un poco de carne, alimento que le hab\u00eda sido prohibido por el m\u00e9dico. El padre, por complacerlo, fue a comprarla y la hizo cocer en una cacerolita. El joven bebi\u00f3 el caldo y comi\u00f3 la carne, que ciertamente deb\u00eda estar medio cruda, en cantidad un poco excesiva. El padre se march\u00f3 y en la habitaci\u00f3n quedaron Cagliero y el enfermo. Mas he aqu\u00ed que, a cierta hora de la noche, el paciente comenz\u00f3 a quejarse de fuertes dolores de vientre. El c\u00f3lico se le hab\u00eda repetido de un modo m\u00e1s alarmante. Gurgo llam\u00f3 por su nombre al asistente:<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014 \u00a1Cagliero, Cagliero! \u00a1Ya termin\u00e9 de darte las clases de piano!<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014 Ten paciencia, \u00a1\u00e1nimo!, respondi\u00f3 Cagliero.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014 Ya no ir\u00e9 m\u00e1s a casa. Ruega por m\u00ed, no sabes lo mal que me siento. Pide por m\u00ed a la Sant\u00edsima Virgen.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014 S\u00ed, lo har\u00e9; inv\u00f3cala t\u00fa tambi\u00e9n.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Seguidamente Cagliero comenz\u00f3 a rezar por el enfermo, pero, vencido por el sue\u00f1o, se qued\u00f3 dormido. Mas he aqu\u00ed que, de pronto, el enfermero lo sacude e, indic\u00e1ndole a Gurgo, corre a llamar inmediatamente a don V\u00edctor Alasonatti, que dorm\u00eda en la habitaci\u00f3n contigua.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Lleg\u00f3 \u00e9ste, y al cabo de unos instantes Gurgo expiraba.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La desolaci\u00f3n en la casa fue general. Cagliero se encontr\u00f3 por la ma\u00f1ana a don Bosco, que bajaba las escaleras para ir a celebrar; el buen padre estaba hondamente apenado, porque ya le hab\u00edan comunicado la dolorosa noticia. En el Oratorio se coment\u00f3 mucho esta muerte. Era la luna vig\u00e9sima segunda a\u00fan no cumplida; y Gurgo, al morir el d\u00eda 24 de diciembre antes de la aurora, hab\u00eda hecho que se cumpliese la segunda predicci\u00f3n de don Bosco, a saber, que no habr\u00eda asistido a la fiesta de Navidad.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Despu\u00e9s de la comida, j\u00f3venes y cl\u00e9rigos rodearon silenciosos a don Bosco. De pronto el cl\u00e9rigo Juan Turchi le pregunt\u00f3 si Gurgo era el de las lunas.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014 S\u00ed, respondi\u00f3 don Bosco: \u00e9l era; el mismo que vi en el sue\u00f1o.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Seguidamente a\u00f1adi\u00f3:<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014 Os dar\u00edais cuenta de que yo, hace tiempo, lo puse a dormir en una habitaci\u00f3n especial, recomendando a uno de mis mejores asistentes que llevase su cama a la misma habitaci\u00f3n para que lo tuviese bajo su vigilancia. El asistente fue el cl\u00e9rigo Juan Cagliero.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Y volvi\u00e9ndose al aludido, le dijo:<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014 Otra vez no hagas tantas observaciones a lo que te diga don Bosco. \u00bfComprendes ahora por qu\u00e9 yo no quer\u00eda que abandonases la habitaci\u00f3n en la que estaba aquel pobrecito? T\u00fa me lo pediste insistentemente, pero yo no te lo conced\u00eda porque quer\u00eda que Gurgo tuviese junto a s\u00ed a alguien que velase por \u00e9l. Si \u00e9l viviese todav\u00eda, podr\u00eda dar testimonio de las muchas veces que le habl\u00e9, como quien no quiere la cosa, de la muerte, y de los cuidados que le prodigu\u00e9, para prepararlo a un feliz tr\u00e1nsito.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u00abEntonces, escribe monse\u00f1or Cagliero, comprend\u00ed el motivo de las especiales recomendaciones que me hizo don Bosco y aprend\u00ed a conocer y apreciar mejor la importancia de sus palabras y de sus paternales avisos\u00bb.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La noche anterior a la fiesta de Navidad, narra Pedro Enr\u00eda, a\u00fan recuerdo que don Bosco subi\u00f3 a la tribuna mirando a su alrededor como si buscase a alguien. Y dijo:<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014 Es el primer joven que muere en el Oratorio. Ha hecho las cosas bien y esperamos que est\u00e9 ya en el Para\u00edso. Os recomiendo a todos que est\u00e9is siempre preparados&#8230;<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Y no pudo proseguir porque su coraz\u00f3n estaba muy dolorido. La muerte le hab\u00eda arrebatado un hijo\u00bb.<br><em>(MB IT V, 377-383 \/ MB ES V, 272-277)<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Era un d\u00eda de fiesta del mes de marzo de 1854. 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