{"id":35242,"date":"2025-02-22T22:30:36","date_gmt":"2025-02-22T22:30:36","guid":{"rendered":"https:\/\/exciting-knuth.178-32-140-152.plesk.page\/?p=35242"},"modified":"2025-02-22T22:34:27","modified_gmt":"2025-02-22T22:34:27","slug":"vida-de-s-pedro-principe-de-los-apostoles","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/buena-prensa\/vida-de-s-pedro-principe-de-los-apostoles\/","title":{"rendered":"Vida de S. Pedro, pr\u00edncipe de los ap\u00f3stoles"},"content":{"rendered":"\n<p><em>El momento culminante del A\u00f1o Jubilar para cada creyente es el paso a trav\u00e9s de la Puerta Santa, un gesto altamente simb\u00f3lico que debe vivirse con profunda meditaci\u00f3n. No se trata de una simple visita para admirar la belleza arquitect\u00f3nica, escult\u00f3rica o pict\u00f3rica de una bas\u00edlica: los primeros cristianos no acud\u00edan a los lugares de culto por este motivo, tambi\u00e9n porque en aquella \u00e9poca no hab\u00eda mucho que admirar. Ellos llegaban, en cambio, para orar ante las reliquias de los santos ap\u00f3stoles y m\u00e1rtires, y para obtener la indulgencia gracias a su poderosa intercesi\u00f3n.<br>Acudir a las tumbas de los ap\u00f3stoles Pedro y Pablo sin conocer su vida no es un signo de aprecio. Por eso, en este A\u00f1o Jubilar, deseamos presentar los caminos de fe de estos dos gloriosos ap\u00f3stoles, tal como fueron narrados por San Juan Bosco.<br><\/em><br><br><strong>Vida de S. Pedro, pr\u00edncipe de los ap\u00f3stoles contada al pueblo por el sacerdote Juan Bosco<br><\/strong><br><em>Hombre de poca fe, \u00bfpor qu\u00e9 has dudado? (Mateo XIV, 31).<br><\/em><br><a href=\"#_Toc191157819\">PREFACIO<\/a><br><a href=\"#_Toc191157820\">CAP\u00cdTULO I. Patria y profesi\u00f3n de S. Pedro. \u2014 Su hermano Andr\u00e9s lo conduce a Jesucristo. <em>A\u00f1o 29 de Jesucristo<\/em><\/a><br><a href=\"#_Toc191157821\">CAP\u00cdTULO II. Pedro conduce en barco al Salvador \u2014 Pesca milagrosa. \u2014 Acoge a Jes\u00fas en su casa. \u2014 Milagros realizados. <em>A\u00f1o de Jesucristo 30.<\/em><\/a><br><a href=\"#_Toc191157822\">CAP\u00cdTULO III. S. Pedro, cabeza de los Ap\u00f3stoles, es enviado a predicar. \u2014 Camina sobre las olas. \u2014 Bella respuesta dada al Salvador. <em>A\u00f1o 31 de Jesucristo.<\/em><\/a><br><a href=\"#_Toc191157823\">CAP\u00cdTULO IV. Pedro confiesa por segunda vez a Jesucristo como hijo de Dios. \u2014 Es constituido jefe de la Iglesia, y se le prometen las llaves del reino de los Cielos. <em>A\u00f1o 32 de Jesucristo.<\/em><\/a><br><a href=\"#_Toc191157824\">CAP\u00cdTULO V. San Pedro disuade al divino Maestro de la pasi\u00f3n. \u2014 Va con \u00e9l al monte Tabor. <em>A\u00f1o de Jesucristo 32.<\/em><\/a><br><a href=\"#_Toc191157825\">CAP\u00cdTULO VI. Jes\u00fas, en presencia de Pedro, resucita a la hija de Jairo. \u2014 Paga el tributo por Pedro. \u2014 Ense\u00f1a a sus disc\u00edpulos en la humildad. <em>A\u00f1o de J. C. 32.<\/em><\/a><br><a href=\"#_Toc191157826\">CAP\u00cdTULO VII. Pedro habla con Jes\u00fas sobre el perd\u00f3n de las injurias y el desapego de las cosas terrenas. \u2014 Se niega a dejarse lavar los pies. \u2014 Su amistad con San Juan. <em>A\u00f1o de J. C. 33.<\/em><\/a><br><a href=\"#_Toc191157827\">CAP\u00cdTULO VIII. Jes\u00fas predice la negaci\u00f3n de Pedro y le asegura que no fallar\u00e1 su fe. \u2014 Pedro lo sigue en el huerto de Getseman\u00ed. \u2014 Corta la oreja a Malco. \u2014 Su ca\u00edda, su arrepentimiento. <em>A\u00f1o de J. C. 33.<\/em><\/a><br><a href=\"#_Toc191157828\">CAP\u00cdTULO IX. Pedro en el sepulcro del Salvador. \u2014 Jes\u00fas se le aparece. \u2014 En el lago de Tiber\u00edades da tres distintos signos de amor hacia Jes\u00fas que lo constituye efectivamente cabeza y pastor supremo de la Iglesia.<\/a><br><a href=\"#_Toc191157829\">CAP\u00cdTULO X. Infallibilidad de San Pedro y de sus sucesores.<\/a><br><a href=\"#_Toc191157830\">CAP\u00cdTULO XI. Jes\u00fas predice a S. Pedro la muerte en cruz. \u2014 Promete asistencia a la Iglesia hasta el fin del mundo. \u2014 Regreso de los Ap\u00f3stoles al cen\u00e1culo. <em>A\u00f1o de J. C. 33.<\/em><\/a><br><a href=\"#_Toc191157831\">CAP\u00cdTULO XII. San Pedro sustituye a Judas. \u2014 Venida del Esp\u00edritu Santo. \u2014 Milagro de las lenguas. <em>A\u00f1o de Jesucristo 33.<\/em><\/a><br><a href=\"#_Toc191157832\">CAP\u00cdTULO XIII. Primer serm\u00f3n de Pedro. <em>A\u00f1o de Jesucristo 33.<\/em><\/a><br><a href=\"#_Toc191157833\">CAP\u00cdTULO XIV. San Pedro sana a un cojo. \u2014 Su segundo serm\u00f3n. <em>A\u00f1o de Jesucristo 33.<\/em><\/a><br><a href=\"#_Toc191157834\">CAP\u00cdTULO XV. Pedro es encarcelado con Juan y es liberado.<\/a><br><a href=\"#_Toc191157835\">CAP\u00cdTULO XVI. Vida de los primeros Cristianos. \u2014 Hecho de Anan\u00edas y Safira. \u2014 Milagros de San Pedro. <em>A\u00f1o de Jesucristo 34.<\/em><\/a><br><a href=\"#_Toc191157836\">CAP\u00cdTULO XVII. San Pedro de nuevo encarcelado. \u2014 Es liberado por un \u00e1ngel. <em>A\u00f1o de Jesucristo 34.<\/em><\/a><br><a href=\"#_Toc191157837\">CAP\u00cdTULO XVIII. Elecci\u00f3n de los siete di\u00e1conos. \u2014 San Pedro resiste a la persecuci\u00f3n de Jerusal\u00e9n. \u2014 Va a Samaria. \u2014 Su primer enfrentamiento con Sim\u00f3n Mago. <em>A\u00f1o de Jesucristo 35.<\/em><\/a><br><a href=\"#_Toc191157838\">CAP\u00cdTULO XIX. San Pedro funda la c\u00e1tedra de Antioqu\u00eda; regresa a Jerusal\u00e9n. \u2014 Es visitado por San Pablo. <em>A\u00f1o de Jesucristo 36.<\/em><\/a><br><a href=\"#_Toc191157839\">CAP\u00cdTULO XX. San Pedro visita varias Iglesias. \u2014 Sana a Enea paral\u00edtico. \u2014 Resucita a la difunta Tabita. <em>A\u00f1o de Jesucristo 38<\/em>.<\/a><br><a href=\"#_Toc191157840\">CAP\u00cdTULO XXI. Dios revela a S. Pedro la vocaci\u00f3n de los Gentiles. \u2014 Va a Cesarea y bautiza a la familia de Cornelio Centuri\u00f3n. <em>A\u00f1o de J. C. 39<\/em>.<\/a><br><a href=\"#_Toc191157841\">CAP\u00cdTULO XXII. Herodes hace decapitar a S. Santiago el Mayor y poner a S. Pedro en prisi\u00f3n. \u2014 Pero es liberado por un \u00c1ngel. \u2014 Muerte de Herodes. <em>A\u00f1o de J. C. 41<\/em>.<\/a><br><a href=\"#_Toc191157842\">CAP\u00cdTULO XXIII. Pedro en Roma. \u2014 Traslada la c\u00e1tedra apost\u00f3lica. \u2014 Su primera carta. \u2014 Progreso del Evangelio. <em>A\u00f1o 42 de Jesucristo<\/em>.<\/a><br><a href=\"#_Toc191157843\">CAP\u00cdTULO XXIV. San Pedro en el concilio de Jerusal\u00e9n define una cuesti\u00f3n. \u2014 San Santiago confirma su juicio. <em>A\u00f1o de Jesucristo 50<\/em>.<\/a><br><a href=\"#_Toc191157844\">CAP\u00cdTULO XXV. San Pedro confiere a San Pablo y a San Bernab\u00e9 la plenitud del Apostolado. \u2014 Es avisado por San Pablo. \u2014 Regresa a Roma. <em>A\u00f1o de Jesucristo 54<\/em>.<\/a><br><a href=\"#_Toc191157845\">CAP\u00cdTULO XXVI. San Pedro hace resucitar a un muerto. <em>A\u00f1o de Jesucristo 66<\/em>.<\/a><br><a href=\"#_Toc191157846\">CAP\u00cdTULO XXVII. Vuelo. \u2014 Ca\u00edda. \u2014 Muerte desesperada de Sim\u00f3n Mago. <em>A\u00f1o de Jesucristo 67<\/em>.<\/a><br><a href=\"#_Toc191157847\">CAP\u00cdTULO XXVIII. Pedro es buscado para muerte. \u2014 Jes\u00fas se le aparece y le predice inminente el martirio. \u2014 Testamento del santo Ap\u00f3stol.<\/a><br><a href=\"#_Toc191157848\">CAP\u00cdTULO XXIX. San Pedro en prisi\u00f3n convierte a Proc\u00f3pio y Martiniano. \u2014 Su martirio. <em>A\u00f1o de la Era Com\u00fan 67<\/em>.<\/a><br><a href=\"#_Toc191157849\">CAP\u00cdTULO XXX. Sepulcro de San Pedro. \u2014 Atentado contra su cuerpo.<\/a><br><a href=\"#_Toc191157850\">CAP\u00cdTULO XXXI. Tumba y Bas\u00edlica de San Pedro en el Vaticano.<\/a><br><a href=\"#_Toc191157851\">AP\u00c9NDICE SOBRE LA VENIDA DE S. PEDRO A ROMA<\/a><br><br><br><a id=\"_Toc191157819\">PREFACIO<\/a><br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Cualquiera que deba entrar en un palacio cerrado y tomar posesi\u00f3n del mismo, es necesario que sea ayudado por quien tenga las llaves.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Desafortunado aquel que, encontr\u00e1ndose en una barca en alta mar, no est\u00e1 en las gracias del piloto. La oveja perdida, que est\u00e1 lejos de su pastor, no conoce su voz o no la escucha.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Querido lector; tu morada es el cielo, y debes aspirar a llegar a su posesi\u00f3n. Mientras vives aqu\u00ed abajo, est\u00e1s navegando en el azaroso mar del mundo, en peligro de chocar con los escollos, de naufragar y perderte en los abismos del error.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Como una oveja, est\u00e1s cada d\u00eda a punto de ser conducido a pastos nocivos, de extraviarte por barrancos y despe\u00f1aderos, y de caer incluso en las garras de los lobos rapaces, es decir, en las trampas de los enemigos de tu alma. \u00a1Ah! S\u00ed, necesitas hacerte propicio a aquel a quien fueron entregadas las llaves del cielo; es necesario que conf\u00edes tu vida al gran Piloto de la Nave de Cristo, al No\u00e9 del nuevo Testamento; debes unirte al Supremo Pastor de la Iglesia, que solo puede guiarte a los sanos pastos y conducirte a la vida.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Por tanto, el Portero del reino de los Cielos, gran Navegante y Pastor de los hombres es precisamente S. Pedro, pr\u00edncipe de los Ap\u00f3stoles, quien ejerce su poder en la persona del Sumo Pont\u00edfice su Sucesor. \u00c9l todav\u00eda abre y cierra, gobierna la Iglesia, gu\u00eda las almas a la salvaci\u00f3n.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; No te desanimes, por tanto, piadoso lector, al leer la breve vida que aqu\u00ed te presento; aprende a conocer qui\u00e9n es, a respetar su suprema autoridad de honor y de jurisdicci\u00f3n; aprende a reconocer la voz amorosa del Pastor y a escucharla. Porque quien est\u00e1 con Pedro, est\u00e1 con Dios, camina en la luz y corre hacia la vida; quien no est\u00e1 con Pedro, est\u00e1 contra Dios, va tambale\u00e1ndose en las tinieblas y precipita en la perdici\u00f3n. Donde est\u00e1 Pedro, all\u00ed est\u00e1 la vida; donde Pedro no est\u00e1, all\u00ed est\u00e1 la muerte.<br><br><a id=\"_Toc191157820\">CAP\u00cdTULO I. Patria y profesi\u00f3n de S. Pedro<\/a><a href=\"#_ftn1\" id=\"_ftnref1\"><strong>[1]<\/strong><\/a>. \u2014 Su hermano Andr\u00e9s lo conduce a Jesucristo. <em>A\u00f1o 29 de Jesucristo<\/em><em><br><\/em>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pedro era jud\u00edo de nacimiento y hijo de un pobre pescador llamado Jon\u00e1s o Juan, que habitaba en una ciudad de Galilea llamada Betsaida. Esta ciudad est\u00e1 situada en la orilla occidental del lago de Genesaret, com\u00fanmente llamado mar de Galilea o de Tiber\u00edades, que en realidad es un vasto lago de doce millas de longitud y seis de ancho.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Antes de que el Salvador le cambiara el nombre, Pedro se llamaba Sim\u00f3n. \u00c9l ejerc\u00eda el oficio de pescador, como su padre; ten\u00eda un temperamento robusto, ingenio vivo y alegre; era pronto en responder, pero de coraz\u00f3n bueno y lleno de gratitud hacia quienes lo beneficiaban.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Esta \u00edndole vivaz lo llevaba a menudo a los m\u00e1s c\u00e1lidos transportes de afecto hacia el Salvador, de quien tambi\u00e9n recibi\u00f3 no dudosos signos de predilecci\u00f3n. En ese tiempo, no siendo a\u00fan muy conocido el valor de la virginidad, Pedro tom\u00f3 esposa en la ciudad de Cafarna\u00fam, capital de Galilea, en la orilla occidental del Jord\u00e1n, que es un gran r\u00edo que divide Palestina de norte a sur.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Dado que Tiber\u00edades estaba situada donde el Jord\u00e1n desemboca en el mar de Galilea, y por lo tanto muy adecuada para la pesca, S. Pedro estableci\u00f3 en esta ciudad su residencia habitual y continu\u00f3 ejerciendo su oficio habitual. La bondad de su coraz\u00f3n muy dispuesto a la verdad, el empleo inocente de pescador y la asiduidad al trabajo contribuyeron mucho a que \u00e9l se conservara en el santo temor de Dios.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En ese tiempo, estaba difundido el pensamiento en la mente de todos de que era inminente la venida del Mes\u00edas; de hecho, algunos dec\u00edan que ya hab\u00eda nacido entre los jud\u00edos. Lo cual era motivo para que S. Pedro usara la m\u00e1xima diligencia para enterarse. Ten\u00eda un hermano mayor llamado Andr\u00e9s, quien, cautivado por las maravillas que se contaban sobre S. Juan Bautista, Precursor del Salvador, quiso hacerse su disc\u00edpulo, yendo a vivir la mayor parte del tiempo con \u00e9l en un \u00e1spero desierto.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La noticia, que se iba confirmando cada d\u00eda m\u00e1s, de que ya hab\u00eda nacido el Mes\u00edas, hac\u00eda que muchos acudieran a S. Juan, creyendo que \u00e9l mismo era el Redentor. Entre estos estaba S. Andr\u00e9s, hermano de Sim\u00f3n Pedro. Pero no pas\u00f3 mucho tiempo antes de que, instruido por Juan, llegara a conocer a Jesucristo y la primera vez que lo oy\u00f3 hablar fue tal su asombro que corri\u00f3 inmediatamente a dar la noticia a su hermano.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Apenas lo vio: \u201cSim\u00f3n,\u201d le dijo, \u201che encontrado al Mes\u00edas; ven conmigo a verlo.\u201d<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Sim\u00f3n, que ya hab\u00eda o\u00eddo contar algo, pero vagamente, parti\u00f3 de inmediato con su hermano y fue all\u00ed donde Andr\u00e9s hab\u00eda dejado a Jesucristo. Pedro, al dar un vistazo al Salvador, se sinti\u00f3 como arrebatado de amor. El divino Maestro, que hab\u00eda concebido altos designios sobre \u00e9l, lo mir\u00f3 con aire de bondad y, antes de que \u00e9l hablara, le mostr\u00f3 estar plenamente informado de su nombre, de su nacimiento, de su patria, diciendo: \u201cT\u00fa eres Sim\u00f3n, hijo de Juan, pero en adelante te llamar\u00e1s Cefas.\u201d Esta palabra significa piedra, de donde deriv\u00f3 el nombre de Pedro. Jes\u00fas comunica a Sim\u00f3n que ser\u00eda llamado Pedro, porque \u00e9l deb\u00eda ser esa piedra sobre la cual Jesucristo fundar\u00eda su Iglesia, como veremos a lo largo de esta vida.<br><br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En este primer coloquio, Pedro reconoci\u00f3 de inmediato que lo que le hab\u00eda contado su hermano era de gran lejos inferior a la realidad y, desde ese momento, se volvi\u00f3 muy afectuoso hacia Jesucristo, ni sab\u00eda vivir m\u00e1s lejos de \u00e9l. El divino Salvador, por otra parte, permiti\u00f3 a este nuevo disc\u00edpulo regresar a su oficio anterior porque quer\u00eda predisponerlo poco a poco al total abandono de las cosas terrenas, guiarlo a los m\u00e1s sublimes grados de la virtud y as\u00ed hacerlo capaz de comprender los otros misterios que le revelar\u00eda y hacerlo digno del gran poder con el que lo quer\u00eda investir.<br><br><a id=\"_Toc191157821\">CAP\u00cdTULO II. Pedro conduce en barco al Salvador \u2014 Pesca milagrosa. \u2014 Acoge a Jes\u00fas en su casa. \u2014 Milagros realizados. <em>A\u00f1o de Jesucristo 30.<\/em><\/a><em><br><\/em>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pedro continuaba, por tanto, ejerciendo su primera profesi\u00f3n; pero cada vez que el tiempo y las ocupaciones se lo permit\u00edan, iba con alegr\u00eda al divino Salvador, para o\u00edrlo razonar sobre las verdades de la fe y del reino de los cielos.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Un d\u00eda, caminando Jes\u00fas por la playa del mar de Tiber\u00edades, vio a los dos hermanos Pedro y Andr\u00e9s en acto de echar sus redes al agua. Llam\u00e1ndolos a s\u00ed, les dijo: \u201cVenid conmigo y, de pescadores de peces como sois, os har\u00e9 pescadores de hombres.\u201d Ellos prontamente obedecieron a las se\u00f1ales del Redentor y, abandonando sus redes, se convirtieron en fieles y constantes seguidores de \u00e9l. No lejos de all\u00ed hab\u00eda otra barca de pescadores, en la que se encontraba cierto Zebedeo con dos hijos, Santiago y Juan, que reparaban sus redes. Jes\u00fas llam\u00f3 tambi\u00e9n a estos dos hermanos. Pedro, Santiago y Juan son los tres disc\u00edpulos que tuvieron signos de especial benevolencia del Salvador y que, por su parte, se mostraron en cada encuentro fieles y leales.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Mientras tanto, el pueblo, habiendo sabido que el Salvador se encontraba all\u00ed, se agolpaba alrededor de \u00e9l para escuchar su divina palabra. Queriendo satisfacer el deseo de la multitud y al mismo tiempo ofrecer comodidad a todos para poder o\u00edrlo, no quiso predicar desde la orilla, sino desde una de las dos naves que estaban cerca de la ribera; y para dar a Pedro un nuevo testimonio de amor eligi\u00f3 su barca. Subi\u00f3 a bordo y, hecho subir tambi\u00e9n a Pedro, le mand\u00f3 que se alejara un poco de la orilla y, sent\u00e1ndose, comenz\u00f3 a instruir a esa devota asamblea. Terminada la pr\u00e9dica, orden\u00f3 a Pedro que condujera la nave mar adentro y que echara la red para recoger peces.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pedro hab\u00eda pasado toda la noche anterior pescando en ese mismo lugar y no hab\u00eda tomado nada; por lo tanto, volvi\u00e9ndose a Jes\u00fas: \u201cMaestro,\u201d le dijo, \u201cnos hemos fatigado toda la noche pescando y no hemos tomado ni un pez; sin embargo, a tu palabra, echar\u00e9 la red al mar.\u201d As\u00ed lo hizo por obediencia y, contra toda expectativa, la pesca fue tan copiosa y la red tan llena de grandes peces que, al intentar sacarla del agua, estaba a punto de rasgarse. Pedro, no pudiendo solo sostener el gran peso de la red, pidi\u00f3 ayuda a Santiago y Juan, que estaban en la otra nave, y estos vinieron a ayudarlo. De acuerdo y con esfuerzo, sacaron la red, vertieron los peces en las naves, las cuales quedaron ambas tan llenas que amenazaban con hundirse.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pedro, que comenzaba a vislumbrar algo de lo sobrenatural en la persona del Salvador, reconoci\u00f3 de inmediato que eso era un prodigio y, lleno de asombro, consider\u00e1ndose indigno de estar con \u00e9l en la misma barca, humillado y confundido, se arroj\u00f3 a sus pies diciendo: \u201cSe\u00f1or, soy un miserable pecador, por lo tanto te ruego que te alejes de m\u00ed.\u201d Casi a decir: \u201c\u00a1Oh! Se\u00f1or, no soy digno de estar en tu presencia.\u201d Admirando, dice San Ambrosio, los dones de Dios, tanto m\u00e1s merec\u00eda cuanto menos de s\u00ed presum\u00eda<a href=\"#_ftn2\" id=\"_ftnref2\">[2]<\/a>.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Jes\u00fas agrad\u00f3 la simplicidad de Pedro y la humildad de su coraz\u00f3n y, queriendo que \u00e9l abriera el alma a mejores esperanzas, para confortarlo le dijo: \u201cDeja todo temor; de ahora en adelante no ser\u00e1s pescador de peces, sino que ser\u00e1s pescador de hombres.\u201d A estas palabras, Pedro tom\u00f3 valor y, casi transformado en otro hombre, condujo la nave a la orilla, abandon\u00f3 todo y se hizo compa\u00f1ero indivisible del Redentor.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; As\u00ed como Jesucristo, hablando, dirigi\u00f3 el camino hacia la ciudad de Cafarna\u00fam, as\u00ed Pedro fue con \u00e9l. All\u00ed entraron ambos en la Sinagoga y el Ap\u00f3stol escuch\u00f3 la pr\u00e9dica que aqu\u00ed hizo el Se\u00f1or y fue testigo de la milagrosa curaci\u00f3n de un endemoniado.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; De la Sinagoga, Jes\u00fas fue a la casa de Pedro donde su suegra estaba atormentada por una grav\u00edsima fiebre. Junto con Andr\u00e9s, Santiago y Juan, \u00e9l rog\u00f3 a Jes\u00fas que se complaciera en liberar a esa mujer del mal que la oprim\u00eda. El divino Salvador escuch\u00f3 sus oraciones y, acerc\u00e1ndose a la cama de la enferma, la tom\u00f3 de la mano, la levant\u00f3 y en ese instante la fiebre desapareci\u00f3. La mujer se encontr\u00f3 tan perfectamente curada que pudo levantarse de inmediato y preparar el almuerzo para Jes\u00fas y toda su comitiva. La fama de tales milagros atrajo a la casa de Pedro a muchos enfermos junto con una multitud innumerable, de modo que toda la ciudad parec\u00eda reunida all\u00ed. Jes\u00fas devolvi\u00f3 la salud a cuantos eran llevados a \u00e9l; y todos, llenos de alegr\u00eda, se marchaban alabando y bendiciendo al Se\u00f1or.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Los santos Padres en la nave de Pedro reconocen la Iglesia, de la cual es cabeza Jesucristo, en lugar del cual Pedro deb\u00eda ser el primero en hacer sus veces, y despu\u00e9s de \u00e9l todos los Papas sus sucesores. Las palabras dichas a Pedro: \u201cConduce la nave mar adentro,\u201d y las otras dichas a \u00e9l y a sus Ap\u00f3stoles: \u201cEchad vuestras redes para pescar,\u201d contienen tambi\u00e9n un noble significado. A todos los Ap\u00f3stoles, dice S. Ambrosio, les manda echar las redes en las olas; porque todos los Ap\u00f3stoles y todos los pastores est\u00e1n obligados a predicar la divina palabra y a custodiar en la nave, o sea en la Iglesia, aquellas almas que se ganar\u00e1n en su predicaci\u00f3n. Solo a Pedro se le ordena conducir la nave mar adentro, porque \u00e9l, a preferencia de todos, es hecho part\u00edcipe de la profundidad de los divinos misterios y solo recibe de Cristo la autoridad de desatar las dificultades que puedan surgir en cosas de fe y de moral. As\u00ed, en la venida de los otros ap\u00f3stoles a su nave, se reconoce la colaboraci\u00f3n de los otros pastores, quienes, uni\u00e9ndose a Pedro, deben ayudarlo a propagar y conservar la fe en el mundo y ganar almas para Cristo<a href=\"#_ftn3\" id=\"_ftnref3\">[3]<\/a>.<br><br><a id=\"_Toc191157822\">CAP\u00cdTULO III. S. Pedro, cabeza de los Ap\u00f3stoles, es enviado a predicar. \u2014 Camina sobre las olas. \u2014 Bella respuesta dada al Salvador. <em>A\u00f1o 31 de Jesucristo.<\/em><\/a><em><br><\/em>Parti\u00f3 Jes\u00fas de la casa de Pedro, se encamin\u00f3 hacia la soledad, sobre un monte, para orar. Pedro y los otros disc\u00edpulos, que en ese momento hab\u00edan crecido en buen n\u00famero, lo siguieron; pero, al llegar al lugar establecido, Jes\u00fas les orden\u00f3 que se detuvieran y, todo solo, se retir\u00f3 a un lugar apartado. Al amanecer, regres\u00f3 a los disc\u00edpulos. En esa ocasi\u00f3n, el divino Maestro eligi\u00f3 a doce disc\u00edpulos, a quienes dio el nombre de Ap\u00f3stoles, que significa enviados, ya que los Ap\u00f3stoles estaban verdaderamente enviados a predicar el Evangelio, por entonces solo en los pa\u00edses de Judea; luego en todo el mundo. Entre estos doce, destin\u00f3 a San Pedro a ocupar el primer lugar y a ser el jefe, para que, como dice San Jer\u00f3nimo, al establecer un superior entre ellos, se eliminara toda ocasi\u00f3n de discordia y cisma. <em>Ut capite constituto schismatis tolleretur occasio<a href=\"#_ftn4\" id=\"_ftnref4\"><strong>[4]<\/strong><\/a><\/em>.<br><br>Los nuevos predicadores iban con todo celo a anunciar el Evangelio, predicando por todas partes la venida del Mes\u00edas y confirmando sus palabras con luminosos milagros. Luego regresaban al divino Maestro, como para rendir cuentas de lo que hab\u00edan hecho. \u00c9l los recib\u00eda con bondad y sol\u00eda entonces ir \u00e9l mismo a aquel lugar donde los Ap\u00f3stoles hab\u00edan predicado. Sucedi\u00f3 un d\u00eda que las multitudes, llevadas por la admiraci\u00f3n y el entusiasmo, quer\u00edan hacerlo rey; pero \u00e9l, ordenando a los Ap\u00f3stoles que hicieran el trayecto a la orilla opuesta del lago, se alej\u00f3 de aquella buena gente y se fue a esconderse en el desierto. Los Ap\u00f3stoles, seg\u00fan las \u00f3rdenes del Maestro, subieron a la barca para cruzar el lago. Ya se avanzaba la noche y estaban a punto de llegar a la orilla, cuando se levant\u00f3 una tempestad tan terrible que la nave, agitada por las olas y el viento, estaba a punto de hundirse.<br><br>En medio de aquella tempestad, no se imaginaban que pudieran ver a Jesucristo, a quien hab\u00edan dejado en la orilla opuesta del lago. Pero cu\u00e1l no fue su sorpresa cuando lo vieron a poca distancia caminando sobre las aguas, con paso firme y r\u00e1pido, y avanzando hacia ellos. Al verlo, todos se asustaron, temiendo que fuera alg\u00fan espectro o fantasma, y comenzaron a gritar. Entonces Jes\u00fas hizo o\u00edr su voz y los anim\u00f3 diciendo: \u00abSoy yo, tened fe, no tem\u00e1is.\u00bb<br><br>A esas palabras, ninguno de los Ap\u00f3stoles se atrevi\u00f3 a hablar; solo Pedro, por el \u00edmpetu de su amor hacia Jes\u00fas y para asegurarse de que no era una ilusi\u00f3n, dijo: \u201cSe\u00f1or, si realmente eres t\u00fa, manda que yo venga a ti caminando sobre las aguas.\u201d El Divino Salvador dijo que s\u00ed; y Pedro, lleno de confianza, salt\u00f3 fuera de la nave y comenz\u00f3 a caminar sobre las olas, como se har\u00eda sobre un pavimento. Pero Jes\u00fas, que quer\u00eda probar su fe y hacerla m\u00e1s perfecta, permiti\u00f3 de nuevo que se levantara un viento impetuoso, el cual, agitando las olas, amenazaba con hundir a Pedro. Al ver sus pies hundirse en el agua, se asust\u00f3 y comenz\u00f3 a gritar: \u201cMaestro, Maestro, ay\u00fadame, de lo contrario estoy perdido.\u201d Entonces Jes\u00fas lo reprendi\u00f3 por la debilidad de su fe con estas palabras: \u201cHombre de poca fe, \u00bfpor qu\u00e9 dudaste?\u201d As\u00ed diciendo, caminaron ambos juntos sobre las olas hasta que, al entrar en la barca, ces\u00f3 el viento y se calm\u00f3 la tempestad. En este hecho, los santos Padres ven los peligros en los que a veces se encuentra el Jefe de la Iglesia y la pronta ayuda que le brinda Jesucristo, su Jefe invisible, que permite las persecuciones, pero siempre le da la victoria.<br><br>Alg\u00fan tiempo despu\u00e9s, el Divino Salvador regres\u00f3 a la ciudad de Cafarna\u00fam con los Ap\u00f3stoles, seguido de una gran multitud. Mientras se deten\u00eda en esta ciudad, muchos se agolpaban a su alrededor, pidi\u00e9ndole que les ense\u00f1ara cu\u00e1les eran las obras absolutamente necesarias para salvarse. Jes\u00fas se dispuso a instruirlos sobre su celeste doctrina, el misterio de su Encarnaci\u00f3n, el Sacramento de la Eucarist\u00eda. Pero como esas ense\u00f1anzas tend\u00edan a desarraigar la soberbia del coraz\u00f3n de los hombres, a engendrar en ellos la humildad oblig\u00e1ndolos a creer en alt\u00edsimos misterios y especialmente en el misterio de los misterios, la divina Eucarist\u00eda, as\u00ed sus oyentes, considerando esos discursos demasiado r\u00edgidos y severos, se ofendieron y la mayor\u00eda lo abandon\u00f3.<br><br>Jes\u00fas, al verse abandonado casi por todos, se dirigi\u00f3 a los Ap\u00f3stoles y dijo: \u201c\u00bfVeis c\u00f3mo muchos se van? \u00bfQuer\u00e9is tambi\u00e9n iros vosotros?\u201d A esta repentina interrogaci\u00f3n, todos guardaron silencio. Solo Pedro, como jefe y en nombre de todos, respondi\u00f3: \u201cSe\u00f1or, \u00bfa qui\u00e9n iremos? T\u00fa tienes palabras de vida eterna; hemos cre\u00eddo y conocido que t\u00fa eres el Cristo, hijo de Dios.\u201d San Cirilo reflexiona que esta interrogaci\u00f3n fue hecha por Jesucristo con el fin de estimularlos a confesar la verdadera fe, como de hecho ocurri\u00f3 por boca de Pedro. Qu\u00e9 diferencia entre la respuesta de nuestro Ap\u00f3stol y las murmuraciones de ciertos cristianos que encuentran dura y severa la santa ley del Evangelio, porque no se acomoda a sus pasiones (Ciril. in Ioann. lib. 4).<br><br><a id=\"_Toc191157823\">CAP\u00cdTULO IV. Pedro confiesa por segunda vez a Jesucristo como hijo de Dios. \u2014 Es constituido jefe de la Iglesia, y se le prometen las llaves del reino de los Cielos. <em>A\u00f1o 32 de Jesucristo.<\/em><\/a><em><br><\/em>En varias ocasiones, el divino Salvador hab\u00eda hecho evidentes los planes particulares que ten\u00eda sobre la persona de Pedro; pero a\u00fan no se hab\u00eda expresado tan claramente, como veremos en el siguiente hecho, que se puede decir el m\u00e1s memorable de la vida de este gran Ap\u00f3stol. Desde la ciudad de Cafarna\u00fam, Jes\u00fas hab\u00eda ido a los alrededores de Ces\u00e1rea de Filipo, ciudad no muy distante del r\u00edo Jord\u00e1n. All\u00ed un d\u00eda, despu\u00e9s de haber orado, Jes\u00fas se volvi\u00f3 de repente a sus disc\u00edpulos, que hab\u00edan regresado de la predicaci\u00f3n, y haciendo se\u00f1as para que se acercaran a \u00e9l, comenz\u00f3 a interrogarles as\u00ed: \u201c\u00bfQui\u00e9n dicen los hombres que soy yo?\u201d \u201cAlgunos dicen,\u201d respondi\u00f3 uno de los Ap\u00f3stoles, \u201cque t\u00fa eres el profeta El\u00edas.\u201d \u201cA m\u00ed me han dicho,\u201d a\u00f1adi\u00f3 otro, \u201cque t\u00fa eres el profeta Jerem\u00edas, o Juan Bautista, o alguno de los antiguos profetas resucitados.\u201d Pedro no pronunci\u00f3 palabra. Retom\u00f3 Jes\u00fas: \u201cPero vosotros, \u00bfqui\u00e9n dec\u00eds que soy yo?\u201d Pedro entonces se adelant\u00f3 y en nombre de los otros Ap\u00f3stoles respondi\u00f3: \u201cT\u00fa eres el Cristo, hijo del Dios vivo.\u201d Entonces Jes\u00fas: \u201cBienaventurado eres, Sim\u00f3n, hijo de Juan, porque no te lo revelaron los hombres, sino mi Padre que est\u00e1 en los cielos. De ahora en adelante no te llamar\u00e1s m\u00e1s Sim\u00f3n, sino Pedro, y sobre esta piedra edificar\u00e9 mi Iglesia, y las puertas del infierno no la podr\u00e1n vencer. Te dar\u00e9 las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra, ser\u00e1 atado tambi\u00e9n en el cielo, y lo que desates en la tierra, ser\u00e1 desatado tambi\u00e9n en el cielo.<a href=\"#_ftn5\" id=\"_ftnref5\">[5]<\/a>\u201d<br><br>Este hecho y estas palabras merecen ser un poco explicados, para que sean bien comprendidos. Pedro guard\u00f3 silencio mientras Jes\u00fas solo demostraba querer saber lo que dec\u00edan los hombres sobre su persona; cuando luego el divino Salvador invit\u00f3 a los Ap\u00f3stoles a expresar su propio sentimiento, inmediatamente Pedro en nombre de todos habl\u00f3, porque \u00e9l ya gozaba de una primac\u00eda, o sea, superioridad, sobre sus otros compa\u00f1eros.<br>Pedro, divinamente inspirado, dice: \u201cT\u00fa eres el Cristo,\u201d y era lo mismo que decir: \u201cT\u00fa eres el Mes\u00edas prometido por Dios venido a salvar a los hombres; eres hijo del Dios vivo,\u201d para significar que Jesucristo no era hijo de Dios como las divinidades de los id\u00f3latras, hechas por las manos y el capricho de los hombres, sino hijo del Dios vivo y verdadero, es decir, hijo del Padre eterno, por lo tanto, con \u00c9l creador y supremo due\u00f1o de todas las cosas; con esto ven\u00eda a confesarlo como la segunda persona de la Sant\u00edsima Trinidad. Jes\u00fas, casi para compensarlo por su fe, lo llama Bienaventurado, y al mismo tiempo le cambia el nombre de Sim\u00f3n por el de Pedro; claro signo de que quer\u00eda elevarlo a una gran dignidad. As\u00ed hab\u00eda hecho Dios con Abraham, cuando lo estableci\u00f3 padre de todos los creyentes; as\u00ed con Sara cuando le prometi\u00f3 el prodigioso nacimiento de un hijo; as\u00ed con Jacob cuando lo llam\u00f3 Israel y le asegur\u00f3 que de su descendencia nacer\u00eda el Mes\u00edas.<br><br>Jes\u00fas dijo: \u201cSobre esta piedra edificar\u00e9 mi Iglesia;\u201d estas palabras quieren decir: t\u00fa, oh Pedro, ser\u00e1s en la Iglesia lo que en una casa es el fundamento. El fundamento es la parte principal de la casa, del todo indispensable; t\u00fa, oh Pedro, ser\u00e1s el fundamento, es decir, la suprema autoridad en mi Iglesia. Sobre el fundamento se edifica toda la casa, para que, sosteni\u00e9ndose, dure firme e inm\u00f3vil. Sobre ti, que yo llamo Pedro, como sobre una roca o piedra firm\u00edsima, por mi virtud omnipotente yo elevo el eterno edificio de mi Iglesia, la cual, apoyada sobre ti, estar\u00e1 fuerte e invicta contra todos los asaltos de sus enemigos. No hay casa sin fundamento, no hay Iglesia sin Pedro. Una casa sin fundamento no es obra de un arquitecto sabio; una Iglesia separada de Pedro nunca podr\u00e1 ser mi Iglesia. En las casas, las partes que no apoyan sobre el fundamento caen y se destruyen; en mi Iglesia, quienquiera que se separe de Pedro precipita en el error y se pierde.<br><br>\u201cLas puertas del infierno nunca vencer\u00e1n mi Iglesia.\u201d Las puertas del infierno, como explican los Santos Padres, significan las herej\u00edas, los herejes, las persecuciones, los esc\u00e1ndalos p\u00fablicos y los des\u00f3rdenes que el demonio intenta suscitar contra la Iglesia. Todas estas potencias infernales podr\u00e1n, ya sea separadamente o unidas, hacer dura guerra a la Iglesia y perturbar su esp\u00edritu pac\u00edfico, pero nunca podr\u00e1n vencerla.