{"id":34706,"date":"2025-01-24T08:19:36","date_gmt":"2025-01-24T08:19:36","guid":{"rendered":"https:\/\/exciting-knuth.178-32-140-152.plesk.page\/?p=34706"},"modified":"2025-01-24T08:20:14","modified_gmt":"2025-01-24T08:20:14","slug":"vida-de-san-pablo-apostol-doctor-de-las-gentes","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/buena-prensa\/vida-de-san-pablo-apostol-doctor-de-las-gentes\/","title":{"rendered":"Vida de san Pablo Ap\u00f3stol, doctor de las gentes"},"content":{"rendered":"\n<p><em>El momento culminante del A\u00f1o Jubilar para cada creyente es el paso a trav\u00e9s de la Puerta Santa, un gesto altamente simb\u00f3lico que debe vivirse con profunda meditaci\u00f3n. No se trata de una simple visita para admirar la belleza arquitect\u00f3nica, escult\u00f3rica o pict\u00f3rica de una bas\u00edlica: los primeros cristianos no acud\u00edan a los lugares de culto por este motivo, tambi\u00e9n porque en aquella \u00e9poca no hab\u00eda mucho que admirar. Ellos llegaban, en cambio, para orar ante las reliquias de los santos ap\u00f3stoles y m\u00e1rtires, y para obtener la indulgencia gracias a su poderosa intercesi\u00f3n.<br>Acudir a las tumbas de los ap\u00f3stoles Pedro y Pablo sin conocer su vida no es un signo de aprecio. Por eso, en este A\u00f1o Jubilar, deseamos presentar los caminos de fe de estos dos gloriosos ap\u00f3stoles, tal como fueron narrados por San Juan Bosco.<\/em><br><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Vida de san Pablo Ap\u00f3stol, doctor de las gentes contada al pueblo por el sacerdote Giovanni Bosco<br><br><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_Toc188599260\">PREFACIO<\/a><\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_Toc188599261\">CAP\u00cdTULO I. Patria, educaci\u00f3n de San Pablo, su odio contra los cristianos<\/a><\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_Toc188599262\">CAP\u00cdTULO II. Conversi\u00f3n y Bautismo de Saulo \u2014 A\u00f1o de Cristo 34<\/a><\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_Toc188599263\">CAP\u00cdTULO III. Primer viaje de Saulo \u2014 Regresa a Damasco; le tienden emboscadas \u2014 Va a Jerusal\u00e9n; se presenta a los Ap\u00f3stoles \u2014 Se le aparece Jesucristo \u2014 A\u00f1o de Jesucristo 35-36-37<\/a><\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_Toc188599264\">CAP\u00cdTULO IV. Profec\u00edas de Agabo \u2014 Saulo y Bernab\u00e9 ordenados obispos \u2014 Van a la isla de Chipre \u2014 Conversi\u00f3n del proc\u00f3nsul Sergio \u2014 Castigo del mago Elima \u2014 Juan Marcos regresa a Jerusal\u00e9n \u2014 A\u00f1o de Jesucristo 40-43<\/a><\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_Toc188599265\">CAP\u00cdTULO V. San Pablo predica en Antioqu\u00eda de Pisidia \u2014 A\u00f1o de Jesucristo 44<\/a><\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_Toc188599266\">CAP\u00cdTULO VI. San Pablo predica en otras ciudades \u2014 Realiza un milagro en Listra, donde luego es apedreado y dejado por muerto \u2014 A\u00f1o de Jesucristo 45<\/a><\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_Toc188599267\">CAP\u00cdTULO VII. Pablo milagrosamente sanado \u2014 Otras de sus fatigas apost\u00f3licas \u2014 Conversi\u00f3n de Santa Tecla<\/a><\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_Toc188599268\">CAP\u00cdTULO VIII. San Pablo va a conferenciar con San Pedro \u2014 Asiste al Concilio de Jerusal\u00e9n \u2014 A\u00f1o de Cristo 50<\/a><\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_Toc188599269\">CAP\u00cdTULO IX. Pablo se separa de Bernab\u00e9 \u2014 Recorre varias ciudades de Asia \u2014 Dios lo env\u00eda a Macedonia \u2014 En Filipos convierte a la familia de Lidia \u2014 A\u00f1o de Cristo 51<\/a><\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_Toc188599270\">CAP\u00cdTULO X. San Pablo libera a una joven del demonio \u2014 Es golpeado con varas \u2014 Es encarcelado \u2014 Conversi\u00f3n del carcelero y de su familia \u2014 A\u00f1o de Cristo 51<\/a><\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_Toc188599271\">CAP\u00cdTULO XI. San Pablo predica en Tesal\u00f3nica \u2014 Asunto de Jas\u00f3n \u2014 Va a Berea donde es nuevamente perturbado por los jud\u00edos \u2014 A\u00f1o de Cristo 52<\/a><\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_Toc188599272\">CAP\u00cdTULO XII. Estado religioso de los atenienses \u2014 San Pablo en el Are\u00f3pago \u2014 Conversi\u00f3n de San Dionisio \u2014 A\u00f1o de Cristo 52<\/a><\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_Toc188599273\">CAP\u00cdTULO XIII. San Pablo en Corinto \u2014 Su estancia en casa de Aquila \u2014 Bautismo de Crispo y de Sostene \u2014 Escribe a los Tesalonicenses \u2014 Regreso a Antioqu\u00eda \u2014 A\u00f1o de Jesucristo 53-54<\/a><\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_Toc188599274\">CAP\u00cdTULO XIV. Apolo en \u00c9feso \u2014 El sacramento de la Confirmaci\u00f3n \u2014 San Pablo realiza muchos milagros \u2014 Hecho de dos exorcistas jud\u00edos \u2014 A\u00f1o de Cristo 55<\/a><\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_Toc188599275\">CAP\u00cdTULO XV. Sacramento de la Confesi\u00f3n \u2014 Libros perversos quemados \u2014 Carta a los Corintios \u2014 Levantamiento por la diosa Diana \u2014 Carta a los G\u00e1latas \u2014 A\u00f1o de Cristo 56-57<\/a><\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_Toc188599276\">CAP\u00cdTULO XVI. San Pablo regresa a Filipos \u2014 Segunda Carta a los fieles de Corinto \u2014 Va a esta ciudad \u2014 Carta a los Romanos \u2014 Su predicaci\u00f3n prolongada en Troade \u2014 Resucita a un muerto \u2014 A\u00f1o de Cristo 58<\/a><\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_Toc188599277\">CAP\u00cdTULO XVII. Predicaci\u00f3n de San Pablo en Mileto \u2014 Su viaje hasta Cesarea \u2014 Profec\u00eda de Agabo \u2014 A\u00f1o de Cristo 58<\/a><\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_Toc188599278\">CAP\u00cdTULO XVIII. San Pablo se presenta a San Jacobo \u2014 Los jud\u00edos le tienden emboscadas \u2014 Habla al pueblo \u2014 Reprende al sumo sacerdote \u2014 A\u00f1o de Cristo 59<\/a><\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_Toc188599279\">CAP\u00cdTULO XIX. Cuarenta jud\u00edos se comprometen con un voto a matar a San Pablo \u2014 Un sobrino suyo descubre la trama \u2014 Es trasladado a Cesarea \u2014 A\u00f1o de Cristo 59<\/a><\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_Toc188599280\">CAP\u00cdTULO XX. Pablo ante el gobernador \u2014 Sus acusadores y su defensa \u2014 A\u00f1o de Cristo 59<\/a><\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_Toc188599281\">CAP\u00cdTULO XXI. Pablo ante Festo \u2014 Sus palabras al rey Agripa \u2014 A\u00f1o de Cristo 60<\/a><\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_Toc188599282\">CAP\u00cdTULO XXII. San Pablo es embarcado hacia Roma \u2014 Sufre una terrible tormenta, de la cual es salvado con sus compa\u00f1eros \u2014 A\u00f1o de Jes\u00fas Cristo 60<\/a><\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_Toc188599283\">CAP\u00cdTULO XXIII. San Pablo en la isla de Malta \u2014 Es liberado de la mordedura de una v\u00edbora \u2014 Es acogido en casa de Publio, a quien sana \u2014 A\u00f1o de Cristo 60<\/a><\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_Toc188599284\">CAP\u00cdTULO XXIV. Viaje de San Pablo de Malta a Siracusa \u2014 Predica en Reggio \u2014 Su llegada a Roma \u2014 A\u00f1o de Cristo 60<\/a><\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_Toc188599285\">CAP\u00cdTULO XXV. Pablo habla a los jud\u00edos y les predica a Jesucristo \u2014 Progreso del Evangelio en Roma \u2014 A\u00f1o de Cristo 61<\/a><\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_Toc188599286\">CAP\u00cdTULO XXVI. San Lucas \u2014 Los filipenses env\u00edan ayuda a San Pablo \u2014 Enfermedad y curaci\u00f3n de Epafrodito \u2014 Carta a los filipenses \u2014 Conversi\u00f3n de On\u00e9simo \u2014 A\u00f1o de Jesucristo 61<\/a><\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_Toc188599287\">CAP\u00cdTULO XXVII. Carta de San Pablo a Filem\u00f3n \u2014 A\u00f1o de Jesucristo 62<\/a><\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_Toc188599288\">CAP\u00cdTULO XXVIII. San Pablo escribe a los colosenses, a los efesios y a los hebreos \u2014 A\u00f1o de Cristo 62<\/a><\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_Toc188599289\">CAP\u00cdTULO XXIX. San Pablo es liberado \u2014 Martirio de San Santiago el Menor \u2014 A\u00f1o de Cristo 63<\/a><\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_Toc188599290\">CAP\u00cdTULO XXX. Otros viajes de San Pablo \u2014 Escribe a Timoteo y a Tito \u2014 Su regreso a Roma \u2014 A\u00f1o de Cristo 68<\/a><\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_Toc188599291\">CAP\u00cdTULO XXXI. San Pablo es de nuevo encarcelado \u2014 Escribe la segunda carta a Timoteo \u2014 Su martirio \u2014 A\u00f1o de Cristo 69-70<\/a><\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_Toc188599292\">CAP\u00cdTULO XXXII. Sepultura de San Pablo \u2014 Maravillas realizadas en su tumba \u2014 Bas\u00edlica dedicada a \u00e9l<\/a><\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_Toc188599293\">CAP\u00cdTULO XXXIII. Retrato de San Pablo \u2014 Imagen de su esp\u00edritu \u2014 Conclusi\u00f3n<\/a><\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><span><i class=\"fas fa-arrow-right\"><\/i><\/span><a id=\"_Toc188599260\">PREFACIO<\/a> <\/h3>\n\n\n\n<p><strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <\/strong>San Pedro es el pr\u00edncipe de los Ap\u00f3stoles, primer Papa, Vicario de Jesucristo en la tierra. \u00c9l fue establecido como cabeza de la Iglesia; pero su misi\u00f3n estaba particularmente dirigida a la conversi\u00f3n de los jud\u00edos. San Pablo, por su parte, es aquel Ap\u00f3stol que fue llamado de manera extraordinaria por Dios para llevar la Luz del Evangelio a los gentiles. Estos dos grandes Santos son nombrados por la Iglesia como las columnas y los fundamentos de la Fe, pr\u00edncipes de los Ap\u00f3stoles, quienes, con sus trabajos, con sus escritos y con su sangre nos ense\u00f1aron la ley del Se\u00f1or; <em>Ipsi nos docuerunt legem tuam, Domine<\/em>. Por esta raz\u00f3n, a la vida de San Pedro le sucede la de San Pablo.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Es cierto que este ap\u00f3stol no se cuenta entre la serie de los Papas; pero los extraordinarios esfuerzos que realiz\u00f3 para ayudar a San Pedro a propagar el Evangelio, su celo, su caridad, la doctrina que nos dej\u00f3 en los libros sagrados, lo hacen parecer digno de ser colocado al lado de la vida del primer Papa, como una fuerte columna sobre la que se apoya la Iglesia de Jesucristo.<br><br><\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><span><i class=\"fas fa-arrow-right\"><\/i><\/span><a id=\"_Toc188599261\">CAP\u00cdTULO I. Patria, educaci\u00f3n de San Pablo, su odio contra los cristianos<\/a> <\/h3>\n\n\n\n<p><strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <\/strong>San Pablo era jud\u00edo de la tribu de Benjam\u00edn. Ocho d\u00edas despu\u00e9s de su nacimiento fue circuncidado, y se le impuso el nombre de Saulo, que luego fue cambiado por el de Pablo. Su padre resid\u00eda en Tarso, ciudad de Cilicia, provincia de Asia Menor. El emperador C\u00e9sar Augusto concedi\u00f3 muchos favores a esta ciudad y, entre otros, el derecho de ciudadan\u00eda romana. Por lo tanto, San Pablo, al nacer en Tarso, era ciudadano romano, cualidad que le otorgaba muchas ventajas, ya que pod\u00eda disfrutar de inmunidad ante las leyes particulares de todos los pa\u00edses sujetos o aliados al imperio romano, y en cualquier lugar un ciudadano romano pod\u00eda apelar al senado o al emperador para ser juzgado.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Sus parientes, siendo acomodados, lo enviaron a Jerusal\u00e9n para darle una educaci\u00f3n acorde a su estado. Su maestro fue un doctor llamado Gamaliel, hombre de gran virtud, de quien ya hemos hablado en la vida de San Pedro. En esa ciudad tuvo la suerte de encontrar un buen compa\u00f1ero de Chipre, llamado Bernab\u00e9, joven de gran virtud, cuya bondad de coraz\u00f3n contribuy\u00f3 mucho a templar el ardiente \u00e1nimo del condisc\u00edpulo. Estos dos j\u00f3venes siempre se mantuvieron leales amigos, y los veremos convertirse en colegas en la predicaci\u00f3n del Evangelio.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El padre de Saulo era fariseo, es decir, profesaba la secta m\u00e1s severa entre los jud\u00edos, la cual consist\u00eda en una gran apariencia externa de rigor, m\u00e1xima que es completamente contraria al esp\u00edritu de humildad del Evangelio. Saulo sigui\u00f3 las m\u00e1ximas de su padre, y como su maestro tambi\u00e9n era fariseo, se llen\u00f3 de entusiasmo por aumentar su n\u00famero y eliminar cualquier obst\u00e1culo que se opusiera a tal fin.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Era costumbre entre los jud\u00edos hacer que sus hijos aprendieran un oficio mientras se dedicaban al estudio de la Biblia. Esto lo hac\u00edan para preservarlos de los peligros que conlleva la ociosidad; y tambi\u00e9n para ocupar el cuerpo y el esp\u00edritu en algo que pudiera proporcionarles el sustento en las dif\u00edciles circunstancias de la vida. Saulo aprendi\u00f3 el oficio de curtidor de pieles y especialmente a coser tiendas. Se destac\u00f3 entre todos los de su edad por su celo hacia la ley de Mois\u00e9s y las tradiciones de los jud\u00edos. Este celo poco iluminado lo convirti\u00f3 en blasfemo, perseguidor y feroz enemigo de Jesucristo.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Incit\u00f3 a los jud\u00edos a condenar a San Esteban, y estuvo presente en su muerte. Y como su edad no le permit\u00eda participar en la ejecuci\u00f3n de la sentencia, as\u00ed que \u00e9l, cuando Esteban iba a ser apedreado, custodiaba los vestidos de sus compa\u00f1eros y los incitaba con furia a lanzar piedras contra \u00e9l. Pero Esteban, verdadero seguidor del Salvador, hizo la venganza de los santos, es decir, comenz\u00f3 a orar por aquellos que lo apedreaban. Esta oraci\u00f3n fue el principio de la conversi\u00f3n de Saulo; y San Agust\u00edn dice precisamente que la Iglesia no habr\u00eda tenido en Pablo un ap\u00f3stol, si el di\u00e1cono Esteban no hubiera orado.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En esos tiempos se suscit\u00f3 una violenta persecuci\u00f3n contra la Iglesia de Jerusal\u00e9n, y Saulo era quien mostraba un feroz deseo de dispersar y enviar a muerte a los disc\u00edpulos de Jesucristo. Con el fin de fomentar mejor la persecuci\u00f3n en p\u00fablico y en privado, se hizo autorizar para ello por el pr\u00edncipe de los sacerdotes. Entonces se convirti\u00f3 en un lobo hambriento que no se saciaba de desgarrar y devorar. Entraba en las casas de los cristianos, los insultaba, los maltrataba, los ataba o los hac\u00eda cargar con cadenas para ser luego arrastrados a prisi\u00f3n, los hac\u00eda golpear con varas; en resumen, empleaba todos los medios para obligarlos a blasfemar el santo nombre de Jesucristo. La noticia de las violencias de Saulo se difundi\u00f3 incluso en pa\u00edses lejanos, de modo que su solo nombre infund\u00eda temor entre los fieles.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Los perseguidores no se contentaban con ser crueles contra las personas de los cristianos; sino que, como siempre han hecho los perseguidores, tambi\u00e9n los despojaban de sus bienes y de cuanto pose\u00edan en com\u00fan. Lo que hac\u00eda que muchos se vieran obligados a vivir de las limosnas que los fieles de las iglesias lejanas les enviaban. Pero hay un Dios que asiste y gobierna su Iglesia, y cuando menos lo pensamos, \u00e9l viene en ayuda de quienes conf\u00edan en \u00e9l.<br><br><\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><span><i class=\"fas fa-arrow-right\"><\/i><\/span><a id=\"_Toc188599262\">CAP\u00cdTULO II. Conversi\u00f3n y Bautismo de Saulo \u2014 A\u00f1o de Cristo 34<\/a> <\/h3>\n\n\n\n<p><strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <\/strong>El furor de Saulo no pod\u00eda saciarse; \u00e9l no respiraba m\u00e1s que amenazas y matanzas contra los disc\u00edpulos del Se\u00f1or. Al enterarse que, en Damasco, ciudad distante aproximadamente cincuenta millas de Jerusal\u00e9n, muchos jud\u00edos hab\u00edan abrazado la fe, sinti\u00f3 arder en su interior un furibundo deseo de ir all\u00ed a hacer una masacre. Para actuar libremente seg\u00fan lo que su odio contra los cristianos le suger\u00eda, fue al pr\u00edncipe de los sacerdotes y al senado, que con cartas lo autorizaron a ir a Damasco, encadenar a todos los jud\u00edos que se declararan cristianos y luego conducirlos a Jerusal\u00e9n y all\u00ed castigarlos con una severidad capaz de detener a aquellos que pudieran haber sido tentados a imitarlos.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u00a1Pero son vanos los proyectos de los hombres cuando son contrarios a los del Cielo! Dios, movido por las oraciones de San Esteban y de los otros fieles perseguidos, quiso manifestar en Saulo su poder y su misericordia. Saulo, con sus cartas de recomendaci\u00f3n, lleno de ardor, avanzando por el camino, estaba cerca de la ciudad de Damasco, y ya le parec\u00eda tener a los cristianos entre sus manos. Pero ese era el lugar de la divina misericordia.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En el \u00edmpetu de su ciego furor, hacia el mediod\u00eda, una gran luz, m\u00e1s resplandeciente que la del sol, lo rodea a \u00e9l y a todos los que lo acompa\u00f1aban. At\u00f3nitos por aquel esplendor celestial, cayeron todos al suelo como muertos; al mismo tiempo oyeron el ruido de una voz, comprendida solo por Saulo. \u201cSaulo, Saulo\u201d, dijo la voz, \u201c\u00bfpor qu\u00e9 me persigues?\u201d Entonces Saulo, a\u00fan m\u00e1s asustado, respondi\u00f3: \u201c\u00bfQui\u00e9n eres t\u00fa que hablas?\u201d \u201cYo soy\u201d, continu\u00f3 la voz, \u201cese Jes\u00fas a quien t\u00fa persigues. Recuerda que es cosa demasiado dura dar patadas contra el aguij\u00f3n, lo que haces al resistir a uno m\u00e1s poderoso que t\u00fa. Perseguido mi Iglesia, me persigues a m\u00ed mismo; pero esta se volver\u00e1 m\u00e1s floreciente, y no har\u00e1s da\u00f1o m\u00e1s que a ti mismo.\u201d<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Este dulce reproche del Salvador, acompa\u00f1ado de la unci\u00f3n interna de su gracia, abland\u00f3 la dureza del coraz\u00f3n de Saulo y lo transform\u00f3 en un hombre completamente nuevo. Por lo tanto, todo humillado, exclam\u00f3: \u201cSe\u00f1or, \u00bfqu\u00e9 quieres que haga?\u201d Como si dijera: \u00bfCu\u00e1l es el medio de procurar tu gloria? Me ofrezco a ti para hacer tu sant\u00edsima voluntad.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Jesucristo orden\u00f3 a Saulo que se levantara y fuera a la ciudad donde un disc\u00edpulo lo instruir\u00eda sobre lo que deb\u00eda hacer. Dios, dice San Agust\u00edn, al confiar a sus ministros la instrucci\u00f3n de un ap\u00f3stol llamado de una manera tan extraordinaria, nos ense\u00f1a que debemos buscar su santa voluntad en la ense\u00f1anza de los Pastores, a quienes ha revestido de su autoridad para ser nuestras gu\u00edas espirituales en la tierra.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Saulo, al levantarse, no ve\u00eda nada, aunque ten\u00eda los ojos abiertos. Por lo tanto, fue necesario darle la mano y conducirlo a Damasco, como si Jesucristo quisiera llevarlo en triunfo. Se aloj\u00f3 en la casa de un comerciante llamado Judas; all\u00ed permaneci\u00f3 tres d\u00edas sin ver, sin beber y sin comer, ignorando aun lo que Dios quer\u00eda de \u00e9l.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Hab\u00eda en Damasco un disc\u00edpulo llamado Anan\u00edas, muy estimado por los jud\u00edos por su virtud y santidad. Jesucristo se le apareci\u00f3 y le dijo: \u201c\u00a1Anan\u00edas!\u201d Y \u00e9l le respondi\u00f3: \u201cAqu\u00ed estoy, oh Se\u00f1or.\u201d El Se\u00f1or a\u00f1adi\u00f3: \u201cLev\u00e1ntate y ve a la calle llamada Derecha, y busca a cierto Saulo nativo de Tarso; lo encontrar\u00e1s mientras ora.\u201d Anan\u00edas, al o\u00edr el nombre de Saulo, tembl\u00f3 y dijo: \u201cOh Se\u00f1or, \u00bfa d\u00f3nde me env\u00edas? T\u00fa bien sabes el gran mal que ha hecho a los fieles en Jerusal\u00e9n; ahora se sabe por todos que ha venido aqu\u00ed con pleno poder para encadenar a todos los que creen en tu Nombre.\u201d El Se\u00f1or replic\u00f3: \u201cVe tranquilo, no temas, porque este hombre es un instrumento escogido por m\u00ed para llevar mi nombre a los gentiles, ante los reyes y ante los hijos de Israel; porque yo le mostrar\u00e9 cu\u00e1nto debe padecer por mi nombre.\u201d Mientras Jesucristo hablaba a Anan\u00edas, envi\u00f3 a Saulo otra visi\u00f3n, en la que le apareci\u00f3 un hombre llamado Anan\u00edas que, acerc\u00e1ndose a \u00e9l, le impon\u00eda las manos para devolverle la vista. Lo que hizo el Se\u00f1or para asegurar a Saulo que Anan\u00edas era quien enviaba para manifestarle sus deseos.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Anan\u00edas obedeci\u00f3, fue a ver a Saulo, le impuso las manos y le dijo: \u201cSaulo, hermano, el Se\u00f1or Jes\u00fas que te apareci\u00f3 en el camino por el que ven\u00edas a Damasco, me ha enviado a ti para que recuperes la vista y seas lleno del Esp\u00edritu Santo.\u201d Hablando as\u00ed, Anan\u00edas, manteniendo las manos sobre la cabeza de Saulo, a\u00f1adi\u00f3: \u201cAbre los ojos.\u201d En ese momento cayeron de los ojos de Saulo ciertas escamas, y \u00e9l recuper\u00f3 perfectamente la vista.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Entonces Anan\u00edas a\u00f1adi\u00f3: \u201cAhora lev\u00e1ntate y recibe el Bautismo, y lava tus pecados invocando el nombre del Se\u00f1or.\u201d Saulo se levant\u00f3 de inmediato para recibir el Bautismo; luego, lleno de alegr\u00eda, restaur\u00f3 su cansancio con un poco de comida. Pasados apenas algunos d\u00edas con los disc\u00edpulos de Damasco, comenz\u00f3 a predicar el Evangelio en las sinagogas, demostrando con las Sagradas Escrituras que Jes\u00fas era Hijo de Dios. Todos los que lo escuchaban estaban llenos de asombro, y dec\u00edan: \u201c\u00bfNo es este el que en Jerusal\u00e9n persegu\u00eda a los que invocaban el nombre de Jes\u00fas y que ha venido aqu\u00ed precisamente para conducirlos prisioneros?\u201d<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pero Saulo ya hab\u00eda superado todo respeto humano; \u00e9l no deseaba m\u00e1s que promover la gloria de Dios y reparar el esc\u00e1ndalo dado; por lo tanto, dejando que cada uno dijera de \u00e9l lo que quisiera, confund\u00eda a los jud\u00edos y con valent\u00eda predicaba a Jes\u00fas crucificado.<br><br><\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><span><i class=\"fas fa-arrow-right\"><\/i><\/span><a id=\"_Toc188599263\">CAP\u00cdTULO III. Primer viaje de Saulo \u2014 Regresa a Damasco; le tienden emboscadas \u2014 Va a Jerusal\u00e9n; se presenta a los Ap\u00f3stoles \u2014 Se le aparece Jesucristo \u2014 A\u00f1o de Jesucristo 35-36-37<\/a> <\/h3>\n\n\n\n<p><strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <\/strong>Saulo, al ver las graves oposiciones que le hac\u00edan por parte de los jud\u00edos, consider\u00f3 oportuno alejarse de Damasco para pasar alg\u00fan tiempo con los hombres simples del campo y tambi\u00e9n para ir a Arabia a buscar otros pueblos m\u00e1s dispuestos a recibir la fe.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Despu\u00e9s de tres a\u00f1os, creyendo que hab\u00eda cesado la tempestad, regres\u00f3 a Damasco, donde con celo y fuerza se dedic\u00f3 a predicar a Jesucristo; pero los jud\u00edos, no pudiendo resistir a las palabras de Dios que por medio de su ministro les eran predicadas, decidieron hacerle morir. Para lograr mejor su intento, lo denunciaron a Areta, rey de Damasco, presentando a Saulo como perturbador de la tranquilidad p\u00fablica. Ese rey, demasiado cr\u00e9dulo, escuch\u00f3 la calumnia y orden\u00f3 que Saulo fuera llevado a prisi\u00f3n, y para que no escapara, puso guardias en todas las puertas de la ciudad. Sin embargo, estas emboscadas no pudieron mantenerse tan ocultas que no llegara noticia a los disc\u00edpulos y al mismo Saulo. Pero, \u00bfc\u00f3mo podr\u00edan liberarlo? Esos buenos disc\u00edpulos lo llevaron a una casa que daba a las murallas de la ciudad y, coloc\u00e1ndolo en una cesta, lo bajaron por la muralla. As\u00ed, mientras las guardias vigilaban en todas las puertas y se hac\u00eda una riguros\u00edsima b\u00fasqueda en cada rinc\u00f3n de Damasco, Saulo, liberado de sus manos, sano y salvo toma el camino hacia Jerusal\u00e9n.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Aunque Judea no era el campo confiado a su celo, el motivo de este viaje era, sin embargo, santo. \u00c9l consideraba como su deber indispensable presentarse a Pedro, a quien a\u00fan no era conocido, y as\u00ed dar cuenta de su misi\u00f3n al Vicario de Jesucristo. Saulo hab\u00eda impreso un terror tan grande con su nombre en los fieles de Jerusal\u00e9n que no pod\u00edan creer en su conversi\u00f3n. Intentaba acercarse ahora a unos, ahora a otros; pero todos, temerosos, lo hu\u00edan sin darle tiempo a explicarse. Fue en esa coyuntura que Bernab\u00e9 se mostr\u00f3 un verdadero amigo. Apenas oy\u00f3 contar la prodigiosa conversi\u00f3n de este su condisc\u00edpulo, se fue de inmediato a consolarlo; luego, fue a los Ap\u00f3stoles y les cont\u00f3 la prodigiosa aparici\u00f3n de Jesucristo a Saulo y c\u00f3mo \u00e9l, instruido directamente por el Se\u00f1or, no deseaba otra cosa que publicar el santo nombre de Dios a todos los pueblos de la tierra. A tan gratas noticias, los disc\u00edpulos lo recibieron con alegr\u00eda y San Pedro lo tuvo varios d\u00edas en su casa, donde no dej\u00f3 de hacerlo conocer a los fieles m\u00e1s celosos; ni dejaba escapar ocasi\u00f3n alguna para dar testimonio de Jesucristo en aquellos mismos lugares donde lo hab\u00eda blasfemado y hecho blasfemar.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Y como \u00e9l apretaba demasiado a los jud\u00edos y los confund\u00eda en p\u00fablico y en privado, estos se levantaron contra \u00e9l, resueltos a quitarle la vida. Por eso, los fieles le aconsejaron que saliera de esa ciudad. La misma cosa le hizo conocer Dios por medio de una visi\u00f3n. Un d\u00eda, mientras Saulo oraba en el templo, le apareci\u00f3 Jesucristo y le dijo: \u201cSal de inmediato de Jerusal\u00e9n, porque este pueblo no creer\u00e1 lo que t\u00fa est\u00e1s por decir de m\u00ed.\u201d Pablo respondi\u00f3: \u201cSe\u00f1or, ellos saben c\u00f3mo fui perseguidor de vuestro santo nombre; si saben que me he convertido, ciertamente seguir\u00e1n mi ejemplo y tambi\u00e9n se convertir\u00e1n.\u201d Jes\u00fas a\u00f1adi\u00f3: \u201cNo es as\u00ed: ellos no prestar\u00e1n fe alguna a tus palabras. Ve, yo te he elegido para llevar mi Evangelio a lejanos pa\u00edses entre los gentiles\u201d (<em>Hechos de los Ap\u00f3stoles, cap. 22<\/em>).<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Deliberada as\u00ed la partida de Pablo, los disc\u00edpulos lo acompa\u00f1aron a Ces\u00e1rea y de all\u00ed lo enviaron a Tarso, su patria, con la esperanza de que podr\u00eda vivir con menor peligro entre los parientes y amigos y comenzar tambi\u00e9n en esa ciudad a dar a conocer el nombre del Se\u00f1or.