{"id":34912,"date":"2025-01-31T08:19:40","date_gmt":"2025-01-31T08:19:40","guid":{"rendered":"https:\/\/exciting-knuth.178-32-140-152.plesk.page\/?p=34912"},"modified":"2025-01-31T08:20:19","modified_gmt":"2025-01-31T08:20:19","slug":"la-fe-nuestro-escudo-y-nuestra-victoria-1876","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/suenos-de-don-bosco\/la-fe-nuestro-escudo-y-nuestra-victoria-1876\/","title":{"rendered":"La fe, nuestro escudo y nuestra victoria (1876)"},"content":{"rendered":"\n<p><em><em>\u00abCuando me dediqu\u00e9 a esta parte del sagrado ministerio, entend\u00ed consagrar todos mis esfuerzos a la mayor gloria de Dios y al beneficio de las almas; entend\u00ed esforzarme por formar buenos ciudadanos en esta tierra, para que un d\u00eda fueran dignos habitantes del cielo. Que Dios me ayude a poder continuar as\u00ed hasta el \u00faltimo aliento de mi vida.\u00bb (Don Bosco)<\/em><\/em><br><br><br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Los j\u00f3venes, y no solamente ellos, esperaban con ansiedad el relato del sue\u00f1o; don Bosco mantuvo su promesa, pero con un d\u00eda de retraso, en las buenas noches del 30 de junio, festividad del <em>Corpus Christi<\/em>. Comenz\u00f3 de esta manera:<br><br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u00abMe alegro de volveros a ver. \u00a1Oh, cu\u00e1ntos rostros angelicales tengo vueltos hacia m\u00ed! (<em>risas generales<\/em>). He pensado que si os cuento el sue\u00f1o de que os habl\u00e9 os causar\u00eda un poco de miedo. Si yo tuviese un rostro angelical os podr\u00eda decir: \u00a1Miradme! Y entonces se disipar\u00eda todo temor. Pero desgraciadamente no soy m\u00e1s que un poco de barro, como todos vosotros. Sin embargo, somos obra de Dios y puedo decir con san Pablo que sois <em>gaudium meum et corona mea<\/em>: vosotros sois mi alegr\u00eda y mi corona. Mas no hay que extra\u00f1arse si en la corona hay alg\u00fan <em>Gloria<\/em><em>Patri<\/em> un poco mohoso.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pero volvamos al sue\u00f1o. Yo no os lo quer\u00eda contar por miedo a atemorizaros; pero despu\u00e9s pens\u00e9: un padre no debe ocultar nada a sus hijos, tanto m\u00e1s si \u00e9stos tienen inter\u00e9s por conocer lo que el padre sabe; bueno es, pues, que los hijos sepan lo que el padre hace y conoce. Por eso me he decidido a cont\u00e1roslo con todos sus detalles; pero os ruego que le deis simplemente la importancia que se suele dar a los sue\u00f1os y que cada uno lo tome como m\u00e1s le agrade y de la forma m\u00e1s beneficiosa. Tened entendido, pues, que los sue\u00f1os se tienen durmiendo (<em>Risas generales<\/em>); pero sabed, adem\u00e1s, que este sue\u00f1o no lo he tenido ahora, sino hace quince d\u00edas, precisamente cuando estabais terminando vuestros ejercicios. Hac\u00eda mucho tiempo que yo ped\u00eda al Se\u00f1or que me diese a conocer el estado de alma de mis hijos y qu\u00e9 pod\u00eda yo hacer para su progreso en la virtud y para desarraigar de sus corazones ciertos vicios. Estos eran los pensamientos que me preocupaban durante estos ejercicios. Demos gracias al Se\u00f1or porque los ejercicios, tanto por parte de los estudiantes como de los aprendices, han resultado muy bien. Pero no terminaron con ellos las misericordias divinas; Dios quiso favorecerme de manera que pudiese leer en las conciencias de los j\u00f3venes, como se lee en un libro; y lo que es a\u00fan m\u00e1s admirable, vi no solamente el estado actual de cada uno, sino lo que a cada uno le suceder\u00e1 en el porvenir. Y esto fue tambi\u00e9n para m\u00ed algo inusitado; pues no me pod\u00eda convencer de que pudiese ver de una manera semejante, tan bien y con tanta claridad, tan al descubierto las cosas futuras y las conciencias juveniles. Es la primera vez que me suced\u00eda esto. Tambi\u00e9n ped\u00ed mucho a la Sant\u00edsima Virgen, que se dignase concederme la gracia de que ninguno de vosotros tuviese el demonio en el coraz\u00f3n, y abrigo la esperanza de que tambi\u00e9n esto me haya sido concedido; pues tengo motivos suficientes para creer que todos vosotros hab\u00e9is manifestado vuestras conciencias. Estando, pues, ocupado en estos pensamientos y rogando al Se\u00f1or me mostrase qu\u00e9 es lo que puede favorecer y perjudicar la salud de las almas de mis queridos j\u00f3venes, me fui a descansar, y he aqu\u00ed que comenc\u00e9 a so\u00f1ar lo que seguidamente os voy a contar\u00bb.