<br><br>Finalmente dice Cristo: \u201cY te dar\u00e9 las llaves del reino de los cielos.\u201d Las llaves son el s\u00edmbolo de la potestad. Cuando el vendedor de una casa entrega las llaves al comprador, se entiende que le da pleno y absoluto posesi\u00f3n. Igualmente, cuando se presentan las llaves de una ciudad a un Rey, se quiere significar que esa ciudad lo reconoce como su se\u00f1or. As\u00ed, las llaves del reino de los cielos, es decir, de la Iglesia, dadas a Pedro, demuestran que \u00e9l es hecho due\u00f1o, pr\u00edncipe y gobernador de la Iglesia. Por eso Jesucristo a\u00f1ade a Pedro: \u201cTodo lo que ates en la tierra ser\u00e1 atado tambi\u00e9n en los cielos, y todo lo que desates en la tierra ser\u00e1 desatado tambi\u00e9n en el cielo.\u201d Estas palabras indican manifiestamente la autoridad suprema dada a Pedro; autoridad de atar la conciencia de los hombres con decretos y leyes en orden a su bien espiritual y eterno, y la autoridad de desatarlos de los pecados y de las penas que impiden el mismo bien espiritual y eterno.<br><br>Es bueno aqu\u00ed notar que el verdadero Jefe supremo de la Iglesia es Jesucristo su fundador; San Pedro luego ejerce su suprema autoridad haciendo las funciones, es decir, las veces, de \u00e9l en la tierra. Jesucristo hizo con Pedro, como precisamente hacen los Reyes de este mundo, cuando dan plenos poderes a alg\u00fan ministro suyo con orden de que todo deba depender de \u00e9l. As\u00ed el Rey Fara\u00f3n dio tal poder a Jos\u00e9 que nadie pod\u00eda mover ni mano ni pie sin su permiso<a href=\"#_ftn6\" id=\"_ftnref6\">[6]<\/a>.<br><br>Tambi\u00e9n se debe notar que los otros Ap\u00f3stoles recibieron de Jesucristo la facultad de desatar y atar<a href=\"#_ftn7\" id=\"_ftnref7\">[7]<\/a>, pero esta facultad les fue dada despu\u00e9s de que San Pedro la hab\u00eda recibido solo, para indicar que \u00e9l solo era el jefe destinado a conservar la unidad de fe y de moral. Los otros Ap\u00f3stoles luego, y todos los obispos sus sucesores, deb\u00edan estar siempre dependientes de Pedro y de los Papas sus sucesores, con el fin de estar unidos a Jesucristo, que desde el cielo asiste a su Vicario y a toda la Iglesia hasta el fin de los siglos. Pedro recibi\u00f3 la facultad de desatar y atar junto con los otros Ap\u00f3stoles, y as\u00ed \u00e9l y sus sucesores son iguales a los Ap\u00f3stoles y a los Obispos; luego la recibi\u00f3 solo, y por lo tanto Pedro y los Papas sus sucesores son los Jefes supremos de toda la Iglesia; no solo de los simples fieles, sino de todos los Sacerdotes y Obispos. Son obispos y pastores de Roma, y papas y pastores de toda la Iglesia.<br><br>Con el hecho que hemos expuesto, el divino Salvador promete querer constituir a San Pedro como jefe supremo de su Iglesia, y le explica la grandeza de su autoridad. Veremos el cumplimiento de esta promesa despu\u00e9s de la resurrecci\u00f3n de Jesucristo.<br><br><a id=\"_Toc191157824\">CAP\u00cdTULO V. San Pedro disuade al divino Maestro de la pasi\u00f3n. \u2014 Va con \u00e9l al monte Tabor. <em>A\u00f1o de Jesucristo 32.<\/em><\/a><em><br><\/em>El divino Redentor, despu\u00e9s de haber hecho conocer a sus disc\u00edpulos c\u00f3mo \u00e9l edificaba su Iglesia sobre bases estables, inquebrantables y eternas, quiso darles una ense\u00f1anza para que comprendieran bien que \u00e9l no fundaba su reino, es decir, su Iglesia, con riquezas o magnificencia mundana, sino con la humildad, con los sufrimientos. Con este prop\u00f3sito, por lo tanto, manifest\u00f3 a San Pedro y a todos sus disc\u00edpulos la larga serie de sufrimientos y la muerte abominable que los jud\u00edos deb\u00edan hacerle sufrir en Jerusal\u00e9n. Pedro, por el gran amor que sent\u00eda hacia su divino Maestro, se horroriz\u00f3 al o\u00edr los males a los que iba a estar expuesta su sagrada persona, y transportado por el afecto que un tierno hijo tiene por su padre, lo llev\u00f3 a un lado y comenz\u00f3 a persuadirlo para que se alejara de Jerusal\u00e9n para evitar esos males y concluy\u00f3: \u201cLejos de ti, Se\u00f1or, estos males.\u201d Jes\u00fas lo reprendi\u00f3 por su afecto demasiado sensible dici\u00e9ndole: \u201cAp\u00e1rtate de m\u00ed, oh adversario, este tu hablar me da esc\u00e1ndalo: no sabes a\u00fan gustar las cosas de Dios, sino solamente las cosas humanas.\u201d \u201cHe aqu\u00ed,\u201d dice San Agust\u00edn, \u201cel mismo Pedro que poco antes lo hab\u00eda confesado como hijo de Dios, aqu\u00ed teme que \u00e9l muera como hijo del hombre.\u201d<br>En el acto en que el Redentor manifest\u00f3 los maltratos que deb\u00eda sufrir a manos de los jud\u00edos, prometi\u00f3 que algunos de los Ap\u00f3stoles, antes de que \u00e9l muriera, disfrutar\u00edan de un anticipo de su gloria, y esto para confirmarlos en la fe y para que no se dejaran abatir cuando lo vieran expuesto a las humillaciones de la pasi\u00f3n. Por lo tanto, algunos d\u00edas despu\u00e9s, Jes\u00fas eligi\u00f3 a tres Ap\u00f3stoles: Pedro, Santiago y Juan, y los llev\u00f3 a un monte llamado com\u00fanmente Tabor. En presencia de estos tres disc\u00edpulos, \u00c9l se transfigur\u00f3, es decir, dej\u00f3 traslucir un rayo de su divinidad alrededor de su sacrosanta persona. En ese mismo momento, una luz resplandeciente lo rode\u00f3 y su rostro se volvi\u00f3 similar al resplandor del sol, y sus vestiduras blancas como la nieve. Pedro, al llegar al monte, quiz\u00e1s cansado del viaje, se hab\u00eda puesto a dormir con los otros dos; pero todos en ese momento, despert\u00e1ndose, vieron la gloria de su Divino Maestro. Al mismo tiempo, tambi\u00e9n aparecieron presentes Mois\u00e9s y El\u00edas. Al ver resplandeciente al Salvador, a la aparici\u00f3n de esos dos personajes y de ese inusual esplendor, Pedro, at\u00f3nito, quer\u00eda hablar y no sab\u00eda qu\u00e9 decir; y casi fuera de s\u00ed, considerando como nada toda grandeza humana en comparaci\u00f3n con ese anticipo del para\u00edso, sinti\u00f3 arder de deseo de permanecer siempre all\u00ed junto a su Maestro. Entonces, dirigi\u00e9ndose a Jes\u00fas, dijo: \u201cOh Se\u00f1or, cu\u00e1n bueno es estar aqu\u00ed: si as\u00ed les parece, hagamos aqu\u00ed tres pabellones, uno para ti, uno para Mois\u00e9s y otro para El\u00edas.\u201d Pedro, como nos atestigua el Evangelio, estaba fuera de s\u00ed y hablaba sin saber lo que dec\u00eda. Era un arrebato de amor por su Maestro y un vivo deseo de felicidad. \u00c9l a\u00fan hablaba cuando, desaparecidos Mois\u00e9s y El\u00edas, sobrevino una nube maravillosa que envolvi\u00f3 a los tres Ap\u00f3stoles. En ese momento, del medio de esa nube, se oy\u00f3 una voz que dec\u00eda: \u201cEste es mi hijo amado, en quien tengo complacencia, escuchadle.\u201d Entonces los tres Ap\u00f3stoles, cada vez m\u00e1s aterrados, cayeron a tierra como muertos; pero el Redentor, acerc\u00e1ndose, los toc\u00f3 con la mano y, d\u00e1ndoles \u00e1nimo, los levant\u00f3. Alzando los ojos, no vieron m\u00e1s ni a Mois\u00e9s ni a El\u00edas; solo estaba Jes\u00fas en su estado natural. Jes\u00fas les mand\u00f3 que no manifestaran a nadie esa visi\u00f3n, sino despu\u00e9s de su muerte y resurrecci\u00f3n<a href=\"#_ftn8\" id=\"_ftnref8\">[8]<\/a>. Despu\u00e9s de tal hecho, esos tres disc\u00edpulos crecieron desmesuradamente en amor hacia Jes\u00fas. San Juan Damasceno explica por qu\u00e9 Jes\u00fas eligi\u00f3 preferentemente a estos tres Ap\u00f3stoles, y dice que Pedro, habiendo sido el primero en dar testimonio de la divinidad del Salvador, merec\u00eda ser tambi\u00e9n el primero en poder contemplar de manera sensible su humanidad glorificada; Santiago tuvo tambi\u00e9n tal privilegio porque deb\u00eda ser el primero en seguir a su Maestro con el martirio; San Juan ten\u00eda el m\u00e9rito virginal que lo hizo digno de este honor<a href=\"#_ftn9\" id=\"_ftnref9\">[9]<\/a>.<br>La Iglesia cat\u00f3lica celebra el venerable acontecimiento de la transfiguraci\u00f3n del Salvador en el monte Tabor el d\u00eda seis de agosto.<br><br><a id=\"_Toc191157825\">CAP\u00cdTULO VI. Jes\u00fas, en presencia de Pedro, resucita a la hija de Jairo. \u2014 Paga el tributo por Pedro. \u2014 Ense\u00f1a a sus disc\u00edpulos en la humildad. <em>A\u00f1o de J. C. 32.<\/em><\/a><em><br><\/em>Mientras tanto, se acercaba el tiempo en que la fe de Pedro deb\u00eda ser puesta a prueba. Por lo tanto, el divino Maestro, para inflamarlo cada vez m\u00e1s de amor por \u00e9l, a menudo le daba nuevos signos de afecto y bondad. Habiendo Jes\u00fas venido a una parte de Palestina llamada tierra de los gerasenos, se le present\u00f3 un pr\u00edncipe de la sinagoga llamado Jairo, pidi\u00e9ndole que quisiera devolver la vida a su \u00fanica hija de 12 a\u00f1os, que hab\u00eda muerto poco antes. Jes\u00fas quiso escuchar su s\u00faplica; pero al llegar a su casa prohibi\u00f3 a todos entrar, y solo llev\u00f3 consigo a Pedro, Santiago y Juan, para que fueran testigos de ese milagro.<br>Al d\u00eda siguiente, Jes\u00fas, apart\u00e1ndose un poco de los otros disc\u00edpulos, entraba con Pedro en la ciudad de Cafarna\u00fam para ir a su casa. A la puerta de la ciudad, los recaudadores, es decir, aquellos que el gobierno hab\u00eda puesto para la recaudaci\u00f3n de tributos e impuestos, apartaron a Pedro y le dijeron: \u201c\u00bfTu Maestro paga el tributo?\u201d \u201cCiertamente que s\u00ed,\u201d respondi\u00f3 Pedro. Dicho esto, entr\u00f3 en casa, donde el Se\u00f1or lo hab\u00eda precedido. Al verlo, el Salvador, a quien todo era manifiesto, lo llam\u00f3 y le dijo: \u201cDime, oh Pedro, \u00bfqui\u00e9nes son los que pagan el tributo? \u00bfSon los hijos del rey, o los extra\u00f1os de la familia real?\u201d Pedro respondi\u00f3: \u201cSon los extra\u00f1os.\u201d \u201cEntonces,\u201d continu\u00f3 Jes\u00fas, \u201clos hijos del rey est\u00e1n exentos de todo tributo.\u201d Lo que quer\u00eda decir: \u201cPor lo tanto, yo que soy, como t\u00fa mismo has declarado, el Hijo de Dios vivo, no estoy obligado a pagar nada a los pr\u00edncipes de la tierra; sin embargo, esta buena gente no me conoce como t\u00fa, y podr\u00eda escandalizarse; por lo tanto, tengo la intenci\u00f3n de pagar el tributo. Ve al mar, echa la red, y en la boca del primer pez que pesques encontrar\u00e1s la moneda para pagar el tributo por m\u00ed y por ti.\u201d El Ap\u00f3stol cumpli\u00f3 lo que se le hab\u00eda mandado, y despu\u00e9s de un breve intervalo de tiempo regres\u00f3 lleno de asombro con la moneda que le hab\u00eda indicado el Salvador; y el tributo fue pagado.<br>Los Santos Padres admiraron dos cosas en este hecho: la humildad y mansedumbre de Jes\u00fas, que se somete a las leyes de los hombres, y el honor que se dign\u00f3 hacer al Ap\u00f3stol Pedro, igual\u00e1ndolo a s\u00ed mismo y mostr\u00e1ndolo abiertamente como su Vicario.<br>Los otros Ap\u00f3stoles, al saber la preferencia hecha a Pedro, siendo a\u00fan muy imperfectos en virtud, sintieron envidia; por lo tanto, iban entre ellos discutiendo qui\u00e9n de ellos era el mayor. Jes\u00fas, que poco a poco quer\u00eda corregirlos de sus defectos, cuando llegaron a su presencia les hizo conocer c\u00f3mo las grandezas del cielo son muy diferentes de las de la tierra, y que aquel que quiere ser primero en el Cielo conviene que se haga \u00faltimo en la tierra. Luego les dijo: \u201c\u00bfQui\u00e9n es el mayor? \u00bfQui\u00e9n es el primero en una familia? \u00bfQuiz\u00e1s aquel que est\u00e1 sentado, o aquel que sirve a la mesa? Ciertamente, quien est\u00e1 a la mesa. Ahora, \u00bfqu\u00e9 ven ustedes en m\u00ed? \u00bfQu\u00e9 personaje he figurado? Ciertamente de un pobre que sirve a la mesa.\u201d<br>Este aviso deb\u00eda valer principalmente para Pedro, quien en el mundo deb\u00eda recibir grandes honores por su dignidad, y sin embargo, conservarse en la humildad y nombrarse siervo de los siervos del Se\u00f1or, como suelen llamarse los Papas sus sucesores.<br><br><a id=\"_Toc191157826\">CAP\u00cdTULO VII. Pedro habla con Jes\u00fas sobre el perd\u00f3n de las injurias y el desapego de las cosas terrenas. \u2014 Se niega a dejarse lavar los pies. \u2014 Su amistad con San Juan. <em>A\u00f1o de J. C. 33.<\/em><\/a><em><br><\/em>Un d\u00eda, el divino Salvador se puso a ense\u00f1ar a los Ap\u00f3stoles sobre el perd\u00f3n de las ofensas, y habiendo dicho que se deb\u00eda soportar cualquier ultraje y perdonar cualquier injuria, Pedro qued\u00f3 lleno de asombro; pues \u00e9l estaba prevenido, como todos los jud\u00edos, a favor de las tradiciones judaicas, las cuales permit\u00edan a la persona ofendida infligir un castigo a los ofensores, llamado la pena del tali\u00f3n. Se dirigi\u00f3, por lo tanto, a Jes\u00fas y dijo: \u201cMaestro, si el enemigo nos hiciera siete veces injuria y siete veces viniera a pedirme perd\u00f3n, \u00bfdeber\u00eda perdonarlo siete veces?\u201d Jes\u00fas, quien hab\u00eda venido para mitigar los rigores de la antigua ley con la santidad y pureza del Evangelio, respondi\u00f3 a Pedro que \u201cno solamente deb\u00eda perdonar siete veces, sino setenta veces siete,\u201d expresi\u00f3n que significa que se debe perdonar siempre. Los Santos Padres en este hecho reconocen primordialmente la obligaci\u00f3n que cada cristiano tiene de perdonar al pr\u00f3jimo cada afrenta, en todo tiempo y en todo lugar. En segundo lugar, reconocen la facultad dada por Jes\u00fas a San Pedro y a todos los sagrados ministros de perdonar los pecados de los hombres, cualquiera que sea su gravedad y n\u00famero, siempre que se arrepientan y prometan sincera enmienda.<br>En otro d\u00eda, Jes\u00fas ense\u00f1aba al pueblo, hablando de la gran recompensa que recibir\u00edan aquellos que despreciaran el mundo y hicieran buen uso de las riquezas, desapegando sus corazones de los bienes de la tierra. Pedro, que a\u00fan no hab\u00eda recibido las luces del Esp\u00edritu Santo y que m\u00e1s que los otros necesitaba ser instruido, con su habitual franqueza se dirigi\u00f3 a Jes\u00fas y le dijo: \u201cMaestro, nosotros hemos abandonado todas las cosas y te hemos seguido: hemos hecho lo que has mandado; \u00bfcu\u00e1l, por lo tanto, ser\u00e1 el premio que nos dar\u00e1s?\u201d El Salvador apreci\u00f3 la pregunta de Pedro y, mientras alab\u00f3 el desapego de los Ap\u00f3stoles de toda sustancia terrena, asegur\u00f3 que a ellos les estaba reservado un premio particular, porque, dejando sus bienes, lo hab\u00edan seguido. \u201cUstedes,\u201d dijo, \u201cque me han seguido, se sentar\u00e1n en doce tronos majestuosos y, compa\u00f1eros en mi gloria, juzgar\u00e1n conmigo las doce tribus de Israel y con ellas toda la humanidad.\u201d<br>No mucho despu\u00e9s, Jes\u00fas se fue al templo de Jerusal\u00e9n y comenz\u00f3 a hablar con Pedro sobre la estructura de ese grandioso edificio y la preciosidad de las piedras que lo adornaban. El divino Salvador tom\u00f3 entonces la ocasi\u00f3n de predecir su completa ruina diciendo: \u201cDe este magn\u00edfico templo no quedar\u00e1 piedra sobre piedra.\u201d Sali\u00f3, por lo tanto, Jes\u00fas de la ciudad y pasando cerca de una higuera, que hab\u00eda sido maldecida por \u00e9l, Pedro, maravillado, hizo notar al divino Maestro c\u00f3mo esa planta ya se hab\u00eda vuelto \u00e1rida y seca. Era una prueba de la veracidad de las promesas del Salvador. Por lo tanto, Jes\u00fas, para alentar a los Ap\u00f3stoles a tener fe, respondi\u00f3 que en virtud de la fe obtendr\u00edan todo lo que pidieran.<br>La virtud, por otro lado, que Cristo quer\u00eda profundamente arraigada en el coraz\u00f3n de los Ap\u00f3stoles y especialmente de Pedro, era la humildad, y de esta en muchas ocasiones les dio luminosos ejemplos, sobre todo la vigilia de su pasi\u00f3n. Era el primer d\u00eda de la Pascua de los jud\u00edos, que deb\u00eda durar siete d\u00edas y que suele llamarse de los \u00e1zimos. Jes\u00fas envi\u00f3 a Pedro y a Juan a Jerusal\u00e9n diciendo: \u201cVayan y preparen las cosas necesarias para la Pascua.\u201d Ellos dijeron: \u201c\u00bfD\u00f3nde quieren que las vayamos a preparar?\u201d Jes\u00fas respondi\u00f3: \u201cAl entrar en la ciudad encontrar\u00e1n a un hombre que lleva una jarra de agua; vayan con \u00e9l, y \u00e9l les mostrar\u00e1 un gran cen\u00e1culo puesto en orden, y all\u00ed preparen lo que sea necesario para esta necesidad.\u201d As\u00ed lo hicieron. Llegada la noche de esa noche, que era la \u00faltima de la vida mortal del Salvador, queriendo \u00c9l instituir el Sacramento de la Eucarist\u00eda, premi\u00f3 un hecho que demuestra la pureza de alma con la que cada cristiano debe acercarse a este sacramento del divino amor, y al mismo tiempo sirve para frenar la soberbia de los hombres hasta el fin del mundo. Mientras estaba a la mesa con sus disc\u00edpulos, hacia el final de la cena, el Se\u00f1or se levant\u00f3 de la mesa, tom\u00f3 una toalla, se la ci\u00f1\u00f3 a la cintura y verti\u00f3 agua en una palangana, mostrando que quer\u00eda lavar los pies a los Ap\u00f3stoles, que sentados y maravillados estaban mirando qu\u00e9 quer\u00eda hacer su Maestro.<br>Jes\u00fas se acerc\u00f3, por lo tanto, con el agua a Pedro y, arrodill\u00e1ndose ante \u00e9l, le pide el pie para lavarlo. El buen Pedro, horrorizado de ver al Hijo de Dios en ese acto de pobre servidor, recordando a\u00fan que poco antes lo hab\u00eda visto resplandeciente de luz, lleno de verg\u00fcenza y casi llorando, dijo: \u201c\u00bfQu\u00e9 haces, Maestro? \u00bfqu\u00e9 haces? \u00bfT\u00fa lavar mis pies? Nunca ser\u00e1: nunca podr\u00e9 permitirlo.\u201d El Salvador le dijo: \u201cLo que yo hago no lo comprendes ahora, pero lo entender\u00e1s despu\u00e9s: por lo tanto, cu\u00eddate de contradecirme; si no te lavo los pies, no tendr\u00e1s parte conmigo,\u201d es decir, estar\u00e1s privado de todo mi bien y desheredado. A estas palabras, el buen Pedro se sinti\u00f3 terriblemente turbado; por un lado, le dol\u00eda tener que estar separado de su Maestro, no quer\u00eda desobedecerlo ni entristecerlo; por otro lado, le parec\u00eda que no pod\u00eda permitirle un servicio tan humilde. Sin embargo, cuando comprendi\u00f3 que el Salvador quer\u00eda obediencia, dijo: \u201cOh Se\u00f1or, ya que as\u00ed lo quieres, no debo ni quiero resistir a tu voluntad; haz de m\u00ed todo lo que mejor te parezca; si no basta con lavarme los pies, l\u00e1vame tambi\u00e9n las manos y la cabeza.\u201d<br>El Salvador, despu\u00e9s de haber cumplido ese acto de profunda humildad, se dirigi\u00f3 a sus Ap\u00f3stoles y les dijo: \u201c\u00bfHan visto lo que he hecho? Si yo, que soy su Maestro y Se\u00f1or, les he lavado los pies, ustedes deben hacer lo mismo entre ustedes.\u201d Estas palabras significan que un seguidor de Jesucristo nunca debe negarse a ninguna obra, incluso humilde, de caridad, siempre que con ella se promueva el bien del pr\u00f3jimo y la gloria de Dios.<br>Durante esta cena ocurri\u00f3 un hecho que concierne de manera particular a San Pedro y San Juan. Ya se ha podido observar c\u00f3mo el divino Redentor ten\u00eda un afecto especial por estos dos Ap\u00f3stoles; a uno por la sublime dignidad a la que estaba destinado, al otro por la singular pureza de costumbres. Ellos, a su vez, amaban a su Salvador con el amor m\u00e1s intenso, y estaban unidos entre s\u00ed por los lazos de una amistad muy especial, de la cual el mismo Redentor mostr\u00f3 complacencia, porque estaba fundada en la virtud.<br>Mientras, por lo tanto, Jes\u00fas estaba a la mesa con sus Ap\u00f3stoles, a mitad de la cena predijo que uno de ellos lo traicionar\u00eda. Ante este aviso, todos se asustaron, y cada uno temiendo por s\u00ed mismo, comenzaron a mirarse unos a otros diciendo: \u201c\u00bfSoy yo acaso?\u201d Pedro, siendo m\u00e1s ferviente en el amor hacia su Maestro, deseaba conocer qui\u00e9n era ese traidor; quer\u00eda interrogar a Jes\u00fas, pero hacerlo en secreto, para que ninguno de los presentes se diera cuenta. Entonces, sin pronunciar palabra, hizo un gesto a Juan para que fuera \u00e9l quien hiciera esa pregunta. Este querido ap\u00f3stol hab\u00eda tomado lugar cerca de Jes\u00fas, y su posici\u00f3n era tal que apoyaba la cabeza sobre su pecho, mientras la cabeza de Pedro se apoyaba sobre la de Juan. Juan complaci\u00f3 el deseo de su amigo con tal secreto que ninguno de los Ap\u00f3stoles pudo entender ni el gesto de Pedro, ni la pregunta de Juan, ni la respuesta de Cristo; ya que nadie en ese momento supo que el traidor era Judas Iscariote, excepto los dos ap\u00f3stoles privilegiados.<br><br><a id=\"_Toc191157827\">CAP\u00cdTULO VIII. Jes\u00fas predice la negaci\u00f3n de Pedro y le asegura que no fallar\u00e1 su fe. \u2014 Pedro lo sigue en el huerto de Getseman\u00ed. \u2014 Corta la oreja a Malco. \u2014 Su ca\u00edda, su arrepentimiento. <em>A\u00f1o de J. C. 33.<\/em><\/a><br>Se acercaba el tiempo de la pasi\u00f3n del Salvador, y la fe de los Ap\u00f3stoles iba a ser puesta a dura prueba. Despu\u00e9s de la \u00faltima cena, cuando Jes\u00fas estaba a punto de salir del cen\u00e1culo, se dirigi\u00f3 a sus Ap\u00f3stoles y les dijo: \u201cEsta noche es muy dolorosa para m\u00ed y de gran peligro para todos ustedes: suceder\u00e1n de m\u00ed tales cosas que ustedes quedar\u00e1n escandalizados, y no les parecer\u00e1 m\u00e1s verdadero lo que han conocido y que ahora creen de m\u00ed. Por eso les digo que esta noche todos me dar\u00e1n la espalda.\u201d Pedro, siguiendo su habitual ardor, fue el primero en responder: \u201c\u00bfC\u00f3mo? \u00bfNosotros todos te daremos la espalda? Aunque todos estos fueran tan d\u00e9biles como para abandonarte, yo ciertamente nunca lo har\u00e9, de hecho, estoy listo para morir contigo.\u201d \u201cAh Sim\u00f3n, Sim\u00f3n,\u201d respondi\u00f3 Jesucristo, \u201che aqu\u00ed que Satan\u00e1s ha urdido contra ustedes una terrible tentaci\u00f3n, y los tamizar\u00e1 como se hace con el trigo en el tamiz; y t\u00fa mismo en esta noche, antes de que el gallo cante dos veces, me negar\u00e1s tres veces.\u201d Pedro hablaba guiado por un sentimiento c\u00e1lido de afecto y no consideraba que sin la ayuda divina el hombre cae en deplorables excesos; por lo tanto, renov\u00f3 las mismas promesas diciendo: \u201cNo, ciertamente; puede que todos te nieguen, pero yo nunca.\u201d Jes\u00fas, que conoc\u00eda bien que tal presunci\u00f3n de Pedro proven\u00eda de un ardor inconsiderado y de una gran ternura hacia \u00e9l, tuvo compasi\u00f3n y le dijo: \u201cCiertamente caer\u00e1s, oh Pedro, como te dije; sin embargo, no te pierdas de \u00e1nimo. He orado por ti, para que tu fe no falte; t\u00fa, cuando te hayas arrepentido de tu ca\u00edda, confirma a tus hermanos: <em>Rogavi pro te, ut non deficiat fides tua, et tu aliquando conversus, confirma fratres tuos<\/em>.\u201d Con estas palabras el divino Salvador prometi\u00f3 una asistencia particular al Cabeza de su Iglesia, para que su fe nunca falte, es decir, que como Maestro universal y en las cosas que conciernen a la religi\u00f3n y la moral, ense\u00f1\u00f3 y ense\u00f1ar\u00e1 siempre la verdad, aunque en la vida privada pueda caer en culpa, como de hecho ocurri\u00f3 a San Pedro.<br><br>Mientras tanto, Jesucristo, despu\u00e9s de aquella memorable Cena Eucar\u00edstica, ya avanzada la noche, sali\u00f3 del cen\u00e1culo con los once Ap\u00f3stoles y se dirigi\u00f3 al monte de los Olivos. Al llegar all\u00ed, tom\u00f3 consigo a Pedro, Santiago y Juan, y se retir\u00f3 a una parte de aquel monte llamada Getseman\u00ed, donde sol\u00eda ir a orar. Jes\u00fas se alej\u00f3 a\u00fan de los tres Ap\u00f3stoles tanto como un tiro de piedra y comenz\u00f3 a orar. Pero antes, en el acto de separarse de ellos, les advirti\u00f3 diciendo: \u201cVigilen y oren, porque la tentaci\u00f3n est\u00e1 cerca.\u201d Pero Pedro y sus compa\u00f1eros, tanto por la hora tard\u00eda como por el cansancio, se sentaron a descansar y se quedaron dormidos.<br><br>Este fue un nuevo fallo de Pedro, quien deb\u00eda seguir el precepto del Salvador, vigilando y orando. En ese \u00ednterin llegaron las guardias al huerto para capturar a Jes\u00fas y llevarlo a prisi\u00f3n. Pedro, al verlos apenas, corri\u00f3 hacia ellos para alejarlos; y viendo que ofrec\u00edan resistencia, tom\u00f3 la espada que ten\u00eda consigo y, asestando un golpe al azar, le cort\u00f3 la oreja a un sirviente del pont\u00edfice Caif\u00e1s, llamado Malco.<br><br>No eran estas las pruebas de fidelidad que Jes\u00fas esperaba de Pedro, ni nunca le hab\u00eda ense\u00f1ado a oponer fuerza a fuerza. Fue esto un efecto de su vivo amor al divino Salvador, pero fuera de prop\u00f3sito; por lo que Jes\u00fas dijo a Pedro: \u201cVuelve a poner la espada en su lugar, porque quien hiere con espada, por espada perecer\u00e1.\u201d Luego, poniendo en pr\u00e1ctica lo que hab\u00eda ense\u00f1ado tantas veces en sus predicaciones, es decir, hacer el bien a quien nos hace mal, tom\u00f3 la oreja cortada y con suma bondad la volvi\u00f3 a poner con sus santas manos en el lugar de la herida, de modo que qued\u00f3 sanada al instante.<br>Pedro y los otros Ap\u00f3stoles, viendo in\u00fatil toda resistencia y que, adem\u00e1s, correr\u00edan peligro por s\u00ed mismos, dejando de lado las promesas hechas poco antes al Maestro, se dieron a la fuga y abandonaron a Jes\u00fas, dej\u00e1ndolo solo en manos de sus verdugos.<br><br>Pedro, por otro lado, avergonz\u00e1ndose de su vileza, confundido e indeciso, no sab\u00eda a d\u00f3nde ir ni d\u00f3nde estar; por lo tanto, desde lejos sigui\u00f3 a Jes\u00fas hasta el atrio del palacio de Caif\u00e1s, jefe de todos los sacerdotes jud\u00edos; y por la recomendaci\u00f3n de un conocido, logr\u00f3 tambi\u00e9n entrar. Jes\u00fas estaba all\u00ed dentro en poder de los Escribas y los Fariseos, que lo hab\u00edan acusado ante ese tribunal y buscaban hacerlo condenar con alguna apariencia de justicia.<br>Apenas entr\u00f3 en aquel lugar, nuestro Ap\u00f3stol encontr\u00f3 una multitud de guardias que se estaban calentando junto al fuego encendido all\u00ed, y se puso tambi\u00e9n con ellos. A la luz de las llamas, la sirvienta que por gracia lo hab\u00eda dejado entrar, al verlo pensativo y melanc\u00f3lico, sospech\u00f3 que \u00e9l era un seguidor de Jes\u00fas. \u201cEh,\u201d le dijo, \u201ct\u00fa pareces un compa\u00f1ero del Nazareno, \u00bfno es cierto?\u201d El Ap\u00f3stol, al verse descubierto ante tanta gente, qued\u00f3 at\u00f3nito; y temiendo por s\u00ed mismo la prisi\u00f3n, quiz\u00e1s tambi\u00e9n la muerte, perdido todo coraje, respondi\u00f3: \u201cMujer, te equivocas; no soy de los suyos; ni siquiera conozco a ese Jes\u00fas de quien hablas.\u201d Dicho esto, el gallo cant\u00f3 por primera vez; y Pedro no prest\u00f3 atenci\u00f3n.<br>Despu\u00e9s de haberse detenido un momento en compa\u00f1\u00eda de aquellas guardias, se fue al vest\u00edbulo. Mientras regresaba junto al fuego, otra sirvienta, se\u00f1alando a Pedro, tambi\u00e9n se puso a decir a los presentes: \u201cEste tambi\u00e9n estaba con Jes\u00fas Nazareno.\u201d El pobre disc\u00edpulo, a estas palabras cada vez m\u00e1s asustado, casi fuera de s\u00ed, respondi\u00f3 que no lo conoc\u00eda ni lo hab\u00eda visto jam\u00e1s. Pedro hablaba as\u00ed, pero la conciencia lo reprochaba y sent\u00eda los m\u00e1s agudos remordimientos; por lo tanto, todo pensativo, con la mirada turbada y paso incierto, estaba, entraba y sal\u00eda sin saber qu\u00e9 hacer. Pero un abismo conduce a otro abismo.<br>Despu\u00e9s de algunos instantes, un pariente de ese Malco a quien Pedro hab\u00eda cortado la oreja lo vio y, fij\u00e1ndose bien en su rostro, dijo: \u201cCiertamente este es uno de los compa\u00f1eros del Galileo. \u00a1T\u00fa lo eres ciertamente, tu pronunciaci\u00f3n te delata! Y, adem\u00e1s, \u00bfno te he visto en el huerto con \u00e9l, cuando le cortaste la oreja a Malco?\u201d Pedro, vi\u00e9ndose en tan mala situaci\u00f3n, no supo encontrar otro escape que jurar y perjurar que no lo conoc\u00eda. No hab\u00eda a\u00fan pronunciado bien la \u00faltima s\u00edlaba, cuando el gallo cant\u00f3 por segunda vez.<br>Cuando el gallo cant\u00f3 por primera vez, Pedro no hab\u00eda prestado atenci\u00f3n; pero esta segunda vez se da cuenta del n\u00famero de sus negaciones, recuerda la predicci\u00f3n de Jesucristo y la ve cumplida. A este recuerdo se turb\u00f3, sinti\u00f3 todo su coraz\u00f3n amargado y, volviendo la mirada hacia el buen Jes\u00fas, su mirada se encontr\u00f3 con la de \u00e9l. Esta mirada de Cristo fue un acto mudo, pero al mismo tiempo un golpe de gracia, que, a modo de dardo agud\u00edsimo, fue a herirlo en el coraz\u00f3n, no para darle la muerte, sino para devolverle la vida<a href=\"#_ftn10\" id=\"_ftnref10\">[10]<\/a>.<br>Aquel rasgo de bondad y de misericordia hizo que Pedro, sacudido como por un profundo sue\u00f1o, sintiera inflarse el coraz\u00f3n y se sintiera impulsado a las l\u00e1grimas por el dolor. Para dar libre curso al llanto, sali\u00f3 de aquel lugar desafortunado y fue a llorar su falta, invocando de la divina misericordia el perd\u00f3n. El Evangelio nos dice solamente que: <em>et egressus Petrus flevit amare<\/em>: Pedro sali\u00f3 y llor\u00f3 amargamente. De esta ca\u00edda el santo Ap\u00f3stol llev\u00f3 remordimiento toda la vida, y se puede decir que desde aquella hora hasta la muerte no hizo m\u00e1s que llorar su pecado, haciendo una dura penitencia. Se dice que siempre llevaba consigo un pa\u00f1uelo para secarse las l\u00e1grimas; y que cada vez que o\u00eda cantar al gallo, se sobresaltaba y temblaba, recordando el doloroso momento de su ca\u00edda. De hecho, las l\u00e1grimas que ten\u00eda continuamente le hab\u00edan hecho dos surcos en las mejillas. \u00a1Bendito Pedro que tan pronto abandon\u00f3 la culpa y hizo una penitencia tan larga y dura! \u00a1Bendito tambi\u00e9n aquel cristiano que, despu\u00e9s de haber tenido la desgracia de seguir a Pedro en la culpa, lo sigue tambi\u00e9n en el arrepentimiento!<br><br><a id=\"_Toc191157828\">CAP\u00cdTULO IX. Pedro en el sepulcro del Salvador. \u2014 Jes\u00fas se le aparece. \u2014 En el lago de Tiber\u00edades da tres distintos signos de amor hacia Jes\u00fas que lo constituye efectivamente cabeza y pastor supremo de la Iglesia.<\/a><br>Mientras el divino Salvador era llevado a los varios Tribunales y luego conducido al Calvario a morir en la Cruz, Pedro no lo perdi\u00f3 de vista, porque deseaba ver d\u00f3nde iba a terminar aquel luctuoso espect\u00e1culo.<br>Y aunque el Evangelio no lo diga, hay razones para creer que se encontr\u00f3 en compa\u00f1\u00eda de su amigo Juan a los pies de la cruz. Pero despu\u00e9s de la muerte del Salvador, el buen Pedro, todo humillado por la manera indigna con que hab\u00eda correspondido al gran amor de Jes\u00fas, pensaba continuamente en \u00e9l, oprimido por el m\u00e1s amargo dolor y arrepentimiento.<br>Sin embargo, esta humillaci\u00f3n suya era precisamente la que atra\u00eda sobre Pedro la benignidad de Jes\u00fas. Despu\u00e9s de su resurrecci\u00f3n, Jes\u00fas se apareci\u00f3 primariamente a Mar\u00eda Magdalena y a otras piadosas mujeres, porque ellas solas estaban en el sepulcro para embalsamarlo. Despu\u00e9s de manifestarse a ellas, a\u00f1adi\u00f3: \u201cVayan de inmediato, refi\u00e9ranles a mis hermanos y particularmente a Pedro que me han visto vivo.\u201d Pedro, que quiz\u00e1s ya se cre\u00eda olvidado por el Maestro, al sentirse por parte de Jes\u00fas anunciarle a \u00e9l nominativamente la noticia de la resurrecci\u00f3n, estall\u00f3 en un torrente de l\u00e1grimas y no pudo contener m\u00e1s la alegr\u00eda en su coraz\u00f3n.<br>Transportado por la alegr\u00eda y el deseo de ver al Maestro resucitado, \u00e9l, en compa\u00f1\u00eda del amigo Juan, comenz\u00f3 a correr r\u00e1pidamente hacia el monte Calvario. Su alma, por otro lado, estaba entonces agitada por dos sentimientos contrarios: por la esperanza de ver a Jes\u00fas resucitado y por el temor de que la relaci\u00f3n hecha por las piadosas mujeres no fuera m\u00e1s que efecto de su fantas\u00eda, porque al principio no comprend\u00edan c\u00f3mo \u00e9l deb\u00eda realmente resucitar. Mientras tanto, ambos corr\u00edan juntos; pero Juan, siendo m\u00e1s joven y m\u00e1s \u00e1gil, lleg\u00f3 al sepulcro antes que Pedro. Sin embargo, no tuvo el valor de entrar y, inclin\u00e1ndose un poco a la entrada, vio las vendas en las que hab\u00eda sido envuelto el cuerpo de Jes\u00fas. Poco despu\u00e9s lleg\u00f3 tambi\u00e9n Pedro quien, fuera por la mayor autoridad que sab\u00eda que gozaba, fuera porque era de un car\u00e1cter m\u00e1s resuelto y pronto, sin detenerse en el exterior, entr\u00f3 de inmediato en el sepulcro, lo examin\u00f3 en todas sus partes buscando y palpando por todas partes, y no vio otra cosa que las vendas y el sudario envuelto a un lado. Siguiendo el ejemplo de Pedro, entr\u00f3 luego tambi\u00e9n Juan, y ambos coincidieron en que el cuerpo de Jes\u00fas hab\u00eda sido sacado del sepulcro y robado. Pues, aunque deseaban ardientemente que el divino Maestro hubiera resucitado, a\u00fan no cre\u00edan en esta dulc\u00edsima verdad. Los dos Ap\u00f3stoles, despu\u00e9s de haber hecho en el sepulcro tales minuciosas observaciones, salieron y regresaron de donde hab\u00edan partido. Pero en ese mismo d\u00eda Jes\u00fas quiso \u00e9l mismo visitar a Pedro en persona para consolarlo con su presencia y, lo que es m\u00e1s, se apareci\u00f3 precisamente a Pedro antes que a todos los dem\u00e1s Ap\u00f3stoles.