<br><br><\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><span><i class=\"fas fa-arrow-right\"><\/i><\/span><a id=\"_Toc188599264\">CAP\u00cdTULO IV. Profec\u00edas de Agabo \u2014 Saulo y Bernab\u00e9 ordenados obispos \u2014 Van a la isla de Chipre \u2014 Conversi\u00f3n del proc\u00f3nsul Sergio \u2014 Castigo del mago Elima \u2014 Juan Marcos regresa a Jerusal\u00e9n \u2014 A\u00f1o de Jesucristo 40-43<\/a> <\/h3>\n\n\n\n<p><strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <\/strong>Mientras Saulo en Tarso predicaba la divina palabra, Bernab\u00e9 se puso a predicarla con gran fruto en Antioqu\u00eda. Al ver luego el gran n\u00famero de aquellos que cada d\u00eda ven\u00edan a la fe, Bernab\u00e9 consider\u00f3 oportuno ir a Tarso para invitar a Saulo a venir a ayudarlo. De hecho, ambos vinieron a Antioqu\u00eda, y aqu\u00ed con la predicaci\u00f3n y con los milagros ganaron un gran n\u00famero de fieles.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En aquellos d\u00edas algunos profetas, es decir, algunos fervorosos cristianos que, iluminados por Dios, predec\u00edan el futuro, vinieron de Jerusal\u00e9n a Antioqu\u00eda. Uno de ellos, llamado Agabo, inspirado por el Esp\u00edritu Santo, predijo una gran hambre que deb\u00eda asolar toda la tierra, como de hecho ocurri\u00f3 bajo el imperio de Claudio. Los fieles, para prevenir los males que esta hambre habr\u00eda de causar, resolvieron hacer una colecta y as\u00ed cada uno, seg\u00fan sus fuerzas, enviar alg\u00fan socorro a los hermanos de Judea. Lo cual hicieron con excelentes resultados. Para tener luego una persona de cr\u00e9dito ante todos, eligieron a Saulo y Bernab\u00e9 y los enviaron a llevar tal limosna a los sacerdotes de Jerusal\u00e9n, para que hicieran la distribuci\u00f3n seg\u00fan la necesidad. Cumplida su misi\u00f3n, Saulo y Bernab\u00e9 regresaron a Antioqu\u00eda.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Tambi\u00e9n resid\u00edan en esta ciudad otros profetas y doctores, entre los cuales un cierto Sim\u00f3n apodado el Negro, Lucio de Cirene y Mana\u00e9n, hermano de leche de Herodes. Un d\u00eda, mientras ofrec\u00edan los Santos Misterios y ayunaban, apareci\u00f3 el Esp\u00edritu Santo de manera extraordinaria y les dijo: \u201cSep\u00e1rame a Saulo y Bernab\u00e9 para la obra del sagrado ministerio a la que los he elegido.\u201d Entonces se orden\u00f3 un ayuno con oraciones p\u00fablicas y, habi\u00e9ndoles impuesto las manos, los consagraron obispos. Esta ordenaci\u00f3n fue modelo de las que la Iglesia Cat\u00f3lica suele hacer a sus ministros: de aqu\u00ed tuvieron origen los ayunos de las cuatro t\u00e9mporas, las oraciones y otras ceremonias que suelen tener lugar en la sagrada ordenaci\u00f3n.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Saulo estaba en Antioqu\u00eda cuando tuvo una maravillosa visi\u00f3n, en la cual fue arrebatado al tercer cielo, es decir, fue elevado por Dios a contemplar las cosas del Cielo m\u00e1s sublimes de las que un hombre mortal puede ser capaz. \u00c9l mismo dej\u00f3 escrito que hab\u00eda visto cosas que no se pueden expresar con palabras, cosas nunca vistas, nunca o\u00eddas, y que el coraz\u00f3n del hombre no puede ni siquiera imaginar. De esta visi\u00f3n celestial, Saulo, confortado, parti\u00f3 con Bernab\u00e9 y fue directamente a Seleucia de Siria, as\u00ed llamada para distinguirla de otra ciudad del mismo nombre situada cerca del Tigris hacia Persia. Ten\u00edan tambi\u00e9n con ellos a un cierto Juan Marcos, no a Marcos el Evangelista. \u00c9l era hijo de aquella piadosa viuda en cuya casa se hab\u00eda refugiado San Pedro cuando fue milagrosamente liberado de prisi\u00f3n por un \u00e1ngel. Era primo de Bernab\u00e9 y hab\u00eda sido llevado de Jerusal\u00e9n a Antioqu\u00eda en la ocasi\u00f3n en que fueron all\u00ed a llevar las limosnas.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Seleucia ten\u00eda un puerto en el Mediterr\u00e1neo: de all\u00ed nuestros obreros evang\u00e9licos se embarcaron para ir a la isla de Chipre, patria de San Bernab\u00e9. Al llegar a Salamina, ciudad y puerto considerable de esa isla, comenzaron a anunciar el Evangelio a los jud\u00edos y luego a los gentiles, que eran m\u00e1s simples y mejor dispuestos a recibir la fe. Los dos Ap\u00f3stoles, predicando por toda esa isla, llegaron a Pafos, capital del pa\u00eds, donde resid\u00eda el proc\u00f3nsul o gobernador romano llamado Sergio Paulo. Aqu\u00ed el celo de Saulo tuvo ocasi\u00f3n de ejercitarse a causa de un mago llamado Bar-Jes\u00fas o Elima. Este, fuera para ganarse el favor del proc\u00f3nsul o para sacar dinero de sus estafas, seduc\u00eda a la gente y alejaba a Sergio de seguir los piadosos sentimientos de su coraz\u00f3n. El proc\u00f3nsul, habiendo o\u00eddo hablar de los predicadores que hab\u00edan venido al pa\u00eds que \u00e9l gobernaba, los mand\u00f3 a llamar para que fueran a hacerle conocer su doctrina. Fueron de inmediato Saulo y Bernab\u00e9 a exponerle las verdades del Evangelio; pero Elima, al verse despojado de la materia de sus ganancias, temiendo quiz\u00e1s algo peor, comenz\u00f3 a obstaculizar los designios de Dios, contradiciendo la doctrina de Saulo y desacredit\u00e1ndolo ante el proc\u00f3nsul para mantenerlo alejado de la verdad. Entonces Saulo, todo encendido de celo y del Esp\u00edritu Santo, le lanz\u00f3 miradas: \u201c\u00a1Perverso!\u201d, le dijo, \u201carca de impiedad y de fraude, hijo del diablo, enemigo de toda justicia, \u00bfno te detienes a\u00fan de pervertir los rectos caminos del Se\u00f1or? Ahora he aqu\u00ed la mano de Dios pesando sobre ti: desde este momento ser\u00e1s ciego y por el tiempo que Dios quiera no ver\u00e1s la luz del sol.\u201d Al instante le cay\u00f3 sobre los ojos una neblina, de la cual, despojado de la facultad de ver, iba a tientas buscando qui\u00e9n le diera la mano.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Ante tal hecho terrible, Sergio reconoci\u00f3 la mano de Dios y, movido por las predicas de Saulo y por aquel milagro, crey\u00f3 en Jesucristo y abraz\u00f3 la fe con toda su familia. Tambi\u00e9n el mago Elima, aterrorizado por esta repentina ceguera, reconoci\u00f3 el poder divino en las palabras de Pablo y, renunciando al arte m\u00e1gica, se convirti\u00f3, hizo penitencia y abraz\u00f3 la fe. En esta ocasi\u00f3n, Saulo tom\u00f3 el nombre de Pablo, tanto en memoria de la conversi\u00f3n de ese gobernador, como para ser mejor acogido entre los gentiles, ya que Saulo era un nombre hebreo, mientras que Pablo era un nombre romano.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Recogido en Pafos no peque\u00f1o fruto de su predicaci\u00f3n, Pablo y Bernab\u00e9 con otros compa\u00f1eros se embarcaron rumbo a Perge, ciudad de Panfilia. All\u00ed despidieron a casa a Juan Marcos, que hasta entonces se hab\u00eda esforzado en su ayuda. Bernab\u00e9 lo habr\u00eda querido mantener a\u00fan; pero Pablo, al ver en \u00e9l una cierta pusilanimidad e inconstancia, pens\u00f3 en enviarlo a su madre en Jerusal\u00e9n. Veremos en breve a este disc\u00edpulo reparar la debilidad ahora demostrada y convertirse en fervoroso predicador.<br><br><\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><span><i class=\"fas fa-arrow-right\"><\/i><\/span><a id=\"_Toc188599265\">CAP\u00cdTULO V. San Pablo predica en Antioqu\u00eda de Pisidia \u2014 A\u00f1o de Jesucristo 44<\/a> <\/h3>\n\n\n\n<p><strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <\/strong>Desde Perga, San Pablo fue con San Bernab\u00e9 a Antioqu\u00eda de Pisidia, as\u00ed llamada para distinguirla de Antioqu\u00eda de Siria, que era la gran capital de Oriente. All\u00ed los jud\u00edos, como en muchas otras ciudades de Asia, ten\u00edan su sinagoga donde los d\u00edas de s\u00e1bado se reun\u00edan para escuchar la explicaci\u00f3n de la Ley de Mois\u00e9s y de los Profetas. Tambi\u00e9n intervinieron los dos ap\u00f3stoles y con ellos muchos jud\u00edos y gentiles que ya adoraban al verdadero Dios. Seg\u00fan la costumbre de los jud\u00edos, los doctores de la ley leyeron un pasaje de la Biblia que luego le dieron a Pablo con la oraci\u00f3n de que les dijera algo edificante. Pablo, que no esperaba otra cosa que la oportunidad de hablar, se levant\u00f3, indic\u00f3 con la mano que hicieran todos silencio, y comenz\u00f3 a hablar as\u00ed: \u00abHijos de Israel, y ustedes todos que temen al Se\u00f1or, ya que me invitan a hablar, les ruego que me escuchen con la atenci\u00f3n que merece la dignidad de las cosas que estoy a punto de decirles.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u00abEse Dios que ha elegido a nuestros padres cuando estaban en Egipto y con una larga serie de prodigios los ha hecho una naci\u00f3n privilegiada, ha honrado de manera especial a la estirpe de David prometiendo que de esta har\u00eda nacer al Salvador del mundo. Esa gran promesa, confirmada por tantas profec\u00edas, se ha cumplido finalmente en la persona de Jes\u00fas de Nazaret. Juan, en quien ciertamente ustedes creen, ese Juan cuyas sublimes virtudes hicieron creer que era el Mes\u00edas, le ha dado el testimonio m\u00e1s autoritativo diciendo que no se consideraba digno de desatar ni siquiera las correas de sus sandalias. Ustedes hoy, hermanos, ustedes dignos hijos de Abraham, y ustedes todos adoradores del verdadero Dios, de cualquier naci\u00f3n o estirpe que sean, son aquellos a quienes est\u00e1 particularmente dirigida la palabra de salvaci\u00f3n. Los habitantes de Jerusal\u00e9n, enga\u00f1ados por sus jefes, no han querido reconocer al Redentor que les predicamos. De hecho, le dieron la muerte; pero Dios omnipotente no ha permitido, como hab\u00eda predicho, que el cuerpo de su Cristo sufriera corrupci\u00f3n en el sepulcro. Por lo tanto, en el tercer d\u00eda despu\u00e9s de la muerte, lo hizo resucitar glorioso y triunfante.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u00abHasta este punto ustedes no tienen culpa alguna, porque la luz de la verdad a\u00fan no hab\u00eda llegado hasta ustedes. Pero teman de ahora en adelante si alguna vez cierran los ojos; teman provocar sobre ustedes la maldici\u00f3n fulminada por los profetas contra cualquiera que no quiera reconocer la gran obra del Se\u00f1or, cuyo cumplimiento debe tener lugar en estos d\u00edas\u00bb.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Terminado el discurso, todos los oyentes se retiraron en silencio meditando sobre las cosas escuchadas de San Pablo.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Sin embargo, eran diversos los pensamientos que ocupaban sus mentes. Los buenos estaban llenos de alegr\u00eda por las palabras de salvaci\u00f3n que les fueron anunciadas, pero gran parte de los jud\u00edos, siempre persuadidos de que el Mes\u00edas deb\u00eda restablecer el poder temporal de su naci\u00f3n y avergonz\u00e1ndose de reconocer como Mes\u00edas a aquel que sus pr\u00edncipes hab\u00edan condenado a muerte ignominiosa, recibieron con desd\u00e9n la predicaci\u00f3n de Pablo. Sin embargo, se mostraron satisfechos e invitaron al Ap\u00f3stol a regresar el s\u00e1bado siguiente, con \u00e1nimo, sin embargo, muy diferente: los maliciosos para prepararse a contradecirlo, y aquellos que tem\u00edan al Se\u00f1or, israelitas y gentiles, para instruirse mejor y confirmarse en la fe. En el d\u00eda convenido se reuni\u00f3 un inmenso pueblo para o\u00edr esta nueva doctrina. Apenas San Pablo comenz\u00f3 a predicar, los doctores de la sinagoga se levantaron contra \u00e9l. Opon\u00edan en primer lugar algunas dificultades; cuando luego se dieron cuenta de que no pod\u00edan resistir a la fuerza de las razones con las que San Pablo probaba las verdades de la fe, se abandonaron a los gritos, a las injurias, a las blasfemias. Los dos ap\u00f3stoles, al verse sofocar la palabra en la boca, con fuerte \u00e1nimo exclamaron en voz alta: \u00abA ustedes se les deb\u00eda en primer lugar anunciar la divina palabra; pero ya que se tapan despectivamente los o\u00eddos y con furia la rechazan, se hacen indignos de la vida eterna. Por lo tanto, nos dirigimos a los gentiles para cumplir la promesa hecha por Dios por boca de su profeta cuando dijo: \u201cTe he destinado por luz de los gentiles y para la salvaci\u00f3n de ellos hasta el extremo de la tierra\u201d\u00bb.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Los jud\u00edos entonces, a\u00fan m\u00e1s movidos por envidia y desd\u00e9n, incitaron contra los Ap\u00f3stoles una feroz persecuci\u00f3n.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Se sirvieron de algunas mujeres que gozaban de cr\u00e9dito de ser piadosas y honestas, y con ellas incitaron a los magistrados de la ciudad, y todos juntos, gritando y alborotando, obligaron a los Ap\u00f3stoles a salir de sus l\u00edmites. As\u00ed obligados, Pablo y Bernab\u00e9 partieron de aquel desafortunado pa\u00eds y, en el acto de su partida, seg\u00fan el mandamiento de Jesucristo, sacudieron el polvo de sus pies en se\u00f1al de renunciar para siempre a toda relaci\u00f3n con ellos, como hombres reprobados por Dios y golpeados por la maldici\u00f3n divina.<br><br><\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><span><i class=\"fas fa-arrow-right\"><\/i><\/span><a id=\"_Toc188599266\">CAP\u00cdTULO VI. San Pablo predica en otras ciudades \u2014 Realiza un milagro en Listra, donde luego es apedreado y dejado por muerto \u2014 A\u00f1o de Jesucristo 45<\/a> <\/h3>\n\n\n\n<p><strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <\/strong>Pablo y Bernab\u00e9, expulsados de Pisidia, se dirigieron a Licia, otra provincia de Asia Menor, y llegaron a Iconio, que era su capital. Los santos Ap\u00f3stoles, buscando solo la gloria de Dios, olvidando los maltratos que hab\u00edan recibido en Antioqu\u00eda por parte de los jud\u00edos, se dedicaron de inmediato a predicar el Evangelio en la sinagoga. All\u00ed Dios bendijo sus esfuerzos, y una multitud de jud\u00edos y gentiles abraz\u00f3 la fe. Pero aquellos entre los jud\u00edos que permanecieron incr\u00e9dulos y se obstinaron en la impiedad, iniciaron otra persecuci\u00f3n contra los Ap\u00f3stoles. Algunos los acog\u00edan como hombres enviados por Dios, otros los proclamaban impostores. Por lo tanto, habiendo sido advertidos de que muchos de ellos, protegidos por los jefes de la sinagoga y los magistrados, quer\u00edan apedrearlos, se fueron a Listra y luego a Derbe, ciudad no muy distante de Iconio. Estas ciudades y los pueblos cercanos fueron el campo donde nuestros celosos obreros se dedicaron a sembrar la palabra del Se\u00f1or. Entre los muchos milagros que Dios realiz\u00f3 por medio de San Pablo en esta misi\u00f3n, fue notable el que estamos a punto de relatar.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En Listra hab\u00eda un hombre cojo desde su nacimiento, que nunca hab\u00eda podido dar un paso con sus pies. Al o\u00edr que San Pablo realizaba milagros asombrosos, sinti\u00f3 nacer en su coraz\u00f3n una viva confianza de poder tambi\u00e9n \u00e9l, por medio de ello, obtener la salud como tantos otros ya la hab\u00edan obtenido. Escuchaba las predicaciones del Ap\u00f3stol, cuando \u00e9l, mirando fijamente a aquel infeliz y penetrando en las buenas disposiciones de su alma, le dijo en voz alta: \u201cLev\u00e1ntate y ponte en pie\u201d. A tal mandato, el cojo se levant\u00f3 y comenz\u00f3 a caminar r\u00e1pidamente. La multitud que hab\u00eda sido testigo de tal milagro se sinti\u00f3 transportada por el entusiasmo y la maravilla. \u201cEstos no son hombres\u201d, se exclamaba por todas partes, \u201csino dioses revestidos de apariencia humana, descendidos del cielo entre nosotros\u201d. Y seg\u00fan tal err\u00f3nea suposici\u00f3n, llamaban a Bernab\u00e9 J\u00fapiter, porque lo ve\u00edan de aspecto m\u00e1s majestuoso, y a Pablo, que hablaba con maravillosa elocuencia, lo llamaban Mercurio, quien entre los gentiles era el int\u00e9rprete y mensajero de J\u00fapiter y el dios de la elocuencia. Al llegar la noticia del hecho al sacerdote del templo de J\u00fapiter, que estaba fuera de la ciudad, \u00e9l consider\u00f3 su deber ofrecer a los grandes hu\u00e9spedes un solemne sacrificio e invitar a todo el pueblo a participar. Preparadas las v\u00edctimas, las coronas y todo lo necesario para la funci\u00f3n, llevaron todo delante de la casa donde se alojaban Pablo y Bernab\u00e9, queriendo de todas las maneras hacerles un sacrificio. Los dos Ap\u00f3stoles, llenos de santo celo, se lanzaron a la multitud y, en se\u00f1al de dolor, desgarr\u00e1ndose las vestiduras, gritaban: \u201c\u00a1Oh!, \u00a1qu\u00e9 hac\u00e9is, oh miserables! \u00a1Nosotros somos hombres mortales como vosotros; \u00a1nosotros precisamente con todo el esp\u00edritu os exhortamos a convertiros del culto de los dioses al culto de aquel Se\u00f1or que ha creado el cielo y la tierra, y que, aunque en el pasado ha tolerado que los gentiles siguieran sus locuras, ha sin embargo proporcionado claros argumentos de su ser y de su infinita bondad con obras que lo hacen conocer como supremo due\u00f1o de todas las cosas!\u201d.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; A tan franco hablar, los \u00e1nimos se calmaron y abandonaron la idea de hacer aquel sacrificio. Los sacerdotes a\u00fan no hab\u00edan cedido del todo y estaban perplejos sobre si deb\u00edan desistir cuando llegaron desde Antioqu\u00eda y desde Iconio algunos jud\u00edos, enviados por las sinagogas para perturbar las santas empresas de los Ap\u00f3stoles. Aquellos malignos hicieron tanto y dijeron tanto que lograron voltear a todo el pueblo contra los dos Ap\u00f3stoles. As\u00ed, aquellos que pocos d\u00edas antes los veneraban como dioses, ahora los gritaban malhechores; y como San Pablo hab\u00eda hablado singularmente, por eso la rabia se dirigi\u00f3 toda contra \u00e9l.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Les lanzaron tal tempestad de piedras que, crey\u00e9ndolo muerto, lo arrastraron fuera de la ciudad. \u00a1Mira, oh lector, qu\u00e9 cuenta debes hacer de la gloria del mundo! Aquellos que hoy te querr\u00edan elevar por encima de las estrellas, ma\u00f1ana quiz\u00e1s te quieren en el m\u00e1s profundo de los abismos. \u00a1Bienaventurados aquellos que ponen su confianza en Dios!<br><br><\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><span><i class=\"fas fa-arrow-right\"><\/i><\/span><a id=\"_Toc188599267\">CAP\u00cdTULO VII. Pablo milagrosamente sanado \u2014 Otras de sus fatigas apost\u00f3licas \u2014 Conversi\u00f3n de Santa Tecla<\/a> <\/h3>\n\n\n\n<p><strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <\/strong>Los disc\u00edpulos con otros fieles, habiendo sabido o quiz\u00e1s visto lo que hab\u00eda sucedido a Pablo, se reunieron alrededor de su cuerpo llor\u00e1ndolo como muerto. Pero pronto fueron consolados; pues, ya sea que Pablo estuviera verdaderamente muerto, ya sea que solo estuviera todo golpeado, Dios en un instante lo hizo volver sano y vigoroso como antes, de tal manera que pudo levantarse por s\u00ed mismo y, rodeado de los disc\u00edpulos, regresar a la ciudad de Listra entre aquellos mismos que poco antes lo hab\u00edan apedreado.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pero al d\u00eda siguiente, salido de aquella ciudad, pas\u00f3 a Derbe, otra ciudad de Licia. All\u00ed predic\u00f3 a Jesucristo y realiz\u00f3 muchas conversiones. Pablo y Bernab\u00e9 visitaron muchas ciudades donde ya hab\u00edan predicado y, observando los graves peligros a los que estaban expuestos aquellos que hab\u00edan llegado a la fe hac\u00eda poco tiempo, ordenaron Obispos y Sacerdotes que tuvieran cuidado de aquellas iglesias.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Entre las conversiones realizadas en esta tercera misi\u00f3n de Pablo es muy c\u00e9lebre la de Santa Tecla. Mientras \u00e9l predicaba en Iconio, esta joven fue a escucharlo. Anteriormente se hab\u00eda dedicado a las bellas letras y al estudio de la filosof\u00eda profana. Ya sus parientes la hab\u00edan prometido a un joven noble, rico y muy poderoso. Un d\u00eda, al encontrarse escuchando a San Pablo mientras predicaba sobre el valor de la virginidad, se sinti\u00f3 enamorar de esta preciosa virtud. Al o\u00edr luego la gran estima que de ella hab\u00eda hecho el Salvador y el gran premio que estaba reservado en el cielo a aquellos que tienen la bella suerte de conservarla, sinti\u00f3 arder en su deseo de consagrarse a Jesucristo y renunciar a todas las ventajas de los matrimonios terrenales. Al rechazar esos matrimonios, que a los ojos del mundo eran ventajosos, sus parientes se indignaron fuertemente y, de acuerdo con el prometido, intentaron por todos los medios, todas las lisonjas, para hacerla cambiar de prop\u00f3sito. Todo fue in\u00fatil: cuando un alma es herida por el amor de Dios, todo esfuerzo humano ya no puede alejarla del objeto que ama. De hecho, los parientes, el prometido, los amigos, cambiando el amor en furia, incitaron a los jueces y magistrados de Iconio contra la santa virgen y de las amenazas pasaron a los hechos.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Ella fue arrojada a un recinto de bestias hambrientas y feroces; Tecla, \u00fanicamente armada de la confianza en Dios, hace la se\u00f1al de la Santa Cruz, y aquellos animales depusieron su ferocidad y respetaron a la esposa de Jesucristo. Se enciende una hoguera en la que ella es precipitada; pero apenas hace la se\u00f1al de la Cruz, se apagan las llamas y ella se conserva ilesa. En resumen, fue expuesta a todo tipo de tormentos y de todos fue prodigiosamente liberada. Por estas cosas se le dio el nombre de protom\u00e1rtir, es decir, primera m\u00e1rtir entre las mujeres, como Santo Esteban fue el primer m\u00e1rtir entre los hombres. Ella vivi\u00f3 a\u00fan muchos a\u00f1os en el ejercicio de las m\u00e1s heroicas virtudes, y muri\u00f3 en paz a una edad muy avanzada.<br><br><\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><span><i class=\"fas fa-arrow-right\"><\/i><\/span><a id=\"_Toc188599268\">CAP\u00cdTULO VIII. San Pablo va a conferenciar con San Pedro \u2014 Asiste al Concilio de Jerusal\u00e9n \u2014 A\u00f1o de Cristo 50<\/a> <\/h3>\n\n\n\n<p><strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <\/strong>Despu\u00e9s de las fatigas y sufrimientos sufridos por Pablo y Bernab\u00e9 en su tercera misi\u00f3n, contentos con las almas que hab\u00edan logrado conducir al redil de Jesucristo, regresaron a Antioqu\u00eda de Siria. All\u00ed contaron a los fieles de aquella ciudad las maravillas realizadas por Dios en la conversi\u00f3n de los gentiles. El Santo Ap\u00f3stol fue all\u00ed consolado con una revelaci\u00f3n, en la cual Dios le orden\u00f3 que se dirigiera a Jerusal\u00e9n para conferenciar con San Pedro sobre el Evangelio que \u00e9l hab\u00eda predicado. Dios hab\u00eda ordenado esto para que San Pablo reconociera en San Pedro al Jefe de la Iglesia, y as\u00ed todos los fieles comprendieran c\u00f3mo los dos pr\u00edncipes de los Ap\u00f3stoles predicaban una misma fe, un solo Dios, un solo bautismo, un solo Salvador Jesucristo.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pablo parti\u00f3 en compa\u00f1\u00eda de Bernab\u00e9, llevando consigo a un disc\u00edpulo llamado Tito, ganado a la fe durante esta tercera misi\u00f3n. Este es el famoso Tito, que se convirti\u00f3 en modelo de virtud, fiel seguidor y colaborador de nuestro santo Ap\u00f3stol y de quien tambi\u00e9n tendremos muchas veces que hablar. Al llegar a Jerusal\u00e9n se presentaron a los Ap\u00f3stoles Pedro, Santiago y Juan, que eran considerados como las principales columnas de la Iglesia. Entre otras cosas, all\u00ed se acord\u00f3 que Pedro con Santiago y Juan se aplicar\u00eda de manera especial para llevar a los jud\u00edos a la fe; Pablo y Bernab\u00e9, en cambio, se dedicar\u00edan principalmente a la conversi\u00f3n de los gentiles.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pablo permaneci\u00f3 quince d\u00edas en aquella ciudad, despu\u00e9s de lo cual regres\u00f3 con sus compa\u00f1eros a Antioqu\u00eda. All\u00ed encontraron a los fieles muy agitados por una cuesti\u00f3n derivada del hecho de que los jud\u00edos quer\u00edan obligar a los gentiles a someterse a la circuncisi\u00f3n y a las otras ceremonias de la ley de Mois\u00e9s, que era lo mismo que decir que era necesario convertirse en buen jud\u00edo para luego convertirse en buen cristiano. Las contiendas llegaron a tal extremo que, no pudiendo aquietarse de otro modo, se decidi\u00f3 enviar a Pablo y Bernab\u00e9 a Jerusal\u00e9n para consultar al Jefe de la Iglesia a fin de que de \u00e9l se decidiera la cuesti\u00f3n.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Ya hemos contado en la vida de San Pedro c\u00f3mo Dios, con una maravillosa revelaci\u00f3n, hab\u00eda hecho conocer a este pr\u00edncipe de los Ap\u00f3stoles que los gentiles, al venir a la fe, no estaban obligados a la circuncisi\u00f3n ni a las otras ceremonias de la ley de Mois\u00e9s; sin embargo, para que la voluntad de Dios fuera conocida por todos y se resolviera de manera solemne toda dificultad, Pedro convoc\u00f3 un concilio universal, que fue el modelo de todos los concilios que se celebraron en tiempos futuros. All\u00ed Pablo y Bernab\u00e9 expusieron el estado de la cuesti\u00f3n, que fue definida por San Pedro y confirmada por los otros Ap\u00f3stoles de la siguiente manera:<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u00abLos Ap\u00f3stoles y los ancianos a los hermanos convertidos del paganismo, que habitan en Antioqu\u00eda y en las otras partes de Siria y de Cilicia. Habiendo nosotros entendido que algunos venidos de aqu\u00ed han turbado y angustiado vuestras conciencias con ideas arbitrarias, nos ha parecido bien a nosotros aqu\u00ed reunidos elegir y enviar a vosotros a Pablo y Bernab\u00e9, hombres muy queridos por nosotros, que han sacrificado su vida por el nombre de nuestro Se\u00f1or Jesucristo. Con ellos enviamos a Silas y a Judas, quienes entreg\u00e1ndoos nuestras cartas os confirmar\u00e1n de palabra las mismas verdades. De hecho, ha sido juzgado por el Esp\u00edritu Santo y por nosotros no imponeros otra ley, excepto aquellas que deb\u00e9is observar, es decir, absteneros de las cosas sacrificadas a los \u00eddolos, de las carnes ahogadas, de la sangre y de la fornicaci\u00f3n, de las cuales cosas absteni\u00e9ndoos har\u00e9is bien. Estad en paz.\u00bb<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Esta \u00faltima cosa, es decir, la fornicaci\u00f3n, no era necesario prohibirla siendo totalmente contraria a los dictados de la raz\u00f3n y prohibida por el sexto precepto del Dec\u00e1logo. Sin embargo, se renov\u00f3 tal prohibici\u00f3n respecto a los gentiles, quienes en el culto de sus falsos dioses pensaban que era l\u00edcito, e incluso algo grato a esas inmundas deidades.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Llegados Pablo y Bernab\u00e9 con Silas y Judas a Antioqu\u00eda, publicaron la carta con el decreto del concilio, con la cual no solo aquietaron el tumulto, sino que llenaron a los hermanos de alegr\u00eda, reconociendo cada uno la voz de Dios en la de San Pedro y del concilio. Silas y Judas contribuyeron mucho a esa alegr\u00eda com\u00fan, ya que siendo ellos profetas, es decir, llenos del Esp\u00edritu Santo y dotados del don de la palabra divina y de una gracia particular para interpretar las Sagradas Escrituras, tuvieron mucha eficacia en confirmar a los fieles en la fe, en la concordia y en los buenos prop\u00f3sitos.