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El pre\u00e1mbulo del sue\u00f1o est\u00e1 saturado del acostumbrado sentido de humildad profunda; pero en esta ocasi\u00f3n termina con una afirmaci\u00f3n de tal naturaleza, que excluye toda duda acerca del car\u00e1cter sobrenatural del fen\u00f3meno.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El sue\u00f1o se podr\u00eda titular as\u00ed: <em>La fe, nuestro escudo y nuestra victoria<\/em>.<br><br><br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Me pareci\u00f3 encontrarme con mis queridos j\u00f3venes en el Oratorio. Era hacia el atardecer, ese momento en que las sombras comienzan a oscurecer el cielo. A\u00fan se ve\u00eda, pero no con mucha claridad. Yo, saliendo de los p\u00f3rticos, me dirig\u00ed a la porter\u00eda; pero me rodeaba un n\u00famero inmenso de muchachos, como sol\u00e9is hacer vosotros, como prueba de amistad. Unos se hab\u00edan acercado a saludarme, otros paran comunicarme algo. Yo dirig\u00eda una palabra, ya a uno ya a otro. As\u00ed llegu\u00e9 al patio muy lentamente, cuando he aqu\u00ed que oigo unos lamentos prolongados y un ruido grand\u00edsimo, unido a las voces de los muchachos y a un griter\u00edo que proced\u00eda de la porter\u00eda. Los estudiantes, al escuchar aquel ins\u00f3lito tumulto, se acercaron a ver; pero muy pronto los vi huir precipitadamente en uni\u00f3n de los aprendices, tambi\u00e9n asustados, gritando y corriendo hacia nosotros. Muchos de \u00e9stos se hab\u00edan salido por la puerta que est\u00e1 al fondo del patio.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pero al crecer cada vez m\u00e1s el griter\u00edo y los acentos de dolor y de desesperaci\u00f3n, yo preguntaba a todos con ansiedad qu\u00e9 era lo que hab\u00eda sucedido y procuraba avanzar para prestar mi auxilio donde hubiera sido necesario. Pero los j\u00f3venes, agrupados a mi alrededor, me lo imped\u00edan.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Yo entonces les dije:<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211; Pero dejadme andar; permitidme que vaya a ver qu\u00e9 es lo que produce un espanto tal.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211; No, no, por favor, me dec\u00edan todos; no siga adelante; qu\u00e9dese, qu\u00e9dese aqu\u00ed; hay un monstruo que lo devorar\u00e1; huya, huya con nosotros; no intente seguir adelante. Con todo quise ver qu\u00e9 era lo que pasaba y deshaci\u00e9ndome de los j\u00f3venes, avanc\u00e9 un poco por el patio de los aprendices, mientras todos los j\u00f3venes gritaban:<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211; \u00a1Mire, mire!<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211; \u00bfQu\u00e9 hay?<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211; \u00a1Mire all\u00e1 al fondo!<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Dirig\u00ed la vista hacia la parte indicada y vi a un monstruo que, al primer golpe de vista, me pareci\u00f3 un le\u00f3n gigantesco, tan grande que no creo exista uno igual en la tierra. Lo observ\u00e9 atentamente; era repulsivo; ten\u00eda el aspecto de un oso, pero a\u00fan m\u00e1s horrible y feroz que \u00e9ste. La parte de atr\u00e1s no guardaba relaci\u00f3n con los otros miembros, era m\u00e1s bien peque\u00f1a; pero las extremidades anteriores, como tambi\u00e9n el cuerpo, los ten\u00eda grand\u00edsimos. Su cabeza era enorme y la boca tan desproporcionada y abierta, que parec\u00eda hecha como para devorar a la gente de un solo bocado; de ella sal\u00edan dos grandes, agudos y largu\u00edsimos colmillos a guisa de tajantes espadas.