<br>En varias ocasiones el divino Salvador se manifest\u00f3 a sus Ap\u00f3stoles despu\u00e9s de la resurrecci\u00f3n para instruirlos y confirmarlos en la fe.<br>Un d\u00eda Pedro, Santiago y Juan con algunos otros disc\u00edpulos, tanto para evitar el ocio como para ganarse algo de comer, fueron a pescar en el lago de Tiber\u00edades. Subieron todos a una barca, la alejaron un poco de la orilla y echaron sus redes. Se fatigaron toda la noche echando las redes ahora de un lado, ahora del otro, pero todo en vano; ya amanec\u00eda y nada hab\u00edan pescado. Entonces apareci\u00f3 el Se\u00f1or en la orilla, donde, sin hacerse reconocer, como si quisiera comprar algunos peces: \u201c<em>Hijitos,\u201d les dijo, \u201c\u00bftienen algo de comer?\u201d \u201cPueri, numquid pulmentarium habetis?<\/em>\u201d \u201cNo,\u201d respondieron; \u201chemos trabajado toda la noche y no hemos pescado nada.\u201d Jes\u00fas a\u00f1adi\u00f3: \u201cEchen la red a la derecha de la barca y pescar\u00e1n.\u201d Fueran movidos por un impulso interior, fuera por seguir el consejo de Aquel que a sus ojos parec\u00eda un experto pescador, echaron la red y poco despu\u00e9s la encontraron llena de tantos y tan grandes peces que apenas pudieron sacarla. Ante esta pesca inesperada, Juan se volvi\u00f3 hacia aquel que desde la orilla hab\u00eda dado ese consejo y, habiendo reconocido que era Jes\u00fas, dijo de inmediato a Pedro: \u201cEs el Se\u00f1or.\u201d Pedro, al o\u00edr estas palabras, transportado por el habitual fervor, sin m\u00e1s consideraci\u00f3n se lanz\u00f3 al agua y nad\u00f3 hasta la orilla para ser el primero en saludar al Divino Maestro. Mientras Pedro se deten\u00eda familiarmente con Jes\u00fas, se acercaron tambi\u00e9n los otros Ap\u00f3stoles arrastrando la red.<br><br>Al llegar, encontraron el fuego encendido por la mano misma del Divino Salvador y pan preparado con pescado que se asaba. Los Ap\u00f3stoles, movidos por el deseo de ver al Se\u00f1or, dejaron todos los peces en la barca, de donde el Salvador les dijo: \u201cTraigan aqu\u00ed esos peces que han pescado ahora.\u201d Pedro, que en todo era el m\u00e1s pronto y obediente, al o\u00edr esa orden, subi\u00f3 de inmediato a la barca y solo sac\u00f3 a tierra la red llena de 153 grandes peces.<br>El texto sagrado nos advierte que fue un milagro el no haberse rasgado la red, aunque hab\u00eda tantos peces y de tal tama\u00f1o. Los santos Padres ven en este hecho la divina potestad del cabeza de la Iglesia, quien, asistido de manera particular por el Esp\u00edritu Santo, gu\u00eda la m\u00edstica nave llena de almas para llevarlas a los pies de Jesucristo, que las ha redimido y las espera en el cielo.<br>Mientras tanto, Jes\u00fas hab\u00eda preparado \u00e9l mismo la comida; e invitando a los Ap\u00f3stoles a sentarse sobre la arena desnuda, distribuy\u00f3 a cada uno pan y pescado que hab\u00eda asado. Terminada la comida, Jesucristo se puso de nuevo a conversar con San Pedro y a interrogarlo frente a los compa\u00f1eros de la siguiente manera: \u201cSim\u00f3n, hijo de Juan, \u00bfme amas t\u00fa m\u00e1s que estos?\u201d \u201cS\u00ed,\u201d respondi\u00f3 Pedro, \u201custedes saben que los amo.\u201d Jes\u00fas le dijo: \u201cApacienta mis corderos.\u201d Luego le pregunt\u00f3 otra vez: \u201cSim\u00f3n, hijo de Juan, \u00bfme amas t\u00fa?\u201d \u201cSe\u00f1or,\u201d replic\u00f3 Pedro, \u201custedes bien saben que los amo.\u201d Jes\u00fas repiti\u00f3: \u201cApacienta mis corderos.\u201d El Se\u00f1or a\u00f1adi\u00f3: \u201cSim\u00f3n, hijo de Juan, \u00bfme amas t\u00fa?\u201d Pedro, al verse interrogado tres veces sobre el mismo tema, qued\u00f3 fuertemente turbado; en ese momento le volvieron a la mente las promesas ya hechas en otra ocasi\u00f3n, y que \u00e9l hab\u00eda violado, y por lo tanto tem\u00eda que Jesucristo no viera en su coraz\u00f3n un amor mucho m\u00e1s escaso de lo que a \u00e9l le parec\u00eda tener, y quisiera como predecirle otras negaciones. Por lo tanto, desconfiando de sus propias fuerzas, Pedro con gran humildad respondi\u00f3: \u201cSe\u00f1or, ustedes saben todo, y por lo tanto saben que los amo.\u201d Estas palabras significaban que Pedro estaba seguro en ese momento de la sinceridad de sus afectos, pero no lo estaba tanto para el futuro. Jes\u00fas, que conoc\u00eda su deseo de amarlo y la sinceridad de sus afectos, lo consol\u00f3 diciendo: \u201cApacienta mis ovejas.\u201d Con estas palabras el Hijo de Dios cumpl\u00eda la promesa hecha a San Pedro de constituirlo pr\u00edncipe de los Ap\u00f3stoles y piedra fundamental de la Iglesia. De hecho, los corderos aqu\u00ed significan todos los fieles cristianos, esparcidos en las diversas partes del mundo, que deben estar sometidos al Cabeza de la Iglesia, as\u00ed como hacen los corderos a su pastor. Las ovejas, por otro lado, significan a los obispos y otros sagrados ministros, quienes dan s\u00ed el pasto de la doctrina de Jesucristo a los fieles cristianos, pero siempre de acuerdo, siempre unidos y sometidos al supremo pastor de la Iglesia, que es el Papa Romano, el Vicario de Jesucristo en la tierra.<br>Apoyados en estas palabras de Jesucristo, los cat\u00f3licos de todos los tiempos siempre han cre\u00eddo como verdad de fe que San Pedro fue constituido por Jesucristo su Vicario en la tierra y cabeza visible de toda la Iglesia, y que recibi\u00f3 de \u00e9l la plenitud de autoridad sobre los otros ap\u00f3stoles y sobre todos los fieles. Esta autoridad pas\u00f3 a los Papas romanos, sus sucesores. Esto fue definido como dogma de fe en el concilio florentino en el a\u00f1o 1439, con las siguientes palabras: \u201cNosotros definimos que la santa sede Apost\u00f3lica y el Papa Romano es el sucesor del pr\u00edncipe de los Ap\u00f3stoles, el verdadero Vicario de Cristo y el cabeza de toda la Iglesia, el maestro y padre de todos los cristianos, y que a \u00e9l en la persona del beato Pedro le fue dado por nuestro Se\u00f1or Jesucristo pleno poder para apacentar, regir y gobernar la Iglesia Universal.\u201d<br>Tambi\u00e9n notan los santos Padres que el divino Redentor quiso que Pedro dijera tres veces p\u00fablicamente que lo amaba, casi para reparar el esc\u00e1ndalo que hab\u00eda dado al negarlo tres veces.<br><br><a id=\"_Toc191157829\">CAP\u00cdTULO X. Infallibilidad de San Pedro y de sus sucesores.<\/a><br>El divino Salvador dio al Ap\u00f3stol Pedro el supremo poder en la Iglesia, es decir, el primado de honor y de jurisdicci\u00f3n, que pronto veremos ejercido por \u00e9l. Pero para que, como cabeza de la Iglesia, pudiera ejercer convenientemente esta suprema autoridad, Jesucristo lo dot\u00f3 tambi\u00e9n de una prerrogativa singular, es decir, de la infalibilidad. Siendo esta una de las verdades m\u00e1s importantes, creo conveniente a\u00f1adir algo en confirmaci\u00f3n y declaraci\u00f3n de la doctrina que en todos los tiempos la Iglesia cat\u00f3lica ha profesado sobre este dogma.<br><br>Primero que todo, es necesario entender qu\u00e9 se entiende por infalibilidad. Por ella se entiende que el Papa, cuando habla ex cathedra, es decir, cumpliendo con la funci\u00f3n de Pastor o Maestro de todos los cristianos, y juzga sobre las cosas que conciernen a la fe o a la moral, no puede, por la asistencia divina, caer en error, por lo tanto, ni enga\u00f1arse ni enga\u00f1ar a los dem\u00e1s. Se debe notar, por lo tanto, que la infalibilidad no se extiende a todas las acciones, a todas las palabras del Papa; no le compete como hombre privado, sino solamente como Cabeza, Pastor, Maestro de la Iglesia, y cuando define alguna doctrina relacionada con la fe o la moral y pretende obligar a todos los fieles. Adem\u00e1s, no se debe confundir la infalibilidad con la impecabilidad; de hecho, Jesucristo a Pedro y a sus sucesores les prometi\u00f3 la primera al instruir a los hombres, pero no la segunda, en la cual no quiso privilegiarlos.<br>Dicho esto, digamos que una de las verdades mejor probadas es precisamente la de la infalibilidad doctrinal, concedida por Dios al Cabeza de la Iglesia. Las palabras de Jesucristo no pueden fallar, porque son palabras de Dios. Ahora, Jesucristo le dijo a Pedro: \u201cT\u00fa eres Pedro y sobre esta piedra edificar\u00e9 mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecer\u00e1n contra ella. Te dar\u00e9 las llaves del reino de los Cielos, y todo lo que ates en la tierra ser\u00e1 atado tambi\u00e9n en los cielos, y todo lo que desates en la tierra ser\u00e1 desatado tambi\u00e9n en los cielos.\u201d<br>Seg\u00fan estas palabras, las puertas<a href=\"#_ftn11\" id=\"_ftnref11\">[11]<\/a>, es decir, las potencias infernales, entre las cuales ocupa el primer lugar el error y la mentira, nunca podr\u00e1n prevalecer ni contra la Piedra, ni contra la Iglesia que sobre ella est\u00e1 fundada. Pero si Pedro, como Cabeza de la Iglesia, errara en cosas de fe y de moral, ser\u00eda como si faltara el fundamento. Faltando esto, caer\u00eda el edificio, es decir, la misma Iglesia, y as\u00ed el fundamento y la f\u00e1brica deber\u00edan decirse vencidos y derribados por las puertas infernales. Ahora bien, esto, despu\u00e9s de las mencionadas palabras, no es posible, a menos que se quiera blasfemar afirmando que fueron falaces las promesas del divino Fundador: cosa horrible no solo para los cat\u00f3licos, sino para los mismos cism\u00e1ticos y herejes.<br>Adem\u00e1s, Jesucristo asegur\u00f3 que ser\u00eda sancionado en el cielo todo lo que Pedro, como Cabeza de la Iglesia, atara o desatara, aprobara o condenara en la tierra. Por lo tanto, as\u00ed como en el cielo no puede ser aprobado el error, as\u00ed se debe necesariamente admitir que el Cabeza de la Iglesia es infalible en sus juicios, en sus decisiones emitidas en calidad de Vicario de Jesucristo, de modo que \u00e9l, como maestro y juez de todos los fieles, no apruebe ni condene sino aquello que puede ser igualmente aprobado o condenado en el cielo; y esto lleva a la infalibilidad.<br>La cual se manifiesta a\u00fan m\u00e1s en las palabras que Jesucristo dirigi\u00f3 a Pedro cuando le orden\u00f3 confirmar en la fe a los otros Ap\u00f3stoles: \u201cSim\u00f3n, Sim\u00f3n,\u201d le dijo, \u201cmira que Satan\u00e1s ha pedido zarandearos como se hace con el trigo; pero yo he rogado por ti, para que tu fe no falte; y t\u00fa, cuando hayas vuelto, confirma a tus hermanos.\u201d Jesucristo, por lo tanto, ora para que la fe del Papa no falte; ahora es imposible que la oraci\u00f3n del Hijo de Dios no sea escuchada. Adem\u00e1s: Jesucristo orden\u00f3 a Pedro que confirmara en la fe a los otros pastores y a estos que lo escucharan; pero si no le hubiera comunicado tambi\u00e9n la infalibilidad doctrinal, lo habr\u00eda puesto en peligro de enga\u00f1arlos y arrastrarlos al abismo del error. \u00bfPuede creerse que Jesucristo haya querido dejar a la Iglesia y a su Cabeza en tanto peligro?<br>Finalmente, el divino Redentor, despu\u00e9s de su Resurrecci\u00f3n, estableci\u00f3 a Pedro como Pastor supremo de su reba\u00f1o, es decir, de su Iglesia, confi\u00e1ndole el cuidado de los corderos y las ovejas: \u201cApacienta mis corderos,\u201d le dijo, \u201capacienta mis ovejas.\u201d Instruye, ense\u00f1a a unos y a otros gui\u00e1ndolos a pastos de vida eterna. Pero si Pedro errara en materia de doctrina, ya sea por ignorancia o por malicia, entonces ser\u00eda como un pastor que conduce a los corderos y las ovejas a pastos envenenados, que en lugar de vida les dar\u00eda muerte. Ahora, \u00bfpuede suponerse que Jesucristo, quien para salvar a sus ovejitas dio todo de s\u00ed mismo, haya querido establecerles un pastor as\u00ed?<br>Por lo tanto, seg\u00fan el Evangelio, el Ap\u00f3stol Pedro tuvo el don de la infalibilidad:<br>I. Porque es la Piedra fundamental de la Iglesia de Jesucristo;<br>II. Porque sus juicios deben ser confirmados tambi\u00e9n en el cielo;<br>III. Porque Jesucristo or\u00f3 por su infalibilidad, y su oraci\u00f3n no puede fallar;<br>IV. Porque debe confirmar en la fe, apacentar y gobernar no solo a los simples fieles, sino a los mismos pastores.<br>Es \u00fatil ahora a\u00f1adir que, junto con la autoridad suprema sobre toda la Iglesia, el don de la infalibilidad pas\u00f3 de Pedro a sus sucesores, es decir, a los Pont\u00edfices Romanos.<br>Tambi\u00e9n esta es una verdad de fe.<br>Jesucristo, como hemos visto, dio un poder m\u00e1s amplio y dot\u00f3 del don de la infalibilidad a San Pedro, con el fin de proveer a la unidad y a la integridad de la fe en sus seguidores. \u201cEntre doce uno es elegido,\u201d reflexiona el m\u00e1ximo doctor San Jer\u00f3nimo, \u201cpara que, establecido un Cabeza, se quite toda ocasi\u00f3n de cisma: <em>Inter duodecim unus eligitur, ut, capite constituto, schismatis tolleretur occasio<\/em>.<a href=\"#_ftn12\" id=\"_ftnref12\">[12]<\/a>\u201d \u201cEl primado se confiere a Pedro,\u201d escribi\u00f3 San Cipriano, \u201cpara que se demuestre una la Iglesia, y una la c\u00e1tedra de la verdad.<a href=\"#_ftn13\" id=\"_ftnref13\">[13]<\/a>\u201d<br>Dicho esto, digamos: la necesidad de unidad y de verdad no exist\u00eda solo en el tiempo de los Ap\u00f3stoles, sino tambi\u00e9n en los siglos posteriores; de hecho, esta necesidad se increment\u00f3 a\u00fan m\u00e1s con la expansi\u00f3n de la propia Iglesia y con la desaparici\u00f3n de los Ap\u00f3stoles, privilegiados por Jesucristo con dones extraordinarios para la promulgaci\u00f3n del Evangelio. Por lo tanto, seg\u00fan la intenci\u00f3n del divino Salvador, la autoridad y la infalibilidad del primer Papa no deb\u00edan cesar con su muerte, sino transmitirse a otro, de modo que se perpetuaran en la Iglesia.<br>Esta transmisi\u00f3n aparece clar\u00edsima sobre todo en las palabras de Jesucristo a Pedro, con las cuales lo establec\u00eda como base, fundamento de la Iglesia. Es manifiesto que el fundamento debe durar tanto como el edificio; siendo imposible esto sin aquel. Pero el edificio, que es la Iglesia, debe durar hasta el fin del mundo, habiendo prometido el mismo Jes\u00fas estar con su Iglesia hasta la consumaci\u00f3n de los siglos: \u201cY he aqu\u00ed, yo estoy con vosotros todos los d\u00edas, hasta el fin del mundo.\u201d Por lo tanto, hasta la consumaci\u00f3n de los siglos debe durar el fundamento que es Pedro; pero dado que Pedro ha muerto, la autoridad y la infalibilidad deben a\u00fan subsistir en alguien m\u00e1s. De hecho, subsisten en sus sucesores en la Sede de Roma, es decir, subsisten en los Pont\u00edfices Romanos. Por lo tanto, se puede decir que Pedro vive a\u00fan y juzga en sus sucesores. As\u00ed, de hecho, se expresaban los legados de la Sede Apost\u00f3lica, con el aplauso del concilio general de \u00c9feso en el a\u00f1o 431: \u201cQuien hasta este tiempo, y siempre en sus sucesores, vive y ejerce el juicio.\u201d<br>Por esta raz\u00f3n, desde los primeros siglos de la Iglesia, al surgir cuestiones religiosas, se recurr\u00eda a la Iglesia de Roma, y sus decisiones y juicios se consideraban como regla de fe. Basta para toda prueba las palabras de San Ireneo, Obispo de Lyon, muerto m\u00e1rtir en el a\u00f1o 202. \u201cPara confundir,\u201d escribi\u00f3, \u201ca todos aquellos que, de cualquier manera por vana gloria, por ceguera o por malicia se re\u00fanen en concili\u00e1bulos, nos bastar\u00e1 indicarles la tradici\u00f3n y la fe que la mayor y m\u00e1s antigua de todas las iglesias, la Iglesia conocida en todo el mundo, la Iglesia Romana, fundada y constituida por los glorios\u00edsimos Ap\u00f3stoles Pedro y Pablo, ha anunciado a los hombres y transmitido hasta nosotros por medio de la sucesi\u00f3n de sus obispos. De hecho, a esta Iglesia, a causa de su preeminente primado, debe recurrir toda Iglesia, es decir, todos los fieles de cualquier parte que sean.<a href=\"#_ftn14\" id=\"_ftnref14\">[14]<\/a>\u201d<br>Respecto a la infalibilidad del Papa, algunos herejes, entre los cuales se encuentran los protestantes y los llamados viejos cat\u00f3licos, la niegan diciendo que solo Dios es infalible.<br>Nosotros no negamos que Dios solo es infalible por naturaleza; pero decimos que \u00e9l puede conceder el don de la infalibilidad tambi\u00e9n a un hombre, asistiendo de modo que no se equivoque. Dios solo puede hacer verdaderos milagros; y, sin embargo, sabemos por la misma Sagrada Escritura que muchos hombres los hicieron, y de manera asombrosa. Ellos los operaron no por virtud propia, sino por virtud divina comunicada a ellos. As\u00ed, el Papa no es infalible por naturaleza, sino por virtud de Jesucristo que as\u00ed lo quiso para el bien de la Iglesia.<br>Por otra parte, los protestantes y sus seguidores, que a\u00fan creen en el Evangelio, no deben hacer tanto ruido porque nosotros los cat\u00f3licos consideremos infalible a un hombre, cuando nos hace de supremo y universal maestro; de hecho, ellos a\u00fan con nosotros, sin creer que hacen agravio a Dios, consideran infalibles al menos a cuatro, que son los Evangelistas Mateo, Marcos, Lucas y Juan; de hecho, consideran infalibles a todos los escritores sagrados tanto del Nuevo como del Viejo Testamento. Ahora bien, si se puede, de hecho, se debe, creer en la infalibilidad de aquellos hombres que nos transmitieron por escrito la palabra de Dios, \u00bfqu\u00e9 puede impedirnos creer en la infalibilidad de otro hombre destinado a conservarla intacta y explicarla en nombre del mismo Dios?<br>La raz\u00f3n misma nos sugiere que es cosa muy conveniente que Jesucristo concediera el don de la infalibilidad a su Vicario, al Maestro de todos los fieles. \u00bfY qu\u00e9? Si un padre sabio y amoroso tiene hijos que instruir, \u00bfno es cierto que elige al maestro m\u00e1s docto y m\u00e1s sabio que pueda encontrar? \u00bfNo es cierto tambi\u00e9n que, si este padre pudiera dar a ese maestro el don de no enga\u00f1ar nunca al hijo ni por ignorancia ni por malicia, se lo comunicar\u00eda de coraz\u00f3n? Ahora bien, todos los hombres, especialmente los cristianos, son hijos de Dios; el Papa es su gran Maestro establecido por \u00e9l. Ahora, Dios pod\u00eda conferirle el don de no caer nunca en error cuando los instruye. \u00bfQui\u00e9n, por lo tanto, puede razonablemente admitir que este \u00f3ptimo Padre no haya hecho lo que har\u00edamos nosotros miserables?<br>En todos los siglos y por todos los verdaderos cat\u00f3licos se ha cre\u00eddo constantemente en la infalibilidad del sucesor de Pedro. Pero en estos \u00faltimos tiempos surgieron algunos herejes para impugnarla; de hecho, por la falta de una definici\u00f3n expresa, algunos cat\u00f3licos mal informados tambi\u00e9n tomaron ocasi\u00f3n de ponerla en duda. Por lo tanto, el 18 de julio de 1870, el Concilio Vaticano, compuesto por m\u00e1s de 700 Obispos presididos por el inmortal P\u00edo IX, para prevenir a los fieles de todo error, defini\u00f3 solemnemente la infalibilidad pontificia como dogma de fe con estas palabras: \u201cDefinimos que el Romano Pont\u00edfice, cuando habla ex cathedra, es decir, cumpliendo con la funci\u00f3n de Pastor y Maestro de todos los cristianos, y por su suprema autoridad apost\u00f3lica define alguna doctrina de la fe y de la moral que debe ser mantenida por toda la Iglesia, a causa de la asistencia divina prometida a \u00e9l en la persona del Beato Pedro, goza de la misma infalibilidad con la que el divino Redentor quiso dotar a su Iglesia al definir las doctrinas de la fe y de la moral. Por lo tanto, estas definiciones del Romano Pont\u00edfice son por s\u00ed mismas, y no por el consenso de la Iglesia, irreformables. Si alguien se atreve a contradecir esta nuestra definici\u00f3n, sea excomulgado.\u201d<br>Despu\u00e9s de esta definici\u00f3n, quien niegue la infalibilidad pontificia cometer\u00eda grave desobediencia a la Iglesia, y si persistiera en su error no pertenecer\u00eda m\u00e1s a la Iglesia de Jesucristo, y nosotros deber\u00edamos evitarlo como hereje. \u201cQuien no escucha a la Iglesia,\u201d dice el Evangelio, \u201csea para ti como un pagano y un publicano,\u201d es decir, excomulgado.<br><br><a id=\"_Toc191157830\">CAP\u00cdTULO XI. Jes\u00fas predice a S. Pedro la muerte en cruz. \u2014 Promete asistencia a la Iglesia hasta el fin del mundo. \u2014 Regreso de los Ap\u00f3stoles al cen\u00e1culo. <em>A\u00f1o de J. C. 33.<\/em><\/a><em><br><\/em>Despu\u00e9s de que San Pedro comprendi\u00f3 que las repetidas preguntas del Salvador no eran presagio de ca\u00edda, sino que eran la confirmaci\u00f3n de la alta autoridad que le hab\u00eda prometido, se sinti\u00f3 consolado. Y como Jes\u00fas sab\u00eda que a Pedro le importaba mucho glorificar a su divino Maestro, quiso predecirle el tipo de suplicio con el que terminar\u00eda su vida.<br><br>Por lo tanto, inmediatamente despu\u00e9s de las tres protestas de amor que le hab\u00eda hecho, comenz\u00f3 a hablarle as\u00ed: \u201cEn verdad, en verdad te digo, cuando eras m\u00e1s joven te vest\u00edas por ti mismo e ibas a donde quer\u00edas; pero cuando seas viejo, otro, es decir, el verdugo, te ce\u00f1ir\u00e1, es decir, te atar\u00e1, y t\u00fa extender\u00e1s las manos y \u00e9l te llevar\u00e1 a donde no quieres.\u201d Con estas palabras, dice el Evangelio, ven\u00eda a significar con qu\u00e9 muerte glorificar\u00eda Pedro a Dios, es decir, siendo atado a una cruz y coronado con el martirio. Pedro, viendo que Jes\u00fas le daba una autoridad suprema y a \u00e9l solo le predec\u00eda el martirio, se mostr\u00f3 ansioso por preguntar qu\u00e9 ser\u00eda de su amigo Juan y dijo: \u201c\u00bfY de este qu\u00e9 ser\u00e1?\u201d A lo que Jes\u00fas respondi\u00f3: \u201c\u00bfQu\u00e9 te importa a ti este? Si yo quisiera que permaneciera hasta mi regreso, \u00bfa ti qu\u00e9 te importa? T\u00fa haz lo que te digo y s\u00edgueme.\u201d Entonces Pedro ador\u00f3 los decretos del Salvador y no se atrevi\u00f3 a hacer m\u00e1s preguntas al respecto.<br><br>Jesucristo apareci\u00f3 muchas veces a San Pedro y a los otros Ap\u00f3stoles; y un d\u00eda se manifest\u00f3 sobre un monte donde estaban presentes m\u00e1s de 500 disc\u00edpulos. En otra ocasi\u00f3n, despu\u00e9s de haberles dado a conocer el supremo y absoluto poder que \u00e9l ten\u00eda en el cielo y en la tierra, confiri\u00f3 a San Pedro y a todos los Ap\u00f3stoles la facultad de remitir los pecados diciendo: \u201cComo el Padre m\u00edo me ha enviado, as\u00ed yo os env\u00edo a vosotros. Recibid el Esp\u00edritu Santo: ser\u00e1n remitidos los pecados a quienes los remitiereis, y ser\u00e1n retenidos a quienes los retuviereis. <em>Quorum remiseritis peccata, remittuntur eis; quorum retinueritis, retenta sun<\/em>t. Id, predicad el Evangelio a toda criatura; ense\u00f1adles y bautizadles en el nombre del Padre, del Hijo y del Esp\u00edritu Santo. El que creyere y fuere bautizado ser\u00e1 salvo; mas el que no creyere ser\u00e1 condenado. A\u00fan tengo muchas cosas que deciros, que ahora no pod\u00e9is sobrellevar. Pero el Esp\u00edritu Santo, que enviar\u00e9 sobre vosotros en pocos d\u00edas, os ense\u00f1ar\u00e1 todas las cosas. No os perd\u00e1is de \u00e1nimo. Ser\u00e9is llevados ante los tribunales, ante los magistrados y ante los mismos reyes. No os preocup\u00e9is por lo que deb\u00e1is responder; el Esp\u00edritu de verdad, que el Padre celestial os enviar\u00e1 en mi nombre, os pondr\u00e1 las palabras en la boca y os sugerir\u00e1 todo. T\u00fa, pues, oh Pedro, y todos vosotros, mis Ap\u00f3stoles, no pens\u00e9is que os dejo hu\u00e9rfanos; no, estar\u00e9 con vosotros todos los d\u00edas hasta el fin de los siglos: <em>Et ecce ego vobiscum sum omnibus diebus usque ad consummationem saeculi<\/em>.\u201d<br>Dijo a\u00fan muchas cosas a sus Ap\u00f3stoles; luego, en el cuadrag\u00e9simo d\u00eda desde su resurrecci\u00f3n, recomend\u00e1ndoles que no salieran de Jerusal\u00e9n hasta despu\u00e9s de la venida del Esp\u00edritu Santo, los condujo al monte de los Olivos. All\u00ed los bendijo y comenz\u00f3 a elevarse en alto. En ese momento apareci\u00f3 una resplandeciente nube que lo rode\u00f3 y lo quit\u00f3 de sus miradas.<br>Los Ap\u00f3stoles a\u00fan estaban con los ojos dirigidos al cielo, como quien est\u00e1 arrebatado en dulce \u00e9xtasis, cuando dos \u00c1ngeles en formas humanas, magn\u00edficamente vestidos, se acercaron y dijeron: \u201cHombres de Galilea, \u00bfpor qu\u00e9 est\u00e1is aqu\u00ed mirando al cielo? Ese Jes\u00fas, que partiendo ahora de vosotros ha ido al cielo, volver\u00e1 de la misma manera en que le hab\u00e9is visto ascender.\u201d Dicho esto, desaparecieron; y aquella devota comitiva parti\u00f3 del monte de los Olivos y regres\u00f3 a Jerusal\u00e9n para esperar la venida del Esp\u00edritu Santo, seg\u00fan el mandato del divino Salvador.<br><br><a id=\"_Toc191157831\">CAP\u00cdTULO XII. San Pedro sustituye a Judas. \u2014 Venida del Esp\u00edritu Santo. \u2014 Milagro de las lenguas. <em>A\u00f1o de Jesucristo 33.<\/em><\/a><em><br><\/em>Hasta ahora hemos considerado a Pedro solamente en su vida privada; pero pronto lo veremos recorrer una carrera mucho m\u00e1s gloriosa, despu\u00e9s de haber recibido los dones del Esp\u00edritu Santo. Ahora observemos c\u00f3mo comenz\u00f3 a ejercer la autoridad de Sumo Pont\u00edfice, de la que hab\u00eda sido investido por Jesucristo.<br>Despu\u00e9s de la ascensi\u00f3n del divino Maestro, San Pedro, los Ap\u00f3stoles y muchos otros disc\u00edpulos se retiraron al cen\u00e1culo, que era una vivienda situada en la parte m\u00e1s elevada de Jerusal\u00e9n, llamada monte Sion. Aqu\u00ed, en n\u00famero de aproximadamente 120 personas, con Mar\u00eda Madre de Jes\u00fas, pasaban los d\u00edas en oraci\u00f3n, esperando la venida del Esp\u00edritu Santo.<br>Un d\u00eda, mientras estaban ocupados en las sagradas funciones, Pedro se levant\u00f3 en medio de ellos y, intimando silencio con la mano, dijo: \u201cHermanos, es necesario que se cumpla lo que el Esp\u00edritu Santo predijo por boca del profeta David acerca de Judas, quien fue gu\u00eda de aquellos que arrestaron al Divino Maestro. \u00c9l, al igual que vosotros, hab\u00eda sido elegido para el mismo ministerio; pero prevaric\u00f3, y con el precio de sus iniquidades fue comprado un campo; y \u00e9l se ahorc\u00f3, y desgarr\u00e1ndose por medio, derram\u00f3 las entra\u00f1as en la tierra. El hecho se hizo p\u00fablico a todos los habitantes de Jerusal\u00e9n, y aquel campo recibi\u00f3 el nombre de Aceldama, es decir, campo de sangre. Ahora, de \u00e9l precisamente fue escrito en el libro de los Salmos: \u2018Sea su morada desierta, y no haya quien habite en ella; y en lugar de \u00e9l, otro le suceda en el episcopado.<a href=\"#_ftn15\" id=\"_ftnref15\">[15]<\/a>\u2019 Por lo tanto, es necesario que entre aquellos que han estado con nosotros todo el tiempo que mor\u00f3 con nosotros Jesucristo, comenzando desde el bautismo de Juan hasta el d\u00eda en que, partiendo de nosotros, ascendi\u00f3 al cielo, es necesario, digo, que entre estos se elija uno, que sea con nosotros testigo de su resurrecci\u00f3n para la obra a la que somos enviados.\u201d<br>Todos callaron ante las palabras de Pedro, pues todos lo consideraban como cabeza de la Iglesia y elegido por Jesucristo para hacer sus veces en la tierra. Por lo tanto, fueron presentados dos, es decir, Jos\u00e9, llamado tambi\u00e9n Barsab\u00e1s (que ten\u00eda por sobrenombre el Justo), y Mat\u00edas. Reconociendo en ambos igual m\u00e9rito y igual virtud, los sagrados electores dejaron a Dios la elecci\u00f3n. Postrados, entonces, comenzaron a orar as\u00ed: \u201cVosotros, Se\u00f1or, que conoc\u00e9is el coraz\u00f3n de todos, mostradnos cu\u00e1l de los dos hab\u00e9is elegido para ocupar el lugar de Judas el traidor.\u201d En ese caso se consider\u00f3 bien usar con la oraci\u00f3n tambi\u00e9n la suerte para conocer la voluntad de Dios. En la actualidad, la Iglesia ya no utiliza este medio, teniendo much\u00edsimas otras formas de reconocer a aquellos que son llamados al ministerio del altar. Entonces echaron la suerte y esta cay\u00f3 sobre Mat\u00edas, quien fue contado con los otros once Ap\u00f3stoles, y as\u00ed llen\u00f3 el duod\u00e9cimo puesto que hab\u00eda quedado vacante.<br>Este es el primer acto de autoridad Pontificia que ejerci\u00f3 San Pedro; autoridad no solo de honor, sino de jurisdicci\u00f3n, tal como la ejercieron en todo tiempo los Papas sus sucesores.<br><br>Hemos considerado en Pedro una fe viva, humildad profunda, obediencia pronta, caridad ferviente y generosa; pero estas bellas cualidades estaban a\u00fan muy lejos de ponerlo en condiciones de ejercer el alto ministerio al que estaba destinado. \u00c9l deb\u00eda vencer la obstinaci\u00f3n de los jud\u00edos, destruir la idolatr\u00eda, convertir a hombres dados a todos los vicios, y establecer en toda la tierra la fe de un Dios Crucificado. La concesi\u00f3n de esta fuerza, de la que Pedro necesitaba para una empresa tan grande, estaba reservada a una gracia especial que deb\u00eda infundirse mediante los dones del Esp\u00edritu Santo, que deb\u00eda descender sobre \u00e9l, para iluminarle la mente e inflamarle el coraz\u00f3n con un inaudito prodigio.<br>Este milagroso acontecimiento es referido por los Libros Sagrados de la siguiente manera: era el d\u00eda de Pentecost\u00e9s, es decir, el quincuag\u00e9simo despu\u00e9s de la resurrecci\u00f3n de Jesucristo, el d\u00e9cimo desde que Pedro estaba en el cen\u00e1culo en oraci\u00f3n con los otros disc\u00edpulos, cuando de repente a la hora tercera, alrededor de las nueve de la ma\u00f1ana, se oy\u00f3 en el monte Sion un gran estruendo similar al ruido del trueno acompa\u00f1ado de un viento fuerte. Ese viento invadi\u00f3 la casa donde estaban los disc\u00edpulos, que fue llenada por todas partes. Mientras cada uno reflexionaba sobre la causa de aquel estruendo, aparecieron llamas que, a manera de lenguas de fuego, se posaban sobre la cabeza de cada uno de los presentes. Eran aquellas llamas s\u00edmbolo del coraje y de la caridad encendida con la que los Ap\u00f3stoles dar\u00edan mano a la predicaci\u00f3n del Evangelio.<br>En ese momento Pedro se convirti\u00f3 en un hombre nuevo; se encontr\u00f3 iluminado a tal punto que conoc\u00eda los m\u00e1s altos misterios, y sinti\u00f3 en s\u00ed mismo un coraje y una fuerza tales que las m\u00e1s grandes empresas le parec\u00edan nada.<br>En ese d\u00eda se celebraba en Jerusal\u00e9n una gran fiesta por parte de los jud\u00edos, y much\u00edsimos hab\u00edan acudido de las m\u00e1s variadas partes del mundo. Algunos de ellos hablaban lat\u00edn, otros griego, otros egipcio, \u00e1rabe, sir\u00edaco, otros a\u00fan persa y as\u00ed sucesivamente.<br>Ahora, al ruido del fuerte viento, corri\u00f3 alrededor del cen\u00e1culo una gran multitud de aquella gente de tantas lenguas y naciones, para saber qu\u00e9 hab\u00eda sucedido. A esa vista salieron los Ap\u00f3stoles y se hicieron a su encuentro para hablar.<br>Y aqu\u00ed comenz\u00f3 a operarse un milagro nunca o\u00eddo; de hecho, los Ap\u00f3stoles, humanamente r\u00fasticos, de modo que apenas sab\u00edan la lengua del pa\u00eds, comenzaron a hablar de las grandezas de Dios en las lenguas de todos aquellos que hab\u00edan acudido. Un hecho tal llen\u00f3 de asombro a los oyentes, quienes, sin saber c\u00f3mo explic\u00e1rselo, se dec\u00edan unos a otros: \u201c\u00bfQu\u00e9 ser\u00e1 esto?\u201d<br><br><a id=\"_Toc191157832\">CAP\u00cdTULO XIII. Primer serm\u00f3n de Pedro. <em>A\u00f1o de Jesucristo 33.<\/em><\/a><em><br><\/em>Mientras la mayor parte admiraba la intervenci\u00f3n de la potencia divina, no faltaron algunos malignos que, acostumbrados a despreciar todo lo santo, no sabiendo qu\u00e9 m\u00e1s decir, iban llamando a los Ap\u00f3stoles borrachos. Realmente una tonter\u00eda rid\u00edcula; pues la embriaguez no hace hablar la lengua desconocida, sino que hace olvidar o maltratar la propia lengua. Fue entonces cuando San Pedro, lleno de santo ardor, comenz\u00f3 a predicar por primera vez a Jesucristo.