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; San Pedro, habiendo sido informado de los extraordinarios progresos que el Evangelio hac\u00eda en Antioqu\u00eda, tambi\u00e9n quiso venir a visitar a esos fieles, a quienes ya hab\u00eda predicado durante m\u00e1s a\u00f1os y entre los cuales hab\u00eda mantenido la Sede Pontificia durante siete a\u00f1os. Mientras los dos pr\u00edncipes de los Ap\u00f3stoles permanec\u00edan en Antioqu\u00eda, ocurri\u00f3 que Pedro, para complacer a los jud\u00edos, practicaba algunas ceremonias de la ley mosaica; lo cual causaba una cierta aversi\u00f3n por parte de los gentiles, sin que San Pedro fuera consciente de ello. San Pablo, al enterarse de este hecho, advirti\u00f3 p\u00fablicamente a San Pedro, quien con admirable humildad recibi\u00f3 el aviso sin proferir palabras de disculpa; m\u00e1s bien, desde entonces se convirti\u00f3 en muy amigo de San Pablo, y en sus cartas no sol\u00eda llamarlo con otro nombre que no fuera el de hermano querid\u00edsimo. Ejemplo digno de ser imitado por aquellos que de alguna manera son advertidos de sus defectos.<br><br><\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><span><i class=\"fas fa-arrow-right\"><\/i><\/span><a id=\"_Toc188599269\">CAP\u00cdTULO IX. Pablo se separa de Bernab\u00e9 \u2014 Recorre varias ciudades de Asia \u2014 Dios lo env\u00eda a Macedonia \u2014 En Filipos convierte a la familia de Lidia \u2014 A\u00f1o de Cristo 51<\/a> <\/h3>\n\n\n\n<p><strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <\/strong>Pablo y Bernab\u00e9 predicaron durante alg\u00fan tiempo el Evangelio en la ciudad de Antioqu\u00eda, esforz\u00e1ndose incluso por difundirlo en los pa\u00edses cercanos. No mucho despu\u00e9s, a Pablo le vino a la mente visitar las Iglesias a las que hab\u00eda predicado. Por lo tanto, le dijo a Bernab\u00e9: \u00abMe parece bien que volvamos a ver a los fieles de esas ciudades y tierras donde hemos predicado, para ver c\u00f3mo van las cosas de religi\u00f3n entre ellos\u00bb. Nada le importaba m\u00e1s a Bernab\u00e9, y por eso estuvo de acuerdo de inmediato con el Santo Ap\u00f3stol; pero le propuso llevar consigo tambi\u00e9n a ese Juan Marcos que los hab\u00eda seguido en la misi\u00f3n anterior y luego los hab\u00eda dejado en Perga. Quiz\u00e1s deseaba borrar la mancha que se hab\u00eda hecho en esa ocasi\u00f3n, por lo que quer\u00eda estar de nuevo en su compa\u00f1\u00eda. San Pablo no lo juzgaba as\u00ed: \u00abT\u00fa ves\u00bb, le dec\u00eda a Bernab\u00e9, \u00abque este no es un hombre en quien se pueda confiar: seguramente recuerdas c\u00f3mo, al llegar a Perga de Panfilia, nos abandon\u00f3\u00bb. Bernab\u00e9 insist\u00eda diciendo que se le pod\u00eda acoger, y aduc\u00eda buenas razones. No pudiendo los dos Ap\u00f3stoles llegar a un acuerdo, decidieron separarse el uno del otro e ir por caminos diferentes.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; As\u00ed Dios hizo servir esta diversidad de sentimientos a su mayor gloria; porque, separados, llevaban la luz del Evangelio a m\u00e1s lugares, cosa que no habr\u00edan hecho yendo ambos juntos.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Bernab\u00e9 fue con Juan Marcos a la isla de Chipre y visit\u00f3 aquellas Iglesias donde hab\u00eda predicado con San Pablo en la misi\u00f3n anterior. Este Ap\u00f3stol trabaj\u00f3 mucho para difundir la fe de Jesucristo y finalmente fue coronado con el martirio en Chipre, su patria. Juan Marcos esta vez fue constante, y lo veremos luego como fiel compa\u00f1ero de San Pablo, quien tuvo que alabar mucho su celo y caridad.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; San Pablo tom\u00f3 consigo a Silas, quien le hab\u00eda sido asignado como compa\u00f1ero para llevar los actos del concilio de Jerusal\u00e9n a Antioqu\u00eda, emprendi\u00f3 su cuarto viaje y fue a visitar varias Iglesias que \u00e9l hab\u00eda fundado. Se dirigi\u00f3 primero a Derbe, luego a Listra, donde alg\u00fan tiempo atr\u00e1s el Santo Ap\u00f3stol hab\u00eda sido dejado por muerto. Pero Dios quiso esta vez compensarlo por lo que hab\u00eda sufrido antes.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; All\u00ed encontr\u00f3 a un joven que \u00e9l hab\u00eda convertido en la otra misi\u00f3n, llamado Timoteo. Pablo ya hab\u00eda conocido el buen car\u00e1cter de este disc\u00edpulo y en su coraz\u00f3n hab\u00eda decidido hacer de \u00e9l un colaborador del Evangelio, es decir, consagrarlo sacerdote y tomarlo como compa\u00f1ero en sus trabajos apost\u00f3licos. Sin embargo, antes de confer\u00edrsele la sagrada ordenaci\u00f3n, Pablo pidi\u00f3 informaci\u00f3n a los fieles de Listra y encontr\u00f3 que todos elogiaban a este buen joven magnificando su virtud, modestia y su esp\u00edritu de oraci\u00f3n; y esto lo dec\u00edan no solo los de Listra, sino incluso los de Iconio y de otras ciudades cercanas, y todos presagiaban en Timoteo un sacerdote celoso y un santo obispo.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; A estos luminosos testimonios, Pablo no tuvo m\u00e1s dificultad en consagrarlo sacerdote. Pablo, por lo tanto, tomando consigo a Timoteo y Silas, continu\u00f3 la visita de las Iglesias, recomendando a todos observar y mantenerse firmes en las decisiones del concilio de Jerusal\u00e9n. As\u00ed lo hab\u00edan hecho los de Antioqu\u00eda, y as\u00ed lo hicieron en todo momento los predicadores del Evangelio para asegurar a los fieles de no caer en error: atenerse a los decretos, a las \u00f3rdenes de los concilios y del Romano Pont\u00edfice sucesor de San Pedro.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pablo con sus compa\u00f1eros atraves\u00f3 Galacia y Frigia para llevar el Evangelio a Asia, pero el Esp\u00edritu Santo se lo prohibi\u00f3.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Para facilitar la comprensi\u00f3n de las cosas que estamos a punto de contar, es bueno aqu\u00ed notar de paso c\u00f3mo por la palabra Asia en sentido amplio se entiende una de las tres partes del mundo. Se suele llamar Asia Menor a toda la extensi\u00f3n de Asia, excepto aquella parte que se llama Asia Menor, hoy Anatolia, que es la pen\u00ednsula comprendida entre el Mar de Chipre, el Egeo y el Mar Negro. Tambi\u00e9n se llam\u00f3 Asia Proconsular a una parte de Asia Menor m\u00e1s o menos extensa seg\u00fan el n\u00famero de provincias confiadas al gobierno del proc\u00f3nsul romano. Aqu\u00ed por Asia, a donde San Pablo proyectaba ir, se entiende una porci\u00f3n de Asia Proconsular, situada alrededor de \u00c9feso y comprendida entre el monte Tauro, el Mar Negro y Frigia.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; San Pablo entonces pens\u00f3 en ir a Bitinia, que es otra provincia de Asia Menor un poco m\u00e1s hacia el Mar Negro; pero tampoco eso le fue permitido por Dios. Por lo tanto, regres\u00f3 y fue a Troade, que es una ciudad y provincia donde antiguamente hab\u00eda una famosa ciudad llamada Troya. Dios hab\u00eda reservado para otro tiempo la predicaci\u00f3n del Evangelio a esos pueblos; por ahora quer\u00eda enviarlo a otros pa\u00edses.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Mientras San Pablo estaba en Troade, le apareci\u00f3 un \u00e1ngel vestido de hombre seg\u00fan el uso de los macedonios, quien, estando de pie delante de \u00e9l, comenz\u00f3 a rogarle as\u00ed: \u00ab\u00a1Oh! ten piedad de nosotros; pasa a Macedonia y ven en nuestro auxilio\u00bb. De esta visi\u00f3n, San Pablo conoci\u00f3 la voluntad del Se\u00f1or y sin dudarlo se prepar\u00f3 para cruzar el mar y dirigirse a Macedonia.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En Troade se uni\u00f3 a San Pablo un primo suyo llamado Lucas, quien le result\u00f3 de gran ayuda en sus fatigas apost\u00f3licas. Era un m\u00e9dico de Antioqu\u00eda, de gran ingenio, que escrib\u00eda con pureza y elegancia en griego. \u00c9l fue para Pablo lo que San Marcos fue para San Pedro; y al igual que \u00e9l escribi\u00f3 el Evangelio que leemos bajo el nombre de Evangelio seg\u00fan Lucas. Tambi\u00e9n el libro titulado Hechos de los Ap\u00f3stoles, del cual extraemos casi todas las cosas que decimos de San Pablo, es obra de San Lucas. Desde que se uni\u00f3 como compa\u00f1ero de nuestro Ap\u00f3stol, no hubo m\u00e1s peligro, ni fatiga, ni sufrimiento que pudiera sacudir su constancia.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pablo, por lo tanto, seg\u00fan el aviso del \u00e1ngel, junto con Silas, Timoteo y Lucas, se embarc\u00f3 de Troade, naveg\u00f3 el Egeo (que separa Europa de Asia) y con pr\u00f3spera navegaci\u00f3n lleg\u00f3 a la isla de Samotracia, luego a Ne\u00e1polis, no la capital del Reino de N\u00e1poles, sino una peque\u00f1a ciudad en la frontera de Tracia y Macedonia. Sin detenerse, el Ap\u00f3stol fue directamente a Filipos, ciudad principal, as\u00ed llamada porque fue edificada por un rey de ese pa\u00eds llamado Filipo. All\u00ed se detuvieron por alg\u00fan tiempo.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En esa ciudad los jud\u00edos no ten\u00edan sinagoga, ya sea porque les estaba prohibido, ya sea porque eran demasiado pocos en n\u00famero. Solo ten\u00edan una proseuca, o lugar de oraci\u00f3n, que nosotros llamamos oratorio. En el d\u00eda de s\u00e1bado, Pablo con sus compa\u00f1eros sali\u00f3 de la ciudad a la orilla de un r\u00edo donde encontraron una sinagoga con algunas mujeres dentro. Se pusieron de inmediato a predicar el reino de Dios a esa sencilla audiencia. Una comerciante llamada Lidia fue la primera en ser llamada por Dios; as\u00ed ella y su familia recibieron el Bautismo.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Esta piadosa mujer, agradecida por los beneficios recibidos, as\u00ed rog\u00f3 a los maestros y padres de su alma: \u00abSi ustedes me juzgan fiel a Dios, no me nieguen una gracia despu\u00e9s de la del Bautismo que de ustedes reconozco. Vengan a mi casa, qu\u00e9dense tanto como deseen y consid\u00e9renla como suya\u00bb. Pablo no quer\u00eda consentir; pero ella hizo tales insistencias que \u00e9l tuvo que aceptar. He aqu\u00ed el fruto que produce la palabra de Dios, cuando es bien escuchada. Ella genera la fe; pero debe ser o\u00edda y explicada por los sagrados ministros, como dec\u00eda el mismo San Pablo: \u00abFides ex auditu, auditus autem per verbum Christi\u00bb (La fe viene del escuchar, y el escuchar se refiere a la palabra de Cristo).<br><br><\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><span><i class=\"fas fa-arrow-right\"><\/i><\/span><a id=\"_Toc188599270\">CAP\u00cdTULO X. San Pablo libera a una joven del demonio \u2014 Es golpeado con varas \u2014 Es encarcelado \u2014 Conversi\u00f3n del carcelero y de su familia \u2014 A\u00f1o de Cristo 51<\/a> <\/h3>\n\n\n\n<p><strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <\/strong>San Pablo con sus compa\u00f1eros iban de aqu\u00ed para all\u00e1 esparciendo la semilla de la palabra de Dios por la ciudad de Filipos. Un d\u00eda, yendo a la sinagoga, encontraron a una pitonisa, que nosotros dir\u00edamos maga o bruja. Ella ten\u00eda un demonio que hablaba por su boca y adivinaba muchas cosas extraordinarias; lo que daba mucho beneficio a sus amos, ya que la gente ignorante iba a consultarla y para hacerse predecir el futuro deb\u00eda pagar bien los consultorios. Esta, por lo tanto, se puso a seguir a San Pablo y a sus compa\u00f1eros, gritando detr\u00e1s de ellos as\u00ed: \u201cEstos hombres son siervos de Dios Alt\u00edsimo; ellos les muestran el camino de la salvaci\u00f3n.\u201d San Pablo la dej\u00f3 hablar sin decir nada, hasta que, aburrido y disgustado, se volvi\u00f3 hacia ese esp\u00edritu maligno que hablaba por su boca y dijo en tono amenazante: \u201cEn el nombre de Jesucristo te mando que salgas inmediatamente de esta joven.\u201d Decir y hacer fue una sola cosa, porque, obligado por la poderosa virtud del nombre de Jesucristo, tuvo que salir de ese cuerpo, y por su partida la maga qued\u00f3 sin magia.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Ustedes, oh lectores, comprender\u00e1n la raz\u00f3n por la cual el demonio alababa a San Pablo, y este santo Ap\u00f3stol rechaz\u00f3 sus alabanzas. El esp\u00edritu maligno quer\u00eda que San Pablo lo dejara en paz, y as\u00ed la gente creyera que la misma doctrina era la de San Pablo y las adivinaciones de esa endemoniada. El santo Ap\u00f3stol quiso demostrar que no hab\u00eda ning\u00fan acuerdo entre Cristo y el demonio, y rechazando sus adulaciones demostr\u00f3 cu\u00e1n grande era el poder del nombre de Jesucristo sobre todos los esp\u00edritus del infierno.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Los amos de esa joven, al ver que con el demonio se hab\u00eda ido toda esperanza de ganancia, se indignaron fuertemente contra San Pablo y, sin esperar sentencia alguna, tomaron a \u00e9l y a sus compa\u00f1eros y los condujeron al Palacio de Justicia. Llegados ante los jueces, dijeron: \u201cEstos hombres de raza jud\u00eda trastornan nuestra ciudad para introducir una religi\u00f3n nueva, que ciertamente es un sacrilegio.\u201d El pueblo, al o\u00edr que se ofend\u00eda la religi\u00f3n, se enfureci\u00f3 y se lanz\u00f3 contra ellos por todas partes.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Los jueces se mostraron llenos de indignaci\u00f3n y, desgarr\u00e1ndose las vestiduras, sin hacer ning\u00fan juicio, sin examinar si hab\u00eda delito o no, los hicieron golpear ferozmente con varas y, cuando estuvieron saciados o cansados de golpearlos, ordenaron que Pablo y Silas fueran conducidos a la prisi\u00f3n, imponiendo al carcelero que los vigilara con la m\u00e1xima diligencia. Este no solo los encerr\u00f3 en la prisi\u00f3n, sino que para mayor seguridad les puso los pies en los cepos. Aquellos santos hombres, en el horror de la c\u00e1rcel, cubiertos de llagas, lejos de quejarse, jubilaban de alegr\u00eda y durante la noche iban cantando alabanzas a Dios. Los otros prisioneros se maravillaban.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Era la medianoche y a\u00fan cantaban y bendec\u00edan a Dios, cuando de repente se sinti\u00f3 un fort\u00edsimo terremoto, que con horrible estruendo hizo temblar hasta los cimientos de ese edificio. A esta sacudida caen las cadenas de los prisioneros, se rompen sus cepos, se abren las puertas de las prisiones y todos los detenidos se encuentran en libertad. Se despert\u00f3 el carcelero y, corriendo para saber qu\u00e9 hab\u00eda sucedido, encontr\u00f3 abiertas las puertas. Entonces \u00e9l, sin dudar que los prisioneros se hab\u00edan escapado, y por lo tanto quiz\u00e1s \u00e9l mismo deb\u00eda pagarlo con la cabeza, en el exceso de la desesperaci\u00f3n corre, saca una espada, la apunta a su pecho y ya est\u00e1 por matarse. Pablo, ya sea por el claro de luna o a la luz de alguna l\u00e1mpara, al ver a ese hombre en tal acto de desesperaci\u00f3n, \u201c\u00a1Detente!\u201d, se puso a gritar, \u201cNo te hagas ning\u00fan da\u00f1o, aqu\u00ed estamos todos.\u201d Asegurado por estas palabras, se tranquiliza un poco y, haci\u00e9ndose traer luz, entr\u00f3 en la c\u00e1rcel y encuentra a los prisioneros cada uno en su lugar. Tomado de maravilla y movido por una luz interior de la gracia de Dios, todo tembloroso se lanza a los pies de Pablo y de Silas diciendo: \u201cSe\u00f1ores, \u00bfqu\u00e9 debo hacer para ser salvo?\u201d<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u00a1Cualquiera puede imaginar cu\u00e1nta alegr\u00eda sinti\u00f3 Pablo en su coraz\u00f3n al o\u00edr tales palabras! Se volvi\u00f3 hacia \u00e9l y respondi\u00f3: \u201cCree en el Hijo de Dios Jesucristo, y ser\u00e1s salvo t\u00fa y toda tu familia.\u201d<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Ese buen hombre, sin dudarlo, llev\u00f3 a casa a los santos prisioneros, lav\u00f3 sus llagas con ese amor y reverencia que habr\u00eda hecho a su padre. Luego, reunida su familia, fueron instruidos en la verdad de la fe. Escuchando ellos con humildad de coraz\u00f3n la palabra de Dios, aprendieron en breve lo que era necesario para convertirse en cristianos. As\u00ed San Pablo, vi\u00e9ndolos llenos de fe y de la gracia del Esp\u00edritu Santo, los bautiz\u00f3 a todos. Luego se pusieron a agradecer a Dios por los beneficios recibidos. Esos nuevos fieles, al ver a Pablo y Silas exhaustos y ca\u00eddos por los golpes y por el largo ayuno, corrieron de inmediato a prepararles la cena con la cual fueron restaurados. Los dos Ap\u00f3stoles sintieron mayor consuelo por las almas que hab\u00edan ganado para Jesucristo; por lo tanto, llenos de gratitud hacia Dios, regresaron a la prisi\u00f3n esperando aquellas disposiciones que la divina Providencia habr\u00eda de hacerles conocer respecto a ellos.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Mientras tanto, los magistrados se arrepintieron de haber hecho golpear y encerrar en prisi\u00f3n a aquellos a quienes no hab\u00edan podido encontrar culpa alguna, y enviaron a algunos alguaciles a decir al carcelero que dejara en libertad a los dos prisioneros. Muy contento de tal noticia, el carcelero corri\u00f3 de inmediato a comunicarla a los Ap\u00f3stoles. \u201cUstedes\u201d, dijo, \u201cpueden irse en paz.\u201d Pero a Pablo le pareci\u00f3 que deb\u00eda hacerse de otro modo. Si se hubieran escapado as\u00ed a escondidas, se habr\u00eda cre\u00eddo que eran culpables de un grave delito, y eso en detrimento del Evangelio. Por lo tanto, llam\u00f3 a los alguaciles y les dijo: \u201cSus magistrados, sin tener conocimiento de esta causa, sin ninguna forma de juicio, han hecho p\u00fablicamente golpearnos a nosotros que somos ciudadanos romanos; y ahora a escondidas quieren enviarnos. Ciertamente no ser\u00e1 as\u00ed: que vengan ellos mismos y nos saquen de la prisi\u00f3n.\u201d Esos mensajeros llevaron esta respuesta a los magistrados; quienes, al enterarse de que eran ciudadanos romanos, se llenaron de gran temor, porque golpear a un ciudadano romano era un delito capital. Por lo cual vinieron de inmediato a la prisi\u00f3n y con amables palabras se disculparon por lo que hab\u00edan hecho y, sac\u00e1ndolos honrosamente de la prisi\u00f3n, les rogaron que quisieran salir de la ciudad. Los Ap\u00f3stoles se dirigieron de inmediato a la casa de Lidia, donde encontraron a los compa\u00f1eros sumidos en la consternaci\u00f3n a causa de ellos; y se sintieron grandemente consolados al verlos puestos en libertad. Despu\u00e9s de esto, partieron de la ciudad de Filipos. As\u00ed esos ciudadanos rechazaron las gracias del Se\u00f1or por las gracias de los hombres.<br><br><\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><span><i class=\"fas fa-arrow-right\"><\/i><\/span><a id=\"_Toc188599271\">CAP\u00cdTULO XI. San Pablo predica en Tesal\u00f3nica \u2014 Asunto de Jas\u00f3n \u2014 Va a Berea donde es nuevamente perturbado por los jud\u00edos \u2014 A\u00f1o de Cristo 52<\/a> <\/h3>\n\n\n\n<p><strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <\/strong>Pablo, con sus compa\u00f1eros, parti\u00f3 de Filipos dejando all\u00ed las dos familias de Lidia y del carcelero ganadas para Jesucristo. Pasando por las ciudades de Anf\u00edpolis y Apolonia, lleg\u00f3 a Tesal\u00f3nica, ciudad principal de Macedonia, muy famosa por su comercio y por su puerto en el Egeo. Hoy en d\u00eda se llama Sal\u00f3nica.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; All\u00ed Dios hab\u00eda preparado al santo Ap\u00f3stol muchos sufrimientos y muchas almas para ganar a Cristo. \u00c9l comenz\u00f3 a predicar y durante tres s\u00e1bados continu\u00f3 demostrando con las Sagradas Escrituras que Jesucristo era el Mes\u00edas, el Hijo de Dios, que las cosas que le sucedieron hab\u00edan sido anunciadas por los Profetas; por lo tanto, deb\u00eda o renunciar a las profec\u00edas o creer en la venida del Mes\u00edas. A tal predicaci\u00f3n algunos creyeron y abrazaron la fe; pero otros, especialmente jud\u00edos, se mostraron obstinados y con gran odio se levantaron contra San Pablo. Poni\u00e9ndose a la cabeza de algunos malvados de la chusma del pueblo, se reunieron y, en grupos, alborotaron toda la ciudad. Y como Silas y Pablo se hab\u00edan alojado en casa de un tal Jas\u00f3n, corrieron tumultuosamente a su casa para sacarlos y llevarlos ante el pueblo. Los fieles se dieron cuenta a tiempo y lograron hacerlos huir. No pudiendo encontrarlos, tomaron a Jas\u00f3n junto con algunos fieles y los arrastraron ante los magistrados de la ciudad, gritando a gran voz: \u201cEstos perturbadores de la humanidad han venido tambi\u00e9n aqu\u00ed desde Filipos; y Jas\u00f3n los ha acogido en su casa; ahora estos transgreden los decretos y violan la majestad de C\u00e9sar afirmando que hay otro Rey, es decir, Jes\u00fas Nazareno.\u201d Estas palabras encendieron a los tesalonicenses y hicieron que los mismos magistrados se llenaran de furia. Pero Jas\u00f3n, asegur\u00e1ndoles que no quer\u00edan hacer tumultos y que, si ped\u00edan a esos forasteros, \u00e9l los presentar\u00eda, se mostraron satisfechos y se calm\u00f3 el tumulto. Pero Silas y Pablo, viendo in\u00fatil todo esfuerzo en esa ciudad, siguieron los consejos de los hermanos y se dirigieron a Berea, otra ciudad de esa provincia.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En Berea, Pablo comenz\u00f3 a predicar en la sinagoga de los jud\u00edos, es decir, se expuso al mismo peligro del que poco antes hab\u00eda sido casi milagrosamente liberado. Pero esta vez su valent\u00eda fue ampliamente recompensada. Los bereanos escucharon la palabra de Dios con gran avidez. Pablo siempre citaba aquellos pasajes de la Biblia que se refer\u00edan a Jesucristo, y los oyentes corr\u00edan de inmediato a verificarlos y a comprobar los textos que \u00e9l citaba; y al encontrarlos coincidir con exactitud, se inclinaban a la verdad y cre\u00edan en el Evangelio. As\u00ed hac\u00eda el Salvador con los jud\u00edos de Palestina cuando los invitaba a leer atentamente las Sagradas Escrituras: <em>Scrutamini Scripturas, et ipsae testimonium perhibent de me<\/em>. (Examinad las Escrituras y las mismas dan testimonio de m\u00ed)<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Sin embargo, las conversiones ocurridas en Berea no pudieron permanecer ocultas tanto que no llegara noticia a los de Tesal\u00f3nica. Los obstinados jud\u00edos de esta ciudad corrieron en gran n\u00famero a Berea para arruinar la obra de Dios e impedir la conversi\u00f3n de los gentiles. San Pablo era principalmente buscado como aquel que sosten\u00eda en particular la predicaci\u00f3n. Los hermanos, vi\u00e9ndolo en peligro, lo hicieron acompa\u00f1ar secretamente fuera de la ciudad por personas de confianza y, por caminos seguros, lo llevaron a Atenas. Sin embargo, Silas y Timoteo permanecieron en Berea. Pero Pablo, al despedir a aquellos que lo hab\u00edan acompa\u00f1ado, les recomend\u00f3 con insistencia que dijeran a Silas y a Timoteo que lo alcanzaran lo m\u00e1s pronto posible. Los santos Padres, en la obstinaci\u00f3n de los jud\u00edos de Tesal\u00f3nica, ven a esos cristianos que, no contentos con no aprovechar ellos mismos de los beneficios de la religi\u00f3n, buscan alejar a los dem\u00e1s, cosa que hacen o calumniando a los sagrados ministros o despreciando las cosas de la misma religi\u00f3n. El Salvador les dice a estos: \u201cA ustedes les ser\u00e1 quitada mi vi\u00f1a\u201d, es decir, mi religi\u00f3n, \u201cy ser\u00e1 dada a otros pueblos que la cultivar\u00e1n mejor que ustedes y dar\u00e1n frutos a su tiempo.\u201d Amenaza terrible, pero que, lamentablemente, ya se ha cumplido y se est\u00e1 cumpliendo en muchos pa\u00edses, donde un tiempo florec\u00eda la religi\u00f3n cristiana, los cuales actualmente vemos sumidos en las densas tinieblas del error, del vicio y del desorden. \u2014 \u00a1Dios nos libre de este flagelo!<br><br><\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><span><i class=\"fas fa-arrow-right\"><\/i><\/span><a id=\"_Toc188599272\">CAP\u00cdTULO XII. Estado religioso de los atenienses \u2014 San Pablo en el Are\u00f3pago \u2014 Conversi\u00f3n de San Dionisio \u2014 A\u00f1o de Cristo 52<\/a> <\/h3>\n\n\n\n<p><strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <\/strong>Atenas era una de las ciudades m\u00e1s antiguas, m\u00e1s ricas y m\u00e1s comerciales del mundo. All\u00ed la ciencia, el valor militar, los fil\u00f3sofos, los oradores, los poetas siempre fueron los maestros de la humanidad. Los mismos romanos hab\u00edan enviado a Atenas para recoger leyes que llevaron a Roma como or\u00e1culos de sabidur\u00eda. Adem\u00e1s, hab\u00eda un senado de hombres considerados espejo de virtud, justicia y prudencia; ellos eran llamados areopagitas, del Are\u00f3pago, lugar donde ten\u00edan el tribunal. Pero con tanta ciencia yac\u00edan sumidos en la vergonzosa ignorancia de las cosas de religi\u00f3n. Las sectas dominantes eran las de los epic\u00fareos y la de los estoicos. Los epic\u00fareos negaban a Dios la creaci\u00f3n del mundo y la providencia, ni admit\u00edan premio o pena en la otra vida, por lo tanto, pon\u00edan la beatitud en los placeres de la tierra. Los estoicos pon\u00edan el sumo bien en la sola virtud y hac\u00edan al hombre en algunas cosas mayor que el mismo Dios, porque cre\u00edan tener la virtud y la sabidur\u00eda por s\u00ed mismos. Todos adoraban m\u00e1s dioses, y no hab\u00eda delito que no fuera favorecido por alguna insensata divinidad.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; San Pablo, hombre oscuro, considerado vil porque jud\u00edo, deb\u00eda a estos predicar a Jesucristo, tambi\u00e9n jud\u00edo muerto en la cruz, y reducirlos a adorarlo como verdadero Dios. Por lo tanto, solo Dios pod\u00eda hacer que las palabras de San Pablo pudieran cambiar corazones tan inveterados en el vicio y ajenos a la verdadera virtud, y hacer que abrazaran y profesaran la santa religi\u00f3n cristiana.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Mientras Pablo esperaba a Silas y Timoteo, sent\u00eda en su coraz\u00f3n compasi\u00f3n por esos miserables enga\u00f1ados y, como de costumbre, se pon\u00eda a discutir con los jud\u00edos y con todos los que se le acercaban, ahora en las sinagogas, ahora en las plazas. Los epic\u00fareos y los estoicos tambi\u00e9n vinieron a discutir con \u00e9l y, no pudiendo resistir a las razones, iban diciendo: \u201c\u00bfQu\u00e9 querr\u00e1 decir este charlat\u00e1n?\u201d Otros dec\u00edan: \u201cParece que este quiere mostrarnos alg\u00fan nuevo Dios.\u201d Lo dec\u00edan porque o\u00edan nombrar a Jesucristo y la resurrecci\u00f3n. Algunos otros, queriendo actuar con mayor prudencia, invitaron a Pablo a ir al Are\u00f3pago. Cuando lleg\u00f3 a ese magn\u00edfico senado, le dijeron: \u201c\u00bfSe podr\u00eda saber algo de esta tu nueva doctrina? Porque t\u00fa nos suenas al o\u00eddo cosas nunca antes o\u00eddas por nosotros. Deseamos saber la realidad de lo que ense\u00f1as.\u201d<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Al enterarse de que un forastero deb\u00eda hablar en el Are\u00f3pago, acudi\u00f3 gran multitud de gente.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Conviene aqu\u00ed notar que entre los atenienses estaba severamente prohibido decir la m\u00ednima palabra contra sus innumerables y est\u00fapidas divinidades, y consideraban delito capital recibir o a\u00f1adir entre ellos alg\u00fan dios forastero, que no fuera cuidadosamente examinado y propuesto por el senado. Dos fil\u00f3sofos, de nombre Anax\u00e1goras uno, S\u00f3crates el otro, solo por haber dejado entrever que no pod\u00edan admitir tantas rid\u00edculas divinidades, debieron perder la vida. De estas cosas se entiende f\u00e1cilmente el peligro en el que estaba San Pablo predicando al verdadero Dios a esa terrible asamblea y tratando de derribar todos sus dioses.