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Yo me retir\u00e9 inmediatamente donde estaban los j\u00f3venes, los cuales me ped\u00edan consejo ansiosamente; pero ni yo mismo me ve\u00eda libre del espanto y me encontraba sin saber qu\u00e9 partido tomar. Con todo les dije:<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211; Me gustar\u00eda deciros qu\u00e9 es lo que ten\u00e9is que hacer; pero no lo s\u00e9. Por lo pronto concentr\u00e9monos debajo de los p\u00f3rticos.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Mientras dec\u00eda esto, el oso entraba en el segundo patio y se adelantaba hacia nosotros con paso grave y lento, como quien est\u00e1 seguro de alcanzar la presa. Retrocedimos horrorizados, hasta llegar bajo los p\u00f3rticos.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Los j\u00f3venes se hab\u00edan estrechado alrededor de mi persona. Todos los ojos estaban fijos en m\u00ed:<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211; Don Bosco: \u00bfqu\u00e9 es lo que hemos de hacer?, me dec\u00edan.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Y yo tambi\u00e9n miraba a los j\u00f3venes, pero en silencio, y sin saber qu\u00e9 hacer.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Finalmente exclam\u00e9:<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211; Volv\u00e1monos hacia el fondo del p\u00f3rtico, hacia la imagen de la Virgen, pong\u00e1monos de rodillas, invoqu\u00e9mosla con m\u00e1s devoci\u00f3n que nunca, para que Ella nos diga qu\u00e9 es lo que tenemos que hacer en estos momentos para que venga en nuestro auxilio y nos libre de este peligro. Si se trata de un animal feroz, entre todos creo que lograremos matarlo; y si es un demonio, Mar\u00eda nos proteger\u00e1. \u00a1No tem\u00e1is! La Madre celestial se cuidar\u00e1 de nuestra salvaci\u00f3n.<br>Entretanto el oso continuaba acerc\u00e1ndose lentamente, casi arrastr\u00e1ndose por el suelo en actitud de preparar el salto para arrojarse sobre nosotros.<br>Nos arrodillamos y comenzamos a rezar. Pasaron unos minutos de verdadero espanto. La fiera hab\u00eda llegado ya tan cerca que de un salto pod\u00eda caer sobre nosotros. Cuando he aqu\u00ed que, no s\u00e9 c\u00f3mo ni cu\u00e1ndo, nos vimos trasladados todos del lado all\u00e1 de la pared encontr\u00e1ndonos en el comedor de los cl\u00e9rigos.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En el centro del mismo estaba la Virgen, que se asemejaba, no s\u00e9 si a la estatua que est\u00e1 bajo los p\u00f3rticos o a la del mismo comedor, o a la de la c\u00fapula o tambi\u00e9n a la que est\u00e1 en la iglesia. Mas, sea como fuese, el hecho es que estaba radiante de una luz viv\u00edsima que iluminaba todo el comedor, cuyas dimensiones en todo sentido hab\u00edan aumentado cien veces m\u00e1s, apareciendo esplendoroso como un sol al mediod\u00eda. Estaba rodeada de bienaventurados y de \u00e1ngeles, de forma que el sal\u00f3n parec\u00eda un para\u00edso.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Los labios de la Virgen se mov\u00edan como si quisiese hablar, para decirnos algo.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Los que est\u00e1bamos en aquel refectorio \u00e9ramos much\u00edsimos. Al espanto que hab\u00eda invadido nuestros corazones sucedi\u00f3 un sentimiento de estupor. Los ojos de todos estaban fijos en la imagen, la cual con voz suav\u00edsima nos tranquiliz\u00f3 dici\u00e9ndonos:<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211; No tem\u00e1is; tened fe; \u00e9sta es solamente una prueba a la cual os quiere someter mi Divino Hijo.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Observ\u00e9 entonces a los que, fulgurantes de gloria, hac\u00edan corona a la Sant\u00edsima Virgen y reconoc\u00ed a don V\u00edctor Alasonatti, a don Domingo Ruffino, a un tal Miguel, hermano de las Escuelas Cristianas, a quien algunos de vosotros habr\u00e9is conocido y a mi hermano Jos\u00e9; y a otros que estuvieron en otro tiempo en el Oratorio y que pertenecieron a la Congregaci\u00f3n y que ahora est\u00e1n en el Para\u00edso. En compa\u00f1\u00eda de \u00e9stos vi tambi\u00e9n a otros que viven actualmente.