<br>En nombre de todos los otros Ap\u00f3stoles se adelant\u00f3 ante la multitud, levant\u00f3 la mano, intim\u00f3 silencio y comenz\u00f3 a hablar as\u00ed: \u201cHombres jud\u00edos y vosotros todos que habit\u00e1is en Jerusal\u00e9n, abrid los o\u00eddos a mis palabras y ser\u00e9is iluminados sobre este hecho. Estos hombres no est\u00e1n en absoluto borrachos como vosotros pens\u00e1is, porque estamos apenas a la tercera hora de la ma\u00f1ana, en la que solemos estar en ayuno. Muy distinta es la causa de lo que veis. Hoy se ha verificado en nosotros la profec\u00eda del profeta Joel, quien dijo as\u00ed: \u2018Acontecer\u00e1 en los \u00faltimos d\u00edas, dice el Se\u00f1or, que derramar\u00e9 mi Esp\u00edritu sobre los hombres; y vuestros hijos y vuestras hijas profetizar\u00e1n; vuestros j\u00f3venes tendr\u00e1n visiones y vuestros ancianos sue\u00f1os. De hecho, en aquellos d\u00edas derramar\u00e9 mi esp\u00edritu sobre mis siervos y mis siervas, y se convertir\u00e1n en profetas, y har\u00e9 prodigios en el cielo y en la tierra. Y acontecer\u00e1 que todo aquel que invocare el nombre del Se\u00f1or ser\u00e1 salvo.\u2019<br>\u201cAhora,\u201d continu\u00f3 Pedro, \u201cescuchad, oh hijos de Jacob: ese Se\u00f1or, en cuyo nombre quien creyere ser\u00e1 salvo, es el mismo Jes\u00fas Nazareno, aquel gran hombre a quien Dios daba testimonio con una multitud de milagros que realiz\u00f3, como vosotros mismos hab\u00e9is visto. Vosotros hicisteis morir a aquel hombre por mano de los imp\u00edos y as\u00ed, sin saberlo, servisteis a los decretos de Dios, que quer\u00eda salvar al mundo con su muerte. Dios, por otra parte, lo ha resucitado de entre los muertos, como hab\u00eda predicho el profeta David con estas palabras: \u2018No me dejar\u00e1s en el sepulcro, ni permitir\u00e1s que tu santo pruebe la corrupci\u00f3n.\u2019<br>\u201cNotad,\u201d a\u00f1adi\u00f3 Pedro, \u201cnotad, oh jud\u00edos, que David no pretend\u00eda hablar de s\u00ed mismo, porque bien sab\u00e9is que \u00e9l ha muerto y su sepulcro ha permanecido entre nosotros hasta el d\u00eda de hoy; pero siendo \u00e9l profeta y sabiendo que Dios le hab\u00eda prometido con juramento que de su descendencia nacer\u00eda el Mes\u00edas, profetiz\u00f3 tambi\u00e9n su resurrecci\u00f3n, diciendo que no ser\u00eda dejado en el sepulcro y que su cuerpo no probar\u00eda la corrupci\u00f3n. Este, por lo tanto, es Jes\u00fas Nazareno, que Dios ha resucitado de entre los muertos, de quien nosotros somos testigos. S\u00ed, nosotros le hemos visto volver a la vida, le hemos tocado y hemos comido con \u00e9l.<br>\u201c\u00c9l, por lo tanto, habiendo sido exaltado por la virtud del Padre en el cielo y habiendo recibido de \u00e9l la autoridad de enviar el Esp\u00edritu Santo, seg\u00fan su promesa, hace poco ha enviado sobre nosotros este divino Esp\u00edritu, de cuya virtud veis en nosotros una prueba tan manifiesta. Que luego Jes\u00fas haya ascendido al cielo, lo dice el mismo David con estas palabras: \u2018El Se\u00f1or dijo a mi Se\u00f1or: Si\u00e9ntate a mi derecha, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies.\u2019 Ahora bien, vosotros sab\u00e9is que David no subi\u00f3 al cielo para reinar. Es Jesucristo quien subi\u00f3 al cielo: a \u00e9l, por lo tanto, y no a David, le fueron apropiadas esas palabras. Sepa, por lo tanto, todo el pueblo de Israel que ese Jes\u00fas que hab\u00e9is crucificado fue constituido por Dios Se\u00f1or de todas las cosas, rey y Salvador de su pueblo, y nadie puede salvarse sin tener fe en \u00e9l.\u201d<br>Tal predicaci\u00f3n de Pedro debi\u00f3 enardecer los \u00e1nimos de sus oyentes, a quienes reprochaba el enorme delito cometido contra la persona del divino Salvador. Pero era Dios quien hablaba por boca de su ministro, y por lo tanto, su predicaci\u00f3n produjo efectos maravillosos. As\u00ed, agitados como por un fuego interno, efecto de la gracia de Dios, de todas partes iban exclamando con coraz\u00f3n verdaderamente contrito: \u201c\u00bfQu\u00e9 debemos hacer?\u201d San Pedro, observando que la gracia del Se\u00f1or operaba en sus corazones y que ya cre\u00edan en Jesucristo, les dijo: \u201cHaced penitencia y cada uno, en nombre de Jesucristo, reciba el bautismo; as\u00ed obtendr\u00e9is la remisi\u00f3n de los pecados y recibir\u00e9is el Esp\u00edritu Santo.\u201d<br>El Ap\u00f3stol continu\u00f3 instruyendo a aquella multitud, animando a todos a confiar en la misericordia y bondad de Dios, que desea la salvaci\u00f3n de los hombres. El fruto de este primer serm\u00f3n correspondi\u00f3 a la ardiente caridad del predicador. Alrededor de 3.000 personas se convirtieron a la fe de Jesucristo y fueron bautizadas por los Ap\u00f3stoles. As\u00ed comenzaban a cumplirse las palabras del Salvador cuando dijo a Pedro que en adelante no ser\u00eda m\u00e1s pescador de peces, sino pescador de hombres. San Agust\u00edn asegura que San Esteban protom\u00e1rtir fue convertido en este serm\u00f3n.<br><br><a id=\"_Toc191157833\">CAP\u00cdTULO XIV. San Pedro sana a un cojo. \u2014 Su segundo serm\u00f3n. <em>A\u00f1o de Jesucristo 33.<\/em><\/a><br>Poco despu\u00e9s de esta predicaci\u00f3n, a la hora nona, es decir, a las tres de la tarde, Pedro y su amigo Juan, como para agradecer a Dios por los beneficios recibidos, iban juntos al templo a orar. Al llegar a una puerta del templo llamada \u00abEspl\u00e9ndida\u00bb o \u00abBella\u00bb, encontraron a un hombre cojo de ambos pies desde su nacimiento. No pudiendo sostenerse, \u00e9l estaba all\u00ed llevado para vivir pidiendo limosna a aquellos que ven\u00edan al lugar santo. Ese desafortunado, cuando vio a los dos Ap\u00f3stoles cerca de \u00e9l, les pidi\u00f3 caridad, como hac\u00eda con todos. Pedro, as\u00ed inspirado por Dios, mir\u00e1ndolo fijamente, le dijo: \u201cMira hacia nosotros.\u201d \u00c9l miraba, y con la esperanza de recibir algo no parpadeaba. Entonces Pedro: \u201cEscucha, oh buen hombre, no tengo ni oro ni plata para darte; lo que tengo te lo doy. En el nombre de Jes\u00fas Nazareno, lev\u00e1ntate y camina.\u201d Luego lo tom\u00f3 de la mano para levantarlo, como en casos similares hab\u00eda visto hacer al divino Maestro. En ese momento, el cojo sinti\u00f3 que sus piernas se fortalec\u00edan, sus nervios se robustec\u00edan y adquir\u00eda fuerzas como cualquier otro hombre m\u00e1s sano. Sinti\u00e9ndose curado, dio un salto, comenz\u00f3 a caminar y, saltando de alegr\u00eda y alabando a Dios, entr\u00f3 con los dos Ap\u00f3stoles en el templo. Toda la gente, que hab\u00eda sido testigo del hecho y ve\u00eda al cojo caminar por s\u00ed mismo, no pudo dejar de reconocer en esa curaci\u00f3n un verdadero milagro. El lenguaje de los hechos es m\u00e1s eficaz que el de las palabras. Por eso, la multitud, al saber que hab\u00eda sido San Pedro quien devolvi\u00f3 la salud a ese miserable, se aglomer\u00f3 en gran n\u00famero alrededor de \u00e9l y de Juan, deseando todos admirar con sus propios ojos a quien sab\u00eda hacer obras tan asombrosas.<br>Este es el primer milagro que, despu\u00e9s de la Ascensi\u00f3n de Jesucristo, fue realizado por los Ap\u00f3stoles, y era conveniente que lo hiciera Pedro, ya que \u00e9l ten\u00eda entre todos la primera dignidad en la Iglesia. Pero Pedro, al verse rodeado de tanta gente, consider\u00f3 una buena ocasi\u00f3n para dar a Dios la gloria debida y glorificar al mismo tiempo a Jesucristo en cuyo nombre se hab\u00eda realizado el prodigio.<br>\u201cHijitos de Israel,\u201d les dijo, \u201c\u00bfpor qu\u00e9 os maravill\u00e1is tanto de este hecho? \u00bfPor qu\u00e9 ten\u00e9is los ojos tan fijos en nosotros, como si por nuestra virtud hubi\u00e9ramos hecho caminar a este hombre? El Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, el Dios de nuestros padres, ha glorificado a su Hijo Jes\u00fas, ese Jes\u00fas que vosotros hab\u00e9is traicionado y negado ante Pilato, cuando \u00e9l juzgaba liberarlo como inocente. Vosotros, por tanto, hab\u00e9is tenido la osad\u00eda de negar al Santo y al Justo, y hab\u00e9is solicitado que se liberara de la muerte a Barrab\u00e1s, ladr\u00f3n y homicida, y renunciando al Justo, al Santo, y al autor de la vida, lo hab\u00e9is hecho morir. Pero Dios lo ha resucitado de entre los muertos, y nosotros somos testigos de ello, pues lo hemos visto varias veces, lo hemos tocado y hemos comido con \u00e9l. Ahora, en virtud de su nombre, por la fe que viene de \u00e9l, ha sido sanado este cojo que vosotros veis y conoc\u00e9is; es Jes\u00fas quien lo ha devuelto a perfecta salud delante de todos vosotros. Ahora s\u00e9 bien que vuestro delito y el de vuestros jefes, aunque no tenga excusa suficiente, fue cometido por ignorancia. Pero Dios, que hab\u00eda hecho predecir por sus profetas que el Mes\u00edas deb\u00eda sufrir tales cosas, ha permitido que esto lo verificaseis sin querer, de modo que el decreto de la misericordia de Dios ha tenido su cumplimiento. Volved, por tanto, a vosotros mismos y haced penitencia, para que sean borrados vuestros pecados y as\u00ed pod\u00e1is luego presentaros con seguridad de vuestra salvaci\u00f3n ante el tribunal de este mismo Jesucristo que yo os he predicado, y de quien todos seremos juzgados.<br>\u201cEstas cosas,\u201d prosigui\u00f3 Pedro, \u201cfueron predichas por Dios; creed, por tanto, a sus profetas y entre todos creed a Mois\u00e9s, que es el mayor de ellos. \u00bfQu\u00e9 dice \u00e9l? \u2018El Se\u00f1or,\u2019 dice Mois\u00e9s, \u2018har\u00e1 surgir un profeta como yo, y a \u00e9l creer\u00e9is en todo lo que os dir\u00e1. Quien no escuche lo que dice este profeta ser\u00e1 exterminado de su pueblo.\u2019<br><br>\u201cEsto dec\u00eda Mois\u00e9s y hablaba de Jes\u00fas. Despu\u00e9s de Mois\u00e9s, comenzando desde Samuel, todos los profetas que vinieron predijeron este d\u00eda y las cosas que han acontecido. Tales cosas y las grandes bendiciones que son predichas pertenecen a vosotros. Vosotros sois los hijos de los profetas, de las promesas y de las alianzas que Dios hizo ya con nuestros padres diciendo a Abraham, que es el tronco de la descendencia de los justos: \u2018En ti y en tu simiente ser\u00e1n bendecidas todas las generaciones del mundo.\u2019 \u00c9l hablaba del Redentor, de ese Jes\u00fas Hijo de Dios descendiente de Abraham; ese Jes\u00fas que Dios ha resucitado de entre los muertos y que nos manda predicar su palabra antes de predicarla a cualquier otro pueblo, llev\u00e1ndoos por medio nuestro la promesa de bendici\u00f3n, para que os convirt\u00e1is de vuestros pecados y teng\u00e1is la vida eterna.\u201d<br>A esta segunda predicaci\u00f3n de San Pedro siguieron numeros\u00edsimas conversiones a la fe. Cinco mil hombres pidieron el bautismo, de modo que el n\u00famero de convertidos en solo dos predicaciones ascend\u00eda ya a ocho mil personas, sin contar a las mujeres y los ni\u00f1os.<br><br><a id=\"_Toc191157834\">CAP\u00cdTULO XV. Pedro es encarcelado con Juan y es liberado.<\/a><br>El enemigo de la humanidad, que ve\u00eda destruirse su reino, trat\u00f3 de suscitar una persecuci\u00f3n contra la Iglesia en su mismo inicio. Mientras Pedro predicaba, llegaron los sacerdotes, los magistrados del templo y los saduceos, quienes negaban la resurrecci\u00f3n de los muertos. Estos se mostraban sumamente enfurecidos porque Pedro predicaba al pueblo la resurrecci\u00f3n de Jesucristo.<br>Impacientemente y llenos de c\u00f3lera interrumpieron la predicaci\u00f3n de Pedro, le pusieron las manos encima y lo condujeron junto con Juan a la prisi\u00f3n, con la intenci\u00f3n de discutir con uno y otro al d\u00eda siguiente. Pero temiendo las protestas del pueblo, no les hicieron ning\u00fan da\u00f1o.<br>Al amanecer, se reunieron todos los principales de la ciudad; es decir, todo el supremo magistrado de la naci\u00f3n se reuni\u00f3 en consejo para juzgar a los dos Ap\u00f3stoles, como si fueran los m\u00e1s infames y los m\u00e1s formidables hombres del mundo. En medio de esa imponente asamblea fueron introducidos Pedro y Juan, y con ellos el cojo que hab\u00edan sanado.<br>Se les hizo, por tanto, solemnemente esta pregunta: \u201c\u00bfCon qu\u00e9 poder y en nombre de qui\u00e9n hab\u00e9is vosotros sanado a ese cojo?\u201d Entonces Pedro, lleno del Esp\u00edritu Santo, con un valor verdaderamente digno del jefe de la Iglesia, comenz\u00f3 a hablar de la siguiente manera:<br>\u201cPr\u00edncipes del pueblo, y vosotros doctores de la ley, escuchad. Si en este d\u00eda somos acusados y se nos forma un proceso por una obra bien hecha como es la sanaci\u00f3n de este enfermo, sabed todos, y lo sepa todo el pueblo de Israel, que este, el cual veis aqu\u00ed en vuestra presencia sano y salvo, ha obtenido la sanidad en el nombre del Se\u00f1or Jes\u00fas Nazareno; ese mismo que vosotros crucificasteis y que Dios ha hecho resucitar de la muerte a la vida. Esta es la piedra de la construcci\u00f3n que de vosotros fue rechazada y que ahora se ha convertido en la Piedra angular. Nadie puede tener salvaci\u00f3n si no es en \u00e9l, ni hay otro nombre bajo el cielo dado a los hombres fuera de este, en el cual se pueda tener salvaci\u00f3n.\u201d<br>Este hablar franco y resuelto del pr\u00edncipe de los Ap\u00f3stoles produjo profunda impresi\u00f3n en el \u00e1nimo de todos aquellos que compon\u00edan la asamblea, de modo que, admirando el valor y la inocencia de Pedro, no sab\u00edan a qu\u00e9 partido aferrarse. Quer\u00edan castigarlos, pero el gran cr\u00e9dito que el milagro realizado poco antes les hab\u00eda hecho adquirir en toda la ciudad hac\u00eda temer tristes consecuencias.<br>Sin embargo, queriendo tomar alguna resoluci\u00f3n, hicieron salir a los dos Ap\u00f3stoles del lugar del consejo y acordaron prohibirles, bajo penas sever\u00edsimas, que no hablasen nunca m\u00e1s en el futuro de las cosas pasadas, ni nunca m\u00e1s nombrar a Jes\u00fas Nazareno, para que se perdiese incluso la memoria de \u00e9l. Pero est\u00e1 escrito que son in\u00fatiles los esfuerzos de los hombres cuando son contrarios a la voluntad de Dios.<br>Por tanto, conducidos de nuevo los dos Ap\u00f3stoles en medio del consejo, al o\u00edr intimarse esa severa amenaza, lejos de asustarse, con firmeza y constancia mayor que antes, Pedro respondi\u00f3:<br>\u201cAhora, decidid vosotros mismos si la justicia y la raz\u00f3n permiten obedecer m\u00e1s bien a vosotros que a Dios. No podemos dejar de manifestar lo que hemos o\u00eddo y visto.\u201d<br>Entonces esos jueces, cada vez m\u00e1s confundidos, sin saber qu\u00e9 responder ni qu\u00e9 hacer, tomaron la resoluci\u00f3n de enviarlos por esta vez impunes, prohibi\u00e9ndoles solamente que no predicaran m\u00e1s a Jes\u00fas Nazareno.<br>Apenas fueron dejados en libertad, Pedro y Juan fueron inmediatamente a encontrar a los otros disc\u00edpulos, quienes estaban en gran inquietud por su prisi\u00f3n. Cuando luego oyeron el relato de lo que hab\u00eda acontecido, cada uno dio gracias a Dios, pidi\u00e9ndole que quisiera dar fuerza y virtud para predicar la divina palabra frente a cualquier peligro.<br>Si los cristianos de hoy en d\u00eda tuvieran todos el valor de los fieles de los primeros tiempos y, superando todo respeto humano, profesaran intr\u00e9pidos su fe, ciertamente no se ver\u00eda tanto desprecio de nuestra santa religi\u00f3n, y quiz\u00e1s muchos que intentan burlarse de la religi\u00f3n y de los sagrados ministros se ver\u00edan obligados a venerarla junto con sus ministros.<br><br><a id=\"_Toc191157835\">CAP\u00cdTULO XVI. Vida de los primeros Cristianos. \u2014 Hecho de Anan\u00edas y Safira. \u2014 Milagros de San Pedro. <em>A\u00f1o de Jesucristo 34.<\/em><\/a><em><br><\/em>Por las predicaciones de San Pedro y por el celo de los otros Ap\u00f3stoles, el n\u00famero de fieles hab\u00eda crecido enormemente.<br>En los d\u00edas establecidos se reun\u00edan juntos para las funciones sagradas. Y la Sagrada Escritura dice precisamente que esos fieles eran perseverantes en la oraci\u00f3n, en escuchar la palabra de Dios y en recibir con frecuencia la santa comuni\u00f3n, de modo que entre todos formaban un solo coraz\u00f3n y una sola alma para amar y servir a Dios Creador.<br>Muchos, por el deseo de desprender completamente el coraz\u00f3n de los bienes de la tierra y pensar \u00fanicamente en el cielo, vend\u00edan sus propiedades y las llevaban a los pies de los Ap\u00f3stoles, para que hicieran el uso que mejor creyeran a favor de los pobres. La Sagrada Escritura hace un especial elogio de un cierto Jos\u00e9, apodado Bernab\u00e9, que fue luego fiel compa\u00f1ero de San Pablo Ap\u00f3stol. Este vendi\u00f3 un campo que pose\u00eda y llev\u00f3 generosamente el precio entero a los Ap\u00f3stoles. Muchos, siguiendo su ejemplo, compet\u00edan para dar muestra de su desapego de las cosas terrenas, de modo que en breve esos fieles formaban una sola familia, de la cual Pedro era el jefe visible. Entre ellos no hab\u00eda pobres, porque los ricos compart\u00edan sus bienes con los necesitados.<br>Sin embargo, incluso en esos tiempos felices hubo algunos fraudulentos, quienes, guiados por un esp\u00edritu de hipocres\u00eda, intentaron enga\u00f1ar a San Pedro y mentir al Esp\u00edritu Santo. Lo cual tuvo las m\u00e1s funestas consecuencias. He aqu\u00ed c\u00f3mo el texto sagrado nos expone el terrible acontecimiento.<br>Ciertamente Anan\u00edas con su esposa Safira hicieron a Dios promesa de vender una de sus propiedades y, al igual que los otros fieles, llevar el precio a los Ap\u00f3stoles para que lo distribuyeran seg\u00fan las diversas necesidades. Ellos cumplieron puntualmente la primera parte de la promesa, pero el amor al oro los condujo a violar la segunda.<br>Ellos eran due\u00f1os de quedarse con el campo o con el precio, pero hecha la promesa estaban obligados a mantenerla, ya que las cosas que se consagran a Dios o a la Iglesia se vuelven sagradas e inviolables.<br>De acuerdo, por tanto, entre ellos, retuvieron para s\u00ed una parte del precio y llevaron la otra a San Pedro con la intenci\u00f3n de hacerle creer que esta era la suma total obtenida de la venta. Pedro tuvo especial revelaci\u00f3n del enga\u00f1o y, apenas Anan\u00edas apareci\u00f3 ante \u00e9l, sin darle tiempo a pronunciar palabra, con tono autoritario y grave comenz\u00f3 a reprocharle as\u00ed: \u201c\u00bfPor qu\u00e9 te has dejado seducir por el esp\u00edritu de Satan\u00e1s hasta mentir al Esp\u00edritu Santo, reteniendo una porci\u00f3n del precio de ese campo tuyo? \u00bfNo era \u00e9l en tu poder antes de venderlo? Y despu\u00e9s de haberlo vendido, \u00bfno estaba a tu disposici\u00f3n toda la suma obtenida? \u00bfPor qu\u00e9, entonces, has concebido este malvado designio? Debes, por tanto, saber que has mentido no a los hombres, sino a Dios.\u201d A ese tono de voz, a esas palabras, Anan\u00edas, como golpeado por un rayo, cay\u00f3 muerto al instante.<br>Apenas pasadas tres horas, tambi\u00e9n se present\u00f3 ante Pedro Safira, sin saber nada del luctuoso final de su marido. El Ap\u00f3stol us\u00f3 mayor compasi\u00f3n hacia ella y quiso darle espacio de penitencia interrog\u00e1ndola si esa suma era el entero producto de la venta de ese campo. La mujer, con la misma intrepidez y temeridad que Anan\u00edas, con otra mentira confirm\u00f3 la mentira de su marido. Por lo tanto, reprendida por San Pedro con el mismo celo y con la misma fuerza, cay\u00f3 ella tambi\u00e9n al instante y expir\u00f3. Es de esperar que un castigo tan terrible y temporal haya contribuido a hacerles ahorrar el castigo eterno en la otra vida. Una pena tan ejemplar era necesaria para insinuar veneraci\u00f3n por el cristianismo a todos aquellos que ven\u00edan a la fe y procurar respeto al pr\u00edncipe de los Ap\u00f3stoles, as\u00ed como para dar un ejemplo del modo terrible con que Dios castiga al perjuro y al mismo tiempo ense\u00f1arnos a ser fieles a las promesas hechas a Dios.<br>Este hecho, junto con los muchos milagros que Pedro operaba, hizo que se duplicara el fervor entre los fieles y se expandiera la fama de sus virtudes.<br>Todos los Ap\u00f3stoles operaban milagros. Un enfermo que hubiera estado en contacto con alguno de los Ap\u00f3stoles era inmediatamente sanado. San Pedro, adem\u00e1s, sobresal\u00eda sobre cualquier otro. Era tal la confianza que todos ten\u00edan en \u00e9l y en sus virtudes, que, de todas partes, incluso de pa\u00edses lejanos, ven\u00edan a Jerusal\u00e9n para ser testigos de sus milagros. A veces suced\u00eda que \u00e9l estaba rodeado de tal cantidad de cojos y de tantos enfermos que ya no era posible acercarse a \u00e9l. Por eso llevaban a los enfermos en camillas a las plazas p\u00fablicas y a las calles, de modo que, al pasar por all\u00ed San Pedro, al menos la sombra de su cuerpo llegara a tocarlos: lo cual era suficiente para hacer sanar toda clase de enfermedades. San Agust\u00edn asegura que un muerto, sobre el cual hab\u00eda pasado la sombra de Pedro, resucit\u00f3 inmediatamente.<br>Los Santos Padres ven en este hecho el cumplimiento de la promesa del Redentor a sus Ap\u00f3stoles, diciendo que ellos habr\u00edan operado milagros a\u00fan mayores que los que \u00e9l mismo hab\u00eda considerado oportuno realizar durante su vida mortal<a href=\"#_ftn16\" id=\"_ftnref16\">[16]<\/a>.<br><br><a id=\"_Toc191157836\">CAP\u00cdTULO XVII. San Pedro de nuevo encarcelado. \u2014 Es liberado por un \u00e1ngel. <em>A\u00f1o de Jesucristo 34.<\/em><\/a><em><br><\/em>La Iglesia de Jesucristo adquir\u00eda nuevos fieles cada d\u00eda. La multitud de milagros unida a la vida santa de esos primeros cristianos hac\u00eda que personas de todos los grados, edades y condiciones corrieran en masa para pedir el Bautismo y as\u00ed asegurar su eterna salvaci\u00f3n. Pero el pr\u00edncipe de los sacerdotes y los saduceos se consum\u00edan de rabia y celos; y sin saber qu\u00e9 medio usar para impedir la propagaci\u00f3n del Evangelio, tomaron a Pedro y a los otros Ap\u00f3stoles y los encerraron en prisi\u00f3n. Pero Dios, para demostrar una vez m\u00e1s que son vanos los planes de los hombres cuando son contrarios a los deseos del Cielo, y que \u00c9l puede hacer lo que quiere y cuando quiere, envi\u00f3 esa misma noche un \u00e1ngel que, abriendo las puertas de la prisi\u00f3n, los sac\u00f3 afuera dici\u00e9ndoles: \u201cEn nombre de Dios, vayan y predique con seguridad en el templo, en presencia del pueblo, las palabras de vida eterna. No teman ni los mandatos ni las amenazas de los hombres.\u201d<br>Los Ap\u00f3stoles, al verse tan prodigiosamente favorecidos y defendidos por Dios, seg\u00fan la orden recibida, muy de ma\u00f1ana se dirigieron al templo a predicar y ense\u00f1ar al pueblo. El pr\u00edncipe de los sacerdotes, que deseaba castigar severamente a los Ap\u00f3stoles, para dar solemnidad al proceso, convoc\u00f3 al Sanedr\u00edn, a los ancianos, a los escribas y a todos aquellos que ten\u00edan alguna autoridad sobre el pueblo. Luego envi\u00f3 a buscar a los Ap\u00f3stoles para que fueran conducidos all\u00ed desde la prisi\u00f3n.<br>Los ministros, es decir, los matones, obedecieron las \u00f3rdenes dadas. Fueron, abrieron la c\u00e1rcel, entraron y no encontraron alma viva. Regresaron inmediatamente a la asamblea y, llenos de asombro, anunciaron la cosa as\u00ed: \u201cHemos encontrado la c\u00e1rcel cerrada y vigilada con toda diligencia; las guardias manten\u00edan fielmente su puesto, pero, al abrirla, no hemos encontrado a nadie.\u201d Al o\u00edr esto, no sab\u00edan a qu\u00e9 partido aferrarse.<br>Mientras estaban consultando sobre lo que deb\u00edan deliberar, lleg\u00f3 uno diciendo: \u201c\u00bfNo lo saben? Aquellos hombres que metieron ayer en prisi\u00f3n est\u00e1n ahora en el templo predicando con mayor fervor que antes.\u201d Entonces se sintieron m\u00e1s que nunca ardientes de rabia contra los Ap\u00f3stoles; pero el temor de enemistarse con el pueblo los detuvo, porque correr\u00edan el riesgo de ser apedreados.<br>El prefecto del templo se ofreci\u00f3 a arreglar \u00e9l mismo tal asunto con el mejor expediente posible. Fue all\u00ed donde estaban los predicadores y, con buenas maneras, sin usar ninguna violencia, los invit\u00f3 a venir con \u00e9l y los condujo en medio de la asamblea.<br>El sumo sacerdote, dirigi\u00e9ndose a ellos, dijo: \u201cHace apenas algunos d\u00edas que les hemos prohibido estrictamente hablar de este Jes\u00fas Nazareno, y mientras tanto ustedes han llenado la ciudad de esta nueva doctrina. Parece que quieren derramar sobre nosotros la muerte de aquel hombre y hacernos odiar por toda la gente como culpables de esa sangre. \u00bfC\u00f3mo se atreven a hacer esto?\u201d<br>\u201cNos parece que hemos hecho muy bien,\u201d respondi\u00f3 Pedro tambi\u00e9n en nombre de los otros Ap\u00f3stoles, \u201cporque es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres. Lo que predicamos es una verdad que Dios nos ha puesto en la boca, y no tememos dec\u00edrselo a ustedes en esta venerable asamblea.\u201d Aqu\u00ed Pedro repiti\u00f3 lo que otras veces hab\u00eda dicho sobre la vida, pasi\u00f3n y muerte del Salvador; concluyendo siempre que era imposible para ellos callar aquellas cosas que, seg\u00fan las \u00f3rdenes recibidas de Dios, deb\u00edan predicar.<br>A esas palabras de los Ap\u00f3stoles, pronunciadas con tanta firmeza, no teniendo qu\u00e9 oponer, se consum\u00edan de rabia y ya pensaban en hacerlos morir. Pero fueron disuadidos por un tal Gamaliel, que era uno de los doctores de la ley all\u00ed reunidos. Este, considerando bien todo, hizo salir por breve tiempo a los Ap\u00f3stoles, luego, levant\u00e1ndose, dijo en plena asamblea: \u201cOh israelitas, presten bien atenci\u00f3n a lo que est\u00e1n a punto de hacer respecto a estos hombres; porque si esta es obra de hombres, caer\u00e1 por s\u00ed misma, como ocurri\u00f3 con tantos otros; pero si la obra es de Dios, \u00bfpodr\u00e1n ustedes impedirla y destruirla, o querr\u00e1n oponerse a Dios?\u201d Toda la asamblea se aquiet\u00f3 y sigui\u00f3 su consejo.<br>Hechos, por tanto, de nuevo entrar a los Ap\u00f3stoles, primero los hicieron azotar; luego les ordenaron que absolutamente no hablasen m\u00e1s de Jesucristo. Pero ellos salieron del concilio llenos de alegr\u00eda, porque hab\u00edan sido considerados dignos de sufrir algo por el nombre de Jesucristo.<br><br><a id=\"_Toc191157837\">CAP\u00cdTULO XVIII. Elecci\u00f3n de los siete di\u00e1conos. \u2014 San Pedro resiste a la persecuci\u00f3n de Jerusal\u00e9n. \u2014 Va a Samaria. \u2014 Su primer enfrentamiento con Sim\u00f3n Mago. <em>A\u00f1o de Jesucristo 35.<\/em><\/a><em><br><\/em>La multitud de fieles que abrazaban la fe ocupaba tanto el celo de los Ap\u00f3stoles, que ellos, debiendo atender a la predicaci\u00f3n de la palabra divina, a la instrucci\u00f3n de los nuevos convertidos, a la oraci\u00f3n, a la administraci\u00f3n de los sacramentos, no pod\u00edan ocuparse m\u00e1s de los asuntos temporales. Tal cosa era causa de descontento entre algunos cristianos, casi como si en la distribuci\u00f3n de las ayudas fueran tenidos en poca consideraci\u00f3n o despreciados. De esto informados San Pedro y los otros Ap\u00f3stoles, resolvieron poner remedio.<br>Convocaron, por tanto, una numerosa asamblea de fieles y, haci\u00e9ndoles entender c\u00f3mo no deb\u00edan descuidar las cosas de su sagrado ministerio para ocuparse de los subsidios temporales, propusieron la elecci\u00f3n de siete di\u00e1conos, quienes, conocidos por su celo y por su virtud, atendieran a la administraci\u00f3n de ciertas cosas sagradas, como la administraci\u00f3n del Bautismo, de la Eucarist\u00eda; y al mismo tiempo tuvieran cuidado de la distribuci\u00f3n de las limosnas y de otras cosas materiales.<br><br>Todos aprobaron ese prop\u00f3sito; entonces San Pedro y los otros Ap\u00f3stoles impusieron las manos a los nuevos elegidos y los destinaron cada uno a sus propios oficios. Con la adici\u00f3n de estos siete di\u00e1conos, adem\u00e1s de haber provisto a las necesidades temporales, tambi\u00e9n se multiplicaron los obreros evang\u00e9licos, y por lo tanto mayores conversiones. De los siete di\u00e1conos fue c\u00e9lebre san Esteban, que por su intrepidez al sostener la verdad del Evangelio, fue asesinado por apedreamiento fuera de la ciudad. \u00c9l es com\u00fanmente llamado Protom\u00e1rtir, es decir, primer m\u00e1rtir, que despu\u00e9s de Jesucristo dio la vida por la fe. La muerte de san Esteban fue el inicio de una gran persecuci\u00f3n suscitada por los jud\u00edos contra todos los seguidores de Jesucristo, lo cual oblig\u00f3 a los fieles a dispersarse aqu\u00ed y all\u00e1 por varias ciudades y en diferentes pa\u00edses.<br>Pedro con los otros Ap\u00f3stoles permaneci\u00f3 en Jerusal\u00e9n tanto para confirmar a los fieles en la fe, como para mantener viva relaci\u00f3n con aquellos que estaban en otros pa\u00edses dispersos. Al fin, para evitar el furor de los jud\u00edos, se manten\u00eda escondido, conocido solamente por los seguidores del Evangelio, saliendo, sin embargo, de su secreta morada cuando ve\u00eda la necesidad. Mientras tanto, un edicto del emperador Tiberio Augusto a favor de los cristianos y la conversi\u00f3n de San Pablo hicieron cesar la persecuci\u00f3n. Y fue entonces cuando se conoci\u00f3 c\u00f3mo la providencia de Dios no permite ning\u00fan mal sin sacar de \u00e9l un bien; pues se sirvi\u00f3 de la persecuci\u00f3n para difundir el Evangelio en otros lugares, y se puede decir que cada fiel era un predicador de Jesucristo en todos aquellos pa\u00edses donde iba a refugiarse. Entre aquellos que fueron forzados a huir de Jerusal\u00e9n, hubo uno de los siete di\u00e1conos llamado Felipe.<br>\u00c9l fue a la ciudad de Samaria, donde con la predicaci\u00f3n y con los milagros hizo muchas conversiones. Al llegar a Jerusal\u00e9n la noticia de que un n\u00famero extraordinario de samaritanos hab\u00eda venido a la fe, los Ap\u00f3stoles resolvieron enviar all\u00ed algunos que administraran el Sacramento de la Confirmaci\u00f3n y suplieran a aquellos a quienes los di\u00e1conos no ten\u00edan la autoridad de administrar. Fueron, por tanto, destinados para esa misi\u00f3n Pedro y Juan: Pedro porque, como cabeza de la Iglesia, recibiera en su seno a esa naci\u00f3n extranjera y uniera a los samaritanos a los jud\u00edos; Juan luego como amigo especial de San Pedro y ilustre entre los dem\u00e1s por milagros y santidad.<br>Hab\u00eda en Samaria un cierto Sim\u00f3n de Git\u00f3n, apodado Mago, es decir, hechicero. Este, a fuerza de charlataner\u00edas y encantamientos, hab\u00eda enga\u00f1ado a muchos, presumi\u00e9ndose de ser algo extraordinario. Afirmando blasfemamente, dec\u00eda que \u00e9l era la virtud de Dios, la cual se dice grande. La gente parec\u00eda enloquecida por \u00e9l y le segu\u00eda aclam\u00e1ndolo casi como si fuera algo divino. Sinti\u00e9ndose un d\u00eda presente a la predicaci\u00f3n de Felipe, se conmovi\u00f3, y pidi\u00f3 el Bautismo para operar tambi\u00e9n \u00e9l las maravillas que generalmente los fieles operaban despu\u00e9s de haber recibido este Sacramento.<br>Llegados all\u00ed Pedro y Juan se pusieron a administrar el Sacramento de la Confirmaci\u00f3n, imponiendo las manos como hacen los Obispos de hoy en d\u00eda. Sim\u00f3n, viendo que con la imposici\u00f3n de las manos recib\u00edan tambi\u00e9n el don de lenguas y de hacer milagros, pens\u00f3 que ser\u00eda para \u00e9l una gran fortuna si pudiera operar las mismas cosas. Acerc\u00e1ndose, pues, a Pedro sac\u00f3 una bolsa de dinero y se la ofreci\u00f3 pidi\u00e9ndole que tambi\u00e9n le concediera el poder de hacer milagros y de dar el Esp\u00edritu Santo a aquellos a quienes \u00e9l impusiera las manos.<br>San Pedro, vivamente indignado por tal impiedad, y dirigi\u00e9ndose a \u00e9l: \u201cPerverso,\u201d le dijo, \u201csea contigo tu dinero para perdici\u00f3n, pues has cre\u00eddo que por dinero se pueden comprar los dones del Esp\u00edritu Santo. Apres\u00farate a hacer penitencia por esta tu maldad y ruega a Dios que te quiera conceder el perd\u00f3n.\u201d<br>Sim\u00f3n, temiendo que le sucediera a \u00e9l lo que hab\u00eda ocurrido a Anan\u00edas y Safira, todo asustado respondi\u00f3: \u201cEs verdad: ustedes tambi\u00e9n oren por m\u00ed para que en m\u00ed no se verifique tal amenaza.\u201d Estas palabras parecen demostrar que \u00e9l estaba arrepentido, pero no lo estaba: no pidi\u00f3 a los Ap\u00f3stoles que le imploraran a Dios misericordia, sino que mantuvieran de \u00e9l lejos el flagelo. Pasado el temor del castigo, volvi\u00f3 a ser el de antes, es decir, mago, seductor, amigo del demonio. Lo veremos en otros enfrentamientos con Pedro.