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El santo Ap\u00f3stol, por lo tanto, vi\u00e9ndose en ese augusto senado y debiendo hablar a los m\u00e1s sabios de los hombres, juzg\u00f3 bien tomar un estilo y una manera de razonar mucho m\u00e1s elegante que la que sol\u00eda. Y como esos senadores no admit\u00edan el argumento de las Escrituras, pens\u00f3 en abrirse camino para hablar con la fuerza de la raz\u00f3n. Levant\u00e1ndose, por lo tanto, y haciendo silencio entre todos, comenz\u00f3:<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u00abHombres atenienses, yo los veo en todas las cosas religiosos hasta el escr\u00fapulo. Porque, pasando por esta ciudad y considerando sus \u00eddolos, he encontrado tambi\u00e9n un altar con esta inscripci\u00f3n: Al Dios Ignoto. Yo, por lo tanto, vengo a anunciarles a ese Dios que ustedes adoran sin conocer. \u00c9l es ese Dios que ha hecho el mundo y todas las cosas que en \u00e9l existen. \u00c9l es el due\u00f1o del cielo y de la tierra, por lo tanto, no habita en templos hechos por hombres. Ni \u00e9l es servido por manos mortales como si tuviera necesidad de ellos; que, por el contrario, \u00e9l es quien da a todos la vida, el aliento y todas las cosas. \u00c9l hizo que de un solo hombre descendieran todos los dem\u00e1s, cuya descendencia se extendi\u00f3 para habitar toda la tierra; \u00c9l fij\u00f3 los tiempos y los l\u00edmites de su habitaci\u00f3n, para que buscaran a Dios si acaso pudieran encontrarlo, aunque \u00c9l no est\u00e9 lejos de nosotros.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u00abPorque en \u00e9l vivimos, nos movemos y somos, como tambi\u00e9n alguno de sus poetas (Arato, famoso poeta de Cilicia) ha dicho: \u201cPorque somos tambi\u00e9n su descendencia\u201d. Siendo, por lo tanto, nosotros descendencia de Dios, no debemos estimar que \u00c9l sea similar al oro o a la plata o a la piedra esculpida por el arte o la invenci\u00f3n de los hombres. Dios, sin embargo, en su misericordia cerr\u00f3 los ojos en el pasado sobre tal ignorancia; pero ahora intimida que hagamos penitencia. Porque \u00c9l ha fijado un d\u00eda en el que juzgar\u00e1 con justicia todo el mundo por medio de un hombre establecido por \u00c9l, como ha dado prueba a todos resucit\u00e1ndolo de los muertos\u00bb.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Hasta este punto esos oyentes ligeros, cuyos vicios y errores hab\u00edan sido atacados con mucha sutileza, hab\u00edan mantenido buen comportamiento. Pero al primer anuncio del dogma extraordinario de la resurrecci\u00f3n, los epic\u00fareos se levantaron y en gran parte salieron burl\u00e1ndose de esa doctrina que ciertamente les infund\u00eda terror. Otros m\u00e1s discretos le dijeron que por ese d\u00eda era suficiente, y que lo escuchar\u00edan otra vez sobre el mismo tema. As\u00ed fue recibido el m\u00e1s elocuente de los Ap\u00f3stoles por esa soberbia asamblea. Difer\u00edan en aprovechar la gracia de Dios; esta gracia no leemos que luego haya sido concedida por Dios a ellos otra vez.<br><br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Sin embargo, Dios no dej\u00f3 de consolar a su siervo con la ganancia de algunas almas privilegiadas. Entre otras fue Dionisio, uno de los jueces del Are\u00f3pago, y una mujer de nombre Damaris que se cree que era su esposa. De este Dionisio se cuenta que, a la muerte del Salvador, mirando aquel eclipse por el cual las tinieblas se hab\u00edan extendido sobre toda la tierra, exclam\u00f3: \u201cO el mundo se desmorona, o el autor de la naturaleza sufre violencia.\u201d Apenas pudo conocer la causa de aquel acontecimiento, se rindi\u00f3 de inmediato a las palabras de San Pablo. Se cuenta tambi\u00e9n que, habiendo ido a visitar a la Madre de Dios, se sorprendi\u00f3 tanto por tanta belleza y majestad, que se postr\u00f3 en tierra para venerarla, afirmando que la adorar\u00eda como una divinidad si la fe no lo hubiera convencido de que hay un solo Dios. Luego fue consagrado por San Pablo como obispo de Atenas y muri\u00f3 coronado de martirio.<br><br><\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><span><i class=\"fas fa-arrow-right\"><\/i><\/span><a id=\"_Toc188599273\">CAP\u00cdTULO XIII. San Pablo en Corinto \u2014 Su estancia en casa de Aquila \u2014 Bautismo de Crispo y de Sostene \u2014 Escribe a los Tesalonicenses \u2014 Regreso a Antioqu\u00eda \u2014 A\u00f1o de Jesucristo 53-54<\/a> <\/h3>\n\n\n\n<p><strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <\/strong>Si Atenas era la ciudad m\u00e1s c\u00e9lebre por la ciencia, Corinto era considerada la primera por el comercio. All\u00ed converg\u00edan mercaderes de todas partes. Ten\u00eda dos puertos en el istmo del Peloponeso: uno llamado C\u00e9ncrea que miraba al Egeo, el otro llamado Lequeo que se asomaba al Adri\u00e1tico. El desorden y la inmoralidad all\u00ed eran llevados al triunfo. A pesar de tales obst\u00e1culos, San Pablo, apenas lleg\u00f3 a esta ciudad, comenz\u00f3 a predicar en p\u00fablico y en privado.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u00c9l se aloj\u00f3 en casa de un jud\u00edo llamado Aquila. Este era un ferviente cristiano que, para evitar la persecuci\u00f3n publicada por el emperador Claudio contra los cristianos, hab\u00eda huido de Italia con su esposa llamada Priscila y hab\u00eda venido a Corinto. Ejerc\u00edan el mismo oficio que Pablo hab\u00eda aprendido de joven, es decir, fabricaban tiendas para uso de los soldados. Para no ser de nuevo una carga para sus anfitriones, el santo Ap\u00f3stol tambi\u00e9n se dedicaba al trabajo y pasaba en la tienda todo el tiempo que le quedaba libre del sagrado ministerio. Sin embargo, cada s\u00e1bado iba a la sinagoga y se esforzaba por hacer conocer a los jud\u00edos que las profec\u00edas referentes al Mes\u00edas se hab\u00edan cumplido en la persona de Jesucristo.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Mientras tanto, Silas y Timoteo llegaron de Berea. Ellos hab\u00edan partido hacia Atenas, donde hab\u00edan aprendido que Pablo ya se hab\u00eda ido, y lo alcanzaron en Corinto. A su llegada, Pablo se dedic\u00f3 con mayor valent\u00eda a predicar a los jud\u00edos; pero al aumentar cada d\u00eda su obstinaci\u00f3n, Pablo, no pudiendo soportar tantas blasfemias y tal abuso de gracias, as\u00ed movido por Dios, les anunci\u00f3 inminentes los divinos flagelos con estas palabras: \u00ab\u00a1Que su sangre recaiga sobre ustedes; yo soy inocente! He aqu\u00ed que me dirijo a los gentiles, y en adelante ser\u00e9 todo para ellos\u00bb.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Entre los jud\u00edos que blasfemaban a Jesucristo, quiz\u00e1s hab\u00eda algunos que trabajaban en la tienda de Aquila; por lo tanto, el Ap\u00f3stol, con el fin de evitar la compa\u00f1\u00eda de los malvados, abandon\u00f3 su casa y se traslad\u00f3 a casa de un tal Tito Justo, reci\u00e9n convertido del paganismo a la fe. Cerca de Tito resid\u00eda un tal Crispo, jefe de la sinagoga. Este, instruido por el Ap\u00f3stol, abraz\u00f3 la fe con toda su familia.<br><br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Las grandes ocupaciones de Pablo en Corinto no le hicieron olvidar a sus amados fieles de Tesal\u00f3nica. Cuando Timoteo lleg\u00f3 de all\u00ed, le hab\u00eda contado grandes cosas del fervor de esos cristianos, de su gran caridad, de la buena memoria que conservaban de \u00e9l y del ardiente deseo de volver a verlo. No pudiendo Pablo ir en persona, como deseaba, les escribi\u00f3 una carta, que se cree que es la primera carta escrita por San Pablo.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En esta carta se alegra mucho con los tesalonicenses por su fe y su caridad, luego los exhorta a cuidarse de los des\u00f3rdenes sensuales y de todo fraude. Y as\u00ed como la ociosidad es la fuente de todos los vicios, as\u00ed los anima a dedicarse seriamente al trabajo, considerando indigno de comer a quien no quiere trabajar: \u00abSi alguno no quiere trabajar, tampoco coma\u00bb. Luego concluye record\u00e1ndoles el gran premio que Dios tiene preparado en el cielo por el m\u00ednimo esfuerzo soportado en la vida presente por amor a \u00c9l.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Poco despu\u00e9s de esta carta tuvo otras noticias de los mismos fieles de Tesal\u00f3nica. Estaban grandemente inquietos por algunos impostores que iban predicando inminente el juicio universal. El Ap\u00f3stol les escribi\u00f3 una segunda carta, advirti\u00e9ndoles que no se dejaran enga\u00f1ar por sus falaces discursos. Nota que es cierto el d\u00eda del juicio universal, pero antes deben aparecer much\u00edsimos signos, entre los cuales la predicaci\u00f3n del Evangelio en toda la tierra. Los exhorta a mantenerse firmes en las tradiciones que les hab\u00eda comunicado por carta y de viva voz. Finalmente se encomienda a sus oraciones e insiste mucho en huir de los curiosos y los ociosos, que son considerados como la peste de la religi\u00f3n y de la sociedad.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Mientras San Pablo confortaba a los fieles de Tesal\u00f3nica, surgieron contra \u00e9l tales persecuciones que se habr\u00eda visto inducido a huir de esa ciudad si no hubiera sido confortado por Dios con una visi\u00f3n. Le apareci\u00f3 Jesucristo y le dijo: \u00abNo temas, yo estoy contigo, nadie podr\u00e1 hacerte ning\u00fan mal; en esta ciudad es grande el n\u00famero de aquellos que por tu medio se convertir\u00e1n a la fe\u00bb. Animado por tales palabras, el Ap\u00f3stol permaneci\u00f3 en Corinto dieciocho meses.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La conversi\u00f3n de Sostenes fue entre aquellas que trajeron gran consolaci\u00f3n al alma de Pablo. \u00c9l hab\u00eda sucedido a Crispo en el cargo de jefe de la sinagoga. La conversi\u00f3n de estos dos principales exponentes de su secta irrit\u00f3 ferozmente a los jud\u00edos, y en su furia tomaron al Ap\u00f3stol y lo condujeron ante el proc\u00f3nsul, acus\u00e1ndolo de ense\u00f1ar una religi\u00f3n contraria a la de los jud\u00edos. Gali\u00f3n, tal es el nombre de ese gobernador, al o\u00edr que se trataba de cosas de religi\u00f3n, no quiso mezclarse en hacer de juez. Se limit\u00f3 a responder as\u00ed: \u00abSi se tratara de alguna injusticia o de alg\u00fan delito p\u00fablico, los escuchar\u00eda gustosamente; pero trat\u00e1ndose de cuestiones pertenecientes a la religi\u00f3n, piensen ustedes en ello, yo no tengo intenci\u00f3n de juzgar en estas materias\u00bb. Ese proc\u00f3nsul consideraba que las cuestiones y diferencias relacionadas con la religi\u00f3n deb\u00edan ser discutidas por los sacerdotes y no por las autoridades civiles, y por eso fue sabia su respuesta.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Indignados los jud\u00edos por tal rechazo, se volvieron contra Sostene, incitaron tambi\u00e9n a los ministros del tribunal a unirse con ellos para golpearlo ante los ojos del mismo Gali\u00f3n, sin que \u00e9l los prohibiera. Sostene soport\u00f3 con invicta paciencia ese agravio y, apenas liberado, se uni\u00f3 a Pablo y le se convirti\u00f3 en compa\u00f1ero fiel en sus viajes.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Vi\u00e9ndose Pablo como por milagro liberado de tan grave tempestad, hizo a Dios un voto en acci\u00f3n de gracias. Ese voto era similar al de los nazareos, el cual consist\u00eda particularmente en abstenerse por un tiempo determinado del vino y de cualquier otra cosa que embriagara, y en dejarse crecer el cabello, lo cual entre los antiguos era signo de luto y de penitencia. Cuando estaba por terminar el tiempo del voto, se deb\u00eda hacer un sacrificio en el templo con varias ceremonias prescritas por la ley de Mois\u00e9s.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Cumplida una parte de su voto, San Pablo, en compa\u00f1\u00eda de Aquila y Priscila, se embarc\u00f3 rumbo a \u00c9feso, ciudad de Asia Menor. Seg\u00fan su costumbre, Pablo fue a visitar la sinagoga y disput\u00f3 varias veces con los jud\u00edos. Pac\u00edficas fueron estas disputas, de hecho, los jud\u00edos lo invitaron a quedarse m\u00e1s tiempo; pero Pablo quer\u00eda continuar su viaje para encontrarse en Jerusal\u00e9n y cumplir su voto. Sin embargo, les prometi\u00f3 a esos fieles regresar, y casi como garant\u00eda de su regreso dej\u00f3 con ellos a Aquila y Priscila. Desde \u00c9feso, San Pablo se embarc\u00f3 hacia Palestina y lleg\u00f3 a Cesarea, donde desembarcando se encamin\u00f3 a pie hacia Jerusal\u00e9n. Fue a visitar a los fieles de esta Iglesia y, cumplidas las cosas por las cuales hab\u00eda emprendido el viaje, lleg\u00f3 a Antioqu\u00eda, donde permaneci\u00f3 alg\u00fan tiempo.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Todo es digno de admiraci\u00f3n en este gran Ap\u00f3stol. Notemos aqu\u00ed solamente una cosa que \u00e9l calurosamente recomienda a los fieles de Corinto. Para darles un importante aviso sobre c\u00f3mo mantenerse firmes en la fe, escribe: \u00abHermanos, para no caer en el error, mant\u00e9nganse a las tradiciones aprendidas de mi discurso y de mi carta\u00bb. Con estas palabras, San Pablo mandaba tener la misma reverencia por la palabra de Dios escrita y por la palabra de Dios transmitida por tradici\u00f3n, como ense\u00f1a la Iglesia Cat\u00f3lica.<br><br><\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><span><i class=\"fas fa-arrow-right\"><\/i><\/span><a id=\"_Toc188599274\">CAP\u00cdTULO XIV. Apolo en \u00c9feso \u2014 El sacramento de la Confirmaci\u00f3n \u2014 San Pablo realiza muchos milagros \u2014 Hecho de dos exorcistas jud\u00edos \u2014 A\u00f1o de Cristo 55<\/a> <\/h3>\n\n\n\n<p><strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <\/strong>San Pablo permaneci\u00f3 alg\u00fan tiempo en Antioqu\u00eda, pero viendo que esos fieles estaban bastante provistos de sagrados pastores, decidi\u00f3 partir para visitar de nuevo los pa\u00edses donde ya hab\u00eda predicado. Este es el quinto viaje de nuestro santo Ap\u00f3stol. Fue a Galacia, al Ponto, a Frigia y a Bitinia; luego, seg\u00fan la promesa hecha, regres\u00f3 a \u00c9feso donde Aquila y Priscila lo esperaban. En todas partes fue recibido, como \u00e9l mismo escribe, como un \u00e1ngel de paz.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Entre la partida y el regreso de Pablo a \u00c9feso, se traslad\u00f3 a esta ciudad un jud\u00edo llamado Apolo. \u00c9l era un hombre elocuente y profundamente instruido en la Sagrada Escritura. Adoraba al Salvador y lo predicaba tambi\u00e9n con celo, pero no conoc\u00eda otro bautismo que no fuera el predicado por San Juan Bautista. Aquila y Priscila se dieron cuenta de que ten\u00eda una idea muy confusa de los Misterios de la Fe y, llam\u00e1ndolo a s\u00ed, lo instruyeron mejor en la doctrina, vida, muerte y resurrecci\u00f3n de Jesucristo.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Deseoso de llevar la palabra de salvaci\u00f3n a otros pueblos, decidi\u00f3 pasar a Acaya, es decir, a Grecia. Los efesios, que desde hac\u00eda alg\u00fan tiempo admiraban sus virtudes y comenzaban a amarlo como padre, quisieron acompa\u00f1arlo con una carta en la que alababan mucho su celo y lo recomendaban a los corintios. De hecho, \u00e9l hizo mucho bien a esos cristianos. Cuando el Ap\u00f3stol lleg\u00f3 a \u00c9feso, encontr\u00f3 a varios fieles instruidos por Apolo y, queriendo conocer el estado de estas almas, pregunt\u00f3 si hab\u00edan recibido el Esp\u00edritu Santo; es decir, si hab\u00edan recibido el sacramento de la Confirmaci\u00f3n, que se sol\u00eda administrar en esos tiempos despu\u00e9s del bautismo, y en el que se confer\u00eda la plenitud de los dones del Esp\u00edritu Santo. Pero esa buena gente respondi\u00f3: \u00abNo sabemos ni siquiera que haya un Esp\u00edritu Santo\u00bb. Maravillado el Ap\u00f3stol de tal respuesta y, habiendo entendido que solo hab\u00edan recibido el bautismo de San Juan Bautista, orden\u00f3 que fueran nuevamente bautizados con el bautismo de Jesucristo, es decir, en el nombre del Padre, del Hijo y del Esp\u00edritu Santo. Despu\u00e9s de eso, Pablo, imponiendo las manos, les administr\u00f3 el sacramento de la Confirmaci\u00f3n, y esos nuevos fieles recibieron no solo los efectos invisibles de la gracia, sino tambi\u00e9n signos particulares y manifiestos de la omnipotencia divina, lo que les hac\u00eda manifestar hablando con fluidez las lenguas que antes no entend\u00edan, prediciendo las cosas futuras e interpretando la Sagrada Escritura.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; San Pablo predic\u00f3 durante tres meses en la sinagoga, exhortando a los jud\u00edos a creer en Jesucristo. Muchos creyeron, pero varios, mostr\u00e1ndose obstinados, blasfemaban incluso el santo nombre de Jesucristo. Pablo, por el honor del Evangelio ridiculizado por estos imp\u00edos y para huir de la compa\u00f1\u00eda de los malvados, ces\u00f3 de predicar en la sinagoga, rompi\u00f3 toda comunicaci\u00f3n con ellos y se retir\u00f3 a casa de un gentil cristiano llamado Tir\u00f3n, que era maestro de escuela. San Pablo hizo de esa escuela una Iglesia de Jesucristo, donde, predicando y explicando las verdades de la fe, atra\u00eda a gentiles y jud\u00edos de todas partes de Asia.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Dios ayudaba su obra confirmando con prodigios inauditos la doctrina predicada por su siervo. Los pa\u00f1os, los pa\u00f1uelos y las vendas que hab\u00edan tocado el cuerpo de Pablo eran llevados de aqu\u00ed para all\u00e1 y puestos sobre los enfermos y los endemoniados, y eso bastaba para que inmediatamente huyeran las enfermedades y los esp\u00edritus inmundos. Fue esta una maravilla nunca o\u00edda, y Dios quiso ciertamente que tal hecho fuera registrado en la Biblia para confundir a aquellos que han tanto declamado y todav\u00eda declaman contra la veneraci\u00f3n que los cat\u00f3licos prestan a las sagradas reliquias. \u00bfQuiz\u00e1s quieren condenar de superstici\u00f3n a esos primeros cristianos, que aplicaban sobre los enfermos los pa\u00f1uelos que hab\u00edan tocado el cuerpo de Pablo? Cosas que San Pablo nunca hab\u00eda prohibido y que Dios demostraba aprobar con milagros.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; A prop\u00f3sito de la invocaci\u00f3n del nombre de Jesucristo para hacer milagros, ocurri\u00f3 un hecho muy curioso. Entre los efesios hab\u00eda muchos que pretend\u00edan expulsar a los demonios de los cuerpos con ciertas palabras m\u00e1gicas o usando ra\u00edces de hierbas o perfumes. Pero sus resultados siempre eran poco favorables. Tambi\u00e9n algunos exorcistas jud\u00edos, viendo que incluso las vestiduras de Pablo expulsaban a los demonios, se sintieron llenos de envidia y trataron, como hac\u00eda San Pablo, de usar el nombre de Jesucristo para expulsar al demonio de un hombre. \u00abTe conjuro\u00bb, iban diciendo, \u00aby te ordeno que salgas de este cuerpo por ese Jes\u00fas que es predicado por Pablo\u00bb. El demonio, que sab\u00eda las cosas mejor que ellos, por boca del endemoniado respondi\u00f3: \u00abYo conozco a Jes\u00fas y s\u00e9 tambi\u00e9n qui\u00e9n es Pablo; pero ustedes son impostores. \u00bfQu\u00e9 derecho tienen ustedes sobre m\u00ed?\u00bb Dicho esto, se lanz\u00f3 sobre ellos, los golpe\u00f3 y los hiri\u00f3 de tal manera que dos de ellos apenas pudieron huir, todos heridos y con las ropas hechas trizas. Este hecho estruendoso, al difundirse por toda la ciudad, caus\u00f3 gran temor, y nadie m\u00e1s se atrev\u00eda a nombrar el santo nombre de Jesucristo sino con respeto y veneraci\u00f3n.<br><br><\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><span><i class=\"fas fa-arrow-right\"><\/i><\/span><a id=\"_Toc188599275\">CAP\u00cdTULO XV. Sacramento de la Confesi\u00f3n \u2014 Libros perversos quemados \u2014 Carta a los Corintios \u2014 Levantamiento por la diosa Diana \u2014 Carta a los G\u00e1latas \u2014 A\u00f1o de Cristo 56-57<\/a> <\/h3>\n\n\n\n<p><strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <\/strong>Dios, siempre misericordioso, sabe sacar el bien incluso de los pecados mismos. El hecho de los dos exorcistas tan maltratados por aquel endemoniado, caus\u00f3 gran miedo en todos los efesios, y tanto los jud\u00edos como los gentiles se apresuraron a renunciar al demonio y a abrazar la fe. Fue entonces cuando muchos de los que hab\u00edan cre\u00eddo ven\u00edan en gran n\u00famero a confesar y a declarar el mal cometido en su vida para obtener el perd\u00f3n: \u00abVen\u00edan confesando y declarando sus actos\u00bb. Esta es una clara testimonio de la confesi\u00f3n sacramental ordenada por el Salvador y practicada desde los tiempos apost\u00f3licos.<br><br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El primer fruto de la confesi\u00f3n y del arrepentimiento de esos fieles fue alejar de s\u00ed las ocasiones de pecado. Por eso, todos los que pose\u00edan libros perversos, es decir, contrarios a las buenas costumbres o a la religi\u00f3n, los entregaban para que fueran quemados. Tanto llevaron que, haciendo un mont\u00f3n en la plaza, hicieron una hoguera ante la presencia de todo el pueblo, considerando que era mejor quemar esos libros en la vida presente para evitar el fuego eterno del infierno. El valor de esos libros formaba una suma que correspond\u00eda casi a cien mil francos. Sin embargo, nadie intent\u00f3 venderlos, porque ser\u00eda ofrecer a otros la ocasi\u00f3n de hacer el mal, cosa que nunca est\u00e1 permitida. Mientras suced\u00edan estas cosas, lleg\u00f3 de Corinto a \u00c9feso Apolo con otros, anunciando que hab\u00edan surgido discordias entre esos fieles. El santo Ap\u00f3stol se esforz\u00f3 por remediarlo con una carta, en la que les recomienda la unidad de fe, la obediencia a sus pastores, la caridad mutua y especialmente hacia los pobres; inculca a los ricos que no preparen banquetes lujosos y abandonen a los pobres en la miseria. Luego insiste en que cada uno purifique su conciencia antes de acercarse al Cuerpo y a la Sangre de Jesucristo, diciendo: \u00abEl que come ese Cuerpo y bebe esa Sangre indignamente, come su propio juicio y su propia condena\u00bb. Tambi\u00e9n hab\u00eda ocurrido que un joven hab\u00eda cometido un grave pecado con su madrastra. El santo, para hacerle comprender el debido horror, orden\u00f3 que fuera separado por alg\u00fan tiempo de los otros fieles para que volviera en s\u00ed mismo. Este es un verdadero ejemplo de excomuni\u00f3n, como precisamente practica a\u00fan la Iglesia Cat\u00f3lica, cuando por graves delitos excomulga, es decir, declara separados de los dem\u00e1s a aquellos cristianos que son culpables. Pablo envi\u00f3 a su disc\u00edpulo Tito a llevar esta carta a Corinto. El fruto parece que fue muy copioso.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u00c9l estaba en \u00c9feso cuando se desat\u00f3 contra \u00e9l una terrible persecuci\u00f3n por obra de un orfebre llamado Demetrio. Este fabricaba peque\u00f1os templos de plata dentro de los cuales se colocaba una estatuilla de la diosa Diana, deidad venerada en \u00c9feso y en toda Asia. Esto le produc\u00eda comercio y gran ganancia, ya que la mayor\u00eda de los forasteros que ven\u00edan a las fiestas de Diana llevaban consigo estos signos de devoci\u00f3n. Demetrio era el art\u00edfice principal y con ello proporcionaba trabajo y sustento a las familias de muchos obreros.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; A medida que crec\u00eda el n\u00famero de cristianos, disminu\u00eda el de compradores de las estatuillas de Diana. As\u00ed, un d\u00eda, Demetrio reuni\u00f3 a un gran n\u00famero de ciudadanos y demostr\u00f3 c\u00f3mo, al no tener ellos otros medios para vivir, Pablo los har\u00eda morir de hambre. \u00abAl menos\u00bb, a\u00f1ad\u00eda, \u00abno se tratar\u00e1 solo de nuestro inter\u00e9s privado; pero el templo de nuestra gran diosa, tan celebrado en todo el mundo, est\u00e1 por ser abandonado\u00bb. A estas palabras fue interrumpido por mil voces diferentes que gritaban con la m\u00e1s furiosa confusi\u00f3n: \u00ab\u00a1La gran Diana de los efesios! \u00a1La gran Diana de los efesios!\u00bb Toda la ciudad se puso patas arriba; corrieron gritando en busca de Pablo y, al no poder encontrarlo de inmediato, arrastraron consigo a dos de sus compa\u00f1eros llamados Gayo y Aristarco. Un jud\u00edo llamado Alejandro quiso hablar. Pero apenas pudo abrir la boca, de todas partes comenzaron a gritar con voz a\u00fan m\u00e1s fuerte: \u00ab\u00a1La gran Diana de los efesios! \u00a1Cu\u00e1n grande es la Diana de los efesios!\u00bb Este grito fue repetido durante dos horas enteras.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pablo quer\u00eda avanzar en medio del tumulto para hablar, pero algunos hermanos, sabiendo que se expondr\u00eda a muerte cierta, se lo impidieron. Dios, sin embargo, que tiene en su mano el coraz\u00f3n de los hombres, devolvi\u00f3 plena calma entre ese pueblo de una manera inesperada. Un hombre sabio, un simple secretario y, por lo que parece, amigo de Pablo, logr\u00f3 calmar esa furia. Apenas pudo hablar, dijo: \u00ab\u00bfY qui\u00e9n no sabe que la ciudad de \u00c9feso tiene una devoci\u00f3n y un culto particular hacia la gran Diana, hija de J\u00fapiter? Siendo tal cosa cre\u00edda por todos, no deb\u00e9is perturbaros ni aferraros a un remedio tan temerario, como si pudiera caer en duda tal devoci\u00f3n establecida desde todos los siglos. En cuanto a Gayo y Aristarco, les dir\u00e9 que no est\u00e1n convencidos de ninguna blasfemia contra Diana. Si Demetrio y sus compa\u00f1eros tienen algo contra ellos, lleven la causa ante el tribunal. Si continuamos en estas demostraciones p\u00fablicas, seremos acusados de sedici\u00f3n\u00bb. A esas palabras el tumulto se calm\u00f3 y cada uno volvi\u00f3 a sus ocupaciones.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Despu\u00e9s de esta conmoci\u00f3n, Pablo quer\u00eda partir de inmediato hacia Macedonia, pero tuvo que suspender su partida debido a algunos des\u00f3rdenes ocurridos entre los fieles de Galacia. Algunos falsos predicadores se dedicaron a desacreditar a San Pablo y sus predicaciones, afirmando que su doctrina era diferente de la de los otros Ap\u00f3stoles y que la circuncisi\u00f3n y las ceremonias de la ley de Mois\u00e9s eran absolutamente necesarias.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El santo Ap\u00f3stol escribi\u00f3 una carta en la que demuestra la conformidad de doctrina entre \u00e9l y los Ap\u00f3stoles; prueba que muchas cosas de la ley de Mois\u00e9s ya no eran necesarias para salvarse; recomienda cuidarse bien de los falsos predicadores y gloriarse solamente en Jes\u00fas, en cuyo nombre desea paz y bendiciones.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Enviada la carta a los fieles de Galacia, parti\u00f3 hacia Macedonia despu\u00e9s de haber permanecido tres a\u00f1os en \u00c9feso, es decir, desde el a\u00f1o cincuenta y cuatro hasta el a\u00f1o cincuenta y siete de Jesucristo. Durante la estancia de San Pablo en \u00c9feso, Dios le hizo conocer en esp\u00edritu que lo llamaba a Macedonia, a Grecia, a Jerusal\u00e9n y a Roma.<br><br><\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><span><i class=\"fas fa-arrow-right\"><\/i><\/span><a id=\"_Toc188599276\">CAP\u00cdTULO XVI. San Pablo regresa a Filipos \u2014 Segunda Carta a los fieles de Corinto \u2014 Va a esta ciudad \u2014 Carta a los Romanos \u2014 Su predicaci\u00f3n prolongada en Troade \u2014 Resucita a un muerto \u2014 A\u00f1o de Cristo 58<\/a> <\/h3>\n\n\n\n<p><strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <\/strong>Antes de partir de \u00c9feso, Pablo convoc\u00f3 a los disc\u00edpulos y, haci\u00e9ndoles una paterna exhortaci\u00f3n, los abraz\u00f3 tiernamente; luego se puso en camino hacia Macedonia. Deseaba quedarse alg\u00fan tiempo en Troade, donde esperaba encontrar a su disc\u00edpulo Tito; pero, al no haberlo encontrado y deseando saber pronto el estado de la Iglesia de Corinto, parti\u00f3 de Troade, cruz\u00f3 el Helesponto, que hoy se llama estrecho de los Dardanelos, y pas\u00f3 a Macedonia, donde tuvo que sufrir mucho por la fe.