<br><br>***<br><br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Cuando he aqu\u00ed que uno de los que formaban el cortejo de la Virgen dijo en alta voz:<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211; \u00a1<em>Surgamus<\/em>! (\u00a1Levant\u00e9monos!).<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Nosotros est\u00e1bamos de pie y no entend\u00edamos qu\u00e9 era lo que nos quer\u00eda decir con aquella orden, y nos pregunt\u00e1bamos: -Pero \u00bfc\u00f3mo <em>surgamus<\/em>? Si estamos todos de pie. &#8211; \u00a1<em>Surgamus<\/em>!, repiti\u00f3 m\u00e1s fuerte la misma voz.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Los j\u00f3venes, de pie y at\u00f3nitos, se hab\u00edan vuelto hacia m\u00ed, esperando que yo les hiciese alguna se\u00f1al, sin saber entretanto qu\u00e9 hacer.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Yo me volv\u00ed hacia el lugar de donde hab\u00eda salido aquella voz y dije:<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211; Pero \u00bfqu\u00e9 es lo que tenemos que hacer? \u00bfQu\u00e9 quiere decir <em>surgamus<\/em>, si estamos todos de pie?<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Y la voz me respondi\u00f3 con mayor fuerza:<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211; <em>Surgamus<\/em>!<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Yo no consegu\u00eda explicarme este mandato que no entend\u00eda. Entonces otro de los que estaban con la Virgen se dirigi\u00f3 a m\u00ed, que me hab\u00eda subido a una mesa para poder dominar a aquella multitud, y comenz\u00f3 a decir con voz robusta y bien timbrada, mientras los j\u00f3venes escuchaban:<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211; T\u00fa que eres sacerdote debes comprender qu\u00e9 quiere decir <em>surgamus<\/em>. Cuando celebras la Misa, \u00bfno dices todos los d\u00edas <em>sursum<\/em><em>corda<\/em>? Con esto entiendes elevarte materialmente o levantar los afectos del coraz\u00f3n al cielo, a Dios.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Yo inmediatamente dije a voz en cuello a los j\u00f3venes:<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211; Arriba, arriba hijos, reavivemos, fortifiquemos nuestra fe, elevemos nuestros corazones a Dios, hagamos un acto de amor y de arrepentimiento; hagamos un esfuerzo de voluntad para orar con vivo fervor; confiemos en Dios.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Y hecha una se\u00f1al, todos se pusieron de rodillas.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Un momento despu\u00e9s, mientras rez\u00e1bamos en voz baja, llenos de confianza, se dej\u00f3 o\u00edr de nuevo una voz que dijo:<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211; <em>S\u00fargite<\/em>! Y nos pusimos todos de pie y sentimos que una fuerza sobrenatural nos elevaba sensiblemente sobre la tierra y subimos, no sabr\u00eda sabr\u00eda precisar cu\u00e1nto, pero puedo asegurar que todos nos encontr\u00e1bamos muy alto. Tampoco sabr\u00eda decir d\u00f3nde descansaban nuestros pies. Recuerdo que yo estaba agarrado a la cortina o al repecho de una ventana. Los j\u00f3venes se sujetaban, unos a las puertas, otros a las ventanas; qui\u00e9n se agarraba ac\u00e1, qui\u00e9n all\u00e1; qui\u00e9n a unos garfios de hierro, qui\u00e9n a unos gruesos clavos, qui\u00e9n a la cornisa de la b\u00f3veda. Todos est\u00e1bamos en el aire y yo me sent\u00eda maravillado de que no cay\u00e9semos al suelo.