<br>Los dos Ap\u00f3stoles Pedro y Juan, cuando hubieron administrado el Sacramento de la Confirmaci\u00f3n a los nuevos fieles de Samaria y los hubieron fortalecido en la fe que poco antes hab\u00edan recibido, d\u00e1ndoles el saludo de paz, partieron de esa ciudad. Pasaron por muchos lugares predicando a Jesucristo, considerando poca toda fatiga siempre que contribuyera a propagar el Evangelio y ganar almas para el cielo.<br><br><a id=\"_Toc191157838\">CAP\u00cdTULO XIX. San Pedro funda la c\u00e1tedra de Antioqu\u00eda; regresa a Jerusal\u00e9n. \u2014 Es visitado por San Pablo. <em>A\u00f1o de Jesucristo 36.<\/em><\/a><br>San Pedro, regresado de Samaria, permaneci\u00f3 alg\u00fan tiempo en Jerusal\u00e9n, luego fue a predicar la gracia del Se\u00f1or en varios pa\u00edses. Mientras con celo digno del pr\u00edncipe de los Ap\u00f3stoles visitaba las iglesias que se iban fundando aqu\u00ed y all\u00e1, se enter\u00f3 de que Sim\u00f3n Mago de Samaria se hab\u00eda ido a Antioqu\u00eda para esparcir all\u00ed sus imposturas. \u00c9l entonces resolvi\u00f3 ir a esa ciudad para disipar los errores de ese enemigo de Dios y de los hombres. Al llegar a esa capital, se puso inmediatamente a predicar el Evangelio con gran celo, y logr\u00f3 convertir tal n\u00famero de gente a la fe, que los fieles comenzaron all\u00ed a ser llamados cristianos, es decir, seguidores de Jesucristo.<br>Entre los personajes ilustres que por las predicas de San Pedro se convirtieron fue San Evodio. Al primer arribo de Pedro, \u00e9l lo invit\u00f3 a su casa, y el santo Ap\u00f3stol se le aficion\u00f3, le procur\u00f3 la necesaria instrucci\u00f3n y, vi\u00e9ndolo adornado de las necesarias virtudes, lo consagr\u00f3 sacerdote, luego obispo, para que hiciera sus veces en tiempo de su ausencia, y para que le sucediera luego en esa sede episcopal.<br>Cuando Pedro quer\u00eda dar inicio a la predicaci\u00f3n en esa ciudad encontraba grave obst\u00e1culo por parte del gobernador, que era un pr\u00edncipe de nombre Te\u00f3filo. Este hizo poner en prisi\u00f3n al santo Ap\u00f3stol como inventor de una religi\u00f3n contraria a la religi\u00f3n del estado. Quiso, por tanto, venir a disputa sobre las cosas que predicaba, y al o\u00edrlo decir que Jesucristo, por amor a los hombres, hab\u00eda muerto en la cruz, dijo: \u201cEste est\u00e1 loco, no hay que escucharlo m\u00e1s.\u201d Para que luego fuera considerado como tal, por burla le hizo cortar el cabello por la mitad, dej\u00e1ndole un c\u00edrculo alrededor de la cabeza como de corona. Lo que entonces se hizo por desprecio, ahora los eclesi\u00e1sticos lo usan por honor, y se llama clerical o tonsura, que recuerda la corona de espinas puesta sobre la cabeza al Divino Salvador.<br>Cuando Pedro se vio tratado de tal manera, rog\u00f3 al gobernador que se dignara escucharlo una vez m\u00e1s. Siendo tal cosa concedida, Pedro le dijo: \u201cT\u00fa, oh Te\u00f3filo, te escandalizas por haberme o\u00eddo decir que el Dios que yo adoro muri\u00f3 en la cruz. Ya te hab\u00eda dicho que se hab\u00eda hecho hombre, y siendo hombre no deb\u00edas tanto maravillarte de que \u00e9l hubiera muerto, pues morir es propio del hombre. Sabe, por otra parte, que \u00e9l muri\u00f3 en la cruz de su voluntad, porque con su muerte quer\u00eda dar la vida a todos los hombres haciendo paz entre su Eterno Padre y la humanidad. Pero, as\u00ed como te digo que \u00e9l muri\u00f3, as\u00ed te aseguro que \u00e9l resucit\u00f3 por virtud propia, habiendo antes resucitado a muchos otros muertos.\u201d Te\u00f3filo, al o\u00edr que hab\u00eda hecho resucitar a los muertos, se aquiet\u00f3 y, con aire de asombro, a\u00f1adi\u00f3: \u201cT\u00fa dices que este tu Dios resucit\u00f3 a los muertos; ahora, si t\u00fa en su nombre haces resucitar a un hijo m\u00edo, que muri\u00f3 hace algunos d\u00edas, yo creer\u00e9 en lo que me predicas.\u201d El Ap\u00f3stol acept\u00f3 la invitaci\u00f3n, fue a la tumba del joven y, en presencia de mucho pueblo, hizo una oraci\u00f3n y en nombre de Jesucristo lo llam\u00f3 a la vida<a href=\"#_ftn17\" id=\"_ftnref17\">[17]<\/a>. Lo cual fue causa de que el gobernador y toda la ciudad creyeran en Jesucristo.<br>Te\u00f3filo se convirti\u00f3 en breve en fervoroso cristiano y, en se\u00f1al de estima y veneraci\u00f3n hacia San Pedro, le ofreci\u00f3 su casa para que hiciera de ella el uso que mejor deseara. Ese edificio fue reducido a forma de iglesia, donde se reun\u00eda el pueblo para asistir al divino sacrificio y para o\u00edr las predicas del santo Ap\u00f3stol. Al fin, para poderlo escuchar con mayor comodidad y provecho, le levantaron all\u00ed una c\u00e1tedra desde la cual el santo daba las sagradas lecciones.<br>Es bueno aqu\u00ed notar que San Pedro durante el espacio de tres a\u00f1os, por cuanto pod\u00eda, resid\u00eda en Jerusal\u00e9n como capital de Palestina, donde los jud\u00edos pod\u00edan m\u00e1s f\u00e1cilmente tener relaci\u00f3n con \u00e9l. El a\u00f1o trig\u00e9simo sexto de Jesucristo, tanto por la persecuci\u00f3n de Jerusal\u00e9n, como para preparar el camino a la conversi\u00f3n de los gentiles, vino a establecer su sede en Antioqu\u00eda: es decir, estableci\u00f3 la ciudad de Antioqu\u00eda como su morada ordinaria y como centro de comuni\u00f3n con las otras Iglesias cristianas.<br>Pedro gobern\u00f3 esta Iglesia de Antioqu\u00eda siete a\u00f1os, hasta que, as\u00ed inspirado por Dios, traslad\u00f3 su c\u00e1tedra a Roma, como nosotros contaremos a su tiempo.<br>El establecimiento de la santa Sede en Antioqu\u00eda es particularmente narrado por Eusebio de Ces\u00e1rea, por San Jer\u00f3nimo, por San Le\u00f3n el Grande y por un gran n\u00famero de escritores eclesi\u00e1sticos. La Iglesia cat\u00f3lica celebra este acontecimiento con una particular solemnidad el 22 de febrero.<br>Mientras San Pedro de Antioqu\u00eda se hab\u00eda ido a Jerusal\u00e9n, recibi\u00f3 una visita que ciertamente le fue de gran consolaci\u00f3n. San Pablo, que hab\u00eda sido convertido a la fe con un asombroso milagro, aunque hab\u00eda sido instruido por Jesucristo y por \u00e9l mismo enviado a predicar el Evangelio, sin embargo, quiso ir a ver a San Pedro para venerar en \u00e9l al cabeza de la Iglesia y de \u00e9l recibir aquellos avisos y aquellas instrucciones que fueran oportunas. San Pablo estuvo en Jerusal\u00e9n con el pr\u00edncipe de los Ap\u00f3stoles quince d\u00edas. El cual tiempo bast\u00f3 para \u00e9l, ya que adem\u00e1s de las revelaciones recibidas de Jesucristo hab\u00eda pasado su vida en el estudio de las santas Escrituras y despu\u00e9s de su conversi\u00f3n se hab\u00eda indefectiblemente ocupado en la meditaci\u00f3n y en la predicaci\u00f3n de la palabra de Dios.<br><br><a id=\"_Toc191157839\">CAP\u00cdTULO XX. San Pedro visita varias Iglesias. \u2014 Sana a Enea paral\u00edtico. \u2014 Resucita a la difunta Tabita. <em>A\u00f1o de Jesucristo 38<\/em>.<\/a><br>San Pedro hab\u00eda sido encargado por el divino Salvador de conservar en la fe a todos los cristianos; y como muchas Iglesias se estaban fundando aqu\u00ed y all\u00e1 por los Ap\u00f3stoles, los Di\u00e1conos y otros disc\u00edpulos, as\u00ed San Pedro, para mantener la unidad de fe y para ejercer la potestad suprema que le hab\u00eda conferido el Salvador, mientras manten\u00eda su residencia habitual en Antioqu\u00eda, iba a visitar personalmente las iglesias que en ese tiempo ya se hab\u00edan fundado y se estaban fundando. En ciertos lugares confirmaba a los fieles en la fe, en otros consolaba a aquellos que hab\u00edan sufrido en la pasada persecuci\u00f3n, aqu\u00ed administraba el sacramento de la Confirmaci\u00f3n, y en todas partes ordenaba pastores y obispos, quienes, despu\u00e9s de su partida, continuaran cuidando de las iglesias y del reba\u00f1o de Jesucristo.<br>Pasando de una ciudad a otra, lleg\u00f3 a los santos que habitaban en Lida, ciudad distante aproximadamente veinte millas de Jerusal\u00e9n. Los cristianos de los primeros tiempos, por la vida virtuosa y mortificada que llevaban, eran llamados santos, y con este nombre deber\u00edan poder llamarse los cristianos de hoy en d\u00eda que, al igual que aquellos, son llamados a la santidad.<br>Al llegar a las puertas de la ciudad de Lida, Pedro encontr\u00f3 a un paral\u00edtico llamado Enea. Este estaba afectado por par\u00e1lisis y completamente inm\u00f3vil en sus miembros, y durante ocho a\u00f1os no se hab\u00eda movido de su lecho. Pedro, al verlo, sin ser en absoluto solicitado, se dirigi\u00f3 a \u00e9l y dijo: \u201cEnea, el Se\u00f1or Jesucristo te ha sanado; lev\u00e1ntate y hazte tu cama.\u201d Enea se levant\u00f3 sano y robusto como si nunca hubiera estado enfermo. Muchos estaban presentes en este milagro, que pronto se divulg\u00f3 por toda la ciudad y en el pa\u00eds vecino llamado Sar\u00f3n. Todos esos habitantes, movidos por la bondad divina que de manera sensible daba se\u00f1ales de su infinita potencia, creyeron en Jesucristo y entraron en el seno de la Iglesia.<br>A poca distancia de Lida hab\u00eda Jope, otra ciudad situada a orillas del mar Mediterr\u00e1neo. All\u00ed resid\u00eda una viuda cristiana llamada Tabita, quien, por sus limosnas y por muchas obras de caridad, era universalmente llamada la madre de los pobres. Sucedi\u00f3 en aquellos d\u00edas que cay\u00f3 enferma y, tras breve enfermedad, muri\u00f3, dejando en todos el m\u00e1s vivo dolor. Seg\u00fan el uso de aquellos tiempos, las mujeres lavaron su cad\u00e1ver y lo colocaron sobre la terraza para darle en su momento sepultura.<br>Ahora, por la cercan\u00eda de Lida, habi\u00e9ndose esparcido en Jope la noticia del milagro realizado en la sanaci\u00f3n de Enea, fueron enviados all\u00ed dos hombres a rogar a Pedro que quisiera venir a ver a la difunta Tabita. Al enterarse de la muerte de esa virtuosa disc\u00edpula de Jesucristo y del deseo de los cristianos de que fuera all\u00ed para resucitarla, Pedro parti\u00f3 de inmediato con ellos. Al llegar a Jope, los disc\u00edpulos lo condujeron a la terraza y, mostr\u00e1ndole el cad\u00e1ver de Tabita, le contaron las muchas buenas obras de esa santa mujer y le rogaron que quisiera resucitarla.<br>Los pobres y las viudas, al enterarse de la llegada de Pedro, corrieron llorando a rogarle que quisiera devolverles a la buena madre. \u201cMira,\u201d dice una, \u201ceste vestido fue obra de su caridad\u201d; \u201cesta t\u00fanica, los zapatos de ese ni\u00f1o,\u201d a\u00f1ad\u00edan otras, \u201cson todas cosas donadas por ella.\u201d Al ver a tanta gente que lloraba, a tantas obras de caridad que se iban contando, Pedro se conmovi\u00f3. Se levant\u00f3 y, volvi\u00e9ndose hacia el cad\u00e1ver, dijo: \u201cTabita, te ordeno en nombre de Dios, lev\u00e1ntate.\u201d Tabita en ese instante abri\u00f3 los ojos y, al ver a Pedro, se sent\u00f3 y comenz\u00f3 a hablar con \u00e9l. Pedro, tom\u00e1ndola de la mano, la levant\u00f3 y, llamando a los disc\u00edpulos, les devolvi\u00f3 a la madre tan ansiada sana y salva. Fue grand\u00edsimo el j\u00fabilo que se levant\u00f3 en toda la casa; de todas partes lloraban de alegr\u00eda, pareciendo a esos buenos cristianos haber recuperado un tesoro en esa sola mujer, que verdaderamente era la consolaci\u00f3n de todos. De este hecho aprendan los pobres a ser agradecidos a quienes les ofrecen limosna. Aprendan los ricos lo que significa ser piadosos y generosos con los pobres.<br><br><a id=\"_Toc191157840\">CAP\u00cdTULO XXI. Dios revela a S. Pedro la vocaci\u00f3n de los Gentiles. \u2014 Va a Cesarea y bautiza a la familia de Cornelio Centuri\u00f3n. <em>A\u00f1o de J. C. 39<\/em>.<\/a><br>Dios hab\u00eda hecho predecir en varias ocasiones por sus profetas que a la venida del Mes\u00edas todas las naciones ser\u00edan llamadas al conocimiento del verdadero Dios.<br>El mismo divino Salvador hab\u00eda dado un mandato expreso a sus Ap\u00f3stoles, diciendo: \u201cId, ense\u00f1ad a todas las naciones.\u201d Los mismos predicadores del Evangelio ya hab\u00edan recibido a algunos no jud\u00edos en la fe, como hab\u00edan hecho con el Eunuco de la reina Candace y con Te\u00f3filo, gobernador de Antioqu\u00eda; pero estos eran casos particulares, y los Ap\u00f3stoles hasta entonces hab\u00edan predicado casi exclusivamente el Evangelio a los jud\u00edos, esperando del Se\u00f1or un aviso especial de la \u00e9poca en que deb\u00edan sin excepci\u00f3n recibir en la fe tambi\u00e9n a los gentiles y paganos. Tal revelaci\u00f3n deb\u00eda ser hecha a San Pedro, cabeza de la Iglesia. He aqu\u00ed c\u00f3mo el texto sagrado expone este memorable acontecimiento.<br>En Ces\u00e1rea, ciudad de Palestina, habitaba un cierto Cornelio, centuri\u00f3n, o sea, oficial de una cohorte, cuerpo de 100 soldados, que pertenec\u00eda a la legi\u00f3n it\u00e1lica, as\u00ed llamada porque estaba compuesta de soldados italianos.<br>La Sagrada Escritura le hace un elogio diciendo que era un hombre religioso y temeroso de Dios; estas palabras quieren decir que era gentil, pero que hab\u00eda abandonado la idolatr\u00eda en la que hab\u00eda nacido, adoraba al verdadero Dios, hac\u00eda muchas limosnas y oraciones, y viv\u00eda religiosamente seg\u00fan el dictamen de la recta raz\u00f3n.<br>Dios, infinitamente misericordioso, que nunca falta, con su gracia, en venir en ayuda de quien hace lo que puede de su parte, envi\u00f3 un \u00e1ngel a Cornelio para instruirlo sobre lo que deb\u00eda hacer. Este buen soldado estaba haciendo oraci\u00f3n cuando vio aparecer ante \u00e9l un \u00e1ngel bajo la apariencia de un hombre vestido de blanco. \u201cCornelio,\u201d dijo el \u00e1ngel. \u00c9l, lleno de miedo, fij\u00f3 en \u00e9l la mirada diciendo: \u201c\u00bfQui\u00e9n eres t\u00fa, oh Se\u00f1or; qu\u00e9 quieres?\u201d Entonces el \u00e1ngel: \u201cDios se ha acordado de tus limosnas; tus oraciones han llegado a su trono; y queriendo satisfacer tus deseos, me ha enviado para indicarte el camino de la salvaci\u00f3n. Por lo tanto, manda a Jope y busca a un tal Sim\u00f3n apodado Pedro. \u00c9l reside con otro Sim\u00f3n, curtidor de pieles, que tiene la casa cerca del mar. De este Pedro sabr\u00e1s todo lo que es necesario para salvarte.\u201d No tard\u00f3 Cornelio en obedecer la voz del Cielo y, llamando a s\u00ed dos dom\u00e9sticos y un soldado, personas todas que tem\u00edan a Dios, les cont\u00f3 la visi\u00f3n y orden\u00f3 que se fueran inmediatamente a Jope para el fin que le hab\u00eda indicado el \u00e1ngel.<br>Partieron ellos al instante y, caminando toda la noche, llegaron a Jope al mediod\u00eda del d\u00eda siguiente, pues la distancia entre estas dos ciudades es de aproximadamente 40 millas. Poco antes de que llegaran, S. Pedro tambi\u00e9n tuvo una maravillosa revelaci\u00f3n, con la cual se le confirmaba que tambi\u00e9n los gentiles eran llamados a la fe. Cansado de sus fatigas, el santo Ap\u00f3stol ese d\u00eda hab\u00eda ido a casa de su anfitri\u00f3n para descansar y, como de costumbre, se fue primero a una habitaci\u00f3n en el piso superior para hacer oraci\u00f3n. Mientras oraba, le pareci\u00f3 ver el cielo abierto y del medio descender hasta la tierra un cierto utensilio a manera de amplio lienzo, que, sostenido en sus cuatro extremos, formaba como un gran vaso lleno de toda clase de animales cuadr\u00fapedos, serpientes y aves, los cuales todos, seg\u00fan la ley de Mois\u00e9s, eran considerados inmundos; es decir, no pod\u00edan ser comidos ni ofrecidos a Dios.<br>Al mismo tiempo oy\u00f3 una voz que dec\u00eda: \u201cLev\u00e1ntate, Pedro, mata y come.\u201d At\u00f3nito el Ap\u00f3stol ante ese mandato, respondi\u00f3: \u201c\u00a1De ninguna manera comer\u00e9 animales inmundos, de los cuales siempre me he abstenido!\u201d La voz a\u00f1adi\u00f3: \u201cNo llames inmundo a lo que Dios ha purificado.\u201d Despu\u00e9s de que le fue repetida tres veces la misma visi\u00f3n, ese vaso misterioso se elev\u00f3 hacia el cielo y desapareci\u00f3.<br>Los Santos Padres reconocen figurados en estos animales inmundos a los pecadores y a todos aquellos que, enredados en el vicio y el error, por medio de la sangre de Jesucristo son purificados y recibidos en gracia.<br>Mientras Pedro estaba meditando qu\u00e9 podr\u00eda significar esa visi\u00f3n, llegaron los tres mensajeros. En ese momento Dios le hizo conocer y le orden\u00f3 descender a encontrarlos, hacerse compa\u00f1\u00eda de ellos e ir con ellos sin ning\u00fan temor. Descendi\u00f3, pues, y al verlos, dijo: \u201cAqu\u00ed estoy, yo soy a quien busc\u00e1is. \u00bfCu\u00e1l es el motivo de vuestra venida?\u201d<br>Al o\u00edr la visi\u00f3n de Cornelio y la raz\u00f3n de su viaje, comprendi\u00f3 de inmediato el significado de ese misterioso lienzo; por lo tanto, los recibi\u00f3 amablemente y les hizo hospedar con \u00e9l esa noche. A la ma\u00f1ana siguiente, acompa\u00f1ado de seis disc\u00edpulos, parti\u00f3 de Jope con los mensajeros y, en n\u00famero de diez, tomaron el camino hacia Ces\u00e1rea.<br>Despu\u00e9s de dos d\u00edas, Pedro, con toda su comitiva, lleg\u00f3 a esa ciudad donde con gran ansiedad lo esperaba el centuri\u00f3n. Este, para honrar m\u00e1s a su hu\u00e9sped, hab\u00eda convocado a sus parientes y amigos, para que tambi\u00e9n pudieran participar de las celestiales bendiciones que al llegar Pedro esperaba obtener del Cielo. Cuando el buen centuri\u00f3n, seg\u00fan el orden de Dios, envi\u00f3 a llamar a Pedro para entender de \u00e9l los divinos deseos, debi\u00f3 formarse una gran idea de \u00e9l, consider\u00e1ndolo un personaje sublime y no similar a los otros hombres. Por lo tanto, al entrar Pedro en su casa, le sali\u00f3 al encuentro y se arroj\u00f3 a sus pies en acto de adorarlo. Pedro, lleno de humildad, lo levant\u00f3 de inmediato, advirti\u00e9ndole que \u00e9l era igual a \u00e9l un simple hombre. Continuando luego a hablar, entraron en el lugar de la reuni\u00f3n.<br><br>All\u00ed, ante la presencia de todos, Pedro cont\u00f3 el orden recibido de Dios de conversar con los gentiles y de no m\u00e1s juzgarlos como abominables y profanos. \u201cAhora estoy aqu\u00ed con vosotros,\u201d concluy\u00f3; \u201cdecidme, por tanto, cu\u00e1l es la raz\u00f3n por la que me hab\u00e9is llamado.\u201d Cornelio obedeci\u00f3 la invitaci\u00f3n de Pedro, se levant\u00f3 y cont\u00f3 lo que le hab\u00eda sucedido cuatro d\u00edas antes, protestando que \u00e9l y todos los all\u00ed reunidos estaban listos para ejecutar todo lo que, por comisi\u00f3n divina, les hubiera ordenado. Entonces Pedro, explicando el car\u00e1cter de Ap\u00f3stol del Se\u00f1or, depositario fiel de la religi\u00f3n y de la fe, comenz\u00f3 a instruir en los principales misterios del Evangelio a toda esa honorable asamblea.<br>Pedro continuaba su discurso cuando el Esp\u00edritu Santo descendi\u00f3 visiblemente sobre Cornelio y sus familiares, y de manera sensible les comunic\u00f3 el don de lenguas, por lo que comenzaron a magnificar a Dios cantando sus alabanzas. S. Pedro, al ver operar all\u00ed casi el mismo prodigio ocurrido en el cen\u00e1culo de Jerusal\u00e9n, exclam\u00f3: \u201c\u00bfHay acaso alguno que pueda impedir que nosotros bauticemos a estos, quienes han recibido el Esp\u00edritu Santo al igual que nosotros?\u201d Entonces, dirigi\u00e9ndose a sus disc\u00edpulos, orden\u00f3 que los bautizaran a todos. La familia de Cornelio fue la primera de Roma y de Italia que abraz\u00f3 la fe.<br>S. Pedro, despu\u00e9s de haberlos bautizado a todos, retras\u00f3 su partida de Ces\u00e1rea; se detuvo alg\u00fan tiempo para satisfacer las piadosas instancias de Cornelio y de todos esos nuevos bautizados que de ello le rogaban insistentemente. Pedro aprovech\u00f3 ese tiempo para predicar el Evangelio en esa ciudad, y tal fue el fruto que resolvi\u00f3 asignar un pastor a esa multitud de fieles. Este fue S. Zaqueo, de quien se habla en el Evangelio, quien por ello fue consagrado primer obispo de Ces\u00e1rea<a href=\"#_ftn18\" id=\"_ftnref18\">[18]<\/a>.<br>Este hecho, es decir, el haber admitido a la fe a los gentiles, caus\u00f3 cierta celos\u00eda entre los fieles de Jerusal\u00e9n, ni faltaron quienes desaprobaron p\u00fablicamente lo que hab\u00eda hecho S. Pedro. Por lo cual \u00e9l consider\u00f3 bien ir a esa ciudad, para desenga\u00f1ar a los ilusionados y dar a conocer que lo que hab\u00eda operado era por orden de Dios. Al llegar a Jerusal\u00e9n, algunos se presentaron ante \u00e9l habl\u00e1ndole audazmente as\u00ed: \u201c\u00bfPor qu\u00e9 has ido a hombres no circuncidados y has comido con ellos?\u201d Pedro, ante la presencia de todos los fieles reunidos, sin hacer caso de esa interrogaci\u00f3n, les dio raz\u00f3n de lo que hab\u00eda hecho, comenzando desde la visi\u00f3n que tuvo en Jope, del vaso lleno de toda clase de animales inmundos, del orden recibido de Dios de alimentarse de ellos, de la repugnancia que mostr\u00f3 a obedecer por temor a contradecir la ley, y de la voz que se hizo o\u00edr de nuevo de no m\u00e1s llamar inmundo a lo que hab\u00eda sido purificado por Dios. Luego expuso minuciosamente lo que hab\u00eda ocurrido en casa de Cornelio y c\u00f3mo, en presencia de muchos, hab\u00eda descendido el Esp\u00edritu Santo. Entonces toda esa asamblea, reconociendo la voz del Se\u00f1or en la de Pedro, se aquiet\u00f3 y alab\u00f3 a Dios que hab\u00eda extendido los l\u00edmites de su misericordia.<br><br><a id=\"_Toc191157841\">CAP\u00cdTULO XXII. Herodes hace decapitar a S. Santiago el Mayor y poner a S. Pedro en prisi\u00f3n. \u2014 Pero es liberado por un \u00c1ngel. \u2014 Muerte de Herodes. <em>A\u00f1o de J. C. 41<\/em>.<\/a><br>Mientras la palabra de Dios, predicada con tanto celo por los Ap\u00f3stoles y los disc\u00edpulos, produc\u00eda frutos de vida eterna entre los Jud\u00edos y entre los Gentiles, Judea era gobernada por Herodes Agripa, sobrino de aquel Herodes que hab\u00eda ordenado la matanza de los inocentes. Dominado por un esp\u00edritu de ambici\u00f3n y vanagloria, deseaba desesperadamente ganarse el afecto del pueblo. Los Jud\u00edos, y especialmente aquellos que estaban en alguna autoridad, supieron aprovechar esta propensi\u00f3n suya para incitarlo a perseguir a la Iglesia y buscar los aplausos de los perversos Jud\u00edos en la sangre de los cristianos. Comenz\u00f3 haciendo encarcelar al Ap\u00f3stol San Santiago para luego condenarlo a la horca. Este es San Santiago el Mayor, hermano de San Juan Evangelista, fiel amigo de Pedro, quien tuvo con \u00e9l muchos signos especiales de benevolencia del Salvador.<br><br>Este valiente Ap\u00f3stol, despu\u00e9s de la venida del Esp\u00edritu Santo, predic\u00f3 el Evangelio en Judea; luego (como narra la tradici\u00f3n) fue a Espa\u00f1a, donde convirti\u00f3 a algunos a la fe. Regresado a Palestina, entre otros convirti\u00f3 a un tal Herm\u00f3genes, hombre c\u00e9lebre; lo cual disgust\u00f3 mucho a Herodes, y le sirvi\u00f3 de pretexto para hacerle encarcelar. Llevado ante los tribunales, demostr\u00f3 tal firmeza al responder y confesar a Jesucristo que el juez qued\u00f3 maravillado. Su mismo acusador, conmovido por tanta constancia, renunci\u00f3 al juda\u00edsmo y se declar\u00f3 p\u00fablicamente cristiano, y como tal tambi\u00e9n fue condenado a muerte. Mientras ambos eran conducidos al suplicio, se dirigi\u00f3 a San Santiago y le pidi\u00f3 perd\u00f3n por lo que hab\u00eda dicho y hecho contra \u00e9l. El santo Ap\u00f3stol, d\u00e1ndole una mirada afectuosa, le dijo \u201c<em>pax tecum<\/em>\u201d (la paz sea contigo). Luego lo abraz\u00f3 y lo bes\u00f3 protestando que de todo coraz\u00f3n lo perdonaba, y que como hermano lo amaba. De aqu\u00ed se quiere que haya tenido origen el signo de paz y perd\u00f3n, que suele usarse entre los cristianos y especialmente en el sacrificio de la santa Misa.<br><br>Despu\u00e9s de esto, esos dos generosos confesores de la fe fueron decapitados, y fueron a unirse eternamente en el Cielo.<br>Una tal muerte entristeci\u00f3 mucho a los fieles, pero alegr\u00f3 sobremanera a los Jud\u00edos, quienes, con la muerte de los jefes de la religi\u00f3n, pensaban poner fin a la religi\u00f3n misma. Herodes, viendo que la muerte de San Santiago hab\u00eda complacido a los Jud\u00edos, pens\u00f3 en proporcionarles un espect\u00e1culo m\u00e1s dulce haciendo encarcelar a San Pedro, para luego dejarlo a merced de su ciego furor. Y como corr\u00eda la semana de los \u00e1zimos, que para los Jud\u00edos es tiempo de j\u00fabilo y preparaci\u00f3n para la Pascua, no quiso afligir la alegr\u00eda p\u00fablica con el suplicio de un hombre supuestamente culpable. Cargado, por tanto, de cadenas, lo hizo conducir en medio de dos guardianes y orden\u00f3 que fuera custodiado con toda cautela dentro de una oscura prisi\u00f3n hasta el t\u00e9rmino de esa solemnidad. Luego dio orden rigurosa de que fueran puestos a guardia diecis\u00e9is soldados, quienes noche y d\u00eda vigilaran alternativamente la custodia de la prisi\u00f3n de hierro que se abr\u00eda a un callej\u00f3n de la ciudad. Ciertamente sab\u00eda ese rey c\u00f3mo Pedro ya hab\u00eda sido encarcelado otras veces y hab\u00eda salido de manera completamente maravillosa, y no quer\u00eda que le sucediera de nuevo algo similar. Pero todas estas precauciones, puertas de hierro, cadenas, guardianes y centinelas no sirvieron de nada m\u00e1s que para dar mayor realce a la obra de Dios.<br>Como el arma m\u00e1s poderosa que el Salvador dej\u00f3 a los cristianos es la oraci\u00f3n, as\u00ed los fieles, privados de su com\u00fan padre y pastor, se reunieron juntos llorando la prisi\u00f3n de San Pedro y ofreciendo continuamente oraciones a Dios, para que lo liberara del inminente peligro. Aunque estas oraciones eran fervent\u00edsimas, no obstante, agrad\u00f3 al Se\u00f1or ejercitar por algunos d\u00edas su fe y paciencia para dar a conocer a\u00fan m\u00e1s los efectos de la omnipotencia divina.<br>Ya era la noche anterior al d\u00eda fijado para la muerte de Pedro. \u00c9l estaba completamente resignado a las disposiciones divinas, igualmente preparado para vivir o morir por la gloria de su Se\u00f1or; por lo tanto, en la oscuridad de esa horrible prisi\u00f3n, permanec\u00eda con la mayor tranquilidad de su alma. Pedro dorm\u00eda, pero por \u00e9l velaba Aquel que ha prometido asistir a su Iglesia. Era medianoche y todo estaba en profundo silencio, cuando de repente una luz resplandeciente ilumin\u00f3 toda esa c\u00e1rcel. Y he aqu\u00ed que un \u00e1ngel enviado por Dios sacude a Pedro, lo despierta dici\u00e9ndole: \u201cPronto, lev\u00e1ntate.\u201d A tales palabras ambas cadenas se soltaron y le cayeron de las manos. Entonces el \u00e1ngel continu\u00f3: \u201cP\u00f3ntelo todo, y los calzados en los pies.\u201d San Pedro hizo todo, y el \u00e1ngel prosigui\u00f3 dici\u00e9ndole: \u201cP\u00f3ntete tambi\u00e9n el manto sobre los hombros y s\u00edgueme.\u201d Pedro obedeci\u00f3; pero le parec\u00eda que todo era un sue\u00f1o y que \u00e9l estaba fuera de s\u00ed. Mientras tanto, las puertas de la prisi\u00f3n estaban abiertas, \u00e9l sal\u00eda siguiendo al \u00e1ngel que iba delante de \u00e9l. Pasadas las primeras y las segundas guardias, sin que dieran el m\u00ednimo signo de verlos, llegaron a la puerta de hierro de enorme grosor, que, saliendo del edificio de las c\u00e1rceles, daba acceso a la ciudad. Esa puerta se abri\u00f3 por s\u00ed misma. Salidos, caminaron un poco juntos hasta que el \u00e1ngel desapareci\u00f3. Entonces Pedro, reflexionando sobre s\u00ed mismo: \u201cAhora,\u201d dijo, \u201cme doy cuenta de que el Se\u00f1or ha verdaderamente enviado su \u00e1ngel para liberarme de las manos de Herodes y del juicio que los Jud\u00edos esperaban que \u00e9l hiciera de m\u00ed.\u201d Considerado luego bien el lugar donde estaba, fue directamente a la casa de una cierta Mar\u00eda, madre de Juan, apodado Marcos, donde muchos fieles estaban reunidos en oraci\u00f3n suplicando a Dios que se dignara venir en auxilio del jefe de su Iglesia.<br>Al llegar San Pedro a esa casa, se puso a golpear la puerta. Una muchacha, de nombre Rosa, fue a ver qui\u00e9n era. \u201c\u00bfQui\u00e9n est\u00e1 ah\u00ed?\u201d dijo ella. Y Pedro: \u201cSoy yo, abre.\u201d La muchacha, reconociendo bien la voz, casi fuera de s\u00ed por la alegr\u00eda, no se preocup\u00f3 m\u00e1s por abrir la puerta y, dej\u00e1ndolo afuera, corri\u00f3 a dar aviso a los due\u00f1os. \u201c\u00bfNo saben? Es Pedro.\u201d Pero ellos dijeron: \u201cEst\u00e1s loca, Pedro est\u00e1 en prisi\u00f3n y no puede estar aqu\u00ed a esta hora.\u201d Pero ella continuaba afirmando que era verdaderamente \u00e9l. Entonces ellos a\u00f1adieron: \u201cQuien has visto o escuchado ser\u00e1 quiz\u00e1s su \u00e1ngel, que en su forma ha venido a darnos alguna noticia.\u201d Mientras estos discut\u00edan con la muchacha, Pedro continuaba golpeando m\u00e1s fuerte diciendo: \u201c\u00a1Eh, abran!\u201d Esto los impuls\u00f3 a correr r\u00e1pidamente a abrir, y se dieron cuenta de que era verdaderamente Pedro.<br>A todos les parec\u00eda un sue\u00f1o, y cada uno pensaba ver a un muerto resucitado. Algunos preguntaban qui\u00e9n lo hab\u00eda liberado, otros cu\u00e1ndo, algunos estaban impacientes por saber si se hab\u00eda obrado alg\u00fan prodigio.<br>Entonces Pedro, para satisfacer a todos, hizo se\u00f1as con la mano para que guardaran silencio, y cont\u00f3 por orden lo que hab\u00eda sucedido con el \u00e1ngel y c\u00f3mo lo hab\u00eda liberado de la prisi\u00f3n. Todos lloraban de ternura y, alabando a Dios, le agradec\u00edan el favor que les hab\u00eda hecho.<br>Pedro, no considerando m\u00e1s segura su vida en Jerusal\u00e9n, dijo a esos disc\u00edpulos: \u201cVayan y refi\u00e9ranle estas cosas a Santiago (el Menor, obispo de Jerusal\u00e9n) y a los otros hermanos, y lib\u00e9renlos de la preocupaci\u00f3n en que se encuentran a causa de m\u00ed. En cuanto a m\u00ed, considero oportuno partir de esta ciudad e irme a otro lugar.\u201d<br><br>Cuando se esparci\u00f3 la noticia de que Dios hab\u00eda salvado de manera tan prodigiosa al jefe de la Iglesia, todos los fieles se sintieron vivamente consolados.<br>La Iglesia cat\u00f3lica celebra la memoria de este glorioso acontecimiento el primero de agosto bajo el t\u00edtulo de Fiesta de San Pietro in Vincula.<br>Pero, \u00bfqu\u00e9 fue de Herodes y de sus guardias? Cuando amaneci\u00f3, las guardias que no hab\u00edan o\u00eddo ni visto nada, fueron por la ma\u00f1ana a visitar la prisi\u00f3n; cuando luego no encontraron m\u00e1s a Pedro, quedaron llenos de profundo asombro. La cosa fue inmediatamente referida a Herodes, quien orden\u00f3 buscar a San Pedro, pero no le fue posible encontrarlo. Entonces, indignado, hizo procesar a los soldados y los conden\u00f3 a muerte, quiz\u00e1s por sospecha de negligencia o infidelidad, habiendo encontrado abiertas todas las puertas de la prisi\u00f3n. Pero el infeliz Herodes no tard\u00f3 mucho en pagar el precio de las injusticias y de los tormentos infligidos a los seguidores de Jesucristo. Por algunos asuntos pol\u00edticos hab\u00eda ido de Jerusal\u00e9n a la ciudad de Ces\u00e1rea, y mientras disfrutaba de los aplausos con los que el pueblo locamente lo adulaba, llam\u00e1ndolo Dios, en ese mismo instante fue golpeado por un \u00e1ngel del Se\u00f1or; fue llevado fuera de la plaza y, entre indescriptibles dolores, devorado por los gusanos, expir\u00f3.<br>Este hecho demuestra con cu\u00e1nta solicitud Dios viene en ayuda de sus siervos fieles, y da un terrible aviso a los malvados. Estos deben temer grandemente la mano de Dios, que severamente castiga incluso en esta vida a aquellos que desprecian la religi\u00f3n, ya sea en las cosas sagradas o en la persona de sus ministros.<br><br><a id=\"_Toc191157842\">CAP\u00cdTULO XXIII. Pedro en Roma. \u2014 Traslada la c\u00e1tedra apost\u00f3lica. \u2014 Su primera carta. \u2014 Progreso del Evangelio. <em>A\u00f1o 42 de Jesucristo<\/em>.<\/a><br>El Ap\u00f3stol San Pedro, despu\u00e9s de huir de Jerusal\u00e9n siguiendo los impulsos del Esp\u00edritu Santo, decidi\u00f3 trasladar la Santa Sede a Roma. Por lo tanto, despu\u00e9s de haber tenido su c\u00e1tedra en Antioqu\u00eda durante siete a\u00f1os, parti\u00f3 rumbo a Roma. En su viaje predic\u00f3 a Jesucristo en el Ponto y en Bitinia, que son dos vastas provincias de Asia Menor. Continuando su viaje, predic\u00f3 el santo Evangelio en Sicilia y en N\u00e1poles, dando a esta ciudad como obispo a San Aspreno. Finalmente lleg\u00f3 a Roma en el a\u00f1o cuarenta y dos de Jesucristo, mientras reinaba un emperador de nombre Claudio.