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pero Dios le prepar\u00f3 una gran consolaci\u00f3n con la llegada de Tito, que lo alcanz\u00f3 en la ciudad de Filipos. Ese disc\u00edpulo expuso al santo Ap\u00f3stol c\u00f3mo su carta hab\u00eda producido efectos salut\u00edferos entre los cristianos de Corinto, que el nombre de Pablo era muy querido por todos y que cada uno ard\u00eda en el deseo de volver a verlo pronto.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Para dar rienda suelta a los sentimientos paternos de su coraz\u00f3n, el Ap\u00f3stol escribi\u00f3 desde Filipos una segunda carta en la que se muestra todo ternura hacia aquellos que se manten\u00edan fieles y reprende a algunos que intentaban pervertir la doctrina de Jesucristo. Habiendo luego entendido que aquel joven, excomulgado en su primera carta, se hab\u00eda sinceramente convertido, m\u00e1s a\u00fan, oyendo de Tito que el dolor lo hab\u00eda casi llevado a la desesperaci\u00f3n, el santo Ap\u00f3stol recomend\u00f3 que se le tratara con consideraci\u00f3n, lo absolvi\u00f3 de la excomuni\u00f3n y lo restituy\u00f3 a la comuni\u00f3n de los fieles. Con la carta recomend\u00f3 muchas cosas de viva voz que deb\u00edan comunicarse por medio de Tito, que era el portador. Acompa\u00f1aron a Tito en este viaje otros disc\u00edpulos, entre los cuales estaba San Lucas, que desde hac\u00eda algunos a\u00f1os era obispo de Filipos. San Pablo consagr\u00f3 a San Epafrodito como obispo para esa ciudad y as\u00ed San Lucas se convirti\u00f3 nuevamente en compa\u00f1ero del santo maestro en las fatigas del apostolado.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Desde Macedonia, Pablo se dirigi\u00f3 a Corinto, donde orden\u00f3 lo que respecta a la celebraci\u00f3n de los santos misterios, como hab\u00eda prometido en su primera carta, lo que debe entenderse de esos ritos que en todas las Iglesias com\u00fanmente se observan, como ser\u00eda el ayuno antes de la Santa Comuni\u00f3n y otras cosas similares que conciernen a la administraci\u00f3n de los Sacramentos.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El Ap\u00f3stol pas\u00f3 el invierno en esta ciudad, esforz\u00e1ndose por consolar a sus hijos en Jesucristo, que no se saciaban de escucharlo y admirar en \u00e9l a un celoso pastor y un tierno padre.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Desde Corinto extendi\u00f3 tambi\u00e9n sus solicitudes a otros pueblos y especialmente a los romanos, ya convertidos a la fe por San Pedro tras a\u00f1os de fatigas y sufrimientos. Aquila, con otros amigos suyos, habiendo entendido que hab\u00eda cesado la persecuci\u00f3n, se hab\u00eda vuelto a Roma. Pablo supo de ellos que en esa metr\u00f3poli del imperio hab\u00edan surgido disensiones entre gentiles y jud\u00edos. Los gentiles reprochaban a los jud\u00edos porque no hab\u00edan correspondido a los beneficios recibidos de Dios, habiendo ingratamente crucificado al Salvador; los jud\u00edos, por su parte, hac\u00edan reproches a los gentiles porque hab\u00edan seguido la idolatr\u00eda y venerado a las divinidades m\u00e1s infames. El santo Ap\u00f3stol escribi\u00f3 su famosa Carta a los Romanos, llena de argumentos sublimes, que \u00e9l trata con esa agudeza de ingenio propia de un hombre docto y santo, que escribe inspirado por Dios. No es posible abreviarla sin peligro de variar su sentido. Es la m\u00e1s larga, la m\u00e1s elegante de todas las dem\u00e1s y la m\u00e1s llena de erudici\u00f3n. Te exhorto, oh lector, a leerla atentamente, pero con las debidas interpretaciones que suelen unirse a la Vulgata. Es la sexta carta de San Pablo y fue escrita desde la ciudad de Corinto en el a\u00f1o 58 de Jesucristo. Pero, por el gran respeto que en todo tiempo se tuvo por la dignidad de la Iglesia de Roma, es considerada la primera entre las catorce cartas de este santo Ap\u00f3stol. En esta carta San Pablo no habla de San Pedro, porque \u00e9l estaba ocupado en la fundaci\u00f3n de otras Iglesias. Esta fue llevada por una diaconisa, o monja, llamada Febe, a quien el Ap\u00f3stol recomienda mucho ante los hermanos de Roma.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Deseando San Pablo partir de Corinto para dirigirse a Jerusal\u00e9n, se enter\u00f3 de que los jud\u00edos estaban tramando tenderle emboscadas a lo largo del camino; por lo tanto, en lugar de embarcarse en el puerto de Cencrea hacia Jerusal\u00e9n, Pablo regres\u00f3 y continu\u00f3 el viaje por Macedonia. Lo acompa\u00f1aron Sos\u00edpatro, hijo de Pirro de Berea, Aristarco y Segundo de Tesal\u00f3nica, Gayo de Derbe y Timoteo de Listra, T\u00edquico y Tr\u00f3fimo de Asia. Estos vinieron en compa\u00f1\u00eda de \u00e9l hasta Filipos; luego, a excepci\u00f3n de Lucas, pasaron a Troade con orden de esperarlo all\u00ed, mientras \u00e9l se quedar\u00eda en esta ciudad hasta despu\u00e9s de las fiestas pascuales. Pasada tal solemnidad, Pablo y Lucas en cinco d\u00edas de navegaci\u00f3n llegaron a Troade y se quedaron all\u00ed siete d\u00edas.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Sucedi\u00f3 que, en la v\u00edspera de la partida de Pablo, era el primer d\u00eda de la semana, es decir, d\u00eda domingo, en el que los fieles sol\u00edan reunirse para escuchar la palabra de Dios y asistir a los sacrificios divinos. Entre otras cosas hac\u00edan la fracci\u00f3n del pan, es decir, celebraban la Santa Misa, a la que participaban los fieles, recibiendo el Cuerpo del Se\u00f1or bajo la especie del pan. Desde entonces, la Misa se consideraba el acto m\u00e1s sagrado y solemne para la santificaci\u00f3n del d\u00eda festivo.<br><br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pablo, que estaba por partir al d\u00eda siguiente, prolong\u00f3 el discurso hasta avanzada la noche y, para iluminar el cen\u00e1culo, se hab\u00edan encendido muchas l\u00e1mparas. El d\u00eda domingo, la hora nocturna, el cen\u00e1culo en el tercer piso de la casa, las muchas l\u00e1mparas encendidas, atrajeron una inmensa multitud de gente. Mientras todos estaban atentos al razonamiento de Pablo, un joven llamado Eutico, ya sea por el deseo de ver al Ap\u00f3stol o para poder escucharlo mejor, hab\u00eda subido sobre una ventana y se hab\u00eda sentado en el alf\u00e9izar. Ahora, ya sea por el calor que hac\u00eda, ya sea por la hora tard\u00eda o quiz\u00e1s por el cansancio, lo cierto es que aquel jovencito se qued\u00f3 dormido; y en el sue\u00f1o, abandon\u00e1ndose al peso de su propio cuerpo, cay\u00f3 al pavimento de la calle p\u00fablica. Se oye un lamento resonar por la asamblea; corren y encuentran al joven sin vida.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pablo baja de inmediato, y, coloc\u00e1ndose con el cuerpo sobre el cad\u00e1ver, lo bendice, lo abraza y, con su aliento o m\u00e1s bien con la viva fe en Dios, lo devuelve a nueva vida. Realizado este milagro, sin prestar atenci\u00f3n a los aplausos que se hac\u00edan por todas partes, subi\u00f3 de nuevo al cen\u00e1culo y continu\u00f3 predicando hasta la ma\u00f1ana.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La gran solicitud de los fieles de Troade por asistir a las sagradas funciones debe servir de est\u00edmulo a todos los cristianos para santificar los d\u00edas festivos con obras de piedad, especialmente con el escuchar devotamente la Santa Misa y con el escuchar la palabra de Dios, incluso con alg\u00fan inconveniente.<br><br><\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><span><i class=\"fas fa-arrow-right\"><\/i><\/span><a id=\"_Toc188599277\">CAP\u00cdTULO XVII. Predicaci\u00f3n de San Pablo en Mileto \u2014 Su viaje hasta Cesarea \u2014 Profec\u00eda de Agabo \u2014 A\u00f1o de Cristo 58<\/a> <\/h3>\n\n\n\n<p><strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <\/strong>Terminada aquella reuni\u00f3n, que hab\u00eda durado aproximadamente veinticuatro horas, el incansable Ap\u00f3stol parti\u00f3 con sus compa\u00f1eros hacia Mitilene, noble ciudad de la isla de Lesbos. Desde all\u00ed, continuando el viaje, en pocos d\u00edas lleg\u00f3 a Mileto, ciudad de Caria, provincia de Asia Menor. El Ap\u00f3stol no hab\u00eda querido detenerse en \u00c9feso para no verse obligado por aquellos cristianos, que lo amaban tiernamente, a suspender demasiado su camino. Se apresuraba con el fin de llegar a Jerusal\u00e9n para la fiesta de Pentecost\u00e9s. Desde Mileto, Pablo envi\u00f3 a \u00c9feso para comunicar su llegada a los obispos y a los sacerdotes de esa ciudad y de las provincias cercanas, invit\u00e1ndolos a venir a visitarlo y tambi\u00e9n a conferenciar con \u00e9l sobre las cosas de la fe, si fuera necesario. Vinieron en gran n\u00famero.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Cuando San Pablo se vio rodeado por aquellos venerables predicadores del Evangelio, comenz\u00f3 a exponerles las tribulaciones sufridas d\u00eda y noche por las acechanzas de los jud\u00edos. \u00abAhora voy a Jerusal\u00e9n\u00bb, dec\u00eda, \u00abguiado por el Esp\u00edritu Santo, el cual, en todos los lugares donde paso, me hace conocer las cadenas y las tribulaciones que en esa ciudad me esperan. Pero nada de esto me asusta, ni valoro mi vida m\u00e1s que mi deber. Me importa poco vivir o morir, siempre que termine mi carrera dando glorioso testimonio del Evangelio que Jesucristo me ha encomendado. No ver\u00e9is m\u00e1s mi rostro, pero cuidaos de vosotros mismos y de todo el reba\u00f1o, sobre el cual el Esp\u00edritu Santo os ha constituido obispos para gobernar la Iglesia de Dios, adquirida por su precioso sangre\u00bb. Luego pas\u00f3 a advertirles que despu\u00e9s de su partida surgir\u00edan lobos rapaces y hombres perversos para corromper la doctrina de Jesucristo. Dichas estas palabras, todos se pusieron de rodillas y oraron juntos. Nadie pod\u00eda contener las l\u00e1grimas, y todos se echaban al cuello de Pablo, d\u00e1ndole mil besos. Estaban especialmente inconsolables por aquellas palabras de que no volver\u00edan a ver su rostro. Para disfrutar a\u00fan algunos momentos de su dulce compa\u00f1\u00eda, lo acompa\u00f1aron hasta el barco y no sin una especie de violencia se separaron de su querido maestro.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pablo, junto a sus compa\u00f1eros, de Mileto pas\u00f3 a la isla de Cos, muy renombrada por un templo de los gentiles dedicado a Juno y a Esculapio. Al d\u00eda siguiente llegaron a Rodas, isla muy c\u00e9lebre especialmente por su Coloso, que era una estatua de extraordinaria altura y grandeza. De all\u00ed vinieron a Patara, ciudad capital de Licia, muy renombrada por un gran templo dedicado al dios Apolo. Desde aqu\u00ed navegaron hasta Tiro, donde el barco deb\u00eda dejar su carga.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Tiro es la ciudad principal de Fenicia, ahora llamada Sur, a orillas del Mediterr\u00e1neo. Apenas desembarcaron, encontraron a algunos profetas que iban publicando los males que sobre el santo Ap\u00f3stol sobreven\u00edan en Jerusal\u00e9n, y quer\u00edan disuadirlo de ese viaje. Pero \u00e9l, despu\u00e9s de siete d\u00edas, quiso partir. Aquellos buenos cristianos, con sus esposas y sus ni\u00f1os, lo acompa\u00f1aron fuera de la ciudad, donde, doblando las rodillas en la playa, oraron con \u00e9l. Luego, intercambiados los m\u00e1s cordiales saludos, se embarcaron y fueron acompa\u00f1ados por las miradas de los sidonios hasta que la lejan\u00eda del barco los ocult\u00f3 de vista. Al llegar a Tolemaida se detuvieron un d\u00eda para saludar y confortar a aquellos cristianos en la fe; continuando luego su camino, llegaron a Cesarea.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; All\u00ed Pablo fue recibido con j\u00fabilo por el di\u00e1cono Felipe. Este santo disc\u00edpulo, despu\u00e9s de haber predicado a los samaritanos, al eunuco de la reina Candace y en muchas ciudades de Palestina, hab\u00eda fijado su domicilio en Cesarea para atender a la cura de aquellas almas que \u00e9l hab\u00eda regenerado en Jesucristo.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Vino en esos tiempos a Cesarea el profeta Agabo y, habiendo ido a visitar al santo Ap\u00f3stol, le quit\u00f3 del hombro el cintur\u00f3n y, at\u00e1ndose con \u00e9l los pies y las manos, dijo: \u00abHe aqu\u00ed cu\u00e1nto me dice el Esp\u00edritu Santo abiertamente: el hombre a quien pertenece este cintur\u00f3n ser\u00e1 as\u00ed atado por los jud\u00edos en Jerusal\u00e9n\u00bb.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La profec\u00eda de Agabo conmovi\u00f3 a todos los presentes, pues se hac\u00edan cada vez m\u00e1s manifiestos los males que estaban preparados para el santo Ap\u00f3stol en Jerusal\u00e9n; por lo tanto, los mismos compa\u00f1eros de Pablo, llorando, le rogaban que no fuera all\u00ed. Pero Pablo valientemente respond\u00eda: \u00ab\u00a1Oh! Les ruego, no lloren. Con estas l\u00e1grimas no hacen m\u00e1s que aumentar la aflicci\u00f3n en mi coraz\u00f3n. Sepan que estoy dispuesto no solo a sufrir las cadenas, sino a enfrentar tambi\u00e9n la muerte por el nombre de Jesucristo\u00bb.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Entonces todos, reconociendo la voluntad de Dios en la firmeza del santo Ap\u00f3stol, dijeron a una voz: \u00abH\u00e1gase la voluntad del Se\u00f1or\u00bb. Dicho esto, partieron rumbo a Jerusal\u00e9n con un cierto Mnas\u00f3n, que hab\u00eda sido disc\u00edpulo y seguidor de Jesucristo. \u00c9l ten\u00eda residencia fija en Jerusal\u00e9n y iba con ellos para hospedarlos en su casa.<br><br><\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><span><i class=\"fas fa-arrow-right\"><\/i><\/span><a id=\"_Toc188599278\">CAP\u00cdTULO XVIII. San Pablo se presenta a San Jacobo \u2014 Los jud\u00edos le tienden emboscadas \u2014 Habla al pueblo \u2014 Reprende al sumo sacerdote \u2014 A\u00f1o de Cristo 59<\/a> <\/h3>\n\n\n\n<p><strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <\/strong>Nos disponemos ahora a contar una larga serie de sufrimientos y de persecuciones que el santo Ap\u00f3stol toler\u00f3 en cuatro a\u00f1os de prisi\u00f3n. Dios quiso preparar a su siervo para estos combates haci\u00e9ndolos conocer mucho antes; de hecho, los males previstos causan menor temor, y el hombre est\u00e1 m\u00e1s dispuesto a soportarlos. Al llegar Pablo con sus compa\u00f1eros a Jerusal\u00e9n, fueron recibidos por los cristianos de esta ciudad con los signos de la mayor benevolencia. Al d\u00eda siguiente fueron a visitar al obispo de la ciudad, que era San Jacobo el Menor, ante quien tambi\u00e9n se hab\u00edan reunido los principales sacerdotes de la di\u00f3cesis. Pablo cont\u00f3 las maravillas que Dios hab\u00eda obrado por su ministerio entre los gentiles, de lo cual todos agradecieron de coraz\u00f3n al Se\u00f1or.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Sin embargo, se apresuraron a avisar a Pablo del peligro que le sobreven\u00eda. \u00abMuchos jud\u00edos\u00bb, le dijeron, \u00abse han convertido a la fe y varios de ellos son tenaces en la circuncisi\u00f3n y en las ceremonias legales. Ahora, sabiendo que t\u00fa dispensas a los gentiles de estas observancias, hay un terrible odio contra ti. Es necesario, por lo tanto, que demuestres no ser enemigo de los jud\u00edos. Haz de esta manera: en la ocasi\u00f3n en que cuatro jud\u00edos deben en estos d\u00edas cumplir un voto, t\u00fa participar\u00e1s en la funci\u00f3n y har\u00e1s por ellos los gastos que corresponden a esta solemnidad\u00bb.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pablo acept\u00f3 prontamente el sabio consejo y particip\u00f3 en aquella obra de piedad. Se dirigi\u00f3 al templo y la funci\u00f3n estaba por concluir, cuando algunos jud\u00edos venidos de Asia excitaban al pueblo contra \u00e9l gritando: \u00ab\u00a1Ayuda, israelitas, ayuda! Este hombre es quien va por todo el mundo predicando contra el pueblo, contra la ley y contra este mismo templo. No ha dudado en violar su santidad introduciendo dentro a gentiles\u00bb.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Aunque tales acusaciones eran calumnias, sin embargo, se alborot\u00f3 toda la ciudad y, haci\u00e9ndose un gran concurso de pueblo, tomaron a San Pablo, lo arrastraron fuera del templo para matarlo como blasfemo. Pero el ruido del tumulto lleg\u00f3 al tribuno romano, quien acudi\u00f3 de inmediato con las guardias. Los sediciosos, al ver las guardias, cesaron de golpear a Pablo y lo entregaron al tribuno, quien, haci\u00e9ndolo atar, orden\u00f3 que fuera conducido a la torre Antonia, que era una fortaleza y un cuartel de soldados cerca del templo. Lisias, tal era el nombre del tribuno, deseaba saber el motivo de aquel tumulto, pero no pudo averiguarlo, porque los gritos y alborotos del pueblo ahogaban toda voz. Mientras Pablo sub\u00eda los escalones de la fortaleza, fue necesario que los soldados lo llevaran en brazos para sacarlo de las manos de los jud\u00edos, quienes, al no poder tenerlo en su poder, gritaban: \u00ab\u00a1M\u00e1talo, qu\u00edtalo del mundo!\u00bb.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Cuando estaba a punto de entrar en la torre, habl\u00f3 as\u00ed en griego al tribuno: \u00ab\u00bfMe es permitido decirte una palabra?\u00bb El tribuno se maravill\u00f3 de que hablara griego y le dijo: \u00ab\u00bfSabes t\u00fa el griego? \u00bfNo eres t\u00fa ese egipcio que poco antes excitaste una rebeli\u00f3n y llevaste contigo al desierto a cuatro mil asesinos?\u00bb \u00abNo, ciertamente\u00bb, respondi\u00f3 Pablo, \u00abyo soy jud\u00edo, ciudadano de Tarso, ciudad de Cilicia. Pero, por favor, \u00bfme permites hablar al pueblo?\u00bb Lo cual le fue concedido, Pablo, desde los escalones de la torre, levant\u00f3 un poco la mano, agobiada por el peso de las cadenas, dio se\u00f1al al pueblo de callar y comenz\u00f3 a exponer lo que concern\u00eda a su patria, su conversi\u00f3n y su predicaci\u00f3n, y c\u00f3mo Dios lo hab\u00eda destinado a llevar la fe entre los gentiles.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El pueblo lo hab\u00eda escuchado en profundo silencio hasta estas \u00faltimas palabras; pero cuando oy\u00f3 hablar de los gentiles, como agitado por mil furias, estall\u00f3 en gritos desenfrenados, y unos por desd\u00e9n arrojaban al suelo sus vestiduras, otros esparc\u00edan en el aire el polvo, y todos gritaban: \u00ab\u00a1Este es indigno de vivir, que sea quitado del mundo!\u00bb.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El tribuno, que nada hab\u00eda entendido del discurso de San Pablo, porque hab\u00eda hablado en lengua hebrea, temiendo que el pueblo viniera a graves excesos, orden\u00f3 a sus hombres que llevaran a Pablo a la fortaleza, y luego lo azotaran y lo sometieran a tortura para obligarlo as\u00ed a revelar la causa de la sedici\u00f3n. Pero Pablo, que sab\u00eda que a\u00fan no hab\u00eda llegado la hora en que deb\u00eda sufrir tales males por Jesucristo, se volvi\u00f3 al centuri\u00f3n encargado de hacer ejecutar aquella orden injusta y le dijo: \u00ab\u00bfTe parece que es l\u00edcito azotar a un ciudadano romano, sin que sea condenado?\u00bb Al o\u00edr esto, el centuri\u00f3n corri\u00f3 hacia el tribuno dici\u00e9ndole: \u00ab\u00bfQu\u00e9 vas a hacer? \u00bfNo sabes que este hombre es ciudadano romano?\u00bb.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El tribuno tuvo miedo, porque hab\u00eda hecho atar a Pablo, lo cual conllevaba pena de muerte. Se acerc\u00f3 \u00e9l mismo a Pablo y le dijo: \u00ab\u00bfEres t\u00fa realmente ciudadano romano?\u00bb \u00c9l respondi\u00f3: \u00abLo soy verdaderamente\u00bb. \u00abYo\u00bb, a\u00f1adi\u00f3 el tribuno, \u00abhe adquirido a caro precio tal derecho de ciudadan\u00eda romana\u00bb. \u00abY yo\u00bb, replic\u00f3 Pablo, \u00ablo disfruto por mi nacimiento\u00bb. Sabiendo esto, hizo suspender la orden de someter a Pablo a tortura, y el tribuno mismo se preocup\u00f3, y busc\u00f3 otro medio para saber las acusaciones que los jud\u00edos hac\u00edan contra \u00e9l. Orden\u00f3 que al d\u00eda siguiente se reunieran el Sanedr\u00edn y todos los sacerdotes jud\u00edos; luego, hechas quitar las cadenas a Pablo, lo hizo venir en medio del concilio.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El Ap\u00f3stol, fijando los ojos en aquella asamblea, dijo: \u00abYo, hermanos, hasta este d\u00eda he caminado delante de Dios con buena conciencia\u00bb. Apenas o\u00eddas estas palabras, el sumo sacerdote, de nombre Anan\u00edas, orden\u00f3 a uno de los presentes que le diera a Pablo un fuerte golpe. El Ap\u00f3stol no consider\u00f3 tolerar tal grave injuria y, con la libertad y el celo que usaban los antiguos profetas, dijo: \u00ab\u00a1Muralla blanqueada, \u00a1Dios te golpear\u00e1, as\u00ed como t\u00fa has hecho golpearme, porque, fingiendo juzgar seg\u00fan la ley, me haces golpear contra la misma ley!\u00bb. Al o\u00edr estas palabras, todos se indignaron: \u00ab\u00a1Oh!\u00bb, le dijeron, \u00ab\u00bftienes el atrevimiento de insultar al sumo sacerdote?\u00bb \u00abPerd\u00f3nenme, hermanos\u00bb, respondi\u00f3 Pablo, \u00abno sab\u00eda que este fuera el pr\u00edncipe de los sacerdotes, pues bien conozco la ley que proh\u00edbe maldecir al pr\u00edncipe del pueblo\u00bb.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pablo no hab\u00eda reconocido al sumo sacerdote o porque \u00e9l no ten\u00eda las insignias de su grado, o no hablaba y no actuaba con la dignidad que a tal persona le conven\u00eda. Ni San Pablo maldec\u00eda a Anan\u00edas, sino que predec\u00eda los males que le sobrevendr\u00edan, como de hecho ocurri\u00f3. Para zafarse de alguna manera de las manos de sus enemigos, Pablo uni\u00f3 la sencillez de la paloma a la prudencia de la serpiente y, sabiendo que la asamblea estaba compuesta de saduceos y de fariseos, pens\u00f3 en sembrar divisi\u00f3n entre ellos exclamando: \u00abYo, hermanos, soy fariseo, hijo y disc\u00edpulo de fariseos. La raz\u00f3n por la cual soy llamado a juicio es mi esperanza en la resurrecci\u00f3n de los muertos\u00bb. Estas palabras hicieron nacer graves disensiones entre los oyentes; unos estaban en contra de Pablo, otros a favor de \u00e9l.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Mientras tanto, se levant\u00f3 un clamor que hac\u00eda temer graves des\u00f3rdenes. El tribuno, temiendo que los m\u00e1s encolerizados se lanzaran contra Pablo y lo despedazaran, orden\u00f3 a los soldados que lo sacaran de sus manos y lo condujeran de nuevo a la torre. Dios, sin embargo, quiso consolar a su siervo por lo que hab\u00eda padecido en aquel d\u00eda. En la noche le apareci\u00f3 y le dijo: \u00ab\u00a1\u00c1nimo! Despu\u00e9s de haberme dado testimonio en Jerusal\u00e9n, har\u00e1s lo mismo en Roma\u00bb.<br><br><\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><span><i class=\"fas fa-arrow-right\"><\/i><\/span><a id=\"_Toc188599279\">CAP\u00cdTULO XIX. Cuarenta jud\u00edos se comprometen con un voto a matar a San Pablo \u2014 Un sobrino suyo descubre la trama \u2014 Es trasladado a Cesarea \u2014 A\u00f1o de Cristo 59<\/a> <\/h3>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Los jud\u00edos, al ver fallido su plan, pasaron la noche siguiente elaborando varios proyectos. Cuarenta de ellos tomaron la desesperada resoluci\u00f3n de comprometerse con un voto a no comer ni beber antes de haber matado a Pablo. Una vez urdida esta conspiraci\u00f3n, se dirigieron a los pr\u00edncipes de los sacerdotes y a los ancianos, cont\u00e1ndoles su prop\u00f3sito. \u00abPara tener a ese rebelde en nuestras manos\u00bb, a\u00f1adieron, \u00abhemos encontrado un camino seguro; solo queda que ustedes nos den una mano. Hagan saber al tribuno, en nombre del Sanedr\u00edn, que desean examinar m\u00e1s a fondo algunos puntos del caso de Pablo y que, por lo tanto, lo presenten nuevamente ma\u00f1ana. \u00c9l ciertamente aceptar\u00e1 la solicitud. Pero est\u00e9n seguros de que, antes de que Pablo sea conducido ante ustedes, nosotros lo haremos pedazos con estas manos\u00bb. Los ancianos alabaron el plan y prometieron colaborar.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; O porque alguno de los conspiradores no mantuvo el secreto, o porque no se preocuparon de cerrar la puerta cuando urdieron su plan, lo cierto es que fueron descubiertos. Un hijo de la hermana de Pablo supo todo y, corriendo a la torre, logr\u00f3 pasar entre las guardias, presentarse ante su t\u00edo y contarle toda la trama. Pablo instruy\u00f3 bien al sobrino sobre c\u00f3mo actuar. Luego, llamando a un oficial que estaba de guardia, le dijo: \u00abTe ruego que lleves a este joven al capit\u00e1n; tiene algo que comunicarle\u00bb.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El centuri\u00f3n lo llev\u00f3 ante el capit\u00e1n y le dijo: \u00abEse Pablo que est\u00e1 en prisi\u00f3n me ha pedido que te traiga a este joven, porque tiene algo que decirte\u00bb. El capit\u00e1n tom\u00f3 de la mano al joven y, llev\u00e1ndolo a un lado, le pregunt\u00f3 qu\u00e9 ten\u00eda que referir. \u00abLos jud\u00edos\u00bb, respondi\u00f3, \u00abse han puesto de acuerdo para pedirte ma\u00f1ana que lleves a Pablo al Sanedr\u00edn, bajo el pretexto de querer examinar m\u00e1s a fondo su causa. Pero no les hagas caso: debes saber que le tienden una emboscada y cuarenta de ellos se han comprometido con un voto terrible a no comer ni beber hasta que lo hayan matado. Ahora est\u00e1n listos para actuar, esperando solo tu consentimiento\u00bb. \u00abBien hecho\u00bb, dijo el capit\u00e1n, \u00abhas hecho bien en decirme estas cosas. Ahora puedes ir, pero no le digas a nadie que me lo has revelado\u00bb.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; De esta desesperada resoluci\u00f3n, Lisias comprendi\u00f3 que retener a Pablo m\u00e1s tiempo en Jerusal\u00e9n equival\u00eda a dejarlo en peligro, del cual quiz\u00e1s no podr\u00eda salvarlo. Por lo tanto, sin dudarlo, llam\u00f3 a dos centuriones y les dijo: \u00abPongan en orden doscientos soldados de infanter\u00eda y otros tantos armados de lanza, con setenta hombres a caballo, y acompa\u00f1en a Pablo hasta Cesarea. Prep\u00e1rense tambi\u00e9n un caballo para \u00e9l, para que sea llevado all\u00ed sano y salvo y se presente al gobernador F\u00e9lix\u00bb. El tribuno acompa\u00f1\u00f3 a Pablo con una carta al gobernador, que dec\u00eda:<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u00abClaudio Lisias al excelent\u00edsimo gobernador F\u00e9lix, saludos. Te env\u00edo a este hombre que, apresado por los jud\u00edos, estaba a punto de ser asesinado por ellos. Al llegar con mis soldados, lo saqu\u00e9 de sus manos, habiendo sabido que es ciudadano romano. Queriendo luego informarme de qu\u00e9 delito se le acusaba, lo llev\u00e9 al Sanedr\u00edn y encontr\u00e9 que se le acusaba por cuestiones relacionadas con su ley, pero sin ninguna culpa que mereciera muerte o prisi\u00f3n. Pero habi\u00e9ndome sido informado de que le tienden una trama de muerte, he decidido envi\u00e1rtelo, invitando al mismo tiempo a sus acusadores a presentarse ante tu tribunal para exponer sus acusaciones contra \u00e9l. Cu\u00eddate bien\u00bb.