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Y he aqu\u00ed que el monstruo que hab\u00edamos visto en el patio, penetr\u00f3 en la sala seguido de una innumerable cantidad de fieras de diversas clases, todas dispuestas al ataque. Corr\u00edan de ac\u00e1 para all\u00e1 por el comedor, lanzaban horribles rugidos, parec\u00edan deseosas de combatir y que de un momento a otro se hab\u00edan de lanzar de un salto sobre nosotros. Pero por entonces nada intentaron. Nos miraban, levantaban el hocico y mostraban sus ojos inyectados en sangre. Nosotros lo contempl\u00e1bamos todo desde arriba, y yo, muy agarradito a aquella ventana, me dec\u00eda:<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211; Si me cayese, \u00a1qu\u00e9 horrible destrozo har\u00edan de mi persona!<br><br>***<br><br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Mientras continu\u00e1bamos en aquella extra\u00f1a postura, sali\u00f3 una voz de la imagen de la Virgen que cantaba las palabras de San Pablo: &#8211;<em>Sumite ergo scutum fidei inexpugnabile<\/em>. (Embrazad, pues, el escudo de la fe inexpugnable). Era un canto tan armonioso, tan acorde, de tan sublime melod\u00eda, que nosotros est\u00e1bamos como ext\u00e1ticos. Se percib\u00edan todas las notas desde la m\u00e1s grave a la m\u00e1s alta y parec\u00eda como si cien voces cantasen al un\u00edsono.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Nosotros escuch\u00e1bamos aquel canto de para\u00edso, cuando vimos partir de los flancos de la Virgen numerosos jovencitos que hab\u00edan bajado del cielo. Se acercaron a nosotros llevando escudos en sus manos y colocaban uno sobre el coraz\u00f3n de cada uno de nuestros j\u00f3venes. Todos los escudos eran grandes, hermosos, resplandecientes. Reflejase en ellos la luz que proced\u00eda de la Virgen, pareciendo una cosa celestial. Cada escudo en el centro parec\u00eda de hierro, teniendo alrededor un c\u00edrculo de diamantes y su borde era de oro fin\u00edsimo. Este escudo representaba la fe. Cuando todos estuvimos armados, los que estaban alrededor de la Virgen entonaron un d\u00fao y cantaron de una manera tan armoniosa, que no sabr\u00eda qu\u00e9 palabras emplear para expresar semejante dulzura. Era lo m\u00e1s bello, lo m\u00e1s suave, lo m\u00e1s melodioso que imaginar se puede.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Mientras yo contemplaba aquel espect\u00e1culo y estaba absorto escuchando aquella m\u00fasica, me sent\u00ed estremecido por una voz potente que gritaba:<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211; \u00a1<em>Ad pugnam<\/em>! (\u00a1A la pelea!).<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Entonces todas aquellas fieras comenzaron a agitarse furiosamente. En un momento ca\u00edmos todos, quedando de pie en el suelo, y he aqu\u00ed que cada uno luchaba con las fieras, protegido por el escudo divino. No sabr\u00eda decir si la batalla se entabl\u00f3 en el comedor o en el patio. El coro celestial continuaba sus armon\u00edas. Aquellos monstruos lanzaban contra nosotros, con los vapores que sal\u00edan de sus fauces, balas de plomo, lanzas, saetas y toda suerte de proyectiles; pero aquellas armas no llegaban hasta nosotros y daban sobre nuestros escudos rebotando hacia atr\u00e1s. El enemigo quer\u00eda herirnos a toda costa y matarnos y reanudaba sus asaltos, pero no nos pod\u00eda producir herida. Todos sus golpes daban con fuerza en los escudos y los monstruos se romp\u00edan los dientes y hu\u00edan. Como las olas, se suced\u00edan aquellas masas asaltantes, pero todos hallaban la misma suerte.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Larga fue la lucha. Al fin se dej\u00f3 o\u00edr la voz de la Virgen que dec\u00eda:<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211; <em>Haec est victoria vestra, quae vincit mundum, fides vestra<\/em>. (Esta es vuestra victoria, la que vence al mundo, vuestra fe).<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Al o\u00edr tales palabras, aquella multitud de fieras espantadas se dio a una precipitada fuga y desapareci\u00f3. Nosotros quedamos libres, a salvo, victoriosos en aquella sala inmensa del refectorio, siempre iluminada por la luz viva que emanaba de la Virgen.