<br>Pedro encontr\u00f3 esa ciudad en un estado verdaderamente deplorable. Era, dice San Le\u00f3n, un inmenso mar de iniquidad, una cloaca de todos los vicios, un bosque de bestias fren\u00e9ticas. Las calles, las plazas estaban sembradas de estatuas de bronce y de piedra adoradas como dioses, y ante esos horribles simulacros se quemaban inciensos y se hac\u00edan sacrificios. El mismo demonio era honrado con nefandas inmundicias; las acciones m\u00e1s vergonzosas eran consideradas actos de virtud. Se a\u00f1ad\u00edan las leyes que prohib\u00edan toda nueva religi\u00f3n. Los sacerdotes id\u00f3latras y los fil\u00f3sofos eran tambi\u00e9n graves obst\u00e1culos. Adem\u00e1s, se trataba de predicar una religi\u00f3n que desaprobaba el culto de todos los dioses, condenaba toda clase de vicios y ordenaba las m\u00e1s sublimes virtudes.<br>Todas estas dificultades, en lugar de detener el celo del Pr\u00edncipe de los Ap\u00f3stoles, lo encendieron a\u00fan m\u00e1s en el deseo de liberar a esa miserable ciudad de las tinieblas de la muerte. San Pedro, por lo tanto, apoyado en la \u00fanica ayuda del Se\u00f1or, entr\u00f3 en Roma para formar de la metr\u00f3poli del imperio la primera sede del sacerdocio, el centro del Cristianismo.<br>La fama, por otra parte, de las virtudes y los milagros de Jesucristo ya hab\u00eda llegado all\u00ed. Pilato hab\u00eda enviado relaci\u00f3n al emperador Tiberio, quien, conmovido al leer la santa vida y muerte del Salvador, hab\u00eda decidido incluirlo entre los dioses romanos. Pero el Se\u00f1or del cielo y de la tierra no quiso ser confundido con las est\u00fapidas divinidades de los paganos; y dispuso que el senado romano rechazara la propuesta de Tiberio como opuesta a las leyes del imperio<a href=\"#_ftn19\" id=\"_ftnref19\">[19]<\/a>.<br>Pedro comenz\u00f3 a predicar el Evangelio a los Jud\u00edos que habitaban entonces en Trastevere, es decir, en una parte de la ciudad de Roma situada al otro lado del T\u00edber. De la sinagoga de los Jud\u00edos pas\u00f3 a predicar a los Gentiles, quienes con un verdadero gozo corr\u00edan ansiosos por recibir el Bautismo. Su n\u00famero se volvi\u00f3 tan grande, y su fe tan viva, que San Pablo poco despu\u00e9s tuvo que consolarse con los Romanos escribiendo estas palabras: \u201cVuestra fe es anunciada\u201d, es decir, hace hablar de s\u00ed misma, extiende su fama por todo el mundo<a href=\"#_ftn20\" id=\"_ftnref20\">[20]<\/a>. Ni solamente sobre el bajo pueblo ca\u00edan las bendiciones del cielo, sino tambi\u00e9n sobre personas de primera nobleza. Se ve\u00edan hombres elevados a los primeros cargos de Roma abandonar el culto de los falsos dioses para ponerse bajo el suave yugo de Jesucristo. Eusebio, obispo de Cesarea, dice que los razonamientos de Pedro eran tan robustos y se insinuaban con tanta dulzura en los \u00e1nimos de los oyentes, que se convert\u00eda en due\u00f1o de sus afectos y todos quedaban como encantados por las palabras de vida que sal\u00edan de su boca y no se saciaban de escucharlo. As\u00ed de grande era el n\u00famero de aquellos que ped\u00edan el Bautismo, que Pedro, ayudado por otros compa\u00f1eros, lo administraba a las orillas del T\u00edber, de la misma manera en que San Juan Bautista lo hab\u00eda administrado a las del Jord\u00e1n<a href=\"#_ftn21\" id=\"_ftnref21\">[21]<\/a>.<br>Al llegar a Roma, Pedro habit\u00f3 en el suburbio llamado Trastevere, a poca distancia del lugar donde fue luego edificada la Iglesia de Santa Cecilia. De aqu\u00ed naci\u00f3 la especial veneraci\u00f3n que los Trasteverinos a\u00fan conservan hacia la persona del Sumo Pont\u00edfice. Entre los primeros en recibir la fe hubo un senador de nombre Pudente, que hab\u00eda ocupado los m\u00e1s altos cargos del Estado. \u00c9l dio en su casa hospitalidad al Pr\u00edncipe de los Ap\u00f3stoles, y \u00e9l aprovechaba para celebrar los divinos Misterios, administrar a los fieles la Santa Eucarist\u00eda y explicar las verdades de la fe a aquellos que ven\u00edan a escucharlo. Esa casa fue pronto transformada en un templo consagrado a Dios bajo el t\u00edtulo del Pastor; es el templo cristiano m\u00e1s antiguo de Roma, y se cree que es el mismo que actualmente se llama de San Pudenciana. Casi contempor\u00e1neamente fue fundada otra Iglesia por el mismo Ap\u00f3stol, que se dice que es la que hoy en d\u00eda se llama San Pietro in Vincoli.<br>San Pedro, viendo c\u00f3mo Roma estaba tan bien dispuesta a recibir la luz del Evangelio, y al mismo tiempo un lugar muy adecuado para tener relaci\u00f3n con todos los pa\u00edses del mundo, estableci\u00f3 su c\u00e1tedra en Roma, es decir, estableci\u00f3 que Roma fuera el centro y lugar de su especial morada, donde de las diversas naciones cristianas pudieran y debieran recurrir en las dudas de religi\u00f3n y en sus diversas necesidades espirituales. La Iglesia cat\u00f3lica celebra la fiesta del establecimiento de la c\u00e1tedra de San Pedro en Roma el 18 de enero.<br>Es necesario aqu\u00ed recordar bien que por sede o c\u00e1tedra de San Pedro no se entiende la silla material, sino que se entiende el ejercicio de esa suprema autoridad que \u00e9l hab\u00eda recibido de Jesucristo, especialmente cuando le dijo que cuanto \u00e9l atara o desatara sobre la tierra, tambi\u00e9n ser\u00eda atado o desatado en el cielo. Se entiende el ejercicio de esa autoridad conferida por Jesucristo para apacentar el reba\u00f1o universal de los fieles, sostener y conservar a los otros pastores en la unidad de fe y doctrina como siempre han hecho los sumos pont\u00edfices desde San Pedro hasta el reinante Le\u00f3n XIII.<br>Con tal que las ocupaciones que San Pedro ten\u00eda en Roma no le permit\u00edan m\u00e1s poder ir a visitar las iglesias que en varios pa\u00edses hab\u00eda fundado, escribi\u00f3 una larga y sublime carta dirigida especialmente a los cristianos que habitaban en el Ponto, en Galacia, en Bitinia y en Capadocia, que son provincias de Asia Menor. \u00c9l, como padre amoroso, dirige el discurso a sus hijos para animarlos a ser constantes en la fe que les hab\u00eda predicado y les advierte especialmente que se cuiden de los errores que los herejes, desde esos tiempos, iban esparciendo contra la doctrina de Jesucristo.<br>Concluye luego esta carta con las siguientes palabras: \u201cUstedes, oh ancianos, es decir, obispos y sacerdotes, les ruego que pastoreen el reba\u00f1o de Dios, que de ustedes depende, gobern\u00e1ndolo no forzosamente, sino de buena voluntad; no por amor a vil ganancia, sino con \u00e1nimo voluntarioso y haci\u00e9ndose modelo de su reba\u00f1o. Ustedes, oh j\u00f3venes, ustedes todos, oh cristianos, sean sujetos a los sacerdotes con verdadera humildad, porque Dios resiste a los soberbios y da gracia a los humildes. Sean templados y velen porque el demonio, su enemigo, como le\u00f3n que ruge, va por ah\u00ed buscando a qui\u00e9n devorar, pero ustedes res\u00edstanle valientemente en la fe.<br>Les saludan los cristianos que est\u00e1n en Babilonia (es decir, en Roma) y les saluda luego de manera particular Marcos, mi hijo en Cristo.<br>La gracia del Se\u00f1or a todos ustedes que viven en Jesucristo. As\u00ed sea.<a href=\"#_ftn22\" id=\"_ftnref22\">[22]<\/a>\u201d<br>Los romanos que hab\u00edan abrazado con gran fervor la fe predicada por Pedro, manifestaron a San Marcos, fiel disc\u00edpulo del Ap\u00f3stol, el vivo deseo de que pusiera por escrito lo que Pedro predicaba. San Marcos de hecho hab\u00eda acompa\u00f1ado al Pr\u00edncipe de los Ap\u00f3stoles en varios viajes y lo hab\u00eda o\u00eddo predicar en muchos pa\u00edses. Por lo tanto, de lo que hab\u00eda o\u00eddo en las predicaciones y en las conversaciones familiares de su maestro, y de manera muy especial iluminado e inspirado por el Esp\u00edritu Santo, estaba realmente en condiciones de satisfacer los piadosos deseos de esos fieles. Por eso se dispuso a escribir el Evangelio, es decir, un relato fiel de las acciones del Salvador; y es lo que tenemos hoy bajo el nombre de Evangelio seg\u00fan San Marcos.<br>San Pedro desde Roma envi\u00f3 varios de sus disc\u00edpulos a diferentes partes de Italia y a muchos pa\u00edses del mundo. Envi\u00f3 a San Apolinar a R\u00e1vena, a San Trofimo a Galia y precisamente a la ciudad de Arles, de donde el Evangelio se propag\u00f3 a los otros pa\u00edses de Francia; envi\u00f3 a San Marcos a Alejandr\u00eda de Egipto a fundar en su nombre esa iglesia. As\u00ed la ciudad de Roma, capital de todo el Imperio Romano, la ciudad de Alejandr\u00eda, que era la primera despu\u00e9s de Roma, la de Antioqu\u00eda, capital de todo Oriente, tuvieron por fundador al Pr\u00edncipe de los Ap\u00f3stoles, y se convirtieron por lo tanto en las tres primeras sedes patriarcales, entre las cuales fue por m\u00e1s siglos repartido el dominio del mundo cat\u00f3lico, salvo siempre la dependencia de los patriarcas alejandrino y antioqueno del Pont\u00edfice Romano, cabeza de toda la Iglesia, pastor universal, centro de unidad. Mientras San Pedro enviaba a tantos de sus disc\u00edpulos a predicar en otros lugares el Evangelio, \u00e9l en Roma ordenaba sacerdotes, consagraba obispos, entre los cuales hab\u00eda elegido a San Zino como vicario para hacer sus veces en las ocasiones en que alg\u00fan grave asunto lo hubiera obligado a alejarse de esa ciudad.<br><br><a id=\"_Toc191157843\">CAP\u00cdTULO XXIV. San Pedro en el concilio de Jerusal\u00e9n define una cuesti\u00f3n. \u2014 San Santiago confirma su juicio. <em>A\u00f1o de Jesucristo 50<\/em>.<\/a><br>Roma era la morada ordinaria del Pr\u00edncipe de los Ap\u00f3stoles, pero sus cuidados deb\u00edan extenderse a todos los fieles cristianos. Por lo tanto, si surg\u00edan dificultades o cuestiones respecto a cosas de religi\u00f3n, enviaba a alg\u00fan disc\u00edpulo suyo, o escrib\u00eda cartas al respecto y a veces iba \u00e9l mismo en persona, como precisamente hizo en la ocasi\u00f3n en que en Antioqu\u00eda surgi\u00f3 una cuesti\u00f3n entre los jud\u00edos y los gentiles.<br>Los Jud\u00edos cre\u00edan que, para ser buenos cristianos, era necesario recibir la circuncisi\u00f3n y observar todas las ceremonias de Mois\u00e9s. Los gentiles se negaban a someterse a esta pretensi\u00f3n de los jud\u00edos, y la cosa lleg\u00f3 a tal punto que derivaba grave da\u00f1o y esc\u00e1ndalo entre los simples fieles y entre los mismos predicadores del Evangelio. Por lo tanto, San Pablo y San Bernab\u00e9 consideraron bien recurrir al juicio del jefe de la Iglesia y de los otros Ap\u00f3stoles, para que con su autoridad resolvieran cualquier duda.<br><br>San Pedro por lo tanto se traslad\u00f3 de Roma a Jerusal\u00e9n para convocar un concilio general. Puesto que, si el Se\u00f1or ha prometido su asistencia al jefe de la Iglesia, para que su fe no falte, ciertamente lo asiste tambi\u00e9n cuando est\u00e1n reunidos con \u00e9l los principales pastores de la Iglesia; tanto m\u00e1s que Jesucristo nos asegur\u00f3 que se encuentra de hecho en medio de aquellos que, en n\u00famero incluso solo de dos, se re\u00fanan en su nombre. Llegado, pues, el Pr\u00edncipe de los Ap\u00f3stoles a esa ciudad, invit\u00f3 a todos los otros Ap\u00f3stoles y a todos esos pastores primarios que pudo tener; entonces Pablo y Bernab\u00e9, acogidos en concilio, expusieron en plena asamblea su embajada en nombre de los gentiles de Antioqu\u00eda; mostraron las razones y los temores de una parte y de la otra, pidiendo su deliberaci\u00f3n para la tranquilidad y la seguridad de las conciencias. \u201cHay\u201d, dec\u00eda San Pablo, \u201calgunos de la secta de los fariseos, los cuales han cre\u00eddo y afirman que, como los jud\u00edos, tambi\u00e9n los gentiles deben ser circuncidados y deben observar la ley de Mois\u00e9s, si quieren obtener la salvaci\u00f3n.\u201d<br>Esa venerable asamblea comenz\u00f3 a examinar este punto; y despu\u00e9s de madura discusi\u00f3n sobre la materia propuesta, levant\u00e1ndose Pedro comenz\u00f3 a hablar as\u00ed: \u201cHermanos, bien saben c\u00f3mo Dios me eligi\u00f3 para dar a conocer a los gentiles la luz del Evangelio y las verdades de la fe, como ocurri\u00f3 con Cornelio Centuri\u00f3n y toda su familia. Ahora, Dios que conoce los corazones de los hombres ha dado testimonio a esos buenos gentiles enviando sobre ellos el Esp\u00edritu Santo, como lo hab\u00eda hecho sobre nosotros, y ninguna diferencia ha hecho entre nosotros y ellos, mostrando que la fe los hab\u00eda purificado de las impurezas que antes los exclu\u00edan de la gracia. Por lo tanto, la cosa es clara: sin circuncisi\u00f3n los gentiles son justificados por la fe en Jesucristo. \u00bfPor qu\u00e9, por lo tanto, queremos tentar a Dios, casi provoc\u00e1ndolo a darnos una prueba m\u00e1s segura de su voluntad? \u00bfPor qu\u00e9 imponer a estos nuestros hermanos gentiles un yugo que con dificultad nosotros y nuestros padres hemos podido llevar? Por lo tanto, creemos que por la sola gracia de nuestro Se\u00f1or Jesucristo tanto los jud\u00edos como los gentiles deben ser salvados.\u201d<br>Despu\u00e9s de la sentencia del Vicario de Jesucristo, toda esa asamblea guard\u00f3 silencio y se aquiet\u00f3. Pablo y Bernab\u00e9 confirmaron lo que hab\u00eda dicho Pedro, contando las conversiones y los milagros que Dios se hab\u00eda complacido en operar por mano de ellos entre los gentiles que hab\u00edan convertido al Evangelio.<br>Cuando Pablo y Bernab\u00e9 terminaron de hablar, San Santiago, obispo de Jerusal\u00e9n, confirm\u00f3 el juicio de Pedro diciendo: \u201cHermanos, ahora presten atenci\u00f3n tambi\u00e9n a m\u00ed. Bien dijo Pedro que desde el principio Dios hizo gracia a los gentiles, formando un solo pueblo que glorificara su santo nombre. Ahora esto est\u00e1 confirmado por las palabras de los profetas, las cuales vemos en estos hechos cumplidas. Por lo cual yo juzgo con Pedro que los gentiles no deben ser inquietados despu\u00e9s de haberse convertido a Jesucristo; solamente me parece que se debe ordenarles que, por respeto a la d\u00e9bil conciencia de los hermanos jud\u00edos y para facilitar la uni\u00f3n entre estos dos pueblos, se proh\u00edba comer cosas sacrificadas a los \u00eddolos, carnes ahogadas, la sangre; y tambi\u00e9n se proh\u00edba la fornicaci\u00f3n.\u201d<br>Esta \u00faltima cosa, es decir, la fornicaci\u00f3n, no era necesario prohibirla siendo totalmente contraria a los dict\u00e1menes de la raz\u00f3n y prohibida por el sexto art\u00edculo del Dec\u00e1logo. Sin embargo, se renov\u00f3 tal prohibici\u00f3n respecto a los gentiles, porque en el culto a sus falsas deidades pensaban que era cosa l\u00edcita, m\u00e1s bien grata, hacer ofrendas de cosas inmundas y obscenas.<br>El juicio de San Pedro as\u00ed confirmado por San Santiago agrad\u00f3 a todo el concilio; por lo tanto, de com\u00fan acuerdo determinaron elegir personas autorizadas para enviar a Antioqu\u00eda con Pablo y Bernab\u00e9. A estos, en nombre del concilio, se les entregaron cartas que conten\u00edan las decisiones tomadas. Las cartas eran de este tenor: \u201cLos Ap\u00f3stoles y sacerdotes hermanos a los hermanos gentiles que est\u00e1n en Antioqu\u00eda, en Siria, en Cilicia, salud. Habiendo nosotros entendido que algunos viniendo de aqu\u00ed han turbado y angustiado sus conciencias con ideas arbitrarias, nos ha parecido bien a nosotros aqu\u00ed reunidos elegir y enviar a ustedes a Pablo y Bernab\u00e9, hombres muy queridos por nosotros, que sacrificaron su vida y expusieron a peligro por el nombre de nuestro Se\u00f1or Jesucristo. Con ellos enviamos a Silas y a Judas, quienes entreg\u00e1ndoles nuestras cartas les confirmar\u00e1n de palabra las mismas verdades. De hecho, ha sido juzgado por el Esp\u00edritu Santo y por nosotros no imponerles ninguna otra obligaci\u00f3n, excepto la que deben observar, es decir, abstenerse de las cosas sacrificadas a los \u00eddolos, de las carnes ahogadas, de la sangre y de la fornicaci\u00f3n. De las cuales cosas absteni\u00e9ndose har\u00e1n bien. Est\u00e9n en paz.\u201d<br>Este fue el primer concilio general al que presidi\u00f3 San Pedro, donde, como Pr\u00edncipe de los Ap\u00f3stoles y cabeza de la Iglesia, defini\u00f3 la cuesti\u00f3n con la asistencia del Esp\u00edritu Santo. As\u00ed de cada fiel cristiano debe creerse que las cosas definidas por los concilios generales reunidos y confirmados por el Sumo Pont\u00edfice, Vicario de Jesucristo y sucesor de San Pedro, son verdades cert\u00edsimas, que dan los mismos motivos de credibilidad como si salieran de la boca del Esp\u00edritu Santo, porque ellos representan a la Iglesia con su cabeza, a quien Dios ha prometido su infalibilidad hasta el fin de los siglos.<br><br><a id=\"_Toc191157844\">CAP\u00cdTULO XXV. San Pedro confiere a San Pablo y a San Bernab\u00e9 la plenitud del Apostolado. \u2014 Es avisado por San Pablo. \u2014 Regresa a Roma. <em>A\u00f1o de Jesucristo 54<\/em>.<\/a><br>Dios ya hab\u00eda hecho conocer m\u00e1s de una vez que quer\u00eda enviar a San Pablo y a San Bernab\u00e9 a predicar a los gentiles. Pero hasta entonces ejerc\u00edan su sagrado ministerio como simples sacerdotes, y quiz\u00e1s tambi\u00e9n como obispos, sin que a\u00fan se les hubiera conferido la plenitud del apostolado. Cuando luego fueron a Jerusal\u00e9n a causa del concilio y contaron las maravillas operadas por Dios por medio de ellos entre los gentiles, se detuvieron tambi\u00e9n en especiales conversaciones con San Pedro, Santiago y Juan. Contaron, dice el texto sagrado, grandes maravillas a aquellos que ocupaban los primeros cargos en la Iglesia, entre los cuales estaban ciertamente los tres Ap\u00f3stoles nombrados, quienes se consideraban como las tres columnas principales de la Iglesia. Fue en esta ocasi\u00f3n, dice San Agust\u00edn, que San Pedro, como cabeza de la Iglesia, Vicario de Jesucristo y divinamente inspirado, confiri\u00f3 a Pablo y a Bernab\u00e9 la plenitud del apostolado, con el encargo de llevar la luz del Evangelio a los gentiles. As\u00ed San Pablo fue elevado a la dignidad de Ap\u00f3stol, con la misma plenitud de poderes que gozaban los otros Ap\u00f3stoles establecidos por Jesucristo.<br>Mientras San Pedro y San Pablo moraban en Antioqu\u00eda, ocurri\u00f3 un hecho que merece ser referido. San Pedro estaba ciertamente persuadido de que las ceremonias de la ley de Mois\u00e9s no eran m\u00e1s obligatorias para los gentiles; sin embargo, cuando se encontraba con los jud\u00edos, com\u00eda a la usanza jud\u00eda, temiendo disgustarlos si actuaba de otro modo. Tal condescendencia era causa de que muchos gentiles se enfriaran en la fe; por lo tanto, surg\u00eda aversi\u00f3n entre gentiles y jud\u00edos, y se romp\u00eda ese v\u00ednculo de caridad que forma el car\u00e1cter de los verdaderos seguidores de Jesucristo. San Pedro ignoraba las habladur\u00edas que ten\u00edan lugar por este hecho. Pero San Pablo, d\u00e1ndose cuenta de que tal conducta de Pedro pod\u00eda generar esc\u00e1ndalo en la comunidad de los fieles, pens\u00f3 en corregirlo p\u00fablicamente, diciendo: \u201cSi t\u00fa, siendo jud\u00edo, has conocido por la fe que puedes vivir como los gentiles y no como los jud\u00edos, \u00bfpor qu\u00e9 con tu ejemplo quieres obligar a los gentiles a la observancia de la ley jud\u00eda?\u201d San Pedro se mostr\u00f3 muy contento con tal aviso, pues con ese hecho se publicaba ante todos los fieles que la ley ceremonial de Mois\u00e9s ya no era m\u00e1s obligatoria, y como quien a otros predicaba la humildad de Cristo Jes\u00fas, supo practicarla \u00e9l mismo, sin dar el m\u00ednimo signo de resentimiento. Desde entonces no tuvo m\u00e1s ning\u00fan respeto por la ley ceremonial de Mois\u00e9s.<br>Sin embargo, es necesario aqu\u00ed notar con los Santos Padres que lo que hac\u00eda San Pedro no era malo en s\u00ed, pero proporcionaba a los cristianos motivo de discordia. Se quiere adem\u00e1s que San Pedro estuviera de acuerdo con San Pablo respecto a la correcci\u00f3n que deb\u00eda hacerse p\u00fablicamente, para que fuera a\u00fan m\u00e1s conocida la cesaci\u00f3n de la ley ceremonial de Mois\u00e9s.<br>Desde Antioqu\u00eda fue a predicar en varias ciudades, hasta que fue avisado por Dios de regresar a Roma, para asistir a los fieles en una feroz persecuci\u00f3n excitada contra los cristianos. Cuando San Pedro lleg\u00f3 a esa ciudad, gobernaba el imperio Ner\u00f3n, hombre lleno de vicios y por consecuencia el m\u00e1s adverso al cristianismo. \u00c9l hab\u00eda hecho prender fuego en varios puntos de esa capital, de modo que con muchos ciudadanos qued\u00f3 en gran parte consumida por las llamas; y luego echaba la culpa de esa malvada acci\u00f3n a los cristianos.<br>En su crueldad, Ner\u00f3n hab\u00eda hecho matar a un virtuoso fil\u00f3sofo, de nombre S\u00e9neca, que hab\u00eda sido su maestro. La misma madre de \u00e9l pereci\u00f3 v\u00edctima de ese hijo desnaturalizado. Pero la gravedad de estos delitos hizo una terrible impresi\u00f3n tambi\u00e9n en el coraz\u00f3n embrutecido de Ner\u00f3n, tanto que le parec\u00eda ver espectros que lo acompa\u00f1aban d\u00eda y noche. Por lo tanto, buscaba apaciguar las sombras infernales, o mejor los remordimientos de la conciencia, con sacrificios. Luego, queriendo procurarse alg\u00fan alivio, hizo buscar a los magos m\u00e1s acreditados, para hacer uso de su magia y de sus encantamientos. El mago Sim\u00f3n, el mismo que hab\u00eda tratado de comprar de San Pedro los dones del Esp\u00edritu Santo, aprovech\u00f3 la ausencia del Santo Ap\u00f3stol para ir all\u00ed y, a fuerza de adulaciones hacia el emperador, desacreditar la religi\u00f3n cristiana.<br><br><a id=\"_Toc191157845\">CAP\u00cdTULO XXVI. San Pedro hace resucitar a un muerto. <em>A\u00f1o de Jesucristo 66<\/em>.<\/a><br>El mago Sim\u00f3n sab\u00eda que, si pod\u00eda hacer alg\u00fan milagro, ganar\u00eda gran cr\u00e9dito. Aquellos que San Pedro iba operando por todas partes serv\u00edan para encenderlo cada vez m\u00e1s de envidia y rabia; por eso iba estudiando alg\u00fan prestigio para hacerse ver superior a San Pedro. Se enfrent\u00f3 con \u00e9l en varias ocasiones, pero siempre sali\u00f3 lleno de confusi\u00f3n. Y como se jactaba de saber curar enfermedades, alargar la vida, resucitar a los muertos, cosas que \u00e9l ve\u00eda hacer a San Pedro, ocurri\u00f3 que fue invitado a hacer lo mismo. Hab\u00eda muerto un joven de noble familia y pariente del emperador. Sus padres, al estar inconsolables, fueron aconsejados a recurrir a San Pedro para que viniera a devolverle la vida. Otros, en cambio, invitaron a Sim\u00f3n.<br><br>Ambos llegaron al mismo tiempo a la casa del difunto. San Pedro, de buen grado, accedi\u00f3 a que Sim\u00f3n hiciera sus pruebas para devolver la vida al muerto; pues sab\u00eda que solo Dios puede operar verdaderos milagros, ni jam\u00e1s nadie puede jactarse de haberlos realizado si no es por virtud divina y en confirmaci\u00f3n de la religi\u00f3n cat\u00f3lica, y que por lo tanto todos los esfuerzos del imp\u00edo Sim\u00f3n ser\u00edan in\u00fatiles. Lleno de arrogancia y empujado por el esp\u00edritu maligno, Sim\u00f3n acept\u00f3 locamente la prueba; y, convencido de que ganar\u00eda, propuso la siguiente condici\u00f3n: si Pedro logra resucitar al muerto, yo ser\u00e9 condenado a muerte; pero si yo doy vida a este cad\u00e1ver, que Pedro la pague con la cabeza. No habiendo entre los presentes quien rechazara esa propuesta, y acept\u00e1ndola de buen grado San Pedro, el mago se dispuso a la obra.<br><br>Se acerc\u00f3 al f\u00e9retro del difunto y, invocando al demonio y realizando mil otros encantamientos, pareci\u00f3 a algunos que aquel fr\u00edo cad\u00e1ver daba alg\u00fan signo de vida. Entonces los partidarios de Sim\u00f3n comenzaron a gritar que Pedro deb\u00eda morir.<br>El Santo Ap\u00f3stol se re\u00eda de aquella impostura y, modestamente pidiendo a todos que guardaran silencio un momento, dijo: \u201cSi el muerto ha resucitado, que se levante, camine y hable; <em>si resucitatus est, surgat, ambulet, fabuletur<\/em>. No es cierto que \u00e9l mueva la cabeza o d\u00e9 signo de vida, es su fantas\u00eda la que les hace pensar as\u00ed. Ordenen a Sim\u00f3n que se aleje de la cama; y pronto ver\u00e1n desvanecerse del muerto toda esperanza de vida.<a href=\"#_ftn23\" id=\"_ftnref23\">[23]<\/a>\u201d<br>As\u00ed se hizo, y aquel que antes estaba muerto continuaba yaciendo como una piedra sin esp\u00edritu y sin movimiento. Entonces el Santo Ap\u00f3stol se arrodill\u00f3 a poca distancia del f\u00e9retro y comenz\u00f3 a orar fervorosamente al Se\u00f1or, suplic\u00e1ndole que glorificara su santo nombre para confusi\u00f3n de los malvados y consuelo de los buenos. Despu\u00e9s de breve oraci\u00f3n, dirigi\u00e9ndose al cad\u00e1ver, dijo en voz alta: \u201cJoven, lev\u00e1ntate; Jes\u00fas Se\u00f1or te da la vida y la salud.\u201d<br><br>Al mandato de esta voz, a la que la muerte estaba acostumbrada a obedecer, el esp\u00edritu volvi\u00f3 prontamente a vivificar aquel fr\u00edo cuerpo; y para que no pareciera una ilusi\u00f3n, se levant\u00f3 de pie, habl\u00f3, camin\u00f3 y se le dio de comer. De hecho, Pedro lo tom\u00f3 de la mano y vivo y sano lo devolvi\u00f3 a su madre. Aquella buena mujer no sab\u00eda c\u00f3mo expresar su gratitud hacia el Santo, y le rog\u00f3 humildemente que no quisiera dejar su casa, para que no fuera abandonado quien hab\u00eda resucitado por sus manos. San Pedro la confort\u00f3 diciendo: \u201cNosotros somos siervos del Se\u00f1or, \u00e9l lo ha resucitado y nunca lo abandonar\u00e1. No temas por tu hijo, pues \u00e9l tiene su guardi\u00e1n.\u201d<br>Ahora quedaba que el mago fuera condenado a muerte, y ya una multitud de gente estaba lista para apedrearlo bajo una lluvia de piedras, si el Ap\u00f3stol, movido a compasi\u00f3n por \u00e9l, no hubiera pedido que se le dejara vivir, diciendo que para \u00e9l era un castigo bastante grande la verg\u00fcenza que hab\u00eda sentido. \u201cViva tambi\u00e9n\u201d, dijo, \u201cpero viva para ver crecer y expandirse cada vez m\u00e1s el reino de Jesucristo.\u201d<br><br><a id=\"_Toc191157846\">CAP\u00cdTULO XXVII. Vuelo. \u2014 Ca\u00edda. \u2014 Muerte desesperada de Sim\u00f3n Mago. <em>A\u00f1o de Jesucristo 67<\/em>.<\/a><br>En la resurrecci\u00f3n de aquel joven, el mago Sim\u00f3n debi\u00f3 admirar la bondad y la caridad de Pedro, y reconocer al mismo tiempo la intervenci\u00f3n de la potencia divina, por lo que debi\u00f3 abandonar al demonio al que hab\u00eda servido durante tanto tiempo; pero el orgullo lo hizo a\u00fan m\u00e1s obstinado. Animado por el esp\u00edritu de Satan\u00e1s, se enfureci\u00f3 m\u00e1s que nunca y resolvi\u00f3 a toda costa vengarse de San Pedro. Con este pensamiento, un d\u00eda se fue a ver a Ner\u00f3n y le dijo que estaba disgustado con los galileos, es decir, los cristianos, que estaba decidido a abandonar el mundo y que, para dar a todos una prueba infalible de su divinidad, quer\u00eda ascender por s\u00ed mismo al Cielo.<br>A Ner\u00f3n le agrad\u00f3 mucho la propuesta; y como deseaba encontrar siempre nuevos pretextos para perseguir a los cristianos, hizo avisar a San Pedro, quien seg\u00fan \u00e9l pasaba por un gran conocedor de magia, y lo desafi\u00f3 a hacer lo mismo y a demostrar que Sim\u00f3n era un mentiroso; que, si no lo hac\u00eda, \u00e9l mismo ser\u00eda juzgado como mentiroso y impostor, y como tal condenado a decapitaci\u00f3n. El Ap\u00f3stol, apoyado en la protecci\u00f3n del Cielo, que nunca falta en defender la verdad, acept\u00f3 la invitaci\u00f3n. San Pedro, por lo tanto, sin ning\u00fan auxilio humano, se arm\u00f3 del escudo inexpugnable de la oraci\u00f3n. Tambi\u00e9n orden\u00f3 a todos los fieles que con ayuno unieran sus oraciones a las suyas. Orden\u00f3 tambi\u00e9n a todos los fieles que con ayuno universal y con oraciones continuas invocaran la divina misericordia. El d\u00eda en que se realizaban estas pr\u00e1cticas religiosas era s\u00e1bado y de aqu\u00ed proviene el ayuno del s\u00e1bado, que en tiempos de San Agust\u00edn a\u00fan se practicaba en Roma en memoria de este acontecimiento.<br><br>Por el contrario, el Mago Sim\u00f3n, todo engre\u00eddo por el favor prometido por sus demonios, se preparaba para urdir y terminar con ellos la fraude, y en su locura cre\u00eda que con este golpe derribar\u00eda la Iglesia de Jesucristo. Lleg\u00f3 el d\u00eda fijado. Una inmensa multitud de gente se hab\u00eda reunido en una gran plaza de Roma. Ner\u00f3n mismo, con toda la corte, vestido con ropas brillantes de oro y gemas, estaba sentado sobre una tribuna bajo un riqu\u00edsimo pabell\u00f3n mirando y animando a su campe\u00f3n. Se hizo un profundo silencio. Aparece Sim\u00f3n vestido como si fuera un Dios y fingiendo tranquilidad muestra seguridad de llevar la victoria. Mientras se difund\u00eda en pomposos discursos, de repente apareci\u00f3 en el aire un carro de fuego, (era toda ilusi\u00f3n diab\u00f3lica y juego de fantas\u00eda) y recibido dentro el mago a la vista de todo el pueblo, el demonio lo levant\u00f3 del suelo y lo transport\u00f3 por el aire. Ya tocaba las nubes y comenzaba a desvanecerse de la vista del pueblo, el cual con los ojos levantados al cielo, jubilando de maravilla y aplaudiendo gritaba: \u00a1Victoria! \u00a1Milagro! \u00a1Gloria y honor a Sim\u00f3n, verdadero hijo de los Dioses!<br><br>Pedro, en compa\u00f1\u00eda de San Pablo, sin ninguna ostentaci\u00f3n se arrodilla en el suelo y, con las manos levantadas al Cielo, fervorosamente ora a Jesucristo que quiera venir en ayuda de su Iglesia para hacer triunfar la verdad ante aquel pueblo enga\u00f1ado. Dicho y hecho: la mano de Dios omnipotente, que hab\u00eda permitido a los esp\u00edritus malignos elevar a Sim\u00f3n hasta aquella altura, les quit\u00f3 de repente todo poder, de modo que privados de fuerza tuvieron que abandonarlo en el m\u00e1s grave peligro y en el colmo de su gloria. Sustra\u00edda a Sim\u00f3n la virtud diab\u00f3lica, abandonado al peso de su corpulento cuerpo se precipit\u00f3 con una ca\u00edda desastrosa, y cay\u00f3 con tal \u00edmpetu a tierra que, deshaci\u00e9ndose todas sus extremidades, salpic\u00f3 la sangre hasta el tribunal de Ner\u00f3n. Tal ca\u00edda ocurri\u00f3 cerca de un templo dedicado a R\u00f3mulo, donde hoy existe la iglesia de los santos Cosme y Dami\u00e1n.<br>El infeliz Sim\u00f3n debi\u00f3 ciertamente perder la vida si San Pedro no hubiera invocado a Dios a su favor. Pedro, dice San M\u00e1ximo, or\u00f3 al Se\u00f1or para liberarlo de la muerte tanto para hacer conocer a Sim\u00f3n la debilidad de sus demonios, como para que confesando la potencia de Jesucristo implorara de \u00c9l el perd\u00f3n de sus culpas. Pero aquel que durante mucho tiempo hab\u00eda hecho profesi\u00f3n de despreciar las gracias del Se\u00f1or, era demasiado obstinado para rendirse incluso en este caso en el que Dios abundaba en Su misericordia. Sim\u00f3n, convertido en objeto de las burlas de todo el pueblo, lleno de confusi\u00f3n, pidi\u00f3 a algunos de sus amigos que lo llevaran de all\u00ed. Llevado a una casa cercana, sobrevivi\u00f3 a\u00fan algunos d\u00edas; hasta que, oprimido por el dolor y la verg\u00fcenza, se aferr\u00f3 al desesperado partido de quitarse esos miserables restos de vida y, arroj\u00e1ndose por una ventana, se dio as\u00ed voluntariamente la muerte<a href=\"#_ftn24\" id=\"_ftnref24\">[24]<\/a>.<br><br>La ca\u00edda de Sim\u00f3n es viva imagen de la ca\u00edda de aquellos cristianos que, o renegando de la religi\u00f3n cristiana o descuidando observarla, caen del grado sublime de virtud al que la fe cristiana los ha elevado, y ruina miserablemente en vicios y des\u00f3rdenes, con deshonor del car\u00e1cter cristiano y de la religi\u00f3n que profesan y con da\u00f1o a veces irreparable de su alma.<br><br><a id=\"_Toc191157847\">CAP\u00cdTULO XXVIII. Pedro es buscado para muerte. \u2014 Jes\u00fas se le aparece y le predice inminente el martirio. \u2014 Testamento del santo Ap\u00f3stol.<\/a><br>El suplicio que le toc\u00f3 a Sim\u00f3n Mago, mientras hac\u00eda evidente la venganza del Cielo, contribuy\u00f3 mucho a aumentar el n\u00famero de cristianos. Ner\u00f3n, por otro lado, viendo a una multitud de personas abandonar el culto profano de los Dioses para profesar la religi\u00f3n predicada por San Pedro, y habi\u00e9ndose dado cuenta de que el Santo Ap\u00f3stol con la predicaci\u00f3n hab\u00eda logrado ganar personas muy favorecidas por \u00e9l, y aquellas mismas que en la corte eran instrumento de iniquidad, sinti\u00f3 duplicarse la rabia contra los cristianos y comenz\u00f3 a endurecerse a\u00fan m\u00e1s contra ellos.