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En ejecuci\u00f3n de las \u00f3rdenes recibidas, esa misma noche los soldados partieron con Pablo y lo llevaron a Antipatride, ciudad situada a medio camino entre Jerusal\u00e9n y Cesarea. En ese punto del trayecto, no temiendo m\u00e1s ser asaltados por los jud\u00edos, enviaron de regreso a los cuatrocientos soldados a Jerusal\u00e9n, y Pablo, acompa\u00f1ado solo por los setenta jinetes, lleg\u00f3 al d\u00eda siguiente a Cesarea.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; As\u00ed Dios, de la manera m\u00e1s sencilla, liberaba a su Ap\u00f3stol de un grave peligro y hac\u00eda conocer que los planes de los hombres siempre resultan vanos cuando son contrarios a la voluntad divina.<br><br><\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><span><i class=\"fas fa-arrow-right\"><\/i><\/span><a id=\"_Toc188599280\">CAP\u00cdTULO XX. Pablo ante el gobernador \u2014 Sus acusadores y su defensa \u2014 A\u00f1o de Cristo 59<\/a> <\/h3>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Al d\u00eda siguiente, Pablo lleg\u00f3 a Cesarea y fue presentado al gobernador con la carta del capit\u00e1n Lisias. Le\u00edda la carta, el gobernador llam\u00f3 a Pablo a un lado y, al saber que era de Tarso, le dijo: \u00abTe escuchar\u00e9 cuando lleguen tus acusadores\u00bb. Mientras tanto, lo hizo custodiar en la prisi\u00f3n de su palacio.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Los cuarenta conspiradores, al verse fallar el golpe, quedaron at\u00f3nitos. Se puede creer que, sin prestar atenci\u00f3n al voto hecho, se pusieron a comer y beber para continuar su trama. De acuerdo con el sumo sacerdote, con los ancianos y con un tal Tertulio, famoso orador, partieron hacia Cesarea, donde llegaron cinco d\u00edas despu\u00e9s de la llegada de Pablo. Todos se presentaron ante el gobernador, y Tertulio comenz\u00f3 a hablar as\u00ed contra Pablo: \u00abHemos encontrado a este hombre pestilente, que suscita revueltas entre todos los jud\u00edos del mundo. \u00c9l es jefe de la secta de los nazarenos. Tambi\u00e9n ha intentado profanar nuestro templo, y nosotros lo hemos arrestado. Quer\u00edamos juzgarlo seg\u00fan nuestra ley, pero intervino el capit\u00e1n Lisias, que nos lo quit\u00f3 por la fuerza. \u00c9l ha ordenado que sus acusadores se presenten ante ti. Ahora estamos aqu\u00ed. Examin\u00e1ndolo, podr\u00e1s t\u00fa mismo comprobar las culpas de las que lo acusamos\u00bb. Lo que hab\u00eda afirmado Tertulio fue confirmado por los jud\u00edos presentes.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pablo, habiendo recibido del gobernador la posibilidad de responder, comenz\u00f3 a defenderse as\u00ed: \u00abPuesto que, excelent\u00edsimo F\u00e9lix, desde hace muchos a\u00f1os gobiernas este pa\u00eds, eres ciertamente capaz de conocer las cosas que aqu\u00ed han sucedido. De buena gana me defiendo ante ti. Como puedes comprobar, no han pasado m\u00e1s de doce d\u00edas desde que sub\u00ed a Jerusal\u00e9n para adorar. En este breve tiempo, nadie puede decir que me haya encontrado en el templo o en las sinagogas o en otro lugar p\u00fablico o privado discutiendo con alguien, ni reuniendo multitudes o fomentando des\u00f3rdenes. No pueden probar ninguna de las acusaciones que me hacen. Pero te confieso que sigo el Camino que ellos llaman secta, sirviendo as\u00ed al Dios de nuestros padres, creyendo en todo lo que es conforme a la Ley y est\u00e1 escrito en los Profetas. Tengo en Dios la misma esperanza que ellos, que habr\u00e1 una resurrecci\u00f3n de los justos y de los injustos. Por esto tambi\u00e9n me esfuerzo por tener siempre una conciencia irreprensible ante Dios y ante los hombres. Despu\u00e9s de muchos a\u00f1os he venido a traer limosnas a mi naci\u00f3n y a presentar ofrendas. Mientras estaba ocupado en estos ritos de purificaci\u00f3n, sin multitud ni tumulto, algunos jud\u00edos de Asia me encontraron en el templo. Ellos debieron comparecer ante ti para acusarme, si tuvieran algo contra m\u00ed. O que digan estos mismos si han encontrado alguna culpa en m\u00ed, cuando comparec\u00ed ante el Sanedr\u00edn, aparte de esta sola declaraci\u00f3n que hice en voz alta en medio de ellos: \u201cEs a causa de la resurrecci\u00f3n de los muertos que yo soy juzgado hoy ante ustedes\u201d\u00bb.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Sus acusadores quedaron confundidos y, mir\u00e1ndose unos a otros, no encontraban palabras que proferir. El mismo gobernador, ya inclinado a favor de los cristianos, sab\u00eda que ellos, lejos de ser sediciosos, eran los m\u00e1s d\u00f3ciles y fieles entre sus s\u00fabditos. Pero no quiso pronunciar sentencia y se reserv\u00f3 para o\u00edrlo nuevamente cuando el capit\u00e1n Lisias viniera de Jerusal\u00e9n a Cesarea. Mientras tanto, orden\u00f3 que Pablo fuera custodiado, pero concedi\u00e9ndole cierta libertad y permitiendo a sus amigos que lo sirvieran.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Alg\u00fan tiempo despu\u00e9s, el gobernador, quiz\u00e1s para complacer a su esposa, que era jud\u00eda, hizo venir a Pablo a su presencia para o\u00edrlo hablar de religi\u00f3n. El Ap\u00f3stol expuso con viveza las verdades de la fe, el rigor de los juicios que Dios reservar\u00e1 a los imp\u00edos en la otra vida, tanto que F\u00e9lix, asustado y turbado, dijo: \u00abPor ahora basta; te escuchar\u00e9 de nuevo cuando tenga la oportunidad\u00bb. En realidad, lo hizo llamar m\u00e1s veces, pero no para instruirse en la fe, sino esperando que Pablo le ofreciera dinero a cambio de la libertad. Por lo tanto, aunque conoc\u00eda la inocencia de Pablo, lo mantuvo en prisi\u00f3n en Cesarea durante dos a\u00f1os. As\u00ed hacen esos cristianos que, por ganancia temporal o para agradar a los hombres, venden la justicia y violan los m\u00e1s sagrados deberes de la conciencia y de la religi\u00f3n.<br><br><\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><span><i class=\"fas fa-arrow-right\"><\/i><\/span><a id=\"_Toc188599281\">CAP\u00cdTULO XXI. Pablo ante Festo \u2014 Sus palabras al rey Agripa \u2014 A\u00f1o de Cristo 60<\/a> <\/h3>\n\n\n\n<p><strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <\/strong>Ya hab\u00edan pasado dos a\u00f1os desde que el santo Ap\u00f3stol estaba prisionero, cuando a F\u00e9lix le sucedi\u00f3 otro gobernador llamado Festo. Tres d\u00edas despu\u00e9s de asumir el cargo, el nuevo gobernador fue a Jerusal\u00e9n y de inmediato los jefes de los sacerdotes y los principales jud\u00edos se presentaron ante \u00e9l para renovar las acusaciones contra el santo Ap\u00f3stol. Le pidieron como un favor especial que llevara a Pablo a Jerusal\u00e9n para ser juzgado en el Sanedr\u00edn; pero en realidad ten\u00edan la intenci\u00f3n de asesinarlo en el camino. Festo, quiz\u00e1s ya advertido de no confiar en ellos, respondi\u00f3 que pronto regresar\u00eda a Cesarea; \u00abLos que de ustedes\u00bb, dijo, \u00abtengan algo contra Pablo, vengan conmigo y escuchar\u00e9 sus acusaciones\u00bb.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Despu\u00e9s de algunos d\u00edas, Festo regres\u00f3 a Cesarea y con \u00e9l los jud\u00edos acusadores de Pablo. Al d\u00eda siguiente hizo llamar al santo Ap\u00f3stol ante su tribunal, y los jud\u00edos le hicieron muchas graves acusaciones, sin poder probarlas. Pablo les respondi\u00f3 con pocas palabras, y sus acusadores guardaron silencio. Sin embargo, Festo, deseando ganar la benevolencia de los jud\u00edos, le pregunt\u00f3 si quer\u00eda ir a Jerusal\u00e9n para ser juzgado en el Sanedr\u00edn, en su presencia. Al darse cuenta Pablo de que Festo se inclinaba a entregarlo a los jud\u00edos, respondi\u00f3: \u00abEstoy ante el tribunal de C\u00e9sar, donde debo ser juzgado. No he hecho ning\u00fan agravio a los jud\u00edos, como bien sabes. Si, por tanto, soy culpable y he cometido algo que merece la muerte, no me niego a morir; pero si no hay nada de cierto en las acusaciones que estos presentan contra m\u00ed, nadie tiene derecho a entregarme a ellos. Apelo a C\u00e9sar\u00bb. Esta apelaci\u00f3n de nuestro Ap\u00f3stol era justa y conforme a las leyes romanas, ya que el gobernador se mostraba dispuesto a entregar a un ciudadano romano, reconocido inocente, al poder de los jud\u00edos que quer\u00edan su muerte a toda costa. Los santos Padres reflexionan que no el deseo de la vida, sino el bien de la Iglesia lo impuls\u00f3 a apelar a Roma, donde por divina revelaci\u00f3n sab\u00eda cu\u00e1nto deb\u00eda trabajar para la gloria de Dios y la salvaci\u00f3n de las almas.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Festo, despu\u00e9s de consultar a su consejo, respondi\u00f3: \u00abT\u00fa has apelado al C\u00e9sar, a C\u00e9sar ir\u00e1s\u00bb.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; No muchos d\u00edas despu\u00e9s lleg\u00f3 a Cesarea el rey Agripa, hijo de aquel Agripa que hab\u00eda hecho morir a San Santiago el Mayor y encarcelar a San Pedro. Hab\u00eda venido con su hermana Berenice para rendir los debidos homenajes al nuevo gobernador de Judea. Habi\u00e9ndose quedado varios d\u00edas, Festo les habl\u00f3 del proceso de Pablo. Agripa manifest\u00f3 el deseo de o\u00edrlo. Para complacerlo, Festo hizo preparar una sala con gran pompa e, invitando a la audiencia a los tribunos y otros magistrados, hizo llevar a Pablo ante la presencia de Agripa y Berenice. \u00abHe aqu\u00ed\u00bb, dijo Festo, \u00abaquel hombre contra quien ha recurrido a m\u00ed toda la multitud de los jud\u00edos, protestando con grandes clamores que no deb\u00eda vivir m\u00e1s. Yo, sin embargo, no he encontrado en \u00e9l nada que merezca la muerte. No obstante, habi\u00e9ndose apelado al tribunal del emperador, debo enviarlo a Roma. Pero como no tengo nada cierto que escribir a nuestro soberano, he considerado oportuno presentarlo ante ustedes y especialmente ante ti, oh rey Agripa, para que, despu\u00e9s de interrogarlo, me digan qu\u00e9 debo escribir, no pareci\u00e9ndome conveniente enviar a un prisionero sin especificar las acusaciones contra \u00e9l\u00bb.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Agripa, dirigi\u00e9ndose a Pablo, dijo: \u00abTe es permitido hablar en tu defensa\u00bb. Pablo comenz\u00f3 a hablar as\u00ed: \u00abMe considero afortunado, oh rey Agripa, de poder hoy defenderme ante ti contra todas las acusaciones de los jud\u00edos, sobre todo porque eres experto en todas las costumbres y cuestiones que les conciernen. Te ruego, por tanto, que me escuches con paciencia. Todos los jud\u00edos conocen mi vida desde mi juventud, transcurrida entre mi pueblo y en Jerusal\u00e9n. Saben que he vivido seg\u00fan la secta m\u00e1s rigurosa de nuestra religi\u00f3n, la de los fariseos. Y ahora soy llamado a juicio a causa de la esperanza en la promesa hecha por Dios a nuestros padres, la que nuestras doce tribus esperan ver cumplida sirviendo a Dios noche y d\u00eda. Es por esta esperanza, oh rey, que soy acusado por los jud\u00edos. \u00bfPor qu\u00e9 se considera inconcebible entre ustedes que Dios resucite a los muertos?<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Yo tambi\u00e9n consideraba mi deber hacer muchas cosas contra el nombre de Jes\u00fas Nazareno. As\u00ed lo hice en Jerusal\u00e9n: obtuve de los jefes de los sacerdotes la autorizaci\u00f3n para encarcelar a muchos santos y, cuando eran condenados a muerte, expresaba mi voto. A menudo, yendo de sinagoga en sinagoga, trataba de obligarlos a blasfemar; y en mi furia ac\u00e9rrima los persegu\u00eda hasta en las ciudades extranjeras.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En tales circunstancias, mientras iba a Damasco con la autorizaci\u00f3n y el mandato de los jefes de los sacerdotes, al mediod\u00eda, oh rey, vi en el camino una luz del cielo, m\u00e1s brillante que el sol, que envolvi\u00f3 a m\u00ed y a los que estaban conmigo. Todos cayeron a tierra y yo o\u00ed una voz que me dec\u00eda en lengua hebrea: \u201cSaulo, Saulo, \u00bfpor qu\u00e9 me persigues? Es duro para ti recalcitrar contra el aguij\u00f3n\u201d. Yo dije: \u201c\u00bfQui\u00e9n eres, Se\u00f1or?\u201d Y el Se\u00f1or respondi\u00f3: \u201cYo soy Jes\u00fas, a quien t\u00fa persigues. Pero lev\u00e1ntate y ponte en pie; porque te he aparecido para constituirte ministro y testigo de lo que has visto de m\u00ed y de lo que te mostrar\u00e9. Te librar\u00e9 del pueblo y de los paganos, a quienes te env\u00edo para abrirles los ojos, a fin de que se conviertan de las tinieblas a la luz y del poder de Satan\u00e1s a Dios, y obtengan, mediante la fe en m\u00ed, la remisi\u00f3n de los pecados y la suerte entre los santificados\u201d.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Por lo tanto, oh rey Agripa, no he desobedecido a la visi\u00f3n celestial; sino que primero a los de Damasco, luego a Jerusal\u00e9n y en toda Judea, y finalmente a los paganos, he anunciado que se arrepientan y se conviertan a Dios, haciendo obras dignas de arrepentimiento. Por esto los jud\u00edos, habi\u00e9ndome apresado en el templo, intentaron matarme. Pero, gracias a la ayuda de Dios, hasta este d\u00eda estoy aqu\u00ed para testificar ante los peque\u00f1os y los grandes, no diciendo otra cosa sino lo que los profetas y Mois\u00e9s declararon que deb\u00eda suceder: que el Cristo habr\u00eda de sufrir y, como primero entre los resucitados de los muertos, anunciar\u00eda la luz al pueblo y a los paganos\u00bb.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Festo interrumpi\u00f3 el discurso del Ap\u00f3stol y a gran voz exclam\u00f3: \u00abEst\u00e1s loco, Pablo; el mucho saber te ha vuelto loco\u00bb. A lo que Pablo respondi\u00f3: \u00abNo estoy loco, excelent\u00edsimo Festo, sino que estoy diciendo palabras de verdad y de buen sentido. El rey, al que hablo con franqueza, conoce estas cosas; creo, de hecho, que nada de esto le es desconocido, pues no son hechos ocurridos en secreto. \u00bfCrees t\u00fa en los profetas, oh rey Agripa? S\u00e9 que crees\u00bb. Agripa dijo a Pablo: \u00abA\u00fan un poco y me convences a hacerme cristiano\u00bb. Y Pablo replic\u00f3: \u00abQue le plazca a Dios que, sea en poco tiempo sea en mucho, no solo t\u00fa, sino tambi\u00e9n todos los que hoy me escuchan, se conviertan en tales como yo soy, excepto estas cadenas\u00bb.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Entonces el rey, el gobernador, Berenice y los dem\u00e1s se levantaron y, retir\u00e1ndose a un lado, se dijeron unos a otros: \u00abEste hombre no ha hecho nada que merezca muerte o prisi\u00f3n\u00bb. Y Agripa dijo a Festo: \u00abEste hombre podr\u00eda haber sido liberado, si no se hubiera apelado a C\u00e9sar\u00bb.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; As\u00ed, el discurso de Pablo, que deber\u00eda haber convertido a todos esos jueces, no sirvi\u00f3 de nada, porque ellos cerraron el coraz\u00f3n a las gracias que Dios quer\u00eda concederles. Esta es una imagen de aquellos cristianos que escuchan la palabra de Dios, pero no se resuelven a poner en pr\u00e1ctica las buenas inspiraciones que a veces sienten nacer en el coraz\u00f3n.<br><br><\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><span><i class=\"fas fa-arrow-right\"><\/i><\/span><a id=\"_Toc188599282\">CAP\u00cdTULO XXII. San Pablo es embarcado hacia Roma \u2014 Sufre una terrible tormenta, de la cual es salvado con sus compa\u00f1eros \u2014 A\u00f1o de Jes\u00fas Cristo 60<\/a> <\/h3>\n\n\n\n<p><strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <\/strong>Cuando Festo decidi\u00f3 que Pablo ser\u00eda conducido a Roma por mar, \u00e9l, junto con muchos otros prisioneros, fue confiado a un centuri\u00f3n llamado Julio. Con \u00e9l estaban sus dos fieles disc\u00edpulos Aristarco y Lucas. Se embarcaron en un barco proveniente de Adramitio, ciudad mar\u00edtima de \u00c1frica. Costeando Palestina, llegaron a Sid\u00f3n al d\u00eda siguiente. El centuri\u00f3n, que los acompa\u00f1aba, pronto se dio cuenta de que Pablo no era un hombre com\u00fan y, admirando sus virtudes, comenz\u00f3 a tratarlo con respeto. Desembarcados en Sid\u00f3n, le dio plena libertad para visitar a los amigos, quedarse con ellos y recibir alg\u00fan alivio.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Desde Sid\u00f3n navegaron a lo largo de las costas de la isla de Chipre y, como el viento era algo contrario, atravesaron el mar de Cilicia y de Panfilia, que es una parte del Mediterr\u00e1neo, y llegaron a Mira, ciudad de Licia. Aqu\u00ed el centuri\u00f3n, habiendo encontrado un barco que de Alejandr\u00eda iba a Italia con carga de trigo, transfiri\u00f3 a sus pasajeros a \u00e9l. Pero navegando muy lentamente, tuvieron muchas dificultades para llegar a la isla de Creta, hoy llamada Candia. Se detuvieron en un lugar llamado Puertos Buenos, cerca de Salm\u00f3n, ciudad de esa isla.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Siendo la temporada muy avanzada, Pablo, ciertamente inspirado por Dios, exhortaba a los marineros a no arriesgarse a continuar la navegaci\u00f3n en un tiempo tan peligroso. Pero el piloto y el due\u00f1o del barco, sin dar importancia a las palabras de Pablo, afirmaban que no hab\u00eda nada que temer. Partieron, por tanto, con la intenci\u00f3n de alcanzar otro puerto de esa isla llamado Fenicia, esperando poder pasar all\u00ed el invierno con mayor seguridad. Pero despu\u00e9s de un breve trayecto, el barco fue sacudido por un fuerte viento, al cual no pudiendo resistir, los navegantes se vieron obligados a abandonar a s\u00ed mismos y al barco a merced de las olas. Llegados a Cauda, una islita poco distante de Creta, se dieron cuenta de que estaban cerca de un banco de arena y, temiendo romper el barco contra \u00e9l, se esforzaron por tomar otra direcci\u00f3n. Pero la tempestad enfureciendo cada vez m\u00e1s y agitando cada vez m\u00e1s el barco, se encontraron todos en gran peligro. Arrojaron al mar las mercanc\u00edas, luego los muebles y los armamentos del barco para aligerarlo. Sin embargo, despu\u00e9s de varios d\u00edas, no apareciendo m\u00e1s ni sol ni estrellas y con la tempestad que se intensificaba, parec\u00eda perdida toda esperanza de salvaci\u00f3n. A estos males se a\u00f1ad\u00eda que, o por la n\u00e1usea del mar en tempestad, o por el miedo a la muerte, nadie pensaba en comer, lo cual era da\u00f1ino ya que a los marineros les faltaban fuerzas para gobernar el barco. Se arrepintieron entonces de no haber seguido el consejo de Pablo, pero era tarde.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pablo, viendo el des\u00e1nimo entre los marineros y los pasajeros, animado por la confianza en Dios, los confort\u00f3 diciendo: \u00abHermanos, debieron haberme cre\u00eddo y no partir de Creta; as\u00ed habr\u00edamos evitado estas p\u00e9rdidas y estas desgracias. Sin embargo, an\u00edmense; cr\u00e9anme, en nombre de Dios les aseguro que ninguno de nosotros se perder\u00e1; solo el barco se har\u00e1 pedazos. Esta noche me ha aparecido el \u00e1ngel del Se\u00f1or y me ha dicho: \u201cNo temas, Pablo, debes comparecer ante C\u00e9sar; y he aqu\u00ed, Dios te concede la vida de todos los que navegan contigo\u201d. Por lo tanto, an\u00edmense, hermanos, todo suceder\u00e1 como me ha sido dicho\u00bb.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Mientras tanto, ya hab\u00edan transcurrido catorce d\u00edas desde que sufr\u00edan esa tempestad, y cada uno pensaba que iba a ser tragado por las olas en cualquier momento. Era medianoche cuando, en la oscuridad de las tinieblas, pareci\u00f3 a los marineros que se acercaban a tierra. Para asegurarse, arrojaron el sondeo y encontraron el agua a veinte brazas de profundidad, luego a quince. Temiendo entonces terminar contra alg\u00fan escollo, arrojaron cuatro anclas para detener el barco, esperando la luz del d\u00eda que les hiciera ver d\u00f3nde se encontraban.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En ese momento a los marineros les vino la idea de huir del barco y tratar de salvarse en esa tierra que parec\u00eda cercana. Pablo, siempre guiado por la luz divina, se dirigi\u00f3 al centuri\u00f3n y a los soldados diciendo: \u00abSi estos no permanecen a bordo, ustedes no podr\u00e1n ser salvos, porque Dios no quiere ser tentado a hacer milagros\u00bb. A estas palabras todos guardaron silencio y siguieron el consejo de Pablo. Al amanecer, el santo Ap\u00f3stol ech\u00f3 un vistazo a los que estaban en el barco y, vi\u00e9ndolos todos agotados por las fatigas y desmayados por el ayuno, les dijo: \u00abHermanos, es el decimocuarto d\u00eda que, esperando una mejora, no han comido nada. Ahora les ruego que no se dejen morir de inanici\u00f3n. Ya les he asegurado, y les aseguro nuevamente, que ni un solo cabello de ustedes perecer\u00e1. As\u00ed que, \u00e1nimo\u00bb. Dicho esto, Pablo tom\u00f3 pan, dio gracias a Dios, lo parti\u00f3 y, a la vista de todos, comenz\u00f3 a comer. Entonces todos se recuperaron y comieron juntos con \u00e9l; eran un total de 276 personas.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pero, continuando la furia de los vientos y de las olas, se vieron obligados a arrojar al mar tambi\u00e9n el trigo que hab\u00edan guardado para su uso. Al amanecer, les pareci\u00f3 ver una ensenada y se esforzaron por llevar el barco all\u00ed y buscar salvaci\u00f3n. Pero, impulsada por la fuerza de los vientos, la nave encall\u00f3 en un banco de arena, comenzando a romperse y deshacerse. Al ver el agua penetrar por varias rendijas, los soldados quer\u00edan tomar el cruel partido de matar a todos los prisioneros, tanto para aligerar el barco como porque no escaparan despu\u00e9s de haberse salvado a nado.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pero el centuri\u00f3n, que amaba a Pablo y quer\u00eda salvarlo, no aprob\u00f3 tal consejo, sino que orden\u00f3 que aquellos que sab\u00edan nadar se arrojaran al mar para alcanzar la tierra; a los dem\u00e1s se les dijo que se aferraran a tablas o a restos del barco; y as\u00ed llegaron todos sanos y salvos a la orilla.<br><br><\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><span><i class=\"fas fa-arrow-right\"><\/i><\/span><a id=\"_Toc188599283\">CAP\u00cdTULO XXIII. San Pablo en la isla de Malta \u2014 Es liberado de la mordedura de una v\u00edbora \u2014 Es acogido en casa de Publio, a quien sana \u2014 A\u00f1o de Cristo 60<\/a> <\/h3>\n\n\n\n<p><strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <\/strong>Ni Pablo ni sus compa\u00f1eros conoc\u00edan la tierra en la que hab\u00edan desembarcado despu\u00e9s de salir de las olas. Inform\u00e1ndose de los primeros habitantes que encontraron, supieron que aquel lugar se llamaba Melita, hoy Malta, una isla del Mediterr\u00e1neo situada entre \u00c1frica y Sicilia. Al enterarse de aquel gran n\u00famero de n\u00e1ufragos que hab\u00edan salido de las olas como tantos peces, los isle\u00f1os acudieron y, aunque eran b\u00e1rbaros, se conmovieron al verlos tan cansados, exhaustos y temblando de fr\u00edo. Para calentarlos encendieron un gran fuego.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pablo, siempre atento a ejercer obras de caridad, fue a recoger un manojo de ramas secas. Mientras las pon\u00eda en el fuego, una v\u00edbora que estaba entre ellas, entumecida por el fr\u00edo, despertada por el calor, salt\u00f3 y se agarr\u00f3 a la mano de Pablo. Aquellos b\u00e1rbaros, al ver la serpiente colgando de su mano, pensaron mal de \u00e9l y dec\u00edan unos a otros: \u00abEste hombre debe ser un asesino o alg\u00fan gran criminal; ha escapado del mar, pero la venganza divina lo golpea en la tierra\u00bb. \u00a1Pero cu\u00e1nto debemos cuidarnos de juzgar temerariamente a nuestro pr\u00f3jimo!<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pablo, avivando la fe en Jesucristo, que hab\u00eda asegurado a sus Ap\u00f3stoles que ni serpientes ni venenos les har\u00edan da\u00f1o, sacudi\u00f3 la mano, arroj\u00f3 la v\u00edbora al fuego y no sufri\u00f3 ning\u00fan mal. Aquella buena gente esperaba que, una vez entrado el veneno en la sangre de Pablo, \u00e9l deb\u00eda hincharse y caer muerto despu\u00e9s de unos instantes, como suced\u00eda a cualquiera que tuviera la desgracia de ser mordido por esos animales. Esperaron mucho tiempo y, al ver que nada le suced\u00eda, cambiaron de opini\u00f3n y dec\u00edan que Pablo era un gran dios descendido del cielo. Quiz\u00e1s cre\u00edan que era H\u00e9rcules, considerado dios y protector de Malta. Seg\u00fan las leyendas, H\u00e9rcules, siendo a\u00fan ni\u00f1o, habr\u00eda matado a una serpiente, por lo que se le llam\u00f3 ofiotoco, es decir, matador de serpientes.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Dios confirm\u00f3 este primer prodigio con otro a\u00fan m\u00e1s asombroso y permanente: de hecho, se le quit\u00f3 toda fuerza venenosa a las serpientes de aquella isla, de modo que desde entonces no se tuvo m\u00e1s que temer la mordedura de las v\u00edboras. \u00bfQu\u00e9 m\u00e1s? Se dice que la misma tierra de la isla de Malta, llevada a otros lugares, es un remedio seguro contra las mordeduras de las v\u00edboras y serpientes.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El gobernador de la isla, un pr\u00edncipe llamado Publio, hombre muy rico, al enterarse del modo milagroso con que aquellos n\u00e1ufragos hab\u00edan sido salvados de las aguas e informado, o siendo testigo, del milagro de la v\u00edbora, envi\u00f3 a invitar a Pablo y a sus compa\u00f1eros, que hab\u00edan llegado en n\u00famero de 276. Los acogi\u00f3 en su casa y los honr\u00f3 durante tres d\u00edas, ofreci\u00e9ndoles alojamiento y comida a su costa. Dios no dej\u00f3 sin recompensa la generosidad y cortes\u00eda de Publio. \u00c9l ten\u00eda a su padre en la cama, afligido por fiebre y grave disenter\u00eda que lo hab\u00edan llevado al borde de la muerte. Pablo fue a ver al enfermo y, despu\u00e9s de dirigirle palabras de caridad y consuelo, se puso a orar. Luego, levant\u00e1ndose, se acerc\u00f3 a la cama, impuso las manos sobre el enfermo, quien inmediatamente san\u00f3. As\u00ed, el buen anciano, libre de todo mal y completamente restablecido, corri\u00f3 a abrazar a su hijo, bendiciendo a Pablo y al Dios que \u00e9l predicaba. Publio, su padre y su familia (as\u00ed asegura San Juan Cris\u00f3stomo), llenos de gratitud hacia el gran Ap\u00f3stol, se hicieron instruir en la fe y recibieron de mano de Pablo el bautismo.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Al difundirse la noticia de la curaci\u00f3n milagrosa del padre de Publio, todos aquellos que estaban enfermos o ten\u00edan enfermos de cualquier enfermedad iban o se hac\u00edan llevar a los pies de Pablo, y \u00e9l, bendici\u00e9ndolos en nombre de Jesucristo, los enviaba a todos sanos, bendiciendo a Dios y creyendo en el Evangelio. En poco tiempo toda aquella isla recibi\u00f3 el bautismo y, derribados los templos de los \u00eddolos, levantaron otros dedicados al culto del verdadero Dios.<br><br><\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><span><i class=\"fas fa-arrow-right\"><\/i><\/span><a id=\"_Toc188599284\">CAP\u00cdTULO XXIV. Viaje de San Pablo de Malta a Siracusa \u2014 Predica en Reggio \u2014 Su llegada a Roma \u2014 A\u00f1o de Cristo 60<\/a> <\/h3>\n\n\n\n<p><strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <\/strong>Los malteses estaban llenos de entusiasmo por Pablo y por la doctrina que \u00e9l predicaba, tanto que, adem\u00e1s de abrazar en masa la fe, compet\u00edan en suministrarle a \u00e9l y a sus compa\u00f1eros lo que necesitaban para el tiempo que permanecieron en Malta y para el viaje hasta Roma. Pablo permaneci\u00f3 en Malta tres meses, debido al invierno en el que el mar no es navegable. Se cree com\u00fanmente que en ese tiempo gui\u00f3 a Publio en la perfecci\u00f3n cristiana y que, antes de partir, lo orden\u00f3 obispo de aquella isla; lo cual ciertamente fue de gran consuelo para aquellos fieles.