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Entonces me fij\u00e9 con toda atenci\u00f3n en los que llevaban el escudo. Eran muchos millares. Entre otros vi a don Victor Alasonatti, a don<br>Domingo Ruffino, a mi hermano Jos\u00e9, al Hermano de las Escuelas Cristianas, los cuales hab\u00edan combatido con nosotros.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pero las miradas de todos los j\u00f3venes no pod\u00edan apartarse de la Sant\u00edsima Virgen. Ella enton\u00f3 un c\u00e1ntico de acci\u00f3n de gracias, que despertaba en nosotros nuevos sentimientos de alegr\u00eda y nuevos \u00e9xtasis indescriptibles. No s\u00e9 si en el Para\u00edso se puede o\u00edr algo superior.<br><br>***<br><br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pero nuestra alegr\u00eda se vio turbada de improviso por gritos y gemidos desgarradores mezclados con rugidos de fieras. Parec\u00eda como si nuestros j\u00f3venes hubiesen sido asaltados por aquellos animales, que poco antes hab\u00edamos visto huir de aquel lugar. Yo quise salir fuera inmediatamente para ver lo que suced\u00eda y prestar auxilio a mis hijos; pero no lo pod\u00eda hacer porque los j\u00f3venes estaban en la puerta por la que yo ten\u00eda que pasar y no me dejaban salir en manera alguna. Yo hac\u00eda toda clase de esfuerzos por librarme de ellos, dici\u00e9ndoles:<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211; Pero dejadme ir en auxilio de los que gritan. Quiero ver a mis j\u00f3venes y, si ellos sufren alg\u00fan da\u00f1o o est\u00e1n en peligro de muerte, quiero morir con ellos. Quiero ir aunque me cueste la vida.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Y escap\u00e1ndome de sus manos me encontr\u00e9 inmediatamente debajo de los p\u00f3rticos. Y \u00a1qu\u00e9 espect\u00e1culo m\u00e1s horrible! El patio estaba cubierto de muertos, de moribundos y de heridos. &nbsp;&nbsp; Los j\u00f3venes, llenos de espanto, intentaban huir hacia una y otra parte perseguidos por aquellos monstruos que les clavaban los dientes en sus cuerpos, dej\u00e1ndoles cubiertos de heridas. A cada momento hab\u00eda j\u00f3venes que ca\u00edan y mor\u00edan, lanzando los ayes m\u00e1s dolorosos.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pero quien hac\u00eda la m\u00e1s espantosa mortandad era aquel oso que hab\u00eda sido el primero en aparecer en el patio de los aprendices. Con sus colmillos, semejantes a dos tajantes espadas, traspasaba el pecho de los j\u00f3venes de derecha a izquierda y de izquierda a derecha y sus v\u00edctimas, con las dos heridas en el coraz\u00f3n, ca\u00edan inmediatamente muertas.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Yo me puse a gritar resueltamente:<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211; \u00a1Animo, mis queridos j\u00f3venes!<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Muchos se refugiaron junto a m\u00ed. Pero el oso, al verme, corri\u00f3 a mi encuentro. Yo, haci\u00e9ndome el valiente, avanc\u00e9 unos pasos hacia \u00e9l. Entretanto algunos j\u00f3venes de los que estaban en el refectorio y que hab\u00edan vencido ya a las bestias, salieron y se unieron a m\u00ed. Aquel pr\u00edncipe de los demonios se arroj\u00f3 contra m\u00ed y contra ellos, pero no nos pudo herir porque est\u00e1bamos defendidos por los escudos. Ni siquiera lleg\u00f3 a tocarnos, porque a la vista de los llegados, como espantado y lleno de respeto, hu\u00eda hacia atr\u00e1s. Entonces fue cuando, mirando con fijeza aquellos sus dos largos colmillos en forma de espada, vi escritas dos palabras en gruesos caracteres. Sobre uno se le\u00eda: <em>Otium<\/em>; y sobre el otro: <em>Gula<\/em>.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Qued\u00e9 estupefacto y me dec\u00eda para m\u00ed:<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -\u00bfEs posible que en nuestra casa, donde todos est\u00e1n tan ocupados, donde hay tanto que hacer, que no se sabe por d\u00f3nde empezar para librarnos de nuestras ocupaciones, haya quien peque de ocio? Respecto a los j\u00f3venes, me parece que trabajan, que estudian y que en el recreo no pierden el tiempo. Yo no sab\u00eda explicarme aquello.