<br>En medio del furor de aquella persecuci\u00f3n, Pedro era incansable en animar a los fieles a ser constantes en la fe hasta la muerte y en convertir nuevos gentiles, de modo que la sangre de los m\u00e1rtires, lejos de atemorizar a los cristianos y disminuir su n\u00famero, era una semilla fecunda que cada d\u00eda los multiplicaba. Solo los jud\u00edos de Roma, quiz\u00e1s estimulados por los jud\u00edos de Judea, se mostraban obstinados. Por eso Dios, queriendo llegar a la \u00faltima prueba para vencer su obstinaci\u00f3n, hizo p\u00fablicamente predecir por su Ap\u00f3stol que en breve suscitar\u00eda un rey contra esa naci\u00f3n, el cual, despu\u00e9s de haberla reducido a las m\u00e1s graves angustias, nivelar\u00eda al suelo su ciudad, obligando a los ciudadanos a morir de hambre y de sed. Entonces, les dec\u00eda, ver\u00e1n a unos comer los cuerpos de otros y consumirse mutuamente, hasta que, cayendo en manos de sus enemigos, ver\u00e1n bajo sus ojos desgarrar cruelmente a sus esposas, a sus hijas y a sus ni\u00f1os golpeados y asesinados sobre las piedras; sus mismas tierras ser\u00e1n reducidas a desolaci\u00f3n y ruina por el hierro y el fuego. Aquellos que escapen de la com\u00fan desgracia ser\u00e1n vendidos como animales de carga y sujetos a perpetua servidumbre. Tales males vendr\u00e1n sobre ustedes, oh hijos de Jacob, porque se han regocijado de la muerte del Hijo de Dios y ahora se niegan a creer en \u00c9l<a href=\"#_ftn25\" id=\"_ftnref25\">[25]<\/a>.<br>Pero sabiendo bien los ministros de la persecuci\u00f3n que se fatigar\u00edan in\u00fatilmente si no quitaban de en medio al jefe de los cristianos, se volvieron contra \u00e9l para tenerlo en sus manos y matarlo. Los fieles, considerando la p\u00e9rdida que har\u00edan con su muerte, estudiaban cada medio para impedir que cayera en manos de los perseguidores. Cuando luego se dieron cuenta de que era imposible que pudiera permanecer oculto por m\u00e1s tiempo, le aconsejaron que saliera de Roma y se retirara a un lugar donde fuera menos conocido. Pedro se negaba a tales consejos sugeridos por el amor filial y, de hecho, ardientemente deseaba la corona del martirio. Pero, continuando los fieles a rogarle que hiciera eso por el bien de la Iglesia de Dios, es decir, que intentara conservarse en vida para instruir, confirmar en la fe a los creyentes y ganar almas para Cristo, finalmente accedi\u00f3 y decidi\u00f3 partir.<br>De noche se despidi\u00f3 de los fieles para escapar de la furia de los id\u00f3latras. Pero al llegar fuera de la ciudad, por la Puerta Capena, hoy llamada Puerta San Sebasti\u00e1n, le apareci\u00f3 Jesucristo en la misma figura en que lo hab\u00eda conocido y por m\u00e1s a\u00f1os hab\u00eda frecuentado. El Ap\u00f3stol, aunque sorprendido por esta inesperada aparici\u00f3n, no obstante, seg\u00fan su prontitud de esp\u00edritu, se arm\u00f3 de valor para interrogarlo diciendo: \u201cOh Se\u00f1or, \u00bfa d\u00f3nde vas?\u201d <strong><em>Domine, quo vadis?<\/em><\/strong> Respondi\u00f3 Jes\u00fas: \u201cVengo a Roma para ser crucificado de nuevo.\u201d Dicho esto, desapareci\u00f3.<br>De esas palabras, Pedro comprendi\u00f3 que era inminente su propia crucifixi\u00f3n, pues sab\u00eda que el Se\u00f1or no pod\u00eda ser crucificado de nuevo por s\u00ed mismo, sino que deb\u00eda ser crucificado en la persona de su Ap\u00f3stol. En memoria de este acontecimiento, fuera de la Puerta San Sebasti\u00e1n se edific\u00f3 una iglesia llamada a\u00fan hoy \u201c<em>Domine, quo vadis<\/em>\u201d, o \u201cSanta Mar\u00eda ad Passus\u201d, es decir, Santa Mar\u00eda a los Pies, porque el Salvador en aquel lugar, donde habl\u00f3 a San Pedro, dej\u00f3 impresa en una piedra la sagrada huella de sus pies. Esta piedra se conserva todav\u00eda en la iglesia de San Sebasti\u00e1n.<br>Despu\u00e9s de aquel aviso, San Pedro regres\u00f3 y, interrogado por los cristianos de Roma sobre la raz\u00f3n de su tan pronto regreso, les cont\u00f3 todo. Nadie tuvo m\u00e1s dudas de que Pedro ser\u00eda encarcelado y glorificar\u00eda al Se\u00f1or dando por \u00c9l la vida. Por lo tanto, en el temor de caer de un momento a otro en manos de los perseguidores y que en esos momentos calamitosos la Iglesia quedara sin su supremo pastor, Pedro pens\u00f3 en nombrar algunos obispos m\u00e1s celosos, para que uno de ellos sucediera en el Pontificado despu\u00e9s de su muerte. Fueron estos San Lino, San Cleto, San Clemente y San Anacleto, quienes ya lo hab\u00edan ayudado en el oficio de sus vicarios en varias necesidades de la Iglesia.<br>No contento San Pedro de haber as\u00ed provisto a las necesidades de la Sede Pontificia, tambi\u00e9n quiso dirigir un escrito a todos los fieles, como por su testamento, es decir, una segunda carta. Esta carta est\u00e1 dirigida al cuerpo universal de los cristianos, nombrando en particular a los del Ponto, de Galacia y de otras provincias de Asia a quienes hab\u00eda predicado.<br>Despu\u00e9s de haber nuevamente aludido a las cosas ya dichas en su primera carta, recomienda tener siempre los ojos en Jes\u00fas Salvador, cuid\u00e1ndose de la corrupci\u00f3n de este siglo y de los placeres mundanos. Para resolverlos luego a mantenerse firmes en la virtud, les pone a la vista los premios que el Salvador tiene preparados en el reino eterno del Cielo; y al mismo tiempo recuerda a la memoria los terribles castigos con los cuales suele Dios castigar a los pecadores, bien a menudo tambi\u00e9n en esta vida, pero infaliblemente en la otra con la pena eterna del fuego. Luego, llev\u00e1ndose con su pensamiento al futuro, predice los esc\u00e1ndalos que muchos hombres perversos habr\u00edan de suscitar, los errores que habr\u00edan de diseminar y las astucias de las cuales se habr\u00edan de servir para propagarlos. \u201cPero sepan\u201d, dice, \u201cque estos, a semejanza de fuentes sin agua y de nieblas oscuras agitadas por los vientos, son todos impostores y seductores de almas, que prometen una libertad, la cual siempre termina en una miserable esclavitud, en la que se encuentran envueltos ellos mismos; despu\u00e9s de lo cual les est\u00e1 reservado el juicio, la perdici\u00f3n y el fuego.\u201d<br>\u201cPor mi parte\u201d, contin\u00faa, \u201cestoy seguro, seg\u00fan la revelaci\u00f3n que tuvo Nuestro Se\u00f1or Jesucristo, que en poco tiempo debo abandonar este tabern\u00e1culo de mi cuerpo; pero no dejar\u00e9 de hacer que, incluso despu\u00e9s de mi muerte, teng\u00e1is los medios para recordar tales cosas en vuestra mente. Estad seguros, las promesas del Se\u00f1or nunca fallar\u00e1n: llegar\u00e1 el d\u00eda extremo en que cesar\u00e1n de ser los cielos, los elementos ser\u00e1n disueltos o devorados por el fuego, la tierra ser\u00e1 consumida con todo lo que contiene. Ocupaos, pues, en las obras de piedad, esperemos con paciencia y placer la venida del d\u00eda del Se\u00f1or y, seg\u00fan sus promesas, vivamos de tal manera que podamos pasar a la contemplaci\u00f3n de los cielos y a la posesi\u00f3n de una gloria eterna.\u201d<br>Luego los exhorta a mantenerse limpios del pecado y a creer constantemente que la larga paciencia que a menudo usa el Se\u00f1or con nosotros es para nuestro bien com\u00fan. Entonces recomienda encarecidamente no interpretar las Sagradas Escrituras con el entendimiento privado de cada uno, y nota particularmente las cartas de San Pablo, a quien llama su querido hermano, de quien dice as\u00ed: \u201cJesucristo difiere su venida para daros tiempo a convertiros; las cuales cosas os escribi\u00f3 Pablo, nuestro querido hermano, seg\u00fan la sabidur\u00eda que le ha sido dada por Dios. As\u00ed lo hace tambi\u00e9n en todas sus cartas, donde habla de estas mismas cosas. Sin embargo, estad bien atentos a que en estas cartas hay algunas cosas dif\u00edciles de entender, las cuales los hombres ignorantes e inestables explican de manera perversa, como hacen tambi\u00e9n con otras partes de la Sagrada Escritura, de las que abusan para su propia perdici\u00f3n.\u201d Estas palabras merecen ser consideradas atentamente por los protestantes, quienes quieren confiar la interpretaci\u00f3n de la Biblia a cualquier hombre del pueblo, por m\u00e1s grosero e ignorante que sea. A estos se les puede aplicar lo que dice San Pedro, es decir, que la caprichosa interpretaci\u00f3n de la Biblia result\u00f3 en su propia perdici\u00f3n: <strong><em>ad suam ipsorum perditionem<a href=\"#_ftn26\" id=\"_ftnref26\"><strong>[26]<\/strong><\/a><\/em><\/strong>.<br><br><a id=\"_Toc191157848\">CAP\u00cdTULO XXIX. San Pedro en prisi\u00f3n convierte a Proc\u00f3pio y Martiniano. \u2014 Su martirio<\/a><a href=\"#_ftn27\" id=\"_ftnref27\"><strong>[27]<\/strong><\/a>. <em>A\u00f1o de la Era Com\u00fan 67<\/em>.<br>Finalmente hab\u00eda llegado el momento en que deb\u00edan cumplirse las predicciones hechas por Jesucristo respecto a la muerte de su Ap\u00f3stol. Tanto esfuerzo merec\u00eda ser coronado con la palma del Martirio. Mientras un d\u00eda se sent\u00eda arder de amor hacia la persona del Divino Salvador y deseaba fervientemente poder unirse a \u00c9l lo antes posible, fue sorprendido por perseguidores que inmediatamente lo ataron y lo condujeron a una profunda y t\u00e9trica prisi\u00f3n llamada Mamertina, donde sol\u00edan encerrar a los m\u00e1s famosos criminales<a href=\"#_ftn28\" id=\"_ftnref28\">[28]<\/a>. La divina providencia dispuso que Ner\u00f3n, por asuntos de gobierno, tuviera que alejarse alg\u00fan tiempo de Roma; as\u00ed, San Pedro permaneci\u00f3 aproximadamente nueve meses en prisi\u00f3n. Pero los verdaderos siervos del Se\u00f1or saben promover la gloria de Dios en todo momento y en todo lugar.<br>En la oscuridad de la prisi\u00f3n, Pedro, ejerciendo las labores de su apostolado y especialmente el ministerio de la palabra divina, tuvo la consolaci\u00f3n de conquistar para Jesucristo a los dos guardianes de la prisi\u00f3n, llamados Proceso y Martiniano, junto con otras 47 personas que se encontraban encerradas en el mismo lugar.<br>Es fama, confirmada por la autoridad de escritores acreditados, que no habiendo agua all\u00ed para administrar el bautismo a esos nuevos convertidos, Dios hizo brotar en ese instante una fuente perenne, cuyas aguas contin\u00faan manando a\u00fan hoy. Los viajeros que van a Roma se preocupan por visitar la prisi\u00f3n Mamertina, que est\u00e1 a los pies del Capitolio, en cuyo fondo brota todav\u00eda la prodigiosa fuente. Ese edificio, tanto en la parte subterr\u00e1nea como en la que se eleva sobre la tierra, es objeto de gran veneraci\u00f3n entre los cristianos.<br>Los ministros del emperador intentaron varias veces vencer la constancia del santo Ap\u00f3stol; pero, al ver que todos sus esfuerzos eran in\u00fatiles, y adem\u00e1s al observar que, incluso encadenado, no cesaba de predicar a Jesucristo y as\u00ed aumentar el n\u00famero de cristianos, decidieron hacerlo callar con la muerte. Era una ma\u00f1ana cuando Pedro vio abrirse la prisi\u00f3n. Entraron los verdugos, lo ataron fuertemente y le anunciaron que deb\u00eda ser conducido al suplicio. \u00a1Oh! Entonces su coraz\u00f3n se llen\u00f3 de alegr\u00eda. \u201cYo me alegro\u201d, exclamaba, \u201cporque pronto ver\u00e9 a mi Se\u00f1or. Pronto ir\u00e9 a encontrar a Aquel a quien he amado y de quien he recibido tantos signos de afecto y de misericordia.\u201d<br>Antes de ser conducido al suplicio, el santo Ap\u00f3stol, seg\u00fan las leyes romanas, tuvo que someterse a dolorosa flagelaci\u00f3n; lo cual le caus\u00f3 gran alegr\u00eda, porque as\u00ed se convert\u00eda cada vez m\u00e1s en fiel seguidor de su divino Maestro, quien antes de ser crucificado fue sometido a similar pena.<br>Tambi\u00e9n el camino que recorri\u00f3 yendo al suplicio merece ser notado. Los romanos, conquistadores del mundo, despu\u00e9s de haber sometido a alguna naci\u00f3n, preparaban la pompa del triunfo sobre un magn\u00edfico carro en el valle o mejor en la llanura a los pies del monte Vaticano. Desde all\u00ed, por la v\u00eda sagrada, llamada tambi\u00e9n triunfal, los vencedores ascend\u00edan triunfantes al Capitolio. San Pedro, despu\u00e9s de haber sometido el mundo al suave yugo de Cristo, tambi\u00e9n fue sacado de la c\u00e1rcel y por el mismo camino conducido al lugar donde se preparaban esas grandes solemnidades.<br>As\u00ed celebraba tambi\u00e9n la ceremonia del triunfo y ofrec\u00eda a s\u00ed mismo en holocausto al Se\u00f1or, fuera de la puerta de Roma, como fuera de Jerusal\u00e9n hab\u00eda sido crucificado su divino Maestro.<br>Entre el monte Gianicolo<a href=\"#_ftn29\" id=\"_ftnref29\">[29]<\/a> y el Vaticano hab\u00eda un valle donde, al recogerse las aguas, se formaba una ci\u00e9naga. En la otra cima de la monta\u00f1a que miraba hacia la ci\u00e9naga, estaba el lugar destinado al martirio del m\u00e1s grande hombre del mundo. El intr\u00e9pido atleta, cuando lleg\u00f3 al lugar del pat\u00edbulo y vio la cruz sobre la cual estaba condenado a morir, lleno de coraje y de alegr\u00eda exclam\u00f3: \u201c\u00a1Salve, oh cruz, salvaci\u00f3n de las naciones, estandarte de Cristo, oh cruz querid\u00edsima, salve, oh consuelo de los cristianos! T\u00fa eres la que me aseguras el camino del cielo, eres la que me aseguras la entrada en el reino de la gloria. T\u00fa, que un tiempo vi resplandeciente con la sant\u00edsima sangre de mi Maestro, hoy s\u00e9 mi ayuda, mi consuelo, mi salvaci\u00f3n.<a href=\"#_ftn30\" id=\"_ftnref30\">[30]<\/a>\u201d<br>Sin embargo, San Pedro consideraba para s\u00ed un honor demasiado grande el morir de una manera similar a la de su divino Maestro; por lo tanto, rog\u00f3 a sus crucificadores que por gracia quisieran hacerlo morir con la cabeza hacia abajo. Como tal manera de morir le hac\u00eda sufrir m\u00e1s, as\u00ed la gracia le fue f\u00e1cilmente concedida. Pero su cuerpo, naturalmente, no pod\u00eda sostenerse en la cruz si las manos y los pies solo estaban clavados con los clavos; por lo tanto, sus santas extremidades fueron atadas con cuerdas a ese duro tronco.<br>Hab\u00eda sido acompa\u00f1ado al lugar del suplicio por una multitud infinita de cristianos e infieles. Ese hombre de Dios, en medio de los mismos tormentos, casi olvid\u00e1ndose de s\u00ed mismo, consolaba a los primeros para que no se afligieran por \u00e9l; se esforzaba por salvar a los segundos exhort\u00e1ndolos a dejar el culto de los \u00eddolos y abrazar el Evangelio, para que pudieran conocer al \u00fanico Dios verdadero, creador de todas las cosas. El Se\u00f1or, que siempre dirig\u00eda el celo de tan fiel ministro, lo consol\u00f3 en esas \u00faltimas agon\u00edas con la conversi\u00f3n de un gran n\u00famero de id\u00f3latras de toda condici\u00f3n y de todo sexo<a href=\"#_ftn31\" id=\"_ftnref31\">[31]<\/a>.<br>Mientras San Pedro pend\u00eda en la cruz, Dios tambi\u00e9n quiso consolarlo con una visi\u00f3n celestial. Le aparecieron dos \u00e1ngeles con dos coronas de lirios y de rosas, para indicarle que sus sufrimientos hab\u00edan llegado a su fin y que deb\u00eda ser coronado de gloria en la bienaventurada eternidad<a href=\"#_ftn32\" id=\"_ftnref32\">[32]<\/a>.<br>San Pedro sufri\u00f3 en la cruz tan noble triunfo el 29 de junio, en el a\u00f1o septuag\u00e9simo de Jesucristo y sexag\u00e9simo s\u00e9ptimo de la era vulgar. En el mismo d\u00eda en que San Pedro mor\u00eda en la cruz, San Pablo, bajo la espada del mismo tirano, glorificaba a Jesucristo siendo decapitado. D\u00eda verdaderamente glorioso para todas las Iglesias de la Cristianidad, pero especialmente para la de Roma, la cual, despu\u00e9s de haber sido fundada por Pedro y largamente alimentada con la doctrina de ambos estos Pr\u00edncipes de los Ap\u00f3stoles, ahora est\u00e1 consagrada por su martirio, por su sangre, y sublimada sobre todas las iglesias del mundo.<br>As\u00ed, mientras era inminente la destrucci\u00f3n de la ciudad santa de Jerusal\u00e9n, y deb\u00eda ser quemado su templo, Roma, que era la capital y la due\u00f1a de todas las naciones, se convert\u00eda por medio de esos dos Ap\u00f3stoles en la Jerusal\u00e9n de la nueva alianza, la ciudad eterna, y tanto m\u00e1s gloriosa que la vieja Jerusal\u00e9n, cuanto la gracia del Evangelio y el sacerdocio de la nueva ley son m\u00e1s grandes que el sacerdocio, de todas las ceremonias y figuras de la ley antigua.<br>San Pedro fue martirizado a la edad de 86 a\u00f1os, despu\u00e9s de un pontificado de 35 a\u00f1os, 3 meses y 4 d\u00edas. Tres a\u00f1os los pas\u00f3 especialmente en Jerusal\u00e9n. Luego ocup\u00f3 su c\u00e1tedra siete a\u00f1os en Antioqu\u00eda, el resto en Roma.<br><br><a id=\"_Toc191157849\">CAP\u00cdTULO XXX. Sepulcro de San Pedro. \u2014 Atentado contra su cuerpo.<\/a><br>Apenas San Pedro emiti\u00f3 el \u00faltimo suspiro, muchos cristianos partieron del lugar del suplicio llorando la muerte del supremo Pastor de la Iglesia. Por otra parte, San Lino, su disc\u00edpulo y inmediato sucesor, dos sacerdotes hermanos, San Marcelo y San Apuleyo, San Anacleto y otros fervorosos cristianos se reunieron alrededor de la cruz de San Pedro. Cuando luego los verdugos se alejaron del lugar del martirio, ellos depositaron el cuerpo del santo Ap\u00f3stol, lo ungieron con preciosos aromas, lo embalsamaron y lo llevaron a sepultar cerca del Circo, es decir, cerca de los jardines de Ner\u00f3n en el monte Vaticano, propiamente en el lugar donde hoy todav\u00eda se venera. Su cuerpo fue colocado en un sitio donde ya hab\u00edan sido sepultados muchos m\u00e1rtires, disc\u00edpulos de los santos Ap\u00f3stoles y primicias de la Iglesia cat\u00f3lica, quienes por orden de Ner\u00f3n hab\u00edan sido expuestos a las fieras, o crucificados, o quemados, o asesinados a fuerza de inauditos tormentos. San Anacleto hab\u00eda erigido all\u00ed un peque\u00f1o cementerio, en un rinc\u00f3n del cual levant\u00f3 una especie de oratorio donde reposa el cuerpo de San Pedro. Este sitio se volvi\u00f3 c\u00e9lebre y todos los papas sucesores de San Pedro demostraron siempre un vivo deseo de ser all\u00ed sepultados.<br>Poco despu\u00e9s de la muerte de San Pedro, llegaron a Roma algunos cristianos de Oriente, quienes, considerando que poseer las reliquias del santo Ap\u00f3stol era un gran tesoro, resolvieron hacer su adquisici\u00f3n. Pero, sabiendo que ser\u00eda in\u00fatil intentar comprarlas con dinero, pensaron en robarlas, casi como cosa propia, y llevarlas a esos lugares de donde el santo hab\u00eda venido. Por lo tanto, fueron valientemente al sepulcro, extrajeron de all\u00ed el cuerpo y lo llevaron a las catacumbas, que son un lugar excavado bajo tierra, actualmente llamado de San Sebasti\u00e1n, con la intenci\u00f3n de enviarlo a Oriente tan pronto como se presentara la oportunidad.<br>Dios, por otra parte, que hab\u00eda llamado a ese gran Ap\u00f3stol a Roma para que la hiciera gloriosa con el martirio, dispuso tambi\u00e9n que su cuerpo fuera conservado en esa ciudad y que hiciera de esa iglesia la m\u00e1s gloriosa del mundo. Por lo tanto, cuando esos orientales fueron a llevar a cabo su plan, se levant\u00f3 una tormenta con un torbellino tan fuerte, que por el estruendo de los truenos y por el rel\u00e1mpago de los rayos se vieron obligados a interrumpir su obra.<br>Los cristianos de Roma se dieron cuenta de lo ocurrido, y en gran multitud, saliendo de la ciudad, recuperaron el cuerpo del santo Ap\u00f3stol y lo llevaron nuevamente al monte Vaticano de donde hab\u00eda sido sacado<a href=\"#_ftn33\" id=\"_ftnref33\">[33]<\/a>.<br>En el a\u00f1o 103, San Anacleto, convertido en Sumo Pont\u00edfice, viendo algo calmadas las persecuciones contra los cristianos, a sus expensas levant\u00f3 un templito, de modo que encerrara las reliquias y todo el sepulcro all\u00ed existente. Esta es la primera iglesia dedicada al Pr\u00edncipe de los Ap\u00f3stoles.<br>Este sagrado dep\u00f3sito permaneci\u00f3 expuesto a la veneraci\u00f3n de los fieles hasta la mitad del tercer siglo. Solo en el a\u00f1o 221, por la ferocidad con que eran perseguidos los cristianos, temiendo que los cuerpos de los santos Ap\u00f3stoles Pedro y Pablo fueran profanados por los infieles, fueron transportados por el Pont\u00edfice a las catacumbas llamadas Cementerio de San Calixto, en aquella parte que hoy se llama cementerio de San Sebasti\u00e1n. Pero en el a\u00f1o 255 el papa San Cornelio, a petici\u00f3n e instancia de Santa Lucina y de otros cristianos, llev\u00f3 de nuevo el cuerpo de San Pablo a la v\u00eda de Ostia, al lugar donde hab\u00eda sido decapitado. El cuerpo de San Pedro fue nuevamente transportado y reposado en la tumba primitiva a los pies del monte Vaticano.<br><br><a id=\"_Toc191157850\">CAP\u00cdTULO XXXI. Tumba y Bas\u00edlica de San Pedro en el Vaticano.<\/a><br>En los primeros siglos de la Iglesia, los fieles en su mayor\u00eda no pod\u00edan acudir a la tumba de San Pedro, salvo con grave peligro de ser acusados como cristianos y llevados ante los tribunales de los perseguidores. Sin embargo, siempre hubo una gran afluencia de gente, que ven\u00eda de los pa\u00edses m\u00e1s lejanos a invocar la protecci\u00f3n del Cielo en la tumba de San Pedro. Pero cuando Constantino se convirti\u00f3 en el due\u00f1o del Imperio Romano y puso fin a las persecuciones, entonces cada uno pudo mostrarse libremente como seguidor de Jesucristo, y la tumba de San Pedro se convirti\u00f3 en el santuario del mundo cristiano, donde de cada rinc\u00f3n se acud\u00eda a venerar las reliquias del primer Vicario de Jesucristo. El mismo emperador profesaba p\u00fablicamente el Evangelio, y entre los muchos signos que dio de su apego a la religi\u00f3n cat\u00f3lica, uno fue el de haber mandado edificar varias iglesias, y entre otras, la en honor del Pr\u00edncipe de los Ap\u00f3stoles; la cual, por ello, a veces lleva tambi\u00e9n el nombre de Bas\u00edlica Costantiniana, conocida m\u00e1s com\u00fanmente como Bas\u00edlica Vaticana.<br><br>Por lo tanto, en el a\u00f1o 319, Constantino, por su impulso y a invitaci\u00f3n de San Silvestre, estableci\u00f3 que el sitio de la nueva Iglesia fuera a los pies del Vaticano, con el dise\u00f1o de que abarcara todo el peque\u00f1o templo edificado por San Anacleto y que hasta esa \u00e9poca hab\u00eda sido objeto de la veneraci\u00f3n com\u00fan. En el d\u00eda en que el Emperador Constantino quer\u00eda dar inicio a la santa empresa, deposit\u00f3 en el lugar la diadema imperial y todos los signos reales, luego se postr\u00f3 en tierra y derram\u00f3 muchas l\u00e1grimas por devota ternura. Tomando entonces la azada, se dispuso a cavar con sus propias manos el terreno, dando as\u00ed inicio a la excavaci\u00f3n de los cimientos de la nueva bas\u00edlica. Quiso \u00e9l mismo formar el dise\u00f1o y establecer el espacio que deb\u00eda abarcar el nuevo templo; y para animar a dar mano a la obra con alacridad, quiso llevar sobre sus espaldas doce cofres de tierra en honor de los doce Ap\u00f3stoles. Entonces fue desenterrado el cuerpo de San Pedro, y en presencia de muchos fieles y de mucho clero, fue colocado por San Silvestre en una gran caja de plata, con otra caja de bronce dorado encima, plantada inm\u00f3vil en el suelo. La urna que conten\u00eda el sagrado dep\u00f3sito era alta, ancha y larga cinco pies; sobre ella fue colocada una gran cruz de oro pur\u00edsimo de un peso de ciento cincuenta libras, en la que estaban grabados los nombres de Santa Elena y de su hijo Constantino. Terminada esa majestuosa edificaci\u00f3n, preparada una cripta o c\u00e1mara subterr\u00e1nea toda ornada de oro y de gemas preciosas, rodeada de una cantidad de l\u00e1mparas de oro y de plata, all\u00ed coloc\u00f3 el precioso tesoro: la cabeza de San Pedro. San Silvestre invit\u00f3 a muchos obispos; y los fieles cristianos de todas partes del mundo intervinieron en esta solemnidad. Para animarlos a\u00fan m\u00e1s, abri\u00f3 el tesoro de la Iglesia y concedi\u00f3 muchas indulgencias. La afluencia fue extraordinaria; la solemnidad fue majestuosa; era la primera consagraci\u00f3n que se hac\u00eda p\u00fablicamente con ritos y ceremonias tales como se practican a\u00fan hoy en d\u00eda en la consagraci\u00f3n de los sagrados edificios. La funci\u00f3n se cumpli\u00f3 en el a\u00f1o 324 el dieciocho de noviembre. La urna de San Pedro, as\u00ed cerrada, nunca m\u00e1s se volvi\u00f3 a abrir, y siempre fue objeto de veneraci\u00f3n en toda la cristiandad. Constantino don\u00f3 muchos bienes para el decoro y la conservaci\u00f3n de aquel augusto edificio. Todos los sumos Pont\u00edfices compitieron por hacer glorioso el sepulcro del Pr\u00edncipe de los Ap\u00f3stoles.<br>Pero todas las cosas humanas se van consumiendo con el tiempo, y la bas\u00edlica Vaticana en el siglo XVI se encontr\u00f3 en peligro de ruina. Por lo tanto, los Pont\u00edfices decidieron rehacerla por completo. Despu\u00e9s de muchos estudios, despu\u00e9s de graves fatigas y grandes gastos, se pudo colocar la piedra fundamental del nuevo templo en el a\u00f1o 1506. El gran papa Julio II, a pesar de su avanzada edad y la profunda hendidura en la que deb\u00eda descender para llegar a la base del pilar de la c\u00fapula, quiso, sin embargo, descender en persona para establecer y colocar con solemne ceremonia la primera piedra. Es dif\u00edcil describir las fatigas, el trabajo, el dinero, el tiempo, los hombres que se emplearon en esta maravillosa construcci\u00f3n.<br><br>El trabajo fue llevado a t\u00e9rmino en el espacio de ciento veinte a\u00f1os, y finalmente Urbano VIII, asistido por 22 cardenales y por todas aquellas dignidades que suelen participar en las funciones pontificias, consagr\u00f3 solemnemente la majestuosa bas\u00edlica el 18 de noviembre de 1626, es decir, en el mismo d\u00eda en que San Silvestre hab\u00eda consagrado la antigua bas\u00edlica erigida por Constantino. En todo este tiempo, en medio de tantas restauraciones y tantos trabajos de construcci\u00f3n, las reliquias de San Pedro no sufrieron ninguna translaci\u00f3n; ni la urna, ni la sobre caja de bronce fueron movidas, ni siquiera la cripta fue abierta. El nuevo pavimento, habi\u00e9ndose tenido que elevar un poco sobre el antiguo, se dispuso de tal manera que encerrara la capilla primitiva y dejara as\u00ed intacto el altar consagrado por San Silvestre. A este respecto se nota que, cuando el arquitecto Giacomo della Porta levantaba las capas del pavimento alrededor del viejo altar para superponer el nuevo, descubri\u00f3 la ventana que correspond\u00eda a la sagrada urna. Al bajar dentro la luz, reconoci\u00f3 la cruz de oro que hab\u00eda sido colocada por Constantino y por Santa Elena, su madre. Hizo de inmediato relaci\u00f3n de todo al Papa, que en 1594 era Clemente VIII, quien en compa\u00f1\u00eda de los cardenales Bellarmino y Antoniano, se dirigi\u00f3 personalmente al lugar y encontr\u00f3 lo que hab\u00eda referido el arquitecto. El Pont\u00edfice no quiso abrir ni el sepulcro ni la urna; tampoco consinti\u00f3 que nadie se acercara, sino que orden\u00f3 que la apertura fuera cerrada con cementos. Desde entonces, nunca m\u00e1s se abri\u00f3 la tumba, ni nadie se ha acercado a esas veneradas reliquias.<br>Los viajeros que se dirigen a Roma para visitar la gran bas\u00edlica de San Pedro en el Vaticano, al verla por primera vez quedan como encantados; y los personajes m\u00e1s c\u00e9lebres por ingenio y ciencia, llegados a sus pa\u00edses, no saben dar m\u00e1s que una d\u00e9bil idea de ella.<br>He aqu\u00ed lo que se puede comprender con cierta facilidad. Esa iglesia est\u00e1 embellecida con los m\u00e1rmoles m\u00e1s exquisitos que se hayan podido tener; su amplitud y su elevaci\u00f3n llegan a un punto que sorprende la vista que la contempla; el pavimento, las paredes, la b\u00f3veda est\u00e1n adornados con tal maestr\u00eda, que parecen haber agotado todos los recursos del arte. La c\u00fapula que, por as\u00ed decirlo, se eleva hasta las nubes, es un compendio de todas las bellezas de la pintura, de la escultura y de la arquitectura. Sobre la c\u00fapula, o m\u00e1s bien sobre el mismo cupul\u00edn, hay una esfera o bola de bronce dorado que, vista desde la tierra, parece una bola de juego; pero quien sube y penetra dentro ve un globo en el que diecis\u00e9is personas pueden estar c\u00f3modamente sentadas. En una palabra, en esta bas\u00edlica todo es tan bello, tan raro y tan bien trabajado que supera lo que se puede imaginar en el mundo. Pr\u00edncipes, reyes, monarcas e imperadores han contribuido a adornar este edificio maravilloso, con magn\u00edficos dones que ellos enviaron a la tumba de San Pedro, y a menudo llevados por ellos mismos desde los pa\u00edses m\u00e1s lejanos.<br><br>Y es precisamente en el centro de un edificio tan magn\u00edfico donde reposan las preciosas cenizas de un pobre pescador, de un hombre sin erudici\u00f3n humana y sin riquezas, cuya fortuna consist\u00eda en una red. Y esto fue querido por Dios para que los hombres comprendan c\u00f3mo Dios, en su omnipotencia, toma al hombre m\u00e1s humilde a los ojos del mundo para colocarlo en el trono glorioso a gobernar su pueblo; comprender\u00e1n tambi\u00e9n cu\u00e1nto \u00c9l honra, incluso en la presente vida, a sus siervos fieles, y as\u00ed se hagan una idea de la inmensa gloria reservada en el Cielo a quien vive y muere en su divino servicio. Reyes, pr\u00edncipes, emperadores y los m\u00e1s grandes monarcas de la tierra han venido a implorar la protecci\u00f3n de aquel que fue sacado de una barca para ser hecho pastor supremo de la Iglesia; los herejes e infieles mismos se vieron obligados a respetarlo. Dios podr\u00eda haber elegido al supremo pastor de su Iglesia entre los m\u00e1s grandes y m\u00e1s sabios de la tierra; pero entonces quiz\u00e1s se habr\u00edan atribuido a su sabidur\u00eda y poder aquellas maravillas, que Dios quer\u00eda que fueran enteramente reconocidas como provenientes de su mano omnipotente.<br>Solo en rar\u00edsimos casos los papas han permitido que las reliquias de este gran protector de Roma fueran transportadas a otro lugar; por lo tanto, pocos lugares de la cristiandad pueden presumir de poseerlas: toda la gloria est\u00e1 en Roma.<br><br>Quien quiera escribir sobre los muchos peregrinajes realizados all\u00ed en todo tiempo, desde todas partes del mundo y de todos los estratos de personas, la multitud de gracias recibidas all\u00ed, los asombrosos milagros operados all\u00ed, deber\u00eda hacer muchos y grandes vol\u00famenes.<br>Mientras tanto, nosotros, movidos por sentimientos de sincera gratitud, como conclusi\u00f3n y fruto de lo que hemos dicho sobre las acciones del Pr\u00edncipe de los Ap\u00f3stoles, elevamos fervorosas oraciones al trono del Alt\u00edsimo Dios; rogamos a este su afortunado Vicario y glorioso m\u00e1rtir, para que se digne volver del Cielo una mirada piadosa sobre las presentes necesidades de su Iglesia, se digne protegerla y sostenerla en los fuertes asaltos que cada d\u00eda debe soportar por parte de sus enemigos, obtenga fuerza y coraje para sus sucesores, para todos los obispos y para todos los sagrados ministros, para que todos se hagan dignos del ministerio que Cristo les ha confiado; de modo que, confortados por su ayuda celestial, puedan cosechar abundantes frutos de sus trabajos, promoviendo la gloria de Dios y la salvaci\u00f3n de las almas entre los pueblos cristianos.<br>Afortunados aquellos pueblos que est\u00e1n unidos a Pedro en la persona de los Papas sus sucesores. Ellos caminan por el camino de la salvaci\u00f3n; mientras que todos aquellos que se encuentran fuera de este camino y no pertenecen a la uni\u00f3n de Pedro no tienen ninguna esperanza de salvaci\u00f3n. Jesucristo mismo nos asegura que la santidad y la salvaci\u00f3n no pueden encontrarse sino en la uni\u00f3n con Pedro, sobre el cual se apoya el fundamento inm\u00f3vil de su Iglesia. Agradezcamos de coraz\u00f3n la bondad divina que nos ha hecho hijos de Pedro.<br>Y puesto que \u00e9l tiene las llaves del reino de los Cielos, pid\u00e1mosle que sea nuestro protector en las presentes necesidades, y as\u00ed en el \u00faltimo d\u00eda de nuestra vida se digne abrirnos la puerta de la bienaventurada eternidad.<br><br><a id=\"_Toc191157851\">AP\u00c9NDICE SOBRE LA VENIDA DE S. PEDRO A ROMA<\/a><br>Aunque las discusiones sobre hechos particulares pueden considerarse ajenas al historiador, sin embargo, la venida de S. Pedro a Roma, que es uno de los puntos m\u00e1s importantes de la historia eclesi\u00e1stica, siendo calurosamente combatida por los herejes de hoy, me parece materia de tal importancia que no debe ser omitida.<br>Esto parece tanto m\u00e1s oportuno porque los protestantes desde hace alg\u00fan tiempo en sus libros, peri\u00f3dicos y conversaciones tratan de hacer de ello objeto de razonamiento, siempre con el prop\u00f3sito de ponerlo en duda y desacreditar nuestra santa religi\u00f3n cat\u00f3lica. Esto lo hacen para disminuir, incluso para destruir, si pudieran, la autoridad del Papa, ya que dicen que si Pedro no vino a Roma, los Pont\u00edfices Romanos no son sus sucesores, y por lo tanto no herederos de sus poderes. Pero los esfuerzos de los herejes solo muestran cu\u00e1n poderosa es contra ellos la autoridad del Papa; para liberarse de la cual no se averg\u00fcenzan de fabricar mentiras, pervirtiendo y negando la historia. Creemos que este solo hecho bastar\u00e1 para dar a conocer la gran mala fe que reina entre ellos; ya que poner en duda la venida de S. Pedro a Roma es lo mismo que dudar si hay luz cuando el sol brilla en pleno mediod\u00eda.