<br><br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Llegada la primavera y decidida la partida hacia Roma, el centuri\u00f3n Julio se acord\u00f3 de un barco que de Alejandr\u00eda iba hacia Italia y que ten\u00eda como insignia a dos dioses llamados Castor y P\u00f3lux, que los id\u00f3latras cre\u00edan protectores de la navegaci\u00f3n. Con gran pesar de los malteses, se embarcaron hacia Sicilia, una isla muy cercana a Italia, y favorecidos por el viento llegaron pronto a Siracusa, ciudad principal de esta isla. All\u00ed el Evangelio ya hab\u00eda sido predicado por San Pedro, quien hab\u00eda ordenado obispo a San Marciano. Este digno pastor quiso hospedar en su casa al santo Ap\u00f3stol y le hizo celebrar los santos misterios en una cueva, con gran alegr\u00eda suya y de aquellos fieles. Una iglesia antiqu\u00edsima, que a\u00fan existe hoy en esa ciudad, est\u00e1 dedicada a nuestro santo Ap\u00f3stol, y se cree que fue edificada sobre la misma cueva donde San Pablo hab\u00eda predicado la palabra de Dios y celebrado los divinos misterios.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Partiendo de Siracusa, costearon la isla de Sicilia, pasaron por el puerto de Messina y llegaron con sus compa\u00f1eros a Reggio, ciudad y puerto de Calabria, muy cerca de Sicilia. All\u00ed se detuvieron un d\u00eda.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Historiadores acreditados de aquel pa\u00eds cuentan muchas cosas maravillosas realizadas por San Pablo en esa breve estancia; entre ellas elegimos el siguiente hecho. Los regianos, que eran id\u00f3latras, al o\u00edr que en su puerto hab\u00eda desembarcado un barco con la insignia de Castor y P\u00f3lux, muy honrados por ellos, acudieron en masa a verlo. Pablo quiso aprovechar esa concurrencia para predicar a Jesucristo, pero ellos no quer\u00edan escucharlo. Entonces \u00e9l, movido por la fe en ese Jes\u00fas que por su mano hab\u00eda realizado tantas maravillas, sac\u00f3 un trozo de vela y dijo: \u00abLes ruego que me dejen hablar al menos durante el tiempo que este pedacito de vela tardar\u00e1 en consumirse\u00bb. Aceptaron la condici\u00f3n entre risas y se aquietaron.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pablo puso esa cerilla sobre una columna de piedra situada en la orilla. Inmediatamente toda la columna tom\u00f3 fuego y apareci\u00f3 una gran llama, que le sirvi\u00f3 de antorcha ardiente. Tuvo tiempo abundante para instruirlos, ya que aquellos b\u00e1rbaros, at\u00f3nitos por tal milagro, se quedaron escuchando a Pablo mansamente cuanto \u00e9l quiso hablar; y nadie se atrevi\u00f3 a interrumpirlo. La fe fue aceptada, y en el lugar del milagro se erigi\u00f3 una magn\u00edfica iglesia al verdadero Dios. En el altar mayor se coloc\u00f3 esa columna y, para conservar la memoria de aquel prodigio, se estableci\u00f3 una solemnidad con oficio propio. En la misa se lee una oraci\u00f3n que se traduce as\u00ed: \u00abOh Dios, que, a la predicaci\u00f3n del Ap\u00f3stol Pablo, haciendo brillar milagrosamente una columna de piedra, os hab\u00e9is dignado instruir a los pueblos de Reggio con la luz de la fe, concedednos, os lo pedimos, merecer tener en el cielo como intercesor a aquel que hemos tenido como predicador del Evangelio en la tierra\u00bb (Cesari, Hechos de los Ap\u00f3stoles, vol. 2).<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Despu\u00e9s de aquel d\u00eda, invitados por un tiempo favorable, Pablo y sus compa\u00f1eros se embarcaron hacia Pozzuoli, ciudad de Campania distante nueve millas de N\u00e1poles. All\u00ed fue grandemente consolado por el encuentro con varios que ya hab\u00edan abrazado la fe, predicada por San Pedro algunos a\u00f1os antes.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Esos buenos cristianos tambi\u00e9n experimentaron gran consuelo y rogaron a Pablo que permaneciera con ellos siete d\u00edas. Pablo, obtenida licencia del centuri\u00f3n, se qued\u00f3 ese tiempo y, en d\u00eda festivo, habl\u00f3 a la numerosa asamblea de aquellos fieles.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Las noticias de la llegada del gran Ap\u00f3stol a Italia ya hab\u00edan llegado a Roma, y los fieles de esa ciudad, deseosos de conocer en persona al autor de la famosa carta desde Corinto, vinieron a encontrarlo en el Foro de Apio, hoy llamado Fossa Nuova, que es una ciudad distante aproximadamente 50 millas de Roma. Continuando el camino, llegaron a las Tres Tabernas, lugar distante aproximadamente 30 millas de Roma, donde encontr\u00f3 a muchos otros que hab\u00edan venido hasta all\u00ed para darle una acogida festiva.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Acompa\u00f1ado por aquel gran n\u00famero de fieles, que no se saciaban de admirar a aquel gran ministro de Jesucristo, lleg\u00f3 a Roma como si fuera conducido en triunfo. All\u00ed la fe cristiana, como se ha dicho, ya hab\u00eda sido predicada por San Pedro, quien desde hac\u00eda dieciocho a\u00f1os ten\u00eda la sede pontificia.<br><br><\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><span><i class=\"fas fa-arrow-right\"><\/i><\/span><a id=\"_Toc188599285\">CAP\u00cdTULO XXV. Pablo habla a los jud\u00edos y les predica a Jesucristo \u2014 Progreso del Evangelio en Roma \u2014 A\u00f1o de Cristo 61<\/a> <\/h3>\n\n\n\n<p><strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <\/strong>Llegado a Roma, Pablo fue entregado al prefecto del pretorio, es decir, al general de las guardias pretorianas, as\u00ed llamadas porque ten\u00edan el cuidado especial de custodiar la persona del emperador. El nombre de aquel ilustre romano era Afranio Burro, de quien la historia hace menci\u00f3n muy honorable.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El centuri\u00f3n Julio se preocup\u00f3 de recomendar a Pablo a ese prefecto, quien lo trat\u00f3 con singular\u00edsima benignidad. Las cartas de los gobernadores F\u00e9lix y Festo, que ciertamente debieron haber dado a conocer la inocencia de Pablo, y el buen testimonio dado por el centuri\u00f3n Julio, lo pusieron en buena luz y reverencia ante Burro, quien le dio plena libertad de vivir solo donde le placiera, con la condici\u00f3n de que fuera vigilado por un soldado cuando sal\u00eda de casa. Sin embargo, Pablo siempre ten\u00eda una cadena en el brazo cuando estaba en casa; si sal\u00eda, la cadena que le ataba el brazo pasaba por detr\u00e1s para mantenerlo conectado con el soldado que lo acompa\u00f1aba, de modo que ese soldado estaba siempre atado a Pablo a trav\u00e9s de la misma cadena. El santo Ap\u00f3stol alquil\u00f3 una casa, en la que se aloj\u00f3 con sus compa\u00f1eros, entre los cuales se mencionan especialmente a Lucas, Aristarco y Timoteo, ese fiel disc\u00edpulo suyo de Listra.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Tres d\u00edas despu\u00e9s de su llegada, envi\u00f3 a invitar a los principales jud\u00edos que resid\u00edan en Roma, pidi\u00e9ndoles que vinieran a verlo en su alojamiento. Reunidos en buen n\u00famero, les habl\u00f3 as\u00ed: \u00abNo quisiera que el estado en que me ven y las cadenas de las que estoy atado les pusieran una mala opini\u00f3n de m\u00ed. Dios sabe que no he hecho nada contra mi pueblo, ni contra las costumbres y leyes de mi patria. Fui encadenado en Jerusal\u00e9n y luego entregado a los romanos. Estos me examinaron y, no habiendo encontrado en m\u00ed nada que mereciera castigo, quer\u00edan devolverme libre; pero oponi\u00e9ndose fuertemente los jud\u00edos, me vi obligado a apelar a C\u00e9sar.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u00abEsta es la \u00fanica raz\u00f3n por la que he sido conducido a Roma. No quiero aqu\u00ed acusar a mis hermanos, pero deseo hacerles saber el motivo de mi venida y, al mismo tiempo, hablarles del Mes\u00edas y de la resurrecci\u00f3n, que es precisamente el motivo de estas cadenas. Sobre este tema deseo mucho poder abrirles mi coraz\u00f3n\u00bb.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; A tales palabras, los jud\u00edos respondieron: \u00abEn verdad, a nosotros no nos han llegado cartas de Judea, ni nadie ha venido a referirnos algo contra ti. Tambi\u00e9n nosotros estamos en el vivo deseo de conocer tus sentimientos, pues sabemos que la secta de los cristianos es contraria en todo el mundo\u00bb.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pablo acept\u00f3 gustosamente la invitaci\u00f3n y, asign\u00e1ndoles un d\u00eda, se reuni\u00f3 un gran n\u00famero de jud\u00edos en su casa. Entonces comenz\u00f3 a exponer la doctrina de Jesucristo, la divinidad de su persona, la necesidad de la fe en \u00e9l, confirmando todo con las palabras de los Profetas y de Mois\u00e9s. Tal era el deseo de escuchar y tal la ansiedad de predicar, que el discurso de Pablo se prolong\u00f3 desde la ma\u00f1ana hasta la noche. Entre los jud\u00edos que lo escuchaban, muchos creyeron y abrazaron la fe, pero varios se opusieron fuertemente.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El santo Ap\u00f3stol, viendo tanta obstinaci\u00f3n por parte de aquellos que deb\u00edan ser los primeros en creer, les dijo estas duras palabras: \u00abDe esta inflexible obstinaci\u00f3n que veo aqu\u00ed entre ustedes en Roma, como tambi\u00e9n he encontrado en todas partes del mundo, la culpa es suya. Esta dureza suya ya fue predicha por el profeta Isa\u00edas, cuando dijo: \u201cVe a este pueblo y dir\u00e1s: Oir\u00e1n con los o\u00eddos, pero no entender\u00e1n; ver\u00e1n con los ojos, pero no comprender\u00e1n nada; porque el coraz\u00f3n de este pueblo se ha endurecido, han tapado los o\u00eddos y cerrado los ojos\u201d.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u00abEst\u00e9n seguros\u00bb, continuaba Pablo, \u00abque la salvaci\u00f3n que ustedes no quieren, Dios no se la dar\u00e1; m\u00e1s bien, la llevar\u00e1 a los gentiles, que la acoger\u00e1n\u00bb.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Las palabras de Pablo fueron casi in\u00fatiles para los jud\u00edos. Ellos se marcharon de \u00e9l continuando las disputas y las vanas discusiones sobre lo que hab\u00edan o\u00eddo, sin abrir el coraz\u00f3n a la gracia que les estaba siendo ofrecida. Por lo tanto, profundamente apenado, Pablo se dirigi\u00f3 a los gentiles, que con humildad de coraz\u00f3n iban a escucharlo y en gran n\u00famero abrazaban la fe.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El santo Ap\u00f3stol expresa \u00e9l mismo la gran consolaci\u00f3n por el progreso que hac\u00eda el Evangelio durante su prisi\u00f3n, escribiendo a los fieles de Filipos: \u00abCuando ustedes, oh hermanos, supieron que estaba preso en Roma, sintieron pena, no tanto por mi persona, sino por la predicaci\u00f3n del Evangelio. Sepan, por lo tanto, que es bien al contrario. Mis cadenas han vuelto a honor de Jesucristo y han servido para hacerlo mejor conocer no solo a los de la ciudad que ven\u00edan a m\u00ed para hacerse instruir en la fe, sino tambi\u00e9n en la corte y en el palacio del mismo emperador. De esto deben alegrarse conmigo y agradecer a Dios\u00bb.<br><br><\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><span><i class=\"fas fa-arrow-right\"><\/i><\/span><a id=\"_Toc188599286\">CAP\u00cdTULO XXVI. San Lucas \u2014 Los filipenses env\u00edan ayuda a San Pablo \u2014 Enfermedad y curaci\u00f3n de Epafrodito \u2014 Carta a los filipenses \u2014 Conversi\u00f3n de On\u00e9simo \u2014 A\u00f1o de Jesucristo 61<\/a> <\/h3>\n\n\n\n<p><strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <\/strong>Lo que hemos dicho hasta ahora sobre las acciones de San Pablo fue casi literalmente extra\u00eddo del libro de los Hechos de los Ap\u00f3stoles, escrito por San Lucas. Este predicador del Evangelio continu\u00f3 siendo fiel compa\u00f1ero de San Pablo; predic\u00f3 el Evangelio en Italia, en Dalmacia, en Macedonia y termin\u00f3 su vida con el martirio en Patras, ciudad de Acaya. Era m\u00e9dico, pintor y escultor. Hay muchas estatuas y pinturas de la Beata Virgen veneradas en diferentes pa\u00edses que se atribuyen a San Lucas. Regresamos a San Pablo.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Dos hechos son especialmente memorables en la vida de este santo Ap\u00f3stol mientras estaba encarcelado en Roma: uno se refiere a los fieles de Filipos, el otro a la conversi\u00f3n de On\u00e9simo.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Entre los muchos pueblos a los que el santo Ap\u00f3stol predic\u00f3 el Evangelio, ninguno le mostr\u00f3 mayores signos de afecto que los filipenses. Ellos ya le hab\u00edan proporcionado abundantes limosnas cuando predicaba en su ciudad, en Tesal\u00f3nica y en Corinto.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Cuando supieron que Pablo estaba prisionero en Roma, imaginaron que estaba en necesidad; por lo tanto, hicieron una considerable colecta y, para que resultara m\u00e1s valiosa y honorable, la enviaron por mano de San Epafrodito, su obispo.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Este santo prelado, al llegar a Roma, encontr\u00f3 a Pablo que no solo necesitaba ayuda econ\u00f3mica, sino tambi\u00e9n asistencia personal, ya que estaba afligido por una grave enfermedad causada por la prisi\u00f3n. Epafrodito se dedic\u00f3 a servirlo con tanto esmero, caridad y fervor, que, al enfermar \u00e9l mismo, se encontraba al borde de la muerte. Pero Dios quiso recompensar la caridad del santo y evitar que se a\u00f1adiera aflicci\u00f3n sobre aflicci\u00f3n al coraz\u00f3n de Pablo, y le devolvi\u00f3 la salud.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Los filipenses, al enterarse de que Epafrodito estaba mortalmente enfermo, se sumieron en la m\u00e1s profunda consternaci\u00f3n. Por lo tanto, Pablo consider\u00f3 bien devolverlo a Filipos con una carta, en la cual explica el motivo que lo ha llevado a devolverles a Epafrodito, a quien llama su hermano, colaborador, colega y su ap\u00f3stol. Luego les exhorta a recibirlo con toda alegr\u00eda y a honrar a cada persona de similar m\u00e9rito, que, a imitaci\u00f3n de \u00e9l, est\u00e9 dispuesta a dar su vida por el servicio de Cristo. Tambi\u00e9n les dice a los filipenses que pronto enviar\u00e1 a Timoteo, para que les traiga noticias precisas de esa comunidad; adem\u00e1s, afirma que espera ser puesto en libertad y poder verlos una vez m\u00e1s.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Epafrodito fue recibido por los filipenses como un \u00e1ngel enviado por el Se\u00f1or, y la carta de Pablo llen\u00f3 el coraz\u00f3n de esos fieles de la mayor consolaci\u00f3n.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El otro hecho que hace c\u00e9lebre la prisi\u00f3n de San Pablo fue la conversi\u00f3n de On\u00e9simo, siervo de Filem\u00f3n, un rico ciudadano de Colosas, ciudad de Frigia. Este Filem\u00f3n hab\u00eda sido ganado a la fe por San Pablo y correspondi\u00f3 tan bien a la gracia del Se\u00f1or que era considerado como un modelo de cristianos, y su casa era llamada iglesia porque siempre estaba abierta para las pr\u00e1cticas de piedad y para el ejercicio de la caridad hacia los pobres. Ten\u00eda muchos esclavos que lo serv\u00edan, y entre ellos uno llamado On\u00e9simo. Este, habi\u00e9ndose entregado desafortunadamente a los vicios, esper\u00f3 la ocasi\u00f3n para huir, y robando una gran suma de dinero a su amo, escap\u00f3 a Roma. All\u00ed, entreg\u00e1ndose a la juerga y a otros excesos, consumi\u00f3 el dinero robado y en breve se encontr\u00f3 en la mayor miseria. Por casualidad oy\u00f3 hablar de San Pablo, a quien quiz\u00e1s hab\u00eda visto y servido en casa de su amo. La caridad y benignidad del santo Ap\u00f3stol le inspiraron confianza, y decidi\u00f3 presentarse ante \u00e9l. Fue y se arrodill\u00f3 a sus pies, le manifest\u00f3 su error y el estado infeliz de su alma, y se entreg\u00f3 completamente a \u00e9l. Pablo reconoci\u00f3 en ese esclavo a un verdadero hijo pr\u00f3digo. Lo recibi\u00f3 con bondad, como hac\u00eda con todos, y despu\u00e9s de hacerle conocer la gravedad de su falta y el infeliz estado de su alma, se dedic\u00f3 a instruirlo en la fe. Cuando vio en \u00e9l las disposiciones necesarias para convertirse en un buen cristiano, lo bautiz\u00f3 en la misma prisi\u00f3n. El buen On\u00e9simo, despu\u00e9s de haber recibido la gracia del bautismo, permaneci\u00f3 lleno de gratitud y afecto hacia su padre y maestro, y comenz\u00f3 a d\u00e1rselo a conocer sirvi\u00e9ndolo lealmente en las necesidades de su prisi\u00f3n. Pablo deseaba tenerlo cerca de s\u00ed, pero no quer\u00eda hacerlo sin el permiso de Filem\u00f3n. Por lo tanto, pens\u00f3 en enviar al propio On\u00e9simo a su amo. Y como \u00e9l no se atrev\u00eda a presentarse ante \u00e9l, Pablo quiso acompa\u00f1arlo con una carta, dici\u00e9ndole: \u00abToma esta carta y ve a tu amo, y ten la seguridad de que obtendr\u00e1s m\u00e1s de lo que deseas\u00bb.<br><br><\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><span><i class=\"fas fa-arrow-right\"><\/i><\/span><a id=\"_Toc188599287\">CAP\u00cdTULO XXVII. Carta de San Pablo a Filem\u00f3n \u2014 A\u00f1o de Jesucristo 62<\/a> <\/h3>\n\n\n\n<p><strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <\/strong>La carta de San Pablo a Filem\u00f3n es la m\u00e1s f\u00e1cil y breve de sus cartas, y dado que por la belleza de los sentimientos puede servir de modelo a cualquier cristiano, la ofrecemos completa al benevolente lector. Tiene el siguiente tenor:<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u00abPablo, prisionero por la fe de Jesucristo, y el hermano Timoteo a nuestro querido Filem\u00f3n, nuestro colaborador, a Apia, nuestra hermana querid\u00edsima, a Aristarco, compa\u00f1ero de nuestras fatigas y a todos los fieles que se re\u00fanen en tu casa. Dios Padre y Jesucristo nuestro Se\u00f1or les concedan gracia y paz.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u00abRecord\u00e1ndome continuamente de ti en mis oraciones, oh Filem\u00f3n, doy gracias a mi Dios al o\u00edr hablar de tu fe y de tu gran caridad hacia todos los fieles. Tambi\u00e9n agradezco a Dios al sentir la liberalidad proveniente de tu fe, tan manifiesta a los ojos de todos, por las buenas obras que se practican en tu casa por amor a Jesucristo. Nosotros, oh hermano querid\u00edsimo, hemos sido colmados de alegr\u00eda y de consolaci\u00f3n al saber que los fieles han encontrado tanto alivio por tu bondad. Por lo tanto, aunque pueda tomar en Cristo plena libertad para ordenarte algo que es tu deber, sin embargo, en nombre del amor que te tengo, quiero m\u00e1s bien suplicarte, aunque yo sea lo que soy respecto a ti, es decir, aunque sea Pablo ya viejo y actualmente prisionero por la fe de Jesucristo.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u00abLa oraci\u00f3n que te hago es por On\u00e9simo, mi hijo, que he engendrado en mis cadenas, quien en otro tiempo te fue in\u00fatil, pero que ahora ser\u00e1 muy \u00fatil tanto a ti como a m\u00ed. Te lo env\u00edo y te ruego que lo recibas como a mis entra\u00f1as. Hubiera querido retenerlo cerca de m\u00ed, para que me sirviera en tu lugar, encontr\u00e1ndome en las cadenas que llevo por amor al Evangelio; pero no quise hacer nada sin tu consentimiento, porque deseo que el bien que te propongo sea plenamente voluntario, no forzado. Quiz\u00e1s \u00e9l ha sido separado de ti por alg\u00fan tiempo, para que t\u00fa lo recuperes para siempre, no m\u00e1s como esclavo, sino como alguien que de esclavo se ha convertido en uno de nuestros amados hermanos. Si, por tanto, \u00e9l es querido para m\u00ed, cu\u00e1nto m\u00e1s lo ser\u00e1 para ti, tanto como hombre como hermano en el Se\u00f1or.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u00abSi, por tanto, me consideras como unido a ti, rec\u00edbelo como recibir\u00edas a m\u00ed mismo. Si te ha causado alg\u00fan da\u00f1o o te debe algo, c\u00e1rgalo a m\u00ed. Yo, Pablo, lo escribo de mi pu\u00f1o: yo te restituir\u00e9 todo, para no decirte que t\u00fa me eres deudor a ti mismo. S\u00ed, oh hermano, espero recibir de ti esta alegr\u00eda en el Se\u00f1or. \u00a1Dame esta consolaci\u00f3n en Cristo! Te escribo confiando en tu obediencia, sabiendo que har\u00e1s a\u00fan m\u00e1s de lo que te pido. Te ruego tambi\u00e9n que me prepares un alojamiento, porque espero que, gracias a sus oraciones, Dios me conceder\u00e1 volver a ustedes.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u00abEpafras, que es prisionero conmigo por Cristo Jes\u00fas, te saluda junto con Marcos, Aristarco, Dema y Lucas, mis colaboradores. La gracia de nuestro Se\u00f1or Jesucristo sea con su esp\u00edritu. Am\u00e9n\u00bb.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Epafras, de quien habla aqu\u00ed San Pablo, hab\u00eda sido convertido a la fe por \u00e9l cuando predicaba en Frigia. Luego, convertido en ap\u00f3stol de su patria, fue nombrado obispo de Colosas. Fue a Roma para visitar a San Pablo y fue encarcelado con \u00e9l. Despu\u00e9s de ser liberado, regres\u00f3 a gobernar su Iglesia de Colosas, donde concluy\u00f3 su vida con la corona del martirio.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Marcos, de quien se habla aqu\u00ed, es Juan Marcos, que despu\u00e9s de haber trabajado mucho con San Bernab\u00e9 en la predicaci\u00f3n del Evangelio, se uni\u00f3 a San Pablo, reparando as\u00ed la debilidad demostrada cuando abandon\u00f3 a San Pablo y a San Bernab\u00e9 para regresar a casa.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Al llegar On\u00e9simo a Colosas, se present\u00f3 con la carta a su amo, quien lo recibi\u00f3 con la mayor amabilidad, contento de recuperar no a un esclavo, sino a un cristiano. Le dio pleno perd\u00f3n y, ya que hab\u00eda entendido por la carta del santo Ap\u00f3stol que On\u00e9simo podr\u00eda prestar alg\u00fan servicio, lo devolvi\u00f3 a \u00e9l con mil saludos y bendiciones.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Este siervo se mostr\u00f3 verdaderamente fiel a la vocaci\u00f3n de cristiano. San Pablo, al verlo adornado con las virtudes y el conocimiento necesario para ser un predicador del Evangelio, lo orden\u00f3 sacerdote y m\u00e1s tarde lo consagr\u00f3 obispo de \u00c9feso. \u00c9l recibi\u00f3 la corona del martirio, y la Iglesia cat\u00f3lica lo recuerda el 16 de febrero.<br><br><\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><span><i class=\"fas fa-arrow-right\"><\/i><\/span><a id=\"_Toc188599288\">CAP\u00cdTULO XXVIII. San Pablo escribe a los colosenses, a los efesios y a los hebreos \u2014 A\u00f1o de Cristo 62<\/a> <\/h3>\n\n\n\n<p><strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <\/strong>El celo de nuestro Ap\u00f3stol era incansable y, dado que sus cadenas lo manten\u00edan en Roma, se ingeniaba para enviar a sus disc\u00edpulos o escribir cartas donde conoc\u00eda la necesidad. Entre otras cosas, le informaron que en Colosas, donde habitaba Filem\u00f3n, hab\u00edan surgido cuestiones a causa de algunos falsos predicadores que quer\u00edan obligar a la circuncisi\u00f3n y a las ceremonias legales a todos los gentiles que ven\u00edan a la fe. Adem\u00e1s, hab\u00edan llegado a introducir un culto supersticioso de los \u00e1ngeles. Pablo, como Ap\u00f3stol de los gentiles, informado de estas peligrosas novedades, escribi\u00f3 una carta que deber\u00eda leerse en su totalidad para saborear la belleza y la sublimidad de los sentimientos. Sin embargo, merecen ser notadas las palabras que se refieren a la tradici\u00f3n: \u00abLas cosas\u00bb, dice, \u00abque me importan m\u00e1s, ser\u00e1n dichas verbalmente por T\u00edquico y On\u00e9simo, que para tal fin son enviados a ustedes\u00bb. Estas palabras demuestran c\u00f3mo el Ap\u00f3stol ten\u00eda cosas de gran importancia no escritas, sino que enviaba a comunicar verbalmente en forma de tradici\u00f3n.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Una cosa que caus\u00f3 no poca inquietud a nuestro Ap\u00f3stol fueron las noticias de \u00c9feso. Cuando se encontraba en Mileto y convoc\u00f3 a los principales pastores, les hab\u00eda dicho que, a causa de los males que deb\u00eda soportar, cre\u00eda que no volver\u00edan a ver su rostro. Esto dej\u00f3 a esos fieles afligidos en la mayor consternaci\u00f3n. El santo Ap\u00f3stol, al darse cuenta de la tristeza que aflig\u00eda a los efesios, escribi\u00f3 una carta para consolarlos.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Entre otras cosas, recomienda considerar a Jesucristo como cabeza de la Iglesia y mantenerse unidos a \u00e9l en la persona de sus Ap\u00f3stoles. Recomienda encarecidamente mantenerse alejados de ciertos pecados que no deben ni siquiera nombrarse entre los cristianos: \u00abLa fornicaci\u00f3n\u00bb, dice, \u00abla impureza y la avaricia no sean ni siquiera nombradas entre ustedes\u00bb (cap\u00edtulo 5, vers\u00edculo 5).<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Luego se dirige a los j\u00f3venes y dice estas afectuosas palabras: \u00abHijos, se los recomiendo en el Se\u00f1or, sean obedientes a sus padres, porque es cosa justa. Honra a tu padre y a tu madre, dice el Se\u00f1or. Si observas este mandamiento, ser\u00e1s feliz y vivir\u00e1s mucho tiempo en la tierra\u00bb.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Luego habla as\u00ed a los padres: \u00abY ustedes, padres, no irriten a sus hijos, sino cr\u00edenlos en la disciplina y la instrucci\u00f3n del Se\u00f1or. Ustedes, siervos, obedezcan a sus amos como a Cristo, no para ser vistos por los hombres, sino como siervos de Cristo, haciendo la voluntad de Dios de coraz\u00f3n. Ustedes, amos, hagan lo mismo hacia ellos, dejando de lado las amenazas, sabiendo que el Se\u00f1or de ellos y de ustedes est\u00e1 en los cielos, y que ante \u00e9l no hay preferencia de personas\u00bb.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Esta carta fue llevada a \u00c9feso por T\u00edquico, ese fiel disc\u00edpulo que, junto con On\u00e9simo, hab\u00eda llevado la carta escrita a los colosenses.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Desde Roma tambi\u00e9n escribi\u00f3 su carta a los hebreos, es decir, a los jud\u00edos de Palestina convertidos a la fe. Su objetivo era consolarlos y prevenirlos contra las seducciones de algunos otros jud\u00edos. Demuestra c\u00f3mo los sacrificios, las profec\u00edas y la antigua ley se han realizado en Jesucristo y que a \u00e9l solo se le debe rendir honor y gloria por todos los siglos. Insiste en que permanezcan constantemente unidos al Salvador con la fe, sin la cual nadie puede agradar a Dios; pero subraya que esta fe no justifica sin las obras.<br><br><\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><span><i class=\"fas fa-arrow-right\"><\/i><\/span><a id=\"_Toc188599289\">CAP\u00cdTULO XXIX. San Pablo es liberado \u2014 Martirio de San Santiago el Menor \u2014 A\u00f1o de Cristo 63<\/a> <\/h3>\n\n\n\n<p><strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <\/strong>Ya hab\u00edan pasado cuatro a\u00f1os desde que el santo Ap\u00f3stol estaba prisionero: dos los hab\u00eda pasado en Cesarea y dos en Roma. Ner\u00f3n lo hab\u00eda hecho comparecer ante su tribunal y hab\u00eda reconocido su inocencia; pero, ya fuera por odio hacia la religi\u00f3n cristiana o por la desidia de ese cruel emperador, hab\u00eda continuado enviando a Pablo de nuevo a prisi\u00f3n. Finalmente se resolvi\u00f3 a concederle plena libertad. Com\u00fanmente se atribuye esta decisi\u00f3n a los grandes remordimientos que ese tirano sent\u00eda por las atrocidades cometidas. Hab\u00eda llegado incluso a hacer asesinar a su madre. Despu\u00e9s de tales fechor\u00edas, sent\u00eda los m\u00e1s agudos remordimientos, ya que los hombres, por malvados que sean, no pueden evitar sentir en s\u00ed mismos los tormentos de la conciencia.