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pero me fue respondido:<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211; Y con todo, se pierden muchas medias horas.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211; \u00bfY de la gula?, me dec\u00eda yo. Parece que entre nosotros no se pueden cometer pecados de gula, aunque uno quiera. No tenemos ocasi\u00f3n de faltar a la templanza. Los alimentos no son regalados, ni tampoco las bebidas. Apenas si se proporciona lo necesario. \u00bfC\u00f3mo pueden darse casos de intemperancia que conduzcan al infierno?<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; De nuevo me fue respondido:<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211; \u00a1Oh, sacerdote! T\u00fa crees que tus conocimientos sobre la moral son profundos y que tienes mucha experiencia; pero de esto no sabes nada; todo constituye para ti una novedad. \u00bfNo sabes que se puede faltar contra la templanza incluso bebiendo inmoderadamente agua?<br>Yo, no contento con esto, quise que se me diese una explicaci\u00f3n m\u00e1s clara y, como estaba el refectorio a\u00fan iluminado por la Virgen, me dirig\u00ed lleno de tristeza al Hermano Miguel para que me aclarase mi duda. Miguel me respondi\u00f3:<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u00a1Ah, querido, en esto eres a\u00fan novicio! Te explicar\u00e9, pues, lo que me preguntas.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211; Respecto de la gula, has de saber que se puede pecar de intemperancia, cuando, incluso en la mesa, se come o se bebe m\u00e1s de lo necesario; se puede cometer intemperancia en el dormir o cuando se hace algo relacionado con el cuerpo, que no sea necesario, que sea superfluo. Respecto al ocio has de saber que esta palabra no indica solamente no trabajar u ocupar o no el tiempo de recreo en jugar, sino tambi\u00e9n el dejar libre la imaginaci\u00f3n durante este tiempo para que piense en cosas peligrosas. El ocio tiene lugar tambi\u00e9n cuando en el estudio uno se entretiene con otra cosa, cuando se emplea cierto tiempo en lecturas fr\u00edvolas o permaneciendo con los brazos cruzados contemplando a los dem\u00e1s; dej\u00e1ndose vencer por la desgana y especialmente cuando en la iglesia no se reza o se siente fastidio en los actos de piedad. El ocio es el padre, el manantial, la causa de muchas malas tentaciones y de m\u00faltiples males. T\u00fa, que eres director de estos j\u00f3venes, debes procurar alejar de ellos estos dos pecados, procurando avivar en ellos la fe. Si llegas a conseguir de tus muchachos que sean moderados en las peque\u00f1as cosas que te he indicado, vencer\u00e1n siempre al demonio, y con esta virtud alcanzar\u00e1n la humildad, la castidad y las dem\u00e1s virtudes. Y si ocupan el tiempo en el cumplimiento de sus deberes, no caer\u00e1n jam\u00e1s en la tentaci\u00f3n del enemigo infernal y vivir\u00e1n y morir\u00e1n como cristianos santos.<br><br>***<br><br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Despu\u00e9s de haber o\u00eddo todas estas cosas, le di las gracias por una tan bella instrucci\u00f3n, y despu\u00e9s, para cerciorarme de si era realidad o simple sue\u00f1o todo aquello, intent\u00e9 tocarle la mano; pero no lo pude conseguir. Lo intent\u00e9 por segunda vez y por tercera, pero todo fue in\u00fatil: s\u00f3lo tocaba el aire. Con todo yo ve\u00eda a todas aquellas personas, las o\u00eda hablar, parec\u00edan vivas. Me acerqu\u00e9 a don V\u00edctor Alasonatti, a don Domingo Ruffino, a mi hermano, pero no me fue posible tocar la mano a ninguno de ellos.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Yo estaba fuera de m\u00ed y exclam\u00e9:<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211; Pero \u00bfes cierto o no es cierto todo lo que estoy viendo? \u00bfAcaso \u00e9stas no son personas? \u00bfNo los he o\u00eddo hablar a todos ellos?