<br>Considero oportuno se\u00f1alar aqu\u00ed que hasta el siglo catorce, en el espacio de aproximadamente mil cuatrocientos a\u00f1os, no se encuentra un autor ni cat\u00f3lico ni hereje, que haya planteado el m\u00e1s m\u00ednimo duda sobre la venida de S. Pedro a Roma; y nosotros invitamos a los adversarios a citar uno solo. El primero que plante\u00f3 esta duda fue Marsilio de Padua, que vendi\u00f3 su pluma al emperador Luis el B\u00e1varo; y ambos, uno con las armas, el otro con perversas doctrinas, se desataron contra el primado del Sumo Pont\u00edfice. Tal duda, sin embargo, fue considerada por todos como rid\u00edcula, y se desvaneci\u00f3 con la muerte de su autor.<br>Doscientos a\u00f1os despu\u00e9s, en el siglo diecis\u00e9is, surgieron los esp\u00edritus turbulentos de Lutero y de Calvino, y de la escuela de estos salieron varios, quienes, superando la mala fe de sus propios maestros, trataron de suscitar la misma duda para enga\u00f1ar mejor a los simples y a los ignorantes. Quien tiene un poco de pr\u00e1ctica en historia sabe qu\u00e9 cr\u00e9dito merece aquel que, apoyado \u00fanicamente en su capricho, se pone a contradecir un hecho referido con un\u00e1nime consenso por los escritores de todos los tiempos y de todos los lugares. Esta sola observaci\u00f3n bastar\u00eda por s\u00ed misma para hacer manifiesta la inconsistencia de tal duda; sin embargo, para que el lector conozca a los autores que con su autoridad vienen a confirmar lo que afirmamos, citaremos algunos. Puesto que los protestantes admiten la autoridad de la iglesia de los primeros cuatro siglos, nosotros, deseosos de complacerles en todo lo que es posible, nos serviremos de escritores que hayan vivido en ese tiempo. Algunos de ellos afirman que Pedro estuvo en Roma, y otros atestiguan que all\u00ed fund\u00f3 su sede episcopal y all\u00ed sufri\u00f3 el martirio.<br>S. Clemente Papa, disc\u00edpulo de San Pedro y su sucesor en el pontificado, en su primera carta escrita a los Corintios, da como p\u00fablica y cierta la venida de San Pedro a Roma, su larga estancia all\u00ed, el martirio sufrido all\u00ed junto con S. Pablo. He aqu\u00ed sus palabras: \u00abEl ejemplo de estos hombres, los cuales, viviendo santamente, agregaron una gran multitud de elegidos y sufrieron muchos suplicios y tormentos, ha quedado \u00f3ptimo entre nosotros.\u00bb<br>S. Ignacio m\u00e1rtir, tambi\u00e9n disc\u00edpulo de S. Pedro y su sucesor en el obispado de Antioqu\u00eda, siendo conducido a Roma para ser all\u00ed martirizado, escribe a los romanos pidi\u00e9ndoles que no quieran impedir su martirio y dice: \u00abOs ruego, no os mando, como han hecho Pedro y Pablo: <em>Non ut Petrus et Paulus praecipio vobis<\/em>.\u00bb<br><br>Lo mismo afirma Pap\u00edas, contempor\u00e1neo de los mencionados y disc\u00edpulo de S. Juan Evangelista, como se puede ver en Eusebio en su Historia Eclesi\u00e1stica, libro 2, cap\u00edtulo 15.<br>A poca distancia de estos tenemos los ilustres testimonios de S. Ireneo y de S. Dionisio, quienes han conocido y conversado largamente con los disc\u00edpulos de los Ap\u00f3stoles, y estaban muy informados de las cosas ocurridas en el seno de la Iglesia de Roma.<br>S. Ireneo, obispo de Lyon y muerto m\u00e1rtir en el a\u00f1o 202, atestigua que S. Mateo divulg\u00f3 su Evangelio a los jud\u00edos en su propia lengua, mientras Pedro y Pablo predicaban en Roma y establec\u00edan la Iglesia: <em>Petro et Paulo Romae evangelizantibus et constituentibus Ecclesiam<a href=\"#_ftn34\" id=\"_ftnref34\"><strong>[34]<\/strong><\/a><\/em>. Despu\u00e9s de tales testimonios, no sabemos c\u00f3mo osan los herejes negar la venida de S. Pedro a Roma. Casi al mismo tiempo florecieron Clemente de Alejandr\u00eda, S. Cayo, sacerdote de Roma, Tertuliano de Cartago, Or\u00edgenes, S. Cipriano y much\u00edsimos otros, quienes coinciden en referir el gran concurso de fieles a la tumba de S. Pedro, martirizado en Roma; y todos, llenos de veneraci\u00f3n por el primado que gozaba la Iglesia de Roma, dicen que de ella se deben esperar los or\u00e1culos de la eterna salvaci\u00f3n, porque Jesucristo ha prometido la conservaci\u00f3n de la fe a su fundador S. Pedro<a href=\"#_ftn35\" id=\"_ftnref35\">[35]<\/a>.<br>Y si de estos escritores pasamos a las luminarias de la Iglesia, S. Pedro de Alejandr\u00eda, S. Asterio de Amaseno, S. Ottato Milevitano, S. Ambrosio, S. Juan Cris\u00f3stomo, S. Epifanio, S. M\u00e1ximo de Tur\u00edn, S. Agust\u00edn, S. Cirilo de Alejandr\u00eda y muchos otros, encontramos sus testimonios plenamente un\u00e1nimes y concordes sobre la verdad que afirmamos; es decir, que Pedro estuvo en Roma y all\u00ed sufri\u00f3 el martirio. S. Ottato, obispo de Milevi en \u00c1frica, escribiendo contra los Donatistas dice: \u00abNo puedes negar, t\u00fa lo sabes, que en la ciudad de Roma desde el principio fue mantenida la c\u00e1tedra episcopal por Pedro.\u00bb Por amor a la brevedad, solo citamos las palabras del Doctor S. Jer\u00f3nimo, que floreci\u00f3 en el siglo IV de la Iglesia. \u00abPedro, pr\u00edncipe de los Ap\u00f3stoles,\u00bb escribe, \u00abva a Roma en el segundo a\u00f1o del emperador Claudio, y all\u00ed mantuvo la c\u00e1tedra sacerdotal hasta el \u00faltimo a\u00f1o de Ner\u00f3n. Sepultado en Roma en el Vaticano, cerca de la V\u00eda Trionfale, es c\u00e9lebre por la veneraci\u00f3n que le rinde el universo.<a href=\"#_ftn36\" id=\"_ftnref36\">[36]<\/a>\u00bb<br>Se a\u00f1aden los muchos martirologios de las diferentes Iglesias latinas, que desde la m\u00e1s remota antig\u00fcedad han llegado hasta nosotros, los diferentes Calendarios de los Et\u00edopes, de los Egipcios, de los Sirios, los menologios de los Griegos; las mismas liturgias de todas las Iglesias cristianas esparcidas en los varios pa\u00edses de la cristiandad; en todas partes se encuentra registrada la verdad de este relato.<br>\u00bfQu\u00e9 m\u00e1s? Los mismos protestantes algo c\u00e9lebres en doctrina, como el Gave, Ammendo, Pearsonio, Grocio, Usserio, Biondello, Scaligero, Basnagio y Newton con much\u00edsimos otros, coinciden en que la venida del pr\u00edncipe de los Ap\u00f3stoles a Roma y su muerte ocurrida en esa metr\u00f3poli del universo son un hecho incontestable.<br>Es cierto que ni los Hechos de los Ap\u00f3stoles, ni S. Pablo en su carta a los Romanos hacen menci\u00f3n de este hecho. Pero adem\u00e1s de que escritores acreditados reconocen en estos autores bastante claramente aludido tal acontecimiento<a href=\"#_ftn37\" id=\"_ftnref37\">[37]<\/a>, observamos que el autor de los Hechos de los Ap\u00f3stoles no ten\u00eda el prop\u00f3sito de escribir las acciones de S. Pedro ni de los otros Ap\u00f3stoles, sino solamente las de S. Pablo, su compa\u00f1ero y maestro; y esto casi para hacer la apolog\u00eda de este Ap\u00f3stol de las gentes, entre todos el m\u00e1s despreciado y calumniado por los jud\u00edos. Por eso es que S. Lucas, despu\u00e9s de haber narrado los principios de la Iglesia desde el cap\u00edtulo XVI hasta el final de su libro, no escribe m\u00e1s de otros que de Pablo y de sus compa\u00f1eros de misi\u00f3n. De hecho, en sus Hechos, Lucas ni siquiera nos narra todas las cosas operadas por Pablo, cosas que sabemos solamente por las cartas de este Ap\u00f3stol. De hecho, \u00bfnos habla \u00e9l acaso de los tres naufragios sufridos por su maestro, de la lucha que en \u00c9feso tuvo que sostener con las bestias, y de otras gestas de las que se hace menci\u00f3n en su segunda carta a los Corintios y en la a los G\u00e1latas?<a href=\"#_ftn38\" id=\"_ftnref38\">[38]<\/a> \u00bfNos habla acaso S. Lucas del martirio de Pablo, o incluso solo de aquellas cosas que \u00e9l hizo despu\u00e9s de su primera prisi\u00f3n en Roma? \u00bfMenciona acaso una sola de las 14 cartas? Nada de todo esto. Ahora, \u00bfqu\u00e9 maravilla si el mismo escritor call\u00f3 muchas cosas operadas por Pedro, entre las cuales su venida a Roma?<br>Lo que hemos dicho sobre el silencio de San Lucas vale para el silencio de San Pablo en su carta a los Romanos. Pablo, al escribir a los Romanos, no saluda a Pedro; por lo tanto, concluyen los protestantes, Pedro nunca estuvo en Roma. \u00a1Qu\u00e9 extra\u00f1eza de razonamiento! A lo sumo se podr\u00eda deducir que Pedro en ese momento no se encontraba en Roma; y no m\u00e1s. \u00bfY qui\u00e9n no sabe que Pedro, mientras ocupaba la sede de Roma, se alejaba a menudo para ir a fundar otras Iglesias en varias partes de Italia? \u00bfNo hab\u00eda hecho lo mismo cuando ten\u00eda su sede en Jerusal\u00e9n y en Antioqu\u00eda? Fue precisamente en esa \u00e9poca que viaj\u00f3 por varias partes de Palestina, y luego en Asia Menor, en Bitinia, en Ponto, en Galacia, en Capadocia, a las cuales todas dirigi\u00f3 especialmente su primera carta. Por lo tanto, no se debe suponer que no hiciera lo mismo en Italia, que le ofrec\u00eda una cosecha copios\u00edsima. Por otra parte, que Pedro en Italia no se ocupase solamente de Roma, lo sabemos por Eusebio, historiador del siglo IV, quien, al escribir sobre las principales cosas que realiz\u00f3, se expresa as\u00ed: \u00abLas pruebas de las cosas hechas por Pedro son las mismas Iglesias que poco despu\u00e9s resplandecieron, como por ejemplo la Iglesia de Ces\u00e1rea en Palestina, la de Antioqu\u00eda en Siria y la Iglesia de la misma ciudad de Roma. Porque ha sido transmitido a las generaciones futuras que el mismo Pedro constituy\u00f3 estas Iglesias y todas las circundantes. Y as\u00ed tambi\u00e9n las de Egipto y de la misma Alejandr\u00eda, aunque estas no por s\u00ed mismo, sino por medio de Marcos, su disc\u00edpulo, mientras \u00e9l se ocupaba en Italia y entre las gentes circundantes.<a href=\"#_ftn39\" id=\"_ftnref39\">[39]<\/a>\u00bb<br>Por lo tanto, Pablo en su carta a los Romanos no saluda a Pedro, porque sab\u00eda que en ese momento \u00e9l quiz\u00e1s no se encontraba en Roma. Ciertamente, si Pedro hubiera estado all\u00ed, \u00e9l mismo podr\u00eda haber resuelto la cuesti\u00f3n surgida entre esos fieles, la cual dio ocasi\u00f3n a Pablo de escribir su c\u00e9lebre carta.<br>Y luego, incluso si Pedro se hubiera encontrado en la ciudad, se puede decir que Pablo en su carta no dej\u00f3 a los fieles saludarlo junto con los dem\u00e1s, porque lo hizo saludar aparte por el portador de la misma, o le escribi\u00f3 individualmente como usamos nosotros a\u00fan hoy con las personas de consideraci\u00f3n. Por otra parte, si el no haber hecho Pablo, al escribir a los Romanos, que se saludara a Pedro probara que Pedro nunca estuvo en Roma, entonces tambi\u00e9n deber\u00edamos decir que San Santiago Menor nunca fue obispo de Jerusal\u00e9n, porque Pablo, al escribir a los Hebreos, no lo saluda en absoluto. Ahora, toda la antig\u00fcedad proclama a San Santiago obispo de Jerusal\u00e9n. Por lo tanto, el silencio de Pablo no concluye nada contra la venida de San Pedro a Roma.<br><strong>A\u00f1adamos<\/strong>: si del silencio de la Sagrada Escritura respecto a la venida de San Pedro a Roma se pudiera inferir razonablemente que Pedro no vino a Roma, entonces tambi\u00e9n se podr\u00eda argumentar as\u00ed: la Santa Escritura no dice que San Pedro haya muerto; por lo tanto, San Pedro sigue vivo, y ustedes protestantes b\u00fasquenlo en alg\u00fan rinc\u00f3n de la tierra.<br>Hay, adem\u00e1s, una raz\u00f3n para el silencio de la Sagrada Escritura sobre la venida y muerte de San Pedro en Roma, y no queremos callarla. Que Pedro es el cabeza de la Iglesia, el pastor supremo, el maestro infalible de todos los fieles, y que estas prerrogativas deb\u00edan transmitirse a sus sucesores hasta el fin del mundo, esto es dogma de fe, y por lo tanto deb\u00eda ser revelado ya sea por medio de la Sagrada Escritura o por medio de la Tradici\u00f3n divina, como lo fue; pero que \u00e9l vino y muri\u00f3 en Roma es un hecho hist\u00f3rico, un hecho que se pod\u00eda ver con los ojos, tocar con las manos; y por lo tanto no era necesaria una testificaci\u00f3n de la Sagrada Escritura para certificarlo, bastando para ello aquellas pruebas que anuncian y aseguran al hombre todos los dem\u00e1s hechos. Los protestantes que pretenden negar la venida de San Pedro a Roma porque no se puede probar con argumentos b\u00edblicos caen en el rid\u00edculo. \u00bfQu\u00e9 dir\u00edan ellos mismos de aquel que negase la venida y muerte del emperador Augusto en la ciudad de Nola porque la Escritura no lo dice? Si queremos detenernos en este silencio de los Hechos de los Ap\u00f3stoles y de la carta de San Pablo, digamos que esto no prueba ni para nosotros ni para los protestantes. Porque la sana l\u00f3gica y la simple raz\u00f3n natural nos ense\u00f1an que, cuando se busca la verdad de un hecho callado por un autor, se debe buscar en otros a quienes les corresponde hablar de ello. Cosa que hemos hecho abundantemente.<br>Tampoco ignoramos que Flavio Josefo no habla de esta venida de San Pedro a Roma; como tampoco habla de San Pablo. Pero, \u00bfqu\u00e9 le importa a \u00e9l hablar de los cristianos? Su objetivo era escribir la historia del pueblo jud\u00edo y de la guerra jud\u00eda, y no los hechos particulares ocurridos en otros lugares. \u00c9l s\u00ed habla de Jesucristo, de San Juan Bautista, de San Santiago, cuya muerte ocurri\u00f3 en Palestina; pero \u00bfhabla acaso de San Pablo, de San Andr\u00e9s o de los otros Ap\u00f3stoles, que fueron coronados con el martirio fuera de Palestina? \u00bfY no dice \u00e9l mismo que quiere pasar por alto muchos hechos ocurridos en sus tiempos<a href=\"#_ftn40\" id=\"_ftnref40\">[40]<\/a>?<br>Y luego, \u00bfno es una locura confiar m\u00e1s en un jud\u00edo que no habla, que en los primeros cristianos que proclaman todos a una voz que San Pedro muri\u00f3 en Roma, despu\u00e9s de haber residido all\u00ed muchos a\u00f1os?<br>No queremos omitir la dificultad que algunos plantean sobre el desacuerdo de los escritores al fijar el a\u00f1o de la venida de San Pedro a Roma. Porque en nuestros tiempos los eruditos van com\u00fanmente de acuerdo en la cronolog\u00eda que seguimos. Pero decimos que ese desacuerdo de los escritores antiguos demuestra la verdad del hecho: demuestra que un escritor no ha copiado del otro, que cada uno se serv\u00eda de esos documentos o de esas memorias que ten\u00eda en sus respectivos pa\u00edses y que eran p\u00fablicamente conocidos como ciertos; ni debe sorprendernos tal desacuerdo cronol\u00f3gico (que es de uno o dos a\u00f1os m\u00e1s o menos) en aquellos tiempos remotos en los que cada naci\u00f3n ten\u00eda una forma propia de computar los a\u00f1os. Pero todos estos autores refieren con franqueza tal venida de San Pedro a Roma y mencionan las minucias respecto a su residencia y muerte en esa ciudad.<br>Los adversarios contra la venida de San Pedro a Roma tambi\u00e9n a\u00f1aden: de la primera carta de San Pedro a los fieles de Asia se deduce que \u00e9l estuvo en Babilonia. As\u00ed, de hecho, se expresa en sus saludos: \u00abLos saluda la Iglesia que est\u00e1 reunida en Babilonia, y Marcos, mi hijo\u00bb. Por lo tanto, es imposible su venida a Roma. Comencemos a decir que, incluso si por Babilonia, de la que habla Pedro, se entendiera la metr\u00f3poli de Asiria, sin embargo, no se podr\u00eda inferir que no haya podido venir, y no haya venido a Roma. Su pontificado fue bastante largo, y los cr\u00edticos coinciden en decir que la mencionada carta fue escrita antes del a\u00f1o 43, o en ese entorno. De hecho, \u00e9l a\u00fan saluda a los fieles en nombre de Marcos, quien sabemos por Eusebio fue enviado por Pedro a fundar la Iglesia de Alejandr\u00eda en el a\u00f1o 43 de Jesucristo. Por lo tanto, resulta que Pedro, desde la fecha de su carta hasta su muerte, tuvo al menos 24 a\u00f1os m\u00e1s de vida. \u00bfEn un intervalo de tiempo tan largo no podr\u00eda haber hecho el viaje a Roma?<br>Pero tenemos otra respuesta que dar; y es que Pedro habl\u00f3 metaf\u00f3ricamente y con el nombre de Babilonia se refiri\u00f3 a la ciudad de Roma, donde precisamente se encontraba al escribir su carta. Esto se deduce de toda la antig\u00fcedad. Pap\u00edas, disc\u00edpulo de los Ap\u00f3stoles, dice en t\u00e9rminos claros que Pedro mostr\u00f3 haber escrito su primera carta en Roma, mientras que con la traslaci\u00f3n de vocabulario le da el nombre de Babilonia<a href=\"#_ftn41\" id=\"_ftnref41\">[41]<\/a>. San Jer\u00f3nimo dice igualmente que Pedro, en su primera carta, bajo el nombre de Babilonia signific\u00f3 la ciudad de Roma: <em>Petrus in epistola prima sub nomine Babylonis figurative Romam significans, salutat vos, inquit, ecclesia quae est in Babylone collecta<a href=\"#_ftn42\" id=\"_ftnref42\"><strong>[42]<\/strong><\/a><\/em>. Ni este lenguaje era inusitado entre los cristianos. San Juan da a Roma el mismo nombre de Babilonia. \u00c9l en su Apocalipsis, despu\u00e9s de haber llamado a Roma la ciudad de las siete colinas, la ciudad grande que reina sobre los reyes de la tierra, anuncia su ca\u00edda, escribiendo: <em>Cecidit, cecidit Babylon magna<\/em>: cay\u00f3, cay\u00f3 la gran Babilonia<a href=\"#_ftn43\" id=\"_ftnref43\">[43]<\/a>. Bien a raz\u00f3n, luego, Roma pod\u00eda llamarse una Babilonia, porque encerraba en su seno todos los errores esparcidos en las diversas partes del mundo que dominaba.<br>Pedro adem\u00e1s ten\u00eda buenos motivos para callar el nombre literal del lugar desde donde escrib\u00eda; porque habiendo huido poco antes de las manos de Herodes Agripa, y sabiendo c\u00f3mo entre este rey y el emperador Claudio hab\u00eda una estrecha amistad, pod\u00eda temer con raz\u00f3n alguna trampa de estos dos enemigos del nombre cristiano, si su carta se hubiera extraviado. Para evitar este peligro, por lo tanto, la prudencia quer\u00eda que \u00e9l en su escrito usara una palabra conocida por los cristianos y desconocida para los jud\u00edos y los gentiles. As\u00ed lo hizo.<br>Adem\u00e1s, de las mismas palabras de Pedro se deduce otra prueba de su venida a Roma. De hecho, Pedro al concluir su carta dice: \u00abLos saluda la Iglesia&#8230; y Marcos, mi hijo\u00bb. Por lo tanto, Marcos se encontraba con Pedro. Esto puesto, toda la tradici\u00f3n proclama un\u00e1nimemente que Marcos, hijo espiritual de Pedro, su disc\u00edpulo, su int\u00e9rprete, su escriba y dir\u00eda su secretario, estuvo en Roma y en esta ciudad escribi\u00f3 el Evangelio que oy\u00f3 predicar del mismo Maestro<a href=\"#_ftn44\" id=\"_ftnref44\">[44]<\/a>. Por lo tanto, es necesario admitir tambi\u00e9n que Pedro estuvo en Roma con el disc\u00edpulo.<br>Ahora podemos llegar a esta conclusi\u00f3n. Durante mil cuatrocientos a\u00f1os nunca hubo nadie que haya planteado la m\u00e1s m\u00ednima duda sobre la venida de San Pedro a Roma. Por el contrario, tenemos una larga serie de hombres c\u00e9lebres por su santidad y doctrina, que desde los tiempos apost\u00f3licos hasta nosotros con su autoridad siempre la han aceptado. Las liturgias, los martirologios, los mismos enemigos del cristianismo est\u00e1n de acuerdo con la mayor\u00eda de los protestantes sobre este hecho.<br>Por lo tanto, ustedes, oh protestantes de hoy, al oponerse a la venida de San Pedro a Roma, se oponen a toda la antig\u00fcedad, se oponen a la autoridad de los hombres m\u00e1s doctos y piadosos de los tiempos pasados; se oponen a los martirologios, a los menologios, a las liturgias, a los calendarios de la antig\u00fcedad; se oponen a lo que escribieron sus propios maestros.<br>Oh, protestantes, abran los ojos; escuchen las palabras de un amigo que les habla movido \u00fanicamente por el deseo de su bien. Muchos pretenden ser su gu\u00eda en la verdad; pero o por malicia o por ignorancia les enga\u00f1an. Escuchen la voz de Dios que les llama a su redil, bajo la custodia del pastor supremo que \u00c9l ha establecido. Abandonen todo compromiso, superen el obst\u00e1culo del respeto humano, renuncien a los errores en los que hombres ilusionados les han precipitado. Regresen a la religi\u00f3n de sus antepasados, que algunos de sus antepasados abandonaron; inviten a todos los seguidores de la Reforma a escuchar lo que dec\u00eda en sus tiempos Tertuliano: \u00abAs\u00ed que, oh cristiano, si quieres asegurarte en el gran asunto de la salvaci\u00f3n, recurre a las Iglesias fundadas por los Ap\u00f3stoles. Ve a Roma, de donde emana nuestra autoridad. Oh Iglesia feliz, donde con su sangre derramaron toda su doctrina, donde Pedro sufri\u00f3 un martirio similar a la pasi\u00f3n de su divino Maestro, donde Pablo fue coronado con el martirio al ser decapitado, donde Juan, despu\u00e9s de haber sido sumergido en una caldera de aceite hirviendo, no sufri\u00f3 nada y por lo tanto fue exiliado en la isla de Patmos<a href=\"#_ftn45\" id=\"_ftnref45\">[45]<\/a>\u00bb.<br><br><br><em>Tercera Edici\u00f3n<br>Tur\u00edn<br>Librer\u00eda Salesiana Editrice 1899<br><\/em><em>[1\u00aa ed., 1856; reimp. 1867 y 1869; 2\u00aa ed., 1884]<br><br>Hombre de poca fe, \u00bfpor qu\u00e9 has dudado? (Mateo XIV, 31).<br><br>PROPIEDAD DEL EDITOR<br>S. Pier d\u2019Arena &#8211; Escuela Tip. Salesiana<br>Hospicio S. Vicente de Pa\u00fal<br>(N. 1265 \u2014 M)<br><br>Visto: nada impide su impresi\u00f3n G\u00e9nova,<br>12 de junio de 1899<br>AGOSTINO Can. MONTALDO V.<br>Se permite la impresi\u00f3n G\u00e9nova,<br>15 de junio de 1899<br>Can. PAOLO CANEVELLO Prov. Gen.<\/em><\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator has-alpha-channel-opacity\"\/>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref1\" id=\"_ftn1\">[1]<\/a> Las noticias sobre la vida de San Pedro se han extra\u00eddo del Evangelio, de los Hechos y de algunas cartas de los Ap\u00f3stoles, as\u00ed como de varios otros autores, cuyas memorias son referidas por C\u00e9sar Bar\u00f3n en el primer volumen de sus anales, por los Bollandistas el 18 de enero, 22 de febrero, 29 de junio, 1 de agosto y en otros lugares. De la vida de San Pedro han tratado ampliamente Antonio Cesari en los Hechos de los Ap\u00f3stoles y tambi\u00e9n en un volumen separado, Luigi Cuccagni en tres vol\u00famenes consistentes, y muchos otros.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref2\" id=\"_ftn2\">[2]<\/a><\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref3\" id=\"_ftn3\">[3]<\/a> San Ambrosio, obra citada.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref4\" id=\"_ftn4\">[4]<\/a> San Jer\u00f3nimo, Contra Joviniano, cap\u00edtulo 1, 26.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref5\" id=\"_ftn5\">[5]<\/a> Evangelio seg\u00fan Mateo, cap\u00edtulo 16.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref6\" id=\"_ftn6\">[6]<\/a> G\u00e9nesis, cap\u00edtulo 41.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref7\" id=\"_ftn7\">[7]<\/a> Evangelio seg\u00fan Mateo, cap\u00edtulo 18.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref8\" id=\"_ftn8\">[8]<\/a> Evangelio seg\u00fan Mateo, cap\u00edtulo 15.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref9\" id=\"_ftn9\">[9]<\/a> San Juan Damasceno, Homil\u00eda sobre la Transfiguraci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref10\" id=\"_ftn10\">[10]<\/a> San Juan Cris\u00f3stomo, Comentario al Evangelio de Mateo.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref11\" id=\"_ftn11\">[11]<\/a> El traslado de \u201cpuerta\u201d por \u201cpotencia\u201d, por lo tanto, el signo por la cosa significada, deriva del hecho de que en la antigua ley y entre los pueblos orientales, los pr\u00edncipes y los jueces ejerc\u00edan generalmente su poder legislativo y judicial ante las puertas de la ciudad (ver III, p\u00e1g. XXII, 2). Adem\u00e1s, esta parte de la ciudad se manten\u00eda en un estado continuo de presidio y munici\u00f3n, de tal manera que, una vez tomadas las puertas, el resto era f\u00e1cilmente conquistado. A\u00fan hoy se dice \u00abPuerta Otomana\u00bb o \u00abSublime Puerta\u00bb para indicar el poder de los turcos.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref12\" id=\"_ftn12\">[12]<\/a> San Jer\u00f3nimo, Contra Joviniano, cap\u00edtulo 1, 26.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref13\" id=\"_ftn13\">[13]<\/a> San Agust\u00edn, Sobre la Unidad de la Iglesia.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref14\" id=\"_ftn14\">[14]<\/a> San Ireneo, Contra las Herej\u00edas, libro III, n. 3.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref15\" id=\"_ftn15\">[15]<\/a> Salmos 68, 108.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref16\" id=\"_ftn16\">[16]<\/a> Evangelio seg\u00fan Juan, 14, 12.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref17\" id=\"_ftn17\">[17]<\/a> Ver San Basilio de Seleucia y las Reconocimientos de San Clemente.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref18\" id=\"_ftn18\">[18]<\/a> Ver Teodoreto, San Juan Cris\u00f3stomo, San Clemente, etc.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref19\" id=\"_ftn19\">[19]<\/a> Benedicto XIV, De la Beatificaci\u00f3n de los Siervos de Dios, libro I, cap\u00edtulo I.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref20\" id=\"_ftn20\">[20]<\/a> Carta a los Romanos, cap\u00edtulo I.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref21\" id=\"_ftn21\">[21]<\/a> Eusebio, Historia Eclesi\u00e1stica, libro II, cap\u00edtulo 15.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref22\" id=\"_ftn22\">[22]<\/a> Primera Carta de Pedro, cap\u00edtulo 5.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref23\" id=\"_ftn23\">[23]<\/a> San Paciano, carta 2.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref24\" id=\"_ftn24\">[24]<\/a> Los santos Padres que relatan el hecho de Sim\u00f3n Mago, entre otros, son: San M\u00e1ximo de Tur\u00edn, San Cirilo de Jerusal\u00e9n, San Sulpicio Severo, San Gregorio de Tours, San Clemente Papa, San Basilio de Seleucia, San Epifanio, San Agust\u00edn, San Ambrosio, San Jer\u00f3nimo y muchos otros.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref25\" id=\"_ftn25\">[25]<\/a> Lactancio, libro 4.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref26\" id=\"_ftn26\">[26]<\/a> Ep\u00edstola 2, cap\u00edtulo 3.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref27\" id=\"_ftn27\">[27]<\/a> Las opiniones de los estudiosos var\u00edan al fijar el a\u00f1o del martirio del Pr\u00edncipe de los Ap\u00f3stoles; pero la m\u00e1s probable es la que lo asigna al a\u00f1o 67 de la era vulgar. De hecho, San Jer\u00f3nimo, incansable investigador y conocedor de las cosas sagradas, nos informa que San Pedro y San Pablo fueron martirizados dos a\u00f1os despu\u00e9s de la muerte de S\u00e9neca, maestro de Ner\u00f3n. Ahora, de T\u00e1cito, historiador de aquellos tiempos, sabemos que los c\u00f3nsules bajo los cuales muri\u00f3 S\u00e9neca fueron Silio Nerva y \u00c1tico Vestino, que ocuparon el consulado en el a\u00f1o 65; por lo tanto, los dos Ap\u00f3stoles sufrieron el martirio en 67. A este c\u00f3mputo de a\u00f1os, por el cual se fija el martirio en ese tiempo, corresponden los 25 a\u00f1os y casi dos meses durante los cuales San Pedro ocup\u00f3 su C\u00e1tedra en Roma; n\u00famero de a\u00f1os que siempre ha sido reconocido por toda la antig\u00fcedad (ver \u00abObservaciones hist\u00f3rico-cronol\u00f3gicas\u00bb de Monse\u00f1or Domenico Bartolini, cardenal de Santa Iglesia: \u00abSi el a\u00f1o 67 de la era vulgar es el a\u00f1o del martirio de los gloriosos Pr\u00edncipes de los Ap\u00f3stoles Pedro y Pablo\u00bb, Roma, Tipograf\u00eda Scalvini, 1866).<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref28\" id=\"_ftn28\">[28]<\/a> La cadena con la que fue atado San Pedro se conserva a\u00fan en Roma en la iglesia llamada San Pedro en Cadena (Artano, \u00abVida de San Pedro\u00bb).<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref29\" id=\"_ftn29\">[29]<\/a> En la punta m\u00e1s alta del Monte Gianicolo, donde Anco Marcio, cuarto rey de Roma, fund\u00f3 la fortaleza gianicolense, se edific\u00f3 la iglesia de San Pedro en Montorio, en el lugar donde el santo Ap\u00f3stol sufri\u00f3 el martirio. Este monte fue llamado Gianicolo porque estaba dedicado a Jano, guardi\u00e1n de las puertas que en lat\u00edn se dicen ianuae. Se dice que aqu\u00ed tambi\u00e9n fue sepultado Jano, que edific\u00f3 esa parte de Roma frente al Capitolio. Tambi\u00e9n se le llam\u00f3 Monte Aureo, por la cercana y antigua Puerta Aurelia. Ahora se llama Montorio, es decir, Monte de Oro, por el color amarillo de la tierra que cubre esta colina, una de las siete colinas de la antigua Roma (ver Moroni, \u00abIglesias de San Pedro\u00bb).<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref30\" id=\"_ftn30\">[30]<\/a> Bollandistas, d\u00eda 29 de junio.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref31\" id=\"_ftn31\">[31]<\/a> San Efr\u00e9n Siro.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref32\" id=\"_ftn32\">[32]<\/a> Ver Plaza Emanuele.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref33\" id=\"_ftn33\">[33]<\/a> Ver San Gregorio Magno, ep\u00edstola 30. Bar\u00f3n al a\u00f1o 284.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref34\" id=\"_ftn34\">[34]<\/a> San Ireneo, Contra las Herej\u00edas, libro III, cap\u00edtulo 1.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref35\" id=\"_ftn35\">[35]<\/a> Cayo Romano ante Eusebio; Clemente Alejandrino, <em>Stromata<\/em>, libro 7; Tertuliano, <em>De persecuciones<\/em>; Or\u00edgenes ante Eusebio, libro 3; San Cipriano, carta 52 a Antoniano y carta 55 a Cornelio.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref36\" id=\"_ftn36\">[36]<\/a> San Jer\u00f3nimo, <em>De viris illustribus<\/em>, cap\u00edtulo 1.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref37\" id=\"_ftn37\">[37]<\/a> Teodoreto, obispo de Ciro, hombre versad\u00edsimo en la historia eclesi\u00e1stica, muerto en el a\u00f1o 450, comentando la Carta de San Pablo a los Romanos, donde el Ap\u00f3stol escribe: \u00abDesear\u00eda verlos, para comunicarles alg\u00fan don espiritual a fin de que sean fortalecidos\u00bb (Romanos 1,11), a\u00f1ade que Pablo no ha dicho que quiere confirmarlos si no porque el gran San Pedro ya les hab\u00eda comunicado primero el Evangelio: \u201cPorque Pedro primero les ha dado la doctrina evang\u00e9lica, ha necesariamente a\u00f1adido &#8216;para confirmarlos&#8217;\u201d (<em>Comentario a la Carta a los Romanos<\/em>).<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref38\" id=\"_ftn38\">[38]<\/a> 1 Corintios 11, 23-24; G\u00e1latas 1, 17-18.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref39\" id=\"_ftn39\">[39]<\/a> Ver <em>Teofan\u00eda<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref40\" id=\"_ftn40\">[40]<\/a> <em>Antig\u00fcedades Jud\u00edas<\/em>, libro 20, cap\u00edtulo 5.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref41\" id=\"_ftn41\">[41]<\/a> Ante Eusebio, libro II, 14.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref42\" id=\"_ftn42\">[42]<\/a> San Jer\u00f3nimo, <em>De viris illustribus<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref43\" id=\"_ftn43\">[43]<\/a> Apocalipsis 17,5; 18,2.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref44\" id=\"_ftn44\">[44]<\/a> Ver San Jer\u00f3nimo, <em>De viris illustribus<\/em>, cap\u00edtulo 8.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref45\" id=\"_ftn45\">[45]<\/a> Tertuliano, <em>De prescripci\u00f3n de herejes<\/em>, cap\u00edtulo 36.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El momento culminante del A\u00f1o Jubilar para cada creyente es el paso a trav\u00e9s de&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":18,"featured_media":35236,"comment_status":"closed","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"iawp_total_views":115,"footnotes":""},"categories":[175],"tags":[1666,2566,2558,1768,2633,1834,2190,1966,1972],"class_list":["post-35242","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-buena-prensa","tag-biblia","tag-caridad","tag-dios","tag-don-bosco","tag-iglesia","tag-indulgencias","tag-jesus","tag-salvacion","tag-santos"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/35242","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/18"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=35242"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/35242\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/35236"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=35242"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=35242"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=35242"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}