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Ner\u00f3n, por lo tanto, para apaciguar de alguna manera su alma, pens\u00f3 en realizar algunas obras buenas y, entre otras, en otorgar la libertad a Pablo. Hecho as\u00ed due\u00f1o de s\u00ed mismo, el gran Ap\u00f3stol utiliz\u00f3 la libertad para llevar con mayor ardor la luz del Evangelio a otras naciones m\u00e1s remotas.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Quiz\u00e1s alguien se preguntar\u00e1 qu\u00e9 hicieron los jud\u00edos de Jerusal\u00e9n cuando vieron a Pablo arrebatado de sus manos. Lo dir\u00e9 brevemente. Dirigieron toda su furia contra San Santiago, llamado el Menor, obispo de esa ciudad. Hab\u00eda muerto el gobernador Festo; su sucesor a\u00fan no hab\u00eda asumido el cargo. Los jud\u00edos aprovecharon esa ocasi\u00f3n para presentarse en masa ante el sumo sacerdote, llamado An\u00e1s, hijo de ese An\u00e1s y cu\u00f1ado de Caif\u00e1s, que hab\u00edan hecho condenar al Salvador.<br><br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Decididos a hacerlo condenar, tem\u00edan grandemente al pueblo que lo amaba como a un tierno padre y se reflejaba en sus virtudes; era llamado por todos el Justo. La historia nos dice que oraba con tal asiduidad que la piel de sus rodillas se hab\u00eda vuelto como la del camello. No beb\u00eda ni vino ni otros l\u00edquidos embriagantes; era muy estricto en ayunar, moderado en comer, beber y vestirse. Todo lo superfluo lo donaba a los pobres.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; A pesar de estas bellas cualidades, esos obstinados encontraron la manera de dar a la sentencia al menos una apariencia de justicia con una astucia digna de ellos. De acuerdo con el sumo sacerdote, los saduceos, los fariseos y los escribas organizaron un tumulto y corrieron hacia Santiago, diciendo entre mil gritos: \u00abDebes inmediatamente sacar de su error a este innumerable pueblo, que cree que Jes\u00fas es el Mes\u00edas prometido. Como t\u00fa eres llamado el Justo, todos creen en ti; por lo tanto, sube a la cima de este templo, para que todos puedan verte y o\u00edrte, y da testimonio de la verdad\u00bb.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Lo llevaron, por lo tanto, a un alto balc\u00f3n en el exterior del templo y, cuando lo vieron all\u00ed arriba, exclamaron fingiendo: \u00abOh hombre justo, d\u00edganos qu\u00e9 se debe creer de Jes\u00fas crucificado\u00bb. El lugar no pod\u00eda ser m\u00e1s solemne. O renegar de la fe, o, pronunciando una palabra a favor de Jesucristo, ser inmediatamente condenado a muerte. Pero el celo del santo Ap\u00f3stol supo sacar todo el provecho de esa ocasi\u00f3n.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u00ab\u00bfY por qu\u00e9\u00bb, exclam\u00f3 en voz alta, \u00abpor qu\u00e9 me interrog\u00e1is sobre Jes\u00fas, Hijo del hombre y al mismo tiempo Hijo de Dios? En vano fing\u00eds poner en duda mi fe en este verdadero Redentor. Yo declaro ante vosotros que \u00e9l est\u00e1 en el cielo, sentado a la derecha de Dios Todopoderoso, de donde vendr\u00e1 a juzgar a todo el mundo\u00bb. Muchos creyeron en Jesucristo y, en la simplicidad de su alma, comenzaron a exclamar: \u00abGloria al Hijo de David\u00bb.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Los jud\u00edos, decepcionados en sus expectativas, comenzaron a gritar furiosamente: \u00ab\u00a1Ha blasfemado! \u00a1Sea inmediatamente precipitado y despojado de la vida!\u00bb. Corrieron de inmediato y lo empujaron hacia abajo sobre la losa de la plaza.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; No muri\u00f3 al instante y, logrando levantarse, se puso de rodillas y, a ejemplo del Salvador, invocaba la divina misericordia sobre sus enemigos, diciendo: \u00abPerd\u00f3nalos, Se\u00f1or, porque no saben lo que hacen\u00bb.<br><br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Entonces los furiosos enemigos, instigados por el pont\u00edfice, le lanzaron una lluvia de piedras hasta que uno, d\u00e1ndole un golpe de maza en la cabeza, lo dej\u00f3 muerto. Muchos fieles fueron masacrados junto a este Ap\u00f3stol, siempre por la misma causa, es decir, por odio al cristianismo (cf. Eusebio, Historia Eclesi\u00e1stica).<br><br><\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><span><i class=\"fas fa-arrow-right\"><\/i><\/span><a id=\"_Toc188599290\">CAP\u00cdTULO XXX. Otros viajes de San Pablo \u2014 Escribe a Timoteo y a Tito \u2014 Su regreso a Roma \u2014 A\u00f1o de Cristo 68<\/a> <\/h3>\n\n\n\n<p><strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <\/strong>Liberado de las cadenas de la prisi\u00f3n, San Pablo se dirigi\u00f3 hacia aquellos lugares donde ten\u00eda intenci\u00f3n de ir. Se fue, por lo tanto, a Judea a visitar a los jud\u00edos, pero se detuvo poco, porque esos obstinados ya estaban reavivando la primitiva persecuci\u00f3n. Fue a Colosas, seg\u00fan la promesa hecha a Filem\u00f3n. Se dirigi\u00f3 a Creta, donde predic\u00f3 el Evangelio y donde orden\u00f3 a Tito obispo de esa isla. Regres\u00f3 a Asia para visitar las Iglesias de Troas, Iconio, Listra, Mileto, Corinto, Nic\u00f3polis y Filipos. Desde esta ciudad escribi\u00f3 una carta a su Timoteo, a quien hab\u00eda ordenado obispo de \u00c9feso.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En esta carta, el Ap\u00f3stol le da diversas reglas para la consagraci\u00f3n de obispos y sacerdotes y para el ejercicio de muchas cosas relacionadas con la disciplina eclesi\u00e1stica. Casi al mismo tiempo escribi\u00f3 una carta a Tito, obispo de Creta, d\u00e1ndole casi los mismos consejos que a Timoteo e invit\u00e1ndolo a venir pronto a verlo.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Se cree com\u00fanmente que \u00e9l fue a predicar en Espa\u00f1a y en muchos otros lugares. Pas\u00f3 cinco a\u00f1os en misiones y fatigas apost\u00f3licas. Pero los hechos particulares de estos viajes, las conversiones realizadas por su cuidado en los diversos pa\u00edses, no nos son conocidos. Solo decimos con San Anselmo que \u00abel santo Ap\u00f3stol corri\u00f3 desde el Mar Rojo hasta el Oc\u00e9ano, llevando por todas partes la luz de la verdad. \u00c9l fue como el sol que ilumina todo el mundo desde Oriente hasta Occidente, de modo que fue m\u00e1s el mundo y los pueblos los que faltaron a Pablo, que no Pablo a faltar a alguno de los hombres. Esta es la medida de su celo y de su caridad\u00bb.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Mientras Pablo estaba ocupado en las fatigas del apostolado, supo que en Roma hab\u00eda estallado una feroz persecuci\u00f3n bajo el imperio de Ner\u00f3n. Pablo imagin\u00f3 de inmediato la grave necesidad de sostener la fe en tales ocasiones y tom\u00f3 inmediatamente el camino hacia Roma.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Al llegar a Italia, encontr\u00f3 por todas partes publicados los edictos de Ner\u00f3n contra los fieles. Sent\u00eda los delitos y las calumnias que se les imputaban; por todas partes ve\u00eda cruces, hogueras y otros g\u00e9neros de suplicios preparados para los confesores de la fe, y esto duplicaba en Pablo el deseo de encontrarse pronto entre esos fieles. Apenas lleg\u00f3, como quien ofrec\u00eda a Dios a s\u00ed mismo, se dedic\u00f3 a predicar en las plazas p\u00fablicas, en las sinagogas, tanto a los gentiles como a los jud\u00edos. A estos \u00faltimos, que casi siempre se hab\u00edan mostrado obstinados, les predicaba el inminente cumplimiento de las profec\u00edas del Salvador, que predec\u00edan la destrucci\u00f3n de la ciudad y del templo de Jerusal\u00e9n con la dispersi\u00f3n de toda esa naci\u00f3n. Sin embargo, suger\u00eda un medio para evitar los flagelos divinos: convertirse de coraz\u00f3n y reconocer a su Salvador en ese Jes\u00fas que hab\u00edan crucificado.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; A los gentiles les predicaba la bondad y la misericordia de Dios, que los invitaba a la penitencia; por lo tanto, los exhortaba a abandonar el pecado, a mortificar las pasiones y a abrazar el Evangelio. A tal predicaci\u00f3n, confirmada por continuos milagros, los oyentes acud\u00edan en masa a pedir el bautismo. As\u00ed, la Iglesia, perseguida con el hierro, el fuego y mil terrores, aparec\u00eda m\u00e1s bella y floreciente y aumentaba cada d\u00eda el n\u00famero de sus elegidos.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u00bfQu\u00e9 m\u00e1s decir? San Pablo llev\u00f3 su celo y su caridad tan lejos que logr\u00f3 ganar a un tal Proclo, intendente del palacio imperial, y a la misma esposa del emperador. Estos abrazaron con ardor la fe y murieron m\u00e1rtires.<br><br><\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><span><i class=\"fas fa-arrow-right\"><\/i><\/span><a id=\"_Toc188599291\">CAP\u00cdTULO XXXI. San Pablo es de nuevo encarcelado \u2014 Escribe la segunda carta a Timoteo \u2014 Su martirio \u2014 A\u00f1o de Cristo 69-70<\/a> <\/h3>\n\n\n\n<p><strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <\/strong>Con San Pablo hab\u00eda llegado a Roma tambi\u00e9n San Pedro, que desde hac\u00eda 25 a\u00f1os ten\u00eda all\u00ed la sede de la cristiandad. \u00c9l tambi\u00e9n hab\u00eda ido a otros lugares a predicar la fe y, al enterarse de la persecuci\u00f3n suscitada contra los cristianos, regres\u00f3 de inmediato a Roma. Trabajaron de com\u00fan acuerdo los dos pr\u00edncipes de los Ap\u00f3stoles hasta que Ner\u00f3n, irritado por las conversiones que se hab\u00edan hecho en su corte y m\u00e1s a\u00fan por la muerte ignominiosa que le toc\u00f3 al mago Sim\u00f3n (como se relata en la vida de San Pedro), orden\u00f3 que fueran buscados con el m\u00e1ximo rigor San Pedro y San Pablo y conducidos a la prisi\u00f3n Mamertina, a los pies del monte Capitolino. Ner\u00f3n ten\u00eda en mente hacer llevar a los dos Ap\u00f3stoles al suplicio de inmediato, pero fue disuadido por asuntos pol\u00edticos y por una conspiraci\u00f3n tramada contra \u00e9l. Adem\u00e1s, hab\u00eda decidido hacer glorioso su nombre cortando el istmo de Corinto, una lengua de tierra de aproximadamente nueve millas de ancho. Esta empresa no pudo realizarse, pero dej\u00f3 un a\u00f1o de tiempo a Pablo para ganar a\u00fan m\u00e1s almas para Jesucristo.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u00c9l logr\u00f3 convertir a muchos prisioneros, algunas guardias y otros personajes notables, que por deseo de instruirse o por curiosidad iban a escucharlo, ya que San Pablo durante su prisi\u00f3n pod\u00eda ser visitado libremente y escrib\u00eda cartas donde conoc\u00eda la necesidad. Es desde la prisi\u00f3n de Roma que escribi\u00f3 la segunda carta a Timoteo.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En esta carta, el Ap\u00f3stol anuncia cercana su muerte, demuestra vivo deseo de que el mismo Timoteo viniera a \u00e9l para asistirlo, estando casi abandonado por todos. Esta carta puede llamarse el testamento de San Pablo; y, entre muchas cosas, tambi\u00e9n proporciona una de las mayores pruebas a favor de la tradici\u00f3n. \u00abLo que has o\u00eddo de m\u00ed\u00bb, le dice, \u00abprocura transmitirlo a hombres fieles y capaces de ense\u00f1arlo a otros despu\u00e9s de ti\u00bb. De estas palabras aprendemos que, adem\u00e1s de la doctrina escrita, hay otras verdades no menos \u00fatiles y ciertas que deben ser transmitidas oralmente, en forma de tradici\u00f3n, con una sucesi\u00f3n ininterrumpida para todos los tiempos futuros.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Luego da muchos consejos \u00fatiles a Timoteo para la disciplina de la Iglesia, para reconocer varias herej\u00edas que se estaban difundiendo entre los cristianos. Y, para mitigar la herida que la noticia de su inminente muerte le habr\u00eda causado, lo anima as\u00ed: \u00abNo te entristezcas por m\u00ed, m\u00e1s bien, si me quieres bien, al\u00e9grate en el Se\u00f1or. He peleado la buena batalla, he terminado mi carrera, he guardado la fe. Ahora no me queda m\u00e1s que recibir la corona de justicia que el Se\u00f1or, justo juez, me entregar\u00e1 en aquel d\u00eda, cuando, habiendo ofrecido en sacrificio mi vida, me presente a \u00e9l. Tal corona no la dar\u00e1 solo a m\u00ed, sino a todos aquellos que, con buenas obras, se preparan para recibirla en su venida\u00bb.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pablo tuvo en su prisi\u00f3n un consuelo de un tal Ones\u00edforo. Este, al haber llegado a Roma y haber sabido que Pablo, su antiguo maestro y padre en Jesucristo, estaba en prisi\u00f3n, fue a visitarlo y se ofreci\u00f3 a servirlo. El Ap\u00f3stol sinti\u00f3 gran consolaci\u00f3n por una tan tierna caridad y, escribiendo a Timoteo, le hace muchos elogios y ora a Dios por \u00e9l.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u00abHaga Dios\u00bb, le escribe, \u00abmisericordia a la familia de Ones\u00edforo, quien a menudo me ha confortado y no se ha avergonzado de mis cadenas; al contrario, al llegar a Roma, me busc\u00f3 con solicitud y me encontr\u00f3. El Se\u00f1or le conceda encontrar misericordia ante \u00e9l en aquel d\u00eda. Y t\u00fa sabes bien cu\u00e1ntos servicios me ha prestado en \u00c9feso\u00bb.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Mientras tanto, Ner\u00f3n regres\u00f3 de Corinto todo irritado porque la empresa del istmo no hab\u00eda tenido \u00e9xito. Se puso con mayor rabia a perseguir a los cristianos; y su primer acto fue hacer ejecutar la sentencia de muerte contra San Pablo. Primero fue azotado con varas, y a\u00fan se muestra en Roma la columna a la que estaba atado cuando sufri\u00f3 esa flagelaci\u00f3n. Es cierto que con ello perd\u00eda el privilegio de ciudadan\u00eda romana, pero adquir\u00eda el derecho de ciudadano del cielo; por lo tanto, sent\u00eda la mayor alegr\u00eda al verse parecido a su divino Maestro. Esta flagelaci\u00f3n era el preludio de ser luego decapitado.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pablo fue condenado a muerte porque hab\u00eda ultrajado a los dioses; por este solo t\u00edtulo se le permit\u00eda cortar la cabeza a un ciudadano romano. \u00a1Bella culpa! Ser considerado imp\u00edo porque, en lugar de adorar piedras y demonios, se quiere adorar al \u00fanico Dios verdadero y a su Hijo Jesucristo. Dios ya le hab\u00eda revelado el d\u00eda y la hora de su muerte; por lo tanto, sent\u00eda una alegr\u00eda ya toda celestial. \u00abDeseo\u00bb, exclamaba, \u00abser liberado de este cuerpo para estar con Cristo\u00bb. Finalmente, de una pandilla de esbirros fue sacado de prisi\u00f3n y conducido fuera de Roma por la puerta que se llama Ostiense, haci\u00e9ndolo caminar hacia una ci\u00e9naga a lo largo del T\u00edber, llegaron a un lugar llamado Aguas Salvia, a unas tres millas de Roma.<br><br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Cuentan que una matrona, llamada Plautilla, esposa de un senador romano, al ver al santo Ap\u00f3stol maltratado en el cuerpo y conducido a muerte, comenz\u00f3 a llorar desconsoladamente. San Pablo la consol\u00f3 dici\u00e9ndole: \u00abNo llores, te dejar\u00e9 un recuerdo de m\u00ed que te ser\u00e1 muy querido. Dame tu velo\u00bb. Ella se lo dio. Con este velo fueron vendados los ojos del santo antes de ser decapitado. Y, por orden del santo, fue devuelto a una persona piadosa, ensangrentado, a Plautilla, quien lo conserv\u00f3 como reliquia.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Llegado Pablo al lugar del suplicio, se arrodill\u00f3 y, con el rostro vuelto al cielo, recomend\u00f3 a Dios su alma y la Iglesia; luego inclin\u00f3 la cabeza y recibi\u00f3 el golpe de la espada que le cort\u00f3 la cabeza del torso. Su alma vol\u00f3 a encontrar a ese Jes\u00fas que tanto tiempo hab\u00eda deseado ver.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Los \u00e1ngeles lo recibieron y lo introdujeron entre inmenso j\u00fabilo para participar de la felicidad del cielo. Es cierto que el primero a quien debi\u00f3 dar gracias fue Santo Esteban, a quien, despu\u00e9s de Jes\u00fas, era deudor de su conversi\u00f3n y de su salvaci\u00f3n.<br><br><\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><span><i class=\"fas fa-arrow-right\"><\/i><\/span><a id=\"_Toc188599292\">CAP\u00cdTULO XXXII. Sepultura de San Pablo \u2014 Maravillas realizadas en su tumba \u2014 Bas\u00edlica dedicada a \u00e9l<\/a> <\/h3>\n\n\n\n<p><strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <\/strong>El d\u00eda en que San Pablo fue ejecutado fuera de Roma, en las Aguas Salvias, fue el mismo en que San Pedro obtuvo la palma del martirio a los pies del monte Vaticano, el 29 de junio, siendo San Pablo de 65 a\u00f1os. El Baronio, que es llamado padre de la historia eclesi\u00e1stica, cuenta c\u00f3mo la cabeza de San Pablo, reci\u00e9n cortada del cuerpo, man\u00f3 leche en lugar de sangre. Dos soldados, al ver tal milagro, se convirtieron a Jesucristo. Su cabeza luego, al caer al suelo, dio tres saltos, y donde toc\u00f3 tierra brotaron tres fuentes de agua viva. Para conservar la memoria de este glorioso acontecimiento, se erigi\u00f3 una iglesia cuyas paredes encierran estas fuentes, que a\u00fan hoy se llaman Fuentes de San Pablo (cfr. F. Baronio, a\u00f1o 69-70).<br><br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Muchos viajeros (cfr. Cesari y Tillemont) se dirigieron al lugar para ser testigos de este hecho y nos aseguran que esas tres fuentes que vieron y probaron tienen un sabor como a leche. En aquellos primeros tiempos, la solicitud de los cristianos por recoger y enterrar los cuerpos de aquellos que daban la vida por la fe era grand\u00edsima. Dos mujeres, llamadas una Basilissa y la otra Anastasia, estudiaron la manera y el momento para recuperar el cad\u00e1ver del santo Ap\u00f3stol y, de noche, le dieron sepultura a dos millas del lugar donde hab\u00eda sufrido el martirio, a una milla de Roma. Ner\u00f3n, a trav\u00e9s de sus esp\u00edas, se enter\u00f3 de la obra de aquellas piadosas mujeres y eso fue suficiente para que las hiciera morir, cort\u00e1ndoles las manos, los pies y luego la cabeza.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Aunque los Gentiles sab\u00edan que el cuerpo de Pablo hab\u00eda sido enterrado por los fieles, nunca pudieron saber el lugar exacto. Esto era conocido solo por los cristianos, que lo manten\u00edan en secreto como el tesoro m\u00e1s querido y le rend\u00edan el mayor honor posible. Pero la estima que los fieles ten\u00edan por esas reliquias lleg\u00f3 a tal punto que algunos mercaderes de Oriente, llegados a Roma, intentaron rob\u00e1rselas y llevarlas a su pa\u00eds. Secretamente lo desenterraron en las catacumbas, a dos millas de Roma, esperando el momento propicio para transportarlo. Pero en el acto de llevar a cabo su plan, se levant\u00f3 una horrible tormenta con rel\u00e1mpagos y truenos terribles, de modo que se vieron obligados a abandonar la empresa. Al saberse esto, los cristianos de Roma fueron a buscar el cuerpo de Pablo y lo llevaron de regreso a su primer lugar a lo largo de la v\u00eda Ostiense.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En tiempos de Constantino el Grande se edific\u00f3 una bas\u00edlica espl\u00e9ndida en honor y sobre la tumba de nuestro Ap\u00f3stol. En todo tiempo, reyes e imperadores, olvidando su grandeza, llenos de temor y veneraci\u00f3n, se dirigieron a esa tumba para besar el ata\u00fad que custodia los huesos del santo Ap\u00f3stol.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Los mismos Romanos Pont\u00edfices no se acercaban, ni se acercan, al lugar de su sepultura si no es llenos de veneraci\u00f3n, y nunca han permitido que nadie tomara una part\u00edcula de esos huesos venerables. Varios pr\u00edncipes y reyes hicieron solicitudes vivas, pero ning\u00fan Papa consider\u00f3 que pudiera complacerlos. Este gran respeto se vio muy incrementado por los continuos milagros que se realizaban en esa tumba. San Gregorio Magno refiere muchos y asegura que nadie entraba en ese templo a orar sin temblar. Aquellos que se atrevieran a profanarlo o intentaran llevarse incluso una peque\u00f1a part\u00edcula eran castigados por Dios con manifiesta venganza.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Gregorio XI fue el primero que, en una calamidad p\u00fablica, casi obligado por las oraciones y s\u00faplicas del pueblo de Roma, tom\u00f3 la cabeza del Santo, la levant\u00f3 en alto, la mostr\u00f3 a la multitud que lloraba de ternura y devoci\u00f3n y, inmediatamente, la volvi\u00f3 a colocar de donde la hab\u00eda tomado.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Ahora, la cabeza de este gran Ap\u00f3stol est\u00e1 en la iglesia de San Juan de Letr\u00e1n; el resto del cuerpo siempre se ha conservado en la bas\u00edlica de San Pablo fuera de las murallas, a lo largo de la v\u00eda Ostiense, a una milla de Roma.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Tambi\u00e9n sus cadenas fueron objeto de devoci\u00f3n entre los fieles cristianos. Por contacto con esos gloriosos hierros se realizaron muchos milagros, y los m\u00e1s grandes personajes del mundo siempre consideraron una reliquia preciosa poder tener un poco de limadura de ellas.<br><br><\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><span><i class=\"fas fa-arrow-right\"><\/i><\/span><a id=\"_Toc188599293\">CAP\u00cdTULO XXXIII. Retrato de San Pablo \u2014 Imagen de su esp\u00edritu \u2014 Conclusi\u00f3n<\/a> <\/h3>\n\n\n\n<p><strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <\/strong>Para que quede mejor impresa la devoci\u00f3n hacia este pr\u00edncipe de los Ap\u00f3stoles, es \u00fatil dar una idea de su aspecto f\u00edsico y de su esp\u00edritu.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pablo no ten\u00eda un aspecto muy atractivo, como \u00e9l mismo afirma. Era de estatura peque\u00f1a, de constituci\u00f3n fuerte y robusta, y lo demostr\u00f3 con las largas y graves fatigas que soport\u00f3 en su carrera, sin haber estado nunca enfermo, excepto por los males causados por las cadenas y la prisi\u00f3n. Solo hacia el final de sus d\u00edas caminaba un poco encorvado. Ten\u00eda el rostro claro, la cabeza peque\u00f1a y casi completamente calva, lo que denotaba un car\u00e1cter sangu\u00edneo y fogoso. Ten\u00eda la frente amplia, cejas negras y bajas, nariz aguile\u00f1a, barba larga y espesa. Pero sus ojos eran extremadamente vivos y brillantes, con un aire dulce que templaba el \u00edmpetu de sus miradas. Este es el retrato de su aspecto f\u00edsico.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pero, \u00bfqu\u00e9 decir de su esp\u00edritu? Lo conocemos por sus propios escritos. Ten\u00eda un ingenio agudo y sublime, \u00e1nimo noble, coraz\u00f3n generoso. Tal era su coraje y firmeza que extra\u00eda fuerza y vigor de las mismas dificultades y peligros. Era muy experto en la ciencia de la religi\u00f3n jud\u00eda. Estaba profundamente erudito en las Sagradas Escrituras y tal ciencia, ayudada por las luces del Esp\u00edritu Santo y por la caridad de Jesucristo, lo convirti\u00f3 en ese gran Ap\u00f3stol que fue apodado el Doctor de los Gentiles. San Juan Cris\u00f3stomo, devot\u00edsimo de nuestro santo, deseaba grandemente poder ver a San Pablo desde el p\u00falpito, porque, dec\u00eda, los m\u00e1s grandes oradores de la antig\u00fcedad parecer\u00edan l\u00e1nguidos y fr\u00edos en comparaci\u00f3n con \u00e9l. No es necesario decir m\u00e1s sobre sus virtudes, ya que lo que hemos expuesto hasta ahora no es m\u00e1s que una trama de las virtudes heroicas que \u00e9l hizo brillar en todo lugar, en todo tiempo y con toda clase de personas.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Para concluir lo dicho sobre este gran santo, merece ser notada una virtud que \u00e9l hizo brillar sobre todas las dem\u00e1s: la caridad hacia el pr\u00f3jimo y el amor hacia Dios. \u00c9l desafiaba a todas las criaturas a separarlo del amor de su divino Maestro. \u00ab\u00bfQui\u00e9n me separar\u00e1\u00bb, exclamaba, \u00abdel amor de Jesucristo? \u00bfQuiz\u00e1s las tribulaciones o las angustias, o el hambre, o la desnudez, o los peligros, o las persecuciones? No, ciertamente. Estoy persuadido de que ni la muerte ni la vida, ni \u00e1ngeles ni principados, ni potestades, ni cosas presentes ni futuras, ni ninguna criatura podr\u00e1 separarnos del amor de Dios, que es en Cristo Jes\u00fas nuestro Se\u00f1or\u00bb. Este es el car\u00e1cter del verdadero cristiano: estar dispuesto a perderlo todo, a sufrirlo todo, antes que decir o hacer la m\u00ednima cosa contraria al amor de Dios.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; San Pablo pas\u00f3 m\u00e1s de treinta a\u00f1os de su vida como enemigo de Jesucristo; pero apenas fue iluminado por su gracia celestial, se entreg\u00f3 por completo a \u00e9l, ni nunca m\u00e1s se separ\u00f3 de \u00e9l. Luego emple\u00f3 m\u00e1s de treinta y seis a\u00f1os en las m\u00e1s austeras penitencias, en las m\u00e1s duras fatigas, y esto para glorificar a ese Jes\u00fas que hab\u00eda perseguido.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Cristiano lector, quiz\u00e1s t\u00fa que lees y yo que escribo hayamos pasado una parte de la vida ofendiendo al Se\u00f1or. \u00a1Pero no perdamos el \u00e1nimo: a\u00fan hay tiempo para nosotros; la misericordia de Dios nos espera!<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pero no posterguemos la conversi\u00f3n, porque si esperamos hasta ma\u00f1ana para arreglar las cosas del alma, corremos el grave riesgo de no tener m\u00e1s tiempo. San Pablo trabaj\u00f3 treinta y seis a\u00f1os al servicio del Se\u00f1or; ahora, desde hace 1800 a\u00f1os, goza de la inmensa gloria del cielo y la gozar\u00e1 por todos los siglos. La misma felicidad est\u00e1 preparada tambi\u00e9n para nosotros, siempre que nos entreguemos a Dios mientras tengamos tiempo y perseveremos en el santo servicio hasta el final. Es nada lo que se sufre en este mundo, pero es eterno lo que disfrutaremos en el otro. As\u00ed nos asegura el mismo San Pablo.<br><br><br><em>Tercera edici\u00f3n<br>Libreria Salesiana Editrice<br>1899<br>Propiedad del editor<br>S. Pier d\u2019Arena, Escuela Tipogr\u00e1fica Salesiana<br><\/em><em>Hospicio S. Vicente de Pa\u00fal<br>(N. 1267 \u2014 M)<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El momento culminante del A\u00f1o Jubilar para cada creyente es el paso a trav\u00e9s de&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":18,"featured_media":34694,"comment_status":"closed","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"iawp_total_views":184,"footnotes":""},"categories":[175],"tags":[1666,2566,2558,1768,2633,1834,2190,1966,1972],"class_list":["post-34706","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-buena-prensa","tag-biblia","tag-caridad","tag-dios","tag-don-bosco","tag-iglesia","tag-indulgencias","tag-jesus","tag-salvacion","tag-santos"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/34706","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/18"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=34706"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/34706\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/34694"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=34706"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=34706"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.donbosco.press\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=34706"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}