<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El Hermano Miguel me respondi\u00f3:<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &#8211; Has de saber, puesto que lo has estudiado, que hasta que el alma no se re\u00fana con el cuerpo, es in\u00fatil que intentes tocarme. No se puede tocar a los simples esp\u00edritus. S\u00f3lo para que los mortales nos puedan ver debemos adoptar la forma humana. Pero cuando todos resucitemos para el Juicio, entonces tomaremos nuevamente nuestros cuerpos inmortales, espiritualizados.<br>Entonces quise acercarme a la Virgen, que parec\u00eda tener algo que decirme. Estaba casi ya junto a Ella, cuando lleg\u00f3 a mis o\u00eddos un nuevo ruido, y nuevos y agudos gritos de fuera. Quise salir al momento por segunda vez del comedor; pero, al salir, me despert\u00e9.<br><br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; As\u00ed que hubo terminado la narraci\u00f3n, a\u00f1adi\u00f3 estas observaciones y recomendaciones:<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u00abSea lo que fuere de este sue\u00f1o, tan variadamente entretejido, lo cierto es que en \u00e9l se repiten y explican las palabras de san Pablo. Pero fue tan grande el abatimiento y cansancio de fuerzas, que me caus\u00f3 este sue\u00f1o, que ped\u00ed al Se\u00f1or no permitiese se volviera a repetir en mi mente un sue\u00f1o semejante; pero hete aqu\u00ed que, a la noche siguiente, volv\u00ed a tener el mismo sue\u00f1o y me toc\u00f3 ver el final, que no hab\u00eda visto en la noche anterior. Y me agit\u00e9 y grit\u00e9 tanto que don Joaqu\u00edn Berto, que me oy\u00f3, vino a la ma\u00f1ana siguiente a preguntarme por qu\u00e9 hab\u00eda gritado y si hab\u00eda pasado la noche sin dormir. Estos sue\u00f1os me cansaron mucho m\u00e1s que si hubiese pasado toda la noche en vela o escribiendo. Como veis, esto es un sue\u00f1o y no quiero darle autoridad alguna, sino s\u00f3lo hacer de \u00e9l el caso que suele hacerse de los sue\u00f1os, sin ir m\u00e1s all\u00e1. Y no quisiera que nadie escribiese a su casa, ac\u00e1 y all\u00e1, no sea que los de fuera, que nada saben de las cosas del Oratorio, tengan que decir, como ya han dicho, que don Bosco hace vivir a sus j\u00f3venes de sue\u00f1os. Pero esto poco me importa; digan lo que quieran. Con todo, saque cada uno del sue\u00f1o lo que sirve para \u00e9l. Por ahora no os doy explicaciones, porque es muy f\u00e1cil de comprender por todos. Lo que os recomiendo muy mucho es que reaviv\u00e9is vuestra fe, la cual se conserva especialmente con la templanza y la fuga del ocio. Sed enemigos de \u00e9ste y amigos de aqu\u00e9lla. Otras noches volver\u00e9 sobre este tema. Entre tanto os deseo buenas noches\u00bb.<br><em>(MB IT XII, 348-356 \/ MB ES XII, 299-306)<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00abCuando me dediqu\u00e9 a esta parte del sagrado ministerio, entend\u00ed consagrar todos mis esfuerzos a&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":18,"featured_media":34905,"comment_status":"closed","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"iawp_total_views":57,"footnotes":""},"categories":[186],"tags":[2566,1720,2636,2558,1768,2198,1828,2190,1816,1960,1966,1972],"class_list":["post-34912","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-suenos-de-don-bosco","tag-caridad","tag-carisma-salesiano","tag-consejos","tag-dios","tag-don-bosco","tag-educacion","tag-gracias-recibidas","tag-jesus","tag-jovenes","tag-salesianos","tag-salvacion","tag-santos"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/34912","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/18"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=34912"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/34912\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/34905"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=34912"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=34912"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=34912"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}